martes, 23 de agosto de 2011

La suerte de matar (II) Un buen pinchazo en hueso es superior a una estocada mala.

 

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Raúl Velasco. Hoy lo que importa es la rapidez y espectacularidad con la que muere el toro (Foto espectacular también de Juan Pelegrín).

La sensibilidad del público actual

La sensibilidad que hoy día tenemos respecto a los animales, lógica y positiva, hace que, en la suerte de matar, se prime sólo la eficacia. Aceptamos que el toro deba morir en la plaza, pero queremos que el desenlace se produzca con rapidez y sin alargar el sufrimiento del animal.

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Importa que la estocada sea entera y efectiva y valoramos menos la ejecución. El Juli en una buena estocada, eficaz aunque no perfecta (el torero  lleva  muy baja la mano izquierda y pasa la cabeza del toro -que tapa con la muleta- con un salto)

Consecuentemente, queremos que la estocada sea eficaz. Que el toro muera lo más rápido posible. Cuando la agonía del toro se prolonga (por los pinchazos o descabellos repetidos) aparecen las muestras de desagrado del público.

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El Cid descabellando. Un torero que ha perdido muchos trofeos por su mal manejo de la espada (Foto Gargallo)

Es muy evidente que lo que el público quiere hoy es que, se mate como se mate, se mate rápido.

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Lo que el público quiere es que se mate rápido

 

La pureza en la ejecución de la suerte de matar.

Sin embargo, este criterio (matar rápidamente al toro, acortar su agonía) es contradictorio con la ejecución más pura de la suerte de matar. Mientras mejor se ejecuta la suerte más probabilidades hay de pinchar en hueso.

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La correcta ejecución de la suerte no garantiza no pinchar en hueso. En la foto El Conde ejecuta la suerte correctamente con el único defecto de no haber liado la muleta. Sin embargo, pincha en hueso.

En mi opinión, a la hora de valorar la estocada lo que debe primar es la ejecución de la misma sobre la eficacia. Dicho de otro modo no deben importar los pinchazos en hueso siempre que la suerte se ejecute correctamente.

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Saúl Jiménez Fortes ejecutando la suerte con pureza y con arreglo a los cánones, llegando con la mano al pelo y sin perder la cara al toro (Foto de Juan Pelegrín

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Un estoconazo de Castella. La estocada es buena, porque el estoque está en lo alto y el torero se la ha jugado con la mirada fija en el morrillo, aunque la ejecución no sea perfecta porque la mano izquierda va  muy alta y la muleta tapa la cara del toro (Foto de Juan Pelegrín) 

Muchas son las formas de matar a los toro que definen las viejas tauromaquias: al volapié, a un tiempo, recibiendo, aguantando, a toro arrancado, a pasa de banderillas, a la media vuelta, etc. Todas menos la de recibir son estocadas de recurso. Y, como decían esas viejas Tauromaquias, todo suerte tiene sus reglas que nunca faltan. Más aún en la suerte de matar que es la más rancia del toreo.

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Iván Fandiño. Otra estocada arriba. Aquí es el toro el que no sigue la muleta que parece pisar (Foto de Juan Pelegrín).

Ya veremos en futuras entradas de este blog la definición de las distintas suertes y su correcto modo de ejecución, tanto según las Tauromaquias clásicas como según el criterio de aficionados y toreros más recientes. Centrándonos en especial en la suerte al volapié (la más practicada) y la de recibir (que hemos rescatado este año del olvido).

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José María Manzanares ha rescatado este año la suerte de recibir que se está convirtiendo en habitual en su repertorio (Foto de Juan Pelegrín)

 

El pinchazo en hueso, según Gregorio Corrochano

Según Corrochano (Teoría de las Corridas de Toros (Revista de Occidente, Madrid, 19…..):

“Un buen pinchazo en hueso técnicamente es igual a una buena estocada, y superior a una estocada mala, aunque de ésta ruede el toro”.

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Una mala estocada es peor que un pinchazo en hueso. Chicuelo entra a la media vuelta a un toro complicado que había cogido antes al torero, como acredita el pantalón del monosabio que este viste (También del libro de Hemingway)

Dice don Gregorio, como decíamos nosotros al principio, que al matador no se le exige que mate bien, sino que mate pronto.

Por el contrario no admite, como disculpa de los repetidos pinchazos, el que el toro no haga por el torero, el que el toro no ayude al torero. Porque para eso se inventó el volapié (“Toro que no parte, partirle”).

Por ello, Corrochano disculpa el primer pinchazo que dice que está justificado porque el matador cuenta con lo que va hacer el toro, con lo que va a embestir, con la arrancada y si no hace nada el toro al ver venir al torero, el pinchazo es inevitable y no admite la más leve protesta.

Luego, si por segunda vez el torero hace lo mismo y pincha, ya no lo admite.

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Una situación más complicada de valorar. Manolo Bienvenida, por otra parte un buen matador, estoquea a un toro (probablemente un marrajo) que se defiende en tablas. El toro lleva ya otro estoque clavado en el cuerpo. La estocada se está dando a paso de banderillas (Del libro de Hemingway, Muerte en la tarde)

No lo dice Corrochano pero lo digo yo, en este “hacer el toro por el torero” juegan y mucho las querencias. A tablas o a toriles. Para garantizar en lo posible el éxito de la estocada es importante que el torero de salida al toro hacia su querencia, cuando la tenga. Así el toro no se defiende y no tapa la salida del torero.

Se dan muchos pinchazos por equivocar la elección de la suerte (natural o contrario) lo que debería haber previsto el matador. Sin embargo, me uno al criterio de Corrochano y admito el error en la primera entrada a matar. Luego, a la vista del comportamiento del toro, el matador no puede equivocar los terrenos. Podrá pinchar en hueso, si se tira arriba, pero entrando por los terrenos correctos en función de las querencias del toro.

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Muchos pinchazos e, incluso, cogidas en la suerte de matar se producen al equivocar los terrenos.

 

El pinchazo en hueso según la Tauromaquia de Guerrita.

La Tauromaquia de Guerrita, se publicó en Madrid en 1896, escrita por Leopoldo Vázquez, Luís Gandullo y Leopoldo López de Saa bajo la dirección técnica del diestro cordobés.

Es muy interesante y hay reediciones recientes a precio asequible porque al contrario que muchas de las tauromaquias de la época que se limitaban a copiar los textos de Montes y Pepe-Hillo, esta actualiza conceptos y define las nuevas suertes que a finales de siglo se venían practicando.

Por lo que respecta a la estocada y aunque Guerrita no destacó como ejecutante de la misma (en su época los buenos matadores fueron Mazzantini y Reverte) fue muy buen tratadista y sus definiciones y conceptos de plena validez. Validez que se mantiene hasta nuestros días dado que es, de las suertes del toreo, una de las que menos evolución ha tenido en el tiempo.

Sobre el pinchazo en hueso dice el Guerra, en su Tauromaquia:

“La estocada dada en todo lo alto, es difícil que interne por la reunión de huesos que forma el centro superior de las agujas y la médula espinal sobre los brazuelos, sitio que vulgarmente se conoce con el sobrenombre de los rubios, sin que el diestro pueda evitarlo ni hacer más por el toro, por cuya causa no debe medirse el éxito de la suerte por razón del número de veces que un espada intenta clavar el estoque, sino por la forma en que entre y salga, pués más bien puede llamarse fortuna que habilidad, el rematar los toros a la primera estocada

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La buena ejecución de la suerte no garantiza no pinchar en hueso, más bien al contrario. Zaldívar en Madrid este año.

El criterio es insuperable. Lo que pasa es que es más fácil protestar un pinchazo que aquilatar la colocación del estoque y esto último es también más fácil de apreciar que la buena o mala ejecución de la suerte. Comodidad, por parte del aficionado, se llama esa figura.

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La Tauromaquia de Guerrita. Portada interior del Tomo Primero

Conclusiones

Con lo dicho hasta ahora y sin perjuicio de agradecer la rapidez y eficacia en la suerte de matar, creo que –siguiendo los criterios de estas dos autoridades en la materia, Guerrita y Corrochano- deberíamos intentar valorar más la forma de ejecutar la suerte que no su resultado.

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Hay que valorar más la ejecución que el resultado. En la foto, Manzanares dando una buena estocada. El único pero, la mano izquierda algo encogida.

Dicho de otro modo, el pinchazo no debería ser a priori y por si sólo motivo de decepción para el buen aficionado. Ni menos para denegar los trofeos si estos son merecidos.

Si se trata de un torero que ejecuta con pureza la suerte (Por ejemplo, el Joselito de hace pocos años o el José María Manzanares de hoy día) el pinchazo debería incluso agradecerse porque nos permite recrearnos en la ejecución de la suerte de matar.

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José Miguel Arroyo Joselito. Uno de los mejores matadores de los últimos años.

Algo parecido a lo que les ocurría con los aficionados antiguos con Manuel Varé Varelito, al que estaban deseando que pinchara para disfrutar varias veces, en el mismo toro, de su forma de entrar a matar.

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Varelito cuyo emocionante estilo impactaba tanto a los espectadores que estos estaban deseando que pinchara para verle repetir la suerte.

Sé que eso sería difícil hoy día con la sensibilidad actual, pero sin llegar a tanto, deberíamos valorar el buen pinchazo o  al menos que no puntúe negativamente a la hora de pedir los trofeos y, por ello, que no se pierdan orejas por pinchar en hueso si la suerte se ejecuta con pureza.

Porque –como dijeron en su día Guerrita y Corrochano y suscribimos nosotros- mientras mejor se ejecuta la suerte de matar más difícil es evitar el pinchar en hueso.

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Rafaelillo se desplanta ante un Miura en Bilbao hace muy pocos días. Le pinchó varias veces. Con otro criterio (el de la Tauromaquia de Guerrita, por ejemplo) podría haber cortado la oreja que mereció.

 

Nota: Esta entrada ha sido propiciado por un comentario efectuado, al hilo de la crónica sobre la tarde de José Tomás en Ciudad Real, por un lector del blog. Álvaro D. al que agradecemos su sugerencia.

lunes, 22 de agosto de 2011

En un lugar de la Mancha..,

Por el Divino Calvo

Ciudad Real, 19 de agosto de 2011

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  José Tomás ¿Quijote contra Sancho?

En un lugar de la Mancha...

“En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre... “ no me quiero olvidar..., Ciudad Real.

Volvía a esta tierra un “Quijote”. El “Quijote del toreo”. Para dejar claro de una vez por todas, que los molinos nunca fueron molinos, sino gigantes. Gigantes Naturales. Naturales Gigantes. Los de su primer toro. Se encontró con mucho “Sancho Panza”, que sigue esperando su “ínsula”. La “ínsula”, de la apoteosis o la tragedia. La que sutilmente, nos describía en anteriores fechas “Clarito”. Manifestando la preocupación por la actitud del público en el regreso del de Galapagar (ver entrada crónica de Huelva). Y en la espera de la “ínsula”, se perdieron la grandiosidad de la aventura.

Pero, vayamos por partes... que por respecto a Cervantes, esta crónica no merece empezar con desorden...

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El Quijote del toreo

Plaza de toros de Ciudad Real. Diecinueve de agosto

19 de agosto de 2011. Plaza de toros de Ciudad Real. 2ª de abono. Tarde de calor sofocante y sin viento. Lleno hasta la bandera, de los que no se recuerda en el lugar. Toros de Torrehandilla y Torreherberos, astifinos y más serios de cara que de remate. Correctamente presentada conforme a la categoría de la plaza. Primero precioso, bajo, enseñando las puntas, segundo y sexto más terciados.

De comportamiento desigual. Acusando mansedumbre, en mayor o menor grado. El primero se partió una pata en el segundo muletazo y tuvo que ser apuntillado. Una pena, puesto que a pesar de su tendencia a tablas, iba y venía con mucho son. Segundo, embestida irregular y bravucona, de escaso fondo. Tercero, el más bravo, que junto al sexto, con posibilidades pero con más defectos que pulir, conformaron el lote de la tarde, que se llevó César Jiménez. Cuarto, se rajó en la primera serie para no volver a salir de tablas. Quinto, un jabonero brutote, agarrado al piso, topando más que embistiendo y con nulas opciones. Ninguno desarrolló malas intenciones. En términos generales sensación de que faltó toro, para que la emoción estuviera a la altura de la expectación levantada. A la corrida apenas se le pegó en varas.

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Plaza de toros de Ciudad Real. Se repite el guión

Se repite el guión...

Parece que se ha diseñado un patrón por el que se rigen todas las actuaciones de la temporada de José Tomás hasta la fecha. Esta tarde en Ciudad Real, el guión se cumplió al milímetro. Paso a paso. Comportamiento de general las ganaderías elegidas. Coincidencia en el peor lote. Magisterio y lecciones de toreo que se pasan por alto, porque el público no encuentra lo que busca, la excepcionalidad de la apoteosis o la tragedia. Presidentes reticentes. Triunfo sin puerta grande. Compañero que abandona la plaza por ella...

 

Actitud del público.

Como ya indicaba anteriormente en la introducción, la preocupación que empezaba a mostrar “Clarito” en su crónica de Huelva, sobre el ambiente y actitud del público en tarde de actuación de JT, se confirmó y se acentuó esta tarde. Más si cabe, después de que el primer toro como antes indicábamos, se inutilizara durante la lidia a poco de comenzar a faena. Bronca injustificada al presidente, por no devolver.

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La fiera, la única fiera

Que después, más injustificadamente y de forma incomprensible, recayó en Víctor Puerto, por no entrar a matar al toro con la espada (¿?). Sinceramente, al producirse la lesión en la parte superior de la pata, el toro según se arrancaba, caía. No puedo ni siquiera imaginarme, cómo se puede entrar a matar a un toro en tal condición. Pitos al puntillero por fallar en el primer intento... En resumen mucho público “que viene a ver a...” y para contar “que estuvo en...” y pocos aficionados.

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Pitos al puntillero

Después del lío, la corrida empezó en el segundo.

Gran recibo capotero de Tomás al primero de su lote, astifino y terciado. Con dos verónicas por el pitón izquierdo primorosas, de enganchar, mecer, parar el reloj y soltar. Pura cadencia. Descubriéndonos territorios inexplorados por su capote en sus anteriores etapas. Rematadas con una buena media.

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Pura cadencia. Atención a la forma de coger el capote. Pareciera que va cosido a la palma de la mano.

Leve picotazo en el tercio de varas (posteriormente incidiremos sobre este asunto) y buena lidia para “cuidar” al toro. Toro que tenía poquito dentro y que por su poca fortaleza nos privó de quites. Bravuconcete, con embestidas irregulares, punteando y con escaso fondo.

Rápido nos mostró los nuevos aires que invaden su tauromaquia. Brindis al público y muleta planchada con la derecha, distancia en el cite. Geométricamente, desde el mismo lugar en el que brindó. Sin probaturas. Toreo en redondo. Sutilidad en toques y alturas, que sin apretar, afianzaron las embestidas del burel en la primera serie.

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El toreo en redondo. Precisión en toques y alturas de palillos.

Tiempo muerto, aire para el toro y distancia entre serie y serie (otra novedad ya apuntada en Valencia). Vuelta sobre mismo pitón derecho. Esta vez bajando más la mano y aumentando la rotundidad. Muleta muy adelantada y remates muy atrás. Rompió la faena.

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Sigue la lección.

Continuaba la lección. Y el “Quijote” cogió la izquierda y empezó a divisar Gigantes. Gigantes Naturales. Y dibujó Naturales Gigantes. Cumbre su segunda serie al natural. Muñeca rota. Cintura rota. Muleta al infinito. El cenit artístico de la tarde. Incluso para aquellos que sólo ven molinos, se mostraron gigantes.

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Cada vez más hondo. Cada vez más roto. Cada vez más encajado. Cada vez más largo. No hay nada más allá ¿O sí? En cualquier caso, como dijo Juan Pedro, se torea con los vuelos de la muleta.

En el epilogo desempolvó la “granadina” para finalizar con unos torerísimos ayudados por bajo.

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El ayudado por bajo de rodillas. Pura esencia torera.

Una vez perfilado, el toro escarbó, lo que aprovechó el torero para volver a colocar en suerte con dos estatuarios que sacaron hilos de la taleguilla.

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Torero, siempre

Pinchazo en todo lo alto, que le cerró la puerta grande, y estocada.

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La estocada de JT. Sin comentarios.

Si “Clarito” por primera vez, en la crónica de Huelva, le otorgaba su consideración de Maestro de la Tauromaquia. De tal consideración fue la obra a su primero.

Técnicamente PERFECTA. En planteamiento y en ejecución. Pero el público, aunque vio los gigantes, espera y desespera por su “ínsula”. Pero para llegar a la “ínsula”, hace falta el TORO. El que todavía no le ha salido en su reaparición. Y olvidaron la importancia de su aventura.

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El torero dicta magisterio. Naturales gigantes. Gigantes naturales.

Y se tornaron molinos...

Al quinto, jabonero de capa, bastito, lo recibió verónicas rodilla en tierra, homenaje al maestro de Ronda, Antonio Ordóñez. Puyazo en todo lo alto, el único rescatable de la tarde, que no consiguió corregir los defectos del burel. La tarde se quedó huérfana de quites de JT. Bruta embestida, pechugazos, agarrado al piso. Ni para jugársela servía.

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El hilo del toreo, que diría Pepe Alameda. José Tomás rememora a Antonio Ordoñez. El sábado, también Salvador Vega se acordaba en Málaga de Antonio Ordoñez y con los mismos lances. ¿O quizás de quien Salvador Vega se acordaba en Málaga era directamente de JT?

A pesar de ello, intención del “Quijote” de iniciar nueva andanza. Pero desde el tendido aparecieron los “Sanchos”. “Crúzate”. “Échale ganas”.

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Desaparece la magia. No hay lección, pero la técnica del pase se mantiene.

Desaparecieron los gigantes y se tornaron molinos. De pronto, en aquel que está por encima del bien y del mal, cayó como una losa su suerte, la que está teniendo en “su resurrección”... Pareció ansiar y saber que no iba a conseguir la esperada puerta grande. Vino el ataque de “cordura” y para aquellos que sólo ven molinos, les dio... molinos. Y lo que es peor, dejó de buscar “gigantes”. Renunció a sus ideales y traicionó su concepto. Molinetes y capeínas embarulladas, vulgar arrimón, con péndulo sin venir a cuento, para intentar saciar la sed, lo que los “sanchos cuerdos” demandan.

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Profundidad y aplomo

Cuando se dio cuenta que se había traicionado asimismo, no había vuelta atrás. Como auto- castigándose se salió de la suerte en las dos veces que entró a matar.

Y es que hay toros que no merecen la aventura. Antes renunciar a ella, que perder la esencia de ser “Quijote”. Por muchos “sanchos” que hayan ido a verte. Por eso, no me gustó José Tomás en su segundo. No fue José Tomás y cuando abrió los ojos sólo vio molino.

 

Buena tarde de Jiménez.

Si bien resulta complicado compartir terna con el de Galapagar, César Jiménez vino muy mentalizado. Asentado y con gusto en todo lo que hizo. Disfrutó de su tarde. Si bien es cierto que se llevó el lote. Su primero, el más bravo, tuvo calidad y justas sus fuerzas. Toreo con empaque con el capote, tanto en recibo como en el quite.

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Empaque

Comenzó su faena por alto al hilo de tablas, pero obligó en exceso al toro que perdió una mano, y volvió a repetir el comienzo. Se descalzó en los medios, como suele ser habitual en este torero cuando se encuentra a gusto.

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CJ, el detalle de descalzarse cuando el toro le gusta

Firme, asentado en los riñones, muy buena serie por la derecha. Y otra mejor al natural, con el único defecto de forzar exageradamente su estética, lo que le resta naturalidad e importancia a lo que debe ser más natural en la tauromaquia. El “natural”.

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El natural del torero de Fuenlabrada.

A partir de aquí, las fuerzas abandonaron el buen son de la embestida y la faena disminuyó en intensidad. Seguramente se acordó de malgastadas embestidas de inicio. Toro para reventar en cuatro series. Sin probaturas, pero perdió dos (inicio y repetición de inicio). Por tanto, mejor la faena que el planteamiento.

Estocada en el centro del ruedo, entrando a cámara lenta. La mayoría del público consideró suficiente para ganarse el derecho a salir por la puerta grande y así lo pidió. Pero el señor presidente quiso llevar la contraria en pos de “dar categoría a la plaza”.

 

Inciso sobre los presidentes, sobre la categoría de las plazas... y sobre la suerte de varas.

Se ha impuesto una moda absurda que esta causando “furor” entre los presidentes actuales. Es querer “dar categoría” a la plaza sobre todo negando la concesión de trofeos, que el respetable, el que paga, el que financia y al que se dirige el espectáculo... mayoritariamente demanda.

A costa de enfado de los primeros, “dan categoría” a la plaza. Escenario idóneo. Tarde de expectación, para que quede bien clarito a quién se lo tienen que agradecer.

No quiero entrar a valorar lo acertado o no de la decisión, pero viene al caso, porque en uno de los espectáculos más democráticos que existen, el criterio de uno no se puede imponer al de la mayoría. Aunque sea legal y el reglamento les atribuya dicha potestad.

Si se quiere dar categoría a la plaza de Ciudad Real, podemos empezar por empezar (valga la redundancia) en punto (no diez minutos tarde). O si existe una causa justificada para el retraso (acomodamiento del respetable o cualquier otra), sería mejor anunciarlo por megafonía.

Y si queremos seguir aumentando la categoría, podemos intentar no cambiar el tercio no ya con un simulacro de puyazo, sino con un marronazo que no llegó a romper la piel, como hizo en el primero de Puerto. Por mucho que Puerto, solicite el cambio. Al final el tercio de quites se reduce al del matador.

Y si lo queremos bordar, deberíamos impedir que aquellos espectadores que quieran abandonar la plaza antes del término del festejo (o de la actuación del que venían a ver), se abstengan de hacerlo durante la lidia del sexto.

 

Jiménez redondeó su actuación

El sexto, terciadito, tapado por la cara, también tuvo la tendencia, como la mayoría de sus hermanos, de intentar rajarse. Pero tenía fondo y posibilidades. Con la cabeza despejada, y con oficio, el de Fuenlabrada, fue puliendo los defectos, hasta encelar y apretar al toro sobre todo en una serie por la derecha, donde lo crujió. Aunque la anterior faena tuvo mayor repercusión en el público, ésta fue más importante, por las dificultades del toro. Redondeo su actuación con otra estocada desprendida, que esta vez si, el público por mayoría, obligó al presidente (que ya no tenía esta potestad) para negársela…

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Otro natural de verdad en el último.

Actuación de Víctor Puerto. Se abre el debate.

Venía Víctor Puerto de una doble cogida el pasado domingo en la feria de Málaga. 14 y 15 cm. que rompían fibras de los músculos sartorious y abductor Recibió el alta hospitalaria el día antes y en contra de los médicos y de la lógica, a las 12 de la mañana decidió torear. Lo que para el resto de los mortales parece imposible. Un gesto para unos y una falta de respecto al público, para otros, al no estar al 100%. No me inclinaré por una u otra postura, las dos muy respetables y con sus puntos de razón. Se abre el debate...

En cuanto a su actuación, mermado de facultades, buen y largo recibo con el capote en el primero. Después quedó inédito en la muleta por la desgracia antes comentada. Una pena también para el ganadero, puesto que podría haber cambiado el resultado conjunto de la corrida.

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Los lances de recibo al primero, de Víctor Puerto. El toro se partiría una pata al principio de la faena de muleta.

En el cuarto, toro cuesta arriba que le costaba humillar. Primera serie con la muleta con transmisión. En el momento en que el toro decidió irse a tablas. No porfió el torero en intentar sacarle de allí para cambiar de terrenos. Quizás por su estado físico o por pensar que, en su querencia, sacaría mayor partido. Porfió, tesonero, pero cada pase resultaba deslucido por el desentendimiento del toro. El publico se cansó y mostró su desaprobación. Estocada muy baja donde, en su ejecución, por las muestras de dolor, los puntos de la cornada seguramente se abrieran.

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Víctor ha madurado y está muy centrado. Torero lo ha sido siempre.

Cuadrillas.

No quisiera terminar esta crónica sin mencionar las buenas actuaciones de los hombres de plata. Carlos Casanova y Jesús Arruga de la cuadrilla de César Jiménez. Saludaron montera en mano tras un gran tercio de banderillas. Del mismo modo que Raúl Cervantes de la cuadrilla de Víctor Puerto, por un par antológico de mucha exposición.

 

En noche cerrada nos despedimos del lugar de la Mancha...

Puerto y Tomás a pie, César Jiménez en hombros. Unos satisfechos con la “aventura” que habíamos vivido y otros desencantados por no encontrar su “ínsula”.

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César a hombros

Aclaración.

No está en la intención del cronista ofender a ningún espectador con la denominación de “Sancho Panza”, en el sentido peyorativo del término. Sino como una forma de diferenciar, lo que unos y otros, esperan del toreo y de la vida. Para el “Quijote”, como para “Tomás”, las aventuras y su concepto del toreo, tienen más altas miras. Sólo están a la altura de sus “sueños”. Para terminar sólo una petición: que el “Quijote” nunca deje de ser “Quijote”, ni José Tomás, José Tomás.

EL DIVINO CALVO, 20 de agosto de 2011.

Fotografías de Raquel Montero y Jesús Monroy

Comentarios a pie de fotos: Jose Morente

domingo, 21 de agosto de 2011

Corrida decimonónica. Mari Paz Vega y César Jiménez saltan en el tiempo.

Por Clarito

Málaga 12ª de abono. 20 de agosto de 2011 (Por la noche)

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Quedarse quiet@ con un pavo así impone un respeto.

Doble doblete

Una nefasta política empresarial (nefasta para el aficionado, claro) propiciada y amparada por el anterior equipo de Diputación, permitió que en la feria de este año se incluyeran dos corridas nocturnas dentro del abono y en dos días seguidos.

Ayer tuvimos la segunda jornada de extenuación taurina con la participación de tres toreros malagueños: Los matadores, Salvador Vega y Mari Paz Vega, que – a pesar del apellido- creo que no tienen parentesco directo, y el novillero Saúl Jiménez Fortes.

Y si el trato de la empresa para con el aficionado ha sido más que regular este año, el que se ha tenido con la gran torera malagueña, Mari Paz Vega, triunfadora este invierno en México y a la que hicieron torear de noche, fue (en metáfora de revistero antiguo) de juzgado de guardia.

Y es que lo de ayer noche tuvo guasa. Pero guasa de la mala. Guasa, pero sin ninguna gracia. Pero hablemos antes del novillero.

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Enorme, la dignidad profesional de Mari Paz Vega.

Saúl Jiménez Fortes

El novillero malagueño se despedía en su última corrida antes de la alternativa que va a tomar en Bilbao con Juli de padrino y Talavante de testigo cartel de lujo que, a buen seguro, aprovechará el malagueño, pues es diestro sobrio y de gran valor.

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Saúl brinda a su maestro, el maestro Fernando Cámara.

Ayer le vimos bien, en una corrida comprometida por la proximidad de la alternativa y, por tanto, donde hubiera sido lógico que el chaval se hubiese aliviado. No lo hizo y sin poner las calderas a reventar mantuvo muy buen tono en toda la noche. Muy firme y valiente.

Los novillos fueron buenos y el torero se justificó aunque no arrebató. ¡Suerte en Bilbao!

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Las ganas de los novilleros les hacen, a veces, atropellar la razón

Corrida decimonónica

La lidia de los cuatros toros restantes (3 del Montecillo y uno de Julio de la Puerta, el segundo de Mari Paz) nos retrotrajo al siglo XIX y a las láminas de la Lidia.

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Es un toro sacado de una lámina de la Lidia pero tiene las mismas feas hechuras que los toros que se lidiaron ayer. Bueno, para no mentir digamos que los de ayer fueron incluso más feos y más bastos. El de la imagen, aunque muy alto y grandón (como los de ayer) tiene muy finos los cabos y las pezuñas (al contrario que los de ayer).

Toros que impresionaban por su tamaño y por sus feas estampas, con hechuras de otras épocas. Desde luego, nada armónicos (sobre todo los de Mari Paz que fueron los peores) y con muy pocas probabilidades de embestir.

Como efectivamente ocurrió. El  comportamiento de las reses hizo honor a su horroroso aspecto.

 

Mari Paz. Valentía y serenidad en medio de la tormenta

El primero de Mari Paz fue un marrajo ilidiable e infumable. Aquí no caben nuestras preguntas de otros días sobre que lidia hay que darles a determinados toros. En estos caso, lo que hace falta es un torero de pies a la cabeza. Un torero y un hombre. Bueno, un hombre o una mujer que tenga los reaños suficientes para no afligirse y que sea capaz de matar al toro con toda la dignidad posible matar.

Eso fue lo que hizo la torera malagueña con ese toro. Pasaportarlo con dignidad y vergüenza torera. Muy valiente y con mucha serenidad. No se afligió en ningún momento.

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Mucha torería en el toreo por bajo de Mari Paz.

En su segundo, el de Julio de la Puerta, tres cuartos de lo mismo. El toro parecía algo mejor, pero no era cierto, sólo se movía algo más. Se trataba de un toro mentiroso. Cobardón y que embestía a la defensiva y sobre seguro. Un manso con mucho peligro. En la muleta no hubo nada que hacer aunque la torera lo intentó todo. Lo mató pronto lo que se agradeció.

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Parece mentira con el ganado que había delante pero Mari Paz consiguió pases como este.

Cogida de Luís Miguel Collado

Luis Miguel Collado fue cogido al banderillear el segundo toro de Mari Paz Vega, de forma muy espectacular contra el estribo de la barrera. El toro lo tuvo a su merced y lo recogió en el suelo lanzándole al aire. Llevaba cornada grave.

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El toro cogió al banderillero de Mari Paz contra el burladero de capotes..

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Y lo lanzó hacia arriba: la cogida pudo haber sido tremenda.

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César Jiménez, muy firme

A César Jiménez le correspondió el mejor toro. He dicho el mejor y me arrepiento. Corrijo, el menos malo.

Su primero se dejó algo, entre otras cosas por que apuntó nobleza y por la actitud de firmeza del torero que empezó muy bien sus dos faenas. Consiguió tandas muy lucidas. Muy elegante y muy torero.

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Así de bien empezaba Cesar Jiménez su faena al quinto de la noche.

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César Jiménez muy vertical toda la noche. En su concepto del toreo.

A su segundo le robó (literalmente) los pases. El toro era un manso peligroso. Derribó al caballo a base de empujar en una vara donde el picador se defendió muy bien.

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El toro derribó cuando iba camino de los medios.

Además parecía que no veía bien. El torero intentó que se percatara el palco pero se le ignoró.  El toro, además, era de los que arrean cuando creen que pueden hacer presa, pero que no embisten francos. Un toro muy mentiroso, intentando siempre engañar al torero, lo que consiguió al final de faena.

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El manso le echó mano en el único descuido que tuvo el torero. Propiciado, en parte, por el público

Cogida muy aparatosa, pero por suerte superficial que, por lo que decían, no le impedirá torear hoy. Estuvo muy bien. Es un torero de mucha clase que, además, anda ahora muy seguro y firme por las plazas. Se merece mejor trato.

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Así de bien toreó César. Algunos espectadores (no los aficionados atentos, por supuesto) no se enteraron del peligro del toro.

Mal la presidencia que no acertó al no devolver un toro con un defecto evidente en la vista.

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La cogida muy aparatosa pero superficial

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El público en la cogida de César Jiménez

Andaba César Jiménez peleando con el quinto de la noche. Un toro muy complicado, manso y con un defecto en la vista, pero cuyo peligro tapaba el torero con su seguridad y saber estar en la plaza.

El público, ayer, era de aficionados. El abono y poco más. Sin embargo, como siempre tiene que haber de todo, un espectador se permitió el lujo de corregir al torero y desde el tendido o la grada de sol (no estoy seguro) le gritó que se cruzara.

Le miró el torero con gesto sereno. Siguió toreando. El toro que tenía un peligro que el del tendido no había visto ni valorado le cogió muy aparatosamente en un descuido y le tuvo prendido mucho rato. La cornada parecía –por suerte- mayor de lo que fue. Inoportuno grito, como todos.

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El torero toreando con la izquierda. Mucho mérito tuvo con ese toro.

Siempre me ha llamado la atención el espectador que se cree con conocimiento y derecho para enmendar desde el tendido la plana a un torero. Máxime en materia tan complicada como esta de los toros. Donde nada es seguro. Rara vez el grito es de advertencia y consejo. Normalmente, tiene tinte recriminatorio y muy agrio, además de tópico: ¡Crúzate! ¡Menos pico! ¡No lo toques! ¡Adelanta la muleta!.

Para mí, siempre, el grito descalifica al que lo da. Y si el torero tiene orgullo, como César Jiménez, genera una situación de peligro que no se justifica. Y cuyas consecuencias puede llegar a ser funestas (Recordemos el caso de Curro Guillén al que tendremos que dedicar alguna entrada de este blog).

Me imagino que ese es el mismo tipo de espectador que cuando sale de la plaza se dirige, tan orondo y campechano del deber cumplido (¡A mí no me la dan con queso!), a un bar a tomarse unos camperos y delante de una cerveza les demuestra a los amiguetes lo mal que lo ha hecho el torero (todos los toreros son muy malos, piensa) y como se debe torear de verdad.

Como se debe torear de verdad a un vaso de cerveza, claro.

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Esto NO pasa en la barra de un bar, ni en un asiento de tendido alto.