Raúl Velasco. Hoy lo que importa es la rapidez y espectacularidad con la que muere el toro (Foto espectacular también de Juan Pelegrín).
La sensibilidad del público actual
La sensibilidad que hoy día tenemos respecto a los animales, lógica y positiva, hace que, en la suerte de matar, se prime sólo la eficacia. Aceptamos que el toro deba morir en la plaza, pero queremos que el desenlace se produzca con rapidez y sin alargar el sufrimiento del animal.
Importa que la estocada sea entera y efectiva y valoramos menos la ejecución. El Juli en una buena estocada, eficaz aunque no perfecta (el torero lleva muy baja la mano izquierda y pasa la cabeza del toro -que tapa con la muleta- con un salto)
Consecuentemente, queremos que la estocada sea eficaz. Que el toro muera lo más rápido posible. Cuando la agonía del toro se prolonga (por los pinchazos o descabellos repetidos) aparecen las muestras de desagrado del público.
El Cid descabellando. Un torero que ha perdido muchos trofeos por su mal manejo de la espada (Foto Gargallo)
Es muy evidente que lo que el público quiere hoy es que, se mate como se mate, se mate rápido.
Lo que el público quiere es que se mate rápido
La pureza en la ejecución de la suerte de matar.
Sin embargo, este criterio (matar rápidamente al toro, acortar su agonía) es contradictorio con la ejecución más pura de la suerte de matar. Mientras mejor se ejecuta la suerte más probabilidades hay de pinchar en hueso.
La correcta ejecución de la suerte no garantiza no pinchar en hueso. En la foto El Conde ejecuta la suerte correctamente con el único defecto de no haber liado la muleta. Sin embargo, pincha en hueso.
En mi opinión, a la hora de valorar la estocada lo que debe primar es la ejecución de la misma sobre la eficacia. Dicho de otro modo no deben importar los pinchazos en hueso siempre que la suerte se ejecute correctamente.
Saúl Jiménez Fortes ejecutando la suerte con pureza y con arreglo a los cánones, llegando con la mano al pelo y sin perder la cara al toro (Foto de Juan Pelegrín
Un estoconazo de Castella. La estocada es buena, porque el estoque está en lo alto y el torero se la ha jugado con la mirada fija en el morrillo, aunque la ejecución no sea perfecta porque la mano izquierda va muy alta y la muleta tapa la cara del toro (Foto de Juan Pelegrín)
Muchas son las formas de matar a los toro que definen las viejas tauromaquias: al volapié, a un tiempo, recibiendo, aguantando, a toro arrancado, a pasa de banderillas, a la media vuelta, etc. Todas menos la de recibir son estocadas de recurso. Y, como decían esas viejas Tauromaquias, todo suerte tiene sus reglas que nunca faltan. Más aún en la suerte de matar que es la más rancia del toreo.
Iván Fandiño. Otra estocada arriba. Aquí es el toro el que no sigue la muleta que parece pisar (Foto de Juan Pelegrín).
Ya veremos en futuras entradas de este blog la definición de las distintas suertes y su correcto modo de ejecución, tanto según las Tauromaquias clásicas como según el criterio de aficionados y toreros más recientes. Centrándonos en especial en la suerte al volapié (la más practicada) y la de recibir (que hemos rescatado este año del olvido).
José María Manzanares ha rescatado este año la suerte de recibir que se está convirtiendo en habitual en su repertorio (Foto de Juan Pelegrín)
El pinchazo en hueso, según Gregorio Corrochano
Según Corrochano (Teoría de las Corridas de Toros (Revista de Occidente, Madrid, 19…..):
“Un buen pinchazo en hueso técnicamente es igual a una buena estocada, y superior a una estocada mala, aunque de ésta ruede el toro”.
Una mala estocada es peor que un pinchazo en hueso. Chicuelo entra a la media vuelta a un toro complicado que había cogido antes al torero, como acredita el pantalón del monosabio que este viste (También del libro de Hemingway)
Dice don Gregorio, como decíamos nosotros al principio, que al matador no se le exige que mate bien, sino que mate pronto.
Por el contrario no admite, como disculpa de los repetidos pinchazos, el que el toro no haga por el torero, el que el toro no ayude al torero. Porque para eso se inventó el volapié (“Toro que no parte, partirle”).
Por ello, Corrochano disculpa el primer pinchazo que dice que está justificado porque el matador cuenta con lo que va hacer el toro, con lo que va a embestir, con la arrancada y si no hace nada el toro al ver venir al torero, el pinchazo es inevitable y no admite la más leve protesta.
Luego, si por segunda vez el torero hace lo mismo y pincha, ya no lo admite.
Una situación más complicada de valorar. Manolo Bienvenida, por otra parte un buen matador, estoquea a un toro (probablemente un marrajo) que se defiende en tablas. El toro lleva ya otro estoque clavado en el cuerpo. La estocada se está dando a paso de banderillas (Del libro de Hemingway, Muerte en la tarde)
No lo dice Corrochano pero lo digo yo, en este “hacer el toro por el torero” juegan y mucho las querencias. A tablas o a toriles. Para garantizar en lo posible el éxito de la estocada es importante que el torero de salida al toro hacia su querencia, cuando la tenga. Así el toro no se defiende y no tapa la salida del torero.
Se dan muchos pinchazos por equivocar la elección de la suerte (natural o contrario) lo que debería haber previsto el matador. Sin embargo, me uno al criterio de Corrochano y admito el error en la primera entrada a matar. Luego, a la vista del comportamiento del toro, el matador no puede equivocar los terrenos. Podrá pinchar en hueso, si se tira arriba, pero entrando por los terrenos correctos en función de las querencias del toro.
Muchos pinchazos e, incluso, cogidas en la suerte de matar se producen al equivocar los terrenos.
El pinchazo en hueso según la Tauromaquia de Guerrita.
La Tauromaquia de Guerrita, se publicó en Madrid en 1896, escrita por Leopoldo Vázquez, Luís Gandullo y Leopoldo López de Saa bajo la dirección técnica del diestro cordobés.
Es muy interesante y hay reediciones recientes a precio asequible porque al contrario que muchas de las tauromaquias de la época que se limitaban a copiar los textos de Montes y Pepe-Hillo, esta actualiza conceptos y define las nuevas suertes que a finales de siglo se venían practicando.
Por lo que respecta a la estocada y aunque Guerrita no destacó como ejecutante de la misma (en su época los buenos matadores fueron Mazzantini y Reverte) fue muy buen tratadista y sus definiciones y conceptos de plena validez. Validez que se mantiene hasta nuestros días dado que es, de las suertes del toreo, una de las que menos evolución ha tenido en el tiempo.
Sobre el pinchazo en hueso dice el Guerra, en su Tauromaquia:
“La estocada dada en todo lo alto, es difícil que interne por la reunión de huesos que forma el centro superior de las agujas y la médula espinal sobre los brazuelos, sitio que vulgarmente se conoce con el sobrenombre de los rubios, sin que el diestro pueda evitarlo ni hacer más por el toro, por cuya causa no debe medirse el éxito de la suerte por razón del número de veces que un espada intenta clavar el estoque, sino por la forma en que entre y salga, pués más bien puede llamarse fortuna que habilidad, el rematar los toros a la primera estocada”
La buena ejecución de la suerte no garantiza no pinchar en hueso, más bien al contrario. Zaldívar en Madrid este año.
El criterio es insuperable. Lo que pasa es que es más fácil protestar un pinchazo que aquilatar la colocación del estoque y esto último es también más fácil de apreciar que la buena o mala ejecución de la suerte. Comodidad, por parte del aficionado, se llama esa figura.
La Tauromaquia de Guerrita. Portada interior del Tomo Primero
Conclusiones
Con lo dicho hasta ahora y sin perjuicio de agradecer la rapidez y eficacia en la suerte de matar, creo que –siguiendo los criterios de estas dos autoridades en la materia, Guerrita y Corrochano- deberíamos intentar valorar más la forma de ejecutar la suerte que no su resultado.
Hay que valorar más la ejecución que el resultado. En la foto, Manzanares dando una buena estocada. El único pero, la mano izquierda algo encogida.
Dicho de otro modo, el pinchazo no debería ser a priori y por si sólo motivo de decepción para el buen aficionado. Ni menos para denegar los trofeos si estos son merecidos.
Si se trata de un torero que ejecuta con pureza la suerte (Por ejemplo, el Joselito de hace pocos años o el José María Manzanares de hoy día) el pinchazo debería incluso agradecerse porque nos permite recrearnos en la ejecución de la suerte de matar.
José Miguel Arroyo Joselito. Uno de los mejores matadores de los últimos años.
Algo parecido a lo que les ocurría con los aficionados antiguos con Manuel Varé Varelito, al que estaban deseando que pinchara para disfrutar varias veces, en el mismo toro, de su forma de entrar a matar.
Varelito cuyo emocionante estilo impactaba tanto a los espectadores que estos estaban deseando que pinchara para verle repetir la suerte.
Sé que eso sería difícil hoy día con la sensibilidad actual, pero sin llegar a tanto, deberíamos valorar el buen pinchazo o al menos que no puntúe negativamente a la hora de pedir los trofeos y, por ello, que no se pierdan orejas por pinchar en hueso si la suerte se ejecuta con pureza.
Porque –como dijeron en su día Guerrita y Corrochano y suscribimos nosotros- mientras mejor se ejecuta la suerte de matar más difícil es evitar el pinchar en hueso.
Rafaelillo se desplanta ante un Miura en Bilbao hace muy pocos días. Le pinchó varias veces. Con otro criterio (el de la Tauromaquia de Guerrita, por ejemplo) podría haber cortado la oreja que mereció.
Nota: Esta entrada ha sido propiciado por un comentario efectuado, al hilo de la crónica sobre la tarde de José Tomás en Ciudad Real, por un lector del blog. Álvaro D. al que agradecemos su sugerencia.