miércoles, 29 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXIX) El problema de los encastes. El torismo


"La demagogia torista se queda en lo externo". 
Y, en efecto, en las plazas toristas, un toro se alaba y estima, principalmente, si tiene tamaño y pitones, sobre todo muchos pitones. En la imagen, un toro de Victoriano del Río lidiado en Madrid y que fue calificado por algunos aficionados como una fiera corrupia. En realidad, fue un toro bravo y noble. Muy noble, tan noble que se abría en los engaños. En ese caso los los árboles de los pitones no dejaron a algunos ver el bosque de la nobleza (Fotografía de Javier Arroyo para Aplausos)
NOTA de la LRI. Es evidente que donde está el toro, está la corrida y también que sin mirar al toro, es imposible entender lo que ocurre en la plaza. El toro es, pues, en la fiesta lo primero. Pero esa atención obsesiva por el toro, sin la cual nada se entiende, necesaria e imprescindible hasta el punto que caracteriza al aficionado fetén, no debe confundirse con el "torismo" que no es sino su vulgar remedo cuando no una burda caricatura de la afición cabal e interesada por el toro y por el toreo
Este texto de Joaquín López del Ramo, escrito hace 15 años, describe, muy bien, el perfil de ese tipo de aficionado y explica, con mucho acierto, esa deriva en la que aún seguimos inmersos.

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El "torismo" es una corriente de opinión utópica. irreal y regresiva, que parte de una distorsión interesada y preconcebida del concepto clásico de la bravura y el trapío del toro.

Su nacimiento se sitúa en Madrid a comienzos de los años setenta, de la mano de un sector de la crítica que ensalzaba al toro destartalado y bronco como paradigma de la autenticidad, y al torero de gestualidad garbosa pero superficial o corto de valor, como modelo de torería o esencia lidiadora.

Esta retórica, envuelta en tópicos y lugares comunes, envolvía una realidad de fondo muy diferente al supuesto "purismo" de sus impulsores: ese toro y ese torero resultaban mucho más baratos para los grandes empresarios, y mientras se vendieran como puros y auténticos, y la gente lo creyera, el negocio era redondo. 

Los demagogos tergiversaron la técnica y la historia del toreo, se inventaron como referente un "toro de antes" que nunca existió, y sus mensajes, por repetidos y lanzados a través de potentes altavoces, condicionaron a presidentes y veterinarios, que impusieron un baremo mastodóntico al que debieron amoldarse los ganaderos en las plazas importantes.

Desaparecieron de las ferias los contreras, los coquillas, los vega-villares y los santacolomas. Se agigantaron las demás estirpes y se hundieron los murubes, los condesos y los pablorromeros, todo ello, casualmente, al mismo tiempo (...)

La demagogia "torista" da una visión empobrecedora del toro y de su lidia, se queda en lo externo, es superficial y simplificadora. Así, establece como única referencia del trapío el tamaño y los pitones grandes, sin tener en cuenta las especificidades propias de cada estirpe; llama bravo al manso espectacular; equipara la raza al genio bronco y defensivo; niega la nobleza como cualidad básica del toro y trueca la emoción por el morbo.

"Un sector de la crítica ensalzaba al toro destartalado y bronco como paradigma de la autenticidad"
Aunque todo el mundo (incluido el ganadero) reconoció que la corrida de Saltillo de San Isidro de 2016 fue una mansada, no faltó quien quiso justificarla. No en la prensa, pero si en los blogs, se pudieron leer adjetivos como "admisibles", "emocionantes", "imprescindibles" y algunos más del mismo tenor, llegando algunos a proponerlos como paradigma y modelo del verdadero toro de lidia. Un dislate (Fotografía de Andrew Moore)
Ademas, tergiversa la lidia, pues impugna las figuras del toreo presentes y pasadas por el hecho de serlo; prefiere el toreo sobre los pies a la quietud y la ligazón; confunde el cite largo con la pureza; exalta más al trincherazo pinturero que el natural macizo; prefiere, en suma, el toreo detallista y accesorio al profundo y fundamental, ya que este no lo entiende.

A su falta de enjundia, el "torismo" une la arrogancia de sus formas, pues se manifiesta hosco, agresivo, prepotente, chllón y muchas veces insultante, quizás para tapar su corta sustancia argumental. Lo malo es que, desde hace veinticinco años esta tendencia se ha oficializado, manda en varias plazas importantes y sirve de modelo en otras, con el apoyo de los viejos mercaderes de la crítica que la crearon, de sus aprendices actuales, de muchos equipos veterinarios y de algunos empresarios que la siguen manteniendo en beneficio propio.

El torismo es, según Joaquín López del Ramo, hosco, agresivo, prepotente, chillón y muchas veces insultante (Aficionado protestón en Lima a principios de los 70)
Por ello, lejos de disminuir, todos los males que ha ocasionado se manifiestan hoy con la misma o mayor virulencia, y sus tópicos, de tan escuchados, se asumen por algunos como dogma de fe, tanto más en una esfera proclive a las ideas prefabricadas y a las frases hechas como es la taurina.

LÓPEZ DEL RAMO, Joaquín. Las claves del toro (1ª ed., Madrid, Espasa-Calpe, 2002. páginas 15 y 16)

martes, 28 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXVIII) El problema de los encastes. Las causas.

El trapío medio del toro de los años 60. Una brava corrida de Fermín Bohórquez lidiada en Talavera el 15 de mayo de 1966 por Litri, Diego Puerta y Pallarés. Según el revistero fueron toros con kilos y cornamenta cumplida. Vivir para ver. Hoy se lidian mayores en las novilladas (Fotografía de El Ruedo)

Es una realidad evidente que la tauromaquia ha llegado a un grado de perfección técnica y estética jamás alcanzado, pues las grandes faenas de nuestros días son más profundas, ligadas y duraderas que las de tiempos pretéritos. Este toreo de mano baja, trazo largo y pases enlazados en redondo sin solución de continuidad supone para el toro un enorme quebranto; le obliga a humillar, a desplazarse, a meter los riñones, a emplearse contínuamente en el ataque y durante mucho tiempo, súmese a ello la enorme sangría ocasionada en el tercio de varas y una anatomía que soporta casi cien kilos más de su peso natural y podrá concluirse en que nunca antes se exigió a este animal tanto como ahora.

Pero tampoco en Madrid mejoraba la cosa. En la imagen la corrida de Alipio Pérez Tabernero, lidiada ese año en San Isidro, en la Venta del Batán (Fotografía de El Ruedo)
Casi de forma milagrosa, los principales ganaderos contemporáneos han creado un toro con bravura suficiente para aguantar esta lidia demoledora y, además, colaborar al éxito del torero, a pesar de llevar a cuestas un tonelaje desproporcionado y estar muchas veces sacado de tipo.

Tomando como punto de partida esta reivindicación del toro actual, un análisis objetivo de la presente situación ganadera no puede dejar pasar por alto la existencia de problemas de fondo que inciden de forma muy negativa en su rendimiento y conducen de forma irreversible a la desaparición de importantes razas bravas, empobreciendo con ello a la propia tauromaquia.

Ciertamente, la extinción de estirpes bravas no es un hecho nuevo; hace muchas décadas que dejaron de existir los toros castellanos, los jijones, los carriquiris, o la mayor parte de los vazqueños, pero fue su falta de condiciones para la lidia, su escasa bravura o capacidad de embestir, lo que los condenó.

Por el contrario, las castas arrinconadas en los últimos treinta años [se refiere al ultimo tercio del siglo pasado], cono Contreras, Coquilla, Vega-Villar o, más recientemente, los Santa Coloma, no lo han sido precisamente, por carencias de bravura o nobleza, sino por no admitir muchos kilos, por sus pitones reducidos, o simplemente por puro modismo. 

Bajo nuestra óptica, hay dos causas fundamentales que explican esta situación: la dictadura del denominado "torismo", por un lado, y la evolución de negocio taurino por cauces exclusivamente especulativos.

(continuará)
LÓPEZ DEL RAMO, Joaquín. Las claves del toro (1ª ed., Madrid, Espasa-Calpe, 2002. páginas 14 y 15)

Del mismo año de 1966, el emblemático Atrevido (el toro blanco de Osborne) en los corrales del Batán haciendo amistades. Un toro amable y noble fuera y dentro de la plaza. Un toro bonito pero sin el trapío que hoy se exige en cualquier plaza (Fotografía de El Ruedo)

sábado, 25 de marzo de 2017

Galería de grandes "toreras"

Por Jose Morente

Marilyn torera por Eral Moran

En nuestro días, el animalismo gana la batalla en el mundo y los artistas de Hollywood participan de forma desinteresada en campañas contra el maltrato animal o contra lo que suponen maltrato, pero hace no tantos años, las cosas eran más bien diferentes.

En aquel entonces, Hollywood era un hervidero de divertidos librepensadores capaces de jugarse el tipo contra tipos como McCarthy, tan sólo por defender lo que era la base del sistema americano: la democracia y el derecho de todos a opinar libremente, algo que en la guerra fría no resultaba conveniente.

Manifestación contra McCarthy. Es triste cuando la libertad hay que pedirla. Hoy andamos en las mismas y el toreo sufre el acoso de los más intolerantes de nuestra sociedad
Al final, lo que se reclamaba era simplemente libertad. Libertad para pensar, libertad para elegir. Ya fuera para elegir representantes políticos en las cámaras o, simplemente, para elegir aficiones con las que entretenerse. Y es que hablando de aficiones, la gente de Hollywood, hubo una época que andaba loca por el toreo y eran frecuentes las excursiones a las ciudades cercanas de México (entonces a nadie se le ocurría levantar muros fronterizos) para ver corridas de toros.

La afición a los toros y la iconografía taurina hacían furor por lo que no era raro encontrarse a las grandes actrices vestidas de toreras, simulando lances toreros o, las más atrevidas, toreando vaquillas

En aquellos tiempos, Hollywood parecía Jerez.


Lauren Bacall

La siempre enigmática y sugestiva Lauren Bacall, posa con chaquetilla torera y delante de un cuadro taurino.  Hay quien ha dicho que la bravura del toro está en sus ojos, en su mirada. Y es cierto, pues en el toreo son claves las miradas, las del toro y las del torero. Y también las del público. Aquí, la Bacall tiene esa mirada profunda de quien se juega todo en cada envite. Es la verdad del toreo y la de la vida

Añadir leyenda

Marilyn Monroe

Aunque Pepe Alameda nos enseñara que el toreo no es graciosa huida sino apasionada entrega, el toreo -desde siempre- además de tragedia es fiesta y, desde Chicuelo al menos, la gracia es un activo que se cotiza alto. Y en esa senda, la de la gracia torera, se encuentra Marilyn que simula un cite con el capote con un punto de picardía que haría enrojecer a Curro Cúchares pero que hará las delicias de los espectadores.



Liz Taylor

En la misma senda que la Monroe, quizás con menos picaresca pero quizás también con más enjundia torera pues cita de frente y por derecho aparece esta elegante Liz Taylor que nos explica, toreando de salón, lo que es el arte del toreo. Con la figura erguida en airosa y elegante curva y el compás frontal y cerrado. Como mandan los cánones del toreo más puro y clásico. El toreo eterno.





Rita Hayworth

Si algo llama la atención al que asiste por primera vez a una corrida de toros es su espectacular colorido. Si además el toreo se hace con la Giralda al fondo, miel sobre hojuelas. Sobre todo si quien torea es nuestra compatriota Margarita Cansino, Rita en los carteles de todo el mundo, quien aquí nos deleita con un recorte al molinete. Le embiste Tyrone Power ¡casi ná!






Sofia Loren

Pero la verdad del toreo está en el ruedo. Sólo quien -de modo real o metafórico- pisa el albero (el de una plaza de toros o elde una placita de tientas) con la misma decisión que lo pisa Sofía, puede ponerse en la piel del torero y entender por lo que pasa y lo que le pasa. Lo que llama empatía, una empatía con los toreros que hoy -cuando todos empatizamos más con el toro- tanto se echa en falta.


Ava Gadner

Y si te pones, no te quites. El toreo se basa en decisiones rápidas, casi instintivas. Delante de la cara del burel, aunque poco tiempo a pensar. Y eso, pese a la ayuda de la cuadrilla, simbolizada aquí por ese Luis Miguel Dominguín que tanto hizo por difundir el toreo y popularizarlo entre quienes como Ava Gadner (aquí erguida y majestuosa) tan bien podían difundirlo fuera de sus fronteras naturales. ¡Gracias, Luis Miguel! ¡Gracias, Ava!


Virna Lisi

Hemos llegado al final. La cuadrilla ha terminado su labor y ya ha sonado el clarín que anuncia el cambio de tercio. El torero queda sólo frente al astado. Es la hora de la verdad. Del todo o nada. Del triunfo o del fracaso. De la vida o la muerte. Hace falta mucho valor -no sólo físico sino también moral- para exponerse de ese modo y ante la escrutadora mirada del público. 

Fue Joselito el Gallo quien nos enseñó que, una vez en esa tesitura (y el consejo vale para el toro como para la vida), lo más importante es dominar la situación y hacerle frente sin volver nunca la cara (ni al toro ni a la vida). 

Torear sin perderle la cara a la res -una vaca de suficiente trapío- es lo que hace -o intenta hacer- una valiente y decidida Virna Lisi.




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viernes, 24 de marzo de 2017

Azulejos sevillanos (II) Maera

Por Antonio Líger Valverde




Manuel García Lopez “MAERA”
(1896 Sevilla -1924 Ibid.)

De los azulejos sevillanos que nos recuerdan toreros que nacieron o vivieron en Sevilla traemos el que está en la calle Betis, frente a la Maestranza, donde se recuerda que en ese lugar nació en 1896, Manuel García López, apodado “Maera”.

Por mucho que lo he intentado, no he conseguido saber a que era debido el apodo que podría que tuviera relación con el oficio de carpintero de él o de su familia. Lo que sí he averiguado es que una de las componentes del grupo Triana Pura, que en el 2000 conocieron una explosiva popularidad con sus canciones como el “Pobre Migué”, se hacía llamar Esperanza la del Maera por estar casada con un hijo del torero.

Maera, prendido por su afición, fue torero. Consiguió formar parte de la cuadrilla de Juan Belmonte de quien, al parecer, era amigo, y sus buenas maneras le llevaron a ser el peón de confianza del “Pasmo de Triana”.

Hasta aquí todo apunta a un buen banderillero pero solo un banderillero, pero Maera tenía ambiciones y quiso probar suerte como matador de toros. Aprovechó la ausencia de su matador que en 1918 se fue a América y se probó como novillero. Al regreso de Juan volvió a su cuadrilla pero sus éxitos novilleriles le hicieron dar el paso y, el 28 de agosto de 1921, tomó la alternativa en el Puerto de Santa María de manos de Rafael Gómez “El Gallo”, siendo el testigo Carnicerito de Málaga. Confirmó su alternativa en Madrid en 1922 de manos de Diego MazquiaránFortuna”, con Chicuelo como testigo. Como torero se le calificó de valiente y sus éxitos lo llevaron a actuar en América, llegando a torear en la capital de México.

Maera fue uno de los últimos toreros en seguir el antiguo camino de llegar a matador de toros empezando como banderillero y aprendiendo el oficio. En nuestros días, suele ocurrir lo contrario; primero se intenta ser matador y, si no se cuaja, se pasa a ser banderillero. Aunque hay una excepción reciente: la del malogrado Manolo Montoliú quien, tras muchos años de éxitos como banderillero, tomó la alternativa aunque su carrera como matador fue breve y volvió al oficio de banderillero hasta su trágica muerte en Sevilla, en 1992, muerte que tuve la desgracia de presenciar.

Maera también estuvo poco tiempo en el escalafón de matadores; desde su alternativa en 1922 hasta su temprana muerte en Sevilla, en 1924 a consecuencia de unas fiebres palúdicas que contrajo en Melilla donde fue a torear en un festival.

Manuel García “Maera” está enterrado en el Cementerio de Sevilla bajo una lápida con un emocionado epitafio que nos revela el desgarro familiar que produjo su temprana muerte. Dice así:

DEPA
Manuel Garcia Lopez
(Maera)
Matador de toros
Falleció el 11 de diciembre de 1924
A la edad de 28 años
¡Hijo del alma!
Tu madre y hermanos no te olvidan



miércoles, 22 de marzo de 2017

El insólito peligro de los arpones

Por Jose Morente

La belleza del toro bravo en el campo. Estampa y trapío. Pasmoso, el toro indultado en Valencia el pasado día de San José, recuperándose de sus heridas (Foto Aplausos)

Según declara su ganadero Justo Hernández, el toro Palmoso indultado el día de San José en Valencia, está ya en el campo, restableciéndose de sus heridas. Las primeras curas se las hizo en la propia plaza el mayoral de la ganadería, hombre ya experto en esas lides. Posteriormente, fue intervenido con más profundidad por los veterinarios de la ganadería.

Lo curioso es que las heridas más graves no han sido las provocadas por los puyazos sino por el arpón de la divisa: Como cuenta el propio ganadero:
"Fue una cura más importante. Se le quitaron los arpones de las banderillas, se curaron los puyazos y se vio que lo que peor estaba era la divisa, porque el arpón se hundió para adentro y había que sacarlo sin hacer grandes destrozos". 
Aunque pueda resultar sorprendente, el caso es parecido, en cierto modo, a lo que ocurrió con Velador como nos recuerda Javier Sanz. En julio de 1982, Joaquín Vidal informaba del estado del toro indultado en las Ventas y recogía las información que le facilitaba el propio ganadero, Victorino Martín, pocos días después del evento.

Según Vidal, un veterinario de la Unión de Criadores de Toros de Lidia la había curado, quitando los arpones de las banderillas y de la divisa.
"El Victorino tenía, aparte los desgarros ocasionados por dichos arpones, tres grandes boquetes, como consecuencia de otros tantos puyazos. Los más graves eran uno en un costado y, sobre todo, otro justo en la cruz donde, además de la puya, había penetrado la banderilla con que Ortega Cano simuló la suerte de matar. Con tanta decisión y fuerza la clavó el diestro, que. de poco lo mata de verdad".
O sea que, al final, al Victorino estuvieron a punto de matarlo, no los puyazos, sino el arpón de la banderilla con la que se había simulado la suerte suprema igual que al toro de Domingo Hernández, le pudo costar caro el arpón de la divisa,

Como diría Luís Fernández Salcedo, parece cosa de cuentos si no fuera porqué es verdad. Y es que la verdad a veces es más fantasiosa que los cuentos.

Ortega Cano entra a matar a Velador (que no Belador) con la banderilla que pudo costarle la vida... al toro (Foto de la web de Victorino Martín)

martes, 21 de marzo de 2017

La cárcel de papel taurina (VIII) El público valenciano en la picota

Por Jose Morente
Si el indulto del último toro lidiado en las Fallas del 2017 ha generado una fuerte polémico en las redes sociales, no menos la causó la discutible vuelta al ruedo al 4º toro de ese mismo festejo o las dos orejas concedidas a Perera unos días antes. Lo que resulta indiscutible es la alegría de los espectadores asistentes (Foto: Alberto de Jesús para Mundotoro)

NOTA DE LRI: Frente al público que sólo va a divertirse, el público que sólo va a enjuiciar. Frente al espectador que concibe el toreo como una Fiesta (en la que participa sin entrar en más complicaciones), el que lo concibe como un rito sagrado (del que se considera depositario y defensor de sus esencias).

Dos posturas antagónicas y aparentemente irreconciliables que han obligado al Alto Tribunal Superior del Toreo a tomar cartas en el asunto y emitir una Sentencia ejemplar que, sin embargo, no contentará a ninguna de las partes en litigio, lo que será prueba palpable de su equidad e imparcialidad pues en el término medio está la virtud. 





En Valencia, a 21 de marzo de 2017, reunidos los miembros del Alto Tribunal Superior del Toreo, para juzgar a los aficionados valencianos, por su actitud complaciente y en exceso festiva en la corrida celebrada en esa capital el día de San José del año de gracia de 2017, así como en el resto de las corridas falleras según denuncia interpuesta por la Organización Mundial de Aficionados Integristas Taurinos y Adláteres (conocida como OMAITA).

RESULTANDO Que, según el denunciante OMAÍTA, los citados aficionados valencianos se comportaron el día de autos,  de forma festiva y vocinglera sin el rigor, gravedad y seriedad que se supone se debe a un rito centenario por no decir milenario, como es el toreo a pie.

RESULTANDO Que según el denunciante OMAÍTA, la actitud del público con su prodigalidad en la petición de trofeos -trofeos concedidos por un palco complaciente y sin rigor-, conlleva que se banalice el triunfo, se rebaje el mérito y, por ende, reduce el objetivo y la intención del torero en la plaza a la mera obtención de esos apéndices auriculares convirtiendo el final de la lidia de cada toro, en mero reparto de despojos (léase casquería).

RESULTANDO Que aunque la concesión del -inmerecido según el denunciante OMAÍTA- premio de vuelta al ruedo al 4º toro de la tarde (de nombre "Malagueño") se debe atribuir a la impericia del Presidente de la corrida, dicho hecho cabe imputarlo también al debe de los aficionados valencianos asistentes al festejo, pues está fuera de duda -según el denunciante- que fueron ellos lo que con su jolgorio continuado durante toda la tarde -y durante toda la feria- crearon el ambiente propicio que para que se produjera tal desafuero: Y, en cualquier caso, también se debe a los aficionados imputados la irresponsable petición de indulto del toro 6º (de nombre "Pasmoso") que -otra vez según los denunciantes- no era en ningún caso merecedor a dicho galardón.

CONSIDERANDO. Que este Alto Tribunal comparte las tesis mantenidas por los denunciantes relativas a lo excesivo de algunos de los premios y galardones otorgados y también las relativas al valor histórico de la Tauromaquia como rito. Un rito que, sin perjuicio de las modificaciones impuestas por modas y nuevos modos, presenta valores ancestrales que no cabe desconocer, obviar o mixtificar y que merece nuestra protección.

CONSIDERANDO Que, no obstante, lo anterior, también es secularmente reconocido el carácter festivo y bonancible del público valenciano, hasta el punto que su filiación torerista antes que torista deviene en seña de identidad propia, carácter que también es merecedor de la protección de este Alto Tribunal, so pena de caer en una globalización tan injusta como perniciosa si se quiere mantener la tradicional idiosincrasia de cada plaza.

CONSIDERANDO Que resulta evidente que no corresponde a este Tribunal entrar en la valoración artística de la actuación de los toreros ni en el análisis del comportamiento de las reses lidiadas en la plaza, pues dicha tarea compete en exclusiva a los aficionados y, de entre ellos, sólo a los asistentes al festejo o sea a aquellos que han abonado religiosamente su entrada y cuyas manifestaciones de agrado o desagrado a cuanto acontece en la plaza son inapelables e indiscutibles, sin perjuicio de que deban ser moduladas legalmente por la autoridad competente 


CONSIDERANDO Que no obstante lo anterior, este Alto Tribunal puede exigir a los aficionados asistentes a los festejos un mínimo de rigor y coherencia en su comportamiento aunque siempre de conformidad a la categoría de la plaza y, sobre todo, a su tradicional carácter que en ningún caso, debemos traicionar o modificar de forma artificial.

CONSIDERANDO Que resulta evidente que una actitud alegre y positiva en los espectadores asistentes a estos espectáculos ha causado más beneficios que inconvenientes no sólo moralmente sino desde cualquier punto de vista y como tal debe procurar mantenerse, mientras que el exceso de rigor, casi siempre injustificado, acarrea desazones y rechazos lógicamente comprensibles y la huida de las plazas de las mayorías que debemos procurar atraer a ellas.

CONSIDERANDO Que, pese a todo, este Tribunal está obligado a resolver el conflicto planteado buscando una solución equilibrada y razonable que conjugue de forma adecuada los contrapuestos intereses en juego

Por todo ello, a la vista de todo lo anterior y de las pruebas documentales aportadas por las partes y que, por innecesarias y conocidas no reproducimos


FALLAMOS Que no procede condenar a los aficionados valencianos a la pena de extradición solicitada por OMAÍTA,


De igual modo, FALLAMOS que no obstante si procede reconvenir a dichos aficionados para que, entren en cordura, sin perjuicio de mantener el talante alegre y festivo que a la afición valenciana caracteriza, por lo que debemos imponer, a cada uno de los asistentes al festejo del día de San José del presente año, la PENA de asistir -individualmente o en un grupo- a un mínimo de dos corridas del ciclo isidril (y una de ellas, al menos, de carácter torista) debiendo hacerlo necesariamente (y sin que sirvan excusas) bien en el Tendido 7 o en la Grada 6, una vez que desparecida en combate la Andanada del 8, no sirve dicha localidad a los fines regeneracionistas que pretendemos.

Por lo que respecta al demandante OMAÍTA y si bien no se se aprecia en su denuncia dolo que haga necesario imposición de costas, también estima este Tribunal necesario moderar el celo -excesivo- que estos aficionados integristas ponen en la defensa de la Fiesta, que consideran de su exclusiva propiedad. Resultando que los árboles de los errores cometidos (evidentes aunque aquí conviene recordar aquello de "errare humanum est") les impide apreciar el árbol de la grandeza actual de la Fiesta por lo que también se les CONDENA, esta vez a petición del Ministerio Fiscal, a la PENA de tener que asistir -individualmente o en grupos- a un mínimo de dos corridas de las próximas Fallas del 2018, de las cuales una necesariamente debe corresponder a un cartel de figuras y con toros de Garcigrande o Cuvillo (Zalduendo nos parece excesivo).

Todo ello en el entendimiento, por parte de este Alto Tribunal, de que relativizar las cosas es necesario y que tan nefasto puede ser el extremismo torerista que todo lo acepta como el extremismo torista que todo lo niega.

Lo que declaramos en Valencia para su ejecución inmediata y sin que quepa interponer recurso ordinario alguno contra esta nuestra meditada y entendemos que moderada resolución.


Pasmoso de Domingo Hernández, el toro indultado por López Simón, en la última corrida de las Fallas de 2017(Foto: Alberto de Jesús para Mundotoro)

sábado, 18 de marzo de 2017

Los errores de estrategia se pagan muy caro

Por Jose Morente

Las tácticas de los antitaurinos para lograr la abolición de la tauromaquia son mucho más coherentes e inteligentes que las de los aficionados a los toros para defenderlo

Leyendo estos días el manual del activista que aparece en la página web de la asociación Anima naturalis, encuentro un punto tercero que me ha llamado poderosamente la atención. El título es "pureza personal vs. activismo efectivo"

La idea que transmite es sumamente simple pero eficaz. Los ideólogos de esta asociación vienen a recordar a sus prosélitos que anteponer el idealismo utópico a la obtención de objetivos concretos, posibles e inmediatos, aunque menos ambiciosos, es un error de estrategia que se paga caro.

Y es que no tiene sentido -dicen- ensarzarse en discusiones por todo y contra todos en defensa de su bienintencionada causa. El objetivo no es acabar de golpe -sería utópico- con el maltrato animal sino conseguir que -poco a poco- cada vez exista menor maltrato. Y hacerse antipáticos y retrógrados a los ojos de los demás por plantearles exigencias imposibles, por pedirles el todo o nada a los no convencidos, va contra ese objetivo, va contra la causa del animalismo.

En resumen, que la defensa de un ideario excesivamente purista perjudica más que beneficia a su causa.

El discurso de los ideólogos animalistas creo que es aplicable a nosotros, a los aficionados a los toros. Somos muchos los que hemos olvidado que lo importante no son los matices o nuestros gustos personales (siempre discutibles) sino la propia pervivencia de la Tauromaquia hoy puesta en entredicho a nivel mundial por la marea animalista.

Una marea que será cada vez más imparable si en vez de ensalzar y difundir los indiscutibles valores de la Fiesta nos dedicamos única y sistemáticamente a poner el acento en lo negativo. En rigor, de poner el acento en lo que a nosotros nos parece negativo.

No se trata de ocultar la verdad ni mentir (ni mucho menos) pero tampoco de sacar a la palestra solo lo que nos perjudica. Eso, como saben los buenos estrategas del animalismo, es un grave error de estrategia y los errores de estrategia se pagan, al final, muy caro.