domingo, 10 de julio de 2016

Víctor Barrio. La muerte fecunda de un torero.

Por Jose Morente

Víctor Barrio

Si para algo sirve el toreo, creo que es para evidenciar, a través del rito y en esta sociedad aséptica y cada vez más neutraanodina y artificial, la cruda y descarnada verdad tanto de la vida como de la muerte.

Nuestra sociedad urbana nos protege y nos aísla para terminar creando una imagen distorsionada de la realidad. Ya sea la realidad económica, la social o la política. Es una sociedad que funciona a base del engaño que acaba convertido en autoengaño

Tan es así, que algunos pretenden ocultar (por Decreto-ley si es preciso) todo lo de complejo que tiene el mundo, todo lo que no les gusta o todo lo que no coincide con esa visión suya tan neutra, tan vacía, tan inútil, tan falsa. Distorsionan la realidad humanizando a los animales. Obvian la miseria que marginan y segregan. Ocultan y apartan de nosotros a la muerte, recluida en Residencias de lujo y que ya sólo tiene cabida troceada en un vídeo insertado en un telediario banalizador y consumista. Fat-foods. Comida basura de una sociedad basura por falsa y mendaz. El Show de Truman. La realidad convertida en mera apariencia.

En ese panorama desolador, el toreo emerge como una de esas pocas opciones que nos permiten rebelarnos contra ese guión siniestro, anclarnos en la realidad y arraigarnos en nuestra historia. Una historia, una herencia, que también ahora nos quieren extirpar y robar (también por Decreto-ley, por supuesto). 

Es el toreo escenificación ritualizada y codificada de la vida (el torero) y de la muerte (el toro). La muerte del torero, sorprendente siempre, inesperada siempre pues nunca llega cuando se la espera, invierte el orden prefijado pues lo previsto es la muerte del toro. La muerte del torero, sacerdote de un rito ancestral convertido en víctima, es un poco la muerte de todos.

Ayer, en Teruel, un toro de "Los Maños" mató a un joven torero. Víctor Barrio, de 29 años. Una muerte que, aunque accidental, no tiene nada que ver con un accidente (nada más lejos de la realidad) sino con un sacrificio asumido que no deseado. 

Y de deseos, uno. Sólo un deseo, el mismo que provoca cualquier otra muerte: Que no sea vana, que remueva las conciencias de dentro y fuera. La evidencia es esta. Sólo la cirugía moderna evita más desgracias, No es el toreo de nuestra época empeño de menor riesgo que el toreo de antes. Las muertes -desgraciadas muertes- de este funesto año (Renato, El Pana, "Gallo" y, ahora, Víctor) lo atestiguan. 

Y que no se nos olvide nunca (que parece que siempre lo estamos olvidando). El toro mata. Todos los toros pueden matar y todos los que se ponen delante, pueden morir. Esto es muy serio. Menos demagogia y menos teorías cogidas al vuelo. Más respeto al que se pone delante. 

Por Víctor. Por todos los toreros.

sábado, 9 de julio de 2016

¿Sin morbo no hay fiesta?

Por Jose Morente

Un toro de Cebada Gago cornea a un corredor en el peligroso encierro de ayer viernes (Foto: Pablo Lasaosa-Navarra.com)
Vuelven, como todos los años, los Sanfermines y vuelven esas trepidantes carreras por la Estafeta. Vuelve el jolgorio continuado en las calles y, por la tarde, en la plaza. Vuelve la emoción de una Fiesta que llaman del toro y que sin el toro carecería de sentido y de importancia. Vuelve, por ello, y sobre todo, el morbo.



Justificamos la afición a los toros en el arte y en el dominio. En la capacidad de los que se lanzan a los ruedos o a los empedrados para esquivar el peligro. Su arrojo nos produce admiración y su éxito los convierte en héroes populares. ¡Ahí es nada afrontar la ciega furia de un animal terrible armado de un pequeño capotillo, una minúscula muletilla o una pareja de finos palitroques cuando no, sencillamente, a cuerpo limpio y con las manos desnudas!




Esa es nuestra tesis y nuestra explicación de la grandeza del toreo pero detrás de ella, de la justificación racional de nuestra afición a los toros basada en el arte o el dominio, creo que subyace siempre -se diga o no- el morbo, el puro morbo.




Es el morbo de los espectadores de las plazas de talanqueras que azuzan a los inexpertos y vacilantes lidiadores a los que no vacilan en devolver a la arena cuando buscan el refugio en la tablas. Es el morbo que hace que exijamos un toro cada vez más fiero y con más complicaciones porque sin él, decimos, la fiesta carecería de sentido y justificación. El morbo del que pide a los toreros más entrega y, sobre todo, que asuman más riesgos porque sin verdad, sin esa verdad, el toreo -pensamos nosotros- no sería lo mismo.



Los aficionados afirmamos con rotundidad y contundencia que no nos gustan las cogidas ni las cornadas, esas con las que se solaza el populacho y se convierten en virales en la red. Será verdad pero muchas veces (demasiadas) nuestros planteamientos y nuestras exigencias conducen inexorablemente a ellas. ¿Contradicción o autoengaño?



Vemos los encierros sanfermineros cada mañana y, cuando no pasa nada, experimentamos la alegría por la ausencia de cogidas pero también una cierta desilusión por la ausencia de incidentes. Para muchos es mayor la segundo que la primero. Dicho de otro modo: no queremos que pase nada pero si no pasa nada, los encierros no tienen interés para el espectador ergo no son encierros. Es el morbo, el puro morbo.


Es un sentimiento ancestral que se refleja muy bien en aquella antigua anécdota tan conocida que está en los libros. Le preguntaban a una vieja señora en una capea de pueblo que como eran los toros de ese año y contestaba que malos: ¡Para buenos los del año pasado que mataron a tres mozos!

El morbo, el puro y maldito morbo.


Nota LRI: Las más que entusiastas declaraciones del mayoral de Cebada ayer tras el peligroso encierro de esa ganadería, sobre lo que se busca y divierte en los encierros, dan que pensar. El encierro, como la corrida, tiene sus reglas. Unas reglas defensivas orientadas a conseguir el objetivo pretendido -correr los toros. torearlos,...- salvaguardando -en lo posible- la integridad física de los participantes. Ese es el mérito y el interés del encierro y del toreo para los participantes y para los entendidos (léase aficionados). Un punto de vista muy diferente del que tienen el mero espectador ocasional o desatento, consumidor de unas imágenes mediáticas que solo parecen pretender convertir en banal lo que es un rito ancestral.

miércoles, 6 de julio de 2016

El toro Ratón se llamaba "Centella"

Por Antonio Luis Aguilera

 Madrid 7 de julio. Manolete torea a "Ratón" de Pinto Barreiros (el sobrero más famoso de la historia del toreo) mirando al tendido.(Dibujo de Antonio Casero publicado en el Ruedo el día 11)

En la temporada de 1942 fue desenjaulado en los corrales de la madrileña plaza de Las Ventas el novillo “Centella”, marcado con el número 242, de pelo negro, perteneciente al hierro portugués de Pinto Barreiros. Era hijo de la vaca del mismo nombre y del semental “Interrogado”, extremos que serian facilitados años más tarde por los propietarios de la ganadería, debido a que en aquellas fechas no existían documentos que registraran los datos de las reses, como hoy ocurre con los certificados de nacimiento, ni tampoco el Libro Genealógico.

Este ejemplar acabaría siendo inquilino de los corrales madrileños cerca de dos años, pues aunque era encerrado como sobrero en algunas corridas, la puerta de su chiquero volvía a abrirse para que retornara a los cobertizos de reses previstas para la lidia. Así, “Centella” se hizo toro y fue acostumbrándose al lugar, tomaba las puertas cuando era requerido para  cambiar de corraleta, y acudía tranquilo a los pesebres para consumir su pienso y el destinado para otros toros, motivo por el cual fue “bautizado” como “Ratón” por el mayoral de la plaza. 

El 6 de julio de 1944 se celebraba en Las Ventas la tradicional corrida de la Prensa y la plaza se llenó hasta el tejado para contemplar la actuación de Luis Gómez “El Estudiante”, Juanito Belmonte y Manuel Rodríguez “Manolete”, que habrían de vérselas con toros de Alipio Pérez Tabernero. A mediodía, tras la celebración del sorteo, fueron enchiqueraron, por orden de lidia, “Ratonero”, “Perdigón”, “Carbonero”, “Rabón”, “Costurero” y “Naviero”. También, una vez más, “Centella”, que en los documentos oficiales era reseñado con el calificativo que por glotón le había adjudicado el mayoral del coso. 

Con cinco años cumplidos y otro nombre, “Centella” iba a convertirse en el toro más célebre de la ganadería de Pinto Barreiros. El público protestó la presencia de “Naviero”, sexto de la tarde, y el presidente señor Cartier, a quien asesoraba el matador de toros Antonio Márquez, ordenó su devolución. Llegaba la hora de la verdad para el viejo inquilino de los corrales venteños, que a pesar del tiempo permanecido en ellos y contra toda lógica embistió con celo al capote de Manolete, que lo saludó con unas  magníficas verónicas a las que puso broche con media escultural que por majestuosa levantó el clamor de la plaza.

El de Córdoba, que estrenaba un traje violeta y oro, se dirigió al tercio para brindar al público la que luego sería considerada como una de las mejores faenas de su vida. Dueño y señor de la situación ligó en un palmo de terreno una serie de cinco naturales, que por su inmensa torería cautivaron el alma de la afición más exigente del mundo. “Ratón”, haciendo gala de su casta y encelado por el poderoso temple del “Monstruo”, tomó otras dos series de cuatro naturales cosido a la tela que le obligaba a rodear la esbelta figura del torero, mientras éste, erguido como una torre, parecía clavado en el ruedo.

El natural de Manolete. Economía de movimientos (Foto publicada en el Ruedo el día 11)
En un alarde de mando sin igual, Manolete agarró el estaquillador con la mano derecha y dejando llegar a “Ratón” lo toreó increíblemente despacio mientras dirigía la mirada al tendido. Era la primera vez que lo hacía en Madrid, que rendida a su proverbial toreo no daba crédito a lo que veía, una faena mágica, engarzada con indescriptible primor y elegancia, donde los pases fluían ceñidos con asombrosa lentitud. Tras unos molinetes el animal juntó las manos, el público enmudeció y el matador atacó despacio y en rectitud para enterrar la hoja del acero en el morrillo del noble toro.

Manolete sale de Madrid a hombros el día 6 de julio de 1944 (Foto publicada en el Ruedo el día 11)

Al caer la tarde, en la calle de Alcalá nadie hablaba de las tres orejas conseguidas por Manolete, sino de la asombrosa faena que hizo a “Ratón” el rey de los toreros. Curiosamente, con este toro utilizó por última vez Manuel Rodríguez la espada de acero para ayudarse en la faena de muleta, pues de Madrid viajó a Pamplona para actuar en las fiestas de San Fermín y tuvo un accidente de circulación en las proximidades de Buitrago, donde todos los ocupantes del vehículo resultaron ilesos excepto él, que sufrió fractura en el dedo pulgar de su mano derecha. Desde su reaparición en la Línea de la Concepción usaría el estoque simulado

¡Así no ha toreado nadie! (Titular de la crónica de Federico M. Alcazar en el dinamitado diario Madrid (7 de julio de 1944)
Nota de LRI: Paco Laguno en su colosal Tauromaquia del Monstruo de Córdoba, afirma que el verdadero nombre de "Ratón" era "Rabanito" y aporta algunas pruebas de ello. Sin embargo su tesis suscita algunas dudas (por ejemplo, no coinciden los números de los toros). Joaquín López del Ramo apuesta, al contrario, por "Centella" que es el nombre que le atribuye al toro uno de los descendientes de su ganadero. Quede constancia de esta pequeña duda.

martes, 5 de julio de 2016

Cuaderno de notas flamenco (VII) La creación en el cante, según Ramón Soler



En su imprescindible libro "4 estudios sobre Antonio Mairena", Ramón Soler nos desvela muchas de las claves del flamenco, tanto sobre la creación o recreación de las letras como sobre la transmisión ya sea oral, ya discográfica, de las músicas. 

En la introducción al Capítulo 4 ("Los cantes del repertorio de Enrique el Mellizo y su presencia en la obra de Antonio Mairena"), Ramón reflexiona de forma magistral sobre "la creación en el cante" y al hilo de una Siguiriya antigua, la del Marrurro, nos dice -y enseña- lo siguiente:


"A Diego Monge 'El Marrurro', cantaor gitano de Jerez de mediados del XIX, se le debe un estilo de siguiriya que grabó en 1913 su paisano don Antonio Chacón con la letra "Si yo supiera la lengua / que de mi murmura" (Audio 2) (Ver nota a pie de página).

Parece ser que el Marrurro se basó en la seguiriya del Viejo de la Isla, cantaor de San Fernando anterior a él. En la grabación de Chacón percibimos como la quinta sílaba del primer y tercer tercio ("si yo supiera la lengua") y la última del quinto tercio ("Yo la cortara por en medio, en medio")se alargan algo más que el resto, lo que supone ya un leve un distanciamiento del patrón precedente del Viejo de la Isla.

En esas silabas -o en las que hay inmediatamente antes o después- incidirán cantaores posteriores como Cepero ("Con la Virgen del Carmen", Audio 3) , la Niña de los Peines ("Tú no tienes la culpa", Audio 4), el Gloria ("Siéntate tú a mi vera", Audio 5), Vallejo ("La Pastora Divina", Audio 6), Caracol ("Que me quiere buscar", Audio 7), que paulatinamente irán exagerando esa tendencia para ampliar incluso ese alargamiento a otras sílabas más. En la grabación de 1930, el Gloria termina los tercios impares (1, 3, 5 y 7) con un ay que sirve de apoyatura para ligar los tercios siguientes. 

Cuando en 1959 Antonio Mairena graba la siguiriya del Marrurro ("SI esta pena mía, Audio 8) toma las modificaciones anteriores y duplica además los "ayes" del Gloria en los mismos sitios, con lo que consigue una versión muy peculiar.

La línea de Mairena la llevó más allá Agustín Núñez ("Que me quieres tú buscar, Audio 9) cantaor gitano de Estepona seguidor de los cantes de Mairena.

Así lo que nació como una incipiente variación se fue perfilando de una forma clara como una siguiriya desgajada de la del Viejo de la Isla, de la cual provenía. Paradójicamente, se podría decir que la siguiriya que grabó Agustín Núñez en 1985 la consideramos hoy como más del Marrurro que la que cantaría éste un siglo antes, pues debía interpretarla de una forma mucho menos diferenciada de la del Viejo de la Isla.

Y lo mismo es aplicable a otros muchos cantes."


Nota: No confundir con otra siguiriya que grabó Chacón en 1909 con la misma letra acompañado por Juan Gandulla "Habichuela", en la que sigue el estilo del Viejo de la Isla (Audio 1)

SOLER, Ramón "Los cantes del repertorio de Enrique el Mellizo y su presencia en la obra de Antonio Mairena" en "4 Estudios sobre Antonio Mairena" (1ªed., Málaga, 2015. Páginas 70 y 71)




lunes, 4 de julio de 2016

Cuaderno de notas (XCV) La economía de movimientos

Uno de los toreros que más han evidenciado esa economía de movimientos de la que habla Raúl Galindo en su fundamental texto "El toreo, en teoría"ha sido Pepín Martín Vázquez, torero adelantado a su tiempo, pero en general todos los toreros calificados como "elegantes" (Lagartijo, Antonio Fuentes, Rodolfo Gaona, Manzanares padre, Enrique Ponce, etc.) comparten ese mismo concepto (Pepín en una fotografía publicada en el Ruedo en 1947)
"Pasemos a hora  a lo que considero, junto con la quietud, una base para el toreo: la economía de movimientos. Ambos son dos conceptos del todo coherentes. 

Hemos dicho que el toreo es visual, el espectador percibe el dominio y la belleza que el torero genera mediante el uso de capote y muleta, y lo percibe como un movimiento correlativo de toro y torero. Dentro del lance o muletazo son el brazo, la cintura y la muñeca del torero, las que crean toreo. Fuera de ellos, el cuerpo entero evoluciona sobre la arena, posicionándose adecuadamente.

Para el toreo ideal, cada uno de estos movimientos por pequeño que sea, ha de ser útil. Si un movimiento o un conjunto de ellos es inútil debe suprimirse, y si puede ser sustituido por otro menor sin perjuicio del resultado técnico, no hay que dudarlo porque el resultado artístico mejorará.

El despilfarro de energía que el toro realiza en la lidia ha de contraponerse, en la retina del espectador, al mínimo esfuerzo del torero para que la ilógica vuelva a manifestarse. La velocidad del toro ha de carearse con la lentitud del torero (...)

Este es un toreo donde es el toro el que se mueve. Un toreo donde jamás una articulación mayor realiza un movimiento posible con otra menor: lo que mueven las muñecas no deben moverlo los codos, y lo que mueven estos no pueden hacerlo los hombros, después va la cintura y así sucesivamente hasta llegar a las piernas que suponen digamos, el movimiento mayor porque es un desplazamiento de todo el cuerpo."
GALINDO, Raúl "El toreo, en teoría-Análisis de tauromaquia fundamental" (!ª ed., Barcelona, Ediciones Bellaterra, 2014. Páginas 133-135)




Lagartijo, Fuentes, Gaona, Manzanares padre y Enrique Ponce, toreando con una estética diferente pero con el mismo concepto del toreo de Pepín Martín Vázquez, un concepto basado en la sencillez o economía de movimientos (Fotografía de Juan Pelegrín-Las Ventas)

sábado, 2 de julio de 2016

Cuaderno de notas (XCIV) No es lo mismo la bravura "deslocada" que la "regulada"

Mayo de 1979. La bravura explosiva de un Torrestrella ante la muleta -poderosa- de Francisco Rivera Paquirri.

"La bravura es la cualidad del toro de embestir por derecho, siempre para adelante, sin temerle a nada. Pero ojo, que no es lo mismo una bravura deslocada que una bravura regulada. Me gusta ese toro regulado que acude galopando, queriéndose comer la muleta.

Sin lugar a dudas, hoy hay mucha más bravura, lo que no significa que no haya más suavidad, y eso hace que los toreros estén más cómodos.

[Nuestro toro] ha mejorado mucho, tanto de comportamiento como en calidad. Toros que muestran un galope y una forma de embestir que transmite emoción, que al fin y al cabo , es lo que el ganadero busca y lo que desea el público"

Declaraciones de Álvaro Domecq Romero en PRIETO GARRIDO, José Luís "El toro bravo-ganaderías míticas" (1ª ed., Almuzara, Córdoba, 2012. Página 451)

viernes, 1 de julio de 2016

Cuaderno de notas (XCIII) Los machos no los tentamos

El ganadero Fernando Cuadri tentando una becerra (fotografía del libro El toro bravo-ganaderías míticas)
"Los machos no los tentamos. Los seleccionamos por nota.

Un macho tentado indica como es ese animal ese día y a esa hora, pero no indica, en absoluto, lo que va a transmitir. El semental es un portador de sus antecesores, de su familia, en definitiva, de su reata.

Y hay otra cosa importante, Si yo tengo un criterio de selección idéntico para cada macho, le estoy dejando los mismos caracteres, con la posibilidad de que algunos de ellos puedan chocar a la hora de la transmisión..Entonces. al carácter de selección de la presunta hembra, yo no sé el carácter de selección de macho que le va a ir mejor; luego, la mejor manera es probarlo.

Declaraciones de Fernando Cuadri en PRIETO GARRIDO, José Luís "El toro bravo-ganaderías míticas" (1ª ed., Almuzara, Córdoba, 2012. Página 327)