martes, 10 de mayo de 2016

José Tomás no es el torero perfecto

Por José Morente

José Tomás en Jerez. El toreo perfecto (Fotografía de Arjona para Aplausos)

Puede que José Tomás no sea el torero perfecto. Puede que sea muy discutible. Muchos -no nosotros- le discuten casi todo: las plazas donde torea, los toreros con los que torea y las ganaderías que torea. Puede que no sea de recibo reducir una temporada a tres o cuatro corridas de toros.

Puede que todo eso sea verdad y que José Tomás no sea el torero perfecto.

No será quizás José Tomás el torero perfecto pero en Jerez hizo la faena perfecta.

Por su firmeza, por su entrega, por su valor, por su inspiración, por su precisión en el manejo de los engaños, por su acierto en administrar los tiempos, por darle a cada toro lo que cada toro pedía

Por todo eso, José Tomás, en Jerez,  puso al toreo en su cima más alta y ahí queda hasta su próxima entrega.

lunes, 9 de mayo de 2016

Cuaderno de notas (LXXXIII) La bravura es entrega

La verdadera bravura es entregaCobradiezmos de Victorino Martín indultado en Sevilla un toro con muchas cualidades pero sobre las que destacó su tremenda entrega (Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)
"Bravura es una suma de caracteres. Está claro que bravura es gana de combate conjuntamente con nobleza, porque si no, sería ese animal intoreable e imposible que a veces sale en las ganaderías de bravo (...)

En las ganaderías bravas, a veces sale ese animal salvaje que es indomable, un poco el pico máximo que puede tener la raza. Bravura debe de ir pareja con nobleza , porque si no, no es tal bravura sino temperamento salvaje indomable.

Bravura es entrega, lucha hasta el finalhumillar, repetir, fijeza, nobleza. Un conjunto de características que hacen que el animal se comporte como lo que es. La verdadera bravura se ve cuando el toro se para y domina. El toro que no es bravo y que es dominado, se para y se raja."

Declaraciones de Victorino Martín hijo en PRIETO GARRIDO, José Luís, El toro bravo-Ganaderías míticas (Almuzara, 1ª ed., 2012: p. 291)

domingo, 8 de mayo de 2016

Un brindis sonado de Antonio Bienvenida

Por Jose Morente


Según la Historia, la última vez que tocó la música en Madrid fue en la Corrida de la Victoria celebrada el 24 de mayo de 1939 para conmemorar el fin de la Guerra Civil
Una costumbre de chusco origen

Según cuenta la historia oficial taurina, la tradición (o mejor sería decir, costumbre) que hace que en Madrid no suene la música durante las faenas, no se debe al peculiar y estricto concepto que en esa plaza se tiene del toreo (considerado un examen antes que un rito o una fiesta) sino a un curioso suceso acaecido durante la corrida celebrada el 24 de mayo de 1939, la llamada Corrida de la Victoria ya que fue la primera que se celebró en esa plaza tras la Guerra Civil.

El caso es que, habiendo amenizado, la Banda de música, la faena de muleta que hizo Marcial Lalanda al primer toro de la tarde, el hecho de haberse negado a hacerlo durante el trasteo de Domingo Ortega en el cuarto, provocó tan tremendo alboroto y algarabía en los tendidos que la autoridad competente (¿quizás militar?) acordó que, a partir de entonces en Madrid y para evitar disturbios, la Banda no tocase ya más durante la lidia.


Bienvenida consigue que la música vuelva a las Ventas

Un cuarto de siglo después de haberse prohibido o acordado silenciar a la Banda de música de las Ventas, el diestro Antonio Bienvenida consiguió romper la costumbre y que la música volviese a sonar en esa plaza durante la lidia de un toro.

El 16 de octubre de 1966, día de su primera retirada, Bienvenida que toreaba en solitario, tuvo la ocurrencia de brindar a la Banda de Música un par de banderillas. 

Los músicos agradecidos correspondieron al diestro interpretando el pasodoble "El Gato Montés", rompiendo así una norma precautoria que duraba ya demasiado tiempo.



Bienvenida se asoma al balcón en el tercio de banderillas que brindó a la Banda de música de las Ventas
Desde entonces, desde el brindis del maestro Bienvenida, en las Ventas, puede ya sonar la música durante los primeros tercios, aunque la costumbre del silencio, se mantiene para las faenas de muleta con el consenso y beneplácito de los espectadores habituales de la plaza.


La música prohibida volvió a sonar en las Ventas, el 16 de octubre de 1966, más de un cuarto de siglo después de su prohibición, por mor de un brindis del maestro Antonio Bienvenida

lunes, 2 de mayo de 2016

Dos pases de pecho muy diferentes: Antoñete y Ojeda

Por Jose Morente


El pase de pecho de Antoñete. Un pase de pecho de pitón a rabo respetando el viaje del toro en línea recta, La pureza del toreo de línea natural.

Dos toreos diferentes

Fue Cossío el primero que, al clasificar los pases de muleta distinguió entre los pases naturales (donde se da salida del toro por el mismo lado que la mano que lleva la muleta) y los cambiados (donde el toro sale por el lado contrario a la mano que lleva la muleta).

Fue Pepe Alameda, el primero que, de esa clasificación extrajo una conclusión genial. La de que existían dos modos de torear diferentes y contrapuestos. El toreo de línea natural y el toreo contrario o cambiado.

El primero, el toreo de línea natural, se basa en respetar el viaje natural del toro, en línea recta. Una línea recta que sólo se curva hacia dentro en los remates para poder repetir el pase por el mismo pitón. Por la trayectoria circular que describe el toro, se le llama toreo en redondo. Lagartijo, Guerrita, Joselito, Manolete son toreros de esa cuerda.

El pase de pecho de Manolete. Un pase de pecho en línea recta, respetando el viaje natural del toro y sacando la muleta por el rabo. Aunque la estética es muy diferente, este es el espejo donde se miró Chenel para sus pases de pecho (Toledo, 1947)
El segundo, el toreo cambiado, se basa en desviar o desplazar hacia afuera la embestida del toro alternando los pitones. Por las idas y venidas que traza el toro en la arena se le llama toreo en ochos. Espartero, Antonio Montes, Belmonte, Domingo Ortega son toreros de esa cuerda.

El pase de pecho al hombro contrario de Domingo Ortega. El de Borox mete el pie en el terreno del toro intentando desviar su viaje (Fotografía publicada en el Ruedo en 1945)
Esa clasificación o distinción entre esos dos modos tan diferentes de torear es muy útil para entender cabalmente el toreo y para entender y valorar lo que hacen los toreros en la plaza. 


Dos toreros diferentes

Antoñete fue torero de línea natural. Antoñete se situaba en el centro y, desde allí, toreaba respetando el viaje del toro (¿Donde está el toro? ¡pues allí lo toreamos!). Su toreo en redondo está en la línea de Manolete al que admiraba

Antoñete citando al toro de Garzón en las Ventas en 1985.

Paco Ojeda, por el contrario, practicaba un toreo asilvestrado e intuitivo, de línea cambiada. Su toreo en ochos está en la línea de los toreros como Domingo Ortega formados en el campo o en las capeas, aunque Ojeda aportó la importante novedad de situarse también en el centro de las suertes pero manteniendo el concepto de ir alternando los pitones.

Cite de espaldas de Ojeda en Nimes en 1984.

El toreo de cada uno de ellos, está en las antípodas del toreo del otro. No tienen nada que ver. Son dos conceptos radicalmente diferentes que se traducen en modos y formas radicalmente diferentes de torear. Y cuando decimos esto no nos referimos sólo al estilo, que es cuestión distinta y personal, sino a la esencia de sus toreos.


La polémica.

El choque entre conceptos diferentes es lo que, a lo largo de la historia, ha ido dando lugar a las diferentes competencias. Competencias que han marcado el devenir de la fiesta.

En el caso de Antoñete y Ojeda, dicha competencia era, por muchas razones (entre otras, generacionales) imposible pero, en cambio, si se produjo un conato de polémica en los plazas y en la prensa que creo interesante recordar hoy para quienes no vivieron aquellos momentos.

Lo curioso es que, aunque Paco Ojeda salió del ostracismo gracias a una corrida madrileña y veraniega, la plaza de Madrid -feudo antoñetista- lo recibió de uñas cuando volvió ya convertido en figura del toreo. La actitud de Madrid con Ojeda fue encarnizada y detestable, impropia de la categoría de esa plaza. Vamos a obviar esa cuestión.

A mediados de los 70 comenzaba la guerra sucia contra las figuras en Madrid. Una guerra propiciada por un sector de la prensa y que todavía hoy día continúa (artículo de Vicente Zabala en ABC sobre una actuación de Paco Ojeda en las Ventas en 1984. El diestro fue recibido de forma airada por una parte del público y acabó siendo cogido
Por otra parte, la revista Aplausos (por vía de su director Salvador Pascual) terció en defensa de Ojeda y en contra de Antoñete. Como esa defensa y ese ataque se plantearon a partir de una reflexión sobre la técnica taurina, vamos a recordar los argumentos que se dieron en un artículo publicado después de finalizada la feria de San Isidro de 1985.


Aplausos publicaba esta fotografía de un pase de pecho de Antoñete (Fotografía inicialmente publicada en el País) para arremeter contra el diestro madrileño.
Después de insertar unas fotos infumables de Antoñete frente a otras magníficas de Ojeda (que es lo que hacen siempre -hoy también- quienes quieren criticar a un torero y ensalzar a otro) y de analizar aspectos estéticos del toreo de ambos, Salvador Pascual entraba en el meollo del asunto (los diferentes conceptos que ambos toreros tenían del toreo) al hilo del pase de pecho de dichos diestros. Como la polémica trajo más polémica (en forma de cartas a los lectores) Pascual rescató en un número posterior un texto de Luís Bollaín sobre el pase de pecho que había publicado años antes su libro El Toreo

Fragmento del texto de Luís Bollaín sobre el pase de pecho publicado en Aplausos en defensa de Paco Ojeda



Aprovechando la afición de Bollaín a los gráficos, Salvador Pascual elaboraba los suyos propios para demostrar geométricamente, que el pase de pecho de Ojeda era superior al pase de pecho de Antoñete.
Lo cosa tenía su lógica pues Bollaín, defensor y paladín de Juan Belmonte, era, por pura lógica, defensor y paladín del toreo cambiado o contrario, "en ochos". El pase de pecho del que habla Bollaín en su texto (el pase de pecho al hombro contrario) es el pase de pecho de Belmonte, de Domingo Ortega del Viti y es también el que practicaba el genial torero de Sanlúcar, Paco Ojeda.

Por contra, de Paco Ojeda seleccionaban este espectacular pase de pecho correspondiente a una faena de los Sanfermines del 83
Es un pase de pecho magnífico aunque muy diferente del también magnífico pase de pecho en línea recta (en línea natural) que ejecutaba Antonio Chenel "Antoñete" y, con él, todos los toreros de su cuerda. Un pase de pecho de pitón a rabo y donde la muleta se saca por la penca del toro como el que hemos insertado al inicio de esta entrada.


Conclusiones

Preferencias personales aparte, lo que está claro es que ambos muletazos (el pase de pecho al hombro contrario y el pase de pecho de pitón a rabo) son dos magníficos y extraordinarios muletazos y ambos tiene su importancia y su valor. Y, además, cada uno de ellos es coherente con el modo de torear en el que se incardinan.

Rechazar uno de ellos (en este caso, el de pitón a rabo, por ejemplo, como hacía Salvador Pascual) no tiene sentido salvo que estemos dispuestos a renunciar a la línea o cuerda del toreo natural que es a la que corresponde ese pase de pecho. Lo que es mucho renunciar.

Podemos discutir sobre nuestras preferencias y, en consecuencia, aquilatar a los toreros, en función de esas preferencias, en función de si su toreo se acerca más o menos a nuestro concepto del toreo.

Pero esa sería, en el fondo, una discusión sobre nuestros gustos, no sobre el mérito real de los diestros. Valorar negativamente Antoñete porque su pase de pecho (de pitón a rabo) no sea el mismo pase de pecho del Viti o el de Paco Ojeda (al hombro contrario), me parece una simpleza y una estupidez

Una simpleza y una estupidez que los aficionados cometemos por desgracia con excesiva frecuencia



Postdata para los íntimos.

Lo que resulta descacharrante en esta historia es que, siendo Madrid plaza donde tantos partidarios tienen el cite de frente y la pata 'alante o sea, el toreo cambiado, se apostara allí de forma incondicional por Antoñete, torero de pura línea natural, frente a Paco Ojeda, torero de pura línea cambiada. Es una incongruencia tan grande o más que la de aquellos bombistas que se pasaron en masa a las filas belmontistas.

Y es que, en el fondo, somos esclavos de nuestras filias y nuestras fobias, de nuestras simpatías y nuestras antipatías y no tanto de nuestro concepto del toreo, el cual muchas veces no pasa de ser un mero pretexto para defender lo indefendible o atacar lo que no debiéramos atacar.





El pase de pecho de Antoñete. De pitón a rabo (no al hombro contrario.

sábado, 30 de abril de 2016

Cuaderno de notas (LXXXII) El encaste Domecq es moldeable

La fiera arrancada, con las dos manos en el aire, de un toro del Montecillo de encaste Domecq a la muleta de Joselito Adame en la corrida de San Isidro del 17 de mayo de 2015. El diestro mexicano le cortó una merecida oreja (Fotografía de El Mundo)
"El encaste que creó Juan Pedro puede llevarlo un ganadero a donde quiera. Puede subirlo de raza, puede bajarlo...es un encaste muy moldeable desde el trabajo del ganadero".

Antonio Gavira (en Tierras Taurinas. Opus nº 32 pág. 111)

miércoles, 27 de abril de 2016

Cuaderno de notas (LXXXI) ¡Qué el toro era de manteca!

Uno de los cuatro naturales que dio Belmonte a Escondido, el cuarto y noblote murube de la corrida de la Beneficencia del año 15. Una faena histórica del Pasmo de Triana que relata con su habitual contundencia Don Modesto en el Liberal de Madrid .
"A Belmonte lo estaba haciendo falta en Madrid una faena como ésta. Desde aquellas cinco famosas verónicas sin enmendarse en su época de novillero y desde 1a faena del 2 de Mayo, que recuerdo al comenzar esta revista, no había tenido ea Madrid una tardo completa. Los que lo proclamamos «fenómeno», porque lo que hacía de novillero no se lo habíamos visto hacer á nadie, comenzábamos á sufrir las consecuencias, pues el público creía que esos estupendos lances belmontistas solo se podían dar á toretes de manteca ó mermelada, y no merecía ciertamente levantar hasta la luna á un diestro que solo podía lucirse con bichos inofensivos.

—i Esperad!... i Esperad! Decía yo a los me increpaban—. Belmonte armará una revolución en la Plaza el día menos pensado.

Y ayer la armó. Y la armará el jueves ú otro día cualquiera

Esto no quiere decir que Belmonte estará siempre como estuvo ayer. Es más; yo creo que tan completo como ayer es muy posible que ya no lo esté en toda la temporada; pero sin llegar á tanto, han de ser muchas, muchas las tardes que con sus maravillosas medias verónicas y con sus estupendos pases de muleta nos ponga en pie, congestionados por entusiasmo y la admiración,

¿Qué el toro de ayer era de manteca?

¡Naturalmente!  Como que ni Belmonte ni nadie realizará nunca una faena tan fina, tan apretada y tan lucida con bueyes resabiados que tengan poder y alarguen y achuchen por ambos lados.

Don Modesto "Desde la barrera-Ocho de Murube" (Crónica publicada en el Liberal de Madrid el 26 de abril de 1915)

martes, 26 de abril de 2016

Postales taurinas (XIX) Pero también es apasionada entrega

Por Jose Morente

¡Mátame, toro! ¡Mátame!

Decíamos ayer, literalmente ayer, que torear es acariciar suavemente al toro. Bueno, en realidad lo decía Rafael el Gallo hace mucho tiempo. Nosotros, nos limitábamos ayer a glosarlo

En cualquier caso, si bien es cierto que el toreo puede ser una caricia suave, no es menos cierto que torear son otras muchas cosas. Como entregarse más allá de lo razonable, como luchar sin cuartel contra el toro o contra el público, a veces más peligroso que el toro.

En la imagen, espeluznante imagen, vemos a un bisoño Juan Belmonte, novillero aún, en Sevilla, Un Belmonte al que le acaban de echar un toro al corral tras los tres avisos. 

Juan, que ha quemado uno de los pocos cartuchos que en ese momento tenía y que ve como se le presenta un negro futuro a él y a los suyos, ha perdido la razón. Ha enloquecido momentáneamente y se ha puesto delante del toro pidiéndole que le mate. Pidiendo que le mate ese mismo toro al que el ha sido incapaz de matar.

Detrás, José María Calderón, su valedor, mentor y propagandista (cuya fe en el "Dermonte" era inagotable) intenta rescatarle. Pocos años antes, Calderón ha visto morir en México a su otro torero, el mítico trianero Antonio Montes. Y no quiere que a Juan le pase lo mismo.

Por suerte, no le pasará. Por suerte para Calderón, por suerte para el propio torero y, sobre todo, por suerte para la fiesta. Belmonte saldrá ileso de su bendita locura, de su entrega (de su apasionada entrega que diría Pepe Alameda), de su lucha. Y, gracias a él (y gracias también a Joselito, su competidor y sin embargo amigo), el toreo tomará en poco tiempo, nuevos rumbos.

Pero esa es otra historia.