sábado, 18 de mayo de 2013

Cargar la suerte (III) Concluyendo (por ahora)

Por Jose Morente

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Frankestein, novela de Mary Shelley, cuenta la historia de Víctor Frankestein, un joven estudiante de medicina suizo en Inglaterra que pretende crear un cuerpo a partir de la unión de partes diferentes de cadáveres diseccionados. El experimento concluye con un éxito más que relativo o sea, en fracaso  El mismo fracaso al que conduce inexorablemente la ilusoria pretensión de algunos aficionados de querer insertar (contra viento y marea) la técnica de la pierna adelantada en el toreo en redondo.

Nota: Nos ilustraba Juan Antonio Polo, en la primera entrega de esta serie, sobre lo que significaba “cargar la suerte” en la época de las primeras Tauromaquias algo que no tenía nada que ver con el significado actual del término. Significado actual que nos desvelaba con su habitual maestría Fernando Cámara, en la segunda entrega. Ni uno ni otro significado coinciden con el que tiene hoy este término tal y como lo entienden los aficionados más dogmáticos, para los que “cargar la suerte” es adelantar la pierna de salida. Significado éste último que es innecesario comentar pues es de sobra conocido y sus matices están explicados en los textos de Gregorio Corrochano o Joaquín Vidal. Sin embargo, lo que ellos proponen (“adelantar la pierna de salida”) no tienen encaje en el toreo “en redondo” que es el gran logro de la Tauromaquia de todos los tiempos, sino al toreo “en ochos”, mucho más arcaico. Descontextualizado el mecanismo técnico de adelantar la pierna de salida del modo de toreo en el que tiene su cabal encaje (el toreo en ochos), resulta una técnica inadecuada que ha propiciado la confusión en la mente del aficionado y una injusta valoración, por parte del mismo, del toreo que hoy se hace.

Antoñete (historia verdadera...) 001

En el toreo de línea natural, en redondo, lo adecuado es la colocación de perfil  con la pierna de salida alineada o retrasada respecto a la otra como hace, en la fotografía y de forma magistral, el maestro Antonio Chenel “Antoñete”, quien torea en líneas paralelas con el toro. En este modo de torear, la suerte no se carga adelantando la pierna de salida sino quebrando la cintura para hacer gravitar el peso del cuerpo sobre aquella (Fotografía del libro Historia Verdadera de la evolución del toreo de José Alameda).

El eterno debate

Hoy día se considera que “cargar la suerte” es adelantar la pierna de salida en un momento determinado y de una forma determinada.

Pero la cosa no es tan simple y, esa afirmación, exigiría muchas matizaciones. Además, así entendido, el concepto es fuente de innumerables controversias y eternos debates entre los aficionado ya que, lo que para unos constituye la “piedra angular” del toreo, para otros es una “ventaja inaceptable”.

Y es que, como decía Guillermo Sureda Molina, en advertencia previa que queremos asumir nosotros:

“En ambas posturas están aficionados buenos y profesionales buenos. De modo que, en principio –amigo lector- y sea cual sea su opinión sobre lo que ahora nos ocupa y preocupa-, las cosas no están tan claras como a simple vista puede parecer. ¿Cargar la suerte constituye una ventaja o significa la indispensable rúbrica para un toreo de calidad?”

Como sobre este tema hay un tremendo confusionismo, deberemos empezar por el principio. Y, como decía Sureda, el principio es contestar a una nada sencilla pregunta ¿Qué es cargar la suerte? ¿Cómo se carga la suerte?

 

Cargar la suerte en el siglo XIX

En la primera entrega de esta serie, Juan Antonio Polo, nos transportaba a principio del siglo XIX y nos ayudaba a indagar el origen de un concepto que está claramente explicado en las Tauromaquias primitivas, las de Pepe-Hillo y Paquiro. Para los clásicos,  la suerte (cada suerte) tiene tres tiempos: citar, cargar y rematar. Y, según Hillo,

cargar la suerte (tiempo central) es aquella acción que hace el diestro con la capa, cuando sin menear los pies, tuerce el cuerpo de perfil hacia afuera, y alarga los brazos cuanto puede”.

Cargar la Suerte Hillo

[Una advertencia al margen: Lo que aquí se dice para el toreo de capa es aplicable por extensión al toreo de muleta y así lo entendían entonces ambos diestros (Hillo y Paquiro) en sus respectivas tauromaquias].

En cualquier caso, al leer la definición de Hillo surge la primera sorpresa: En las tauromaquias decimonónicas, cargar la suerte, que corresponde al momento central del pase o lance, consistía en sacar los brazos para resolver el embroque del toro. La suerte se carga con los brazos, y no con las piernas que permanecen o deben permanecer inmóviles (“sin menear los pies”).

Más claro, imposible. Durante todo el siglo XIX, esa fue la manera en que el concepto se entendía y practicaba, por lo que la respuesta a la pregunta ¿qué es cargar la suerte? no planteaba problema alguno entonces. Se consideraba que el torero cargaba la suerte cuando el toro pasaba (probablemente de modo fugaz) gracias a su mando y a su buen juego de brazos.

Y se consideraba que no se había cargado la suerte cuando el toro arrollaba al torero (le ganaba terreno por falta de mando) o no acababa de pasar (o sea, cuando el torero daba medios pases o pases por la cara).

La lidia lám. detalle (1883-03-30) Natural de Cayetano Sanz

Durante todo el siglo XIX, la suerte se cargaba con los brazos sin  la colaboración (al menos, en la teoría) de las piernas que no debían moverse. En la imagen, pase natural de Cayetano Sanz, según un detalle de una lámina de la Lidia correspondiente al número del 30 de marzo de 1883.

Pero el toreo es, como toda actividad humana, evolución y cambio. Por eso (seguimos otra vez a Sureda) “casi todas las normas son, por lo menos discutibles, porque son contingentes y mutables”. Tomemos nota.

 

Cargar la suerte en el siglo XX

Como el toreo es cambio, a nadie puede extrañar que, el concepto de cargar la suerte, pueda haber cambiado en los dos siglos largos que llevamos desde que se definió en las primeras tauromaquias. Eso es lo que pasó en el primer tercio del siglo XX. Mejor dicho, lo que pasó a finales del siglo XIX.

En efecto, en esa época Guerrita, que se había colocado de perfil para torear a la verónica en un intento de alargar el pase y, sobre todo, poder ligar un lance con el siguiente, empezó también, en el natural con la muleta, a retrasar la pierna de salida para alargar el pase en el –todavía testimonial- toreo en redondo (aunque entonces a nadie se le ocurría hablar de “pierna escondida”) y, sobre todo, empezó a abrir el compás (El toreo “espatarrado” que tanto  censuraba el intransigente y retrógrado, pero buen testigo de la época, farmacéutico de la Puerta del Sol, F. Bleu).

 

DANONE FIEBRE TIFOIDEA CASA BORELL 1915

Una contradicción. Muy conservador en tema taurino pero avanzado en su profesión, el establecimiento de Borrell en la Puerta del Sol de Madrid fue uno de los primeros que vendía yogures en España. El Yoghurt-Cit-Borrell (Del blog: Historia Urbana de Madrid)

 

1899-09-19 (p. 28 del 08 SyS) Valladolid Guerrita Saltillo 001

Aunque la fama de innovadores se la llevaron el Espartero y Antonio Montes, los cambios profundos los trajeron Guerrita y Bombita. El Guerra empezó abriendo el compás en la muleta como se puede apreciar en este pase por alto que le dio en Valladolid a un toro de Saltillo el 19 de septiembre de 1899 (publicado en Sol y Sombra el 28-9-1899).

Pero fue Bombita quien hizo escuela. El Bomba se apoyaba en la pierna de salida para cargar la suerte. El objetivo era despedir mejor al toro y separarlo del cuerpo del torero (Toreo de expulsión que era muy apropiado para el modo con el que entonces se engarzaban los pases pues todavía se toreaba “en ochos”). Ayudarse con los pies para cargar mejor la suerte era  muy recomendable (y por eso se aceptó) con los toros broncos y fieros pero censurable (y por eso se protestó) con los toros nobles y pastueños.

img_0017 Bombita toreando de muleta

Pero fue Bombita quien por sistema empezó a ayudarse apoyándose en la pierna de salida cuando cargaba la suerte con los brazos. Con la ayuda de las piernas la acción de cargar la suerte con los brazos se acentuaba.

Sin embargo, la innovación fue calando poco a poco, lo que aparece reflejado en las crónicas de la época, no sin sus pertinentes debates. El caso es que, como el toreo se estaba parando (lo de pararse los toreros ya había empezado antes de Belmonte), la atención de críticos y aficionados se empezó a centrar en la posición de los pies y sobre todo en el movimiento (o ausencia de movimiento) de estos.

Así, a las censuras de F. Bleu al Guerra, les sucederán los elogios de Don Modesto a Bombita. Don Modesto, en su libro Desde la Barrera (publicado en 1910) alaba el toreo de piernas abiertas con el que Bombita se ayudaba al cargar la suerte, al tiempo que censura el juntar los pies a cuerno pasado.

Don Modesto no sólo consideraba que lo pertinente era abrir el compás sino que llegaba a afirmar que era más meritorio porque, con el compás abierto, el diestro no podía rectificar si el toro venía vencido. Hecho que no es totalmente cierto pero que caló en los aficionados de la época.

Durante la época de Joselito y Belmonte, se produce el “gran cambio” y el toreo quedó “patas arriba”. En ese contexto, los viejos términos decimonónicos son desplazados por otros nuevos.

Belmonte impone su trilogía de “parar, templar y mandar” que sustituye con acierto a la antigua trilogía decimonónica “citar, cargar y rematar” pues la propuesta belmontista es mucha más adecuada al nuevo toreo que está llegando. Ya no se trata de que el toro pase, sino de que pase alrededor del torero (toreo de reunión que no de expulsión) y además de que lo haga más lentamente que lo había hecho hasta entonces.

Juan Belmonte (Veronica)

1916-03-14 (TyT) Gallito natural

Joselito y Belmonte. Ambos toreaban con el compás abierto como lo hacia Bombita y antes lo había hecho Guerrita. Pero Juan paraba y templaba y José ligaba el toreo en redondo. Importante precisión: Ambos sacan la pierna de salida pero no hacia el frente (de donde viene el toro) sino más bien hacia atrás (hacia donde va el toro).

El toreo en redondo con el compás cerrado fue, poco a poco, cogiendo vuelo pues satisfacía los gustos de los públicos pero la crítica al toreo de pies juntos había hecho mella y se exacerbaría a partir de mediados de los años 20, como reacción de los aficionados al “toreo de parón” que trajeron los diestros de la época.

¡Los tiempos cambian que es una barbaridad! (como hubiera dicho Fernández Salcedo). Y lo que unos años antes se censuraba con acritud (el compás abierto), ahora se elogiaba con desmesura.

1933-05-27 (La Estampa) Villalta en un pase por alto

Don Modesto fue el primero en valorar el toreo de compás abierto no sólo por su estética o su eficacia sino también incluso por su supuesto componente ético. Su consideración (harto discutible) de que el toreo de compás abierto es más meritorio que el toreo a pies juntos o de compás cerrado caló hondo no porque fuera verdad (que no lo es) sino porque se ha repetido con machacona insistencia por todos sus exegetas. Don Modesto, era un crítico muy hiperbólico y desenfadado lo que le daba mucho crédito (¡¿?!) entre los aficionados.

En los años 20, el toreo de parón acabó por decantar el criterio de los aficionados en contra del toreo a pies juntos. La oposición de los aficionados al toreo a pies juntos no tenía justificación pues el toreo estaba cambiando y ya no se toreaba “en ochos” sino “en redondo”, algo que no supieron ver ni ellos ni los críticos más afamados. Como siempre ocurre el cliché (el tópico, la moda) se imponía sobre la realidad (En la foto, Villalta da un pase por alto en el estilo de parón de la época. Fotografía publicada en la Estampa el 27 de mayo de 1933)

Por todo eso, aunque, en los manuales y tratados de tauromaquia, se seguía señalando que la suerte se cargaba con los brazos, ya los aficionados y cronistas taurinos consideraban que la suerte sólo se podía cargar adelantando la pierna de salida, en suma, abriendo el compás.

La pierna contraria se adelanta (Cronica Imparcial 17-05-1931)

Federico M. Alcázar en su Tauromaquia moderna decía que la suerte se cargaba con los brazos pero en las crónicas del Imparcial (periódico en el que escribía) se contaba otra cosa (Reseña del Imparcial de 17 de mayo de 1931)

Como dijo Clarito en una crónica  del Liberal en marzo de 1931, ante la llegada de Domingo Ortega:

“Estamos ante el caso insólito de un mozo de pueblo que se atreve, y no sin cierto éxito, a traer una moda para el toreo de las ciudades. La moda no es siempre cosa nueva. Ya se sabe: van y vuelven. Anteayer falda larga. Ayer falda corta. Y en el toreo, después de una época de “pies juntos”, vuelve ahora este mozo con el compás…

Como en la aparición de toda moda, las exageraciones menudean. Y a veces, se adelanta la pierna como si el compás tuviese por vértice el centro del Estrecho y por apoyo los dos continentes”.

  s.f. Lima Domingo Ortega Pase de pecho

Según Clarito “Las exageraciones menudean. Y a veces se adelanta la pierna como si el compás tuviese por vértice el centro del Estrecho y por apoyo los dos continentes”. En la foto, Domingo Ortega en un pase de pecho con el compás exageradamente abierto.

Después de la guerra y con el toreo vertical de Manolete, las posturas de aficionados, críticos y profesionales se van a radicalizar todavía un poquito más si cabe.

Manolete, torero de la más pura escuela, defenderá y practicará el clasicismo del compás cerrado (adecuado al toreo en redondo que él practicaba) si bien girando el cuerpo hasta colocarse de perfil, desde el cite y no sólo en el embroque, con lo que aporta al toreo de muleta la misma innovación que, al de capote, había aportado su paisano Guerrita.

Coherentemente para Manolete, adelantar la pierna de salida, para ayudarse a expulsar al toro del terreno del toreo, era una “ventaja”.

1947-07-10 Pamplona Manolete al natural 002

Manolete torea al natural, quebrando la cintura y confiando el mando sobre la embestida del toro al juego de sus brazos, Clasicismo puro. La instantánea (que corresponde a la tarde del 10 de julio del año 47 y está sacada del libro la Tauromaquia de Manolete. Vol. VII de Paco Laguno) podría ilustrar perfectamente la definición del pase natural en la tauromaquia de Pepe-Hillo pues no cabe mayor pureza. 

Curiosamente, los aficionados que había aceptado y aceptan la posición del perfil en el toreo de capa no la aceptaron (ni la han aceptado todavía) en el toreo de muleta. Una curiosa contradicción (aunque esta vez relativa).

 

Domingo Ortega, cuya magnífico toreo, personal e intransferible, sale de las capeas castellanas y tiene, por tanto, un marcado cariz defensivo, pues practicaba el toreo de expulsión o “en ochos”, se instituyó, a raíz de su Conferencia (“El arte del toreo”) dictada en 1950 en el Ateneo madrileño, en el principal referente teórico del discurso en pro de la pierna adelantada. Para Ortega, cargar la suerte, entendida como adelantar la pierna de salida, será la pieza clave del toreo de muleta y de capa.

Domingo Ortega Pase de pecho (Foto. Espasa calpe Archivo) 001

Domingo Ortega adelantando la pierna de salida (de froma ya más moderada y convincente) en un pase de pecho. Ortega defendía la norma de adelantar la pierna de salida, en el embroque, como exponente máximo de clasicismo, lo que no es correcto. Adelantar la pierna, como hemos visto, no tiene nada de clásico (pues responde a un concepto defensivo del toreo: el toreo de expulsión o “en ochos”). Algo que ningún historiador taurino ha denunciado con la necesaria contundencia.

Cuando en el toreo actual en ochos, la pierna de salida deba adelantarse, lo correcto, como enseñaba el maestro Cámara, será hacerlo de forma moderada para no expulsar al toro del terreno del torero sino para estrecharse con él y sólo después que el toro haya arrancado (aunque antes de entrar en jurisdicción) pues ahí radica, para algunos y  como hemos dicho, el mérito de la suerte.

 

Un debate semántico

Las discusiones entre aficionados pecan normalmente de falta de rigor histórico. Los términos (como el de cargar la suerte) se sacan de su contexto y, como decía Humpty-Dupty en Alicia en el País de las Maravillas, se les hace decir lo que conviene al que los utiliza.

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Humpty-Dupty a Alicia “Las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen porque yo soy el que manda” (Ilustración de Tenniel)..

Para defender el toreo de “pata ‘alante”, se utilizan las citas de las antiguas tauromaquias pero sin profundizar en su sentido original con lo que se las tergiversa y, en cierto modo, manipula. Además, defendemos como clásicas, innovaciones heterodoxas y reputamos como ventajista al toreo puro y ortodoxo. Un galimatías donde al final nadie se aclara.

El cambio operado en el  término “cargar la suerte”, que pasa de significar “sacar los brazos” a significar “sacar las piernas” es, por tanto en el fondo, una cuestión semántica, como muy bien detectó en su día Juan Antonio Polo.

Ese cambio de significado ha sido posible gracias a la riqueza y diversidad de la palabra “cargar”, como me apuntaba, con acierto, Jack Coursier días pasados en un correo privado.

Que la discusión planteada sobre el significado de “cargar la suerte” sea fundamental o principalmente una cuestión semántica, lo demuestra el hecho de que muchas de las reflexiones que sobre ese término se hacen empiezan (o acaban) acudiendo a los diccionarios.

Eso es, exactamente, lo que proponía Jim Verner en un artículo publicado en septiembre de 1999 en “La Divisa” y titulado “How to ‘cargar’ a Tempest in a Teacup” (que traducido –poco literalmente- quiere decir “Como cargar una tempestad en un vaso de agua”).

Jim ha tenido además la gentileza de proporcionarnos (por facebook) un enlace a los diccionarios históricos.

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Diccionario de la lengua de la época de la primera tauromaquia (Este concretamente es de 1803, un año antes)

Si vamos a esos diccionarios (En este caso al Diccionario de la Academia de 1791 que era el vigente cuando se publicó la primera edición de la Tauromaquia de Pepe-Hillo) y buscamos el significado de la palabra cargar (a secas, pues el término cargar la suerte no aparece por ningún lado) nos encontramos ante una diversidad de definiciones.

Lo curioso es que, todos los autores taurinos hasta la fecha se han detenido, sin embargo, en la primera definición del término “cargar”:

Cargar. Poner o echar un peso sobre el hombre, sobre las bestias, carros, naves o cualquier otra cosa” o sobre sus derivados”

Def cargar

Sin embargo, nadie (que sepamos) ha relacionado “cargar la suerte” con otra acepción del Diccionario que, realmente, mejor cuadra (en nuestra opinión) a lo que se estaba definiendo (sacar los brazos hacia afuera para salvar el embroque del toro). Es esta:

Cargarse: Echarse con todo el cuerpo hacia alguna parte”

 Cargarse

Y también se acerca al concepto taurino, esta otra definición que da el Diccionario de Autoridades de 1729:

Cargar a esta o la otra parte

Cargar la suerte sería, en ese sentido, encaminar al toro por otro lado distinto para que deje el que llevaba.

Mientras esta segunda definición cuadra al toreo de brazos (dirigir la embestida con los brazos y el quiebro de cintura); la  primera, cuadra al toreo de piernas, aunque pone el acento no en el movimiento o desplazamiento de estas (dinámica), sino en la distribución de pesos –gravitación- del cuerpo (mecánica). Cuestión esta sobre la que debemos detenernos

 

Cargar la suerte en el siglo XXI

Creo que el primer autor que puso el dedo en la llaga de forma contundente, en esta cuestión del desplazamiento de los pesos, fue Luís Bollaín, quien en su libro “Los dos solos”, donde analiza el toreo de Belmonte y el de Manolete, afirma que:

cargar la suerte es hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida”

Para Bollaín, no basta abrir el compás. Si el peso del cuerpo no se desplaza (no se carga) sobre esa pierna de salida, no se estaría cargando la suerte.

Los dos solos pag 51 001

Para Bollaín, no basta con abrir el compás, como hace Antonio Bienvenida (foto de abajo) sino que hay que hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida, como hace –no podía ser otro- Juan Belmonte (foto superior)

Esquema Luis Bollaín 001

Geometría Bollainíana. Según Bollaín, el toreo de pies juntos acorta la longitud del pase lo que se supone se demuestra con el gráfico que insertamos (de su libro “Los dos solos”).

La opinión de Bollaín es muy interesante pues coincide con la forma en que los profesionales y los aficionados más avezados entienden actualmente el concepto de cargar la suerte, tal y como nos explicaba Fernando Cámara en la segunda entrega de la serie.

Y es que, desde los años 60 del pasado siglo, el toreo ha vuelto a abrir el compás (moderada o exageradamente) pues así es más fácil “mandar” sobre la embestida del toro y “llevarlo” a donde el torero quiera. El peso del cuerpo, se hace gravitar primero en la pierna del cita para pasarlo después, en el remate, a la pierna de salida, acompañando el recorrido del toro que pasa por delante del cuerpo del torero y no por su costado (como, valga la paradoja, pasaba en el antiguo toreo de frente).

La posición del torero (de sus piernas) permanece invariable desde el cite, como se hace desde Manolete, pero retrasando la pierna de salida, como hacía Guerrita.

manolo Martinez (Historia verdadera) 001

En los 60 el compás se vuelve a abrir, de forma más o menos moderada y la pierna de salida se coloca paralela a la otra o retrasada respecto a la misma, para alargar el pase y darle mayor profundidad y enjundia. En la foto, Manolo Martínez hace precisamente eso y carga la suerte con los brazos y el quiebro de cintura echando el peso del cuerpo sobre la pierna de salida. (El comentario a pie de foto es de José Alameda de su libro “Historia verdadera de la evolución del toreo”)

 

Recapitulando

Si relacionamos lo dicho en estas tres entradas dedicadas al tema de cargar la suerte con las reflexiones hechas en anteriores entradas de este blog sobre el toreo en redondo y el toreo en ochos, podríamos llegar a las siguientes conclusiones.

Definición de Cargar la suerte:

  • Acepción 1ª (Siglo XIX). Desviar la trayectoria del toro sólo con los brazos
  • Acepción 2ª (Siglo XX). Adelantar la pierna de salida
  • Acepción 3ª (Siglo XXI). Hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida (se adelante ésta o no).

Tesis primera: Dos modos de torear distintos

El toreo en redondo y el toreo en ochos son dos modos radicalmente distintos y antagónicos de torear. Cada uno de ellos con sus propias normas y reglas (¿cánones?) y con su propia evolución. Lo que es bueno y adecuado en uno de estos modos,  puede ser contraproducente o inadecuado en el otro, como enseñaba el maestro José Alameda. 

Conclusión primera: Los dos modos de torear tienen igual validez

Proponer que sólo es válido uno de estos modos de torear (ya sea el toreo en ochos o el toreo en redondo; ya sea el toreo de compás abierto o el de pies juntos) es una incongruencia y desatino si se atiende a la verdadera historia del toreo (no a la inventada) y supone cercenar por la mitad la riqueza y complejidad históricas de este arte.

Tesis segunda: Cada modo de toreo tiene sus propias reglas o normas

Adelantar la pierna de salida es un mecanismo propio del toreo de expulsión o toreo cambiado o contrario y, por tanto, adecuado cuando se torea “en ochos” (alternando los pitones) como sucede en el toreo a la verónica o cuando se liga un pase natural con un pase cambiado pero es algo inadecuado, a priori, en el toreo en redondo.

En el toreo en redondo, (toreo de reunión o toreo de línea natural) lo correcto es hacer gravitar el peso del cuerpo pasándolo de la pierna de entrada (cite) a la de salida (remate) pero sin menear los pies. En el toreo en redondo, la colocación de perfil y la posición retrasada de la pierna de salida han sido mecanismos recomendados siempre por los grandes teóricos del toreo de todas las épocas.

Conclusión segunda: En un modo de torear, no se deben insertar elementos técnicos ajenos al mismo.

Insertar elementos de un determinado modo de torear (como puede ser el mecanismo de adelantar la pierna de salida propio del toreo en ochos) en el modo de torear opuesto (como es el toreo en redondo) es una incoherencia técnica y estilística y sólo puede producir monstruos taurinos (¿Frankestein?).

Reflexión final (en voz alta)

La confusión sobre los mecanismos técnicos del toreo que existe hoy día, genera un batiburrillo de difícil digestión. Además la intransigencia de los aficionados más radicales, sobre estos temas, es un error de bulto que parece difícil de corregir.

La situación no es nueva pues los aficionados casi nunca hemos ayudado a la evolución de la fiesta, labor asumida, casi en exclusiva, por toreros y públicos. Al contrario, nuestra defensa de los cánones (erróneos o mixtificados las más de las veces) se ha convertido precisamente en el principal freno de cualquier innovación.

A este respecto, es sintomática la situación actual en la plaza de Madrid, cuyo sector más radical alborota y altera (con el rigor del iluminado perteneciente a cualquier secta religiosa) el orden normal de la lidia en la defensa de unas normas y códigos mixtificados y abstrusos que a nada conducen.

Los aficionados, sin embargo, deberíamos ser capaces de entender cabalmente la historia completa de la fiesta (que es mucho más rica -en matices y variantes- de lo que el reduccionismo imperante nos quiere decir).

También se podría admitir (en cierto modo y sólo hasta cierto punto)que velásemos por mantener la coherencia intrínseca (¿pureza?) de cada modo de torear, señalando y explicando según nuestro leal saber y entender (sin acritud ni estridencias y, desde luego, nunca dentro de la plaza) las desviaciones que –a nuestro entender- se produzcan.

Lo contrario de lo que solemos hacer.

 1920-05-21 (p) Nuevo Mundo Joselito en Barcelona 03

Preconizar, un único modo de torear, es incongruente y va contra la historia misma del toreo.

En la foto, Joselito el Gallo, el torero con mayor capacidad de adaptación a los distintos y diversos modos de torear y también uno de los diestros más innovadores de la historia (lo que no entendieron –como era previsible- los aficionados de su época), en Barcelona el 21 de mayo de 1920 (Fotografía publicada en Nuevo Mundo)

 Cargar la suerte. Bibliografía recomendada

Menciones.

Vaya por delante mi agradecimiento previo a Juan Antonio Polo y Fernando Cámara por sus dos magníficas entradas sobre este tema.

Esta última entrega no hubiera sido posible sin aquellos lectores y amigos que han colaborado con sus comentarios a pie de página a los que creo de justicia citar aquí pues sus ideas han servido para ordenar y precisar las mías.

Entre los lectores,  tengo que agradecer y citar, en primer lugar, a Gil de O., gran aficionado y ya buen amigo, por sus constantes, extensas e intensas reflexiones sobre el toreo. Sus continuas aportaciones a este blog, con su experiencia y conocimientos, son siempre valiosas y bien recibidas. Como valiosas y bien recibidas son las opiniones de Alberto Marcos Morante; El Chacho; Abel Frías Mazueco; Paolo; Alberto Franco; Francisco Butler y Vazqueño que han realizado comentarios a las dos entradas anteriores.

También debo agradecer a quienes han aportado sus opiniones sobre este tema mediante mail o facebook como Jack Coursier, Félix Rubio, Joseph Allen y, especialmente a Luís Miguel López-Rojas (con quien tengo afinidad total en cuestiones y criterios taurinos) y Gastón Ramírez Cuevas (con quien sostengo el más cordial y divertido contraste de pareceres que pueda uno imaginar).

Finalmente, quiero mencionar también a aquellos anónimos (o pseudo-anónimos) que, cual los toros complicados, nos obligan día tras día, a afinar y afilar el lápiz.

 

 

jueves, 16 de mayo de 2013

In Memoriam (16-V-1920/16-V-2013)

Por Jose Morente

Joselito el Ruedo 25 aniversario (2)

 

 

- Virgen de la Macarena,

mírame tú como vengo,

tan sin sangre, que ya tengo

blanca mi color morena.

 

¡Virgen del Amor, clavada,

lo mismo que un toro, el seno!

Pon a tu espadita bueno

y dale otra vez su espada.

 

Que pueda, Virgen, que pueda

volver con sangre a Sevilla

y al frente de mi cuadrilla

lucirme por la Alameda

 

 

Martin Vazquez y Joselito (2)

 

 

 

Fotografía primera. Joselito en la enfermería de Talavera (Página interior del número extraordinario del Ruedo publicado con motivo del XXV aniversario de la muerte del mejor de los toreros) 

Fragmento de la poesía “Joselito en su gloria” de Rafael Alberti del libro “El Alba del Alhelí” (publicado por José María de Cossío en 1928)

Fotografía final (facilitada por Antonio Pineda). Joselito luciéndose…

lunes, 13 de mayo de 2013

La cárcel de papel (I) Condenados un grupo de aficionados madrileños

Por Jose Morente

 

Esta entrada desapareció  del blog sin saber el autor muy bien porqué. He conseguido recuperar el texto, que aquí inserto. No así los comentarios ni las fotos que estamos intentando recuperar…

Imagen quitada por el remitente. 002

Los espectadores de las Ventas, un grupo variopinto y heterogéneo donde los más gritones campan por sus respetos.

Introducción

Aunque hoy ya casi nadie se acuerde, durante los años del régimen franquista, una revista, La Codorniz (“La revista más audaz para el lector más inteligente”), vino a poner una sonrisa permanente, irónica y culta en el semblante de los españoles.

Dentro de las secciones que tenía la Codorniz, una de ellas (taurina) fue la que llevaba por llamativo nombre “Las vacas enviudan a las cinco”, sección que firmaba un todavía incipiente Joaquín Vidal. Otra sección, no menos famosa, fue la “Cárcel de Papel”.

Imagen quitada por el remitente. La carcel de papel 001

Recorte de la revista “La Codorniz” con la sección semanal “La Cárcel de papel”

Cuando la crítica política estaba prohibida y se ponía sordina a cualquier denuncia, los humoristas de la Codorniz se permitían el lujo de meter entre rejas (rejas de papel, claro) a Ministros y menestrales, a entrenadores de fútbol y periodistas de televisión, a meretrices y clérigos, a toda la fauna, en fin, que poblaba entonces nuestro País.

Hoy, con la democracia, algunas cosas han mejorado pero otras necesitan todavía una cárcel de papel donde enviar a los díscolos para que, en el obligado reposo a la sombra, recapaciten y dejen de darnos la lata a los demás.

Iniciamos hoy, una nueva sección en este blog, que lleva por título “La cárcel de papel taurina” y que incluiremos cuando proceda para poner orden en este complejo y confuso planeta de los toros.

Imagen quitada por el remitente. La carcel de papel 001 (2)

 

En Madrid, a 13 de mayo de 2013, reunidos los miembros del Tribunal Superior del Toreo, para juzgar al grupo de espectadores que increparon al diestro Alberto Aguilar impidiéndole dar una merecida vuelta al ruedo después de la lidia que dio al primer toro de su lote en la corrida celebrada en el día de ayer en la Plaza de las Ventas de Madrid.

RESULTANDO Que al citado diestro le correspondió en suerte lidiar como primero de su lote y tercero de la tarde, al toro “Limonero”, nº 48, de 551 Kg. de la ganadería de José Escolar Gil, de pelo cárdeno oscuro y nacido en enero del 2009.

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PRUEBA DOCUMENTAL Nº 1. “Limonero”, nº 48 de José Escolar Gil (Foto: Juan Pelegrín)

RESULTANDO Que si bien el citado “Limonero” presentaba unas preciosas hechuras, estaba bien armado e hizo una más que aceptable pelea en varas, su comportamiento en la muleta no estuvo a la altura de las expectativas despertadas pues se acabó pronto, fue muy tardo y salía siempre con la cara por las nubes y de forma harto distraída.

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PRUEBAS DOCUMENTALES Nº 2 y 3. “Limonero” salía de casi todos los muletazos (tanto por la derecha como por la izquierda) distraído y con la cara por las nubes. (Imágenes capturadas del video de Canal+)

RESULTANDO Que pese a los inconvenientes reseñados, el diestro Alberto Aguilar demostró con el descastado ejemplar una firmeza elogiable, decisión sin límites y un hábil manejo de los engaños que le permitió arrancar del astado pases estimables dentro de un conjunto que sólo puede calificarse, cuando menos, como bueno

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PRUEBAS DOCUMENTALES Nº 4 y 5. Alberto Aguilar corrió la mano muy bien, acucharando la muleta y encajando los riñones (Foto: Juan Pelegrín)

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PRUEBA DOCUMENTAL Nº 6. … y aguantó los parones de “Limonero” (Imagen capturada de Canal+)

Dato importante: Antes (cuando los aficionados sabían lo que veían) cuando el toro se paraba entre pase y pase, el público valoraba que el torero aguantase sin enmendarse. Hoy, un público más desconocedor del comportamiento de las reses, le “exige” que se cruce, mejorando su posición. ¡Vivir para ver!

RESULTANDO Que la faena fue además coronada por un gran estoconazo y que los aficionados siempre han considerado que “una estocada vale por una oreja”

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PRUEBA DOCUMENTAL Nº 7. ¡Así se matan los toros! Alberto Aguilar propinó a “Limonero” gran estocada digna de figurar en los manuales de tauromaquia con el único reparo de perder la muleta en el embroque. (Foto de Juan Pelegrín).

RESULTANDO Que, como consecuencia de lo anterior, parte del público, aunque  en cualquier caso menos de la mitad de la plaza, solicitó para el diestro el premio de una oreja de la res al considerarlo merecedor de ella, si bien la Presidencia, con buen criterio (desde el estricto punto de vista reglamentario) dada la petición minoritaria, no accedió a la misma.

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PRUEBA DOCUMENTAL Nº 8. Hubo petición de oreja aunque no fue mayoritaria (Imagen capturada del video de Canal+)

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PRUEBA DOCUMENTAL Nº 9. Detrás del pañuelo, el maestro Fundi bate palmas (Foto: Juan Pelegrín)

RESULTANDO Que, cuando el diestro fue requerido para saludar recibiendo una merecida ovación en el tercio, un sector del público prorrumpió en una ruidosa protesta con el claro objetivo de impedir la vuelta al ruedo del diestro.

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PRUEBA DOCUMENTAL Nº 10. Mientras Alberto Aguilar corresponde a la ovación del público, el sector encausado inicia lasprotestas para impedir la vuelta al ruedo.

CONSIDERANDO Que a la vista de las protestas referidas, el diestro Albero Aguilar tuvo que renunciar al merecido premio de la vuelta al ruedo por su faena.

CONSIDERANDO Que si bien este Tribunal reconoce el derecho de los espectadores (todos) a manifestar su opinión pues es este un derecho consuetudinario del público de los toros, no lo es menos que también es exigible de dicho público un mínimo de ecuanimidad y coherencia. Especialmente, en el caso del público de la capital de España, debe exigírsele, pues se autoproclama Cátedra, un suficiente conocimiento de lascondiciones de las reses y, sobre todo, de la lidia adecuada a las mismas.

CONSIDERANDO Que no resulta ecuánime ni coherente solicitar toros de ganaderías cuyos productos, aunque nobles como los toros de Escolar del día de ayer, presentan complicaciones y problemas, que los hacen harto difíciles para la lidia y, al mismo tiempo, exigir de los diestros el toreo grácil y variado que sería demandable con reses más dóciles y bonancibles.

CONSIDERANDO Que estos diestros demuestran enorme capacidad, valor y torería al enfrentarse a hierros de las ganaderías consideradas “duras”, lo que nunca deberían olvidar los espectadores a la hora de valorarlos

CONSIDERANDO Que el diestro Alberto Aguilar y (en mayor o menor medida) los otros componentes de la terna, así como los miembros de las cuadrillas estuvieron en todo momento, por encima de las condiciones de los toros, condiciones que los espectadores aludidos y parte del público no supieron tampoco valorar de manera adecuada.

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PRUEBA DOCUMENTAL Nº 11. Ayer, en general, todos los componentes de las cuadrillas cubrieron con dignidad su papel (En la fotoFrancisco Javier Sánchez cita a Limonero de frente y dejándose ver- Luego le tiraría el palo con mucho arte)

Por todo ello, a la vista de lo anterior y consideradas las pruebas documentales aportadas

FALLAMOS Y CONDENAMOS Al grupo de espectadores de la Plaza de las Ventas de Madrid que, en el día de ayer, consiguió, con sus extemporáneas protestas, impedir la vuelta al ruedo del diestro Alberto Aguilar después de la lidia del tercero de la tarde y primero de su lote, a la pena de una prisión condicional de siete días y una hora en la “CÁRCEL DE PAPEL TAURINA” de esta villa donde los hasta ahora encausados, y desde este momento ya condenados, permanecerán, sin acceso a las páginas taurinas de diarios, blogs, webs y similares, durante el periodo de su condena.

Lo que declaramos en Madrid para su ejecución inmediata.

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Ayer en las Ventas hubo una gran actuación de Alberto Aguilar (y el resto de la terna) a la que pusieron sordina los espectadores encausados. Justo es que paguen en proporción a sus faltas con su ingreso inmediato en nuestra Cárcel de Papel Taurina (Foto deJuan Pelegrín)


Publicado por Jose Morente para La razón incorpórea el 5/13/2013 08:32:00 p.m.

domingo, 5 de mayo de 2013

Cargar la suerte (II) Ayer y hoy

Por Fernando Cámara

Fernando Camara 012 (Foto Arjona)

Fernando Cámara, de novillero en Sevilla, en un ayudado por bajo cargando la suerte. Pero no porque tenga adelantada la pierna de salida sino porque “cargatodo el peso del cuerpo sobre la misma, lo que no impide que quiebre la cintura en barroca expresión. Fernando ha sido uno de los mejores cultivadores del toreo por bajo de los últimos años (Foto: Arjona)

Nota de LRI:

En la anterior entrada de este blog, Juan Antonio Polo nos devolvía el sentido primigenio de lo que significa “cargar la suerte”, concepto controvertido pues aun cuando dicha expresión se utiliza desde los albores del toreo su significado ha ido cambiando con el paso de los tiempos.

Así mientras, durante todo el siglo XIX, la suerte se cargaba con los brazos (quedando las piernas relegadas al mero papel de apoyo), hoy se identifica la cargazón con el acto de adelantar la pierna de salida. De forma más precisa, adelantarla en el preciso momento en que se arranca el toro. No antes.

Sin embargo, ni así se torea hoy ni, estoy por decir, se ha toreado así nunca (o casi nunca). Ni siquiera aquellos toreros que han defendido el acto de adelantar la pierna (la “pata ‘alante”) como piedra angular del toreo puro (Y a las pruebas cinematográficas me remito).

Sin embargo, lo cierto es que el concepto evoluciona y, como es lógico, incorpora matices nuevos. De estos nuevos matices, nos habla Fernando Cámara  en esta entrada. Pero no nos adelantemos sus ideas,.lo mejor es leerlas.

 

CARGAR LA SUERTE (II) AYER Y HOY por FERNANDO CÁMARA

Concepto de cargar la suerte

Cargar: agravar, embarcar, echar, acumular, etc.

Suerte: encadenamiento de sucesos, circunstancia, azar, modo de hacer algo, etc.

Cargar la suerte, en el sentido literal, es agravar una circunstancia ya de por si adversa.

 

Cargar la suerte ayer y hoy

Habría que ver que sentido le daban los ortodoxos del toreo a cargar la suerte y es obvio que, cada actor, tenía una opinión sobre lo que se consideraba cargar la suerte.

En mi opinión, cargar la suerte en nuestros tiempos no se puede comparar con el concepto antiguo, puesto que antaño cargar la suerte, ante un toro poco formal en su embestida, suerte ya de por si expuesta por los toreros, era algo heroico. Aun más cuando el toreo se realizaba de forma muy movida de piernas, precisamente por la embestida descompuesta de los toros. Por tanto el peso del cuerpo se repartía entre las dos piernas al mismo tiempo con intervalos relativamente intermitentes.

Tal vez, cargar la suerte, para los taurinos de antaño era desviar la embestida del toro y siendo así, se podía realizar tanto con las piernas como con los brazos.

Reverte. Bilbao. Sep.1897 Revista Sol y Sombra (2)

Reverte. Bilbao. Sep.1897 Revista Sol y Sombra (3)

En el toreo antiguo, según Fernando Cámara, cargar la suerte era desviar la embestida informal del toro, lo que se podía hacer tanto con los brazos como con las piernas: En cuyo caso, el peso del cuerpo se repartía entre ambas. En la fotografía de Sol y Sombra, Antonio Reverte pasando de muleta, en la plaza de Bilbao, al toro Ecijano de la Viuda de Saltillo, en septiembre de 1897, toreando con Mazzantini y Guerrita. Su faena de muleta a ese toro gustó mucho al público bilbaíno (Fotografía facilitada por Rafael Pozo Barahona).

Pero en nuestros tiempos, cargar la suerte es agravar la exposición de los toreros ante un toro y además, de forma estética.

Esto se puede entender cuando se ajusta a la embestida del toro, cuya trayectoria la marca el propio torero, puesto que cambiar dicha trayectoria es relativamente fácil. Con la muleta por delante y con un toque hacia fuera o con un fuerte bamboleo se puede cambiar la trayectoria de la embestida de un toro con relativa facilidad, lo que no sería muy ortodoxo aunque los pies permanezcan quietos, ni tendría repercusión en los tendidos por su evidencia.

Por tanto, en mi opinión, cargar la suerte es cargar el peso del cuerpo primero sobre una pierna y luego sobre la otra, desde el inicio del pase acabando en el remate o, lo que es lo mismo, acompañar la embestida del toro durante el muletazo, pasando el peso del cuerpo de una pierna a la otra, aportando al pase temple y profundidad.

023-juli

Cargar la suerte hoy, según Fernando Cámara, es cargar el peso del cuerpo primero sobre una pierna y luego sobre la otra. O, dicho de otro modo, acompañar la embestida del toro durante el muletazo. En la fotografía, el Juli, cargando la suerte al desplazar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida lo que le lleva a levantar el talón de la otra. Detalle este último que Luís Bollaín consideraba evidencia de buen toreo.

Una segunda opción

Otra forma de cargar la suerte es cuando el torero marca la trayectoria al toro y la pierna más retrasada, sin modificar el viaje del toro, modifica su posición ligeramente antes de que el toro meta la cabeza. De esta forma el torero se acerca a dicha trayectoria, ajustando el espacio entre torero y toro y obligando a que el toro pase lo más cerca posible. El peso del cuerpo del torero debe estar prácticamente todo él sobre esa pierna, tanto en el inicio como después en el remate. Así la exposición es máxima.

Antoñete Festival Nevado del Ruiz

Antoñete Festival Nevado del Ruiz 01

Antoñete Festival Nevado del Ruiz 02

Antoñete Festival Nevado del Ruiz 03

No solía Antoñete adelantar la pierna de salida cuando toreaba de muleta en redondo pues –pese a lo que decía y decían- su técnica era heredera de la de Manolete pero en el Festival Nevado de Ruiz lo hizo ostensiblemente en algunos pases de inicio de las tandas.

Tentar la suerte

Esto difiere mucho a lo que exponían los antiguos, puesto que, con los brazos, en lugar de cambiar la trayectoria de la embestida, hoy se trata de acercarla al cuerpo. De este modo, cuando el peso del torero esta bien asentado sobre una sola pierna es muy difícil poder esquivar la embestida o retirarse de la posición elegida por el torero y la exposición es máxima.

Por lo tanto, tanto el concepto antiguo como el moderno son válidos y, a su vez, existen varias formas de cargar la suerte, siempre que se ejecute de forma ética y estética y sean además aceptadas por el público más exigente.

¡Cargar la suerte! o lo que es lo mismo, tentar la suerte utilizando el asentamiento evidente del peso del propio torero sobre una pierna, concretamente la que proporciona el remate de la muleta.

Morante (Foto Eduardo Porcuna)

Con la misma técnica que el Juli, pero con otro cuerpo y otra estética, Morante de la Puebla carga la suerte en esta magnífica foto de Eduardo Porcuna. La pierna de salida no está adelantada pero el peso del cuerpo “se carga” sobre ella.

Selección y comentarios de fotografías: Jose Morente

miércoles, 1 de mayo de 2013

Cargar la suerte (I)

Por Juan Antonio Polo

Pepe Luis Vazquez Natural 001

Espléndido natural de Pepe Luis Vázquez con el compás ligeramente abierto pero sin adelantar la pierna de salida. Cargando la suerte con los brazos (no con las piernas) lo que es lo ortodoxo, lo clásico y lo más puro en el toreo de muleta. El concepto del lance es plenamente Manoletista aunque la estética sea muy otra.

 

Introducción por Jose Morente

Cuando corría el verano de 1986, un servidor era ya un aficionado irredento a los toros y, aunque todavía joven, llevaba ya vistas (desde más de quince años antes) unas cuantas corridas, sobre todo y especialmente, en la madrileña plaza de las Ventas pues, no en balde, estudiaba entonces en Madrid.

Era lo que se dice un aficionado madrileño. Con todos los pros y todos los contras que tiene serlo. Para mí, más pros que contras. Aunque eso sí, mi afición era entonces,  más leída que vivida pues mis conocimientos se basaban en los clásicos lugares comunes con los que me creía capaz de enjuiciar (siempre con mucha dureza y con mucha suficiencia) a toros y toreros. Lo dicho, un clásico aficionado madrileño. Estoy seguro que algún día (con toda razón) tendré que rendir cuentas por ello. Estoy dispuesto a asumir la penitencia que me corresponda.

Y es que, lo mío no tiene disculpa alguna. Podría echar la culpa a mis maestros, aquellos escritores taurinos que repetían una y otra vez hasta la saciedad los mismos tópicos. Pero sería engañarme a mi mismo porque por la misma época otros escritores taurinos a los que yo no leía decían cosas muy distintas. Mucho más sensatas y reales.

Uno de ellos era Juan Antonio Polo, el autor del espléndido apéndice a la espléndida Historia del Toreo de Néstor Luján, sagaz y atinado en todos sus comentarios.

Sobre uno de esos tópicos, el tan manido “cargar la suerte” que aún hoy colea (¿hasta cuando?), escribía Juan Antonio, en ese verano de 1986, un magnífico texto que fue publicado  primero en la Revista del Club Taurino de Navarra, y luego, en Toros’92. Texto que ahora rescatamos.

Lástima no haberle leído entonces pues no hubiera perdido tantos años creyendo en teorías sin sentido. Pero también es posible que, aunque lo hubiese leído, no le hubiese echado cuentas, tal es la sinrazón y el empecinamiento del “buen” aficionado a los toros. En realidad el problema de este país es que las formas pueden más que el fondo y los mensajes y las teorías apocalípticos y radicales tienen aquí más predicamento que las exposiciones razonadas y razonables. ¡Así nos va!

Una exposición razonada y razonable es la de este, todavía actual, ensayo de Juan Antonio Polo, que la Razón Incorpórea recupera hoy, un cuarto de siglo después de escrito. Merece la pena leerlo. Yo lo he hecho con fruición.

 

CARGAR LA SUERTE por Juan Antonio Polo

(Barcelona, abril de 1986. Publicado en la Revista del Club Taurino de Navarra (nº 7, junio 1986 y, con Introducción y sin notas, en la revista Toros’92 en 1989).

Con frecuencia se ha dicho y se viene diciendo que los tres principios básicos sobre los que se sustenta el toreo, parar, templar y mandar, se complementaron a partir de Juan Belmonte con un nuevo requisito: cargar. El propio Domingo Ortega, abundando en ello, afirmaba que:

"posiblemente, si la palabra cargar hubiese ido unida a las otras tres desde el momen­to en que nacieron como normas, no se hubiese desviado tanto el toreo" (1).

1943-10-8 Madrid Domingo ortega natural 001

Domingo Ortega en Madrid el 8 de octubre de 1943, torea al natural. “Quieta la planta, [con] suavidad y armonía en los brazos” según el acertado comentario de Antonio Santainés. El de Borox está aquí cargando la suerte con los brazos y no con las piernas, cuyo compás mantiene prácticamente cerrado. Y es que está claro que una cosa es predicar y otra dar trigo (Fotografía de Santos Yubero).

Dejando al margen esta última afirmación, enraizada en la eterna disyuntiva de si hoy se torea mejor o peor que antes, estimamos errónea esta posposición en el tiempo de la acción de cargar la suerte respecto de los conceptos clásicos de parar, templar y mandar.

Basta echar una ojeada a las Tauromaquias de Pepe-Hillo y de Montes, publicadas en 1796 y 1836, respectivamente, para observar como en la descripción de las distintas suertes se señala con toda clase de detalles el momento en que la misma se carga o se tiende, es decir, el instante en que se desvía la trayectoria del toro, mientras se omite cualquier referencia a los conceptos parar y templar; en cuanto al primero, porque los toreros de la época –salvo en la suerte de recibir– prácticamente no se paraban con los toros, y en cuanto al segundo, porque el temple era un matiz del toreo totalmente desconocido en aquel entonces.

Lám. X Suerte de recibir

Los toreros antiguos prácticamente no paraban con los toros, salvo en la suerte de recibir (Lámina X de la Colección de Carnicero 1790)

Ocurre que la circunstancia de que, en el toreo moderno, se acostumbre a abrir el compás, adelantando la pierna contraria en el momento en que el toro llega a la jurisdicción del torero, o sea, precisamente en el instante en que las primeras preceptivas sitúan la acción de cargar la suerte, ha llevado a confundir dicha acción con la de echar la pata 'alante, cuando este hecho –la pata alante– no es sino un complemento de aquella acción, conveniente, en tanto permite dar profundidad y longitud al muletazo o al lance, pero no necesario, en cuanto en modo alguno es imprescindible adelantar la pierna para "indicarle al toro el camino y obligarle a seguir ese camino", que así es como define Corrochano la acción de cargar la suerte (2).

Belmonte natural 003

La “pata alante” permite dar profundidad y longitud al muletazo pero no es imprescindible adelantar la pierna para indicar al toro el camino a seguir (Un natural de Belmonte al toro Barbero de Concha y Sierra)

Dicha confusión tiene como consecuencia que se haya generalizado la creencia de que la suerte se carga con la pierna, al adelantarla, cuando en realidad se carga con los brazos y la cintura al cambiar el viaje del toro y alejarlo del terreno del torero. Así se desprende de la definición de Pepe-Hillo, para quien

"cargar la suerte es aquella acción que hace el diestro con la capa cuando, sin menear los piés, tuerce el cuerpo de perfil hacia afuera y alarga los brazos cuanto puede” (3)

y de la de Montes, para el que cargar la suerte:

“es el movimiento que hace el diestro en el centro de ella de bajar los brazos y meter el engaño en el terreno de afuera para echar del suyo al toro" (4)

Tratadistas posteriores, como Sánchez de Neira y Amós Salvador (5), coinciden en señalar como característico de la acción de cargar la suerte el echar fuera el toro, señalándole un terreno y una salida, sin hacer mención alguna a los movimientos de las piernas, en tanto que José Mª de Cossío, tras considerar en su monumental tratado que dicha acción es un ardid necesario para desviar al toro de su ruta, destaca el "esencial papel de los brazos para cargar la suerte" y recuerda la máxima atribuida a Pedro Romero de que "el lidiador no debe contar con sus pies, sino con sus brazos".

pag 321 Fig 1 - copia

pag 321 Fig 2

El pase natural clásico (ortodoxo) en el Doctrinal Taurómaco de Hache, libro que recoge la tradición de las viejas tauromaquias. El torero cita de frente con la muleta cuadrada u oblicua según las condiciones del toro (Fig. 1ª) y se perfila en el centro del pase cargando la suerte con el brazo (Fig. 2ª). Obsérvese la similitud de la posición del diestro (brazos y piernas) en ese momento con la fotografía del pase natural de Pepe Luis Vázquez que iniciaba esta entrada. (Imágenes correspondientes a la pág. 321 del Doctrinal)

Con posterioridad a la publicación de Los Toros y a propósito del toreo practicado por Gitanillo de Triana en la histórica corrida de Beneficencia de 1946, Cossío insistió nuevamente en el tema en un editorial de El Ruedo, omitiendo cualquier referencia posicional a los pies del torero y resaltando en cambio la armonía del juego "en el que la ruta desviada del toro y su acometer dinámico y brutal se conjugaba con el flexible girar de la cintura y con el adecuado moverse de los brazos" del diestro (6)

1947-10-16 Madrid Gitanillo derechazo

Rafael Gitanillo, en un derechazo en Madrid, el 16 de octubre de 1947 (imagen obtenido del Video de Achucharro). La suerte se carga con la cintura y los brazos aunque, en su caso, las piernas ayudan a desviar la trayectoria del toro.

"Los brazos son los que cargan, los que mandan, los que se imponen", observaba Juan León ─también en El Ruedo─, veinte años después, al plantearse en uno de sus pregones el tema que ahora nos ocupa, añadiendo que "todo en las suertes está supeditado al juego de brazos", aunque lógicamente también consentía que, “si se hace con gracia y a tiempo, el adelantar la pierna contraria da ritmo y armonía a los movimientos del torero" (7)

Resulta obvio, pues, que el cargar la suerte y el adelantar la pierna contraria son conceptos y acciones distintos, aunque no por ello incompatibles. Cierto que el adelantamiento de la pierna no sólo contribuye a dar profundidad y plasticidad al pase, sino que también propicia un mayor riesgo y una superior emoción al reducir las distancias con el astado, máxime si –cómo suele precisar el crítico catalán M. Cruz– se hace girar al toro sobre el eje de la pierna adelantada.

Pero tampoco puede olvidarse que son muchas las ocasiones en que el objetivo del echar la pierna hacia adelante no es otro que el de dar una salida más amplia y desahogada al toro, sin necesidad de tener que retroceder los cuatro o cinco pasos que consideraba necesarios el propio Paquiro para quedar en situación de repetir la suerte.

Obsérvese cómo Amós Salvador (8), autor –en opinión de Cossío– de una de las mejores teorías del toreo que se han escrito, exige que en la ejecución de 1a verónica el torero debe quedar siempre en el terreno de adentro

"con los pies juntos y quietos o sacando el pie del lado del movimiento, si el toro exige una salida más abierta".

ortega 2

Según Cossío, adelantar la pierna tiene por objeto dar una salida más abierta al toro o sea, expulsarle hacia afuera (En la foto, Domingo Ortega en un pase de pecho. Obsérvese que el pie derecho del torero no avanza, en rigor, hacia adelante sino hacia donde el toro tiene la salida pues de lo que se trata es de alargar el pase. Idea en la que ha profundizado el toreo contemporáneo)

La discusión puede, en su consecuencia, reducirse a términos absolutamente semánticos. Conforme a las descripciones de los tratadistas, el cargar la suerte no es otra cosa que el fundamento del toreo, la simple acción de mandar en el toro desviando con el engaño su trayectoria en el momento en que llega a la jurisdicción del torero y, como tal fundamento, es forzosamente anterior en el tiempo a los tan traídos y llevados principios de parar y templar, que no se ponían en práctica o se desconocían en los tiempos iniciales del toreo a pie.

Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que los toreros empezaran a pararse, a dar longitud a los pases, a adelantar la pierna contraria, a bajar la mano y a templar y aguantar las embestidas de los toros y ello no se produjo evidentemente de golpe y porrazo, sino en forma gradual y paulatina, aunque pueda considerarse a Juan Belmonte como frontera o divisoria entre el toreo antiguo y el actual. Fue Clarito quién dijo que si al principio nadie entendía que se pudiera torear como Belmonte, a partir de éste sólo se podía torear como lo hacía el trianero (9).

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Siempre se ha considerado a Juan Belmonte como personaje capital en la evolución del toreo. Está claro que el trianero aportó muchos de los elementos con los hoy se hace el toreo, fundamentalmente, su forma de parar y aguantar los toros (En la fotografía, verónica belmontina todavía de manos muy altas. La aportación de Juan al toreo de capa fue crucial pero en la construcción de la actual faena de muleta la aportación primordial fue la de Joselito el Gallo)

Los tiempos han cambiado, pero el público actual, que no es tan lerdo como en ocasiones pudiera suponerse, asimila aquellas innovaciones que considera positivas y si, por una parte, rechaza u olvida las que entiende carecen de valor –lo que explica la caída en desuso de los pases mirando al tendido o de los saltos de la rana–, por otra acoge sin reservas todas aquéllas que redundan en beneficio de una mayor emoción o plasticidad, exigiendo que todos los toreros pisen el terreno que invadió El Cordobés en su día y que en la actualidad pisa Paco Ojeda o deseando que impriman a sus lances el empaque y la cadencia que han visto en los de Ordoñez o Rafael de Paula. El más dífícil todavía no es un tópico privativo del mundo del circo y los profesionales del toreo pueden dar fe de ello.

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A Paco Ojeda siempre le ha gustado obligar al toro a seguir trayectorias imposibles (imagen obtenida de un video de Jorge Conde filmado en un tentadero el año pasado)

La evolución del toreo es patente y el aferrarse a los viejos principios y normas propiciaría una involución o retroceso que no es deseable, ni sería admitida por el público actual. La longitud y el temple que ahora se exige a los lances y muletazos obligó a abandonar el toreo de frente, tan absurdamente añorado en ocasiones, en el que es imposible prolongar la embestida del toro en la medida que gusta al público de hoy.

manolo_vazquez_de_frente[1]

El cite para el toreo de frente es el cite clásico para el pase natural y tiene su aquel pero esa posición imposibilita darle al lance la longitud y recorrido que hoy se exigen al muletazo (En la foto, Manolo Vázquez citando de frente con enorme torería)

Con la posición semi-perfilada o de tres cuartos con que, en la actualidad, se cita a los toros, se retrasa el momento del embroque, se permite el verlos venir, que señalaba Juan León cómo máximo atractivo del toreo de perfil que practicaba Manolete, y se difiere, que no se suprime, el momento de cargar la suerte.

Si antes, conforme a las Tauromaquias clásicas, la suerte se cargaba tendiendo el engaño en el momento en que el toro llegaba a la jurisdicción del diestro, desviando su trayectoria hacia afuera, actualmente el torero deja llegar o se trae al toro hacia sí, cargando la suerte en el mismo centro de ella y desviando su trayectoria hacia adentro.

Ahí radica la esencial diferencia entre el toreo antiguo y moderno; en aquél, el torero respetaba siempre el terreno de su oponente; en éste, se produce siempre un intercambio total de terrenos, el torero invade el del toro –cruzándose con él– mientras lo atrae hacia sí obligándole a describir un círculo en su derredor.

El objetivo del toreo siempre ha sido el mismo: burlar la acometida del toro; antes, despegándose de él y alejándolo; ahora, ciñéndoselo. El adelantamiento de la pierna contraria, la pata alante, permite –en frase de de Corrochano– acentuar el toreo (10), así como una mayor proximidad entre el toro y el diestro, dando más emoción, más profundidad y más belleza al momento de cargar la suerte y a la suerte en conjunto, pero esta acción, el cargar o tender la suerte, cómo dicen los clásicos, se ha ejecutado siempre con los brazos y con la cintura, desde la primera vez en que un español tuvo la feliz ocurrencia de esperar a pié firme la acometida de un toro sin más defensa que la de su capotillo.

 

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La acción de cargar la suerte (que se ha ejecutado SIEMPRE con los brazos aunque a veces, pero no siempre, con la ayuda de la pierna de salida) es la que da profundidad y emoción al muletazo (En la fotografía de la web de la empresa de la plaza de toros de Sevilla, el Juli en uno de sus tremendos naturales de la corrida del pasado Domingo de Resurrección en Sevilla)

 

Notas

(1) Domingo ORTEGA, El Arte del Toreo, Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 29 de marzo de 1.950. Madrid, Revista de Occidente, 1.950, pág. 18.

(2) Gregorio CORROCHANO, ¿Qué es torear? Madrid, Revista de Occidente, 1.966, pág. 219.

(3) Josef Delgado (a) ILLO, La Tauromaquia o Arte de Torear. Edición preparada por Bruno del Amo, RECORTES, copia literal de la primera, impresa en Cádiz en 1.796. Madrid, 1.946, pág. 53. La definición que aparece en la segunda edición (Madrid, 1.804), muerto ya PEPE-HILLO, difiere poco de la transcrita en el texto y el verdadero autor de la obra –José de la TIXERA– insiste en la necesidad de perfilar el cuerpo, alargar los brazos y mantener "los pies en la mayor quietud para llamar al toro y hacerle la suerte a un lado".

(4) Francisco MONTES, PAQUIRO, Tauromaquia Completa, o sea, El Arte de Torear en plaza a caballo o a pié, reproducción íntegra de la edición publicada en Madrid en 1.836. Barcelona, Ediciones Turner, 1.983, pág. 15.

(5) JOSE SANCHEZ DE NEIRA, Gran Diccionario Taurómaco, reproducción de la edición de 1.896. Madrid, Ediciones Giner, 1.985. Incluye la Teoría del Toreo de Amós SALVADOR, que escrita en 1908 no vió la luz hasta su publicación en folletones en el diario madrileño LA V0Z entrados los años treinta.

(6) José Mª de COSSIO, Los Toros, Madrid, 1.943, tomo I, pág. 917. ID. El cargar la suerte, editorial de EL RUEDO, n° 132, de 2 de enero de 1.947.

(7) Julio Fuertes, JUAN LEON, Nadie sabe nada, Pregón de Toros de EL RUEDO, n° 1.148. Madríd, 21 de junio de 1.966.

(8) Amós SALVADOR, Teoría del Toreo cit. , en Gran Diccionario cit., tomo II, pág. 1.261.

(9) César Jalón, CLARITO, Grandezas y miserias del toreo, Madrid, 1.933, pág. 28.

(10) Gregorio CORROCHANO, op. cit., pág. 220.