sábado, 11 de agosto de 2018

Tragarse el cante

Por Jose Morente

Antonio Mairena. Su interpretación de la seguiriya de Joaquín Lacherna es sencillamente, antológica.

¿Qué será eso de "tragarse el cante"?

Busco la definición y no la encuentro. Ni en el "Diccionario Enciclopédico Ilustrado del Flamenco" de José Blas Vega y Manuel Ríos Ruiz, ni en el más reciente "Flamenco de la A a la Z" de José Manuel Gamboa y Faustino Núñez se explica que es eso de tragarse el cante.

Y, sin embargo, se trata de una expresión relativamente habitual entre aficionados y cantaores. A eso de tragarse el cante se refieren, por ejemplo, Luis y Ramón Soler en su imprescindible "Antonio Mairena en el mundo de la seguiriya y la soleá" (1992) cuando hablan de la seguiriya de Joaquín Lacherna.


La seguiriya de Joaquín Lacherna


A Joaquín Lacherna (o la Serna) se le atribuye un estilo de seguiriya que es, en realidad, una variante de la seguiriya del Viejo de la Isla. Es casi seguro que ese cante se difundiera gracias a su sobrino Manuel Torres que, no obstante conseguir una lograda versión, no fue el primero en grabarlo. Antes que él, lo hicieron Pastora ("Que alegría más grande" en 1918 y "No llamarme al meico" en 1929); Tomás (su genial "Apregonao me tienes" de 1928) y Cepero ("Qué doló de mi mare" en 1928 y "Rabiando te mueres" en 1930). Manuel Torres, la grabó dos veces ("Contemplarme a mi mare" y "El alma se me había arrancado") en 1929. Junto a la de Tomás y la de Manuel, los Soler destacan la versión de Antonio Mairena ("A la muerte yo llamo" de 1972), otra cumbre de este estilo. 

Como dicen estos autores, la seguiriya de Joaquín Lacherna destaca por "su rajo, del mejor cuño jerezano" lo que la sitúa entre "las más acabadas y sublimes modalidades de todo el tronco siguiriyero". Según ellos, esta seguiriya "se hace en los tonos medios, con tercios muy modulados, quejumbrosos y muy ligados". Pierre Lefranc (2000) matiza que "en el repertorio moderno de Jerez es la seguiriya más altiva, aquella que transmite más rechazo y que llora menos"

Los Soler añaden -y eso es lo que nos trae aquí- que "en la exposición de los primeros tercios de muchas versiones se puede apreciar como el cantaor se traga el cante, cobrando en ellos toda sus sustancia".


Tragarse el cante

Hay muchas maneras de cantar pero, simplificando, pudiéramos decir que hay dos formas básicas y enfrentadas de enfrentarse al acto de cantar. Una, sería aquella del cante entendido como espectaculo, cante grandilocuente y efectista, del que canta por lucimiento, buscando la admiración del oyente y demostrando su capacidad de afinación, de compás, de modulación, de alcanzar notas imposibles. Otra, sería aquella de quien canta para el mismo o para un grupo muy reducido de cabales. Cante intimista, que sale de las entrañas, que se da pero no se vende. Es el cante de quien busca y rebusca dentro de sí sus emociones más hondas para así emocionar también hondamente a aquel que le escucha. 

En esa pelea emocional y emocionante, tragarse el cante es retenerlo un momento en la garganta para luego dejarlo salir, libre y espléndido cuando y como conviene. Tragarse el cante es cantar hacia adentro para acrecentar la emoción. Es un no-cantar temporal, una pausa con sabor de siglos que denota sabiduría, conocimiento e introspección pero que, sobre todo, al atemperarlas busca transmitir de manera más potente esas sensaciones fuertes que vienen de las entrañas y pugnan por salir de la garganta del que canta.

Cuando canto bien me sabe la boca a sangre, decía la Piriñaca. Pues eso.


A título de ejemplo

Las primeras versiones que Pastora y Cepero grabaron del cante de Lacherna, se encuentran todavía vinculadas al estilo matriz del Viejo de la Isla o al más moderno de Paco La Luz, pero luego tras la publicación de la versión de Manuel Torre, ambos incorporarán en sus cantes  esos matices e incidencias que estamos comentando.

Tomás en su "apregonao" introduce también esos matices de forma sutil y elegante a lo largo de los diferentes tercios pero será en el último donde se trague de verdad el cante. Pastora y Cepero, con el estilo ya más definido, harán lo mismo desde los primeros tercios, tal y como explicaban los Soler.

Pero quien de verdad da una lección de este cante, es Antonio Mairena. Su versión de la seguiriya de Joaquín Lacherna es paradigmática, ejemplar y... emocionante. Tanto que consigue arrancar el sentido olé de quien le jalea (¿Quizás Pepe Torres?) cuando se traga el cante.

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