martes, 14 de febrero de 2012

El toreo en redondo (IV) ¿Y Belmonte qué?

 

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“Los ‘genios’ de cerca-Belmonte visto por un belmontista”. Portada del libro de Luis Bollaín (1957)

Hemos visto en entradas anteriores como la faena moderna, el toreo en redondo, nace con Joselito, se estructura con Chicuelo y alcanza su definición con Manolete.

Curiosamente en esa relación de nombres no aparece por ninguna parte el de Juan Belmonte. Sin embargo, la historia del toreo, que nos han contado, lo sitúa como el diestro clave del toreo moderno. El que acaba con una etapa e inicia otra.

Algo no cuadra en esa versión, por lo que tenemos derecho a preguntarnos cual es la correcta. La oficial, con un Belmonte creador ex-nihilo de todo el toreo moderno o esa otra, que venimos comentando, con un Belmonte que se queda al margen del proceso de construcción de las faena moderna.

Vayamos por partes. Belmonte es pieza clave indiscutible (pero una más, no la única) del toreo que vino después pues desarrolló como nadie la técnica de irse al pitón contrario y sentó las bases de una nueva estética, tanto que a partir suyo la expresión personal empieza a ser valor predominante frente a la técnica lidiadora. Pero de ahí, a querer convertirle en único referente (incluso en lo técnico) del toreo posterior va un trecho que no deberíamos saltar en aras de la verdad.

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Retrato de Juan Belmonte, novillero por Julio Romero de Torres. Juan siempre estuvo un poco al margen del toreo y más cerca de literatos y artistas.

¿Cómo toreaba realmente Juan Belmonte?

Lo mejor es que conozcamos de primera mano cómo toreaba en realidad Juan Belmonte.

Las imágenes que veremos a continuación van a sorprender a más de uno. Pues la literatura belmontista y la no belmontista han acuñado la idea (equivocada, por cierto) de que Juan Belmonte es origen y raíz única de todo el toreo actual y, por tanto, lo que uno piensa que va a ver en esas viejas películas es el germen de ese toreo moderno.

Esperamos encontrarnos a un diestro, quizás algo más arcaico y menos depurado, pero con algún atisbo de cómo se torea hoy día. Sin embargo, nada más lejos de la realidad pues lo que vamos a ver es… otra cosa.

Aquí tenemos a Juan en una faena histórica, el día de su reaparición en Nimes en 1934. La película es sensacional porque recoge con mucha calidad de imagen una faena del trianero. Faena que, además, es muy representativa de su forma de torear. Belmonte ese día estuvo muy bien y muy en Belmonte, según dijo la prensa, por lo que estas imágenes nos vienen como anillo al dedo.

Lo vemos.

 

Belmonte en Nimes (1934)

 

Belmonte torea con su peculiar estética. Esa sí, innovadora. Buscando, siempre, el pitón contrario, arrastrando mucho los pies. Patinando, dijeron, en un deslizarse, muy suyo, de forma inconfundible. Paradójicamente, muy parado pese al continuo movimiento de piernas pues intenta alargar mucho el muletazo por lo que, taurinamente hablando y para el concepto de la época, se puede definir como toreo de brazos.

Eso, por lo que hace al trazo de sus lances.

Pero lo importante, para el tema que nos ocupa, es que Juan alterna los muletazos por un pitón con los muletazos por el pitón contrario. Es por tanto una faena construida al estilo antiguo (el mismo estilo que veíamos a Guerrita o al Bomba en las viejas películas que recuperamos en anterior entrada de este blog). Juan torea como aconsejaban las más añejas tauromaquias que se debía torear: Un pase para acá y otro para allá.

Ningún atisbo del toreo en redondo pues incluso el propio trazo del muletazo es sesgado y hacia afuera. En resumen, un toreo muy puro en la línea del toreo contrario o cambiado, según la nomenclatura que venimos utilizando, pero una forma de torear que (estamos hablando del modo de construir la faena, de enlazar un pase con otro) no tiene nada que ver con el toreo en redondo de Joselito o Chicuelo.


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El modo de torear de Belmonte tendrá fecunda descendencia pero desde luego a la vista de las imágenes no será de índole estructural (ni siquiera lo fue en los años inmediatos posteriores a la “revolución” belmontina) pues su toreo no tiene nada que ver con el toreo de la mayoría de los toreros que le siguieron en el tiempo. Juan torea alternando los muletazos por un pitón con los muletazos por el pitón contrario (por la derecha y por la izquierda; por alto y por bajo; por arriba y por abajo; al natural y cambiado). Por ello, se copiará su estética y se asimilará su forma de citar yendo al pitón contrario pero no se copiará ni se seguirá su modo de construir las faenas.

Ojo. No se trata, aquí y por ahora, de tener que elegir entre uno u otro concepto del toreo (natural o cambiado. En redondo o en “ochos”) sino de constatar un hecho inobjetable: Juan Belmonte, supuesto origen y paladín del toreo moderno, construía (contradictoriamente) sus faenas al estilo antiguo. ¿Cómo se explica esto?


¡Triana! ¡Tenemos un problema!

Las imágenes que acabamos de ver tienen su importancia, porque cuando ya el toreo en redondo se ha asentado definitivamente (la faena de Nimes es de 1934) Juan sigue erre que erre, y se mantiene fiel a su forma inicial de torear. La que tenía en los años de su competencia con Joselito. Construyendo sus faenas al estilo antiguo.

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El toreo de Juan era trasunto del toreo de algunas de las viejas tauromaquias. Por eso se dijo que más que revolucionario, Juan había sido restaurador del toreo eterno (donde dice eterno, debe leerse “antiguo”). Texto de la Tauromaquia de Paquiro donde aconseja que después del pase natural el torero de un pase de pecho. Paquiro, pues, se erige primer valedor del toreo cambiado, al contrario que Pepe-Hillo.

 

Esto planteó a los ensayistas taurinos un curioso problema porque chocaba frontalmente con la imagen de diestro innovador que se quería proyectar de él.

Hoy día, nos cuentan la milonga de los herencia belmontista en el toreo moderno tal como nos la han contado y nos la creemos (nadie más crédulo para ciertas cosas que el aficionado a los toros). Pero en aquellos años la cosa era tan evidente y estaba tan a la vista que, decir (cuando Belmonte toreaba como acabamos de ver que toreaba) que “todo” el toreo moderno venía de Juan Belmonte, exigía –como mínimo- una explicación.

 

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La estética de Belmonte si es moderna (¡Y magnífica!), pero no así su técnica. Juan en un pase cambiado (de pecho) en 1934 en la plaza de las Ventas.

Vamos a ver como han justificado esta contradicción los escritores y críticos taurinos.

 

Luis Bollaín. Defensa a ultranza

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Juan Belmonte de tertulia y cháchara con su incondicional amigo Luis Bollaín (Fotografía del libro de éste antes citado “Los genios de cerca”)

El primero que se planteó este problema y quiso darle respuesta fue el notario belmontista Luis Bollaín.

Bollaín era belmontista en una familia de belmontistas. Partidario confeso, acérrimo y pasional del trianero. Su contertulio en los últimos años del torero en el bar los Corales en la sevillana calle Sierpes. Quien más libros ha escrito sobre Juan.

Bollaín ve con mucha claridad lo que se está discutiendo y replantea el debate con una pregunta muy clarificadora: ¿Qué es preferible? ¿El natural y el de pecho o los naturales y el de pecho?

 

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Página 447 del libro “El Toreo” de Luís Bollaín (1ª ed., Madrid, 1968. Existe re-edición reciente) Yo diría que: “No es lo mismo dar un pase que dar dos”.

Como era previsible, Bollaín se decanta claramente por el toreo en “ochos”, alternando el natural con el de pecho, que es el toreo de Juan Belmonte.

Pero don Luis no sólo prefiere este modo de toreo (lo que sería legítimo) sino que, además, pretende demostrarnos que esa opción es la mejor y la única aceptable, la que encierra más mérito y riesgo (lo que ya no es de recibo).

Para convencernos incluye este curioso gráfico en su libro (gráfico que ya reproducíamos en su día y que volvemos a reproducir ahora):

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Según Bollaín, Juan no torea en redondo pero su toreo (El de “ida y vuelta”. El llamado toreo “en ochos” por la trayectoria que describe el toro (que dibuja en la arena un signo de interrogación) es superior en calidad y mérito al toreo en redondo. En la imagen (reproducción de la página 450 de su tratado “El Toreo”) Bollaín explica geométricamente el porqué es preferible el toreo en “ochos” frente al toreo en redondo intentando convencernos.

El texto tiene truco porque en el toreo “en ochos” la posición del diestro no es estática, como da a entender el gráfico, pues en ese tipo de toreo, el torero muda constantemente su posición como veíamos hacer a Belmonte en Nimes (y como veremos hacer a Domingo Ortega en Madrid).

Por el contrario, en el toreo de línea natural, el torero mantiene su posición a lo largo de la tanda (con los mínimos ajustes necesarios para dar sitio al toro). Por ello, la posición del torero en la trayectoria “A” (al hilo) es tanto o más arriesgada que la del torero que cruza al pitón contrario (Trayectoria “B”) aunque a veces pueda no parecerlo a simple vista.

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Por cierto, que la trayectoria “B” nos lleva de Juan Belmonte a Paco Ojeda, casi directamente, sólo que este último (torero de purísima línea cambiada) no se enmendaba lo más mínimo. Su toreo impactó a los públicos causando la lógica perplejidad.

Bollaín además divulgó sus ideas en libros y artículos. Reproducimos aquí uno de ellos. Un artículo rescatado de las páginas del Ruedo y que han desempolvado en el blog del Aula taurina de Granada.

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Imágenes del blog Aula Taurina de Granada. Entrada sobre el toreo en redondo

 

La cosa tiene enjundia y sobre lo que dice don Luis habría mucho que hablar, pero no es el momento de analizar si el notario Bollaín tenía razón o no (en mi opinión, no la tiene). Lo importante es destacar la contradicción que existe en proclamar a Juan como base del toreo moderno para luego y a la vista de que el toreo moderno (toreo en redondo) es ajeno al trianero, negar o cuestionar el toreo moderno y decantarse (y preferir) la faena al estilo antiguo.

 

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Chicuelo, este sí verdadero arquitecto del toreo moderno, en otro de los naturales que dio a Dentista (Foto facilitada por Xavier González Fisher)

 

Lo peor no fue eso, sino que cuando Pepe Alameda proclamó a Chicuelo como “arquitecto del toreo en redondo” (El crítico afincado en México todavía no había descubierto el papel jugado por Joselito en la la faena de muleta moderna), Don Luis se enfadó muchísimo porque ¿Cómo podía osar nadie comparar a un genio como Belmonte con un torero “simplemente preciosista” como Chicuelo?

Pero, en todo caso, Bollaín había visto muy claro el dilema y la necesidad de dar una respuesta clara y contundente.

 

El principio del lío: Gregorio Corrochano

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Última fotografía de Gregorio Corrochano, tomada en la Feria del Libro de Madrid de 1961, cuando firmaba ejemplares de su libro “Cuando suena el clarín”. El famoso crítico NO afinaba demasiado –en mi opinión- como analista taurino. Sin embargo no es dejado un repertorio impresionante de aforismos y definiciones con gran calado entre los aficionados.

Lo de Bollaín tenía (ya que no coherencia) cierta lógica. Por amistad, por partidismo visceral y por cercanía en el tiempo. Lo que no tiene lógica, ni coherencia es la posición que, sobre este tema, adopta Gregorio Corrochano.

Frente a Bollaín, Corrochano se definía como afamado crítico y amigo del llorado Joselito. Sin embargo, su postura (que explica en su libro ¿Qué es torear-Introducción a la Tauromaquia de Joselito?) ante el dilema planteado es confusa y ha traído no poca confusión a la fiesta.

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De entrada, me resulta cuando menos curioso que Corrochano, supuestamente partidario de Joselito, sólo alcance a ver en este a un magnífico lidiador del estilo antiguo y que ignore totalmente su aportación al toreo moderno. Incluso en algún párrafo, Corrochano da a entender que José toreaba al natural en redondo en tan contadas ocasiones como Belmonte (¿?). Lo que no era cierto.

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José María de Cossío, otro insigne Joselista, tampoco fue capaz de profundizar y entender el alcance de la apuesta torera del diestro de Gelves en sus análisis históricos, pero al menos fue quien dejó constancia notarial del gusto de Joselito por el toreo al natural y en redondo.

 

Lo grave es, que el tema técnico de fondo que venimos analizando, Corrochano ni lo intuye.

A Corrochano, pese a su declaración dogmática a favor del toreo ligado, sólo le interesa el pase aislado. Por ello, no se plantea el dilema que si había sabido ver y plantear Bollaín sobre cómo debían ligarse unos pases con otro (toreo en redondo frente a toreo en “ochos”).

Por eso, cuando el crítico de ABC describe el pase natural (descripción en la que se adivina el toreo de Juan Belmonte y no el de Joselito el Gallo) y llega al final del pase dice lo siguiente:

 

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Página 235 del libro de Corrochano,  “¿Qué es torear?-Introducción a la Tauromaquia de Joselito”.

 

Para Corrochano daba casi igual ligar el natural con otro natural o ligar el natural con el pase de pecho (aunque muestra su preferencia por lo segundo). Lo curioso es que –Ojo. No se trata, aquí y por ahora, de tener que elegir entre uno u otro concepto del toreo (natural o cambiado. En redondo o en “ochos”) sino de constatar un hecho inobjetable: Juan Belmonte, supuesto origen y paladín del toreo moderno, construía (contradictoriamente) sus faenas al estilo antiguo. ¿Cómo se explica esto?proclamándose partidario de Joselito, se decante por la forma que práctica Belmonte, no José.

El análisis de Corrochano es erróneo pues mezcla dos conceptos del toreo, dos modos de torear totalmente antagónicos, como si fueran lo mismo.

En efecto, si se liga el natural con el de pecho, si se practica el toreo cambiado, el toreo de expulsión, ganándole terreno al toro de pase en pase, como hacía Juan Belmonte y como hacía Domingo Ortegaes casi imprescindible cargar la suerte avanzando la pierna de salida.

Por el contrario, cuando se torea en redondo. Cuando el torero se convierte en eje que trae el toro hacia su terreno, lo que es muy arriesgado y expuesto, la suerte se carga con el movimiento de brazos, no con el de las piernas. En ese caso, buscar el pitón contrario, cargar la suerte avanzando la pierna sería –además de contradictorio- una ventaja.

Pero no debemos cargar las tintas (que no la suerte) contra Corrochano pues el crítico lo que hizo fue asumir (o eso pensamos) las tesis que expuso en su conferencia del Ateneo madrileño el diestro Domingo Ortega.

Corrochano quedó fascinado por el discurso de Domingo Ortega, sin percatarse que las teorías de este diestro sobre “cargar la suerte” eran aplicables la forma de torear del de Borox y a la forma de torear de Juan Belmonte, pero que no eran generalizables –ni aplicables, ni coherentes, ni exigibles- a la forma de torear de Joselito, Chicuelo o Manolete cuando toreaban en redondo.

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Domingo Ortega, en su conferencia “El Arte del Toreo” dictada en el Ateneo madrileño el 29 de marzo de 1950, defendió que ·”cargar la suerte” era la piedra angular del toreo queriendo generalizar su particular concepción de este y convertirla en verdad universal. Ortega pensó (ingenuamente) que sólo se podía torear como el toreaba. Por desgracia, su tesis hizo escuela. Hoy día la aplicación indiscriminada del concepto de “cargar la suerte” a todo tipo de toreo (incluido el toreo en redondo al que le es ajeno) es causa de la enorme confusión que sobre estas cuestiones técnicas padecen muchos aficionados y, de rebote, del trato injusto que reciben muchos toreros. En el trasfondo todo se reducía a una crítica velada del toreo de Manolete ya muerto en Linares. La pelea que no pudo ganar en los ruedos, la ganó Ortega en el Ateneo, cuando ya el de Córdoba no podía darle réplica.

Lo mejor no es decir, sino mostrar. De muestra, una faena del maestro de Borox, Domingo Ortega.

 

Faena Homenaje a Nicanor Villalta

Son imágenes de 1956, Domingo Ortega vestido de calle torea en el homenaje a Nicanor Villalta. Ortega torea alternando los pases por los dos pitones, andando al novillo de Escudero Calvo con mucha elegancia y suma suavidad. Lo importante es que- en esa forma de torear- avanzar la pierna de salida no sólo es lo correcto sino necesario.

 

Un modo el de Ortega magnífico, pero que tampoco tiene nada que ver con el toreo moderno. Lo que resulta sorprendente y eso fue lo que Domingo Ortega no dijo, en su conferencia del Ateneo madrileño, que su sistema (cargar la suerte) es aplicable cuando se torea como toreaba el (de acá para allá, alternando pitones), pero que no es aplicable ni coherente cuando se toreo en redondo.

Ortega quiso convertir en verdad universal lo que era una regla particular, la suya. Confusión que tantas confusiones ha traído después. El primer confundido, Corrochano. Otros le seguirían en esta ceremonia. El más confundido y el más importante (por su repercusión entre los aficionados) fue el crítico del Diario El País, Joaquín Vidal.

 

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Joaquín Vidal siguió a pies juntillas lo que dijeron Corrochano y Domingo Ortega por eso, como los malos estudiantes que copian en un examen, su descripción del pase natural efectuada en su libro “El toreo es grandeza” reproduce los mismos errores que había cometido el crítico de ABC.

 

La descripción que Vidal hace del natural sigue casi literalmente (aunque con más belleza literaria) a la que hizo Corrochano. Y repite el error de considerar compatible la cargazón de la suerte con el toreo en redondo. Lógicamente, a la acción de cargar la suerte se le reviste de la máxima importancia.

 

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El texto de Vidal en su libro “El toreo es grandeza”. El crítico confunde un sistema o modo concreto de torear con “todo” el toreo. El colmo es que llega  a afirmar que torear sin cargar la suerte “no es torear”.

 

Conclusión

El que Juan Belmonte fuera ajeno al moderno toreo en redondo y practicara el antiguo toreo en “ochos” no fue óbice para que sus partidarios más acérrimos siguieran considerándole (pese a la evidente contradicción) paladín y origen del toreo actual.

 

La Tauromaquia de Juan Belmonte pág. 116 001

La magnífica estética del toreo cambiado de Juan Belmonte. Escultura de carne y hueso. Esa sí, fuente inagotable para el toreo posterior.

 

Un grave error, aunque más grave es la falta de claridad de ideas, a la hora de analizar los modos del toreo, que han tenido críticos importantes y supuestamente sagaces como Gregorio Corrochano o Joaquín Vidal. Vaya en descargo de ambos la fascinación intelectual que, sobre ellos, ejercieron las deslumbrantes teorías de Domingo Ortega, tan claras y cómodas de aplicar como erróneas, pues no podemos (o no deberíamos) por coherencia, conceder validez universal a unas reglas de toreo que son aplicables sólo a un sistema o modo de torear determinado.

 

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Pepe Alameda si fue consciente de la existencia de dos modos de torear contrapuestos y con objetivos distintos. El magnífico crítico decía que “lo que vale en un sistema no es necesariamente válido en el otro”.

 

Lo malo no es que Corrochano o Vidal no se enteraran de esto (de cómo se torea realmente) que no matizaran o distinguieran entre toreo natural y cambiado (tema que ni siquiera se plantearon, como hemos visto), sino que su confusión técnica y sus dogmáticos planteamientos se han utilizado desde entonces como coartada para cercenar, perseguir, denunciar y desacreditar injustamente a todos los toreros de línea natural o, más sencillamente, a todos los toreros que no son del gusto del aficionado de turno.

Lo que no es de recibo

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Negar validez al toreo natural es suprimir y decapitar de un tajo media historia del toreo. No es admisible, y creo que ningún crítico ni aficionado tiene derecho a ello, enviar al Limbo taurino a toreros de la talla de Pepe-Hillo, Cúchares, Cayetano Sanz, Lagartijo, Joselito, Chicuelo o Manolete, impunemente. En la foto (del blog ganaderos de lidia), aparece uno de los damnificados por esa visión parcial (y partidista) de la Historia del Toreo que venimos sufriendo desde lo albores de la fiesta, el sevillano Pepe-Hillo.

(Continuará…)

sábado, 11 de febrero de 2012

Carnaval flamenco (IX) Aquellos duros antiguos

 

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La Almadraba de Hércules de Cádiz en una foto de algunos años después del suceso de los duros. Al fondo, la plaza de toros donde el día de hechos hubo corrida de novillos para Camisero, Ostioncito y el Gordito (era el Corpus de 1904)

 

Volvemos a Cádiz pues estamos ya en vísperas de Carnaval y vamos a continuar con la serie que iniciamos el año pasado. El carnaval flamenco o sea, el modo en que los flamencos han adaptado a su estilo las composiciones carnavalescas.

Y para recuperar el tono lo mejor es recordar por donde empezamos hace un año que fue con Antonio Mairena. Y ello por dos razones. Primero, por ser el titular de esta casa y segundo porque al no tratarse de un festero ejemplifica mejor que nadie el atractivo que estos cantes han tenido para los cantaores flamencos. Para todos, casi sin excepciones.

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Para no ser festero profesional, Don Antonio tenía su “mijita” de ángel (En la foto, facilitada por Luís Soler, Mairena dando una “pataíta” por bulerías en Morón en 1975)

Oíamos entonces a don Antonio en su versión de un tango de los Anticuarios (“En unas excavaciones”) grupo de quien traemos hoy un verdadero clásico, el  archiconocido “Aquellos duros antiguos” con letra del “Tío de la Tiza”.

Este tango de los duros antiguos es, sin dudar, el tango de carnaval que más versiones flamencas tiene. El número uno histórico del hit-parade de los tangos carnavalescos llevados al flamenco.

Dice Javier Osuna García, a quien siempre seguimos al hablar de estos temas que su extraordinaria factura musical le ha convertido en “el tanguillo de Cádiz por excelencia” y eso, que ya tiene más de un siglo.

Su difusión y éxito han sido enormes. Lo más curioso, lo cuenta Javier, es que en el acta oficial del Concurso del año 1905 (en el que se presentó este tango) se decía curiosamente que las comparsas presentadas “desmerecen en general a las de otras veces”. Lo que demuestra que uno no debe uno fiarse nunca de jurados, comités y senados.

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Portadilla del libreto de 1905

La anécdota que dio lugar al tanguillo es archiconocida pero no me resisto a contar una de las versiones que han llegado. En la zona de la almadraba de Hércules en Cádiz, en 1904, uno de los operarios dicen que llamado “Malospelos” (Aurelio le llemaba “Pelosblancos”) que se encontraba excavando hoyos para enterrar los desperdicios de los atunes encontró un cajón lleno de “duros antiguos”, se llenó los bolsillos y se dio el piro.

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Uno de los duros antiguos (o similar)

Cuando los compañeros fueron a buscarle encontraron el resto del crecido botín. Al rato, todo Cádiz estaba haciendo hoyos en la zona. El resto ya lo conocemos.

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Los trabajadores de la Almadraba buscando “duros antiguos

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Todo Cádiz en la playa

Se puede leer la historia completa y con más detalles en “Diario de Cádiz

Vamos a transcribir primero la letra, pero no como habitualmente se canta sino con las correcciones de Aurelio Sellés Nodedeu en el libro-entrevista que le hizo Blas Vega y que se publicó algunos años después de la muerte del cantaor (Conversaciones flamencas con Aurelio de Cádiz, 1ª ed., Madrid, Librería Valle, 1978).

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Aurelio, a quien vemos en una foto del libro-entrevista de Blas Vega, le daba mucha importancia a las letras (“como los antiguos”, decía).

Aurelio era muy quisquilloso con el tema de las letras y puntualizaba en la entrevista sobre algunas “cositas que no pueden ser” de esas coplillas (Los duros no se pescan, se ‘encuentran’; no es `’de día y por la mañana’, sino ‘de noche y por la mañana’ y, finalmente, se escarba con las uñas, no ‘con las uñas y el pelo’). Leamos la letra en versión de Aurelio.

Aquellos duros antiguos

que tanto en Cádiz

dieron que hablar

que se encontraban las gentes

a la orillita del mar

fue la cosa más graciosa

que en mi vida he visto yo

 

Allí fue medio Cádiz

con espiochas

y hasta fue un día mi suegra

y eso que estaba ya medio chocha

Con las uñas a muchos

vi yo escarbar

cuatro días seguidos

sin descansar

 

Estaba la playa

igual que una feria

Válgame San Cleto

lo que es la miseria

Algunos encontraron

más de ochenta duros

pero más de cuatro

no vieron ni uno

 

Mi suegra como ya dije

estuvo allí una semana

escarbando por la tarde

de noche y por la mañana

perdió las uñas y el pelo

aunque bien poco tenía

 

Y en vez de encontrar los duros

lo que encontró fue una pulmonía

Y en el patio de las malvas

está escarbando desde aquel día

 

Audición 1.

Los Gaditanos - FrontalCarátula de la edición en casette del LP de Belter

 

 

Aquellos duros antiguos (Tanguillo de Cádiz)

Los Gaditanos. Guitarra: Vicente el Granaíno

Belter 22.653 (1973)

Los Gaditanos que empezó siendo trío, siguió en dúo. Y siendo dúo, compuesto por Flores el Gaditano y Juan Pantoja (el padre de la tonadillera Isabel Pantoja), grabaron esta versión de los duros antiguos que suena tan… “gaditana”.

 

Audición 2

El flamenco vive - Frontal

Portada del CD

 

 

Aquellos duros antiguos (Tanguillo de Cádiz)

Sernita de Jerez. Guitarra: Melchor de Marchena-Enrique de Mlechor y Curro de Jerez

Columbia MCE 821 (1967) reed. El Flamenco vive (1999)

Sernita canta los duros antiguos, en una versión muy flamenca, acompañado a la guitarra por Melchor de Marchena, Enrique de Melchor y su hijo Curro de Jerez, en este corte sacado de la recopilación que de los cantes del jerezano hiciera el Flamenco Vive en 1999.

El cante original se incluía en el LP de Columbia “Antonio, genio y duende flamenco” dedicado a Antonio el bailarín. Los tanguillos los debió haber grabado el gaditano Chano Lobato, pero por las causas que fuesen (parece que se quedó sin voz por los nervios de grabar), al final los hizo Sernita.

 

 

domingo, 5 de febrero de 2012

El toreo en redondo (III) Recuperando a Chicuelo

 

  1917-1920 (Boldún foto) Chicuelo (Detalle cara)

  Chicuelo. Foto de Boldún (Del libro “Toreros en la galería”)

 

No sólo Chicuelinas

En la anterior entrada decíamos que no hay imágenes filmadas de Chicuelo. O si las hay ¿Quizás en México?), no tienen la difusión que la de otros diestros de la misma e incluso anterior época. Por eso (y por otras razones) y aunque se recuerde su nombre, se conoce poco su toreo.

Tenemos por ello la obligación (ética) de rescatar a Chicuelo. De recuperar su memoria que es parte importantísima de la memoria de la historia del toreo.

  1928-06-01 (La Fiesta Brava) Chicuelo por Terruella

Se ha escrito que los diestros que vinieron después de Chicuelo dieron las Chicuelinas con más temple o con más arrojo o, a veces, con más profundidad pero nadie, nadie (lo dijo Cossío) las dio nunca con la gracia y el salero de su inventor. Los aficionados se quejan de la proliferación o profusión de este lance que se utiliza normalmente en quites, a toro picado. Por el contrario, cuando veo un torero citando para dar chicuelinas y aunque el diestro de turno sea de Copenhague y la plaza la Maestranza (que ya hay que tener valor para hacer eso en ese sitio y lo tienen) me acuerdo del genial diestro sevillano y espero con agrado el lance que creó.

 

De Chicuelo recordamos sus famosas Chicuelinas, tan denostadas hoy por lo reiteradas, pero muy pocos recuerdan ya que el diestro de la Alameda jugó, como decíamos en la anterior entrada, un papel clave en la historia de la fiesta pues Chicuelo heredó el gusto de Joselito por el pase natural y cimentó en el toreo en redondo, que él contribuyó a definir, sus mejores faenas.

 

1916-03-14 (TyT) Gallito natural

Un gran natural de Joselito, el año 1916, cuando ya había corregido la costumbre inicial suya de ayudarse con el estoque. En la foto se ve como la mano de la espada la lleva en la espalda. Joselito estaba continuamente matizando y perfeccionando su toreo. Su evolución técnica en los años que vivió fue tremenda y sin parangón con diestros anteriores o posteriores. Otro detalle técnico muy suyo es la posición de la pierna izquierda, nada rígida sino ligeramente flexionada, lo que le acercaba más al toro. Un toro que está totalmente sometido y sigue con entrega una muleta que, eso sí, va “por arriba

 

Sin embargo, su falta de regularidad y -sobre todo- de ambición, precisamente lo que le sobraba a su maestro José, de quien fue genial continuador, han sido aprovechadas por críticos e historiadores del toreo para ocultar su figura detrás de un velo formado por una catarata de tópicos.

Hablar de Chicuelo es hablar de  arte, gracia, salero, tarro de las esencias (“El torero de la gracia” titulaba el Ruedo una serie retrospectiva dedicada al diestro. Serie que ha desempolvado Pocho Paccini Bustos en su blog “El desjarrete de Acho”). Es hablar –desde luego- de sus Chicuelinas. Pero también de miedo, abulia, indolencia, irregularidad, falta de consistencia.

Nadie o casi nadie habla de su magnífica aportación a la evolución del toreo en redondo. A la construcción del toreo moderno del que el sevillano es un eslabón genial y fundamental. “Arquitecto del toreo moderno”, lo definió Pepe Alameda.

 

  Paco Aguado

No obstante, hay algunos críticos que si nos han hablado en serio del toreo del sevillano y de su importancia en el toreo en redondo. El primero fue el ya citado Pepe Alameda. Hubo otros, de los cuales uno de los más recientes ha sido José Carlos Arévalo (quien hizo una magnífica exposición sobre el toreo en redondo en “6 Toros, 6” que está colgada en alguna página de Internet). El último pero sólo por cronología, el siempre fiable Paco Aguado (en la fotografía). De entre los no profesionales, no debemos olvidar a Juan Medina quien recordaba al torero sevillano hace un mes en su magnífico e imprescindible blog “El escalafón del aficionado”.

 

No podíamos quedarnos en esta serie sobre el toreo en redondo con la viñeta en negro que representa la ausencia de imágenes filmadas del sevillano Chicuelo. Viñeta en negro que simboliza lo que hoy se sabe o recuerda de su toreo: Nada, o casi nada.

  Columnas de la Alameda

Pocas cosas -aparte de sus chicuelinas- nos han quedado de Chicuelo, pues su memoria permanece oculta bajo un montón de topicazos. Sirva, a título de ejemplo, que el llamado “torero de la Alameda” había nacido en realidad en Triana, en la calle Betis a la vera del Guadalquivir, y vivía en la Macarena, en casa de su tío Zocato, que recogió a su familia al fallecer su padre (Que fue también torero). Chicuelo sólo iba a la Alameda de niño a jugar a los toros. En la foto las columnas de la Alameda de Hércules en Sevilla. Quien si vivía allí era Joselito el Gallo.

 

Antes de Corchaíto

Chicuelo fue torero precoz e intuitivo pero no se piense que al estilo de José sino en cierto modo al contrario. Pues, como la mayoría de los toreros de su época (continuadores en esto de los planteamientos belmontistas), en su toreo predominaba la intención estética antes que el dominio de las reses.

Chicuelo compartía (como señalaba Uno al Sesgo), con los diestros de su generación, esa preocupación estética y esa despreocupación por las condiciones de los toros. Ya que para ellos, no era el torero sino el toro quien se debía “prestar a la forma de torear de aquel”.

 

Los ases del Toreo-Chicuelo Uno al Sesgo 001

Chicuelo en la biografía que le hizo Uno al Sesgo (un crítico con buena baba, grandes conocimientos y mejor visión de futuro) para su serie “Los Ases del Toreo”. Eran los primeros años de la carrera del torero. Su biógrafo señalaba “el conocimiento de las suertes” que no de las reses como característica definidora del toreo del sevillano.

 

Lo que si heredó Chicuelo de Joselito fue el gusto por el toreo al natural en redondo pues no en balde fue admirador y continuador del maestro de Gelves, al que además seguía en la suavidad suprema con la que ejecutaba los lances (Entre paréntesis, anotemos este punto –la suavidad del toreo de Joselito- sobre el que habrá que volver necesariamente)

Tanto realce e importancia concedía el diestro sevillano a este pase natural que  gustaba –además- iniciar sus faenas directamente con la muleta en la izquierda.

 

s.f. (Ryan) Chicuelo Sevilla cite al natural 001

Chicuelo gustaba de iniciar –a veces- sus faenas citando directamente al natural con la muleta en la izquierda.Como le vemos en la plaza de Sevilla. Así comenzó también la faena a Corchaíto.

 

Y por ello, también, toreó al natural en redondo muchas veces (ya lo dijimos en la anterior entrada del blog).

Una de las más significadas y significativas de esas veces, fue la faena que hizo a Dentista de San Mateo en México.

1925-10-25 Chicuelo Dentista de San Mateo Mexico 001

Pase natural al toro Dentista de San Mateo, el 25 de octubre de 1925 en la plaza el Toreo de México. Sin comentarios.

 

1921-07-29 Chicuelo Valencia  Cardenillo (Concha y Sierra (remat 001

El pase de pecho de Chicuelo. Un pase de pecho muy coherente con su concepto tan puro del toreo de línea natural. Por eso lo daba en línea recta. Con este pase (el de la foto), Chicuelo remató una tanda de ¡siete (7) naturales ligados! al toro Cardenillo de Concha y Sierra en Valencia. Era un 21 de julio de 1921.

 

Chicuelo y Corchaíto

Como decíamos en la anterior entrada (y como dijera el crítico Gregorio Corrochano unos días después), el 24 de mayo de 1928, Chicuelo levantó con el toro Corchaíto un monumento al toreo al natural en la plaza de Madrid.

 

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Recorte de un párrafo de la crónica de Corrochano en ABC pero de la crónica de la corrida del domingo siguiente en Madrid. Corrida que no toreó Chicuelo, pero en la que don Gregorio recordaba elogiosamente al sevillano.

 

Lo más curioso es que precisamente Corrochano se había mostrado muy parco en elogios en su crónica del día de la faena a Corchaíto. El crítico de ABC no se percató entonces del alcance e importancia de lo que hizo el sevillano ya que se limitó a decir que Chicuelo “en su repertorio y estilo da el mayor rendimiento” en una faena que calificó de preciosista y –lo más fuerte- que “sólo había hecho media faena”.

Ese comentario levantó ampollas entre los aficionados y Corrochano tuvo que corregir el patinazo en la crónica siguiente. De ahí el elogio –nada desmedido por cierto- que reproducimos (¡Todo esto para que se fíe uno de los críticos de campanillas por muy prestigiosos que sean!).

Por la falta de imágenes filmadas, tendremos que contentarnos con las fotografías y con lo que dijo de él, la tarde clave de su faena al toro de Graciliano, otro crítico importante Federico M. Alcázar

 

Cuestión previa. Corchaíto

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La “M” de Matilla en un hierro mítico. El de Graciliano

Un dato interesante: Corchaíto (negro, calzón y coletero) no fue un toro de bandera sino que al contrario manseó algo en los primeros tercios. No obstante, el público hizo que las mulillas volvieran del desolladero y le dieran la vuelta al ruedo. El toro fue premiado igual que el año pasado lo fue Atrevido en la Maestranza de Sevilla, por su noble comportamiento en la muleta.

Y otro dato, la faena de Chicuelo tuvo lugar un año después de la instauración del peto en los caballos de los picadores. Quede constancia del dato para un análisis posterior del tema.

 

Graciliano Perez Tabernero Sanchón 001

El criador de Corchaíto, el ganadero salmantino Graciliano Pérez-Tabernero Sanchón (Foto de “Tierras Taurinas”).

 

La opinión de Alcázar

1922-12-27 (Mundo grafico) Federico M Alcazar

Federico M(onjavacas). Alcázar. El crítico del Imparcial

 

Y vamos ya con la faena. Tiene la palabra Federico M. Alcázar, en el Imparcial, quien (al contrario que Corrochano) si supo ver en la plaza la importancia de lo que hizo el diestro sevillano. Federico se deshace en elogios e hipérboles pero también supo contarnos con acierto y precisión la faena.

Leemos la descripción de la faena de Chicuelo a Corchaíto que el crítico calificó en el titular como “la más grande del toreo”.

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  La crónica de Federico M. Alcazar en el Imparcial, transcrita del libro el Hilo del Toreo de Pepe Alameda, ya que el ejemplar de la Biblioteca Nacional está salvajemente mutilado por un aficionado tan entusiasta como insolidario e incívico.

 

1928-05-25 El Imparcial página arrancada BNE

La página del Imparcial correspondiente a la crónica de la faena de Chicuelo del ejemplar (del día 25 de mayo) que se encuentra depositado en la Biblioteca Nacional de España. Tan mutilado como la memoria que tenemos del toreo del diestro sevillano,

 

La faena en imágenes

Chicuelo ante Corchaíto. Primeros compases. El torero como eje vertical alrededor del cual “gira” el toro y... el toreo.

Chicuelo inició su faena directamente por naturales, algo que en él no era raro como ya hemos comentado.

 

1928-05-24 (Ryan) Chicuelo con Corchaíto Natural 002

Y por naturales siguió…

 

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Aunque no podía faltar algún intermedio entre tanto pase natural. Como este pase de la firma.

 

  1928-05-24 (Ryan) Chicuelo con Corchaíto Pase por alto de costado

Pase de la firma que Chicuelo gustaba de enlazar con el pase de costadillo (Aquel que tan bien ejecutaba y tan bien supo describir, con la pluma, el torero Mario Carrión en el libro de José Luís Ramón “Todas las suertes”, cuya lectura es obligatoria para cualquier aficionado que se precie).

 

1928-05-24 (Ryan) Chicuelo con Corchaíto Pase de la firma 001

Chicuelo intercaló también, en la faena a Corchaíto, el pase de la muerte  en claro guiño al toreo de Joselito y, de rebote, homenaje al Papa Negro.

 

1928-05-24 (Ryan) Chicuelo con Corchaíto Natural 001

Pero lo importante, fueron los naturales excelsos, magníficos, ligados… Con el torero en giro de cintura para llevar el toro detrás de la cadera y enganchar un natural con el siguiente.

 

El público coreaba (y contaba) los naturales

La reacción de los espectadores frente a la propuesta de los toreros de la época (De todos, no sólo de Joselito y de Chicuelo), toreando al natural en redondo, fue tremenda y entusiasta. 

Tanto que lo normal (y es dato poco conocido) es que los espectadores coreasen los pases naturales dados en serie.

Como un grito de reconocimiento y de ánimo al torero. Como mensaje de apoyo y de complicidad con su apuesta.

Cuando Chicuelo u otro diestro toreaba con la zurda, y ligaba los pases naturales en redondo, el público de entonces contaba el número de estos que el diestro conseguía dar:

“¡Uno! ¡Dos! ¡Tres! ¡Cuatrooo! ¡Ciiiiiincoooooo!….”

 

Espectadores 02

La verdad es que puestos a contar resulta más grato contar naturales (sobre todo, si tienen la calidad de los de Joselito o Chicuelo) que contar banderillas caídas. ¿Verdad? Lo primero es disfrute de aficionado y comunión con la apuesta del torero. Lo segundo…lo segundo, no tiene ninguna “gracia” (En la foto, los buenos aficionados limeños aclamando el toreo)

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Pasó a la historia del toreo

La faena a Corchaíto es –sin asomo de duda- una de las cumbres de la historia del toreo. Finalizamos con las palabras con las que el enfervorizado crítico del Imparcial terminaba su crónica: 

Chicuelo y Corchaito (Federico M. Alcazar) 004 (2)

1928-05-24 Chicuelo y Corchaito Natural 001

Chicuelo con Corchaíto. Parecía que aquello no iba a acabar nunca. Y, de hecho, no ha acabado aún.

(Continuará…)