sábado, 15 de octubre de 2011

Luís el de la Pica. Mucho de todo.

 

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Luís de la Pica

Luís de la Pica, el flamenco del duende taciturno, el sensible, imaginativo y peculiar poeta jerezano, es uno de los interpretes flamencos más singulares de la historia de este cante.

Luís fue un personaje irrepetible.  Bohemio irredento, con un mundo muy personal. Un niño grande, según dicen los que le conocieron.

Jerez. El Prendimiento

Luís de joven, cuando formaba parte del equipo del Prendimiento, el equipo de fútbol de su barrio. Es el tercero por la izquierda, de pie.

Hacía sus propias letras. Unas letras muy interesantes que garateaba en servilletas y pequeños papelillos y que guardaba en bolsas de plástico junto a letras que le pasaban escritores y otros artistas. Todo revuelto.

Luís no hacía comercio con lo que escribía, sino que gustaba de regalar sus “letritas” a sus amigos o a quien le caía bien.

JM Manzanares Camaron Luis de la Pica

Un torero de arte, José Mari Manzanares, abraza a Camarón en presencia de Luís.

Sus dos grandes pasiones eran Terremoto en el cante y Rafael de Paula en el toreo. Cuando le presentaron a Curro Romero, quien había ido expresamente a buscarle, y al ir el diestro a estrecharle la mano, Luís le espetó a bocajarro: ¡Curro, que yo soy del Paula”. Curro, riendo, le contestó: ¡Yo, también!

Rafael de Paula

Rafael de Paula, el torero preferido de Luís el de la Pica. También era su amigo.

Luís cantaba y también bailaba. Su baile era muy “recortaíto”, con las manos “pegaítas” al cuerpo como los toreros, sin casi moverse del sitio, en una baldosa. Su cante era igual de sustancioso, con un eco que muchos han querido imitar y pocos pueden lograr. Lo que ya hemos dicho, irrepetible y personal.

No han quedado muchas grabaciones de sus cantes, pero todas tiene interés. Escuchamos una de sus bulerías más emblemáticas: Un poco de nada

 

Audiciones

 

Audición 1

Un poco de nada-Bulerías (CD-libro-2007. Grabado en directo en 1994)

Luís el de la Pica-Guitarrista: El Carbonero.

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Portada del Cd-libro, con los textos (magníficos) de Alberto Grimaldos,  editado por el Flamenco Vive. Un día hablaremos despacio de la labor que Alberto Martínez, el propietario del Flamenco Vive

está haciendo en favor del flamenco.

Los cantes de Luís de la Pica se inscriben en la mejor tradición del cante de Jerez pero al mismo tiempo se alejan de la esfera jerezana para entrar de lleno en el mundo surrealista y personal de este personaje singular. La bulería que aquí interpreta ha sido muy copiada.

Ay te quiero

pero me da miedo

y que el amor siga creciendo y creciendo

y cuando más alto esté

Venga el orgullo jugando y lo rompa sin querer

 

No siento que te vayas

lo que siento
es que te lleves
las tiritas de mis entrañas

 

Me tenía que haber muerto
que yo no haberte a ti conocido
y en pensar lo que a mí me pasa
Hasta el sueño yo lo he perdido

Hoy me he enterado yo
que le están haciendo un vestido
del color de la flor

Hasta las dos estoy llorando

cuando le ofrezco a Dios
Jazmines blancos, sueño divino
Ay tu y yo y los arcos de tu puerta

Hoy la noche se viste de corinto
y yo me visto de hombre
y tu de los besos míos

Se fue la primavera
se fue la primavera

dejando entre tus labios
besos que se queman
besos que se queman

besos que se queman

azahar y jazmines de la alameda

La tarde se pone

la tarde se pone

su túnica roja
Bordada en sangre

con hilos de sombra

Y en las azoteas
y en las azoteas

la luna triste se pone
sus velos de novia
sus velos de novia

 

Se fue la primavera

se fue la primavera

dejando entre tus labios

el sol que se quema

 

Mariposa que vuela de madrugada
Dile si la ves que me estoy muriendo
De tanto pensar


Soñaré

sueño del alba
blanco amanecer.

Mezquita y fuente
si me guiara

el fuego del clavel

Sueño de ti,

sueño de mí,

sueño de nada

A quien le contaré yo
Las fatiguitas que estoy pasando

A quien le contaré yo
Las fatiguitas que estoy pasando

Yo se lo voy a contar a la tierra
Que cuando a mi me estén enterrando

Quise a una mujer
Momentos de loco tuve
y esa mi ruinita fue

Contigo hasta el morir
Pero con tu madre no
Que ha habladito muy mal de mí

Te quiero

y me moriré queriéndote
y me moriré queriéndote

Hasta la muerte,

hasta la muerte,

hasta la muerte

Y él llega tarde

se mete en la cama
Me mira y no dice

ni media palabra

Supongo que si habla

será con la almohada
Quizás con él

soy poco de nada,

poco de nada,

poco de nada

Y él sale pronto,

me deja olvidada
En estas cuatro parecitas

que forman mi casa

Supongo que vive,

supongo que ama
Quizás con él

soy poco de nada,

poco de nada,

poco de nada

Y él pisa fuerte

yo piso descalza

el mancha la alfombra

yo limpio la mancha

supongo que piensa

que soy su criada

Quizás con él

soy poco de nada,

poco de nada,

poco de nada

 

Audición 2

A Luís de la Pica-Bulerías (CD. Universal. 2001)

Marina Heredia

Marina Heredia - Me duele me duele (frontal)

La letra feminista, contra la violencia (psicológica, en este caso) de género, de Luís de la Pica no podía dejar insensibles a las mujeres del flamenco. Ya en el año 2001, una joven Marina Heredia, granadina e hija de un gran cantaor gitano, Jaime el Parrón, homenajeaba a Luís en su primer disco (“Me duele, me duele”) -cuyos tangos sonaron mucho por aquellos días- con unas bulerías que incluían el “Un poco de nada” ya famoso de Luís el de la Pica.

Te quiero
y me moriré queriéndote
hasta la muerte.

Él llega tarde
se mete en la cama
me mira y no dice ni media palabra
supongo que si habla será con la almohada
quizás pa él soy un poco de nada

Él sale pronto
me deja olvidá
en estas cuatro parecitas que forman mi casa
supongo que vive
supongo que ama
quizás con él soy un poco de nada

Él pisa fuerte
y yo piso descalza
él mancha la alfombra
yo limpio la mancha
supongo que cree que soy su criada
quizás con él soy un poco de nada.

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Postdata:

Merece la pena visitar la tienda (real y virtual) de “El Flamenco Vive”, su dirección es la siguiente:

Conde de Lemos, 7.28013. Madrid
e-mail: elflamencovive@elflamencovive.es
www.elflamencovive.es

viernes, 14 de octubre de 2011

Cante flamenco taurino (XI) Dolores de Córdoba canta a Manolete


Manolete A hombros calle cordoba
Manolete a hombros por las calles de Córdoba
Manolete
Pocas cosas nos quedan ya que añadir en este blog a lo dicho sobre Manolete. Sólo que su muerte en la plaza demuestra que ningún torero está exento de riesgo. En ningún caso. Ni el más diestro, ni el de más relumbrón, ni el figurón del toreo.
Cúchares le decía a su hija, casada con el Tato, que se desengañara que ningún torero era como su padre (o sea, él) que decía cuando iba a torear que volvería a cenar … y volvía.
Curiosa “boutade” y, en su caso, casi verdadera. Pero no es generalizable, ya que ni siquiera Cúchares estaba exento de algún percance. Desde luego no lo estuvo su yerno, el Tato, a quien el toro Peregrino de Vicente Martínez le dio una cornada que al infectarse hizo necesaria la amputación de la pierna (“La pierna del Tato”, de la que tanto se ha escrito).
El Tato
El Tato, con enorme apostura, antes de la cornada que causó la amputación de su pierna, cuando era un torero en pleno triunfo.
Lo de Manolete resulta más dramático porque la desgracia alcanza  -en su caso- a un torero mítico ya y a punto de retirarse. Cuando lo había conseguido todo, o casi todo, en el toreo. Algo muy parecido a los que un cuarto de siglo antes le había sucedido a Joselito el Gallo.
Manolete Foto estudio
Manolete, el empaque de los grandes
Y es que da igual que el torero sea un veterano en retirada (Aparicio, Paquirri), un diestro batallador  y pundonoroso (Curro Guillén, Manuel Domínguez, Pepe Luís Vargas, Padilla) o un joven valor emergente (Granero, Lucío Sandín, Pauloba, Yiyo). Y eso sin nombrar a los banderilleros y picadores.
Sólo por azar, el torero sortea y libra la cogida. Que se lo digan, si no, a los triunfadores de la Feria de Otoño madrileña: Iván Fandiño y David Mora.
Milagro fue que salieran ilesos.
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A pesar de todo, y por suerte, no llegó la cornada en la corrida del mano a mano.

El cante de Dolores de Córdoba
Dolores de Cordoba
El verdadero nombre de esta cantaora gitana, Dolores de Córdoba quien curiosamente no es cordobesa sino de Alicante, es el de Ana Salazar Hernández. 
Dolores nació en 1932 e inició su carrera artística en Barcelona. En esa Barcelona donde el flamenco (Borrull, Poveda) y los toros (Manolete, Chamaco, Tomás) siempre han tenido un gran predicamento.
En Madrid, actuó en los tablaos más importantes recalando, finalmente, en el prestigioso Zambra tan emblemático.
Su voz es muy potente y destacable, sobre todo en fandangos y bulerías. Por este último y omnívoro palo destacan, con un compás muy especial, muy suyo (“buen y disciplinado ritmo” dice Augusto Butler), sus interpretaciones de las rancheras mexicanas que Dolores mete por bulerías. 
Según Juan de la Plata, “cruje los huesos” cantando por fandangos. Quien añade que su cante “araña, duele, pellizca…”. A mí personalmente, me gustan mucho los remates con los que acaba sus cantes, que me parecen muy personales.
La última referencia de esta cantaora me la da Luís Soler quien me comenta que no sabe nada de ella desde 1999. Parece que en esa época –según Chaquetón- ya no se encontraba bien.
Audiciones

 

Córdoba dormía-Bulerías (EP 1967)

Dolores de Córdoba-Guitarra:Félix de Utrera-Paco de Antequera

 

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Dolores hace aquí una recreación de la copla que, con letra de Rafael de León y música del maestro Quiroga, interpretaba Concha Piquer.

 Dolores adapta y modifica la letra de las dos primeras estrofas para hacer referencia al gran torero de Córdoba Manuel Rodríguez “Manolete”.

Ay, Manolete del alma

donde te has ido

yo sé que no estás muerto

que estás dormido

 

No te dispiertes

que un torito cobarde

te dará la muerte

 

Y cuando de noche

Córdoba dormía

era como un llanto

la fuente del Potro

 

El pintor decía:

Ay, mi niña Piconera

mi Piconera chiquita

Que esta carita de cielo

que a mí el sentío me quita

 

Y voy pintando, pintando

al laíto del brasero

Y a la vez me estoy quemando

de lo mucho que te quiero

 

¡Válgame Dios Rafael

tener el agua tan cerca

y no poderla beber!

 

Córdoba dormía-Alegrías (Columbia ECGE 71206-EP 1959)

Pepe Pinto-Guitarra: Niña Ricardo

 

Frontal

Portada de uno de los recopilatorios de Columbia (LP-1971) que incluían este cante

 

Escuchamos también la versión que –ahora por alegrías de Cádiz y de Córdoba y ya sin referencias taurinas- hace Pepe Pinto quien como era habitual en él, mezcla cante con recitados. Lo hace con la letra habitual y con una versión más asequible al público de la época. Más light.

[Recitado]

El pintor la respetaba

lo mismo que algo sagrao

y su pasión le ocultaba

porque era un hombre casao.



Ella lo camelaba con alma y vía

hechisá por la magia de su paleta

y al igual que una llama se consumía

en aquella locura negra y secreta.



[Cante]

Y cuando de noche Córdoba dormía...

y era como un llanto la fuente del Potro,

el pintor decía:

¡Ay, chiquita piconera,

mi piconera chiquita!



Esa carita de cera

a mí el sentío me quita.

Te voy pintando y pintando

al laíto der brasero

y a la par me voy quemando

de lo mucho que te quiero.



¡Várgame San Rafael,

tener el agua tan cerca

y no poderla bebé!



[Recitado]

Ella rompió aquel cariño

y le dio un cambio a su vía,

y el pintor iguá que un niño

lloró al mirarla perdía.



Y cambió hasta la línea de su pintura,

y por plazas y calles lo vió la gente

deshojando la rosa de su amargura

como si en este mundo fuera un ausente.



[Recitado]

Y cuando de noche Córdoba dormía...

y era como un llanto la fuente del Potro,

el pintor gemía:

¡Ay, chiquita piconera,

mi piconera chiquita!



[Cante]

Toa mi vía yo la diera

por contemplar tu carita.

Mira si yo a tí te quiero

que sigo y sigo esperando

ar laíto der brasero

para seguirte pintando.



¡Várgame la Soleá,

haber querío orvidarte

y no poderte orviá!
La chiquita piconera JRdeT
La chiquita piconera de Julio Romero de Torres

lunes, 10 de octubre de 2011

La dureza del toreo (V) El señor Manuel Domínguez

 

1884-05-19 La lidia Manuel Dominguez (Detalle retrato)

El señor Manuel Domínguez, torero valiente como indica la orla (Detalle de una lámina de la Lidia)

Introducción

Una cosa es escribir sobre los aspectos trágicos de la fiesta cuando se trata de diestros del pasado y otra muy distinta cuando son contemporáneos nuestros. Toreros a los que hemos visto innumerables veces en la plaza y cuyas trayectorias taurinas se entrecruzan con nuestras vidas.

Que el toreo es de una dureza infinita lo hemos repetido muchas veces en este blog. Pero no es lo mismo contar las desgracias de Curro Guillén, Desperdicios o Pepe-Hillo, que sólo conocemos a través de las láminas de las viejas revistas taurinas, que hablar de Manolete o Pepín Martin Vázquez cuyos avatares ya nos llegaron directamente por boca de aficionados que los vieron torear. Y ya puestos, cuando se trata de toreros a los que nosotros hemos visto o conocido, todo se vuelve mucho más tremendo. Mucho más trágico y mucho más brutal.

Paquirri, Yiyo, Pepe Luís Vargas, José Antonio Campuzano, Lucío Sandín, Luís de Pauloba, Julio Aparicio, José Tomás no son nombres e imágenes borrosas de las colecciones de la Lidia o el Ruedo sino gente de carne y hueso, contemporáneos nuestros.

La cornada sufrida hace un par de días por Juan José Padilla tiene la gravedad de las citadas. Por eso, ahora la que procede es desearle a este torero toda la suerte del mundo. La misma suerte que no tuvo en Zaragoza donde un accidente terrible, aunque asumido en su profesión (como reconocía su compañero de terna Iván Fandiño), se convertía en una de las cogidas más impresionantes de la historia del toreo. Equiparable a las de Granero, Manuel Domínguez Desperdicios o Julio Aparicio. Esté último recuperado como persona, igual que deseamos ocurra en el caso de Padilla.

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Padilla trastabilla al poner un par de banderillas. El toro de Ana Romero le clava el pitón izquierdo en la cara del torero y se la destroza.

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¡No veo, no veo! Exclamaba el torero mientras le retiraban a la enfermería.

Estamos bajo el impacto de la acaecido pero lo ocurrido debe invitarnos a la reflexión. Creo que nos hemos acostumbrado a quitar importancia a lo que hacen los toreros en la plaza lo que –en mi opinión- no es de recibo dado el riesgo que corren.

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Miguel Abellán, muy digno y profesional pero entre lágrimas, mató al toro que había cogido a Padilla.

Bien está la crítica -todo lo dura que se quiera- siempre que esté fundamentada. Pero hablamos de la verdad y la mentira de los toreros (y me incluyo) con suma ligereza. Muchas veces con desconocimiento de los mecanismos internos del toreo que son muy complejos y difíciles de apreciar desde el tendido.

La única verdad del toreo es que quien muere en la plaza es el torero. No muere el público, ni el empresario, ni el ganadero, ni siquiera el apoderado. Sin embargo, todo el mundo se cree con derecho a decir lo que es verdad y lo que no. Como decía  Luís Miguel Dominguín en frase tremenda, por la tremenda verdad que encierra, que ya trajimos a este blog y que me parece oportuno reproducir ahora:

“El toro se muere siempre y el torero de vez en cuando, pero al que le toca se muere de verdad y esta sí que es una verdad irrebatible”.

La verdad del toreo, hoy por hoy, está en Zaragoza en la lucha que Juan José Padilla libra con el “toro” de más difícil lidia de toda su vida.

¡Suerte, torero!

Juan José Padilla (Foto de Esteban Abión)

 

Un antecedente: La historia del señor Manuel Domínguez

Manuel Dominguez Carretera (Historia del toreo-Nestor Lujan) 001

Manuel Domínguez (De la Historia del Toreo de Néstor Luján)

Una cogida similar -en cierto modo- a la de Juan José Padilla fue la que sufrió en 1857 el bravo torero sevillano (de Gelves, para más señas, como Joselito el Gallo) Manuel Domínguez “Desperdicios”.

El apodo de “Desperdicios” le venía de su época de alumno en la Escuela preservadora de Tauromaquia de Sevilla, donde parece que su maestro Pedro Romero dijo de él, en frase que se hizo famosa, que “este muchacho no tiene desperdicio”.

Su historia es pura novela del siglo XIX. Fue banderillero en la cuadrilla de Juan León, el discípulo de Curro Guillén y le dieron la alternativa anticipadamente para que pudiera torear en Montevideo a donde marchó hacia 1836.

Llegados a Uruguay y cuando llevaban toreadas 15 corridas (le acompañaba entre otros el picador Carlos Puerto) estalló en aquel país la Guerra Civil en la que participó Domínguez quien finalmente recaló en Buenos Aires en época muy complicada para alguien de nacionalidad española por lo reciente de la independencia de aquel país.

Fue capataz de gauchos y mayoral de negrada y su fama de valiente más allá de cualquier medida le granjeó sino el respeto si el temor de los que tuvo a su mando.

1884-05-19 La lidia Manuel Dominguez (Detalle capataz de negrada)

Domínguez de mayoral de negrada en Sudamérica (Detalle de lámina de la Lidia)

Domínguez regresa a España

Diecisiete años después, en 1852, volvía a España pero su forma de torear resultaba ya algo desfasada por la evolución que el toreo había experimentado en las manos de Paquiro y Cúchares.

1860-00-00 ca. Dominguez Laurent

Domínguez se fuma un buen puro en esta tarjeta de visita con fotografía de Laurent fechada en 1860 pero que, indudablemente, es anterior a 1857.

No obstante, y aunque era torero de más valor que arte y poco ágil (no andaba sobrado de facultades físicas), su estilo seco y parado y, sobre todo, su forma de recibir los toros causaron sensación, por lo que se formó partido a su favor

1884-05-19 La lidia Manuel Dominguez (Detalle estocada recibiendo)

El Señor Manuel Domínguez recibiendo a un toro (Detalle de lámina de la Lidia)

Restauró (si no inventó) el farol. Además gustaba del toreo de rodillas, en lo que también fue iniciador.

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Un desplante de rodillas de Manuel Domínguez (Detalle de una lámina de la Lidia)

Un pase de su invención con la muleta (El redondo por delante o pase de Domínguez le llamó Aurelio Ramírez Bernal) fue una especie de natural dado con ayuda del estoque que remataba con un pase de pecho sin solución de continuidad. Con el capote cambió  la posición de frente por la de perfil. Innovación de enorme calado, según Cossío y que sancionaría años después la Tauromaquia de Guerrita 

Manuel Dominguez Cossio Foto estudio capote de seda

Llama la atención el modo de coger los capotes (en este caso de seda) del torero de Gelves y eso que éste no destacó por su elegancia.

Manuel Dominguez capeando al natural (Anales del Toreo) 001

En esa época, los dibujantes y pintores empiezan a utilizar la fotografía en su trabajo. Este grabado de Aramburu que se incluye en la obra los Anales del toreo de Velázquez y Sánchez está sacado directamente de la anterior fotografía.

 

La cornada del Puerto

Sus actuaciones se desarrollaban con desigual fortuna, cuando Domínguez fue anunciado en el Puerto de Santa María el 1 de junio de 1857, en un mano a mano con el Tato (el yerno de Cúchares).

Toreando de muleta al toro Barrabás de Concha y Sierra, y después de 2 ó 3 pases le entró al volapié (o aguantando según el propio diestro). El toro se le escupió por lo que el pinchazo le alcanzó en las costillas y al sentirlo se revolvió y cogió al torero enganchándole por la chaquetilla y derribándole. Domínguez se agarró a los pitones y en dos derrotes le dio el burel una cornada en la mandíbula inferior y otra en el ojo derecho que le vació en el acto.

1886-08-00 La Lidia Cogida de Manuel Dominguez (Detalle) 001

El toro de Concha y Sierra (Barrabás de nombre) le dio primero una cornada en la mandíbula.

El astado estuvo entablerado, durante unos siete minutos, en la puerta de la enfermería (la plaza entonces no tenía callejón) por lo que el torero no pudo ser asistido hasta que el toro abandonó la plaza al abrirle la puerta de toriles y después de otra estocada corta del Tato.

Domínguez aguantó impávido y de pie, desangrándose, hasta que pudo entrar en la enfermería y ser asistido. Se temió por su vida y parece (aquí entramos en la nebulosa de la leyenda) que la cura se la hizo él mismo, taponando con estraza las heridas. Al día siguiente, el médico que esperaba encontrarle muerto le halló bastante recuperado

Lo asombroso del caso (que esperemos se repita con Padilla) fue su rápida mejoría ya que muy pronto, a los 90 días, volvía a torear en Málaga, con más fortuna de la previsible, sendos toros de la misma ganadería causante de la cogida, Concha y Sierra.

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1866-09-30 Cartel Sevilla Dominguez (Detalle 2) 001

Lo de torear ganado de Concha y Sierra no fue sólo alarde de su reaparición, como se puede comprobar en esta cartel de una corrida de toros en Sevilla en 1866, nueve años después de su fatídica cogida, donde también se enfrentaba a reses de esta ganadería e acompañaba el infortunado José Ponce (Cartel y detalle)

Toreros que habían pasado por ese trance, como el peón Capita, conocedores de lo complicado de ejecutar las suertes con la visión de un sólo ojo, no salían de su asombro. Capita recordaba que él había andado dos años sin acabar de acostumbrarse a la pérdida del ojo, trastabillando y equivocando las distancias con los toros.

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El señor Manuel Domínguez en grabado que figura en los Anales del Toreo

Pero lo mejor es que su carrera taurino prosiguió con mucha dignidad y llegó a sostener competencia con el Tato en Sevilla. Su decadencia se inició poco después pero por una úlcera en el tobillo de una de sus piernas.  

En Madrid toreó por última vez en 1871 con Frascuelo y Currito (el hijo de Cúchares). Aunque siguió toreando por el resto de España hasta finales de la década del 70 cada vez se espaciaban más sus contratos.

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Salmanquino (Toros en Málaga-Fco Ortiz Mejias) 001

A mediados de la década del 70 seguían contratando a Domínguez para corridas de postín. El fue quien, el 11 de junio de 1876 (con 60 años), inauguró la nueva plaza de Málaga con El Gordito y Lagartijo. Por antigüedad correspondió a Domínguez matar al primero de la tarde “Salamanquino” de Murube (que aparece en la fotografía).

Su concepto del toreo se había quizás quedado anticuado para la época que vivió. Un día, al llegar a un toro con la muleta como lo viese igualado le entró a recibir sin un sólo pase. Otro día, al entablerársele un toro en Sevilla también durante la faena de muleta, dejo esta, cogió un capote y le sacó de querencia. En ambos caso fue objeto de las críticas de la mayoría.

Retirado, y sin muchos recursos pero no pobre, era muy respetado en Sevilla donde falleció en 1886 y donde críticos y aficionados le consultaban variopintas cuestiones al ser quien mantenía la tradición de los grandes maestros de principios de aquel siglo.   

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Ya cuando toreaba las lecciones de Domínguez se recibían como agrado. Tal y como merecía la opinión y criterio de un torero inteligente en la brega (Detalle de lámina de la Lidia “Una lección de Domínguez”).

Todo su biografía le concede un lugar de importancia en la Historia del Toreo pero lo más destacable fue sin duda su personalidad y su azarosa vida. Y, sobre todo, su capacidad de sobreponerse a la adversidad y conseguir lo que otros no pudieron.

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 Domínguez con look de torero antiguo (La foto fechada hacia 1855 es posterior a 1857)

miércoles, 5 de octubre de 2011

La Plaza de Madrid apuesta por la épica

 

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Iván Fandiño fue cogido el sábado en Madrid por el quinto toro de la tarde al que recetó una sensacional estocada igual que al primero. ¡Ha resucitado Mazzantini!

La foto –magnífica- es de Juan Pelegrín (Blog -de fotos- de Manón)

 

El debate del futuro de la fiesta. De Sevilla a Barcelona.

Si hay algo que nadie podrá negar es que el año que finaliza ha sido, probablemente y por muchos motivos, una de los temporadas claves de la Historia del Toreo. Y no lo digo sólo por los acontecimientos  de orden estrictamente taurino acaecidos este año, sino porque -en mi opinión- ahora es cuando se está empezando a dilucidar el futuro de la Fiesta.

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A porta gayola recibió David Mora a su primer toro. Su toreo de capa tiene enjundia. La larga cambiada es de libro, A la verónica, Mora mece muy bien el capote.

 

La buena noticia fue la reaparición a finales de julio del diestro José Tomás. Pocos toreros en la historia se han recuperado después de una cornada del calibre de la sufrida por el diestro de Galapagar (tremendamente castigado por los toros) y desde luego muy pocos lo han hecho con la solvencia y contundencia con la que ha vuelto el torero de Galapagar quien ha estado por encima -muy por encima- de todos sus toros.

Más complejo se presenta el tema del porvenir de nuestra fiesta. No por falta de toreros. Al contrario, vamos sobrados de buenos y excelentes, sino porque en España y en algún país sudamericano se han empezado ya a cuestionar la ética de las corridas de toros. Y cuidado que el debate de fondo no ha hecho más que empezar pues las prohibiciones actuales han tenido, en realidad, más trasfondo político que taurino.

Pero debajo de esas posiciones partidistas subyace un problema y una cuestión de mayor calado que es la licitud ética del trato que se da al toro en la plaza. Cuestión esta que aleja de la fiesta a muchos jóvenes.

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Fandiño en el sobrero de Lozano Hermanos, ganando el pitón contrario muy enfrontilado con el toro.

 

Barcelona prohíbe la fiesta

Intereses partidistas fueron, sin embargo, la causa del acontecimiento del año. Algo que muy pocos creían probable: La prohibición de la fiesta de toros en la Comunidad Autónoma Catalana.

La respuesta a la prohibición fue contundente y el fin de semana de las fiestas de la Merced se congregó en Barcelona una selecta y nutrida representación de la gran familia del toreo que reivindicó a voz en grito el derecho a la Libertad, negado por una deleznable, miope e interesada clase política catalana.

Pero si Barcelona ha abierto el debate del futuro de la fiesta y lo ha puesto sobre la mesa, lo importante son las respuestas que a esta complicada situación puedan presentar profesionales y aficionados. Urge plantear alternativas viables.

 

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El toro va con la cara muy alta (no humillaba). El torero (David Mora) le presenta la muleta a media altura y carga el peso del cuerpo en la pierna de salida que –correctamente- no avanza, sino que profundiza e intenta alargar el pase. 

 

Sevilla se apunta a la estética

Y en ese sentido, la primera respuesta válida, la dio Sevilla por su feria de abril, indultando un nobilísimo toro de Núñez del Cuvillo al que hizo un sensacional trasteo José María Manzanares.

Sevilla apostaba, por tanto, por la evolución de la fiesta en la línea del toreo artístico que abriera hace ya casi un siglo Juan Belmonte.

El toro que preconizaba Juan Pedro Domecq y el toreo como expresión de un sentimiento estético son las apuestas de futuro que hizo la afición sevillana

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El toro humilla y el torero (Fandiño) lleva la muleta por abajo. La cabeza del toro está pasando la altura del cuerpo del torero. A partir de ese momento el brazo irá hacia atrás para rematar el pase hacia dentro.

 

Madrid apuesta por la épica

Y en ese debate, entre la negación del presente (que representa Barcelona) y la propuesta de futuro (que significa Sevilla), teníamos mucho interés en saber lo que proponía Madrid. Cual era la propuesta de esa afición. Tema capital por la importancia de la plaza y por la repercusión que los criterios de sus aficionados y periodistas tienen en el resto de España.

Ha habido que esperar a la Feria de Otoño (San Isidro y el Aniversario carecieron de fuste) pero la respuesta de Madrid al debate planteado no ha podido ser más clara ni más contundente.

 

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Los toreros apretaron mucho en quites. Tanto, que Mora fue cogido en ese tercio por el sobrero de Lozano Hermanos.

Fue en la corrida del sábado pasado cuando se dieron los parámetros de lo que quiere y gusta en esta plaza: Toreros emergentes y con mucho valor enfrentados a toros difíciles y fieros que alzaprimen el mérito del triunfo.

La actuación de Iván Fandiño y David Mora ante los muy complicados toros de Gavira fue una de esas tardes que nunca podremos olvidar. La tremenda decisión, la enorme raza y el infinito arrojo  que mostraron estos dos grandísimos toreros fueron las bazas usadas para presentar credenciales, pegar un tremendo aldabonazo en la puerta e intentar abrirse hueco en la ya muy copada primera fila del toreo actual.

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Tremendas manoletinas de Fandiño al quinto

Actuación heroica y tarde épica la de estos dos diestros, Iván Fandiño y David Mora, que además nos permitió ver (¡Gracias, toreros!) lo que ya no se suele ver en la fiesta de hoy: la importancia de un tercio de quites, la emoción de la suerte de matar, el valor en estado químicamente puro…

Faltó el tercio de varas, pero ya he dicho que los toros no acompañaron pues mansearon y se limitaron a presentar complicaciones y hacer muy difícil estar en la plaza. Pero, en resumen, en Madrid el sábado se vivió la emoción de la fiesta en estado puro. En su faceta épica llevada al límite.

 

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El muy emotivo momento de la estocada al quinto de la tarde. Mazzantini (Perdón, Fandiño) embrocado en el momento de clavar el estoque. El toro le levantó por los aires y murió cuando el torero se levantaba auxiliado por los peones.

 

Conclusiones

Veo difícil (muy difícil) exportar y generalizar la propuesta madrileña al resto del orbe taurino. Al día a día de la fiesta. Tanta intensidad creo que ni la aguantarían los toreros ni la soportarían todos los días los públicos de hoy.

Tampoco creo que  ahí esté la solución de los males actuales del toreo, pues este camina inexorablemente por otros derroteros más acordes con la sensibilidad de los públicos actuales. Bien está y así son las cosas.

Sin embargo, creo que no debemos echar en saco roto la propuesta madrileña.  En la emoción del toro fiero y el toreo lucha está el origen de este espectáculo que nos apasiona, algo que nunca deberíamos olvidar y que debemos, por todos los medios y de algún modo, preservar.

 

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El último (un marrajo) se cebó con David Mora y le levantó los pies del suelo varias veces. El torero ni se inmutó. Lo mató de un estoconazo como se ve en la foto.

La propuesta madrileña no parece viable generalizarla por cuanto supone la vuelta a un pasado imposible y quizás mitificado pero cualquier opción de reforma del toreo que se plantee (del tipo que sea) tiene que mantener su dosis de épica tan necesaria en este rito. Ahí está el ejemplo de José Tomás y el interés de los públicos y aficionados por las propuestas heroicas de este torero.

Bienvenido sea el futuro, aunque nos traiga un toreo y una fiesta de toros muy distinta a la que conocimos y conocemos. Pero deseemos (y procuremos) que venga adobada con su dosis imprescindible de emoción. De aquella emoción que nace del valor desmedido del torero que va más allá de la lógica y la razón.

Creo que está en nuestras manos conseguirlo.

 

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¡La épica del toreo!

Fotos: Juan Pelegrín (Las Ventas), Burladero.com y Aplausos