Por Juan Antonio Polo
Espléndido natural de Pepe Luis Vázquez con el compás ligeramente abierto pero sin adelantar la pierna de salida. Cargando la suerte con los brazos (no con las piernas) lo que es lo ortodoxo, lo clásico y lo más puro en el toreo de muleta. El concepto del lance es plenamente Manoletista aunque la estética sea muy otra.
Introducción por Jose Morente
Cuando corría el verano de 1986, un servidor era ya un aficionado irredento a los toros y, aunque todavía joven, llevaba ya vistas (desde más de quince años antes) unas cuantas corridas, sobre todo y especialmente, en la madrileña plaza de las Ventas pues, no en balde, estudiaba entonces en Madrid.
Era lo que se dice un aficionado madrileño. Con todos los pros y todos los contras que tiene serlo. Para mí, más pros que contras. Aunque eso sí, mi afición era entonces, más leída que vivida pues mis conocimientos se basaban en los clásicos lugares comunes con los que me creía capaz de enjuiciar (siempre con mucha dureza y con mucha suficiencia) a toros y toreros. Lo dicho, un clásico aficionado madrileño. Estoy seguro que algún día (con toda razón) tendré que rendir cuentas por ello. Estoy dispuesto a asumir la penitencia que me corresponda.
Y es que, lo mío no tiene disculpa alguna. Podría echar la culpa a mis maestros, aquellos escritores taurinos que repetían una y otra vez hasta la saciedad los mismos tópicos. Pero sería engañarme a mi mismo porque por la misma época otros escritores taurinos a los que yo no leía decían cosas muy distintas. Mucho más sensatas y reales.
Uno de ellos era Juan Antonio Polo, el autor del espléndido apéndice a la espléndida Historia del Toreo de Néstor Luján, sagaz y atinado en todos sus comentarios.
Sobre uno de esos tópicos, el tan manido “cargar la suerte” que aún hoy colea (¿hasta cuando?), escribía Juan Antonio, en ese verano de 1986, un magnífico texto que fue publicado primero en la Revista del Club Taurino de Navarra, y luego, en Toros’92. Texto que ahora rescatamos.
Lástima no haberle leído entonces pues no hubiera perdido tantos años creyendo en teorías sin sentido. Pero también es posible que, aunque lo hubiese leído, no le hubiese echado cuentas, tal es la sinrazón y el empecinamiento del “buen” aficionado a los toros. En realidad el problema de este país es que las formas pueden más que el fondo y los mensajes y las teorías apocalípticos y radicales tienen aquí más predicamento que las exposiciones razonadas y razonables. ¡Así nos va!
Una exposición razonada y razonable es la de este, todavía actual, ensayo de Juan Antonio Polo, que la Razón Incorpórea recupera hoy, un cuarto de siglo después de escrito. Merece la pena leerlo. Yo lo he hecho con fruición.
CARGAR LA SUERTE por Juan Antonio Polo
(Barcelona, abril de 1986. Publicado en la Revista del Club Taurino de Navarra (nº 7, junio 1986 y, con Introducción y sin notas, en la revista Toros’92 en 1989).
Con frecuencia se ha dicho y se viene diciendo que los tres principios básicos sobre los que se sustenta el toreo, parar, templar y mandar, se complementaron a partir de Juan Belmonte con un nuevo requisito: cargar. El propio Domingo Ortega, abundando en ello, afirmaba que:
"posiblemente, si la palabra cargar hubiese ido unida a las otras tres desde el momento en que nacieron como normas, no se hubiese desviado tanto el toreo" (1).
Domingo Ortega en Madrid el 8 de octubre de 1943, torea al natural. “Quieta la planta, [con] suavidad y armonía en los brazos” según el acertado comentario de Antonio Santainés. El de Borox está aquí cargando la suerte con los brazos y no con las piernas, cuyo compás mantiene prácticamente cerrado. Y es que está claro que una cosa es predicar y otra dar trigo (Fotografía de Santos Yubero).
Dejando al margen esta última afirmación, enraizada en la eterna disyuntiva de si hoy se torea mejor o peor que antes, estimamos errónea esta posposición en el tiempo de la acción de cargar la suerte respecto de los conceptos clásicos de parar, templar y mandar.
Basta echar una ojeada a las Tauromaquias de Pepe-Hillo y de Montes, publicadas en 1796 y 1836, respectivamente, para observar como en la descripción de las distintas suertes se señala con toda clase de detalles el momento en que la misma se carga o se tiende, es decir, el instante en que se desvía la trayectoria del toro, mientras se omite cualquier referencia a los conceptos parar y templar; en cuanto al primero, porque los toreros de la época –salvo en la suerte de recibir– prácticamente no se paraban con los toros, y en cuanto al segundo, porque el temple era un matiz del toreo totalmente desconocido en aquel entonces.
Los toreros antiguos prácticamente no paraban con los toros, salvo en la suerte de recibir (Lámina X de la Colección de Carnicero 1790)
Ocurre que la circunstancia de que, en el toreo moderno, se acostumbre a abrir el compás, adelantando la pierna contraria en el momento en que el toro llega a la jurisdicción del torero, o sea, precisamente en el instante en que las primeras preceptivas sitúan la acción de cargar la suerte, ha llevado a confundir dicha acción con la de echar la pata 'alante, cuando este hecho –la pata alante– no es sino un complemento de aquella acción, conveniente, en tanto permite dar profundidad y longitud al muletazo o al lance, pero no necesario, en cuanto en modo alguno es imprescindible adelantar la pierna para "indicarle al toro el camino y obligarle a seguir ese camino", que así es como define Corrochano la acción de cargar la suerte (2).
La “pata alante” permite dar profundidad y longitud al muletazo pero no es imprescindible adelantar la pierna para indicar al toro el camino a seguir (Un natural de Belmonte al toro Barbero de Concha y Sierra)
Dicha confusión tiene como consecuencia que se haya generalizado la creencia de que la suerte se carga con la pierna, al adelantarla, cuando en realidad se carga con los brazos y la cintura al cambiar el viaje del toro y alejarlo del terreno del torero. Así se desprende de la definición de Pepe-Hillo, para quien
"cargar la suerte es aquella acción que hace el diestro con la capa cuando, sin menear los piés, tuerce el cuerpo de perfil hacia afuera y alarga los brazos cuanto puede” (3)
y de la de Montes, para el que cargar la suerte:
“es el movimiento que hace el diestro en el centro de ella de bajar los brazos y meter el engaño en el terreno de afuera para echar del suyo al toro" (4)
Tratadistas posteriores, como Sánchez de Neira y Amós Salvador (5), coinciden en señalar como característico de la acción de cargar la suerte el echar fuera el toro, señalándole un terreno y una salida, sin hacer mención alguna a los movimientos de las piernas, en tanto que José Mª de Cossío, tras considerar en su monumental tratado que dicha acción es un ardid necesario para desviar al toro de su ruta, destaca el "esencial papel de los brazos para cargar la suerte" y recuerda la máxima atribuida a Pedro Romero de que "el lidiador no debe contar con sus pies, sino con sus brazos".

El pase natural clásico (ortodoxo) en el Doctrinal Taurómaco de Hache, libro que recoge la tradición de las viejas tauromaquias. El torero cita de frente con la muleta cuadrada u oblicua según las condiciones del toro (Fig. 1ª) y se perfila en el centro del pase cargando la suerte con el brazo (Fig. 2ª). Obsérvese la similitud de la posición del diestro (brazos y piernas) en ese momento con la fotografía del pase natural de Pepe Luis Vázquez que iniciaba esta entrada. (Imágenes correspondientes a la pág. 321 del Doctrinal)
Con posterioridad a la publicación de Los Toros y a propósito del toreo practicado por Gitanillo de Triana en la histórica corrida de Beneficencia de 1946, Cossío insistió nuevamente en el tema en un editorial de El Ruedo, omitiendo cualquier referencia posicional a los pies del torero y resaltando en cambio la armonía del juego "en el que la ruta desviada del toro y su acometer dinámico y brutal se conjugaba con el flexible girar de la cintura y con el adecuado moverse de los brazos" del diestro (6)

Rafael Gitanillo, en un derechazo en Madrid, el 16 de octubre de 1947 (imagen obtenido del Video de Achucharro). La suerte se carga con la cintura y los brazos aunque, en su caso, las piernas ayudan a desviar la trayectoria del toro.
"Los brazos son los que cargan, los que mandan, los que se imponen", observaba Juan León ─también en El Ruedo─, veinte años después, al plantearse en uno de sus pregones el tema que ahora nos ocupa, añadiendo que "todo en las suertes está supeditado al juego de brazos", aunque lógicamente también consentía que, “si se hace con gracia y a tiempo, el adelantar la pierna contraria da ritmo y armonía a los movimientos del torero" (7)
Resulta obvio, pues, que el cargar la suerte y el adelantar la pierna contraria son conceptos y acciones distintos, aunque no por ello incompatibles. Cierto que el adelantamiento de la pierna no sólo contribuye a dar profundidad y plasticidad al pase, sino que también propicia un mayor riesgo y una superior emoción al reducir las distancias con el astado, máxime si –cómo suele precisar el crítico catalán M. Cruz– se hace girar al toro sobre el eje de la pierna adelantada.
Pero tampoco puede olvidarse que son muchas las ocasiones en que el objetivo del echar la pierna hacia adelante no es otro que el de dar una salida más amplia y desahogada al toro, sin necesidad de tener que retroceder los cuatro o cinco pasos que consideraba necesarios el propio Paquiro para quedar en situación de repetir la suerte.
Obsérvese cómo Amós Salvador (8), autor –en opinión de Cossío– de una de las mejores teorías del toreo que se han escrito, exige que en la ejecución de 1a verónica el torero debe quedar siempre en el terreno de adentro
"con los pies juntos y quietos o sacando el pie del lado del movimiento, si el toro exige una salida más abierta".
Según Cossío, adelantar la pierna tiene por objeto dar una salida más abierta al toro o sea, expulsarle hacia afuera (En la foto, Domingo Ortega en un pase de pecho. Obsérvese que el pie derecho del torero no avanza, en rigor, hacia adelante sino hacia donde el toro tiene la salida pues de lo que se trata es de alargar el pase. Idea en la que ha profundizado el toreo contemporáneo)
La discusión puede, en su consecuencia, reducirse a términos absolutamente semánticos. Conforme a las descripciones de los tratadistas, el cargar la suerte no es otra cosa que el fundamento del toreo, la simple acción de mandar en el toro desviando con el engaño su trayectoria en el momento en que llega a la jurisdicción del torero y, como tal fundamento, es forzosamente anterior en el tiempo a los tan traídos y llevados principios de parar y templar, que no se ponían en práctica o se desconocían en los tiempos iniciales del toreo a pie.
Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que los toreros empezaran a pararse, a dar longitud a los pases, a adelantar la pierna contraria, a bajar la mano y a templar y aguantar las embestidas de los toros y ello no se produjo evidentemente de golpe y porrazo, sino en forma gradual y paulatina, aunque pueda considerarse a Juan Belmonte como frontera o divisoria entre el toreo antiguo y el actual. Fue Clarito quién dijo que si al principio nadie entendía que se pudiera torear como Belmonte, a partir de éste sólo se podía torear como lo hacía el trianero (9).
Siempre se ha considerado a Juan Belmonte como personaje capital en la evolución del toreo. Está claro que el trianero aportó muchos de los elementos con los hoy se hace el toreo, fundamentalmente, su forma de parar y aguantar los toros (En la fotografía, verónica belmontina todavía de manos muy altas. La aportación de Juan al toreo de capa fue crucial pero en la construcción de la actual faena de muleta la aportación primordial fue la de Joselito el Gallo)
Los tiempos han cambiado, pero el público actual, que no es tan lerdo como en ocasiones pudiera suponerse, asimila aquellas innovaciones que considera positivas y si, por una parte, rechaza u olvida las que entiende carecen de valor –lo que explica la caída en desuso de los pases mirando al tendido o de los saltos de la rana–, por otra acoge sin reservas todas aquéllas que redundan en beneficio de una mayor emoción o plasticidad, exigiendo que todos los toreros pisen el terreno que invadió El Cordobés en su día y que en la actualidad pisa Paco Ojeda o deseando que impriman a sus lances el empaque y la cadencia que han visto en los de Ordoñez o Rafael de Paula. El más dífícil todavía no es un tópico privativo del mundo del circo y los profesionales del toreo pueden dar fe de ello.
A Paco Ojeda siempre le ha gustado obligar al toro a seguir trayectorias imposibles (imagen obtenida de un video de Jorge Conde filmado en un tentadero el año pasado)
La evolución del toreo es patente y el aferrarse a los viejos principios y normas propiciaría una involución o retroceso que no es deseable, ni sería admitida por el público actual. La longitud y el temple que ahora se exige a los lances y muletazos obligó a abandonar el toreo de frente, tan absurdamente añorado en ocasiones, en el que es imposible prolongar la embestida del toro en la medida que gusta al público de hoy.
El cite para el toreo de frente es el cite clásico para el pase natural y tiene su aquel pero esa posición imposibilita darle al lance la longitud y recorrido que hoy se exigen al muletazo (En la foto, Manolo Vázquez citando de frente con enorme torería)
Con la posición semi-perfilada o de tres cuartos con que, en la actualidad, se cita a los toros, se retrasa el momento del embroque, se permite el verlos venir, que señalaba Juan León cómo máximo atractivo del toreo de perfil que practicaba Manolete, y se difiere, que no se suprime, el momento de cargar la suerte.
Si antes, conforme a las Tauromaquias clásicas, la suerte se cargaba tendiendo el engaño en el momento en que el toro llegaba a la jurisdicción del diestro, desviando su trayectoria hacia afuera, actualmente el torero deja llegar o se trae al toro hacia sí, cargando la suerte en el mismo centro de ella y desviando su trayectoria hacia adentro.
Ahí radica la esencial diferencia entre el toreo antiguo y moderno; en aquél, el torero respetaba siempre el terreno de su oponente; en éste, se produce siempre un intercambio total de terrenos, el torero invade el del toro –cruzándose con él– mientras lo atrae hacia sí obligándole a describir un círculo en su derredor.
El objetivo del toreo siempre ha sido el mismo: burlar la acometida del toro; antes, despegándose de él y alejándolo; ahora, ciñéndoselo. El adelantamiento de la pierna contraria, la pata alante, permite –en frase de de Corrochano– acentuar el toreo (10), así como una mayor proximidad entre el toro y el diestro, dando más emoción, más profundidad y más belleza al momento de cargar la suerte y a la suerte en conjunto, pero esta acción, el cargar o tender la suerte, cómo dicen los clásicos, se ha ejecutado siempre con los brazos y con la cintura, desde la primera vez en que un español tuvo la feliz ocurrencia de esperar a pié firme la acometida de un toro sin más defensa que la de su capotillo.

La acción de cargar la suerte (que se ha ejecutado SIEMPRE con los brazos aunque a veces, pero no siempre, con la ayuda de la pierna de salida) es la que da profundidad y emoción al muletazo (En la fotografía de la web de la empresa de la plaza de toros de Sevilla, el Juli en uno de sus tremendos naturales de la corrida del pasado Domingo de Resurrección en Sevilla)
Notas
(1) Domingo ORTEGA, El Arte del Toreo, Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 29 de marzo de 1.950. Madrid, Revista de Occidente, 1.950, pág. 18.
(2) Gregorio CORROCHANO, ¿Qué es torear? Madrid, Revista de Occidente, 1.966, pág. 219.
(3) Josef Delgado (a) ILLO, La Tauromaquia o Arte de Torear. Edición preparada por Bruno del Amo, RECORTES, copia literal de la primera, impresa en Cádiz en 1.796. Madrid, 1.946, pág. 53. La definición que aparece en la segunda edición (Madrid, 1.804), muerto ya PEPE-HILLO, difiere poco de la transcrita en el texto y el verdadero autor de la obra –José de la TIXERA– insiste en la necesidad de perfilar el cuerpo, alargar los brazos y mantener "los pies en la mayor quietud para llamar al toro y hacerle la suerte a un lado".
(4) Francisco MONTES, PAQUIRO, Tauromaquia Completa, o sea, El Arte de Torear en plaza a caballo o a pié, reproducción íntegra de la edición publicada en Madrid en 1.836. Barcelona, Ediciones Turner, 1.983, pág. 15.
(5) JOSE SANCHEZ DE NEIRA, Gran Diccionario Taurómaco, reproducción de la edición de 1.896. Madrid, Ediciones Giner, 1.985. Incluye la Teoría del Toreo de Amós SALVADOR, que escrita en 1908 no vió la luz hasta su publicación en folletones en el diario madrileño LA V0Z entrados los años treinta.
(6) José Mª de COSSIO, Los Toros, Madrid, 1.943, tomo I, pág. 917. ID. El cargar la suerte, editorial de EL RUEDO, n° 132, de 2 de enero de 1.947.
(7) Julio Fuertes, JUAN LEON, Nadie sabe nada, Pregón de Toros de EL RUEDO, n° 1.148. Madríd, 21 de junio de 1.966.
(8) Amós SALVADOR, Teoría del Toreo cit. , en Gran Diccionario cit., tomo II, pág. 1.261.
(9) César Jalón, CLARITO, Grandezas y miserias del toreo, Madrid, 1.933, pág. 28.
(10) Gregorio CORROCHANO, op. cit., pág. 220.