domingo, 5 de mayo de 2013

Cargar la suerte (II) Ayer y hoy

Por Fernando Cámara

Fernando Camara 012 (Foto Arjona)

Fernando Cámara, de novillero en Sevilla, en un ayudado por bajo cargando la suerte. Pero no porque tenga adelantada la pierna de salida sino porque “cargatodo el peso del cuerpo sobre la misma, lo que no impide que quiebre la cintura en barroca expresión. Fernando ha sido uno de los mejores cultivadores del toreo por bajo de los últimos años (Foto: Arjona)

Nota de LRI:

En la anterior entrada de este blog, Juan Antonio Polo nos devolvía el sentido primigenio de lo que significa “cargar la suerte”, concepto controvertido pues aun cuando dicha expresión se utiliza desde los albores del toreo su significado ha ido cambiando con el paso de los tiempos.

Así mientras, durante todo el siglo XIX, la suerte se cargaba con los brazos (quedando las piernas relegadas al mero papel de apoyo), hoy se identifica la cargazón con el acto de adelantar la pierna de salida. De forma más precisa, adelantarla en el preciso momento en que se arranca el toro. No antes.

Sin embargo, ni así se torea hoy ni, estoy por decir, se ha toreado así nunca (o casi nunca). Ni siquiera aquellos toreros que han defendido el acto de adelantar la pierna (la “pata ‘alante”) como piedra angular del toreo puro (Y a las pruebas cinematográficas me remito).

Sin embargo, lo cierto es que el concepto evoluciona y, como es lógico, incorpora matices nuevos. De estos nuevos matices, nos habla Fernando Cámara  en esta entrada. Pero no nos adelantemos sus ideas,.lo mejor es leerlas.

 

CARGAR LA SUERTE (II) AYER Y HOY por FERNANDO CÁMARA

Concepto de cargar la suerte

Cargar: agravar, embarcar, echar, acumular, etc.

Suerte: encadenamiento de sucesos, circunstancia, azar, modo de hacer algo, etc.

Cargar la suerte, en el sentido literal, es agravar una circunstancia ya de por si adversa.

 

Cargar la suerte ayer y hoy

Habría que ver que sentido le daban los ortodoxos del toreo a cargar la suerte y es obvio que, cada actor, tenía una opinión sobre lo que se consideraba cargar la suerte.

En mi opinión, cargar la suerte en nuestros tiempos no se puede comparar con el concepto antiguo, puesto que antaño cargar la suerte, ante un toro poco formal en su embestida, suerte ya de por si expuesta por los toreros, era algo heroico. Aun más cuando el toreo se realizaba de forma muy movida de piernas, precisamente por la embestida descompuesta de los toros. Por tanto el peso del cuerpo se repartía entre las dos piernas al mismo tiempo con intervalos relativamente intermitentes.

Tal vez, cargar la suerte, para los taurinos de antaño era desviar la embestida del toro y siendo así, se podía realizar tanto con las piernas como con los brazos.

Reverte. Bilbao. Sep.1897 Revista Sol y Sombra (2)

Reverte. Bilbao. Sep.1897 Revista Sol y Sombra (3)

En el toreo antiguo, según Fernando Cámara, cargar la suerte era desviar la embestida informal del toro, lo que se podía hacer tanto con los brazos como con las piernas: En cuyo caso, el peso del cuerpo se repartía entre ambas. En la fotografía de Sol y Sombra, Antonio Reverte pasando de muleta, en la plaza de Bilbao, al toro Ecijano de la Viuda de Saltillo, en septiembre de 1897, toreando con Mazzantini y Guerrita. Su faena de muleta a ese toro gustó mucho al público bilbaíno (Fotografía facilitada por Rafael Pozo Barahona).

Pero en nuestros tiempos, cargar la suerte es agravar la exposición de los toreros ante un toro y además, de forma estética.

Esto se puede entender cuando se ajusta a la embestida del toro, cuya trayectoria la marca el propio torero, puesto que cambiar dicha trayectoria es relativamente fácil. Con la muleta por delante y con un toque hacia fuera o con un fuerte bamboleo se puede cambiar la trayectoria de la embestida de un toro con relativa facilidad, lo que no sería muy ortodoxo aunque los pies permanezcan quietos, ni tendría repercusión en los tendidos por su evidencia.

Por tanto, en mi opinión, cargar la suerte es cargar el peso del cuerpo primero sobre una pierna y luego sobre la otra, desde el inicio del pase acabando en el remate o, lo que es lo mismo, acompañar la embestida del toro durante el muletazo, pasando el peso del cuerpo de una pierna a la otra, aportando al pase temple y profundidad.

023-juli

Cargar la suerte hoy, según Fernando Cámara, es cargar el peso del cuerpo primero sobre una pierna y luego sobre la otra. O, dicho de otro modo, acompañar la embestida del toro durante el muletazo. En la fotografía, el Juli, cargando la suerte al desplazar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida lo que le lleva a levantar el talón de la otra. Detalle este último que Luís Bollaín consideraba evidencia de buen toreo.

Una segunda opción

Otra forma de cargar la suerte es cuando el torero marca la trayectoria al toro y la pierna más retrasada, sin modificar el viaje del toro, modifica su posición ligeramente antes de que el toro meta la cabeza. De esta forma el torero se acerca a dicha trayectoria, ajustando el espacio entre torero y toro y obligando a que el toro pase lo más cerca posible. El peso del cuerpo del torero debe estar prácticamente todo él sobre esa pierna, tanto en el inicio como después en el remate. Así la exposición es máxima.

Antoñete Festival Nevado del Ruiz

Antoñete Festival Nevado del Ruiz 01

Antoñete Festival Nevado del Ruiz 02

Antoñete Festival Nevado del Ruiz 03

No solía Antoñete adelantar la pierna de salida cuando toreaba de muleta en redondo pues –pese a lo que decía y decían- su técnica era heredera de la de Manolete pero en el Festival Nevado de Ruiz lo hizo ostensiblemente en algunos pases de inicio de las tandas.

Tentar la suerte

Esto difiere mucho a lo que exponían los antiguos, puesto que, con los brazos, en lugar de cambiar la trayectoria de la embestida, hoy se trata de acercarla al cuerpo. De este modo, cuando el peso del torero esta bien asentado sobre una sola pierna es muy difícil poder esquivar la embestida o retirarse de la posición elegida por el torero y la exposición es máxima.

Por lo tanto, tanto el concepto antiguo como el moderno son válidos y, a su vez, existen varias formas de cargar la suerte, siempre que se ejecute de forma ética y estética y sean además aceptadas por el público más exigente.

¡Cargar la suerte! o lo que es lo mismo, tentar la suerte utilizando el asentamiento evidente del peso del propio torero sobre una pierna, concretamente la que proporciona el remate de la muleta.

Morante (Foto Eduardo Porcuna)

Con la misma técnica que el Juli, pero con otro cuerpo y otra estética, Morante de la Puebla carga la suerte en esta magnífica foto de Eduardo Porcuna. La pierna de salida no está adelantada pero el peso del cuerpo “se carga” sobre ella.

Selección y comentarios de fotografías: Jose Morente

miércoles, 1 de mayo de 2013

Cargar la suerte (I)

Por Juan Antonio Polo

Pepe Luis Vazquez Natural 001

Espléndido natural de Pepe Luis Vázquez con el compás ligeramente abierto pero sin adelantar la pierna de salida. Cargando la suerte con los brazos (no con las piernas) lo que es lo ortodoxo, lo clásico y lo más puro en el toreo de muleta. El concepto del lance es plenamente Manoletista aunque la estética sea muy otra.

 

Introducción por Jose Morente

Cuando corría el verano de 1986, un servidor era ya un aficionado irredento a los toros y, aunque todavía joven, llevaba ya vistas (desde más de quince años antes) unas cuantas corridas, sobre todo y especialmente, en la madrileña plaza de las Ventas pues, no en balde, estudiaba entonces en Madrid.

Era lo que se dice un aficionado madrileño. Con todos los pros y todos los contras que tiene serlo. Para mí, más pros que contras. Aunque eso sí, mi afición era entonces,  más leída que vivida pues mis conocimientos se basaban en los clásicos lugares comunes con los que me creía capaz de enjuiciar (siempre con mucha dureza y con mucha suficiencia) a toros y toreros. Lo dicho, un clásico aficionado madrileño. Estoy seguro que algún día (con toda razón) tendré que rendir cuentas por ello. Estoy dispuesto a asumir la penitencia que me corresponda.

Y es que, lo mío no tiene disculpa alguna. Podría echar la culpa a mis maestros, aquellos escritores taurinos que repetían una y otra vez hasta la saciedad los mismos tópicos. Pero sería engañarme a mi mismo porque por la misma época otros escritores taurinos a los que yo no leía decían cosas muy distintas. Mucho más sensatas y reales.

Uno de ellos era Juan Antonio Polo, el autor del espléndido apéndice a la espléndida Historia del Toreo de Néstor Luján, sagaz y atinado en todos sus comentarios.

Sobre uno de esos tópicos, el tan manido “cargar la suerte” que aún hoy colea (¿hasta cuando?), escribía Juan Antonio, en ese verano de 1986, un magnífico texto que fue publicado  primero en la Revista del Club Taurino de Navarra, y luego, en Toros’92. Texto que ahora rescatamos.

Lástima no haberle leído entonces pues no hubiera perdido tantos años creyendo en teorías sin sentido. Pero también es posible que, aunque lo hubiese leído, no le hubiese echado cuentas, tal es la sinrazón y el empecinamiento del “buen” aficionado a los toros. En realidad el problema de este país es que las formas pueden más que el fondo y los mensajes y las teorías apocalípticos y radicales tienen aquí más predicamento que las exposiciones razonadas y razonables. ¡Así nos va!

Una exposición razonada y razonable es la de este, todavía actual, ensayo de Juan Antonio Polo, que la Razón Incorpórea recupera hoy, un cuarto de siglo después de escrito. Merece la pena leerlo. Yo lo he hecho con fruición.

 

CARGAR LA SUERTE por Juan Antonio Polo

(Barcelona, abril de 1986. Publicado en la Revista del Club Taurino de Navarra (nº 7, junio 1986 y, con Introducción y sin notas, en la revista Toros’92 en 1989).

Con frecuencia se ha dicho y se viene diciendo que los tres principios básicos sobre los que se sustenta el toreo, parar, templar y mandar, se complementaron a partir de Juan Belmonte con un nuevo requisito: cargar. El propio Domingo Ortega, abundando en ello, afirmaba que:

"posiblemente, si la palabra cargar hubiese ido unida a las otras tres desde el momen­to en que nacieron como normas, no se hubiese desviado tanto el toreo" (1).

1943-10-8 Madrid Domingo ortega natural 001

Domingo Ortega en Madrid el 8 de octubre de 1943, torea al natural. “Quieta la planta, [con] suavidad y armonía en los brazos” según el acertado comentario de Antonio Santainés. El de Borox está aquí cargando la suerte con los brazos y no con las piernas, cuyo compás mantiene prácticamente cerrado. Y es que está claro que una cosa es predicar y otra dar trigo (Fotografía de Santos Yubero).

Dejando al margen esta última afirmación, enraizada en la eterna disyuntiva de si hoy se torea mejor o peor que antes, estimamos errónea esta posposición en el tiempo de la acción de cargar la suerte respecto de los conceptos clásicos de parar, templar y mandar.

Basta echar una ojeada a las Tauromaquias de Pepe-Hillo y de Montes, publicadas en 1796 y 1836, respectivamente, para observar como en la descripción de las distintas suertes se señala con toda clase de detalles el momento en que la misma se carga o se tiende, es decir, el instante en que se desvía la trayectoria del toro, mientras se omite cualquier referencia a los conceptos parar y templar; en cuanto al primero, porque los toreros de la época –salvo en la suerte de recibir– prácticamente no se paraban con los toros, y en cuanto al segundo, porque el temple era un matiz del toreo totalmente desconocido en aquel entonces.

Lám. X Suerte de recibir

Los toreros antiguos prácticamente no paraban con los toros, salvo en la suerte de recibir (Lámina X de la Colección de Carnicero 1790)

Ocurre que la circunstancia de que, en el toreo moderno, se acostumbre a abrir el compás, adelantando la pierna contraria en el momento en que el toro llega a la jurisdicción del torero, o sea, precisamente en el instante en que las primeras preceptivas sitúan la acción de cargar la suerte, ha llevado a confundir dicha acción con la de echar la pata 'alante, cuando este hecho –la pata alante– no es sino un complemento de aquella acción, conveniente, en tanto permite dar profundidad y longitud al muletazo o al lance, pero no necesario, en cuanto en modo alguno es imprescindible adelantar la pierna para "indicarle al toro el camino y obligarle a seguir ese camino", que así es como define Corrochano la acción de cargar la suerte (2).

Belmonte natural 003

La “pata alante” permite dar profundidad y longitud al muletazo pero no es imprescindible adelantar la pierna para indicar al toro el camino a seguir (Un natural de Belmonte al toro Barbero de Concha y Sierra)

Dicha confusión tiene como consecuencia que se haya generalizado la creencia de que la suerte se carga con la pierna, al adelantarla, cuando en realidad se carga con los brazos y la cintura al cambiar el viaje del toro y alejarlo del terreno del torero. Así se desprende de la definición de Pepe-Hillo, para quien

"cargar la suerte es aquella acción que hace el diestro con la capa cuando, sin menear los piés, tuerce el cuerpo de perfil hacia afuera y alarga los brazos cuanto puede” (3)

y de la de Montes, para el que cargar la suerte:

“es el movimiento que hace el diestro en el centro de ella de bajar los brazos y meter el engaño en el terreno de afuera para echar del suyo al toro" (4)

Tratadistas posteriores, como Sánchez de Neira y Amós Salvador (5), coinciden en señalar como característico de la acción de cargar la suerte el echar fuera el toro, señalándole un terreno y una salida, sin hacer mención alguna a los movimientos de las piernas, en tanto que José Mª de Cossío, tras considerar en su monumental tratado que dicha acción es un ardid necesario para desviar al toro de su ruta, destaca el "esencial papel de los brazos para cargar la suerte" y recuerda la máxima atribuida a Pedro Romero de que "el lidiador no debe contar con sus pies, sino con sus brazos".

pag 321 Fig 1 - copia

pag 321 Fig 2

El pase natural clásico (ortodoxo) en el Doctrinal Taurómaco de Hache, libro que recoge la tradición de las viejas tauromaquias. El torero cita de frente con la muleta cuadrada u oblicua según las condiciones del toro (Fig. 1ª) y se perfila en el centro del pase cargando la suerte con el brazo (Fig. 2ª). Obsérvese la similitud de la posición del diestro (brazos y piernas) en ese momento con la fotografía del pase natural de Pepe Luis Vázquez que iniciaba esta entrada. (Imágenes correspondientes a la pág. 321 del Doctrinal)

Con posterioridad a la publicación de Los Toros y a propósito del toreo practicado por Gitanillo de Triana en la histórica corrida de Beneficencia de 1946, Cossío insistió nuevamente en el tema en un editorial de El Ruedo, omitiendo cualquier referencia posicional a los pies del torero y resaltando en cambio la armonía del juego "en el que la ruta desviada del toro y su acometer dinámico y brutal se conjugaba con el flexible girar de la cintura y con el adecuado moverse de los brazos" del diestro (6)

1947-10-16 Madrid Gitanillo derechazo

Rafael Gitanillo, en un derechazo en Madrid, el 16 de octubre de 1947 (imagen obtenido del Video de Achucharro). La suerte se carga con la cintura y los brazos aunque, en su caso, las piernas ayudan a desviar la trayectoria del toro.

"Los brazos son los que cargan, los que mandan, los que se imponen", observaba Juan León ─también en El Ruedo─, veinte años después, al plantearse en uno de sus pregones el tema que ahora nos ocupa, añadiendo que "todo en las suertes está supeditado al juego de brazos", aunque lógicamente también consentía que, “si se hace con gracia y a tiempo, el adelantar la pierna contraria da ritmo y armonía a los movimientos del torero" (7)

Resulta obvio, pues, que el cargar la suerte y el adelantar la pierna contraria son conceptos y acciones distintos, aunque no por ello incompatibles. Cierto que el adelantamiento de la pierna no sólo contribuye a dar profundidad y plasticidad al pase, sino que también propicia un mayor riesgo y una superior emoción al reducir las distancias con el astado, máxime si –cómo suele precisar el crítico catalán M. Cruz– se hace girar al toro sobre el eje de la pierna adelantada.

Pero tampoco puede olvidarse que son muchas las ocasiones en que el objetivo del echar la pierna hacia adelante no es otro que el de dar una salida más amplia y desahogada al toro, sin necesidad de tener que retroceder los cuatro o cinco pasos que consideraba necesarios el propio Paquiro para quedar en situación de repetir la suerte.

Obsérvese cómo Amós Salvador (8), autor –en opinión de Cossío– de una de las mejores teorías del toreo que se han escrito, exige que en la ejecución de 1a verónica el torero debe quedar siempre en el terreno de adentro

"con los pies juntos y quietos o sacando el pie del lado del movimiento, si el toro exige una salida más abierta".

ortega 2

Según Cossío, adelantar la pierna tiene por objeto dar una salida más abierta al toro o sea, expulsarle hacia afuera (En la foto, Domingo Ortega en un pase de pecho. Obsérvese que el pie derecho del torero no avanza, en rigor, hacia adelante sino hacia donde el toro tiene la salida pues de lo que se trata es de alargar el pase. Idea en la que ha profundizado el toreo contemporáneo)

La discusión puede, en su consecuencia, reducirse a términos absolutamente semánticos. Conforme a las descripciones de los tratadistas, el cargar la suerte no es otra cosa que el fundamento del toreo, la simple acción de mandar en el toro desviando con el engaño su trayectoria en el momento en que llega a la jurisdicción del torero y, como tal fundamento, es forzosamente anterior en el tiempo a los tan traídos y llevados principios de parar y templar, que no se ponían en práctica o se desconocían en los tiempos iniciales del toreo a pie.

Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que los toreros empezaran a pararse, a dar longitud a los pases, a adelantar la pierna contraria, a bajar la mano y a templar y aguantar las embestidas de los toros y ello no se produjo evidentemente de golpe y porrazo, sino en forma gradual y paulatina, aunque pueda considerarse a Juan Belmonte como frontera o divisoria entre el toreo antiguo y el actual. Fue Clarito quién dijo que si al principio nadie entendía que se pudiera torear como Belmonte, a partir de éste sólo se podía torear como lo hacía el trianero (9).

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Siempre se ha considerado a Juan Belmonte como personaje capital en la evolución del toreo. Está claro que el trianero aportó muchos de los elementos con los hoy se hace el toreo, fundamentalmente, su forma de parar y aguantar los toros (En la fotografía, verónica belmontina todavía de manos muy altas. La aportación de Juan al toreo de capa fue crucial pero en la construcción de la actual faena de muleta la aportación primordial fue la de Joselito el Gallo)

Los tiempos han cambiado, pero el público actual, que no es tan lerdo como en ocasiones pudiera suponerse, asimila aquellas innovaciones que considera positivas y si, por una parte, rechaza u olvida las que entiende carecen de valor –lo que explica la caída en desuso de los pases mirando al tendido o de los saltos de la rana–, por otra acoge sin reservas todas aquéllas que redundan en beneficio de una mayor emoción o plasticidad, exigiendo que todos los toreros pisen el terreno que invadió El Cordobés en su día y que en la actualidad pisa Paco Ojeda o deseando que impriman a sus lances el empaque y la cadencia que han visto en los de Ordoñez o Rafael de Paula. El más dífícil todavía no es un tópico privativo del mundo del circo y los profesionales del toreo pueden dar fe de ello.

2012 Ojeda en un tentadero

A Paco Ojeda siempre le ha gustado obligar al toro a seguir trayectorias imposibles (imagen obtenida de un video de Jorge Conde filmado en un tentadero el año pasado)

La evolución del toreo es patente y el aferrarse a los viejos principios y normas propiciaría una involución o retroceso que no es deseable, ni sería admitida por el público actual. La longitud y el temple que ahora se exige a los lances y muletazos obligó a abandonar el toreo de frente, tan absurdamente añorado en ocasiones, en el que es imposible prolongar la embestida del toro en la medida que gusta al público de hoy.

manolo_vazquez_de_frente[1]

El cite para el toreo de frente es el cite clásico para el pase natural y tiene su aquel pero esa posición imposibilita darle al lance la longitud y recorrido que hoy se exigen al muletazo (En la foto, Manolo Vázquez citando de frente con enorme torería)

Con la posición semi-perfilada o de tres cuartos con que, en la actualidad, se cita a los toros, se retrasa el momento del embroque, se permite el verlos venir, que señalaba Juan León cómo máximo atractivo del toreo de perfil que practicaba Manolete, y se difiere, que no se suprime, el momento de cargar la suerte.

Si antes, conforme a las Tauromaquias clásicas, la suerte se cargaba tendiendo el engaño en el momento en que el toro llegaba a la jurisdicción del diestro, desviando su trayectoria hacia afuera, actualmente el torero deja llegar o se trae al toro hacia sí, cargando la suerte en el mismo centro de ella y desviando su trayectoria hacia adentro.

Ahí radica la esencial diferencia entre el toreo antiguo y moderno; en aquél, el torero respetaba siempre el terreno de su oponente; en éste, se produce siempre un intercambio total de terrenos, el torero invade el del toro –cruzándose con él– mientras lo atrae hacia sí obligándole a describir un círculo en su derredor.

El objetivo del toreo siempre ha sido el mismo: burlar la acometida del toro; antes, despegándose de él y alejándolo; ahora, ciñéndoselo. El adelantamiento de la pierna contraria, la pata alante, permite –en frase de de Corrochano– acentuar el toreo (10), así como una mayor proximidad entre el toro y el diestro, dando más emoción, más profundidad y más belleza al momento de cargar la suerte y a la suerte en conjunto, pero esta acción, el cargar o tender la suerte, cómo dicen los clásicos, se ha ejecutado siempre con los brazos y con la cintura, desde la primera vez en que un español tuvo la feliz ocurrencia de esperar a pié firme la acometida de un toro sin más defensa que la de su capotillo.

 

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La acción de cargar la suerte (que se ha ejecutado SIEMPRE con los brazos aunque a veces, pero no siempre, con la ayuda de la pierna de salida) es la que da profundidad y emoción al muletazo (En la fotografía de la web de la empresa de la plaza de toros de Sevilla, el Juli en uno de sus tremendos naturales de la corrida del pasado Domingo de Resurrección en Sevilla)

 

Notas

(1) Domingo ORTEGA, El Arte del Toreo, Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid el 29 de marzo de 1.950. Madrid, Revista de Occidente, 1.950, pág. 18.

(2) Gregorio CORROCHANO, ¿Qué es torear? Madrid, Revista de Occidente, 1.966, pág. 219.

(3) Josef Delgado (a) ILLO, La Tauromaquia o Arte de Torear. Edición preparada por Bruno del Amo, RECORTES, copia literal de la primera, impresa en Cádiz en 1.796. Madrid, 1.946, pág. 53. La definición que aparece en la segunda edición (Madrid, 1.804), muerto ya PEPE-HILLO, difiere poco de la transcrita en el texto y el verdadero autor de la obra –José de la TIXERA– insiste en la necesidad de perfilar el cuerpo, alargar los brazos y mantener "los pies en la mayor quietud para llamar al toro y hacerle la suerte a un lado".

(4) Francisco MONTES, PAQUIRO, Tauromaquia Completa, o sea, El Arte de Torear en plaza a caballo o a pié, reproducción íntegra de la edición publicada en Madrid en 1.836. Barcelona, Ediciones Turner, 1.983, pág. 15.

(5) JOSE SANCHEZ DE NEIRA, Gran Diccionario Taurómaco, reproducción de la edición de 1.896. Madrid, Ediciones Giner, 1.985. Incluye la Teoría del Toreo de Amós SALVADOR, que escrita en 1908 no vió la luz hasta su publicación en folletones en el diario madrileño LA V0Z entrados los años treinta.

(6) José Mª de COSSIO, Los Toros, Madrid, 1.943, tomo I, pág. 917. ID. El cargar la suerte, editorial de EL RUEDO, n° 132, de 2 de enero de 1.947.

(7) Julio Fuertes, JUAN LEON, Nadie sabe nada, Pregón de Toros de EL RUEDO, n° 1.148. Madríd, 21 de junio de 1.966.

(8) Amós SALVADOR, Teoría del Toreo cit. , en Gran Diccionario cit., tomo II, pág. 1.261.

(9) César Jalón, CLARITO, Grandezas y miserias del toreo, Madrid, 1.933, pág. 28.

(10) Gregorio CORROCHANO, op. cit., pág. 220.

jueves, 25 de abril de 2013

Sevilla. Final con sorpresa

Por Clarito

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La vuelta al ruedo al último toro de la tarde y de la feria, “Datilero” nº 31 de Miura. Cárdeno de 563 Kilos. De 4 años y 4 yerbas (Foto Arjona para Aplausos).

Sensacional cierre de la Feria de abril

La Feria de Sevilla acabó con esa traca gorda que trajeron las nobles y bonancibles embestidas (dentro de un orden ¡Claro!) de los otrora temidos toros de Zahariche. Don Antonio y don Eduardo Miura embarcaron el sábado para Sevilla una preciosa corrida que hizo honor al legendario hierro.

Y es que como decían los viejos aficionados a los toros: “

“¿Miuriyas? ¡Vaya usted a los toros que siempre se ve algo nuevo!”

Y algo nuevo vimos. Un encierro muy igualado y parejo de seis toros cárdenos, de magníficas hechuras. Toros muy en Miura por el tipo, lo que quiere decir muy finos, muy largos y, sobre todo, muy vareados.

Cada encaste es cada encaste pero ya va siendo hora que nos decantemos por el toro bien hecho y fino y vayamos dejando de lado ese toro grandón, con exceso de kilos, basto y destartalado que nos trajeron las modas de los años 80. Aquello fue una reacción justificable por los excesos de los 60. Hoy ya no tiene ningún sentido.

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Datilero.en el reconocimiento matinal. Un toro fino y vareado con cuatro años justo al que algunos acusarían de anovillado si no llevara el hierro de la A con asas

Tenemos que cambiar el modo de “ver”  los toros. Para empezar y para que vayamos poco a poco, propongo que empecemos por las culatas. Hoy, si un toro no está redondeado por detrás no nos parece toro. Antes, en los desencajonamiento solo a los “pablorromeros” los bajaban de nalgas (Foto Arjona para Aplausos)

Para colmo, otra sorpresa, los Miuras acompañaron sus estampas con embestidas largas y al galope. Fueron toros prontos en varas y con mucha movilidad en la muleta y tuvieron esa virtud que hoy tanto se busca, que es la toreabilidad (a lo que siempre hemos llamado nobleza y que es cualidad esencial del toro de lidia). Lo que no quiere decir que fueran tontos (antes al contrario pues tuvieron sus complicaciones) sino bravos.

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Los Miuras fueron todos, en general, prontos y alegres en el caballo y en la muleta. Galoparon mucho. El único que sacó sentido, fue el cuarto bis. En resumen, una gran corrida de toros (En la Foto de Arjona para Aplausos, Datilero se arranca de largo al caballo del picador)

En realidad, sólo hubo un miura, miura. El cuarto, al que Rafaelillo le aplicó las recetas de la vieja lidia cuando se percató de que era imposible estirarse con él. Ese toro fue sustituto de otro que se rompió el pitón por la cepa y que, en el rato que estuvo en la plaza, nos dio la impresión que podría haber sido el más bravo de todos por su salida y su forma de derrotar en tablas.

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El cuarto Rayito, hizo en su salida honor a su nombre. Parecía que iba a ser el más bravo hasta que se escobilló un pitón y después se partió el otro por la cepa al estamparse contra los burladeros, momento que recoge la fotografía de Arjona.

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Recursos de la vieja lidia. Rafaelillo se dobla por bajo con el cuarto bis. Fue el único toro de la corrida del domingo que desarrolló sentido (Foto de Arjona para Aplausos).

Personalmente, el que más me gusto fue el segundo con el que Castaño, que lo entendió muy bien y le dio mucha distancia, hizo una buena faena que no coronó con la espada. Antes, en los dos primeros tercios, los toreros de su cuadrilla estuvieron sensacionales y muy valientes con un toro que daba mucha emoción a todo lo que con él se hacía.

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El toro de la tarde Almendrero. Nº 34. Cárdeno oscuro de 547 Kilos. 4 años y 4 yerbas. Un toro bravo y alegre como pocos.

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David Adalid y Fernando Sánchez tuvieron que saludar en banderillas. Con el capote les acompaño Marcos Galán que se lució en el 5º 

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Castaño citando de largo (de muy largo) a Almendrero. Javier estuvo muy bien con este bravo y pronto toro.

Sacrificio, sacrificio, sacrificio

Pero quien entendió la corrida, quien afrontó el reto de torear Miuras con un desparpajo que, sin embargo, nunca dio sensación de inconsciencia fue Manuel Escribano.

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Escribano estuvo ante los Miuras como si no fueran Miuras (Foto de Arjona para Aplausos)

El día antes nos había producido verdadera alegría verle anunciado en en sustitución del Juli. Y es que Escribano se quedó en puertas de entrar en los carteles de ferio un cuarto de hora antes, como suele decirse, de hacerse públicos.

Tiene mucho mérito presentarse como se presentó. Y no lo digo por aceptar la sustitución lo que, en su caso, era obligado, sino porque se le vio tan en forma como a los que torean sesenta o setenta corridas al año. Y es muy duro mantener una preparación tan exigente como es la que obliga esta profesión cuando uno no sabe ni donde ni cuando va a torear. Cuando ni siquiera sabe si toreará.

Pero ahí está la clave. Y es que, como decía el maestro Paco Camino, esto del toreo sólo tiene una fórmula mágica: ¡sacrificio, sacrificio y sacrificio!

Derroche de facultades en banderillas. ¡Hay que estar muy puesto para eso!

Con la mente muy despejada y dispuesto a darlo todo, Escribano se fue “a porta gayola” en sus dos toros. Por cierto, siguiendo el inteligente ejemplo del Juli, situándose a mucha distancia de la puerta de chiqueros. Casi en los medios. Posición que nos parece más que correcta pues da tiempo al que toro se oriente, enmiende su carrera y coja velocidad. Lo que es fundamental para poder ejecutar bien esta difícil y arriesgada suerte.

A su primero intentó recibirlo con un farol de rodillas pero el derrote del toro le arrancó el capote de las manos. Lo recuperó y toreó por verónicas con mucha enjundia.

Al otro toro (lección aprendida) lo recibió con la clásica larga afarolada, con el capote cogido por una de sus puntas. Las verónicas de recibo por el lado derecho tuvieron mucha suavidad.

Lances de recibo al 6º. Templando mucho por el lado derecho

La faena a ese toro tuvo mucho interés pues no fue fácil y hubo que hacerlo. Escribano estuvo muy firme y, entre que un aficionado le cantó un fandango que se oyó en toda la plaza y que la Banda (¡Por fin!) tocó pronto, le dio tiempo a acoplarse. Al natural firmó algunos de los muletazos más templados de la feria. Los remates finales, por trincherillas, fueron de cartel.

Toreo de muleta de Escribano al Miura Datilero

Se la jugó al matar por lo que las dos orejas fueron más que merecidas. Como merecida fue la vuelta al ruedo al toro de Miura pues aunque no fue el mejor, se premiaba en él al conjunto de la corrida.

 

Una reflexión casi final

Una de las cosas que más me han llamado la atención siempre en las crónicas antiguas de las corridas de Miura, es que los revisteros de antaño recriminaban muchas veces a los toreros por las excesivas precauciones adoptadas ante esas reses y señalaban que, aunque determinado toro había sido bravo y noble, la mala lidia que se le había dado, fruto del pavor de las cuadrillas, habían acabado por descomponerlo .

Este opinión, que se repite, como digo, en muchísimas de esa antañonas crónicas, me había parecido siempre fruto de un excesivo rigor de los cronistas y de su desconocimiento de lo que pasaba en el ruedo.

Miuras El Toreo 30 de mayo de 1920

En la crónica sobre la corrida del 30 de mayo de 1920 (la corrida en la que se lidió Cortinero del que hablamos en anterior entrada de este blog), Paco Media-Luna en el Toreo, refiriéndose a la ganadería de Miura, hablaba de la “maldita preocupación que tienen todos los toreros siempre que lidian toros de esta vacada”

Sin embargo, visto lo visto en el ruedo de la Maestranza, empiezo a pensar que aquellos viejos revisteros podían tener parte de razón. Y es que Manuel Escribano trató a sus toros (bravos y nobles no lo olvidemos) como hay que tratar a los toros bravos y nobles, con firmeza, decisión y sin amilanarse, y no como se presenta uno ante los toros complicados y difíciles. Escribano hizo a los Miuras las cosas que se supone uno no debe hacerles a los Miuras y sin embargo sus dos toros le respondieron. Ahí estuvo una de las claves de su gran éxito

 

Un gran final de Feria

Al fin tuvimos una corrida de Miura que se recordará dentro de unos años por como salió de buena. Está claro que don Antonio y don Eduardo saben muy bien lo que tienen en su casa. Y no es casualidad que enviaran seis toros propicios para triunfar con ellos cuando en los carteles se anunciaba una figura. Algo que no ocurría desde hace demasiados años.

A Escribano por su parte, la ausencia del Juli le ha brindado una ocasión que no ha desaprovechado.

Felicitemos a los ganaderos de Zahariche y al torero de Gerena que han sabido poner broche de oro a la interesante feria de abril sevillana de este año. Y felicitemos a la afición sevillana que pudo y supo disfrutarlo.

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Una combinación perfecta: un toro bravo y noble y un torero con mucha decisión. En la foto de Arjona para Aplausos, uno de los espléndidos naturales de Manuel Escribano al 6º de la tarde.

martes, 23 de abril de 2013

Casta torera

Por Clarito

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La tarde del viernes de farolillos, El Juli fue cogido por el toro Ebanista de la ganadería Toros de Cortés. Un toro cinqueño de mucho sentido y mucho peligro. Sus compañeros le auxilian después de la cornada que le partió el muslo.

 

Todas las tardes y en todos los toros

Quizás sea una exageración, pero una tarde buena la puede tener cualquiera. Por eso, la historia del toreo está llena de tardes buenas de toreros que, con el tiempo, pasaron al olvido. Lo complicado, lo difícil, es mantener el nivel alcanzado. Salir todas las tardes y en todas las plazas a darlo todo. Eso sólo está al alcance de algunos pocos elegidos pues exige afición y ambición desmedidas.

Y es que no se trata de tener más o menos calidad como torero pues los hay de elegancia y clase infinita que basan su éxito en la estética y son capaces de alcanzar altísimos niveles de perfección en sus movimientos. Niveles con los que otros no pueden ni soñar.

Morante es un buen ejemplo. El torero de la Puebla dio, el lunes pasado, sobradas pruebas de lo que decimos. Morante toreó como si estuviera inventando el toreo de capa. Con gran lentitud. Con una rara perfección. Algo que es imposible de repetir todas las tardes. El público lo sabe y por eso, espera.

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La eterna media verónica de Morante el lunes de “pescaíto” (Foto de López Hidalgo para Marca.com)

 

Lo decía el maestro Pepe Luis Vázquez hablando de él y de Manolete. Y es que, mientras a los toreros de arte (y Pepe Luis lo era) los públicos los esperan pues saben de lo que son capaces en sus buenas tardes; a los otros, a los poderosos (como a  Manolete), no se le admite paso mal dado. El de Córdoba se metió en el callejón sin salida de triunfar todas las tardes, en todas las plazas, pues ni siquiera en las de pueblo se le permitía el menor alivio.

Son dos líneas del toreo. En esa segunda, se encuentra el Juli, quien anda empeñado (su trabajo le está costando) en convencer de sus dotes toreras a Tirios y Troyanos. Así, en un giro en su carrera, ha pasado de sumar fechas y cortar orejas, toreo destajista, a basar su éxito en  torear (“hacer el toreo”) todas las tardes con todos los toros.

Por eso, sus actuaciones se convierten en unas, muy especiales y peculiares, lecciones de tauromaquia. Juli sale a la plaza como el catedrático que sube a la tarima y explica su lección de geometría o de metafísica con aparente sencillez.

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Juli llegando a la plaza el viernes acompañado de su banderillero Carretero. Juli llega a plaza todas las tardes con gesto de preocupación, consciente de lo que se juega (Fotografía de González Arjona para Aplausos)

 

De ahí que sus faenas alcancen, todos los días, categoría de gran acontecimiento. Máxime en plazas como la de Sevilla cuya afición es capaz de apreciar y valorar, en su justa medida, hasta el más mínimo detalle de lo que ocurre en el ruedo. Y es que, en Sevilla, nada se escapa a la atenta mirada de su público. Ya sea el capotazo de un peón que enseña o el derrote de un burel  que preludia un posible cambio en su comportamiento. Son cosas que en esta plaza se subrayan con un murmullo de aprobación o desagrado, según los casos.

Bajo la atenta mirada del público sevillano, desgranaba el Juli su primera lección magistral (todas las suyas lo son) el viernes de farolillos ante un muy complicado y muy serio toro de Victoriano del Río. El primero de la tarde. Un toro empeñado en desdecir al maestro, en llevarle la contraria,  embistiendo siempre a regañadientes.

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Ebanista. nº 163. De la ganadería Toros de Cortés. Negro. 532 Kilos. nacido en octubre de 207. El primero de la tarde. Un toro muy serio y cinqueño (con cinco años y medio). Agresivo de aspecto y de comportamiento. Con mucho sentido. No hay mayor falacia que pretender catalogar a los toros en función de la ganadería de la que proceden y no por su comportamiento en la plaza. Una peculiar (y superficial) manera de “entender” de toros.

Era –lo hemos dicho- el primer toro, y ya sabemos lo que cuesta en esos primeros toros, captar la atención del público. Sin embargo, un quite muy valiente por chicuelinas en los medios, donde el toro ya cantó su peligrosa condición y el torero la ambición con la que llegaba tuvieron la virtud de concentrar la atención de la plaza en el ruedo.

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Quite por chicuelinas del Juli al primero de la tarde. Ebanista se enrosca peligrosamente en el cuerpo del torero.

 

Luego vino lo que no se ve con otros toreros. El toro se había ido a los terrenos del sol. Juli, en vez de pedir que le llevaran el astado a la sombra, para empezar la faena en terreno más cómodo y neutral, empuñó muleta y estoque y se fue muy resuelto y muy decidido en busca del toro.

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El torero en los terrenos del toro. Un toro con cinco años y medio y mucho sentido que se iba poniendo cada vez más difícil pese a la magnífica lidia que se le estaba dando.

A unos siete u ocho metros de distancia, Juli se emplazó frente a “Ebanista” y le retó, más que le citó, con mucha firmeza. El de Cortés se le arrancó con la violencia propia del que defiende su territorio ante ese extraño que osa molestarle. Juli aguantó, sin una duda, esa descompuesta y fuerte primera arrancada y también las que vinieron después .

Era evidente –en cada muletazo- la intención del torero de enseñar al toro el camino a seguir. De enseñarle a embestir.  El burel se le paraba y amagaba mientras el diestro sin amilanarse, con mucha seguridad le marcaba el trazo –amplio y magnífico- del muletazo. Cada vez más hondo y cada vez más largo. Se empezaba a mascar una faena de categoría a la altura de la categoría de la plaza. Una faena para aficionados en una plaza que reaccionaba demostrando su aprobación al torero pero que todavía no estaba convencida del resultado final.

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Muletazo a Ebanista. Juli intentando y consiguiendo alargar el recorrido del toro.

En uno de los muletazos y cuando parecía que ya el toro podía romper y entregarse, éste se le paró a mitad del pase, alargó el cuello y se lo echó a los lomos no sin antes propinarle una cornada seca en el muslo derecho, partiéndoselo. Una cornada muy fea. Julián se levantó para dejarse caer en manos de sus compañeros quienes se lo llevaron a la enfermería. Ahí se pudo acabar la corrida y gran parte del  interés que tenía el tramo final de esta feria de Sevilla donde tantas cosas estaban en juego. Por suerte, no fue así.

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“Ebanista” se echa a Juli sobre los lomos. El torero lleva ya la cornada. (Foto de González Arjona para Aplausos)

 

Y, sin embargo, una corrida muy interesante

Manzanares mató rápido al toro que acababa de coger al compañero. Los otros toros, que salieron después (uno de Cortés y cuatro de Victoriano del Río) muy bien presentados, dieron un muy buen juego y la corrida (que no vamos a reseñar) siguió luego por esos derroteros que hoy predominan y donde la componente estética se convierte en fundamental pues el dominio y la técnica quedan relegados a un discreto segundo plano.

Manzanares estuvo muy bien (puede que la del quinto fuera su mejor faena en la feria) y Nazaré estuvo muy bien (aunque quizás no a la altura del sensacional lote que le cupo en suerte). Vaya en descargo del sevillano su inexperiencia y lo alto que estaba puesto el listón.

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La importancia de la estética en el toreo moderno. Manzanares en el tercero y Nazaré en el sexto (Foto de González Arjona para Aplausos)

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Y de la estocada (sin ser perfectas) en el toreo de siempre: Manzanares en el quinto al que cortó una oreja y Nazaré en el cuarto al que cortó las dos orejas (Foto de González Arjona para Aplausos).

Merece la pena destacar el juego del cuarto toro (segundo del lote del Juli). Un gran toro, que dicen iba reseñado para Madrid y que Juli se empeñó en traer a la Maestranza, lo que a la postre –carambola del destino- propició el triunfo del novel diestro sevillano.

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El cuarto toro de la tarde. Duende un gran toro que propició el triunfo de Nazaré (Foto de Aplausos-González Arjona)

 

El toreo es grandeza

Estética de Manzanares y Nazaré frente al dominio del Juli. Dos conceptos muy distintos del toreo a la palestra y frente a frente. Un toreo cuya grandeza reside precisamente en esa diversidad de planteamientos y que, sobre todo, es grande por la épica y el heroísmo (no siempre tan evidentes ni reconocidos pero siempre presentes) del que siendo figura y sin necesidad alguna, lo arriesga todo por demostrarse y demostrarnos que la  inteligencia del hombre puede imponerse a la fuerza bruta y al comportamiento irracional del toro de lidia.

Algo que, Ebanista, se encargó el viernes de probar que casi siempre -pero no siempre- es posible.

 

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Juli en busca de las asistencias. Leva el muslo partido.