viernes, 19 de abril de 2013

Guía del espectador de las corridas de Miura

Por Jose Morente

Juli Miura

Desde la muerte de Manolete, no han sido muchas las figuras (aunque alguna ha habido) que han matado los toros de Miura.

Corrida de expectación

La corrida de Miura de la feria de Sevilla de este año ha despertado, gracias a la inclusión en el cartel de un Julián López Juli, que se encuentra probablemente en su mejor momento, una expectación inusitada como no despertaba esa tan sevillana y tan tradicional corrida desde aquel ya lejano año de 1987  en que la toreó en solitario Juan Antonio Ruiz Espartaco.

1987-05-04 Espartaco por bajo

Espartaco doblándose con un Miura la tarde del 3 de mayo de 1987 (Fotografía publicada en ABC)

La apuesta de Juli responde a algo que se viene demandando desde hace tiempo y que era habitual hace muchos años: Que las figuras aparezcan en este tipo de carteles pues, para muchos aficionados, esa es la única forma de justificar su caché.

1933 Feria Sevilla

Cuando los carteles los firmaba Ruano Llopis, cuando el nombre de las ganaderías aparecía en un tamaño legible y acorde con su importancia y cuando las figuras mataban los Miuras, el resultado era éste: Feria de Sevilla de 1933, Manolito Bienvenida y Domingo Ortega (que se anunciaban también, aunque acompañados y muy bien acompañados, en la de Villamarta y en la de Murube) torearon la corrida de Miura mano a mano. Detalle curioso: El motivo que adorna el cartel es la Puerta de Alcalá y no la Puerta de Carmona o la Puerta Osario como hubiera sido lo lógico. Nadie (ni nada) es perfecto.

Sin embargo, hoy, la categoría de gran torero no se obtiene en las corridas duras, como dicen que ocurría antaño, ya que la fiesta se rige en la actualidad por unos parámetros distintos a los de antes cuando la épica primaba necesariamente sobre la estética y cuando no había mejor ganadería para demostrar el valor de un torero que el legendario hierro de Zahariche.

 

1947-08-28 Linares manolete derechazo a Islero 001

28 de agosto de 1947. Manolete toreando en redondo a Islero con su magnífico estilo. Muy erguida la figura, con mucho aguante, muy cerrado el compás y muy baja la mano de la muleta. Desde su muerte, va a dejar de ser habitual la presencia de las figuras en la corrida de Miura. Hoy las cosas han cambiado y la categoría de un torero no la miden los públicos (otra cosa son los aficionados) por el número de corridas de Miura o de otros hierros duros a los que estos se enfrenten (La fotografía ¿de quien si no? es de Cano) 

Por muy fuerte que suene, la inclusión de un torero en este tipo de carteles y, sobre todo, su encasillamiento en los mismos, va en contra de su prestigio. La fiesta se ha estratificado en circuitos paralelos que rara vez se cruzan. Por eso, la apuesta del Juli, quien no necesita en absoluto demostrar nada, debería recibir el agradecimiento del aficionado cabal. Especialmente, porque esa es la forma de que los toreros punteros se animen a torear este tipo de corridas tan complejas y que tan poco reportan a los ya consagrados.

534791_10151611955669459_357314041_n El Juli becerrista

El Juli, en sus comienzos de becerrista cuando ya demostraba esa precoz intuición en el conocimiento de las reses que debe permitirle, en teoría, solventar sin apuros el compromiso contraído el próximo domingo aunque con los miuras nunca se sabe… (Foto Olimpo Encastado)

Toreros especialistas

Frente al Juli, se anuncian dos toreros especialistas en este tipo de corridas: Rafaelillo y Javier Castaño. Dos toreros habituales en estos carteles de los cuales el segundo, Castaño, tiene el mérito añadido de haber traído un aire renovador a este tipo de corridas.

mini1-1345058924 Castaño con un MIura

Javier Castaño, un gran especialista en este tipo de toros, exhibe sus poderes, en Pamplona, ante un toro de Miura al que cortó una oreja en una corrida que ofreció pocas opciones.

Y es que, sin renunciar a los planteamientos heroicos que son habituales a la hora de encarar la lidia de los miureños, Javier ha recuperado muchas cosas de la tauromaquia de uno de los toreros más queridos por los aficionados: Luis Francisco Esplá. Otrora, uno de los toreros fetiche de la afición madrileña y uno de mis preferidos.

Dado que, en estas corridas, apostar por el triunfo en la muleta es reducir las opciones de éxito, Javier Castaño ha planteado, descarada y resuelta pero sobre todo inteligentemente, descargar el peso del último tercio en beneficio de los dos anteriores. Como además la lidia de este tipo de ganado suele ser agotadoras para el espada, nada más lógico que ceder parte del protagonismo a las cuadrillas, tanto picadores como banderilleros.

En la feria de Pentecostés de Nimes de 2012, Castaño se encerró con 6 miuras y triunfó de forma inapelable. Lo importante es que esa tarde, Javier recuperaba la lidia total pues no todo se redujo al toreo de muleta (Fotografía de Costedoat para Aplausos)

Todo ello tiene muchísimo sentido pues estos toros, hechos para la Tauromaquia antigua, responden bastante mejor a los momentos de la lidia donde la épica y lo atávico son lo importante. Así, la suerte de varas (con el quite arrojado y arriesgado que acaba en desplante), las banderillas (donde el cruce de terrenos de toro y torero es fugaz) o la estocada (tres cuartos de lo mismo) son los momentos de la lidia (hoy olvidados o relegados ante la omnipresente muleta) donde el encuentro con estas reses puede proporcionar mayor rédito.

La estocada, aunque sea de recurso, es otro de los momentos que cobra todo su sentido en este tipo de corridas (En la fotografía de Costedoat para Aplausos, Castaño cita desde muy lejos a un toro de Miura en mayo de 2012 en Nimes)

Pero cuidado, que las cosas no son tan sencillas (ni tan lineales) como los aficionados suponemos y, además, en el bando contrario, o sea a la vera del Juli, nos vamos a encontrar también a dos de los mejores picadores del momento y a tres banderilleros sobradamente capaces pues no en balde actúan a las órdenes de quien actúan.

Juli Picadores

Salvador Nuñez y Diego Ortíz, los varilargueros del Juli. Dos de los mejores picadores de hoy día.

 

El toro de Miura. Comportamiento y hechuras diferenciadas.

Pero una cosa es la lidia (siempre posible como demuestra Javier Castaño) y otra torear (como hoy se entiende que hay que torear) que es lo que ahora prima.

Y a la hora de torear, lo primero que tenemos que reconocer es que estos toros presentan las máximas complicaciones. Entre otras cosas, porque su actitud y comportamiento se alejan muchos del de los bravos, y sobre todo nobles y predecibles (dentro de lo que cabe), toros del encaste de Vistahermosa, que es el que predomina en la cabaña brava actual pues el tiempo –en proceso darwiniano- ha ido haciendo desparecer aquellas reses que no se adaptaban a los tauromaquia de cada época, tauromaquia que viene marcada por los gustos del público del momento.

1909 Un muerto y 5 heridos

Desastrosa fue la corrida de Miura que cerraba la feria de Sevilla de 1909. Fueron heridos los tres matadores (Pepete, Moreno de Alcalá y Martín Vázquez) y también un espectador que se había arrojado al ruedo en el último toro. El fin de semana se completó, de forma trágica, en la plaza de Madrid, con la cogida de Gaona y la muerte del banderillero Lagartijilla  (Nuevo Mundo del día 29 de abril de 1909) 

Y es que, cuando hablamos de gustos, no nos referimos sólo al tipo de embestidas sino, también, al de su conformación zootécnica pues son precisamente estos nuevos gustos los que han hecho casi desaparecer aquellos encastes de reses de reducida caja como son, por ejemplo, los ejemplares de Santacoloma. Algo en lo que tienen bastante culpa algunos de los que hoy más se quejan por el predominio del mono-encaste Domecq.

No es ese, evidentemente, el problema de los Miuras pues, al contrario, son reses de mucha alzada, cuello muy largo y largas extremidades, de poca barriga (“agalgados”) lo que, unido a su piel finísima, les hace aparentar mucho menos peso del que realmente tienen pues siempre dan la sensación de caberles unos cuantos kilos de más.

Toro de Miura negro (Tierras taurinas opus 7)

Las hechuras de los Miuras. Más largos que un día sin pan y además muy agalgados. Por ello no es extraño que ocurran anécdotas como la de aquel toro desechado en el reconocimiento por los veterinarios que lo acusaban de desnutrido y luego peso más de 600 kilos (Foto del opus 7 de Tierras Taurinas)

Y hablando de fenotipos, un detalle sobre el que hacía hincapié Paco Ruiz Miguel en la magnífica entrevista que le realizaba José María Sotomayor en su libro dedicado a esta ganadería (“Miuras” Espasa Calpe, 1ª ed., Madrid, 1992, Colección la Tauromaquia nº 48, páginas 229-252) y que constituye la mayor parte del capítulo dedicado a este gran torero gaditano (el que más toros de Miura ha toreado en la historia del Toreo) es la relación entre tipo y comportamiento que se da en estos toros.

Un natural de Ruiz Miguel a un Miura 001

Francisco Ruiz Miguel, con la planta muy erguida, torea en Madrid al natural a un toro de Miura de respetable alzada. Ruiz Miguel siempre ha estado digno con esos toros aunque a veces no le permitieron el toreo estático que hoy prima algo que, en su día, llegaron a reprocharle los aficionados. Reproche injusto pues con el toro antiguo no cabe el toreo moderno. No siempre, al menos.

Dice Ruiz Miguel al respecto:

“A mí, en lo de Miura, me gusta el toro de mazorca gorda, el toro basto. El de pitón fino no suele dar resultado. Los coloraos tampoco salen malos. Pero el que más me gusta es el castaño o ese “colorao raro y burraco” que tiene don Eduardo. También el cárdeno claro, muy salpicao, que suele fallar menos que el toro negro.

Este último es, casi siempre, más Miura. Sobre todo, el de pitón negro. El que lo tiene blanco, dentro de la capa negra, al menos en las corridas que yo he matado, es el toro que más facilidades me dado.

Aunque cuando sale malo lo de Miura, sale malo el negro, el colorao y todos”

img_0096 1920-05-30 (La lidia 1920-06-07 Portada) Cortinero de Miura

Cortinero”, cárdeno bragao, toro de Miura lidiado en Madrid el 30 de mayo de 1920 muy pocos días después de la tragedia de Talavera (Detalle de la portada de la Lidia del 7 de junio). Todos los toros de esa tarde de variadas pintas (un negro entrepelao; un negro bragao; un chorreao bragao; un cárdeno y un cárdeno bragao. Del sexto no dice nada la reseña de “El Toreo”) salieron mansos pero “Cortinero”, que hizo quinto y le correspondió a Paco Madrid, se llevó la palma.

Cortinero

1920-05-30 Cogida de Cofre 001

La lidia de “Cortinero”, que llevó fuego, trajo de cabeza al peonaje (sobre todo al banderillero Cofré) como es habitual en algunos toros de esta casa, hasta el punto que se pidió su devolución al corral. En la fotografía de Sol y Sombra, se aprecia el instante en el que “Cortinero” coge a Cofré mientras en su espalda se levanta la polvareda propia de las banderillas de fuego.

Una estrategia que seguía Ruiz Miguel con su cuadrilla, en los sorteos, aparte de intentar enterarse del nombre de los sementales de los que provenían los toros, era la de “abrir los lotes” para que no entren en el mismo dos toros de la misma capa.

Lo que está claro es que, con todos los matices que se quieran hacer, el de Miura es un toro fiero aunque, a veces por su mansedumbre, parezca descastado. Para Ruiz Miguel además, suele salir “muy malo y peligroso”. Pero si algo destaca en el toro de Miura es, por encima de todo, es que se trata de un toro listo del que abundan las anécdotas que corroboran esa característica.

Tierras taurinas opus 7 Miura 001

El Miura es tan listo que algún autor ha dicho irónicamente que las ojeras que adornaban a los clásicos colorados ojo de perdiz, que tanto se daban antaño en esta ganadería, no eran sino gafas que les permitían leer las viejas tauromaquias y conocerlas mejor que las conocen algunos toreros. (Fotografía de portada del Opus 7 de Tierras Taurinas)

 

Unos singulares tentaderos

Lo que está claro es que la embestida de los Miuras no tiene nada que ver, como hemos señalado, con la forma de acometer del toro de hoy. Quizás porque los tentaderos se han hecho en esa casa atendiendo sobre todo al caballo lo que curiosamente tampoco garantiza un comportamiento espectacular en varas de los Miuras en la plaza. ¡Tan complicado es esto del toreo!.

Caballo de tienta en Miura (TT opus 7)

Una imagen inusual. El caballo de tientas en lo de Miura va protegido incluso por el cuello y los lomas ya que no es raro que las becerras intenten subirse a la grupa pegando cornadas o mordiscos

Le decía Ruiz Miguel a José María Sotomayor:

“Las vacas se desechan [en lo de Miura] por su comportamiento en varas. El caballo en la casa de Miura es lo fundamental. Yo creo que es lo más importante. La bravura la mide Miura en el caballo. Luego si es bueno y “se deja” mejor. Pero yo creo que no lo mira mucho el ganadero”

Lo que corrobora el propio ganadero, don Eduardo Miura Fernández padre de los actuales poseedores de la vacada, quien decía en 1992 a Sotomayor que sus reses “tienen que cumplir bien en el caballo. Que aguanten con acometividad el castigo”.

Tentadero de hembras en Zahariche 001

Tentadero de hembras en Zahariche. La plaza de tientas de Zahariche es cuadrada, lo que permite apreciar mejor las querencias. Esta peculiaridad se debe a que el primer Miura de la historia aprovechó para hacer sus tentaderos una corraleta cuadrada que ya existía en la finca que acababa de comprar. Luego, la tradición se ha mantenido y al trasladar la ganadería desde las marismas a Carmona, la nueva plaza de tientas se construyó también cuadrada (Fotografía del libro de José María Sotomayor)

Los criterios de selección en el campo, donde muchas becerras toman diez o doce puyazos, se notan en la plaza. Por eso, a los toros de Miura no se les puede dejar de castigar fuerte en varas. Son toros que no se pueden dejar “crudos” pues en caso contrario, se “comerían” al diestro por su brusquedad y sentido.

Y eso que, desde hace años y especialmente a raíz de la muerte de Manolete, los ganaderos de la familia también han ido buscando mayores cotas de nobleza. Por eso, para don Eduardo, el toro auténticamente bravo…

“El toro perfecto al que aspiramos todos los ganaderos, es ese que entra bien al caballo en la suerte de varas. Que embiste mucho, incansablemente desde que sale a la arena, admitiendo muchos puyazos; no tiene en cuenta el dolor físico y pelea sin desmayo hasta el final, hasta la hora de la muerte. Lo contrario del antitoro.

Además, el toro deberá ir a más o, al menos, se mantendrá, colaborando con el torero para que la faena además de calidad tenga su tacita de sal y pimienta”.

Lo que viene a significar que también en esta ganadería se busca hoy día mayor toreabilidad pero, siempre, como cosa secundaria ya que como dice Ruiz Miguel:

“En el tentadero de Miura, te lo digo de verdad, hay becerras de diez, doce y catorce puyazos. La que no llega a eso, fuera. A torearla. Y a lo mejor es una gran becerra para el toreo. Nada, a torearla, a torearla. Él [Don Eduardo] se fija más en la bravura en el caballo. En lo que siempre ha sido”.

Puede ser por esto por ese fijarse “en lo que siempre ha sido” (que es la suerte de varas y no tanto en la muleta) por lo que, como remataba Ruiz Miguel, gran especialista en estos toros, el Miura cambia tanto durante la lidia y suele ser un toro muy incierto. Paco dice que, por eso, su mejor estrategia fue la de anticiparse a sus reacciones. Intuir lo que iban a hacer, antes de que lo hicieran: “Cuando se quieren dar cuenta, ya eso está solucionao”.

1973- Sevilla Galan Morcillero 530 Kg castaño retinto listón 001

Problema solucionado. Antonio José Galán se desplanta ante “Morcillero” en la Maestranza. No obstante, el miura, un toro muy largo, se resiste a morir. estamos en 1973 y Galán salió esa tarde a hombros (Fotografía del Ruedo)

Lo malo es que no siempre los problemas que plantean estos toros son solucionables.

Sigue Ruiz Miguel:

“El que sale miura, sale miura. Y lo que sí es verdad es que te avisa. Desde el principio te está diciendo que va ser malo y no se desplaza con la capa ni nada. Lo que quiere es cogerte. Y además, como se fije en una persona, se meta donde se meta, allá va a buscarla”.

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El que sale Miura, sale Miura” (Detalle de una estocada de Rafaelillo en Arles. Fotografía original de Tierras Taurinas)

 

El toro de Miura en la suerte de varas 

Tan injusto sería valorar el toro de hoy exclusivamente por su comportamiento en el caballo como valorar el toro de ayer sólo por lo que no hacía en la muleta. Errores de apreciación en los que solemos incurrir muchos aficionados.

Si en la ganadería de Miura se selecciona por lo que hacen las reses en la suerte de varas, lógico es que hablemos algo sobre el discurrir de esa suerte en la plaza. Y es que, lo bonito e interesante de las corridas de toros, es la cantidad de puntos de vista que presenta la lidia. No es lo mismo ver los toros sentado en una grada de sombra en amistosa conversación con los amigos que, en lo alto del caballo de picar, esperando la arrancada de un toro de la divisa verde y grana (en provincias. En Madrid es verde y negra) al que tu matador acaba de poner en suerte en la plaza de la Maestranza.

Vamos a transcribir aquí las opiniones de un gran varilarguero, Domingo Rodríguez “Rubio de Quismondo”, recogidas también del libro de José Maria Sotomayor que tanto nos está sirviendo para esta entrada del blog.

Rubio de Quismondo 001

Un magnífico picador, Domingo Rodríguez “El rubio de Quismondo” (Fotografía del tomo VI del Cossío)

Dice el Rubio:

“El toro de Miura de por sí, es distinto a todos, porque al picarles, este toro te echa la cara arriba. Yo recuerdo un año en Valencia, en una corrida que la toreaban Palomo, Ruiz Miguel…, y no me acuerdo del tercero, un toro castaño, que al echarle el palo hizo así con la cara (hace un gesto significativo) y me pegó una cornada en salvas sean las partes que todavía conservo la calzona rota”

Y añade:

Lo que si tienes que tratar es de asegurarte, si puedes, el primer puyazo, porque luego lo piensan ¡Son muy listos!. Es el toro más listo que hay.

Si tienes la suerte de cogerle bien, estupendo, pero si no, se crecen y ya no puedes con él”.

Y es como dice el gran picador no sólo algunos saltan sobre el varilarguero (Al Galeano que iba con José Fuentes, uno de Miura le pegó una cornada ¡en la mano izquierda!) sino que si un banderillero pasa en falso, luego es casi imposible parearle. Igual que, cuando se les pincha un par de veces, se ponen imposibles, empiezan a sacar agua de la noria y ya no hay quien pueda con ellos.

Miura varas Arles

El Miura es siempre complicado de picar. Lo importante es no dejarle crudo en varas porque, en caso contrario, se comerían al torero. (Foto de un Miura recargando sobre el caballo derribado en Arles. Tierras Taurinas)

El Miura en la muleta

Al contrario de lo que ocurría con el toro de Albaserrada, para el que los toreros tienen muy claras las pautas de comportamiento a la hora de afrontar el último tercio, pautas que recogíamos en anterior entrada de este blog, con el toro de Miura las cosas son muy distintas como corresponde a ganadería tan singular.

Aquí no existen reglas o si las hay son demasiado sencillas y nada precisas. Así que, vistas las anteriores declaraciones y dada la inteligencia de estos toros, queda claro que el torero (de oro o plata, de a pie o de a caballo) tiene que hacerles las cosas muy bien y no puede permitirse el lujo de cometer el mínimo error pues como decían Ruiz Miguel, el Rubio de Quismondo y el propio don Eduardo Miura Fernández, son toros muy listos y que aprenden muy pronto.

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El toro de Miura aprende pronto por eso hay que hacer las cosas pronto y, sobre todo, demostrar gran firmeza ante él. Como hace Manili (Foto Gómez)

Por ello, las faenas al Miura no pueden empezar con probaturas. Si el toro sale malo hay que abreviar con él e intentar matarle como se pueda y cuanto antes, so pena de pasar luego un quinario con riesgo de que vuelva vivo a los corrales. Pero si sale bueno, tampoco valen dilaciones y los 15 ó 20 muletazos que tengan (no suelen admitir faenas largas por eso del aprendizaje) hay que dárselos también cuanto antes.

Está prohibido recortarles pues si presienten al torero, aunque sea fugazmente, se orientan y aumenta el riesgo de cogidas.

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Joaquín Bernardó se desplanta ante un Miura en Madrid el 28 d emayo de 1967. Bernardó es de los pocos toreros que han sido capaces de torear una corrida de Miura en solitario (Fotografía del libro de José María Sotomayor)

Por suerte, el toro de Miura no es, en general, nada certero. Y es que, también en general, suelen ser más certeros los toros cornicortos. Ese es el que hiere. Al toro de pitones largos, como son muchos de los de esta ganadería, le cuesta más rebañar. Lo decía Paco Ruiz Miguel, quien apostillaba que el Miura no se ceba con el torero caído en el suelo o no se ceba con exceso.

Añade Paco, en opinión que compartimos, que la leyenda de Miura deriva de la casualidad. No tanto de las muertes provocadas por esos toros sino por la importancia de los toreros fallecidos a causa de las cogidas propinadas por ellos: Pepete, Espartero, Manolete,…

 

Pepe Luis tentando en Zahariche 001

Pepe Luis Vázquez tentando en la cuadrada placita de Zahariche. Pepe Luis ha sido uno de los toreros, junto con Joselito el Gallo, más vinculados a la familia Miura. Su amistad con don Eduardo Miura Fernández fue proverbial (Fotografía del libro “Miuras. Siglo y medio de casta” de José María Sotomayor)

martes, 16 de abril de 2013

¡Que bonita es mi Sevilla “en llegando” el mes de abril!

Por Jose Morente

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Cartel oficial de la feria de abril de Sevilla de este año.

Estuvimos en Sevilla el “finde” pasado. En los toros, como no podía ser de otra forma, pero disfrutando también del ambiente de una ciudad donde ya se respiraba el aroma de la Feria.

Y es que, cada año que pasa, la feria “real” empieza antes. La “oficial” lo hacía la noche de ayer, el “lunes de pescaíto”, con el alumbrado de la portada y el inicio de unos festejos donde los toros (fuera del Real) y el flamenco (dentro) juegan un papel protagonista.

Y hablar de flamenco dentro de la Feria es hablar de cante grande pero, ante todo y sobre todo, es hablar del cante, toque y baile por sevillanas.

Baile doble

Baile doble

Sevillanas hay muchas. Corraleras (las que se bailaban en los patios de vecino); Bíblicas (con letras alusivas al Antiguo Testamento), Rocieras (las que se cantan en o con motivo de la Romería del Rocío); Flamencas (las cantadas por los cantaores flamencos, donde el ritmo se ralentiza y que algunos llaman sevillanas “para escuchar”). Pero, como estamos en abril, lo que corresponde es oír, cantar o bailar las sevillanas “festeras”. Las de la Feria.

Vamos a escuchar, por tanto, unas sevillanas de fiesta aunque, en este caso,  cantadas por una voz flamenquísima: La de Vicente Soto “Sordera”, el hijo de Manuel Soto “Sordera de Jerez”.

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Vicente Soto “Sordera” de Jerez

Vicente reinterpreta este cante desde sus raíces jerezanas. Raíces que se hunden en la noche de los tiempos y llegan nada menos que hasta el mítico Paco la Luz, el creador de aquella seguiriya tan melodiosa que aun hoy tanto se canta.

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Audición

Sevilla mora (Sevillanas)

Tríptico flamenco. Sevilla (RTVE música.1996)

Vicente Soto Sordera Guit.: Moraito Chico, Rafael Riqueni, Diego Losada

Letra: Amparo Bermúdez

 

Qué bonita es mi Sevilla

en llegando el mes de abril

Yo me voy pa’ mi Sevilla

que me quiero divertir

emborracharme en Triana

a orillas del Guadalquivir

 

Giralda mora

mi guapa señora

mi Torre del Oro

¡Que señorío más grande

te dan los moros!

 

Veinte carteles anuncian

la Maestranza

Pero hay uno entre ellos

que se guarda la esperanza

de ver cuajar un toro a Curro

y otro a Rafael de Paula

 

Giralda mora

mi guapa señora

mi Torre del Oro

¡Que señorío más grande

te dan los moros!

 

Sevilla huele a jazmines

a jazmines y a azahar

En el Real de la Feria

con mi caballo a montar

¡A la grupa mi Giralda

que linda y que bonita está!

 

Giralda mora

mi guapa señora

mi Torre del Oro

¡Que señorío más grande

te dan los moros!

 

En terminando la feria

yo me voy pa’ mi Rocío

pa’ darle gracias a la Virgen

porque salud me ha “traío”

para emborracharme otro año

otro año en el Rocío

 

Giralda mora

mi guapa señora

mi Torre del Oro

¡Que señorío más grande

te dan los moros!

 

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La esperanza de ver cuajar un toro a Curro o a Rafael de Paula o a… Morante de la Puebla quien ayer cuajó con el capote a su segundo toro, cuarto de la tarde del “lunes de pescaíto” (Fotografía de Sánchez Arjona para Aplausos)

lunes, 15 de abril de 2013

Sevilla y Juan Pedro salvan “in extremis” a Manzanares

Por Clarito

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Tras la salvadora ovación del público a la muerte del toro anterior, el agradecimiento del diestro brindando el sexto de la tarde a la afición sevillana (Fotografía de Carlos Núñez-Mundotoro)

A la muerte del quinto

Mal andaba la tarde a la muerte del quinto toro pues el detalle de Jose María Manzanares, de encerrarse en solitario con seis toros en la plaza de Sevilla, parecía que no iba a dar fruto alguno.

Y es que las cosas habían empezado torcidas desde el principio. O, quizás, desde antes del principio pues los espectadores imparciales que estuvieron en la plaza el Domingo de Resurrección ya pudieron percatarse que la actitud de Manzanares en esa corrida no era la actitud del Manzanares que, en San Miguel,  cerraba triunfalmente su temporada del año pasado, pletórico de fuerzas y ganas.

No sé si por motivos físicos o psicológicos, pero el Manzanares del Domingo de Resurrección o el del sábado 13 parecían una sombra del Manzanares que pasó por Sevilla el pasado año.

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Hubo bastantes momentos en que Manzanares dejó traslucir un cierto cansancio físico y/o psicológico (Foto de Marca.com)

Un error de planteamiento

Creo, además, que ya el planteamiento de la corrida era erróneo. Y no me refiero al tipo de encastes de las reses elegidas ni a su trapío, correcto en mi opinión, sino a la falta de variedad o repertorio tan necesario cuando en los carteles se anuncia un único espada.

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A pesar de algunos lances aislados de exquisita factura, en la tarde se echó en falta mayor variedad en el toreo de capa (Foto de Aplausos)

Confiar el albur del resultado a la boyantía de las reses elegidas no me parece lo más adecuado. Esperar, toro tras toro, aquel que permita hacer faena, como hizo el Niño de la Capea cuando se encerró con seis victorinos en Madrid, me parece un craso error. Y eso que, en el caso del Capea, hubo suerte pues, en Madrid, una faena de dos orejas le permitía salir a hombros por la Puerta Grande y salvar la tarde. En Sevilla, hace falta bastante más pues hay que estar bien o muy bien en varios toros para poder abrir la Puerta del Príncipe y, sobre todo, para convencer a su afición.

Pero ni aún así. Y es que el toro, por muy seleccionado que esté, sale como Dios le da a entender. Por eso, la única manera de afrontar con garantías de éxito estas corridas es aunando el conocimiento de las reses al de las suertes, vieja fórmula magistral que siempre da (o debería dar) resultado.

Encarando así la corrida, da igual, que salgan los toros como salgan. Y también da igual el resultado numérico del festejo (me refiero al número de orejas cortadas) pues a partir de la variedad en el repertorio, del planteamiento equilibrado de los tres tercios y de dar a cada toro lo que cada toro pide, se evita la monotonía, que es el gran peligro de estas corridas con un único matador, y sale encantado el aficionado y satisfecho el público aunque no haya habido lucimiento en la muleta.

Manzanares (7)

“Dar a cada toro, lo que cada toro pide” es fórmula antigua pero infalible. Si Manzanares con el Victorino no acabó de dar el paso adelante (dicho sea en sentido metafórico pues a estos toros conviene torearlos en línea y sin cruzarse), lo cierto es que tampoco lo dio hacia atrás (Fotografía de Aplausos)

Manzanares contaba de antemano con el fervor de la mayoría de la plaza pero Sevilla, que puede ser a veces muy apasionada con sus toreros predilectos, fue justa y como no hubo motivos para aclamar al torero, la tarde transcurría en silencios sólo rotos de forma esporádica.

Uno de esos momentos fue el increíble e inapelable tercio de banderillas que firmó Juan José Trujillo en el toro de Victorino. Un toro que (siempre se ve algo nuevo en las plazas) había pasado momentos antes, limpiamente, ¡por debajo del caballo del picador!.

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Juan José Trujillo andando hacia terrenos muy comprometidos. Enfrente le espera el toro de Victorino Martín (Foto de Álvaro Pastor Torres para Ambitotoros) al que propinó dos soberanos pares (Foto de la web de la empresa).

El momento clave

Pero la faena no llegaba y al torero se le veía cada vez más abatido como el boxeador a punto de ser noqueado. Sin embargo, cuando los areneros rastrillaban la plaza, tras la muerte del quinto, algunos espectadores de sol empezaron a aplaudir. Pronto, se unía el resto de la plaza. El público se ponía en pie y daba al torero una ovación imponente, clamorosa y unánime. Impresionante ovación que impresionó también al diestro.

Puede que el torero se emocionara con la actitud del público sevillano. En todo caso, se vino visiblemente arriba y con paso muy firme y resuelto se marchó hacia la puerta de toriles. Se hincó de hinojos. Musitó en voz baja una jaculatoria y le ordenó al torilero que abriera el “portón de los sustos”.

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Manzanares, “con paso firme y marcial” se dirige a la puerta de toriles a la salida del sexto toro (Fotografía de Carlos Núñez para Mundotoro)

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…musita una oración… (Fotografía de González Arjona para Aplausos)

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…y recibe al toro “a porta gayola”. Manzanares, siguiendo el inteligente ejemplo del Juli, se colocó dos o tres metros detrás de la segunda raya de picadores para esperar la salida del toro (Foto de la web de la empresa).

Lo que vino después es historia, el toro de Juan Pedro Domecq, muy fino, muy vareado, pero muy justo de fuerzas recibió el castigo justo y el trato justo (dos capotazos de Trujillo –Trujillo otra vez- tuvieron la enjundia de la mejor lidia) por lo que llegó a la muleta en impecables condiciones: noble, alegre, repetidor. Tanto que pidieron para él la vuelta al ruedo.

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El sexto toro, que se vino arriba gracias a la buena lidia de la cuadrilla del torero, llegó a la muleta galopando, arrancándose de largo, pronto, noble y repetidor. Con una gran clase. Manzanares lo toreó con primor (Fotografía de la web de la empresa)

La faena de Manzanares ya la ha podido ver todo el mundo en Internet. Estuvo bien, incluso yo diría que muy bien. Algunos pases fueron de una increíble lentitud. Su elegancia cuando está en vena, acompañando la embestida del toro,  es proverbial. Mató bien y le dieron las dos orejas.

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Manzanares cortó dos orejas pero la tarde dejo sabor agridulce. pues no llegó el triunfo esperado por la afición sevillana tan partidaria de este torero (Fotografía de Carlos Núñez-Mundotoro)

Pese a ello, la tarde dejó un sabor agridulce en el ambiente, de derrota más que de victoria, pues los muebles se habían salvado “in extremis”. Por la campana, que dicen. La campana fue, el sábado, la actitud del público sevillano y el alegre galope del toro de Domecq.

No sé lo que masculló el torero ante la puerta de toriles. Si sé que yo en su lugar, de vuelta camino al hotel, le hubiera rezado, agradecido, a Sevilla y a Juan Pedro.

Al final, mientras sus detractores (los menos) salían chasqueados de la plaza pues el desastre no se consumó, sus partidarios (los más) lo hacían bastante más animados de lo que lo estaban al final del quinto toro aunque mucho menos que al comienzo de la corrida.

¡Vamos! Algo así como sevillistas y béticos la noche anterior.

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Al final del paseíllo (cuando las espadas estaban en alto y la expectación no había empezado a decaer) se guardó un minuto de silencio por la ganadera Dolores Aguirre.

jueves, 11 de abril de 2013

Ampliando nuestra biblioteca taurina (III) ¡Miuras!

Por Jose Morente

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Don Eduardo Miura Fernández, nieto del ganadero del mismo nombre y apellidos, “don Eduardo el de las patillas”, padre de Antonio y Eduardo Miura Martínez, los actuales poseedores de la vacada. Como dijo José María de Sotomayor, un ganadero “respetable e intachable”.

Una ganadería romántica

En la anterior entrada de esta mini-serie recopilamos algunos de los libros más emblemáticos o accesibles que se habían publicado sobre el toro en el campo. Sobre los mecanismos de selección y reproducción y sobre el comportamiento en las dehesas de estos animales.

Ya decíamos que, la materia, aunque sumamente interesante, no había dado origen a una producción extensa y es que, si bien se ha escrito mucho sobre toreros, sobre el toro se ha escrito mucho menos.

Dentro de lo poco que se ha escrito sobre toros, un apartado más que curioso lo forman los libros dedicados a inventariar el historial de una determinada ganadería. Libros que merecen la pena pues, no hay dudas, esta profesión encierra, pese al inevitable mercantilismo que comporta cualquier actividad comercial y económica, unas dosis de romanticismo muy importantes.

Y ya puestos, si dentro de la cabaña de bravo hay una ganadería que pueda encarnar el espíritu de esa época romántica, esa ganadería es, sin lugar a dudas, la ganadería de Miura, fundada precisamente en pleno auge del movimiento del mismo nombre (concretamente, en 1842) y que se mantiene en manos de la misma familia desde sus orígenes. Ahí es nada: Ciento setenta años sosteniendo, a pulso y no sin dificultades, una tradición tan complicada como es la de criar toros bravos.

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Faena de acoso en la ganadería de Miura. Cuadro de Joaquín Diez.

Los libros sobre los miuras

Y como corresponde a una ganadería tan singular, singular ha sido el trato recibido por parte de aficionados y escritores taurinos y varios han sido los libros que sobre los avatares y vicisitudes de esta ganadería se han escrito. Recordemos algunos de ellos.

El primero que hay que citar es el libro de Enrique Vila,Miuras. Cien años de gloria y tragedia” (1ª ed., Sevilla, 1941) que, como su titulo indica, se publico al rafe de cumplirse el centenario de la ganadería que entonces estaba ya en manos de Don Eduardo Miura Fernández, aquel grandísimo ganadero tan buena gente, según todos los que le conocieron, que se convirtió en la excepción a  la regla que dice que los toros se parecen a su  dueño, pues los suyos, al contrario que él, han sido siempre reses arteras y de mucho sentido.

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Portada de la primera edición del libro de Enrique Vila, Un diseño muy sobrio como corresponde a las penurias de la posguerra. 

El libro de Vila tuvo bastante éxito, lo que motivó que se publicara una segunda edición (lo que, en esta materia, es toda una noticia) con el mismo titulo (Bueno, casi el mismo): Miuras. Más de 100 años de gloria y tragedia (Escacelier, Madrid, 1968). Donde se ampliaba el libro anterior, recogiendo la trayectoria con estas reses de la generación de toreros de la posguerra, generación encabezada por Manolete y Pepe Luis Vázquez y donde se dedicaba un capítulo muy especial a la muerte del Monstruo en Linares.

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Portada (en colores) de la segunda edición (corregida y aumentada) del libro de Vila (publicada a finales de los sesenta). En la portada, el serio y fiero semblante de un Miura con muchos pitones. Algo muy poco usual en aquellos años en las otras ganaderías.

Muy recientemente, y dentro de la revista Tierras Taurinas, André Viard ha dedicado uno se sus opus (concretamente, el nº 7) a esta ganadería. Lleva por título, precioso título, el de Miura El Centinela y se publicó en marzo de 2011. Aunque se trata de una revista bimestral, lo cuidado de su edición, sus magníficas imágenes y su estudiado texto convierten a cada uno de estos ejemplares en un libro de consulta obligada para el aficionado que quiera profundizar en la materia.

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Portada del opus nº 7 de Tierras Taurinas dedicado al “centinela” de las ganaderías,

Pero, el libro estrella de esta pequeña sección de nuestra biblioteca, el imprescindible para todo el que quiera conocer de verdad lo que fue, lo que es y lo que, apuesto a que sí, será la ganadería de Miura en el futuro, es el libro escrito por ese competente y elegante aficionado que se llama José María Sotomayor. Se titula “Miura. Siglo y medio de casta (1842-1992)” (1ª ed., Madrid, Espasa-Calpe, 1992) y se publicó –con el número 48- en la colección La Tauromaquia dirigida por Ricardo López de Uralde a quien los aficionados nunca le agradeceremos lo suficiente su aportación a la fiesta.

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Joselito y don Eduardo el de las patillas en el campo, según el cuadro de Genaro Palau utilizado para la portada del imprescindible libro de José María Sotomayor.

No voy a extenderme más, pues sobre el toro de Miura y sobre su comportamiento dedicaremos (a partir del contenido de los libros citados) una próxima entrada en este blog ahora que se aproxima la, corrida de esta ganadería en la Feria de abril sevillana, corrida tan esperada este año pues cuenta con el aliciente (¡Ya era hora!) de la participación en el cartel de uno de los toreros punteros del escalafón.

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Una foto muy difundida. Manolete ante un toro de Miura de gran alzada, en la plaza de Barcelona.

martes, 2 de abril de 2013

Las claves del triunfo de Juli en Sevilla

Por Clarito

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Un triunfo contundente, incuestionable y absoluto. Un Juli sin fisuras conquistó Sevilla.

Cualquiera se mete a profeta

Lo mejor que tienen los toros es que aquí nadie es capaz de profetizar lo que va a ocurrir cada tarde cuando se abre la puerta de chiqueros.

Un ejemplo es lo ocurrido en la corrida del pasado Domingo de Resurrección en Sevilla. Por la mañana, se conseguía completar, no sin dificultades y a duras penas, con un remiendo de Parladé, la corrida de ese día (Garcigrande-Domingo Hernández). Baile de corrales que no hacía presagiar nada bueno. Para colmo, a la misma hora, los partes meteorológicos predecían fuertes lluvias toda la tarde.

Malos auspicios que parecían cumplirse cuando a la hora señalada para el comienzo empezó a llover como solo llueve en Sevilla cuando hay toros o procesiones de Semana Santa.

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Aunque la lona está evitando algunas suspensiones, no pudo evitar que se pusiera a llover justo en el momento en que acababan de retirarla (Foto Arjona para Aplausos)

Por fortuna para nosotros y desespero de los augures, la lluvia cesó para no volver hasta el final de la tarde, cuando sacaban al Juli en hombros de la plaza, ya concluida una corrida que pudo comenzar con sólo un leve retraso.

No voy a contar lo que pasó en el ruedo pues muchos son los críticos que se dedican a ello y, además, para el que quiera enterarse de verdad y sin intermediarios, ahí están los videos que circulan con profusión en la red.

Lo cierto es que el Juli tocó el cielo del toreo con las yemas de los dedos (las mismas con las que sostiene la muleta o coge el capote con precisión suma) y alcanzó un éxito son precedentes en Sevilla.

Y eso que Juli no tuvo el mejor lote (ese le correspondió a un Manzanares, cortocircuitado ayer, que no aprovechó la nobleza del tercero) ni tiene el ángel de Morante que ayer fue ángel caído pero cuyo crédito se mantiene (Y es que a los artistas, como decía Pepe Luis Vázquez, el público les da siempre más margen que a los que no lo son).

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El mejor lote le correspondió a Manzanares. En la foto de Arjona para Aplausos, se aprecia la manera de meter la cabeza el tercero de la tarde.

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Morante solo dejo destellos de su clase en algunos capotazos. Luego fuese y no hubo nada…

Lo que de verdad me parece de interés es indagar en cuales fueron las posibles claves del triunfo (incontestable triunfo) de Julián López “El Juli” en la Maestranza el Domingo de Resurrección.

 

Clave nº 1. Valor

Juli es de ese corte de toreros que atesora un inmenso valor. Y cuando me refiero a valor no me estoy refiriendo al evidente que supone irse dos veces seguidas a portagayola en una plaza y una puerta de toriles como la de Sevilla donde tantas tragedias se han vivido, sino en el valor verdadero. Ese valor seco y sereno que es patrimonio exclusivo de los grandes toreros. Aquel que permite al diestro pensar en la cara del toro con la misma tranquilidad que tendría si estuviera en la barra de un bar con un grupo de amigos y bebiendo una cerveza.

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Resulta impresionante que una figura del toreo que no tiene ya nada que demostrar se vaya a la puerta de toriles de la Maestranza a recibir a porta gayola a sus dos toros 

Ese valor (que comparten necesariamente los toreros de su cuadrilla) es el que le permite dejarse crudos a muchos de sus toros. Como ocurrió ayer en su segundo, quinto de la tarde, al que Salvador Núñez picó de forma sensacional, midiéndole mucho en el segundo puyazo (En el primero, le había tirado el palo con arte y maestría sumas). Un toro que, por ello, llegó muy agresivo y entero a banderillas donde cogió con mucha saña al Niño de Leganés que recibió tres cornadas.

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Impresionante cogida del Niño de Leganés. El toro lo derribó al banderillear y lo corneó en el suelo repetidamente buscándolo con mucha saña (Fotografías de la web de la empresa Plaza de Toros de Sevilla)

Cuando toda la plaza se estaba recuperando de la impresión que produjo la cogida (la cornada era evidente), Juli, sin importarle el viento ni el estado del toro, se plantó en los medios de la plaza. El toro se le arrancó con el mismo brío y fiereza que lo había hecho en el segundo tercio y Juli lo recibió, como quien no quiere la cosa, con mucha firmeza. Allí mismo (ante el derroche de casta del torero) se acabó el derroche de casta del toro que fue luego, domeñado por la poderosa muleta de Julián, un dechado de bravura y nobleza.

Pero eso fue luego, antes el Juli tuvo que ponerse en el sitio y aguantar al toro sus cinco o seis primeras y agresivas arrancadas.

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La imagen de la tarde (y de muchas tardes). Juli, muy seguro de si mismo (posiblemente la única persona en la plaza que no se impresionó con la tremenda cogida del Niño de Leganés), espera impasible y plantado en los medios, a Tramposo, el bravo toro de Domingo Hernández que galopa en pos de la muleta y del torero.

 

Clave nº 2. Conocimiento de las reses

Otra cualidad -común a los grandes toreros- ha sido su genial intuición (muchas veces precoz) para entender el comportamiento y anticipar las reacciones de las reses. Comportamiento tan complejo que, para muchos profesionales, sigue siendo un enigma incluso después de retirados.

En el ruedo hay que tomar muchas decisiones, casi todas sobre la marcha, pues el toro no concede un respiro y, por tanto, no hay casi tiempo para pensar.

En la actuación de ayer del Juli, no hubo una sola decisión que no estuviera justificada y motivada por el comportamiento de las reses que le tocaron en sorteo. Algo muy importante, pues cuando se tiene esa capacidad y se les hace a los toros lo que estos piden, todos los toros parecen mejores de lo que lo son.

Eso es lo que pasó ayer. Julián no tuvo el mejor lote (tampoco el peor) pero hubiera dado igual pues cuando no se da un sólo paso en falso en la plaza, casi todos los toros responden

 

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Juli no tuvo el mejor lote pero cuando se torea parando, templando y mandando como torea el Juli, entonces la mayoría de los toros responden por muy escondida que esté su bravura y su nobleza. Porque cuando no lo está, aquello florea (Foto Arjona para Aplausos)

 

Clave nº 3. Conocimiento de las suertes

La intuición en el conocimiento de las reses suele ir unida en los maestros de la tauromaquia a la precisión en el manejo de los engaños y a la largura en los repertorios.

Si el paradigma histórico lo representa Joselito el Gallo, es hoy día el Juli el torero que –en mi opinión- mejor aúna ambas condiciones.

 

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Este sensacional quite del maestro Julián, alternando cordobinas, chicuelinas y tafalleras con mucho mando y elegancia, provocó un clamor en la plaza (Fotografía de la web de la Empresa)

Juli no sólo desplegó ayer en el ruedo de la Maestranza todo un magnífico repertorio (tanto con el capote y la muleta) de variados y bellos lances sino, lo que es mejor aún, fue que, para él, pareció como si no hiciera viento.

Sin embargo, viento hubo y mucho. La diferencia, con los otros toreros que han toreado este fin de semana en las mismas adversas condiciones climatológicas, está en la capacidad de este torero de controlar los engaños con la máxima precisión. En la muleta, por ejemplo, el torero dio todo un curso universitario de como la flámula se coge y maneja.

Y es que cuando se dominan las telas, hasta parece que el viento molesta menos.

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Cogiendo así de bien la muleta, el viento molesta mucho menos (Fotografía de la web de la empresa de la plaza de toros de Sevilla)

Clave nº 4. Distancia y ritmo 

Si el toreo es, como dicen, geometría, ayer recibimos también una lección de “descriptiva”. No solo en la elección que, en cada momento de la lidia de cada toro hizo el torero de los terrenos (ora las tablas, ora el tercio, ora los medios. Sobre todo, los medios) sino también en las distancias a las que se debe citar. Cada toro, y aun cada momento de la lidia de cada toro, pide una distancia precisa. No hay en esto, como no lo hay en el toreo, reglas fijas. Ni hay que citar de lejos, ni hay que citar de cerca. Hay que citar a la distancia que pide, en cada momento, cada toro. En eso, también fue redonda la actuación del Juli ayer.

Tan importante como la distancia es el ritmo de la faena. Las pausas que el torero concede al toro entre lance y lance y entre tanda y tanda para que este recargue las “pilas” o (como diría Manolo Martínez) reordene mentalmente su instinto de embestir.

Ejemplo de esto fue (como comentaba y nos explicaba el maestro Fernando Cámara) la faena a su primer toro,de nombre Habanero. Un toro noble pero con tendencia a la huida y que posiblemente se le hubiera rajado si el torero lo hubiera acosado con excesiva insistencia. Creo que ese toro, en otras manos, no hubiera dado el mismo resultado.

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Juli se desplanta ante los astifinos pitones de Habanero, primero de los toros de su lote (Fotografía de Arjona para Aplausos)

Juli le dio mucho sitio (y tiempo) en las dos primeras tandas con la derecha para que el toro se creciera. Luego, con la izquierda pudo atacarle más, como a él le gusta. Como la banda empezó a tocar tarde, el torero tuvo que alargar la faena con una tanda de propina donde el toro acusó su condición. Excelente el torero y el público. Desacertada la música, como ya es habitual en esta plaza.

 

Clave nº 5. Ambición torera.

Hoy por hoy, Juli está dispuesto a triunfar por adversas que sean las condiciones a las que se enfrente. Y el caso es que no lo tiene fácil pues su toreo técnico y cerebral, nada heroico (aunque derroche valor a raudales) ni artístico (aunque cada vez se le vea más elegante en la cara del toro, sobre todo en los remates) no es de los que encandilan a los públicos y a veces ni siquiera a algunos aficionados. Algo que han sufrido antes todos los toreros de su misma cuerda.

Pero toreando como toreó ayer, muy encajado de riñones, con los engaños sumamente bajos y muy acucharadas las telas, llevando al toro muy, pero que muy, toreado en un recorrido largo, larguísimo, que, a veces, parece infinito, no hay quien se le pueda resistir y no tenga (aunque sea a regañadientes) que reconocer su capacidad, poderío e inmensa torería.

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Incluso cuando se estira, la muleta de Juli arrastra más de la mitad de la tela por la arena. Eso es torear por abajo. (Fotografía de Arjona para Aplausos)

Y eso que su toreo es, a priori, un toreo a contraestilo de la plaza de Sevilla y de la afición sevillana, una afición que, sin embargo, se entregó incondicionalmente ayer al toreo de este torero, hasta el punto de pedir, con justa insistencia, que le concedieran el rabo de su segundo toro. Algo que no veíamos en este plaza desde hace mucho tiempo.

Por lo que respecta al escalafón, Juli compite con todos los toreros. Y cuando se le acaba la competencia con los demás (como le pasó ayer cuando ni Morante ni Manzanares pudieron seguir su ritmo, desbordados y quizás apabullados por el madrileño) compite consigo mismo.

Por eso, estuvo inconmensurable y, por eso, no se le ve a este torero, al día de hoy, techo alguno.

La impresión que dio en la plaza es que, por ahora, el único torero capaz de competir y superar al Juli es el propio Juli.

 

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Ahora mismo y pese a todos lo reparos que se le quieran poner, Juli está a una distancia sideral y estratosférica del resto de sus compañeros. Sus ansías de triunfo son, además, infinitas (Foto Arjona para Aplausos).