domingo, 5 de junio de 2016

De purísima y oro

Por Jose Morente

José Tomás de purísima y oro en su histórica comparecencia en las Ventas, el 5 de junio de 2008 (Foto Juan Pelerín-Las Ventas)
La elección del color del terno de los toreros suele revestir un simbolismo especial. Desde el habitual blanco de las alternativas a los clásicos granas o tabaco, pasando por una gama que incluye denominaciones tan curiosas como obispo y oro, corinto y oro, nazareno, azul pavo, etcétera, etcétera.

Dentro de esa amplia gama de colores destacan los que tienen connotaciones religiosas. Uno de esos colores litúrgicos es el "purísima y oro", muy conocido por ser título de una canción de Joaquín Sabina dedicada a la posguerra y donde recuerda a Manolete y también el de una poesía del mismo autor, dedicada a José Tomás, mucho menos conocida.

Aunque puesto de moda por Sabina, el purísima era ya conocido a principios del siglo XX y fue utilizado por algunos toreros, Este recorte de una reseña de una corrida de Chicuelo en 1930, publicada en La Fiesta Brava, lo atestigua.
Precisamente, el diestro de Galapagar es un habitual de ese color cuyo origen (terminológico) nos lo desvela Carlos Abella en su libro "¡Derecho al toro!-El lenguaje taurino y su influencia en lo cotidiano"(1ª ed,. Madrid, Editorial Vivelibro, 2015). En la página 48 nos aclara:
"En cuanto al color denominado "purísima", se trata de un azul pálido y su denominación viene inspirada por el tono azul con el que el pintor Murillo inmortalizaba las vírgenes y en concreto la Inmaculada Concepción, a la que por antonomasia se llama la Purísima"

El color purísima tiene su origen en el azul utilizado por Murillo para pintar a la Purísima, a la Inmaculada Concepción
Llegados aquí, y para rematar la faena, no está de mas recordar una estrofa del poema de Sabina:

Juan Belmonte y Gallito, edad de oro,
tercio de quites ¿falta o sobra toro?
el caso es que Tomás, en el paseo,
parece Apolo, Lucifer, Orfeo,
y, en la distancia corta, se adivina
que desenreda el tedio y la rutina.
¿Qué coño mártir? Toreador, señora,
dijo Bizet poniendo su alma en hora.


¿Mártir? ¡No! ¡Toreador! (Foto de Juan Pelegrín.Las Ventas)

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