Por Juan Guadalupe
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| La puntilla... tantas veces fallida |
He cumplido 80 años y desde los 4 o 5 estoy viendo toros de la mano de mi padre y a partir de unos años, por libre. Disfruté y lloramos en familia a Manolete, sobre un periódico con las fotos de su muerte, extendido sobre la mesa de camilla de mi casa de Granada. Tenía 9 años pero lo mantengo vivo en mis recuerdos. Dos años antes, en el 45 lo había visto triunfar, cortando hasta una pata en una corrida donde el impacto mas grande no fue esto, sino la tremenda doble cogida de Parrita, al que el toro corneó al lanzarlo y recogerlo cuando caía. Se salvo milagrosamente. Alternaban con Pepín Martín Vázquez.
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La cogida de Parrita en Granada el 1 de junio de 1945, alternaba con Manolete y Pepín (Fotografía publicada en El Ruedo el día 6 de junio) |
Estuve y obtuve premios de las célebres rifas que se celebraban, a veces con más tirón que el propio evento taurino, en la vieja Plaza de Toros de El Triunfo, "La Chata". Perdió las andanadas por un ciclón que atravesó la ciudad. Cerró en 1948, para siempre y se demolió. Hasta entonces había dos plazas dando toros, esta y la nueva en la Avda. Doctor Oloriz.
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| Antigua fotografía de la Plaza de toros de Granada "El Triunfo" (Blog "Te recuerdo") |
He visto pues muchos festejos y conocí a algunos célebres toreros, Arruza que era amigo de mi tío Antonio y me dedicaba sus fotos en postales (que perdí con el tiempo) y al característico Rafael "El Gallo", que iba a ver a otro Rafael, Mariscal, torero granadino de su gusto y del mío, pues me recordaba a Manolo Gonzalez, por su tipo y sus formas toreras.
Mariscal formó terna con otro buen torero granadino, Miguel Montenegro, que dieron muchas tardes de gloria a la afición española tanto de novilleros, como de matadores. De Montenegro fue el primer capote que cogí en mis manos cuando mi padre me apuntó a la Escuela Taurina, dependiente del Club Taurino de Granada, pero mi paso en ella fue corto, porque yo mismo "no me veía".
A Mariscal le dieron la ultima pata que vi otorgar, en dos corridas del año 54 en Granada. En las corridas celebradas el 12 y 26 de septiembre de ese año, Mariscal cortó 7 orejas, 2 rabos y 1 pata, Miguel Montenegro 8 orejas, 4 rabos y 1 pata y el malagueño Manolo Segura, 2 orejas. Y según mi entender, en adelante empezaron a producirse las primera decisiones lógicas para suprimir y modificar algunas costumbres que empezaban a chocar con los tiempos que venían.
Reglamentos y decretos, como el de marzo de 1962 promulgado por el Ministro de la Gobernación, Camilo Alonso Vega, prohibía "terminantemente el corte de patas" y dejaba a juicio del Presidente que, en casos excepcionales, concediera el rabo de la res, amén de una o dos orejas.
Fotografía del paseillo y reseña de los trofeos cortados en la novillada del 26 (Información publicada en El Ruedo el día 30 de septiembre de 1954) |
| Artículo 68 del Reglamento Taurino de 1962 |
He visto muchos caballos -con el peto antiguo- heridos y con el mondongo fuera, pasarlos al patio para meterselos en el estómago, coser y volverlos al ruedo. Sucesivas reglamentaciones han ido proporcionando a este tercio, de inicio el más antipopular de la corrida, una casi total protección de los equinos, como asimismo adaptando las puyas al justo formato para su función. Otro paso mas hacia el sentido común del momento.
Se han modificado las banderillas, acortando los arponcillos y cambiando la rigidez de los palos, en beneficio tanto del toro como de los profesionales que ejecutan este tercio. Nuevo paso en positivo, para todos.
Como decía al principio "he estado dormido" y creo que, como yo, muchos aficionados, cuando permanecemos impasibles ante la masacre que suponen el descabello y la puntilla. ¿Como no somos conscientes de su nefasta influencia en nuestro entorno general, taurino o no? ¿Como está permitido, y no prohibido y fuertemente penalizado, dañar los morros del toro, cuando no humilla, haciéndoles sangrar abundantemente? Y es que, con relativa frecuencia, vemos multiplicarse los intentos de descabello.
¿Y la puntilla? Dicen que ya no se puede practicar ni en los mataderos, como antes. Está prohibido. O sea que se prohíbe en el matadero y no en la plaza ante miles de personas. Personas que, en su inmensa mayoría, vuelven la cara con pesar y desagrado, mientras que otros cuentan en voz alta y con tono de mofa, los golpes fallidos.
Creo que no estamos a la altura de los tiempos. Pienso que tenemos que reconocer la realidad y es que, en general, la sensibilidad hacia los animales ha cambiado (algunos, en eso, se pasan). La razón, la lógica de los tiempos y si cabe, el sentido práctico, hacen que sea conveniente buscar soluciones.
Es mi criterio, aunque con frecuencia hable en plural. Propongo una solución en base a un artilugio en forma de verduguillo al que se le acople una porra eléctrica/láser (igual para la puntilla), que produzcan la caída de la res por aturdimiento y pueda ser atronada de inmediato por el puntillero con total efectividad y sin riesgo para él. Otras sugerencia de profesionales mas expertos, pueden aportar ideas que lleven a buen fin el cambio. No se trata de "dulcificar" sino adaptarse a los tiempos pues quizás aún sea posible llegar a tiempo.
Y. por otra parte, me pregunto ¿Cuántos grandes triunfos se han visto empañados por ese final fallido que, realmente, no tiene trascendencia ni en la lidia ni en la suerte suprema?. ¿Que aportan el descabello y la puntilla de arte, estética y belleza al toreo? Mi respuesta es que nada.
Pero sobre todo, alimenta o, mejor dicho, proporciona un banquete a los anti, que no podemos ni nos debemos permitir.
Por Juan Guadalupe (Aficionado Práctico)
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El mensaje antitaurino se basa en imágenes vinculadas al momento del descabello y la puntilla |
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Nota de LRI. Se dice que hay tantas opiniones diferentes como aficionados existen y creo que es cierto. Abrir el debate de la modificación del reglamento en cuestiones que atañen a la muerte del animal parece ser hoy muy complicado. Para muchos aficionados (y para los toreros como afirman algunos de ellos en el vídeo que hemos insertado) modificar el reglamento no es lo más deseable por su evidente complejidad y consecuencias (salvando las distancias, sería como modificar la Constitución). Se empieza modificando el descabello y la puntilla y se acaba cuestionando la muerte del toro.
Dicho esto, la sangría que suponen el descabello y la puntilla y, sobre todo, el desagrado que provocan en la mayoría de los aficionados y espectadores, esos frecuentes intentos fallidos merecen una reflexión en profundidad. Del descabello siempre se ha dicho que era suerte de matarifes y que el acierto o desacierto en el desempeño de esa suerte no debía modificar la valoración de la faena. Es evidente que no es eso lo que pasa. También esta actitud merece nuestra reflexión.




