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viernes, 14 de abril de 2017

El reto de los grandes ganaderos. Álvaro Núñez del Cuvillo.

Por Jose Morente
Arrojado. El toro de Núñez del Cuvillo indultado en la Maestranza por su nobilísimo comportamiento en la muleta. Su comportamiento en varas fue más bien discreto y manifestó cierta tendencia a rajarse en banderillas pero en la muleta dio todas las facilidades a su torero, José María Manzanares. El indulto fue solicitado por aclamación por todo el público.
Metido de lleno en la serie las claves de la bravura, me topo con unas declaraciones de Álvaro Núñez del Cuvillo que han provocado un gran revuelo en las redes sociales, levantando ronchas y provocando multitud de comentarios (y descalificaciones) en su contra en las redes sociales. Y es que, como todo lo que no comulga con las tesis oficialistas, las declaraciones de este ganadero, han sido rápidamente objeto de anatema.

La entrevista, que está publicada en la web Patrimonio Taurino, se puede leer completa aquí).

La polémica entrevista a Álvaro Núñez del Cuvillo publicada en la web Patrimonio Taurino y que tanto revuelo han causado en algunos aficionados

La muleta como medidor de la bravura

A la pregunta de qué es la bravura, el ganadero contesta:
"Crecerse al castigo. Ahora bien, ¿qué es lo que más castiga al toro? la muleta. No hay mayor castigo para un toro que la sumisión, que le obliguen en la muleta sometiéndole"
Personalmente, estoy de acuerdo con la definición inicial. Creo que bravura es "crecerse al castigo" y también creo que la muleta castiga y mucho. Lo que no tengo tan claro es que la muleta castigue más que la suerte de varas (que es lo que parece que se quiere decir).

En mi opinión son dos castigos diferentes a los que el toro (cada toro) reacciona de forma diferente: Uno el castigo de la herida que enfurece y otro el castigo de la muleta que obliga.

El primero está claro y claras las posibles reacciones del toro ante esa agresión que le lesiona los músculos del cuello y el lomo. O seguir atacando (bravura) o renunciar a la pelea (mansedumbre) con todos los grados intermedios que uno pueda imaginar.

En el segundo, puede que no esté claro para algunos que la muleta castiga, pero lo hace y mucho pues se fuerza al toro amoverse de forma antinatural, bajando mucho la cabeza (humillando) al perseguir los engaños en una trayectoria que, si inicialmente es recta, al final se incurva. El bravo se somete y sigue la muleta, mientras el manso renuncia a la pelea. Igual que antes, entre los dos extremos está toda la posible gradación de la bravura.

Luego existirán otros matices del comportamiento que harán o no posible que surja el toreo que hoy se sueña pero eso es otra cuestión que atañe a las cualidades de la embestida (lo que Juan Pedro Domecq llamó toreabilidad y yo prefiero llamar nobleza) pero no a la bravura del toro. Bravura y nobleza son, también cosas distintas.

En cualquier caso y como he dicho antes, no tengo tan claro que la muleta castigue más que el caballo. Entonces ¿Porqué esa preferencia por la muleta como medidor de la bravura que demuestra el ganadero?

José Tomás en Jerez en mayo del pasado año, ante un excepcional toro de Cuvillo al que dieron la vuelta al ruedo (Fotografía de Arjona)
Las razones de una afirmación

Tengo para mí que el concepto de bravura cambia con los tiempos. Antiguamente, se valoraba la bravura exclusivamente por el comportamiento en varas. Un toro podía ser indultando antes de verlo en la muleta, sin que fuese toreado de muleta. 

Hoy, eso no es posible y hemos pasado al extremo contrario (que no valoro, solo constato el hecho). Se indulta al toro por su comportamiento en la muleta sin tener demasiado en cuenta (o nada) su comportamiento en varas

Ese cambio en el concepto de bravura propicia el cambio en los criterios de selección pero ¿no supone un peligro esa forma de seleccionar las reses atendiendo a la bravura en la muleta y no al comportamiento en el caballo, donde para algunos está la verdadera bravura?

La justificación del ganadero se contiene en otra respuesta de la misma entrevista. El entrevistador le dice: "El otro día hablamos con Justo Hernández -Garcigrande- y nos decía que no separa a la hora de seleccionar entre los tres tercios ya que el toro que es bueno lo es por completo".

Álvaro Núñez del Cuvillo responde (y esta ha sido la parte más controvertido de sus declaraciones):
"El caballo me importa un bledo. Para ahormar la embestida sí, pero no para seleccionar. ¿Todos los toros mansean al caballo? No. Si seleccionas entrega lo haces con un animal que la tiene para todo. Me gustaría que mansearan más en el caballo para que llegaran con más en la muleta. Para uno manso que se ve, se ven cien bravos en el caballo ya que en el caballo embisten más que a la muleta, tercio en el que embisten menos. Lo que debe un toro es embestir bien, defendiéndose no se deja someter."
Creo que ahí está la clave de su criterio. Si el toro bravo lo es en los tres tercios (como afirma también Justo Hernández), la bravura se puede buscar en cualquiera de ellos, 

La cuestión -según el ganadero- es que en el caballo embiste (son bravos) la inmensa mayoría. Lo que no ocurre en la muleta por el natural desgaste que supone la lidia y el sometimiento que implica el toreo de muleta.

Creo que, cuando dice que el caballo le importa un bledo para seleccionar, lo único que está diciendo es que ese no puede ser el criterio clave pues, según su opinión, si el toro se selecciona por la bravura en la muleta, se garantiza que también será bravo en el caballo. Lo que no ocurre a la inversa como demuestra la experiencia.Si se selecciona por el caballo no se garantiza que llegue bravo a la muleta (los antiguos Veraguas serían un buen ejemplo de eso)

El argumento está bien construido y es irreprochable (irreprochable a partir de sus propias hipótesis). Sin embargo, se me ocurren varias dudas razonables.

Agitador, gran toro de Fuente Ymbro que fue bravo en el caballo y en la muleta
Varias dudas razonables

Primero. Si la bravura es entrega y fuese igual la bravura en el caballo que la bravura en la muleta, el argumento sería indiscutible y, por tanto, seleccionando la bravura final (la de la muleta) garantizamos la bravura inicial (la del caballo). Pero si son dos cosas distintas, sería otro cantar pues la bravura en la muleta no garantizaría en absoluto la bravura en el caballo como afirma Álvaro del Cuvillo.

Segundo. En ese caso, bravuras diferentes se plantea la duda de cual sea la verdadera bravura o sea, ¿a cual debe atenderse en la selección para mantener en son óptimo la ganadería? Muchos aficionados sostienen que sólo es verdadera la bravura que se demuestra en el caballo. Yo, la verdad es que no lo tengo tan claro.

Tercero. En mi opinión, si, en la muleta, se seleccionara entrega (o sea bravura) la cosa podría funcionar. El problema es que la selección ganadera en la muleta atiende tanto a la bravura como a la nobleza (ya hemos dicho que, para nosotros, son dos cosas diferentes). Si al seleccionar damos más importancia a la nobleza del toro, a las variantes de su comportamiento que hacen posible el toreo con olvido de aquellas otras que son su sustento, su motor (como la casta, la entrega o, dicho llanamente, su bravura) creo que estaríamos equivocando el camino.

En este mismo sentido, creo que hay que matizar que una cosa es que el toro sea bravo en varas y otra, bien diferente, que muestre un comportamiento espectacular en esa suerte. No es lo mismo. Muchos factores alteran o pueden enmascarar aparentemente su bravura, la fuerza es uno de ellos.

La camada de Cuvillo de este año ha sido impresionante. El equilibrio bravura-nobleza ha propiciado 10 vueltas al ruedo y un indulto (Fotografía de Aplausos)
Concluyendo

En conclusión, no tengo la respuesta a la cuestión planteada: ¿debe seleccionarse por el comportamiento del toro en varas o puede seleccionarse por su comportamiento en la muleta como propone Álvaro Núñez del Cuvillo.

No tengo la respuesta ni creo que nadie la tenga

Álvaro Núñez del Cuvillo cuenta a su favor con los excelentes resultados de su camada del año pasado. No creo que sea posible un mayor equilibrio entre bravura de la buena y nobleza de la buena en una camada tan larga. Argumentos al margen, los hechos le dan la razón.

No obstante, esa alquimia de la bravura es delicada y ese equilibrio puede romperse (siempre acaba rompiendo) en cualquier momento. Mantenerlo es el reto de los grandes ganaderos.

La bravura del toro es creación artificial de los ganaderos que responde a los gustos de cada época y que supone el reto de mantener el nivel obtenido. En la imagen. Álvaro Núñez del Cuvillo, tentando (Fotografía de Aplausos)

sábado, 2 de julio de 2016

Cuaderno de notas (XCIV) No es lo mismo la bravura "deslocada" que la "regulada"

Mayo de 1979. La bravura explosiva de un Torrestrella ante la muleta -poderosa- de Francisco Rivera Paquirri.

"La bravura es la cualidad del toro de embestir por derecho, siempre para adelante, sin temerle a nada. Pero ojo, que no es lo mismo una bravura deslocada que una bravura regulada. Me gusta ese toro regulado que acude galopando, queriéndose comer la muleta.

Sin lugar a dudas, hoy hay mucha más bravura, lo que no significa que no haya más suavidad, y eso hace que los toreros estén más cómodos.

[Nuestro toro] ha mejorado mucho, tanto de comportamiento como en calidad. Toros que muestran un galope y una forma de embestir que transmite emoción, que al fin y al cabo , es lo que el ganadero busca y lo que desea el público"

Declaraciones de Álvaro Domecq Romero en PRIETO GARRIDO, José Luís "El toro bravo-ganaderías míticas" (1ª ed., Almuzara, Córdoba, 2012. Página 451)

viernes, 1 de julio de 2016

Cuaderno de notas (XCIII) Los machos no los tentamos

El ganadero Fernando Cuadri tentando una becerra (fotografía del libro El toro bravo-ganaderías míticas)
"Los machos no los tentamos. Los seleccionamos por nota.

Un macho tentado indica como es ese animal ese día y a esa hora, pero no indica, en absoluto, lo que va a transmitir. El semental es un portador de sus antecesores, de su familia, en definitiva, de su reata.

Y hay otra cosa importante, Si yo tengo un criterio de selección idéntico para cada macho, le estoy dejando los mismos caracteres, con la posibilidad de que algunos de ellos puedan chocar a la hora de la transmisión..Entonces. al carácter de selección de la presunta hembra, yo no sé el carácter de selección de macho que le va a ir mejor; luego, la mejor manera es probarlo.

Declaraciones de Fernando Cuadri en PRIETO GARRIDO, José Luís "El toro bravo-ganaderías míticas" (1ª ed., Almuzara, Córdoba, 2012. Página 327)

lunes, 9 de mayo de 2016

Cuaderno de notas (LXXXIII) La bravura es entrega

La verdadera bravura es entregaCobradiezmos de Victorino Martín indultado en Sevilla un toro con muchas cualidades pero sobre las que destacó su tremenda entrega (Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)
"Bravura es una suma de caracteres. Está claro que bravura es gana de combate conjuntamente con nobleza, porque si no, sería ese animal intoreable e imposible que a veces sale en las ganaderías de bravo (...)

En las ganaderías bravas, a veces sale ese animal salvaje que es indomable, un poco el pico máximo que puede tener la raza. Bravura debe de ir pareja con nobleza , porque si no, no es tal bravura sino temperamento salvaje indomable.

Bravura es entrega, lucha hasta el finalhumillar, repetir, fijeza, nobleza. Un conjunto de características que hacen que el animal se comporte como lo que es. La verdadera bravura se ve cuando el toro se para y domina. El toro que no es bravo y que es dominado, se para y se raja."

Declaraciones de Victorino Martín hijo en PRIETO GARRIDO, José Luís, El toro bravo-Ganaderías míticas (Almuzara, 1ª ed., 2012: p. 291)

miércoles, 20 de abril de 2016

Los paradigmas de la bravura: Jaquetón-Bravío-Cobradiezmos

Por José Morente

Una imagen emblemática. El morro y el pitón derecho haciendo surcos en la arena. La forma de colocar la cara, de humillar, de embestir, de "Cobradiezmos" de Victorino Martín, se ha convertido en el paradigma de la bravura del siglo XXI (Fotografía Maurice Berho-Mundotoro)

Si yo fuera político declararía. la bravura del toro de lidia, Bien de Interés Cultural igual que se hizo en 1999 con los registros sonoros, con la voz, de la Niña de los Peines.

No lo soy y, por tanto, me tengo que contentar con documentarla que es lo que vamos a hacer en esta entrada. Vamos a repasar la evolución de la bravura del toro a lo largo de la historia. Para ello hemos elegido tres toros emblemáticos y paradigmáticos que representan y simbolizan el concepto que, en cada siglo, se ha tenido de la bravura, esa cualidad tan necesaria para la pervivencia de la Fiesta.

Vayamos al grano. Los tres toros que, en mi opinión, mejor simbolizan la bravura, son Jaquetón (siglo XIX), Bravío (siglo XX) y Cobradiezmos, que, para mí, encarna el ideal de la bravura deseable en este siglo XXI.


Jaquetón. La bravura fiera del siglo XIX

Jaquetón. La bravura del siglo XIX (Detalle de una lámina de la Lidia publicada el 23 de mayo de 1887)

El tópico define y describe al XIX como el siglo de los toros fieros y los toreros machos. Una época donde se derramaba mucha sangre en los ruedos. Sobre todo, sangre de los caballos de los picadores y sangre de los toreros y menos, mucho menos (hoy dirían que ni para un análisis) de los toros lidiados.

En el XIX, La Fiesta era un espectáculo sangriento. La sangre de caballos y toreros corría copiosamente. La del toro. mucho menos (Detalle de la Lámina de la Lidia dedicada al toro Jaquetón)
Era aquel un espectáculo dantesco y sanguinario donde la idea de belleza estaba ausente. Las carencias médicas con el consiguiente riesgo de infecciones podían convertir un leve puntazo, en camino a la invalidez cuando no a la muerte. Pero no nos confundamos pues entonces la vida, también fuera de los ruedos, valía muy poco.

En esas condiciones, no tiene nada de extraño que se considerase más bravo, al toro más fiero, al que más veces acometiese a los caballos, al que los corneara con más saña e ímpetu. Dicho lisa y llanamente, se consideraba más bravo el toro que más caballos matase. Así de simple y así de trágico.

En el siglo XIX, la suerte de varas era primordial. Ahí era donde entonces se veía la bravura del toro. Una bravura que, en realidad convendría llamar fiereza (Detalle de la Lámina de la Lidia dedicada al toro Jaquetón)
En ese contexto, el ideal de bravura de ese siglo, lo encarna Jaquetón de la ganadería de Agustín Solís, el cura Solís, vecino de Trujillo (Cáceres) lidiado en Madrid el 24 de abril de 1887 por Currito (el hijo de Cúchares) que alternaba con Frascuelo y Ángel Pastor.

Su memoria está encerrada (y enterrada) en el Tomo I del Cossío (1943: 367-368) a donde hemos acudido a rescatarla.

Fue tan bravo e hizo tal pelea en varas que el público enardecido se opuso a que lo banderillease Pastor y pidió de forma clamorosa el indulto. Indulto que fue concedido aunque hubo que apuntillarle en el ruedo al no poder seguir a los mansos por las convulsiones que le provocó una de las varas. En el desolladero se comprobó que tenía reventado un pulmón por el esfuerzo realizado. Así lo contaban en la Lidia:


Y un detalle de importancia que desliza el revistero Don Jerónimo (Peña y Goñi) en la Apreciación final, casi sin darle importancia: El toro "llegó manso a la muerte". Muy bravo en el caballo, Jaquetón llegó manseando al último tercio.

Jaquetón llegó manso a la muerte lo que no importó a los aficionados de entonces, entusiasmados con su pelea en varas
Pese a ello, se le considera el toro más bravo de todo el siglo XIX, pues entonces, a lo que se ve, sólo importaba y se valoraba el comportamiento del toro en la suerte de varas. Tanto que los aficionados más conspicuos se marchaban de la plaza cuando tocaban a banderillas en el último de la tarde.

Eran otros tiempos.


Bravío. La bravura equilibrada del siglo XX.



A principios del siglo XX, los gustos están cambiando. Guerrita ha sido el primer torero en demorar el quite dejando que el toro romanee a los caballos con el fin de que pierda poder. Se trata ya de que llegue a la muleta en mejores condiciones para el toreo.

Además, la escabechina de la suerte de varas empieza a molestar a algunos aficionados que cada vez valoran más las faenas de muleta. Y es que no en balde, los grandes diestros de este principio de siglo se llaman nada más y nada menos que Joselito el Gallo, Juan Belmonte y Rafael el Gallo,... Gente que de verdad sabe torear.

Al toro se le empieza a pedir que mantenga su bravura hasta el final. Ya no valen esos toros de Colmenar o de Veragua que hacían salidas explosiva, comiéndose la osa mayor, pero que, en banderillas, se aconchaban en tablas. Por el contrario, se empieza a valorar el toro que, saliendo frío, va a más. Serán otros encastes de bravura más sostenida, los que toman el relevo en el gusto de los aficionados.

Será, por tanto, un toro de Santa Coloma, casta Vistahermosa, el que marcará la pauta de la bravura ideal del nuevo siglo. El toro se llama Bravío y se lidiará en Madrid un 11 de mayo de 1919.

Un toro que resulta bravo, muy bravo en varas pero también noble, muy noble en la muleta. Pese a su nobleza, la de Bravío, es todavía una bravura molesta y desbordante para su matador que no acabará de entenderlo. Y eso que Saleri II, que cargará con ese sambenito toda su carrera, estuvo sensacional en su otro toro. Pero eso no importa. Cuando sale un toro de bandera, el público se pone de parte del toro.

Corrochano en ABC destacaba la bravura y la nobleza de Bravío y es que, para el toreo, es condición necesaria la franqueza.
Y otro detalle importante. Las hechuras. Ya no valen los toros destartalados sino los "bien hechos" pues su tipo es garantía de su embestida. Bravío es un toro precioso a más de fino y terciado. Hablando en plata, un toro chico, tanto que los veterinarios querrán rechazarlo en el reconocimiento previo La amenaza del ganadero de retirar la corrida completa si el toro no se aprueba, permite que salte al ruedo de Madrid pudiendo demostrar toda su bravura.

Casi 30 años después de la lidia de Bravío, el Ruedo recordaba a ese toro y a su criador, el Conde de Santa Coloma. Por cierto que algunos aficionados e incluso algunos toreros los consideraban toros fáciles sólo por el hecho de ser los preferidos de las figuras de entonces (Lo mismo que ocurre ahora)


Cobradiezmos. La bravura noble del siglo XXI

La brava embestida de Cobradiezmos, el toro de Victorino lidiado en Sevilla esta Feria de Abril (Fotografía de Maurice Berho-Mundotoro)
Casi cien años después de la lidia de Bravío, las cosas han vuelto a cambiar. En la suerte de varas, la víctima ya no es el caballo, protegido por el peto implantado en la Dictadura de Primo de Rivera sino el propio toro masacrado a placer desde unos pecherones cruzados, de gran alzada y poder y muy entrenados.

En consecuencia, la suerte de varas ha perdido la grandeza e importancia que tuvo en otras épocas pues lo que realmente importa a los públicos modernos es el toreo a pie. El de capote y, sobre todo, la muleta. A los públicos de ahora, ver sangre cada vez les gusta menos sobe todo, si se trata de la sangre de los animales.

Por contra, al toro se le exige mucho en el último tercio que ha crecido en duración e importancia. Y es que el toreo que se practica hoy somete a los astados a una dura prueba pues frente a la media docena de pases por alto y aliviados que componían la faena estándar del XIX, hoy se le pide al toro que llegue a la muleta con fuerza, bravura y nobleza suficientes para embestir infinidad de veces con humillación, fijeza, recorrido, ritmo y clase. 

"Cobradiezmos", de Victorino Martín, lidiado con solvencia por Manuel Escribano, el pasado miércoles en Sevilla es el nuevo paradigma de la bravura en este nuevo siglo. Una bravura encarnada por esas embestidas entregadas y excepcionales de las que hizo derroche. Es posiblemente, el toro al que mejor y con más duración he visto embestir en toda mi vida de aficionado. Un toro, huelga decirlo, de preciosas hechuras en la línea de su encaste. Un toro bravísimo u nobilísimo.

 Las perfectas hechuras de Cobradiezmos (Fotografía de Maurice Berho-Mundotoro)

La Maestranza, que así lo entendió, bramó de placer ante todas y cada una de sus incansables arrancadas en pos de la muleta de su hábil y eficaz lidiador.

 La Maestranza bramó en todas y cada una de las largas embestidas de Cobradiezmos (Fotografía de Maurice Berho-Mundotoro)
Un lidiador que, esa es otra característica de la bravura que hoy se pide, pudo triunfar con él. Y es que al contrario que el bravo del siglo XX, al que casi se le exigía  como condición necesaria para así catalogarlo, que estuviese por encima del torero, que le ganase la pelea, la nueva bravura de hoy, la bravura del siglo XXI, convierte al toro en el mejor colaborador posible del éxito del torero. Siempre, claro está, que el torero esté dispuesto a entregarse tanto como se le entrega el toro.

Y es que, el toreo ya no es lucha sin cuartel, ni una pelea a muerte entre dos aguerridos contrincantes, sino entrega máxima de ambos contendientes, del toro y del torero.

Una entrega cuya conjunción hace posible el milagro del toreo tal y como hoy lo entendemos.

"Cobradiezmos" ha señalado el camino por donde debe discurrir la auténtica bravura de este siglo.

Habrá que seguirlo

Cobradiezmos de vuelta en las Tiesas, la finca de Victorino Martín

miércoles, 18 de mayo de 2011

La bravura en el siglo XXI (II) La opinión de los ganaderos de hoy: Domecq y Núñez del Cuvillo

 

Pelea de toros de Nuñez del Cuvillo 001_thumb[2]

Pelea en el campo de toros de Núñez del Cuvillo.
 
Vamos a ver el concepto que sobre la bravura tienen los ganaderos actuales. Y cuando digo actuales quiero decir aquellos que defienden un concepto de bravura evolucionado respecto al hasta ahora vigente.
 
Y no porque no me interese el criterio de los  ganaderos más “conservadores”, sino porque el de éstos es de sobra conocido, divulgado, contrastado y explicado en los manuales clásicos que existen sobre el toro.
 
Me interesan por tanto y sobre todo, conocer las opiniones de Álvaro Domecq Díez, Juan Pedro Domecq Solís, Joaquín Núñez del Cuvillo y Álvaro Núñez Benjumea.
 
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Álvaro Domecq Díez
 
Las de Álvaro Domecq están recogidas en el tomo XI del Cossío (“La cría y selección del toro de lidia en la actualidad”. Madrid, 1994) y en el libro El toro Bravo publicado por Espasa-Calpe en la Colección la Tauromaquia (Madrid, 1985), publicaciones a las que me remito.
 
Juan Pedro Domecq Solís
 
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Este ganadero, recientemente fallecido, nos dejó un magnífico libro titulado “Del toreo a la bravura” que es todo un compendio de su forma de pensar sobre el toro y sobre el toreo (interesante ya que además de ganadero fue un gran aficionado práctico ).
 
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Juan Pedro Domecq Solís toreando con su nieto a hombros
 
Sus criterios sobre la bravura del toro están ya comentados en otra entrada de este blog a la que remito al lector curioso.
 
Miura y Juan Pedro 001_thumb[2]
Juan Pedro Domecq con Eduardo Miura
 
Lo que me interesa es la distinción entre bravura y toreabilidad que este ganadero cabalmente distingue como dos conceptos distintos y su relación con la fiereza. Creo que entre fiereza y nobleza, entre dificultades y facilidades para el toreo se polariza actualmente la discusión de los aficionados y el devenir o futuro de la fiesta.
 
De los trabajos de Juan Pedro Domecq son muy interesantes (aunque no los citaba en el blog) sus estudios estadísticos sobre las correlaciones entre unos caracteres y otros. En efecto, hay caracteres que se presentan normalmente juntos y otros que son incompatibles entre sí.
 
Correlaciones 001_thumb[3]
Tabla de correlaciones entre caracteres
 
Pues bien, según los estudios del ganadero jerezano, existe una correlación negativa entre la fuerza con la nobleza y el ritmo. Dicho de otro modo, los animales más fieros  son al mismo tiempo los menos nobles (aunque sean cualidades distintas, se encuentran pocos animales toreables que a la vez sean fieros).
 
JPDS toreando 001_thumb[3]
Juan Pedro Domecq toreando
 
Ello quiere decir que cuando el ganadero busca bravura y toreabilidad, el factor fiereza, al no estar relacionado con ellos ni con la nobleza, no se arrastra en la selección. Por tanto, si se quiere un toro más fiero, hay que buscar este carácter de forma independiente, para “conjugar bravura, toreabilidad y fiereza, que es lo que el público demanda”.
 
 
Núñez del Cuvillo  
 
Los ganaderos Núñez del Cuvillo 001_thumb[3]
Álvaro Núñez Benjumea y Joaquín Núñez del Cuvillo
 
El número 6 de la serie oro (Ganaderías/1) de la editorial Campo Bravo  (editora de 6 toros 6) se dedicó en su integridad a las dos ganaderías punteras españolas, que son, actualmente, Victorino Martín y Núñez del Cuvillo.
 
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De la parte dedicada a Núñez del Cuvillo entresacamos algunos de los criterios  de esta familia de ganaderos sobre el concepto de bravura que vienen aplicando.
 
Evolución del toro
 
Para estos ganaderos, el toro va cambiando según los gustos del público. Pero –matizando- que “la gente siempre está condicionada por los toreros, así que quien verdaderamente marca la pauta son los toreros”. Lo que, por otra parte, coincide con la opinión manifestada por dos lectores de este blog: Vazqueño y Bebe Chico (Ver entrada  La bravura del toro (I) ¿Donde está “Hache”?)
 
Recuerdan, estos ganaderos, como Joselito el Gallo era partidario de Murube (Hasta el punto añado yo, de convencer a su amigo el banquero Antonio Urquijo para que comprase esta ganadería cuando estaba en venta).
 
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Un “murube” con el hierro de Fermín Bohorquez
 
Luego muchos años después y según su opinión, Espartaco, Jesulín y Ponce, impusieron un toro más suave ya que permitía temporadas más largas.
 
La tendencia ha cambiado. El poderío de José Tomás, el Juli y Perera (las declaraciones son del año fuerte de éste último) imponen un toro más enrazado y profundo, aunque los toreros tienen que aceptar que con este tipo de toro, el que sale malo, es muchísimo más complicado de torear.
 
Lo que según me comentaba José Ramón Márquez,coincide con la opinión del Cid quien le confesaba que el toro con el que lo pasaba peor era con el malo de Núñez del Cuvillo. Atención al dato que me parece importante y deshace tópicos.
 
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El Cid. Écija, 2007
 
Otro tópico es el que las figuras buscan un toro fácil. Más bien depende de su concepto del toreo. Toreros como Ponce están más cómodos con el toro noblote y por el contrario, toreros como Tomás o Juli necesitan un toro más encastado para lucir su poderío y cualidades.
 
Bravura y mansedumbre
 
Los ganaderos consideran la bravura algo excepcional, ya que lo normal es –según ellos- la mansedumbre. Todos los animales –prosiguen- acometen en el campo, pero luego buscan la huida cuando se les castiga. “Sólo el toro se queda y esa es la bravura, vencer al instinto natural de huir y crecerse al castigo”.
 
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José Tomás con Idílico
 
Según ellos, el 70% del ganado bravo transmite bravura, pero un 30% sale manso “por puro instinto de supervivencia de su especia”. Luchar contra ese porcentaje es lo que hace difícil ser ganadero, ya que se trata de convertir en normal una cualidad excepcional.
 
El toro ideal
 
El cuatreño ideal de estos ganaderos es el que pesa entre 470 y 490 Kilos, con un morrillo mediano, no excesivo, al tiempo que rematado a la vista.
 
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El semental “Diligencia”, marcado con el nº 48 (según comentario a pie de foto en la revista 6 toros 6 y con el número 04 según listado de la ganadería que figura en la misma revista) y guarismo 96. Lo tentó Currillo y dejó impronta de su clase, además de dar buen trapío sus hijos entre los que destacó el ya famoso “Idílico-120” indultado por José Tomás en Barcelona. Es padre también de “Metelíos-168” y por tanto abuelo de “Arrojado-217”. Hijo del semental “Histrión-80”, guarismo 90, con el hierro de Juan Pedro Domecq.
 
Lo importante en un toro bravo no son los kilos que tenga sino el trapío y (atención a lo que dice) la agresividad.
 
En cuanto a los pitones, son perfectos los que los tienen normales, reunidos, tocados y vueltos hacia arriba, porque en esta casa, “no nos gustan los pitones planos”.
 
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Metelío nº 168. Pelo castaño. Hijo del semental “Diligencia”. Tentado por Dávila Miura, es un toro que según sus criadores, transmite bravura y profundidad en las embestidas. Padre de “Arrojado-217” el toro indultado en Sevilla.
 
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Las notas medias de bravura y toreabilidad de los hijos e hijas del semental “Metelíos-168”. La nota media de sus hijos en toreabilidad es de 7,1 que es superior a la nota media de bravura 6,9 (Las notas medias de las hembras son algo superiores en ambos conceptos). Conclusión: sus productos son algo más nobles que bravos.
 
También piensan que el comportamiento hace la mitad de las hechuras y “el toro bueno, al final siempre acaba siendo bonito”.
 
De comportamiento dicen preferir la raza con clase, el toro que se emplea con brío. Al mismo tiempo dicen llevar dos líneas “una de clase y otra de raza”, porque si una se te va a la deriva, siempre puedes acogerte a la otra.
 
Lo curioso es que repasando los libros de la ganadería de los que se aportan fragmentos en la revista citada, se comprueba que estos ganaderos utilizan los mismos conceptos (bravura y toreabilidad) a la hora de puntuar sus toros que utilizaba y definía Juan Pedro Domecq Solís y a los que yo añadiría el concepto de fiereza sin el cual la definición de la bravura no queda –en mi opinión- completa.

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La corrida de Sevilla al completo. Según parece dos de los toros iban para Madrid, lo que no ha sentado bien a la exigente afición venteña. “Arrojado-217” guarismo 7 es el tercero. Un cuatreño con la edad justa.

(Continuará…)

martes, 17 de mayo de 2011

Resultados del juego-encuesta de la bravura de Arrojado

Por Juan Medina/Jose Morente

 

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Primero. Se incluyen en el Cuadro los resultados del juego-encuesta sobre la bravura del toro Arrojado de Núñez del Cuvillo. La primera columna define como sabéis los caracteres a puntuar, cuyo máximo posible es el valor que aparece en la segunda columna.

Las columnas E-1 a E-13 incluyen las puntuaciones de cada uno de los aficionados participantes en la encuesta, a los que agradecemos desde “El escalafón del aficionado” y “La razón incorpórea” su participación en la misma, ya que la tabla como habréis comprobado es bastante laboriosa.

En la columna promedio se incluyen los resultados finales obtenidos promediando las puntuaciones emitidas por todos los participantes. Para los caracteres desagregados y dado que no han sido objeto de puntuación por algún aficionado “comodón” (Esto es relativo, ojo. Comodones son los que no han hecho la encuesta) los promedios incluye lógicamente sólo las puntuaciones emitidas.

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Segundo. Al no ser la muestra suficientemente amplía no se ha considerado la auto-titulación de cada aficionado como “torista” o “torerista” ya que no arrojaba datos concluyentes.

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Tercero. El nivel de participación ha sido bajo. Sin embargo, el nivel de afición de los participantes, a mucho de los cuales conocemos personalmente, garantiza la fiabilidad de los resultados.

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Cuarto. Con las puntuaciones emitidas (71 puntos sobre 100 posibles) resulta que el toro “Arrojado” merece la calificación de NOTABLE, pero no alcanza la categoría de superior, lo que hace más que discutible su indulto.

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Quinto. Respecto a las puntuaciones generales interesa resaltar:

  • La alta puntuación (notable alto) que merece la presentación de este toro (8 sobre 10) indicativa de su trapío y magníficas hechuras. Y un dato, importante, el toro pesó 500 Kg. Justos. No es necesario un elefante para que el toro tenga un trapío adecuado (lo que desmiente el bulo de los taurinos sobre la supuesta preferencia de los aficionados por un toro grande y fuera de tipo). Al contrario, Arrojado ha sido valorado con nota alta en este apartado, destacando por tipo y finura, lo que ha sido muy tenido en cuenta por los participantes a la encuesta.

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  • La puntuación en la suerte de varas ha sido muy baja (5,5 sobre 10) que supone un aprobado “raspado”, lo que quizás era previsible. El aficionado torista o torerista (da igual) valora en alto grado esta suerte que está en un trance muy delicado actualmente, especialmente con la reducción reglamentaria del número de puyazos que la desvirtúan como prueba funcional de la bravura, lo que la reduce a mera suerte de castigo y para ahormar la cabeza del toro.

Si resulta sorprendente por el contrario, la dispersión de puntuaciones indicativa de la dispersión de los criterios de cada aficionado a la hora de juzgar cada concepto. No todos los aficionados tienen el mismo criterio (como es lógico) a la hora de juzgar el comportamiento del toro.

En todo caso, el no excesivo poder del astado y el no haber tomado mayor número de puyazos le penalizan excesivamente.

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  • En banderillas, la puntuación del toro empieza a subir como corresponde a su comportamiento de menos a más en la lidia y sube a notable alto (7,7 sobre 10).

También sorprende alguna valoración puntual, posiblemente al considerar algún aficionado como defecto importante cierta tendencia del toro a irse abierto que demostró en este tercio. Defecto no muy aparente gracias a la buena lidia de la cuadrilla, más que a la bravura del burel.

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  • Donde el tema coge vuelo y se justifica el revuelo que ha traído la lidia de este toro es en la muleta. Atención, porque la nota del toro es excepcional: Sobresaliente (8,9 sobre 10) y eso que su nobleza y suavidad extrema han inclinado a algunos aficionados a juzgarle con cierto rigor. Sin embargo, ha habido varias notas de 30 (máximo posible en este tercio).

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Sexto. No vamos a entrar en las puntuaciones de cada carácter ya que baste repasar el Cuadro, sin embargo, hay que señalar que algunas puntuaciones aisladas resultan sorprendentes. Posiblemente porque sobre el concepto que representan exista disparidad de criterios. Por ejemplo, visto el comportamiento del toro en la plaza resultan llamativas las puntuaciones sobre la salida con quite en varas, la pelea en un mismo tercio o la persecución al banderillero en la suerte correspondiente.

Por el contrario, es de destacar la unánime valoración de la suavidad y noblezas infinitas de este toro, que fue –creemos- lo que encandiló a la plaza.

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Conclusiones. Los resultados de la encuesta son coincidentes con el criterio mayoritario de la crítica y los aficionados más exigentes entre los que creemos que existe unanimidad sobre la improcedencia del indulto. En efecto, según la encuesta, el toro Arrojado fue (con los baremos de la década de los 60 del siglo pasado) un toro NOTABLE pero no superior en todas las fases de la lidia y menos en la suerte de varas.

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Dado que el artículo 60 del RETA, establece que el presidente podrá conceder el indulto a la res que sea merecedora del mismo:

“por sus características zootécnicas y excelente comportamiento en todas las fases de la lidia sin excepción y, especialmente, en la suerte de varas.

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Resulta que el indulto de Arrojado, no sólo fue improcedente sino que debemos calificar de antirreglamentario y no debió ser concedido –en ningún caso- por la Presidencia.

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Cuestión distinta es que la petición mayoritaria del público de Sevilla (plaza de reconocido prestigio) trasluce un cambio de criterio en la valoración del comportamiento del toro, del que se exige aptitud para la lidia actual o, según la definición de Juan Pedro Domecq, toreabilidad: “que el toro persiga aquello que se mueve… [lo cual] resulta más fácil cuando el toro es menos fiero” (Del toreo a la bravura. Alianza, p. 227). Si este cambio de orientación se traslada al Reglamento, se abriría además otro debate distinto, y es la posible disparidad de criterios entre los distintos reglamentos taurinos, al tener atribuidas las Comunidades Autónomas competencias exclusivas en la materia.

 

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