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martes, 2 de junio de 2015

¡Nos gustan tanto los toros de Pablo Romero!

Por Jose Morente

Impresionante foto de un impresionante Pablo Romero (Fotografía de JUAN PELEGRÍN publicada en el blog Toro, torero y afición


Nos gustan tanto los toros Pablo Romero que nos cuesta aceptar que unos toros tan bellos, tan bonitos, tan históricos, puedan tener un comportamiento tan malo en el ruedo.

Ya no se trata de analizar y buscar matices pues la corrida no los dio. La corrida de ayer, no dio nada a nadie.

Pero, como nos cuesta aceptar que unos toros tan bonitos no den juego, buscamos culpables. Buscamos responsables del mal juego de los toros. 

Primero, los toreros. Una terna a la que se le reprocha y achaca el mal juego de los toros. Un mal juego del que, sin embargo, no son responsables. Los más avispados hablan de la vieja lidia que se les debía haber hecho a esos toros. Una lidia que ni ellos ni nosotros (que conste) nunca hemos visto. No hay tal, en este caso. La vieja lidia estaba pensada para el toro fiero y con sentido en el que tiene sentido pelearse sobre las piernas. En los toros descastados y huidos eso no procede y lo único que tiene sentido en ir detrás de ellos hasta conseguir cazarlos.

Si la culpa no la tienen los toros ni los toreros habrá que matar al mensajero que, en este caso, son los comentaristas del plus. Los cuales se limitaron a poner en evidencia lo malos que salieron los toros pero que (eso también es cierto) se metieron en el innecesario berenjenal de valorar encastes. Un tema muy delicado y que levanta demasiadas susceptibilidades. Sus opiniones se vieron gravadas (y agravadas) por la inmediatez de la retransmisión en directo y el calentón de lo malos que salieron los toros. Algo que no ayuda al juicio sereno.

Este tema de la diversidad de encastes es un arma de doble filo o, quizás mejor dicho, de doble rasero o doble moral. Y es que, hoy, con los encastes minoritarios, es muy difícil poder opinar con objetividad.

En estos encastes, si los toros salen buenos y llevan premio (que salen buenos y llevan premio bastantes veces aunque los de la cuerda contraria no se lo crean) miel sobre hojuelas. Pero si salen malos, como salieron ayer los toros de Pablo Romero, decirlo (decir que fueron malos) no se admite porque eso atenta contra la fragilidad de esos encastes.

A todas luces, es una trampa verbal.

Por eso, en estas ocasiones, añoro los buenos viejos tiempos (siglo XIX) y añoro a los buenos viejos revisteros que no tenían empacho en llamar a las cosa por su nombre. En llamar bueyes a los bueyes. Que es lo que fueron los toros de ayer (pese a su encaste). Una corrida de bueyes.

Pero ¿y qué importa? De corridas malas está llena la historia del toreo. Lo malo es no decirlo ni reconocerlo.

Eso es lo malo de esta historia que nos acostumbramos a engañar a los demás y a engañarnos a nosotros mismos.

Todo porque nos gustan tanto, tanto, los bellos toros de Pablo Romero.


Postdata para los íntimos (que diría Barquerito)

De Pablo Romero (toreaba don Antonio Bienvenida) fue una de las primeras corridas de mi vida de aficionado. En Málaga, era una ganadería emblemática y estrella. Llevo por tanto al toro de Pablo Romero inscrito en mi código genético de aficionado a los toros. Tanto que me emociono con solo oír el nombre de esa ganadería (por eso no me gusta llamarla Partido de Resina). Pero la corrida de ayer fue mala sin paliativos y no me gusta que se le busquen excusas intencionadas.

Si se quiere ayudar a ese ganadero y a esa ganadería, que contraten sus toros (como propone Javier Hernández) las empresas de Algeciras, Granada, etc... Plazas para las que seguro tendrá toros aptos y de sobra y donde la cosa puede empezar a funcionar.

martes, 31 de marzo de 2015

Mi “otra” fiesta

Por Jose Morente

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Fandiño. Una cita con la historia

La corrida del Domingo de Ramos.

Corridas como la del domingo ponen a prueba la mesura, prudencia, conocimiento y capacidad de ponderación de quien se atreve públicamente a opinar.

No es la crítica taurina, sea profesional o diletante, un oficio fácil pues, de entrada, exige una mente clara y limpia de prejuicios lo que, por desgracia, no suele abundar.

La crítica antigua seguía un modelo sencillo. El esquema pasaba por relatar primero, toro por toro, la corrida de forma casi estadística, con una mínima y sucinta descripción de la tarde y añadiendo para finalizar, pero en un apartado claramente diferenciado, la reflexión global y de detalle con la valoración de todo lo que de importancia hubiese acaecido.

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Portada del Toreo con la reseña de la corrida del 29 de marzo de 1883 (Cada número se publicaba al día siguiente de la corrida): Para empezar, nada de opiniones, apreciaciones, consideraciones o matizaciones sino un Cuadro resumen con los datos numéricos (objetivos) de la tarde.

Pero la información, que se procuraba lo más objetiva posible (tantas varas, tantos pares de banderillas, el número de muletazos, el de estocadas o el de intentos, señalando además sus características), iba por delante con objeto que el lector pudiese formar su propio criterio de lo que había dado de sí la corrida. Luego, el crítico podía dar su opinión personal y (necesariamente) subjetiva, de forma libre.

Desde hace muchos años, ese sencillo y práctico esquema se ha roto. La información se mezcla con la opinión que, muchas veces se antepone a aquella, lo que crea batiburrillo y confusión entre los lectores.

2015-03-30 El Mundo Cronica

Hoy la información empieza desde el título con la apreciación personal del crítico. Titular de la crónica de Zabala para el Mundo.

Queda distorsionada también la crítica actual, a veces, por las convicciones y banderías del cronista, que no sólo se intercalan entre la información sino que, a veces, la sustituyen. No se informa sino que se opina. En ocasiones, la crítica y el análisis derivan hacia la proclama cuando no al panfleto.

Como no podemos ni queremos dejar de hablar de esta corrida, vamos a intentar seguir el esquema clásico. Para que nos sirva de guión y para intentar evitar el error en el que tantos, quizás sin desearlo, caen. Empecemos pues por el relato de la corrida. Por lo que pasó en una plaza llena hasta la bandera.

Lo que pasó en el ruedo.

Sobre lo que pasó en el ruedo, hay bastante que contar aunque poco en realidad de verdadero interés. La corrida fue mala sin paliativos, tanto por el juego de los toros como por la escasa capacidad de respuesta del torero.

La decepción, enorme, estuvo a la altura de las enormes expectativas creadas. Pero en los toros, siempre se ve algo..

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Reseña de los toros de la encerrona

Por ejemplo, la nobleza de algunos de los toros. En concreto, el de Pablo Romero (a mí no me gusta llamar de otro modo a los toros de esta ganadería) que aunque se cayó en demasía, muy falto de fuerzas, fue un toro muy dócil y noble.

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Siempre el más bonito: El Pablo Romero (Fotografía de la web de la Empresa de las Ventas)

Tampoco le sobraron las fuerzas al toro de Adolfo, pero este tuvo una “clase extraordinaria con 15 muletazos por fuera a cámara lenta para llevárselo de la mano al Retiro de bueno y noble que era” (Paco Carmona dixit). Hubo muletazos buenos pero no surgió esa faena que hubiéramos deseado. A la altura del toro.

El tercero fue un Cebada bajito y con mucho sentido, con mirada torva y comportamiento innoble, siempre a la defensiva, que puso en apuros al torero pese a que le picaron a modo. Creo que ahí se le encogió el ánimo a Fandiño.

Pero donde el público se percató que la corrida no iba a ir ya para arriba fue en la muleta del cuarto toro, el de José Escolar. El único toro que se justificó en varas y, por tanto, el único que justificó ese “concurso encubierto” de ganaderías que formaba parte también del guión secreto de la corrida.

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El Escolar en varas (Fotografía de la web Pureza y emoción)

El de Escolar hizo una preciosa pelea en varas, arrancando con un galope suave y muy elegante al cite de Israel de Pedro que agarró el puyazo en todo lo alto, manejando muy bien caballo y palo. Se llevó la ovación de la tarde. Luego el toro se puso complicado y Fandiño se desfondó literalmente.

No obstante, faltaban aún por salir dos toros: El de Victorino que siempre es caballo ganador y el de Palha, uno de los que más había gustado a los aficionados antes de la corrida junto al Pablo Romero y del que se pensaba o decía que más podía embestir. Quedaba un rayito de esperanza.

El de Victorino embistió (los victorinos siempre lo hacen para bien o para mal) con el morro por los suelos, humillando mucho aunque me dio la sensación de que iba quedándose cada vez más corto (¿tobillero?). No pudimos comprobarlo pues se lesionó de una pata y ahí se acabó su lidia. En su lugar salió otro Adolfo de nombre Malagueño. Sin ser un barrabás, era demasiada tela a esas alturas de la tarde.

El de Palha fue lo contrario del primero. Si aquel fue el más guapo, este fue el más feo. Si aquel estaba escaso de fuerzas, a este le sobraron. Si aquel fue noble y dócil, este opositaba a marrajo. Le pegaron mucho en el caballo como le habían pegado al Cebada. Ni se enteró.

A Fandiño, le costó salir de tablas en todos los toros, no sólo en los lances de recibo sino incluso en la muleta. Algo que no se justificaba en tarde sin viento. Mal asunto esa falta de ánimo y de recursos en tarde de tanto compromiso.

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Fandiño se desfondó a partir del cuarto toro. La dureza del toreo es parte también de su grandeza.

Y ahora, ya podemos empezar con las apreciaciones.

El planteamiento de la corrida

La corrida la componen toro, torero y público. Sobre los toros ya hemos señalado el matiz de cuasi-concurso que traía la tarde. Maticemos el comentario.

Valorada como concurso, el simbólico premio debe considerarse, en puridad, desierto pues aunque vimos muchos matices y un toro bravo en el caballo, no hubo ningún toro completo, de bravura sostenida que justificase siquiera su inclusión en ese cartel. Fue corrida torista en los carteles pero no en la plaza salvo que entendamos que eso que vimos es el torismo. Si se hubiese tratado de una tarde cualquiera diría que la corrida tuvo cierto interés y variedad pero al entrar en competencia, el resultado no puede menos que calificarse como un absoluto fiasco ganadero.

Por parte del torero, lo importante es que su encerrona fue un éxito total de convocatoria. Cuestión distinta es el acierto en la elección del ganado (¡Esos veedores!) pero, discutible o no, y aunque ahora muchos hacen cábalas (a toro pasado) de que hubiera pasado si llegan a venir otros hierros, lo cierto es que en la elección de los que se vinieron (de esos y no otros) radicó gran parte del éxito dé asistencia.

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Con otros hierros la asistencia no hubiera sido la misma. Hubo un llenazo absoluto (Cartel y foto del paseíllo de la web de las Ventas)

Puestas así las cosas, hay que reconocer que el trago para Fandiño era de órdago y muy amargo pues, mientras nosotros felices y contentos preparábamos nuestro hatillo, comprábamos boletos y billetes y nos citábamos con nuestros amigos de Madrid y de fuera de Madrid para echar un gran día de toros, sólo Dios sabe lo que el torero debía estar pasando. Un verdadero quinario por lo arriesgado de su heroica apuesta pues no es moco de pavo encerrarse con los “pavos” anunciados. Conviene no olvidarlo.

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Que el público acuda en masa a determinadas corridas es normal. Los acontecimientos mediáticos tienen mucho tirón. Pero que el tirón lo tenga la primera corrida del año en la plaza de Madrid, en pleno mes de marzo, sin figuras en el cartel y con ganaderías de las “duras” no sólo no es lo habitual sino que debería poner a cavilar a más de un empresario.

Resulta evidente que la plaza esta vez no se llenó de “público que pasaba por allí” sino de verdaderos “aficionados”. Muchos de ellos muy jóvenes (dato importante) y en su mayoría toristas si es que las etiquetas tienen algún sentido. Fue la gran jornada del torismo.

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Mucho aficionado joven -entre la grey torista y no torista- venidos de todas partes (En la foto, tres buenos aficionados de Huesca). El toreo goza hoy, pese a lo que se dice, de buena salud y mucho futuro gracias a ellos.

La actitud del público en la plaza (los habituales más los adscritos venidos de todas partes) fue de dulce. Para mí, la que debería tener todas las tardes. Sin interferir en la lidia y respetando a toros y toreros. Al final se protestó el resultado es lógico pero sin acritud alguna. Se palpaba el respeto.

El respeto que merecía Fandiño y el respeto que merecen todos los que se visten de luces y todos los ganaderos que vienen a esta plaza. Un respeto que Madrid, siempre cicatera, sólo concede a quien le pete. La bula de la que tanto hablaba Vidal la disfrutaron ayer toros y torero.

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Sólo al final hubo protestas. Las lógicas aunque yo, personalmente, no hubiera sido capaz de pitarle. Pero durante la tarde el público estuvo expectante y respetuoso con el torero (Fotografía del Cultoro)

 

A que fuimos a Madrid

No conozco los motivos de los demás pero nosotros fuimos a Madrid para ver triunfar a Fandiño y fuimos también por el interés en ver el buen juego que podían dar los toros en competencia. Por desgracia, no hubo ni lo uno ni lo otro. Ni triunfó Fandiño ni dieron juego los toros.

Pero no pasa nada. De tardes malas está repleta la historia del toreo. Y aunque esta tarde fue muy mala, la ruina fue relativa, no total.

Fue relativa para Fandiño pues al de Orduña ya le llegarán (espero que pronto) otras oportunidades de reivindicarse y triunfar. Fue relativa para las ganaderías que lidiaron en Madrid el domingo pues son ya harto conocidas y están perfectamente definidas y catalogadas por los aficionados. Uno y otras no pierden demasiado o, mejor dicho, ni pierden ni ganan nada que no hayan perdido o ganado de antemano. Los espectadores tampoco perdemos tanto pues Madrid tiene las entradas muy baratas y ,sobre todo, pasamos un muy buen día hablando de toros que es lo que nos gusta.

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Es hora de “buscar la próxima batalla”. Para Fandiño, la guerra no está perdida ni mucho menos (Mini-comunicado del diestro en las redes sociales)

Una corrida con trasfondo

La encerrona presentaba además un curioso trasfondo. Debajo de lo evidente (la arriesgada apuesta de un torero de encerrarse en Madrid con 6 toros de ganaderías “duras”) subyacía otra curiosa e interesada lectura. La realizada por algunos aficionados para quienes esta corrida se presentaba como ejemplo modélico de “otra” fiesta posible. La fiesta del toro-toro y del torero héroe.

Un modelo que no se sostiene. Pero no porque la corrida resultase un absoluto fiasco (ya hemos dicho que eso es irrelevante) sino porque esos planteamientos radicalizados y tan excluyentes no resisten el más mínimo análisis objetivo.

Una cosa es proponer mejoras, reformas o ajustes razonables (¡Bienvenidos sean!) y otra negar una realidad que es el resultado de un proceso histórico complejo y costoso; negarla además tan sólo porque uno es incapaz de entenderla y valorarla.

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El toreo actual (incluso en sus peores tardes) es demasiado complejo como para simplificarlo y demasiado rico como para obligarnos a renunciar a todos sus mejores matices.

La “otra” fiesta (Por qué vamos a los toros)

La formulación de una fiesta alternativa y verdadera (la “otra” fiesta) frente a la fiesta actual, que se denuncia como falsa y mentirosa, es probablemente una falacia.

Es posible que exista “otra” Fiesta, pero no creo que sea esa que nos quieren vender o, mejor dicho, imponer. Esa “otra” fiesta, mi fiesta, es la fiesta de quienes vinimos a Madrid a apoyar a un valiente como Fandiño en su arriesgada y heroica apuesta (sólo anunciarse en ese cartel era ya una heroicidad) pero sin banderas ni ideologías ni ideólogos. Es la fiesta de quienes también estaremos en Málaga, el Sábado de Gloria, disfrutando con Morante, Juli, Perera y Talavante, ante toros de Jandilla y Daniel Ruiz, pero sin claveles ni gin-tonics sino atentos al mejor toreo posible.

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La heroicidad estaba en la misma apuesta. Sólo el hecho de anunciarse con esa corrida merece el reconocimiento y la gratitud de los aficionados (Fotografía de la web de la empresa de las Ventas)

Es la fiesta de quienes gozamos con el excelente toreo de muleta que hoy se estila resultado de un lento y complejo proceso de depuración histórica. Pero es también la fiesta de aquellos que nos interesamos y apasionamos con los restantes tercios de la lidia, con la lidia total, herencia y testimonio de un pasado al que no queremos renunciar pero al que tampoco queremos volver.

Es la fiesta de aquellos a los que nos enamora y seduce la enclasada embestida en la muleta de un toro bravo y noble  y es la fiesta de quienes también nos emocionamos y levantamos de nuestros asientos ante la fuerte arrancada  de un toro fiero y bravo contra el caballo del picador.

Es una fiesta, mi fiesta, que no pretende restar sino sumar. Que no pretende excluir sino integrar. Integrar a todos.

(Pensándolo bien, creo que ese sería el verdadero y más legítimo integrismo)

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De Madrid a Málaga. Las dos fiestas que integran mi “otra” fiesta.

martes, 24 de mayo de 2011

Tremenda decepción con los Pablo Romero

Por Clarito (PPV)

Madrid, 22 de mayo. Corrida de abono

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Rozuelo”, hermoso ejemplar de la ganadería de Pablo Romero, lidiado en tercer lugar en la corrida 12ª del abono, hizo una buena pelea en varas demostrando poder y bravura a pesar de dejarse acariciar en los corrales por cuantos quisieron, contándose entre ellos los Infantes, el Empresario, etc. etc. (Foto Serrano. De “La Lidia” del 3 de julio de 1916).

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Según el anuario de “Toros y Toreros” de Marcelo de ese año, era berrendo en cárdeno, gordo, grande y corto (¿?) de defensas. Se lidió el 25 de junio y tomo 5 puyazos derribando con estrépito. El ganadero fue objeto de ovación. Añade que el toro conservó nobleza en los últimos tercios, pero que “le lidiaron muy mal”.

Solo decepciona lo que se desea de verdad. Y eso es lo que ayer pasó con la corrida de Pablo Romero de la Feria de San Isidro.

Son estos toros tan “guapos” que llevamos años los aficionados enamorados de la estampa del toro de Pablo Romero (Hoy Partido de Resina, que es el nombre de la finca donde pasta la ganadería). Y años también, esperando que salgan del bache donde se encuentran sumidos.

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Del libro “Secretos del Mundo de los toros” de Nicolás Salas (Editorial Nacional, Madrid, 1ª ed., 1973)

Recordamos las épocas gloriosas de la ganadería. Primero, los años de José y Juan que se entretenían en todas las Ferias en matar la corrida de Miura o la de Pablo Romero.

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Reseña de la corrida de Pablo Romero  lidiada en Castellón en el año 1913 por Bombita, el Gallo y Joselito (Del libro “Cinematógrafo taurino. Los Gallos y los Bombas” de Amarguras y Gazul. Sevilla). Entonces las figuras toreaban las corridas de Miura y Pablo Romero en las Ferias.

Luego, la larga post-guerra donde aún las figuras la toreaban (Manolete fue excepción y su veto estuvo a punto de dar al traste con la ganadería)  y donde Antonio Ordoñez y Paco Camino, por ejemplo inmortalizaban toros de este encaste, que siempre se lidiaban con los cuatro años cumplidos cuando la regla era correr utreros.

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Paco Camino, con Serranito. 29 de mayo de 1971. Faltan muy pocos días para que se cumplan 40 años de esta gran faena. Pese a que fue un gran toro tenía el defecto de embestir con la cara alta como acostumbran los toros de esta ganadería a los que les cuesta humillar.

Más tarde, la ganadería cayó en un bache. Primero, el aumento del tamaño del toro que exigió sacarlos de tipo, lo que agravó los problemas que presentaban, como el molesto gazapeo y el defecto de no humillar en los engaños. Luego, problemas sanitarios provocados quizás por cierto abandono y descuido de los toros (Glosopedas y caídas eran frecuentes en los 80). Cuando esto se quiso arreglar, y dejaron de caerse los Pablo Romero empezaron a pararse hasta niveles desesperantes.

Sin embargo, en los últimos años, algunas novilladas y la corrida de Madrid del año pasado invitaban al optimismo. Este vez no ha sido así.

El comportamiento de los toros.

No solo la corrida ha sido mala, sino que tampoco la presentación era aceptable por lo desigual. Creo que, en general, es preferible una corrida terciada pero pareja que la escalera que vimos ayer.

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El segundo de la tarde que fue devuelto por inválido. Curiosamente, un toro feo. Algo nada habitual en esta ganadería.

Esto de la presentación me parece muy importante (ya lo comentábamos en su día). La mejor garantía –a priori- para que una corrida embista es que tenga buenas hechuras. Lo que no quiere decir que todos los toros sean iguales (cuesta abajo, finos, bajos de agujas, etc.) sino que se presenten con el trapío propio de cada encaste, lo que no ocurrió ayer.

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El 4º fue el más grande, pero al mismo tiempo el que más se ajustaba a las hechuras clásicas de la casa.

Por lo que respecta al comportamiento, peor imposible. Toros muy mansos y huidos. Con peleas muy irregulares en el caballo (hubo desde el que recargaba hasta el que no quería ni ver a los picadores) y muy mal comportamiento en los otros tercios. Un repertorio de defectos que no voy a decir que se agravó por la mala lidia, porque sería faltar a la verdad. Como siempre se ha dicho, el mejor director de lidia es el toro realmente bravo y con fijeza.

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A correr tocan

Y no es que las cuadrillas fuesen un dechado de virtudes toreras o lidiadoras. Al contrario, pero cuando salen toros como los de ayer, a los toreros sólo les queda armarse de paciencia y correr detrás de los astados que suelen pararse sólo cuando encuentran un lugar de la plaza donde no les molesten.

En todo caso, una reflexión, sería interesante y me gustaría, aunque sólo fuera de vez en cuando, ver con esto toros a toreros y cuadrillas más rodadas. A los punteros. Pero no por nada, sólo… por curiosidad. 

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Estaría bien darle la vuelta a esta tortilla. Aunque sólo fuera de vez en cuando.

Dicho lo anterior, y reseñadas las dificultades de la corrida hay muchas razones para mantener, no el crédito (gastado hace años), pero sí la esperanza y la necesidad de la recuperación de esta ganadería. Una mala corrida no puede ser causa de echar por tierra el trabajo de ningún ganadero (eso vale para todos) máxime lo complicado que es ese mundo.

Estos toros hacen falta a la Fiesta por tradición, por mantener la diversidad de los encastes, porque son los más bonitos y porque su memoria está unida a nuestra infancia de aficionados entre otras muchas razones.

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Un Pablo Romero en el campo

Los toreros. Dignidad heroica

Decía Fernando Cámara que toros como el quinto Miura de la Feria de Abril de Sevilla de este año, el de Rafaelillo (y el comentario vale para los de ayer) no deben coger nunca al torero. Creo que está en lo cierto. Pero dicho esto, me descubro ante el mexicano Garibay, que sufrió una tremenda cogida con cornada incluida de su segundo e imposible toro y que no abandonó la plaza –lo que hizo muy dignamente por su propio pie- hasta verle muerto. Antes le había dado a su toro anterior (que no era de Pablo Romero, sino de Nazario Ibañez) la mejor tanda de la tarde por lo templado y ligado que toreó.

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También me descubro ante Serafín Marín, que estuvo muy torero y se entregó al matar a su primer toro. Tanto que sufrió un tremendo palotazo en el pecho cuando el toro le enganchó por la pechera y no le soltaba. Cayó el toro rodado sin puntilla. Dio la vuelta al ruedo en triunfo. Lo mejor, la firmeza con la que estuvo en la plaza en sus dos toros.
 
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Y finalmente, este modesto aficionado se descubre también ante Sergio Aguilar que no resultó cogido pero pudo serlo. El pitón de uno de sus toros le pasó a escasos milímetros de la pierna. Valiente y torero, queriendo hacer las cosas bien siempre y toreando (intentando torear) con clase y pureza.
 
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La lidia de estos toros
 
Ya decíamos el citado día de los Miuras que el toreo actual no es el adecuado para estos toros. Lo confirmaba Morante de la Puebla en entrevista periodística acusando al público actual de querer “que al toro de antes se le haga el toreo de ahora”. En reproche no sé si dirigido al público, al aficionado o a los propios toreros. Cierto y no es razonable, pero eso no le quita el más mínimo mérito a los toreros del domingo en Madrid.
 
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Ir a torear estos toros con los mecanismos y recursos del toreo moderno y, sobre todo, con la exigencia de quietud que conlleva es como ir a una guerra nuclear con un tirachinas.
 
Sigo viendo difícil (a pesar de que mi amigo Vazqueño me tiene ya medio convencido) que los toreros de hoy apliquen un modo de torear más adecuado a estos toros (doblarse con el toro, poderle y pegarle el estoconazo que proceda. Bajonazo incluido, en según que casos). Mientras tanto, y por ahora, voy a seguir valorándolos en función de sus propios planteamientos no de los míos, aunque piense en mi fuero interno que puedan estar equivocados. No me veo con derecho a exigir otra cosa.
 
 
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Parte médico
 
Durante la lidia del 4º toro ha ingresado en la enfermería el matador de toros mexicano Ignacio Garibay con: herida por asta de toro con orificio de entrada en tercio medio cara externa de muslo derecho con una trayectoria hacia adentro y arriba de 25 cms que produce destrozos en los músculos tensor de la fascia lata, vasto externo y recto anterior, con orificio de salida en tercio superior cara anterior. Pronostico grave que le impide continuar la lidia. Intervenido en la Enfermería de la Plaza y se traslada a la clínica La Fraternidad. Fdo: Dr. García Padros.
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Addenda técnica. Los toques
 
En anterior entrada comentábamos con El Cortinar y con Luís Miguel López-Rojas la importancia de que los toques fueran imperceptibles o, mejor aún, que no se diesen por innecesarios, lo que era más lucido.
 
Otra veces, no hay más remedio que usar un toque más enérgico para fijar la atención del toro. Lo vemos en la práctica, en los lances de de recibo de Serafín Marín quien toca repetidamente a su toro (2º bis)  de la ganadería de Los Chospes:
 
Toques con el capote
 
Las fotografías de la corrida de Madrid que ilustran esta reseña son de Juan Pelegrín (de la página web de la empresa de la plaza de toros de las Ventas. Taurodelta).