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martes, 28 de febrero de 2017

Cuaderno de notas (CXIV) Así toreaba de capa Antonio Montes

El trianero Antonio Montes. Uno de los toreros claves en la historia del toreo que es recordado hoy día sólo como precursor de Juan Belmonte (Fotografía del libro de García Carrasclás)
Nota de LRI: Antonio Montes es un diestro importante en la historia del toreo pues, no en balde, fue el más directo precursor de Juan Belmonte a quien le llegó el estilo de torear del monaguillo de Santa Ana, a través del banderillero Calderón, su mentor y primer publicista. 

Montes, como Belmonte, destacó, sobre todo, toreando de capote, pero poco muy poco se ha hablado de su estilo con la capa, un estilo y concepto que nos describe con todo lujo de sorprendentes e interesantes detalles, Antonio García Carrasclás en un librito publicado en Barcelona el mismo año en que el toro Matajaca había acabado con la vida del trianero en México.

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Creo haber dicho que Montes era clásico. De su clasicismo, toreando de capa, provino su fama (...) Se vió que aquel estilo de torear, no era casual, que era suyo, y por su especialísima y admirable manera de torear de capa, logró su encumbramiento y llegó, famoso, á tomar la alternativa. ¿Qué como lo hacía? Dificilísimo, para mi por lo menos, es explicar lo que en aquel momento se veía (...) diremos que Antonio Montes, en aquel instante se constituía en una especialidad.

Montes toreando de capa a un toro de Infante en la plaza portuguesa de Campo Pequenho en 1903 (Fotografía publicada en Sol y Sombra)

Cogiendo el capotillo por muy cerca del cuello de la esclavina, con lo que mermaba mucho el vuelo de la tela y por lo tanto su propia defensa, sin dar el frente ni el costado á las reses, oblicuándose, pase la figura, y con los brazos más bien caídos que levantados, y ligeramente inclinado hacia adelante el cuerpo, citaba á la res con más aparente timidez que arrogancia, que no sabía Montes afectar, como otros muchos afectan (...)

Citaba, como digo, en aquella posición á la res y al arrancar ésta, no se veía en Antonio lo que generalmente en los demás se suele ver: adelantar los brazos, girarlos, extendidos á la altura del pecho hacia el lado por el que sé piense cargar la suerte y ayudar la acción al engaño inclinando el cuerpo y adelantando la pierna para disminuir el peligro con la mayor cantidad de salida posible.
Toreando de este modo, el fuera de cacho torero, es evidente, por esto rara vez impresionan toreando de capa quienes asi torean, como impresionaba Montes, el cual, dejando á un lado toda sofisticación y todo intento de estudiada pose, en vez de adelantar, encogía los brazos, en lugar de abrir, recogía todavía más el capote y esperaba á que llegase á su jurisdicción el toro, á que pisase su terreno, á que la res segura de su presa engendrase la cabezada, para abrir entonces el capote hasta dejarlo en su primera proporción de defensa y cargar la suerte, extendiendo hacia fuera los brazos quebrar de cintura y marcar con el cuerpo un cuarto de conversión, mientras se extendía hacia atrás la pierna contraria, sin mover la en que se afianzaba el diestro, que era la que se pretendía buscar alivio, podía forzar y ampliar la cantidad de salida que se marcare á la res. Y el lance, ora al natural, ora de trente por detrás, ora de farol, resultaba ceñidísimo, de gran lucimiento á pocos pies que tuviera el toro, por lo mucho que lo consentía el torero, y de un efecto sorprendente, que de un modo insensible entusiasmaba á la concurrencia (...)

Montes en una capea con el estilo descrito en el texto, sin sacar en demasía los brazos (Fotografía publicada en el libro de García Carrasclás)

Y como constituía una cosa grande, una forma excepcional de torear de capa, armó el revuelo que debía armar, proporcionó grandísimas ovaciones y fama al ejecutante y le abrió paso entre sus compañeros, facilitándole el encumbramiento, el soñado camino de la alternativa.

GARCÍA CARRASCLÁS, Antonio. "Antonio Montes" (Barcelona, 1907. Págs. 17 a 24)


Montes a la salida de un quite en una corrida celebrada en Sevilla un día del Corpus


jueves, 20 de octubre de 2016

Cuaderno de notas (CIX) Javier Ibarra y José Rojo de la Vega

Momentos trágicos. Los doctores Javier Ibarra y José Rojo de la Vega intentando salvar la vida de Carmelo Pérez (Cuadro del pintor mexicano Antonio Navarrete)
"En México, el doctor Carlos Cuesta Baquero hizo lo que pudo por salvar la vida de Montes, en la plaza México, antes de ser sustituido, ya en el Toreo, por el doctor Francisco P. Millán, quien era auxiliado por dos médicos muy jóvenes pero competentes y entusiastas, los doctores Javier Ibarra y José Rojo de la Vega.

Ello se hicieron cargo de la enfermeria en 1925, a la muerte de su maestro, y para darse una idea de lo que suponía por esos años una herida por cuerno de toro, como dicen todavía los partes facultativos, basta sólo con verlos durante su intervención a Carmelo, en las primeras horas de la noche, sirviéndose de un ayudante que sostenía un foco para iluminar el campo operatorio.

Años después, su magisterio no pudo vencer el destino de Balderas, Félix Guzmán y "Joselillo" pero, siempre al día, usaron la penicilina por primera vez en una cornada en 1944, para salvar a Luis Briones de la mortal meningitis cuando "Rondinero" de la Laguna le metió la punta del pitón por un párpado y le fracturó la base del cráneo, al echarse el capote a la espalda.

También salvaron a "El Soldado" cuando en estado agónico entró en la enfermería mientras la sangre y la vida se le escapaba a chorros por la femoral partida. "Manolete" no supuso para ellos mayor problema, salvo que la gran fama del herido hizo que el mundo taurino entero estuviera pendiente de su labor.

Salvaron también a Solórzano, el Chato Guzmán, "Lecherito" y tantos, quienes siempre consideraron que caer en sus manos había sido previsto por Dios." 

NAVARRETE TEJERO, Manuel. "Antonio Navarrete-Trazos de vida y muerte" (1ª ed., Madrid, Francisco Javier Fernández Soto editor, 2005. Pág. 136)

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Tauroteca. Los doctores Javier Ibarra y José Rojo de la Vega atienden a Manolete en la enfermería de la Plaza El Toreo de la Condesa, el día de su presentación en México.





viernes, 17 de junio de 2016

Cuaderno de nota (XC) La faena "tipo" de Manolete

La faena "tipo" de Manolete comenzaba por estatuarios seguía con tandas de naturales y remataba con sus populares manoletinas. Luego llegaba la estocada, "su " estocada pero con el toro ya dominado.

La técnica taurina era, antes de Manolete y en términos generales y un tanto confusos (...), la adaptación del torero al toro. Con esto quiero decir que el torero procuraba ver las condiciones del toro, sus defectos, sus cualidades, sus querencias, etc. Y al mismo tiempo, iba realizando una lidia que se "amoldaba" a esas condiciones del toro y estaba en función de ellas (...) A esto se le llamaba, y se le sigue llamando lidiar.

Pues bien Manolete hizo todo lo contrario y en esto radica su esencial osadía, su impar revolución técnica. Manolete hizo que "su" faena -una única faena- se adaptara a todos los toros. Es decir, creó una faena "tipo" que fué la que le sostuvo, la que le encumbró y la que le proporcionó todos sus triunfos.

Esta faena, en efecto, llegó a aplicarla al noventa por ciento de los toros. Manolete, pues, toreó con "una" misma técnica a todos los toros. Como verán ustedes, la revolución manoletista es de índole genial.

Si antes los toreros se amoldaban a las condiciones de los toros, Manolete hizo que estos se amoldaran a su faena tipo, única.

SUREDA MOLINA, Guillermo "La suerte consumada (1ª ed., Palma de Mallorca, Atlante, 1958. Pág. 151)

Nota de LRI: Si hasta ahora los textos de Cuaderno de notas se explicaban solos, me ha parecido oportuno empezar a incorporar otros que, sin perjuicio de su interés, conviene matizar.

Creo que Sureda Molina acierta al describir el toreo de Manolete como un toreo donde el torero se impone al toro. Impone su forma de torear, su estilo. Sin embargo, no me parece correcto confundir ese modelo de faena con la técnica utilizada y, mucho menos, con la ausencia de capacidad lidiadora.

Negar eso, capacidad de lidia (que es, en el fondo, dominar al toro), a un torero que "toreó" al noventa por ciento de las reses a las que se enfrentó, me parece caer en lo superficial y aparente.

Tampoco fue esa una aportación exclusiva y novedosa del diestro de Cordoba. Antes que él, otros diestros siguieron similares planteamientos: Espartero, Montes, Belmonte, etc.

Manolete impone su toreo al toro, mediante enormes dosis de valor y confianza... y de buena técnica. Un toreo que encierra -en los matices técnicos aunque quizás no en lo más aparente- unas profundas dosis lidiadoras. 


Si bien Manolete se doblaba cuando había que doblarse, normalmente, en la mayoría de la tardes, su dominio sobre el toro llegaba toreando al natural. Eso si fue novedad.

domingo, 20 de diciembre de 2015

Cuadermo de notas (LXX) No hay recompensa mayor para premiar las buenas acciones de los toreros


Antonio Montes, la tarde del 24 de septiembre de 1905 en Zaragoza, citando a recibir a un toro de casta Navarra de Pobes y Santos (antes de Jorge Díaz). Su éxito, esa tarde fue apoteósico, saliendo en hombros -según decía Sol y Sombra, que publicó la foto- "no de los golfos de costumbre, sino de los señoritos de kaki y jipi"

"Ahora descúbranse ustedes respetuosamente, y guarden silencio. Antonio Montes se va hacia el toro, le da un soberbio pase en rodillas, varios de pecho superiorísimos, entre bravos y olés, y metiendo el pie, cita al Contrabandista, se arranca el toro y, recibiendo, clava una estocada inmensa en lo alto y cae lo mismo que si hubiera producido un terremoto en el suelo. (Ovación inenarrable)

Allá arriba se oye el rasgueo de una guitarra. Es Paquiro que canta:

El arte de los toros
vino del cielo...

A Montes se le dio la oreja, porque no hay recompensa mayor para premiar las buenas acciones de los toreros." 
Reseña. publicada en la Prensa de Zaragoza, de la faena de Montes a su segundo toro en la corrida celebrada el 24 de septiembre de 1905. Reproducida en el número de Sol y Sombra de 14 de febreo de 1907, tras la muerte de Montes en México

jueves, 7 de mayo de 2015

Andanzas y desventuras de seis saltillos en México

Por Jose Morente

Alpargatero Parlade a Tamarón

Alpargatero. El Toro de Parladé que hizo la ganadería de Tamarón, donde estuvo de semental aunque sólo tres años ya que, siguiendo la moda de la época, fue lidiado en Madrid, el 8 de octubre de 1916, a instancias de Joselito. Le tocó en suerte a Posada y fue “bravísimo y muy noble” (como reza la placa) en todos los tercios (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 8).

 

Sementales con la plaza en propiedad

Hoy estamos acostumbrados a que en las ganaderías los sementales cubran a las vacas por lotes. Sin embargo, no siempre fue así. Los ganaderos antiguos echaban los sementales a las vacas en manada por lo que era imposible identificar al padre de cada res.

 

Toros en el campo

Manada de toros a finales del XIX

Según Juan Pedro Domecq fue Tamarón el primero que, en los libros de la ganadería, empezó a identificar el nombre de los padres. Ni siquiera Parladé lo había hecho así. Nace con Tamarón la ganadería moderna.

Pero antes, no solo los sementales cubrían en grupo sino que lo habitual era destinar a esa función toros que luego acababan siendo lidiados en las plazas. Eran, por decirlo de alguna forma, sementales “provisionales” y no de “plantilla” como ocurre ahora.

 

1920-07-00 (Arnaiz-Notas) Semental Canastillo (Santa Coloma)

A partir de la Edad de Oro es cuando los ganaderos dejan de enviar los sementales a las plazas y los dedican en exclusividad a la tarea encomendada. Canastillo de Santacoloma, semental de la ganadería de la Viuda de Ortega y padre del famoso Bailaor que mató a Joselito el Gallo en Talavera, no será ya lidiado en una plaza de toros como le ocurría antes a sus antecesores en el cargo (Fotografía del libro de Hernaiz. La última corrida de Joselito)

Era un mal sistema pues, cuando se empezaba a ver el juego que daba su prole, el toro estaba ya criando malvas. Un planteamiento sumamente caótico pues, a mayores, abundaban los prestamos entre ganaderos en plan de ver lo que pasaba.

Prestado, por ejemplo, fue el toro Murciélago (un ejemplar de casta navarra pero de la ganadería del zaragozano Joaquín del Val) que, indultado en Córdoba en 1879, fue regalado a don Antonio Miura por su indultante, el torero Lagartijo. Por cierto, Murciélago es el culpable de las gafas típicas en los toros colorados de esa ganadería (el clásico miureño “colorao ojo de perdiz”).

 

Perdonado por bravo (La lidia 29-11-1895) 001

La moda del indulto no es de ahora. Esta lámina de la Lidia de 1895 está dedicada al tema. Se titula “Perdonado por bravo”. Similar suerte corrió Murciélago de Joaquín del Val, indultado en Córdoba y que Lagartijo, su torero, regaló a don Antonio Miura.

 

Y en préstamo estuvo, en la ganadería de Udaeta, el miureño Perdigón,  que pasó padreando el invierno del 93 al 94 en Colmenar, después de ser desechado por chico por los veterinarios de la plaza de Madrid (la antigua o sea, la del Palacio de los Deportes). El resto ya lo conocemos. En la primavera siguiente, allá por mayo, Perdigón pasó a la historia y el Espartero entró en la leyenda.

Perdigón del Doctrinal de Hache

Perdigón, el miura causante de la muerte del Espartero (hierro abajo y divisa verde y negra en Madrid) en 1894, estuvo padreando en Colmenar durante el invierno anterior en la ganadería de Udaeta(Imagen del Doctrinal Taurómaco de Hache)

 

Seis toros de Saltillo en México

Tanto o más curiosa es la historia de los 6 toros de Saltillo que se lidiaron en México en 1906. Nos lo cuenta Carlos Castañeda en su libro “Piedras Negras. Sitio, vida y memoria”.

2015 Piedras Negras

Portada del libro de Carlos Castañeda sobre la ganadería de Piedras Negras (1ª ed., México, Conaculta, 1915).

Resulta que en 1904, el banderillero Manuel Blanco Blanquito compró y llevó a México, para ser lidiados allí, seis toros de la Marquesa viuda de Saltillo, doña Francisca Javiera Osborne y Bohl de Faber. Los toros eran para una corrida en beneficio del propio banderillero, como era costumbre entonces.

1905-03-03 (p. SyS) Saltillo-Muñoz-Loma-Caamaño - copia

Una de las pocas fotografías que se conocen de Rafael Rueda y Osborne, Marqués de Saltillo, curioso personaje que aparece acompañado por varios revisteros taurinos. Aunque en los carteles los toros figuraban a su nombre desde 1899, la ganadería  la dirigía en realidad su madre, doña Francisca Javiera Osborne y Bohl de Faber. Nota curiosa: esta fotografía fue publicada en Sol y Sombra el día 2 de marzo de 1905. Muy pocos días después fallecía la Marquesa.

Una vez en México, Blanquito pensó que obtendría más beneficios vendiendo los toros como sementales a algún ganadero local que lidiándolos en plaza. Las ganaderías elegidas por Blanquito fueron Piedras Negras y Tepeyahualco. Eran los inicios de la sangre Saltillo en México.

A la Marquesa le contaron (para justificar que su corrida no se lidiase) que los toros habían muerto al despeñarse por un barranco el transporte que los llevaba.

Como el precio de un semental es muy superior al de los toros de saca, la Marquesa se escamó -máxime cuando parece que era reacia a vender sementales- y contrató a un representante en México que, después de investigar lo realmente sucedido, descubrió el pastel, localizó los toros y pidió la extradición de Blanquito que ya había regresado a España.

 

1905-10-15 (p. 11-02 SyS) Zaragoza Ovación a Blanquito

En 1905, Blanquito se encontraba ya en España. En noviembre de ese año, el veterano torero fue portada de la revista Sol y Sombra donde aparece cuando saludaba al público después de parear magistralmente a un toro de Pablo Romero en una de las corridas del Pilar. Blanquito fue un buen banderillero que cosechaba palmas casi todas las tardes. Estaba emparentado con Joselito y Rafael por su matrimonio con la hermana de estos, Eloísa, hija natural de Fernando el Gallo.

El caso se resolvió en la Corte Suprema de Justicia que falló a favor de la Marquesa.

El 25 de febrero de 1906, los seis toros de Saltillo –ya con seis años de edad y después de dos años padreando- se lidiaron en la plaza México. En el cartel se anunciaban Lagartijillo, Antonio Fuentes y Antonio Montes.

La Marquesa había fallecido un año antes.

 

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Los Saltillos lidiados ese día fueron grandes pues tenían seis años cumplidos y salieron, como se suele decir, mitad y mitad: tres fueron bravos y nobles y los otros tres, mansos (En las fotografías, Lagartijillo pasa de muleta y entra a matar a su buen primer toro que embiste con la humillación propia de este encaste)

lunes, 2 de enero de 2012

Suertes en desuso (I) Montera por estoque

Por Jose Morente

1903-01-29 (p. SyS) Caricatura de Montes R. Esteban

Antonio Montes en 1903 visto por R. Esteban (Caricatura publicada en la revista Sol y Sombra)

 

Dos corridas de toros en Murcia

Los días 6 y 8 de octubre de 1903, el diestro Antonio Montes toreaba en Murcia sendos “mano a mano” con su tocayo Antonio Fuentes.

La última de esas corridas (la del día 8) fue probablemente una de las más importantes que se han celebrado en esa plaza, por lo menos desde el punto de vista ganadero.

Y es que ese día se lidió –según Areva- uno de los mejores encierros que Juan Carreros, el famoso ganadero salmantino que era el equivalente en la capital del Tormes a don Antonio Miura en Sevilla (según palabras de Luís Fernández Salcedo), envió a una plaza de toros.

 

Ganderos de antaño-Juan Carreros 001

Juan Manuel Sánchez (Carreros). Fotografía incluida en el libro de Areva, “Ganaderos de Antaño” (1ª ed., Madrid, 1959). Un ganadero con una personalidad muy acusada que se refleja en la siguiente anécdota. Cuentan que en un tentadero de vacas viejas, ante una res muy astifina y cornalona, y ante la negativa de los toreros (Bombita y Ballesteros) de torearla, Juan Carreros requirió la capa, le dio varios lances eficaces a la vaca y al rematar se volvió hacia los diestros gritando ¡Toreros!.

 

1902-12-21 (p. 1903-01-29 SyS) Toros de Carreros en Mexico 001

Una de las cuestiones en que se semejaba esta ganadería a la de Miura era en el crecido número de cabezas lidiadas (hasta 200 se llegaron a correr algún año). En la foto, toros de Juan Carreros en México. Esta corrida se jugó –con mal resultado- el 21 de diciembre de 1902.

 

Para Francisco Moya, que hizo la crónica de estas dos corridas en Sol y Sombra, las reses de Juanito Carreros (como cariñosamente se le conocía) que se lidiaron en Murcia, no sólo estuvieron magníficamente presentadas (salieron a 315 kilos de promedio a la canal) sino que derrocharon bravura (entre los seis, tomaron 40 varas, derribaron 28 veces a las cabalgaduras y mataron 18 caballos).

Como además los dos toreros estuvieron inconmensurables, la tarde fue de las que hacen afición.

 

1903-09-08 (p. 26 Oct SyS) Fuentes 001

De la buena presentación del ganado da fe esta fotografía de Antonio Fuentes esperando la muerte del primero de la tarde, quizás el menos bravo de la corrida de Carreros.

 

Nada que ver esa tarde con la corrida del anterior día 6, donde los mismos diestros se las vieron con un mal encierro de don Víctor Biencinto (De “tontos de remate” y algunos mansos, los calificó el cronista). El festejo resultó pésimo por lo aburrido.

 

1903-09-06 (p. 29 Oct SyS) Fuentes descabello

Antonio Fuentes, descabella al primer toro (de la ganadería de Víctor Biencinto) de la corrida del día 6 . El toro se defiende aculado en tablas y se resiste a doblar pese a llevar media estocada que han ahondado los peones hasta convertirla en entera.

 

Un detalle curioso

Pero la tarde del 8, además del éxito para el ganadero y para los toreros, en especial para Montes, nos aporta un detalle muy curioso que merece la pena relatar y del que tenemos la suerte de poseer documentación gráfica.

Montes quien estuvo sensacional con los estoques toda la tarde, había matado a su bravísimo primer toro de una estocada superior.

 

1903-09-08 (p. 1903-10-29 SyS) Murcia Montes entando a matar ahon 2º toro

Murcia. 8 de octubre de 1903. Montes citando para matar al segundo de la tarde, al que le propinaría una superior estocada. 

 

Cuando llegó la hora de matar a su segundo (cuarto de la corrida), Montes que estuvo muy valiente, consiguió sacarle de tablas a base de riñones y le dejó al herir media estocada “buenísima” (al decir del crítico de Sol y Sombra).

Al no caer el toro, el torero entró a matar nuevamente pero (y este es el detalle que se aprecia magníficamente en la fotografía que se inserta a continuación) con la montera en la mano para ahondar con ella el estoque que el toro tenía clavado en el cuerpo.

Algo que no era tan inusual en aquellos tiempos, pero que hoy nos resulta sorprendente.

1903-09-08 (p. 1903-10-29 SyS) Murcia Montes entando a matar 4º toro

En la misma corrida, Montes citando al cuarto toro de la tarde. Lleva la montera en la mano para con ella ahondar el estoque que tiene clavado el toro.

 

Desde luego, el método de Montes resulta más torero y mucho mejor que la interminable sucesión de capotazos por ambos lados, propinados por los banderilleros,  para conseguir que el estoque ahonde sólo.

Creo que también es preferible esta solución a tener que sacar el estoque para volver a entrar a matar.

Se me olvidaba añadir que Montes consiguió su empeño, pues “el toro cayó como herido por el rayo” y añade el crítico que “la ovación fue de las que no se olvidaran fácilmente”.

 

1903-10-29 (p. SyS) Montes con amigos Casino Murcia

Montes con unos amigos, visitando el Gran Casino de Murcia. La circunstancia de torear en esa ciudad los días 6 y 8 de octubre de 1903 le permitió al torero hacer algo de “turismo

martes, 5 de abril de 2011

La dureza del toreo (II) Antonio Montes

 

Antonio Montes retrato 002Antonio Montes

Decía François Truffaut que casi tanto como las obras maestras le gustaban aquellas películas que se quedaban en puertas de serlo por alguna causa determinada (Película enferma o fallida  las llamaba: “grand film malade”).

hitchcock_truffautHitchcock y Truffaut 

En el toreo, igual que en el cine son muchos los toreros que sin llegar a figuras pueden entusiasmar al aficionado hasta un punto superior incluso al que consiguen los toreros que podríamos llamar “punteros”.

El madrileño Cayetano Sanz, sería quizás el primero de una larga lista de toreros que, por su indolencia (Pepe Luís Vázquez o Fernando el Gallo), cornadas (caso del Espartero o Pepín Martín Vázquez) o simple mala suerte, no alcanzaron el nivel al que parecían predestinados pero que adquirieron un prestigio impresionante cara a la afición.

Cayetano Sanz

Cayetano Sanz

Uno de los toreros míticos que se podrían incluir en esa relación fue Antonio Montes Vico, que fue carpintero y monaguillo de Santa Ana, precursor, dijeron luego, del toreo de Juan Belmonte e ídolo en Sevilla y, sobre todo, en Triana,  que murió en México cuando no acababa de definir su carrera y no terminaba por cumplir la expectativas creadas en torno a su figura.

Antonio Montes 002

Antonio Montes generó una enorme ilusión por su forma de torear que sorprendió en su día. Ya que cuando el llegó al toreo, este se había embastecido y predominaba el toreo espatarrado considerado poco elegante por los “inteligentes”.

 

Bombita 001

Antonio Fuentes 001

Arriba, Bombita entrando a matar y abajo, Antonio Fuentes con el capote, ambas fotos del día de la cogida mortal de Montes en México. Obsérvese como incluso Antonio Fuentes súmmum de la elegancia abre el compás en el quite.

 

Montes practicaba un toreo parado, de manos bajas y que se calificó de “rondeño” por lo sobrio. Se dijo que había venido a restaurar la Tauromaquia de Pedro Romero, cuya figura ha tenido siempre entre los aficionados carácter mitológico y de enormes proporciones.

Montes Madrid Mayo 1904 002 (2)Antonio Montes, citando muy tranquilo a un toro reservón en Madrid en mayo de 1904.

Lo importante es que esos calificativos no se le dieron después de su muerte, sino ya en sus inicios cuando toreó de novillero en Sevilla Decía Selipe en el Noticiero Sevillano, en octubre del 98:

“Ha capoteado… con los pies fijos en el suelo como si los tuviera clavados, esperando la acometida con tranquilidad asombrosa, cargando la suerte con desahogo e inteligencia, y despidiendo los toros con los vuelos del capote, como el proyectil que sale del cañón.

Esta manera de fijar los pies, de aguantar, ceñir y vaciar reposadamente, es el toreo de la buena escuela, es lo que hace tiempo se perdió, y parece que va a resucitarlo Montes”.

Montes Quite San Sebastián 1905 001 (2)

Montes esperando al toro en un quite. San Sebastián, 1905.

Antonio Montes estocada 001

Antonio Montes después de una estocada hasta la bola.

Además su “sordera” le daba un aire ausente y místico a su persona y a su toreo.

Antonio Montes. Uno de sus últimos retratos México 001

Sin embargo, el problema que planteaba el toro de su época (uno de los mas grandes de la historia, por peso y tamaño. Casi como el de hoy pero además sin picar) le impiden alcanzar el éxito con la regularidad necesaria para consolidar su toreo.

Montes Madrid mayo de 1904 001

Esta foto es también de una corrida en Madrid en mayo de 1904, pero aquí Montes está yendo al pitón contrario con más precauciones.

 

Su trayectoria es irregular fallando en fechas claves y triunfando apoteósicamente en otros momentos, por lo que no acababa de definirse cuando se marcha a México donde triunfó apoteósicamente y fue considerado un héroe, pero donde encontró la muerte en una corrida celebrada el día 13 de enero de 1907 en la plaza de México, al entrar a matar al toro “Matajacas” de Tepeyahualco, que se había puesto imposible en el último tercio.

 

Sol y Sombra 21-02-1907 001

Portada del Sol y Sombra de 21 de febrero de 1907 con la última foto de Montes antes del paseíllo. A su lado su peón, Calderón.

 

Antonio Montes Toro Matajacas 001

Montes iniciando la faena de muleta a Matajacas

 

Antonio Montes Toro Matajacas 002

Montes entrando a matar al toro que le mató

 

Antonio Montes Cogida Matajacas 001

La cogida mortal de Antonio Montes

Su agonía duró 4 días y con algunas agrias discusiones entre los médicos que lo atendieron por causa de desacuerdos en el tratamiento a seguir. Antes de morir tuvo tiempo de hacer testamento y acordarse de su compañera sentimental. Para colmo, su féretro se incendió y su cadáver se carbonizó.

Antonio Montes Muerto 001

La cuadrilla y otras personas velando su cadáver. Calderón es el cuarto por la izquierda.

 

Capilla ardiente 001

Capilla ardiente (en la foto aparecen Fuentes y Ricardo Bombita) y carroza de la comitiva fúnebre

Al volver a Sevilla, su cuadrilla y, sobre todo, su banderillero Calderón se empeñaron en mantener vivo su recuerdo y en buscar su posible sucesor. Ahí aparece en escena la figura de Juan Belmonte, quien llegó a anunciarse en los carteles como “Montes II” y a quien Calderón llamaba el “Der Monte”.

Apoderado y cuadrilla de Montes 001

Apoderado y cuadrilla de Montes en sus honras fúnebres. Calderón es el segundo por la izquierda

Sol y Sombra 24-01-1907 001

Portada del Sol y Sombra de 24 de enero de 1907. Empieza el mito de Montes.

ADDENDA IMPORTANTE:

Mi amigo José Ramón Márquez (al que no se le escapa una) me informa que existe un magnífico trabajo de mi también amigo Xavier González Fischer sobre el Trianero con motivo del aniversario de su muerte y que yo no conocía. Son cuatro entradas sobre Antonio Montes que se encuentran en el blog de Xavier, La Aldea de Tauro y cuyo link es:

http://laaldeadetauro.blogspot.com/2010/01/antonio-montes-103-anos-de-su-muerte_13.html

No puede haber excusas para no leerlo, por lo que cuenta y como lo cuenta. A disfrutarlo