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domingo, 27 de mayo de 2018

El Juli. Veinte años no es nada... ¿O sí?

Por Paco Carmona

"El Juli" y "Licenciado" de Alcurrucén (autor: Pablo Cobos)

Este año se cumplen veinte, desde que Julián López Escobar "El Juli", tomara la alternativa. Veinte incuestionables años para muchos, los mismos veinte por los que unos pocos le acaban cuestionando todo. En estos veinte años, "El Juli" ha cambiado el toreo de arriba a abajo, ha puesto patas arriba la manera de interpretar este arte y ha descubierto una nueva forma de ver las corridas a los aficionados. 

Pero lo más importante de todo, ha sido cambiar el toro, moldear el toro a su estilo, a su antojo. "El Juli" ha creado un tipo de toro a su conveniencia, pero no un toro más fácil, ni más manso, ni más blando, sino todo lo contrario. "El Juli", en veinte años, se ha entretenido en estudiar a todos sus compañeros y a todas las ganaderías con un mínimo de garantías. A unos les ha hecho reinventarse y a otros, les ha exprimido todo lo bueno que tenían para sacar lo mejor de ellos. Y mientras tanto, a los ganaderos, les ha hecho modificar la forma de seleccionar, los comportamientos e incluso las hechuras de los ganaderías,  para mayor garantía del espectáculo.

Y no me tiren piedras, señores, aún no...

"El Juli", hace casi veinte años, antes de convertirse en Matador de Toros, algo que ya era antes de "cruzar el charco" con trece de edad, se encerraba con seis novillos en la Plaza de Toros de Madrid. Y ya ese día, pudo vivir en sus propias carnes lo que sería su paso por la Catedral del Toreo durante toda su carrera. 

Pero si las figuras del toreo se reconocen por la capacidad, no solo de torear bien, sino por adaptarse y triunfar en los días clave, "El Juli", en eso, se iba a convertir en un experto.

Vivir con quince años en tus propias carnes la dureza del toreo en Madrid, y a escasos días de hacerse Matador de Toros, venía a reforzar la idea que se tenía de este "chavalín", casi desde que cogiera los trastos por primera vez, que si los toros le respetaban, se convertiría desde ya, en máxima figura del toreo.

Aquella tarde, fría, dura y ventosa (más o menos como siempre es Madrid), le cortaba las dos orejas a un novillo muy serio de Alcurrucén, toreando con la mano izquierda de forma superior y matándolo como los mataba los primeros años de Matador. ¡Qué rabia me dió, no poder ver aquella gran estocada veinte años después, con este otro Alcurrucén de enorme bravura! Se lo merecía, y además hubiera servido de tapabocas de algo tan frecuente como es reprochar y con razón la manera de matar los toros del maestro. 

Me fastidia que muchos aficionados, no hayan sabido ver la verdadera importancia que cobra "El Juli" para la Tauromaquia. Un torero de época, de varias épocas, capaz de soportar en la cumbre dos décadas frente a toreros de la talla de Ponce, José Tomás, Morante, Perera, Talavante y ahora Roca Rey. Todos ellos grandes toreros, aunque vaya por delante mi predilección por José Tomás

La faena del pasado jueves, a ese precioso y gran toro -por bravo- de Alcurrucén, fue la clave para cerrar el círculo veinte años después. La clave para entender a ese torero maldito, como lo han sido unos cuantos históricos más, como lo fue Joselito el Gallo, como lo fue Chicuelo, como lo fue Manolete, como lo ha sido Paco Camino. Toreros enormemente admirados por sus compañeros y por el público, y no así por una parte de la afición que, pobre de mente, nunca, en dos siglos de toreo, supo adelantarse y ver los movimientos en el maravilloso tablero de albero que es la tauromaquia. A otros muchos, "El Juli", nos ha ido abriendo la mente, sin dejar por ello de admirar esos otros buenos toreros (como Antoñete, Manzanares, Robles, Curro Vázquez...) con los que se nos ha llenado siempre la boca. 

Fortuna la nuestra de vivir una época llena de toreros increíbles y distintos, donde si bien el "clasicismo" es bandera de unos, la ambición, la precocidad, el inconformismo y la gran afición de otros, acabará por imponerse en tiempos futuros. Como siempre ocurrió en este bendito arte.

La cita,  conocida por todos "los del valor a mandar y los del arte a acompañar", no solo habla de la fuerza de los toreros en los despachos, sino de la verdadera dimensión de los toreros en la Plaza, de aquello que unos y otros son capaces de hacer o no hacer frente al toro.

De Julián López, "El Juli", de su tauromaquia, de constante evolución e "involución", de sus formas, de su personal estética y de esa increíble técnica para torear, habría que pararse algún día a hablar en serio.

Habría que analizar desde la razón y la objetividad estos veinte años (veinticinco si incluímos su etapa de novillero) porque "El Juli", ya desde novillero sin picadores, era un portento de torero. No solo por su mente preclara, y su increíble fe en sí mismo, sino porque siempre toreó bien. Incluso en sus años negros (negros solo para cierta prensa y cierto público), no dejó de realizar grandes faenas, faenas eslabón que servirían en un futuro inmediato para hacer de él un torero increíble, un titán ante sus compañeros, un tirano frente al toro, y un hombre generoso ante el público. 

Yo sé que no es muy frecuente hablar así de "El Juli", pero es justo empezar a decir qué ha hecho y quién ha sido en el toreo. Todo lo bueno que ha acabado imponiendo y aportando en estas dos décadas.

Por eso y para mí (Morante es otra historia), José Tomás y El Juli son el origen de lo que hoy en día se ve en las plazas, pero eso creo, merece capítulo aparte, y por parte de alguien que sepa hablar y escribir bien de toros.

"El Juli", la obsesión por el toreo (autor: Ana Escribano)

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Breve comentario a la foto de entradilla: El Juli, esclavo de su carrera y dueño absoluto del toro, muestra su poder ante un bravísimo Alcurrucén en Madrid.
Toreo por abajo, forzado, de supremacía y mando ante una embestida difícil de controlar. Inicio dominador, de poderosa estética, para después convencer e imponerse con entrega y absoluta verdad ante un toro nada fácil de entregada bravura, de casta descarada. Toreo desgarrado, profundo, lento, sentido y bello, que hace de este inicio un prólogo genial a una faena ya histórica. Porque quieran o no, los que no quieren, El Juli es ya, historia viva de la Tauromaquia.

lunes, 16 de abril de 2018

Cuaderno de notas (CXXXII) Se apareció la Virgen

Por Joaquín Vidal




Fotografías: Arjona y Maestranza

"Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; provisto de lupa para comprobar la casta y la fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances, el correcto estado de la cuestión. Y si algo de todo esto falta, el aficionado conspicuo lo exigirá con la vehemencia que sea del caso; y si se cumple cabalmente, lo celebrará gozoso e incluso puede que entre en trance y crea que se le ha aparecido la Virgen..."


viernes, 26 de mayo de 2017

Cuaderno de notas (CXXII) Para buenos catadores

Torear en función del toro es -según José Carlos Arévalosacrificar o renunciar a la perfección del canon en busca de una verdad que está más allá de lo aparente. Es poner el fondo por encima de las formas (Foto Javier Arroyo-Aplausos)
A esa verdad, a esa hondura sacrificó el Juli el trazo de su toreo. Porque Julián toreaba hace años con suma perfección, con un estilismo innato que ahora le estorba, le parece banal y hasta un punto frívolo. 

No quiere que la perfección del canon perturbe la verdad de su toreo, extraer en cada muletazo, en cada pase, toda la bravura del toro.

El Juli es un torero para buenos catadores, no para aficionados cursis.

ARÉVALO, José Carlos. "El mayor espectáculo del mundo" en Cuadernos de Tauromaquia número 31 (Sevilla, Cuadernos de Tauromaquia, S.L., primavera de 2017, página 22)

Economía de movimientos en un muletazo del Juli. Esa variedad de registros tan diferentes, ese antiformalismo tan acusado, incluso en los momentos más formalistas, puede llegar a descolocar -y descoloca- al aficionado de cartilla y catecismo (Foto de Javier Arroyo-Aplausos)

martes, 2 de mayo de 2017

El Juli. La mano que sujeta... al toro huido

Por Jose Morente
La clave de la Tauromaquia de Juan Belmonte estaba en llevar la contraria al toro. Lo opuesto a lo que hacía, por ejemplo, Antoñete. Por eso, según Juan, al toro huído hay que sujetarlo haciéndolo doblar (Imagen del libro de Luís Bollaín)
Uno de los primeros libros de toros que cayó en mis manos fue "La Tauromaquia de Juan Belmonte" escrita por Luís Bollaín, un libro que me leí de cabo a rabo y que me lo aprendí casi de memoria.

Uno de las partes que más me llamó la atención fue aquella en las que Bollaín recogía las opiniones del Pasmo de Triana sobre lo que era lidiar a un toro. Reproducimos a continuación lo que decía Juan Belmonte al respecto:
"No admito que pueda hacerse nada meritorio con una muleta o un capote en las manos, sino a base de que el torero sea siempre el supremo dictador. Torear es llevar la contraria al toro, obligarle... a lo que el no "quiere": 
Si es huido, a que doble; si es tardo, a que embista; si se resiste a pasar, a que pase; si se cuela, a que acometa derecho; si derrota alto a que humille; si se revuelve pronto, a que vaya lejos; si acomete recto hacia el torero porque este "se cruzó" con él, a que quiebre la derechura del viaje; y si embiste fuerte y rápido, a que pase suave y lento.
Entre todos esos matices y recursos, entre todas esas recetas, la de la mano que sujeta y hace doblar al toro huído, siempre me ha fascinado. Esa capacidad de someter al toro a la voluntad del torero me parecía y me sigue pareciendo lo más grande del toreo, pura magia, algo inimaginable y es que, tarde tras tarde, sólo he visto sujetar los toros que se dejaban sujetar. Cuando el morito decía que no, no había nadie que pudiese impedir su huida a los tableros.

Sin embargo, ayer en la Maestranza surgió, si no el milagro, si la sorpresa y la confirmación de las tesis de Belmonte.

Ocurrió en el segundo toro de la corrida de despedida de Rivera Ordóñez en esta feria de abril. El Juli con un manso rajado de Daniel Ruiz, puso en practica lo que decía Belmonte.

Lo vemos



Para calibrar el mérito de lo hecho por el Juli,nada mejor que releer este texto de una crónica de Gregorio Corrochano de 1927:
"Dejar pasar al toro y dejarle ir donde su instinto o su querencia le guíe, es un matiz del toreo; pero obligar al toro a que haga lo que quiere el torero, llevarle la cabeza como atada a la tela y colocarla en el sitio preciso, eso sí que es torear, y de más mérito cuanto más rebelde es el toro a que le dominen".
Y remachaba Corrochano, de forma inapelable:
"Eso lo saborean los buenos aficionados, aunque los modernistas se aburran
Por eso, porque el gusto por la vieja lidia ha sido siempre gusto exclusivo de pocos, muy pocos, aficionados, es por lo que, a estos detalles, se les suele dar hoy mucha menos importancia de la que realmente tienen. Eso, sí no se le da ninguna.

Es una lástima.

La mano que sujeta... al toro huído (Fotografía del Juli el lunes en Sevilla con su primer toro de Daniel Ruiz-Maestranza Pagés)

domingo, 5 de marzo de 2017

El hilo invisible del toreo

Antoñete y el Juli. Los dos citan al natural. Los dos citan encorvados y con la pierna retrasada (pierna retrasada que -ambos mantendrán atrás hasta el final del muletazo). Hay un hilo invisible del toreo que transmite conocimientos y soluciones de un torero a otro y que conecta a través de la historia incluso a diestros de muy distinto concepto.

Vivimos en una cultura de la imagen y, curiosamente, prestamos muy poca atención a las imágenes. Renegamos de los vídeos y sacralizamos las fotografías (pero sólo las que nos interesan; las demás las desechamos). Nuestra imagen del torero, de cada torero, y nuestra opinión sobre su forma de torea se condicionan más por lo que otros dicen de él o por sus propias declaraciones que por su forma de torear en la plaza. Por eso, no vemos más allá de las apariencias y, a veces, ni siquiera valoramos esas apariencias. En resumen, que damos más importancia a lo leído (a las etiquetas) que a lo vivido (o visto). Un buen eslogan vale hoy más que mil faenas.

Sin embargo, cada torero es un mundo. Su concepto, su personalidad, su experiencia y conocimiento, incluso su propio físico condicionan -¡y de que manera!- su modo de torear. Una forma de torear que está hecha de multitud de matices y detalles fruto de la observación y la experiencia. El toreo es conocimiento adquirido por la experiencia pero también conocimiento fruto de la imitación (emulación) del modelo, del maestro.

Tan complejo es el toreo que muchos de esos matices -en ocasiones, los más importantes- pueden pasar desapercibidos a los ojos del aficionado. Manolete decía que compartía concepto con Chicuelo y, sin embargo, a muy pocos aficionados de la época se les hubiera ocurrido hacer del torero de Córdoba discípulo del sevillano pues sus formas eran muy diferentes. Pepín Martín Vazquez se miró en el de Córdoba, en cuyo concepto cimentó su forma de torear y sin embargo a muy pocos aficionados de hoy se les ocurre relacionarlos. El problema de las formas que no dejan ver el fondo.

Maestro indiscutible del toreo fue Antoñete: maestro indiscutible del toreo, es hoy el Juli. Son, empero, igual que Chicuelo y Manolete, dos toreros muy diferentes, con dos conceptos muy diferentes y con dos tauromaquias también con muy pocas cosas en común.  Más poético, irregulardesgarrado y ortodoxo, literariamente ortodoxo, el maestro Chenel y más pragmáticoambiciosoexperimentador y contundente, ambiciosamente contundente, el maestro Julián.

Pero no se trata de compararlos (¿a quien se le podría ocurrir comparar a uno con el otro?). No ya porque montarían en cólera los guardianes de la ortodoxia siempre dispuestos a lapidar a los herejes sino porque, como hemos dicho, encarnan dos toreos, dos conceptos del toreo, radicalmente distintos.  

No son comparables, evidentemente, pero estas dos fotos que encabezan esta entrada y que fueron publicadas hace tiempo en algunos blogs taurinos con la perversa intención de jugar al juego, malévolo de "buenos y malos", si que nos dan pie para jugar nosotros a otro juego bien diferente y mejor intencionado: al juego de las semejanzas ya que no al juego de las comparaciones.

Y es que, aunque incomparables y diferentes, si que podemos atisbar, en esas imágenes, matices o técnicas similares. Quizás bajo unas formas aparentemente disimiles (aunque, precisamente en esas dos fotos, no tanto) subyace, en esos dos cites, un fondo común con más semejanzas de las que pudiéramos sospechar.
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Herencia posible (todo es posible) pues, en nuestro caso y no en balde, en Chenel se han mirado la mayoría de los toreros jóvenes de los 80 y 90, igual que Chenel, y con él todos los toreros de su quinta, se miraba, a veces sin querer confesarlo, en Manolete. Al final, el trasvase de influencias técnicas entre toreros puede que rebase las fronteras que marcan los estilos y los modas e, incluso, las que marca el tiempo, la edad o la época. En el toreo, la cuestión es buscar soluciones a los problemas -siempre los mismos- que plantea el toro, y no respuestas a las demandas esteticistas o teorizantes de los que están en los tendidos que eso, si es el caso, vendrá después. Esta última es cuestión importante pero, en el fondo, secundaria.

No en balde y por ello, el toreo se está retroalimentando continuamente, en un ciclo sin fin, de una época o otra y de un torero a otro, desde sus albores.

Es el hilo invisible del toreo. El verdadero.


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Postdata aclaratoria para sabelotodos.
Chenel no sólo tiene la pierna atrasada en el momento de la foto (el del cite) sino que -al contrario de lo que algunos han afirmado en los blogs aludidos- ahí la mantendrá hasta el remate. Se puede comprobar lo que afirmamos viendo las grabaciones de las faenas de esa época donde -si bien en ocasiones adelanta la pierna de salida lo habitual era en él mantenerla retrasada. Se puede comprobar aquí. El mecanismo de adelantar la pierna lo utilizaba más -en mi opinión- como medio de ajustar el cuerpo del torero al del toro cuando la trayectoria de la embestida era más periférica que como medio de cruzarse en su camino.

Postdata puntualizadora para suspicaces:
El muletazo de Chenel que ilustra esta entrada no es una mácula en su toreo. Era un modo habitual de citar en aquellos años y en los posteriores. Guste más o guste menos su falta de verticalidad y esa pierna retrasada, esa forma de citar no es ni un "lapsus" ni un "accidente", ni una "excepción", sino un ejemplo de como se citaba entonces... y como se sigue citando todavía,

Postdata final para teorizantes
Enjuiciar el toreo a partir de ideas fijas -que es lo que siempre se suele hacer- es renunciar a entenderlo. Construir nuestros argumentos solo como medio de justificar nuestras hipótesis de partida, nuestras convicciones previas solo sirve para engañarnos a nosotros mismos. El toreo, a fin de cuentas, es como pueden o quieren los toreros de cada época, no como a nosotros nos gustaría que fuera o como pensamos que debería ser.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Lima es más limeña que nunca en el morado octubre

Por Jose Morente

Foto: Portada del libro Morado y Oro: Historias y anécdotas de la Feria del Señor de los Milagros

Octubre, mes limeño y morado

Fernando Farfán en facebook hace unos días nos recordaba que el mes de octubre, mes morado, lo era de tradiciones, del Señor de los Milagros, de Turrón de Doña Pepa, de la canción criolla y de toros.

Apostillaba Armando Fuego que, en efecto, Lima es más limeña en octubre. La música criolla siempre ha cantado a sus señeras tradiciones, como el Señor, la comida y los toros, por supuesto. Y ponía  el ejemplo del hermoso vals de Alicia Maguiña "Estampa limeña".

«Perfume de anticucho y turrón 
de doña Pepa y picarón.
Pregón de un sereno, mi amor,
ven préndele una vela al Señor.
Con un traje de luces, se engalana la tarde, 
un capote, un estoque y un coro de voces, 
que gritan, ¡Olé!».



Acho se prepara



Así lucía la plaza de Acho ayer lunes. 

José Carlos Arata Cockburn, comentaba, también en facebook, que se podía observar en la fotografía arriba insertada de Josefina Barrón, como las tablas de la barrera estaban totalmente peladas para ser pintadas desde cero. 

Josefina (autora de esa foto y la que sigue) indicaba que ya tenían acopiada en la plaza la arena para reemplazar la tierra que tanto y tan molestoso polvo levantaba, 

!Acho se vestirá de gala para su 250 aniversario!


Y la guinda de ese morado y más que bicentenario octubre limeño es la reaparición de Ándres Roca Rey, después de sus cogidas de Málaga Palencia

Andrés reaparecerá en Acho, en la Feria del Señor de los Milagros, junto al Juli y con reses de la ganadería española de Garcigrande.





jueves, 22 de septiembre de 2016

El primer gran torero

Por Jose Morente


Joaquín Rodríguez Costillares (Detalle del retrato de Francisco Domingo Marqués-1880)

El apellido Rodríguez en el toreo

Rodríguez y Rodríguez se llamaba aquel intrépido José Dámaso "Pepete" al que mató un toro de Miura -Jocinero- en la plaza de Madrid. También Rodríguez pero Manuel se llamaba aquel mítico Manuel Rodríguez "Manolete" también muerto por otro miura -Islero- en la plaza de Linares. Otro Rodriguez, Félix, fue torero de culto en la Edad de Plata. Y también Rodriguez se apellidaba ese genial e irregular torero trianero que se llamó Joaquín Rodríguez "Cagancho" quien comparte nombre y apellido con el primer gran torero realmente importante de la historia del toreo: el sevillano del barrio de San Bernardo, Joaquín Rodriguez "Costillares".

He dicho realmente importante, y lo he dicho con fundamento. No sólo porque su competencia con Pedro Romero, a la que luego se uniría Pepe-Hillo, es la primera competencia digna de tal nombre, sino porque sus aportaciones en esa época primigienia del toreo a pie son fundamentales.


Las aportaciones de Costillares

A saber: Costillares perfecciona, si no inventa como suerte de recurso, el vuelapiés, solventando el problema que planteaban los toros que no podían recibirse por no acudir al cite. Hecho cierto que atestigua Pepe-Hillo en su Tauromaquia.

Asimismo se le atribuye la invención de la verónica. Aunque. como apunta Cossío, "debe entenderse que lo que debió hacer fue regularizar el lance de frente imprimiéndole un estilo propio".

Pero su aportación más decisiva y sustanciosa fue la que hizo al toreo de muleta. Antes de él, la muleta se utilizaba sólo para llamar la atención del toro y para distraerlos en el momento de la estocada. Costillares va a utilizar la muleta como elemento de trasteo, para ahormar al toro antes de la estocada. Costillares es, por tanto, el germen del toreo de muleta que tanto esplendor alcanzaría con el tiempo.

Eso en lo que atañe a la lidia que, en lo que respecta a la organización del espectáculo, puso bajo su mando a las cuadrillas, quitando poder a los varilargueros, y también cambió el traje de torear.

Apostilla Cossío que "es muy difícil apreciar a distancia y sin documentos gráficos suficientes, las circunstancias y perfecciones de su toreo pero encontrar su nombre como fundamental, en la evolución del juego de capa, muleta y estoque, nos da idea de su valía"


Con Costillares la muleta comienza a utilizarse para trastear a los toros y no sólo para matarlos (Láminas X y IX de la colección de aguafuertes de Luís Fernández Noseret-1790)
Una larga cuerda

Y, aunque efectivamente, a distancia, es muy difícil vislumbrar y encuadrar su figura, se me antoja que, en el triunvirato de Hillo, Romero y Costillares, el primero, encarna el arte, alocado si se quiere; el segundo, el valor seco y desnudo y el tercero, nuestro personaje, sería la encarnación primera de ese tipo de torero de cuerda larga y de enorme intuición con los toros que tanta relevancia ha tenido a lo largo de la historia. Costillares es, por tanto, el primer gran torero de una saga que pasa por Paquiro, El Gordito, Guerrita, Joselito el Gallo, Armillita, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino y llega, en nuestros días, hasta el Juli.

La columna vertebral del toreo.

Costillares, el primer gran torero vertebral de la historia, con la muleta en la mano izquierda (Aguafuerte de Juan de la Cruz de 1777 en pleno apogeo del diestro sevillano)

lunes, 18 de julio de 2016

El codilleo (y III) La terza maniera

Por Jose Morente

El codilleo en un detalle de un cuadro manierista: Susana y los viejos de Martín de Vos. Sólo le faltaría una muleta en esa mano izquierda para servir de referente al toreo de nuestros días.
Leonardo da Vinci..., dando comienzo a esa terza maniera que nosotros queremos llamar la moderna , además de la gallardía y valentía del diseño, y además de imitar sutilmente todos los matices de la naturaleza , [ ... ] dotaba efectivamente a sus figuras de movimiento y espíritu"
(Vasari-"Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos")
El manierismo

En Historia del Arte se llama terza maniera o manierismo a la última fase del Renacimiento. En ella lo que, en los grandes maestros renacentistas, había sido clasicismo, proporción y equilibrio se convertirá en alarde formal, exageración y exceso

El cuerpo humano, tanto vestido como desnudo se va a representar en toda clase de complicadas posturas, difíciles y artificiosas, posturas de una extraña gracia y elegancia, y donde las articulaciones -el movimiento de las articulaciones- va a jugar un papel primordial.



En la escultura manierista, al igual que en la pintura de ese periodo, los cuerpos se contorsionan y retuercen. Muy llamativo es el "codilleo" de los codos.

El codilleo. Convertir un defecto en una virtud.

Veíamos en dos entradas anteriores, como lo que se había considerado defecto en el torero, el pegar los codos al cuerpo, había pasado a ser visto como una virtud o mérito, pues permitía pasar al toro más cerca del cuerpo del torero. En cualquier caso, llamábamos codilleo a esa acción de pegar el codo al cuerpo ya fuese por torpeza o por valentía.

El Juli en Huelva, codilleando pero sin pegar el codo al cuerpo para ajustar la altura y distancia de su muleta a lo exigido en cada momento por los movimientos del toro (Foto de Manolo Ortega publicada en el blog de Agustín Hervás)
En nuestros días se viene utilizando una nueva definición del término codillear. Por extensión, se habla también de codilleo cuando el torero al torear dobla el codo con objeto de ajustar la colocación de la muleta (altura y distancia al cuerpo) para controlar con mayor precisión el trazo de la embestida del toro. Incluso aunque no pegue los brazos al cuerpo. Es la tercera acepción ("terza maniera") del término codillear y realmente, tiene mucho que ver con el manierismo pues la postura del torero aparece necesariamente forzada al ejecutar ese movimiento. Una estética que, como hemos visto, era deseada y buscada a finales del Renacimiento igual que ocurre en nuestros días en el toreo.

Es muy probable que ese modo de colocar el brazo se deba a Santiago Martín el Viti. Sin duda, uno de los mejores muleteros de la posguerra acá.

El gran torero salmantino fue gente en el toreo al natural. Lo curioso es que tenía un defecto físico que le impedía doblar correctamente el brazo izquierdo. El Viti supo convertir ese defecto en virtud y en distintivo de su toreo de muleta con la mano izquierda.

Otros toreros han seguido luego ese modo de doblar el brazo por el codo, lo que les ha permitido un mejor y variado control de la muleta durante el muletazo. En realidad, no deberíamos emplear, para ese doblez del codo, el termino codilleo, reservado en puridad para cuando el codo se pega al cuerpo pero, a falta de otro término más preciso se viene llamando también codilleo a ese posición del brazo doblado por el codo incluso cuando el codo está despegado del cuerpo.

Esta forma de codillear es un recurso técnico muy habitual en nuestros días y resulta imprescindible para practicar ese toreo de alta precisión que hoy se estila pues permite ajustar, al mismo tiempo, la altura de la muleta y su distancia al cuerpo del torero.

Tengo que confesar que el Viti es una de mis debilidades,como torero y como persona. No me canso de ver sus faenas en video ni de leer sus declaraciones. También tengo que confesar que si me apetecía hablar del codilleo era, entre otras cosas y sobre todo, por tener un pretexto para poner en el blog alguna foto de este grandioso torero toreando y codilleando.
La tesis de la economía de movimientos

Y entrando de lleno en el tema de los movimientos de las articulaciones, nos surje al paso una teoría muy extendida, aunque no siempre bien explicitada, entre toreros y aficionados. Aquella que equipara el buen toreo con una cierta economía de movimientos y de la que también hablábamos hace días en este blog.

Para Raúl Galindo, que es quien mejor lo explica, el toreo ideal es un toreo basado en la sencillez. Sencillez que para él equivale a economía de movimientos. Un toreo donde él que se tiene que mover es el toro (como ya dijera, en su día y con cierta sorna, Juan Belmonte). Un toreo, según Galindo.
"donde jamás una articulación mayor realiza un movimiento posible con otra menor: lo que mueven las muñecas no deben moverlo los codos, y lo que mueven estos no pueden hacerlo los hombros, después va la cintura y así sucesivamente hasta llegar a las piernas que suponen digamos, el movimiento mayor porque es un desplazamiento de todo el cuerpo"
La fluidez y sencillez de ese modo de torear (hay otros modos, aunque Galindo no los considere "ideales") se basan en la sencillez de movimientos que se reducen a los estrictamente necesarios.

Este es el modo de torear de los toreros artistas y que basan su toreo en el conocimiento de las suertes. Es el toreo de los artistas más depurados y exquisitos. Toreros en los que prima la elegancia sobre cualquier otra consideración. El toreo de Gaona, Antonio Fuentes, Pepín Martín Vázquez, Enrique Ponce, Manzanares (padre e hijo),...




Pepín Martín Vazquez. Sencillez y economía de movimientos. Lo que puede hacer una articulación menor que no lo haga una mayor. Aquí torea al natural 

Torear para el toro

Frente a ese modo de torear basado en el contraste de un torero "quieto" y un toro en "movimiento", existe otra escuela menos preocupada u obsesionada por componer la figura, por la postura, y más interesada en dominar o controlar al máximo la embestida del burel.

Es la escuela de los grandes lidiadores, toreros de gran intuición para los que el toro no tiene secretos y que basan su toreo en adaptarse a las cambiantes condiciones de las reses. Son los toreros como Guerrita, Joselito el Gallo, Luís Miguel Dominguín, Paco Camino, El Viti o El Juli, Toreros generalmente poco preocupados por la estética a ultranza y que, en algunos casos (no en todos), han hecho precisamente de los movimientos del cuerpo, del movimiento de las articulaciones del cuerpo, un motivo de estética. Un toreo que, por muchas razones,  pudiéramos llamar manierista.

El manierismo en el toreo es una actitud tan legítima como la contraria. Lo que no se debería, bajo ningún pretexto, es convertir la economía de movimientos ni ningún otro concepto, en un nuevo dogma.

Ya tenemos demasiados.
10 de mayo de 1915. Joselito el Gallo en Madrid en un natural a un toro de Gamero Cívico. Con el codo y la rodilla izquierdas ligeramente dobladas.
Joselito en Valencia, el día de los 6 toros de Contreras, Torea de muleta con el cuerpo encorvado bajando mucho la muleta al toro. Lo que le reprochó la crítica de su época.Una crítica posiblemente poco acertada pues su concepto del toreo -legítimo- era el que le hacía dolvidarse de la postura del cuerpo para centrar toda su atención y su interés en el dominio del toro. Joselito toreaba para el toro despreocupado de la estética..

sábado, 28 de mayo de 2016

El codilleo (I) En los viejos tiempos

Por Jose Morente
Aunque hoy todos los toreros recurren, en ocasiones, al codilleo, es el Juli uno de los que más y mejor utilizan ese mecanismo técnico pata ajustar la posición de los engaños a la embestida del toro (Verónica en San Sebastián. Desconozco el autor de la Fotografía)
Con el codilleo ocurre lo mismo que con tantos y tantos términos tradicionales del toreo (el pico, adelantar la pierna de salida, los toques, etc,) y es que puede utilizarse de forma incorrecta o ventajista o, por el contrario, puede emplearse o aplicarse de la forma más adecuada, correcta y necesaria.


Codillear. Una definición (y una visión) negativa
Codillear.- Manera de manejar la capa o muleta, al verificar las suertes, con los codos pegados al cuerpo y jugando o moviendo solamente las manos y el antebrazo; y la tendencia a torear así (Cossío. Los Toros, Tomo I. pág. 42
Aunque la definición que da Cossío parece bastante aséptica, sin embargo, se convierte en negativa con el ejemplo que la acompaña.

Como el de Cossío es un Vocabulario autorizado, cada definición viene con su correspondiente cita que, en este caso, corresponde a Federico M. Alcázar quien afirma que sólo "se codillea por miedo o por torpeza".

No estoy de acuerdo. La definición de Alcázary, aunque es de 1936 (que es cuando escribe su "Tauromaquia moderna", libro de donde Cossío saca la cita), parece ignorar que, por el toreo, ya había pasado Juan Belmonte García. Lo que es mucho ignorar.

Alcázar un gran revistero taurino, era un pésimo tratadista, confuso y errático y su definición corresponde a una visión demasiado arcaica del término cuando el codilleo se consideraba un grave defecto.

Y es que, en el siglo XIX, lo importante era conseguir que el toro pasara (siquiera fuese fugazmente) y para eso "sacar los brazos" (que es como las viejas tauromaquias llamaba a la acción de extenderlos) resultaba primordial.

En el toreo antiguo (siglo XIX) lo importante era sacar bien los brazos, estirar los brazos para expulsar al toro del terreno del torero. En el caso de Bombita (en la foto) estamos ya en fase de transición, los brazos están ya desemparejados y el de salida (muy estirado al contrario que en el caso del Juli) va  ya hacia atrás para conseguir que el toro se quede colocado en posición adecuada para el siguiente capotazo.
(Otro detalle, aunque quizás no venga al caso. Bombita inició la moda de abrir exageradamente el compás al cargar la suerte con los brazos. De ahí derivó la tendencia moderna que luego se impondría de valorar el toreo compás abierto -la pata 'alante- que antiguamente -según F. Bleu- se consideraba propio del toreo basto)
En la Hemeroteca Digital (donde he rastreado el término), la expresión codillear se utiliza siempre y desde 1898 (fecha de la primera referencia localizada) en sentido negativo

La más interesante es una referencia de Palmas y Pitos de 1915. Se trata de la reseña de una novillada en Barcelona donde actuaba Fortuna. Y es que, en esta ocasión, al habitual texto reprobatorio, le acompaña una fotografía del lance cuestionado.

Fotografía publicada en Palmas y Pitos el 24 de mayo de 1915 acompañando una reseña de una novillada en la Ciudad Condal. Fortuna en un ayudado por bajo.
El texto dice lo siguiente:



El codilleo belmontista.

Sin embargo, lo que, al principio se veía como defecto, codillear o torear sin despegar los codos del cuerpo, acabó considerándose, en cierto modo, una virtud pues permitía pasarse al toro muy cerca del torero.

El toreo belmontista de exposición y aguante maximos (un toreo anunciado ya antes por el Espartero y Antonio Montes) se impuso y el toreo acabó tomando unos nuevos derroteros. Si el objetivo en el siglo XIX era defenderse y conseguir pasar al toro lejos del torero, ahora lo que se empezói a valorar era pasarse al toro lo más cerca posible.

Los gustos del público estaban cambiando. De ser considerado defecto cuando se hacía por torpeza o miedo, el codilleo pasa a valorarse como un medio técnico positivo, cuando trae causa en la decisión consciente del torero de ajustar la embestida del toro a su cuerpo.

Veamos otra reseña muy interesante también de Palmas y Pitos y también de una novillada donde actuaba Fortuna. Aunque esta vez el "codilleante" es Pepe Zarco del que se dice lo siguiente:

En la reseña se habla de ceñirse por codillear, por azar o por valentía. Aunque el codilleo se sigue considerando defecto, empieza a vincularse con el ceñirse que puede ser, a veces, rasgo de valor (Palmas y Pitos. 28 de marzo de 1916)
Volvamos a Belmonte. Antonio de la Villa cuenta (en Belmonte, el nuevo arte de torear. Pág. 92) que cuando ese torero hizo uno de sus primeros tentaderos en casa de Urcola, este le dijo:


La solución propuesta por Calderón ese mismo día cuando volvían en tren de la finca de Urcola, era bien sencilla. Ponerle unas tablillas en los codos para llevar los brazos como si fueran aspas de molino:



Belmonte pasó de la verónica codilleando.... (Galería fotográfica Los de José y Juan)
A estirar los brazos cual aspas de molino (Fotografía publicada en Mundo Gráfico)
En realidad, la solución no lo era tal, y el codillear de forma intencionada acabaría imponiéndose y se convertiría en seña de identidad del estilo belmontista. Lo será también de todo el toreo posterior hasta llegar a nuestros días.

Pero eso, lo contaremos en la próxima entrega

(Continuará)

domingo, 17 de abril de 2016

El Juli. Aún no ha nacido otro como este

Por Paco Carmona
El Juli. Aún no ha nacido otro como este.

Soy de Morante hasta la médula (todos los aficionados de bien lo somos). Lo de ayer de Sevilla... bueno, eso ya lo cuentan muchos y muy bien. 

Solo quiero decir, que, como nos molesta, nos cuesta un mundo otorgarle al César lo que no es de otro. Ningunear a Juli y ocultar lo evidente, no me va a hacer mejor aficionado. 

Por eso digo públicamente, yo que soy de los antiguos, de los clásicos, de Pepín, de Ordoñez, de Camino, de Paula, de Curro Vazquez, de José Tomás, de Morante... de muchos en los que todos nos ponemos de acuerdo, que Julián López, "el Juli " es un Figurón del Toreo, por lo de ayer y porque sí. 

Y que. ni mejor ni peor, aún no ha nacido otro como éste. 

sábado, 9 de abril de 2016

Una gran tarde de toros en Sevilla

Por Clarito
Cuando una figura como el Juli se planta en la siempre complicada puerta de toriles de la Maestranza para una larga cambiada a porta gayola ¿Que tienen que hacer los que vienen detrás? (Fotografía de M. Serrano para ABC)
Ayer, viernes de preferia, volvíamos a Sevilla a ver toros. Una corrida de mucha expectación (se puso el cartel de "no hay billetes") pues se anunciaban Morante, Juli y Perera con toros de Victoriano del Río y Toros de Cortés

Al final, el resultado superaba las expectativas pues la corrida no fue sólo agradable o interesante o entretenida, sino que también tuvo mucha enjundia, mucho argumento y no hubo momento de respiro en toda la tarde. 

La crónica que viene a continuación resulta, en realidad, innecesaria por no decir, superflua pues sobre lo acontecido ayer y salvo raras excepciones cuyas causas no vienen al caso ni tiene interés analizar, ha habido coincidencia casi absoluta en la Prensa sevillana y nacional, destacando la importancia del festejo.

Sin embargo, este blog tiene como objetivo, además de recuperar y revisar el pasado, documentar el discurrir del toreo actual pues disfrutamos, se diga lo que se diga, uno de los momentos más interesantes de toda la historia del toreo.

Hablemos pues de lo que vimos ayer en Sevilla.


Los toros de Victoriano del Río/Toros de Cortés

El toro es la base de la fiesta y, sin ser excepcionales los toros de Victoriano del Río (bajo sus dos hierros), propiciaron por su variado comportamiento en todos los tercios -unido a la buena disposición de los diestros- el éxito del festejo. Es cierto que la corrida sacó más mansedumbre que bravura -hubo un par de toros muy rajados en la muleta- pero también es cierto que tuvieron mucha movilidad y, sobre todo, que hicieron cosas que no suelen ser habituales, como esas persecuciones infatigables y con mucho peligro a los banderilleros o la pelea de ese toro quinto que se durmió en el peto en dos larguísimos e interminables puyazo, cinco o seis minutos, y que trajeron a la Maestranza aires de tentadero de machos. 

El quinto se enceló en el caballo y se durmió en el peto en dos interminables encuentros que hicieron recordar los tentaderos de machos (Fotografía de M. Serrano para ABC)
Las cuadrillas

Vimos, como otras tardes, algún suerte de varas y algún tercio de banderillas de trámite pero también vimos un tercio para el recuerdo como ese en el que -tras un templadísimo y largo capotazo de Ambel- sonó la música para homenajear la valentía de Curro Javier. 

La verdad de un par de banderillas de verdad (Fotografía de M. Serrano para ABC)

Los maestros

Y sobre todo vimos, por ellos fuimos a la plaza y por ellos, se llenó la plaza, a tres toreros diferentes. Cada uno con su verdad y sus misterios. Con mucha verdad y con algún misterio. 

Para empezar, la tarde nos deparó un muy buen toreo de capote. El de Morante es proverbial y hasta se permitió el lujo de recibir a un toro de salida con el farol que inventara el señor Manuel Domínguez, en ese empeño del torero de la Puebla de ir sacando del baúl de la historia, el toreo más añejo. Juli dio la replica en un quite impresionante. Perera puso, también en quites, su nota de valor y quietud.

El toreo de capote de Morante es proverbial (Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)

Después vimos seis faenas de muleta muy diversas, muy diferentes, respondiendo a los diversos matices de bravura (o mejor dicho, mansura) que sacaron los toros. A sus variados comportamientos. Faenas en los medios o en las tablas. Donde lo pedía el toro o donde quería imponerla el torero. Los contrastes que dan luz al toreo.  

Morante vino a torear con la misma disposición y grandeza con la que vino el Domingo de Resurrección y casi con la misma mala fortuna matando. Ayer escuchó dos avisos por alargar la faena al rajado cuarto. Pero antes desgranó unos naturales tremendos en tablas, marca de la casa. ¡Qué bien torea este torero que tan bien sabe torear!

Morante en su primero un burraco de bella estampa. Luego con la izquierda cuajaría naturales de ensueño al rajado cuarto (Fotografía de Glez. Arjona para Aplausos)

Lo del Juli fue cosa aparte. Mandón, perfecto, tremendo, entregado y con mucha verdad, muy auténtico en su regreso triunfal a Sevilla, puso la plaza boca abajo, en sus dos toros. Toros a los que entendió con la precisión que le caracteriza y a los que toreó con profundidad, suavidad y temple infinitos y, lo que es más importante, con mando. Juli llevó, en todo momento, muy toreados a sus  dos toros. Por donde quiso y como quiso. Eso, y quizás nada más que eso, es torear. Además estuvo muy medido en sus faenas. Como siempre. Así que mientras Morante derrochaba torería y tiempo, Juli fue modelo de mesura inteligencia torera

Alarde de poderío del Juli (Fotografía M. Serrano para ABC)
Perera vino a por todas y fue capaz de sujetar a un toro -el tercero- que se rajó de manera escandalosa a las primeras de cambio y se le fue a tablas. Pisando el terreno del toro, metido en los terrenos del toro, sacó muletazos impensables de absoluto poderío en un terreno imposible. En el sexto se dio un arrimón que, por desgracia, no llegó a calar en el público.

Perera en tablas consiguió entusiasmar a los aficionados de la Maestranza (Fotografía de M. Serrano para ABC)
Lo importante es que, en toda la tarde, no hubo un momento de aburrimiento. A las palmas, sucedían las ovaciones y, a estas, les seguían los olés. Hubo muchos palmas, muchas ovaciones y muchos olés. Faenas musicadas oleadas, como decían los antiguos, matizadas y subrayadas por los inevitables silencios de la Maestranza. Pero ayer hubo muchos más de aquellos que de estos. Muchos más olés que silencios.

¡Fue una gran tarde de toros!


PD Con fotografía ¿Qué es torear?

Torear es hacer que el toro vaya donde le mande el torero. El Juli en Sevilla mandando en la embestida del toro.. Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)