La Plaza del Toreo, de Méjico (sic), y aún las de Madrid y Barcelona, dejan fuera de ambiente a un gran sector de espectadores, a quienes es materialmente imposible "entrar" en el espectáculo, y que, por tanto, gritan o aplauden sin oportunidad ni medida -porque carecen de elementos de juicio-, con evidente perjuicio para la fiesta de toros, tal como ahora la entendemos."
Domingo Ortega. "El torero y las plazas de toros"
Artículo publicado en el nº 93-94 (extraordinario) de septiembre-octubre de 1949 de la Revista Nacional de Arquitectura, editada por el Colegio de Arquitectos de Madrid




