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domingo, 23 de octubre de 2016
La magistral clase de Diego Urdiales
martes, 14 de abril de 2015
En busca de la bravura. Hechuras y reatas
Por Jose Morente
Diano de Ibarra. El semental por antonomasia. El más famoso. Cuando lo desencajonaron en Colmenar, el mayoral lo describió de forma tan lacónica como expresiva diciendo en un telegrama “tipo fino bonito negro”. Este fue el toro que “hizo” la ganadería de Vicente Martínez, la predilecta de las figuras en la Edad de Oro.
Las hechuras y la reata
Hablábamos en la anterior entrada de lo complicada que era la selección de sementales ya que probarlos en la muleta, que es lo lógico si queremos saber hasta donde llega de verdad la bravura del aspirante, no es posible si no queremos quemar esa misma bravura en las reses que, finalmente, no resulten seleccionadas.
Torear las reses con la muleta es “quemar” su bravura y por tanto imposibilitar que vayan a la plaza. Ese es el “coste” del tentadero de machos. En la foto, Finito tentando un macho en Torrehandilla (Foto de Parrado publicada en el Blog Los caminos del toro)
Sin embargo, lo que en realidad tiene su intríngulis es establecer los criterios de selección en base a los cuales determinaremos si un animal concreto puede echarse a las vacas o no.
Una cuestión previa a todo el proceso es determinar que animales se someterán a la prueba del tentadero. En ese sentido, son dos las características básicas que se vienen utilizando para elegir aquellas reses que se “probaran” como sementales: Las hechuras y la reata.
Elegir entre todas las reses de una camada aquel o aquellos que se van a destinar a sementales no es tarea fácil (En la fotografía reses de la ganadería salmantina de José Cruz de Ciudad Rodrigo)
La reata
La palabra “casta” significaba en origen “familia”.
Por eso Paquiro en su Tauromaquia aconsejaba que, para la lidia se buscasen toros de “casta” ya que, como decía:
“La casta debe ser buena, no porque todos los toros de casta salgan buenos,sino porque hay más probabilidad en que sea bravo el toro cuyos padres lo fueron que no aquel que no sabemos de quien sea hijo, y que acaso sus padres estaban criados a mano”.
Dando por hecho que todos los toros de una buena ganadería son de “casta” o sea, de padres conocidos, lo que nos interesa es elegir de entre los posibles candidatos aquel que pertenezca a una familia de probada bravura. Es decir, que tenga buena reata.
No solo porque, como dice Paquiro, tiene más probabilidades de ser bravo aquel cuyos padres lo fueron, sino porque al tratarse de un carácter consolidado genéticamente es también más probable que transmita esa bravura a su descendencia.
Grupo de reses de muy buena reata. ¡Y tan buena! pues se trata nada menos que varios hijos del Diano lidiados en Madrid en junio de 1911 (Fotografía del libro Diano de Luís Fernández Salcedo tomada en los corrales de la Plaza Vieja de Madrid antes del reconocimiento)
La hechuras
Dentro ya de las buenas reatas (de las buenas familias) y puestos a elegir candidatos, otro buen criterio es optar por aquellas reses que presenten mejor estampa, mejores hechuras siempre claro está que se encuentren dentro del tipo de la ganadería a la que pertenecen. Algo que es muy importante y que, a veces, se olvida.
Cada encaste e incluso cada ganadería dentro del mismo encaste tiene sus propias hechuras que diferencia y distingue sus toros de los demás. En la foto, un clásico toro de miura de pelo sardo (una mezcla de pelos blancos, negros y colorados). El miura con ser un toro muy grande y largo suele ser muy fino y agalgado (Fotografía de la revista Aplausos)
Aunque también es verdad que esta regla, elegir animales en el tipo de la ganadería, aunque aplicable en la mayoría de las ocasiones puede no ser pertinente cuando lo que buscamos es precisamente lo contrario o sea, cambiar el tipo de la ganadería. Es lo que ocurre cuando se buscan toros de mayor tamaño o con pitones mas grandes, para adecuarse –por ejemplo- a los cambiantes vaivenes de la moda, esa moda que tanto determina y condiciona, incluso y pese a lo que pudiera pensarse, el mundo del toro.
Pistolero de Ibán en las Ventas (mayo de 2012). A veces no se encuentra lo que se busca dentro de casa y hay que ir a buscarlo fuera. Eso es lo que ocurrió con la ganadería de Baltasar Ibán a finales de los 70 cuando tuvieron que cruzar los originales y terciados Contreras (origen Murube) con ganado de Juan Pedro Domecq de mucho mayor tamaño y corpulencia por exigencias de la “moda” de entonces. Pese al cruce, Pistolero presenta unas preciosas hechuras.
Dentro de las hechuras propias de cada encaste, y aunque algunos gustan de los animales grandones y destartalados (hay gustos para todos los gustos), lo cierto es que el animal más bonito será, en general, el que sea más fino. El toro es un animal depurado a fuerza de selección y la selección “afina” el tipo. Decía Paquiro:
“Para que un toro sea fino ha de reunir el pelo luciente, espeso, sentado y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda, los cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola espesa y fina; las orejas vellosas y movibles. Esto es lo que se conoce por buen trapío”.
Otro animal fino hasta la exageración y muy bravo, Mesonero de Santa Coloma (más asaltllado que ibarreño) fue el semental que, a lo largo de 16 años padreando, “hizo” la ganadería de Graciliano Pérez-Tabernero (fotografía del Ruedo)
Buen trapío que Montes equiparaba a la finura. Criterio con el que coinciden y en el que abundan la mayoría de autores. Así, por ejemplo, Luís Fernández Salcedo:
“Lo de la finura es quizás lo más convincente, pues un toro fino de hechuras representa de por sí un producto selecto, por la ligereza de su esqueleto, delgadez de la piel, pequeñez de la pezuña, poco grosor de las astas, etc., y como la bravura también es producto de selección, suelen coincidir todas estas circunstancias en la mayoría de las ocasiones –dentro de una vacada- y en caso de discrepar ocurre que un toro fino puede no ser bravo pero la recíproca es muchísimo menos frecuente”.
Toro de Zalduendo de espectaculares hechuras y pelo. Una preciosidad de toro.
La recíproca es la del toro feo y basto que, sólo en contadas ocasiones, dará ejemplares de irreprochable bravura.
La excepción que confirma la regla: Cubanosito ejemplar de la ganadería de Antonio Ordoñez lidiado en la Corrida-concurso de Jerez en 1965 y cuya lidia correspondió a Antonio Bienvenida quien estuvo sensacional con ese toro. Bienvenida comentaría después de la corrida que si Ordoñez se había atrevido a enviar un toro tan feo a una corrida-concurso sólo podía deberse a la confianza que en el tendría como ganadero. En efecto, Cubanosito fue tan bravo y noble que mereció el indulto.
Azulejo dedicado a Cubanosito (de la web Jerez siempre)
martes, 6 de enero de 2015
Los toritos de Calera
Por Jose Morente
“Ya está el torito en la plaza”. El origen del toreo como el del Flamenco es popular y ambas manifestaciones se nutren de lo popular (Capea en Aldeadávila de la Ribera, Manolo Cañuelo, 1958. Fotografía del Blog Desolvidar de Patxi Mendiburu)
El flamenco se ha construido en muchas ocasiones a partir de letras populares o cultas, provenientes del folclore, la tonadilla, la zarzuela, las coplas de ciego o los romances. Son canciones que se han andaluzado o agitanado al meterlas por los ritmos o compases propios de nuestra tierra.
Reconstruir este proceso, localizar estas letras o esas músicas, tiene por tanto el máximo interés para comprender la génesis de nuestra cultura flamenca o, lo que es lo mismo, la génesis de nuestra cultura.
En septiembre de 2013, Alejandro Talavante se encerraba delante de las cámaras de TVE con 6 toros de Zalduendo en Mérida. Una actuación exitosa que, sin embargo, fue objeto de no pocas críticas entre otras cosas porque en uno de sus toros, el torero extremeño osó arrancarse por bulerías lo que fue objeto de multitud de comentarios, discusiones y críticas. El hecho tuvo, como es lógico, su pertinente entrada en este blog.
No voy a volver sobre lo que hizo Talavante esa tarde ni a valorar de nuevo lo oportuno o inoportuno de su cante (oportuno para unos e inoportuno para otros, como siempre ocurre). Lo que me interesa ahora es que el cante de Talavante, concretamente el principio de esa letra que cantó por bulerías (Ya está el torito en la plaza / Y el torero en la barrera…) tiene su origen en una copla del folclore popular.
En efecto, Patxi Mendiburu nos cuenta, en su blog Desolvidar, que la letra original (“Ya está el torico en la plaza / y el torero en la barrera / y la dama en el balcón / pidiendo que el toro muera”) se ha cantado, con ligeras variantes, por tierras de Zamora (concretamente en Fermoselle), Salamanca, Toledo, Gran Canaria y Extremadura.
En Almendra, municipio de Salamanca cercano a Fermoselle se canta “la Coronela” (canción torera tradicional) que podemos escuchar ahora en una versión grabada por el tamborilero Isaías y que se encuentra en youtube.
Otra letra, seguramente emparentada con la anterior y localizable en Castilla la Mancha, se titula "Los toritos de Calera" y empieza así:
Dicen que vienen, que vienen / los toritos de Calera / Dicen que vienen, que vienen / y a la plaza nunca llegan…
A partir de las distintas versiones conocidas de este cante, incluida la que cantaba en su familia su hermana Esperanza, Patxi Mendiburu ha reconstruido la que el piensa que debe ser la versión completa de “los toritos de Calera” y que también podemos escuchar en youtube, en montaje propio y con su propia voz.
Tiene mucho interés oírlo (y tambén verlo pues las imágenes del montaje de Patxi son también muy interesantes).
Y esta es la letra
Ya está el torito en la plaza
Dicen que vienen, que vienen
los toritos de Calera;
[dicen que vienen, que vienen,
y a la plaza nunca llegan.] (bis)
Subió la cuesta corriendo
por bailar y no bailó,
perdió la cinta del pelo,
mira que jornal ganó.
Por las montañas de San Andrés
la vi llorosa, la consolé.
Ya está el torito en la plaza
y el torero en la barrera,
[y la dama en el balcón
pidiendo que el toro muera.] (bis)
Subió la cuesta corriendo
por bailar y no bailó,
perdió la cinta del pelo,
mira que jornal ganó.
Por las montañas de San Andrés
la vi llorosa, la consolé.
Ya ha muerto el toro en la plaza
y el torero sale de ella,
[y la dama en el balcón
ya está tranquila y serena.] (bis)
Ya está el torito en la plaza
y el torero en la barrera,
[y la dama en el balcón
pidiendo que el toro muera.] (bis)
Subió la cuesta corriendo
por bailar y no bailó,
perdió la cinta del pelo,
mira que jornal ganó.
Por las montañas de San Andrés
la vi llorosa, la consolé.
Y esta la letra que cantó Talavante
Ya está el torito en la plaza
y el torero en la barrera,
Lo cita el banderillero
mientras el Maestro lo espera
Vaya estampa de torero
con su capote de seda.
y ese toro de Zalduendo,
como al caballo lo lleva.
Están naciendo los olés
en las gargantas morenas
Mi Talavante en el ruedo
vaya estampa más torera
De ahí, del folclore popular, salta esa letra de los toritos de Calera al flamenco, lo que es habitual.
Y del flamenco pasa a la plaza, por mor de Talavante, lo que no es nada habitual.
Mi Talavante en el ruedo/vaya estampa más torera…
