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domingo, 13 de agosto de 2017

Una tarde espléndida

Por Clarito

Los seis novilleros malagueños. Juan Carlos Benítez, Antonio Santana, Curro Mázquez, José Antonio Lavado, Francisco Morales y Samuel Ortíz  que nos dieron una gran tarde de "toros" (Foto Toros del Mediterráneo)

Es muy complicado torear con una plaza con pocos espectadores. Y no lo digo sólo por lo gélido del ambiente -incluso en este caluroso agosto- que se transmite del tendido al ruedo y del ruedo al Palco, sino porque cuando una plaza se queda medio vacía -como la Malagueta hoy en la novillada de inicio de Feria- la mayoría de los asistentes son aficionados. Y esto que parecería una ventaja es, en realidad, un handicap, pues el aficionado, el buen aficionado, salvo excepciones y al contrario que el público en general, es poco festivo, más bien adusto y poco propenso a exteriorizar sus emociones, unas emociones que aquilata con avaricia de cuentagotas. Y eso se nota demasiado, a la hora de premiar con justicia la labor de los toreros en la plaza.

Eso fue lo que pasó en Málaga esta tarde, una magnífica tarde de toros que quizás tuvo menos eco en el tendido del que tendría que haber tenido lo que se hizo en el ruedo. Cosas de la Fiesta.

Y también son cosas de la Fiesta, misterios de la Fiesta, el hecho de que, mientras la corrida inaugural de San Sebastián con tres figuras en el cartel y una ganadería de campanillas, Zalduendo, degeneraba en fiasco; la novillada de Málaga con 6 chavales bisoños y la mayoría poco placeados y una ganadería que no lidia demasiado, nos proporcionaba una magnífica tarde de toros. Casi tres horas de un espectáculo cabal y espléndido. Tres horas que se nos fueron en un suspiro.

Y eso que, para empezar, las reses de "Toros de la Plata" (dos con el hierro de "Ordóñez Araujo") aunque novillos por su edad, fueron toros por hechuras y trapío. Lo bueno es que, en general y salvo el 3º, sacaron movilidad y nobleza.

La "novillada" en los corrales.

Frente a ellos seis novilleros malagueños, todos jugándose muchas cosas a una sóla carta y todos demostrando firmeza, mucha firmeza, y ganas, muchas ganas de funcionar en esta profesión.

No voy a entrar en el análisis detallado de lo que pasó en la plaza. Sólo decir que vimos faenas elegantes y con suave manejo de los engaños, caso de Antonio Santana, alegría y pinturería en Curro Márquez, aromas de vieja lidia en un trasteo de poder a poder con un manso de libro en José Antonio Lavado,  oficio y solvencia de buen toreo en Juan Carlos Benítez, que cortó la única y más que merecida oreja que concedió la Presidencia, firmeza y gran precisión técnica en un sorprendente Francisco Morales y aplomo y capacidad de apuesta en Samuel Ortíz

Quede constancia que, para alguno de ellos, era la primera novillada del año lo que alzaprima el mérito de su actuación.

En resumen, gran tarde de toros gracias al arrojo, firmeza y decisión, a más del buen hacer, de seis novilleros malagueños. Un lujo.

Elegancia y apostura de Antonio Santana

Alegría y conexión con el público en Curro Márquez

El poderío, decisión y valor de José Antonio Lavado con un manso de libro.

La apuesta de Juan Carlos Benítez que hizo además un muy buen toreo de muleta

Rotundo y perfecto manejo de los engaños de Francisco Morales

La firmeza y entrega de Samuel Ortíz
Nota: Aunque las cuadrillas cumplieron no puedo dejar de destacar los dos magníficos puyazos de Manuel Sánchez al cuarto de la tarde. En el primero, echando el palo con contundencia antes de que el toro llegara al caballo. En el segundo, con el toro ya picado, sin apretar y midiendo con estilo de buen caballista. Quede también constancia.

Fotografías de Toros del Mediterráneo

lunes, 17 de agosto de 2015

Grandeza y dureza del toreo

Por Clarito

La grandeza y la dureza del toreo. Consecuencias de la cogida de Galdós en la Malagueta.


Málaga. Primera de Feria. Novillada

El público de toros es un público singular. Singular por muchas cosas y una de ellas es por sus constantes y frecuentes contradicciones. Así, pedimos diversidad de encastes y luego exigimos a los toreros que toreen de una única y canónica forma. Pedimos que los toreros se la jueguen, pero si el toro les coge, les llamamos "chalados". Es esto último sambenito común de los novilleros (y también de los que no lo son). Hablemos de ese "síndrome" al hilo de la novillada de ayer de la Malagueta.

Para empezar. maticemos lo de novillada. Pues corrida de toros por hechuras, trapío, cara, pitones, presencia y esencia fue el lote que Fernando Peña envió a la Malagueta. Unos toros que con su movilidad taparon sus defectos (muchos) y sus complicaciones (muchas). Defectos y complicaciones que no trascendieron al tendido hasta el final del festejo, al hacer balance (1 banderillero, 2 picadores y 2 toreros cogidos. Estos dos últimos con entrada a la enfermería).Fue cuando todos cayeron en la cuenta de lo dura, durísima que había sido la corrida.

Una novillada durísima. Una corrida de toros que sólo se podían ver cómodos desde la barrera.

Antes, como digo, la movilidad y, en algunos astados, su humillación, pusieron sordina a las embestidas broncas, descompuestas, renuentes y poco entregadas de las que hicieron derroche las reses toledanas. 

Frente a ellos, unos novillero capaces y dispuestos, que, en mayor o menor grado, ayudaron también a "tapar" los defectos de los "supuestos" novillos.

Ginés Marín se mostró, como era de esperar muy solvente. Estuvo muy bien de salida con un novillo que tuvo mucha plaza y al que su capote  y el de Ambel, enseñaron a embestir. Luego, en la muleta, con un novillo que transmitía mucho, a Ginés, le penalizó abrir el cartel. Todo lo que hizo lo hizo bien, por no decir perfecto pero es siempre muy difícil romper el hielo en el primero de la tarde. Su actuación fue cobrando -por comparación- mayor mérito a medida que avanzaba la tarde.

Un muy solvente Ginés Marín lleva muy toreado a su oponente.

Al segundo hubo que picarlo como no se picaran muchos de los toros que se lidien en feria. Pese a ello llegó a la muleta muy bruto y con fuerzas pero soso en la embestida. Varea apuntó buen estilo. Y consiguió enjaretarle algunas series estimables y logradas. Su toreo más liviano y preciosista que el de Marín atiende más a la forma que al fondo. Son dos conceptos diferentes pero los dos legítimos.

Varea dio buenos muletazos pero su labor no trascendió a los tendidos muy fríos.

En el tercero, vivimos uno de esos momentos en el que los toreros atropellan la razón y es que lo de torear un solo toro tiene sus lógicas consecuencias pues obliga a echar el resto y jugárselo todo a una carta. Quizás por eso, Galdós -torero de inteligencia preclara- recibió de rodillas y por verónicas a su novillo. Este se tragó las dos primeras huido y a regañadientes. Pero en la tercera, dijo que nones. Galdós se empecinó en no levantarse: El toro se le cerró en el burladero de matadores, el peruano fue a buscarlo de rodillas y de rodillas se abrió hacia la raya de picadores. En esa situación, atravesado con el toro, le citó. Un cite que presagiaba la cogida. Y, en efecto, cuando se le arrancó, le arrolló. En el envite, le abrió la bolsa del escroto, lo que arreglaron temporalmente con un esparadrapo envolviendo la pierna y así, herido se fue al toro que tenía mucho que torear. Galdós, inteligente, le fue cambiando los terrenos para que no se orientara ni desarrollara sentido. Faena de mérito. Máxime después del susto inicial. Por su pie se fue a la enfermería.

Joaquín Galdós recibe de rodillas y por verónicas a su toro. El siempre inteligente novillero peruano atropelló ayer la razón obligado por el planteamiento de la novillada pues ayer había que jugarlo todo a una única carta
Leo Valadez, de México, estuvo muy bien con otro novillo complicadote al que banderilleando, le puso un tercer par por los adentros con muy poco espacio y dando las ventajas a la res. Un par de mucho mérito. Tremendo. Con la franela, es torero de muy buen estilo, muy desmayado y muy templado (lo que no fue su novillo). Le mató de media lagartijera muy buena y eficaz.

Espectacular tercio de banderillas de Leo Valadez

A estas alturas de la novillada, y a la vista del ganado, nos preguntábamos como resolverían sus papeletas los más noveles.

Menos toreado el malagueño José Antonio Lavado supo resolver, no obstante, los problemas de su novillo con su estilo nervioso y arrebatado. Hizo como todos sus compañeros el toreo fundamental de forma solvente pero donde arrebató al público fue en su arrebato final. Eso y una estocada de efecto fulminante le valieron la única oreja de la tarde. Fue justa aunque sus compañeros también hubieran merecido ser premiados.

La entrega apasionada de José Antonio Lavado (y un estoconazo fulminante) le valieron ayer la única oreja de la tarde
El sevillano Jesús Álvarez mostró buenas maneras y consiguió una tanda estimable de un novillo que pareció, en los primeros tercios, el menos malo de la corrida, el más suavón. Sin embargo, se apagó demasiado pronto y se acabó al sacarlo a los medios. Ahí empezó a embestir protestando.

Buen trazo en el muletazo de Jesús Álvarez pero su toro duró poco.
Un verdadero "regalo" fue el séptimo y último que le tocó al rondeño Javier Orozco, el menos placeado de todos pues debutaba con picadores. Su toro salió con mucho sentido. Sin llegar a los burladeros, frenándose con las manos por delante en toda la lidia y enterándose de todo. De lo que se dejaba detrás y de lo que había delante. Por la derecha no tenía, como se dice, un pase pero Orozco se los dio antes de ser cogido. En uno de ellos, el toro se le quedó debajo y le volteó. Consecuencia: una cornada grande pero limpia en el muslo que queda a unos centímetros del triángulo de Scarpa. Muy certero el toro y muy valiente el torero. Mala suerte.

El séptimo salió a la plaza muy orientado y con mucho sentido que desarrolló aún más a lo largo de la lidia. La cogida de Orozco que estuvo muy firme con el, se presentía inevitable.

La cogida de Saúl en Vitigudino.

Y mala suerte también, la de Saúl Jimenez Fortes, Iba mediada la novillada de Málaga cuando nos avisaban de la cogida de este diestro en Vitigudino.

Fortes resultó cogido al recibir de rodillas con el capote a su primer toro, de la ganadería de Orive. El astado le arrolló contra las tablas, metiéndole el pitón por el cuello, levantándole hacia arriba y provocando una importante hemorragia.

"El pitón entró por debajo de la barbilla y le ha afectado gravemente la lengua, la región nasal y destroza el paladar, además de llegarle hasta la base del cráneo. Es una cornada tremenda, pero ahora sólo nos queda esperar, ya que no hay parte médico y sólo sabemos que lo llevan a la UVI", ha dicho su apoderado, Nemesio Matías quien ha indicado por último que, aunque los médicos han dicho que está fuera de peligro, "hay que esperar varios días más para ver el alcance real de la herida y sus posibles secuelas". Secuelas que esperamos sean las mínimas posibles.

Queremos que los toreros sean valientes y se queden quietos pero también queremos que los toros no les cojan. Vistos los imponderables que tiene el toreo, resulta ser una ecuación casi imposible. De ahí la grandeza y la dureza de esta Fiesta nuestra.

El toreo es lo que es y, entre otras cosas, es apuesta y riesgo. ¡Suerte, Saúl!


martes, 7 de julio de 2015

Personalidad y ambición

Por Juan Antonio Polo

Andrés Roca Rey. Gaoneras de infarto (EFE)


Novillada de Feria (5 julio 2015)

La personalidad de Posada de Maravillas y la ambición sin límites de Roca Rey definieron el primer festejo de la Feria del Toro. Y eso que la cosa empezó regular, ya que el esperado encierro de El Parralejo, divisa que se había ganado por méritos propios su tercera comparecencia sanferminera, dio un evidente paso atrás. Cierto que la novillada, pareja y de preciosas hechuras, “se dejó”, pero cierto también que adoleció de una alarmante falta de fuerzas que, como suele ocurrir, devino en esa sosa nobleza, propia de los llamados “toros tontos” −que no “artistas”− característicos de su encaste, por más que su movilidad engañara en algunos momentos a los espectadores. 

Contra esa sosería y falta de transmisión se estrellaron los indudables buenos ánimos del debutante Varea, que se ganó una vuelta al ruedo merced a su contundencia estoqueadora.

Tan sólo un novillo se salvó de la quema. Con nobleza, clase y algo más de chispa que sus compañeros, el colorado cuarto propició el triunfo −frustrado finalmente con los aceros− de un Posada de Maravillas, también en su tercera aventura sanferminera, que no sólo demostró ser uno de los escasos diestros actuales que disfruta de una personalidad definida, sino que plasmó media docena de lentos y templados naturales −auténtico cante grande− que ahí quedaron. Para el recuerdo.

El debutante Roca Rey, un caso aparte, también dejó para el recuerdo un ansia de triunfo espectacular. En novillero-novillero, pero con una prestancia y aplomo propias de un matador experimentado, el peruano no perdonó un quite, peleó bravamente con su incómodo primero–que se dolió en banderillas− y se metió al público en el bolsillo en su faena a la res que cerró plaza, raquíticamente premiada con una oreja. Al margen de su carisma, me impresionó el absoluto dominio que mostró en todo momento con su capote y, en especial, al bordar sendos quites, uno por tafalleras floreadas, y otro, al quinto, con unas gaoneras de auténtico infarto.

Mención aparte merece el atípico público propio de la novillada sanferminera. Más numeroso que en otras ocasiones –tres cuartos largos del aforo−,  consiguió “entrar” en el festejo, fue calentándose paulatinamente a lo largo del mismo y, tras la apoteosis final de Roca Rey, incluso salió toreando por la calle. 

Un positivo paso adelante.

Juan Antonio Polo