Mostrando entradas con la etiqueta Rafael de Paula. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rafael de Paula. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXVII) Rafael de Paula. Una película que no pasa


Uno de los pases de muleta de ensueño de Paula en Vista-Alegre, en la faena que inspiró el libro de José Bergamín "La música callada del toreo"

Ese 5 de octubre de 1974 se despedía en Vista Alegre, con toros de Bohórquez, Antonio Bienvenida del toreo con el capote negro de luto de Joselito sobre los hombros, Rafael de Paula, que era el tercero del cartel de aquella corrida ya histórica, debió mirar con fascinación aquella prenda luctuosa (...) Completaba el cartel Curro Romero (...)

Y all, en la plaza -más íntima y gitana que la de las Ventas- de Carabanchel, desbordando todos los pronósticos (...) y, poseído y embargado por un sentimiento de dolor hasta los tuétanos, con una torería de extraordinaria impresión, emocionado, orgulloso de su raza gitana en cada pase de muleta, provocó en los tendidos el gran alboroto esa faena suya de la que aún se habla (...)

Proyectamos las imágenes de aquel merlinesco trasteo, y nos parece el suyo el más excepcional toreo que en celuloide pueda verse, y cuantos allí estuvieron de pie -puesto que al quinto muletazo se habían ya todos levantado una vez al menos- se nos echan encima, alegando que lo que el cine muestra no tiene nada que ver con aquello, que aquello fue algo grandioso, y lo que el cine nos muestra es una sombra...

Y uno se calla, seguro de que razones hay para hacerlo... pero sigue pasando más y más veces la película.

ALBAICÍN, Joaquín "Gitanos en el ruedo" (1ª ed. Madrid, Espasa Calpe, S.A., 1993, página 353)



Y de remate, el remate del artículo de Manuel Ríos Ruíz publicado en el Ruedo, diez días después de la faena de Rafael de Paula en la plaza de Vista-Alegre, el día que se despidió del toreo Antonio Bienvenida.


domingo, 14 de febrero de 2016

Cuaderno de notas (LXXI) A Rafael de Paula


Rafael de Paula


A Rafael de Paula

Cuando pones tu planta en las arenas
y engallas, hecha bronce, tu figura;
cuando estrechas la muerte a tu cintura
y el toro se hace un río por tus venas;

cuando el raso y el oro reestrenas,
tocando el pulso de la sangre oscura
y el ángel de tu estirpe, allá en la altura,
te derrama su gracia a manos llenas;

ya no importan ni amores ni querellas,
ni el llanto del gitano vagabundo,
ni el gozo con que estallan las botellas;

ni torrente caudal, ni mar profundo,
ya no importan ni el sol ni las estrellas,
y ya puede venir el fin del mundo.

(Poesía de Patricio Pemán Medina 
Publicada en el Blog Poesía Taurina de Antonio Suárez Cabello)

sábado, 13 de febrero de 2016

Torear para gustarse

Por Jose Morente

Contaba Curro que se inspiró en fotografías de Curro Puya para coger el capote "cortito". Eso de cogerlo recogío, con dos deditos y más cerca de la esclavina, decía Curro que lo había aprendido viendo las fotografías del trianero (Imagen del libro "Curro Romero-La esencia" de Antonio Burgos)

Para los grandes toreros que han basado su toreo en la estética, que han puesto en la postura (la compostura) todo su empeño, torear no es una cuestión de testículos (valor) ni de cerebro (técnica) sino de corazón o sea, de sentimiento y de inspiración.

En el toreo, el arte y la personalidad ni se enseñan ni se aprenden, sino que se tienen o no se tienen. Se nace con arte o se nace sin arte. Y punto.

Los toreros que nacen con arte no torean para el toro ni para el público, sino que torean para ellos mismos, para "gustarse". Lo que buscan en el ruedo los toreros de esta cuerda, está, en realidad, dentro de ellos mismos. Por eso, el arte en el toreo no es algo que aparezca"después de" una dura y trabajada pelea con un astado fiero y complicado. Al contrario, el arte en el toreo, es algo que se busca y desea constantemente pero que no siempre se encuentra.

Que surja el arte precisa un toro bravo y noble, un torero en estado de gracia y un ambiente propicio. Que surja el arte en el toreo viene a ser, entonces, como una cuestión de magia, de conjunción astral o de afortunada concatenación de circunstancias. Un cruce de causalidades y casualidades. Y es que, el arte no es recompensa a nuestros esfuerzos, afanes y desvelos ni premio por nuestros méritos o virtudes sino un don divino, un regalo de los dioses. Que surja el arte en el toreo es, realmente, un milagro. Por eso, se le valora y aprecia tanto.

Cuando los grandes toreros de arte (Rafael el Gallo, Cagancho, Pepe Luís Vázquez, Curro Romero, Rafael de Paula, Morante de la Puebla,..) hablan de sus sensaciones delante del toro, dicen "me he sentido" o "me he gustado". Su toreo discurre con "suavidad" y "sin brusquedades" pues torear es, como decía Rafael el Gallo, autoridad máxima en esta materia, "acariciar suavemente".

Consecuentemente, en el toreo de arte predomina la "naturalidad", el "desmayo", la "elegancia" pues todo debe fluir "sin esfuerzo aparente", "sin brusquedades", "sin crispaciones". Pero es la suya una elegancia no impostada sino auténtica. El torero que ha nacido "con gracia" es, como decía Gerardo Diego hablando de Antonio Fuentes, la "elegancia ignorándose de la naturaleza".

Tanta belleza no puede aparecer de forma prefabricada y continua pues sería contraproducente y contradictorio. Por eso, en el toreo de arte predominan el instante, el detalle, el pellizco o el momento sobre la obra completa, soñada y rara vez lograda. Los toreros de arte nos regalan muchas más "pinceladas" que faenas "redondas"; abundan más en ellos los "quites del perdón" que las "tardes de gloria". Pues el "tarro de las esencias" se destapa sólo de cuando en cuando (muy de cuando en cuando). Es más,lo corriente en este corte de toreros que no tienen nada de corrientes, es que se pase del éxito al fracaso (o viceversa) de un toro a otro o, incluso, dentro de un mismo toro, de una misma faena.

Lo frecuente es que tras el lance luminoso y mágico aparezca la negra espantá. Tras la verónica de alhelí, el muletazo deslavazado y huyendo. Puro contraste (el sol y la sombra) que aquilata aún más si cabe los momentos felices.

Pero son momentos brillantes como ese lance de Curro Romero a la verónica que encabeza esta entrada, con su capotillo cogido con dos deditos, muy cerca de la esclavina, al estilo de Curro Puya, Un capotazo perfecto se mire por donde se mire. Con esa pierna adelantada que se adivina llevará al torero hasta los medios para que allí se produzca el feliz remate.

Un lance, uno solo, pero por el que, para verlo, iríamos al fin del mundo si preciso fuera.


Pepe Luis Vazquez. Un detalle, una pincelada. Un sólo muletazo que no parece nada pero que encierra todo un mundo. Por verlo, merece la pena pagar la entrada