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domingo, 14 de septiembre de 2025

Asi toreaba (en ochos)... Rafael Ortega

 Por Jose Morente

Grandiosa estocada de Rafael Ortega (ABC)

Rafael Ortega (San Fernando, Cádiz; 4 de julio de 1921 – Cádiz, 18 de diciembre de 1997) ha sido uno de los toreros de interesantes de la postguerra española. Uno de los grandes estoqueadores de todos los tiempos al que, sin embargo, penalizado ante los públicos por su figura que denotaba cierta tendencia a la obesidad y con una calvicie prematura. 

Su toreo de muleta estaba al nivel de su estoque. Por eso, Antonio Ordóñez pudo decir que “Es el mejor que ha toreado de todos nosotros” y Antoñete, allá por el año 85, dejó escrito que "el torero que más me ha gustado, Rafael Ortega, a quien considero además el torero más completo y el que ha toreado con mayor pureza”. 

Natural de Rafael Ortega, muy puro, muy asentado, pero (¿contradicción?) muy en la línea técnica del toreo de Manolete.

Lo de la pureza de Rafael -innegable- dio pié al título del libro que le prologó (¿y le escribió?) Ángel García Mayo, "El toreo puro". Un adjetivo que le ha etiquetado desde entonces.


El caso es que una gran mayoría de los aficionados actuales no le hemos podido ver torear en las plazas, pues Rafael se retiró hace ya 57 años, el 1 de septiembre de 1968, en la plaza de Marbella. Para acercarnos a su toreo tenemos varías fuentes: las películas (viejas películas de NO-DO, Gan o Achúcarro), las fotografías (dificiles de descifrar para quien no es torero) y las crónicas y textos escritos (más engañosos siempre de lo que podríamos suponer).

Es curioso que en un arte visual como es el toreo, los textos escritos hayan tenido tanto peso en nuestra formación como aficionados. Hemos reducido el toreo a varias frases huecas que pretenden explicar la realidad pero que solo sirven para confundir más que para ilustrar.

Ese concepto de lo que es el toreo puro podría ser uno de ellos. La tan traída y llevada pureza ha sido pretexto utilizado (tanto en el toreo como en el flamenco) para encumbrar a unos y descalificar a otros.

No voy a seguir por ahí. Lo que me parece oportuno es rescatar la definición del toreo al natural que daba el propio Rafael Ortega en su libro y compararla con los naturales que daba en la plaza. Dice Ortega (1986:47):

"El toro tiene que venir humillado, metido en la panza de la muleta y con la suerte cargada. La mayor parte de los toreros lo que hacen es descargar; tú citas por un lado o por otro, y en vez de echar para adelante la pierna contraria, lo que haces es echar la otra para atrás; y eso no es cargar, es descargar. El toreo bueno es aquel en que cargas la suerte y apoyas el peso sobre la pierna contraria; y la última parte del pase ha de permitir que el toro te deje colocarte de nuevo sin modificar el terreno, pues lo más clásico y lo más puro es que, en la faena, cuanto menos andes, mejor.

No me refiero a "andarles a los toros" como lo hacía Domingo Ortega, sino a eso de dar un pase aquí y otro allá y recorrer toda plaza para pegarle veinte muletazos sueltos y desligados al toro: eso no es..."

Muy claro y muy gráfico. Tanto que leyendo esto te imaginas (o te crees que imaginas) sin problema como se debe torear al natural en redondo, pero el caso es que ni Ortega (Rafael), ni tampoco Belmonte (Juan), ni Ortega (Domingo) han toreado como sus panegiristas o ellos mismo dijeron que toreaban.

No entro en el primer muletazo de la tanda (siempre controvertido y sobre el que tengo mi propia teoría que algún día contaré) hablo en la manera de  ligar unos muletazos con otros. Pero esa es la historia del toreo en redondo. Ahora estamos hablando de toreros de la otra cuerda, la del toreo cambiado o en ochos.

Ya vimos en este blog como Belmonte, no ligaba nunca los muletazos en serie. Juan toreaba en ochos, yendo al pitón contrario en cada pase, metiendo la pierna y (ahí la diferencia con sus predecesores) dejándola ahí. Era un constante entrar y salir del terreno del toro, enmendando el terreno despúes de cada pase pero aguantando el cabezazo de la res dentro de cacho lo que provocaba enorme emoción.

Belmonte. Nimes (1934) Primer toro

Asi, con la misma técnica del regate (idéntica al mecanismo que usan los recortadores en los bous al carrer y los banderilleros en los pares al quiebro) toreaba Domingo Ortega, como podemos ver en esta faena de Alicante (17/01/1932) que rescatamos del olvido hace ya unos años.

Domingo Ortega en Alicante (enero de 1932)

Y así, metiendo la pierna y desplazando al toro y enlazando los pases en ocho, igual que Belmonte y Domingo Ortega, toreaba Rafael Ortega... ¡cuando toreaba en ochos!.

Auque los estilos son diferentes (patético el de Belmonte, poderoso el de Domingo y sobrio el de Ortega) la técnica es la misma. 

Especialmente sorprende la similitud entre el toreo de Juan y el de Rafael (el de Domingo tiene mucho más movimiento). Ambos -el de Triana y el de San Fernando- se meten en el terreno del toro a pasito corto, cruzando siempre al pitón contrario. 

Pero lo mejor, como siempre digo, es verlo y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Rafael Ortega. 1950

Del toreo de Rafael Ortega al natural en redondo y de su ajuste a lo que dejó escrito, hablaremos otro día.



lunes, 8 de septiembre de 2025

Joaquín Vidal. ¿Belmonte ventajista?

 Por José Morente

Joaquín Vidal

Como cada cual ve el toreo de una forma diferente, me parece lógico que cada cual analice e interprete el toreo como mejor le venga en gana. A partir de su propio punto de vista. Algo totalmente legítimo.

Lo que ya no es tan legítimo ni defendible es tergiversar y manipular datos y circunstancias probadas para imponer nuestras convicciones. Lo que hoy algunos llaman crear un relato.

Y ese es el caso del crítico taurino Joaquín Vidal cuando escribía y hablaba de toros. Crear relatos increíbles y falaces pero envueltos en la indiscutible calidad de su prosa y lanzados a través del potente altavoz que a sus palabras prestaba el País, diario en el que escribía. 

He sacado un corte de sus opiniones en el episodio de la serie Retratos que Canal Sur TV dedicó a Juan Belmonte

El fragmento seleccionado no tiene desperdicio. Vidal no analiza el toreo de Belmonte sino que aprovecha la oportunidad que se le brinda para difundir sus teorías sobre la historia del toreo, teorías que se alejan con mucho de la realidad. 

Oigamosle primero.


Nos toca ahora desmenuzar sus curiosas y discutibles opiniones. Unas opiniones que han tenido un eco tremendo en una generación de aficionados (entre los que me incluyo) desorientada por mor de Vidal y otros cuantos gurús de la crítica taurina que ahora no viene al caso nombrar.

Primera afirmación. "El [se refiere a Belmonte] trajo un toreo nuevo que los aficionados antiguos consideraban un toreo de ventaja y un toreo decadente"

Primera afirmación de Vidal y primera sorpresa. Eso de que los aficionados antiguos consideraron a Belmonte, un toreo ventajista y decadente se lo ha sacado Vidal de la manga. 

Más bien al contrario. A Belmonte se le cantó como el torero de la verdad frente a la mentira del toreo anterior y se le comparó con Pedro Romero, figura mítica, al que se suponía piedra angular de un toreo sin ventajas que ya se había perdido y que Juan recuperó.

Es más, con Belmonte se trajo a la palestra la frase de Lagartijo ("Viene el toro, te quitas tú. Que no te quitas tú, te quita el toro") ensalzando como Belmonte había hecho trizas en los ruedos el aforismo lagartijista.

Segunda afirmación. Vidal dice que los precursores de Belmonte y cita al Espartero, Reverte y Antonio Fuentes (Esto último es un error. Debería haber dicho Antonio Montes), fracasaron por intentar citar a esos toros de "enorme casta y pujanza" a menor distancia para acentuar la emoción.

Es falso que el toro de aquellos tiempos tuviera enorme casta y pujanza. Es una falacia. Lo único que ocurría es que no se había inventado el peto ni la penicilina. Al toro no se le picaba, llegaba crudo a la muleta, y cualquier herida podía ser fatal para el torero. En general era un toro más manso y mucho más a la defensiva. Con más sentido, pero no con más bravura ni más casta.

Lo de acortar la distancia merece también un comentario, pues en realidad lo que intentaban los precursores de Juan y a veces conseguían, pero de tarde en tarde, era meterse en el terreno del toro. Cruzarse al pitón contrario. Juan lo hizo.

Tercera afirmación. Cuando Belmonte empezó a mandar en las plazas entonces empezó a seleccionar las ganaderías y reivindicó que el toro no tuviese tanta pujanza, que el toro no tuviese tanta presencia. En definitiva que el toro no tuviese tanta casta.

Que esto no es cierto lo saben hasta los niños de parvulario. El cambio en el ganado de la época del que habla Vidal no es responsabilidad de Belmonte sino de Joselito, cuyo predicamento entre los ganaderos era tremendo, y no tenía como objeto quitar casta a los toros sino todo lo contrario. Se buscaba mejorar la presencia y comportamiento de las reses cara a la faena de muleta. Por ello, se deshechan las reses destartaladas y se busca un toro de embestida más brava y menos defensiva.

Cuarta afirmación.  Vidal contrapone el toreo antiguo, según el de más riesgo, con el toreo de Belmonte, menos auténtico, pero más armónico, más largo, más hondo. El toreo anterior se desechó porque era mas peligroso. 

Un aserto que basa en la anterior falacia (la peligrosidad del toro y del toreo antiores). Sin embargo Cossío (mejor documentado en la historia del toreo que Vidal) afirmaba justo lo contrario: "Me interesa declarar que no pienso que haya disminuido el riesgo. Torear un toro que puede poco con el estilo plástico de hoy es seguramente más expuesto que torear un toro de poder con los recursos admitidos antaño como corrientes."

Quinta afirmación. Después de Belmonte todos los toreros empezaron a tomar lo que podíamos llamar la Escuela de Belmonte. Y desde entonces (años 14-15) hasta los años 70, mejor o peor interpretado, mejor o peor ejecutado, se seguía el canon de Belmonte. A partir de los años 70, o mejor de los 80, eso ha desaparecido totalmente. Ahora [años 80] se está haciendo un toreo que no tiene absolutamente nada que ver.

Traca final con muchas cosas que comentar. Primero, la afirmación, ya desmentida, de que el toro y el toreo anteriores a la edad de oro eran más peligrosos. 

La segundo afirmación falsa es que todos los toreros empezaron a torear como Belmonte. No es cierto. Lo cierto es que todos entran en el terreno en el que entró Belmonte. pero lo hacen al estilo y con la técnica del toreo en redondo que trajo Joselito. Técnica que, a través de Chicuelo y Manolete, es la que llega a nuestros días. El toreo en ochos, de pitón a pitón, se queda como una técnica más, pero ni es ya la fundamental ni es la base de la faena moderna.

Por eso, por no servir de referente en la muleta, tampoco es verdad que el canon belmontista perviviera hasta los años 70 u 80. El toreo de Belmonte fecundará el toreo de capa que vino después, pero incide poco en la muleta. Lo que pasa es que Vidal estaba en ese momento empeñado en la crítica del toreo de los años 80 y por eso afirma que el canon belmontista se mantiene hasta los años 80. Pero lo hace solo para criticar y denostar a los toreros de los 80. 

Curiosamente, Vidal afirmará algunos años más tarde en su libro "40 años después" (una ácida diatriba contra Manolete y su toreo), que el canon belmontista solo duró hasta la época de Manolete ¿En que quedamos? 

Dice Vidal en ese libro: “Si Belmonte revolucionó el toreo con una nueva concepción interpretativa, en cuya arquitectura cargar la suerte era la piedra angular. Manolete lo contrarrevolucionó con otra de sentido radicalmente contrario: lo que aportó Belmonte a la tauromaquia lo quitó Manolete…la escuela belmontista (no confundir el término con “estilo abelmontado”) tuvo vigencia plena, indiscutible y exclusiva desde poco antes de los años veinte hasta poco después de los cuarenta y, a partir de aquí, hubo de ceder espacio a la norma manoletista (no confundir el término con “estilo amanoletado”)" 

Conclusiones

El relato vidalista no se sostiene. Ni el toreo antiguo (anterior a la edad de oro) era más arriesgado, ni Belmonte un torero ventajista que impuso un toro menos encastado. 

 Por otra parte las contradicciones son evidentes. Si Juan era un torero ventajista no se entiende la defensa de su toreo y la critica a los contrarrevolucionarios que se cargaron su escuela. Por cierto ¿fueron los toreros de los 80 o fue Manolete el culpable de esa ruptura y de todos los males del toreo contemporáneo?

En mi opinión, creo que el gran error del discurso vidalista (error común a otros críticos y aficionados de la misma camada) está en considerar la historia del toreo como un proceso de continua decadencia donde los datos y los hechos se utilizan y manipulan a voluntad para demostrar lo que pensamos.

La historia del toreo es, al contrario, un proceso en continua evolución

Que es lo que sabía ese cronista lúcido y entendido que se llamó Pepe Alameda.


martes, 13 de agosto de 2024

Parar no es estarse quieto

 Por Jose Morente


Cogida de Pepe Hillo. Por muy expresivo que sea el artista nunca sabremos si esa imagen refleja o no la realidad. 

Comprender cabalmente una faena no vista se revela tarea casi imposible. La reseña es subjetiva pues depende del punto de vista del revistero, sino venal, casi siempre parcial. Lo mismo ocurre con la pintura que refleja no lo que ocurrió en el ruedo sino la visión del artista, aunque  cuando se trata del toreo antiguo anterior a la invención de la fotografía no nos queda otra.

Con la llegada de la fotografía la cosa cambia porque ya no se trata de una interpretación de la realidad, sino que se capta con máxima fidelidad un momento concreto.

Cúchares en el ruedo de la plaza de Madrid. Una de las primeras fotografías de la historia
Pero sin embargo, el toreo es un arte en movimiento y, por tanto, un arte que es difícil de aprehender en su total complejidad si no estamos en la plaza. Sin esa visión directa todo se queda en mera especulación. 

Lo más próximo a la realidad es el cine, pero -por desgracia- la transmisión del toreo se ha hecho a base de palabras y fotografías. Vemos las fotografías de un torero en un lance y pensamos que, solo por eso, ya hemos destripado y  asimilado su forma de torear. Nada más lejos de la realidad.

La fotografía congela la realidad. De los diestros que hemos conocido por fotografías solo tenemos una pálida imagen de su toreo. Creemos que sabemos como toreaban pero no es cierto. Sus fotografías unidas al texto de sus exégetas nos han dado una imagen distorsionada de su toreo.

Uno de los más sangrantes, es el caso de Manolete. La conferencia de Domingo Ortega en el Ateneo (un ajuste de cuentas fuera de la plaza y a toro pasado) se ha convertido en el texto de cabecera de muchos aficionados y sus aforismos sacados de contexto (el mismo los sacó de contexto) en dogmas que han confundido la mente de varias generaciones de aficionados.

Leyendo a Domingo Ortega, y también a sus panegirístas como Corrochano o Vidal, y sobre todo viendo sus fotografías uno pensaría que toreaba parado citando al toro de frente y cargando la suerte en todos los lances. Pero nada más lejos de la realidad.




Su toreo en la plaza, muy recio, era monótono. Su faena (como la mayoría de las faenas de antes de la guerra) se hacía en ochos y en contínuo movimiento. Ortega delante del toro no se paraba. Eso es lo que Domingo Ortega no contó, no quiso contar, en su libro-conferencia "El arte del toreo".

Y es que Ortega en verdad, antes de la guerra, toreaba así.


Decía Luis Bollaín en crítica a Manolete, en su libro la Tauromaquia de Juan Belmonte, que "parar no es estarse quieto". Y tenía razón.

Pero no en el sentido en el que el lo decía sino en el sentido contrario

La quietud verdadera llegó con Manolete (y sus precursores fueron Lagartijo, Guerrita, Joselito y Chicuelo). Lo de Belmonte y Ortega, yendo al pitón contrario en continuo movimiento, no era quietud sino toreo en movimiento, un movimiento que se atenuaba un instante en el centro de la suerte -en el embroque- con una leve detención o parada, a veces solo insinuada. Ese momentáneo parar se convertiría en el primer precepto de la trilogía belmontista.

En el fondo, no se trataba de parar o estar parado, que es lo que uno piensa cuando lee la literatura belmontista, sino de pararse un leve instante, componiendo la figura en el centro de la suerte, en el embroque, para gratificación de los aficionados y los fotógrafos de la época. Una leve parada que acentuaba el gesto y la estética. Por eso, esos toreros y esos lances salían tan bien en la incipiente fotografía de la época. 

El parar de Belmonte en el embroque, daría lugar, al exagerarse, al "parón" de los toreros de la Edad de Plata.

Pero después de la guerra eso ya no tenía sentido, sobre todo si se comparaba con lo de Manolete y es que, insisto, ese pararse en el embroque no tenía nada que ver con la quietud de Manolete, quietud de estatua, con el torero parado (esta vez de verdad) desde el cite hasta el remate del pase. Aguantando la embestida -a veces descompuesta- de los toros, de todos los toros, gazapones incluidos.

Aquí no hay parón en el embroque, sino quietud del tren inferior del torero desde el cite hasta el remate.

Nuestras teorías sobre el toreo se cimentan en texto parciales y partidistas de autores dogmáticos y en fotografías mal entendidas y mal interpretadas, con olvido de que el toreo es un arte temporal o, dicho de otro modo, cinematográfico. Transcurre en el espacio y en el tiempo.

Mal asunto ese que nos hace no entender hoy casi nada de lo que ocurre en el ruedo. 

Me permito un consejo: de toros, tenemos que leer menos (sobre todo, a ciertos autores) y ver más (ya sea en la plaza o en el celuloide), pero sin prejuicios en la cabeza. Si no, no vale.




domingo, 17 de abril de 2022

Cuaderno de notas (CXLVI) De la playa las arenas

Artículo de Miguel Ángel Fernández Borrero, publicado el 3 de abril de 1922 en Huelva Información

1912. Una fiesta flamenca. Belmonte escucha con atención el cante de don Antonio Chacón. A la guitarra Javier Molina. En el extremo de la derecha, Ricardo Torres Bombita.

Juan Belmonte practicaba el flamenco con estilo. Su amigo Paco Sancha describía en La Voz los momentos en que estaba en el hotel concentrado, antes de vestirse para torear, tumbado sobre la cama con un batín de seda a cuadros, en silencio, porque era de muy poco hablar antes de la corrida, aunque con el cuarto siempre lleno de amigos.”¿Qué hora es, Antonio?, pregunta. “Vamos, Juan, vístete, hijo, que ya es hora”, le contesta su mozo de estoques. Comienza el ceremonial, con sus estampas de la Virgen, su pequeño santuario de religiosidad sobre la mesa… Y mientras le van poniendo la faja, canta a media voz: “De las playa las arenaaaas…”. El fandango de La Parrala, que ha aprendido de su amigo Tomás Pavón, que va mucho por Triana con Manolo de Huelva, a escuchar cantar a Cagancho, o se encuentran en fiestas privadas. Belmonte tiene buena relación de amistad con los Pavones. Ahora, concentrado antes de salir para la plaza, hace solo un esbozo de los primeros tercios del fandango que nunca llega a terminar.  Se escribió que Belmonte toreaba por soleares, soleares de su Triana: “Zapatitos blancos. Ni son tuyos ni son míos. De quién son estos zapatos”.  Luego, tanto al salir a la arena como al acabar su actuación, besaba la imagen de la Virgen en su marquito de piel. “Si vas a la mar y cuentas…” 


martes, 19 de octubre de 2021

Un barbero gallista de Sevilla

Luís Fernández Salcedo

1955. Cabalgata del Ateneo. Juan Belmonte (a la izquierda), Juan Ignacio Luca de Tena y Antonio Leal Castaño (Fuente: Blog Los leales del toreo)

A los treinta y nueve años de su muerte, la figura de José está ya hoy en la mente del aficionado corriente un tanto borrosa, por no decir olvidada. Al efecto han contribuido muchas razones, y entre ellas la poca -y no muy buena en general- literatura que existe en torno de él. Cuando la pareja Gallito y Belmonte centraba la edad de oro del toreo, yo estimo -no sé si estaré equivocado- que los gallista eran el 55 por 100 de la afición Pues bien, sí hoy se hiciese el recuento, creo que los belmontistas llegarían a sumar el 90 por 100 de los votos, lo cual se explica, porque Juan ha llegado a nuestros días, siempre en constante superación. Claro está que aun queda una parcelita en la cual estamos plantados algunos recalcitrantes, como el que suscribe y, entre otros, el famoso peluquero sevillano. 

Quizás conozcan ustedes el sucedido, que voy a referir en pocas palabras, tomándolo de Luis Bollaín (Los genios de cerca). Belmonte iba a salir de Rey mago en la Cabalgata del Ateneo. La Comisión organizadora le mandó los ropajes con los cuales había de vestir el cargo, pero Juan se figuraba que tendría que llevar éste aneja cierta caracterización, aunque no fuera más que para que los chiquillos no les reconociera. Pregunto por teléfono a los organizadores y le dijeron que no tardaría en llegar a su casa un barbero que le pondría la cara correspondiente a su alta dignidad. En efecto en muy pocos minutos, porque el tiempo apremiaba, el fígaro del barrio le puso totalmente desconocido. Belmonte se miró al espejo y se encontró hecho un adefesio. Pero no había minuto que perder y salió a la calle no sin decir a un amigo: “No me gusta nada el trabajo que me ha hecho Fulano; Entérate de si fue, en tiempos, gallista”. El amigo a los dos o tres días le manifestó: “¡Buen ojo has tenido Juan! Porque el peluquero en cuestión no es que fuera gallista… ¡es que lo sigue siendo!”

Yo también sigo en mi sitio como aquel barbero de Sevilla.

FERNÁNDEZ SALCEDO, Luís. Diano (o el libro que quedó sin escribir). Madrid, 1988, Editorial Agrícola Española, pág. 332 (1ª ed., Madrid, 1959, Librería Merced)


Belmonte de Rey Mago (Cabalgata del Ateneo de 1955)


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NOTA de LRI:
Luis Fernández Salcedo escribió el texto que hemos transcrito, dentro del Capítulo "Joselito en Colmenar" del libro dedicado al "Diano" que fue el semental que "hizo" la ganadería de su familia.

Portada de la 1ª ed. del "Diano"


Cuando lo escribió, corría el año de 1959 y por aquella época la figura de Joselito estaba eclipsada por el paso del tiempo (39 años desde su muerte) y por la presencia omnipresente Juan Belmonte, todavía vivo. 

Joselito sobrevivía solo en el recuerdo de algunos (muy pocos) aficionados como don Luis Fernández Salcedo o como ese anecdótico barbero gallista de Sevilla que tuvo la humorada de querer poner feo a Belmonte... 

En vida de Belmonte, José era solo una imagen de añeja fotografía y Juan el único revolucionario del toreo (Portada del libro del belmontista Edmundo G. Acebal)

La historia del toreo al uso entonces, la que nos contaban, una historia equívoca y tremendamente exagerada, ponía a Juan como única fuente del toreo moderno y a José lo relegaban al papel del último gran torero... del toreo antiguo. 

Años después llegaría Pepe Alameda con su reivindicativo y certero análisis del verdadero hilo del toreo, análisis que luego han ido siguiendo otros autores. A partir de Alameda y, sobre todo, a partir de 2012, año del Centenario de la alternativa de Joselito, empezarían a resurgir los gallistas, lentamente, pero cada vez más numerosos. 

Reunión de gallistas conmemorando el Centenario de la alternativa de Joselito en Sevilla (2012)

Hoy las cosas están cambiando y ya no se puede hablar de Juan Belmonte sin nombrar a Joselito el Gallo, al contrario de lo que ocurría hace muy pocos años.

 Portada del Catálogo de la Exposición celebrada en Sevilla en 2013 conmemorando la alternativa de Juan Belmonte: "Una revolución complementaria".
 
Aunque todavía quedan algunos tópicos por desmontar, las cosas se van, poco a poco, poniendo en su sitio.

Un sitio, el del gallismo, en el que estamos nosotros...  ¡como estaba aquel barbero sevillano!


miércoles, 2 de junio de 2021

José y Juan y los toros de Miura. Una estadística.

 

Gallito con Capachito de Miura en la feria de San Miguel de 1915.

Me ha parecido interesante comparar la estadística de José y Juan con los toros de Miura.

En el primer gráfico la comparativa entre las corridas de Miura (azul) y las totales (verde) toreadas cada temporada.

En el segundo gráfico, los toros de Miura (naranja) comparados con las corridas de Miura (azul) toreadas cada año.


JOSELITO EL GALLO Y LOS TOROS DE MIURA




Joselito tomó la alternativa a finales de septiembre del año12 y solo en octubre de ese año ya toreó dos corridas de Miura. A partir de ahí y hasta el año 1918 (el año de la "espantá" limeña de Belmonte) mantuve una media más que aceptable de unas 7-8 corridas al año. Pero desde ese año 18, la estadística miureña de Gallito pega un bajón notable con 3, 2 y 1 corrida por año respectivamente. 

Como el que se quita del tabaco, José se estaba quitando de torear los Miuras y optaba por ganaderías más adecuadas al nuevo modo de torear que estaba imponiendo.


JUAN BELMONTE Y LOS TOROS DE MIURA






Lo de Juan con los Miuras es muy curioso. La estadística total (recogida al final de esta entrada) es muy similar a la de Joselito pero su distribución en el tiempo es muy irregular.

Si los primeros años, su ratio miureña es más que aceptable, en 1922 no torea ninguna corrida de Miura. Tampoco torea miuras el año 25, el de su primera reaparición. Luego solo torea una corrida de Miura el año 26 y otra el 27.

Huelga decir que en su postrera y cacareada reaparición, años 1934 y 35, no vio los Miuras ni en pintura.

La tendencia actual de eludir las figuras los toros de Miura tiene su germen en Juan Belmonte que en sus 6 últimas temporadas solo toreó dos corridas del hierro de la A con asas.

Lentejo de Miura le quita la montera a Belmonte de un derrote (Sevilla 1914)


JOSELITO vs. JUAN (Resumen)



Por lo que respecta a los números totales, Joselito gana la partida. No solo porque toreó el mismo número de corridas de Miura que Juan en muchas menos temporadas, sino porque la proporción de corridas de Zahariche en relación al total de corridas toreadas es también mayor (igual que la proporción toros de Miura respecto al total de toros lidiados)

Ambos diestros se enfrentaron a los miureños en numerosas ocasiones. Joselito era como un hijo para don Eduardo el de las Patillas, pero el toreo empezaba ya a tomar otros derroteros y el arte empezaba a ganar terreno frente a la tragedia.

Don Eduardo Miura Fernández. 


domingo, 30 de mayo de 2021

La Tauromaquia de Guerrita (III) El pase de muleta de Guerrita

Por Jose Morente

Guerrita citando con la derecha y con la pierna derecha retrasada (Madrid 1897. Fotografía publicada en El Arte de los Toros)

Decíamos en una entrada ya antigua de este blog sobre Guerrita lo siguiente:

También parece que fue de los primeros en retrasar la pierna de salida (la pierna escondida) para darle más profundidad al muletazo (y no para tomar ninguna ventaja sobre las reses, como recalcaba con acierto F. Bleu).

Conviene que ampliemos el comentario pues este matiz técnico va a marcar todo el toreo que vendría después (después del Guerra).

De la colocación del torero en el cite frente al toro depende el control del remate del muletazo y, por consiguiente, la posibilidad de engarzar un muletazo con otros (o sea, la ligazón).

Los toreros antiguos (véanse las Tauromaquias de Hillo y Paquiro) se colocaban de frente o sea. con las puntas de las zapatillas mirando a las pezuñas del toro (¡Todavía hay quien dice hoy día que eso es lo correcto y ortodoxo!) tal y como se ve a Guerrita en la foto que encabeza esta entrada.

En esa posición, el control del inicio del muletazo es máximo pero resulta penalizado el final pues en el remate el toro queda a espaldas del torero por lo que resulta muy difícil por no decir imposible llevar al toro al punto exacto que convenga para poder enganchar limpiamente cada muletazo con el siguiente.

Natural de Belmonte. El cite ha sido totalmente frontal (solo hay que fijarse adonde apuntan las zapatillas del trianero). El toro todavía no ha pasado, pero ya la posición del diestro no es la idónea, por lo forzado, para controlar el remate del muletazo que solo culminará gracias a la inercia que traiga el toro, no por el mando del torero. Y es que, con el cite frontal, se pierde mando en el remate (incumpliendo, dicho sea de paso, el tercer precepto de la trilogía belmontina: mandar)

 
Mas claro aún se aprecia en esta imagen de Paco Ojeda. Un remate muy forzado.


En el inicio de faena, donde se puede aprovechar la inercia del viaje del toro, esta posición no supone una gran desventaja, pero a medida que el toro acorta su viaje es preferible o necesario colocarse de tres cuartos o de perfil como se puede observar en este magnífico natural largo y mandón de Juan Belmonte

Un sensacional natural de Juan Belmonte 

Belmonte en este natural ha citado posiblemente dado el pecho pero con el tren inferior del cuerpo de perfil (no de frente). Que el cite de Juan ha sido de perfil y no de tres cuartos lo delata la posición de las zapatillas con esa punta del pie izquierdo mirando hacia la salida del toro. En cualquier caso, lo importante es que esa posición perfilada del cuerpo le permite un mejor control del remate del muletazo y alargar su trayectoria.

Si hubiera citado de frente, ese pie izquierdo lo tendría mirando hacia la penca y no hacia la cabeza del toro.

Cite frontal de Juan Belmonte con la pierna derecha adelantada en un muletazo con la derecha.


Si comparamos esta foto de Juan con la del Guerra que encabeza la entrada observamos que la posición de ambos es muy similar, pero hay una diferencia sustancial, pues mientras Juan adelanta la pierna de salida (del lado de la salida), el Guerra la retrasa (o adelanta la otra que es lo mismo).



El detalle es importantísimo pues aunque Juan Belmonte es cronológicamente posterior a Guerrita, este, sin embargo, está técnicamente adelantado al trianero. Así que, aunque ambos citan de frente, la pierna retrasada de Guerrita le va a permitir un mejor control del final del muletazo y, lo que es más relevante, le permitirá enganchar ese muletazo con el siguiente (toreando en redondo) si el toro no abandona los vuelos de la muleta. Algo que, para Juan no era problema porque nunca (salvo raras, muy raras, excepciones toreaba en redondo) pero que para el Guerra si tenía importancia.

Lo explica, mejor que yo, F. Bleu en su libro "Antes y después del Guerra":



Lo dicho por F. Bleu para el pase natural vale también para el pase de muleta con la derecha (como en las dos fotografías que estamos comparando). Es legítimo -según el oráculo del integrismo F. Bleu- retrasar la pierna de salida (lo que llaman hoy "la pierna escondida") pues con eso el torero "no consigue ventaja sobre el toro" y se facilita el toreo en redondo ligando cada muletazo con el siguiente con mucha mayor precisión y ajuste.

El Guerra se convierte así en el gran precursor del toreo moderno y su papel en la evolución de la técnica del toreo es crucial. Tras el vendrían, Gallito, Chicuelo y Manolete para redondear el toreo de muleta. 

O sea que ¡Viva el Guerra!

Rafael Guerra "Guerrita"




lunes, 24 de agosto de 2020

La tauromaquia de Guerrita (I) La verónica

Por Jose Morente

Guerrita (fotografía publicada en el blog Plaza de la Lagunilla)


Si la historia tiene interés es porque en el pasado se encuentran muchas de las claves que explican nuestro presente. Revisar viejas fotografías y añejas películas, leer o releer libros antiguos merece la pena porque nos permite relativizar nuestras opiniones sobre el toreo de nuestros contemporáneos y aclarar y entender lo que hoy se hace en las plazas.

Pero, si nuestra aproximación al pasado se convierte en un ejercicio de falsa nostalgia con el objetivo de buscar argumentos para denigrar el presente, entonces mejor olvidarnos de los toreros y los toros de antes porque solo conseguiremos confundir y confundirnos.

Si queremos acercarnos al pasado, lo tendremos que sin prejuicios ni clichés y sin tergiversar lo que dicen esos textos antiguos. Contextualizando lo que dijeron quienes escribieron de toros en esas otras épocas. No podemos leer bajo el mismo prisma los textos de los escritores dogmáticos de la cuerda de F. Bleu o Sánchez de Neira, por ejemplo, que las oportunas y razonadas disquisiciones de aficionados tan sagaces e inteligentes como Pepe Alameda o Uno al Sesgo.

Haciéndolo así, si que merece la pena acercarse a esos viejos tratados taurinos, tratados entre los que la Tauromaquia de Guerrita brilla con luz propia.

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La verónica antigua.

En la verónica antigua se citaba de frente y presentando el capote cuadrado al toro, tal y como se ve en esta Lámina de la Tauromaquia de Pepe-Hillo (ed. 1804) y en esta fotografía de estudio de Manuel Domínguez.

Se le llama verónica por la semejanza entre la forma de presentar el capote y la del lienzo en que la Verónica, de acuerdo a los Evangelios apócrifos, enjugó el rostro de Jesús.

La Verónica mostrando la Santa Faz a la Virgen y San Juan, de Juan Antonio Vera Calvo (1864).
Domínguez citando para la verónica en una foto de estudio. Según Cossío (de quien está cogida la fotografía), el señor Manuel Domínguez fue el primero que se colocó de perfil, posición que sancionaría Guerrita en su Tauromaquia. 

Después del cite, en el lance, el torero levantaba ostensiblemente ambos brazos como se ve en esta fotografía del Papa Negro.

La verónica antigua en este caso interpretada por el Papa Negro. Las dos manos suben hasta el infinito para expulsar al toro del terreno del torero.

La secuencia completa de la verónica antigua se representa en estos dibujos publicados en la revista francesa Le midi taurin” (número del 9/08/1919)

 

La tauromaquia de Guerrita.

Aunque textos anteriores ya preconizaban cambios en la forma de torear, será la Tauromaquia de Guerrita la que mejor sintetice la transición a los nuevos modos que estaban por venir.

A Guerrita se le conoce como un torero frío, cerebral y muy poderoso. Frente al arte de Lagartijo y al valor de Frascuelo, el Guerra representa la inteligencia y el conocimiento. Pero sobre su aportación a la evolución de la técnica del toreo se ha dicho y escrito demasiado poco.

El toreo moderno no es la invención genial de un diestro genial (esa seria una lectura errónea por anti-histórica) sino el resultado de un lento proceso acumulativo de experiencias y conocimientos, de enseñanza transmitida (y mejorada) de maestro a discípulo, de generación en generación. La historia del toreo es el resultado de una lenta evolución técnica: el hilo del toreo del que habló el maestro Alameda. Y en ese hilo, el papel de Guerrita -otra vez Córdoba en la palestra- resulta crucial (aunque no se diga).

La Tauromaquia de Guerrita. Muy poco se ha hablado de su sorprendente modernidad.
De la verónica antigua a la verónica moderna: la teoría

Dice Guerrita en su Tauromaquia al hablar de la verónica:
"Se ejecuta en la forma siguiente: se coloca el diestro de costado, en la rectitud del toro y á la distancia que le indiquen las facultades de su adversario, que procurará esté paralelo á las tablas; le citará tendiendo la capa, que tendrá sostenida con ambas manos; le dejará venir por su terreno, y cuando llegue á jurisdicción, le cargará la suerte empapándole bien en el capote y lo vaciará trayéndose la mano izquierda al costado derecho, y alargando el brazo derecho, ó viceversa, según del lado de que se practique, procurando que la res quede derecha y no atravesada". 
Recapitulemos sobre los cambios que propone Guerrita en la ejecución de la verónica respecto al modo antiguo de realizar esta suerte. Son estos dos:

El cite de costado.

El cite de costado, en vez del cite frontal, lo justifica Guerrita en su Tauromaquia de la siguiente y aclaratoria forma:
"En la posición referida, encontrándose el diestro de costado al bicho, y no de frente, tiene más facilidad para dar la salida y para repetir la suerte sin moverse de medio cuerpo abajo. La suerte practicada en esta forma, resulta de más lucimiento y más parada que cuando el lidiador da la cara al toro, situándose de frente, porque para repetirla tiene, por lo menos, que dar una media vuelta girando sobre los talones".
Como dice Guerrita, con la colocación de costado resulta más fácil el remate que si el diestro hubiese citado de frente y, además, se consigue un toreo más parado, al ahorrar movimientos innecesarios entre capotazo y capotazo. Una mejora de esa quietud y ligazón que van a caracterizar el toreo moderno.

Lo curioso es que mientras el cite de costado se admitió tempranamente en el capote, todavía hoy sigue siendo discutido y no acaba de aceptarse en el toreo de muleta.

El desemparejamiento de las manos

En la verónica antigua ambas manos se movían a la vez como los limpiaparabrisas de un coche, pero Guerrita aconseja lo contrario. El Guerra dice que se deben desemparejar las manos y vaciar trayendo la mano izquierda al costado derecho y alargando el brazo derecho o viceversa.

Con ello, se consigue despedir al toro lo suficiente con la mano de salida, pero sujetarlo y ajustar el lance con la otra mano. Un avance técnico importante cuando se quiere que el toro pase cerca del cuerpo, pero que el lance tenga la largura necesaria para no tener que enmendar el diestro su posición tras el capotazo.

De la verónica antigua a la verónica moderno: la práctica

Si importante es lo que se escribe (cuando lo escribe quien sabe), más importante es lo que los toreros hacen en el ruedo. Vamos a ver en imágenes como fue esa evolución técnica de la verónica desde la época del Guerra a la época de Juan Belmonte.

La verónica antigua: Cocherito de Bilbao

La primera imagen corresponde a la verónica antigua, con el diestro -en este caso Cocherito de Bilbao- elevando las dos manos juntas hacia el infinito. Aunque Cocherito es un torero relativamente moderno (la foto es de 1911 y la colocación de perfil) la imagen transmite ese aire antiguo de las dos manos altas tan singular.


La verónica de transición: El de arriba es Bombita Chico y el de abajo, Lagartijo Chico (1902)

Esta secuencia compuesta por dos instantáneas de una misma corrida pero de dos diestros diferentes (Bombita chico y Lagartijo chico) es muy interesante, porque se ve muy bien el modo de ejecutar la verónica de transición. El cite es frontal con el capote cuadrado con la res. El segundo movimiento es el de levantar los brazos, aunque -guiño a la modernidad- las manos van desemparejadas al contrario que en la verónica de Cocherito. Las enseñanzas de Guerrita no había caído en balde y ya estaban dando sus frutos).


La verónica pre-moderna de Gaona (1911)


La verónica de Gaona tiene el sello propio de los toreros elegantes. Rodolfo se yergue sobre los pies y aunque ha citado de tres cuartos, no de perfil, tiene quebrada la cintura acompañando el viaje del astado. Las manos como el dios Guerrita manda, van cada una por su lado, por donde tienen que ir: la derecha sujeta y la izquierda -muy alta, altísima- dirige. 

La verónica de Gaona, pese a esa mano de salida a la altura de la montera, tiene aires de modernidad por lo apretado de su trazo y lo erguido de la figura.




La verónica cuasi-moderna de Antonio Fuentes.

La verónica de Antonio Fuentes es -cronológicamente- anterior a la de Belmonte, pero su aire, por ser más clásico y vertical, resulta a la postre más moderno. Fuentes cita de frente pero las manos van desemparejadas y, sobre todo, lleva ya algo más baja la mano de salida. Su expresión, su aire, es más clásico que barroco, pero ahí está el origen de la verónica actual.


La verónica personal e intransferible de Juan Belmonte. Cite de frente y mano de salida altísima

 
Otra verónica de Juan. Cite de tres cuartos y mano de salida algo más baja, pero nunca por debajo del hombro.


Citando de frente o tres cuartos, se controla mejor el embroque y se reducen riesgos en el inicio del capotazo pero se penaliza el remate que resulta algo forzado, al tener que quebrar mucho la cintura para no perder de vista al toro. En el toreo antiguo ese menor control en el remate no importaba tanto porque la ligazón con el siguiente lance no tenía la importancia que tiene hoy.

Matices técnicos y modernidades aparte, la verónica de Juan Belmonte ha sido posiblemente (con permiso de Antonio Ordoñez) la mejor de la historia del toreo por la ligazón inusitada entre capotazo y capotazo, pese al cite frontal o de tres cuartos. La clave estaba en la muñeca -prodigiosa- del trianero.


La verónica de Juan con aires de escultura. La figura forzada en el quiebro de la cintura transmite tensión y dramatismo.

El quiebro de cintura con la necesaria postura forzada del remate le dan a la figura de Juan Belmonte, en su verónica, aires de escultura barroca...

La verónica de Rafael Guerra Guerrita

Del Guerra no tenemos buenas fotografías de su época buena, cuando estaba en activo, pero si algunas cuando ya retirado gustaba dar lecciones en los tentaderos (en este caso, el alumno atento, al fondo en la segunda foto, es el maestro Joselito).

Guerrita, al contrario que Belmonte, transmite facilidad y sencillez. El Guerra se muestra, en estas verónicas, fiel a si mismo y a sus enseñanzas. Y así, si, en la primera imagen de manos desemparejadas, cita de frente, en la segunda cumple al pie de la letra los consejos de su Tauromaquia de tan fecundos resultados en la historia del toreo: cite de perfil y manos desemparejadas

La verónica moderna empieza con Guerrita, con su crucial aportación ¡Viva el Guerra!