domingo, 23 de abril de 2017

Olor, color y sabor en el toreo de Saúl Jiménez Fortes

Por Jose Morente

La faena de Fortes el pasado Sábado de Gloria en la plaza de toros de Málaga tuvo el olor, color y sabor de las cosas buenas de esta tierra. En la imagen, vista de la Malagueta en  la pasada feria de agosto.
La corrida del pasado Sábado de Gloria en la Malagueta, dejó un cierto regusto salobre en el paladar del aficionado por el pobre juego de las reses de Torrehandilla/Torrehebreros. Algo que al parecer viene siendo la tónica este principio de temporada.

Sin embargo, la tarde la salvaron la alegría a caballo de Diego Ventura, el buen oficio y buen hacer de Antonio Ferrera y, sobre todo, el gran toreo del que hizo gala Saúl Jimenez Fortes.

No pudo coger la faena la altura y grandiosidad de aquella otra del pasado agosto que le valió el premio del capote de paseo que otorga el Ayuntamiento a la mejor faena de la feria pues este toro no fue como el de entonces, pero si tuvo su trasteo de muleta el "olor, color y sabor" de las cosas buenas de esta tierra.

Y es que Saúl deslizó sobre la arena de la Malagueta, en una faena medida y enjundiosa, ese toreo desde arriba y con los vuelos que poco a poco empieza a ganar la partida al toreo encajado tan en boga en los últimos tiempos. Saúl lo hizo todo con suavidad y valentía

Pero no con la valentía del alarde sino con esa, menos evidente pero más torera, que se necesita para torear tan despacio y dando tantas ventajas a los toros.

Ese es el Saúl valiente que más me emociona,

¡Torear! ¡Sólo eso, torear!

Tauroteca.
A la faena de Fortes en la Malagueta le he puesto la música de "Lagrimas Negras" versión Diego el Cigala porque la letra refleja muy bien el reproche que este gran torero podría hacer (y que el nunca hará pero yo sí) a los aficionados y taurinos por no darle el sitio que, en mi opinión, merece.

Aunque tú me has echado en el abandono,
aunque tú has muerto todas mis ilusiones,
en vez de maldecirte con justo encono
y en mis sueños te colmo, 
y en mis sueños te colmo
de bendiciones.

Sufro la inmensa pena de tu extravío,
siento el dolor profundo de tu partida
y lloro sin que sepas que el llanto mío
tiene lágrimas negras,
tiene lágrimas negras
como mi vida.


Postales taurinas (XX) Ni de izquierdas ni de derechas

Por Jose Morente

Agosto de 1936, muy pocos días después del inicio de la Guerra Civil, la plaza de las Ventas aparece abarrotada de público para un festival republicano donde toreaban El Niño de la Palma, Cagancho, el Estudiante, Maravilla, Chiquito de la Audiencia y Félix Colomo (Fotografía publicada en Mundo Gráfico)

Que el toreo no es de izquierdas ni de derechas sino algo de todos o sea, verdaderamente  popular, me parece evidente aunque hoy día son demasiados los que andan empeñados en hacernos creer lo contrario.

Pero lo que no se puede -ni debe- es cambiar o reescribir la historia que es lo que algunos pretenden. Es una sencilla cuestión de ética.

Una ética de la que, lisa y llanamente, carecen quienes quieren que demos la espalda a la verdad.

viernes, 21 de abril de 2017

La genial aportación de Juan Belmonte

Por Jose Morente

Belmonte en todos los lances se metía en el terreno del toro.

Pienso que la gran aportación de Juan Belmonte al toreo fue la de meterse decidida e implacablemente en el terreno del toro.

Llevaba la Tauromaquia más de un siglo y nadie se había atrevido hasta entonces a hacerlo con el descaro y la valentía con la que lo hizo el trianero nacido en la calle Feria. Algunos (Espartero, Montes) lo habían intentado pero no lo consiguieron.

Belmonte entraba, en ese terreno, lance a lance. En todos los lances. Su técnica se basaba en el recorte (por eso sus lances emblemáticos fueron dos recortes: la media verónica y el molinete) pero era un recorte sublimado, tenso, tremendo, abismal.


La media verónica y el molinete son las señas de identidad del toreo de Juan Belmonte

Era necesariamente un momento, un instante, casi como un remate (de otro modo no hubiera sido posible) pero, en ese momento, en ese instante fugaz, Juan además de estar ahí, se estiraba y componía la figura con la gallardía y estética de los toreros más valientes

Y es que hay que ser muy valiente o muy loco para hacer eso. Por eso, el nombre de Belmonte perdura y se mantendrá en el recuerdo de los buenos aficionados mientras exista el toreo.

Se mantendrá en el recuerdo de los buenos aficionados y en el toreo de los buenos toreros.


Morante belmonteando (Foto de Federico Henriques)

Este post va dedicado a mi amigo Jesús Triana, belmontista fetén e infatigable

jueves, 20 de abril de 2017

Injusta historia

Por José Morente

Cuando las innovaciones se presentan envueltas en un ropaje tradicionalista, tienen que pasar muchos años para que críticos e historiadores se percaten (si es que se percatan) de la importancia de las aportaciones de algunos diestros (En la imagen, Joselito y su cuadrilla)

Son demasiadas las veces que la historia ha sido injusta con algunos grandes toreros. 

Velados por los típicos clichés, los ojos de los aficionados de sus respectivas épocas no fueron capaces de ver realmente lo que representaban y suponían esos diestros, pues sus novedosas aportaciones sólo podían llegar a comprenderse cabalmente con el transcurso del tiempo y es que al verdadero innovador le está vedado el reconocimiento de sus contemporáneos.

Valorados por su valor, por su repertorio o por su arte, casi nadie supo ver en su momento (ni aún pasado el tiempo) lo que realmente aportaban todos estos diestros a la fiesta de los toros. Sencillamente, su especial visión de futuro.

Una lista de los toreros, grandes toreros, más injustamente tratados por la historia, podría ser la siguiente:


PEPE-HILLO


CÚCHARES


EL GORDITO


LAGARTIJO


GUERRITA

JOSELITO EL GALLO


CHICUELO 


MANOLETE


Aunque la lista podría seguir, me parece oportuno dejarla ahí. Que cada cual la complete con los nombres que estime oportunos.

sábado, 15 de abril de 2017

El valor de las imágenes. Un ejemplo belmontino

Por Jose Morente

La quietud belmontina es un verdadero mito. Belmonte toreaba en contínuo movimiento, cruzándose continuamente al pitón contrario.Solo paraba (el parón) en el momento del embroque
Una corriente de opinión muy difundida defiende el valor de la palabra escrita frente a la realidad, reflejada en las películas. Según esa corriente, propia de intelectuales, un texto de Corrochano o Federico Alcázar valdría más y sería más fiable que cien celuloides de Joselito o Belmonte.

No estoy de acuerdo y voy a poner un sencillo ejemplo para demostrarlo.

De Belmonte se dijo que trajo la quietud y el toreo de brazos, o sea, el toreo moderno. Es algo que se ha repetido mucho y hemos acabado todos por creerlo pero no es cierto. Al menos, no es enteramente cierto.

Para comprobarlo, vamos a ver la película de un natural de Belmonte rematado con un pase por el otro pitón.


El ejemplo del natural de Juan Belmonte





A la vista de este fragmento de película (y de todo el material fílmico del que disponemos) podemos llegar a las siguientes conclusiones

Juan no ligaba naturales en serie que es la base del toreo moderno. Hoy se torea por tandas de naturales (o derechazos encadenados) pero Belmonte alternaba los pases por un pitón con los pases por el pitón contrario lo que era característico del toreo antiguo y de su estilo pues es lo que hizo toda su vida.

Se ve en las imágenes

Belmonte en el natural no torea en quietud mandando con los brazos sino que torea en constante movimiento, adelantando la pierna y buscando siempre al pitón contrario hasta conseguir que el toro arranque.

Muy meritorio pero no tiene nada que ver con el toreo de hoy que se basa en la quietud del torero que no mueve los pies desde la arrancada del toro hasta el remate mientras que Belmonte siempre movía los pies constantemente, parando solo en el momento del embroque

Se ve en las imágenes

3ª Esa paradita que hace Belmonte en el momento del embroque (paradinha que luego se llamó parón o toreo de parón cuando se acentuó en la Edad de Plata) es la que le permite una fotografía muchos más lograda, de más calidad plástica que la que se conseguía con toreros anteriores. 

Por otra parte, esa actitud de desafío y arrogancia ante el toro es la actitud de un valiente (Belmonte lo era en grado sumo) pero no de un artista consumado donde prima la economía de movimientos frente a no la exageración gestual (Pensemos en el Gallo, Pepe Luis Vázquez o Pepín Martín Vázquez).

Se ve en las imágenes

4ª Al ir al pitón contrario, Belmonte consigue que el toro arranque de lado no en línea recta y por tanto frenado, con menor velocidad, más despacio. Dicho de otro modo, ahí nace el temple.

Se ve en las imágenes.


Conclusión. El valor de las imágenes

Las películas muestran siempre la verdad o parte dela verdad (la que se ha filmado) del toreo; lo que no ocurre necesariamente con la palabra escrita que no siempre refleja lo que sucede en la plaza.

La literatura taurina es fundamental. Cierta visión mítica del toreo (aunque sea de los toreros del ayer y pocas veces de los toreros del presente) es necesaria.

Cuestión distinta es cuando esa literatura taurina se utiliza para corregir o mixtificar la historia, no sólo para engrandecerla. En ese caso, cuando las imágenes (la realidad) contradicen o desmienten a lo escrito, creo que tendremos que poner en cuarentena los textos escritos.

El típico natural belmontino. Un momento de composición muy lograda pero solo es un momento

viernes, 14 de abril de 2017

El reto de los grandes ganaderos. Álvaro Núñez del Cuvillo.

Por Jose Morente
Arrojado. El toro de Núñez del Cuvillo indultado en la Maestranza por su nobilísimo comportamiento en la muleta. Su comportamiento en varas fue más bien discreto y manifestó cierta tendencia a rajarse en banderillas pero en la muleta dio todas las facilidades a su torero, José María Manzanares. El indulto fue solicitado por aclamación por todo el público.
Metido de lleno en la serie las claves de la bravura, me topo con unas declaraciones de Álvaro Núñez del Cuvillo que han provocado un gran revuelo en las redes sociales, levantando ronchas y provocando multitud de comentarios (y descalificaciones) en su contra en las redes sociales. Y es que, como todo lo que no comulga con las tesis oficialistas, las declaraciones de este ganadero, han sido rápidamente objeto de anatema.

La entrevista, que está publicada en la web Patrimonio Taurino, se puede leer completa aquí).

La polémica entrevista a Álvaro Núñez del Cuvillo publicada en la web Patrimonio Taurino y que tanto revuelo han causado en algunos aficionados

La muleta como medidor de la bravura

A la pregunta de qué es la bravura, el ganadero contesta:
"Crecerse al castigo. Ahora bien, ¿qué es lo que más castiga al toro? la muleta. No hay mayor castigo para un toro que la sumisión, que le obliguen en la muleta sometiéndole"
Personalmente, estoy de acuerdo con la definición inicial. Creo que bravura es "crecerse al castigo" y también creo que la muleta castiga y mucho. Lo que no tengo tan claro es que la muleta castigue más que la suerte de varas (que es lo que parece que se quiere decir).

En mi opinión son dos castigos diferentes a los que el toro (cada toro) reacciona de forma diferente: Uno el castigo de la herida que enfurece y otro el castigo de la muleta que obliga.

El primero está claro y claras las posibles reacciones del toro ante esa agresión que le lesiona los músculos del cuello y el lomo. O seguir atacando (bravura) o renunciar a la pelea (mansedumbre) con todos los grados intermedios que uno pueda imaginar.

En el segundo, puede que no esté claro para algunos que la muleta castiga, pero lo hace y mucho pues se fuerza al toro amoverse de forma antinatural, bajando mucho la cabeza (humillando) al perseguir los engaños en una trayectoria que, si inicialmente es recta, al final se incurva. El bravo se somete y sigue la muleta, mientras el manso renuncia a la pelea. Igual que antes, entre los dos extremos está toda la posible gradación de la bravura.

Luego existirán otros matices del comportamiento que harán o no posible que surja el toreo que hoy se sueña pero eso es otra cuestión que atañe a las cualidades de la embestida (lo que Juan Pedro Domecq llamó toreabilidad y yo prefiero llamar nobleza) pero no a la bravura del toro. Bravura y nobleza son, también cosas distintas.

En cualquier caso y como he dicho antes, no tengo tan claro que la muleta castigue más que el caballo. Entonces ¿Porqué esa preferencia por la muleta como medidor de la bravura que demuestra el ganadero?

José Tomás en Jerez en mayo del pasado año, ante un excepcional toro de Cuvillo al que dieron la vuelta al ruedo (Fotografía de Arjona)
Las razones de una afirmación

Tengo para mí que el concepto de bravura cambia con los tiempos. Antiguamente, se valoraba la bravura exclusivamente por el comportamiento en varas. Un toro podía ser indultando antes de verlo en la muleta, sin que fuese toreado de muleta. 

Hoy, eso no es posible y hemos pasado al extremo contrario (que no valoro, solo constato el hecho). Se indulta al toro por su comportamiento en la muleta sin tener demasiado en cuenta (o nada) su comportamiento en varas

Ese cambio en el concepto de bravura propicia el cambio en los criterios de selección pero ¿no supone un peligro esa forma de seleccionar las reses atendiendo a la bravura en la muleta y no al comportamiento en el caballo, donde para algunos está la verdadera bravura?

La justificación del ganadero se contiene en otra respuesta de la misma entrevista. El entrevistador le dice: "El otro día hablamos con Justo Hernández -Garcigrande- y nos decía que no separa a la hora de seleccionar entre los tres tercios ya que el toro que es bueno lo es por completo".

Álvaro Núñez del Cuvillo responde (y esta ha sido la parte más controvertido de sus declaraciones):
"El caballo me importa un bledo. Para ahormar la embestida sí, pero no para seleccionar. ¿Todos los toros mansean al caballo? No. Si seleccionas entrega lo haces con un animal que la tiene para todo. Me gustaría que mansearan más en el caballo para que llegaran con más en la muleta. Para uno manso que se ve, se ven cien bravos en el caballo ya que en el caballo embisten más que a la muleta, tercio en el que embisten menos. Lo que debe un toro es embestir bien, defendiéndose no se deja someter."
Creo que ahí está la clave de su criterio. Si el toro bravo lo es en los tres tercios (como afirma también Justo Hernández), la bravura se puede buscar en cualquiera de ellos, 

La cuestión -según el ganadero- es que en el caballo embiste (son bravos) la inmensa mayoría. Lo que no ocurre en la muleta por el natural desgaste que supone la lidia y el sometimiento que implica el toreo de muleta.

Creo que, cuando dice que el caballo le importa un bledo para seleccionar, lo único que está diciendo es que ese no puede ser el criterio clave pues, según su opinión, si el toro se selecciona por la bravura en la muleta, se garantiza que también será bravo en el caballo. Lo que no ocurre a la inversa como demuestra la experiencia.Si se selecciona por el caballo no se garantiza que llegue bravo a la muleta (los antiguos Veraguas serían un buen ejemplo de eso)

El argumento está bien construido y es irreprochable (irreprochable a partir de sus propias hipótesis). Sin embargo, se me ocurren varias dudas razonables.

Agitador, gran toro de Fuente Ymbro que fue bravo en el caballo y en la muleta
Varias dudas razonables

Primero. Si la bravura es entrega y fuese igual la bravura en el caballo que la bravura en la muleta, el argumento sería indiscutible y, por tanto, seleccionando la bravura final (la de la muleta) garantizamos la bravura inicial (la del caballo). Pero si son dos cosas distintas, sería otro cantar pues la bravura en la muleta no garantizaría en absoluto la bravura en el caballo como afirma Álvaro del Cuvillo.

Segundo. En ese caso, bravuras diferentes se plantea la duda de cual sea la verdadera bravura o sea, ¿a cual debe atenderse en la selección para mantener en son óptimo la ganadería? Muchos aficionados sostienen que sólo es verdadera la bravura que se demuestra en el caballo. Yo, la verdad es que no lo tengo tan claro.

Tercero. En mi opinión, si, en la muleta, se seleccionara entrega (o sea bravura) la cosa podría funcionar. El problema es que la selección ganadera en la muleta atiende tanto a la bravura como a la nobleza (ya hemos dicho que, para nosotros, son dos cosas diferentes). Si al seleccionar damos más importancia a la nobleza del toro, a las variantes de su comportamiento que hacen posible el toreo con olvido de aquellas otras que son su sustento, su motor (como la casta, la entrega o, dicho llanamente, su bravura) creo que estaríamos equivocando el camino.

En este mismo sentido, creo que hay que matizar que una cosa es que el toro sea bravo en varas y otra, bien diferente, que muestre un comportamiento espectacular en esa suerte. No es lo mismo. Muchos factores alteran o pueden enmascarar aparentemente su bravura, la fuerza es uno de ellos.

La camada de Cuvillo de este año ha sido impresionante. El equilibrio bravura-nobleza ha propiciado 10 vueltas al ruedo y un indulto (Fotografía de Aplausos)
Concluyendo

En conclusión, no tengo la respuesta a la cuestión planteada: ¿debe seleccionarse por el comportamiento del toro en varas o puede seleccionarse por su comportamiento en la muleta como propone Álvaro Núñez del Cuvillo.

No tengo la respuesta ni creo que nadie la tenga

Álvaro Núñez del Cuvillo cuenta a su favor con los excelentes resultados de su camada del año pasado. No creo que sea posible un mayor equilibrio entre bravura de la buena y nobleza de la buena en una camada tan larga. Argumentos al margen, los hechos le dan la razón.

No obstante, esa alquimia de la bravura es delicada y ese equilibrio puede romperse (siempre acaba rompiendo) en cualquier momento. Mantenerlo es el reto de los grandes ganaderos.

La bravura del toro es creación artificial de los ganaderos que responde a los gustos de cada época y que supone el reto de mantener el nivel obtenido. En la imagen. Álvaro Núñez del Cuvillo, tentando (Fotografía de Aplausos)

miércoles, 12 de abril de 2017

Las claves de la bravura (III) La fijeza

Por Jose Morente

Los combatientes sostienen sus miradas. El duelo está a punto de comenzar

Ni Pepe-Hillo, ni Cossio recogen el término "fijeza", aunque este último si que define el vocablo "fijar" ("retener la atención del toro en el engaño") y, sin embargo, la fijeza es cualidad que va indisolublemente unida a la bravura. Hasta tal punto que José Luis Lozano define la bravura como "algo que lleva el toro en los ojos". Tal afirmación es acertadísima pues tras la fijeza de esa mirada está implícita la bravura.

Propongo definir la "fijeza" como 
"cualidad del toro que le permite mantener su mirada centrada en el objeto que le provoca"
Decía Amós Salvador, que "el toro bravo acomete al objeto o bulto más cercano y al que se mueve con preferencia al que se está quieto". Eso, que el llamaba proposición fundamental y que consideraba carácter asociado a toda la especie es, en realidad, la antesala de la fijeza

Resulta, por tanto que la fijeza está muy vinculada a la mirada del toro. Sin embargo, no vamos a hablar aquí de como sea esa mirada (la binocular y la monocular), ni de sus zonas muertes (las tiene, pero no funcionan como simplistamente piensan algunos) ni de retina, bastoncitos o demás aspectos fisiológicos tratados ya por extenso en otros sitios especializados sino de lo que aquí nos interesa: la relación de la mirada con la bravura y, por consiguiente, con el toreo.


En la mirada del toro está su bravura, igual que en la mirada de los aficionados está todo el toreo (Fotografía de Paloma Aguilar-2008)

La fijeza, cualidad mudable

Resulta evidente que la fijeza es cualidad mudable. El toro de salida suele tener poco asiento (lo que los antiguos llamaban estado levantado) para ir parándose a lo largo de la lidia.
Según Paquiro, "Se dice que esta el toro levantado cuando acaba de salir, tiene la cabeza muy alta, hace por todos los objetos, sin fijarse por lo regular en ninguno, y anda corriendo la plaza con gran celeridad".
Ese poco asiento, ese atender a todo y a nada, simultáneamente, es lo contrario de la fijeza. Aunque algunos ejemplares (los mejores) pueden manifestar ya una gran fijeza desde la salida y mantenerla a lo largo de toda la lidia; el toro sale -en general- con poca fijeza (desparramando la vista y atendiendo a cualquier objeto, como hemos visto). Luego va gradualmente aumentando su fijeza a medida que transcurre la lidia, para finalmente -en proceso inverso- acabar por desentenderse de los engaños, saliendo distraído de las suertes o incluso afligiéndose (se acobarda), pudiendo llegar a rajarse con más o menos descaro buscando las tablas y renunciando a la pelea.

En todo caso y por lo que respecta al toreo, hay dos momentos en los que la fijeza (o su ausencia) incide de modo importante en el toreo: antes del cite y en el remate de cada lance.


La fijeza en el cite

Para el torero, el toro que no fija su mirada en el engaño sino en el cuerpo del torero (el toro "mirón") puede resultar muy molesto.

Y es que, el toro que fija su mirada alternativamente en el bulto y en el engaño, transmite mucha inseguridad pues no se sabe con certeza hacia donde embestirá. Una regla práctica consiste en no citar cuando el toro está mirando al torero pues centrada su atención en el diestro, hacia aquel dirigiría su arrancada en caso de percibir un movimiento que le provoque. Es decir, el torero debe tener paciencia.y esperar que el toro se fije en el engaño para tocar y citar con firmeza en ese momento. 

El problema es que desde el tendido esas miradas no se aprecian y el público puede impacientarse al no entender lo que está ocurriendo, forzando al torero a cometer un error citando cuando no es el momento adecuado.

Para el espectador es muy difícil adivinar, en un momento dado, si el toro está mirando al engaño o al bulto. Y, sin embargo, esta cuestión es capital para el torero pues si el diestro llama al toro cuando este le está mirando, se arrancará seguramente hacia él, con riesgo de cogida (Cite de Paco Perlaza a un toro de Mondoñedo en la Santamaría de Bogotá)
Más problemático es el toro cuya mirada no es clara y no se sabe a ciencia cierta (ni siquiera en el ruedo) si mira el engaño o el cuerpo del torero. Ahí solo cabe citar con firmeza y esperar que el toro obedezca al toque y no embista al cuerpo. En ese caso, la única opción es jugársela.


La fijeza en el remate

Más difícil de apreciar aún pero tan necesario o más para hacer posible el mejor toreo posible es la fijeza del toro después del remate de cada lance.

El toro que mantiene fija la mirada en el engaño después de salir de la suerte, posibilita la recolocación adecuada del torero para el siguiente lance (capotazo o muletazo) y la serie puede desarrollarse con la necesaria fluidez.

Por el contrario, si el toro carece de fijeza puede desentenderse de los engaños con la consiguiente falta de lucimiento o arrollar al torero por atender a otro objeto más lejano, con riesgo de cogida.


El toro -un gran toro- se vuelve al final del muletazo fijo en la muleta, lo que le permite al diestro esperar en el sitio adecuado (Tocayito de Mondoñedo en la muleta de José Garrido en la Santamaría de Bogotá este mismo año)
Remate de un muletazo. Tocayito se está volviendo sobre las manos con la mirada fija en la muleta de José Garrido en una de las últimas tandas. Tocayito mantuvo su fijeza a lo largo de toda  su lidia. Sus cualidades le hicieron merecedor del indulto

Addenda final
. Los antiguos llamaban "fijeza de pies" al aplomo del torero en las suertes (lo que hoy se llama aguante). Posteriormente, se empezó a hablar de la falta de fijeza del toro para referirse a los mansos huidos. Ignoro cuando el término empezó a utilizarse de forma usual para designar la capacidad del toro de fijar su mirada en el objeto que lo provoca aunque ya hemos visto que Paquiro usaba el término en ese sentido pero, probablemente, sin el calado y alcance que hoy tiene.

La fijeza es clave. Una de las claves. Todas las complicaciones que pueda tener la lidia de un toro se minimizan si demuestra una gran fijeza en los engaños y... obediencia a los toques


sábado, 8 de abril de 2017

Cuaderno de notas (CXX) Morante. Del sueño a la quimera

Dice Morante en el último número de 6 TOROS 6 (cuya portada reproducimos), que "esa finura de Joselito y ese temple de Belmonte es el toreo que hoy deambula por las plazas 
Belmonte trajo el temple que no existía o no se percibía, debido también a su personalidad. Era un hombre un poco como perezoso pero también con mucha inteligencia, y al final llegó a ser un filósofo como cualquier otro de los grandes.

Yo soy más de Joselito porque era de una pureza más fina. Lo miro desde la lejanía y creo que Belmonte a veces era un poquito exagerado en sus ademanes. Pero esa finura de Joselito y ese temple de Belmonte es el toreo que actualmente deambula por las plazas de toros.

Belmonte puede ser más como un sueño y Joselito más una quimera. Es más difícil perseguir a Joselito que a Belmonte, porque soñar puede soñar cualquiera, aunque después no se realice igual, pero lo de Joselito es para mí inalcanzable, porque tenía unas dotes y una finura en sus quehaceres y una predisposición a hacerlo todo... hoy yo soy capaz de perseguir a Belmonte pero al que quiero perseguir es a Joselito.

Y no llego ni a verlo.

MORANTE DE LA PUEBLA. Entrevista de José Luis RAMÓN en la revista "6 toros 6" (número 1.188. 4 de abril de 2017. Páginas 12 y 13

Del sueño de Belmonte...  
Aunque a veces era un poquito exagerado, Belmonte trajo el temple que no existía o no se percibía (Declaraciones de Morante de la Puebla en 6 toros 6) 


A la quimera de Joselito...

Joselito -de quien decían que tenía obsesión por el conocimiento del toro- era de una pureza más fina (Declaraciones de Morante de la Puebla en 6 toros 6)

martes, 4 de abril de 2017

Las claves de la bravura (II) El recorrido

Por Jose Morente

http://picasion.com/
Manuel Escribano con Cobradiezmos de Victorino Martín. El toro -de muy largo recorrido- sigue humillando y colocando la cara después de salir de la muleta. Se rebosa
Decíamos en la anterior entrada que la calidad de la embestida no se agotaba en la capacidad de humillar del toro. Y es cierto pues juegan muchos otros matices. Uno de ellos, quizás de los más llamativos, es la longitud del tramo en la que el toro es capaz de mantener esa humillación en su embestida a los engaños. Una cualidad que vamos a llamar recorrido.

Cossío no recoge ese término como tampoco lo hace la Tauromaquia de Pepe-Hillo pues es concepto moderno. Lo que sí recogen ambos, es el vocablo rematar que relacionan con el momento de remate de la suerte. Dice Hillo que rematar es:
"Cuando [el toro] en las Suertes de Capa y Muleta se va con estos engaños hasta que el Diestro los escupe de ellos (...)
O sea, cuando el toro sigue el engaño hasta el remate. Algo que Hillo vincula a la voluntad del diestro.

De la propia definición que da el llorado diestro del Baratillo, se deduce, y así es, que esta cualidad está relacionada con la capacidad lidiadora del torero o, mejor dicho, con su intención. En efecto, si el largo recorrido es una cualidad que atesoran algunos toros, su aparición esta mediatizada o condicionada por el buen hacer del diestro. Seria, por tanto, el recorrido, una cualidad latente del toro que solo se manifiesta en plenitud ante el buen toreo. La tiene que tener el toro pero no aparece si se le torea mal.

Por lo que respecta al toro, lo que está claro es, que mientras más humille y sobre todo,mientras más distancia sea capaz de recorrer humillando tras el engaño, mejor será la embestida. Por el contrario, una embestida corta y con poco humillación denota instinto defensivo y, por ende, poca bravura.

Cobradiezmos humilla y escarba. No siempre esa actitud de duda responde a mansedumbre del toro 
Ya vimos que la humillación era característica en el toro de Saltillo. El recorrido largo, es característica que define al toro del encaste Núñez. Toro del que siempre se ha dicho que tenía "un tranco de más". Ese tranco de más ha sido el sello que ha definido siempre a ese encaste.

Humillación y recorrido. Jabatillo de Alcurrucén en las Ventas. El toro sigue humillando después de abandonar los vuelos de la muleta. Castella lo toreó muy bien.
Esa cualidad del toro de ir más allá, de rebosarse en los engaños, ha sido también muy apreciada por los toreros pues a los públicos lo que les llega y emociona es el muletazo largo y bien rematado antes que el que sólo tiene buen inicio. Un muletazo bien iniciado pero mal rematado provoca el desencanto del público mientras que, por el contrario, el muletazo largo y rematado provoca el olé inmediato de los espectadores.

Eso explicaría quizás esa antigua obsesión de muchos toreros mexicanos (y de algunos diestros españoles) por alargar al máximo las embestidas lo que les lleva, a veces, a citar casi de espaldas al toro (la famoso pierna escondida) ya que así garantizan el mejor control posible del final del muletazo, del remate.

La obsesión mexicana por el trazo largo del muletazo que obliga a citar casi de espaldas al toro, ha alcanzado a algunos de los diestros españoles cuando han visitado esas tierra. En la imagen, Paco Camino cita de espaldas para torear en redondo al toro Catrín de Pastejé en El Toreo de Cuatro Caminos.

Un lidiador hábil puede, con esa colocación, explotar al máximo esa cualidad del toro de largo recorrido. siquiera sea sacrificando la estética de la verticalidad que propicia un muletazo más corto. Podríamos decir que, en el primer caso, el diestro torea para el toro y, en el segundo, lo hace para su propio lucimiento.

Ambas opciones son legítimas a más que, en realidad, lo habitual es que, un mismo diestro vaya optando indistintamente por una u otra opción, en diferentes momentos de la lidia y en función de las concretas condiciones del toro que tiene delante,


Jabatillo de Alcurrucén. La embestida larga y humillada de un gran toro en la muleta ¡y en el caballo.!
Lo que no se debe confundir es el recorrido con las inercias que alargan la embestida pero esa es otra cuestión.









Jabatillo de Alcurrucén, el recorrido largo, larguísimo, el tranco de más del toro de Núñez. Un espectáculo para los amantes del toro bravo.



(Continuará...)

domingo, 2 de abril de 2017

Las claves de la bravura (I) La humillación

Cobradiezmos arrastra por el albero de la Maestranza no sólo el morro sino también el pitón del lado que se torea. Humillación en su grado máximo

Decíamos en anterior entrada o, mejor dicho, decía Joaquín López del Ramo en anterior entrada que en cierto sector de la afición se está imponiendo una visión sesgada y distorsionada del toreo, de la técnica y del comportamiento del toro. Una visión que "llama bravo al manso espectacular; equipara la raza al genio bronco y defensivo; niega la nobleza como cualidad básica del toro y trueca la emoción por el morbo".

Reclamar que la fiesta no pierda emoción es una demanda tan necesaria como positiva pero tampoco cabe desconocer (en el término medio está la virtud) que la sociedad y el toreo evolucionan y que lo que hoy que emociona no es ni puede ser lo que emocionaba a nuestros bisabuelos hace más de un siglo.

La bravura no es un concepto estático e inamovible y el comportamiento del toro tiene tantos matices que no podemos ni debemos juzgar o valorar el toro de hoy con parámetros que son ajenos a la sensibilidad y los gustos de la actual sociedad o al toreo que hoy se hace, fruto de una evolución tan lógica como natural.

Puede que muchos de los términos que hoy utilizamos para designar esos matices del comportamiento del toro en la plaza sean los mismos que se utilizaban hace cien años. Pero, lo más posible, es que su significado haya cambiado radicalmente. Que hoy ya no signifiquen lo mismo que significaban antiguamente. Jaquetón (paradigma de la bravura decimonónica) con ser muy bravo estoy seguro que no tuvo nada que ver con Cobradiezmos (paradigma de la bravura moderna).

Vamos a repasar esos conceptos. Los antiguos y los más modernos. Los que existían hace cien años (siquiera con otro significado) y los de ahora (aquellos matices que entonces no podían ni imaginarse). Veremos adonde llegamos.

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Humillación

En el Cossío, el término "humillación" aparece con un matiz negativo:
"acción del toro de bajar la cabeza para embestir, partir o escarbar o bien por precaución defensiva".
El ejemplo con el que se ilustra esa definición abunda en ello "a un toro que humilla no se le debe torear por bajo, porque se agrava el defecto" (Federico M. Alcázar. Tauromaquia moderna)

La verdad es que resulta sorprendente que, en una tauromaquia llamada "moderna", se utilice una acepción del término humillar tan arcaica, tan poco moderna. No olvidemos que Alcazar escribe su libro en 1936. Más curioso es que este texto tan conocido por los aficionados actuales frente a otros muchos más enjundiosos y precisos sea tenido hoy como referente del toreo más ortodoxo y Alcázar como tratadista fiable.

El toro manso escarba y agacha la cabeza (humilla) para defenderse (Detalle de la lámina de La Lidia "Un manso entablerado" publicada el 30 de abril de 1900)
Sin embargo, si acudimos a la primera edición de la Tauromaquia de Pepe-Hillo, encontraremos una definición mucho más neutra, acertada y "modernista" (o sea, aplicable al toreo moderno tanto como al toreo de antes). Decía el maestro sevillano en 1796:
"Humillar el toro.- Es propiamente cuando baxa la cabeza, ya para engendrar la cabezada, ya para partir o escarbar, ya también cuando va con la cabeza baxa siguiendo el bulto o engaño"
La primera parte de la definición, es la que copia Cossío casi literalmente. La segunda es radicalmente opuesta. No es igual que el término se utilice para referirnos a una "preocupación defensiva" del toro que se limite a describir un modo de embestir, en concreto "embestir con la cabeza baja". Lo primero es atributo del toro manso, lo segundo es, hoy, un matiz inequívoco -y necesario- de la bravura.


La humillación como componente de la bravura

Según Raúl Galindo, el vocablo "humillar" no debe hacerle mucha gracia a los ganaderos pues no sólo en el lenguaje normal es peyorativo, sino que designa una actitud muy típica del toro manso, como hemos constatado en la definición de Cossío. Sin embargo y como señala Galindo, humillar "supone una gran virtud para la lidia".

En efecto, si el toreo de principios del pasado siglo se hacía a media altura, con el tiempo las manos han ido bajando (hasta convertirse en algunas épocas en una obsesión) y al toro también se le ha exigido que baje la cabeza, que embista con esa cabeza "baxa"de la que hablaba Hillo.

El toreo de principios del siglo pasado se hacia a media altura. En la imagen vemos a Belmonte con Barbero de Concha y Sierra. Un muletazo sensacional en una faena histórica pero... detrazo alto. La obsesión por las manos bajas llegaría después de la mano de otros toreros trianeros y mexicanos.
Y se le exige bajar la cara, no sólo en el momento del embroque sino a lo largo de todo el muletazo. E, incluso, antes de llegar al capote o la muleta. Del toro que humilla antes de tomar el engaño, se dice -y es elogio- que "coloca muy bien la cara", Una cualidad que los toreros aprecian mucho.

Puede que (como afirmaba Juan Pedro Domecq en su libro Del Toreo a la Bravura) fuese en México donde comenzara esa obsesión ganadera por conseguir animales muy humilladores. Quizás sea así porque en México predomina el encaste Saltillo y no conviene olvidar que ese toro de Saltillo-Albaserrada-Santa Coloma es un toro que va al paso, andando, sin galopar y resulta que humillar es más fácil cuando no se galopa.

Al toro mexicano de encaste Saltillo, que viene andando al paso, le cuesta menos colocar la cara que al toro que galopa (Alejandro Amaya ante un toro de Fernando de la Mora en su encerrona en Tijuana en 2010)
Humillar. Cuestión de grados

Era esa embestida humillada, precisamente, una de las características de los Victorinos antiguos (lo decía Luis Francisco Esplá), algo que parece que estaban perdiendo hace unos pocos años y que,últimamente, recordemos a Cobradiezmos entre otros, están volviendo a recuperar y a lo grande, los toros de esa ganadería.

Y cuando decimos a lo grande queremos decir al modo del toro indultado en Sevilla. Pues ya no es que el toro arrastre el morro por el suelo, como siempre se ha dicho, sino que arrastra por la arena el pitón del lado que se torea, como se ve claramente en la fotografía que encabeza este post.

Entre esa embestida humillada y la embestida con la cara alta hay todo un mundo compuesto por diferentes grados de bravura. 


De la embestida con la cara alta y desentendiéndose del engaño de un toro de Saltillo en Madrid (Fotografía de Andrew Moore)...

 A la embestida con la cara baja de un toro de Fuente Ymbro en Madrid,  que baja la cabeza aunque sin exageración (Foto de Juan Pelegrín)

Por el contrario, cuando el toro de Saltillo-Albaserrada humilla a tope, la cosa cambia. En la imagen (de Cuadernos de Tauromaquia) Diego Urdiales con un toro de Adolfo que arrastra el morro por el suelo. 
NOTA. En el toro de encaste Santa Coloma, humillar se convierte en una cualidad primordial y necesaria porque si ademas de ir al paso y no galopar, que es lo típico del encaste, se une el no humillar, la embestida resulta necesariamente sosa y deslucida.

Pero el tema de la embestida no se agota sólo en cuanto "baxa" el toro su cabeza, sino que tiene muchos más matices interesantes sobre los que hablaremos en las próximas entregas.

(Continuará)