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viernes, 18 de agosto de 2017

De la épica a la estética

Por Clarito

Final de la tarde de ayer. Apoteósica vuelta al ruedo de los protagonistas del espectaculo Crisol (Foto: Alex Zea-La Opinión de Málaga)

Medio recuperado de la impactante tarde de toreo puro y fundamental de Saúl Jiménez Fortes y, mientras el torero convalece de su cogida, nos topamos con el espectáculo Crisol, pasando -como me decía Jose Morente- sin solución de continuidad, sin cámara de descompresión, de la épica a la estética, del toreo seco, valiente y entregado de Saúl al toreo elegante y estético de Enrique Ponce. De la verdad desnuda del toreo al toreo en envoltorio de lujo. Del drama al espéctaculo. Demasiadas emociones para vividas sólo en veinticuatro horas.

La de antesdeayer quedará en el recuerdo de muy pocos pues la plaza estaba casi vacía. Muy pocos aficionados que, además en su mayoría, no quisieron o no supieron -ellos sabrán- valorar lo que Jiménez Fortes les estaba regalando. La plaza de la Malagueta, su público, su banda de música, su presidenta se mostraron toda la tarde secos, duros, ariscos y exigentes sin justificación con el torero malagueño. Como dijo, con total acierto una voz del tendido: ¡Fortes en tu pueblo no te quieren

La airada reacción de los espectadores ante ese grito prueba que el vociferante puso el dedo en la llaga pues constataba dos hechos. Primero, el desapego de la plaza, el público, la banda y la presidenta hacia el torero de la tierra y, segundo, la falta de categoría de esta plaza. Y es que, las categorías no se adquieren por imposición administrativa sino demostrando la plaza, el público, la banda y la presidenta- rigor, conocimiento y sensibilidad hacia el buen toreo. No los hubo.

Una tarde pues de sensaciones contrapuestas entre la emoción de lo que hizo Fortes en el ruedo y la tristeza que produce la escasa respuesta que obtiene quien -como él- clama en el desierto. Fortes fue profeta de un mensaje no atendido ni entendido. Nadie es profeta en su tierra.

Espectáculo Crisol

Al día siguiente, cambio total de decoración. De la plaza casi vacía a la plaza casi llena. De la sequedad del que espera atento el menor fallo a la actitud amable del que acude ilusionado esperando el milagro. Y el milagro, llegó.

No voy a contar la corrida. No voy a entrar en analizar ni valorar faenas, indultos y demás historias. Ahí está para quien quiera verla pues se retransmitía por televisión. Baste decir que fue algo diferente, algo más, que una corrida de toros. La superposición de toros y música añade un plus al espectáculo. Un espectáculo que, hoy por hoy, sestea anclado en el pasado. No sé, no puedo saber pues no soy adivino, si esta es la solución a algunos de los graves problemas que arrastra la fiesta. Personalmente, pienso que no pues el espectáculo de ayer magnífico como tal espéctaculo se me antoja excepcional, único y difícilmente repetible. Por otro lado,  las causas de los problemas de la fiesta son estructurales, del propio sistema. Pero lo que tengo claro, es que el formato tradicional está caduco pues no sabemos venderlo y cada vez interesa menos a menos gente. 

El toreo necesita urgentemente una puesta en escena diferente que acentúe sus valores estéticos y culturales, aquellos más cercanos a la sensibilidad de los públicos actuales, sin renunciar por ello a su riesgo y emoción, a sus valores éticos más profundos. Globalizar e imponer el modelo francés -tan querido por algunos- podrá valer para Francia y el norte de España, donde siempre se ha estimado más la lucha que el arte pero no es la solución perfecta. Lo que la gente quiere, con lo que vibra -de Despeñaperros para abajo, al menos- es con el buen toreo. Toreo, no trabajo ni pelea o lucha. Eso se vió ayer.

La música puede subrayar los aspectos amables de la corrida pero sobre todo puede atraer un público nuevo a los tendidos. Algo totalmente necesario. Necesario lo de atraer un público nuevo, no la música. Y es que, lo llevamos diciendo hace mucho tiempo, la fiesta necesita el calor del público. Toro y torero en el ruedo necesitan, como agua de mayo, espectadores en los tendidos que se emocionen aplaudan o protesten. Sin público en los tendidos, el espectáculo -magnífico- no tiene ningún sentido. Y digo público y no aficionados porque los aficionados además de caber en un autobús se muestran en general -al contrario que los públicos- excesivamente secos, duros, ariscos y exigentes hasta la exageración. Sin sensibilidad. 

A la fiesta la salvará, si la salvan, los públicos amables, pródigos y generosos, no los aficionados que la estamos dejando morir poco a poco. O ayudando a morir, lo que también tiene pecado. Lo que hicimos el jueves con Saúl fue de juzgado de guardia. Y sólo había aficionados en la plaza.

Lo de ayer, la actitud de los espectadores ante el espectáculo Crisol de Enrique Ponce y Javier Conde, fue, por el contrario, una bendición.

sábado, 20 de agosto de 2011

Morante y el toreo simplificado

Por Clarito

Málaga. 9ª de abono. Viernes, 19 de agosto de 2011

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Morante desempolvó ayer el toreo de los años cincuenta.

Los toros de Ramón Sorando

Olvidamos frecuentemente que hay toros grandes pero también hay toros chicos. Olvidamos también que en cada ganadería existen unas reatas que sólo el ganadero conoce.

Los libros de las ganaderías son de los documentos mejor y más celosamente guardados en el mundo. Los de las ganaderías históricas tienen carácter mítico y producen placer y deleite máximo a sus afortunados propietarios. En ellos, está a veces la solución a muchos problemas ganaderos.

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En la imagen los libros de Saltillo y Santa Coloma, propiedad de José Buendía (Fotografía de Tierras taurinas. Opus nº 3)

Los Presidentes y veterinarios de la plaza que no conocen esto, se empeñan en enmendar la plana a  los ganaderos. Consecuencia, baile de corrales cada vez más frecuentes. Con lo que, al final, nunca sale a la plaza lo que el ganadero había elegido previamente.

Con todos los controles y garantías que se quiera, sobre todo los de sanidad y edad que son necesarios y reglamentarios y como aficionado, me gustaría alguna vez poder ver lidiar una corrida completa elegida por su propio ganadero.  

Vemos en la plaza encierros muy desiguales de presencia por culpa de los remiendos que se buscan apresuradamente, a veces el mismo día de la corrida, con lo que además se propina a los toros la paliza del viaje, lo que seguro influye luego en su juego en la plaza.

Esto pasó en Málaga ayer y viene pasando casi todos los días, incluso aquellos en cuyos carteles no figuran las figuras.

El encierro de Román Sorando fue (como ya se esperaba) desigual de presentación. Corrida terciada, muy en el tipo del encaste, con algunos toros muy vareados  pero con el peso justo. Corrida también  muy astifina, aunque los toros no fueron cornalones. 

La corrida además fue -por desgracia- muy igual de comportamiento, y digo por desgracia ya que  los toros no tuvieron fuerza por lo que (con sus matices) sacaron algunas de las complicaciones inherentes a este defecto. Con embestidas cortas y sin acabar de rematar. Punteando los engaños. En resumen, lamentablemente, toros  a la defensiva por escasez de fuerzas.

Si al ganadero no creo que le podamos reprochar la presentación desigual del encierro (reproche que, en todo caso, deberíamos hacer extensivo a veterinarios y Presidente) si que creo que le podemos exigir que rinda cuentas por el regular comportamiento de los toros y sobre todo, por sus pocas fuerzas.

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Los toros lucieron astifinas defensas. Morante en un remate muy personal.

Javier Conde estuvo mal

Conde no pudo con el complicado primero. Un toro muy difícil para un torero de su corte. Lo que antes se llamaba un toro “a contraestilo”. “A contraestilo” del torero, claro. 

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Conde no pudo con su primer toro.

Lo intentó en su segundo, con un toro mucho mejor, pero en eso quedó su faena. En un intento.

El público le abroncó con dureza. Las broncas (ya se nos va olvidando ante el valer y valor del plantel de toreros que tenemos hoy) son parte de la Fiesta. Y, antiguamente, incluso había algo más que broncas.

Bronca además justificada por las dudas del torero y sus indecisiones ante la cara del toro que son signo de desconfianza y, quizás, de falta de valor, del que Conde no anda sobrado. A mí no me importa ya que sus virtudes, son de otro tipo.

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Escasos fueron ayer los destellos de personalidad del torero de Málaga.

Pero es el valor, mejor dicho, aparentar falta de valor lo que menos perdonan los públicos de los toros, quizás porque se piensa que es lo único que separa al espectador del torero e impide a aquel saltar de su localidad al ruedo. 

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Conde no se confió. Aquí lo vemos –toreando con precauciones- en su complicado primer toro.

Un detalle que me gustó. El público protestó y mucho, pero no se tiró al ruedo ni una sola almohadilla. Perdemos la estética de la imagen fotográfica de las broncas antiguas y ganamos en seguridad para el torero y, sobre todo, en urbanidad que es síntoma de progreso, sin tener que renunciar a la protesta. Bien, muy bien, el público malagueño.

 

Morante. Punto y aparte

Morante es de esos toreros que con un pase o con un desplante, justifican una tarde.

Vengo diciendo que, este año, no anda bien físicamente. Le veo con más peso del necesario y con poca agilidad, lo que se le nota mucho en los lances de recibo cuando el toro está sin picar y le aprieta. Cuando no, las verónicas de este torero tienen usía como algunas de las que dio ayer.

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Morante resolvió así el apretón que le dio el toro de salida

Morante no es el de hace un par de temporadas y eso se nota en su toreo. Además, lo que es peor, no parece dispuesto a “tragar”.

Ayer, por ejemplo, hizo un sensacional y suave comienzo de faena a su segundo toro. Andándole, lo sacó de tablas y se plantó en los medios.

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Sensacional comienzo de faena del torero de la Puebla.

Ya en los medios, lo citó de largo, dando mucha distancia y el toro se arrancó de lejos. Pero no pudo aguantar la arrancada y rectificó la posición. Pérdida de terreno que volvió a repetir en algún otro pase.

Morante no pudo con el toro. Aquí no se puede estar nunca seguro de nada, pero creo (comparto el criterio de ese buen aficionado que se llama José Luís Gálvez) que, si le hubiera aguantado en esos primeros compases, la faena hubiera sido otra. Posiblemente, mucho mejor. No fue así.

No obstante, desgranó detalles de torería inmensa y dio algunos muletazos sueltos (por ejemplo, algunos naturales aislados) de esos que provocan un olé hondo muy distinto del que el público pega cuando es otro torero el que torea.

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Los muletazos de Morante provocaron el olé hondo del público

Suficiente para sus partidarios y ayer visto lo visto, incluso para los que no lo son. Morante hizo lo más estético de la corrida y lo que más llegó al público.

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Lo más estético de la corrida lo hizo Morante

El Juli

El Juli ayer merece dos crónicas distintas pues distinta fue su actitud en ambos toros. Creo que quien me lea, sabe del gusto que profesamos por este torero, uno de los pocos que se atreven hacer dobletes en las siempre duras ferias del norte. Lo saben muy bien desde luego los miembros de sus cuadrillas y también lo saben otros toreros de plata que, por no pasar esos tragos, nunca irían en su cuadrilla.

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El Juli toreando de salida a uno de sus toros. Muy bien, por cierto.

Porque esa es otra. Si hay una profesión arriesgada es la de banderillero del Juli (Entre otras cosas, por lo crudos que deja siempre sus toros. Sin picar).

Ayer eso de picar muy poco se volvió a ver otra vez. Más justificado quizás, que otras veces, por las escasas fuerzas de sus toros,

El primero no era toro fácil de torear por el defecto citado, pero Juli estuvo muy bien. Muy en la línea de Joselito el Gallo cuyo concepto de tauromaquia comparte. Faena muy inteligente y muy medida. Sin un movimiento mal hecho. Todo en su sitio, incluyendo la labor de la cuadrilla en los dos primeros tercios. No hubo relumbrón pero si mucho toreo y mucha suavidad, propiciada en parte por la embestida pastueña del toro al que entendió muy bien. Lo mató de media lo que rebajó el entusiasmo del público y el premio a su faena.

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El Juli. El toro embebido en la muleta (Atención a la altura a la que lleva el torero el palillo. Media muleta va arrastrando por el suelo) pasa muy cerca de las piernas. Juli torea con el cuerpo muy “encajado”.

En su segundo, no me gustó. No por que el torero no lo intentara todo (mejor, casi todo), sino porque tiró la toalla a mi entender sin proponer al público algo distinto.

El toro se defendía mucho, cabeceaba y estaba muy complicado. Para remate no se le pudo picar como no se le había picado a su anterior oponente. Juli empezó, como el suele, llevando el toro al tercio, fuera de la rayas de picadores.

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El Juli siempre intenta alargar la embestida del toro. Es innegable su capacidad para llevar al toro donde (y por donde) quiere. Lo contrario del toreo de acompañamiento. Ayer esa característica de su toreo fue –por las condiciones de las reses- más acusada que otras veces.

Un inciso sobre los terrenos del toro.

Para mi, el tercio es el sitio donde deberían plantearse la mayoría de las faenas.

Hoy, con tanto torero valeroso, nos hemos acostumbrado a la faena en los medios, lo que no creo que sea correcto. Cada toro tiene su terreno y tiene que saber verlo el aficionado y, sobre todo, el torero. A unos, la mayoría habrá que torearlos en el tercio. A los mansos y si no hay más remedio, se les toreará en tablas. Excepcionalmente, en toros muy boyantes, lo suyo (y es lo más lucido) es torearles en la boca de riego. Teoría de los terrenos. Indemostrable y discutible, como todas las teorías en el toreo.

Decía que el torero tiene que verlo. Cuestión distinta es que, por precaución, no se atreva a llevar al toro al terreno donde hay que llevarlo. En la plaza, la raya de picadores, que marca la linde entre tablas y medios es, para algunos, barrera infranqueable. Ayer se vio en el primero de Conde quien no se confió en ningún momento y le costaba pisarla.

Juli, no. Juli es uno de los toreros que mejor maneja este tema de los terrenos y más seguro anda por la cara de los toros. Hecho el inciso, volvamos a la faena. Estamos –otra vez- en el último toro de la tarde En los tercios de la plaza, fuera de la raya de picadores, donde Juli acaba de llevar al toro.

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Juli no tiene problemas en sacar a los toros para torearlos fuera de las rayas de los picadores, ya sea en el tercio o en los medios. Su conocimiento de los terrenos es impresionante.

La faena del último toro (final)

Y lo que vimos fue que el torero, como se acostumbra, intentó torear de muleta en redondo. Primero por el lado derecho y luego por el izquierdo. Toreó como suele (muy bien para mi gusto), llevando muy toreado al toro, muy embebido en la franela. Intentando alargar los pases pero -esta vez- con nulo resultado porque el toro no se prestaba (entre otras cosas, por su falta de ritmo). Juli, al que pareció que el toro no le había gustado nada, optó por abreviar. Lo que el público le agradeció, pues todo el mundo se había percatado de las dificultades del animal.

Pero, siempre hay un pero, aquí viene mi reparo y mi crítica. No soy nadie para decir a ninguno torero (menos a este) como debe torear. Sería una ingenuidad imperdonable. No obstante, me planteo una reflexión. El toreo moderno en general y el toreo en redondo en particular están indicados para un tipo de toro. El que hoy sale a las plazas. Un toro bravo y pastueño, que repite incansablemente sus acometidas. Cuando el toro que sale, se sale del guión, el torero se empeña inútilmente en torear al estilo de ahora con olvido de otras alternativas como el toreo sobre las piernas o el toreo por la cara.

Ayer, dada la poca fuerza de los toros, el toreo sobre las piernas y por bajo probablemente no era el más indicado. Sin embargo, se podría quizás haber intentando torear y adornarse por la cara. No se hizo.

No sé cual es la fórmula correcta. Si esta o cualquier otra. Juli es un torero con afición más que probada. Es de los pocos toreros que creo que tienen hoy día capacidad sobrada para proponer al público algo distinto al toreo al uso. Pienso que está en deuda con la afición en este punto.  Intentó el toreo de ahora y no le funcionó. Tendría que haber propuesto alguna alternativa y no lo hizo. Y no se diga que el público no lo hubiera entendido. Es probable, pero también es más probable que lo hubiera agradecido.

Es por eso, por estas cuestiones de planteamiento, por lo que la faena de Juli a su segundo toro, sexto y último de la tarde, no me gustó.  

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Por el contrario, en su primero el diestro había estado muy torero con momentos de inspiración.

Addenda. Morante y el toreo simplificado

Un grupo de amigos hemos convenido en llamar toreo simplificado al que se hacía en los años 50. El que se ve en las viejas películas de esa época. El que hacían diestros como el genial Pepín Martín Vázquez de Currito de la Cruz o como el no menos genial Antoñete del mechón blanco y el toro blanco.

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El “toreo simplificado” de los años 50, en versión del siempre puro Antoñete, quien por cierto torea con los vuelos de la muleta.

Es un toreo donde el cite se produce con la muleta a la altura del cuerpo, sin adelantarla, y donde el juego de muñeca y el trazo del muletazo son más sencillos que el trazo complejo y rizado del toreo que se usa ahora. Del que hacen José Tomás o el Juli, sin ir más lejos. Del toreo que también hace Morante.

O al menos, del que hacía Morante, quien ayer hizo y rescató el viejo y sin embargo vigente, por muchos conceptos, “toreo simplificadorenunciando a bastantes de los matices del toreo de ahora en cuanto a movimientos de muñecas y distancias. No sé si por adecuarse a las condiciones de su toro o bien lo que es más probable –como doctamente opinaba Fernando Cámara, de quien es también el copyright de la definición que comentamos- “en favor de una actitud más desafiante”.

Quede planteada y abierta esta cuestión.

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Toreo simplificado en versión de Morante.

Fotografías de J. Bueno y Burladero.com

jueves, 18 de agosto de 2011

Los toros de Juan Pedro lucen divisa negra y embestidas doradas.

Por Clarito

Málaga, 7ª de abono. Miércoles, 17 de agosto de 2011

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Juan Pedro Domecq. Un gran ganadero y aficionado

Los toros de Juan Pedro lucen divisa negra.

Los toros de Juan Pedro (así se había anunciado en los altavoces) lucieron en Málaga –como lo llevan haciendo en todas las plazas- divisa negra en señal de luto por su criador, el ganadero jerezano fallecido este mismo año.

Me parece importante, en una sociedad tecnológica y consumista, este tipo de detalles que nos retrotraen a épocas pasadas. Y es que en este mundo de los toros las formas todavía tienen su importancia. No sé si por eso, por la responsabilidad de la divisa negra que lucían, los toros de Juan Pedro quisieron hacer honores a su ganadero y embistieron como no siempre en los últimos años han embestido los toros de esta ganadería.

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La emoción de la suerte de varas. Los toros de Juan Pedro no solo embistieron sino que su comportamiento en varas fue más que correcto.

La corrida (capricho de veterinarios y Presidente que se va convirtiendo ya en excesivo) se remendó (después del consabido baile de corrales) con un toro de Luís Algarra –noble pero soso- que se lidió en primer lugar. Los de Juan Pedro tuvieron presencia y trapío y, sobre todo, propiciaron -con sus buenas embestidas- el buen toreo de Manzanares y Ponce, cada uno en su estilo.

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El toro de Juan Pedro que le toco a Javier Conde en primer lugar embestía así de bien.

Javier Conde

No sé las causas, pero Conde no estuvo a la altura de las circunstancias. Cierto que su primero era un toro muy parado y que el jabonero quinto, no andaba sobrado de fuerzas lo que dificultaba torearlos. Además, Javier no es torero al que podamos pedir técnica exquisita ni desgarro al torear. Lo suyo es la chispa, el alarde sorprendente, fruto de su singular personalidad. Por ello, su toreo se debate generalmente entre la genialidad y la chapucería fruto del riesgo creativo que el asume conscientemente. Ayer, sin embargo, no tuvo su tarde y no estuvo ni bien ni mal. Eso si, su labor en su primero destacó por la suavidad extrema en el manejo de los engaños. El público que espera (o desespera) de él otras cosas, acabó silbándole más por desencanto que por otra razón. En resumen, gris actuación del torero de Málaga al que aún le queda otra tarde.

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Si bien faltaron muchas cosas en la faena de Javier Conde, aquí hay desmayo y suavidad

Como su doblete en la Feria ha sido bastante criticado, no le queda otra opción que apretarse los machos, aunque sabemos no es torero de pelea sino de esperar su toro. Complicado escenario. En cualquier caso, se le desea suerte.

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Javier es torero de estética y personalidad diferenciadas. Ayer sin embargo se le vieron pocos detalles de los suyos.

Enrique Ponce

Enrique Ponce estuvo bien en su primer toro (de Algarra), que tenía bastantes complicaciones, por su tendencia a pararse y su querencia a tablas. Ponce, que tiene una cabeza privilegiada (lo que nadie niega) se fue haciendo con el toro a base de colocación y de manejar los engaños con la inteligencia que le caracteriza. Sin embargo, el toque hacia afuera del que abusó deslució –en mi opinión- una faena suave y elegante que no acabó de calar en el público.

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Ponce toreó con el capote con mucha elegancia y suavidad.

Lo mató -como mataría a su segundo toro- con habilidad pero no con pureza. Tapando la cara y echando la carta al buzón, como se decía antes.

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Estocada de Ponce. Tapando la cara y echando la carta al buzón, como vulgarmente se dice

Lo del segundo es otra cosa. A Ponce se le veía enrabietado o más bien motivado por el contundente triunfo de Manzanares en el toro anterior.

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Ponce salió en el cuarto con muchas ganas y dispuesto a no dejarse ganar la pelea como corresponde a su trayectoria en la Fiesta.

Sin embargo, técnicamente la faena no fue buena (o por lo menos todo lo buena que se espera de torero de esta categoría) ni por los terrenos que eligió (cerca de las tablas), ni por el desarrollo de la misma. Como además el toro se quedaba algo corto (le habían pegado mucho en varas) los pases no tuvieron la longitud ni la profundidad que levanta chispas en los tendidos. Lo que hacía difícil el triunfo.

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Un buen toro que probablemente hubiera lucido más en las afueras.

Sin embargo, torear no es sólo entender y sacar partido al toro para después jugársela, sino también conectar con el tendido. Por ello, el toreo que se hace en el campo no es el mismo que el que se hace en una Plaza de Toros, ya que aquí el público es determinante. No voy a decir que el torero, además del toro, tiene que torear al público, pero si que debe conseguir su beneplácito.

Y en eso, en conseguir el beneplácito del público (que no necesariamente del aficionado) Ponce es maestro.

Pocos toreros manejan tan bien los tiempos muertos de la faena, los movimientos ante la cara del toro, mientras éste se repone entre tanda y tanda. Bien mirado, reloj en mano, en general es mucho mayor el tiempo que el torero está delante del toro sin torear que el tiempo que está toreando. Máxime con el grandón y parado toro de hoy día.

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Ponce maneja muy bien los tiempos muertos.

La elegancia de Ponce, su manera de estar ante la cara del toro, sus gestos consiguen mantener el interés del público que se enardece y reacciona, a veces, ante sus desplantes y detalles con más fervor que ante sus pases.

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El toreo desmayado de Ponce en los remates tuvo usía. Aquí es donde sus faenas ganan enteros.

Y con ello, no quiero decir que no toreara. Algunos pasajes tuvieron enjundia. Su colocación y su entendimiento del toro se dan por hecho. Pero la longitud y trazo de sus pases y, por tanto, el riesgo que el torero está dispuesto a asumir a estas alturas de su carrera es mínimo.

El público (incluidos algunos aficionados) se le entregó y le sacaron a hombros.

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Curiosa forma de celebrar el triunfo tan buscado

José María Manzanares

José María Manzanares reeditó el éxito del lunes pasado. Quizás no con faena tan contundente ya que la raza del tercer toro de Santa Coloma del lunes se sustituyó por las largas, nobles (y bonancibles) embestidas del toro de Juan Pedro que lidió en primer lugar.

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La embestidas largas, nobles pero no exentas de picante del tercero de la tarde. Un gran toro.

Si al toro de Santa Coloma del lunes lo toreó al hilo (que es lo indicado en ese encaste), al toro de Juan Pedro lo toreó mucho más cruzado, provocando la embestida como corresponde al encaste Parladé. Eso sí, siempre con los vuelos de la muleta, lo que no debe confundirse con el pico de esta.

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El toreo embiste a los vuelos de la muleta.

El toro era muy repetidor, pero con el ritmo de los toros nobles que dejan reponer al torero. Además embestía con largura lo que Manzanares aprovechó al máximo. Embestida del toro que traía causa en lo poco que le pegaron en varas.

Un detalle. Manzanares anda con mucha confianza en la plaza y, en consecuencia, empieza a gustar de dejarse crudos sus toros. No llega en ello a tanto como el Juli (que es torero de vuelta y vuelta) pero por ahí le anda. Ayer se vio en sus dos toros. Consecuencia, los toros se le empiezan a parar menos que a los otros toreros (a Ponce por ejemplo. Aunque este suple con el temple de la muleta la falta de codicia del toro).

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Manzanares encajando mucho la cintura en el pase. Así es como, según algunos buenos aficionados, se debe torear.

Matando bien. Yo diría que muy bien. Ejecutó la suerte con pureza y enterró el estoque (literal y milimétricamente) en el hoyo de las agujas. Es una de las estocadas de más perfecta colocación que hemos podido ver en nuestros años de aficionado. El toro salió muerto de la estocada. Triunfo clamoroso, por lo que convenció (esta vez, sí) hasta al Presidente.

También mató muy bien de estocada entera, al último de la tarde. Toro que se le paró y tuvo más complicaciones. Lo toreó bien, pero el toro se defendía y cabeceaba. Muy valiente en éste como en el otro, se pasó a los dos muy cerca  lo que da mucha emoción a su toreo y lo que marca también las diferencias con otros diestros.

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La estocada en el hoyo de las agujas. La mano izquierda aunque va algo alta no llega a tapar la cara del toro lo que hubiera sido defecto.

Conviene anotar el dato. Manzanares se está pasando los toros muy cerca. Se encuentra con tal seguridad en la plaza que no le importa que los toros le lleguen vencidos al cuerpo. Es detalle que se nota mucho en la muleta, pero también en los capotazos de salida. En la voluntad y disposición del torero de este y otros detalles (recordemos sus estocadas recibiendo, ya habituales) se nota que quiere llegar a ser torero de época.

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Al Manzanares de este año no le importa que los toros le pasen muy cerca de las piernas.

Merecido triunfo, por tanto, aunque algunos aficionados se cuestionaban, después de la corrida, si estuvo o no mejor que el lunes. Cuestión de baremos. La clave, creo que está en el toro.

En cualquier caso, visto lo visto está clara su capacidad para adaptarse a toros de distinta condición. Manzanares no sólo es torero de toros buenos o excelentes. Puede también con el toro complicado, con el que resuelve no tanto por sus recursos técnicos (Aunque sorprenda a algunos, creo que es un torero que todavía puede mejorar) sino por casta y por ambición. Un gran torero.

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La prestancia de Manzanares también le ayuda a llenar tiempos muertos.

El toro artista de Juan Pedro

Mucho se arrepintió Juan Pedro de su definición del toro artista y mucho le penalizó por ello el aficionado y la crítica toristas. Sin abdicar de sus convicciones, en los últimos años andaba además convencido de que al toro había que echarle más casta.

Que iba por el camino correcto se vio ayer. La apuesta de Juan Pedro ganó clamorosamente en el ruedo de la Malagueta. Sus toros fueron ovacionados en el arrastre y propiciaron (nunca mejor dicho) el triunfo de los toreros. Pero, que nadie crea que fue corrida facilona, había que saber torearla como hicieron ayer, cada uno a su forma, Ponce y Manzanares.

Pasó además algo parecido a lo que ocurre con Núñez del Cuvillo. Torero que no se encuentra en forma o no está en su momento, no triunfa con esos toros, que no son tan fáciles de torear (como se torea hoy) como algunos están empeñados en hacernos creer. Ayer le pasó a Javier Conde.

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Ayer, Javier Conde no acabó de encontrar su sitio en la plaza.

El debate pues sobre la evolución de la Fiesta sigue abierto. Para mi es actualmente el tema de fondo. El público, los toreros y la mayoría de los ganaderos tienen claro el tipo de toro que se quiere y que es el que definió el ganadero jerezano. Por otra parte, un sector de la afición (muy cualificado y reducido pero también el más ruidoso) mantiene el criterio contrario: demanda un toro más fiero, no gusta de los derroteros que está tomando la fiesta y augura su desaparición.

En cualquier caso, lo que resulta evidente es (cualquiera que sea el futuro) que el toro ha evolucionado mucho en tipo y comportamiento en los últimos 30 años. También me resulta evidente la enorme capacidad de los toreros (José Tomás y Juli a la cabeza) para adaptar la forma de torear y encontrar recursos técnicos adecuados a las características del toro que se lidia hoy.

El toro ha cambiado y la forma de torear (la técnica del toreo) ha experimentado también un cambio  tremendo en estos años. No creo que Juan  Pedro sea un visionario, sino un adelantado a su época. El tiempo le dará o no la razón.

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Manzanares y Ponce salieron a hombros.