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martes, 23 de agosto de 2022

El lenguaje taurino y el comportamiento del toro

Es innegable la influencia del lenguaje taurino en la sociedad, tal y como sostiene numerosos autores (Portada del libro de Carlos Abella "Derecho al toro-El lenguaje taurino y su influencia en la sociedad")

Como dice Andrés Amorós, en su obra Toros, cultura y lenguaje (1999:172):

"No hace falta ser un experto lingüista para advertir su carácter más evidente: no es un lenguaje intelectual, abstracto. Todo lo contrario: nace de la experiencia inmediata. Es visual, intuitivo y muy pintoresco. Por eso lo adopta tan ampliamente el pueblo: porque rima a la perfección con su gusto por la expresividad"

Joaquín Vidal denunciaba en el País ("El rajao", 18.08.1997) el empobrecimiento de ese lenguaje:

Hay una nueva jerga taurómaca creada por banderilleros malos y apoderados analfabetos que ha convertido el riquísimo vocabulario taurino en palabrería inútil. No se crea, sin embargo, que ha sido éste un fenómeno gratuito. Las nuevas definiciones se corresponden a los nuevos conceptos del toreo con exactitud matemática.

El vocabulario taurino clásico daba voz a las múltiples circunstancias del toro y de la lidia -que siempre tenían su aquel, mientras en la tauromaquia moderna toro y lidia se definen con cuatro palabras pues no hay nada más que contar: el toro sirve o no sirve; la lidia ni existe.

No comparto la insultante opinión de Vidal (empeñado siempre en denostar el toreo moderno elogiando el antiguo que no conoció). Es cierto que el vocabulario de antes daba voz a las circunstancias de la lidia de entonces, pero no lo es menos que el moderno vocabulario taurino da voz a las circunstancias del toro y la lidia de ahora.

Expresiones antiguas han dejado de usarse y han aparecido otras nuevas, en un proceso lógico pues no se usa lo que no sirve y, por contra, son necesarias nuevas expresiones para designar comportamientos y suertes nuevas. Al contrario de lo que afirma el revistero del País, no son cuatro, ni mucho menos, las voces que hoy se necesitan para definir el complejo comportamiento del toro actual en la plaza.

Vamos a analizar someramente esa evolución lingüística para comprobar que Vidal se equivocaba en sus apreciaciones. Revisemos la Tauromaquia de Hillo, el primer tomo del Cossío y el libro el Toreo en teoría de Raúl Galindo.

Tauromaquia de Pepe-Hillo (1789)

Hillo distingue en su Tauromaquia los siguientes tipos de toros en función de su comportamiento en la plaza:

- Toro franco, boyante, sencillo o claro
- Toro que se ciñe
- Toro que gana terreno
- Toro de sentido
- Toro revoltoso
- Toro abanto o temeroso

No voy a entrar en esas seis definiciones que supongo harto conocidas. Si me parece oportuno señalar que Montes en su Tauromaquia mantiene esa misma clasificación (quizás con más matices y precisión en su análisis), pero incorporando reglas para la lidia de los toros burriciegos.

Lo que aconsejaba Hillo para los toros de sentido (Lámina XII de la edición de 1804 de su Tauromaquia). Hoy eso sería inaceptable.

El Cossío. Tomo I (1947)

José María de Cossío también analiza el modo de acometer las reses pues, de ellas, deduce los principios fundamentales del toreo, siguiendo en eso a Hillo y Montes.

Cossío considera que el poder del toro (o la ausencia de poder) es determinante para su comportamiento. Al margen de esa circunstancia (que, como indico, para él es determinante), considera los siguientes matices o diferencias en la forma de embestir.


La evolución del toreo que se produce desde la época de Paquiro hasta el año 1947 obliga a introducir nuevos términos taurinos que maticen las diferencias del comportamiento del toro que pueden ser relevantes para la lidia de ese momento histórico.

Una imagen ilustrando el análisis del comportamiento del toro y sus posibles consecuencias publicada en El Cossío (edición de 2007. Tomo 4-p. 229)

El toreo en teoría de Raúl Galindo (2014)

Casi 70 años más tarde, la evolución del toreo de muleta ha traído la necesidad de enriquecer la jerga taurina con nuevos términos que permitan matizar el comportamiento del toro, fundamentalmente en la muleta.

Por lo que respecta a la conducta del toro, Galindo analiza los siguientes aspectos o matices de la misma:

- Fijeza
- Recorrido
- Humillación
- Jurisdicción
- Apertura
- Obediencia o franqueza
- Repetición
- Reposición
- Velocidad
- Ritmo
- Sentido
- Entrega
- Desentendimiento
- Asiento
- Dureza
- Duración
- Fondo 
- Aflicción
- Clase
- Continuidad

Son 20 (y no 4 como afirmaba Vidal) los términos necesarios si queremos definir con precisión el comportamiento del toro de nuestros días 

Algunos de esos 20 términos ya se usaban en los años cuarenta. A veces, con el mismo sentido y otros con sentido diferente (p.e. la dureza). Otros son novedosos y han venido de la mano de un mejor comportamiento del toro en la plaza. Un comportamiento que de la errática y dudosa bravura (hablo en general) del pasado ha llevado a la bravura adobada con nobleza (sigo hablando en general) del presente. O dicho, más sencillamente, cada vez los toros son menos mansos y más bravos (hoy día los toros condenados a banderillas negras son prácticamente inexistentes, mientras que son legión los indultados por su noble bravura).

Lo que está claro es que el lenguaje taurino no se ha empobrecido con el tiempo, como sostenía Vidal, sino que, por el contrario, se ha enriquecido con nuevos términos nacidos de la necesidad de matizar, con mayor fineza en el análisis, el comportamiento del toro y el toreo de nuestros días.

El toro de Cuvillo con el que Emilio de Justo reaparecía el pasado domingo 21 de agosto en Almería. Un toro enclasado, bravo y noble, al que Emilio le cortó las dos orejas.

Adenda. ¿Que es la clase?

Propongo un juego. Definir qué se entiende por clase o toro enclasado. La solución en la próxima entrega de este blog. Se admiten definiciones...


sábado, 5 de mayo de 2018

Porqué los bombistas se hicieron belmontistas

Por Jose Morente

Bombita con Belmonte (Fotografía publicada en El Ruedo, el 5 de junio de 1945)
Me deleitaba ayer noche con la magnífica prosa de José María de Cossío en su maravilloso Panegírico de Joselito (1), escrito por sugerencia del Duque de Alba y leído en 1953 en la Huerta de Gelves con motivo de colocar, en dicho lugar, una placa a la memoria del gran torero muerto en Talavera, cuando me topé con un párrafo dedicado a Ricardo Torres Bombita que me provocó una cierto inquietud. El párrafo es este:
"Ricardo Torres, Bombita, esforzadísimo diestro, valeroso y dominador que a las alegrías de Guerrita añadía una sonrisa cautivadora (2). A éste si le vi torear, y el resorte de su dominio, como el de Guerrita, era la seguridad en sus piernas de hierro, que, en pugna de dominar la zona desde la que era hacedero superar el poder del toro, acababan venciendo siempre y ganándole la partida, con el continuo hurtar del cuerpo y el constante mejorar el terreno. Pero tal sistema, comenzaba a tener sus herejes, al descubrirse que en el lance largo y parado residía un resorte de dominio no utilizado y, que al par, satisfacía las exigencias de la estética y la eficacia."
Luego explicaré la razón de mi desasosiego pero ahora conviene que hablemos de Bombita.


Ricardo Torres, Bombita, expulsado del Paraíso 

Como decía Cossío, Bombita fue torero de dominio, aunque sin llegar al nivel del Guerra, con mucha fuerza en las piernas en las que basaba el dominio de su toreo, siempre en movimiento y siempre despatarrado, con el compás muy abierto.

Natural de Bombita con el compás exageradamente abierto (Fotografía publicada en El Ruedo, el 2 de mayo de 1944)
Bombita y Machaquito formaron la pareja puntera de los últimos años de la primera década del siglo XX. Pero, en 1912, toma la alternativa Joselito el Gallo, quien dedica la campaña del año 13 a intentar retirar del toreo al Bomba, en supuesto desagravio a su hermano Rafael. Lo que consiguió al final de esa temporada. De rebote, Gallito (tijera de cortar coletas) también se la cortó a Machaco ese mismo año. Aunque, esta vez, parece que sin intención. Daños colaterales, que le dicen

Portada del The Kon Leche. La tijera de cortar coletas

Tras la retirada de Bombita

Retirado Bombita se produce un curioso fenómeno taurino, pues los "bombistas" se pasan en masa a engrosar las filas del "belmontismo". Lo que resulta harto extraño pues, aparentemente, es Joselito el Gallo y no Belmonte, quien más se parece taurinamente al Bomba. Lo lógico hubiera sido que los partidarios de Ricardo se hubiesen hecho gallistas de Joselito. Sin embargo, lo que ocurre es todo lo contrario, pues se hacen belmontistas de Belmonte.

La explicación que siempre se ha dado a este curioso e inexplicable fenómeno, ha sido el rechazo e inquina hacia Joselito, como culpable de la retirada del Bomba, por parte de los partidarios del diestro de Tomares. Una reacción muy visceral, nada racional, pero justificable dada la gran carga emotiva con la que los aficionados a los toros viven la fiesta.

Ha sido una explicación fácil, generalizada y única, pero a mí, personalmente, había algo ahí que no me cuadraba, que no me convencía.

El monstruo de las tres cabezas: Joselito, Belmonte y Bombita (Portada del The Kon Leche del 4 de enero de 1915)

Belmonte en la línea de Bombita.

Tendemos a fiarnos de las apariencias y las apariencias nos dicen que Joselito, lidiador y dominador, es torero de la misma cuerda que Bombita, lidiador y dominador, mientras que Belmonte, arriesgado y entregado, está en las antípodas de ambos. Es cierto, sí, pero solo si nos dejamos guiar por las apariencias.

Belmonte, en sus primeras temporadas practicó un toreo tremendista y desgarrado
En efecto, si profundizamos algo más, las cosas pueden ser muy diferentes. Y ese trasfondo diferente es el que, de golpe, se me ha aparecido leyendo el texto de Cossío. Esa forma de torear basada en ganarle la partida al toro "con el continuo hurtar del cuerpo y el constante mejorar el terreno", tan típica de Bombita, que Cossío contrapone a ese otro modo de torear donde el dominio se consigue mediante "el lance largo y parado" que aúna eficacia y estética.

He dicho que el toreo de Bombita se basaba en el continuo hurtar del cuerpo y el constante mejorar del terreno, y es cierto. Pero, no es menos cierto, que ese era también el método de Belmonte(3), siquiera más arriesgado y entregado, más metido en el terreno del toro, y ese era también el toreo de Domingo Ortega, con otra estética más castellana, pero también en permanente movimiento.

A las pruebas me remito (4). Belmonte torea en Nimes con ese continuo hurtar del cuerpo y constante movimiento para mejorar el terreno, tan propio  y característico del toreo en ochos... Una forma de torear donde el torero solo para (el "parón") en el centro de las suertes un breve instante.



Bombita, Belmonte y Domingo Ortega toreaban en ochos, alternando pitones, con la muleta generalmente en la mano diestra, ganando y recuperando su terreno. Lo contrario que ese toreo en redondo basado en el natural largo y parado, con el torero inmóvil en el centro de la suerte, que fue santo y seña de esos otros tres toreros que se llamaron Joselito, Chicuelo y Manolete.

Al final, va a resultar que esos bombistas que se pasaron al bando de Belmonte y que se hicieron belmontistas, no eran ni inconsecuentes, ni incongruentes, ni venales, sino buenos aficionados que, coherentes y preclarossupieron ver, más allá de las apariencias, lo que no supieron ver ni los Corrochanos, ni los Claritos, ni los don Modestos, ni ninguno de los críticos de aquella época.


Dos estéticas muy diferentes pero con un concepto del toreo más parecido de lo que parece... Por eso, quizás por eso, los bombistas se hicieron belmontistas (Portada del The Kon Leche)

Notas
(1) Cossío, José María de (1953): Santander, s.ed.
(2) Antecesora de la no menos cautivadora sonrisa de don Antonio Bienvenida.
(3) Digan lo que digan sus panegiristas. 
(4) Las pruebas son evidentes y concluyentes. Se ha hablado mucho de la trilogía belmontina: parar, templar y mandar. Especialmente, se ha hecho hincapié en el parar, en el toreo parado de Belmonte. Se ha dicho que Belmonte "paró" el toreo. Pero si nos fijamos en las películas y nos olvidamos de lo que nos han dicho, veremos lo contrario, veremos -como se ve en esa película de su reaparición de Nimes- un torero en continuo movimiento, avanzando hacia el toro antes del muletazo (que tiene un trazo brevísimo) y perdiendo pasos y recuperando la posición tras el remate de la suerte. Es lo mismo que se le ve hacer a Domingo Ortega, lo mismo. Toreo en ochos. El toreo en redondo, sin embargo, se basa en lo contrario: el torero como eje vertical, inmóvil y parado, y el toro girando alrededor suyo. Belmonte no es, a la vista de los hechos, precedente ni creador de ese moderno toreo en redondo pero si que es uno de los diestros que mejor han toreado en ochos. Y con más personalidad. La verdadera aportación de Belmonte está en el toreo de capote (que también se hace en ochos).

martes, 18 de octubre de 2016

Postales taurinas (XVI) Cossío hace un quite a Joselito

Por Jose Morente


Fotografía publicada en el Tomo primero del Cossío


Si existe un libro de toros por antonomasia ese es el Cossío, No hay enciclopedia taurina más completa, más veraz ni más sistemática y ordenada.

Y lo curioso es que su autor, José María de Cossío era puro desorden, según contaba, en un artículo publicado en marzo del 47 en el Ruedo, Antonio Díaz Cañabate compañero de don José María en la Editorial Espasa Calpe.

Decía "el Caña", como le llamaban amistosamente, que Cossío disfrutaba cuando iba recopilando textos y fotografías para el primer Tomo de su obra. Un tomo que incluía un estudio completísimo de todas las suertes, un estudio titulado "Análisis histórico técnico del toreo" y que es, en realidad, una verdadera Tauromaquia. Una Tauromaquia tremendamente objetiva aunque sin perjuicio de, cuando le convenía, arrimar el autor, el ascua a su sardina. Su sardina era, no podía ser otro, que Joselito el Gallo.

Cuando los amigos se lo reprochaban, don José María se sonreía y contestaba:
-¡Pues naturalmente, y el que quiera llevarme la contraria, que escriba otro libro como este!
Que es lo mismo que, en la Escuela de Arquitectura nos enseñaba Javier Carvajal en su cátedra de proyectos.

Precisamente, rastreando fotos para "ese" libro, José María encontró la foto que encabeza este post. Una foto de Joselito tentando una becerra y haciendo las veces de picador. Una foto que, salvo eso, no tenía nada de particular. Pero Cossío le indicó al Caña que se fijara en el personaje que asomaba por un burladero.
-¡Eso soy yo!. Y se me ha ocurrido publicarla en el capítulo de "Tientas" con el siguiente pie: "Joselito tentando una becerra. Al fondo, dispuesto al quite, el autor de este libro". ¡Eh, qué tal? ¡Yo, haciéndole un quite a Joselito!
La foto en efecto se publicó, y publicada está con ese pie, en el primer tomo del Cossío.

Huelga decir que José María, sobre ser de la misma edad, era íntimo del diestro fallecido en Talavera al que acompañó en múltiples ocasiones por las plazas de toda la geografía española.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Cuaderno de notas (CIV) Siempre existe riesgo

La seguridad y poderío de que hacen gala en las plazas los toreros largos, juega a la postre en su perjuicio.. Una injusta situación que ha afectado a todos los diestros de esta cuerda comenzando por Joselito el Gallo
"Pero es lo curioso del caso que en el toreo, para la versatilidad y ansía de novedades de los aficionados, la sabiduría es sin discusión una cualidad que se elogia fuera de la plaza, pero dentro de ella viene a defraudar al espectador que busca siempre en la lidia un especial duende de incertidumbre y morbosa emoción que ha de herir la sensibilidad crudamente.

La seguridad de estos diestros resta ocasiones de sobresaltos en la plaza, y aunque sean cogidos, corneados y aun muertos en el ruedo ello se atribuye a un error inesperado en la sabia precisión del diestro, y no como debiera a un riesgo constante que, precautoriamente, se vence con peligro siempre inminente de error, en tanto que este error en maneras de arrojo más patente pero no mayor, es la manera habitual de producirse en el ruedo, pudiendo conducir ambas maneras al mismo fin.

Hillo, el primero de los diestros arrojados, y Joselito, el último gran maestro ecléctico y precavido igualan con su muerte los dos procedimientos de lidia a distancia de ciento veinte años de toreo.

COSSÍO, José María, "Disertación Final de los toros" en Los Toros. Tomo IV (También  en Tomo 5/30. Página 180)

Pepe-Hillo. En los diestros arrojados, la apariencia de riesgo puede ser mayor a los ojos de los espectadores.

martes, 6 de septiembre de 2016

Breve historia de la víctima de la Fiesta (según Cossío)

La víctima de la Fiesta de Ignacio Zuloaga

Releo a Cossío en su capitulo "Carácter y breve historia del tercio de varas" de su "Disertación Final de los Toros" (T. IV/10 y también en T. 5/30. Págs. 198 y ss.).

Don José María hace un interesante análisis de este tercio que paso a resumir en los puntos siguientes:

Primero.- A principios del siglo XIX se consuma el cambio capital de la suerte de picar. De picar a toro levantado y sin riesgo de las caballerías se pasa a picar a toro parado con número cada vez más crecientes de bajas.

De picar a caballo levantado y con vara larga, se pasa a picar con vara corta y esperando al toro (Lámina V de l edición de 1804 de la Tauromaquia de Pepe-Hillo).
El toreo a caballo se subordina al toreo a pie. Las consecuencias para la caballería serán funestas. 

Segundo. A partir de Pepe-Hillo y, sobre todo, de Montes, la suerte de varas se subordina al interés del matador. Posiblemente sea, la Tauromaquia de Montes, el hito final de la suerte de picar a caballo levantado y de la vara larga.

Tercero.- La intervención del picador será a partir de entonces, la que preste carácter más sangriento a la Fiesta. Pese a la opinión de los aficionados, la matanza de caballos no se debería a la impericia de los picadores ni a falta de habilidad de los mismos, sino al modo de picar-

Cuarto. Hay más, derribado el caballo, nadie se molestaba en separar al toro de su presa pues, el que lo levantara reiteradamente en su cabeza (lo que se llama romanear) era ardid que se impuso, sobre todo a finales del XIX, para quebrantar la pujanza del burel.

Que el toro romanease era un método (cuando no se había implantado el peto) para conseguir reducir su poder (Escultura de Mariano Benlliure)
Esta situación la describe Cossío de la forma siguiente:
"A principios de este siglo [se refiere al siglo XX] el cambio de criterio era notorio, y ya se suprime en los resúmenes periodísticos de las corridas el número de caballos muertos como índice de la bravura de los toros, y por entonces había de pintar Ignacio Zuloaga, gran pintor y gran aficionado, su famoso cuadro 'La víctima de la Fiesta', alegato el más elocuente, dentro de su silencio, contra el descuido de la defensa del caballo en el ruedo. Porque, conviene insistir en ello, no se trataba de impericia de los picadores, sino de caso inevitable en las condiciones en que los toros se picaban".
Quinto.- Las criticas a este modo de actuar van en aumento y, a principios del XIX, se empiezan a adoptar medidas tendentes por un lado, a procurar menor quebranto al toro (caso de las puyas o de las rayas de picar) o a proteger a los caballos (como retardar la salida al ruedo de los picadores o la implantación del peto, utilizado ya en Francia y que allí llamaban caparazón).

"Cuando los caballos no llevaban peto"

Sexto.- La desventaja fundamental del peto -a la vista de la experiencia posterior- es evidente. El toro queda inerme bajo la pica del picador y este aprovecha la ocasión para castigarle a mano salva.

Séptimo.- La actitud del público ha variado lógicamente. Antes, el reprochable fracaso artístico del picador quedaba compensado por el riesgo evidente al que se exponía frete al toro por la falta de protección del caballo. Hoy la indignación la produce la magnitud o impunidad del castigo.

La actual suerte de varas -por el abuso e impunidad en el castigo- provoca la indignación del público y favorece las tesis contra la Fiesta (Imagen de un Blog antitaurino: Coscollet)
Octavo.- El final de este proceso, concluye, está en convertir la suerte de varas no en suerte de gallardía, sino en "adaptar la tradicional presencia del caballero en el ruedo durante la lidia a la conveniencia del toreo a pie"

Del análisis que hace Cossío, se deduce que el verdadero cambio del discurrir del toreo no acaece con la implantación del peto (1928) sino casi un siglo antes (1836), cuando el prestigio de los toreros de a pie se impone a los de a caballo. Al subordinar la suerte de varas al resto de la lidia y enfocarla exclusivamente al quebranto del toro, se modifica la lidia toda.

Una modificación esencial en la que la introducción del peto resulta ser sólo un eslabón más de esa larga cadena.

lunes, 11 de abril de 2016

El farol se inventó en Sevilla y no en Madrid

La suerte del farol, según interpretación de Robert Ryan (Del libro El Toreo de Capa)

Dedicábamos la entrada anterior de este blog a la recuperación por Morante de la Puebla, en la corrida del pasado viernes de pre-Feria en Sevilla, de la suerte del farol que inventara el torero de Gelves, Manuel Domínguez.

Morante estudioso de las Tauromaquias antiguas anda empeñado, desde sus inicios como torero, en desempolvar suertes antiguas. Un empeño sobre el que creo no se ha hecho hasta la fecha suficiente hincapié.

La recuperación de suertes antiguas exige, además de estudio y dedicación,mucha  sensibilidad e intuición para poder reinterpretarlas en clave de toreo moderno (Contraportada del Ruedo del 25 de diciembre de 1947 que representa a un torero de patillas morantistas ejecutando un farol)

Para no alargar la entrada anterior nos dejábamos en el tintero, algunas cuestiones relativas a esa vieja suerte (pues tiene ya más de siglo y medio de antigüedad), cuestiones que me gustaría tratar aquí y ahora.


El farol se inventó en Sevilla. No en Madrid

No voy a descubrir ahora la importancia que el ingente trabajo de José MaríCossío ha tenido tiene para la fiesta. El rigor no exento de amenidad de su impresionante tratado, no tiene parangón en la literatura taurina de todos los tiempos. Pero es evidente que un libro de tan largo alcance no puede estar exento de algún error.

Y, en efecto, eso es lo que sucede cuando Cossío habla del nacimiento del farol y lo sitúa en Madrid.

Detalle del texto dedicado a glosar la suerte del farol en el Cossío (Pág, 297 del Tomo 4 de la edición de 2007)
Cossío sitúa el nacimiento del farol en Madrid, el 13 de mayo de 1855. La fecha es correcta pero si acudimos a la reseña del Enano comprobamos que esa corrida se celebró en Sevilla y no en Madrid.



Cossío situaba la tarde de marras en Madrid, quizás porque el Enano, periódico en cuyo número del 22 de mayo se contenía la reseña de esa corrida, se editaba en Madrid. Sin embargo, y como revela la reseña de la corrida, se trataba de la quinta corrida del ciclo sevillano. Y digo ciclo y no feria porque aún no había nacido esta.

El lapsus de Cossío se trasladaría a todos los tratadistas posteriores, incluso a los más rigurosos como es el caso de Robert Ryan quien en su, por otra parte, imprescindible libro "El toreo de Capa", encabeza el capítulo dedicado a esa suerte con la siguiente frase (no sé si apócrifa) de Desperdicios y que sitúa en Madrid y no Sevilla como hubiera sido lo acertado.

Frase que encabeza el Capítulo dedicado a la suerte del Farol en el libro de Robert Ryan
En cualquier caso, el error no es infrecuente. Es tal la importancia de la Plaza de Madrid que tendemos a pensar que todo lo importante ocurre en esa plaza o que nada importante puede ocurrir fuera de ella. Lo que evidentemente, no es cierto.

Y no es cierto pues, mientras Madrid, feudo de los aficionados más tradicionalistas, ha tenido siempre puesta su mirada en el pasadoSevilla, cuna y cantera de algunos de los más grandes toreros de la historia, ha sido la olla donde se cocinaron, a lo largo y ancho del siglo XIX y principios del XX, las más novedosas propuestas. 

Como la invención del farol.



Vista del Palco del Príncipe de la plaza de Sevilla en 1861, en la época de la invención del farol.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Cuaderno de notas (XLVI) Frascuelo o el valor

 

Frascuelo 001 - copia (2)

Frascuelo citando a la estocada (Detalle de fotografía de Laurent)

El diestro de Churriana cultivaba su indomable valor por el valor mismo. Salvador Sánchez es inconcebible no sin valor (…), sino actuando sin hacer exhibición de él, porque él era la esencia de su toreo. Esencia tan capitosa y eficaz que arrastraba a los públicos tras ella.

El valor para los frascuelistas vino a ser de esta suerte, no un supuesto imprescindible en el toreo, sino el fin por excelencia; no un medio de torear sino el toreo mismo.

Claro es que a este confusionismo no podía conducir sino el que tuviera un gran instinto torero y Frascuelo lo tuvo, a más de ser quizás el matador mas tremendo y seguro que ha conocido la historia del toreo.

Su audacia ante los toros no tenía límite. Al final de su actuar taurino tenía el mismo temple en el mismo metal que cuando comenzara sus andanzas toreras.

Frascuelo desde el primer momento tuvo el recurso de su valor y mal dicho ha quedado esto, porque para el gran matador no se trataba de recurso sino de lo sustancial y central del toreo y, o al menos, si el sabia concebirlo de otro modo no sabía interpretarlo de otra manera.

De su paso por la fiesta queda, aparte el recuerdo de la emoción de sus faenas y de sus estocadas, el ejemplo moral del más noble elemento de la fiesta, el valor, sublimado y llevado a extremos que ni antes ni después ha conocido ejemplo.

José María de Cossío. El valor como fin del toreo (Fragmento del Capítulo “Disertación final de los toros”. Cossío. Tomo IV. 1ª ed., Madrid, Espasa Calpe S.A., 1964. Páginas 917-920)