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sábado, 30 de abril de 2016

Cuaderno de notas (LXXXII) El encaste Domecq es moldeable

La fiera arrancada, con las dos manos en el aire, de un toro del Montecillo de encaste Domecq a la muleta de Joselito Adame en la corrida de San Isidro del 17 de mayo de 2015. El diestro mexicano le cortó una merecida oreja (Fotografía de El Mundo)
"El encaste que creó Juan Pedro puede llevarlo un ganadero a donde quiera. Puede subirlo de raza, puede bajarlo...es un encaste muy moldeable desde el trabajo del ganadero".

Antonio Gavira (en Tierras Taurinas. Opus nº 32 pág. 111)

lunes, 1 de febrero de 2016

Tomás es humano

Por Jose Morente

Una expectación inusitada y su correspondiente repercusión en los medios de comunicación de masas es lo que, hoy por hoy,  más beneficia a la Fiesta.

Así, o de forma muy parecida a esa, titulaba el diario El País la crónica de la tan esperada actuación de José Tomás en México, en mano a mano con Joselito Adame.

Por mor fundamentalmente de los toros (3 de Fernando de la Mora, 2 de Los Encinos. y un sobrero de Xajay), la actuación del diestro de Galapagar no ha podido satisfacer la tremenda expectación que había provocado esa corrida. Eso, y la satisfacción demostrada de los siempre numerosos detractores del torero, tildando como fracaso lo que objetivamente no llega a serlo, ha dejado un regusto agrio en quienes estuvieron ilusionados en la plaza y en quienes ilusionados vivimos el evento en la distancia.

En cualquier caso, lo primero es lo primero, necesitamos muchas tardes como esta. Es necesario que la Fiesta (que no es nacional sino claramente internacional) sea tratada con normalidad y con aires de gran acontecimiento en los medios de comunicación, alejándose de los dos polos -el de la tragedia del riesgo de las cornadas y el de la (supuesta) crueldad contra los animales- en los que, por desgracia, nos quieren encerrar aquellos que no entienden que ambas situaciones son, realmente, incompatibles. No puede haber crueldad ni maltrato en quien arriesga su vida como la arriesgan los toreros. El toreo discurre por otros vericuetos morales que les son ajenos a quienes confunden a los animales con las personas.

Pero el toreo, además de rito trágico, es también y como dijera Pepe Alameda en "Seguro azar del toreo", precisamente eso: azar, albur, suerte, casualidad (que no causalidad). Vamos a la plaza pensando que las papeletas están repartidas de antemano. Pensamos que los toros embestirán por derecho (lo que no siempre ocurre); que, si embisten, los toreros sabrán o podrán torearlos (lo que no siempre ocurre) o que si saben torearlos, los aficionados lo sabremos valorar (lo que no siempre ocurre).

Dado que nos quejamos, con tanta frecuencia, de que el toreo actual, es demasiado predecible, entonces, tendríamos que agradecer las sorpresas ya sean buenas o malas. Agradecer tardes como la del domingo que demuestran que, por mucho que se quieran controlar las situaciones -y es humano que los toreros quieran controlar (no minimizar) el riesgo, sobre todo el riesgo del fracaso- estas situaciones escapan finalmente al control de todos ellos. Escapan, incluso, al control de los mismos dioses.

En rigor, como hemos dicho, el domingo, no hubo fracaso aunque algunos lo quieran pintar como tal. No hubo tampoco -y ese es el quid de la cuestión- el éxito de apoteosis que se promete cada vez que se anuncia este torero en los carteles. La expectación era enorme y la decepción estuvo a su altura.

Los comentarios que he leido en la Prensa de los que estuvieron en la plaza me suenan a prefabricados (tanto los partidarios como los detractores, me parece que dicen lo que de antemano ya pensaban). Son entendibles y disculpables los que nacen de esa decepción causada por la expectación frustrada. Son menos defendibles y, desde luego, nada disculpables, los que nacen de la envidia o de la inquina y que -como apunta en Facebook mi amigo Felipe Romero- parecen querer aprovechar la ocasión para ajustar no se sabe que cuentas pendientes.

Sea lo que fuere, lo que está claro, al final de todo esto, es que Tomás levanta pasiones tanto en contra como a favor. Lo que creo que es bueno, muy bueno, para la Fiesta. Yo soy muy tomasista (no lo voy a descubrir ahora) pero no me molesta que Tomás no triunfe, ni tampoco me molesta que triunfe Adame. Tampoco me parece nada mal que Tomás nos revele esa nueva faceta -tan humana- de Héroe caído, de triunfo no logrado.

Al contrario, personalmente, hoy lunes 1 de febrero, el personaje de José Tomás, después de ese no-éxito, me resulta más simpático y atractivo que ayer. Más humano. Y, como torero, mucho más creíble

Esa es la noticia. Tomás es humano ergo el mito es real. Albricias.


El toreo. Solo eso y nada más que eso.


jueves, 29 de octubre de 2015

¿Que hacer con los terrenos?

Por Jack Coursier

Joselito Adame en su sensacional actuación del domingo pasado en la Inauguración de la temporada grande en la México. En el final de faena, torea en ochos (o sea, alternando pitones) y, en consecuencia, adelantando la pierna de salida.

Creo que todas estas historias de adelantar o de retrasar la pierna de salida, del toreo en 8 o en 0 tienen que ponerse en contacto con la teoría de los terrenos y su pertinencia.

En las tauromaquias antiguas, el ruedo era el terreno del toro y el hombre iba a la conquista de este territorio de forma progresiva, avanzando en ese peligroso campo. Torear era, esencialmente, esa toma de posesión. Torear en 8 adelantando la pierna, es decir, andando paso a paso, muletazo tras muletazo, hasta el corazón del territorio del toro es la aplicación de este principio. Interponerse entre el animal y el centro de su territorio era una temeridad o, en caso de accidente, un error profesional.

El toreo en 0 no tiene en cuenta estas nociones de territorios. Se funda, me parece, sobre otro modo diferente de dominar al toro: no invadiendo su territorio sino haciéndole sufrir el fracaso repetido causado por un objeto perturbador imposible de alcanzar en un recorrido lo más largo posible: la muleta que viene y vuelve sin parar provocándole con insolencia. 

Si bien, que el toro tropiece la muleta no tiene consecuencias en una tauromaquia en 8, resulta ser un error en la tauromaquia en 0, cuyo principio es necesariamente la incapacidad del toro para alcanzar el objeto perturbador.

La tauromaquia es una práctica acumulativa, donde las invenciones se van sumando y donde se van ofreciendo nuevas posibilidades sin desautorizar las prácticas anteriores. La lenta implantación de la tauromaquia en 0 no convirtió en obsoleta la primitiva tauromaquia en 8, que se practica todavía hoy: en los lances de recibo con el capote; en muchos inicios de faenas y en muchos finales de faenas (hasta habría que considerar como renovación de esa manera, los encadenamientos de pases con cambio de manos, con o sin espada, como lo hacen Juan Bautista o Daniel Luque). 

La teoría de los terrenos perdió su supremacía, pero permanece viva en numerosas fases de la faena.

Convendría preguntarse entonces, por qué lo que se consideraba imposible: no tener en cuenta la posiciones del toro y del torero dentro del ruedo, se convirtió en un sinsentido a partir de mediados del siglo XX: ¿Comprendimos lo que ignorábamos antes? ¿El animal, a consecuencia de su selección y a consecuencia del modo de tratarlo en el campo, se ha vuelto menos sensible a estas nociones instintivas más primitivas de territorio? 

Adelantar la pierna o retrasarla no es una elección: es una consecuencia, una necesidad que emana de la opción de toreo elegida. 

O conquistamos el espacio del toro, y toreamos en 8, adelantando la pierna; o provocamos con burla el toro por el temple y toreamos en 0, manteniendo (o retrasando) la pierna de salida.

Joselito Adame en la misma tarde y con el mismo toro de la fotografía que encabeza este post, torea-en la parte central de su faena- en redondo (o sea, mediante series de muletazos por el mismo pitón del toro), con la pierna de salida claramente retrasada en el cite.

miércoles, 19 de agosto de 2015

Sin toro, torero y público no hay emoción

Por Clarito

Joselito Adame en un pase del desprecio al final de la faena. Se vio muy buen toreo ayer en la Malagueta.
Que "sin toro no hay emoción" es una evidencia. No sólo porque el aserto sea verdadero sino porque se empeñan en recordarlo de forma machacona los aficionados más toristas.

Sin embargo, para que exista emoción verdadera se necesita, además, que el torero de cumplida respuesta a les exigencias del burel y aún sería insuficiente pues para alcanzar ese clímax que propicia el buen toreo es fundamental que también el público conecte con lo que ocurre en el ruedo.

Podríamos por tanto corregir o matizar el eslogan y afirmar que "sin toro, torero y público no hay emoción". El toro es condición necesaria pero no suficiente. Por eso, si cualquiera de esos tres elementos (toro, torero y público) falta o falla, la emoción no aparece por ningún lado. Si se juntan los tres, la emoción aparece. Se está viendo esta feria de Málaga. Se vio ayer en la interesante corrida de Torrestrella.

Los de Torrestrella en los corrales de la Malagueta
Estaba toreando Joselito Adame al quinto de la tarde (no hay quinto malo) entre la indiferencia del público cuando los desaciertos del Director de la banda de música (primero entró tarde y luego cortó a destiempo) provocaron el rechazo y alboroto en los tendidos, rechazo al que se sumó el diestro mexicano (¡Ahora no!). 

¡Ahora, no!

Joselito se enrabietó, el público también y el de Torrestrella regaló sus mejores embestidas. Hubo conjunción y emoción y, pese al bajonazo, se pidió la oreja que la Presidenta concedió.

Donde no hubo acuerdo entre público y Presidencia fue en el segundo de la tarde. Un toro enrazado, de mucha transmisión en la muleta al que el mexicano entendió y toreó a la perfección a lo largo de toda su lidia. La faena de muleta, casi toda sobre la mano derecha, fue importante y caló en el público. Una faena a la que Adame puso broche de oro con cuatro naturales a pies juntos de ensueño y una gran estocada en la suerte de recibir que tiró al toro sin puntilla de forma espectacular. Pese a todo no se concedió la segunda y merecida (en mi opinión) oreja.


El mexicano toreó muy bien con el capote lo que es de agradecer. No sólo de muleta vive el aficionado.

Degollar al toro. Una puntualización sobre la estocada. 

La estocada de Joselito Adame recibiendo fue magnifica pues el torero aguantó sin ceder terreno la vibrante embestida del toro de don Álvaro Domecq y además clavó en todo lo alto. Pero como el estoque quedó un poco delantero y el toro echó sangre por la boca, algunos espectadores en la plaza y algunos críticos en la prensa han dicho que el toro había sido degollado.

Craso error. Degollar al toro es "herirle en el cuello". No tiene nada que ver con la estocada de ayer. Y es que no siempre es indicio de golletazo o bajonazo (de mala estocada en suma) el hecho de que el toro derrrame sangre por la boca. Son cosas distintas.

Copio a Vicente Zabala en "La entraña del toreo"

"Los no entendidos suelen defraudarse y gritar que el toro está degollado, guiados por el vómito, que también se produce cuando la res muere de un golletazo, y en este caso, sí que ha sido degollado. La ejecución ha sido intencionada y el espada ha ido buscando los bajos. Por eso conviene que el aficionado repare antes de nada en la colocación de la espada pues la protesta puede ser injusta, despistado por la aparatosidad de la hemorragia del cornúpeta".

Hecho el inciso y la puntualización, volvamos a la Malagueta


Manuel Escribano 

Manuel Escribano derrocha simpatía en el ruedo. Además se fue a portagayola en sus dos toros (con ciertos aprietos en ambos), toreo muy bien de capote, se lució en banderillas (donde jugueteo con sus toros como siempre han hecho los matadores que han cogido los palos) y estuvo muy correcto y acertado con la muleta (manejó muy bien los tiempos y las distancias). Mato con presteza y precisión. Tuvo una gran tarde. Sobre todo en el primero, un gran toro de Torrestrella con clase y bravura. Un toro que a mí me gustó casi tanto como el segundo pues, pese a sus escasas fuerzas, tuvo mejor comportamiento en varas (aunque es cierto que no se le pegó).

Un par de Escribano en tablas. Exponiendo mucho.

En la muleta el torero sevillano optó por no forzar su embestida y llevarlo en línea, en muletazos, esos sí, de larguísimo trazo. Le dieron una merecida oreja. Su otro toro, se le paró y no hubo lucimiento posible.


Garrido

Pechó con el peor lote. Sobre todo el sexto que cogió y recogió con saña al banderillero José MaríaAmores a la salida de un par. Una varetazo en el pecho y una cornada grande en la pierna con varias trayectorías pero parece ser que limpias. 
Toro
Cogida de Amores. Tremenda pues el toro cogió y recogió al banderillero y le zarandeó todo cuanto y como quiso

Con ese toro, Garrido estuvo muy valiente y se la jugó. Igual que se la jugó sin cuento en el tercero. Un toro más exigente y desigual en sus embestidas y donde falló a espadas pero poniendo antes en el asador toda la carne posible. Toreó al natural con una verdad, una exposición y unas cercanías que solo se pueden ver en los toreros que empiezan y aprietan como él apretó. Tuvo mucha importancia su forma de torear. Valor sin cuento. Creo que el público lo vio y valoró.

Si con la muleta, Garrido puso verdad y se la jugó sin cuento, su toreo de capote a la verónica fue de cante grande. Muy grande.

Toro, torero y público

Como hemos dicho antes la emoción verdadera llega por el acople del toro, el torero y el público. Y en Málaga esa conjunción se produjo ayer varias veces a lo largo de la tarde. Hubo por tanto emoción verdadera en la plaza.

Ya solo nos falta que se acoplen también la Presidencia y el Director de la banda de música

Alcanzaríamos el Nirvana.


El albur de la concesión de los trofeos cuando no es competencia del respetable.


Fotografías: Santana de Yepes para Mundotoro