domingo, 31 de diciembre de 2017

Villancicos flamencos (XXVI) Uvitas negras y maduras

Por Jose Morente

Manolo Caracol

Hace unos años, compramos nuestras uvas de fin de año a dos uveros de excepción: Manolo Caracol y su hijo Enrique. Ha pasado el tiempo y es hora ya de comerlas y nada mejor para hacerlo que inspirarnos con la voz de aquel excepcional pregonero. Lo hacemos con un villancico gitano grabado por Caracol en 1965 para la casa Orfeón-Zafiro

Por cierto que la portada (puro kitsch) merece la pena. Caracol aparece sentado con su guitarra en una mano y meditando después de una noche de juerga (o eso pensamos). De fondo, un gigantesco cartel de toros, precisamente el de la feria de San Agustín de Linares de 1947. Lo que nos sirve para recordar de paso este fin de año a ese otro coloso (este del toreo) que se llamó Manuel Rodríguez Manolete.

¡Va por ustedes y por ellos dos! ¡Féliz año!





Nochevieja (Villancico gitano-1965)
Canta: Manolo Caracol

(Recitado)
El año viejo se va
y el nuevo viene naciendo
las doce para las doce 
a tres perrillas las vendo
---
(Cantado)
El racimo de las doce
te traiga la buena suerte
cada uvita es una estrella
que baja del cielo a verte

Ay, no me digas que no
porque no las tomas una por una
que tu carita es un sol
bañaito por la luna

Quiero que tus labios
serrana, las pruebe
no me la desprecies
boquita de nieve

El año se va
y vuelve en la vía
y tú me dirás (bis)
que mi uva te ha vuelto
loquita perdía

Uvitas negras y mauras (bis)
negra como mis pesares
negras como tu hermosura

El racimo de las doce
te traiga la buena suerte
para decirte el uvero
lo mucho que  a tí te quiere

Vamonos al ....  (bis)
y verás como suena 
la campanillita de la nochebuena

sábado, 30 de diciembre de 2017

Antes y después del Guerra

Por Antonio Luis Aguilera

Un quite de Guerrita la última tarde que toreó en Madrid

Caía la tarde del 11 de junio de 1899, cuando en la fonda de doña Gregoria Echezarreta, cuartel general de Rafael Guerra Bejarano y su cuadrilla en los desplazamientos a la Villa y Corte, al quitarse el traje de luces que lució por última vez en la capital de España, harto de la hostilidad del público, le dijo a su amigo José Bilbao: “Pepe, no toreo más en Madrid ni para beneficio del lucero del alba“. Era el anuncio de la retirada del torero más poderoso de su época, que durante su carrera había participado en doce corridas benéficas, siete de ellas en Madrid

Sobre la fonda de Gregoria Echezarreta se publicaba este artículo en el Ruedo el año 1944
La despedida tuvo lugar el 15 de octubre de ese año en Zaragoza, plaza donde el II Califa del toreo, vestido de gris plomo y oro, puso final a su impresionante paso por los ruedos estoqueando al toro Limón, colorado ojo de perdiz, de la ganadería de don Raimundo y don Jorge Díaz

No me voy, me echan", dijo con amargura a los suyos. Al conocer la noticia el historiador don Luis Carmena y Millán, envió al domicilio del torero en Córdoba el siguiente telegrama: "Mi enhorabuena y un abrazo; felicite a Dolores. Hoy empieza el reinado de los maletas".  

  
Transcripción del telegrama de Carmena en el libro "Guerrita. Su retirada del toreo-Opinión de la prensa, telegramas y cartas" (Córdoba, Imprenta de El Diario, 1899)

Lejos quedaba el 8 de septiembre de 1876, cuando contando trece años de edad Guerrita debutó en Andújar (Jaén), integrado en la Cuadrilla Juvenil Cordobesa fundada por Francisco Rodríguez Caniqui, comienzos en los que llegó a anunciarse como El Airoso y Llaverito

Una foto de un Guerrita muy joven en sus primeros tiempos. Con las banderillas en la mano.
Su extraordinaria torería pronto le facilitó la contratación como banderillero en las cuadrillas de Manuel Díaz Lavi, Manuel Molina, Valentín Martín, Manuel Fuentes Bocanegra, Fernando Gómez el Gallo y Rafael Molina Lagartijo, su paisano y maestro, que finalmente le otorgó la alternativa
Lagartijo en 1886. Ya se había incorporado el Guerra a su cuadrilla tras pasar por la de Fernando el Gallo
Estos fueron los inicios profesionales de uno de los espadas más grandiosos de la historia, de un coloso que, por saber, hasta supo irse a tiempo, en pleno esplendor, ejerciendo de rey del toreo, sin que nada le quedara por demostrar ante los toros. Precisamente fue ese inmenso magisterio, del que con legítimo orgullo presumió toda su vida, lo que no le perdonó el público de su tiempo, el “respetable”, al que ayer como hoy parece cansar la regularidad en el triunfo de las auténticas figuras del toreo. Pocos años antes de su muerte, Guerrita fue entrevistado por don José María Carretero, revistero cordobés nacido en Montilla, para El Libro de los Toreros (Ediciones Caballero Audaz. Madrid, 1947), al que declaró:  
“... Como la gente creía que yo era el amo del toreo, resultaba que de todo lo que pasaba en las plazas me hacían responsable a mí... Yo pensé que el tomarla conmigo obedecía a que al público le cansa tener que aplaudir siempre al mismo artista... A la gente le gusta encumbrar un torero y poderlo hundir cuando quiera, apenas le llame la atención otra novedad. Pero conmigo no les valía... Desde que tomé la alternativa no hicieron más que ponerme toreros enfrente e imaginar competencias... Con Lagartijo, al que yo quería y respetaba como a un maestro; con Mazzantini, con el Espartero, con Reverte, con Fuentes, con el Algabeño, con Emilio Bomba... Pero tuve suerte y amor propio y me mantuve siempre en mi puesto”.
Rafael Guerra Guerrita, último rey del toreo del siglo XIX, actuó como espada de alternativa durante trece años, sumando 892 corridas, 22 de ellas como único espada, estoqueando 2.339 toros y sufriendo 15 percances de consideración. Pero su figura no ha sido comprendida por quienes la analizan superficialmente, recreándose en anécdotas y sentencias, sin entender lo que verdaderamente representó en el toreo de su época y en el de nuestro tiempo. 

La Tauromaquia redactada bajo su dirección técnica, publicada en 1896 por Leopoldo Vázquez, Luis Gandullo y Leopoldo López de Sáa, revela que si hubo un diestro que intuyó el toreo del siglo XX, con otro toro que habría de tener mayor fijeza y bravura, ese fue el Guerra, al que tampoco comprendieron cuando sentenció: “Después de mí, naide, y después de naide, Fuentes”. Bien sabía el cordobés que el trono que dejaba vacante no tenía sucesor. No se equivocó, porque nadie lo ocuparía hasta tres lustros después, cuando Joselito, abrazando los preceptos de su Tauromaquia, la pusiera en valor para toda la torería andante. 
La Tauromaquia de Guerrita
 
No entendieron la historia quienes atribuyen a Juan Belmonte la paternidad del toreo moderno, porque en la instauración y desarrollo de ese toreo resultaron determinantes Guerrita y Joselito, a quienes con escaso rigor analítico algunos otorgan en el reparto un guión de actores secundarios

Mienten quienes afirman que Rafael Guerra y Gallito fueron poco más que dos lidiadores de inmenso poder que esquivaban con magistral destreza las embestidas. Fueron el faro que iluminó la oscuridad para que un trianero genial pudiera acortar las distancias y manifestar un temple excepcional que cambiaría el rumbo del toreo hacia una lidia más sosegada, de superior rango artístico, donde el juego de los brazos dominaría las embestidas destronando el protagonismo de las piernas. Porque para que Juan Belmonte pudiera ceñir el toreo y pararse con los toros para interpretar la verónica tan magistralmente fue necesario que Guerrita cambiara los preceptos de la antigua verónica, donde el diestro citaba de frente y levantando los brazos despedía la embestida, enseñando que con el cite de costado el torero juega indistintamente ambos miembros y articula el lance. Entonces le llamaron ventajista, pero gracias a esa “ventaja” el pase de la verónica recibió tratamiento de alteza en las manos de Belmonte y otros extraordinarios intérpretes como Chicuelo, Curro Puya, Cagancho, Rafael de Paula, Finito de Córdoba, Morante de la Puebla...

Sin la colocación de perfil (y sin el desemparejamiento de brazos) que propuso Guerrita para el toreo de capote no se puede entender la verónica moderna (En la imagen, verónica en la Edad de Plata. Concretamente de Curro Puya)
Más la Tauromaquia del Guerra no termina en el primer tercio de la lidia, sino que contempla la ligazón de los pases en el toreo de muleta, al preceptuar  el diestro que el pase regular (natural) se instrumentará estirando el brazo hacia atrás, describiendo con los vuelos de la muleta un cuarto de círculo, y no se rematará necesariamente con el de pecho, sino que se repetirá tantas veces como sea posible. Y Gallito aplicó esta técnica en su modelo de faena, toreando al natural sin despedir al toro, en línea recta, dejándole colocada la muleta al final del pase para invitarlo a ir hacia atrás y repetir la suerte por los terrenos de adentro. Fueron los primeros capítulos de un toreo nuevo, carente aún del reposo y perfeccionamiento que alcanzaría después, pero de una dimensión histórica definitiva, porque se trataba de la técnica que iba a permitir el toreo actual

Ha nacido una nueva forma de torear al natural: frente al lance corto y sesgado, el toreo en redondo propone un natural largo y mandón (En la fotografía, Joselito el Gallo en Madrid)
Guerrita fue un espada colosal que, como Joselito, vivió por y para el toreo. Fue tan portentoso que algunos historiadores, por largo y dominador de todas las suertes, consideran al II Califa de Córdoba como el torero más completo de la historia. 

Pepe Alameda, en su indispensable obra “Historia verdadera de la evolución del toreo” (Bibliófilos Taurinos. México D.F. 1985), enseñó que, para comprender la historia del toreo, es necesario hablar de antes y después del Guerra, por tratarse de la figura que establece la frontera entre el toreo de Lagartijo y Frascuelo, que en Guerrita alcanza la más alta cota de perfección, y el preceptuado en su Tauromaquia, que interpretado solidariamente por Joselito y Belmonte, y recreado artísticamente por la maravillosa ligazón de los pases de Manuel Jiménez Chicuelo, implanta definitivamente la regularidad de Manuel Rodríguez Manolete con su valerosa forma de obligar a los toros, para que llegue hasta nuestros días.

La herencia de Guerrita llega a nuestros días a través de Joselito el Gallo, Chicuelo y Manolete (Fotografía de la historia a color)
He aquí la historia de un nuevo modo de torear, el sistema que liga los pases en redondo, que no puede explicarse sin la profunda huella de Córdoba y Sevilla, ciudades determinantes en el curso del toreo. O sin Sevilla y Córdoba, las dos bañadas por el Guadalquivir, al-wadi al-Kabir, “el río grande”, cuyas riberas tanto saben de toros.

Plano del río Guadalquivir entre Córdoba y Sevilla... hasta el mar 

viernes, 29 de diciembre de 2017

Vamos a acordarnos de... Juan Talega

Por Jose Morente

Rancapino canta por soleares y se acuerda de Juan Talega
Anda el flamenco, siempre ha andado, entre tradición y vanguardia, viejo debate nunca resuelto en un arte que o es tradición o no es.

Por eso, porque el flamenco vive, tiene que vivir, de sus raíces, los flamencos cuando cantan, tocan o bailan se inspiran en sus ancestros, en aquellos otros profesionales o aficionados del cante, el toque o el baile que les puede servir de referencia. La frase es ya típica y tópica: ¡Vamos a acordarnos de ....! 

En el programa de la serie "Puro y Jondo" dedicado a Rancapino, Jesús Fernández Palacios le propone al de Chiclana el nombre de Juan Talega. La respuesta de Alonso no se hace esperar y aparte de mencionar la pureza de ese venerable patriarca del cante gitano, suelta una frase lapidaria:
"Todos los cantaores que existen en España, todos, a la hora de cantar por soleá, se tienen que acordar de Juan Talega".
Que es lo que hace Rancapino a la hora de cantar por soleares, acordarse del cantaor de Dos Hermanas, reliquia verdadera del cante gitano.

Los oímos...


lunes, 25 de diciembre de 2017

Villancicos flamencos (XXV) Polvorones y pestiños

Por Jose Morente


La Sallago en sus últimos años

Encarnación Marín "La Sallago
" nació en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) el 18 de enero de 1919. 

Se inició cantando por saetas pero tocó todos los palos. El flamenco que se cantaba -aunque no profesionalmente- en su familia (una familia dedicada a la pesca)  le sirvió para resolver una precaria situación económica. 

En Jerez con el mecenazgo de los Domecq arrancó su carrera que consolidó en Madrid y que estuvo ligada a los espectáculos folclóricos de los años cincuenta y sesenta.. Uno de sus tocaores habituales fue Isidro Sanlúcar, padre de Manolo Sanlúcar, quien le acompaña en estos deliciosos villancicos gitanos.

La Sallago, que también hizo pinitos como bailaora, falleció en Sanlúcar, el 16 de enero de 2015, a punto de cumplir 96 años de edad.




Villancico gitano (1956-RCA)
Canta: La Sallago
Guitarra: Isidro Sanlúcar

Pastora de Mariquilla
que llega la Nochebuena
que hay que poner a las penillas
ramito de yerbabuena

Ole, ole tiene por ojo dos soles
Ole, ole que tus ojitos alumbran igual que faroles

La noche se puso verde 
tan verde como laurel
y una ovejita se pierde
buscando al niño Manuel

Ole, ole, tiene por ojo dos soles
Ole, ole, tus ojitos alumbran igual que faroles

Polvorones y pestiños
llevarle por Dios llevarle
que esta noche nace el niño (bis)

Toitos le llevan al niño
que yo no tengo naita que llevar
no tengo na que llevar
yo le daré mi cariño
tan grande como el Portal

Ay, Virgen María
Ay, San José
escucha los cantes del niño Manuel (bis)




domingo, 17 de diciembre de 2017

Villancicos flamencos (XXIV) El Pinto otra vez

Por Jose Morente

Pastora y el Pinto

Un cantaor exquisito tapado tras el fulgor tremendo de la incomparable Niña. Un aficionado cabal enamorado de los cantes de Pastora y de Tomás, de su Tomás del alma. Un cantaor de enorme capacidad y de una solvencia cantaoras pocas veces elogiada como se merece y como pocas veces se ve. 

El Pinto ha sido mucho Pinto aunque, a veces, la popularidad, tapa las cosas más importantes. Entre otras, el derroche de buen gusto cantando.

Volver a recuperar este año otro villancico de Pepe Pinto, es un verdadero lujo y una magnífica manera de ir entrando en esta navidades fiestas. Disfrutémoslo como merece.



Una borreguita blanca
a la cuna se ha acercado (bis)
y con su hociquito negro
al niño Dios ha despertado

Y San José la acaricia
mientras el niño la contempla
y alegre la borreguita
junto a la cuna se sienta

Por la pierna del chiquillo
se va subiendo una hormiga
y alegre la borreguita 
la espanta con una espiga

Una palomita blanca
ya a la una se ha acercado
y con su pico de oro
sus manitas les ha besado (bis)

Todos les traen al niño
y yo ya no tengo que llevarle
le llevaré con cariño
lo mejor de mis cantares

Le cantaré con cariño
le cantaré a su madre
le cantaré toda la noche
hasta que la voz me falte

En el portal de Belén
un fuego han encendido
entre toditos los pastores
porque el niño tiene mucho frío

Todos les cantan y le bailan
y al compás de los panderos
y un ángel del cielo baja 
para coronar a este nuevo lucero


miércoles, 29 de noviembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXVI) Ronda

Por Aquilino Duque


Cráter de luna donde todo es luna,
era donde el trabajo es fiesta y rito,
rueda de la fortuna
petrificada contra el infinito,
esfera de reloj, cero absoluto,
que resume lo eterno en un minuto. 

Todo empezó a dar vueltas una tarde:
velador en lo oscuro, negra nube,
la pantera enjaulada del Botánico,
la columna que sube
al cielo soledad y el pánico
del caballo asombrado en el alarde
agrícola y marcial de la Maestranza. 

Trilla en que la pezuña, el casco, el viento,
el juego de la caña y de la lanza,
el lance alado y el pitón cruento
separaban el oro de la granza.
Era de oro, círculo amarillo.
Arena en que quedaba soterrado
el jurarnento de oro de un caudillo
por un señor perjuro desterrado. 

Oro que luego de Ultramar trajeron
dríadas de la Sierra de las Nieves
que en mástiles pinsapos convirtieron
para llevar hasta las tierras de oro
de Ultramar y en los términos más breves
el caballo, el aceite, el vino, el toro
y traer de lastre un mítico tesoro
para acuñarlo. en el troquel del ruedo.

Quien pisa ese oro no conoce el miedo:
ostensorio del sol, crisol de luna,
ojo de arena, pétrea corona,
pozo de sombra y luz, tambor del cielo,
fondo agostado de laguna
que atraviesa la tarde, de amazona,
terciado el marsellés de terciopelo. 

Lo que fue luna helada es sol ardiente,
y ante la media luna de una frente,
caliente el corazón y el pulso frío,
envuelto en luces, un valiente
la media luna encela
desplegando un cartel de desafío
de seda, de percal y de franela.

La peonía y el romero,
la orquídea, la romúlea, el tovisco,
el jaguarzo morisco
y el verbasco,
los diamantes que levanta el casco
del caballo en que viene caballero
con su luna a la grupa el bandolero.
Si esta luna va al sol, otra en la sombra
toma asiento del brazo de un maestrante.
Todos conocen pero nadie nombra
al pregonero que entra con su amante
y en torno al redondel giran, despacio,
la luna del algar, la del palacio. 

Se abre el portón de las cuadrillas,
tímpano roto y pétreas barreras.
Bajo el escudo y el balcón de herraje
se paran carruaje y carruaje:
faetones, calesas, jardineras
desbordantes de peinas y mantillas.
Se desdobla un estribo, crujen muelles,
en una rueda se enganchó una falda,
y en lo alto, en su palco rojigualda,
saludan los retratos de los reyes. 

Chupa de paño azul y vueltas rojas,
áureos galones y botonaduras,
los jinetes deshojan y monturas
un trébol inicial de cuatro hojas
en cuadrillas, parejas, carruseles,
la geometría de la contradanza,
aspas, elipses, ruedas y luneles ...

Así se adiestra contra los infieles
y los herejes la Real Maestranza.
Porfía del caballo y el olivo:
la paz, la guerra y una sola fiesta.
Cintas, coronas, ramos, alcancías,
el sombrero que baja hasta el estribo,
la banderilla que tremola enhiesta
y una paloma en las balconerías.

Lo perfecto en el mundo es lo redondo,
y es vertical lo grande, lo imponente.
Ronda, que tiende sobre lo más hondo
del tajo la osadía de su puente,
alzó frente al vacío y su amenaza
la perfección redonda de su plaza. 

¿Quién aprendió de quién? ¿La arquitectura
a imagen nació en Ronda del toreo?
¿O fue el toreo el que en la mesura
y en la severidad del coliseo
su genio desubriendo y su figura,
en arte mucho y en esfuerzo poco,
dio un quiebro grácil a la línea pura,
clásica gravedad a lo barroco?

El horror al vacío
y el horror a la informe muchedumbre
dieron a Ronda estilo y señorío,
y su centro de arena, cumbre a cumbre,
en círculos calizos, onda a onda,
sierra a sierra, se abrió en la lontananza,
ganando altura y gravedad, redonda
y rotunda y profunda la Maestranza,
plaza, corona y corazón de Ronda.

DUQUE, Aquilino. "Oda a la plaza de toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda" (Sevilla, 1995, Revista de Estudios Taurinos nº 2, págs.127-132) 


lunes, 20 de noviembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXVI) No toreeis jamás como Belmonte

Por Felipe Sassone
Juan Belmonte según Sebastián Miranda (publicado en Toros y toreros en 1916)
"Los intelectuales del arte, en general, los literatos que no sabían mucho de toros, los maestros de estética, Valle-Inclán y Pérez de Ayala, saludaban alborozados al prodigio de Triana. Precisamente porque no sabían de toros ni eran esclavos de un tecnicismo y de una escuela, les gustaba más aquello que se parecía menos al toreo. Y lo elogiaban sin hablar de toros; hablando de pintura, de literatura, hasta de teología. Hablaban de la transfiguración, y Valle-Inclán sacó a relucir el quietismo estético y espiritual de Miguel de Molinos. Los revisteros de toros a secas, que se pirraban por parecer literatos, seguían las huellas de los maestros que no sabían de toros, y descoyuntaban su prosa disparatándola de hipérboles. 

Joselito no tenía, en cambio, más panegíricos que los kikirikíes y los ¡ei carballeira! del gallego Pérez Lugín, que santa gloria haya y en eterna ociosidad permanezca para descanso suyo y de las letras castellanas. El público, todo hay que decirlo, se iba también con Belmonte. Claro, porque Belmonte era el débil y José el poderoso; Belmonte, víctima, torero que se entregaba, los hería en la cuerda sensible; cuando aplaudían a Juan tenían la sensación de conceder un premio al mérito; cuando aplaudían a José sufrían la humillación de pagar un tributo que se les arrebataba.

José era el conquistador; pero Belmonte era el héroe, y a nuestro público español, derrotista por temperamento, le molestaba la facilidad del vencedor seguro, y prefería las piernas de trapo de Belmonte a las piernas de acero de Gallito.

¿Y yo? ¿Qué pensaba yo, que sentía? Yo sabía torear; yo había aprendido a torear de una manera, y admiraba a Belmonte sin comprenderlo. ¿Me gustaba? Sí; me gustaba verlo torear; pero no aprobaba su toreo. Me gustaba lo imposible, y me asombraba y me divertía ver que pudiera hacer lo que yo pensaba que no se podía hacer. ¡Y no me convencía!

Yo tenía un espíritu de discípulo, y Joselito era el único profesor. Si yo hubiera tenido hijos con vocación de toreros, les dijera, mirad a Belmonte, admirad a Belmonte; pero no toreeis jamás como Belmonte."

SASSONE, Felipe. "Casta de toreros" (1ª ed., Madrid, Editorial Pueyo, 1934, págs. 77-78)