domingo, 15 de marzo de 2020

El picador Sevilla y el coronavirus del siglo XIX

Por Jose Morente


Retrato del picador Sevilla (Detalle de una lámina de La Lidia)

A principios del siglo XIX todavía los picadores mantenían un papel preponderante en la fiesta de los toros. Faltaba poco para que las cosas cambiasen y los primeros espadas cogiesen el relevo en el beneplácito del público pero todavía seguían anunciándose por delante en los carteles y se les respetaba el privilegio (que hoy mantienen) de llevar chaquetillas con golpes dorados.

Un ejemplo de esa importancia lo tenemos en esta curiosa anécdota del picador Francisco Sevilla que nos contaba Teófilo Gautier en una de sus cartas publicada en junio de 1842:
"Una señora española, huyendo de Madrid en ocasión en que el cólera hacía estragos, fué a Barcelona en la diligencia en que se encontraba Sevilla, que iba a la misma ciudad para una corrida anunciada con mucha anticipación. Durante el camino, la cortesía, la galantería, las atenciones de Sevilla no se desmintieron un solo instante. A las puertas de Barcelona, la Junta de Sanidad, necia como todas, anunció a los viajeros que tendrían que hacer una cuarentena de diez días, excepto Sevilla; su presencia era demasiado deseada para que las leyes sanitarias le fuesen aplicables; pero el generoso picador desechó enérgicamente aquella excepción, tan ventajosa para él,
-Si la señora y mis compañeros no son admitidos a libre plática -dijo resueltamente-, no picaré.
Entre el temor del contagio y el de perder una buena corrida, no había duda. La Junta cedió; hizo bien, porque si se hubiese obstinado, el pueblo hubiera quemado el lazareto con el personal dentro".
Plano del Lazareto de Barcelona. Ahí es donde iban a quedar recluidos los compañeros de viaje del picador Sevilla.

De la Carmen de Merimée y del picador Sevilla ya hablamos en su día en este blog pero la anécdota que ahora rescatamos se nos quedó en el tintero. Hoy, cuando una epidemia de coronavirus (el Covid-19) asola y vacía nuestras ciudades no está de más recordar esa epidemia de cólera (el coronavirus del siglo XIX) que asoló las ciudades españolas a lo largo y ancho del XIX.

La epidemia de cólera a la que se refiere el autor de Carmen fue el primer brote de esa enfermedad que hubo en España. El cólera surgió en la India en 1817 y, a España, la enfermedad llegó a principios de 1833 a través del puerto de Vigo. Ese primer brote (hubo cuatro más a lo largo del siglo y fallecieron en total unas 800.000 personas) duró en total un año, cinco meses y veintidós días, afectando a casi 300.000 personas, un tres por ciento de la población. La epidemia se propagaba debido a los viajeros, concretamente los pasajeros de los barcos. 

Las sucesivas pandemias que sufrió el país en el siglo XIX provocaron una grave recesión económica, así como una oportunidad de cambio profundo en la sanidad e higiene en España. La cosa no estuvo exenta de polémicas por las formas de combatir la enfermedad. Algunas de las medidas se fundamentaban en la creación de cordones sanitarios, las cuarentenas en los lazaretos, el aislamiento sectorizado de la población, la habilitación de hospitales. Se mejoraron las condiciones higiénicas de algunas ciudades pobladas, limpiando con más frecuencia las calles. En esta época del siglo XIX se consideraba a la enfermedad del cólera como una enfermedad epidémica, en absoluto contagiosa, y por lo tanto se pensaba que el mejor proceder era poseer una buena higiene para no adquirirla. Cabe mencionar que el terror causado en la población, debido a las muertes ocasionadas, fue motivo de revueltas populares e inestabilidad social.

El casco antiguo de Barcelona. Un casco sobredensificado por la revolución industrial. Insalubridad, hacinamiento y alta mortalidad.
Salvo lo último, algo como vemos muy parecido a lo que está ocurriendo en nuestros días. Por desgracia. 

El efecto sobre la economía se sintió en décadas posteriores. Y es que, tras cada brote, los campos se abandonaban e iban seguidos de periodos de carestía que afectaban a grandes grupos de población. Un gran porcentaje de la población se desplazó, y dejó sus negocios abandonados y las ciudades despobladas. Eso si, la solución a las epidemias vino tanto de la higiene personal como de las reformas urbanísticas. El XIX es el siglo de las grandes vías, apertura de nuevos viales para conseguir que la luz, el aire y el sol entrasen en nuestras viejas ciudades medievales.

La Gran Vía de Granada. La solución urbanística del siglo XIX para "higienizar" nuestras viejas ciudades.

domingo, 23 de febrero de 2020

Un quite de la Macarena

Por Jose Morente


La Macarena con las mariquillas que le regaló Joselito (ABC)

Un medalla abollada

El 17 de agosto de 1913, un toro de Saltillo en San Sebastián, le destrozaba la pechera a José de un certero pitonazo, en una tarde en la que el diestro de Gelves alternaba con Ricardo Torres Bombita y Rodolfo Gaona

La cosa no fue a mayores porque una medalla de la Macarena que Joselito llevaba al pecho le evitó una cornada que pudo costarle la vida. Lo contaba el revistero Divisa, en la revista Palmas y Pitos:

Parte de la reseña de la corrida del 17 de agosto de 1913 en San Sebastián (Publicado en el número de Palmas y Pitos del día 1 de septiembre)
Recorte de la fotografía publicada en el Blanco y Negro del día 24 de agosto de 1913 (La imagen está obtenida de un artículo del magnífico blog "A contramano y contraquerencia" de Gloria Sánchez Grandes)

Joselito con el Caballero Audaz

La anécdota la relataba también el propio Joselito. En una entrevista que le hizo el Caballero Audaz, el de Gelves le hablaba de esa medalla de la Macarena, abollada por el pitonazo del toro de Saltillo en San Sebastián.
"—¿Es usted religioso? —Sí, señor. Sin ser beato, creo en Dios con todas las veras de mi alma, y, sobre todo, tengo una fe ciega en la Virgen de la Esperanza.
Al decir esto, metióse una mano en el pecho y sacó un manojo de medallas. Primero que nada, las besó.
¿Ve usted? — me dijo después mostrándome una de ellas casi doblada y medio suelta del arete de brillantes—. Esta Virgen de la Esperanza la llevaba puesta una tarde que el toro me echó mano en San Sebastián. Está doblada de la cornada que me dió el bicho, y que si no se pone por medio la medalla, me parte el corazón... No la he puesto derecha, porque para mí es así una reliquia.
Besó las medallas otra vez, una á una, con unción religiosa, y volvió á guardarlas en su pecho."

Joselito conversa con el Caballero Audaz
Las mariquillas de la Macarena

Ese invierno, Joselito agradecido a "su" Virgen, trajo de su viaje a París, otra joya de la que pocos imaginaban la importancia que llegaría a tener. Se trataba de cinco broches, cinco pétalos de cristal de roca francés de color verde: las famosas mariquillas de la Macarena.

Como explican en la web de la Cofradía:
"El torero nacido en el municipio sevillano de Gelves, en unas de sus frecuentes visitas a la ciudad de la luz, visitó una joyería de enjundia para comprar cinco piezas art decó que, tras aterrizar en la capital de Andalucía, regalaría a la Virgen de la que era fiel devoto.
Fue Juan Manual Rodríguez Ojeda, factótum de la Hermandad de la Macarena, quien se las coloca a la Virgen poco antes de la imposición de la corona de oro anteriormente mencionada. Desde ese mismo momento, las mariquillas pasan a convertirse en uno de los elementos distintivos de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena.
Al tiempo, se desconoce en qué momento exactamente, las mariquillas comienzan a contar con una muelles que le otorgan un cierto movimiento cuando la Virgen sale en procesión bajo palio la madrugada del Viernes Santo. Un vaivén muy característico de las mariquillas de la Virgen de la Macarena que en poco tiempo los sevillanos tomaron como propio en la imagen, pues parecía incluso que le daba vida"
La Macarena en 1912, cuando todavía no lucía las mariquillas que le regaló Joselito.

Nuevo pitonazo en el pecho.

Hace tiempo, recordábamos en este blog una gran faena de Joselito en Sevilla: La del toro Palilloso de Gregorio Campos, la tarde del 22 de abril del año 14. La escueta reseña que daba ABC de esa lidia, decía lo siguiente:


Lo interesante es que esa corrida está filmada. Y, más, concretamente que, de la lidia de ese toro, pudimos reconstruir la faena de muleta de José, completa o casi, a base de fragmentos de distintas fuentes. Están ahí, en esas imágenes, tanto los tres naturales en redondo "superiores", como los demoledores pases por alto y, especialmente, esa segunda estocada citando a recibir y metiendo el pie, en la que el espada recibe un palotazo en el pecho. 

Joselito encorajinado se revuelve y desplanta (¡Dejadme solo!, parece decir), hasta que el toro cae y resuenan los aplausos, se agitan los pañuelos y el diestro saluda agradecido y reverencial al público sevillano, mientras a lo lejos, en la puerta de toriles, se adivina ya la salida del siguiente toro.

Pero lo sorprendente es que ese palotazo en el pecho, como dijimos aunque de pasada en la anterior entrada, lo detuvo en seco -otra vez- la misma medalla de la Virgen Macarena que ya venía abollada por el anterior pitonazo de San Sebastián.

El asunto tuvo mucha difusión por Sevilla, tanta que, hasta el deslenguado, antitaurino y descreído Eugenio Noel se hacía eco, en el semanario el Chispero, de su dirección, de esa sorprendente coincidencia.


Cabecera de "El Chispero-Semanario Antiflamenquista" dirigido por Eugenio Noel.
Decía Eugenio Noel, en ese número del Chispero, comentando la noticia aparecida en una revista religiosa:
"Tomamos del Iris de Paz, órgano oficial del Comité Ejecutivo de la Obra de la Buena Prensa, estos datos que causan náuseas, pues parecen indicar que la madre de Jesús se preocupa de los toreros, como si desde el cielo presenciara las corridas. Es para rugir de indignación ver cosas como estas en un periódico católico 
Pero eso de rugir ¡es de tan mal gusto en el país de los sapos!... Leed, hermanos, y santifícaos: 
 «Entre la gente taurina, y especialmente entre los admiradores sevillanos de Joselito Gómez, se comenta muchísimo el nuevo milagro de la Virgen en favor del diestro. Lo refiere el mismo Gallito  Chico, atribuyendo el estar ileso a una medalla de oro, orlada de brillantes, de la Virgen de la Esperanza, que jamás se quita del pecho. 
La medalla ha librado al diestro de dos graves cornadas: una en la Plaza de San Sebastián, y otra en la de Sevilla. En la primera fué aparatosamente cogido por el pecho al dar un pase de muleta, no haciéndole ningún daño, pero la medalla quedó doblada, desengastándosele casi todos los brillantes. En la última corrida de feria de Sevilla, Joselito entró a matar a su primer toro recibiendo, sufriendo un fuerte palotazo en el pecho, a consecuencia del cual quedó con la chaquetilla y la camisa destrozadas. Cuando llegó a su casa y se desnudó el traje de luces, vio el torero que el pitón del toro había tropezado con la medalla, haciendo desaparecer la dobladura y perdiendo los brillantes que le quedaban» 
 Lo que estamos perdiendo todos es la chaveta, meollo—vulgo calabaza—y la sindéresis o arte de darse cuenta".

El quite doble de la Macarena

Eso de que estamos perdiendo la sindéresis tiene su guasa, pero lo cierto es que, ese quite que la Virgen Macarena le hizo al llorado Joselito, en San Sebastián y Sevilla, le salvó la vida al diestro de la Alameda y por partida doble.

Luego en Talavera, ya no habría salvación posible...

Joselito paseando. 
Tras los dos pitonazos, Joselito pudo -gracias a la Macarena- seguir paseando por su Alameda.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Descubriendo a Reverte

Por Jose Morente

Antonio Reverte saltando a la salida de un quite
La dinastía de los Gallos, la inauguró José  Gómez García, tío de Joselito el Gallo y hermano, por tanto del señor Fernando el Gallo.

José Gómez, fue banderillero de la cuadrilla de Lagartijo. Un buen banderillero, pues en caso contrario no se explicaría que estuviera 18 años a las órdenes del Califa cordobés. El caso es que el apelativo, que luego hizo escuela (nunca mejor dicho), se lo pusieron por unos saltos muy característicos que daba al banderillear. Parece "un gallito cuando clava", decían los aficionados de la época.

El tío de Joselito. El primero de la dinastía. El torero que saltaba al poner banderillas. Igual que unos años después lo haría Reverte.

Un salto parecido es el que da, en la fotografía que nos sirve de entrada, un torero carismático, mediático diríamos ahora, Antonio Reverte. Un diestro nacido en Alcalá del Río, en 1868, que hizo furor en su época, la última década del siglo XIX. Todo el mundo lo admiraba y todo el mundo lo imitaba. La gente vestía a lo Reverte, se peinaba a lo Reverte y gesticulaba a lo Reverte. Su nombre estaba en boca de todos. El público idolatraba a Reverte. Un torero valiente a carta cabal que sufrió demasiadas cornadas, aunque volvía a los ruedos tras cada una de ellas con más ímpetu si cabe que antes.

De Reverte conocemos su fama y sus fotografías. La revista ilustrada Sol y Sombra está llena de esas viejas fotografías donde aparece un Reverte toreando toros imposibles, citando con la muleta plegada, arrodillado de espaldas al toro, haciendo el quite del teléfono del que fue precursor, cogido en Bayona por el toro que le destrozó la pierna. 

Pero también fotografías de un Reverte de paisano, ora disfrazado de moro con su cuadrilla en la Alhambra, ora posando de paisano ora conduciendo su coche a la terrorífica velocidad de 30 km/hora, acompañado de Braulio Pizarro el empresario de Badajoz. 

Fotografías de Reverte en el ruedo y fuera de los ruedos. Siempre Reverte.

Reverte y su cuadrilla en la Alhambra. Corría el año de 1898
De Reverte conocíamos sus fotografías pero no teníamos películas suyas toreando o eso pensábamos. Si acaso haciendo el paseíllo, pero de soslayo o refilón tapado por el caballo de un alguacilillo. 

Sin embargo si que existe un documento fílmico de Reverte toreando. Se trata de una película de la casa Lumiére. Lo que tiene bastante lógica pues Reverte, cosmopolita, estuvo en París donde parece que trabó amistad con los inventores del cinematógrafo, Augusto y Luis.


Quizás por esa amistad, el 8 de mayo de 1898 un operador de los Hermanos Lumiére se desplazaba a la plaza de Nimes, en un mano a mano de Reverte con don Luis Mazzantini, los dos más decididos opositores al no-sorteo de Guerrita, para filmar varios rollos de película. Uno de ellos, era el paseíllo antes citado. En otro, llamado "los picadores" se ve tras una vara y una larga cordobesa, un diestro que entra al quite por la derecha de la cámara y cita al toro con el capote al brazo. Le hace el quiebro con el capote y sale ufano y feliz del lance, avanzando hacia la barrera y dando un saltito característico que transmite alegría por el éxito. Un salto que no le haría mucha gracia a los aficionados rigoristas de entonces. Allá ellos.

El diestro que aparece en esa cinta, el diestro que hace el quite capote al brazo, es (de eso no tengo ninguna duda) Antonio Reverte, el torero de leyenda.








Antonio Reverte hace un quite capote al brazo en Nimes (Fotogramas extraídos de una cinta de los hermanos Lumiére)

El salto tiene mucho ángel pero el quite capote al brazo que da Antonio Reverte vale un potosí y poder verlo en película (han pasado más de 120 años) mucho más.

¡Viva Reverte!

Reverte capote al brazo

Datos técnicos de la película (Catálogo Lumiére):
Título: Picadors
Nº 864 (catálogo Lumiére)
Operador: Desconocido
Fecha: 8 mayo 1898
Lugar: Francia, Nimes, arenas
Proyecciones: Programada el 15 de mayo de 1898 en Lyon bajo el título "Corridas de toros en Nimes. Núm. 2 Picadores" (Lyon républicain, 15 de mayo de 1898)
Técnica: 2 cámaras
Elementos: Negativo Lumiére





domingo, 8 de septiembre de 2019

¡Me han dicho que el amarillo!

Por Manolo Santander


Manolo Santander. Chirigotero. De Cádiz. Del Cádiz

NOTA de LRI:
Hace muy pocos días vencido por el cáncer ha muerto Manolo Santander. Chirigotero y viñero de pro, creó casi sin quererlo el que se convirtió con el paso del tiempo en el auténtico himno del Cádiz: "Me han dicho que el amarillo"... Era por 1998 y su chirigota se presentaba al concurso con el nombre de La familia Pepperoni. El propio Manolo contaba al Diario de Cádiz, años después, como fue todo aquello y lo que le siguió.

"Lo pensé en el mismo estadio, un domingo después de un encuentro. El Cádiz dio un partido malísimo, de los suyos de aquella época en Segunda B, y me vino a la mente que la afición, aunque entonces íbamos pocos, tenía dos cojones por aguantar aquello. Anteriormente ya le había escrito algunas letras al Cádiz con otras chirigotas, pero hay gente que le escribe todos los años a la Caleta. ¿Por qué no iba a repetir yo? Además, me daba coraje que todo lo que se escribía en Carnaval sobre el Cádiz era para cachondearse de él, pasándose a veces con nuestro equipo. 
Antes de escucharlo ellos se lo canté a un compañero de trabajo en el rato del bocadillo del turno de tarde. Me dijo que era buenísimo y yo más que contento. Pero esa misma noche lo llevé al ensayo y cuando lo canté las caras fueron como de que no. Total, que pese a que no les convenció se metió ese pasodoble porque no había otro que meter; en caso contrario, hubiera ido a la papelera. Mi gente le tenía tan poca fe que decidimos cantarlo en preselección para salir de él cuanto antes, como se hace con el chopped pork. Cuando lo cantamos, los espectadores ni sí ni no y el jurado lo puntuó horrible. Fue el menos puntuado de todos los pasodobles de las chirigotas que en teoría partían como candidatas a llegar a la final. Total, que pasamos a las semifinales en la 16ª posición, casi por los pelos. Pero a mí me escamó que mucha gente se me acercara por la calle para felicitarme por el pasodoble del Cádiz. Lo mismo les pasó a los demás de la chirigota y fueron tirando la toalla a la hora de criticarlo. Entramos en la final de milagro y van los cabrones y me dicen que quieren cantar en ella ese pasodoble. Estuve de acuerdo porque yo notaba que tenía algo y que iba a enganchar, y no es que yo sea más listo que nadie. 
Lo cantamos y la reacción del público ya no fue la misma. Nos dedicó una ovación atronadora y escuchamos mucho oles. Como cantamos temprano, en el pasacalles de regreso la gente salía a los balcones para aplaudirnos y algunos hasta gritaban ¡viva el Cádiz!. 
Durante la semana de Carnaval y en las actuaciones a lo largo del año nos lo pedían continuamente, tanto dentro como fuera de la provincia. Creo que en muchos pueblos se veían identificados con lo de los equipos modestos que nunca van a ser campeones. Por cierto, en 1999 volví a escribirle al Cádiz con El Séptimo de Caballería, pero la gente seguía pidiendo el del año anterior porque era su preferido. 
[En el año 2000] Pasó lo que pasó en el Falla. Cantamos un nuevo pasodoble agradeciendo que en el Carranza se hubiera empezado a escuchar a menudo el "Me han dicho que el amarillo"... Nada más terminarlo nosotros, todo el público se puso a cantar el de La familia Pepperoni y decidimos sumarnos. Pues hubo compañeros, lo de compañeros entre comillas, que nos denunciaron ante el jurado por cantar tres pasodobles. Quitando los asuntos familiares, ese fue el mejor momento de mi vida. Sobre el escenario no nos creíamos lo que estaba pasando, estábamos llorando desde el primero al último. Hicimos hasta un charco. Es de largo el momento más emotivo que he vivido en el Carnaval. 
A partir de ahí, la historia ya tomó el cuerpo que sigue teniendo ahora mismo. Me llamaron de toda España, de todos los programas deportivos de radio y televisión. Supongo que todo se debió a que se trataba de algo especial porque era un himno impuesto por el pueblo, por una afición. Y eso que existía un himno oficial, pero la gente se volcó con el nuestro".
Declaraciones de MANOLO SANTANDER a W. Doña para el Diario de Cádiz, 17 Marzo de 2017

Y como no podía ser de otra forma, aquí está la grabación de esa emocionante semifinal donde todo el Falla se puso a cantar "Me han dicho que el amarillo" (Ver desde el minuto 11:18)



¡Benditos sean los que, como Manolo Santander, nos han llenado siempre de esperanza!

sábado, 7 de septiembre de 2019

A Vicente Pastor también lo retiró Joselito

Por Jose Morente

Vicente Pastor en un pase de pecho (Fotografía publicada en el Ruedo en 1945)

Es cosa sabida, y ya lo contamos por aquí, que Joselito era una tijera de cortar coletas. Por su empeño se retiró Bombita y, de rebote, también se retiró Machaquito.


La retirada de Bombita y Machaquito en la revista Blanco y Negro del 26 de octubre de 1913.
Lo que casi nadie sabe es que Vicente Pastor "el Chico de la Blusa" también se retiró por culpa del diestro de Gelves. O eso, al menos, es lo que decía el propio torero. Recordemos esa historia contada por Vicente a un periodista, el Caballero Audaz.
"Un buen día, precisamente después de un gran triunfo en Madrid, Vicente Pastor llegó a su casa y le dijo a su apoderado, el simpático Gallardo:
-No me firme usted más corridas y ponga un telegrama a las Empresas con las que tengo compromiso anunciándoles que no toreo más.
-Pero eso es una locura y precisamente hoy que ha tenido usted un éxito enorme, ¡que le ha dado un baño a Joselito!
-Pues por eso -dijo Vicente-. Solo yo sé lo que me ha costao poderle esta tarde a José... Y como yo ya no estoy en edad ni me encuentro con fuerzas para hacer todos los día lo que hoy, y el no hacerlo sería quedar en ridículo, no vuelvo a coger un capote ni una muleta en todo lo que me resta de vida."
(1)
Vicente Pastor se cortó la coleta el 23 de mayo de 1918, después de una gran tarde en la plaza de Madrid, en efecto, pero esa tarde no había toreado con Joselito

Pasquín del cartel de abono de 1918. En el cartel figura Belmonte -que no toreó esa temporada- y Joselito, pero no Vicente Pastor quien no entró en el abono de ese año, aunque si lo hizo en Madrid en la corrida del Montepio que fue la de su retirada..

De hecho, Pastor no toreaba con José desde la temporada anterior. La última corrida en la que coincidieron fue en Málaga, el 31 de agosto de 1917, un año antes ¿Entonces, porqué ese comentario del "baño" a Joselito?

La respuesta (si es que la hay) puede que esté en la Prensa. Por ejemplo, en el número 1.139 de la revista Sol y Sombra, donde se reseñan las corridas madrileñas del mes de mayo de 1918. Joselito toreó en Madrid ese mes y Pastor también, pero no coincidieron: José lo hizo los días 15, 16 y 17 y Pastor, una semana después, el 23 en la corrida del Montepio, sustituyendo a José que había sido cogido en Zaragoza el día 19, toreando toros de Santa Coloma, uno de los cuales le había fracturado el hueso metacarpio de la mano derecha.

En Madrid, Joselito  había estado más que sensacional una de sus tardes (de "éxito resonante de Joselito en Madrid" hablaba el Sol y Sombra). Fue el día 16 de mayo cuando, tras ser cogido por un toro de Gamero Cívico, se "excedió" toreando. Lo contaba Corrochano con su magnífico estilo:
"Pues otra tarde, que le cogió un toro de Gamero Cívico en el último quite, cuando le sacaron como se saca a un picador debajo de un caballo, porque el toro no abandonaba su presa, como en aquel momento tocaron a banderillas, corrió a coger banderillas sin mirarse el traje roto, con el pelo alborotado, con nerviosidad, con rabia, con eso que en el deporte llaman furia española; puso tres pares hasta con desorden-lo que mantuvo la emoción al rojo- él que banderilleando era todo método, sin cuidarse si el toro estaba en un terreno o en otro, sin otra preocupación que ir al toro, sin intervención de nadie de su cuadrilla a los que metió entre barreras. Primero puso un gran par; luego medio porque en la precipitación se le cayó un palo, cosa rara en él; cogió otro par y el palo caído y colocó las tres banderillas de manera soberbia. Y sin hacer caso de las ovaciones, salió corriendo hacia la barrera, cogió la espada y la muleta, se fué en busca del toro que andaba allá por los terrenos del 3. Y nada de "tráelo aquí", "ábrele un poco", "ciérrale". Nada de preámbulos. ¿Dónde está el toro? ¿Allí? Pues allí.
La plaza ardía de entusiasmo. La gente que se puso en pie durante la angustiosa cogida, porque no podían hacerle el quite, ya no tuvo tiempo de sentarse. Salió Gallito de rodillas; el toro escarbó y dudó; avanzó desafiando más el torero; no era tarde para desistir. Se arrancó el toro veloz, lento, imponente. Joselito le aguantó un pase por alto en el que expuso más que cuando le cogió. El toro le pasó tan ceñido, que el pase resultó con el pico de dentro de la muleta. Se levantó y dió un estupendo pase natural y ya toda la faena fue de un valor extraordinario, una lucha a muerte de un hombre con un toro, provocada por el hombre que, sin dar tregua al toro, le buscaba, se le iba encima acosándole, metiéndose en su terreno, no dejándole respirar. Y todo a base de pases naturales a cual más valientes y emocionantes, a cual más completos, largos y bien rematados. Faena donde el buen estilo y el valor iban tan unidos que que es una de las faenas más impresionantes que recuerdo. No bien acabado de cuadrar, entró Gallito, con el mismo coraje que no le abandonó en toda la lidia de este toro, dió una estocada y descabelló. Ni muerto el toro acabó la emoción. El público, todo el público sin distinción de partidos, gritó entusiasmado por descongestionarse un poco. Se le concedió la oreja y ya iba mediada la lidia del otro toro y aún le aplaudían." (2)
Lo he copiado entero porque realmente la faena y el texto merecen la pena (3). Veamos ahora algunas imágenes de la lidia de ese toro.


La cogida de Joselito en el quite a su toro (Fotografía de Sol y Sombra)

"Y colocó las tres banderillas de manera soberbia" (Fotografía de Mundo Gráfico)

Joselito empezó la faena de rodillas (Fotografía de Sol y Sombra)
"Y todo a base de pases naturales a cual más valientes y emocionantes" (Fotografía de Mundo Gráfico)
El caso es que José estuvo muy, muy bien. Tan valiente estuvo que la Lidia lo nombró catedrático de "vergüenza torera". Vicente que escuchó palmas unos días más tarde cuando mató a su último toro, el de la despedida, no pudo alcanzar las cotas de "Maravilla(4).


La tarde del Montepio, el que realmente estuvo bien fue Saleri que abrió la Puerta Grande tras cortar la oreja del sexto, toro que había brindado a Vicente Pastor y al que regaló el apéndice (Fotografía de Sol y Sombra).


Leyendo la prensa no parece, ni mucho menos, que Pastor estuviera por encima de Joselito ni, por tanto, que le diera ningún baño, ni siquiera en diferido pues no coincidieron, pero no estuvo mal ese día de su despedida (aunque tuvo que hacer un último esfuerzo con un manso) y no estar mal le debió parecer todo un éxito al torero de Embajadores. Máxime cuando ya andaba con pocas facultades desde la cogida de Madrid del año 16. 

Sin alternar con José y sin ganarle la partida, Pastor llevaba a Joselito metido en la cabeza y a Joselito achacaba su retirada en su entrevista con el Caballero Audaz.

 La retirada de Pastor en Mundo Gráfico (Fuente: BNE).

Lo cierto es que Joselito andaba intratable ese año, en el que lo tocó llevar todo el peso del toreo por la ausencia de BelmonteDon Ventura analizó así esa temporada del diestro de Gelves.

"Con veintitrés años de edad y seis de espada de alternativa, parece haber llegado a la estación del logro y de la madurez, y, sin embargo, nadie sabe hasta dónde puede ir este torero verdaderamente fenomenal.
No es posible en manera alguna estar más cerca de los toros de lo que él está; no es posible dominar más a los cornúpetos, sean grandes o chicos, duros o blandos, tuertos o derechos; no es posible arrimarse más, ni hacerle más cosas al toro, todas ellas de torero grande, de torero inconmensurable y consciente de lo que realiza." (3)
Portada del anuario de Don Ventura de 1918. Lo curioso es que precisamente falta el que partió el bacalao ese año (Fuente: BDCyL).
Un comentario de Vicente Pastor al hilo de su retirada, nos ha llevado a una de las tardes más importantes de Joselito en Madrid. Está claro que el de Gelves tenía, visto lo dicho por Pastor, obsesionado a todo el escalafón ¡Era mucho torero Gallito!

¡Maldito Bailaor!

Joselito con el capote, el 16 de mayo de 1918, en un exquisito delantal. El día en el que, para el público, afloró la valentía del más poderoso (Fotografía de Sol y Sombra)

NOTAS:
(1) CABALLERO AUDAZ, El libro de los toreros-De Joselito a Manolete (1ª ed., Madrid, Ediciones Caballero Audaz, 1947. Pág. 141)
(2) CORROCHANO, Gregorio. "¿Qué es torear?-Introducción a la tauromaquia de Joselito (1ª ed., Madrid, 1953. Págs. 186 y 187)
(3) Aunque la reseña de Corrochano es magnífica, tengo que hacer una pequeña precisión. Dice el revistero de ABC que "Se levantó y dió un estupendo pase natural y ya toda la faena fue de un valor extraordinario, (...) todo a base de pases naturales a cual más valientes y emocionante..." En realidad, Joselito tras el pase de rodillas, que fue un pase de pecho, siguió con sus clásicos y habituales tres naturales ligados: el toreo en redondo.
(4) DON VENTURA, Toros y toreros en 1918 (1ª. ed., Madrid, 1918. Pág. 109)

lunes, 2 de septiembre de 2019

¡Qué poco clásico era el toreo clásico!

Por Jose Morente


Bicheando por Internet, me encuentro en la Biblioteca Digital Taurina de Castilla-León, una Tauromaquia decimonona escrita por un tal Juan Corrales Mateos (1) . En el fondo, no es más que un refrito de las dos tauromaquias primeras: la de Hillo en 1796 y la de Montes en 1836. Pero lo importante o lo curioso es que mucho de lo que ahí se dice es lo contrario de lo que sostienen hoy como dogma los aficionados más exigentes de nuestros días. 

En realidad, la cosa tendría su explicación pues al haber transcurrido tantos años parece lógico pensar que el toreo ha tenido que cambiar bastante, pero no es eso, pues lo que sostienen esos aficionados es que los clichés que ellos defienden responden a unas supuestas leyes inmutables del toreo, los cánones, que -afirman- siempre han tenido validez absoluta. 

El toreo moderno sería una especie de perversión de esas normas clásicas ("destoreo" le llaman algunos "entendidos"). Pero no es verdad. El toreo actual es evolución y no perversión.

Al contrario, cuando leemos las normas clásicas -como esta Tauromaquia completa de Juan Corrales- sorprende la coincidencia con lo que allí se dice, de muchas de las cosas que hoy hacen en los ruedos los toreros modernos . Lo contrario de lo que proponen los "entendidos" del tendido. 

Veamos solo un par de ejemplos. Veamos lo que dicen los aficionados de ahora que es lo clásico y veamos lo que de verdad era clásico, a la vista de lo que pensaban y decían los autores clásicos:

Primer ejemplo. Hay que cargar la suerte, echando la pata adelante, tras la arrancada del toro, no antes.
Es falso. Juan Corrales, por ejemplo, para el pase de pecho dice "Se le cita, se deja venir por su terreno sin mover los pies...". Sin mover los pies, repito, que es lo contrario que mover los pies tras la arrancada. 
Segundo ejemplo. Tras el muletazo, no se pueden perder pasos.
Falso también. No es un precepto clásico sino todo lo contrario. En el pase de pecho, Corrales aconseja que, con los toros revoltosos y de sentido: "se debe levantar el engaño y dar algunos pasos de espaldas al rematar la suerte, á fin de quedar bien puesto para la segunda".
Resulta que clásico de verdad es lo que ahora dicen que no lo es. Para pensárselo dos veces antes de invocar el clasicismo, digo yo.
"Los toros Españoles o Tauromaquia completa" incluyen 12 litografías que llama inéditas. Esta de un "pase de muleta" (pase natural por alto) es muy interesante pues el diestro retrasa -que no adelanta- la pierna de salida tal y como aconsejaba 40 años después F. Bleu y tal y como se hace hoy día: esa pierna escondida que tanto molesta a los ortodoxos del Sanedrín taurino.

Postdata para aficionados clasicistas:
Mantengan sus viejos tópicos ya que tanto les divierten y entusiasman pero, por favor, no nos digan que son clásicos. No lo son. No se equivoquen. No nos equivoquen.



(1) Corrales Mateos, Juan (1856): "Los toros españoles y tauromaquia completa" (Ed. facsímil, Madrid, 2010, Ayuntamiento de Madrid).


sábado, 31 de agosto de 2019

A los toros (NO) hay que ir dispuesto a sufrir (Parafraseando a Joaquín Vidal)

Por Jose Morente
Valencia feria de julio de 1917. Señoritas en barrera.

"Aquello de que a los toros hay que ir a sufrir es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a emocionarse y divertirse; provisto de buen talante para comprobar la bravura y nobleza de las reses, las dificultades de la lidia, el mérito y valor de los lidiadores, la calidad a veces soterrada y no evidente de los lances… Y todo esto, el aficionado conspicuo lo comprenderá y valorará con la inteligencia que le caracteriza y, se cumpla o no, celebrará cabalmente gozoso el milagro que supone el toreo, e, incluso, puede que entre en trance y crea que ha vuelto a su más tierna infancia

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El texto original de Joaquín Vidal que hemos corregido decía:
"Aquello de que a los toros hay que ir a divertirse es una falsedad. A los toros hay que ir dispuesto a sufrir; provisto de lupa para comprobar la casta y fortaleza de las reses, la integridad de sus astas, el discurrir de la lidia, el mérito de los lidiadores, la calidad de los lances… Y si algo de todo esto falta, el aficionado conspicuo lo exigirá con la vehemencia que sea del caso; y si se cumple cabalmente, lo celebrará gozoso, e, incluso, puede que entre en trance y crea que se le ha aparecido la Virgen”

Espectadores sufriendo en los toros. Con o sin motivo, eso da igual. El caso es sufrir.