miércoles, 27 de mayo de 2015

Cuaderno de notas (LIII) Hace 121 años un miura mató al Espartero


Cogida mortal del Espartero por el toro Perdigón de Miura (Madrid 27 de mayo de 1894. Fotografía publicada en Pan y Toros en mayo de 1897)
“Al Espartero le cogieron los toros siguientes: Veleto, Novillero, Grullito, Arriero, Morito, Tintoreto, Jaqueta, Avellano, Zapatero, Monacillo, Castillejo, Veneno, Volandero, Tortolillo, Finito, Montefrío, Cacheta, Montenegro, Lobito, Perchero, Cristalino, Boticario, Flor de Jara, León, Conejito, Abutardo, Aguardientero, Bienvenido, Carnicero, Gitanito, Castañito, Cocinero, Curioso, Corsario, Flamenco, Carlanco, Melero, Buscón, Saltador, Provinciano, Beato, Artillero, Morito, Vizcaino, Sevillano, Asesino, Galguito, Galeote, Abutardo, Avellanito, Albondiguito, Gatito, Jardinero, Salinero, Relojero, Navarro, Verdugo, Sanguijelo, Fandanguero, Herrador, Paquete, Gordito, Rumboso, Palillero, Tesonero, Peluquero, Milagroso, Jardinero, Tesorero, Panadero y Perdigón, que acabó con aquello que nunca debió empezar, por la sencilla razón de que era materialmente imposible aquel terreno de torear con toros cuajados y de castas viejas.

De este índice de toros, que todos cogieron al Espartero, fueron catorce de don Antonio Miura; nueve de su predilecta ganadería, o sea de la de doña Celsa Fonfreda (sic), viuda de Concha y Sierra; siete de Saltillo, cuatro de Benjumea, cuatro de Veragua, tres de Barrionuevo, tres de Lagartijo, tres de Cámara, tres de Anastasio Martín, tres de Ibarra, dos de Orozco, dos de López Plata, dos del Marqués del Gandul, dos de Ripamilán, dos de Murube y un solo toro de cada una de las ganaderías siguientes: Pérez Concha, Tinoco, Nandín Puente y López, Torrecortina, Adalid, Celis Gómez, Pablo Romero, Zalduendo, Jorge Díaz, López Navarro, Surga, Enrique Salamanca, Linares, Aleas, Arribas, Carriquiri, Gota; totak, 81 toros; siendo las cogidas más numerosas porque muchos de estos toros le cogieron más de una vez durante su lidia.
Creo que no hacen falta comentarios”.

Fernando Villalón. “Taurofilia racial” (Madrid, Editorial Aramo, 1956)

domingo, 24 de mayo de 2015

La importancia de la técnica hoy (III) El caso Guerrita

Por Jose Morente

  Guerrita

Una foto poco difundida del Guerra citando de frente y con el “cartucho de pescao” (Biblioteca Nacional)

Nota: Aparcada esta serie por el comienzo de la Isidrada ya mediadada, aprovechamos que ayer fue sábado de rejones para reanudarla.

Veíamos en las anteriores entradas de esta serie, como el toro que hoy sale a las plazas tiene –en general- más edad, fuerza, resistencia, kilos, pitones y sentido que el toro que se lidiaba hace unas dos o tres décadas.

Veíamos también como ese cambio en el tipo de toro había obligado a los toreros a depurar su técnica hasta extremos insospechados.

Sin embargo, a los públicos les cuesta reconocer el mérito que supone ponerse delante de ese toro o valorar la técnica que exige.

La situación no es nueva pues hace 100 años (a finales del XIX) la fiesta vivió un momento muy parecido. Fue en los años finales de la carrera taurina de Guerrita, un torero muy técnico. Vamos a recordar o conocer lo que pasó. 

 

El sitio de Guerrita en la Historia del Toreo

Rafael Guerra Guerrita es, por su capacidad y conocimiento, uno de los toreros más importantes de toda la historia del toreo. No sólo eso, sino que también es, por sus aportaciones, uno de los más interesantes.

Guerrita fue un torero dotado de una enorme intuición sobre las reses y un dominio extremo de la técnica. Era además un torero largo y un gran banderillero (probablemente, el mejor de toda la historia del toreo) y brilló en todos los tercios y momentos de la lidia.

Su única mácula (mácula que compartía con los otros toreros de su misma cuerda como Paquiro o Gallito) fue la estocada que, aunque efectiva era rápida y de poca exposición según la crítica de la época que las calificaba de eléctricas. El Guerra, en esa suerte, no se dejaba ver por los toros.

1897-04-22 (p. 29 SyS) Madrid Esteban Hernandez Guerrita estocada - copia

El único punto débil del Guerra fue la estocada. En la foto citando a un toro de Don Esteban Hernández, en Madrid, el 22 de abril de 1897 (Fotografía Sol y Sombra)

Pero si en algo acertó F. Bleu fue en situar al Guerra como elemento clave en la encrucijada del paso del toreo antiguo al moderno. El título de su libro (Antes y después del Guerra) es acertadísimo pues Guerrita fue el torero que empezó a dinamitar los cimientos del toreo antiguo y con los derribos, construir el nuevo edificio.

Y es que, Rafael introdujo innovaciones importantísimas como, por ejemplo, autorizar, en su Tauromaquia, la colocación de perfil en la verónica, con objeto de mejorar la ligazón entre lance y lance.

También parece que fue de los primeros en retrasar la pierna de salida (la pierna escondida) para darle más profundidad al muletazo (y no para tomar ninguna ventaja sobre las reses, como recalcaba on acierto F. Bleu).

 1897-04-22 (p. 29 SyS) Madrid Esteban Hernandez Guerrita reseña

Cuando humillar demasiado se consideraba defecto en el toro, también lo era, en el torero, llevar la muleta muy baja “arrastrando” por el suelo. También en eso Guerrita fue un digno precursor del toreo más depurado y moderno (Reseña de la misma corrida a la que corresponde la fotografía de la estocada que hemos insertado más arriba)

Guerrita se preocupó además de torear ganado de las mejores ganaderías, la de los toros más bravos y nobles, como Saltillo, Cámara, etc. (algo que le reprocharon los aficionados conspicuos de entonces).

Guerrita fue, además, el primero en procurar que el toro llegase suficientemente picado a la muleta (¡Déjale que romanee!, decía a sus picadores en una suerte de varas sin cruceta). Entre otras cosas, porque Guerrita, al contrario que otros diestros de la época, sí sabía lo que hacer con una muleta en la mano. Por eso, Guerrita sienta las bases del futuro toreo de muleta cuya importancia acabará por desplazar a la estocada. Algo que muy pocos autores han señalado pero que el paso del tiempo nos permite apreciar y valorar.  

1897-05-02 (p. 06 SyS) Guerrita muleteando

Guerrita empieza a centrar el interés de la lidia en el toreo de muleta que desplazará a la suerte de varas y a la estocada(Fotografía publicada en Sol y Sombra en 1897)

El Guerra fue, en resumen, uno de los toreros más técnicos de la historia del toreo (quizás con Joselito el Gallo, el más técnico de toda la historia). Su toreo no tenía una finalidad épica como era el caso del negro Frascuelo ni intención estética como en el elegante Lagartijo. Su objetivo era, simplemente, imponerse al toro, a todos los toros, mediante la inteligencia y el conocimiento.

Pese a todas sus virtudes o quizás por esas mismas capacidades, Guerrita fue un torero menospreciado y preterido frente a otros diestros de mucho menor calidad y peso histórico pero de mejor prensa. Una circunstancia que se ha repetido demasiadas veces a lo largo de toda la historia del toreo.

1865 Laurent Frascuelo en el estudio 001 - copia

En el extremo opuesto al Guerra, se encuentra el negro Frascuelo quien goza de un gran prestigio entre los aficionados integristas, sobre todo desde la reedición por Ignacio Aguirre del libro de su abuelo Féliz Borell (F. Bleu) en los años 80. Sin embargo, Frascuelo no aportó nada nuevo al toreo (Fotografía de Laurent-1865)

En una entrada de este blog (Guerrita. Un gran torero con mala prensa) repasábamos la biografía de este diestro, donde destacaba esa sorprendente “mala prensa”, que cuesta trabajo aceptar al tratarse de unos de los mejores toreros de la Historia.

Vamos a ver cuales fueron las razones de ese desencuentro entre el Guerra, por una parte, y parte de la prensa y los públicos, por la otra.

 

Razones de un desencuentro

Las desavenencias de Guerrita con los públicos empezaron muy pronto. Comenzaron cuando se atrevió a tomar la alternativa contra el consejo de Lagartijo en cuya cuadrilla militaba. Esa “indisciplina” le indispuso con las huestes Lagartijistas que nunca perdonaron la “ofensa” que con ello Rafael cometía contra su ídolo, el insigne Lagartijo.

Guerra, además, se encontró sólo sin oponente en la cúspide del toreo. Pues ni Reverte, ni Fuentes, ni Mazzantini ni el Espartero pudieron llegar nunca  a ser rivales serios (¡Después de mi, naide….!)Además su carácter soberbio y grosero tampoco le ayudaba a mejorar su imagen.

Lo peor, aunque parezca un contrasentido, es que fueron sus propias facultades, su ligereza, su inteligencia y su técnica las que le granjearon la animadversión de los públicos.

1887-09-29 (p. 10-03 LL) Alternativa Guerrita SdeN

El día de su alternativa, el conservador Sánchez de Neira ya reprochaba a Guerrita el que buscara los aplausos adaptando su toreo a lo que las reses demandaban y no a “esas reglas taurinas que señala el arte y que los aficionados antiguos desean mantener incólumes”. La cruz del tradicionalismo siempre ha lastrado el buen toreo.

La seguridad que transmitía su toreo, la falta de emoción que achacaban a su toreo, fue la gota que colmó el vaso, llegando a venderse ¡Pitos para el Guerra! a las puertas de las plazas. Una falta de emoción que se acentuaba especialmente si se comparaba su forma de torear con las emociones que se habían vivido durante la competencia entre Lagartijo y Frascuelo.

Con el público a la contra y enemistado el con el público (Su frase: ¡En Madrid que atoree San Isidro! es muy relevante del estado de la cuestión), el Guerra  tuvo que dejar el toreo cuando todavía no se le vislumbraba síntoma alguno de decadencia.

1898-04-17 (p. 28 SyS) Ovacion Guerrita quite - copia

Aunque Guerrita conseguía imponerse contra viento y marea gracias a sus excepcionales cualidades, tuvo que nadar a contracorriente de los públicos a lo largo de toda su carrera. En Sevilla le quisieron enfrentar al Espartero. En Madrid, el público consiguió aburrirle y que dejara el toreo cuando estaba en la cúspide (En la fotografía, triunfo de Guerrita en Sevilla en abril de 1897).

Un error de apreciación

El rechazo que provocan los toreros técnicos, como Guerrita, creo que procede de un temor ingenuo a que esos toreros nos engañen. Si un torero domina la técnica, si sabe tanto, pensamos que lo raro sería que no aproveche sus conocimientos para tomarnos el pelo y triunfar sin riesgo.

Por eso, siempre que se habla de la técnica en el toreo, sale a relucir inmediatamente –en contraposición- la palabra “mentira”. Se asocia la técnica a la falta de verdad. Es un error de apreciación pero pasaba cuando toreaba Guerrita y pasa también hoy día.

Guerrita Madrid 1898-03-13 2ª de abono 001 (2)

La seguridad que transmiten en las plazas los toreros técnicos (Guerrita, Gallito, Luis Miguel,…) induce al aficionado a suponer –de forma errónea, por supuesto- que detrás hay “truco”. En la fotografía de Sol y Sombra, un Guerrita, muy confiado y tranquilo, citando al toro de frente en la plaza de Madrid.

Otro error de apreciación es la falta de emoción que se les achaca a esos toreros técnicos. El frascuelista Peña y Goñi lo explicaba así:

“Con Guerrita no hay drama, no hay, por lo tanto, emoción.

¿Por qué? Porque el público tiene descartada la posibilidad de cogida. He aquí parece mentira el supremo defecto de Rafael (…)

No se ve casi nunca en Guerra la dificultad vencida, es tanta la ventaja que lleva a los toros, que lo más difícil de hacer parece en él cosa natural y corriente, por lo cual, cuando él torea diríase que la Fiesta Nacional pierde en él todo aspecto de barbarie

Esta acusación podría tener cierto fundamento. Podría tener cierto fundamento si sólo existiesen la emoción (miedo) provocada por el riesgo o la emoción (placer) que provoca la estética. Sin embargo, se olvidan quienes eso sostienen que existe otra emoción de aún mayor calado que las citadas. Se trata de la emoción (intelectual) que produce el triunfo de la inteligencia del torero sobre la animalidad del toro.

1955-11-24 (p. ER) Guerrita - copia

En el toreo, además de la emoción que provoca el arrojo del torero valiente o el arte del artista, existe otra emoción distinta (y quizás intelectualmente superior, como sostenía Corrochano), que es la emoción del torero dominador y técnico capaz de imponerse al toro adaptando su toreo a las condiciones de las reses (En La imagen publicada en el Ruedo, Guerrita dominando, con mucho aplomo y seguridad, a un toro complicado)

Sin embargo, es cierto que no son muchos los aficionados capaces de valorar los matices técnicos de una faena. El riesgo o la estética pueden apreciarlos muchos espectadores pero valorar la capacidad técnica de un torero, no está al alcance de cualquiera ya que exige conocer con una cierta profundidad (exenta de tópicos y clichés) el toreo.

Eso explica el rechazo y desapego evidente que provocó Guerrita y que provocan y provocaran todos los toreros que basan su toreo en la técnica, el dominio y el conocimiento de las reses.

Perera 001 - copia

Siempre ha habido aficionados que han manifestado un fuerte rechazo hacia los toreros más técnicos a los que se les reprocha su falta de emoción pero a los que yo, sin embargo, no dudo en calificar como los “mejores toreros” ya que, entre otras cosas, se dedican a torear a los toros y no a los públicos como hacen los diestros de otro corte (En la imagen, un inmenso natural de perfecto trazo de Miguel Ángel Perera)

Un desapego hacia la técnica que, en nuestros días, plantea un dilema de imposible solución pues, por una parte, se piden toros más poderosos y difíciles de torear y, por otra, se exigen toreros con menos recursos técnicos para hacer frente a esos toros de forma menos predecible.

Tentadero clase práctica

La crítica a la labor de las Escuelas Taurinas no es sino una manifestación del rechazo que algunos aficionados tienen hacia el toreo  basado en la técnica. Sin embargo, las objeciones y reparos que se les suelen poner a las Escuelas pecan de parcialidad.

Un dilema de compleja y difícil solución.

Pero ¿Existe solución? Y si existe ¿Cual es la solución a este dilema? Intentaremos aproximarnos a una respuesta  a esa pregunta en la próxima entrega.

(Continuará…)

Echar las patas para atrás





Lenguadito en varas, levantando las patas traseras (echando las patas para atrás).Un detalle (otro más) de los que tuvo de toro bravo. La bravura no consiste sólo en arrancarse de largo al caballo.

Hemos dicho antes que la bravura tiene también sus signos externos (...) Para muchos aficionados (incluso grandes críticos taurinos) el toro que va de lejos al caballo es bravo solamente por esto. Cuando los problemas se presentan tan sencillos, da gusto. Sin embargo, no es así.

El concepto está lleno de matices, algunos difíciles de apreciar o al menos, de describir. Verbi gratia, son notas desfavorables: tardear para tomar la vara, cangrejear, escarbar, echar la cara al suelo, limitarse a topar, quitarse el palo, salir suelto, tirar coces, etc. Son, en cambio tantos a favor: arrancarse de lejos, galopar hacia el caballo con el rabo enhiesto, meter los riñones, tirar cornadas, derribar, dormirse en la suerte, buscar en el suelo al picador, cornear con furia al caballo, empujar al picador hasta las tablas, echarle al callejón, dar caídas de latiguillo, hacer la pelea en el mismo tercio, esperar el momento del cite permitiendo una lidia ordenada, etc,

(...)

Hay algunos detalles magníficos que todavía pasan más inadvertidos para el gran público. Uno de ellos, que podríamos llamar por analogía "echar las patas para atrás" cuando el toro toma una vara. Esto es lo contrario de "echar las manos por delante" que es lo que hacen los toros mansos ante el capote.

Si nos fijamos bien, veremos que esta actitud es de susto, de recelo, de desconfianza,. Su contraria postura tiene que significar (y de hecho significa) el polo opuesto. El toro carga todo su peso sobre el primer par de extremidades y consecutivamente, levanta las dos patas. 

Esto lo hacen muy pocos toros. "Sanluqueño", premiado en 1961, lo hizo una o dos veces. El bravísimo toro de Carlos Núñez, con lápida en el Batán (creo recordar que se llamaba "Lunero") lo hizo muy ostensiblemente y de ello no se habrán olvidado los conspicuos toristas.

Luís Fernández Salcedo en "Media docena de rollos taurinos" (1ª ed., Madrid, 1964. Pags 181-182)

viernes, 22 de mayo de 2015

Lenguadito y Castella. Un toro malo y un torero peor

Por Jose Morente

Relajado natural de Sebastián Castella a Lenguadito. Un toro malo y un torero peor. ¿Un mal toro y un torero peor? ¡Amos, anda! (Fotografía de El Mundo)


Confieso que esto del toreo y, en concreto, de las opiniones que se vierten sobre el toreo, cada vez me desconcierta más. Uno está ya curado de espanto y procura ponerse en el lugar de los demás para intentar entender sus posturas pero el caso es que ni así lo consigo.

Está claro que no es lo mismo ir a la Plaza de toros de Jerez en coche de caballos o dando un agradable paseo a pie, desde el Parque González Hontoria, en plena Feria de mayo, que emerger en plena explanada de las Ventas, después de un hacinado trayecto en metro y haber tenido que salir a escape de la oficina, dando cualquier excusa al jefe, para llegar con el tiempo justo de ver el paseíllo. No es lo mismo y es lógico y comprensible que el que llega así a los toros (que eso no es manera de llegar, pienso yo), llegue lógicamente mosqueado y a la contra. Todo le parecerá mal.

Eso lo entiendo, lo entendí y lo entenderé siempre. Pero una cosa es el lógico mosqueo del hacinado y otra desconocer las cuatros reglas básicas, el abecedario del toreo. Que es un toro bravo y cuando un torero es valiente.

Las cosas se aprenden de chico o no se aprenden y uno, que no pretende dar lecciones a nadie pero que empieza a estar un poco harto de que las den quienes no saben, no se explica ya que tantos aficionados tengan olvidados, confundidos o trabucados esos conceptos elementales que, por tan elementales, más que reglas de tauromaquia parecen aforismos propios de una clase de "Ábrete Sésamo". Un "Ábrete, Sésamo taurino": "la te con la o, con la erre y con la o; t-o-r-o"

Hoy, parte de la afición se han inventado una tauromaquia para su uso y disfrute particular. Una tauromaquia que no tiene nada que ver con la tauromaquia de toda la vida. La que nos enseñaron nuestros padres y nuestros abuelos, la que está escrita en las viejos tratados, contada por los antiguos revisteros y sacralizadas por las grandes figuras del pasado.

Una tauromaquia donde el toro que se valoraba y buscaba era el toro bravo y noble, no el galafate complicado que sólo saca defectos. Donde la nobleza del toro era igual de apreciada que la nobleza en las personas. O sea, un valor a proteger y ensalzar. Una tauromaquia, donde el toro taimado, artero y ruin se despreciaba igual que se desprecia a los rufianes y a los traidores que tanto abundan en la calle.

Era una Tauromaquia donde lo primero que se les pedía a los toreros era que hicieran alarde de su valor, su conocimiento y su arte. El que tuvieran, claro. Donde los mejores eran aclamados y los menos mejores, respetados. Donde el toro era importante pero el torero lo era aún más pues, a fin de cuentas, es el quien se juega los muslos y la vida y no el vociferante que se sienta en el tendido.

Y es que antes, las cosas eran mucho más sencillas. Si el toro embestía era bravo y si se repuchaba y salía a escape, manso. Si el torero se plantaba y aguantaba sus acometidas, era un valiente y se le aclamaba por ello. Si dudaba o no daba pie con bola se le pitaba.

Luego, empezaban los matices. A unos aficionados les gustaba el toro bravo y noble y, a otros, el noble que también fuera bravo. Sobre los toreros, había quien prefería a los valientes (que eran los que mandaban) pero luego llegaban los del arte y con una sola faena justificaban una temporada completa. 

Pero, como digo, las cosas básicas estaban muy claras. Lo que hoy no ocurre.

Lo hemos visto con la corrida de ayer. Una mala corrida de Núñez del Cuvillo donde salió un sobrero de lujo, de excepcional clase, el toro que pondría a todo el mundo de acuerdo si todo el mundo supiera las cuatro reglas básicas del toreo. Lenguadito de Toros del Torero. Mejor imposible. Un defecto, eso sí pues nadie es perfecto, es que tenia las fuerzas justas. Algo que acabó pesando muy poco en el balance final pues tuvo la cualidad de ir a más, de embestir cada vez mejor. Mucho fondo y mucha entrega. Desde las varas hasta su estertor final. Un toro bravo y noble. Un toro de vacas. Ahí es nada. 

Luego vino el torero. Un torero de una pieza, un valiente a carta cabal. Sebastián Castella de Béziers (Francia). Siempre colocado en el sitio donde los toros bravos repiten, toreando al ritmo lento que le pedía el toro. Firme y sin ninguna duda. Eligiendo los mejores terrenos, los medios, y manteniendo el ritmo de la faena que era el del toro y su interés. Un defecto, nadie es perfecto, fue la estocada algo caída pero, las hemos visto bastante peores sin que al público de Madrid le importe. Cuestión de esa bula que el francés no tiene.

Tampoco tiene la clase excelsa de los mejores toreros gitanos, cierto es. Castella es francés y frío, no un Rafael el Gallo abúlico y genial. Pero tampoco Lenguadito era Bravío. Y, sin embargo, en el conjunto que es lo que vale, fue una bella faena de un buen torero a un toro de excepcional clase.

Por eso, han sido tan sorprendentes los reparos al torero y, también y sobre todo, los reparos al toro.

¡Ahora resulta que el toro no fue para tanto y que el torero no supo torearlo!

Vuelvo a la reflexión del principio. Hemos perdido el conocimiento de las cuatro reglas básicas del toreo, de los principios elementales (no confundir las reglas básicas con los cánones, los tópicos y demás zarandajas tan traídos y llevados, tan mal traídos y tan mal llevados, hoy día). Hoy llamamos bravo al toro fiero y de sentido. Y llamamos mal torero al torero valiente que se queda en el sitio. Mala época. No de toros ni de toreros que, de eso vamos sobrados, sino de aficionados.

 "La te con la o, to. La erre con la o, ro: T-O-R-O"

Y hablando de toros: Lenguadito. 

Un toro excepcional.


miércoles, 20 de mayo de 2015

A Palmero le tocan las palmas (y la música) en Sevilla

Por Jose Morente

Este post se iba a publicar el día 14 de mayo, al cumplirse los 99 años justos de la lidia del novillo Palmero de Rincón en Sevilla. Sin embargo, la terrible cogida de Saúl Jiménez Fortes en las Ventas ese día nos obligó a demorar su publicación hasta hoy. Después de 99 años, esperar algunos días más, no parece relevante.

Este post está dedicado a André Viard a quien tanto tenemos que agradecer, por su trabajo, esmero y dedicación, todos aquellos a quienes nos entusiasma el toro en el campo. La mayor parte de la documentación manejadaestá extraída del Opus nº 19 de la colección “Tierras Taurinas” de André. Un numero imprescindible (como todos los restantes números de esa serie) para acercarnos al mundo del toro en el campo, de los ganaderos y de las ganaderías. Un mundo que, hasta la aparición de Tierras Taurinas, era en gran parte desconocido para la mayoría de los aficionados.


 

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Palmero, novillo de Manuel Rincón, lidiado en Sevilla el 14 de mayo de 1916. Fue bravísimo y nobilísimo, provocando el entusiasmo de los espectadores de una corrida muy accidentada.(Fotografía de André Viard en Tierras Taurinas. Opus nº 19)

Para el aficionado conspicuo, “palmero” es cualquier espectador que se atreva a aplaudir a alguna figura… aunque esta se merezca el aplauso.

Pero para los aficionados conocedores de encastes y ganaderías, o sea, para los lectores de Tierras Taurinas por ejemplo, Palmero es el nombre de un bravo novillo de Rincón al que le tocaron las palmas (y algo más que las palmas) el día que la ganadería debutaba en Sevilla. Era el 14 de mayo de 1916.

La ganadería de Rincón tiene su interés porque es una de las bases a partir de la que se formó la de Carlos Nuñez, origen de ese encaste que hoy comparten las ganaderías de esa familia, la de Manolo González, la de los Lozano, etc.

 

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El pasado año 2014, el mítico hierro de Rincón volvía a Tarifa. En el primer herradero estuvieron presentes algunos toreros muy vinculados a esta ganadería como Manuel Benítez el Cordobés quien aparece sonriente en la imagen (Fotografía de Carlos Nuñez)

Hagamos historia. Hablemos de Rincón. Del ganadero Manuel Rincón.

Rincón. Un ganadero antiguo pero modernista

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Manuel Rincón y Rincón, un ganadero que ha dejado su nombre para la posteridad (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 19)

Como hemos dicho el toro de Rincón es una de las bases del encaste Nuñez (Las otras son Villamarta y Pedrajas). Lo curioso es que, también la ganadería de Rincón, se había formado por amalgama de otras varias. Y es que, esto de la pureza de los encastes, resulta un verdadero cuento chino a poco que se indague.

Aunque al toro de Rincón siempre se le ha considerado como de procedencia Parladé, el tema debe matizarse pues, en realidad, su origen es la testamentaria de Manuel Valladares (o sea, encaste vazqueño). Más tarde, en 1907, echaron a las vacas un semental comprado a Juan Gonzalez Nandín (también de encaste vazqueño), Mirlito que, como ocurría entonces, acabó siendo lidiado en Aracena en 1915 ¡¡con catorce años y quince yerbas! saliendo extraordinario y noble y sin que se le notaran ni la edad ni los resabios propios del manoseo.

Mirlito Juan Gonzalez Nandín

Mirlito, semental de Rincón, comprado a Nandín. Estuvo 7 años en las vacas. Luego se lidió en Aracena en 1915. Salió “superiorísimo” sin acusar resabios (Fotografía de André Viard en Tierrras Taurinas. Opus nº 19)

Mas tarde, empezaron a llegar a Los Lozanos, reses procedentes de Vistahermosa. Así en 1911, se añade una punta de reses de José Carvajal (mezcla de Ibarra con reses vazqueñas) y siete vacas de Villalón (procedentes de Adalid o sea, puro encaste Vistahermosa vía Arias de Saavedra).

Por fin, en 1912 y 1913, llegan dos lotes más numerosos y un semental, León, de Fernando Parladé que junto a otro, de nombre Farruco que se sacó de las vacas de Parladé que habían llegado preñadas, acabarían de definir, con el tiempo, la ganadería.

Pero en 1915 cuando el ganadero Manuel Rincón se presenta en Sevilla con una novillada que tuvo su historia, todavía la ganadería era una mescolanza de encastes predominando la sangre vazqueña.

 

Una novillada accidentada

1916-05-14 (p. 23 TyT) Cartel - copia

Cartel de la novillada en la que hizo su presentación en Sevilla la ganadería de Manuel Rincón. Era el 14 de mayo de 1916 (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 9)

La novillada de presentación de Manuel Rincón en Sevilla, fue muy accidentada. Lo cuenta Onarres en Sol y Sombra.

1915-05014 (p. 06-08 SyS) Reseña completa - copia

La reseña completa de la novillada en Sol y Sombra (Archivo del autor)

El sexto novillo achuchó varías veces al diestro Manuel de los Ríos, hijo de un general del ejercito, y acabó cogiéndole por lo que ingresó en la enfermería donde le atendieron de la aparatosa herida en la cabeza que reseña Onarres y, también, de otra herida contusa en el muslo derecho. Se le traslado en automóvil a su domicilio.

1916-05-14 (p. 23 TyT) Manuel Rios 3º - copia

Manuel de los Ríos en el tercer novillo. Según Onarres le toreó “movido y demostrando haber toreado poco”, lo que corrobora la fotografía. Valiente pero con poca pericia y oficio la cogida era inevitable (Fotografía publicada en Toros y Toreros)

Lo peor ocurrió, sin embargo, en el segundo toro. Al ir Hipólito a descabellar después de varias estocadas, el estoque saltó al tendido hiriendo de gravedad al espectador Juan José López Jimenez, hijo de un personaje muy conocido en Sevilla, según decía la prensa.

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Una de las estocadas de Hipólito al segundo. Luego al descabellar, el estoque saltó al tendido, hiriendo gravemente a un espectador (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 19)

El momento fue dramático pues el estoque le había atravesado el pecho, saliendo por la espalda y dejando al descubierto el paquete vascular.

El infortunado joven, que sangraba abundantemente, se arrancó con sus propias manos el estoque gritando: “¡Me ha matado” ¡Me ha matado” Saltó al callejón y allí de desplomó. Trasladado a la enfermería, los periódicos que daban la noticia temían un funesto desenlace.

Poco tiempo después se implantaría la cruceta, para evitar este tipo de desgracias. Nacía así el estoque de descabellar diferenciado del de matar. Antes se utilizaba el mismo para ambos cometidos.

 

Un novillo bravísimo

Después del drama, cambió la decoración cuando salió al ruedo el cuarto novillo de la tarde, Palmero, número 7, “ojo de perdiz y de buenas herramientas”. Novillo que le correspondió a Tello.

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Palmero en el ruedo de la Maestranza (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus 19)

El toro salió bravísimo por lo que quizás le vino un poco largo a Tello quien, sin embargo, había estado valentísimo en su primero.

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Tello, había estado muy valiente en el primero, otro novillo también bravísimo. Le había puesto un colosal par de las cortas y luego le toreó cerca destacando este muletazo de rodillas (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 19)

Palmero salió derrotando y rompiendo los tableros por dos veces. Luego tomó, en el mismo tercio, ocho varas por seis caídas y dos caballos muertos.

Los picadores se retiraron por error pero tuvieron que regresar ante el clamor popular. El toro que mientras tanto se había estado lamiendo la sangre de la cara, tomó tres nuevas varas con el mismo ímpetu, dio otra caída y mató otro caballo.

Ahí se produjo el delirio. Hasta el Presidente (un buen aficionado) se levantó para aplaudir al ganadero.

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Palmero en pleno tercio de varas. 4 caballos yacen en el ruedo mientras el toro aguarda desafiante la llegada de otro picador (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 19)

Para hacernos idea de la emoción que se vivió en la plaza, lo mejor es leer la descripción que hizo el propio ganadero y que transcribe André Viard en Tierras Taurinas:

“En mi vida he tenido más emoción; ya no sabía ante las manifestaciones del público que hacer: unos lloraban, otros reían, por dos veces me cogieron para sacarme en hombros, tirantes, lentes y chaleco me rompieron, el público de pie y yo no podía corresponder a estas atenciones por la emoción que tenía, el Conocedor lo hicieron salir cuando mi Palmero, el animalito, mi toro, estaba tendido en el medio de la plaza y las mulas le dieron por aclamación del público dos vueltas de honor y en el medio lo dejaron unos minutos parar; ha sido el primero que en la suerte de varas ha tocado la música

 

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El mayoral de Rincón en los medios aclamado por el público de la Maestranza. Era la primera vez que, en esta plaza, sonaba la música en el tercio de varas. Un momento histórico (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 19)

Por lo que respecta al origen de Palmero y sus hermanos estas son las notas de Manuel Rincón:

Candilejo había nacido de una madre Villalón y de un toro de Nandín (Mirlito). Pelaíto era un puro Parladé. Nevaíto de Valladares/Nandín. Palmero de Valladares/Nandín. Chamorro de Carvajal/Nandín y Almirante un puro Carvajal

O sea, que salvo el segundo (el del estoque que saltó al tendido) que era ·puro Parladé”, los demás tenían sangre vazqueña más o menos pura.

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Palmero en el campo junto a sus hermanos de camada. De ahí salió la novillada de Sevilla. Palmero es el que está más a la izquierda de la imagen (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 19)

Hubo muchas discusiones entre aficionados sobre cual toro había sido mejor. Si el primero, el quinto o el cuarto. El caso es que este último, Palmero, fue el que provocó el entusiasmo de los espectadores quienes llegaron a pedir su indulto.

Una petición a la que no se sumó el propio ganadero quizás porque, como explicaba José María Granado Rincón, uno de sus nietos: “Mi abuelo no quería que indultasen a Palmero porque venia de otro encaste que no era Parladé”.

Los tiempos estaban cambiando y, ya en plena Edad de Oro, los toros de encaste Vazqueño iban perdiendo terreno frente a los de Vistahermosa en el criterio de ganaderos y toreros. Pero esa es otra historia.

Lo cierto es que Palmero de Manuel Rincón, hijo de Mirlito de Nandín y de una vaca de Valladares (vazqueño por los cuatro costados), fue el primer toro al que tocaron la música, en la Maestranza de Sevilla, durante el tercio de varas.

Al que tocaron la música por su bravura y nobleza.

1920-11-01 (p. Grecia Sevilla) Fino Palmero

La casa de Manuel M. Fernández de Jerez de la Frontera dedicó el oloroso y fino “Palmero” al bravísimo toro de Manuel Rincón.

martes, 19 de mayo de 2015

El público de las novilladas merece el purgatorio

Por Jose Morente

La entrega novilleril pero firme y asentada de Andrés Roca rey (Foto de Javier Arroyo para Aplausos)

Que las cosas cambian resulta evidente. En el toreo damos por hecho que ha cambiado la bravura del toro, que ha cambiado la actitud de los toreros y que ha cambiado la forma de torear. Es posible y algo de eso hay pero sobre todo lo que ha cambiado, en mi opinión, son los gustos de los públicos. Ese es el cambio más relevante pues, a fin de cuentas, son los públicos los que marcan el rumbo por el que discurre el toreo. Siempre ha sido así.

Un ejemplo de ese cambio de actitud de los públicos lo tenemos en las novilladas. Antes, no hace tantos años, el trato que se dispensaba a los novilleros era muy diferente del que se reservaba para los toreros consagrados. Todo lo que para estos últimos era rigor y exigencia se convertía, en el caso de aquellos, en comprensión y apoyo.

Era lógico. Venían los novilleros como tienen que venir los novilleros. Con ganas, con empuje, con la decisión propia del que quiere ser alguien en esta dura profesión y esos públicos, tan duros y exigentes las restantes tardes, se ponían incondicionalmente de su parte, se volcaban con esos torerillos.

A esos públicos no les importaban errores, imperfecciones o incluso falta de destreza de los chavales que empiezan. Se entendía que era lo natural y que ya tendrían tiempo de aprender. Lo que se valoraba era su actitud, su buena disposición. Que los novilleros se comportasen como tales, que se la jugasen de verdad. Si además de firmeza, demostraban algo de conocimiento del oficio, miel sobre hojuelas. Pero no era lo más importante. Si a la hora de matar se lanzaban sobre el morrillo como unos posesos, entrando de verdad "a lo que pasara", el público enloquecía y con el público los exigentes aficionados de entonces que, ese día, se hacían de miel

Hoy, por desgracia, las cosas han cambiado. Los novilleros (por mor de las Escuelas) llegan mucho más puestos a las plazas importantes. No ha cambiado, empero, su actitud. Si ha cambiado, sin embargo, la de los públicos.

En los tendidos no se sientan ya esos aficionados exigentes que tan bien conocían el toreo y que exigían a los toreros en función de las condiciones de los toros, máxime en el caso del escalafón inferior.

Dicen los aficionados de ahora que es necesario que salga a las plazas un toro complicado y con problemas que ponga a prueba la capacidad de los toreros. Está muy bien. El problema es que cuando sale ese toro, el mismo aficionado que lo pide, quiere luego que a ese toro difícil se le toree de forma preciosista como si se tratara de un burel noble y dócil. Un sinsentido.

Algo que se vio muy claro en la novillada de Madrid del pasado día 18.

Se jaleó con merecido entusiasmo a Posada de Maravilla por su toreo personalísimo, desmayado y convincente frente a un excelente novillo del Conde de Mayalde. Un lujo y una rareza en su forma de torear que nos viene muy bien a todos pues nos demuestra que el toreo no se agota.

Frente al perfeccionismo y la técnica del toreo de nuestros días, el toreo de Posada puede ser un contrapunto necesario. Para un novillo muy bueno, buenísimo, un toreo muy estilizado. De muy buen estilo. El toreo que demandan los públicos de ahora y puede que el toreo que demanden los públicos del futuro. Se le agradeció y se le premió de forma merecida.

A Andrés Roca Rey que ha venido a Madrid a por todas, como  venían los novilleros de antes pero más hecho como torero que aquellos novilleros, le salió, por el contrario, un novillote muy bruto y muy complicado. Un novillo adecuado, no para estar lucido, sino para demostrar firmeza, decisión y las ganas de ser torero que se le suponen a un novillero puntero.

Asentadas las zapatillas toda la tarde (más que asentadas, clavadas en la arena), Andrés, se la jugó sin cuento desde el primer capotazo hasta la estocada final. Una lidia que tuvo toda la emoción que pone el torero que apuesta en serio.

La faena de Andrés Roca Rey no fue preciosista pues no pudo serlo, ya que el toro no empujaba ni se desplazaba, simplemente topaba y calamocheaba (hoy a calamochear le llaman "llevar la cara suelta"). El torero estuvo sencillamente colosal, sacando muletazos de enorme mérito y verdad.

La faena fue de premio. Máxime al coronarla con tres entradas a matar que (aplicando las teorías de Corrochano)  valieron por tres soberbias estocadas, Primero, un pinchazo del que el torero sacó un puntazo en el muslo pues el toro se defendía. Segunda, media estocada bien puesta en la que el toro (que seguía defendiéndose) le arrancó parte del corbatín al derrotar en el pecho. Y de remate, una estocada hasta la bola con los pitones del novillo "acariciando" el cuello del torero que se desplomó del refilonazo. Para el que quiera "emociones a la antigua" ayer hubo ración triple.

Sin embargo, esta claro que a los públicos de hoy no les van estas emociones fuertes. Bien está. Pero el problema, el verdadero problema es que .visto lo visto, parece que estas emociones fuertes tampoco les van demasiado a los aficionados exigentes pues ni siquiera las valoran ni las premian.

La faena fue de oreja. Una oreja que nadie pidió en la plaza pero que a nosotros nos vale mucho más que alguna otra de las que se han concedido esta feria. Es posible que, en el público de ahora que valora la muerte rápida del toro antes que la buena ejecución de la estocada, influyeran las tres entradas a matar. El argumento vale como justificación de la actitud del público pero ¿y la actitud indiferente del aficionado? ¿como se justifica?

Difícil justificación. Recapitulemos. Proponen, algunos aficionados, como paradigma, el toro complicado y el torero que, con capacidad, torería y entrega, le haga frente. Sin embargo, luego cuando tienen delante de sus narices, como ocurrió ayer, un toro complicado y un torero capaz, parece que no se enteran. Y si se enteran, no lo premian.

Aquellos públicos de antes, que se alborozaban con los novilleros valientes que rodaban por los morrillos de los novillos y les premiaban con largura, tienen ganado el cielo taurino. Estos públicos de ahora, por el contrario, merecen el purgatorio. Un purgatorio que, en materia taurina, consistiría en el castigo de asistir todos los días a la "misma" corrida. Una corrida de toros descastados y toreros desangelados.

Aunque, al menos, se libran del infierno por su entrega al arte de Posada de Maravillas.



lunes, 18 de mayo de 2015

Cuaderno de notas (LII) Fanfarrio el más bravo (hasta la fecha)

Fanfarrio de Parladé. Lidiado el 15 de mayo en Madrid.

Si no hay otro que lo mejore, el cuarto de Parladé será el toro de la feria. Ocho corridas del abono cumplidas, vistos más de cincuenta toros –no todos murieron en la arena- y este Fanfarrio, cinqueño, negro listón, 605 kilos, puso el listón por las nubes. Las hechuras: el cuajo, la seriedad, la hondura. El fondo y no solo el escaparate: prontitud, viveza, alegría, entrega, fijeza, embestidas humilladas y repetidas –más largas y ganosas por la mano derecha-, nobleza de bravo y no pajuna. Y el ritmo, que en el toro de sangre Parladé no lo es todo pero casi.

¿Un lunar? No hay toro perfecto y este se repuchó ligeramente tras haber galopado al caballo de pica por segunda vez. De esa segunda vara salió melodiosamente, empapado en el capote de brega de Domingo Siro. Un toro con música. Completo: de salida –a porta gayola Abellán, y el toro obedeció ya en el primer cite-, en el capote, tomado por los vuelos y en derechura, en banderillas –no fue de los que esperan pero hizo amago de perseguir- y, desde luego, de ahí en adelante y hasta el final.

Solo que sobre ese toro, sobre Abellán que le hizo frente sin volver la cara pero con una muleta diminuta y de más apresto que vuelo, y sobre la corrida toda pesó como bíblico castigo un viento muy enredado y revoltoso. Viento que llegó a ser en el caso de ese gran cuarto más enemigo que el toro, porque Abellán estuvo más pendiente de sujetar el engaño –montado en exceso- para que no se le fuera de la mano, y de parapetarse con la muleta, que de templarse a placer con embestidas regulares y encadenadas, fiables, armónicas. El viento contra el son, que fue, por la parte del toro, creciente o rampante, a más y más, detalle que retrata la bravura.

Abellán capeó con entrega el temporal, no se escondió -ni un regate al toro-, pero en la que era ya cuarta tanda en redondo, al abrigo de las rayas y tablas del sol del 5 y el 6 –donde conviene en Madrid en tardes ventosas-, se vio de pronto desbordado y no quedó otra que recurrir al muletazo cambiado circular, recurso impropio en bravura. La apuesta por la mano izquierda se quedó en el aire o muy corta, y en ese momento, la faena, tan meritoria, pasó a ser faena discutida y castigada. Un pinchazo, una buena estocada en la suerte contraria. Silencio. Aplaudieron al toro en el arrastre. No demasiado.


Barquerito (Crónica de la corrida del 15 de mayo, 8ª de abono, para COLPISA)