sábado, 31 de enero de 2015

El peligro de los aficionados prácticos

Por Felipe Romero

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Para el aficionado práctico, valga la paradoja, torear con ser importante no es –no debería ser- lo más importante (Capotazo del autor de este artículo)

 

Con relación a los aficionados prácticos en este momento hay algunas cosas sobre las que conviene pararse a reflexionar:

1º Cada uno debe saber porqué hace las cosas y cuales son sus metas.

2º Imprescindible diferenciar toreo profesional de toreo aficionado.

Respetar la fiesta y entender que el papel del aficionado práctico es aportar cosas a la fiesta y no quitarle cosas a la fiesta.

Me explico:

1º Tengo claro que es fundamental hoy en día que el aficionado no se conforme con serlo sino que tenemos obligación de mostrar nuestra afición.

Contrapesar en nuestro entorno de actividad el mensaje antitaurino con nuestro ejemplo personal de combinar nuestra actividad diaria y profesional con la práctica y el amor por nuestra afición. Hacer visible que se puede ser aficionado a los toros y ser una persona normal.

2º Torear nos brinda el espejismo de la vanidad y a veces nos puede confundir. La distancia entre el último profesional y el mejor aficionado es sideral. Son mundos no comparables y creo que se confunde quien trata de ponerse en un plano de igualdad.

Respetar la fiesta es clave. ¿Qué aporta el aficionado práctico? Simplemente aficionados con mayor grado de conocimiento, con capacidad de extender en el tendido el criterio y el ejemplo.

El riesgo de quitarle cosas a la fiesta desde los aficionados es cada vez más evidente. Quitamos vacas y campo a algunos toreros, encarecemos el precio porque pagamos por torear. Esto sería un precio tal vez asumible para la fiesta, pero lo que me resulta inaceptable es la tendencia que adivino a restar puestos a novilleros sin caballos y sustituir novilladas sin picadores por bolsines públicos con aficionados prácticos. Grave peligro este de hacer daño al eslabón más débil de la cadena del toreo.

Esto último me preocupa cada vez más y trataré al menos de no caer en ello.

Eppur si muove…

Con independencia de lo anterior, el aficionado práctico es hoy el cada vez más necesario punto de unión entre dos tauromaquias la popular y la profesional que cada día están más alejadas y que sin embargo se complementan y necesitan si queremos asegurar el futuro de la fiesta.

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El aficionado práctico se acerca al campo no para competir con los profesionales o para emularlos, sino para aprender de ellos y profundizar en su conocimiento del toreo. En suma para disfrutar del toreo por dentro. En la imagen, Paco Carmona explicando a un grupo de aficionados prácticos como se traza un muletazo o sea, la arquitectura interna del toreo.

 

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Felipe Romero (Taller de toros) dando las últimas instrucciones antes de un tentadero de aficionados prácticos. Organizarse es clave. La participación, asesoramiento y dirección de un profesional (en este caso, Paco Carmona) también. Luego saldrá la vaquilla y comenzará a subir la adrenalina.

miércoles, 28 de enero de 2015

Cuaderno de notas (XL) Una reacción impredecible

 

Suerte de varas antes del peto

La enemiga a las corridas de toros ha sido una constante a lo largo de la historia del toreo. La presencia de la muerte ha sido la causa principal del rechazo que suscita este rito. La diferencia fundamental a lo largo de la historia estriba en que, mientras en los albores del toreo, el bien a preservar era la vida de las personas, hoy el objeto de protección son los animales: primero, el caballo, hasta la implantación del peto y, posteriormente en nuestros días, el toro.

 

“Por lo que toca a las cuestiones morales, no puedo decir más que una cosa; es moral todo lo que hace que me sienta bien e inmoral todo lo que hace que me sienta mal. Y, juzgados por este criterio, que no intento defender, los toros son absolutamente morales para mí, porque durante la corrida, me siento muy bien, tengo el sentimiento de la vida y de la muerte, de lo mortal y de lo inmortal, y una vez terminado el espectáculo me siento muy triste, pero muy a gusto (…)

He llevado a muchas gentes, tanto hombres como mujeres, a los toros y he visto sus reacciones ante la muerte y ante las heridas de los caballos en la arena y esas reacciones son absolutamente imprevisibles.

Algunas mujeres, de las que yo estaba seguro que les gustarían las corridas, salvo el corneamiento a los caballos, no se sintieron afectadas de ninguna manera; así es que un espectáculo que esperaban que les horrorizase y disgustase, no les disgustaba ni horrorizaba lo más mínimo. Mientras que otros, hombres y mujeres, se mostraban afectados de tal modo que acababan por sentirse físicamente enfermos.

Más tarde entraré en pormenores sobre algunas de estas reacciones, pero ahora basta que diga que no hay entre las gentes un signo distintivo o  una línea de demarcación que permita dividirlas según su grado de civilización o de experiencia en dos grupos; las que se sienten afectadas y las que no se sienten afectadas.

Según mis propias observaciones, podría decir que se pueden hacer de las gentes dos grandes grupos: los que, por hablar con el lenguaje propio de la psicología, se identifican con los animales es decir, los que se ponen en su lugar, y los que se identifican con los seres humanos.

Creo, por mi propia experiencia y mis observaciones, que los que se identifican con los animales, los amigos profesionales de los perros y de otros animales, son capaces de mayor crueldad para con los seres humanos que quienes no se identifican espontáneamente con los animales.”

Ernest Hemingway “Muerte en la Tarde” (Barcelona, Edición por fascículos de La Gaceta Ilustrada, 1966, Capítulo I, página 3)

 

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Hemingway en los toros con boina y bigote (Foto del Mundo)

domingo, 25 de enero de 2015

Ampliando nuestra biblioteca taurina (V) Bibliografía gallista reciente

Por Jose Morente

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La bibliografía gallista de la última hornada

Como es lógico, no podía faltar en este blog y dentro de la serie destinada a los repertorios bibliográficos una entrada dedicada a lo que se ha escrito sobre Joselito el Gallo. Era una necesidad ya perentoria.

No obstante, hay que hacer una advertencia previa y es que sólo recogemos hoy aquí las publicaciones más recientes. Los viejos textos sobre Joselito tendremos que buscarlos en las librerías de viejo o (ahora, por suerte) en las bibliotecas digitales.

Dicho esto y recordando que la bibliografía gallista es muy exigua (nada que ver con la copiosa producción dedicada a Juan Belmonte, el diestro con mayor percha literaria de la historia) y, en cierto sentido, desafortunada, vamos a citar los títulos que sobre Joselito el Gallo se han publicado en los últimos años.

1. El rey de los toreros- Joselito el Gallo. Paco Aguado (1ª ed., Madrid, Espasa Calpe, S.A., 1999)

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En 1999, Espasa Calpe publicaba la que es, sin duda para mí, la mejor biografía de Joselito el Gallo. El libro “El rey de los toreros” de Paco Aguado.

Un libro hoy día agotadísimo y buscadísimo por los aficionados y que esta pidiendo a gritos su reedición.

Paco Aguado recorre en sus páginas la biografía del Coloso  de Gelves apoyado en las fechas claves de su carrera que dan título a sus capítulos y que son (la duda ofende pues Joselito fue torero, sólo torero y nada más que torero) fechas taurinas.

Lo mejor del libro es que, dado el conocimiento del toreo por dentro que tiene su autor, nos desvela las claves taurinas de una figura desdibujada en el tiempo y cuyos perfiles muy mitificados se alejan mucho de lo que realmente fue.

Joselito fue un grandioso torero, probablemente el mejor de los toreros, pero no ese ídolo falso y acartonado que se han inventado algunos aficionados y que sólo les sirve para oponerlo a los toreros que han ido viniendo después.

Al contrario, en José están todas las claves del toreo moderno. Es Joselito el torero que pone las bases de la evolución posterior de la fiesta tanto en el aspecto ganadero (seleccionando los encastes adecuado y configurando la figura del veedor), como en el empresarial (diseñando con Espeluy las Plazas Monumentales e implicando en ello a algunos amigos inversores) como en el propiamente taurino (esbozando y definiendo el toreo en redondo que seguirían Chicuelo y Manolete). Joselito es, en resumidas cuentas, el primer arquitecto del toreo moderno

Eso es lo que nos cuenta, de forma magistral, Paco Aguado.

2. Gallito. Joel Bartollotti (1ª ed., Union des bibliophiles taurins de France, 1997)

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No sólo la foto de portada es impresionante con Joselito escoltado por Caracol (su mozo de espadas) y Pickman (uno de sus mejores amigos) sino que se trata del mejor y más lúcido resumen sobre el toreo y la influencia de Joselito.

Un libro que (la única pega) está escrito en francés y cuya traducción quizás sería conveniente plantearse.

 Bartolotti hace un repaso a la vida del torero y nos vuelve a contar su biografía con tal justeza y precisión que nos parece leer algo nuevo.

Un gran libro sobre un gran torero.

3. José Gómez Ortega “Gallito III” debuta en Madrid. José María Moreno Bermejo (1ª ed., Madrid, 2005)

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La verdad es que dedicar un libro completo a una anécdota menor, aunque muy difundida, resulta un poco sorprendente pero este es el trasfondo de este curioso opúsculo sobre el debut del novillero Gallito III en Madrid.

En realidad, su objeto se reduce realmente a aclarar que la tan traída y llevada corrida de Olea con la que José sustituyó voluntariamente los escuálidos novillos de Tovar (antes Arribas) inicialmente previstos para su debut eran, en realidad, novillos que no toros. Un dato que, sin embargo, no altera el fondo del asunto.

Lo mejor del libro es el conjunto de crónicas donde los revisteros de la época (Dulzuras, Don Silverio, Juan de Invierno, Don Pío, Mangue, Don Modesto, El Tío Canillitas, Relance, Don Melanio, Blanquito, A Lamares, Claridades y Manuel García Gómez) reseñan con sabor y gracejo (unas más que otros, eso sí) la novillada en la que José Gómez Ortega se presentó con Limeño ante el público de la Corte.

4. Joselito en Bilbao-La culminación del mérito. Cabrera Bonet, Rafael (1ªed., Madrid, 2012)

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El libro de Rafael Cabrera Bonet es como todas sus obras un magnífico y concienzudo trabajo de investigación y recopilación.

La posibilidad de disponer de los Libros de Cuentas y Acuerdos de la Junta Administrativa le permite al autor acceder a las interioridades del proceso de contratación de los toreros en esos primeros años del siglo XX. Un aspecto este que está  tratado con gran detalle, gracias a la información utilizada, y que caracteriza al libro que comentamos.

Conocíamos al Joselito torero, también al asesor de ganaderos y al promotor de iniciativas arquitectónicas taurinas pero de su faceta negociadora, de su trato con las empresas taurinas sólo nos habían llegado algunas anécdotas.

Rafael Cabrera nos desvela a ese otro Joselito capaz de pisar con enorme firmeza  los despachos de los magnates del toreo y de poner en su sitio y sin amilanarse (más bien, todo lo contrario) a los empresarios.

Un torero, en resumen, que les hubiera venido de perlas a los diestros del G-5 en sus rifirrafes con la empresa sevillana. De haber vivido José ahora, otro gallo les hubiera cantado a Canoreas y Maestrantes.

5. Joselito 1920-Sangre azul torera. Climent, Vicent y Bellón, Javier (1ª ed., Castellón, Unión de aficionados La Puntilla, 2012)

2012 Joselito 1920 Sangre azul

El año 1919 fue un año muy complicado para el diestro de Gelves. Al fallecimiento de su madre Gabriela se une la inquina del crítico del monárquico ABC cuya Consejo de Administración decidió alinearse y hacer causa común con los intereses espurios de los Maestrantes sevillanos rabioso por la competencia económica que le hacía la plaza Monumental promovida por un torero que, para mas inri, era calé. La casta no podía admitirlo.

Por eso, el viaje de Joselito a Lima en el invierno del 19 al 20 (su último invierno), aplazado desde el año anterior por la enfermedad de su madre, fue para el torero de la Alameda un verdadero respiro y descanso.

Vicent Climent y Javier Bellón, gallistas de pro (es obligado visitar su blog “La gracia toreadora”) se han entretenido en recopilar cuanto dato, anécdota, vivencia o peripecia de esos últimos meses del genial torero se contienen en los libros y las revistas de la época. Unos meses en los que nuestro torero vivió en Lima su último sueño.

6. Joselito el Gallo y Talavera de la Reina. Gómez Gómez, José María y Pastor Planchuelo, Alfredo (1ª ed., Talavera de la Reina, 1995)

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Si Lima fue un paréntesis, Talavera fue el punto y final de una biografía que no el de una historia pues la herencia del torero de Gelves aún no ha culminado.

El libro de José María Gómez y Alfredo Pastor se divide en dos. Son, en realidad dos libros en uno. El primero, dedicado a “La vida, personalidad y arte de Joselito”, debido a la pluma del primero de los citados, es otro, aunque ameno e interesante repaso, a la biografía del torero. El segundo. “Joselito en Talavera” de Alfredo Pastor nos cuenta, cual Evangelio, las horas de la Pasión y Muerte del torero en Talavera.

La aportación de documentos inéditos o poco conocidos confiere interés a su trabajo. La acumulación de anécdotas dan como resultado un texto liviano y entretenido.

Un ejemplo anecdótico, que nos cuentan, es la repetición del apellido Ortega la aciaga tarde: Toros de la Viuda de Ortega. Torero José Gómez Ortega. Banderilleros, Enrique Ortega “Cuco” y Enrique Ortega “El Almendro”. El cronista Gregorio Corrochano Ortega y el médico, Don David Ortega.

7. José Gómez Ortega-Joselito. El toreo mismo. Jacobo Cortines y Alberto G. Troyano, eds. (1ª ed., Sevilla, Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla-Universidad de Sevilla, 2012)

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El monumental trabajo “José Gómez Ortega, Joselito-El toreo mismo”, coordinado por Jacobo Cortines y Alberto G. Troyano y publicado por la Fundación de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla y la Universidad de esa ciudad en el Centenario de la alternativa del torero, podría haber sido la Biblia del gallismo.

Pese a su ambicioso planteamiento, adolece como todos los trabajos de diversos autores de una cierta desigualdad que puede llegar a provocar en el lector más entusiasta un cierto desencanto. Y es que la ausencia de esa pasión que late en los libros antes citados se echa aquí quizás demasiado en falta. Y no vale como disculpa el hecho de que se trate de un trabajo de índole universitaria pues como dice la letra flamenca, “el conocimiento, la pasión no quita”. O, mejor dicho, no debería quitarla.

El toreo, el buen toreo, palpita y crepita y, más aún, en el caso de un torero como Joselito con una peripecia vital tan interesante y dramática. Un torero que, por si fuera poco, dejó en los ruedos un legado del que vive aún el toreo de nuestros días.

Sin embargo, la mayoría de los textos de este libro aunque correctos y bien escritos se mueven dentro de esa frialdad académica tan propia del que trabaja por encargo y asume una tarea que no siente y que, posiblemente, le resulta ajena.

En cualquier caso, quizás lo más discutible sea haber eludido el compromiso (ineludible en un texto como este) de hablar, a fondo y hasta el fondo, del toreo del mejor de los toreros. Un análisis que el responsable de ese apartado (Pepe Campos) desvía y deriva (en taurino paso atrás) hacia un estudio docto, sesudo y doctrinal de las tauromaquias anteriores y posteriores al de Gelves. Unas tauromaquias dogmáticas que, por desgracia, nada aportan pues nada tienen que ver con aquella tauromaquia viva y sentida que el catedrático José Gómez Ortega, dictó en los ruedos.

Salvemos, no obstante de la quema, el excepcional texto de Alberto G. Troyano, titulado “Carácter y destino: De joven Dios a Ángel caído” preciso y brillante, emotivo y lúcido, así como ese repaso que, a la literatura sobre Joselito, hace Jacobo Cortines.

Y salvemos también de la quema, el aluvión de datos, fotografías y documentos que contiene este voluminoso volumen que puede quedar, por ello, como testimonio recopilatorio y fundamental del mejor de los toreros.

8. Un mito para el recuerdo-Homenaje a Joselito el Gallo (1ª ed., Sevilla, Ayuntamiento de Sevilla,1995. Biblioteca de Temas sevillanos)

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En 1995, el Ayuntamiento de Sevilla y dentro de su colección “Biblioteca de temas sevillanos”, publicó un pequeño librito donde se recogían las charlas pronunciadas en las Conferencias impartidas en las Jornadas que en homenaje al diestro sevillano se celebraron en el Salón San Hermenegildo, los días 16 y 17 de mayo de ese año.

Pese a lo variado del cartel (León Carlos Álvarez, Antonio García-Baquero, Juan Manuel Albendea, Rogelio Reyes, Miguel Ríos Mozo y el torero Manolo Vázquez), el alto nivel y amenidad de todos los textos, convierte a esta en una de las publicaciones recientes más recomendables sobre nuestro torero.

La participación de algún destacado belmontista acrecienta aún más el interés de esta publicación que invito y aconsejo buscar y leer.

jueves, 22 de enero de 2015

Cuaderno de notas (XL) Joselito visto por Minuto

 

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Joselito natural de frente. Écija, 1920

 

Dice Minuto sobre Joselito el Gallo:

Ese ha sido el más grande del siglo veinte, del diecinueve y del veintinueve.

Con la muleta, empiece usted por el pase natural: Esos los daba por series, se liaba a dar vueltas con el toro y lo mareaba

 

Declaraciones de Minuto a la Revista Mexicana “El Mundo Taurino”, núm. I de 9 de noviembre de 1920 (Citado por Pepe Alameda en “Historia Verdadera de la Evolución del toreo”, 1ª ed., México D.F., 1985. Apéndice IV)

 

 

“Y se liaba a dar vueltas con el toro y lo mareaba”

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Joselito el Gallo en Madrid con Descarado de Vicente Martínez (re)inventando, hace ya mas 100 años (julio del 14), el toreo en redondo. Joselito torea muy encorvado porque el que descubre algo no está para florituras sino para solventar lo esencial de su invención como, por ejemplo, tender la suerte manteniendo al toro embebido siempre en la muleta).

Ya vendrá quien se estire, adorne el invento y le proporcione su necesaria estética (Por ejemplo, el propio Joselito, años después, entre otros).

martes, 20 de enero de 2015

Postales taurinas (X) Cúchares vs. El Chiclanero

Por Jose Morente

1886-05-10 (p. LL) Disputa lamina

Una escena inusual. Dos diestros, Cúchares y el Chiclanero, disputándose el privilegio de matar al mismo toro (Detalle de una lámina de La Lidia publicada el 10 de mayo de 1886)

 

La escena, representada en esa vieja lámina de La Lidia publicada el 10 de mayo de 1886, resulta rocambolesca pues nos presenta a dos diestros, Cúchares y el Chicclanero, armados con sus muletas y espadas, presentándose ante el toro a la vez y disputándose el honor de matarlo.

El pleito tuvo su origen en la pretensión de ambos de abrir cartel y en la actitud dubitativa e incapaz del Presidente de la Corrida de ese día, el Duque de Veragua..

El caso es que, ese año, estaba contratado de primer espada en la plaza de Madrid, el diestro de Chiclana, Joselito Redondo, pero encontrándose Curro Cúchares de paso hacia las plazas del norte, la empresa de la plaza de la Villa y Corte juzgó oportuno incluirlo en los carteles.

Comenzada la corrida, el Chiclanero quiso hacer valer su contrato mientras Cúchares defendía su derecho a matar el primer toro por su mayor antigüedad.

A ambos espadas les dio la razón, cuando subieron al Palco uno detrás del otro, el incompetente Presidente de la corrida, por lo que cuando tocaron a muerte, ambos diestros se dirigieron al mismo tiempo muleta en ristre hacia el burel. El Chiclanero consiguió darle un par de muletazos pero fue Curro, más listo, quien le propinó el sablazo que le finiquitó, que es el momento que refleja el grabado de la Lidia.

Lo curioso del caso, es que el argumento utilizado por el Chiclanero en defensa de sus pretensiones y frente al derecho de antigüedad de Curro Cúchares: hacer prevalecer el tenor literal de su contrato, fue el mismo que utilizó el pasado año (o sea, casi siglo y medio después) el diestro Alejandro Talavante en Málaga para justificar eludir el tradicional y reglamentario sorteo de las reses.

Y es que no hay nada nuevo bajo el sol.

1886-11-29 (p. LL) Contrato - copia

Contrato de Pepe-Hillo con el empresario de la plaza de toros de Cádiz de 9 de marzo de 1793, reproducido en el número de la Lidia de 29 de noviembre de 1886. Las condiciones contractuales han sido clave en la definición del formato de la Fiesta de los toros y motivo de frecuentes pleitos y polémicas entre toreros, empresarios, ganaderos, autoridades y aficionados.

domingo, 18 de enero de 2015

De ayer a hoy (II) El toro agarrado al … suelo

Por Jose Morente

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El toro agarrado al suelo (Detalle de una fotografía de Laurent)

El toro agarrado al suelo

Una tarde de mayo de 1886 en Madrid, el negro Frascuelo dio un mitin con la muleta en un toro de Núñez de Prado. Sin embargo, lo mató bien con una media estocada en la que “agarró el corazón haciendo innecesaria la puntilla” pues, no en balde, era mucho mejor matador que torero.

He aquí la reseña publicada en la Lidia de esa faena de Frascuelo

1886-05-17 Nuñez de Prado Faena de Frascuelo

En realidad, lo que me interesa no es recordar una mala faena de un antiguo torero para desmitificar a un diestro que hoy tenemos bastante mitificado (como a casi todos los diestros antiguos) sino desempolvar ese lenguaje añejo que tanto sabor tiene como nos recordaba hace unos días, en facebook, Prudencio German.

Y es que hay una frase de esa crónica que me ha llamado poderosamente la atención. Es esa expresión del “toro se agarró al suelo”.

Una expresión de idéntico sentido a esa del "toro agarrado al piso", tan actual y tan habitual. Una frase que yo pensaba, erróneamente, que era un neologismo y resulta que no lo es.

Como estos primeros días del 2015 son los de los buenos deseos para todo el año, prometo que, a partir de ahora, procuraré sustituir cuando proceda lo de "piso" por "suelo" en pos de ese casticismo añejo que tanto sabor le da al lenguaje taurino.

 

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Frascuelo pasando de muleta con ciertos apuros y con auxilio del peonaje a un toro que no se agarra al suelo. Sin embargo, ese modus operandi (el toreo de piernas, que no de brazos, y la ayuda de los Cirineos como decía la reseña de la Lidia) era algo admitido por los aficionados conspicuos de la época. Hoy –los exija o no el toro- se admiten y toleran muchos menos recursos y licencias (Fotografía de Laurent)

 

La estocada de Frascuelo

He dicho que Salvador era mejor matador que torero. No está de más, por tanto, recordar una de sus espléndidas estocadas.

Esta otra reseña de la Lidia es de la corrida del 11 de julio del mismo año (1886) y describe muy bien como era la estocada de este diestro:

1886-07-11 (p. 12 LL) Madrid Frascuelo estocada

 

Salvador se estrechó tanto que el toro le pegó un palotazo en el brazo derecho destrozando la guarnición de esa manga. Algo que, en él, era habitual pues para Frascuelo sólo era buena la estocada cuando sacaba la manga derecha destrozada (o sea sin agremanes) de tanto estrecharse con los toros.

A la vista de ese prurito (vergüenza torera se llamaba y se llama) queda claro el porqué ese diestro alcanzó la fama que tuvo matando toros.

 

1897-09-20 (p. PyT) Frascuelo en su suerte favorita -matar - copia - copia

Frascuelo citando el toro para una de sus estocadas frascuelinas. Cita con la mano en el tupé pero muy enfrontilado con la res casi en el pitón contrario. El diestro de Churriana va a sacar destrozada la manga derecha de la chaquetilla de tanto estrecharse.

La cuestión es que, a un manso huido y que se defendía al hilo de las tablas, Frascuelo le propinó, en cuanto pudo o sea, cuando se agarró al suelo o sea, cuando se le aplomó, una estocada de la que salió el toro muerto sin puntilla (“muerto de la mano” como entonces, también castizamente, se decía).

 

Lo que ayer era virtud y hoy es defecto

Hecha esta digresión en homenaje a las estocadas de Frascuelo y volviendo al tema que nos ocupaba al principio, resulta interesante señalar como lo que, a mediados del siglo XIX (agarrarse al suelo), era una cualidad del toro necesaria para poder entrar al volapié con garantías, se ha convertido hoy día  (agarrarse al piso) en un defecto capital pues dificulta e imposibilita la faena de muleta que hoy se exige.

En este siglo y medio, muchas cosas han cambiado y el interés de los públicos se ha desplazado desde la estocada a la faena de muleta, resultando que  lo que que ayer era virtud es hoy defecto (y viceversa).

Y es que las modas son pasajeras… y la evolución del toreo, nos guste o no, inexorable.

 

2012-10-00 Zaragoza Flameado de Ana Romero Paulita

Paulita cita de largo a Flameado, un bravo toro de Ana Romero “que no se agarra al piso” y que fue premiado en Zaragoza en 2012 un año después de que otro toro de esa misma ganadería destrozase la cara –que no la carrera profesional- de Juan José Padilla (Fotografía del blog Bravura Real)

 

Del aplomado y mayoritariamente mansurrón toro decimonónico (esto es una generalización) al bravo y generalmente repetidor toro de nuestra época (esto es otra), se ha recorrido un largo trecho.

Hoy –al contrario que en la época de Frascuelo- se necesita un toro que no se agarre al piso… Perdón, quise decir ¡al suelo!

miércoles, 14 de enero de 2015

Cuaderno de notas (XXXIX) O razón o dogma

 

Escolástica medieval

La escolástica medieval trataba de conciliar la verdad absoluta con la razón. Vano intento. O lo uno o lo otro.

 

“Esa mitificación de algunas figuras del toreo está expuesta a un sistema cerrado, es decir, a una escolástica. Y toda escolástica es intemporal y, por tanto, antihistórica.

No interesa hoy la fe del carbonero, sobre todo en cuestiones no religiosas, sino, en todo caso, el análisis del científico, la lógica del hombre inteligente capaz de replantearse personalmente los mitos establecidos y convertirlos en problemas vivos.

Aquí, en el toreo, como en todo, o se es un intelectual auténtico o se es un dogmático. Y hay que elegir.

Ahora bien, ¿en que situación anímica ha de encontrarse el hombre para descubrir la verdad? Los griegos, tan amigos de ella, respondían: la admiración.

Con ella se inicia la teoría

Guillermo Sureda Molina “El toreo gitano” (1ª ed., Palma de Mallorca, 1967. Página 84)