sábado, 28 de marzo de 2015

Relatividad de un toro de Adolfo

Por Jose Morente

Einstein Teoria de la relatividad (III)

La Teoría de la Relatividad  fue formulada por Albert Einstein a principios del pasado siglo (1905 y 1915). Años después encontraría su aplicación al Planeta de los Toros con la publicación por Luís Fernández Salcedo en 1948 de su libro “Tres ensayos de Relatividad Taurina”. Sin embargo, todavía hoy y pese al tiempo transcurrido y a la innata complejidad del toreo, se siguen manejando, en este mundillo, demasiadas verdades absolutas, demasiados dogmas y demasiados tópicos.

 

En 1974, Don Luis Fernández Salcedo publicaba en el Ruedo un sustancioso articulo (como todos los suyos) al que titulaba “La verdad relativa del retrato de un toro”.

1974-01-29 (p. ER) Relatividad LF Salcedo

El encabezamiento del artículo de Fernández Salcedo en el Ruedo del día 29 de enero de 1974.

Planteaba don Luís en su artículo –creo que por última vez en su trayectoria como escritor- un tema que había sido recurrente a lo largo de toda su obra: La relatividad en el toreo. En este caso, centrado en el tamaño del toro y en la imposibilidad de juzgar sobre su trapío a partir de una simple fotografía.

Como prueba, aportaba dos curiosas fotos de un mismo toro: El Gamito, de los Herederos de Don Vicente Martínez, o sea de la ganadería familiar. Un toro que había sido premiado en la Corrida Concurso celebrada en Madrid en 1911, aquella en que la que, por vez primera, se valoraba la bravura del toro en todos los tercios.

En la primera imagen (muy famosa y difundida) del toro Gamito, don Luís explicaba que, por estar hecha la foto desde arriba, el toro aparentaba una edad de cuatro años y un peso de sólo 25 arrobas.

1974-01-29 (p. ER) Relatividad Gamito A

 

Sin embargo, en la segunda imagen, el toro ya representaba los cinco años y las 30 arrobas que, en realidad y según nuestro admirado autor, tenía.

Gamito-bis-0016 (2)

Aunque don Luís siempre decía que de muestra bastaba un botón, en este caso creyó oportuno “coser dos” por lo que, en el artículo citado, incluía también otras dos fotos de otro toro de su misma ganadería familiar. Esta vez el elegido se llamaba “Baratillo” y había sido lidiado por Villalta en San Sebastián.

En la primera de las dos fotos, Baratillo parece un cuatreño. Quizás porque Baldomero (el fotógrafo) lo ha captado en movimiento y con la cabeza levantada.

1974-01-29 (p. ER) Relatividad Baratillo A

En la segunda por el contrario y aunque hecha en el mismo encerradero y sólo momentos después de la anterior, el toro aparenta según decía Fernández Salcedo en el Ruedo, los 6 años y 7 yerbas que tenía.

Curiosamente cuando don Luís incluyó esa misma foto en otro libro suyo (“El toro bravo” publicado unos cuantos años antes) le atribuía al toro sólo cinco años de edad. Otro ejemplo de relatividad taurina, aunque este de índole literaria.

1974-01-29 (p. ER) Relatividad Baratillo B

 

Addenda fandiñista

Aunque, podríamos traer a colación muchos otros ejemplos para corroborar las tesis relativistas de Salcedo que compartimos plenamente, me ha parecido interesante traer a estas páginas al toro Malagueño de Adolfo Martín que, si el tiempo no lo impide (que parece que no lo impedirá), será el toro de esa ganadería que lidiará Iván Fandiño en su encerrona de mañana, Domingo de Ramos, en la plaza de las Ventas, en valiente y arriesgada apuesta.

El caso es que Malagueño, nº 14, viene a Madrid sustituyendo a otro toro de la misma ganadería inutilizado en el campo, Bordador, nº 80, un clásico cornipaso de Adolfo.

Este es Bordador, nº 80

Adolfo-Martin.-Bordador-número-80-guarismo-0-cárdeno

Dicho sea… “de paso”, conviene aclarar que,personalmente, no me gustan para nada esas encornudas tan abiertas, vueltas y feotas pues parecen más adecuadas para otras épocas cuando los toros se criaban para destripar caballos. No obstante, aceptémoslas en aras a la variedad de fenotipos.

El toro sustituto, Malagueño, es también bastante cornalón pero mejor puesto de cuerna. Le vemos aquí, en el campo, en una fotografía que ha sido publicada en el blog Pureza y Emoción.

Aquí está Malagueño, nº 14

Pureza y emocion inutilizado el Adolfo

El toro de Adolfo posando en el campo, parado y con la cámara a su misma altura

Lo curioso y lo interesante, es que en la foto que se ha difundido por Internet del toro Malagueño en lo corrales, es esta otra. Un toro este que se parece como un huevo a una castaña al fotografiado en el campo.

Supuesta foto de Malagueño en los corrales. ¿Malagueño?

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El toro de Adolfo en el reconocimiento veterinario, la cámara algo más elevada y el toro iniciando una arrancada lo que, unido a su tono más claro de pelaje, hace que nos parezca otro ¿O lo es?

Para esa diferencia caben varias explicaciones. La primera, es que el toro enviado finalmente por Adolfo a las Ventas, no haya sido el Malagueño inicialmente seleccionado y fotografiado en el campo. Esta primera opción no es nada probable pues la Prensa informa que el toro que se lidiará es efectivamente, Malagueño. No otro.

2015-03-27 (p. EP) Los toros de la encerrona

Otra opción, es que realmente se trate de otro toro. Podría ser, por ejemplo, el sobrero de la misma ganadería preparado para esta corrida. En ese caso, se habría producido un error por parte de la empresa al colgar la foto en su web. Esta opción es la más probable.

Pero cabe también una tercera (aunque remota) posibilidad: Que se trate del mismo toro. En este caso (harto improbable pues varía hasta el tono del pelaje cárdeno), nos encontraríamos ante un ejemplo más de esa relatividad taurina que tanto encandilaba a Fernández Salcedo (y también a mí) y tendríamos, igual que ocurría con los toros de Martínez, Gamito y Baratillo, dos fotografías muy diferentes de un mismo toro.

La solución, la tendremos, en la plaza de las  Ventas, el Domingo de Ramos.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Cuaderno de notas (XLVI) Frascuelo o el valor

 

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Frascuelo citando a la estocada (Detalle de fotografía de Laurent)

El diestro de Churriana cultivaba su indomable valor por el valor mismo. Salvador Sánchez es inconcebible no sin valor (…), sino actuando sin hacer exhibición de él, porque él era la esencia de su toreo. Esencia tan capitosa y eficaz que arrastraba a los públicos tras ella.

El valor para los frascuelistas vino a ser de esta suerte, no un supuesto imprescindible en el toreo, sino el fin por excelencia; no un medio de torear sino el toreo mismo.

Claro es que a este confusionismo no podía conducir sino el que tuviera un gran instinto torero y Frascuelo lo tuvo, a más de ser quizás el matador mas tremendo y seguro que ha conocido la historia del toreo.

Su audacia ante los toros no tenía límite. Al final de su actuar taurino tenía el mismo temple en el mismo metal que cuando comenzara sus andanzas toreras.

Frascuelo desde el primer momento tuvo el recurso de su valor y mal dicho ha quedado esto, porque para el gran matador no se trataba de recurso sino de lo sustancial y central del toreo y, o al menos, si el sabia concebirlo de otro modo no sabía interpretarlo de otra manera.

De su paso por la fiesta queda, aparte el recuerdo de la emoción de sus faenas y de sus estocadas, el ejemplo moral del más noble elemento de la fiesta, el valor, sublimado y llevado a extremos que ni antes ni después ha conocido ejemplo.

José María de Cossío. El valor como fin del toreo (Fragmento del Capítulo “Disertación final de los toros”. Cossío. Tomo IV. 1ª ed., Madrid, Espasa Calpe S.A., 1964. Páginas 917-920)

martes, 24 de marzo de 2015

Fandiño a Madrid

Por Paco Carmona/Juan Antonio Polo

Cartel Fandiño

Un cartel que lo dice todo

Dice Paco Carmona​

Hace veinte años, Ivan salió de su Orduña natal con toda la ignorancia y una única ilusión, ser torero. Parecía casi cualquier cosa menos eso. Ahora en cambio, todos aquellos que quieran serlo, tienen que mirarse en él.

Sólo deseo que llene Madrid, que ayude algún toro y que su titánica lucha tenga recompensa.

Un hombre que se viste por derecho y que torea por derecho, es un hombre digno de admiración y de respeto.

Pase lo que pase, el camino recorrido hasta hoy, es un ejemplo y una utopía para todos aquellos que creen en los sueños, aunque de momento cuando se miren en un espejo, no se vean reflejados en él.

Dice Juan Antonio Polo

Fandiño quiere dar un paso adelante. Quiere ser figura ("figura" es un término que no me gusta, lo que quiere Fandiño es situarse en primera línea) y ha optado por la línea más corta... que lógicamente es la más difícil. Diría que dificilísima.

Fandiño, aunque se ha guardado en la recámara los miuras de Sevilla, tiene ante sí una papeleta gordísima y se juega "casi todo" a un envite.

De ahí que nadie sea capaz de imaginar lo que tiene que estar pasando ese hombre y de ahí mis respetos... y mi admiración.

domingo, 22 de marzo de 2015

Lo digo en broma

Por Jose Morente

Los toros de G-DH en los corrales DGC

La corrida de Garcigrande/Domingo Hernández, una corrida pareja e igualada, con unas hechuras normales para cualquier época del toreo pero que hoy, en la moda del toro grandón y cornalón, ya nos parece a todos, terciada e incluso chica. Eso en los corrales porque, por la tarde, embistieron los seis(fotografía de David García Cotrina).

 

Comentando en facebook la gran tarde que se vivió en Valencia el pasado día de San José, gracias al buen comportamiento de los toros de Garcigrande/Domingo Hernández y a la calidad y empeño de los toreros (Finito, Juli y Perera), me replicaba un aficionado preguntándome con bastante ironía si eso que decía, lo decía ¿en serio o en broma?

Una pregunta inútil y que no necesita respuesta pues resulta evidente que a un “buen aficionado” una corrida como esa no puede gustarle un pelo.

A un buen aficionado no pueden gustarle la clase infinita ni la profundidad en la embestida del primer toro de la tarde. A un buen aficionado no puede gustarle tampoco la casta agresiva del quinto toro.

Al buen aficionado no pueden gustarle los toros que embisten (bravura) francos y por derechos (nobleza) como, en general y con matices, hicieron los seis. Al buen aficionado, está claro, que el toro bravo y noble no le puede valer.

A un buen aficionado no puede gustarle el toreo de muleta con la izquierda, por naturales, de Finito de Córdoba. Ese toreo “desde arriba”, componiendo la figura con singular prestancia, no puede gustarle.

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Toreo al natural de Finito de Córdoba (Cultoro)

Tampoco puede gustarle al buen aficionado, la precisión con la que maneja los engaños ese torero perfecto que se llama Miguel Ángel Perera.

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Toreo con la muleta en la derecha de Miguel Ángel Perera (Foto Cultoro)

Al buen aficionado, aún menos puede gustarle la capacidad técnica de Juli ni su intuitivo conocimiento de las reses, de todas las reses, eso que lo diferencia de los otros figurones del toreo de esta época. Tampoco su precisión y capacidad en la muleta puede interesar al buen aficionado.

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Toreo de muleta con la derecha del Juli (Fotografía de Alberto de Jesús para Mundotoro)

Y, desde luego, al aficionado, al buen aficionado, le debe dejar indiferente la apuesta de dos figuras (tres incluyendo a Talavante que lo hizo el día anterior y marcó el camino) que fueron capaces, en medio de un vendaval, de irse a los medios de la plaza con la muleta en la mano izquierda (¡en la izquierda!), para echar al aire (nunca mejor dicho) la carta del muletazo o la cornada. La del éxito o la del triunfo. Salió triunfo.

Por todo eso, porque al buen aficionado no le puede nunca gustar que embistan los toros y toreen los toreros y que una corrida acabe en triunfo, es por lo que todo esto que digo, lo digo en serio.

Perdón, quise decir… en broma.

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Juli y Perera, por este orden, saliendo en hombros (por supuesto ¡en broma!) de la plaza de Valencia (Foto de Alerto de Jesús para Mundotoro)

viernes, 20 de marzo de 2015

Gracias al viento

Por Jose Morente

 

El Juli (Foto Alberto de Jesús-Mundotoro)

 

Gracias al viento.

Y gracias a Talavante que, el día anterior y pese al viento, se atrevió a torear en los medios sin refugiarse en los papelillos.

Y gracias a los toros de Garcigrande/Domingo Hernández que, justo de presencia alguno e incluso anovillado alguno, embistieron por derecho, 6 de 6, como embestían las buenas corridas de los años 60 (aquellas que tenían un año menos pero que propiciaban unas tardes inolvidables).

Y gracias al buen hacer de Finito que dejó en Valencia, al toro de más clase, profundidad y recorrido, un ramillete de preciosos naturales.

Y gracias al valor y decisión del Juli que, dando la réplica a Talavante, también se fue a los medios, en su primer toro, cuando soplaba intenso el viento, para torear de verdad y que volvió a irse a los medios, en su segundo, para darse la réplica a si mismo y en medio de un tremendo vendaval, para torear con la casta y la rabia con la que sólo torean las figuras verdaderas a los toros bravos y encastados.

Y gracias a Perera que, para darle la réplica al Juli, salió de rodillas (otro alarde) en muletazos infinitos y, luego ya en pié, toreó con el valor y la precisión a los que nos tiene acostumbrados. 

….

Gracias al viento que, unido a la tremenda apuesta de dos toreros, convirtió en épica una tarde que, en otras circunstancias, no hubiera pasado de extraordinaria y que permitió vivir ayer lo que se vivió ayer en la plaza de toros de Valencia.

Gracias al viento.

jueves, 19 de marzo de 2015

Postales taurinas (XIV) La bravura inútil

Por Jose Morente

 

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Toro bravo en el campo (ABC)

Decía Gregorio Corrochano que el toro bravo lo era por mero instinto defensivo o sea, por miedo. En el fondo, una frase llamativa más de las que tanto gustaban al gran crítico de ABC.

Sin embargo, viendo la foto de este toro en el campo, nadie pensaría que el toro pueda ser un animal cobarde. Al contrario, si fijamos nuestra atención en su bella estampa, la sensación que nos transmite el toro en la dehesa es de seguridad y aplomo. Una seguridad y aplomo que son hijas de su poderío y fortaleza pero sobre todo, que son, tienen que ser, hijas de su valor, de su bravura.

Es el toro, además, el animal más noble de todos pues nunca embiste a traición. Otro dato más que añadir a su carácter. Un animal así, tan leal y tan noble, es evidente que no puede ser cobarde sino que tiene que ser bravo.

Bravura que es atávica e instintiva pero también, al mismo tiempo, cultural, o sea modelada por el ganadero generación tras generación, familia tras familia. Afinando el instinto y depurando la embestida.

Una bravura que, ahora en el campo y mientras llega el momento de manifestarse en la plaza, sólo podemos intuir o adivinar mirándole  a los ojos pues es, en los ojos del toro, en su mirada, donde se encuentra y esconde su bravura.

Una bravura, no obstante, todavía potencial y que, sin torero que la enfrente y domine, se nos antoja innecesaria y superflua. Una bravura inútil.

lunes, 16 de marzo de 2015

Postales taurinas (XIII) La belleza inútil

Por Jose Morente

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Antonio Ordoñez toreando a la verónica en el Coliseo de Roma. Puro arte del toreo más puro.

 

Piensan algunos aficionados que el arte del toreo se puede reducir a una mera cuestión cuantitativa. Que el mérito artístico de un lance o de una faena (como el de un cuadro o el de una poesía o el de una sinfonía) se deben medir por las dificultades vencidas. Piensan que solo es arte lo que se consigue mediante el esfuerzo.

En esta fotografía de Antonio Ordoñez toreando a la verónica, y creando arte, en el Coliseo romano, no hay esfuerzo aparente. Por no haber, ni siquiera hay un enemigo al que vencer. Pero, sin embargo, nadie puede negar o dudar que la foto recoge un momento vibrante, de plástica expresión. Un bello momento.

Y es que, en el toreo de salón y las pruebas cantan, se pueden alcanzar momentos de una belleza inusitada pese a la ausencia del toro que, aunque ausente, se adivina y presiente –se hace presente- gracias al gesto del torero.

En el toreo de arte, el toro no condiciona el toreo aunque sea siempre su premisa necesaria. Al contrario, en el toreo de arte, es el propio toreo, con su belleza inútil, el que determina, condiciona y, a la postre y en cierto modo, crea al toro.