jueves, 8 de diciembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (IX) La crítica contra el Rey de los toreros

Por Antonio Luis Aguilera


Manolete. Dios del toreo (Fotografía de la web del Ayuntamiento de Alicante)

Nota de LRI: El día antes de nuestro paseo cordobés en memoria de Manolete, nuestro amigo Antonio Luis Aguilera nos hablaba, en magistral charla, con acierto y tino sobre la importancia de Manolete en el toreo venidero y sobre la inquina que sobre su figura desataron algunos aficionados, algunos críticos y, lo que es más penoso, algunos toreros de la época..

Hoy, en la distancia, esa actitud nos parece inconcebible e injusta, como también nos lo parece el trato que otros públicos y otros críticos dieron a toreros tan incontestables como Guerrita Joselito, por poner dos ejemplos señeros. 

Espero que la  ajustada enseñanza que hoy comparte con nosotros Antonio Luis Aguilera nos sirva a nosotros para no caer de nuevo en los mismos erroresLo espero, aunque, a la visto del trato que, en ocasiones, reciben los toreros y el toreo de nuestros días, lo dudo.

El texto de Antonio Luis Aguilera, publicado antes en el Diario Córdoba el 28 de agosto de 2012, es impagable.

---ooo0ooo---

Manolete, dios del toreo

El 3 de noviembre de 2005, en la magnífica sede de la Tertulia Taurina “El Castoreño” del Círculo de la Amistad de Córdoba, con el auditorio lleno hasta la bandera y actuando como notario el historiador taurino Fernando Claramunt López, el matador de toros Ángel Luis Mejías Jiménez, último representante de la célebre dinastía de los Bienvenida, una de las más toreras de la historia, respondió con el señorío, sencillez y gallardía que le caracterizaban al ser requerida su opinión sobre la campaña antimanoletista emprendida por críticos y toreros para restablecer la “verdad” del toreo, poco tiempo después de que un toro de Miura matara al torero cordobés: 
Mire usted, si el toreo ha tenido un dios y una virgen, ése ha sido Manolete. Primero fue él y luego todos los demás. Lo que ocurre es que aquí hay mucha envidia y eso no se perdona. Desgraciadamente, en España hay muchos envidiosos


Contra Manolete

En sus dos últimas temporadas Manolete sufrió el hostigamiento del público. Se metían con él y le protestaban el precio de las entradas. No era de extrañar, pues críticos de la influencia de Gregorio Corrochano (Diario ABC) le habían llamado banquero en sus crónicas al verlo de espectador en la feria de Sevilla. 

Resulta sorprendente que un crítico tan conocedor como Gregorio Corrochano participase en dos de las campañas más injustas de toda la historia del toreo: Las iniciadas contra Gallito en 1919 y contra Manolete en el 46.. Luego quiso enmendarlo en sus libros postreros ("¿Qué es torear?" y "Cuando suena el clarín") pero el daño ya estaba hecho.

Por otra parte, toreros que gozaban del fervor de una crítica ortodoxa pero de escasas miras, nunca perdonaron al espada de Córdoba que les anticipara la retirada, como fue el caso de Marcial Lalanda, quien juzgaba a Manolete de torero corto que se desenvolvía bien con los toros chicos y afeitados, cuando precisamente fue él quien protagonizó un enorme escándalo en Valencia, al aparecer afeitada en los corrales de la plaza la corrida del Conde de la Corte prevista para su despedida de la afición de aquella ciudad, hecho que originó el arresto y consiguiente rapado al cero de su representante, como entonces era habitual

Manolete era el torero que más cobraba, porque era el que más se arrimaba. Precisamente por eso ocupaba el trono del toreo y mandaba en la Fiesta. Y como no podían pararlo, los envidiosos recurrieron a quienes sin escrúpulo propagaron que en él todo era truco y fraude. Sin embargo, la historia termina poniendo a cada uno en su sitio, por mucho que se empeñen en lo contrario algunos de los que la escriben. Basta comprobar cómo se toreaba antes de Manolete, examinando fotos de los toreros más influyentes de las primeras cuatro décadas del siglo XX, para verificar que se trata de un toreo de escasa reunión, con trasteos a la defensiva, donde la muleta balbucea un toreo de mayor sosiego, pero todavía desplaza al toro lo más lejos posible del sitio que ocupa el torero. El público aceptaba esta tauromaquia y veía como algo extraordinario cuando un toro propiciaba una actuación donde adquiría protagonismo la quietud de piernas

El toreo anterior a Manolete era -en general- un toreo de poco ajuste y escasa quietud (fotografía de un natural por alto de Vicente Pastor en la primera década del siglo XX, publicada hace unos días en Toro, torero y afición)
Quietud y ajuste

Por el contrario, analizando detenidamente fotografías de Manolete podemos observar que nos hallamos ante un toreo que no ha perdido actualidad. El ligado en redondo, donde el diestro deja venir al toro por su terreno natural para obligarlo a ir hacia atrás y hacia dentro, un planteamiento, que permite la ligazón de los pases, no fue descubierto por el inolvidable torero de Córdoba. Téngase en cuenta que en su formulación y desarrollo tuvieron mucho que ver matadores como Guerrita, Joselito y Chicuelo. Ahora bien, lo que sí hizo Manolete fue aceptarlo y adoptarlo como patrón de su modelo de faena y ejecutarlo ante todos los toros. De esta forma, asumiendo el riesgo que conllevaba no esperar a que saliera “su toro”, con una firmeza y regularidad impresionantes, implantó definitivamente el toreo ligado en redondo como la base técnica donde habría de cimentarse cualquier manifestación artística. 

Antes de él se hablaba de “parar, templar y mandar”, pero fue necesario su reinado para hallar el gozne que permitiera la implantación y desarrollo de esta célebre fórmula, atribuida a Belmonte, a la que le faltaban los verbos: “aguantar y ligar”. Manuel Rodríguez asume cada tarde el riesgo que supone, mientras los demás murmuran que está llegando muy lejos, porque a todos los toros no se les puede torear por naturales y, por supuesto, porque ninguno es capaz de aguantarle el pulso. 

Comentaba el matador de toros Rafael Jiménez Castro “Chicuelo”, hijo del gran maestro sevillano que otorgara la alternativa a Manuel
“Mi padre decía que Manolete fue el único torero al que había visto pararse con los toros gazapones”.
Manolete fue el primer torero de la historia que se paró de verdad con los toros que entraban en la muleta gazapeando. Sólo los aficionados saben el mérito y la verdad que eso supone. 

Unidad de estilo. Un sistema de torear novedoso

Sobran comentarios, pues cualquier aficionado sabe lo que eso significa. Sin embargo, no podemos pasar por alto que esta valiosísima opinión confirma que el toreo de Manolete tenía unidad de sistema porque lo aplicaba a todo tipo de toros.

El tiempo acabó desarmando a quienes interesadamente etiquetaron al espada cordobés de “torero corto”, como Marcial Lalanda, que fue “el más grande” en la letra de su pasodoble. A un torero de la solemne majestuosidad y hombría de Manolete no se le puede juzgar por el austero catálogo de suertes que practicaba. El torero cordobés no realizaba, ni falta que le hacía, quites como el de la mariposa, donde se le tocan las orejas al toro, ni necesitaba torear de rodillas para que el público vibrara. Sin embargo, ejecutó con singular pureza las suertes fundamentales de la tauromaquia, como la verónica  -reina del toreo a capote-, el natural -rey del toreo de muleta- y la estocada -reina de todas las suertes, llamada suprema porque en ella se pierde de vista la cara del toro cuando se entra a matar derecho y atacando arriba-. Sin concesiones a lo accesorio, Manolete ejecutó las suertes fundamentales en sus actuaciones. ¿Torero corto?

También Domingo Ortega, aprovechando que soplaban vientos a favor cuando Manolete ya no podía replicarle, conferenció sobre la “verdad” del toreo censurando al diestro que no adelanta la pierna contraria cuando se arranca el toro, porque no carga la suerte. Era una clara referencia al toreo de perfil del espada cordobés. Pero si la verdad del toreo se resumiera en esa acción de avance de la pierna de salida, todos los toreros, desde Manolete hasta nuestros días, habrían sido unos farsantes. Y no fue así. Conviene precisar que Manuel Rodríguez cargaba la suerte siempre que volcaba el peso de su cuerpo sobre la pierna de salida, que es la máxima expresión de entrega y dominio sobre el toro, sin que en ello tenga mucho o poco que ver que el compás permanezca abierto o cerrado. 

No tuvo discípulos Domingo Ortega, que basaba su faena en un intercambio de pases y pasos, en un toreo sobre las piernas, de avance con el toro, armonioso para quienes aceptaban esta forma de dominio y de menor valor para los que veían en su sistema una forma más o menos elegante de irse al rabo

Por el contrario, todos los toreros adoptaron para expresar su arte el sistema de toreo ligado en redondo consolidado por el torero cordobés, donde el lidiador, con el compás abierto o incluso retrasando ligeramente la pierna de salida, deja venir al toro por su camino natural para, sin quebrar su viaje hacia afuera, llevarlo hacia atrás y hacia adentro, y con un giro de talones resolver la colocación para ofrecer nuevamente la muleta y ligar los muletazos. 

Ninguna campaña pudo evitar que la sombra de Manolete siguiera agigantándose en la historia de la Fiesta, porque como escribió “Clarito”: 
“El toreo está tan lleno de Manolete como los cielos y la tierra de la voluntad de Dios”.
Frente a la inquina de algunos aficionados, algunos críticos y algunos toreros, los públicos reconocieron mayoritariamente en España y, sobre todo, en México la categoría y grandeza de este dios del toreo (Manolete en Alicante. Fotografía publicada en la web del Ayuntamiento)

viernes, 2 de diciembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (VIII) De Guerrita a Manolete (8ª parte)

Por Jose Morente


Manolete (Una de sus fotografías mas difundidas. Realizada por Manuel H. en 1945 en la Plaza Santamaría de Bogotá)

Después de un largo y arduo periplo (no tan largo ni tan arduo como el que tuvieron que recorrer los toreros en las plazas), hemos arribado al final de nuestra historia. La historia de la creación del toreo en redondo.

Una historia que comenzaba incluso antes del Guerra, con ese ideal de los toreros decimonónicos de engazar tres naturales seguidos. Lo que ellos llamaron el pase en redondo.

Guerrita no tuvo empacho en ponerse de perfil (en la verónica y en el natural) retrasando la pierna de salida, para conseguirlo pues comprendió bien pronto que la verdad del toreo está en el corazón del torerono en una pierna más o menos adelantada.

Lo que, en Guerrita y en los toreros del XIX, fue proeza extraordinaria, Joselito lo convirtió en moneda habitual. Su pase en redondo, sus tres naturales ligados en serie (tres o cuatro o cinco o seis...), se convirtió en pieza fundamental y habitual de muchas de sus faenas. Ahí están las hemerotecas para quien de verdad quiera conocer la historia verdadera del toreo.

En 1928, Chicuelo levantó en Madrid (como antes había hecho en otras plazas españolas y mexicanas) un monumento al pase natural en series. Ante el toro Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero, el torero de la Alameda desgranó un natural tras otro. Después de él, los públicos se negaron a degustar otra cosa que no fuera paladear el manjar más selecto del toreo.

Con Manolete... ¡con Manolete hay que hacer punto y aparte pues el torero de Córdoba acabó con el cuadro!

Denostado y ninguneado por la afición más mezquina y sectaria, Manuel Rodríguez Manolete cambió el rumbo del toreo al imponer en las plazas, por siempre y para siempre, el toreo que soñaron los toreros que le precedieron.

A Manolete se le critica abiertamente o, en el mejor de los casos, se le acepta por su personalidad y su valor, pero criticando su forma de torear y la herencia que ha dejado. Eso es un error.

Manolete no es el torero que pervierte las normas clásicas, ni el que rompe con el canon clásico como de él han dicho. Por el contrario Manolete es el torero clásico y puro que culmina el sueño del toreo en redondo tomando como referentes a Guerrita, Joselito y Chicuelo

Manolete consigue torear en redondo todas las tardes, en todas las plazas y con todos los toros. Y hace de ese toreo en redondo la base de su toreo, el eje de su faena. Una faena que luego se convertiría en modelo de la faena moderna.

A partir de Manolete, todos los toreros tendrán ya que torear siguiendo su modo de torear. 

Manolete ya no puede volver a los ruedos pues le mató un toro de Miura en la plaza de Linares, pero hoy tenemos toreros tan importantes como él (estoy pensando en José Tomás) que torean siguiendo su herencia y tenemos también un toro mucho más importante que el toro de su época. 

Lo único que falla, lo único que hoy nos falta es que vuelva a las plazas un público como el público de la época de Manolete

Un público que sea capaz de entusiasmarse con el buen toreo de ahora tanto como el público de ayer se emocionaba con el grandioso toreo que, en las plazas, hacía Manuel Rodriguez Manolete.






miércoles, 30 de noviembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (VII) De Guerrita a Manolete (7ª parte)

Por Jose Morente

Estatuario de Manolete en Málaga. Un pase que fue "santo y seña" de su toreo. Un muletazo con más enjundia lidiadora de lo que aparenta (Fotografía publicada en El Ruedo en agosto de 1944)
Como hemos comentado en la entrada anterior, con Manolete se cumple la profecía de Juan Belmonte (“llegará un día un torero que toreará a todos los toros”) y es que Manolete les hará faena -toreará- todas las tardes a todos sus toros.

Una faena que, como también hemos visto en esa entrada, consigue fundir la lidia con el toreo. Manolete no recurre a la "lidia evidente", al toreo de dominio sobre las piernas para someter al toro, sino que lo somete directamente en redondo y por naturales. Manolete lidia a los toros con sutileza máxima y encubierta. O sea, toreando.

Pero su aportación no se limita a eso (aunque "eso" hubiera sido suficiente para pasar a la historia del toreo) sino que, además, su faena se convertirá en modelo y patrón del toreo venidero. Pero ¿cómo era esa faena? ¿cuál era su faena tipo?


La faena tipo de Manolete

Decía Felipe Sassone del toreo anterior a Manolete:
"Un pase aquí, dos allá, tres acullá, recorriendo todos los sitios de la plaza, cortando el lance, no por defecto del toro, que no huye cuando es bravo, sino por voluntad temerosa del torero que no resiste o no consigue, por falta de habilidad, torear seguido, no constituye faena propiamente dicha".
El párrafo de Sassone aunque excesivo (algunos diestros anteriores, y estoy pensando sobre todo en Juan Belmonte, aportaron un evidente y cierto sentido de unidad a sus trasteos aunque, por supuesto no siempre ni todas las tardes) resulta revelador y clarificador. Lo que antes de Manolete era normal y admitido (la faena como sucesión de muletazos sin orden ni concierto), deja de serlo a partir de él. Hasta tal punto ello es así que, para Sassone, la faena de pases sueltos ni siquiera merecerá ya llamarse faena. Para eso, exigirá coherencia y unidad

Y es que Manolete tuvo muy claro como tenía que ordenar sus faenas. Tanto que estas van a seguir siempre un mismo patrón (patrón que se convertirá en referencia de la faena moderna): Es el siguiente:
Inicio por estatuarios.
Tandas en redondo (culminando el sueño de los toreros anteriores).
Manoletinas de remate.
La cosa tiene más enjundia de la que parece y merece la pena detenerse en ella.


Inicio por estatuarios



Alameda decía de ese inicio, que a él, en un primer momento, esos estatuarios le parecieron insulsos comparados con los ayudados por alto ganando terreno y barriendo los lomos de los toros de otros toreros, 

Más tarde comprendió que esa era la manera del torero de Córdoba de interrogar al toro. De descifrarlo.

Dejándolo ir a su aire, sin forzarle, sin condicionar su embestida, Manolete comprobaba en esos primeros compases, cual era la verdadera condición del toro: Si punteaba, si se vencía o acostaba, si se quedaba corto o se rebosaba,... 

Una forma muy inteligente de proceder y muy propia de gran lidiador que eso es lo que siempre fue el diestro de Córdoba. Una cualidad suya que creo que no ha tenido el reconocimiento que se merece.




El toreo fundamental




Después de los estatuarios, venía la faena de muleta estructurada en tandas de naturales y derechazos rematados con algún otro muletazo (en Manolete pocos veces mediante pases de pecho pues el toreo cambiado le era extraño y ajeno). 

El natural de Manolete es el natural clásico, cargando la suerte con los brazos y no con las piernas. 

Manolete se colocaba al rafe del pitón para respetar el viaje natural del toro y una vez pasada la cabeza por el cuerpo del torero, rematar hacia atrás para poder ligar los muletazos. Precisamente, para ligar los muletazos, se colocaba de perfil como había hecho años antes el Guerra

Manolete además citaba con la muleta a la altura del cuerpo que tal era la norma clásica. La muleta adelantada es escudo y defensa, la muleta a la altura de cuerpo es pura entrega. Por eso su natural era tan emocionante.


Una de las características más impresionantes del toreo de Manolete era su aguante. Antonio Luis Aguilera en Córdoba nos recordaba hace pocos días que Manolete era el único torero capaz de quedarse quieto ante los toros gazapones. Una hazaña de incalculable mérito e importancia fuera de lo común.
La faena de Manolete se estructuraba sistemáticamente en tandas (series de muletazos), lo que, además de novedoso, era también muy inteligente. Los toreros antiguos toreaban de un tirón (salvo alguna pausa para reposar con el pretexto de arreglar la muleta, o cambiar los terrenos) porque las faenas eran muy cortas y de muy pocos muletazos (sólo los que el toro tenía).

Al darle más importancia a la faena de muleta, esta se alarga y la lidia ya no consiste en machacar al toro de salida, sino en un dominio dosificado (para conseguir que dure la emoción y la faena).

Estructurar la faena en tandas será clave para poder realizar esa lidia dosificada.pues las pausas permiten descansar al toro y, sobre todo, que este recargue el depósito de la bravura (que vuelva a querer pelear, a embestir). 

Están muy bien las faenas cortas, pero 10 o 12 arrancadas las da casi cualquier toro. Lo difícil es torear cuando el toro se para y hay que tirar de él (y no sólo llevarlo o acompañarlo aprovechando inercias). Hay quien ha dicho que cuando el toro se para, es cuando empieza el toreo.

Dentro de su faena, causaron sensación los pases mirando al tendido

Manolete quiso demostrar que toreando en redondo se podía dominar totalmente al toro. Esa es la explicación de su pase mirando al tendido. Una expresión de dominio total. Tanto que, cuando toreaba mirando al tendido, los públicos rugían de entusiasmo.

La mejor prueba del dominio sobre el toro. Un toro que va totalmente toreado y embebido en el engaño. El pase mirando al tendido fue "marca" de la casa.



Remate de faena por manoletinas


Verticalidad y grandeza incluso en los adornos. Aunque debajo de esa estética aparente de líneas rectas, ascetismo y seriedad, había mucho más. El fondo en Manolete tuvo tanta o mas importancia que sus impactantes formas.  
Por lo que respecta al remate de al faena por manoletinas era su manera de conseguir mantener o incluso acrecentar el clima de emoción sostenido durante toda la faena, antes de la estocada

Algunos diestros de hoy, lo consiguen llevando el toro de los medios o del tercio a la barrera, toreando en ochos. Manolete lo hacía como había empezado con un toreo de línea natural, no cambiado. 

Eso demuestra la total coherencia de su sistema, de su forma de torear.





El triunfo de un concepto

Manolete conseguía todas las tardes y en todas las plazas imponer a los toros su modelo de faena. La faena del diestro de Córdoba será el mayor referente de todo el toreo que vendrá después.


sábado, 26 de noviembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (VI) De Guerrita a Manolete (6ª parte)

Por Jose Morente
Manolete fue un lidiador sobrio y muy eficaz que consiguió dominar pero a base de torear por naturales a la mayoría de los reses a los que se enfrentó en su vida. Por eso, muy pocas veces tuvo que recurrir a esa vieja lidia que, sin embargo, tan bien conocía y tan bien practicaba (Fotografía publicada en El Ruedo)

Del toreo de "pasos sin pases" al toreo de "pases sin pasos"
.

Decíamos en la entrada anterior que la mejor manera de entender el toreo de Manolete era -por puro contraste- comenzar por ver torear a Domingo Ortega.

Y, en efecto, el toreo del torero de Córdoba es diametralmente opuesto al del toledano. No solo desde el punto de vista de la estética sino también en su técnica y en su concepto.

Para Ortega, torear es dominar al toro, poderle, someterle... El toreo de Ortega se basa en una lidia hecha, no de pases ("torear no es dar pases" diría después) sino de pasos, de muletazos en movimiento, entrando y saliendo continuamente del terreno del toro.

Manolete desmontó en las plazas toda esa teoría de Domingo Ortega. Hasta que llega Manolete a la fiesta, lidia y toreo iban separados. A partir de Manolete, lidia y toreo se funden. Manolete dominará a los toros (a todos los toros) toreando por naturales, colocado en su centro, sin moverse, lo que supuso una impactante novedad.

Manolete toreando a un complicado toro de Miura en Barcelona, el 2 de julio de 1944. Su toreo era siempre el mismo fuesen cuales fuesen las condiciones de los toros (Fotografías del blog Tauromaquia murciana)

Ortega no se lo perdonó. 

Ortega no le perdonó la frase. Por eso, en la Conferencia del Ateneo, le quiso ajustar las cuentas que no pudo ajustar en la plaza y le acusó de transgresor de las normas clásicas cuando el clásico era el de Córdoba (Lo clásico en el toreo es cargar la suerte con los brazos no con las piernas), pero… la conferencia de Ortega le vino de perlas a los antimanoletistas que no paran de repetir todavía hoy las cosas que dijo el del Borox.

Una lástima porque Ortega, obsesionado como estaba con desmontar el toreo de Manolete, un toreo cuya importancia y verdad no fue capaz o no quiso entender, perdió la ocasión de explicar su propio toreo.


Así se tenía que haber llamado la conferencia de Ortega en el Ateneo: "El arte del toreo cambiado". Pretender encerrar todo el toreo en unos moldes particulares y personales fue un dislate.

Lidia y toreo fundidos

Con Manolete y desde Manolete, ya no se lidia primero, sino que se torea desde el primer momento. Manolete ya se lo dijo a Ortega:
“Mientras usted se dobla con el toro yo ya le he dado cinco naturales” 
Con Manolete se va al garete ese planteamiento arcaico que sostenía que primero había que lidiar  y dominar al toro y luego, conseguido lo anterior, si se conseguía, torearlo. Hoy, eso se admite y celebra pero se admite y celebra mucho más lidiar toreando. Ese "pronto y en la mano" que diría años después el manoletista maestro Antoñete.

Fue ese un planteamiento que tuvo mucha enjundia e importancia porque iba a cambiar el rumbo de la fiesta de forma irremisible para los años venideros.

Hay que advertir también que eso de dominar a los toros, toreando en redondo, no era un concepto nuevo. En un artículo de la Lidia de mil ochocientos ochenta y tantos, ya se decía que el toreo en redondo era el que más castigaba a los toros, el que más los destroncaba, el que más los obligaba.

No era un concepto nuevo pero no se alcanzó, al menos de forma sistemática, hasta que pisó los ruedos el diestro de Córdoba. Quien puso en práctica ese sistema, todas las tardes y con todos los toros, ya fuesen dóciles o fieros, suaves o broncos, fáciles o peligrosos.

Se cumplía así también la profecía de Belmonte: "Llegará un día un torero que toreará a todos los toros".

Ahí, el de Córdoba, con su novedoso planteamiento, marcó la diferencia con el resto de la torería de su época y de todas las épocas.


Uno de los naturales de Manolete más difundido. El que dio en Barcelona a un toro de Miura en 1944 ¡Para que luego digan que el toreo en redondo sólo se puede hacer con toros dóciles y bobalicones!
Como comenta Antonio Luis Aguilera, el toro de la foro se llamaba "Perfecto". Perfecto como el muletazo del diestro de la Lagunilla. 

jueves, 24 de noviembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (V) De Guerrita a Manolete (5ª parte)

Por Jose Morente


Domingo Ortega (Fotografía de Alberto Schommer)


Una rara avis el toreo de su época

Hemos ido viendo, en las entradas anteriores, todo el proceso previo de creación del toreo moderno en redondo, desde Joselito el Gallo, quien toma como referencia a Guerrita hasta Chicuelo. Un proceso que culminará en Manolete.

Mientras los públicos y los toreros de la Edad de Plata (en México, de Oro) se dedican a matizar y perfeccionar el toreo a base de series de pases naturales, ora con la izquierda, ora con la derecha. de la mano de toreros tan geniales objetivamente como Armillita o tan importantes históricamente como Villalta, respectivamente, serán pocos, muy pocos, los que seguirán practicando de forma exclusiva el toreo cambiado. Y digo de forma exclusiva porque ese toreo no sólo no desparece sino que todavía en esa época seguiría siendo el predominante.

Uno de esos toreros, de pura línea cambiada, ya lo hemos comentado, fue Juan Belmonte, fiel a su estilo hasta el final de sus días. El otro, fue un torero de la época (y de época) que ha pasado a la historia, tanto por su forma de torear como por sus virtudes como catequista. Me estoy refiriendo, como muchos habrán adivinado a Domingo Ortega.

A Ortega, que llegó al toreo en edad madura, le resultó fácil -gracias a su innata capacidad- ponerse en primera fila desde el primer momento. Luego, en la posguerra, resultó barrido, como todos los demás diestros, por el fenómeno Manolete y, aunque parece que el trato entre ellos fue siempre relativamente cordial, el de Borox no le perdonaría nunca al de Córdoba haber cuestionado y puesto en solfa su modo de torear, algo que analizaremos en los próximos post.

Pero hoy, no me interesa esa disputa póstuma del Ortega superviviente contra el Manolete fallecido en Linares, sino el contraste entre esas dos formas de torear (el toreo en redondo y el toreo en ochos) tan diferentes técnicamente. Dos formas que conforman dos mundos opuestos, como ya vimos en la primera entrada de esta larga serie.


El toreo de línea natural y el toreo cambiado

Que el toreo de línea natural (del que nace el toreo en redondo) es algo diferente -y no sólo técnicamente- del toreo cambiado (el que se hace en ochos), se puede apreciar fácilmente comparando estas dos imágenes de Ortega y Manolete, respectivamente.


Pase de pecho de Ortega (arriba) y natural de Manolete (abajo)

El pase de pecho de Domingo Ortega es el mejor ejemplo, el más ilustrativo, de lo que es el toreo cambiado. Igual que el pase natural de Manolete, resume en una sola imagen todo un concepto del toreo, el toreo de línea natural.

Y además, cuando un torero es coherente con su propio concepto del toreo, como lo son Ortega y Manolete, todo lo que hace ese torero se encuentra dentro de su concepto. Por eso, el natural de Ortega es... poco natural y se aproxima más al trazo y contextura de un pase de pecho, al de un pase cambiado o al de un trincherazo.

El pase natural de Ortega tiene toda la tensión del toreo cambiado, desplazando al toro fuera de su línea. El natural de Ortega es un natural grandioso y maravilloso pero es... poco natural.
Lo mismo ocurre con el pase de pecho de Manolete, torero de máxima pureza y coherencia con su concepto del toreo de linea natural. El trazo de su pase de pecho, resulta también forzado, extraño. Su "aire", se acerca más al trazo de su pase natural que al trazo y estética del toreo cambiado.

Manolete en un pase de pecho que tiene muy poco del toreo cambiado y mucho de su propio concepto del toreo, El toreo de línea natural
Para entender el toreo de Manolete, el toreo de línea natural, nada mejor que empezar entendiendo (viendo) el toreo opuesto, el de línea cambiada. Vamos a ver imágenes de Domingo Ortega. Pero no esas ya tan manidas del Ortega de la posguerra en la plaza, en festivales o en el campo, toreando con suma suavidad, dominio y maestría, andando siempre a los toros, sino imágenes del Ortega de antes de la guerra, el que siempre le podía a todos los toros. Con una muleta como un látigo.

Son imágenes de una faena en Alicante que pudimos rescatar de un noticiero italiano y que volvemos a traer a estas páginas por su importancia como testimonio y documento de una forma de torear que ya no se ve.

Ortega torea alternando pitones, haciendo pasar y repasar al toro por delante suya, por los terrenos de afuera, metiendo la pierna, empujando hacia afuera. Toreo de expulsión que no de reunión. Un toreo técnicamente muy complejo y difícil por su continuo movimiento.

Ortega utilizaba siempre (antes y después de la guerra aunque con distinto son en cada etapa) la misma técnica: la técnica del regate descrita en las viejas tauromaquias. Era su método universal para todos los toros: los broncos y los nobles, los bravos y los menos bravos, los fieros y los dóciles.

Un toreo de deslumbrante maestría pero que no tiene nada que ver (¡pero nada!) con esas teorías que, a partir de sus textos, que no de su toreo, han elaborado los Corrochano, Vidal y Cía,. A mí después de ver esto que no me vengan ya con cuentos chinos sobre como se torea o como se debe torear. Ya no cuela.

El toreo de Ortega fue siempre (y especialmente en su última época) personal e intransferible. Un toreo siempre en movimientomagnífico para quien quiera o sepa verlo pero que, no sé si por suerte o por desgracia, no hizo (no podía hacer) Escuela.




domingo, 20 de noviembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (IV) De Guerrita a Manolete (4ª parte)

Por Jose Morente

No es de recibo que se rebaje a torero "meramente pinturero y gracioso" a quien es capaz de soñar un natural como este. 
La importancia de Chicuelo en la historia del toreo en redondo, está fuera de toda duda. Fuera de toda duda salvo para el belmontismo militante empeñado en cambiar la historia (Chicuelo con Corchaíto en Madrid, en 1928)

Chicuelo, el incomprendido

Cuando en 1961, Pepe Alameda publica "Los arquitectos del toreo moderno" sabía que el toreo en redondo había sido propugnado por Guerrita en su Tauromaquia y en las plazas y, también sabía que, luego en el interregno de Bomba y Machaco (quienes habían impuesto la moda del toreo espatarrado), ese toreo en redondo había desaparecido  de las plazas para, finalmente, resurgir en la Edad de Plata y culminar esplendoroso en Manolete.

Pero a Alameda, que aún no había visto la película de los siete toros de Joselito en Madrid, le faltaba el nexo con el Guerra y puesto que Joselito nada nuevo había traído al toreo (o, al menos, eso decían todos) Alameda consideró que el puente entre Guerra y Manolete no podía ser otro que Chicuelo, el torero que, en su época, mejor supo encarnar esa forma de toreo.

Pero dado que el toreo de Juan Belmonte era la base del toreo moderno (o, al menos, eso decían todos), Alameda no tuvo más remedio que atribuir a Chicuelo el mérito de haber resuelto el problema que Juan habría planteado aunque no supo resolver: Redondear el toreo en redondo.

Alameda acertaba al atribuir a Chicuelo un papel relevante en esta historia pero se equivocaba al atribuir a Belmonte una intención que nunca tuvo.

En cualquier caso, las tesis de Alameda, levantaron ampollas entre los numerosas huestes belmontistas. El problema es que, algunos, para desmontar esas tesis, no tuvieron mejor ocurrencia que desmontar a Chicuelo, El belmontista más destacado, Luís Bollaín, llegó a decir:
No; Chicuelo, no está aquí; Chicuelo no es ese. A Chicuelo hay que buscarle (...) en el Imperio de la Gracia. Chicuelo ha sido, en rigor de exactitud, uno de los artistas de más "duende" que ha conocido el mundo del toreo (...) Porque en su cuerpecillo menudo cabían de verdad (...) la Giralda, el Parque de María Luisa y el Barrio de Santa Cruz. Y todo sirviendo de aderezo a un saber torear como los ángeles, y a una picardía taurina... como los demonios.
Nunca he entendido que para defender una cuerda del toreo (el toreo en ochos) haya que denigrar la otra (el toreo en redondo), como si ambos modos de torear no cupieran a la vez en los ruedos, pero menos entiendo aún que se pretenda rebajar el mérito de un torero tan grande como Chicuelo sólo para mantener en un falso pedestal a Juan Belmonte y, lo más triste, hacerlo de esa forma tan pretendidamente ingeniosa en la forma pero tan despectiva en el fondo.


La importancia de Chicuelo

No, Chicuelo, no es el torero pinturero y ventajista que pinta Bollaín. Chicuelo es algo más que eso, mucho más. Para empezar, Chicuelo fue gallista hasta la médula y continuador del toreo de Joselito como bien nos cuenta Alameda:
Chicuelo es, sin duda, discípulo de Gallito, no por lecciones directas pero sí por haber respirado desde niño en su atmósfera y bebido en su fuente. Es sabido que José fue un decidido admirador de Chicuelo como torero en agraz, en quien veía, aunque indecisa de carácter, esa orientación técnica que lo ligaba con lo suyo.
A Chicuelo -prosigue Alameda- le encajaba mejor ese toreo de "menos" piernas y más cintura que era la base de la faena de los tres naturales ligados de Joselito. Un concepto del toreo que supo ver también, y muy bien, Manolete.

Cuando Alameda le dijo al torero de Córdoba que encontraba mucha similitud entre su forma de torear y la de Chicuelo, el Monstruo le contestó:
Así es –dijo sin titubear-. La gente no suele verlo, porque la gente no se fija en esas cosas, pero ese es mi toreo. Yo creo que el torero debe mantenerse lo más posible en su centro, en la línea. Y, en eso, el mejor que yo he visto ha sido Chicuelo.
El problema de Chicuelo, como también le dijo Manolete a Alameda, es que Chicuelo sobre no ir sobrado de decisión, tenía muy mala suerte en los sorteos.

Visionadas las películas de José con su visionaria forma de torear, Alameda pudo reconstruir al fin el hilo perdido del toreo y situó a Chicuelo en su verdadero sitio. El de recreador, del concepto del toreo de línea natural, que tenía Joselito, y el de transmisor de ese concepto a Manolete.

Fueron muchos los toreros que, en la Edad de Plata- siguieron el modelo de faena de Joselito pero ninguno tan clarividente, tan fiel al concepto, tan meridiamente expresivo y coherente, como el torero de la Alameda, tal y como nos enseñó Pepe Alameda. Y tal y como sentenció Manolete.


Tauroteca. Un natural de Chicuelo

Puede que su poca regularidad explique el porqué hay tan escasas grabaciones de Chicuelo disponibles hoy día. No sé si en México se conserva algo pero en España, creo que salvo unos lances el día de la reaparición del Gallo en Sevilla, unos pocos capotazos en Zaragoza, el año 21, y un quite en Málaga, el día de la alternativa del Manteca, no hay nada más. Nada de sus naturales engarzados en perfecta ligazón (la misma ligazón con la que engarzaba sus verónicas).

No hay nada o no había nada porque hemos conseguido localizar unas imágenes de Chicuelo en un tentadero. Toreando por naturales. Unos naturales en la estela del natural de Joselito. La misma estela que seguirá Manolete.

Para tener cabal idea, vemos primero el natural de Joselito. Un natural largo, suave, en línea y rematado detrás del torero. Cargando la suerte con los brazos. Un natural mandón, muy mandón.


El natural de Joselito el Gallo


Un natura que no tiene nada que ver -ni en intención ni trazo- con el natural de Belmonte, más cruzado y corto. Cargando la suerte sobre las piernas. Un natural más tenso y dramático. Pero un natural sesgado y hacia afuera.


El natural de Juan Belmonte



Y ahora, vemos por fin, el natural de Chicuelo. Es de una película de la que ya publicamos un pequeño fragmento en este blog, hace tiempo. Son muy pocos fotogramas pero contienen dos o tres naturales, uno de ellos inmenso.

Un natural con el mismo concepto que el natural de Joselito. Con el concpeto del toreo de línea natural que hace posible el toreo en redondo. Un natural muy largo y muy mandón..Muy suave y elegante. El natural de Chicuelo.


El natural de Chicuelo


Es posible que estas imágenes sepan a poco, pero creo que son suficientes para captar toda la grandeza del toreo de muleta de ese gran y genial torero que se llamó Manuel Jimenez Chicuelo. El torero de la Alameda.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (III) De Guerrita a Manolete (3ª parte)

Por Jose Morente



Dos de los siete (7) naturales que Joselito el Gallo le propinó en Madrid a un toro de Gamero Cívico el día del Santo del año 16. Joselito toreaba en redondo con mucha frecuencia.

El toreo en redondo de Joselito el Gallo

De Joselito hemos hablado mucho en este blog, quizás demasiado como me reconviene algún buen amigo. Sin embargo, su figura resulta imprescindible para entender la historia del toreo en redondo. 

Joselito torero ecléctico (igual que Paquiro, Chiclanero o Guerrita) es el perfecto contrapunto de Belmonte. Sin José, la aventura del toreo en redondo hubiera abortado antes de despegar, arrasada por el cataclismo (literal) que, en la fiesta, provocó el Pasmo de Triana, ajeno totalmente a esa forma de torear. 

En efecto, Juan no toreó nunca en redondo (las dos o tres ocasiones en las que lo hizo, no pasan de ser una anécdota por más que se trate de una anécdota de gran categoría). Joselito, por el contrario, gustaba de torear en redondo, muchas tardes y a muchos toros. Lo que está documentado en las reseñas de la época.

La faena tipo del torero de Gelves comenzaba con un pase por alto y continuaba con tres naturales seguidos y ligados, dejando la muleta en la cara y manteniendo fija la pierna de salida, eje de su toreo. Joselito toreaba sin menear los pies, tendiendo la suerte que cargaba con los brazos no con las piernas (lo de cargar la suerte con las piernas pertenece a otra historia, la historia del toreo cambiado). 

Luego, después de ese toreo en redondo, venía el toreo en ochos o por la cara o los adornos y desplantes pues José era un torero muy largo, pero eso venía después... después de torear como hemos contado.

Cuando el toro lo permitía, Joselito podía seguir dando naturales hasta cansarsey cansarlo. Eso pasó en Madrid un día del Santo del año 16, con un toro de Gamero Cívico, al que le propinó ¡Siete naturales seguidos! entre la admiración del público (Ya vimos en la primera entrada que repetir una misma suerte por un mismo pitón era una proeza. Imagine el lector lo que supondría repetirla 7 veces. ¡Un escándalo!).

Vamos a poder ver en vídeo, varios ejemplos de esa faena tipo de Joselito. Antes de verla, conviene ponerse en situación y recordar que estamos en el principio de una nueva época. Cualquier comparación con el toreo de hoy, sería odiosa y, sobre todo, que más difícil es abrir caminos que transitarlos.

A José podremos verle en Madrid (el día de los 7 toros de Martínez), en Sevilla (en unas imágenes de la feria del año 15, probablemente), otra vez en Madrid (el día de la despedida de Bombita) y en Barcelona. Joselito convirtió lo excepcional en norma como luego haría Manolete.

Sobre la faena de Joselito en Barcelona, un par de detalles. Primero, el comienzo con las dos rodillas en tierra. Segundo, su toreo cambiado, un puro ballet de elegancia y suavidad y luego ya, veremos ese toreo en redondo (tres naturales tras un espléndido kikiriquí) del que podemos disfrutar desde dos puntos de vista distintos (había dos cámaras en la plaza ese día del homenaje a Florentino Ballesteros).





Los epígonos del gallismo

Aunque Joselito no tuvo sucesor a su altura (Granero murió joven; Félix Rodríguez se malogró prematuramente y Marcial carecía de clase) todos los toreros (repito: todos) siguieron su estela.

Nos contaba Rafaelito Chicuelo en la Alameda de Hércules (el día que me lo presentó mi buena amiga Salomé Pavón), que su padre, el inolvidable Manuel Jiménez Chicuelo, le decía que, en su época, todos los toreros eran gallistas (repito: todos). Y remataba diciendo que el más gallista de todos ellos, era, precisamente, Juan Belmonte.

Y no creo que se declararan así sólo porque de los muertos siempre se habla bien sino porque Gallito fue el verdadero referente de su época para todos los toreros. Tanto que su faena tipo de muleta, la de los tres naturales (y no la faena en ochos de Juan Belmonte), fue la que todos tomaron como modelo, la que todos (repito, todos) siguieron.

Como hemos dicho, aquí pretendemos probar todos nuestros asertos. Por eso, vamos a ver dos faenas post-gallistas en la estela de Joselito. Una de un torero de la cuerda de José y la otro de un torero supuestamente de la cuerda contraria, la de Belmonte. Y resultan que los dos hacen el mismo tipo de faena que no es la que hacía Belmonte, sino la que hacía José.

Veremos, primero, a Marcial Lalanda, gallista confeso, en un pase por alto para seguir toreando luego por naturales en la Maestranza sevillana y, después, veremos, a Antonio Mázquez (oficialmente belmontista, hasta el punto que le llamaron el "Belmonte rubio") en Alicante, toreando, no al estilo de Juan, sino al de José, y ligando tres naturales seguidos tras un pase por alto. 

La faena estándar de Joselito se imponía mayoritariamente en la Edad de Plata, aunque muerto ya José y vivo Juan, los críticos se dedicaron a contar otra cosa diferente.

No supieron o no quisieron verlo, al contrario que los toreros, quienes, desde el primer momento, tuvieron muy claro cual tenía que ser su referente en el toreo de muleta. Creo que ahí empieza el divorcio entre lo que cuenta la crítica (que es lo que ve el aficionado influenciado por la crítica) y lo que los toreros hacían realmente en los ruedos. Un divorcio que llega a nuestros días.

Tan claro como los toreros, lo tuvieron también los públicos que recibieron alborozados ese toreo en redondo al natural. Tanto que, cuando un diestro se ponía a engarzar naturales como se engarzan las perlas de un collar, esos públicos de la época jaleaban y numeraban a voz en grito los pases ¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco,...!, animando y empujando a los toreros en la hazaña de culminar el toreo en redondo.

Todo eso de los públicos entusiasmados y los naturales en serie, lo podemos ver también en imágenes, unas imágenes ya más conocidas de una faena del ínclito Marcial en Nimes, ya en los años 30. Lalanda se lía a dar naturales en serie y el público francés, exquisito, flemático y generalmente poco expresivo, acaba botando en sus asientos....¡Qué tiempos aquellos!



<



Belmonte (mientras tanto) seguía a lo suyo

¿Y mientras tanto, que hacía Belmonte? Pues lo curioso o sorprendente, es que, mucho después de la (r)evolución gallista, Belmonte, reaparecido en Nimes en 1934, seguía a lo suyo, o sea toreando de muleta a la antigua, en su estilo cambiado, alternando pitones, ignorando y al margen de todo lo logrado en el toreo de muleta en esos años. Belmonte seguiría aferrado a esos ya viejos modos, toda su vida (las películas de sus faenas camperas a finales de los años cincuenta, poco antes de su muerte, lo atestiguan).

Juan fue insensible y se mantuvo al margen de la evolución del toreo de muleta que, personalmente, pienso que debe muy poco al trianero (por no decir casi nada). La verdadera aportación de Belmonte estuvo en el toreo de capa. En eso, alcanzó una cumbre que, muchos años después, permanece todavía esperando quien la iguale. Ha habido diestros que han toreado muy bien de capote, pero nadie ha aportado nada tan nuevo y tan sorprendente como lo que aportó Juan al toreo a la verónica.

Vemos su faena de muleta, de factura arcaica, en ochos, alternando pitones, cuando ya el toreo en redondo se había impuesto de modo imparable en todo el orbe taurino.




Postdata: El que no quiera verlo, que no lo vea (¡Allá él!). Pero, después de ver todo esto ¿Como es posible sostener en serio -como se ha sostenido y sostiene- que el toreo de muleta de nuestros días es herencia del toreo de muleta de Juan Belmonte?

¡Amos, anda! Que diría el castizo.


Belmonte siguió practicando el toreo cambiado toda su vida. Un toreo que había nacido en la época de la Guerra de trincheras (La Gran Guerra Europea de 1914.1919) y que tenía en los pases de trinchera (el trincherazo pero también la media verónica o el molinete) su peculiar santo y seña