jueves, 20 de agosto de 2015

Un toro de Garcigrande endereza la tarde

Por Clarito

Inicio de una tarde complicada y densa (Fotografía de Hugo Cortés para SURDigital)

Iba más que mediada la, hasta entonces, decepcionante tarde cuando -lesionados y devueltos a los corrales el toro de Daniel Ruiz (que se partió el cuerno derecho por la cepa en una voltereta) y el sobrero de Lagunajanda (inválido)- alguien decidió que en lugar del 4 tris saliera el quinto toro. El toro de Garcigrande.

Sabia decisión la de ese alguien. Sabia decisión -no sé si reglamentaria o no- pero muy acertada pues enderezó una corrida que, desde luego, no se desarrollaba conforme al guión previsto y/o programado por el torero.

Antes habían salido al ruedo tres toros infumables. Uno, primero, de Fuente Ymbro, bruto y renuente a embestir pero con el que Alejandro Talavante hizo un verdadero esfuerzo. Un segundo de Victoriano del Río, con movilidad pero rajadísimo desde el principio lo que deslucía todo lo que se le pudiera hacer y un tercero, sobrero de Jandilla, más brutote aún que el de Ricardo Gallardo, sustituto de un Juan Pedro de ensueño, un precioso jabonero tan bravo, noble y suave como ayuno de fuerzas.

Fueron tres toros imposibles. No, desde luego, para lidiarlos y torearlos, pero si para hacer ese toreo que todos esperábamos, el toreo que el extremeño llevaba en la cabeza.

Maticemos esta afirmación.


El toreo que el torero lleva en la cabeza

Básicamente a lo largo de la historia y en su relación con el toro, los toreros han adoptado dos posturas diferentes.

Uno, es la de los diestros lidiadores que se adaptan y responden en cada momento (o intentan responder) a las condiciones y problemas que les plantean los toros.

Otra postura, que viene de Juan Belmonte, es la de los toreros que, por el contrario, intentan imponer su forma de torear a los toros. Es la de aquellos diestros que pretenden que sea el toro el que se adapte a su toreo y no al revés.

En esa segunda línea se encuentran la mayoría de los toreros actuales. En esa línea se encuentra Alejandro Talavante.

Es un planteamiento válido y que no excluye la sorpresa (al menos, para el público) aunque el torero llegue a la plaza con la faena hecha, con la faena en su cabeza.

Eso se vio, por ejemplo, en el lance de recibo al suave toro de Juan Pedro. Toro que luego sería devuelto. Talavante lo recibió con una larga afarolada de pie. Una larga de ensueño. Con ese mismo lance, con una larga idéntica, recibió Talavante al sobrero de Jandilla, un toro bruto y áspero que no tenía nada que ver con el anterior.

Un mismo planteamiento para dos toros muy diferentes. Más que contradicción es el signo de los tiempos.

Así, de esa forma tan fantásticarecibía el extremeño al tercero bis. Antes había recibido de la misma guisa al toro de Juan Pedro (Fotografía: FIT)

El toro de Garcigrande

Ese planteamiento, que comparten la inmensa mayoría de los toreros actuales, es muy exigente para el toro pues no todos los toros "valen" para el exigente toreo moderno. Por eso es tan difícil hoy ser ganadero.

Ser ganadero puntero exige por tanto dar respuesta a la evolución del modo de torear. Exige capacidad visionaria para anticiparse a los derroteros por los discurre el toreo. Un toreo que cambia por momentos. Aunque a nosotros nos falte muchas veces perspectiva y distancia para poder apreciar cabalmente ese proceso.

Quienes si tienen clara esa evolución son los ganaderos punteros. Por eso, alguno de ellos ha dicho que mantener los mismos sementales durante muchos años es síntoma de mal ganadero (al contrario de lo que se ha pensado siempre) pues denota incapacidad de adaptación a un "mercado" cambiante.

En anticiparse a la evolución del toreo. En ser capaz de producir ese toro que "necesitan" los toreros, Garcigrande se lleva la palma. Por eso y solo por eso es la ganadería predilecta de las figuras.

Algo que ayer se pudo comprobar de forma palmaria y evidente

El toro de hoy tiene que responder a toques y trazos impensables hace unas décadas (Fotografía: Hugo Cortés-SUR Digital)


La faena del cuarto. Viva Talavante

El cuarto toro de la tarde, el toro de Garcigrande, el toro que cambió el signo de la corrida, fue un toro noble que manseó en el caballo (donde le pegaron poco) pero que regaló a su torero unas francas y bonancibles embestidas que le permitieron desarrollar todo su toreo y desplegar toda su capacidad e inventiva.

La buena embestida del toro de Garcigrande para el buen toreo de Alejandro Talavante (Fotografía: FIT)

Faena de ensueño, antes soñada, donde es difícil destacar algo pero que alcanzó momentos excepcionales en esa tanda postrera de rodillas.

No hay más allá, salvo lo que se le ocurra hacer a este torero la próxima tarde. Como dice un buen amigo mío. Talavante este año juega una liga distinta a la que juegan los demás diestros del escalafón. ¡Viva Talavante!

El toreo de muleta de Talavante de rodillas tuvo una hondura impresionante (Fotografía: Hugo Cortés para SUR Digital)

El doble epílogo

Cambiado el signo de la corrida. Reconvertido en éxito, lo que pudo haber sido fracaso. Talavante se relajó y la tarde discurrió ya por caminos diferentes a los del infortunio e impotencia que habían marcado la primera parte.

Así, al toro sexto, escaso de fuerzas, Talavante le dibujó líneas de precioso y preciso trazo, ya en el tercio, ya cerradísimo en tablas. Exquisitez talavantera para rematar la tarde.

Antes, en el quinto con un toro de la Quinta, el torero demostró que que no es cierta esa incapacidad que se achaca a las figuras de "no poder" con el toro de ciertas ganaderías. Antes bien, Talavante anduvo sobrado y su faena fue medida y perfecta. Magistral, además, en el sentido de enseñar como hay que torear (al vuelo de los vuelos y sin molestar) a los toros grises de encaste Santacoloma.

Inspirado desplante en el flojo pero noble sexto. La tarde se cerraba con tranquilidad en el torero y en el público (Fotografía: FIT)


Resumiendo

En resumen que partiendo de un planteamiento que, aunque común en el toreo moderno, es, en mi opinión, bastante equivocado, llegamos a un final relativamente placentero gracias a la innegable capacidad torera de un gran torero, Alejandro Talavante, y, sobre todo, a la capacidad ganadera de un gran ganadero: Domingo Hernández.

Y gracias también, bueno es decirlo, a la actitud siempre respetuosa y expectante del público de la Malagueta.

Talavante brindó  el sexto toro al público -de forma harto respetuosa- en agradecimiento pos su actitud durante toda la corrida (Fotografía: FIT)

miércoles, 19 de agosto de 2015

Sin toro, torero y público no hay emoción

Por Clarito

Joselito Adame en un pase del desprecio al final de la faena. Se vio muy buen toreo ayer en la Malagueta.
Que "sin toro no hay emoción" es una evidencia. No sólo porque el aserto sea verdadero sino porque se empeñan en recordarlo de forma machacona los aficionados más toristas.

Sin embargo, para que exista emoción verdadera se necesita, además, que el torero de cumplida respuesta a les exigencias del burel y aún sería insuficiente pues para alcanzar ese clímax que propicia el buen toreo es fundamental que también el público conecte con lo que ocurre en el ruedo.

Podríamos por tanto corregir o matizar el eslogan y afirmar que "sin toro, torero y público no hay emoción". El toro es condición necesaria pero no suficiente. Por eso, si cualquiera de esos tres elementos (toro, torero y público) falta o falla, la emoción no aparece por ningún lado. Si se juntan los tres, la emoción aparece. Se está viendo esta feria de Málaga. Se vio ayer en la interesante corrida de Torrestrella.

Los de Torrestrella en los corrales de la Malagueta
Estaba toreando Joselito Adame al quinto de la tarde (no hay quinto malo) entre la indiferencia del público cuando los desaciertos del Director de la banda de música (primero entró tarde y luego cortó a destiempo) provocaron el rechazo y alboroto en los tendidos, rechazo al que se sumó el diestro mexicano (¡Ahora no!). 

¡Ahora, no!

Joselito se enrabietó, el público también y el de Torrestrella regaló sus mejores embestidas. Hubo conjunción y emoción y, pese al bajonazo, se pidió la oreja que la Presidenta concedió.

Donde no hubo acuerdo entre público y Presidencia fue en el segundo de la tarde. Un toro enrazado, de mucha transmisión en la muleta al que el mexicano entendió y toreó a la perfección a lo largo de toda su lidia. La faena de muleta, casi toda sobre la mano derecha, fue importante y caló en el público. Una faena a la que Adame puso broche de oro con cuatro naturales a pies juntos de ensueño y una gran estocada en la suerte de recibir que tiró al toro sin puntilla de forma espectacular. Pese a todo no se concedió la segunda y merecida (en mi opinión) oreja.


El mexicano toreó muy bien con el capote lo que es de agradecer. No sólo de muleta vive el aficionado.

Degollar al toro. Una puntualización sobre la estocada. 

La estocada de Joselito Adame recibiendo fue magnifica pues el torero aguantó sin ceder terreno la vibrante embestida del toro de don Álvaro Domecq y además clavó en todo lo alto. Pero como el estoque quedó un poco delantero y el toro echó sangre por la boca, algunos espectadores en la plaza y algunos críticos en la prensa han dicho que el toro había sido degollado.

Craso error. Degollar al toro es "herirle en el cuello". No tiene nada que ver con la estocada de ayer. Y es que no siempre es indicio de golletazo o bajonazo (de mala estocada en suma) el hecho de que el toro derrrame sangre por la boca. Son cosas distintas.

Copio a Vicente Zabala en "La entraña del toreo"

"Los no entendidos suelen defraudarse y gritar que el toro está degollado, guiados por el vómito, que también se produce cuando la res muere de un golletazo, y en este caso, sí que ha sido degollado. La ejecución ha sido intencionada y el espada ha ido buscando los bajos. Por eso conviene que el aficionado repare antes de nada en la colocación de la espada pues la protesta puede ser injusta, despistado por la aparatosidad de la hemorragia del cornúpeta".

Hecho el inciso y la puntualización, volvamos a la Malagueta


Manuel Escribano 

Manuel Escribano derrocha simpatía en el ruedo. Además se fue a portagayola en sus dos toros (con ciertos aprietos en ambos), toreo muy bien de capote, se lució en banderillas (donde jugueteo con sus toros como siempre han hecho los matadores que han cogido los palos) y estuvo muy correcto y acertado con la muleta (manejó muy bien los tiempos y las distancias). Mato con presteza y precisión. Tuvo una gran tarde. Sobre todo en el primero, un gran toro de Torrestrella con clase y bravura. Un toro que a mí me gustó casi tanto como el segundo pues, pese a sus escasas fuerzas, tuvo mejor comportamiento en varas (aunque es cierto que no se le pegó).

Un par de Escribano en tablas. Exponiendo mucho.

En la muleta el torero sevillano optó por no forzar su embestida y llevarlo en línea, en muletazos, esos sí, de larguísimo trazo. Le dieron una merecida oreja. Su otro toro, se le paró y no hubo lucimiento posible.


Garrido

Pechó con el peor lote. Sobre todo el sexto que cogió y recogió con saña al banderillero José MaríaAmores a la salida de un par. Una varetazo en el pecho y una cornada grande en la pierna con varias trayectorías pero parece ser que limpias. 
Toro
Cogida de Amores. Tremenda pues el toro cogió y recogió al banderillero y le zarandeó todo cuanto y como quiso

Con ese toro, Garrido estuvo muy valiente y se la jugó. Igual que se la jugó sin cuento en el tercero. Un toro más exigente y desigual en sus embestidas y donde falló a espadas pero poniendo antes en el asador toda la carne posible. Toreó al natural con una verdad, una exposición y unas cercanías que solo se pueden ver en los toreros que empiezan y aprietan como él apretó. Tuvo mucha importancia su forma de torear. Valor sin cuento. Creo que el público lo vio y valoró.

Si con la muleta, Garrido puso verdad y se la jugó sin cuento, su toreo de capote a la verónica fue de cante grande. Muy grande.

Toro, torero y público

Como hemos dicho antes la emoción verdadera llega por el acople del toro, el torero y el público. Y en Málaga esa conjunción se produjo ayer varias veces a lo largo de la tarde. Hubo por tanto emoción verdadera en la plaza.

Ya solo nos falta que se acoplen también la Presidencia y el Director de la banda de música

Alcanzaríamos el Nirvana.


El albur de la concesión de los trofeos cuando no es competencia del respetable.


Fotografías: Santana de Yepes para Mundotoro

martes, 18 de agosto de 2015

¡Qué difícil es ser ganadero!

Por Clarito

Salvador Vega en el cuarto toro. El trazo del muletazo es muy bueno igual que la colocación del torero. Sin embargo, la res de Martín Lorca, la única medio bonancible del encierro, embiste con la cara muy alta, frenándose ante la muleta del torero malagueño

Es un hecho que, en las últimas tres décadas, el toreo ha evolucionado una barbaridad. La técnica se ha depurado hasta extremos insospechados, lo que no quiere decir que los toreros actuales sean mejores ni tengan más arte ni más torería que los de antes. Esa es otra cuestión.

Lo que es innegable es que, los toreros actuales y al contrario que los de antes, no tienen empacho en explicar y enseñar el toreo ya sea a los noveles aspirantes a toreros, ya sea a los aficionados interesados en la materia. Antes, los toreros, por regla general y a salvo la excepción de las dinastías familiares, eran muy celosos de sus recetas, de su técnica, de sus conocimientos. No las revelaban nunca a nadie.

Es esa actitud positiva de los toreros de nuestros días en la difusión de las claves técnicas del toreo, unida a la ingente información disponible en Internet donde el que lo desee puede acceder a los vídeos de las faenas de los diestros de ayer y hoy. ha propiciado una indudable evolución técnica.

Sin embargo, este proceso no ha venido acompañado por una evolución de igual alcance en el comportamiento del toro de lidia. El toro no ha evolucionado al ritmo que ha evolucionado el toreo pues los ganaderos, también por regla general y salvo honrosas excepciones, se han mantenido al margen de este proceso evolutivo.

Es cierto que llevar una ganadería es tarea ingrata. Es cierto que los tejemanejes del sistema afectan sobre todo y penalizan a los ganaderos. Es cierto que, cuando se apuesta por un semental los frutos se ven años después, demasiado tarde cuando ya se ha esparcido la mala simiente y deshecho una ganadería.

Pero también es cierto que los criterios de selección hoy al uso no son posiblemente los más adecuados. La situación es compleja y difícil pero la mayoría de los ganaderos se limitan a ir al rebufo de los toreros y/o los ganaderos punteros. Escasean los ganaderos con personalidad capaces de apostar y marcar nuevas tendencias.

Así mientras unos siguen seleccionando un toro decimonónico, fuerte, duro y agresivo (siquiera la mayoría de las veces no sea ni tan fuerte, ni tan duro, ni tan agresivo); otros andan buscando el toro para el torero pero para el torero de ayer no para el torero de hoy.

Fernando Rey quien atesora un muy buen concepto del toreo, no consiguió conectar con el tendido.
Los hemos visto en las dos primeras corridas de la Feria de Málaga. Primero, el domingo, el toro (perdón, quise decir novillo) que demanda el aficionado. Un animal serio, bien presentado, con mucho trapío, enseñando las puntas y con mucha fuerza, dureza y agresividad (lo que no quiere decir bravura verdadera, pues esta no abunda en esas ganaderías). Luego, ayer lunes, el toro que se supone buscan los ganaderos de ahora. El toro para el torero y para los veterinarios. Un toro también muy bien presentado, con mucha plaza para evitar problemas en los reconocimientos, pero bonancible, dócil y toreable (aunque luego resulta que ni es tan bonancible ni mucho menos tan toreable)

Quien si consiguió conectar con  el público fue David Galán, quizás algo tosco en sus formas pero muy poderoso y valiente sobre todo, con la muleta. Galán estuvo muy bien en la Malagueta aunque acabó desesperado ante las nulas embestidas de sus oponente

Resultado. En ambas tardes, el aburrimiento ha hecho mella en el público. Y eso que, en ambas tardes, los toreros han estado muy por encima (siquiera sea a nivel de apuesta) del comportamiento de las reses. Como ya contamos la novillada, baste decir que la terna del lunes (Salvador Vega, David Galán y Fernando Rey) estuvo solvente y firme frente a un descastado encierro de Martín Lorca del que sólo se salvo -por los pelos- un toro, el cuarto, con el que Vega estuvo más que mejor.

Sensacional con la muleta y de fantasía con el capote, Salvador Vega derrochó torería en la Malagueta.

Pobre balance y mal principio de feria... por culpa de los toros que no de los toreros.

Veremos que pasa hoy con los toros de la Torre de la Estrella.



lunes, 17 de agosto de 2015

Grandeza y dureza del toreo

Por Clarito

La grandeza y la dureza del toreo. Consecuencias de la cogida de Galdós en la Malagueta.


Málaga. Primera de Feria. Novillada

El público de toros es un público singular. Singular por muchas cosas y una de ellas es por sus constantes y frecuentes contradicciones. Así, pedimos diversidad de encastes y luego exigimos a los toreros que toreen de una única y canónica forma. Pedimos que los toreros se la jueguen, pero si el toro les coge, les llamamos "chalados". Es esto último sambenito común de los novilleros (y también de los que no lo son). Hablemos de ese "síndrome" al hilo de la novillada de ayer de la Malagueta.

Para empezar. maticemos lo de novillada. Pues corrida de toros por hechuras, trapío, cara, pitones, presencia y esencia fue el lote que Fernando Peña envió a la Malagueta. Unos toros que con su movilidad taparon sus defectos (muchos) y sus complicaciones (muchas). Defectos y complicaciones que no trascendieron al tendido hasta el final del festejo, al hacer balance (1 banderillero, 2 picadores y 2 toreros cogidos. Estos dos últimos con entrada a la enfermería).Fue cuando todos cayeron en la cuenta de lo dura, durísima que había sido la corrida.

Una novillada durísima. Una corrida de toros que sólo se podían ver cómodos desde la barrera.

Antes, como digo, la movilidad y, en algunos astados, su humillación, pusieron sordina a las embestidas broncas, descompuestas, renuentes y poco entregadas de las que hicieron derroche las reses toledanas. 

Frente a ellos, unos novillero capaces y dispuestos, que, en mayor o menor grado, ayudaron también a "tapar" los defectos de los "supuestos" novillos.

Ginés Marín se mostró, como era de esperar muy solvente. Estuvo muy bien de salida con un novillo que tuvo mucha plaza y al que su capote  y el de Ambel, enseñaron a embestir. Luego, en la muleta, con un novillo que transmitía mucho, a Ginés, le penalizó abrir el cartel. Todo lo que hizo lo hizo bien, por no decir perfecto pero es siempre muy difícil romper el hielo en el primero de la tarde. Su actuación fue cobrando -por comparación- mayor mérito a medida que avanzaba la tarde.

Un muy solvente Ginés Marín lleva muy toreado a su oponente.

Al segundo hubo que picarlo como no se picaran muchos de los toros que se lidien en feria. Pese a ello llegó a la muleta muy bruto y con fuerzas pero soso en la embestida. Varea apuntó buen estilo. Y consiguió enjaretarle algunas series estimables y logradas. Su toreo más liviano y preciosista que el de Marín atiende más a la forma que al fondo. Son dos conceptos diferentes pero los dos legítimos.

Varea dio buenos muletazos pero su labor no trascendió a los tendidos muy fríos.

En el tercero, vivimos uno de esos momentos en el que los toreros atropellan la razón y es que lo de torear un solo toro tiene sus lógicas consecuencias pues obliga a echar el resto y jugárselo todo a una carta. Quizás por eso, Galdós -torero de inteligencia preclara- recibió de rodillas y por verónicas a su novillo. Este se tragó las dos primeras huido y a regañadientes. Pero en la tercera, dijo que nones. Galdós se empecinó en no levantarse: El toro se le cerró en el burladero de matadores, el peruano fue a buscarlo de rodillas y de rodillas se abrió hacia la raya de picadores. En esa situación, atravesado con el toro, le citó. Un cite que presagiaba la cogida. Y, en efecto, cuando se le arrancó, le arrolló. En el envite, le abrió la bolsa del escroto, lo que arreglaron temporalmente con un esparadrapo envolviendo la pierna y así, herido se fue al toro que tenía mucho que torear. Galdós, inteligente, le fue cambiando los terrenos para que no se orientara ni desarrollara sentido. Faena de mérito. Máxime después del susto inicial. Por su pie se fue a la enfermería.

Joaquín Galdós recibe de rodillas y por verónicas a su toro. El siempre inteligente novillero peruano atropelló ayer la razón obligado por el planteamiento de la novillada pues ayer había que jugarlo todo a una única carta
Leo Valadez, de México, estuvo muy bien con otro novillo complicadote al que banderilleando, le puso un tercer par por los adentros con muy poco espacio y dando las ventajas a la res. Un par de mucho mérito. Tremendo. Con la franela, es torero de muy buen estilo, muy desmayado y muy templado (lo que no fue su novillo). Le mató de media lagartijera muy buena y eficaz.

Espectacular tercio de banderillas de Leo Valadez

A estas alturas de la novillada, y a la vista del ganado, nos preguntábamos como resolverían sus papeletas los más noveles.

Menos toreado el malagueño José Antonio Lavado supo resolver, no obstante, los problemas de su novillo con su estilo nervioso y arrebatado. Hizo como todos sus compañeros el toreo fundamental de forma solvente pero donde arrebató al público fue en su arrebato final. Eso y una estocada de efecto fulminante le valieron la única oreja de la tarde. Fue justa aunque sus compañeros también hubieran merecido ser premiados.

La entrega apasionada de José Antonio Lavado (y un estoconazo fulminante) le valieron ayer la única oreja de la tarde
El sevillano Jesús Álvarez mostró buenas maneras y consiguió una tanda estimable de un novillo que pareció, en los primeros tercios, el menos malo de la corrida, el más suavón. Sin embargo, se apagó demasiado pronto y se acabó al sacarlo a los medios. Ahí empezó a embestir protestando.

Buen trazo en el muletazo de Jesús Álvarez pero su toro duró poco.
Un verdadero "regalo" fue el séptimo y último que le tocó al rondeño Javier Orozco, el menos placeado de todos pues debutaba con picadores. Su toro salió con mucho sentido. Sin llegar a los burladeros, frenándose con las manos por delante en toda la lidia y enterándose de todo. De lo que se dejaba detrás y de lo que había delante. Por la derecha no tenía, como se dice, un pase pero Orozco se los dio antes de ser cogido. En uno de ellos, el toro se le quedó debajo y le volteó. Consecuencia: una cornada grande pero limpia en el muslo que queda a unos centímetros del triángulo de Scarpa. Muy certero el toro y muy valiente el torero. Mala suerte.

El séptimo salió a la plaza muy orientado y con mucho sentido que desarrolló aún más a lo largo de la lidia. La cogida de Orozco que estuvo muy firme con el, se presentía inevitable.

La cogida de Saúl en Vitigudino.

Y mala suerte también, la de Saúl Jimenez Fortes, Iba mediada la novillada de Málaga cuando nos avisaban de la cogida de este diestro en Vitigudino.

Fortes resultó cogido al recibir de rodillas con el capote a su primer toro, de la ganadería de Orive. El astado le arrolló contra las tablas, metiéndole el pitón por el cuello, levantándole hacia arriba y provocando una importante hemorragia.

"El pitón entró por debajo de la barbilla y le ha afectado gravemente la lengua, la región nasal y destroza el paladar, además de llegarle hasta la base del cráneo. Es una cornada tremenda, pero ahora sólo nos queda esperar, ya que no hay parte médico y sólo sabemos que lo llevan a la UVI", ha dicho su apoderado, Nemesio Matías quien ha indicado por último que, aunque los médicos han dicho que está fuera de peligro, "hay que esperar varios días más para ver el alcance real de la herida y sus posibles secuelas". Secuelas que esperamos sean las mínimas posibles.

Queremos que los toreros sean valientes y se queden quietos pero también queremos que los toros no les cojan. Vistos los imponderables que tiene el toreo, resulta ser una ecuación casi imposible. De ahí la grandeza y la dureza de esta Fiesta nuestra.

El toreo es lo que es y, entre otras cosas, es apuesta y riesgo. ¡Suerte, Saúl!


lunes, 10 de agosto de 2015

Honrarás a tu padre y a tu madre

Por Jose Morente 

Joselito el Gallo antes de iniciar el paseíllo en la Maestranza, de riguroso luto tras la muerte de su madre Gabriela Ortega(Fotografía del Cossío. Tomo III)
En 1953 el prolífico Luís Bollaín publicaba otro de sus libros -¡uno más!- titulado "El decálogo de la buena fiesta" donde traducía los Mandamientos de la Iglesia Católica y los aplicaba al toreo. La cosa tenía su intríngulis y su gracia.


En "El decálogo de la buena Fiesta" de Luís Bollaín se traducen los mandamientos religiosos a mandamientos taurinos desde un punto de vista -no podía ser de otra forma- descaradamente belmontista. Así el primer mandamiento de esa Ley taurina sería: "Amar a Juan Belmonte -Dios del toreo- sobre todas las cosas taurinas". El segundo "No invocar su glorioso nombre -el de Belmonte- en vano". El tercero -y como era de esperar-: "Santificarás la Fiesta"... Y así sucesivamente hasta el décimo. En cualquier caso, lo importante es resaltar el carácter ritual y cuasi-religioso que, para muchos aficionados, puede tener el toreo.
Nosotros, sin traducir, vamos a recordar hoy el cuarto mandamiento. pero no el de Bollaín ("Honrar a los padres de la torería"), sino el auténtico, el de verdad. Aquel que dice: "Honrarás a tu padre y a tu madre". 

Y es que, en el toreo, igual que en el flamenco, el peso de la tradición y de la herencia familiar, el respeto a los mayores y a sus enseñanzas, es sustancialvital. Por eso, aunque los toreros que no vienen de familia torera han aportado al toreo su pragmatismo y una inventiva no exenta a veces de interés, no hay duda que es en la línea medular del toreo (la que se desarrolla y sustenta en el seno de esas grandiosas familias) aquella que, a lo largo de la historia, ha sido y es eje y soporte de la mejor tradición y garantía de la pervivencia de lo más auténtico que pueda tener la Fiesta de los toros.

Familias como los Bienvenida, los Dominguines, los Romero de Ronda, los Costillares de Sevilla, los Ortega de Cádiz (los del gallinero y sus antepasados, los Marineros pero también sus ramificaciones en los Sánchez Mejías, los Cucos y los Martín Vazquez), los Valencia, los Posada, los Ordoñez, los Vázquez, los Paquirri, los Esplá y los Manzanares y tantas otras, son la mejor garantía para que el toreo de nuestros días siga pareciéndose en algo al toreo de hace doscientos años.

Es ese necesario respeto y veneración por sus mayores el que llevó a Joselito el Gallo a vestir de luto muchas tardes (hasta su muerte en Talavera) durante las temporadas de 1919 y 1920, tras el fallecimiento de su madre la bailaora Gabriela Ortega Feria. 

Es ese necesario respeto y veneración a los mayores el que lleva al torero Jose María Manzanares a vestir de luto todas las tardes durante esta temporada de 2015, en recuerdo y memoria de su padre el maestro José Mari Manzanares.

Lo dicho: ¡Honrarás a tu padre y a tu madre!

José María Manzanares, hace un par de domingos, en el Puerto de Santa María, de riguroso luto en memoria y recuerdo de su padre, el  maestro Manzanares (Fotografía de la web del propio torero)

miércoles, 5 de agosto de 2015

El dolor, la pena e infinitos llantos. Canela ha muerto

Por Luis Soler Guevara

Foto de archivo del cantaor del Campo de Gibraltar

Canela se ha ido y con él marcha la soleá y la siguiriya compungidas y llorosas.  El negro luto tiñe los balcones y ventanas de muchos flamencos cuyas banderas, lasos y crespones, ofrecen un colorido gris plomizo a su blanco San Roque. Hasta el último momento esperando un milagro que no se produjo. Hasta última hora estuvo luchando contra la guadaña de la muerte, y con la poca vida que le quedaba sacaba fuerzas donde no había más que flaqueza y un cuerpo exhausto con un rostro de gran ternura

Ayer de mañana, al despertarse, llamó a sus hijos para que le hicieran son, y cantó desde la sensación de horror que provoca ese dolor traicionero y la percepción del que no se arruga ante nada, ¡vaya! Ni ante la muerte.  

Una muerte injusta que trunca el sacrificio de un gran artista al que todos le decían en el bar, en la peña, en la calle, que nadie le hacía sombra cantando por soleá, a lo que añadimos: ni por siguiriya. Canela se ha ido pero no para siempre. Ahí queda su obra. Su voz, su gran voz, su enorme voz.

Y sobre todo, en su más atinado hacer: la expresión del cante. Porque a la postre, más que nada Canela ha sido, y valga la palabra aunque no tenga mucho uso académico, nada más y nada menos, que un gran expresador del cante. Ello califica a un tipo de cantaor flamenco cuyo mensaje se acompaña con el dolor, con la pena y la amargura, pero no sólo argumentándolo, fundamentalmente sintiéndolo en su corazón  hasta límites inconcebibles.

En este sentido es apropiado y tiene alcance y empleo el citado término. La sensación de dolerse mientras se expone el cante es real, y por ello, totalmente ajena a adornos literarios. En este aspecto Alejandro ha sido un cantaor como la copa un pino. Es su CANTE con mayúscula lo que mejor le define. Su riqueza, ese mundo de sensaciones mágicas que dando nombradía, por contagios, a esa forma de decir el cante, sobre todo de sentirlo, en el más alto y solemne escenario. Ahí su voz se levanta como un huracán que sólo él es capaz de detener. 

Ya todo esto es historia viva de un hombre del Campo de Gibraltar que nació no para cantarle al mundo y ser oído, sino para ser escuchado. Todo esto se encuentra en este tan gran firme puntal del cante por soleá y por siguiriya. A ese altar nadie ha podido acceder con más arte, con más gusto y sobre todo doliéndose tanto. La voz de Canela además de un lamento tiene magia y, como dijo Félix Grande, pertenece a lo sagrado.    

Luis Soler Guevara Escritor y aficionado al flamenco (artículo publicado hoy en Diario Europa Sur


lunes, 3 de agosto de 2015

Sobre las "espantás" y sus consecuencias. Una hipótesis hipotética

Por Jack Coursier

Para torear bien como -en las grandes ocasiones- toreaba Rafael el Gallo, hace falta un toro determinado no un toro determinante (Fotografía de Rafael con un toro que determinante y que no se entrega. Archivo Vaquero)

A veces pienso que las "espantás" de Rafael el Gallo, tuvieron (quizá), en la historia del toreo, más importancia que el de una mera anécdota

Me explico. Rafael y José no pueden comportarse como dos personas extrañas, cada uno en su mundo. Obligatoriamente, hablan, confrontan, analizan, sienten los éxitos y los fracasos del otro hermano con una intensidad más intensa que cualquier otra persona de su entorno. 

Por eso, creo posible que José percibiera y entendiera que, con un toro, había cosas más profundas e importantes que limitarse a llevarlo y sacarlo del caballo, viendo a su hermano, pues el Divino Calvo por su manera de torear necesitaba un toro más "toreable", que no provocase esas "espantás".

Es posible que esa fuera, entre otras, la razón que convenció a José de que era necesaria una nueva orientación en la cría y selección del ganado. Con sus capacidades y conocimientos, José no necesitaba un toro diferente. El que lo pedía, era Rafael, cuya tauromaquia requería otros oponentes más adecuados, menos complicados

Mi visión personal me sugiere que José se entregó a reorientar la selección del toro bravo, pensando sobre todo en las actuaciones de Rafael, sus triunfos y sus espantás: "Hay muchas posibilidades artísticas con un toro, con condición de que salga diferente".

"Espantá" de Rafael el Gallo (Fotografía publicada en el Ruedo en 1944)



Addenda. Miércoles 5 de agosto

Recién publicada esta entrada, la investigadora italiana Silvia Caramella me facilita el enlace a un viejo documental "Amanecer en España" producido en 1938 por la CNT con fines propagandistas.

Lo más interesante es que, entre las imágenes de archivo, aparecen varias escenas taurinas. Una de ellas, congruente con esta entrada, recoge un fragmento de una faena de Rafael el Gallo con uno de esos torazos que, poderoso y temible, va empujando al torero madrileño hacia las tablas, ganándole la pelea. Uno de esos toros "determinantes" que sólo permitían, por raro acaso, ese toreo de arte tanto anhelaba practicar el Divino Calvo. Un toreo primoroso y estético del que, merced a otros toros ya "determinados", nosotros hemos podido disfrutar y gozar con mucha mayor frecuencia.

Vemos la faena del Gallo con este toro "determinante" y todavía "no determinado" del que hablaba Pepe Alameda.