martes, 20 de junio de 2017

Cuaderno de notas (CXXIII) La única verdad del toreo


La única verdad del toreo (Cornada mortal de Iván Fandiño. Fotografía de Iroz Gaizka-AFP)


"Todo el mundo se cree con derecho a decir lo que es verdad y lo que no, pero la única verdad del toreo es que los toros matan y los toreros mueren".

Luis Miguel Dominguín

domingo, 18 de junio de 2017

Amarga cultura

El 13 de mayo de 2014, tras una dura trayectoria profesional, Iván Fandiño abría por fin la Puerta Grande de las Ventas
Salíamos de la plaza de las Ventas, de la corrida de la Cultura, cuando saltaba la noticia en todos los móviles. Un toro había matado a Iván Fandiño en una plaza francesa.

Un rato antes habíamos visto torear a uno de esos toreros que saben torear, Ginés Marín. Pasabamos, casi sin transición, de la euforia de la gran faena y de una buena tarde de toros en Madrid, a la amargura del azar de la cornada mortal.

Cuando la mente se nubla y afloran los sentimientos, te lo cuestionas todo. ¿Porqué se asumen esos riesgos que, tantas tardes, olvidamos que existen? ¿Con qué derecho matamos y morimos? ¿Cual es la ética del toreo? ¿Cual su razón de ser? 

Me niego a aceptar que la ética del toreo esté en el hecho de que el torero pueda morir en la plaza por muy heroica que pueda ser esa forma de dar la vida. Tampoco acepto que el riesgo asumido por el torero, la posibilidad de su muerte, sea lo que justifique ninguna muerte. Ni siquiera la muerte del toro.

Creo que la ética del toreo es de un calado mucho más hondo, más ancestral, más telúrico y que está más allá de lo que esta bienpensante sociedad entiende como bueno y como malo.

Al toro se le trata como su natural condición fiera y agresiva exige. El torero se entrega y arriesga tal y como el mismo se obliga por su propia y heroica condición.

Es una sencilla cuestión cultural, de esa cultura que se lleva en la masa de la sangre y no se aprende en los libros, una cultura enraizada en la naturaleza, una cultura nada urbana. Amarga cultura.


Once meses después

Hace 11 meses pasábamos también por unos duros momentos a raíz de la muerte en otra plaza de toros de Víctor Barrio. Al final de nuestra reflexión en esos momentos, pedíamos sólo una cosa: que la muerte de ese torero no fuese vana. En el toreo de nuestra época, decíamos, los toreros asumen iguales, sino mayores riesgos, que los toreros de antes. Sólo la cirugía moderna evita más desgracias. Algo que, muchos, olvidan. Pedíamos, por ello, más respeto a los toreros por parte de los de fuera y también por parte de los dentro.

Vano empeño, pues once meses después seguimos igual. Unos, los de fuera aullando su absoluta mala baba cada vez que surge una de estas desgracias. Otros, los de dentro, olvidando -tarde tras tarde- que aquí se muere de verdad.

Once meses después, y por desgracia, tenemos que seguir pidiendo lo mismo que entonces pedíamos: Más respeto a los toreros.

¿Sabrán algunos lo que la palabra "respeto" significa?

miércoles, 7 de junio de 2017

La fiesta del arte y la emoción

Por Clarito

Una gran tarde y un público de Madrid entregado al buen toreo de Talavante y Ureña y al comportamiento de los toros de Victorino

Anda el toreo, desde que el toreo es toreo, envuelto en la polémica de la primacía del arte o la emoción. Ese fue, en esencia, el tema de debate en la primera competencia que conoce la historia de esta fiesta, la de Pepe-Hillo y Pedro Romero. El toreo (arte)  del sevillano Hillo frente a la estocada (emoción) del rondeño Romero.

Pasa el tiempo y el dilema sigue abierto y eso pese a que, nuestra época, el arte (el toreo) se impone y se lleva el gato al agua pues dicen que ya no salen por los toriles, con frecuencia, esos toros que decían que venían a llevarse el dinero de la temporada. De hecho, no creo que nunca hayan salido muchos de esos ejemplares a las plazas pero lo cierto es que la búsqueda de la emoción (igual que la búsqueda del arte) es consustancial a la fiesta y necesaria.

Después de mucho lío de corrales, trajo Victorino a Madrid la corrida que quisieron los veterinarios. Una corrida desigual de hechuras y comportamientos. Una corrida variada, en la que destacaron dos ejemplares, el segundo y el tercero. Aquel un toro bravo y noble pero enclasado, lo que antes llamaban pastueño. Este un toro bravo y noble pero fiero, lo que hoy llaman encastado.

Al toro bravo y noble y pastueño, le dio Talavante el trato que merecía su condición, manejando los engaños con extrema suavidad, suavidad que el toro agradeció y a la que respondió como se esperaba en una faena muy bien concebida y mejor ejecutada. Muy bien el torero con la mano izquierda (algo a destacar cuando tantos toreros de hoy y de siempre han ignorado esa mano). Cortó una merecida oreja.

La emoción del remate ante un toro bravo.

Con el bravo, noble y fiero toro tercero, Ureña se planteó la faena de modo distinto, muy decidido, más tenso y crispado (no había otra) y vivimos por momentos el toreo, no como fue en el siglo XIX, pero sí como imaginamos que pudo ser. Una faena de enfrentamiento (enfrontilamiento), a toma y daca, donde el cite, el embroque, cobraba primacía sobre el remate (al contrario que en la faena del toro anterior). Faena de mucha emoción que, como es lógico, caló mucho en los tendidos que premiaron a Ureña con una más que merecida vuelta al ruedo.

La emoción del embroque ante un toro fiero.

Dos fiestas, dos modos distintos de concebir el toreo, propiciados por dos toreros diferentes y, sobre todo, propiciado por dos toros de diferente condición. La fiesta del arte frente a la fiesta de la emoción. Sin entrar en matices, ni en enfrentamientos estériles, dos fiestas necesarias.

Hoy gana por la mano, día a día, la fiesta del arte. Son otros tiempos, otras sensibilidades y otros públicos pero la emoción es también base de este espectáculo y latente o no, tiene que estar siempre ahí.

Abundando en esa polémica, le preguntaba hace muchos años, en Sevilla, el limeño Manuel Solari a Juan Belmonte que cual era la base de la fiesta ¿el arte o la emoción?

Belmonte, sorprendido por la pregunta, socarrón y escurridizo, le contestó:
- El sentimiento. Lo que hoy llaman clase, la expresión. Hay toreros con alma y toreros desalmados.
Ayer en las Ventas (ausente Urdiales que no tuvo suerte en el sorteo), vimos a dos toreros con sentimiento, con expresión, con alma: Alejandro Talavante y Paco Ureña. 

Bien que con dos sentimientos diferentes: El sentimiento del arte y el sentimiento de la emoción

sábado, 3 de junio de 2017

La tesis de Silvia (cine y toros)

Por Antonio Lorca

La investigadora italiana Silvia Caramella. Cine y Tauromaquia centran ahora su trabajo (Fotografía de El País(
“El cine taurino español es un patrimonio fílmico de gran calidad que comienza con el nacimiento del cine y es parte integrante de toda su historia desde 1896”.
“Se han realizado buenísimas películas, como ‘Los golfos’, de Carlos Saura, ‘El momento de la verdad’, de Francesco Rossi, ‘A las cinco de la tarde’, de Juan Antonio Bardem, o ‘Torero’, de Carlos Velo, película mejicana de un director español exiliado. Y existen películas muy dignas del cine popular, dirigido por grandes artesanos, como Rafael Gil, Pedro Lazaga o Luis Lucia, entre otros”.
“Ha habido toreros que se han revelado como grandes actores, como El Cordobés o Miguel Mateo Miguelín, protagonista de ‘El momento de la verdad’, que es para mí la película taurina por excelencia”.
“No resulta fácil definir qué es una película taurina (creo que 'Carmen’ lo es), pero podemos afirmar que la producción alcanza a 300 películas, o quizá, algunas más en todo el mundo”.
Estas reflexiones pertenecen a Silvia Caramella, italiana nacida en un pueblo cercano a Milán, diplomada en Magisterio y licenciada en Teología, especialista en cine y enamorada del toro bravo y su cultura.

Viajó hasta la universidad inglesa de Sunderland, al norte de Inglaterra, para hacer un master en productos culturales, y allí se encontró con la posibilidad de elaborar un estudio sobre ‘Matador’, la película de Pedro Almodóvar. De aquel primer ensayo nació una tesis doctoral que lleva por título ‘Génesis, evolución y revolución de las imágenes taurinas en el cine español, en la que ha trabajado durante cuatro años y medio, y le ha obligado a viajar a Portugal y México e investigar un género que carecía de bibliografía y publicaciones.

Caramella procede del cine y la televisión. Trabajó durante cinco años en Cinecittà como responsable de la ocupación de sus 22 platós, y en Sevilla en una productora de televisión. En Roma se casó con un sevillano y en su posterior estancia en la capital andaluza conoció y se enamoró de la cultura taurina.

En 2005 pisó por vez primera la plaza de la Maestranza y asistió a una novillada. “Ese bautizo fue impresionante”, afirma. “Me fascinó el toro bravo y todo lo relacionado con su entorno y su historia. Leí mucho sobre la cultura taurina, indagué en las biografías de grandes toreros, y me convertí en una defensora del toro y del ecosistema en el que vive” (...)

“Fui a Inglaterra con la intención de unir el cine y la teología”, añade, “y sobre ese tema versó la tesis del master, pero me encontré con la posibilidad de investigar el cine taurino, sobre el que solo se han publicado cuatro o cinco libros, y solo dos ellos están escritos por un experto en cine como es Carlos Colón” (...)

“En el caso español, -continua Caramella-, “el análisis de los elementos principales (la plaza, el campo bravo, la corrida, el torero, el toro, la mujer) me ha permitido concluir que se trata de una riqueza cultural, basada en un cinematografía históricamente ignorada y culturalmente menospreciada con definiciones genéricas y generalizadoras, adscritas normalmente a la tan vituperada españolada".

A su juicio, aunque el cine de toros es “rico y variado por tratarse de un género y subgénero cinematográfico trans-histórico y trans-nacional, el cine español es el que más matices encierra, muchos de los cuales obviamente necesitan investigaciones más profundas”.

Según la tesis de Silvia Caramella, “el cine producido en España tiene una gran riqueza de fuentes (novelas, teatro, zarzuelas, pasodobles y biografías -o leyendas- de toreros), visible desde el cine de los pioneros y de la época muda, y presenta una variedad de arquetipos del matador que en otras cinematografías, como la portuguesa y la mexicana, están ausentes o poco desarrolladas”.

“El matador en la historia del cine español”, prosigue, “puede ser tanto un modelo de seducción (‘¡Viva Madrid que es mi pueblo!’, de Fernando Delgado), como de castidad (el virginal ‘Currito de la Cruz’ de Luis Lucia, o el angélico-divino Manolete de ‘Brindis a Manolete’ de Florián Rey); de lucha de clases (‘El momento de la verdad’, de Francesco Rosi) o de más o menos defensa del status quo (hay toreros aristócratas o terratenientes en algunas películas, como en el caso de ‘Un caballero famoso’, de José Buchs o ‘Un caballero andaluz’, de Luis Lucia)”.

“El cine nacional propone, también, discursos políticos apologéticos del régimen de la época (‘Aprendiendo a morir’ y ‘Las cicatrices’, ambas de Pedro Lazaga), o de crítica antifranquista y anticostumbrista (los dramas ‘A las cinco de la tarde’, de Juan Antonio Bardem, ‘Los golfos’, de Carlos Saur, o la deliciosa short-comedy ‘El hambrientito de Cuenca’, de Edgar Neville)”.

Caramella hace, asimismo, hincapié en la importancia de la figura de la matadora en la etapa democrática, como una ‘constante histórica’ de la representación de la nueva España. La matadora retorna en cada década, y representa el espíritu de su tiempo: Antoñita Linares, en ‘El monosabio’, de Ray Rivas en los años setenta; el personaje de María en ‘Matador’, de Pedro Almodóvar, y Silvia, en ‘Jamón, jamón’, de Bigas Luna son la España de los ochenta y noventa (aunque sean matadoras simbólicas, porque ‘torean’ al macho ibérico en decadencia); Lydia, en ‘Hable con ella’, de Almodóvar, es la matadora del nuevo siglo; y Carmen, de ‘Blancanieves’, de Pablo Berger, encarna la melancolía y la desilusión de la crisis de la primera década del nuevo siglo.

La tesis doctoral de Silvia Caramella también se ocupa del cine antitaurino, “una producción de calidad”, en su opinión, y cita ‘Animal’, de Ángel Mora (2007) y ‘Santa Fiesta’, de Miguel Ángel Rolland (2016). Y termina con un apunte sobre el cine experimental: ‘Sobrenatural’, de Juan Figueroa, protagonizado por el matador Andrés Vázquez, es el más reciente (2017). Esta película fue premiada en el Festival de Cine Experimental de Sydney, y ofrece una curiosa e interesante analogía entre el torero y el samurai.

(Este articulo de Antonio Lorca fue publicado en el blog del diario El País, el 20 de mayo de este año)

Nota final de LRI: En La tesis de Nancy de Ramón J. Sender, una estudiante americana se hacía verdaderos líos con la peculiar fonética andaluza. Silvia Caramella por el contrario ha calado de verdad en el sprit de la tauromaquia, que entiende, ama y comprende. El periodista y buen amigo Antonio Lorca, otro amante del toreo, ha sabido también transmitirnos la tesis de Silvia, con el rigor y la precisión que le caracterizan.

viernes, 2 de junio de 2017

Antonio Mairena y el misterio de las soleares de Paca Aguilera

Por Jose Morente

La gran cantaora rondeña Paca Aguilera (Fotografía del archivo de José Blas Vega)

Que los grandes cantaores (y eso vale para cualquier profesión) no se dan cuartelillo, es una verdad como un templo. Baste como prueba este texto de Antonio Reina sobre Antonio Mairena:
"Recuerdo otra tarde en que había venido a casa para oír unos discos que había conseguido. Uno era de Paca Aguilera, que interpretaba unas soleares de Triana que a mí me impresionaron, pero le pregunté por ella y me dijo que Pastora le había dicho que era una cantaora del montón. Yo, la verdad, me quedé … . Pero aquel día, después de estar escuchando a Juanito Mojama, metí el disco de Paca Aguilera. El estaba, como siempre, abstraído, metido en sus pensamientos, sonó el primer cante por soleá y apenas le echó cuenta, pero cuando apareció el segundo:
"A una montaña me llevaras,
vamos donde tú quieras
que el cariño todo lo allana."
se le descompuso la cara, se levantó como un resorte y me preguntó que quién era. Le dije que Paca Aguilera, y su única respuesta fue: "otra vez me ha engañado Pastora". Me hizo incluso que se lo grabara aquella tarde. A Antonio en el cante no lo engañaba nadie, y siempre fue con la verdad por delante. Incluso llegaba a distinguir un hecho tan importante como que una cosa era sonar gitano, y otra muy distinta, cantar gitano".
Dejando al margen el "engaño" de Pastora, lo que está claro es que, el cante de Paca Aguilera, impresionó gratamente a Mairena. Por eso, lo mejor que podemos hacer es escucharlo y disfrutarlo también nosotros.

Una melodía por cierto impresionante como podemos comprobar en esta grabación de la gran cantaora de Ronda.

Una grabación que contiene una agradable sorpresa, pues además del cante de Paca Aguilera, se incluyen de fondo unas imágenes filmadas en la ciudad de Ronda en 1929 y, dentro de esas imágenes, aparece, tocando la guitarra, Aniya la Gitana. 

De la gitana de Ronda, Aniya, conocemos fotos y entrevistas.

De Aniya conocíamos fotos pero no películas. No conocíamos... hasta hoy.




El cante de la rondeña es magnífico, aunque no vaya sobrado de cuadratura pues, en esas grabaciones, como me explicaba Antonio Hermosín hace un par de días,  el cante va por un lado y la guitarra por otro.

Lo cierto es que, en este tema del compás, no es algo en lo que destaquen, en general, los cantaores del pasado. Pepa Sánchez Garrido en su magnífico libro "Cante y cantaores Triana", analiza magistralmente esta cuestión y señala que, en temas de compás, no podemos tomar como referencia a esos artistas de antaño "pues a la dificultad de dominar el compás por parte del cantaor se unía una técnica primitiva y rudimentaria en el acompañamiento de la guitarra junto a otras limitaciones técnicas del propio registro sonoro". 

Eso de las limitaciones del propio registro sonoro se refiere a la compleja forma de captar el sonido en los primeros aparatos de grabación (Fotografía de grabación de orquesta en estudio en 1924. El embudo es similar al que se usaba en los primeros fonógrafos y también en los aparatos con los que se grabaron los primeros cilindros de cera de cantaores flamencos)
Pepa acaba afirmando que "muchos de los cantaores profesionales primitivos no cuadraban el cante -ya fuera por incapacidad rítmica de los mismos o de sus guitarristas acompañantes". Lo que dice de los profesionales (la no cuadratura de los cantes) vale también, y se acentúa lógicamente, en el caso de los cantaores aficionados.

Cuestión distinta es la línea melódica del cante, línea que, en el caso de las soleares de Triana, presenta una gran belleza y dificultad, como han resaltado todos los que se han acercado a esos cantes, tanto por su extensión melódica como por su extremada ligazón. Y como hemos podido comprobar en la grabación de Paca Aguilera.

Eso línea melódica fue probablemente, lo que llamó la atención de Antonio Mairena y lo que le hizo reaccionar emocionado ante el cante de la rondeña pues, como me decía también Antonio Hermosín, el maestro siempre andaba a la caza de nuevas melodías.

Lo curioso es que este cante por soleares que tanto le gustaba a Mairena, se le resistía al cantarlo. Curioso porque al cantaor de los Alcores, uno de los más largos -si no el que más- de la historia, no se le resistía casi ningún cante. El testimonio es de Antonio Reina y la referencia, que me facilita Luís Soler, se encuentra en el interesante libro "El Flamenco en Ronda y su Serranía" de Gabriel Olea y María de la Paz Tenorio:
"Antonio Mairena que tantos cantes asimiló y recreó, le dijo textualmente [a Antonio Reina] sobre la soleá que cantaba Paca Aguilera: ¿Qué tendrá está soleá, que donde quiera que voy está conmigo? La repito una y mil veces pero soy incapaz de hacerla como es. ¡Ahí está el misterio del cante y su grandeza! ¡A mí que nunca se me ha resistida nada cantando!"
La soleá a la que se refería Antonio es la segunda de las tres que canta Paca Aguilera en la grabación que hemos escuchado, tal y como me confirma Manuel Martín Martín, quien añade que se suele cantar con la siguiente letra:

  “A una montaña me llevaras,
vamos dónde tú quieras
que por dinerito no lo hagas”.

Letra que, lógicamente, se modifica al cantar como hace Paca Aguilera en su cante y cuyo primer tercio sería "(A viv)ir a una montaña...", comiéndose las dos primeras sílabas pero manteniendo el sentido de la copla. Y es que otro tema interesante es el de las transformaciones que hacen los cantaores para acoplar las letras al cante sin desvirtuar los textos, algo que no siempre se consigue. 

Resumiendo todo lo dicho, nada mejor que acabar citando lo que decía Antonio Mairena, al hilo de estas soleares de Paca Aguilera:
El misterio del cante y su grandeza...!"
Antonio Mairena. Un cantaor al que se le resistían muy pocos cantes (Foto Colita) 

domingo, 28 de mayo de 2017

Viaje a las fuentes del cante de Antonio Mairena (III) Las soleares de Joaquín el de la Paula

Por Manuel Martín Martín

Joaquín el de la Paula, en un dibujo de Capuletti

"Como ya he dicho, los gitanos andaluces, y entre ellos muchos trianeros, se instalaban en Mairena, y en los pueblos próximos, atraídos por la feria mairenera, y luego se quedaban viviendo muchos de ellos en Mairena y en otros pueblos, como Alcalá, normalmente en las afueras de la población, al abrigo de los montes o en cuevas. De este modo, escapaban al control de las autoridades, cosa que sería más difícil en Triana"
MAIRENA, Antonio. " Las confesiones de Antonio Mairena" (1ª ed., Secretariado de Ediciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1976. Págs. 57-58)



INTERVENCIÓN IMPROVISADA DE MANUEL MARTÍN MARTÍN
Mairena del Alcor. 13-05-2017

Cuando en 2006 publiqué ‘Alcalá de la soleá, un museo abierto’, he de confesar que tuve por confidentes a Antonio Mairena y a Hiniesta Fernández, la hija de Joaquín el de la Paula, con la que me unió una gran amistad y a la que durante más de un año estuve visitando en su casa de Lora del Río. De ellos recuperé todo el trabajo de campo (notas, entrevistas, etc.) que había hecho para biografiar a Joaquín el de la Paula y buena parte de ello se plasmó en el libro que hoy, de reeditarse, albergaría nuevos datos y nuevas sorpresas.

Del primero, Antonio, recuerdo una frase que, al hilo del anecdotario de Luis Soler que me ha precedido en el uso de la palabra, lanzo al aire: “La Venta Platilla es una encrucijada de caminos (Triana, Utrera, Alcalá) que tienen un punto de confluencia: la Feria de Mairena del Alcor”. A la que yo añadí: Y un lugar de destino, un alfa y omega llamado Antonio Mairena.

Lamentablemente, la Venta de Juan Platilla, cuando yo la conocí era una casa de meretrices, de prostitutas, una alerta de que fueron muchos los que entregaron sus vidas para conformar y preservar la identidad sonora de un pueblo. Y entre ellos, Joaquín el de la Paula, el rey de la soleá que murió en un trono de miseria y del que al tiempo presente el Ayuntamiento ya no le reconoce ni el mosaico del ‘Camino de Joaquín el de la Paula’, no sólo fuera de su emplazamiento en la actualidad, sino que después de las obras de rehabilitación del entorno, se encuentra, al parecer, desaparecido.

La rotulación del Camino de Joaquín el de la Paula con ese mosaico fue sugerida por Antonio MairenaManuel Rodríguez Granado, nuestro dilecto y querido amigo, por entonces teniente de alcalde de Alcalá de Guadaíra, y se inauguró en los previos al I Festival Joaquín el de la Paula el año 1967, siendo el costo de 448 pesetas.

En cualquier caso, apuntaba lo de la Feria de Mairena, que data de primeros del siglo XV y es, por tanto, la más antigua, donde se reunían los gitanos procedentes de esos tres enclaves flamencos, reuniones que nutrieron las vivencias que serían determinantes en las obras ulteriores de Mairena.

Pero sin apartarme del hilo conductor que me propongo, Antonio aprende los cantes de Joaquín en la Taberna Cachito, en la alcalareña calle de la Mina, a donde acompañaba al padre, que era su gran admirador, amigo y pariente, ya que, cuando en 1914, Joaquín enviudó de Caridad la Cholona, se juntó con Rosario, prima hermana de la madre de Antonio Mairena. Pero Joaquín, tan imaginativo, se buscaba la vida tanto en la pelada en los cortijos como en Mairena del Alcor, a la que visitó entre 1910 y 1930, bien como director de la comparsa que el mismo fundara o invitado a las fiestas por sus amigos Rafael Cruz, padre de Antonio, y José Monte.

Pero además, como digo, en la Feria de Mairena, donde cada año Joaquín ponía una caseta llamada El Descrédito, y de ayudantes tenía al Enriquillo, su hijo; su sobrino, Manolito el de María, además de El Sevillano y Luís Candela.

Además de feriante, Joaquín de la Paula era un carnavelero de pro. En la imagen, aparece con su murga alcalareña. Invito al lector a que intente descubrir quien entre estos simpáticos individuos es el emblemático cantaor Joaquín el de la Paula.
Tenemos que considerar, además, cómo el 23 de agosto 1924, Antonio acude como el Niño de Mairena al Concurso de Alcalá, celebrado en la Plaza del Duque, y con 14 años se alza con el primer premio, teniendo por competidores a El Sordillo de Triana, El Curilla, Eloy Curraga y Agustín Callejón, entre otros. Antonio vocalizaba entonces como Manuel Torre pero hacía los cantes de Joaquín, escuchados tantas veces en la Taberna de Cachito, en la calle de la Mina, a donde iba su padre.

Curiosa fotografía de Luís el Curilla en la época en la que hacía el servicio militar. El apodo del Curilla le viene -según nos enseña Manuel Martín- del oficio de su padre (curador de jamones) y no de ningún tipo de vocación eclesiástica (Fotografía obtenida del libro de Manuel Martín Martín "Alcalá de las soleá"
Andando el tiempo, es evidente que Antonio mostró su afecto a su maestro Joaquín en innumerables ocasiones, no sólo rescatando sus cantes y poniéndolos en valor, sino también con publicaciones como ‘En el centenario del nacimiento de Joaquín el de la Paula’, publicada en la revista Flamenco en julio 1975, un texto que fue el que leyó precisamente en el homenaje que le tributó ese año en la alcalareña Discoteca Zalima junto a su amigo y ya alcalde, Manuel Rodríguez Granado. Recuérdese, además, el papel que Antonio dio a su maestro Joaquín un año después en sus ‘Las confesiones de Antonio Mairena’, luego más tarde en los ‘Apuntes para la historia y Evolución del cante por soleá de Alcalá de Guadaíra’, artículo publicado en la revista Candil en 1982 y revisado más tarde, en 1984, en la monografía ‘Joaquín  el de la Paula. Gran artífice del cante por soleá de Alcalá’, y así hasta 2001 en que Antonio recibió los honores del XXIII Festival Joaquín el de la Paula.

Claro que lo más sustancial, lo que queda para la historia sonora del cante, es el legado de Joaquín, que se bifurca entre las letras por él elaboradas, como así difundieron tanto Vallejo como el Sevillano o el propio Antonio, y sus propios cantes, que en Antonio Mairena se centran en tres estilos y aunque se habla de un cuarto (‘Yo te tengo compará’), es muy probable que éste sea una recreación del propio Antonio.

En cualquier caso, sí quiero reseñar, por último, dos cuestiones. La primera es que fue Antonio Mairena el que le imprime solemnidad y excelencia al cante de Joaquín, como así me confesó su hija Hiniesta, que incluso me cantaba los cantes de su padre que, al compararlo con el desarrollo melódico que les imprimió Mairena, se ratificaba esa afirmación.

La segunda es que fue la propia Hiniesta la que en 1983 me despejó toda duda sobre el repertorio de Joaquín. “Su cante -decía- era la soleá, pero también cantaba las bulerías -se refería a las bulerías de escuche-, martinetes, saetas, seguiriyas,… pero bailaba mejor que cantaba”.

Finalmente, sólo dejar en el aire de Mairena del Alcor, un recuerdo: hace unos días dimos cristiana sepultura a un miembro de la Fundación Antonio Mairena, aficionado cabal y muy querido en la encrucijada de caminos de la Venta Platilla, me refiero a Antonio Torres. Vivirá siempre en nuestros corazones y para él nuestro reconocimiento.

Luis Soler y Manuel Martín Martín durante su charla, acompañados por Manuel Rodríguez Pallarés quien presentó el acto que se celebró en la Casa del Arte Antonio Mairena (Foto de Carmelo Camino).
Bibliografía recomendada

MARTÍN MARTÍN, Manuel. "Alcalá de la soleá-un museo abierto" (1ª ed., Sevilla, Ediciones Giralda, 2006)



Quien quiera adentrarse en el solvente mundo de las soleares de Alcalá (los llamados cantes de Alcalá) no tendrá más remedio que visitar ese museo abierto que es el libro de Manuel Martín Martín. "Alcalá de la Soleá. Manuel Martín estructura su obra, no por capítulos, sino en salas virtuales de ese peculiar museo singular y fantástico cuya acceso nos permitirá conocer y profundizar en el legado cantaor del municipio sevillano. 

Las influencias y las herencias, los territorios y los repertorios vinculados a los cantes alcalareños son desgranados de forma magistral por Manuel Martín quien adereza el libro con sabrosas anécdotas y precisos datos biográficos recogidos de primera mano entre los herederos de aquellos cantaores que hicieron grandes estos cantes, Una familiaridad no exenta del rigor y conocimiento que requiere un trabajo enciclopédico de este calado.

Un libro monumental, como ese Castillo de Alcalá que tanto y tan buen cante cobijó a su sombra, pero que se lee con la facilidad y amenidad con la que se leen todos los escritos de este gran escritor. Un verdadero placer, por tanto, el de este viaje -iniciático y museístico- a los cantes por soleares de Alcalá de los Panaderos que nos regala Manuel Martín Martín.


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Nota de LRI. El recorrido a las Fuentes del Cante de Antonio Mairena,del pasado sábado 13 de mayo, tuvo uno de sus momentos más culminantes en la Casa del Arte Antonio Mairena con la doble intervención de Luis Soler, quien habló de las seguiriyas del inolvidable Manuel Torre, y de Manuel Martín Martín quien nos transportó a esa cueva de Alcalá de los Panaderos donde vivió el mítico Joaquín el de la Paula.

Luis Soler y Manuel Martín, dos estudiosos del flamenco de la máxima categoría, nos regalaron un singular y sugestivo mano a mano que nos hizo vibrar y emocionarnos.

El broche de oro a sus interesantes y amenas palabras, lo pusieron otros dos flamencos de categoría, el cantaor Antonio Hermosín y el guitarrista Jose de Pura, quienes llenaron la sala con los aromas de la soleá más aromática, la de más sabor: las soleares de Alcalá de los Panaderos, de Alcalá de Guadaira, aquellas que se guardaban en la casa de Joaquín el de la Paula...



viernes, 26 de mayo de 2017

Cuaderno de notas (CXXII) Para buenos catadores

Torear en función del toro es -según José Carlos Arévalosacrificar o renunciar a la perfección del canon en busca de una verdad que está más allá de lo aparente. Es poner el fondo por encima de las formas (Foto Javier Arroyo-Aplausos)
A esa verdad, a esa hondura sacrificó el Juli el trazo de su toreo. Porque Julián toreaba hace años con suma perfección, con un estilismo innato que ahora le estorba, le parece banal y hasta un punto frívolo. 

No quiere que la perfección del canon perturbe la verdad de su toreo, extraer en cada muletazo, en cada pase, toda la bravura del toro.

El Juli es un torero para buenos catadores, no para aficionados cursis.

ARÉVALO, José Carlos. "El mayor espectáculo del mundo" en Cuadernos de Tauromaquia número 31 (Sevilla, Cuadernos de Tauromaquia, S.L., primavera de 2017, página 22)

Economía de movimientos en un muletazo del Juli. Esa variedad de registros tan diferentes, ese antiformalismo tan acusado, incluso en los momentos más formalistas, puede llegar a descolocar -y descoloca- al aficionado de cartilla y catecismo (Foto de Javier Arroyo-Aplausos)