sábado, 9 de septiembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXV) La historia de Enriqueta

Por Chema Camargo del Hoyo.

Enriqueta por Sevilla

Su historia parece sacada de una película. Había nacido en Camas, en 1920. Era la sexta de ocho hermanos. Siempre estuvo muy unida a su hermana Patrocinio (13 años mayor que ella), que, al comienzo de la guerra, se casó con un hombre que le sacaba 15 años. Al trasladarse el matrimonio a Sevilla, Enriqueta los acompañó: ayudaba en las tareas domésticas y trabajaba en una fábrica de azafrán. Murió Patrocinio en el parto de su segunda hija y Enriqueta, con las dos niñas, volvió a casa de su madre, en Isla Cristina. La madre y el viudo presionaban a Enriqueta para que se casara con él, en un «matrimonio blanco», para evitar que las niñas fueran a un colegio de huérfanos. 

Movida por su cariño a ellas, accedió, por fin, a esa boda. Antes de un año, el marido reclamó sus derechos conyugales; al negarse Enriqueta, la maltrataba. Ella decidió escaparse, vendió a una vecina los pendientes que llevaba; con ese dinero, huyó a Sevilla, donde la recogió un párroco, que la alojó en un convento de monjas Adoratrices. A pesar de que un médico certificó su virginidad, no logró la nulidad matrimonial. Para alejarla del marido, las monjas la recomendaron a la hija de Juan Belmonte, que la contrató para el servicio, en el cortijo Gómez Cardeña.

Estamos en 1942, Enriqueta tiene 22 años; Belmonte, retirado de los ruedos, 50. Ella no le conoce ni sabe nada del mundo taurino. La ve Juan y pregunta: ¿De dónde ha salido este bicho tan feo?. Pero la joven no se corta ¡Anda que usté! ¡Como que no es feo! ¿Cuánto hace que no se mira al espejo?. Tienen que avisarla de que es el señor de la casa, el que se ríe a carcajadas.

Cuando enferma Enriqueta, la atiende el médico de cabecera de la familia, Joaquín Mozo Diagnostica dos manchas en el pulmón: necesita reposo, vitaminas y buena alimentación. Juan le busca un alojamiento, pagando él todo, con la promesa de que, cuando esté bien, le encontrará un trabajo. Vive ella dos años y medio en una casa de Higuera de la Sierra (Huelva). Allí la visita el médico, para las revisiones, y Belmonte, para hacerse cargo de los gastos.

Ya recuperada, Enriqueta le pide el trabajo prometido pero Juan se ha enamorado. (Él está separado de su mujer pero, en España, no existía el divorcio). Contaba ella que él se arrodilló a sus pies, con la cabeza en su regazo, y suplicó: ¡No me dejes, por favor! ¡Soy un hombre que está solo y te quiero!.

Así comienzan cerca de 15 años de convivencia... Estaban juntos pero hacían una vida discreta. Ella vivía en una casa de la calle San Vicente. Se veían a diario. Iban los dos a los toros pero a localidades distintas. Hubo etapas muy felices y también conflictos. A los cuatro años, se pelearon y Enriqueta lo dejó, se fue a Madrid: con el dinero que había ahorrado, montó una perfumería. Juan no aceptó renunciar a ella: la localizó y consiguió que volviese con él. Pero los tiempos más felices, quizá, ya habían pasado...

Contaba Enriqueta que, cuando se despedían, ella, en broma, solía lanzarle una zapatilla: él la guardaba para devólversela al llegar el día siguiente.

La mañana del 8 de abril de 1962, Juan, que estaba a punto de cumplir 70 años, la visitó por última vez. Le llevó un sobre con dinero, un maletín con objetos personales y varias fotografías dedicadas: «Cuando yo me muera, si necesitas dinero, véndelas a una revista extranjera, que te las pagarán bien». Ella replicó: «Estás más loco que cuando yo te conocí». Como tantas veces, ella le tiró una zapatilla, al despedirse, pero él ya no pudo devolvérsela...

Esa tarde, Belmonte recorrió a caballo su finca; acosó y derribó; quiso encerrar en la placita de tientas a un semental que pastaba en el campo. Lo contaba su amigo Andrés Martínez de León,¿Quiso despedirse de la vida enfrentándose a un toro de verdad? ¿Quería que el toro lo matara? Ya anocheciendo, casi a dos luces, en “la hora de Belmonte”, se encerró en su despacho, puso en marcha el ronroneo del pequeño motor que da luz al caserío y se pegó un tiro».

Enriqueta todavía no había cumplido los 42 años... Asistió, en Madrid, a un homenaje a Belmonte que le dedicaron sus amigos (que también lo eran de ella). Su vida dio un brusco giro. Logró un trabajo, fuera de España: durante una decena de años, cuidó a los hijos del actor Anthony Quinn. Por su alegre simpatía, él la llamaba «Torre del Oro».

Volvió luego a Sevilla, a su piso de la Avenida República Argentina. Rechazó ofertas sensacionalistas. Algunos han querido quitarle importancia; negar, incluso, su existencia. Además de algunos objetos, fotos y papeles, ella guardaba sus recuerdos... Su vida no fue fácil pero el destino le otorgó un gran regalo: haber sido el último amor de un genio, llamado Juan Belmonte.


Texto de Chema Camargo del Hoyo publicado en facebook el día 4 de septiembre de 2017



martes, 5 de septiembre de 2017

Los tópicos (III) El cite de perfil

Por Jose Morente

Impactante cite de perfil de Manolete en la corrida de la Prensa de Madrid del año 44. Esa forma de citar -con tanto aguante- impresionó a los aficionados desprejuiciados y a los públicos de la época. No obstante, no acabó de convencer a los recalcitrantes (Fotografía de El Ruedo)
Mientras los aficionados desprejuiciados y los públicos se encandilaban con el toreo manoletista, los aficionados de la vieja guardia -lo que incluye algunos de los críticos más señalados de la época- se posicionaron desde muy pronto en contra del toreo de Manolete.

Las propuestas de este diestro eran resultado de la lógica evolución histórica del toreo clásico adaptado a los requisitos de los nuevos tiempos (en rigor, el toreo ligado en redondo) pero algunos aficionados no supieron entenderlo así. 

Para esos aficionados y para parte de la crítica, el cite manoletista de perfil era ventajista y mentiroso mientras que, en el cite de frente, se encerraba toda la verdad y la grandeza del toreo. Todavía hoy colea ese sambenito contra el toreo perfilero.


El argumento de Cañabate no se sostiene. Las afirmaciones dogmáticas hay que fundamentarlas y explicarlas y el no explica -no lo explicó nunca- por qué el cite de frente es el puro y por qué el de perfil un mero "truco". Pero esa ha sido en general la tónica de la crítica taurina,  incapaz de cuestionar o como mínimo justificar los dogmas recibidos. El crítico taurino en España (y ahora en Francia) siempre habla ex-cátedra (El Ruedo. 12 de febrero de 1948)
Para Raúl Galindo, esa preferencia por el cite de frente trae causa de los tiempos antiguos del toreo, cuando sólo el mero hecho de enfrentarse al toro era una proeza y una heroicidad. Hoy, las circunstancias son muy distintas.

En los tiempos antiguos del toreo, solo el mero hecho de presentarse ante el toro y citarlo se consideraba una proeza (Lagartijo ante un toro probablemente de casta Navarra)
Lo cierto, es que el cite de perfil no entraña menos verdad ni menos riesgo que el de frente. Más bien, y si nos referimos exclusivamente al primer tramo del muletazo, resulta lo contrario. Bueno será explicarlo y justificarlo en base a tres argumentos. Uno el que relaciona el riesgo con el control, otro, el anatómico y tercero, el argumento histórico

Además, vamos a partir de la base de que, en ambos cites, el torero se coloca al hilo, enfrontilado con el toro pero sin cruzarse, y que además presenta la muleta a la altura del cuerpo o levemente adelantada, pues esa es la colocación clásica y tradicional, la que prescriben las viejas tauromaquias. El tema de la colocación cruzada o al hilo, lo analizaremos en otra entrada de esta serie. Hoy sólo nos centraremos en la posición frontal o perfilada del diestro.

Vemos aquí a Manolo Vázquez quien rescató el toreo de frente en los años 50 citando, en su época de novillero con la muleta en la izquierda. El torero está colocado al hilo del pitón y con la muleta a la altura del cuerpo. Ese es el cite clásico de las viejas tauromaquias. Un cite muy similar, en muchos aspectos, al de  la fotografía de Lagartijo que acabamos de ver.


Primer argumento: Histórico

La Tauromaquia de Hillo y la de Paquiro, preconizaban el cite frontal pero siempre que el torero fuese girando al compás del toro. Por eso, decían que, en el momento del embroque, el torero debía estar perfilado (de perfil) con el toro. Esa tesis es la que también defendía Gregorio Corrochano.

Sin embargo,como también explicaba Alameda, no se entiende que se admita y aconseje el perfil en el centro del muletazo y no se admita en el cite. No se entiende que lo que es válido en el momento más complicado -el embroque- no sea válido antes del encuentro con el toro -el cite-. Dicho de otro modo, no se comprende que se proponga que el torero se ponga (cite de frente) para luego quitarse (colocación de perfil).

Este argumento hoy está superado si el torero que cita de frente mantiene esa posición a lo largo del muletazo pero, en ese caso, el remate resulta demasiado forzado.
Si se mantiene la posición frontal a lo largo del muletazo, el remate resulta demasiado forzado y rígido (natural de frente de Juan Belmonte)

Segundo argumento: control-riesgo.


Parece evidente que, a mayor control del muletazo habrá menor riesgo físico para el torero, y viceversa.

Eso aceptado, el torero que se coloca de frente tiene mejor control y manejo de la muleta, por el desembarazo del brazo, en el inicio del muletazo, que el que se coloca de perfil. Al tener mejor control de la muleta, existe menos riesgo que si se cita de perfil.

En el remate, la situación se invierte y el torero que citó de frente, pierde control, por lo que aumenta el riesgo que asume (además se hace más difícil la ligazón). Por el contrario, el torero que cita de perfil tiene mucho mayor control en el tramo final del muletazo y puede ligar en mejores condiciones el toreo en redondo. Todo eso es lo que explica que, en general y condiciones particulares del toro al margen, puestos a elegir, sea preferible la colocación de perfil que la colocación frontal y, por eso, la colocación de perfil es la más habitual desde Manolete a nuestros días.

Pero en lo que nos interesa, el argumento está claro, en el cite de frente, existe mayor control del inicio y, por tanto, menos riesgo, en ese tramo del muletazo, que en el cite de perfil.


En el cite de frente, el torero está en mejor situación de controlar la embestida o mejorar su situación que si se coloca de perfil o de espaldas. Hay por tanto menos riesgo en ese tramo inicial del muletazo (Cite de Rafael el Gallo a un impresionante torazo)

Tercer argumento: anatómico

Es muy frecuente que, en defensa del toreo de frente se argumente que, en esa forma de citar, el torero presenta al toro las partes nobles de su anatomía. Se dice que lo que da miedo y tiene riesgo es darle a los toros el pecho y las ingles.

Es cierto, pero creo que conviene matizarlo. Recordemos lo que decía Pepe Alameda en "El hilo del toreo":
"Al que torea de perfil, el toro le pasa por todo el frente.
Al que torea de frente, el toro le pasa solamente por el flanco"
Lo importante no es tanto, la parte de la anatomía que ofrecemos en el cite, sino la parte de nuestra anatomía que rozan los pitones al pasar. Y si en el toreo de frente, los pitones rozan el flanco del torero, en el toreo de perfil, los pitones rozan el frente del diestro: las ingles y el pecho.



En el toreo de perfil, son las partes nobles de la anatomía (ingles y pecho) las que se exponen a los pitones en el momento del embroque, que es el momento del muletazo -y no el cite- en el que se corre verdadero peligro (Fotografías: José Tomás) 
Conclusión

El toreo de frente es más antiguo pero no entraña mayor riesgo y, por tanto, tampoco mayor verdad, en el inicio del muletazo, que el cite de perfil. En el cite de perfil hay mayor riesgo en el inicio mientras que en el toreo de frente lo que se torna más complejo y arriesgado es el momento del remate.

Cada torero, en función del toro y, sobre todo, en función de su concepto personal del toreo, debe elegir, en cada momento de la faena, entre colocarse -tanto monta, monta tanto- de frente o de perfil en los cites, con el objeto de conseguir un mejor ajuste a su oponente. O sea, con objeto de conseguir el mejor toreo posible.

La emoción del cite de frente en el inicio del muletazo proviene no tanto de esa colocación frontal sino de la posición de la muleta retrasada al rafe del cuerpo. Ver llegar al toro sin saber si va a elegir el cuerpo o la tela, es lo emocionante, tanto si se cita de frente como -recordemos a Manolete- si se cita de perfil.

Acabamos donde comenzamos. Ver llegar al toro con la muleta a la altura del cuerpo, ya se cite de frente o de perfil, resulta emocionante (Manolete. imagen extraída de una película)

lunes, 4 de septiembre de 2017

Cuaderno de notas (CXXIV) El toreo por una rendija

Por Antonio Lorca
Juan Mora torea en Reservatauro la finca -santuario del toro bravo- de Rafael Tejada en Ronda (Fotografía de Jon Nazca-Reuters)
Ese que ven ahí, a lo lejos, a través de esa rendija, es un torero, un artista, un maestro; aunque vista un ajado pantalón vaquero y camisa celeste de manga larga en lugar del reluciente y vistoso traje de luces. Se le ve en el porte, la apostura, la naturalidad, la cadencia… Aunque solo muletee a una noble vaquilla en el tradicional examen campero en el que se prueba a las llamadas a ser madres de fieros y encastados toros bravos.

Eso que ven ahí es torería, por las formas y el fondo de quien acaricia la muleta y la fijeza bondadosa del animal.

Pero todo es pequeño, o se ve diminuto, a través de esa rendija de una pesada puerta metálica que luce un cerrojo de grandes dimensiones que no se sabe si está cerrado o abierto.

Pero es el tentadero —espejo de la fiesta de los toros— el que parece enjaulado, como una metáfora de la pretensión de quienes consideran la tauromaquia una práctica bárbara y execrable.

Pero no debe de ser esa la intención del autor de la fotografía, que se ha limitado a buscar un ángulo diferente para que, al final de ese túnel verdoso de un ventanuco, destaque la grandeza del toreo.

Dan miedo el portalón de hierro y el vistoso picaporte, pero no sirven más que para resaltar la intimista ceremonia que sucede solo unos metros más allá, en la que un animal nacido para la emoción se somete a la prueba de bravura que lo convertirá, sin duda, en cimiento y simiente de la ganadería. ¿Y el torero?

Es un hombre maduro, digno y cabal, artista de los pies a la cabeza, un modelo para las nuevas generaciones. Sigue en activo, aunque no se prodigue ante los públicos. Pronto se cumplirán siete años de aquel 2 de octubre de 2010, cuando, en poco más de seis minutos, embelesó y cautivó a la plaza de Las Ventas, sublimó el toreo y dictó una inolvidable lección de catedrático emérito del toreo.

Y ahí sigue. Hasta en un tentadero, a través de una diminuta rendija, se vislumbra la gracia innata de quien nació torero. Su nombre, Juan Mora

Este artículo de Antonio Lorca fue publicado en el blog de El País, el pasado 17 de agosto.

domingo, 3 de septiembre de 2017

Cuaderno de notas (CXIII) Refutación del toreo de frente

Por Guillermo Sureda Molina

Manolo Vázquez recuperó para el toreo el cite más clásico, el de las viejas Tauromaquias, el cite de frente, un cite de honda emoción dramática (Fotografía del libro "El toreo de frente" de Andrés Amorós)

Nota de LRI:
Recuperar y reinterpretar viejas suertes o modos de torear, enriquece al toreo. Por eso cuando Manolo Vázquez recuperó el viejo cite de frente. el cite clásico de las primeras Tauromaquias según recordaba el eslogan de la propaganda que se le hizo, los viejos aficionados y los críticos lo recibieron con júbilo y alborozo.
El cite de frente de Manolo Vázquez tenía y tiene su sitio y oportunidad, sobre todo en los inicios de faena cuando juegan las inercias y en los finales cuando el toro pierde gas y sus arrancadas se acortan. Sin embargo, planteado como alternativa al cite de perfil que había traído Manolete, resulta insostenible.
Y es que esos viejos aficionados y escritores taurinos no supieron entender que el cite de perfil era un eslabón más en la necesaria evolución técnico-histórica del toreo pues venía a resolver los problemas que planteaba el antiguo cite de frente en orden a conseguir una más perfecta ligazón de los muletazos.
Un joven escritor taurino de la época, Guillermo Sureda Molina, se atrevió a discutir la postura de esos viejos aficionados. Su tesis no iba contra la apuesta de Manolo Vázquez  sino que tenía por objeto encuadrar histórica y técnicamente el cite de frente y evidenciar las limitaciones y carencias que presentaba en orden a propiciar un adecuado remate del muletazo y, por consiguiente, en orden a posibilitar un correcto toreo ligado en redondo. Un toreo en redondo que ya entonces resultaba imparable
Hoy, cuando todavía existen muchos aficionados aferrados a los tópicos más trasnochados y que siguen anteponiendo sistemáticamente el toreo de frente al de perfil, no está de más rescatar este brillante y clarividente texto de Guillermo Sureda Molina que- repito- no va contra un torero sino contra una visión dogmática del toreo. Rescatar y reinterpretar suertes del toreo antiguo como hizo Manolo Vázquez siempre será positivo y elogiable. Negar la evolución del toreo es absurdo y supone condenarlo a su pronta desaparición.

"El toreo de perfil constituye, como digo, una técnica y es pura consecuencia de la evolución histórica del toreo, mientras que el toreo de frente de Manolo Vázquez quiere ser, por el contrario, una vuelta al pasado.

En el toreo de perfil se puede parar, se puede mandar y se puede templar, como han venido a demostrar, por ejemplo, Manolete, Luis Miguel, Parrita, Pepín Martín Vázquez, Arruza, y tantos otros toreros. En cambio, esto no puede hacerse en el toreo de frente, porque para que el torero pare, temple y mande, es decir, para que toree, es imprescindible que vea todo el pase que está realizando, desde su inicio hasta su remate.

En esta forma de torear, al pasar la muleta el plano del hombro del torero, este pierde de vista al toro y, por lo tanto no puede ni mandarle, ni mucho menos templarle. Ha de limitarse a seguir moviendo la muleta, al mismo ritmo hasta donde le permite la forzada extensión de su brazo, tenso hacia atrás como un arco de ballesta. Solo en ciertas ocasiones, cuando el toro lleve a lo largo del pase, el mismo ritmo, la misma velocidad, puede resultar hecho el pase aunque esto es cosa insólita.

La longitud del muletazo y la trayectoria del brazo de torear, son totalmente distintos en el toreo de frente y en el toreo de perfil. En el toreo de perfil, el brazo describe una trayectoria larga y entera, desde el plano de la pierna contraria hasta que la mano queda sesgada con el trozo de espalda del lado contrario al que se ha iniciado el pase.

En el toreo de frente, esta trayectoria es cortísima y va de delante a atrás, forzada y recta, de tal modo, que la enmienda es forzada y la ligazón de los pases, imposible. En esta postura el toreo no mira nunca las astas de su oponente sino su trasero, su cola. Y pongan una u donde hay una o y una o donde hay una a y sabrán Vds. con toda exactitud lo que mira el torero." 

SUREDA MOLINA, Guillermo. El toreo contemporáneo 1947-1954 
(1ª ed., Palma de Mallorca, s.e., 1955. Págs. 162-163)



El hermano menor de Pepe Luis en un magnífico muletazo de frente. Manolo Vázquez rescató y revalorizó una forma de citar que se estaba perdiendo (Fotografía de El Ruedo)

Aunque resulta innegable la "honda emoción dramática" del toreo de frente al natural, en ese modo de citar -según Guillermo Sureda Molinano puede haber mando ni tampoco ligazón, por la evidente falta de control del muletazo en su remate, un remate que siempre resulta demasiado forzado.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Postales taurinas (XXII) ¡Detente, toro, detente!

Por Jose Morente



Carcassone (Fotografía Pasquina)

La imagen es impactante y sorprendente. Una joven animalista acaba de tirarse al ruedo en la plaza de Carcassone, junto a un compañero de militancia, durante la lidia de un toro -un novillo- de Miura. El toro, cumpliendo con su instinto atávico, con su código genético se arranca furioso contra quienes invaden su territorio. La joven levanta el brazo en un gesto tan ingenuo como inútil: ¡Detente, toro, detente! parece querer decir. Luego viene la desbandada. El toro voltea aparatosamente a su compañero mientras la joven se da a la huida y toma el olivo. Su instinto de conservación -atávico también- se impone sobre su adiestramiento ideológico.

La escena pone sobre el tapete la falsedad radical de un discurso (el del supuesto pacifismo del toro) tan bien publicitado difundido

Pero antes de la vergonzante huida, en ese gesto de la joven, se adivina una fe sorprendente en la palabra escrita, en el mensaje recibido, una confianza cuasi religiosa en el credo aprendido e interiorizado hasta más allá de lo razonable. 

No conozco los intereses espurios de quienes manejan los hilos de esta película, al final, los verdaderos beneficiarios de todo este oscuro y rentable entramado, que está socavando los valores éticos de las sociedades occidentales desde dentro. Lo que sí me interesa (y me preocupa) es lo que están haciendo con estos jóvenes que, desafiando la lógica y el sentido común, ponen en peligro sus propias vidas de forma tan simbólica como innecesaria, en aras de un ideal, su ideal.

Habrá quien vea en esto un acto de heroísmo siquiera sea inútil. Miedo y pavor me da pensar que estas actitudes pueden propagarse como la pólvora entre la juventud de nuestra época. Una juventud tan utópica como idealista,  pero, sobre todo, tan urbana como desinformada

Un idealismo, el de los animalistas antitaurinos, que es peligroso. Peligroso para nosotros pero, a lo que se ve, también puede serlo para ellos. Miedo me da. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

Los tópicos (II) El pico de la muleta

Por Jose Morente


Según algunos aficionados, torear con el pico es torear alejando al toro de la cadera. Sin embargo, esta foto muy difundida en Internet de un impresionante muletazo de José Tomás, desmiente esa tesis. Hay pico, si pero también mucho ajuste.
Una de los tópicos más repetido es el del "pico" de la muleta. El pico es la parte más alejada de la muleta con respecto al cuerpo del torero, por ello, torear con el pico es, para muchos aficionados, torear alejando al toro de la cadera, una ventaja inadmisible que exige pública reprobación por lo que no es infrecuente escuchar en las plazas ese bocinazo que lo denuncia -¡Picooooooo!- lanzado por el espectador "inteligente" que no se deja engañar por el torero que usa tal ardid. Según esos aficionados el toreo hay que hacerlo con la panza que es lo clásico. Según los toreros no se puede torear sin el pico. 

¿Quién tiene razón? Empecemos por el principio

El "pico" en las Tauromaquias antiguas.



El toreo antiguo con las "bambas" (una obsesión de algunos aficionados). Lo vemos en esa vieja foto de Gitanillo de Triana aunque no tenemos la secuencia completa que nos permita comprobar como ha sido realmente ese muletazo. En todo caso, en ese muletazo plano, la utilización del pico solo se justificaría si el toro se acuesta, se ciñe, o si tiene sentido (Fotografía del blog La Aldea de Tauro)
Las Tauromaquias antiguas hay que leerlas con cierta prevención pues antes no se toreaba igual que ahora. A principios del siglo XIX, el muletazo era un sencillo movimiento del brazo que servía para dejar pasar al toro (de ahí la palabra "pase").

La muleta entonces, se presentaba plana o cuadrada en el cite al toro bravo y noble pero si el toro era de los que se ciñen, la muleta se debía presentar oblicua e incluso, perpendicular totalmente, si el toro era de los que buscan el bulto (toro de sentido).

En la tauromaquia de Paquiro que es la que da esos consejos, el pico es defensivo. La idea es que al presentar la muleta oblicua o perpendicular y pegar el muñecazo hacia afuera, la parte exterior -el pico- se movería con más rapidez, atrayendo la atención del toro y separándolo del cuerpo del torero.

Eso era torear con el pico en el siglo XIX: un recurso admitido en determinadas clases de toros y sólo en ellos.

El "pico" en el toreo moderno.


El toreo moderno con el "pico". El pico se utiliza para dirigir y controlar la embestida del todo (aumentando el mando) pero no para despegarlo del cuerpo del torero (Fotografía de un muletazo de José Tomás)
El toreo ha cambiado mucho desde los tiempos de Paquiro y el muletazo ya no es un mero pase, un dejar pasar al toro sino que el objeto es llevarlo toreado durante el mayor recorrido posible (con mando) y a la mínima velocidad posible (con temple).

Para mandar es importante controlar todo lo posible los movimientos de la tela, algo relativamente fácil con la derecha y bastante difícil con la mano izquierda pues al no ir montada con la espada, la muleta pierde rigidez. Vamos a hablar por tanto del toreo con la muleta en la mano derecha.

Si presentamos la muleta cuadrada o plana, montada en la mano derecha, su anchura visual resulta excesiva y al toro le damos demasiadas opciones de elegir a qué zona de la muleta ataca lo que no es conveniente pues puede separarse en demasía del cuerpo del torero o, más probable aún, meterse por dentro pues la zona del faldón es la más incontrolable.

Si la muleta se presenta cuadrada y montada su anchura resulta excesiva y, además, le damos al toro demasiadas opciones para elegir donde ataca pudiendo hacerlo incluso a la parte interior de la muleta, la que más vuela y peor se controla con lo que perdemos mando
La solución es presentar la muleta oblicua, reduciendo su anchura visual. Así obligamos al toro a focalizar su atención en esa zona, el pico, que es la más fácil y cómoda de controlar con los movimientos del brazo y de la muñeca.

Si la muleta se presenta oblicua el toro ve menos muleta y, al concentrar su atención en una superficie menor (el triángulo que se forma delante) se incrementa el mando.
Hasta aquí todo es igual que en el toreo antiguo. Las diferencias empiezan a partir de ese momento y la principal diferencia está en el movimiento de la muñeca.

Si el torero pegase el muñecazo hacia afuera, como en el toreo antiguo, estaría utilizando el pico para despegarse del toro pero si pega el muñecazo hacia adentro, que es lo que hoy se pretende hacer, estaría acercando el pico a su cuerpo y encajando al toro entre la muleta y la pierna.

El pico en este caso, le sirve para mandar en la embestida y ajustar la trayectoria de la res. Eso le permite torear más ceñido que es lo contrario del pico en el toreo antiguo y con más control que si torease con las bambas.

Inicio del muletazo, el torero está jalando del toro con la muleta oblicua pero sin abrir la muñeca hacia afuera (como se hacía en las viejas Tauromaquias). Al contrario, lo que hace es girar la muñeca hacia adentro acercando el pico a su cuerpo. La diferencia es abismal. Se consigue así un muletazo más ceñido y con mucho mando.
Con las bambas no se puede ni debe torear si se quiere controlar y dirigir la embestida o sea, mandar, que es uno de los requisitos básicos del toreo moderno. En consecuencia, hay que torear con el pico pero girando la muñeca hacia dentro, encajando la embestida del toro y acercándola al cuerpo del torero.

Ese "pico" de hoy que busca acercar la embestida al cuerpo del torero no tiene nada que ver con el "pico"de la tauromaquia de Paquiro. Es justo lo contrario. Antes, un recurso necesario en determinados toros. Hoy, un modo técnico de acentuar el mando y el riesgo. Casi nada.





El buen toreo moderno. La muleta oblicua ya en el cite o al momento de embarcar al toro, se gira hacia adentro con un muñecazo en el primer tramo del muletazo, controlando la embestida y aumentando el mando. En el remate la muñeca se gira ya hacia afuera para dejar al toro colocado para un nuevo natural (Fotografía José Tomás

jueves, 31 de agosto de 2017

La contradicción de Domingo Ortega

Por Jose Morente

Ortega. Extraordinario pase cambiado de pecho (ABC)

"De domingo a domingo, eres el mismo, Domingo" le gritaron a Ortega en México y con toda razón pues, al contrario que Hillo, Paquiro o Guerrita, Ortega dio, en su Conferencia del Ateneo, reglas fijas fuese cual fuese el toro pero no porque los toros fueran ya todos iguales entonces o ahora (esa es una falacia que no se sostiene) sino porque Ortega no conocía otra forma de torear que no fuera la de "dominar" al toro.

Precisamente, ahí está la gran contradicción de Ortega, si los toros son cada vez más nobles y pastueños y no necesitan ser dominados como él afirma en su Conferencia del Ateneo ¿qué sentido tiene elaborar unas normas, dictar unas reglas, cuyo objeto es precisamente dominar al toro fiero y encastado?

Ortega no podía resolver esa contradicción pero nosotros sí. Su tauromaquia (de regate, pata 'alante y movimiento continuo hacia el rabo) es personal e intransferible y le vale a él pero sólo a él. 

Querer convertir su modo personal en referente clásico carece de lógica. Su norma no es clásica sino anti-clásica pues va contra las normas escritas de las Tauromaquias clásicas, aquellas que aconsejan torear "sin menear los pies" y mandar en el toro sólo con el movimiento de los brazos

Bueno o malo, guste o no guste, eso es lo más puro y lo más clásico.

El toreo cambiado o toreo de expulsión no es clásico pero es grandioso e impactante. Una forma de torear emocionante que llega pronto y rápido al tendido