Por Jose Morente

Frankestein, novela de Mary Shelley, cuenta la historia de Víctor Frankestein, un joven estudiante de medicina suizo en Inglaterra que pretende crear un cuerpo a partir de la unión de partes diferentes de cadáveres diseccionados. El experimento concluye con un éxito más que relativo o sea, en fracaso El mismo fracaso al que conduce inexorablemente la ilusoria pretensión de algunos aficionados de querer insertar (contra viento y marea) la técnica de la pierna adelantada en el toreo en redondo.
Nota: Nos ilustraba Juan Antonio Polo, en la primera entrega de esta serie, sobre lo que significaba “cargar la suerte” en la época de las primeras Tauromaquias algo que no tenía nada que ver con el significado actual del término. Significado actual que nos desvelaba con su habitual maestría Fernando Cámara, en la segunda entrega. Ni uno ni otro significado coinciden con el que tiene hoy este término tal y como lo entienden los aficionados más dogmáticos, para los que “cargar la suerte” es adelantar la pierna de salida. Significado éste último que es innecesario comentar pues es de sobra conocido y sus matices están explicados en los textos de Gregorio Corrochano o Joaquín Vidal. Sin embargo, lo que ellos proponen (“adelantar la pierna de salida”) no tienen encaje en el toreo “en redondo” que es el gran logro de la Tauromaquia de todos los tiempos, sino al toreo “en ochos”, mucho más arcaico. Descontextualizado el mecanismo técnico de adelantar la pierna de salida del modo de toreo en el que tiene su cabal encaje (el toreo en ochos), resulta una técnica inadecuada que ha propiciado la confusión en la mente del aficionado y una injusta valoración, por parte del mismo, del toreo que hoy se hace.

En el toreo de línea natural, en redondo, lo adecuado es la colocación de perfil con la pierna de salida alineada o retrasada respecto a la otra como hace, en la fotografía y de forma magistral, el maestro Antonio Chenel “Antoñete”, quien torea en líneas paralelas con el toro. En este modo de torear, la suerte no se carga adelantando la pierna de salida sino quebrando la cintura para hacer gravitar el peso del cuerpo sobre aquella (Fotografía del libro Historia Verdadera de la evolución del toreo de José Alameda).
El eterno debate
Hoy día se considera que “cargar la suerte” es adelantar la pierna de salida en un momento determinado y de una forma determinada.
Pero la cosa no es tan simple y, esa afirmación, exigiría muchas matizaciones. Además, así entendido, el concepto es fuente de innumerables controversias y eternos debates entre los aficionado ya que, lo que para unos constituye la “piedra angular” del toreo, para otros es una “ventaja inaceptable”.
Y es que, como decía Guillermo Sureda Molina, en advertencia previa que queremos asumir nosotros:
“En ambas posturas están aficionados buenos y profesionales buenos. De modo que, en principio –amigo lector- y sea cual sea su opinión sobre lo que ahora nos ocupa y preocupa-, las cosas no están tan claras como a simple vista puede parecer. ¿Cargar la suerte constituye una ventaja o significa la indispensable rúbrica para un toreo de calidad?”
Como sobre este tema hay un tremendo confusionismo, deberemos empezar por el principio. Y, como decía Sureda, el principio es contestar a una nada sencilla pregunta ¿Qué es cargar la suerte? ¿Cómo se carga la suerte?
Cargar la suerte en el siglo XIX
En la primera entrega de esta serie, Juan Antonio Polo, nos transportaba a principio del siglo XIX y nos ayudaba a indagar el origen de un concepto que está claramente explicado en las Tauromaquias primitivas, las de Pepe-Hillo y Paquiro. Para los clásicos, la suerte (cada suerte) tiene tres tiempos: citar, cargar y rematar. Y, según Hillo,
“cargar la suerte (tiempo central) es aquella acción que hace el diestro con la capa, cuando sin menear los pies, tuerce el cuerpo de perfil hacia afuera, y alarga los brazos cuanto puede”.

[Una advertencia al margen: Lo que aquí se dice para el toreo de capa es aplicable por extensión al toreo de muleta y así lo entendían entonces ambos diestros (Hillo y Paquiro) en sus respectivas tauromaquias].
En cualquier caso, al leer la definición de Hillo surge la primera sorpresa: En las tauromaquias decimonónicas, cargar la suerte, que corresponde al momento central del pase o lance, consistía en sacar los brazos para resolver el embroque del toro. La suerte se carga con los brazos, y no con las piernas que permanecen o deben permanecer inmóviles (“sin menear los pies”).
Más claro, imposible. Durante todo el siglo XIX, esa fue la manera en que el concepto se entendía y practicaba, por lo que la respuesta a la pregunta ¿qué es cargar la suerte? no planteaba problema alguno entonces. Se consideraba que el torero cargaba la suerte cuando el toro pasaba (probablemente de modo fugaz) gracias a su mando y a su buen juego de brazos.
Y se consideraba que no se había cargado la suerte cuando el toro arrollaba al torero (le ganaba terreno por falta de mando) o no acababa de pasar (o sea, cuando el torero daba medios pases o pases por la cara).

Durante todo el siglo XIX, la suerte se cargaba con los brazos sin la colaboración (al menos, en la teoría) de las piernas que no debían moverse. En la imagen, pase natural de Cayetano Sanz, según un detalle de una lámina de la Lidia correspondiente al número del 30 de marzo de 1883.
Pero el toreo es, como toda actividad humana, evolución y cambio. Por eso (seguimos otra vez a Sureda) “casi todas las normas son, por lo menos discutibles, porque son contingentes y mutables”. Tomemos nota.
Cargar la suerte en el siglo XX
Como el toreo es cambio, a nadie puede extrañar que, el concepto de cargar la suerte, pueda haber cambiado en los dos siglos largos que llevamos desde que se definió en las primeras tauromaquias. Eso es lo que pasó en el primer tercio del siglo XX. Mejor dicho, lo que pasó a finales del siglo XIX.
En efecto, en esa época Guerrita, que se había colocado de perfil para torear a la verónica en un intento de alargar el pase y, sobre todo, poder ligar un lance con el siguiente, empezó también, en el natural con la muleta, a retrasar la pierna de salida para alargar el pase en el –todavía testimonial- toreo en redondo (aunque entonces a nadie se le ocurría hablar de “pierna escondida”) y, sobre todo, empezó a abrir el compás (El toreo “espatarrado” que tanto censuraba el intransigente y retrógrado, pero buen testigo de la época, farmacéutico de la Puerta del Sol, F. Bleu).

Una contradicción. Muy conservador en tema taurino pero avanzado en su profesión, el establecimiento de Borrell en la Puerta del Sol de Madrid fue uno de los primeros que vendía yogures en España. El Yoghurt-Cit-Borrell (Del blog: Historia Urbana de Madrid)

Aunque la fama de innovadores se la llevaron el Espartero y Antonio Montes, los cambios profundos los trajeron Guerrita y Bombita. El Guerra empezó abriendo el compás en la muleta como se puede apreciar en este pase por alto que le dio en Valladolid a un toro de Saltillo el 19 de septiembre de 1899 (publicado en Sol y Sombra el 28-9-1899).
Pero fue Bombita quien hizo escuela. El Bomba se apoyaba en la pierna de salida para cargar la suerte. El objetivo era despedir mejor al toro y separarlo del cuerpo del torero (Toreo de expulsión que era muy apropiado para el modo con el que entonces se engarzaban los pases pues todavía se toreaba “en ochos”). Ayudarse con los pies para cargar mejor la suerte era muy recomendable (y por eso se aceptó) con los toros broncos y fieros pero censurable (y por eso se protestó) con los toros nobles y pastueños.

Pero fue Bombita quien por sistema empezó a ayudarse apoyándose en la pierna de salida cuando cargaba la suerte con los brazos. Con la ayuda de las piernas la acción de cargar la suerte con los brazos se acentuaba.
Sin embargo, la innovación fue calando poco a poco, lo que aparece reflejado en las crónicas de la época, no sin sus pertinentes debates. El caso es que, como el toreo se estaba parando (lo de pararse los toreros ya había empezado antes de Belmonte), la atención de críticos y aficionados se empezó a centrar en la posición de los pies y sobre todo en el movimiento (o ausencia de movimiento) de estos.
Así, a las censuras de F. Bleu al Guerra, les sucederán los elogios de Don Modesto a Bombita. Don Modesto, en su libro Desde la Barrera (publicado en 1910) alaba el toreo de piernas abiertas con el que Bombita se ayudaba al cargar la suerte, al tiempo que censura el juntar los pies a cuerno pasado.
Don Modesto no sólo consideraba que lo pertinente era abrir el compás sino que llegaba a afirmar que era más meritorio porque, con el compás abierto, el diestro no podía rectificar si el toro venía vencido. Hecho que no es totalmente cierto pero que caló en los aficionados de la época.
Durante la época de Joselito y Belmonte, se produce el “gran cambio” y el toreo quedó “patas arriba”. En ese contexto, los viejos términos decimonónicos son desplazados por otros nuevos.
Belmonte impone su trilogía de “parar, templar y mandar” que sustituye con acierto a la antigua trilogía decimonónica “citar, cargar y rematar” pues la propuesta belmontista es mucha más adecuada al nuevo toreo que está llegando. Ya no se trata de que el toro pase, sino de que pase alrededor del torero (toreo de reunión que no de expulsión) y además de que lo haga más lentamente que lo había hecho hasta entonces.


Joselito y Belmonte. Ambos toreaban con el compás abierto como lo hacia Bombita y antes lo había hecho Guerrita. Pero Juan paraba y templaba y José ligaba el toreo en redondo. Importante precisión: Ambos sacan la pierna de salida pero no hacia el frente (de donde viene el toro) sino más bien hacia atrás (hacia donde va el toro).
El toreo en redondo con el compás cerrado fue, poco a poco, cogiendo vuelo pues satisfacía los gustos de los públicos pero la crítica al toreo de pies juntos había hecho mella y se exacerbaría a partir de mediados de los años 20, como reacción de los aficionados al “toreo de parón” que trajeron los diestros de la época.
¡Los tiempos cambian que es una barbaridad! (como hubiera dicho Fernández Salcedo). Y lo que unos años antes se censuraba con acritud (el compás abierto), ahora se elogiaba con desmesura.

Don Modesto fue el primero en valorar el toreo de compás abierto no sólo por su estética o su eficacia sino también incluso por su supuesto componente ético. Su consideración (harto discutible) de que el toreo de compás abierto es más meritorio que el toreo a pies juntos o de compás cerrado caló hondo no porque fuera verdad (que no lo es) sino porque se ha repetido con machacona insistencia por todos sus exegetas. Don Modesto, era un crítico muy hiperbólico y desenfadado lo que le daba mucho crédito (¡¿?!) entre los aficionados.
En los años 20, el toreo de parón acabó por decantar el criterio de los aficionados en contra del toreo a pies juntos. La oposición de los aficionados al toreo a pies juntos no tenía justificación pues el toreo estaba cambiando y ya no se toreaba “en ochos” sino “en redondo”, algo que no supieron ver ni ellos ni los críticos más afamados. Como siempre ocurre el cliché (el tópico, la moda) se imponía sobre la realidad (En la foto, Villalta da un pase por alto en el estilo de parón de la época. Fotografía publicada en la Estampa el 27 de mayo de 1933)
Por todo eso, aunque, en los manuales y tratados de tauromaquia, se seguía señalando que la suerte se cargaba con los brazos, ya los aficionados y cronistas taurinos consideraban que la suerte sólo se podía cargar adelantando la pierna de salida, en suma, abriendo el compás.

Federico M. Alcázar en su Tauromaquia moderna decía que la suerte se cargaba con los brazos pero en las crónicas del Imparcial (periódico en el que escribía) se contaba otra cosa (Reseña del Imparcial de 17 de mayo de 1931)
Como dijo Clarito en una crónica del Liberal en marzo de 1931, ante la llegada de Domingo Ortega:
“Estamos ante el caso insólito de un mozo de pueblo que se atreve, y no sin cierto éxito, a traer una moda para el toreo de las ciudades. La moda no es siempre cosa nueva. Ya se sabe: van y vuelven. Anteayer falda larga. Ayer falda corta. Y en el toreo, después de una época de “pies juntos”, vuelve ahora este mozo con el compás…
Como en la aparición de toda moda, las exageraciones menudean. Y a veces, se adelanta la pierna como si el compás tuviese por vértice el centro del Estrecho y por apoyo los dos continentes”.

Según Clarito “Las exageraciones menudean. Y a veces se adelanta la pierna como si el compás tuviese por vértice el centro del Estrecho y por apoyo los dos continentes”. En la foto, Domingo Ortega en un pase de pecho con el compás exageradamente abierto.
Después de la guerra y con el toreo vertical de Manolete, las posturas de aficionados, críticos y profesionales se van a radicalizar todavía un poquito más si cabe.
Manolete, torero de la más pura escuela, defenderá y practicará el clasicismo del compás cerrado (adecuado al toreo en redondo que él practicaba) si bien girando el cuerpo hasta colocarse de perfil, desde el cite y no sólo en el embroque, con lo que aporta al toreo de muleta la misma innovación que, al de capote, había aportado su paisano Guerrita.
Coherentemente para Manolete, adelantar la pierna de salida, para ayudarse a expulsar al toro del terreno del toreo, era una “ventaja”.

Manolete torea al natural, quebrando la cintura y confiando el mando sobre la embestida del toro al juego de sus brazos, Clasicismo puro. La instantánea (que corresponde a la tarde del 10 de julio del año 47 y está sacada del libro la Tauromaquia de Manolete. Vol. VII de Paco Laguno) podría ilustrar perfectamente la definición del pase natural en la tauromaquia de Pepe-Hillo pues no cabe mayor pureza.
Curiosamente, los aficionados que había aceptado y aceptan la posición del perfil en el toreo de capa no la aceptaron (ni la han aceptado todavía) en el toreo de muleta. Una curiosa contradicción (aunque esta vez relativa).
Domingo Ortega, cuya magnífico toreo, personal e intransferible, sale de las capeas castellanas y tiene, por tanto, un marcado cariz defensivo, pues practicaba el toreo de expulsión o “en ochos”, se instituyó, a raíz de su Conferencia (“El arte del toreo”) dictada en 1950 en el Ateneo madrileño, en el principal referente teórico del discurso en pro de la pierna adelantada. Para Ortega, cargar la suerte, entendida como adelantar la pierna de salida, será la pieza clave del toreo de muleta y de capa.

Domingo Ortega adelantando la pierna de salida (de froma ya más moderada y convincente) en un pase de pecho. Ortega defendía la norma de adelantar la pierna de salida, en el embroque, como exponente máximo de clasicismo, lo que no es correcto. Adelantar la pierna, como hemos visto, no tiene nada de clásico (pues responde a un concepto defensivo del toreo: el toreo de expulsión o “en ochos”). Algo que ningún historiador taurino ha denunciado con la necesaria contundencia.
Cuando en el toreo actual en ochos, la pierna de salida deba adelantarse, lo correcto, como enseñaba el maestro Cámara, será hacerlo de forma moderada para no expulsar al toro del terreno del torero sino para estrecharse con él y sólo después que el toro haya arrancado (aunque antes de entrar en jurisdicción) pues ahí radica, para algunos y como hemos dicho, el mérito de la suerte.
Un debate semántico
Las discusiones entre aficionados pecan normalmente de falta de rigor histórico. Los términos (como el de cargar la suerte) se sacan de su contexto y, como decía Humpty-Dupty en Alicia en el País de las Maravillas, se les hace decir lo que conviene al que los utiliza.

Humpty-Dupty a Alicia “Las palabras significan lo que yo quiero que signifiquen porque yo soy el que manda” (Ilustración de Tenniel)..
Para defender el toreo de “pata ‘alante”, se utilizan las citas de las antiguas tauromaquias pero sin profundizar en su sentido original con lo que se las tergiversa y, en cierto modo, manipula. Además, defendemos como clásicas, innovaciones heterodoxas y reputamos como ventajista al toreo puro y ortodoxo. Un galimatías donde al final nadie se aclara.
El cambio operado en el término “cargar la suerte”, que pasa de significar “sacar los brazos” a significar “sacar las piernas” es, por tanto en el fondo, una cuestión semántica, como muy bien detectó en su día Juan Antonio Polo.
Ese cambio de significado ha sido posible gracias a la riqueza y diversidad de la palabra “cargar”, como me apuntaba, con acierto, Jack Coursier días pasados en un correo privado.
Que la discusión planteada sobre el significado de “cargar la suerte” sea fundamental o principalmente una cuestión semántica, lo demuestra el hecho de que muchas de las reflexiones que sobre ese término se hacen empiezan (o acaban) acudiendo a los diccionarios.
Eso es, exactamente, lo que proponía Jim Verner en un artículo publicado en septiembre de 1999 en “La Divisa” y titulado “How to ‘cargar’ a Tempest in a Teacup” (que traducido –poco literalmente- quiere decir “Como cargar una tempestad en un vaso de agua”).
Jim ha tenido además la gentileza de proporcionarnos (por facebook) un enlace a los diccionarios históricos.

Diccionario de la lengua de la época de la primera tauromaquia (Este concretamente es de 1803, un año antes)
Si vamos a esos diccionarios (En este caso al Diccionario de la Academia de 1791 que era el vigente cuando se publicó la primera edición de la Tauromaquia de Pepe-Hillo) y buscamos el significado de la palabra cargar (a secas, pues el término cargar la suerte no aparece por ningún lado) nos encontramos ante una diversidad de definiciones.
Lo curioso es que, todos los autores taurinos hasta la fecha se han detenido, sin embargo, en la primera definición del término “cargar”:
“Cargar. Poner o echar un peso sobre el hombre, sobre las bestias, carros, naves o cualquier otra cosa” o sobre sus derivados”

Sin embargo, nadie (que sepamos) ha relacionado “cargar la suerte” con otra acepción del Diccionario que, realmente, mejor cuadra (en nuestra opinión) a lo que se estaba definiendo (sacar los brazos hacia afuera para salvar el embroque del toro). Es esta:
“Cargarse: Echarse con todo el cuerpo hacia alguna parte”

Y también se acerca al concepto taurino, esta otra definición que da el Diccionario de Autoridades de 1729:

Cargar la suerte sería, en ese sentido, encaminar al toro por otro lado distinto para que deje el que llevaba.
Mientras esta segunda definición cuadra al toreo de brazos (dirigir la embestida con los brazos y el quiebro de cintura); la primera, cuadra al toreo de piernas, aunque pone el acento no en el movimiento o desplazamiento de estas (dinámica), sino en la distribución de pesos –gravitación- del cuerpo (mecánica). Cuestión esta sobre la que debemos detenernos
Cargar la suerte en el siglo XXI
Creo que el primer autor que puso el dedo en la llaga de forma contundente, en esta cuestión del desplazamiento de los pesos, fue Luís Bollaín, quien en su libro “Los dos solos”, donde analiza el toreo de Belmonte y el de Manolete, afirma que:
“cargar la suerte es hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida”
Para Bollaín, no basta abrir el compás. Si el peso del cuerpo no se desplaza (no se carga) sobre esa pierna de salida, no se estaría cargando la suerte.

Para Bollaín, no basta con abrir el compás, como hace Antonio Bienvenida (foto de abajo) sino que hay que hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida, como hace –no podía ser otro- Juan Belmonte (foto superior)

Geometría Bollainíana. Según Bollaín, el toreo de pies juntos acorta la longitud del pase lo que se supone se demuestra con el gráfico que insertamos (de su libro “Los dos solos”).
La opinión de Bollaín es muy interesante pues coincide con la forma en que los profesionales y los aficionados más avezados entienden actualmente el concepto de cargar la suerte, tal y como nos explicaba Fernando Cámara en la segunda entrega de la serie.
Y es que, desde los años 60 del pasado siglo, el toreo ha vuelto a abrir el compás (moderada o exageradamente) pues así es más fácil “mandar” sobre la embestida del toro y “llevarlo” a donde el torero quiera. El peso del cuerpo, se hace gravitar primero en la pierna del cita para pasarlo después, en el remate, a la pierna de salida, acompañando el recorrido del toro que pasa por delante del cuerpo del torero y no por su costado (como, valga la paradoja, pasaba en el antiguo toreo de frente).
La posición del torero (de sus piernas) permanece invariable desde el cite, como se hace desde Manolete, pero retrasando la pierna de salida, como hacía Guerrita.

En los 60 el compás se vuelve a abrir, de forma más o menos moderada y la pierna de salida se coloca paralela a la otra o retrasada respecto a la misma, para alargar el pase y darle mayor profundidad y enjundia. En la foto, Manolo Martínez hace precisamente eso y carga la suerte con los brazos y el quiebro de cintura echando el peso del cuerpo sobre la pierna de salida. (El comentario a pie de foto es de José Alameda de su libro “Historia verdadera de la evolución del toreo”)
Recapitulando
Si relacionamos lo dicho en estas tres entradas dedicadas al tema de cargar la suerte con las reflexiones hechas en anteriores entradas de este blog sobre el toreo en redondo y el toreo en ochos, podríamos llegar a las siguientes conclusiones.
Definición de Cargar la suerte:
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Acepción 1ª (Siglo XIX). Desviar la trayectoria del toro sólo con los brazos
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Acepción 2ª (Siglo XX). Adelantar la pierna de salida
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Acepción 3ª (Siglo XXI). Hacer gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida (se adelante ésta o no).
Tesis primera: Dos modos de torear distintos
El toreo en redondo y el toreo en ochos son dos modos radicalmente distintos y antagónicos de torear. Cada uno de ellos con sus propias normas y reglas (¿cánones?) y con su propia evolución. Lo que es bueno y adecuado en uno de estos modos, puede ser contraproducente o inadecuado en el otro, como enseñaba el maestro José Alameda.
Conclusión primera: Los dos modos de torear tienen igual validez
Proponer que sólo es válido uno de estos modos de torear (ya sea el toreo en ochos o el toreo en redondo; ya sea el toreo de compás abierto o el de pies juntos) es una incongruencia y desatino si se atiende a la verdadera historia del toreo (no a la inventada) y supone cercenar por la mitad la riqueza y complejidad históricas de este arte.
Tesis segunda: Cada modo de toreo tiene sus propias reglas o normas
Adelantar la pierna de salida es un mecanismo propio del toreo de expulsión o toreo cambiado o contrario y, por tanto, adecuado cuando se torea “en ochos” (alternando los pitones) como sucede en el toreo a la verónica o cuando se liga un pase natural con un pase cambiado pero es algo inadecuado, a priori, en el toreo en redondo.
En el toreo en redondo, (toreo de reunión o toreo de línea natural) lo correcto es hacer gravitar el peso del cuerpo pasándolo de la pierna de entrada (cite) a la de salida (remate) pero sin menear los pies. En el toreo en redondo, la colocación de perfil y la posición retrasada de la pierna de salida han sido mecanismos recomendados siempre por los grandes teóricos del toreo de todas las épocas.
Conclusión segunda: En un modo de torear, no se deben insertar elementos técnicos ajenos al mismo.
Insertar elementos de un determinado modo de torear (como puede ser el mecanismo de adelantar la pierna de salida propio del toreo en ochos) en el modo de torear opuesto (como es el toreo en redondo) es una incoherencia técnica y estilística y sólo puede producir monstruos taurinos (¿Frankestein?).
Reflexión final (en voz alta)
La confusión sobre los mecanismos técnicos del toreo que existe hoy día, genera un batiburrillo de difícil digestión. Además la intransigencia de los aficionados más radicales, sobre estos temas, es un error de bulto que parece difícil de corregir.
La situación no es nueva pues los aficionados casi nunca hemos ayudado a la evolución de la fiesta, labor asumida, casi en exclusiva, por toreros y públicos. Al contrario, nuestra defensa de los cánones (erróneos o mixtificados las más de las veces) se ha convertido precisamente en el principal freno de cualquier innovación.
A este respecto, es sintomática la situación actual en la plaza de Madrid, cuyo sector más radical alborota y altera (con el rigor del iluminado perteneciente a cualquier secta religiosa) el orden normal de la lidia en la defensa de unas normas y códigos mixtificados y abstrusos que a nada conducen.
Los aficionados, sin embargo, deberíamos ser capaces de entender cabalmente la historia completa de la fiesta (que es mucho más rica -en matices y variantes- de lo que el reduccionismo imperante nos quiere decir).
También se podría admitir (en cierto modo y sólo hasta cierto punto)que velásemos por mantener la coherencia intrínseca (¿pureza?) de cada modo de torear, señalando y explicando según nuestro leal saber y entender (sin acritud ni estridencias y, desde luego, nunca dentro de la plaza) las desviaciones que –a nuestro entender- se produzcan.
Lo contrario de lo que solemos hacer.

Preconizar, un único modo de torear, es incongruente y va contra la historia misma del toreo.
En la foto, Joselito el Gallo, el torero con mayor capacidad de adaptación a los distintos y diversos modos de torear y también uno de los diestros más innovadores de la historia (lo que no entendieron –como era previsible- los aficionados de su época), en Barcelona el 21 de mayo de 1920 (Fotografía publicada en Nuevo Mundo)
Menciones.
Vaya por delante mi agradecimiento previo a Juan Antonio Polo y Fernando Cámara por sus dos magníficas entradas sobre este tema.
Esta última entrega no hubiera sido posible sin aquellos lectores y amigos que han colaborado con sus comentarios a pie de página a los que creo de justicia citar aquí pues sus ideas han servido para ordenar y precisar las mías.
Entre los lectores, tengo que agradecer y citar, en primer lugar, a Gil de O., gran aficionado y ya buen amigo, por sus constantes, extensas e intensas reflexiones sobre el toreo. Sus continuas aportaciones a este blog, con su experiencia y conocimientos, son siempre valiosas y bien recibidas. Como valiosas y bien recibidas son las opiniones de Alberto Marcos Morante; El Chacho; Abel Frías Mazueco; Paolo; Alberto Franco; Francisco Butler y Vazqueño que han realizado comentarios a las dos entradas anteriores.
También debo agradecer a quienes han aportado sus opiniones sobre este tema mediante mail o facebook como Jack Coursier, Félix Rubio, Joseph Allen y, especialmente a Luís Miguel López-Rojas (con quien tengo afinidad total en cuestiones y criterios taurinos) y Gastón Ramírez Cuevas (con quien sostengo el más cordial y divertido contraste de pareceres que pueda uno imaginar).
Finalmente, quiero mencionar también a aquellos anónimos (o pseudo-anónimos) que, cual los toros complicados, nos obligan día tras día, a afinar y afilar el lápiz.
Cargar la suerte. Bibliografía recomendada
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Tauromaquia de Pepe Hillo. 1ª ed.: La tauromaquia ó Arte de torear. Obra utilísima para los toreros de profesión, para los aficionados, y toda clase de sujetos que gustan de toros (Cádiz. 1796). 2ª ed. Tauromaquia o Arte de Torear a caballo y a pie. (Madrid. 1804).
-
Tauromaquia de Montes. Tauromaquia completa, ó sea El arte de torear en plaza: tanto a pie como a caballo (1ª ed. Madrid. 1836).
-
Tauromaquia de Guerrita. Escrita por Leopoldo Vázquez, Luis Gandullo y Leopoldo López de Saa bajo la dirección técnica de Rafael Guerra, Guerrita. (1ª ed. Madrid. 1895).
-
Salvador, Amós. Teoría del toreo. Escrita en mayo de 1908 y publicado por entregas por el diario la Voz desde el 15 de enero de 1955 [Esta publicación incluía unas Apostillas del Duque de Veragua].
-
De la Loma, José (Don Modesto) Desde la Barrera (1ª ed., Madrid, Renacimiento, 1910?)
-
Borrell, Félix (F. Bleu) Antes y después del Guerra (1ª ed., Madrid, 1914)
-
Orts y Ramos “Uno al Sesgo. El arte de ver los toros-Manual del aficionado a la Fiesta Nacional (1ª ed. Barcelona, 192-?) (2ª ed. El arte de ver los toros-Guía del aficionado, Barcelona, 1928?)
-
Federico M. Alcázar. Tauromaquia Moderna (1ª ed. Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, S.A., 1936)
-
Bollaín. Luís. Los dos solos. (1ª ed., Madrid, Editorial Mon, 1948)
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Ortega, Domingo. El arte del toreo y la bravura del toro. (1ª ed., Madrid, Revista de Occidente, 1960) [Son dos conferencias. La primera –El arte del toreo- se dictó en el Ateneo de Madrid en marzo de 1950]
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Corrochano, Gregorio. ¿Qué es torear?-Introducción a la Tauromaquia de Joselito. (1ª ed., Madrid, 1953)
-
Sureda Molina, Guillermo. Tauromagia (1ª ed. Madrid, Espasa-Calpe S.A., Colección Austral nº 1.632 1978)
-
Vidal, Joaquín. El toreo es grandeza (1ª ed., Madrid, Ediciones Turner, 1986)
-
Fernández Valdemoro. Luís Carlos (José Alameda). El hilo del toreo (1ª ed. Madrid, Espasa Calpe. S.A., Colección la Tauromaquia nº 23, 1989) [Las tesis expuestas en esta obra póstuma se contenían ya en: Historia Verdadera de la Evolución del Toreo. 1ª. ed., México, Bibliófilos taurinos de México, 1985]

La defensa de la verdad de las normas y la valoración de los mecanismos técnicos del toreo tienen que efectuarse en los foros apropiados (libros, blogs, conferencias, etc.) pero nunca –nunca- dentro de las plazas de toros.
Un libro clave para entender el toreo: “Historia verdadera de la evolución del toreo” de José Alameda.