jueves, 28 de agosto de 2014

“Quién no ha vivido un día de toros en la Malagueta…”

Poe el Divino Calvo

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José Tomás volvió, por fin, a la Malagueta

 

Tomás volvió a la Malagueta para un extraño mano a mano

Llegó el esperado día 23 de agosto. Día de reencuentros. Nuestro con José Morente, inigualable anfitrión. De José Tomás con la Malagueta.

Con la expectativas que siempre levanta el de Galapagar, pero con la incertidumbre del diseño, cuanto menos extraño, del cartel. “Mano a mano” Pablo Hermoso de Mendoza, el “Joselito-Belmonte” del toreo a caballo, y José Tomás, mito viviente del toreo a pie, viajamos a Málaga.

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Pablo Hermoso de Mendoza, el Joselito Belmonte del toreo a caballo (Foto Hugo Cortés)

Si bien es cierto que, la motivación del mismo, pudiera haber sido la eliminación de la competencia (estos dos monstruos hoy en día sólo compiten con ellos mismos), no lo es menos, el devenir de la tarde así lo demostró, que a ambos perjudicó.

A Pablo, porque la mayoría del público no venía a ver torear a caballo o les faltaban los conocimientos del arte del rejoneo para apreciar la magnitud de lo que acontecía en el ruedo.

A José, por la discontinuidad que provocaba en los tendidos estas desconexiones entre toro y toro, que daban la sensación de abrir plaza en cada acto. Sin ser tarde de encerrona, la sensación final del festejo casi recaía exclusivamente sobre sus hombros.

Y es que, aunque los ingredientes eran excepcionales (dos toreros de los más grandes de la historia), a la tarde, le faltó maridaje. Cuando esto último falta, quizás hubiera sido mejor no mezclar. Para este extraño tipo de cartel, mi propuesta: Los tres primeros para el rejoneador, y los tres últimos para lidia a pie.

Esta forma tan desordenada de empezar, por la conclusiones antes que el argumento de mi crónica, sólo vienen a justificar, que esta vez, como hacían los antiguos cronistas y del modo que a mí me gusta hacer en homenaje a ellos, no va a poder ser toro a toro, sino al modo de mi propuesta. Tres y tres. Ahí va…

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Extraño paseíllo en un extraño maridaje (Foto del Blog Caracol)

 

Reseña

23 de agosto de 2014. Plaza de toros de La Malagueta. Se viste de gala y cuelga el “No hay billetes” para recibir a Pablo Hermoso de Mendoza, y la última comparecencia de la “mini-temporada” de José Tomás.

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Orden de Lidia (web de Coso de Badajoz)

Toros de San Mateo (1º y 5º) y Carmen Lorenzo (3º) para rejones. Con tendencia a tablas el primero, con el son típico de los de murubes los otros dos, pero les faltó un punto de emoción. Parladé (2º y 6º) y Victoriano del Río (4º) para lidia a pie.

Precioso el primero de Parladé. De lámina que seguramente enamoró en el campo, pero no refrendada por su comportamiento en la plaza. Alto y fuerte el de Victoriano. Un torazo, el último de Parladé, muy largo, rematado de carnes, sus buenas hechuras escondían los casi seiscientos kilos.

 

Pablo Hermoso

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Pablo Hermoso (Foto de Joaquín Bueno-Aplusos)

Por orden antigüedad y para no correr el riesgo de que aquellos que no han venido a leer sobre rejoneo, abandonen esta crónica antes de su final, empezaré por Pablo Hermoso.

El primero, abanto de salida, con marcada tendencia a tablas que acusó durante toda su lidia. Intentos de salida por dar celo al toro, único rejón de castigo, tercio éste en el que se echa de menos la innovación que trajo el caballero navarro con la arriesgada suerte de poner rejones de castigo de frente (seguramente no cuente ahora con caballos para este tercio de la altura de los míticos Labrit, Roncal, Pata Negra…). Tercio de banderillas con “Disparate” y presentación en Málaga de su nueva suerte bautizada “Hermosina”, con cambios de sentido a dos pistas en la cara de toro, que fueron bien acogidos por el respetable.

Sin embargo, lo más puro y de mérito vino a cargo de “Viriato”, dando siempre el pecho y siendo capaz de templar la embestida del toro, hasta que salía por su grupa a modo de capote que se mece en una verónica.

Cortas con el imprescindible “Pirata” (el caballo del “mordisco de Valencia”, para los no familiarizados con los nombres de los equinos). Rejón caído. Petición que el presidente consideró insuficiente.

Mejor condición tuvo su segundo oponente. Destacó especialmente con “Chenel”. Después de un año de convalecencia por una lesión, el caballo ha vuelto con un reposo y una cadencia que dotan a sus actuaciones de momentos sublimes. Regreso de la estrella de su cuadra en plan maestro. Galope a dos pistas, cosida la embestida a la cola del caballo, para rematar con ese cambio por dentro a modo de trinchezaro (“caganchina” he oído decir que la llaman ahora). Por tres veces lo hizo, con ajuste máximo. La cota más artística de la tarde del centauro. Continuó con “Habanero” y remató nuevamente con “Pirata” con cortas a dos manos, pinchazo hondo y rejón.

Preciosa la imagen de muerte del toro con el caballo y caballero a centímetros. Esta vez la petición si fue suficiente para la concesión de un trofeo.

Quiso redondear su actuación para ganarse el derecho a salir por la puerta grande en el quinto. Puso toda la carne en el asador. Volvió a sacar a “Disparate” para calentar con la “hermosina”. Se notó la presión en el detalle que no invitó al sobresaliente Manuel Manzanares a poner un par en su último toro. Algo que sí hizo recientemente en uno de sus otros “mano a mano” con Ponce en Bilbao. La única diferencia y la causa, que en Vista Alegre ya tenía la puerta grande asegurada. Explotó la expresión de “Dalí” para que el nivel no decayera. Pleno de “Pirata” para terminar. El rejón y el descabello le cerraron la puerta que tenía abierta de par en par.

Gran tarde de toreo a caballo, que hubiera tenido mucho mayor eco con otro público o en competencia con otros rejoneadores.

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Una tarde excepcional desvirtuada por el mano a mano (Foto de Hugo Cortés)

José Tomás

Volvía José Tomás a la Malagueta de rosa palo y oro, envuelto en el capote de paseo como triunfador de la última vez que pisó este albero.

En su primero, precioso, de hechuras “sevillanas”, sólo pudo destacar con un quite por delantales que fue pura caricia. Imposible el lucimiento en la muleta. Dos tandas con la derecha, prueba por la izquierda y se acabó. “Cuando no puede ser no puede ser y además es imposible” que decía Guerrita. Estocada caída. El fantasma de la desilusión se adueñó de la plaza. Para aquellos que sólo vinieron a ver al de Galapagar, la esperanza tensa de que la corrida empezara en el tercero…

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Tomás por delantales (Foto de Santana de Yepes-Mundotoro)

Recibo por verónicas al Victoriano, para transformarse en los medios en ajustadas chicuelinas. Muy medido el castigo en varas. En este tercio destacar al picador Pedro Iturralde. Hay que tener mucho valor para levantar la vara con el toro empujando y su caballo suspendido en el aire. Todo por cumplir las órdenes de su matador.

Capote a la espalda y caleserinas en el quite que nos trajo a la memoria Nimes. ¡Siempre Nimes! Arrollado por los cuartos traseros del toro, por los suelos el torero. Lucidez suficiente para hacerse el quite con los vuelos de su capote en momentos angustiosos. Afortunadamente el toro no hizo presa. Nuevo inicio como si todo lo anterior hubiera sido fruto de un mal sueño. Y esta vez el quite concluyó limpio y ajustado.

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Lucidez suficiente para hacerse el mismo el quite (Foto de Joaquín Bueno para Aplausos)

Brindis al público. Cite en los medios por estatuarios. El toro, tardo no acude por lo que tiene que acortar distancias. Muy cerca ya de tablas y perpendicular, se arranca el de Victoriano para sacar brillo a los alamares y poner el nudo en la garganta. Golpe en la mesa para centrar la atención del algún despistado. Esa fuerza gravitatoria convierte el ruedo en el centro de nuestro universo.

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José Tomás el ayudado más comprometido. El torero centro gravitatorio de nuestro peculiar universo (Imagen extraída del video)

A partir de aquí nos reencontramos con el mismo José Tomás de siempre, con su concepto, con su tauromaquia, con su filosofía, su entender la vida y el toreo. Tan puro, tan sincero, tan desnudo, tan desgarrado… que duele.

El arte que emite y la emoción que percibimos tiene un lenguaje jeroglífico de una ciencia indescifrable para la mayor parte de aficionados que como yo, nunca nos hemos puesto delante. Insensatos e inconscientes que tenemos la osadía de escribir de toros, ¡Dios nos perdone! Pero existe esa ciencia, todo tiene su porqué. Sus porqués.

Tuve el privilegio de tener como compañero de localidad a Paco Carmona, alguien que sí conoce ese misterio. Sus comentarios me hicieron sentir egiptólogo ante la piedra Rosetta. Ahora disfrutaba como aficionado en plenitud. Series con la derecha de mano baja, bajísima, que iban ralentizando la embestida del toro para latir al ritmo del corazón de Tomás. Ese corazón donde cada latido se pierde en busca de la eternidad. Lentos latidos que sin embargo, aceleran los de nuestros corazones a medida que aire sale de los pulmones para gritar ole. Se duermen las hadas y se para el tiempo en los terceros y cuartos muletazos, donde la lentitud del muletazo tapa la embestida del toro que mira al cielo en busca de estrellas. Señal que el torero aprovecha por mostrar la clemencia liberatoria del pase de pecho.

A ralentí. Aire para el toro, despaciosidad y torería entre tanda y tanda que ensalzan los acordes de la banda de música al ritmo de nueva melodía. Para muchos entre los que me encuentro, desconocida. Al final del festejo, nuestra anfitriona Esther, nos develó que se trataba de la ranchera “Despacito” arreglada para esta ocasión. José Tomás-Méjico-toreo-despacito… Málaga.

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José Tomás. Despacito. Muy despacito

Por la izquierda, venido a menos el toro, no puede seguir con la misma intensidad. Vuelta a la derecha acortando distancias. Péndulo que juega con la muerte. Quizás por esa falta de ritmo por sus escasas actuaciones, toque excesivo que hace que el toro se arranque por la espalda. Contenida nuestra respiración, impide salir el aire hasta que la fijeza del toro perdona al torero. Estallido de alivio. Callada la música y con ecos de un espontaneo fandango que sale del tendido, de frente naturales a pies juntos cierran la obra. Media estocada caída y atravesada acaba con el burel y reduce el premio.

Cierra el festejo un colorado de Parladé. Un tren. Gran recibo capotero a la verónica donde el torero se muestra liberado, suelto e inmerso ya plenamente en la tarde. Comunión de público y torero. Tercio de varas donde el toro da síntomas de dificultades. Así como antes lo hizo Hermoso, es ahora Tomás el que no invita al sobresaliente a entrar en quites. El triunfo por obligación. Renuncia incluso hasta el mismo, para dar instrucciones a Carretero de calma, aire al toro y despacito. No quiere dejar nada al azar que lo pueda estropear.

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Liberado con el Parladé (Foto Santana de Yepes para Mundotoro)

Muchos matices en la embestida del toro. Enigmas por resolver en su muleta, pero con la emoción suficiente para llegar al corazón del tendido.

Primera serie con la derecha de toma de contacto y muleta a la izquierda. Perfección en el cite. Ausencia de brusquedad en los toques. Que el toro elija. El compromiso de su toreo se traduce en la libertad que otorga a su oponente, máximo culto a este rito sacrificial.

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El natural (Foto Santana de Yepes para Mundotoro)

Inmensos naturales. Mando y trazo para conducir esa embestida que nunca rebosa. Cambio de manos para ligar con un natural eterno bajo los acordes de “Manolete”, donde la música, cual Guadiana, aparece y desaparece entre silencios y rugidos de oles. Cierre por bajo y otra media estocada de colocación deficiente, que no puede con las ganas de público por sacar en volandas al ídolo.

Tomás en volandas del público de la Malagueta (Foto Hugo Cortés)

Epílogo

Cuando podíamos decir que así termina ésta crónica y la tarde de toros, con la certeza de que habíamos presenciado el milagro de toreo grande. A caballo y a pie. Para nosotros el día continuó. Cena y tertulia en mesa redonda. Estratégicamente elegida por Morente para, cual caballeros del Rey Arturo, que nuestras opiniones tuvieran igualdad de oportunidades y que sólo fueran la fuerza de sus argumentos los que decantaran la balanza…

Y acabamos de madrugada, en ese marco incomparable del puerto malagueño. Con el mar, la Alcazaba y las estrellas por testigos. Resucitamos a Gallito, a Belmonte y Manolete… Viajamos a México con Gaona, Silverio y Martínez… Citamos a los Vázquez, Antoñete, Camino, Ojeda y muchos más… caminamos hasta llegar al Juli, Morante, Perera… y como siempre para terminar en José Tomás.

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Málaga desde el Muelle Uno del Puerto (Foto de Carlos Castro)

Exhaustos quisimos cerrar un acuerdo final. ¡Qué pena que esta breve temporada no fueran diez o doce tardes del de Galapagar! ¿Verdad Paco? En plazas claves, alternando con los grandiosos toreros de la actualidad, que removieran los cimientos de la fiesta para dar un nuevo impulso en estos tiempos que tanta falta hace. ¡Y que nos diera la razón a aquellos que pensamos que estamos viviendo una nueva edad de oro del toreo!

Nos despedimos conscientes de la leña que habíamos echado al fuego de la pasión que nos une: El toreo. Leña con la que calentarnos cuando llegue el invierno. Invierno que ya ha llegado a la temporada de José Tomás.

Remo prefería volver andando y soñar…, ahora ya puedo finalizar y es que…

““Quién no ha vivido un día de toros en la Malagueta, no sabe lo que es un día de toros…”

Agradecimientos de corazón a nuestros anfitriones, José y Esther por hacernos sentir como en casa. A nuestros amigos de tertulia, Javi, Paco, Antonio  y Remo… y a ti, Málaga. Hasta pronto.

 

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La Malagueta en 1899-1900

domingo, 24 de agosto de 2014

Morante creador

Por Fernando Cámara

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Morante de la Puebla en Málaga

 

Málaga. 20 de agosto de 2014. Viernes de Feria

Morante pidió permiso a la presidencia y a sus ancestros para torear con el capote de Curro Puya, con la muleta de Pepin Martín Vázquez, con las piernas de Joselito el Gallo y con la cintura del de la Puebla. Aparecieron los duendes en el oro redondel de la Malagueta. Así es.

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Morante creador

Morante vistió la tarde de verde y oro y el rosa de su capote, quiso en algún precioso lance y en unas chicuelinas sevillanisimas, que frustró la raza del quinto Zalduendo. Dobló las manos en la tercera  queriendo coger los vuelos y, en lugar del remate de esas dos soberbias chicuelinas, el quite lo culminó el desesperado gesto de Morante que no pudo abrochar la media belmontina. Bien es verdad que no apareció en el ruedo, pero todos la bordamos en nuestras mentes.       

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Una sevillanísima chicuelina

Se presumía el final de la tarde del esperado Jose Antonio, en el mismo momento en que el toro tomó partido y pidió merced. Sus galopadas en banderillas animaron al artista y Morante fue cobrando torería. Pidió permiso a los vuelos de las franelas de toda la historia del toreo para alquimizar la arena y fundirla en oro con su muleta.

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La historia del toreo en los vuelos de una muleta

Acarició con sus zapatillas los escasos terrenos que le dejó al toro y se ciñó, con un sentido devaneo a su hocico, para deslizar los astifinos puñales de su casta, hasta fundirse en el precioso metal del sentimiento, la gracia y el arte puro.

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Toreando a los astifinos puñales de la casta

Fraguó junto con el calor del sensible público que presenciaba esos momentos mágicos, la burlería de su toreo, cuya intensidad fue in crescendo.

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La burlería del toreo de Morante

En cada silencio, aparecía un duendecillo soplando una sublime nota que componía la grácil tonalidad de Morante. Interpretaba así  la melodía de su toreo, citando con unos majestuosos pasitos bailaores para provocar el primoroso latido del ritmo.

Su muleta hondeaba el recorrido de la bravura del del Zalduendo que no regalaba nada y, de la muda embestida de su raza, aparecían una por una las mágicas notas de toda la tauromaquia pasada y futura de su toreo.

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Las notas mágicas de la tauromaquia pasada y futura

La música del toreo inundaba el poblado embudo coronado de mudéjares arcos, su persistente muleta nos hacia pensar que el arte no tiene miedo y la magia se adornaba de fantasía clavándose en la retina de los que allí estábamos.

Los vuelos de su muleta enganchaban como por un hilo aquellos puñales del miedo, las chorreras de su camisa no abandonaban la cara de la bravura, sus pasos no se aislaban de la distancia de la cornada y su barbilla no se desprendía de su pecho henchido de sentimiento para torear al compás y con una primorosa naturalidad.

 

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Compás y naturalidad

De la nada surgió la música y a esta, no le hizo falta yunque, caracol ni martillo.

Las formas y la imágenes divinas se vestían de oro apareciendo del vacío, poniendo la esencia para que su toreo viajase desde el tiempo de la retina a la mente y de la mente al infinito, porque infinita es la barroca tauromaquia de Morante que, en viernes de feria, firmo una de sus geniales obras en la Malagueta.

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La obra genial de Morante en la Malagueta un viernes de feria

Obra mutilada de Puerta Grande. ¿Pero qué importan los despojos negados? No fueron necesarios para salir a hombros de la inspiración, del arte, de la gracia y de la torería pasada, presente y futura.

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Morante. A hombros de la inspiración, el arte, la gracia y la torería

 

Fotografías de Santana de Yepes para Mundotoro; Hugo Cortés para Burladero y Joaquín Bueno para Aplausos

jueves, 21 de agosto de 2014

El toreo donde tiene que estar

Por Jose Morente

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El trapío, buen trapío, de unos de los de Victoriano del Río lidiados ayer (Fotos de Carlos Moret para Diario Sur)

Después de las anodinas corridas celebradas bajo el marchamo de un desafío ganadero carente de sentido, las figuras y el toro de las figuras pusieron en Málaga los puntos sobre las íes y nos sacaron del marasmo y el aburrimiento de los dos días pasados.

Y es que se dirá lo que se quiera decir (pues se oyen muchas incongruencias) pero el toreo, el buen toreo, siempre surge y ha surgido, desde que el toreo es toreo, del mismo sitio. Del sitio de los toreros punteros y del sitio de las ganaderías punteras.

Sin embargo, nadie es perfecto y el aserto hay que matizarlo. Empezamos matizando el comportamiento de los toros.

 

Victoriano del Río

Sobre la corrida de Victoriano del Río se me ocurren varias cosas a la vista de su presentación y de su comportamiento.

Por lo que respecta a la presentación, aunque desigual (lo es esa ganadería) fue magnífica y varios toros tenían el trapío necesario para lidiarse en plazas de más fuste. Málaga es de primera pero, por decisión administrativa, no por su historia.

En cuanto al comportamiento es donde más matices (y entre ellos algún “pero”) presentó la corrida. Una corrida con una tónica general de nobleza pero también con una tónica general de cierta mansedumbre. Toros que, como los de los días anteriores, acudieron a los caballos con prontitud y fijeza, metiendo los riñones (algunos incluso bastante mejor que los desafiantes) pero que, a diferencia de esos dos días anteriores, llegaron a la muleta con gas suficiente para propiciar el buen toreo.

Pese a las apariencias, esos toros noblotes, que salen abantos y acaban rajados no son nada fáciles de torear. Pues, aunque esconden un buen fondo, es el torero el que tiene que saber buscarlo y emocionar al público con su toreo. Una emoción que el toro de nuestros días, viejo, grandón y pesadote, no aporta (al contrario que el utrero de los años 60, puro nervio y movilidad, no por su casta sino por su juventud).

El toro de hoy embiste (ahí están los videos para quien los quiera ver y comparar) al estilo del toro de la época de Machaquito y Bombita. La diferencia es que los toreros punteros de ahora (como, por ejemplo, los de la terna de ayer: Juli, Perera y Talavante) son infinitamente mejores que esos dos diestros de inicios del siglo pasado que sirvieron de puente entre la época de Guerrita y la de Joselito el Gallo.

 

El Juli

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El toreo de Juli siegue siendo largo y profundo pero ha perdido algo de la contundencia e inevitabilidad que tenía antes de la cornada de Sevilla.

No me gustó nada el Juli con la muleta en su primer toro: Es cierto que el astado, que había acudido primorosamente en los primeros tercios, se paró en la muleta y desarrolló cierto sentido, pero la actitud del madrileño, haciendo gestos visbles de desagrado, no vino a cuento.

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Un magnífico capotazo del Juli a su primero. Un toro que, luego, se paró y sacó sentido en la muleta.

Aunque el toro no tenía un pase, un torero de esa categoría tiene que hacer y demostrar algo más de lo que hizo Julián con él.

Al contrario, en el cuarto, un toro huido y con mucha movilidad, le supo enseñar con el capote (renunciando al lucimiento) para poder luego, en la muleta, extraer todo lo que el toro llevaba dentro. Lo que llevaba hasta que se le rajó ostensiblemente y empezó a sacar agua de la noria. El buen toreo, el que cruje los huesos del toro, acaba con el toro que no está sobrado de poder o de bravura. Y eso pasaba en tiempos de Joselito el Gallo y sigue pasando en nuestros días.

 

Perera.

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Perera estuvo (como todo el año) insultantemente sobrado. Su capacidad para interpretar el parón ojedista es solo comparable a su capacidad para torear de forma perfecta con la muleta.

Tengo claro que este año es otro año cumbre de Perera. Un año equiparable a su temporada 2008. Y un año además, adobado por su importantísimo triunfo isidril ante los toros de Adolfo Martín.

Perera pasó por la Malagueta con una firmeza tremenda, apostando siempre y ejecutando el mejor toreo posible. Un toreo de rara precisión y ajuste, algo previsible por esa perfección pero que tiene encandilado siempre a todo el que sabe lo que supone ponerse delante de un toro.

Y eso, lo hizo el extremeño en sus dos toros. Hoy por hoy, Perera es el torero más seguro y que mejor ejecuta el toreo. Podemos cantar a otros diestros (ya se llamen Urdiales con quien alternó en Madrid o Talavante con quien alternó en Málaga) por un prurito de extraño clacisismo pero no debemos engañarnos. El mejor toreo es el toreo que mejor se ajusta a cada época porque es el toreo que mejor responde a las condiciones del toro que se lidia en cada momento y a los gustos de ese público. Ese, el toreo más temporal, es a fin de cuentas y valga la paradoja, el toreo más intemporal

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Un muletazo muy actual de Miguel Ángel Perera pero con muchos matices y sabores del toreo antiguo. Del toreo añejo

Talavante

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Irreprochable natural de Talavante en Málaga a un toro de Victoriano del Río

Que Alejandro Talavante está viviendo una muy extraña temporada. Desde su ruptura con la empresa de Madrid (sus apoderados) y su plante conjunto con el G-5 hasta sus declaraciones en los medios sociales, no quita para que ayer se entretuviera en la Malagueta en firmar los mejores muletazos de la tarde. Y es que, si su muñeca es proverbial, su capacidad para levantar del asiento a los espectadores en un sólo muletazo es su gran don.

Ayer, además, de inspiración y de su capacidad para interpretar de manera tan expresiva el toreo de hoy, le hizo al tercero de la tarde una faena irreprochable por su sentido de la lidia. Una faena que merece la pena que la destripemos.

El toro llegó a la muleta muy tardo, con mucha capacidad para embestir bien pero con muy pocas ganas de hacerlo, casi al ralenti.

Talavante, que se ha hecho en gran parte en México, se encontró con un toro de embestida muy mexicana que le entraba al paso. Tuvo el valor (se necesita un inmenso valor) para aguantar esa embestida tan lenta y los parones que, a veces, a mitad del muletazo, le daba el toro.

El resultado fue grandioso: Una faena de gran categoría que le hubiera permitido salir por la Puerta Grande si hubiera acertado con el descabello.

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El inicio de faena de Talavante al sexto puso a la Malagueta a os pies del torero.

Inciso final.

Puestos a volver al pasado (como pretenden muchos aficionados de manera tan absurda) sería mejor recuperar algunas cosas (las más válidas) de ese pasado. Y una de ellas, es la posibilidad de recibir los merecidos trofeos con independencia del resultado (que no de la ejecución) de la suerte de matar.

Dicho de otra manera, Juan Belmonte, cortó sus postreros rabos en Madrid después de medias estocadas precedidas de pinchazos. Los tiempos cambian que es una barbaridad pero está claro que hoy, los públicos y los presidentes son más pejigueras y melindrosos que antes. La coartada de la categoría de la Plaza (categoría que se ve no tenían ni Juan Belmonte ni Madrid en los años 30) sirve para justificar muchas injusticias, de las Presidencias… y de los mismos públicos.           

 

Y conclusión final.

El mejor toreo es, en cada momento, el toreo de cada época porque es el que mejor se ajusta al comportamiento del toro y a los gustos de los públicos del momento. Y eso aunque a los aficionados nostálgicos siempre les pone más el toreo que les “sabe” a añejo.

El mejor toreo es, además, el que hacen los mejores toreros, los toreros punteros con los toros de las ganaderías punteras. No sólo porque es el toreo de mayor lucimiento sino porque, por paradójico que resulte, es el más difícil de hacer, como ya nos dijera y nos enseñara en su día Cossío (Don José María). Defenderse de un marrajo no es fácil pero torear muy bien a un buen toro, roza lo milagroso.

Esa es la conclusión a la llegamos después de tres días de corridas de toros en la Malagueta con resultado y planteamientos tan dispares.

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La calidad del mejor toreo moderno se pudo vivir ayer en la Malagueta gracias a los tres diestros de la terna y a.los toros de Victoriano del Río. En la imagen (De Carlos Moret, como todas las de esta página) podemos ver ese buen toreo en una de sus mejores versiones. La de Alejandro Talavante

Morante perfuma Bilbao con aromas de Chicuelo

Por Luis Miguel López Rojas

 

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La bella muerte de un toro bravo (Foto Arjona para Aplausos)

Nota de LRI

Hace un par de noches, le decía a un muy buen amigo mío que cada vez tengo más problemas para enterarme de que es lo que ha pasado en la plaza cuando no he podido asistir a la corrida (o cuando no la dan por televisión, como me apuntaba Joaquín Albaicín en facebook).

En este caso, la corrida de Bilbao, la retransmitió el plus. Sin embargo y pese a ello, merece la pena leer los comentarios de Luis Miguel López-Rojas para acotar y poner acento y orden en lo que vimos.

 

Termómetro Cuvillo

Me apetecía especialmente ver esta corrida, no sólo por el mano a mano, también por ver cómo estaba nuestro “termómetro Cuvillo”.

Es esta una ganadería que si bien ha pasado un pequeño bache no se justifica al ostracismo al que la han sometido las figuras en los dos últimos años.

No podemos olvidar la cercanía en el tiempo del sublime 2011, con “Arrojado” (Manzanares-Sevilla), “Cacareo” (Morante-Bilbao) y “Esparraguero” (Talavante-Zaragoza).

Mi impresión “personal” es que Cuvillo tiene el sello de comercial, pero suelen salir ejemplares muy exigentes (el 4º de Manzanares por ejemplo) frente a los cuales los toreros tienen que hacer grandes esfuerzos, no siempre reconocidos.

Para triunfar con ellos, es imprescindible apostar y además si el torero no está en buen momento, se descubre. Da ahí, esa definición de “termómetro Cuvillo”.

Entre la polémica José Tomás-Cuvillo, en la que salieron perdiendo los dos, pero especialmente el ganadero, que tuvo un pequeño bache, sobre todo en mi opinión, por querer lidiar un gran número de toros en plazas de primera (2-3 corridas en Madrid, Sevilla, Pamplona, Bilbao, Barcelona, Valencia, Málaga, Zaragoza…), cuando por tipo, no es un toro especialmente grande…, el caso es que ha sido relegada por las figuras de entre sus ganaderías predilectas. Por eso me apetecía más ver este festejo.

 

La corrida de Cuvillo de Bilbao

Sin ser una corrida excepcional si tuvo dos o tres toros que propiciaban el triunfo.

El mejor el 2º, hijo de Idílico (indultado en Barcelona por José Tomás en el 2008). Su embestida recordó a su progenitor, sobre todo por hasta donde iba. Pero Manzanares lo toreó exageradamente despegado. Tanto, que provocó protestas entre el siempre exquisito público bilbaíno y algo insólito, que Caballero dejara constancia de ello en los micrófonos del Plus.

No tengo porque dudar de la palabra de Manzanares, que lo justificó indicando que el toro tenía un problema en la vista que le hacía abrirse, pero entre mis dudas razonables, entra que su toreo no se caracteriza por apretarse mucho. El caso es que aquello no cuajó. Un pena.

 

Morante en el primero

Me gustó mucho el primero, al que se le hicieron muchas cosas a la contra. Dos puyazos traserísimos, muchos capotazos en la lidia de Carretero, que si bien es cierto que estuvo muy fácil en la brega, no lo es menos que dio un excesivo  número de capotazos.

Por eso, cuando vi el estado de gracia en que se encontraba el sevillano, lo a gusto que pisaba el plomizo piso bilbaíno (supongo que gran parte de culpa la tiene la afición bilbaína que representa el perfecto equilibrio entre la seriedad en la presentación del toro y el máximo respeto a los toreros), y surgieron esos ayudados, por alto y por bajo, esos pases sueltos primorosos a los que les faltó esa continuidad necesaria, porque el toro ya no lo permitía… me enfadé especialmente.

 

Un momento sublime

Pero cuando ves lo que vimos el quinto, tienes consciencia de que a Morante le perdonarías hasta que hubiera matado a tu padre cinco minutos antes… ¡Cómo no le vas a perdonar! Con un toro que no era nada del otro mundo, pero que iba y venía sin colocar mucho la cara.

Precioso tercio de quites, primero a la verónica, con dos o tres donde se rompe el de la Puebla, y ya sabemos lo que significa esto (una verónica pasa a ser “La VERÓNICA”)…

Turno para Manzanares en lo mejor de su actuación junto con su espada. Gran quite por chicuelinas con una estética en el giro muy similar a la que utiliza Morante. Pero vino la réplica por el mismo palo de aquel que tiene el copyright… y Chicuelo aplaudiendo en el cielo, y  en la tierra, en Bilbao, el público en pie.

En la muleta, puro sabor, puro aroma, puro toreo… No quiero contaminar con mis palabras, lo que quedó grabado en nuestra memoria… El mejor resumen es un buen “ole”.

Qué estocada, qué culto a la muerte y a la vida…, del torero y  del toro… qué belleza. La Belleza.

Lo de menos es la oreja. Morante ha perfumado a Vista Alegre y todo Bilbao huele a toreo, huele a Morante.

 

Una tarde que no tuvo historia pero hizo historia

Por Jose Morente

 

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Ferrera banderillea a uno de los toros de Miura en Málaga

 

Casi sin historia

Si la fecha del 19 de agosto de 2014 va a pasar a la historia del toreo por la apuesta de Antonio Ferrera de encerrarse en solitario con 6 toros de Miura (algo que han hecho muy pocos diestros desde que el toreo es toreo y los miuras son miuras), desde luego no pasará por lo que pasó en el ruedo. Mejor dicho, por lo que no pasó.

Y lo que no pasó es que tenemos que acostumbrarnos y aceptar que estas corridas, que estos encastes, responden a la tauromaquia de hace siglo y medio cuando la faena de muleta sólo servía para preparar al toro a la muerte y lo importante era la suerte de varas, pero que no responden ni pueden responder al toreo actual, cuando lo que importa, ¡y como!, es el toreo de muleta y las prestaciones que sea capaz de dar el toro a lo largo de toda la lidia.

La tesitura está clara: O esos encastes se adaptan al toreo moderno (algo muy difícil por no decir improbable) o tendremos que adaptar el toreo y adecuarlo al comportamiento de esos toros (algo muy difícil por no decir improbable si se plantea con carácter general como se quiere plantear).

Sin embargo, fue eso último es lo que hizo Ferrera quien, de forma correcta, fue poniendo el acento en los primeros tercios, especialmente en el segundo pues ya sabemos que es un banderillero si no ortodoxo, si muy espectacular. Ayer, además estuvo acompañado por cuadrillas de la máxima solvencia, en este tercio y en el de varas, aunque, por lo que respecta al tercio de varas, sólo al final se empezaron a poner los toros de largo en el caballo.

 

Peligro sin emoción

Su actuación con la muleta (clave en la impresión que al público le produce cualquier tarde de toros) fue motivo de polémica entre aficionados.

Los toristas irredentos (que solo miran al toro y desdeñan el toreo) sostenían que Ferrera estuvo mal y por debajo de sus toros. Los resultadistas impenitentes (los que solo miran el resultado, el lucimiento, sin mirar el toro) sostenían lo mismo.

Los defensores de esas dos posturas extremas coincidían ayer. Unos por defender a estos encastes, pase lo que pase. Otros, porque si el diestro no para los pies, nunca se les ocurre pensar que el problema puede estar en el comportamiento del toro. Son las dos caras de una misma moneda, por muy contradictorio que parezca. Que lo es.

En mi opinión, sin estar bien (con los miuras es difícil estar bien), Ferrera estuvo por encima de sus toros pero como digo, en mi opinión.

Y es, como me decía un miurólogo de reconocido prestigio, los miuras de la encerrona de Málaga tuvieron el peligro propio del encaste pero no transmitían emoción ninguna. No daban sensación de peligro. Entre otras cosas por su debilidad extrema. Tan extrema que hubo quien la achacó a enfermedad. Para mí, la enfermedad se llamó falta de casta. Una falta de casta preocupante y, eso pese a que los dos primeros toros demostraron una cierta nobleza. Pero era una nobleza pajuna y dócil, poco vibrante.

 

Una tarde frustrante

En resumen, una tarde de la que el público salió decepcionado por el comportamiento de los toros pero que, a la postre, brindó momentos interesantes en los tercios de varas y en los de banderillas.

Eso y la falta de adaptación del toro de Miura a los tiempos modernos es lo que, al final, quedará en nuestras memorias de esta corrida junto al dato, ya histórico, de la encerrona.

Conviene, pues, que nos hagamos a la idea y que, cuando vayamos a la plaza a ver corridas de este y similares encastes, no nos creemos falsas expectativas. No nos creemos falsas expectativas y no exijamos a los diestros faenas imposibles con este tipo de toros como le exigieron, ayer a Ferrera, algunos desorientados espectadores.

martes, 19 de agosto de 2014

Un cierto desencanto

Por Jose Morente

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Juan Belmonte en un natural a un toro de Saltillo en Barcelona, el día de San José de 1917. Eran, evidentemente, otros tiempos

 

El toreo anda dividido

Cada vez admiro más la capacidad de las figuras de tiempos pretéritos capaces de triunfar una tarde con murubes o ibarras y la siguientes con Pablo Romeros o Miuras.

Y es que cambiar el chip, de un día a otro, no resulta nada fácil pues pasar de las embestidas bravas y nobles de las ganaderías punteras a las reservonas del toro que sabe que se deja algo detrás es muy, pero que muy complicado.

Hoy el toreo anda dividido entre el toro y las corridas que torean las figuras y el toro y las corridas que torean los diestros especialistas en esas corridas duras. Entre medias, queda una especie de limbo taurino formado por los festejos que no entrarían ni en una ni en otra categoría. Una especie de purgatorio de toros y toreros que aspiran a la gloria y sueñan alcanzar las alturas del escalafón.

En esa especialización, que supone enfrentarse tarde tras otra a los galafates de Miura, Dolores Aguirre, José Escolar o Adolfo Martín, el toreo, el buen toreo se resiente y los diestros encasillados a la fuerza en esas corridas duras van, cada vez más, perdiendo el tino, la finura y la vista.

 

El Cid no acaba de encontrarse

Eso es lo que le ocurrió al Cid ayer en Málaga. Que le salió un toro noble y que no terminó de creérselo, tardó en enterarse y acabamos con la sensación agridulce entre el disfrute que supuso paladear unos excelentes naturales mezclada con un cierta desazón por el tiempo perdido. Por lo que pude ser y, finalmente, no fue.

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Algún natural del Cid nos hizo recordar al excelente torero que lleva dentro 

El realidad, no uno sino dos toros nobles le tocaron en suerte al sevillano pues el primero, aunque flojo, también lo fue.  Un toro con el que tampoco se entendió ni encontró el de Salteras.

Para colmo, y como es habitual en este torero, mató mal al cuarto, toro en el que consiguió que la plaza se le entregara. La estocada hizo guardia y la oreja se esfumó como por ensalmo. Y van…

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Cuarto toro. Una embestida descompuesta y un capote perdido que tapa la cara del toro y que, casualmente, tapa también la estocada que hace guardia. Una picardía del Alcalareño que no gustó ni un pelo al respetable.

El otro toro bueno

Otro toro bueno y además, de vibrante condición, fue el quinto que correspondía a Javier Castaño quien, sobre la mano derecha, construyó una faena de tono menor pero que, coronada por un contundente  estoconazo mereció el premio de la oreja.

Su cuadrilla, una vez más, estuvo cumbre. Esa manera de picar de Tito Sandoval o esos pares de Adalid o Fernando Sánchez saliendo al paso de la cara del toro, pusieron a la plaza en ebullición. La brega de Marcos Galán fue también notable. Todo muy emocionante y meritorio.

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Javier Castaño. Una estocada vale una oreja. En este caso, además, la estocada vino acompañada de dos primeros tercios de mucho interés.

 

El tedio, el lote malo y la actuación de Escribano.

Quitando al bonancible cuarto y al bravo quinto, el resto de la corrida no respondió a las expectativas que siempre genera en los aficionados un encierro de esta ganadería. En particular, los tres primeros decepcionaron profundamente y un halo de aburrimiento se enseñoreó de los tendidos.

Y sin embargo conviene recordar que el tedio más absoluto, el desencanto y el aburrimiento no eximen del peligro en el ruedo (Un aserto que tiene validez en las corridas toristas y en las otras).

Ayer hubo mucho peligro sordo en algunos toros. Ese que no se transmite al tendido y que resulta por ello, mucho más peligroso para el torero que debe afrontar unas embestidas inteligentes sin que su apuesta consiga respuesta de los espectadores que, desatentos a lo que pasaba en el ruedo, agotaron en los tres primeros toros el stock de pipas de toda la Feria (lo que se supone que, en estas tardes, no debería ocurrir bajo ningún concepto pero que ocurrió).

Escribano, con el peor lote (escrito queda), se justificó en unos tercios de banderillas donde la emoción y el riesgo primaron sobre la ejecución.

Un par al quiebro citando sentado en el estribo y donde estuvo a punto de ser cogido nos recordó, a la postre, que estábamos en una corrida de Victorino.

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Escribano se la jugó, sin cuentos, en los tercios de banderillas

lunes, 18 de agosto de 2014

Una grata impresión

Por Jose Morente

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Vieja estampa. El debutante Joaquín Galdós en el túnel de la Malagueta con su cuadrilla.

Málaga, 17 de agosto. Primer festejo de Feria

Decía hace unos días -en facebook- Paco Carmona, a raíz de una discusión de aficionados,  que cuando llegara la primera novillada de la feria de Málaga ya podría apreciar quien quisiese, a la vista del comportamiento y hechuras de los novillos, las condiciones que tiene el toro que hoy se lidia en las plazas.

Y es que, al margen de las exigencias normales de las figuras (similares a las que han tenido las figuras de todas las épocas) hoy día sale a las plazas un toro mucho mejor presentado, con más trapío y, sobre todo, con más fuelle que el que salía hace solo 30 años.

Y si el aserto vale para las corridas de toros, con más razón vale para las novilladas.

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Seriedad y pitones. El toro que se lidiaba en los 60 tenía mucho menos presencia que los novillos que salen hoy a las plazas de toros.

Otra cosa es el comportamiento, la mayor o menor bravura, y, en ese aspecto los de Fuente Rey dejaron mucho que desear, defraudando a los aficionados. Salvo primero y sexto, una mansada en toda regla. Y, unos más y otros menos, con las complicaciones inherentes al sentido y la falta de bravura.

O sea que los novillos, no nos gustaron nada. Al contrario, vaya como compensación, los novilleros nos causaron (los tres) una grata impresión.

 

Ginés Marín

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El buen toreo en redondo de Ginés Marín

Para empezar, destaquemos la actitud y aptitudes de Ginés Marín quien superó con solvencia las complicaciones (muchas) de los novillos de su lote (el peor).

El toreo actual desdeña los recursos de la vieja lidia para los toros complicados y, aunque se empeñen en lo contrario los viejos aficionados, la papeleta del toro manso se solventa hoy toreando en redondo pero exponiendo y arriesgando lo que ni se exponía ni se arriesgaba cuando se admitían las licencias y recursos que permitían, y aún aconsejaban, las viejas Tauromaquias.

Para eso, hace falta mucho valor y mucha cabeza. Y mucho valor, nota aguda del valor, e inteligencia es lo que puso, en el ruedo de la Malagueta, el torero de la Escuela de Badajoz.

Decir hoy día, Escuela de Badajoz, tiene tanta importancia y dice tanto, como hace un siglo, lo tenía decir que un torero era de la Escuela sevillana o de la rondeña o de la cordobesa. Así de importantes son los toreos que tiene hoy esa tierra.

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Desplante de Ginés Marín. Si al conocimiento y experiencia adquiridos en la Escuela, se une el valor y la tranquilidad, la mezcla es explosiva

Fernando Rey

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Así de bien, torea (y toreó ayer) al natural Fernando Rey

Pero si Badajoz se lleva, hoy por hoy, la palma, Málaga a la chita callando se va haciendo también escuela de tronío y es que las enseñanzas de Fernando Cámara no deben caer en balde.

Fernando Rey, solventísimo y sobrado en este escalafón novilleril, se encontró con un potable (perdón por la expresión) primer novillo y lo llevó, en redondo, con muletazos de largo trazo y emocionante recorrido. Con sobriedad suma, construyó una faena maciza y muy redonda que no coronó con la espada.

Hoy se premia la prontitud y no la buena ejecución y un estoconazo, al tercer intento, supone perder los trofeos por merecidos que fuesen. No parece justo.

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Además de su gran faena al primero y su disposición en el cuarto. Fernando Rey nos regaló un vibrante y emocionante quite al sexto. ¡Tila, tila! que decían los antiguos.

Joaquín Galdós

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Galdós toreó muy bien pero mató aún mejor. Es un cañón con la espada

De otro novillero, hubiéramos dicho que nos sorprendió su debut por la seguridad, aplomo y firmeza que derrochó pero de Joaquín Galdós no podemos decirlo, sencillamente porque eso era lo que de él esperábamos.

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Que los novilleros de ahora vienen más “estudiados” que los de antes, es evidente. Pero que vienen con los mismo arrestos y ganas que los de antes, no lo es tanto. Sin embargo, eso es lo que hay. Galdós, recibió  de rodillas en los medios con la muleta al sexto de la tarde así de bien. Estampa de novillero antiguo. 

Lo que si nos sorprendió fue su capacidad, para tal y como iba la larde, arrancar una oreja al segundo de su lote (que era un “tío”) por una faena de calidad e inteligencia adobada también con derroche de valor.

Lo mató de un soberbio estoconazo. El premio merecido nos supo a poco quizás porque el mérito esta vez estuvo todo de parte del torero.

La Presidencia no lo entendió así. Es una lástima porque el esfuerzo y la firmeza del debutante (y su torería) debieron obtener la recompensa que supone salir a hombros por la Puerta Grande de una plaza de primera. 

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Joaquín Galdós triunfó en su debut. Causó (igual que sus compañeros) una gratísima impresión.

 

Fotografías: Eduardo Nieto (SUR Digital)