miércoles, 30 de julio de 2014

A toro pasado. En torno al toro y la plaza de Pamplona

Por Juan Antonio Polo

Cartel de la Feria de Pamplona. Donde anuncian los toros pero no a los toreros. Curiosamente, de esto nadie ha protestado.

En un serial como el de Pamplona, denominado Feria del Toro, en el que el toro es base de los carteles y asume el papel protagonista, resulta interesante fijar la atención sobre algunos aspectos, frecuentemente desconocidos, y sobre otros que a menudo pasan desapercibidos y que son de capital importancia en orden al éxito de la feria.

En lo que atañe al presente año debe destacarse el hecho, tan simple como infrecuente, de que, en un ciclo compuesto ―al margen del festejo de rejones― por ocho corridas de toros y una novillada picada (los utreros de El Parralejo y las corridas de Torrestrella, Dolores Aguirre, Victoriano del Río, Garcigrande, Jandilla, Fuenteymbro, Adolfo Martín y Miura), los nueve festejos se hayan lidiado íntegros, hecho del que pueden extraerse y destacarse varias conclusiones.

 

Una empresa previsora

Torrestrella campo

Toros de Torrestrella en el campo y en los corrales de Pamplona

De una parte, la previsión de la empresa ―la madrugadora Casa de Misericordia, conocida como la Meca―, que acostumbra a anunciar las ganaderías con seis meses de antelación, así como el acierto con que la propia Meca, sus veedores y los ganaderos escogen y reseñan los toros de la feria, de forma que todas las corridas superen, no sólo los requisitos requeridos por las plazas de primera categoría, sino que asimismo cumplan con las superiores exigencias de peso y trapío propias de la feria del toro y la plaza de Pamplona, donde no suele plantearse el problema ―tan habitual en otros cosos― de que tras los reconocimientos sea necesario traer más toros para completar una corrida. Además, que yo sepa, nunca se dio el caso de que una corrida tuviera que remendarse con reses de otra vacada.

El mérito es doble, ya que las citadas exigencias no se constriñen al peso y volumen de las reses, sino que prestan una muy especial atención al tamaño de sus defensas.

De ahí que ante las impresionantes arboladuras exhibidas por la mayor parte de los toros lidiados este año ―desproporcionadas en ocasiones con el tamaño de los toros―, me haga la consideración de hasta qué punto es lógica la postura que, en su búsqueda de “lo mejor” y de “lo más bonito”, adoptan frente al concepto “trapío” las empresas, autoridades, crítica y público de Pamplona… y de las llamadas plazas toristas. ¿Acaso no tenemos la visión deformada por lo que estamos viendo a diario? ¿No se tildan de chicas y anovilladas reses cuya presencia hubiera despertado admiración hace 40 ó 50 años?

 

La necesaria armonía del toro de lidia

Y si el hombre más bello o perfecto no es el que mide más de dos metros, supera los 100 kilos y luce la disparatada musculatura de los culturistas ―ni la mujer más bella y atractiva es la dotada de unas enormes y desproporcionadas glándulas mamarias―, ¿por qué en ciertas plazas, a la hora de dictaminar el trapío de una res, se atiende fundamentalmente al peso, a la alzada y a la longitud ―que no la conformación― de sus astas sin tener en cuenta la capital importancia del concepto “armonía”?

Viene esto a cuenta de las disparatadas cornamentas que lució la corrida de Adolfo Martín ―la más chica de la feria, por cierto― y de las declaraciones del propio ganadero, que horas antes del festejo se ufanaba de la presentación de sus reses. Nos preguntábamos entonces ¿por qué un toro gacho, bizco o brocho se presume que es feo y no puede ser corrido en una plaza de primera y, por el contrario, no se oponen reparos a que se lidien toros playeros, veletos y cornipasos hasta la exageración?

Entiendo que toros de esas características tan poco armónicas deberían lidiarse en plazas de tercera o, en todo caso, en novilladas ―anunciados como defectuosos―, al amparo de lo dispuesto en el Art. 48 del Reglamento Nacional.

Desproporcionadas defensas de los toros de Adolfo Martín

 

La incidencia del encierro

Siguiendo con Pamplona y al margen del dato relativo a que en los festejos de referencia tan sólo se devolvió un toro ―un Victoriano del Río, que se rompió una pata― y fue sustituído por otro del mismo hierro, es obligada la referencia a los encierros, esa desenfrenada carrera por los empedrados de las calles pamplonesas que protagonizan los toros la mañana de la corrida entre un griterío ensordecedor, arropados por los cabestros y rodeados de un sinnúmero de corredores. Aunque parezca imposible que los toros no se lesionen, partan o astillen sus cuernos o adquieran resabios en orden a su lidia, lo cierto es que ocurre… todo lo contrario.

Y es que quienes lo han estudiado afirman que, gracias a la tensión y parafernalia reinante en los encierros, los toros, acostumbrados a vivir en el silencio y la paz del campo y muy afectados por el stress que les acarrea el apartado, encajonamiento, viaje en camión y desembarco final en unos corrales desconocidos, experimentan durante la carrera unas descargas de adrenalina que tienen la virtud de levantarlos del estado de postración en que les había sumido el stress. En mi memoria una corrida de Osborne, cuyos toros se cayeron repetidas veces durante el encierro y entraron en los corrales poco menos que a gatas: recuerdo, unas horas después, la consternación que durante el sorteo mostraban los rostros del ganadero y el mayoral. Pues bien, ¡por la tarde no se cayó ni un toro!

La carrera del encierro suele ser beneficiosa para los toros. En la imagen la miurada de este año en las calles de Pamplona

 

Una continua escandalera pero una fiesta sin parangón

Finalmente, sabida la continua escandalera que reina en los tendidos de sol ―que no prestan la más mínima atención a cuanto ocurre en el ruedo― y la pasividad de los tendidos de sombra ―que abjuran de su función de contrapunto del sol y se limitan a actuar como meros convidados de piedra―, cabría preguntarse si los aficionados de otras latitudes pueden comprender y gustar de una corrida de toros en Pamplona.

El público de Sol de Pamplona

Y mi respuesta es afirmativa, siempre que se trate de aficionados de mente abierta, capaces de abstraerse del jolgorio general ―o de participar en el mismo cuando proceda― y de disfrutar sin morbo de la presencia de esos toros importantes tan difíciles de ver por otras plazas; de aficionados capaces de degustar una lidia inteligente, una faena poderosa o la habilidad de un torero para domeñar un toro de respeto; de aficionados que sean capaces de emocionarse ante un gesto de valor, aunque esté ayuno de arte, o de extasiarse ante la magia de unos lances, aunque los espectadores de su alrededor ni se enteren; de aficionados capaces de apreciar el esfuerzo de los toreros al aguantar las descompuestas embestidas de las reses o al dejar rozar sus cuerpos por las cuernas más astifinas; de aficionados ―o, en suma, de personas― amantes de la fiesta y capaces de apreciar la camaradería reinante, la amistad, la simpatía, el buen humor y el talante de una ciudad, unas gentes y unas fiestas que no tienen parangón.

De ahí que sean muchos ―y de todas las partes del mundo― los centenares de aficionados solventes que año tras año renuevan su abono y acuden a los sanfermines. Saben que en el coso de Pamplona no van a encontrar la seriedad que caracteriza al de las Ventas, ni el respeto y los silencios de la Maestranza. Pero ahí están.

Y es que, afortunadamente, los Sanfermines no tienen nada que ver con esas tópicas, absurdas y desagradables escenas que año tras año nos sirven los telediarios, protagonizadas por elementos foráneos que acuden a Pamplona los fines de semana sanfermineros con la distorsionada idea de que el único objetivo es emborracharse.

Pamplona, sus gentes, sus sanfermines y sus corridas de toros… son mucho más.

¡Viva San Fermín!

 

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¡San Fermín!

sábado, 26 de julio de 2014

Así no se puede torear

Por Paco Carmona y Jose Morente

 

1915-09-00 Moron Cogida de Belmonte el primer día - copia

Morón de la Frontera. Septiembre del 15. Una cogida de Juan Belmonte

El caso de Juan Belmonte

Contaba Gregorio Corrochano, que, la llegada de Belmonte al toreo fue causa de tal confusión y desconcierto que de él se llegó a decir que “así no se podía torear”.

La cuestión es que los aficionados se encontraron ante un torero al que cogían mucho los toros y recordaban el caso de Maoliyo el Espartero y su dramático fin y pensaban que, con Juan Belmonte, se iba a repetir la tragedia.

Belmonte rodó mucho por los morrillos de unos toros que, por suerte para él, pocas veces le calaron. Al cabo de un cierto tiempo, los toros empezaron a respetar su toreo y él a respetar a los toros. Y lo que había sido revolución y heterodoxia, acabó convertido en norma y canon.

Belmonte se retiró cuando quiso y como quiso. Y, además, rico. Al final de su vida (Belmonte en Capua), nada había ya que recordara al torerillo anarquista que empezó toreando por las noches en los cercados de Tablada a la luz de un farol de carburo.

  Juan Belmonte Matador de Toros (Renacimiento) 001

Belmonte en Tablada por Andrés Martínez de León.

 

Saúl Jiménez Fortes

Cien años después de la aventura belmontista, un torero –Saúl Jiménez Fortes- provoca, entre los aficionados y los críticos sensaciones tan fuertes y encontradas como las que, en su día, provocó Belmonte. Y es que a Saúl, como a Belmonte, le cogen mucho los toros.

Cogida de Saúl Jiménez Fortes

Sin embargo, ya desde que Saúl fuera alumno de la Escuela Taurina de Málaga y como ocurre con todos aquellos chavales que tienen unas cualidades naturales para el toreo, no era difícil vaticinar (no hay que ser adivino) que sería alguien importante en esto del Toro.

De padre y madre toreros y acompañado, casi siempre por su hermana Verónica, una gran aficionada y su más  fiel admiradora, la capacidad torera de Saúl era patente desde sus inicios como novillero sin caballos.

Creemos que, desde esa época, Saúl tenía ya muy claro ese ideal que, a día de hoy, tanto le está costando: “Es un peaje demasiado alto”, le escuchamos decir –sobrecogidos- a su madre hace poco tiempo, en la puerta de una de esas enfermerías que tan bien conoce este torero.

 

Saúl en el hospital acompañado de su madre, la torero Mari Fortes, toda una señora con una humanidad y una clase exquisitas.

Lo peor de todo es que, esa primera inercia del aficionado, esa sugestión que envuelve la opinión que tenemos de los toreros cuando son novedad, se desvanece poco a poco, como la sangre que un día tras otro derrama el malagueño.

Algunos le ponen en duda y ya se le empieza a cuestionar pues los toros le cogen demasiadas veces –dicen-. Se le tilda de torpón, de brutote, de atropellar la razón, de que así no son las cosas, así no puede ser. En resumen, ese sempiterno y recurrente “así no se puede torear”.

Esa eterna cantinela (la que antes oyeron Frascuelo, El Espartero, Belmonte, Diego Puerta o Ignacio Sánchez Mejías) le toca escucharla a Saúl día a día.

 

Los ilustres predecesores

Bien se ve que quienes le critican no conocen la historia del toreo (La Historia del Toreo con mayúsculas), la historia de Juan Belmonte, de quien decían lo mismo que dicen de Saúl, o la historia de Frascuelo quien, en cada estocada, perdía los agremanes de la manga de la chaquetilla o la más reciente historia de Diego Puerta quien, hasta en los Festivales ya retirado, salía toreando de rodillas con la muleta o la historia de Ignacio Sánchez Mejías… ¡Ignacio!

Y es que la historia del toreo (La Historia del Toreo con mayúsculas) está jalonada por los lances y avatares, heroicos a veces y dramáticos otras, de esos diestros valientes que van poniendo el necesario contrapunto a las tardes de sueño y gloria de los artistas o a los alardes de conocimiento del que hacen gala aquellos diestros que se ajustan la montera con páginas de las más viejas tauromaquias.

Son, sin embrago,  los toreros de la cuerda de Saúl, los del valor seco y la verdad desnuda, los que nos ponen el nudo en la garganta y justifican, por su mera existencia, hasta la propia existencia de esta Fiesta secular.

 

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Saúl se desplanta ante un toro de Bilbao en agosto de 2012

 

El futuro de Saúl

Suponemos que serán nuestras ganas o nuestro deseo de que, alguien que ha entendido la profesión desde sus inicios de esa exigente manera, se vea recompensado de alguna forma, las que determinan nuestra opinión sobre este torero.

Es cierto que se relaja a veces y que, a veces, no hay estructura en sus faenas. Es cierto que, en ocasiones, se embarulla, que idealiza el toreo y que, al final, se pierde en la búsqueda de la faena soñada, de un toreo imposible, de un muletazo perfecto... y eso ¿es malo? nos preguntamos.

2012-08-23 Bilbao Saul

La búsqueda del muletazo perfecto

Todo lo contrario. Que un chaval con veintipocos años le haga al toro aquello que sueña, sin una traición, sin optar por otros caminos más sencillos, sin apoyarse en unos recursos técnicos (nada fáciles tampoco, no nos engañemos) que estamos seguro que conoce y que, por voluntad propia, no pone en práctica, nos resulta sorprendente y gratificante.

Su toreo se hace a base de grandiosos muletazos en series incompletas, soberbios lances en quites atropellados, circulares imposibles ligados a una voltereta tras otra..

En nuestra opinión, el sueño de un chaval que debió beberse y mucho a José Tomás, debería tener premio como recompensa no solo a él sino a una manera auténtica de entender el toreo y la vida.

 

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Una manera auténtica de entender el toreo y la vida

 

Tiempo al tiempo. 

Nuestra apuesta está clara: Saúl Jiménez Fortes tiene que llegar a ser figura del toreo, sí o sí. No tenemos ninguna duda.

Tarde o temprano, Fortes pondrá en orden todo aquello tan extraordinario que posee. Esa verdad desnuda, esa manera de entender el toreo, esa pureza, la entrega, su verdad, su gran clase sin mentiras ni tapujos, sin un mal gesto sin concederse la mínima ventaja (pues todas, todas se las da a los toros).

“Así no se puede torear” le dijeron a Belmonte. Y al final, todos los toreros, todos, tuvieron que torear así. Así como toreaba Belmonte.

“Así no se puede torear” dicen unos y otros de Saúl y, sin embargo, nosotros deseamos, de todo corazón, que su apuesta torera cuaje y triunfe porque esa fidelidad a una personalidad propia, tiene que tener recompensa. Y la va a tener.

De eso, estamos seguros. Queremos estarlo. 

 

Tiempo al tiempo, Saúl triunfará… Estamos seguros

viernes, 25 de julio de 2014

La Feria de Málaga calienta motores. El Pregón del COAAT

Por Jose Morente

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Miguel Abellán en el cartel

 

La llamativa Feria malagueña de este año tiene, entre otros muchos e interesantes actos- un prólogo de lujo en ese magnífico Pregón Taurino que organiza el Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos y que se celebrará (con permiso de las 4 autoridades competentes y si el tiempo no lo impide) el próximo 29 de julio a las 9 de la tarde.

Ya van 25 años seguidos que gracias al infatigable celo de Juan Manuel Pozo (aparejador, promotor, violinista, ganadero, aficionado, novillero en su juventud y, sobre todo y lo que es más importante, hombre bueno y amigo de sus amigos), se celebra este simpático acto al que, desde aquí, convocamos a todos los incorpóreos lectores de este blog.

Un acto al que la presencia de Miguel Abellán, el heroico torero madrileño que será presentado por Elena Salamanca, le da un lustre especial.

Allí estaremos.

 

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miércoles, 23 de julio de 2014

El cite (2ª parte) Álbum fotográfico

Por Jose Morente

El Cite Perea

Cite para el pase natural. Dibujo de Manuel Perea. 1855 (Biblioteca Nacional)

En la primera entrada de esta serie analizábamos la colocación del torero en el cite para el toreo de muleta. Una colocación que, a lo largo de la historia había ido pasando del cite de frente al cite de perfil.

Nada mejor que revisar este proceso abriendo las imaginarias páginas de este añejo álbum de fotografías.

Unas fotografías que, si se miran atentamente con los ojos de la ilusión y dejando volar nuestra imaginación, pueden incluso, llegar a cobrar vida (Algo que está garantizado para aficionados soñadores).

 

1. El cite clásico. Rafael Molina Lagartijo

 

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El cite clásico. Lagartijo cita totalmente de frente, con el compás cerrado o sea, a pies juntos, con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y, como diría Sassone, con el corazón en el centro.

Es el cite más gallardo y corresponde a un muletazo de muy corto trazo donde lo importante es controlar su inicio que es, también casi su final.

Y es que, en esta época, los muletazos, de escaso número, se dan sueltos y aislados. El embroque es fugaz y el torero todavía no controla adecuadamente el manejo de la tela que no pasa de ser un trapo rojo que ondea al viento. Eso durante el muletazo, cuando todo cobra un aire de barullo y desorden aunque antes, en el cite, como vemos en esa vieja fotografía, hay un momento en el que el tiempo se ha parado.

 

2. El cite clásico. Antonio Fuentes

El Cite Antonio Fuentes 2

El torero, en este caso un elegante Antonio Fuentes, empieza ya, en esta época, a querer torear, no sólo a hacer pasara al toro. Por eso aunque da el pecho, comienza a abrir el compás y a retrasar la pierna de salida (una pierna tapada por una muleta cuyo tamaño no tiene ya nada que envidiar a las muletas actuales) para ganar profundidad y longitud en el muletazo. Muletazo que, no obstante, seguirá siendo todavía corto y sesgado.

 

3. El cite de tres cuartos. Juan Belmonte

 El Cite Belmonte 2

El cite de Juan Belmonte, va a mantener las características que señalábamos en el cite de Antonio Fuentes: Ofrecer el medio pecho y colocar retrasada la pierna de salida (aunque avanzará luego hacia el lado que no hacia delante).

Además de la estética (mientras Fuentes está erguido y natural, Juan se presenta encorvado y crispado) existen diferencias sustanciales. En concreto, las que se refieren a la situación o posición del cuerpo del torero en relación al toro.

En efecto, Belmonte cita mucho más cruzado y mucho más cerca del burel. Aunque parezca increíble (y el personal tardó mucho en creérselo) en esa posición los toros cogían menos. En realidad, cogían lo mismo pero al arrancar en curva y desde más cerca, lo hacían con menos velocidad. Belmonte rodó mucho por los morrillos de los toros pero, al cruzarse tanto y tan de cerca, le calaron pocas veces.

Al lograr que el toro se arrancara cambiando su dirección y más despacio se conseguía, si no alargar la embestida, si templarla. Y es que, ahí en esa colocación del torero, nace el temple.

 

4. El cite de perfil. Manolete

 El Cite Manolete

Manolete da una vuelta de rosca al toreo, al colocarse de perfil y al hilo pero muy cerca. Tanto como hiciera falta para que el toro se arrancase (y hacia falta acercarse muchísimo pues las faenas son cada vez más largas).

Al no cruzarse y citar al hilo, renuncia a las ventajas de irse al pitón contrario. La  arrancada del toro se produce en su trayectoria natural, en línea recta y, por tanto, con mayor violencia y velocidad.

Como, además, la muleta no está adelantada tapando al torero sino a su altura, al estilo clásico, el embroque es, quizás por eso, el más emocionante pues el público tiene la sensación de que el torero ofrece al toro la posibilidad de elegir entre su muleta o su pierna.

Finalmente, al estar de perfil, el torero puede controlar mejor el final del muletazo, su remate, y alargarlo lo que sea necesario (un detalle que curiosamente sorprendió mucho a la crítica de entonces), lo que, de rebote, le permitirá ligar, hilvanar o engarzar ese pase con el siguiente.

Ya no hay pases sueltos, sino muletazos que forman parte de un todo, de una sinfonía. Ha nacido el toreo en redondo.

 

(continuará…)

domingo, 20 de julio de 2014

El cite (1ª parte) ¿De frente o de perfil?

Por Jose Morente

 

Excelente natural de frente, de Yiyo en Bilbao (Imagen obtenida en una página de Facebook dedicada al torero)

 

El toreo de frente y la verdad del toreo

De forma harto frecuente, los aficionados suelen identificar el toreo de frente con el toreo puro y de verdad y el toreo de perfil con un toreo más ventajista y mentiroso.

Por un prurito de precisión (y para evitar que se malinterpreten los términos que usamos, como nos ocurría ayer en facebook), conviene señalar que llamo toreo de frente, al que se hace citando al toro de frente o sea, con las puntas de las zapatillas mirando a las pezuñas del toro (Siguiendo esa gráfica descripción que tanto le gusta repetir al torero Emilio Muñoz en sus retransmisiones de Canal+).

Un magnífico ejemplo de este modo de toreo lo proporciona el derechazo del Yiyo en Bilbao con el que abrimos esta entrada. Un muletazo excepcional por su planteamiento y por la postura y la apostura del llorado torero madrileño.

Otro ejemplo, también magnífico, lo proporcionan esos muletazos citando de frente a pies juntos que recuperó, en los años 50, Manolo Vázquez y que se convirtieron en su sello propio. Una forma de torear a la que se conoce con el calificativo de “toreo de frente”.

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El toreo de frente, según Manolo Vázquez. Cite de frente y a pies juntos.

Que la forma de citar de Manolo Vázquez es la más clásica nadie debería dudarlo pues es la forma que preconizan las viejas tauromaquias. Que ese es un toreo de muchos quilates tampoco parece discutible.

Pero que sólo puede ser puro y verdadero el modo de citar de frente o, peor aún, que su opuesto, el cite perfilero, es impuro y falso, es un grave error de apreciación en el que incurrimos, a veces, los aficionados..

La escuela de Tauromaquia de sevilla 001

Clase en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla según una Lámina de La Lidia. Pedro Romero enseña a Cúchares a colocarse. Lo interesante para nosotros es la posición del genial Curro. De frente con el compás cerrado, las puntas de las zapatillas mirando a las pezuñas de la res, la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y el corazón en el centro, como cantara Felipe Sassone. Un cite clásico al que nunca le han faltado cantores.

El cite clásico

Según comenta Fernando Galindo, en su libro “El toreo, en teoría”, esos prejuicios de los aficionados contra el cite de perfil, provienen de la época antigua del toreo, cuando sólo el mero hecho de quedarse quieto ante el toro, era un atrevimiento y una hazaña.

Frascuelo (Laurent detalle)

En el toreo antiguo quedarse quieto era un atrevimiento y una osadía, incluso en el caso de los toreros más atrevidos y osados. como era el caso del valiente diestro Salvador Sánchez Frascuelo, a quien vemos pasando de muleta sin quietud alguna (Detalle de una fotografía de Laurent).

Citando de frente y dando el pecho, la impresión que recibe el espectador que está en el tendido es que el torero, en esa posición, no tiene escapatoria, no tiene opción de rectificar. Por eso, citando de frente cuando el toro arranca y pasa junto al torero, el muletazo tiene siempre una gran emoción… para el público.

Como solemos identificar el “huy” con la “verdad”, esos muletazos citando de frente, se consideran, por algunos aficionados, como el exponente máximo de la verdad y la pureza en el toreo.

 

Los tiempos cambian

Sin embargo, los tiempos cambian y la emoción del muletazo se ha desplazado desde el momento del cite hasta el momento del remate. O, como bien dice Fernando Galindo, a quien seguimos en estas reflexiones, en su libro “Ei toreo, en teoría”:

“Lo que ocurre hoy es que no es este [el del cite] el tramo del muletazo que más importa, no emociona ya tanto ver pasar al toro junto al torero como la profundidad del remate del muletazo. Digamos que el tramo que emociona, hoy se postergado

 

Manolete Citando al natural (blog)

Manolete trajo la posición de perfil en el cite, lo que, según la opinión de la crítica de la época, le permitió dar los muletazos más largos que se habían dado hasta entonces. Y, además, esa posición le permitía ligarlos en series de número cada vez más creciente. 

Como señala el antes torero y ahora también tratadista taurino, hoy el torero necesita algo más que quedarse quieto pues tiene que mandar en el toro desde el principio hasta el fin. El toreo puro de hoy exige un buen trazo y un buen remate. Y, sobre todo, añado yo, un remate que permita ligar adecuadamente cada muletazo con el siguiente.

Se ha sustituido la emoción del atragantón en el embroque, por la emoción que despierta el torero capaz de llevar toreado al toro en un muletazo lo más largo y lo más lento posible.

 

Luis Miguel Dominguin derechazo largo (Cuando suena el clarin) 001

Gracias al cite de perfil, se pudieron ver en las plazas muletazos como este muletazo largo, muy largo, y mandón, muy mandón, de Luis Miguel Dominguín. (Fotografía del libro de Corrochano “Cuando suena el clarín”).

Es un objetivo, ese de ligar muletazos largos y lentos, que toreando de frente se torna en tarea casi imposible. Por pura geometría.  

Lo vemos en un fragmento de video que corresponde a un momento mágico y emocionante. Corresponde a la tarde de la despedida de Manolo Vázquez en Sevilla, cuando el maestro de San Bernardo, al final de la faena a su segundo toro, regaló a la Maestranza varios muletazos característicos de su personal estilo: De frente y a pies juntos. No hay ligazón y el torero tiene que rectificar entre pase y pase pero la emoción del cite unida a la emoción del momento (histórico) es indescriptible.

 

 

Recapitulando y concluyendo

El aficionado considera más puro y, sobre todo, más verdadero, el cite de frente.que el de perfil.

Es un percepción, en mi opinión errónea, que se explica por la pervivencia de arcaicos conceptos correspondientes al toreo antiguo cuando el torero se situaba frente al toro y se limitaba a dejarlo pasar en un encuentro fugaz pero emocionante.

Sin merma de emoción, hoy los públicos dan más importancia a la longitud y profundidad del muletazo. Ya no se trata solo de que el toro pase en un embroque vibrante, sino de que el toro pase por donde y como quiera el torero, en un muletazo lo más largo y lento posible. Y, sobre todo, que se engarce o hilvane cada muletazo con el siguiente. Lo que se llama ligar los pases.

Ahí es donde radica la emoción del toreo moderno. Una emoción que no nace sólo de la bragueta (aunque hace falta tener mucha para ver pasar el toro por todo el frente del torero no sólo por su costado) sino también de la capacidad de los toreros. De su capacidad y de su conocimiento de las reses y de las suertes.

 

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Relatividad de conceptos: Al torero que se pone de frente, el toro le pasa por su costado…. (Fotografía del libro “El toreo” de Luis Bollaín).

 

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…. Mientras que al torero que se pone de costado, el toro le pasa por todo su frente (Manolete en Valencia en la feria de Julio de 1944. Fotografía de El Ruedo).

 

En el toreo moderno, por tanto y concluimos, la emoción y el interés del muletazo se ha desplazado desde el instante fugaz del cite hasta el momento eterno de su propio trazo. Hemos pasado del instante al movimiento. De la fotografía al celuloide.

 

El Cite Lagartijo

La emoción del toreo antiguo estaba en el pase suelto y, dentro de éste, el instante cumbre era el cite o sea, en el modo y momento de enfrentarse el hombre con el toro.

 

Yiyo derechazo a Burlero

La emoción del toreo moderno (De Manolete para acá) no se centra ya solo en el muletazo aislado sino en la sucesión de ellos pero, además, dentro del muletazo, el interés no se encuentra ya en el cite sino en la longitud y duración de cada uno de esos muletazos. O sea, en la capacidad del torero para llevar bien toreado al toro. Un logro irrenunciable y que explica esa sensación de obra incompleta o fallida que se tiene cuando el toreo en redondo no surge en plenitud (cuando falta la ligazón y los pases se dan sueltos, por ejemplo, o cuando los muletazos resultan cortos o no rematados), algo que puede ser debido tanto a las condiciones de las reses como a incapacidad o error de planteamiento del propio torero.

Empezamos con una imagen de Yiyo y cerramos la entrada con otra del mismo torero pero ahora con un aire más actual. En la fotografía, un excelente muletazo de Yiyo a Burlero, el toro que le mató.

(Continuará)

martes, 15 de julio de 2014

Los Miuras, tampoco

Por Juan Antonio Polo

Olivito de Miura se ensañó con un corredor australiano

 

Los Sanfermines se cerraron con la clásica e imprescindible corrida de Miura, ganadería siempre esperada en Pamplona por mor de su particular aureola, una leyenda que en la tarde de ayer aparecía incrementada por los desaguisados causados en el encierro matutino por Olivito, número 38, un precioso toro salinero, con casi 600 kilos sobre los lomos, que fue a la postre el que salvó el honor de la divisa, bastante malparado hasta entonces –Olivito se corrió en sexto lugar– por la blandura y el mal juego desarrollado por sus hermanos de camada.

Lamentablemente, Olivito cayó en las manos de Esaú Fernández, cuya bisoñez le impidió aprovechar las buenas condiciones del burel, pese a la buena voluntad que presidio la actuación del sevillano. Además, dio un mítin con la espada.

A destacar también la movilidad mostrada por el segundo, bien aprovechada por el veterano Luis Bolívar, que terminaría cortándole la oreja… gracias a la espeluznante voltereta sufrida al entrar a matar.

La corrida no tuvo más historia. Javier Castaño, que sigue en horas bajas, pasó un quinario para liquidar al toro que abrió plaza, pero tuvo la habilidad de cazar a la primera al peligroso cuarto, el más miura de los seis.

Finalmente cabe dejar constancia de la escasa raza, mal estilo y poquísima fuerza mostrada por la corrida, varios de cuyos toros se derrumbaron espectacularmente por la arena. Miura era la última baza de las llamadas corridas toristas y, a la postre, quedó tan mal como sus antecesoras, en un ciclo, la Feria del Toro, en la que por su presentación, casta y buen juego brillaron con luz propia varias de las habitualmente denostadas ganaderías comerciales.

lunes, 14 de julio de 2014

Postales taurinas (III) El par de Rafael

 

Rafael el Gallo Festival banderillas silla - copia

Rafael el Gallo, ya mayor, poniendo un par de banderillas al quiebro en silla

 

Lo contaba Pepe Luis Vázquez:

“A Rafael le vi también en el campo. Era inconmensurable, un artista genial.

Le he visto poner el mejor par de banderillas que he visto en mi vida. Fue en un festival que toreaba en Bilbao, organizado por el Club Taurino. Pidió una silla, se sentó en ella con un par de banderillas, citó.

Como el becerro no se le venía, anduvo dos pasos, se sentó nuevamente y volvió a citar, las piernas cruzadas. tenía más de sesenta años.

El becerro no se le vino pero estaba ya encampanado, y nosotros estábamos todos pendientes. Él, con su cabeza fenomenal, anduvo dos pasos más, puso la silla y ya no cruzó las piernas.

Llamó al becerro, que esta vez se le vino, se levantó, y nada más le enseñó la pierna, haciendo el quiebro, y el becerro se llevó la silla en la cabeza.

Armó un escándalo. Dio dos vueltas al ruedo, su capote lleno de puros que le tiraban. Eso fue el año 44 ó 45. Todo el que ha visto ese par se acordará de él toda su vida

      François Zumbiehl. El torero y su sombra. 1ª ed., Espasa-Calpe, Madrid, 1987. Págs. 64 y 66