miércoles, 23 de julio de 2014

El cite (2ª parte) Álbum fotográfico

Por Jose Morente

El Cite Perea

Cite para el pase natural. Dibujo de Manuel Perea. 1855 (Biblioteca Nacional)

En la primera entrada de esta serie analizábamos la colocación del torero en el cite para el toreo de muleta. Una colocación que, a lo largo de la historia había ido pasando del cite de frente al cite de perfil.

Nada mejor que revisar este proceso abriendo las imaginarias páginas de este añejo álbum de fotografías.

Unas fotografías que, si se miran atentamente con los ojos de la ilusión y dejando volar nuestra imaginación, pueden incluso, llegar a cobrar vida (Algo que está garantizado para aficionados soñadores).

 

1. El cite clásico. Rafael Molina Lagartijo

El Cite Lagartijo

El cite clásico. Lagartijo cita totalmente de frente, con el compás cerrado o sea, a pies juntos, con la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y, como diría Sassone, con el corazón en el centro.

Es el cite más gallardo y corresponde a un muletazo de muy corto trazo donde lo importante es controlar su inicio que es, también casi su final.

Y es que, en esta época, los muletazos, de escaso número, se dan sueltos y aislados. El embroque es fugaz y el torero todavía no controla adecuadamente el manejo de la tela que no pasa de ser un trapo rojo que ondea al viento. Eso durante el muletazo, cuando todo cobra un aire de barullo y desorden aunque antes, en el cite, como vemos en esa vieja fotografía, hay un momento en el que el tiempo se ha parado.

 

2. El cite clásico. Antonio Fuentes

El Cite Antonio Fuentes 2

El torero, en este caso un elegante Antonio Fuentes, empieza ya, en esta época, a querer torear, no sólo a hacer pasara al toro. Por eso aunque da el pecho, comienza a abrir el compás y a retrasar la pierna de salida (una pierna tapada por una muleta cuyo tamaño no tiene ya nada que envidiar a las muletas actuales) para ganar profundidad y longitud en el muletazo. Muletazo que, no obstante, seguirá siendo todavía corto y sesgado.

 

3. El cite de tres cuartos. Juan Belmonte

 El Cite Belmonte 2

El cite de Juan Belmonte, va a mantener las características que señalábamos en el cite de Antonio Fuentes: Ofrecer el medio pecho y colocar retrasada la pierna de salida (aunque avanzará luego hacia el lado que no hacia delante).

Además de la estética (mientras Fuentes está erguido y natural, Juan se presenta encorvado y crispado) existen diferencias sustanciales. En concreto, las que se refieren a la situación o posición del cuerpo del torero en relación al toro.

En efecto, Belmonte cita mucho más cruzado y mucho más cerca del burel. Aunque parezca increíble (y el personal tardó mucho en creérselo) en esa posición los toros cogían menos. En realidad, cogían lo mismo pero al arrancar en curva y desde más cerca, lo hacían con menos velocidad. Belmonte rodó mucho por los morrillos de los toros pero, al cruzarse tanto y tan de cerca, le calaron pocas veces.

Al lograr que el toro se arrancara cambiando su dirección y más despacio se conseguía, si no alargar la embestida, si templarla. Y es que, ahí en esa colocación del torero, nace el temple.

 

4. El cite de perfil. Manolete

 El Cite Manolete

Manolete da una vuelta de rosca al toreo, al colocarse de perfil y al hilo pero muy cerca. Tanto como hiciera falta para que el toro se arrancase (y hacia falta acercarse muchísimo pues las faenas son cada vez más largas).

Al no cruzarse y citar al hilo, renuncia a las ventajas de irse al pitón contrario. La  arrancada del toro se produce en su trayectoria natural, en línea recta y, por tanto, con mayor violencia y velocidad.

Como, además, la muleta no está adelantada tapando al torero sino a su altura, al estilo clásico, el embroque es, quizás por eso, el más emocionante pues el público tiene la sensación de que el torero ofrece al toro la posibilidad de elegir entre su muleta o su pierna.

Finalmente, al estar de perfil, el torero puede controlar mejor el final del muletazo, su remate, y alargarlo lo que sea necesario (un detalle que curiosamente sorprendió mucho a la crítica de entonces), lo que, de rebote, le permitirá ligar, hilvanar o engarzar ese pase con el siguiente.

Ya no hay pases sueltos, sino muletazos que forman parte de un todo, de una sinfonía. Ha nacido el toreo en redondo.

domingo, 20 de julio de 2014

El cite (1ª parte) ¿De frente o de perfil?

Por Jose Morente

 

Excelente natural de frente, de Yiyo en Bilbao (Imagen obtenida en una página de Facebook dedicada al torero)

 

El toreo de frente y la verdad del toreo

De forma harto frecuente, los aficionados suelen identificar el toreo de frente con el toreo puro y de verdad y el toreo de perfil con un toreo más ventajista y mentiroso.

Por un prurito de precisión (y para evitar que se malinterpreten los términos que usamos, como nos ocurría ayer en facebook), conviene señalar que llamo toreo de frente, al que se hace citando al toro de frente o sea, con las puntas de las zapatillas mirando a las pezuñas del toro (Siguiendo esa gráfica descripción que tanto le gusta repetir al torero Emilio Muñoz en sus retransmisiones de Canal+).

Un magnífico ejemplo de este modo de toreo lo proporciona el derechazo del Yiyo en Bilbao con el que abrimos esta entrada. Un muletazo excepcional por su planteamiento y por la postura y la apostura del llorado torero madrileño.

Otro ejemplo, también magnífico, lo proporcionan esos muletazos citando de frente a pies juntos que recuperó, en los años 50, Manolo Vázquez y que se convirtieron en su sello propio. Una forma de torear a la que se conoce con el calificativo de “toreo de frente”.

manolo_vazquez_de_frente[1]

El toreo de frente, según Manolo Vázquez. Cite de frente y a pies juntos.

Que la forma de citar de Manolo Vázquez es la más clásica nadie debería dudarlo pues es la forma que preconizan las viejas tauromaquias. Que ese es un toreo de muchos quilates tampoco parece discutible.

Pero que sólo puede ser puro y verdadero el modo de citar de frente o, peor aún, que su opuesto, el cite perfilero, es impuro y falso, es un grave error de apreciación en el que incurrimos, a veces, los aficionados..

La escuela de Tauromaquia de sevilla 001

Clase en la Escuela de Tauromaquia de Sevilla según una Lámina de La Lidia. Pedro Romero enseña a Cúchares a colocarse. Lo interesante para nosotros es la posición del genial Curro. De frente con el compás cerrado, las puntas de las zapatillas mirando a las pezuñas de la res, la muleta en la izquierda, la espada en la derecha y el corazón en el centro, como cantara Felipe Sassone. Un cite clásico al que nunca le han faltado cantores.

El cite clásico

Según comenta Fernando Galindo, en su libro “El toreo, en teoría”, esos prejuicios de los aficionados contra el cite de perfil, provienen de la época antigua del toreo, cuando sólo el mero hecho de quedarse quieto ante el toro, era un atrevimiento y una hazaña.

Frascuelo (Laurent detalle)

En el toreo antiguo quedarse quieto era un atrevimiento y una osadía, incluso en el caso de los toreros más atrevidos y osados. como era el caso del valiente diestro Salvador Sánchez Frascuelo, a quien vemos pasando de muleta sin quietud alguna (Detalle de una fotografía de Laurent).

Citando de frente y dando el pecho, la impresión que recibe el espectador que está en el tendido es que el torero, en esa posición, no tiene escapatoria, no tiene opción de rectificar. Por eso, citando de frente cuando el toro arranca y pasa junto al torero, el muletazo tiene siempre una gran emoción… para el público.

Como solemos identificar el “huy” con la “verdad”, esos muletazos citando de frente, se consideran, por algunos aficionados, como el exponente máximo de la verdad y la pureza en el toreo.

 

Los tiempos cambian

Sin embargo, los tiempos cambian y la emoción del muletazo se ha desplazado desde el momento del cite hasta el momento del remate. O, como bien dice Fernando Galindo, a quien seguimos en estas reflexiones, en su libro “Ei toreo, en teoría”:

“Lo que ocurre hoy es que no es este [el del cite] el tramo del muletazo que más importa, no emociona ya tanto ver pasar al toro junto al torero como la profundidad del remate del muletazo. Digamos que el tramo que emociona, hoy se postergado

 

Manolete Citando al natural (blog)

Manolete trajo la posición de perfil en el cite, lo que, según la opinión de la crítica de la época, le permitió dar los muletazos más largos que se habían dado hasta entonces. Y, además, esa posición le permitía ligarlos en series de número cada vez más creciente. 

Como señala el antes torero y ahora también tratadista taurino, hoy el torero necesita algo más que quedarse quieto pues tiene que mandar en el toro desde el principio hasta el fin. El toreo puro de hoy exige un buen trazo y un buen remate. Y, sobre todo, añado yo, un remate que permita ligar adecuadamente cada muletazo con el siguiente.

Se ha sustituido la emoción del atragantón en el embroque, por la emoción que despierta el torero capaz de llevar toreado al toro en un muletazo lo más largo y lo más lento posible.

 

Luis Miguel Dominguin derechazo largo (Cuando suena el clarin) 001

Gracias al cite de perfil, se pudieron ver en las plazas muletazos como este muletazo largo, muy largo, y mandón, muy mandón, de Luis Miguel Dominguín. (Fotografía del libro de Corrochano “Cuando suena el clarín”).

Es un objetivo, ese de ligar muletazos largos y lentos, que toreando de frente se torna en tarea casi imposible. Por pura geometría.  

Lo vemos en un fragmento de video que corresponde a un momento mágico y emocionante. Corresponde a la tarde de la despedida de Manolo Vázquez en Sevilla, cuando el maestro de San Bernardo, al final de la faena a su segundo toro, regaló a la Maestranza varios muletazos característicos de su personal estilo: De frente y a pies juntos. No hay ligazón y el torero tiene que rectificar entre pase y pase pero la emoción del cite unida a la emoción del momento (histórico) es indescriptible.

 

 

Recapitulando y concluyendo

El aficionado considera más puro y, sobre todo, más verdadero, el cite de frente.que el de perfil.

Es un percepción, en mi opinión errónea, que se explica por la pervivencia de arcaicos conceptos correspondientes al toreo antiguo cuando el torero se situaba frente al toro y se limitaba a dejarlo pasar en un encuentro fugaz pero emocionante.

Sin merma de emoción, hoy los públicos dan más importancia a la longitud y profundidad del muletazo. Ya no se trata solo de que el toro pase en un embroque vibrante, sino de que el toro pase por donde y como quiera el torero, en un muletazo lo más largo y lento posible. Y, sobre todo, que se engarce o hilvane cada muletazo con el siguiente. Lo que se llama ligar los pases.

Ahí es donde radica la emoción del toreo moderno. Una emoción que no nace sólo de la bragueta (aunque hace falta tener mucha para ver pasar el toro por todo el frente del torero no sólo por su costado) sino también de la capacidad de los toreros. De su capacidad y de su conocimiento de las reses y de las suertes.

 

natural de frente Litri 001

Relatividad de conceptos: Al torero que se pone de frente, el toro le pasa por su costado…. (Fotografía del libro “El toreo” de Luis Bollaín).

 

1944-07-25 (p. Ruedo) Valencia Manolete derechazo - copia

…. Mientras que al torero que se pone de costado, el toro le pasa por todo su frente (Manolete en Valencia en la feria de Julio de 1944. Fotografía de El Ruedo).

 

En el toreo moderno, por tanto y concluimos, la emoción y el interés del muletazo se ha desplazado desde el instante fugaz del cite hasta el momento eterno de su propio trazo. Hemos pasado del instante al movimiento. De la fotografía al celuloide.

 

El Cite Lagartijo

La emoción del toreo antiguo estaba en el pase suelto y, dentro de éste, el instante cumbre era el cite o sea, en el modo y momento de enfrentarse el hombre con el toro.

 

Yiyo derechazo a Burlero

La emoción del toreo moderno (De Manolete para acá) no se centra ya solo en el muletazo aislado sino en la sucesión de ellos pero, además, dentro del muletazo, el interés no se encuentra ya en el cite sino en la longitud y duración de cada uno de esos muletazos. O sea, en la capacidad del torero para llevar bien toreado al toro. Un logro irrenunciable y que explica esa sensación de obra incompleta o fallida que se tiene cuando el toreo en redondo no surge en plenitud (cuando falta la ligazón y los pases se dan sueltos, por ejemplo, o cuando los muletazos resultan cortos o no rematados), algo que puede ser debido tanto a las condiciones de las reses como a incapacidad o error de planteamiento del propio torero.

Empezamos con una imagen de Yiyo y cerramos la entrada con otra del mismo torero pero ahora con un aire más actual. En la fotografía, un excelente muletazo de Yiyo a Burlero, el toro que le mató.

(Continuará)

martes, 15 de julio de 2014

Los Miuras, tampoco

Por Juan Antonio Polo

Olivito de Miura se ensañó con un corredor australiano

 

Los Sanfermines se cerraron con la clásica e imprescindible corrida de Miura, ganadería siempre esperada en Pamplona por mor de su particular aureola, una leyenda que en la tarde de ayer aparecía incrementada por los desaguisados causados en el encierro matutino por Olivito, número 38, un precioso toro salinero, con casi 600 kilos sobre los lomos, que fue a la postre el que salvó el honor de la divisa, bastante malparado hasta entonces –Olivito se corrió en sexto lugar– por la blandura y el mal juego desarrollado por sus hermanos de camada.

Lamentablemente, Olivito cayó en las manos de Esaú Fernández, cuya bisoñez le impidió aprovechar las buenas condiciones del burel, pese a la buena voluntad que presidio la actuación del sevillano. Además, dio un mítin con la espada.

A destacar también la movilidad mostrada por el segundo, bien aprovechada por el veterano Luis Bolívar, que terminaría cortándole la oreja… gracias a la espeluznante voltereta sufrida al entrar a matar.

La corrida no tuvo más historia. Javier Castaño, que sigue en horas bajas, pasó un quinario para liquidar al toro que abrió plaza, pero tuvo la habilidad de cazar a la primera al peligroso cuarto, el más miura de los seis.

Finalmente cabe dejar constancia de la escasa raza, mal estilo y poquísima fuerza mostrada por la corrida, varios de cuyos toros se derrumbaron espectacularmente por la arena. Miura era la última baza de las llamadas corridas toristas y, a la postre, quedó tan mal como sus antecesoras, en un ciclo, la Feria del Toro, en la que por su presentación, casta y buen juego brillaron con luz propia varias de las habitualmente denostadas ganaderías comerciales.

lunes, 14 de julio de 2014

Postales taurinas (III) El par de Rafael

 

Rafael el Gallo Festival banderillas silla - copia

Rafael el Gallo, ya mayor, poniendo un par de banderillas al quiebro en silla

 

Lo contaba Pepe Luis Vázquez:

“A Rafael le vi también en el campo. Era inconmensurable, un artista genial.

Le he visto poner el mejor par de banderillas que he visto en mi vida. Fue en un festival que toreaba en Bilbao, organizado por el Club Taurino. Pidió una silla, se sentó en ella con un par de banderillas, citó.

Como el becerro no se le venía, anduvo dos pasos, se sentó nuevamente y volvió a citar, las piernas cruzadas. tenía más de sesenta años.

El becerro no se le vino pero estaba ya encampanado, y nosotros estábamos todos pendientes. Él, con su cabeza fenomenal, anduvo dos pasos más, puso la silla y ya no cruzó las piernas.

Llamó al becerro, que esta vez se le vino, se levantó, y nada más le enseñó la pierna, haciendo el quiebro, y el becerro se llevó la silla en la cabeza.

Armó un escándalo. Dio dos vueltas al ruedo, su capote lleno de puros que le tiraban. Eso fue el año 44 ó 45. Todo el que ha visto ese par se acordará de él toda su vida

      François Zumbiehl. El torero y su sombra. 1ª ed., Espasa-Calpe, Madrid, 1987. Págs. 64 y 66 

Adolfo Martín. Siniestro total

Por Juan Antonio Polo

 

Pase de pecho de Alberto Aguilar.

Alberto Aguilar intentando torear a uno de los infumables astados de Adolfo Martín lidiados ayer en Pamplona. Y hablando de las astas ¿no les recuerdan esos dos exagerados y abiertos pitones a la conformación de las cornamentas de los bueyes de las carretas del Rocío?

 

cabestrero de Concha y Sierra

Un buey de carga. Pardillo, cabestrero de Concha y Sierra sobre el buey que entrenó para cargar los avíos en los traslados de ganado. Como se observa la conformación de sus pitones es similar al toro de Adolfo Martín lidiado en Pamplona.

 

Pamplona. 13 de julio.

Cualquier parecido entre los seis bóvidos de Adolfo Martín corridos ayer en la plaza de Pamplona y lo que se entiende por toro bravo o toro de lidia es una mera coincidencia.

Podría decirse que la corrida estaba muy bien presentada. Pero tampoco es así. Y yo me pregunto: ¿Por qué un toro gacho o brocho se presume que es feo y no puede ser corrido en una plaza de primera y, por el contrario, no se ponen reparos a que –como ayer– se lidien toros veletos y cornipasos hasta la exageración? ¿No eran feos? ¡Feísimos!

El caso es que los añorados “adolfos”, además de feos, fueron mansos y descastados, corretearon por el ruedo de salida, se pararon, no humillaron, gazapearon, miraron al torero, tuvieron peligro –algunos ni eso– y aburrieron al personal. No tenían ni un pase. Podría decirse que todos los toros tienen su lidia. Y es verdad. Pero lo cierto es que la única lidia que tenían en este caso era el tratar de que juntaran las manos con unos pocos muletazos y estoquearlos con la mayor dignidad posible.

Eso sería lo correcto, pero lamentablemente los tres diestros de ayer, Urdiales, Escribano y Aguilar, no podían permitirse ese lujo. Los tres toreros de ayer sabían que los toros no tenían ni un pase… pero tenían que intentarlo. O hacer lo que cierto torero actual denomina el “paripé”, o sea, entretener –o mejor aburrir– al personal, haciendo tiempo con una serie de intentos o probaturas que les evite la bronca final.

Curiosamente, hay aficionados –los de siempre– que se quejan de que las figuras del toreo eludan los “adolfos” y similares. ¿Acaso creen que las figuras son tontas? ¿Y no saben que los propios Urdiales, Escribano y Aguilar dejarían de enfrentarse a estas reses si pudieran? Desearía, como cualquier aficionado razonable, que se acabe con esas tontas del bote que exigen las figuras, pero me niego a que sean sustituidas por toros de la línea de los lidiados hoy en la plaza de Pamplona. ¿Acaso no hay términos medios?

domingo, 13 de julio de 2014

Padilla en estado puro y el toreo puro de Pepe Moral

Por Juan Antonio Polo

 

Entradilla

Parafernalia pirata en la triunfal vuelta al ruedo de Padilla en Pamplona

La corrida de Fuenteymbro, de impecable –cuando no exagerada– presentación, adoleció de falta de fuerza y, en ocasiones, de casta, pero fue muy noble y, salvo el complicado segundo, se dejó torear y propició el triunfo de los dos primeros espadas.

Padilla siempre es Padilla y en Pamplona… mucho más. El caso es que Padilla desplegó frente a sus dos oponentes el catálogo completo de su particular tauromaquia, en especial con la capa y ¡como no! con las banderillas.

Su primer toro se paró muy pronto, por lo que Padilla tiró por la vía de los alardes facilones, desatando el entusiasmo de la multitud y cortando, tras un bajonazo, la primera oreja de la tarde. La faena del cuarto tuvo más entidad. Algunos de sus derechazos y naturales fueron irreprochables, pero el cotarro no se animó hasta que tornó a los desplantes y alardes de valor. Un espectacular estoconazo en segunda instancia enardeció a los espectadores, que lo aclamaron hasta el paroxismo mientras Padilla se recreaba en una lenta vuelta al ruedo con la segunda oreja en la mano entre el ondear de banderas piratas.

El contrapunto a la actuación de Padilla vino de la mano del debutante Pepe Moral, un torero con clase que si nada pudo hacer frente al complicado segundo, ante el blandengue quinto consiguió ligar un trasteo que según comentaban muchos espectadores al terminar el festejo puede ser el mejor de la feria. Fue una faena seria, sin alharacas, bien construida de principio a fin. Moral supo situarse frente al toro, medir las distancias, citar correctamente, correr la mano con limpieza y rematar atrás, dejando bien plantada la muleta para el siguiente pase. Un medido arrimón final y un limpio estoconazo dieron paso al corte de una oreja de auténtico peso. Y un consejo final: Moral debería despedir a su cuadrilla de a pié, Un desastre.

04

El medio arrimón que cerró la buena faena de Pepe Moral

En lo que respecta a Saúl Jiménez Fortes poco se puede decir. Sigue tan valiente como siempre, pero no progresa y mata muy mal. De su actuación apenas pueden destacarse los airosos muletazos con que inició la faena del sexto. Nada más.

 

PD:  Adjunto la foto que obtuvieron con su teléfono “tres locos médicos valencianos” (así se definieron ellos). Unos tipos muy simpáticos que fueron a ver a Padilla con sus banderas y que, orgullosos de su foto, me la pasaron por whatsapp. Corresponde a uno de los escasos momentos de lucimiento de tu paisano Jiménez Fortes, ayer en Pamplona

Pamplona 2014.07.12·Saúl

sábado, 12 de julio de 2014

El destoreo (III) El toreo puro de Rafael Ortega

Por Jose Morente

1956-05-13 Rafael Ortega estocada recibiendo

Rafael Ortega fue el “as de espadas” de su época. Sin embargo, algunos aficionados de entonces y no pocos de nuestros días lo consideran también el mejor exponente del toreo más ortodoxo y clásico. Del toreo puro

(Dibujo de Antonio Casero publicado en el Ruedo que plasma la estocada recibiendo que Ortega propinó a un toro de Barcial en Madrid, el 13 de mayo de 1956 y de cuya faena fue recogida por la cámara de Achúcarro)

 

No sólo Belmonte es un héroe literario 

Si ha habido un torero con buena percha literaria en el pasado ese ha sido Juan Belmonte.

Si ha habido un torero con buena percha literaria en los últimos años, después de retirado eso sí, ese ha sido Rafael Ortega.

Mientras Belmonte fue, en su época, un ídolo de masas. Rafael Ortega fue, en la suya, un torero de minorías, reconocido por muy pocos, aunque  buenos, aficionados.

Es hoy día cuando el diestro de la Isla ha alcanzado, en el recuerdo y la memoria de los aficionados, una valoración y un prestigio que no alcanzó estando en activo. Prestigio y valoración que, como en otros casos, tiene origen literario. En concreto, lo que de Ortega y sobre Ortega, escribió Ángel Fernández Mayo. Sin él, hoy Rafael Ortega no sería quien es en la memoria de los aficionados que no le conocieron..

 

El concepto del toreo puro

Ángel Fernández Mayo transcribió el concepto del toreo que tenía Rafael Ortega (¿O quizás su propio concepto?) en un librito publicado en 1986 por la Diputación Provincial de Valencia, titulado “El toreo puro”. Un libro de culto, cuyas tesis han sido ampliamente difundidas y aceptadas por un numeroso sector de la afición

Entre los muchos matices técnicos que allí se desgranan, hay algunos que han hecho escuela y mella entre los aficionados. Son los relativos a esa forma de torear que proponía el torero de San Fernando.

Decía Ortega:

“A mí siempre me ha gustado el toreo rondeño, el toreo puro (…)

Para mí es importante algo previo, citar, o sea echarle el trapo para adelante al toro (…)

El natural no es puro si no se carga la suerte. Yo lo he dado así siempre que he podido. Ahí está la pureza y el riesgo (…)

Al toro que viene humillado hay que llevarlo en el natural largo y metido en la panza de la muleta hasta el remate (…)

La última parte del pase ha de permitir que el toro te deje colocarte de nuevo sin modificar el terreno, pues lo más clásico y lo más puro es que , en la faena, cuanto menos andes mejor”

De esas tesis de Rafael Ortega, derivan muchos conceptos que manejan algunos aficionados actuales sobre lo que debe hacerse:

Coger al toro de largo, cargar la suerte, llevarlo con la panza de la muleta y no perder terreno en los remates.

 

Madrid 13 de mayo de 1956

Vamos a ver tres tandas de Rafael Ortega en Madrid, el 13 de mayo de 1956, a un toro de Barcial (Jesús Sánchez Cobaleda). Un toro al que le cortó la oreja con una faena muy similar, en cuanto a técnica, a todas las otras que, de este diestro, nos han llegado en película.

En la primera tanda (en “ochos”, o sea alternando los pitones) Rafael hace lo que preconiza en el libro de Ángel Fernández Mayo (como no podía ser de otra forma) pero, cuando se pone a torear en redondo…

Cuando se pone a torear en redondo, Rafael Ortega hace justo lo contrario de lo que preconiza en su libro.

En efecto, en esas dos tandas en redondo, Ortega.

Cita con la muleta retrasada en todos los pases, incluido el primero de la tanda

No carga la suerte sino que esconde la pierna de salida detrás de la otra.

Toca y lleva al toro con el pico de la muleta, no con la panza

Pierde pasos, cada vez que es necesario, entre pase y pase para corregir su posición.

Y es que, del dicho al hecho hay mucho trecho y al toreo de Rafael Ortega se le puede aplicar el reproche que el torero hacía en su libro a los otros toreros:

“La mayor parte de los toreros lo que hacen es descargar la suerte (…) en vez de echar para adelante la pierna contraria, lo que hacen es echar la otra para atrás; y eso no es cargar, es descargar.

Descargar o “destorear” es lo que hace, magníficamente por cierto, el maestro de San Fernando en el video que insertamos a continuación.

 

 
 
Conclusión

Nuestra memoria es frágil y volátil. Por ello, tenemos tendencia a fijar nuestros recuerdos en base a lo que nos han contado otros aficionados o a lo que hemos leído en libros, tratados y revistas. Es un proceso discutible pero lógico y natural. Y, como acabamos de comprobar, le sucede también a los propios toreros.

El problema es que terminamos por conceder más importancia a esos referentes orales o literarios que a lo que realmente ocurre en las plazas.

Las contradicciones del discurso de Rafael Ortega entre su dogmático concepto del toreo cuando habla y su magnífico concepto del toreo cuando torea, pueden justificarse con estas sensatas palabras de Luis Francisco Esplá:

“Estamos cargados de estereotipos creados por tauromaquias obsoletas. ¡Los cánones! Ninguno de los que forjó su tauromaquia lo hizo desde el toreo activo. ¡Todos toreros retirados! Y eso permite muchas licencias. Se idealizan las cosas; se les añade literatura; se quiere complicar y ya no hay manera de comparar lo que se dice con lo que se hace