domingo, 28 de mayo de 2017

Viaje a las fuentes del cante de Antonio Mairena (III) Las soleares de Joaquín el de la Paula

Por Manuel Martín Martín

Joaquín el de la Paula, en un dibujo de Capuletti

"Como ya he dicho, los gitanos andaluces, y entre ellos muchos trianeros, se instalaban en Mairena, y en los pueblos próximos, atraídos por la feria mairenera, y luego se quedaban viviendo muchos de ellos en Mairena y en otros pueblos, como Alcalá, normalmente en las afueras de la población, al abrigo de los montes o en cuevas. De este modo, escapaban al control de las autoridades, cosa que sería más difícil en Triana"
MAIRENA, Antonio. " Las confesiones de Antonio Mairena" (1ª ed., Secretariado de Ediciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1976. Págs. 57-58)



INTERVENCIÓN IMPROVISADA DE MANUEL MARTÍN MARTÍN
Mairena del Alcor. 13-05-2017

Cuando en 2006 publiqué ‘Alcalá de la soleá, un museo abierto’, he de confesar que tuve por confidentes a Antonio Mairena y a Hiniesta Fernández, la hija de Joaquín el de la Paula, con la que me unió una gran amistad y a la que durante más de un año estuve visitando en su casa de Lora del Río. De ellos recuperé todo el trabajo de campo (notas, entrevistas, etc.) que había hecho para biografiar a Joaquín el de la Paula y buena parte de ello se plasmó en el libro que hoy, de reeditarse, albergaría nuevos datos y nuevas sorpresas.

Del primero, Antonio, recuerdo una frase que, al hilo del anecdotario de Luis Soler que me ha precedido en el uso de la palabra, lanzo al aire: “La Venta Platilla es una encrucijada de caminos (Triana, Utrera, Alcalá) que tienen un punto de confluencia: la Feria de Mairena del Alcor”. A la que yo añadí: Y un lugar de destino, un alfa y omega llamado Antonio Mairena.

Lamentablemente, la Venta de Juan Platilla, cuando yo la conocí era una casa de meretrices, de prostitutas, una alerta de que fueron muchos los que entregaron sus vidas para conformar y preservar la identidad sonora de un pueblo. Y entre ellos, Joaquín el de la Paula, el rey de la soleá que murió en un trono de miseria y del que al tiempo presente el Ayuntamiento ya no le reconoce ni el mosaico del ‘Camino de Joaquín el de la Paula’, no sólo fuera de su emplazamiento en la actualidad, sino que después de las obras de rehabilitación del entorno, se encuentra, al parecer, desaparecido.

La rotulación del Camino de Joaquín el de la Paula con ese mosaico fue sugerida por Antonio MairenaManuel Rodríguez Granado, nuestro dilecto y querido amigo, por entonces teniente de alcalde de Alcalá de Guadaíra, y se inauguró en los previos al I Festival Joaquín el de la Paula el año 1967, siendo el costo de 448 pesetas.

En cualquier caso, apuntaba lo de la Feria de Mairena, que data de primeros del siglo XV y es, por tanto, la más antigua, donde se reunían los gitanos procedentes de esos tres enclaves flamencos, reuniones que nutrieron las vivencias que serían determinantes en las obras ulteriores de Mairena.

Pero sin apartarme del hilo conductor que me propongo, Antonio aprende los cantes de Joaquín en la Taberna Cachito, en la alcalareña calle de la Mina, a donde acompañaba al padre, que era su gran admirador, amigo y pariente, ya que, cuando en 1914, Joaquín enviudó de Caridad la Cholona, se juntó con Rosario, prima hermana de la madre de Antonio Mairena. Pero Joaquín, tan imaginativo, se buscaba la vida tanto en la pelada en los cortijos como en Mairena del Alcor, a la que visitó entre 1910 y 1930, bien como director de la comparsa que el mismo fundara o invitado a las fiestas por sus amigos Rafael Cruz, padre de Antonio, y José Monte.

Pero además, como digo, en la Feria de Mairena, donde cada año Joaquín ponía una caseta llamada El Descrédito, y de ayudantes tenía al Enriquillo, su hijo; su sobrino, Manolito el de María, además de El Sevillano y Luís Candela.

Además de feriante, Joaquín de la Paula era un carnavelero de pro. En la imagen, aparece con su murga alcalareña. Invito al lector a que intente descubrir quien entre estos simpáticos individuos es el emblemático cantaor Joaquín el de la Paula.
Tenemos que considerar, además, cómo el 23 de agosto 1924, Antonio acude como el Niño de Mairena al Concurso de Alcalá, celebrado en la Plaza del Duque, y con 14 años se alza con el primer premio, teniendo por competidores a El Sordillo de Triana, El Curilla, Eloy Curraga y Agustín Callejón, entre otros. Antonio vocalizaba entonces como Manuel Torre pero hacía los cantes de Joaquín, escuchados tantas veces en la Taberna de Cachito, en la calle de la Mina, a donde iba su padre.

Curiosa fotografía de Luís el Curilla en la época en la que hacía el servicio militar. El apodo del Curilla le viene -según nos enseña Manuel Martín- del oficio de su padre (curador de jamones) y no de ningún tipo de vocación eclesiástica (Fotografía obtenida del libro de Manuel Martín Martín "Alcalá de las soleá"
Andando el tiempo, es evidente que Antonio mostró su afecto a su maestro Joaquín en innumerables ocasiones, no sólo rescatando sus cantes y poniéndolos en valor, sino también con publicaciones como ‘En el centenario del nacimiento de Joaquín el de la Paula’, publicada en la revista Flamenco en julio 1975, un texto que fue el que leyó precisamente en el homenaje que le tributó ese año en la alcalareña Discoteca Zalima junto a su amigo y ya alcalde, Manuel Rodríguez Granado. Recuérdese, además, el papel que Antonio dio a su maestro Joaquín un año después en sus ‘Las confesiones de Antonio Mairena’, luego más tarde en los ‘Apuntes para la historia y Evolución del cante por soleá de Alcalá de Guadaíra’, artículo publicado en la revista Candil en 1982 y revisado más tarde, en 1984, en la monografía ‘Joaquín  el de la Paula. Gran artífice del cante por soleá de Alcalá’, y así hasta 2001 en que Antonio recibió los honores del XXIII Festival Joaquín el de la Paula.

Claro que lo más sustancial, lo que queda para la historia sonora del cante, es el legado de Joaquín, que se bifurca entre las letras por él elaboradas, como así difundieron tanto Vallejo como el Sevillano o el propio Antonio, y sus propios cantes, que en Antonio Mairena se centran en tres estilos y aunque se habla de un cuarto (‘Yo te tengo compará’), es muy probable que éste sea una recreación del propio Antonio.

En cualquier caso, sí quiero reseñar, por último, dos cuestiones. La primera es que fue Antonio Mairena el que le imprime solemnidad y excelencia al cante de Joaquín, como así me confesó su hija Hiniesta, que incluso me cantaba los cantes de su padre que, al compararlo con el desarrollo melódico que les imprimió Mairena, se ratificaba esa afirmación.

La segunda es que fue la propia Hiniesta la que en 1983 me despejó toda duda sobre el repertorio de Joaquín. “Su cante -decía- era la soleá, pero también cantaba las bulerías -se refería a las bulerías de escuche-, martinetes, saetas, seguiriyas,… pero bailaba mejor que cantaba”.

Finalmente, sólo dejar en el aire de Mairena del Alcor, un recuerdo: hace unos días dimos cristiana sepultura a un miembro de la Fundación Antonio Mairena, aficionado cabal y muy querido en la encrucijada de caminos de la Venta Platilla, me refiero a Antonio Torres. Vivirá siempre en nuestros corazones y para él nuestro reconocimiento.

Luis Soler y Manuel Martín Martín durante su charla, acompañados por Manuel Rodríguez Pallarés quien presentó el acto que se celebró en la Casa del Arte Antonio Mairena (Foto de Carmelo Camino).
Bibliografía recomendada

MARTÍN MARTÍN, Manuel. "Alcalá de la soleá-un museo abierto" (1ª ed., Sevilla, Ediciones Giralda, 2006)



Quien quiera adentrarse en el solvente mundo de las soleares de Alcalá (los llamados cantes de Alcalá) no tendrá más remedio que visitar ese museo abierto que es el libro de Manuel Martín Martín. "Alcalá de la Soleá. Manuel Martín estructura su obra, no por capítulos, sino en salas virtuales de ese peculiar museo singular y fantástico cuya acceso nos permitirá conocer y profundizar en el legado cantaor del municipio sevillano. 

Las influencias y las herencias, los territorios y los repertorios vinculados a los cantes alcalareños son desgranados de forma magistral por Manuel Martín quien adereza el libro con sabrosas anécdotas y precisos datos biográficos recogidos de primera mano entre los herederos de aquellos cantaores que hicieron grandes estos cantes, Una familiaridad no exenta del rigor y conocimiento que requiere un trabajo enciclopédico de este calado.

Un libro monumental, como ese Castillo de Alcalá que tanto y tan buen cante cobijó a su sombra, pero que se lee con la facilidad y amenidad con la que se leen todos los escritos de este gran escritor. Un verdadero placer, por tanto, el de este viaje -iniciático y museístico- a los cantes por soleares de Alcalá de los Panaderos que nos regala Manuel Martín Martín.


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Nota de LRI. El recorrido a las Fuentes del Cante de Antonio Mairena,del pasado sábado 13 de mayo, tuvo uno de sus momentos más culminantes en la Casa del Arte Antonio Mairena con la doble intervención de Luis Soler, quien habló de las seguiriyas del inolvidable Manuel Torre, y de Manuel Martín Martín quien nos transportó a esa cueva de Alcalá de los Panaderos donde vivió el mítico Joaquín el de la Paula.

Luis Soler y Manuel Martín, dos estudiosos del flamenco de la máxima categoría, nos regalaron un singular y sugestivo mano a mano que nos hizo vibrar y emocionarnos.

El broche de oro a sus interesantes y amenas palabras, lo pusieron otros dos flamencos de categoría, el cantaor Antonio Hermosín y el guitarrista Jose de Pura, quienes llenaron la sala con los aromas de la soleá más aromática, la de más sabor: las soleares de Alcalá de los Panaderos, de Alcalá de Guadaira, aquellas que se guardaban en la casa de Joaquín el de la Paula...



viernes, 26 de mayo de 2017

Cuaderno de notas (CXXII) Para buenos catadores

Torear en función del toro es -según José Carlos Arévalosacrificar o renunciar a la perfección del canon en busca de una verdad que está más allá de lo aparente. Es poner el fondo por encima de las formas (Foto Javier Arroyo-Aplausos)
A esa verdad, a esa hondura sacrificó el Juli el trazo de su toreo. Porque Julián toreaba hace años con suma perfección, con un estilismo innato que ahora le estorba, le parece banal y hasta un punto frívolo. 

No quiere que la perfección del canon perturbe la verdad de su toreo, extraer en cada muletazo, en cada pase, toda la bravura del toro.

El Juli es un torero para buenos catadores, no para aficionados cursis.

ARÉVALO, José Carlos. "El mayor espectáculo del mundo" en Cuadernos de Tauromaquia número 31 (Sevilla, Cuadernos de Tauromaquia, S.L., primavera de 2017, página 22)

Economía de movimientos en un muletazo del Juli. Esa variedad de registros tan diferentes, ese antiformalismo tan acusado, incluso en los momentos más formalistas, puede llegar a descolocar -y descoloca- al aficionado de cartilla y catecismo (Foto de Javier Arroyo-Aplausos)

jueves, 25 de mayo de 2017

Viaje a las fuentes del cante de Antonio Mairena (II) Los tangos de Faíco

Por Pepa Sánchez


Faíco (Detalle de la fotografía del bailaor trianero publicada en el libro "Las Confesiones de Antonio Mairena")
"Recuerdo la primera vez que salí cantando en presencia de otras personas. Fue en una fiesta gitana familiar. Hasta entonces ni mis padres me habían oído. Esto fue hacia el año 1920 y en una fiesta que se organizó con motivo de la estancia del bailaor Faíco en Mairena. Faíco, que era de Triana y se llamaba Francisco Mendoza, había estado en Rusia, donde le cogió la Primera Guerra Mundial, y creo que se tuvo que quedar allí hasta que acabó la contienda. Cuando volvió a España traía con él una gitana rusa, con la que se había casado. En sus buenos tiempos, Faíco fue uno de los grandes puntales del baile gitano.
MAIRENA, Antonio. " Las confesiones de Antonio Mairena (1ª ed., Secretariado de Ediciones de la Universidad de Sevilla, Sevilla, 1976. Pág. 51)

Como hija de un ilustre trianero y como amante del flamenco del arrabal sevillano, me ha tocado rememorar brevemente uno de los sustratos de los que nuestro homenajeado se nutre, a tempranisima edad, para cantar por tangos. Y en concreto, me corresponde traer al presente aquella fiesta gitana celebrada aquí, hacia 1920, en la que Antonio Mairena cantó por primera vez públicamente, sentado en las faldas de su madre, nada más y nada menos que al baile del gran Faíco. Se dice que lo entonces interpretó fueron unos tangos que Pastora Imperio popularizó en aquella época.

La pronta conexión del maestro mairenero con el universo flamenco trianero nos la desvelaba él mismo en sus memorias. Dejó escrito que su tía Pilar, que era buñolera, estaba casada con El Moreno, hermano de Faíco y de Baldomero, todos hijos de una gitana de Triana llamada Josefa Ríos y apodada La Guaracha.

Nos cuenta Rafael Pareja, que la madre de El Faíco era a su vez sobrina de un puntal en el cante trianero, el Tío Martín de Triana, y como buena trianera, fue especialista en seguiriyas, soleares y, por supuesto, en tangos.

Ese rumboso sobrenombre, La Guaracha, apunta con gran probabilidad –como bien pueden imaginar- hacia esa notable herencia negroide afroamericana que atesora desde antaño el trianero, y en especial, el gitano de Triana desde que El Muelle del arrabal se convierte en Puerto principal de Indias

Déjenme añadir, volviendo a la figura del gran Faíco, por si aún quedara algún resquicio de duda del legado “afroandaluz”, que -según las pesquisas de Ángel Vela- el insigne bailaor fue a su vez primo y compañero de escenarios de otro extraordinario bailaor gitano de Triana, llamado Manuel Ríos y apodado nada más y nada menos que Mojigongo

Antonio Mairena bebió y admiró esa herencia sandunguera de los gitanos trianeros; una herencia que fue materializándose poco a poco en contacto directo con la etnia de ascendencia africana presente en el arrabal y que culminó en el siglo XX con los que hoy se pueden englobar bajo el epígrafe de “Los Flamencos Trianeros de la Fiesta” o incluso mejor, “Los últimos de la Fiesta” como muy bien definió, en 1987, el espectáculo organizado por José Luis Ortiz Nuevo, en un intento de capturar el genio de la creación en acto. 

Antonio Mairena admiró a esos gitanos que sufrieron la diáspora de los años 60 del siglo pasado y fueron más tarde “rescatados” por la memoria flamenca. Les hablo de Juan El Tumba y su hijo, El Mani de Triana; de Manolito el de Aguasantas (padre de Curro Vélez); de Tragapanes; de El Bengala y su hija Amparo; de El Pati y su mujer Pastora La del Pati; de El Maera y su célebre esposa Esperanza la del Maera. Les hablo de Los Titis de Triana, rama gloriosa de los Cagancho (Titi el Viejo, el Titi de Triana y Carmen la del Titi), Los Filigrana de Triana (Pepa la Calzona y Manolo…), El Pioja, El Herejía, El Coco… entre tantos otros gitanos depositarios indirectos de aquellas danzas prohibidas que tanto solicitaban las señoras de las fiestas privadas de alta alcurnia. Ellos son los últimos de la cadena en la transmisión de una mezcla de ditirambos, danzas tribales, rituales de cortejo y apareamiento, sandunga y son.

Unos gitanos abiertamente receptivos a la negociación cultural y a la hibridación. Al gitano trianero no le gusta poner naftalina en los cajones para preservar intacto un tesoro que nadie disfruta. Lo saca a la calle para que lo oree la brisa que trae su Guadalquivir; una brisa cargada del aroma de otras tierras lejanas y exóticas.


Esta es, sin duda, una de las fuentes del cante de Antonio Mairena, y aunque no llegó a registrar mucha variedad de tangos trianeros, todos sabemos a ciencia cierta cuánto admiraba esta escuela flamenca. Tampoco llegó a registrar aquellos tangos que le cantara al gran Faíco. Hoy sólo contamos con una adaptación por bulerías en la voz del genial Camarón de la Isla, donde sentenciaba aquello de “Soy grande por ser gitano, yo no negaba mi ley por vida”.

Pepa Sánchez ilustrando a la concurrencia con su interesante disertación sobre los tangos trianeros, Faíco y Mairena (Fotografía de José Cenizo)
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Nota de LRI. El recorrido que, a las Fuentes del Cante de Antonio Mairena, hicimos el pasado sábado 13 de mayo, se inició (en lo que a estilos se refiere) con el recuerdo de los tangos trianeros que bailaba el genial Faíco a principios del pasado siglo. A él fue a quien el maestro de los Alcores cantó por primera vez en su vida en público.

En un corralón de vecinos cerca de la Alameda donde se celebraba el Festival anual de Mairena, Pepa Sánchez Garrido (hija del gran cantaor Naranjito de Triana) nos deleitó con el texto que acabamos de reproducir. Para remate de ese mágico momento, José el Pañero, cantó y bailó por tangos, con la guitarra de Rubén Lara, como solo saben cantar, bailar y tocar los flamencos puros y con personalidad.

Palabra y cante y baile y toque -en homenaje a Triana- que fueron arte puro y puro arte. 

Tangos de Triana. José el Pañero y Rubén Lara. Cante, baile y toque, flamenquísimos (Fotografía de Carmelo Camino Camino) 


Bibliografía recomendada

SÁNCHEZ GARRIDO, Pepa "Cantes y cantaores de Triana (1ª Ed, Sevilla, Bienal de Sevilla, 2004)

Para conocer en profundidad el acervo flamenco de tonás, seguiriyas y soleares, acumulado en ese genial y flamenquísimo barrio sevillano de Triana.  resulta imprescindible la lectura del libro de la propia Pepa Sánchez, "Cantes y Cantaores de Triana". Uno de los mejores textos que sobre repertorio de cantes he leído en mi vida de aficionado. No sólo se recopilan, en esta obra, todas las variantes estilísticas de los palos citados, destripadas y desmenuzadas, sino que estas se agrupan y ordenan con el mejor criterio posible. Un libro que, a fuer de ilustrativo es, por eso, sumamente didáctico y que permite tanto al aficionado como al meramente curioso, adentrarse con solvencia en esa frondosa selva de los cantes trianeros más jondos.




Un libro imprescindible en cualquier biblioteca flamenca

Addenda cantaora, bailaora y tocaora. 

Todo recorrido o acercamiento al cante carece de sentido sin el cante mismo. Por eso, lo mejor es finalizar este post con esos tangos trianeros que, ilustrados por Pepa Sánchez, nos regalaron, el pasado sábado 13 de mayo, José el Pañero y Rubén Lara. Para los tres nuestro infinito agradecimiento.


lunes, 22 de mayo de 2017

"Tercio de Quites". Una gran tertulia taurina y cordobesa

Por Antonio Luis Aguilera

En Córdoba, en la explanada de la Plaza de toros, antes de salir hacia la finca de Jacinto Ortega para asistir el pasado sábado a un tentadero de su ganadería. Una ganadería rara avis en el actual panorama ganadero pues tiene puro abolengo veragueño (el más puro según los estudios de la Unión sobre el ADN). En el grupo -buen grupo- nos acompaña también, otro amigo nuestro y de la Tertulia, el joven y gran aficionado mexicano Manolo David Castillo (Fotografía de José Luis Cuevas)

NOTA de LRI
: Confieso que esto de las asociaciones siempre me ha traído un poco al pairo y es que, a lo largo de mi vida, he preferido andar por libre antes que tener que marcar el paso al compás de un grupo cualquiera y es que, lo de las Asociaciones, Comités, Sindicatos, Partidos, etc. siempre me ha parecido más una forma de medrar o figurar que de involucrarse en causas que merezcan la pena.

Sin embargo, es evidente que no se puede aplicar el mismo rasero a todos estos grupos. Quizás por eso, últimamente uno ha acabado por implicarse con varios de ellos pero es que, como digo, no es lo mismo aprovechar y utilizar a los que nos rodean para defender intereses personales indefendibles o inconfesables. que luchar por fomentar o difundir la fiesta o, más sencillamente, reunirse  con los amigos para pasar un rato hablando de toros o de flamenco.

De este último tipo, el del grupo de amigos que se reúnen de vez en cuando sin más interés que hablar de su afición común (los toros en este caso), es un buen ejemplo la tertulia taurina cordobesa "Tercio de Quites", con la que compartimos el pasado sábado -en la casa ganadera de Rodolfo, Jacinto y Cristina- una jornada entrañable e inolvidable.

Decía el Selu: "Mis amigos van a hacer fiesta en la Peña/Mis amigos van a hacer una excursión/Mis amigos van a hacer arroz en el campo/Y van a hacer jornada de mus y dominó"... Pues eso


Tertulia "Tercio de Quites" (Córdoba)

Por Antonio Luis Aguilera

Treinta y dos años han pasado desde que unos aficionados decidieron agruparse para empaparse de los conocimientos y experiencias de quienes de verdad pueden enseñar con autoridad de la materia: los profesionales del toreo. Así nació “Tercio de Quites”, con la filosofía que retrata Alberto Cortéz en su canción “Qué suerte he tenido de nacer”, donde tras este verso dice: ...para callar cuando habla el que más sabe, aprender a escuchar, esa es la clave, si se tienen intenciones de saber. Así, propiciando un clima de respeto y admiración hacía los invitados, conscientes de que se trataban de unos privilegiados cuando alguien les acompañaba, semana tras semana con formato de año académico, han transcurrido más de tres décadas hablando del toreo y compartiendo experiencias únicas en torno del toro bravo.

Ganaderos, toreros, apoderados, empresarios, veterinarios, médicos, profesores de Universidad, mozos de espada, banderilleros, ponedores de torerillos incipìentes, críticos, aficionados... Por Tercio de Quites fueron pasando muchos que tenían cosas que decir sobre este mundo, para compartir experiencias, narrar biografías, desvelar sueños e inquietudes... Para dialogar y ofrecer otros puntos de vista que permiten conocer a fondo el toreo, descubrir perfiles en los que difícilmente pueden reparar los aficionados sin el testimonio de quienes dedicaron sus vidas a la Fiesta, cuyas palabras hilvanaron y tejieron reuniones únicas e inolvidables. 

Un gran matador de toros y miembro del grupo fue José María Martorell, el maestro que tras la tragedia de Linares fue capaz de abrirse paso hasta llegar a figura del toreo. Algo que se parecía imposible en aquella Córdoba hundida taurinamente cuando en 1949 recibió la alternativa. Contaba con enorme cariño el maestro que un atardecer, siendo adolescente, después de un tentadero celebrado en las Cuevas de Altázar, donde había dado unos pases en calidad de aficionado, Manolete, que había dirigido la tienta, lo reconoció al verlo sentado en la gradilla de la puerta de su casa, en San Cayetano, y le dijo dos palabras que jamás olvidaría: ¡Adiós, torero! Sólo el destino sabía la trascendencia de lo que Manuel Rodríguez estaba diciendo. ¿Imagináis –recordaba, José María- lo que significó para mí que ese monstruo me llamara torero

Fue tanto el cariño de Tercio de Quites por el maestro, que a su muerte la tertulia instauró el trofeo que lleva su nombre e imagen, obra magistral de los hermanos García Rueda, que colaboraron desinteresadamente en el proyecto. No es el único premio que otorga el grupo, pues anualmente regala un capote de brega al becerrista que destaca en los festejos de promoción celebrados en Los Califas o la provincia de Córdoba. 

Durante estos años varias han sido las sedes de la Tertulia, encontrándose actualmente en la taurina Taberna “San Cristóbal”, en el barrio de Ciudad Jardín, donde los lunes se sigue rindiendo culto al toreo.  

Interior de la Taberna San Cristóbal, donde tiene su sede, los lunes, la Tertulia "Tercio de Quites". La foto corresponde al día del mes de noviembre en el que recorrimos Córdoba de la mano de Antonio Luis Aguilera y Rafael Sánchez, evocando la memoria de Manolete (Foto José Luis Cuevas).
Nota LRI: A título de curiosidad insertamos a continuación, el listado (que también me facilita Antonio Luis Aguilera) de los premios anuales concedidos por la Tertulia en sus años de existencia (premio "José María Martorell") y también el listado de los becerristas, premiados con el capote de brega que la Tertulia regala cada año al más destacado del año en Córdoba y provincia.





No reproduzco la lista de invitados a la Tertulia porque alcanzan, en estos 32 años de existencia, la altísima cifra de 200. Por la Tertulia, han pasado representantes de todos los estamentos taurinos. Un plantel impresionante.


En la ganadería de Jacinto Ortega quien, junto a su mujer Cristina, acoge todos los años con mucho afecto a los miembros de la Tertulia (y este año también a nosotros), pudimos disfrutar de un tentadero inolvidable viendo torear -con la muleta planchá- al matador Juan Ortega. Un torero de gran y buen estilo (Fotografía de José Luís Cuevas)
Enlace al blog Puerta de los Califas de José Luis Cuevas con algunas imágenes más del tentadero.

jueves, 18 de mayo de 2017

La Fiesta necesita Presidentes con fundamento

Por Jose Morente

En el cuarto de la tarde el Fandi puso un tercer par doble pero aunque estuvo sensacional le negaron la oreja. Ya es la segunda vez (la primera fue Sevilla) en la que  desde un palco sin fundamento se niega al Fandi un trofeo más que merecido.(Fotografía agencia EFE)

Pareaba el Fandi a uno de sus toros. Por un extraño del burel o un error de cálculo del torero se quedó este con un palo en la mano. Era el tercer par. Haciendo uso de un derecho inveterado y tradicional solicitó del Palco permiso para colocar otro par. El Usía lo denegó.

Así lo cuenta Barquerito:
Era su única tarde en el abono de Madrid. De ella se llevará un recuerdo amargo: la manera humillante en que el palco le negó su derecho a prender al primero de la tarde un cuarto par para compensar el haberse quedado en la mano con uno de los palos del tercero. En el brindis preceptivo al presidente, El Fandi hizo una reverencia bufa. La vergüenza torera. De ella hizo alarde la tarde entera. 
Sin embargo, desde el punto de vista reglamentario, el Presidente tenía razón. El apartado 1 del artículo 76 del Reglamento vigente (el nacional) establece que:
Ordenado por el Presidente el cambio de tercio. se procederá a banderillear a la res colocándole no menos de dos ni mas de tres pares de bənderillas.
El artículo es más que discutible pues contradice la tradición taurina en la materia que permite a los espadas decidir cuando cambiar el tercio. En efecto, el reglamento de 1962 (mucho más racional y tradicional en este tema) no estipulaba el número de pares mínimos o máximos, los que quedaban a potestad del Presidente, salvo cuando el tercio lo protagonizaba el matador o matadores, en cuyo caso la suerte se daba por terminada cuando el espada de turno lo decidiera (art. 101 "in fine" del reglamento de 1962)

Pero una cosa son los reglamentos y otra la aplicación de los mismos. Y la realidad es que, la falta de sensibilidad y sentido común de muchos Presidentes a la hora de aplicar el Reglamento, resulta palpable y evidente. Sentarse en el Palco (o en el Tendido, tanto da) con una idea estereotipada sobre como se aplica un Reglamento o sobre las calidades o cualidades de toros y toreros es, además de un despropósito, una flagrante injusticia. Siempre se ha dicho que ir a la plaza con la faena hecha es de malos toreros. Ir a la plaza con esos prejuicios es -añadimos- de malos aficionados.

Puede que ese sea parte del problema. Que en los Palcos no siempre se sientan buenos aficionados. A veces, ni siquiera se sientan aficionados, ya sean buenos o malos.

En Madrid, hay un proyecto para hacer posible que los Presidentes de las corridas sean eso, aficionados pues hoy sólo pueden desempeñar esa función los funcionarios del cuerpo de policía.

No niego que puedan existir policías que unan, a su profesión, conocimiento de las cosas del toreo. Pero una cosa no tiene nada que ver con la otra. Ser funcionario de policía, como ser arquitecto, bombero o electricista, no garantiza que se tengan depurados conocimientos en materia taurino.

Presidir una corrida no es sólo un ejercicio de autoridad. Al contrario, pues la autoridad está para otras cosas, sino un ejercicio de conocimiento de la historia del toreo y de sus tradiciones, un ejercicio de sensibilidad y de responsabilidad.

Necesitamos Presidentes con rigor y seriedad pero que extremen el respeto a los toreros y a los públicos. A los primeros porque se juegan la vida y a los segundos porque son los que sostienen económicamente el espectáculo.

La Fiesta necesita Presidentes con fundamento.

El Presidente, Javier Cano Seijo negando al Fandi, con gesto hosco, la posibilidad de poner un cuarto par

miércoles, 17 de mayo de 2017

Los tópicos (I) Las vías del tren

Por Jose Morente




Dibujo de Portada del libro de Julio de Urrutia "Toreo paralelo" donde desarrolla y critica el toreo al hilo utilizando el tópico de las vías del tren. Hay tópicos taurinos que llevan demasiado tiempo circulando entre los aficionados lo que explica que estén tan arraigados y hayan acabado convertidos en dogmas de fe.
Uno de los tópicos, de los errores más frecuentes sobre el comportamiento del toro (y, que por tanto nos aleja de entender cabalmente el toreo) es el de suponer que el toro es un animal que va siempre por su carril y que, por tanto, el torero que se pone en ese supuesto camino (las vías del tren le llaman) y lo hace descarrilar es un valiente y un héroe mientras que el torero que se pone fuera de esas hipotéticas vías (fuera de cacho le dicen) es un ventajista y un cobarde.

Nada más lejos de la realidad pues, resulta que el toro no es un animal que, una vez puesto en suerte, embista ciegamente y con absoluta rectitud sino que, al contrario y por tratarse de un animal hipersensible al movimiento (responde al más leve toque), embiste y se desplaza en función de los movimientos del enemigo.

Los toreros aprovechan esa condición del animal, igual que los niños jugando al pilla-pilla o que el recortador que recorta al toro en la carrera y le marca  a este una dirección para tomar enseguida la contraria.

Es también, el mismo mecanismo que se utiliza en el quiebro, donde basta desplazar la pierna y el cuerpo hacia un lado para, recuperando al instante la posición, conseguir salir airoso de la suerte. El toro se desplaza hacia donde se le marca la salida y luego, por pura inercia, es incapaz de rectificar.

Adelantar la pierna de salida en los lances de capa y muleta (lo que algunos llaman cargar la suerte) es, en realidad, utilizar el mismo mecanismo que en el quiebro: señalar al toro un punto donde el torero no llegará. Solo que en este caso, el diestro no tiene que recuperar la posición inicial pues, al utilizar el engaño, el toro centra y ceba en el su acometida.

Como bien decía Manolete, ese ardid no deja de ser una ventaja que se toma el diestro. 

Una ventaja necesaria -añadiría yo- cuando se practica el toreo cambiado (cuando al toro se le cita por un lado y se le da salida por el otro) porque, en ese caso, se precisa acentuar el desplazamiento con ayuda de la pierna, pero es una ventaja excesiva cuando se torea al natural (cuando al toro se da salida en la muleta por el mismo lado por el que se cita) porque ahí el diestro puede y debe contar solo con sus brazos y no ayudarse con las piernas.

Meterse en las vías del tren (cruzarse al pitón contrario) no es más heroico que mantenerse al hilo, al rafe de los pitones. Al contrario, aunque resulta aconsejable en el toreo cambiado es, en realidad y pese a lo que pueda parecer, un ardid defensivo para ir señalando la salida al toro.

El mérito, lo heroico, es torear bien, ya sea adelantando la pierna de salida en el toreo cambiado o situándose al hilo en el toreo natural. 

Torear bien -se toree como se toree- es lo más complicado y lo más meritorio


Es un contrasentido que se califique de poco meritoria y poco arriesgada, la forma de torear de los toreros más valientes y arriesgados que en la historia del toreo han sido. En la imagen, Manolete toreando al natural con la derecha a un toro de Miura en Sevilla. ¿Fuera de cacho? ¡Vamos, anda!

martes, 16 de mayo de 2017

In memoriam. Joselito el Gallo (Una furtiva lágrima)

A los 97 años de la muerte el 16 de mayo de 1920, del mejor de los toreros, Joselito el Gallo, escuchamos en su memoria "una furtiva lágrima" de Enrico Caruso.