jueves, 11 de diciembre de 2014

Morante de la Puebla (II) Lo que me gusta de Morante

Por Paco Carmona

 

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Morante en Ronda 

De Morante se ha hablado mucho y muy bien. Sería una obscenidad hablar mal de quién conoce el toreo de arriba abajo, de quien es santo y seña para todo aquel que se precie de gustarle lo bueno.

Se habla de Morante como si fuera tal cosa, pero sobretodo se habla de aquello que a mí ni me va ni me viene.

Tengo que reconocer que de Morante, como se dice del cochino, me gustan hasta sus andares pero le encuentro un especial sabor a aquellas partes del mismo que no son tan valoradas o llamativas para la mayoría.

A decir verdad, me gusta de Morante, aún más, lo que no se ve, aquello que no entra por los ojos a primera vista, que aquello que estamos acostumbrados a paladear.

Me preocupa poco su atrezo, su accesorio, su puesta en escena, su coleta natural, su puro, sus sombreros, sus patillas, sus manías e incluso sus autobuses... y me interesa sobremanera su verdad, su capacidad, su técnica, su valor, su conocimiento, su historia, su evolución, su ambición, su talento, su genial adaptación y su increíble torería.

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De Morante me preocupa poco su atrezo, su accesorio, su puesta en escena, su coleta natural, su puro, sus sombreros, sus patillas, sus manías e incluso sus autobuses

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…De Morante me interesan sobremanera su verdad, su capacidad, su técnica, su valor, su conocimiento, su historia, su evolución, su ambición, su talento, su genial adaptación y su increíble torería.

En Morante conviven, y de la mejor manera, todos los clásicos antiguos y el artista más actual que pueda existir. Conversan el martinete y la balería, la seguiriya y la rumba.

Estudioso del toreo y virtuoso como nadie, ha sabido hacerle al toro todo aquello que soñaba siendo un niño, con todas las referencias del pasado pero de un modo muy presente.

Que a Morante lo parieron torero lo saben hasta los gallos de su finca, pero no por eso este torero ha dejado de castigarse ni rebuscarse.

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Que a Morante lo parieron torero lo saben hasta los gallos de su finca… y las piedras de su calle (En la foto –del archivo personal del torero- con su primo Juan Carlos)

Dicen que sarna con gusto no pica.

Morante ha adquirido un compromiso con la Historia del que no estoy seguro que los aficionados sepamos estar a la altura de lo ocurrido hasta ahora. Siempre tuvo referencias claras de la Escuela sevillana y un cierto sabor a marisma, supo combinar el oficio y la gracia, pero aquello se quedaba un poquito corto, un poco superficial.

Era un torero que sabía torear pero no hacía el cante, un torero de buenas maneras pero sin amar. Un artista de río cuando podía conquistar la mar.

Y mira si lo hizo...

 

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El artista de río que acabó conquistando el mar (Foto ABC)

(Continuará…)

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Postales taurinas (VIII) Dos miradas

Por Jose Morente

 

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Antonio Bienvenida acaricia la embestida del toro con la muleta en la mano derecha (Foto: Dinastía Bienvenida)

 

Es esta quizás una de las fotos de Don Antonio Bienvenida que más me ha fascinado desde siempre y eso que no es de sus fotos más conocidas o difundidas..

No será de las más conocidas pero me subyugan esas dos miradas tan fijas que no se ven pero que se intuyen: la del toro en la muleta y la del torero en los intuida mirada del toro. En su mirada que no en sus pitones.

Pero la foto enseña más, mucho más. Y es que la relajada postura del torero tiene de todo: Elegancia, concentración, displicencia, señorío, suavidad, templanza, enjundia, arte, naturalidad….

¿Para qué seguir? Basta con decir toreo y está dicho todo.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Morante (I) Mi infancia son recuerdos de un diestro de Sevilla

Por Paco Carmona

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Morante con el vestido que un año le trajeron los Reyes Magos(Esta foto pertenece al archivo personal del torero y fue publicada en el imprescindible libro “Por qué Morante” de Paco Aguado)

Conservo en mi mente intactos los olores a Sevilla, una niñez marcada por sus calles empedradas, sus parques, su luz y la otra orilla.

Aun recuerdo el perfecto devenir de sus gentes y entre medias a un torerillo que pasaba por allí.

La primera vez que vi a Morante cruzar el puente iba acompañado de Leonardo Muñoz, apoderado del "chaval" en sus inicios. Yo no sabía lo que era un torero, ni siquiera entendí porqué vestía de esa guisa un muchacho que tenía mi misma edad. Para ser sincero , hasta el día siguiente no supe de quién se trataba.

Volvíamos mi tío Manolín y yo de vender como todos los días. En la furgoneta, con más de cuarenta grados, se mezclaban toda clase de olores a fruta, verduras, salmuera y aliños, lo conservo como si fuese ayer.

Cruzamos La Alfalfa, La Alameda, La Macarena, el Centro, Triana y Los Remedios, y me llamó poderosamente la atención unos carteles grandes pegados por las calles con la foto en blanco y negro de un torero pegando una verónica inmensa a un novillo muy grande en una plaza de piedra sin callejón.

En los carteles ponía "Morante de la Puebla".

Desde aquel momento, desde aquel preciso instante, nunca volví a preguntarme porqué visten así los toreros...

Cartel Morante novillero

Este no es el cartel que deslumbró a Paco Carmona siendo aún niño pero el que él vio esa mañana en Sevilla sería muy parecido. No importa pues cualquier verónica de Morante ha tenido siempre (como todo su toreo) una enorme enjundia.

 

(Continuará)

sábado, 6 de diciembre de 2014

Cuaderno de notas flamenco (I) La bata de cola es una cosa muy seria

 

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La Lupi se rompe bailando con bata de cola

 

Decía Rafael Lafuente de Adolfo el Cuchillero que ”a pesar de sus años, conservaba la gallarda prestancia física de un gallo de pelea

Según el Cuchillero, eso se debía a “haber llevado capa muchos años. Cuando un hombre se ha liado en su capa muchos años sabe lo que es sentirse un rey, aunque no tenga donde caerse muerto”

Y añadía que:

“Las ropas de antes obligaban a tener garbo. Y no hablemos de los vestidos de las mujeres (…) ¿Sabe usted lo que yo haría si fuera el Gobierno? Dictar una ley que obligara a las andaluzas a llevar bata de cola

Lafuente recordaba que esta conversación, sobre la importancia de la indumentaria en general y sobre las batas de cola en particular, la sostuvieron el mismo día en que estallaba la Guerra de Corea.

“La noche antes habíamos puesto fin a las grabaciones y nos encontrábamos en los Estudios de la emisora, esperando a que todo estuviera dispuesto para oír la serie completa de las coplas grabadas, cuando un empleado nos comunicó la noticia de que había comenzado una nueva guerra.

El Cuchillero murmuró un “Está bien, muchas gracias” como si le hubieran informado de que se había puesto a llover, y reanudó la charla.

(…)

En esto apareció de nuevo el empleado de antes para decirnos, con la excitación de un guripa que acaba de saber por la radio que el Atlético ha metido otro gol:

-Están bombardeando la capital de Corea del Sur

A lo que respondió mi amigo con pausada gravedad:

-Niño, ¿nos quieres dejar tranquilos? ¿no ves que este señor y yo estamos hablando de cosas serias?”

 

Rafael Lafuente “Los gitanos, el flamenco y los flamencos” (2ª ed., Sevilla, Signatura de Ediciones de Andalucía, S.L., 2005. Páginas 111 y 112)

 

 

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Para Adolfo Carrasco CerónAdolfo el Cuchillero” (Flamenco y filósofo) la cuestión de la indumentaria era un tema muy serio. Más si cabe que la Guerra de Corea.

martes, 2 de diciembre de 2014

El destoreo (y V) ¿En una pierna adelantada está TODO el toreo?

Por Jose Morente

 

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Antonio Díaz-Cañabate ponía (de manera harto exagerada) todo el toreo en el movimiento del diestro de adelantar la pierna de salida y apoyar en ella el peso del cuerpo, como aquí hace Domingo Ortega en un natural el día del Corpus de 1936. El ditirambo exagerado en defensa del torero preferido ha sido una constante de la crítica taurina de todos los tiempos. Lo que no dice Cañabate es que Ortega, al igual que Belmonte, no toreaba en redondo sino en ochos.

Como nos recordaba hace unos días mi amigo Andrés de Miguel, el crítico taurino de ABC, Antonio Díaz Cañabate, ponía todo el toreo (¡Ahí es nada! ¡Todo el toreo!) en el gesto de adelantar la pierna de salida y apoyarse en ella.

Confieso que, aunque la he buscado, no he encontrado la fuente donde se cita ese axioma. No importa pues me merece absoluta credibilidad sobre todo porque la frase está en línea con lo que sostenía Domingo Ortega en su conferencia “El arte del toreo”.

Para el torero de Borox, para Antonio Díaz Cañabate y para los seguidores de ambos, todo el toreo (¡Ahí es nada! ¡Todo el toreo!) se resume en ese gesto de cargar la suerte y adelantar la pierna de salida.

Tengo que confesar que la frase me resulta difícilmente aceptable no sólo por razones técnicas (que son de sentido común) sino, sobre todo, porque de admitirla tendríamos que prescindir de un plumazo de todos los diestros de la historia que practicaron y practican el toreo de línea natural como Guerrita, Joselito o Manolete (curiosamente los más grandes). Lo que me parece que es mucho prescindir ¿o no?

Sin embargo, es a esa buena técnica del toreo de línea natural (la del toreo en redondo) que practicaron esos diestros, a la que algunos aficionados actuales (¡no usted ni yo, por supuesto!) demonizan adjudicándole la etiqueta de “destoreo”.

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Manolete en Toledo en agosto del 47. El diestro de Córdoba carga la suerte con los brazos sin mover las piernas, como se puede apreciar en esta magnífica foto de Cano. Frente al toreo más defensivo que consiste en desplazar hacia afuera la embestida de la res, el toreo moderno (basado en aguantar sin moverse esa embestida) resultaba enormemente novedoso, emocionante y meritorio. Un mérito que, sin embargo, nunca le han querido reconocer los aficionados “de libro”.

 

El objeto de esta mini-serie

La colocación enhilada, el cite con la muleta a la altura del cuerpo,  la suerte cargada con los brazos y haciendo gravitar el peso del cuerpo sobre la pierna de salida, en línea o retrasada respecto a la otra pero anclada en el albero desde el momento del cite, no son trucos baratos de malos toreros sino, al contrario, el resultado depurado de muchos años de buen toreo, de muchos años de prueba-error y, por lo tanto, de mucha sangre vertida en los ruedos, que han permitido alcanzar las calidades que hoy se alcanzan toreando cuando el toreo lo interpretan los más grandes toreros de la actualidad como José Tomás, Morante de la Puebla, Julián López el Juli o Miguel Ángel Perera.

 

MOrante en Aguascalientes

La técnica del toreo en redondo ha permitido llegar a ligar muletazos de la categoría y la enjundia de este muletazo de Morante de la Puebla en Aguascalientes. Sobran las palabras.

 

Calificar como “destoreo” esa forma de torear es, en el fondo, un insulto a la inteligencia de los buenos aficionados que todavía quedan.

Pensar que se debe torear en redondo de forma distinta a como se torea o sostener que los grandes toreros de la historia han toreado en redondo cargando la suerte con la pierna de salida adelantada es una falsedad y un engaño. 

Desmontar esa patraña. Poner al descubierto esta superchería, ha sido el objeto de esta miniserie, que hoy culmina, donde hemos podido ver a cuatro grandes e indiscutibles toreros toreando en redondo con los recursos técnicos propios de ese modo torear. Toreando en la forma que algunos denuncian hoy como inaceptable. No lo hemos leído ni nos lo han contado sino que lo hemos visto.

Hemos podido comprobar, viendo las imágenes seleccionadas, que el toreo en redondo de Antonio Bienvenida, Paco Camino, Rafael Ortega y César Rincón, en sus mejores tardes, no se diferencia, en esencia y desde el punto de vista técnico, ni un ápice del toreo que hoy practican los toreros de nuestro tiempo antes citados, ese toreo que hoy algunos califican tan cínica y burdamente como el “destoreo”.

 

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El aficionado que se atreva a sostener que este muletazo de Antonio Ordoñez (Zaragoza-1956) es una muestra de “destoreo” merece que lo ingresen en el cotolengo. Ordoñez, que practicó en muchas ocasiones el toreo cambiado cargando la suerte con la pierna de salida, sabía torear en redondo así de bien.

A salvo (a veces y sólo a veces) del primer muletazo de la tanda, la forma de ligar los muletazos, cuando se dan por el mismo pitón, sigue el patrón impuesto por Joselito-Chicuelo-Manolete, los creadores del moderno toreo en redondo.

Es cierto que el toreo de los 60 y el actual presentan matices respecto al modelo formulado por esos nombres sagrados pero son matices técnicos propios de la evolución lógica de las suertes que para nada desvirtúan la esencia del planteamiento básico de ese modo de torear.

 

La otra línea del toreo

El toreo en redondo no tiene nada que ver con el toreo que se produce cuando un diestro torea a la verónica o cuando con la muleta desplaza al toro alternando los muletazos por ambos pitones. En este caso, toreo en ochos, el concepto y los medios técnicos utilizados son (y deben ser) muy diferentes.

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En el toreo “en ochos” la clave si que está en cargar la suerte adelantando la pierna de salida y apoyando en ella el peso del cuerpo. El toreo a la verónica, alternando pitones, es un buen ejemplo de ese modo de torear. En la foto, Morante del Puebla (¿Quien si no?) interpretando, con rara perfección, el toreo en ochos a la verónica.

Es ahí y sólo ahí, en ese toreo en ochos, en el toreo en movimiento, cuando está, no sólo aconsejado, sino también indicado, desplazar la embestida del toro hacia afuera, ganándole terreno y cargando la suerte apoyando el peso del cuerpo en la pierna de salida.

Ese el toreo que han practicado los toreros que se han formado de manera intuitiva en el campo o en las capeas. Es, por tanto, el toreo que han practicado Juan Belmonte, Domingo Ortega, Paco Ojeda o César Rincón.

Un toreo que ha disfrutado de más literatura y de mayores y mejores cantores, palmeros, elogiadores, paroxistas o entusiastas pero de similar (nunca mayor) enjundia en la plaza que el toreo en redondo.

11 D. Ortega. El Arte del Toreo 2ª ed 002

1986 EL toreo puro (Diput Valencia) Rafael Ortega-Angel F Mayo 001

El toreo es grandeza-Vidal (Turner, 1987) 001

La literatura panegirista del toreo cambiado o en ochos ha sido amplía y fecunda. No ocurre igual con el toreo de línea natural (o en redondo) que, pese a ser predominante, ha carecido de ese soporte literario. Las teorías contenidas en esos textos (la mayoría de las veces descontextualizadas) pueden desorientar al más pintado. Todo eso explica la incapacidad de algunos aficionados actuales para entender y valorar cabalmente lo que ocurre realmente en el ruedo. En cualquier caso, no parece adecuado ni acertado juzgar el actual modo de torear en redondo bajo el prisma de otro modelo tan diferente como es el toreo en ochos.

 

Dos modos de torear diferentes pero válidos.

Ambos modos de torear (el toreo en redondo y el toreo en ochos) son magníficos y espléndidos. Y, sobre todo, cuando se ejecutan en su máxima pureza (cada modo tiene la suya propia) entrañan la dificultad y el rigor que tiene siempre la excelencia.

Cada aficionado tendrá sus lógicas preferencias por uno u otro modo de torear. Las dos opciones son, pues, legítimas. Lo que no resulta de recibo es pretender imponer de forma excluyente una de ellas o, peor aún, pretender mixtificar el toreo en redondo exigiendo mezclas espurias. Como tampoco es de recibo descalificar una de las dos formas de torear porque no sea la de nuestra particular elección.

 

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Un extraordinario muletazo de Diego Urdiales en Madrid en San Isidro de este año. Pese a su indudable belleza, conviene precisar que la aplicación sistemática en las tandas de naturales de elementos técnicos ajenos al toreo en redondo (como el cite enfrontilado, la pierna de salida adelantada o el remate detrás de la cadera) y dejando al margen las cuestiones de coherencia estilística, dificultan y comprometen enormemente la ligazón de un muletazo con otro (Fotografía de Miguel Pérez Adradas)

 

Dicen que el mejor aficionado es al que más toreros le caben en la cabeza. Yo reformularía el aserto diciendo que el mejor aficionado es aquel al que más “toreos” le caben en la cabeza.

Y el peor,… al que menos. Dicho sea todo esto sin la acritud de quienes (de modo siempre tan sectario) descalifican a todo aquel (torero o aficionado) que no comulga con sus dogmas.

 

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El buen toreo no puede quedar encerrado en una fórmula matemática o geométrica como muchos pretenden.

Resulta cuando menos sorprendente (si no contradictorio) que sean los aficionados que más reniegan y despotrican de la técnica y los que menos valor le conceden, aquellos que luego quieran encerrar todo el toreo en un único, simple y prescindible mecanismo técnico como es el de adelantar o no la pierna de salida en los lances.

domingo, 30 de noviembre de 2014

El destoreo (IV) César Rincón. La gran conmoción

Por Jose Morente

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De Madrid al cielo… taurino

 

César Rincón conmociona las Ventas

César Rincón llegó a Madrid en el San Isidro de 1991 y arrasó.

El gran torero colombiano abrió la Puerta Grande de las Ventas dos días seguidos, el 21 y el 22 de mayo y aún volvió a salir a hombros, junto a Ortega Cano, sólo un mes después, en junio.

Lo más grande es que regresó nuevamente en Otoño (gesto torerísimo) y volvió a reventar la plaza en su cuarta Puerta Grande consecutiva. ¡Ahí es nada!

Un cronista que cuidaba mucho los títulos de sus crónicas, Joaquín Vidal, titulaba su reseña de esa tarde otoñal con un contundente “La gran conmoción

Es interesante leer lo que Vidal decía de la faena de Rincón a su segundo toro, el de la gran conmoción:

“A muchos, esta faena les supuso la revelación del toreo verdadero, y seguramente ya no querrán ver otro. Algunas figuras lo pudieron aprender también, de paso, mas se duda de que les vaya a servir, pues para torear así -dejarse ver en el cite, traerse al toro toreado, cargarle la suerte, ligar los pases entrando en su terreno- hace falta un conocimiento profundo de las suertes, una mente despejada, un templado corazón, un valor a prueba de bomba”.

Vidal describe muy bien las cualidades toreras de Rincón. A saber: conocimiento profundo, mente despejada, templado corazón y valor a prueba de bombas. Cualidades que, en su caso, se resumen en esa última, la más sobresaliente de todas, un valor a prueba de bombas.

Obviemos el acre y gratuito puntillazo que pega el crítico del País contra las figuras del momento. Y es que Don Joaquín, como le llaman sus fans (que los tiene y muy fervientes) no desperdiciaba ocasión de dejar clara su postura de paladín del toreo puro.

Centrémonos en lo que nos interesa: El análisis siquiera sea un tanto esquemático y superficial del modo de torear del diestro colombiano. Un modo de torear que Vidal sintetiza en las siguientes cuatro puntos:

- Dejarse ver en el cite

- Traerse al toro toreado

- Cargarle la suerte

- Ligar los pases entrando en su terreno.

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El toreo enfrontilado, con todas sus emociones y también con todas sus limitaciones, ha tenido en César Rincón uno de sus “santo y seña”

A la vista de lo que dice Vidal, paladín del toreo puro, cualquiera que no hubiera estado presente en la corrida, pensaría que el toreo que hizo esa tarde Rincón fue un toreo extraordinario (en lo que no se equivocaría pues lo fue desde el punto de vista de la emoción y el riesgo) y, sobre todo, diferente (en cuanto a su técnica) del que se practicaba y se practica aún hoy por la mayoría de los demás toreros. Un toreo puro, como afirmaba el crítico refiriéndose a la faena del primer toro:

“Había quienes no habían visto jamás lo que es el toreo puro, y precisamente eso fue lo que César Rincón reverdeció en el ruedo de Las Ventas”.

Según Vidal, César Rincón sería casi el único torero de aquel momento capaz de hacer el toreo puro ¡Habrá pues que verlo torear!

Lo vemos. Hemos elegido para ello la tarde de su segunda Puerta Grande, el día 22 de mayo de 1991. Un día antes Rincón había salido a hombros de las Ventas. El torero colombiano tuvo el valor y la gallardía de presentarse en las Ventas el día siguiente de su gesta para revalidar el éxito alcanzado con una gran faena al sexto toro de la tarde.  

Una faena representativa del  toreo puro según el público madrileño (que llegó al paroxismo y prorrumpió en gritos de ¡Torero, torero!) y según el paladín del toreo puro, Joaquín Vidal (que certificó la consagración del rinconismo)

Rincon despedida la Santamaría

Pese a lo que han cantado sus exégetas, el toreo de Rincón a partir del segundo muletazo de la tanda se ha desarrollado conforme a los más estrictos y convencionales cánones del toreo en redondo. En la foto lo vemos de perfil y cargando la suerte sobre una pierna de salida que se sitúa en línea (no adelantada) respecto a la otra e, incluso, con el detalle (hoy surrealistamente demonizado) de levantar el talón del otro pie para alargar el muletazo.

 

El mérito de Rincón

César Rincón recuperó, en comandita con Antoñete un cite de lejos, muy de largo, muy meritorio y que resultaba muy emocionante pues hacia galopar al muy parado y grandón toro de la época.

Con la muleta muy adelantada, lo que aseguraba, por pura inercia y fuese cual fuese el recorrido del astado, que sobrepasaría el cuerpo del torero. Que no se le iba a quedar debajo.

En ese cite, muy enfrontilado, Rincón avanzaba la pierna de salida y se cruzaba en el camino del toro. De forma relativa pues la mucha distancia minimizaba el cruce y el riesgo del cruce. No el riesgo absoluto pues si el toro no atendía la muleta el torero podía resultar arrollado.

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Rincón y Antoñete (uno de frente y otro de perfil) trajeron a las plazas el emocionante cite de larga distancia (La distancia del cite de Litri padre al que nunca se cita cuando se habla de estos cites). Una distancia algo olvidada por mor del ensimismo que se venía practicando en los años inmediatamente anteriores.

Pero eso era solo en el primer pase

A partir de ahí, Rincón como todos los toreros que han llegado al toreo después de la revolución de Joselito-Chicuelo-Manolete (que fueron quienes diseñaron y consolidaron ese modo de torear) hacía y practicaba el mismo toreo que hacían y practicaban todos los toreros: el toreo en redondo tal y como es ese toreo en redondo. A saber:

  • Retrasando la pierna de salida en el cite para alargar y profundizar el pase.
  • Perdiendo pasos si era menester, que lo era, con el toro quedado.
  • Colocando oblicua (y no plana) la muleta para tocar el ojo contrario y embarcar en ese ojo la embestida
  • Salvando el embroque fiado en el juego de brazos y no en sus piernas (ancladas  en el albero desde antes que se le arrancara el toro) y
  • Rematando mucho más allá de la cadera (no detrás).

Eso que algunos llaman “destoreo” pero que constituye la verdadera técnica del toreo en redondo es lo que Rincón practicaba tarde tras tarde… después de ese primer muletazo de la tanda.

Un “destoreo” que fue magistralmente ejecutado e interpretado por César Rincón en Madrid en la primavera y en el otoño del año de gracia de 1991y que podemos ver y analizar ahora.

Un detalle

No obstante y antes de ver el vídeo, no me resisto a comentar un detalle del cite para el cuarto muletazo de la tanda.

En el remate del muletazo anterior el toro, que reponía mucho, le gana terreno y Rincón se queda descolocado y excesivamente cruzado. En vez de rectificar la posición, aguanta sin mover los pies y completa el muletazo a base exclusivamente del juego de brazos, tocando al ojo contrario del toro con el pico de la muleta.

Un buen ejemplo del aguante y valor del torero colombiano.

 

Si no ve el vídeo pinche aquí

viernes, 28 de noviembre de 2014

Dos toreros flamencos: Santiago y Andrés

Por Jose Morente

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Don Santiago Martín el Viti, un gran torero y un muy buen aficionado al flamenco

El Viti, buen conocedor del flamenco

Que un torero andaluz sea aficionado al flamenco, entra dentro de lo habitual pero que esa doble afición la comparta un torero castellano o leonés no deja de ser sorprendente. Sin embargo, en una conversación con Sureda Molina, publicada en 1965 en uno de los libros de este autor, el torero salmantino El Viti confesaba su afición al flamenco y demostraba un fino y profundo conocimiento de ese arte.

Comenzaba Santiago Martín señalando que el flamenco había que situarlo concretamente en Andalucía y “más concretamente aún en Cádiz, Jeréz, Morón, Ronda y Sevilla”. Allí estaba –según él- la cuna del cante bueno.

La geografía del Cante Jondo (que es el título de este libro de Domingo Manfredi publicado en 1963) es muy amplía pero uno de sus epicentros (sino el epicentro) se encuentra en la zona que describe el Viti.

Puestos a elegir cantaor, el de Vitigudino se decantaba por todos los buenos y, entre ellos, el que más le satisfacía (“por el conjunto de su estilo”) era Manolo Caracol.

Todo lo anterior, dicho con mucho tino y tacto pues “en estas cuestiones artísticas conviene estar seguro de muy pocas cosas”. Un aserto perfectamente aplicable también –por muchas cosas- al toreo.

Puestos a hablar de cantaores el Viti se decanta (con indudable buen gusto) por Manolo Caracol pero se decanta con el mismo exquisito tacto y prudencia con el que se ha conducido y conduce por la vida y el toreo. 

Por lo que respecta a las voces, el Viti se posicionaba sin una duda a favor de las voces “rotas y un tanto acazalladas”. Y decía que:

“En buena terminología jonda, a ese tipo de voz que a mí me gusta se le llama “afillada” porque así era la voz del “Fillo”, tal vez el mejor seguirillero que ha existido”

Debido a esas preferencias por el cante desgarrado, al Viti no le convencían las voces atipladas como la del jerezano Don Antonio Chacón.

Conviene señalar, en su descargo, que, en esos años, todavía no se disponía de las ediciones digitalizadas y remasterizadas de esos cantes de las que podemos disfrutar hoy día. El Viti con sagacidad lo intuía al reconocer que las grabaciones que había podido oír de ese cantaor provenían de viejos discos de pizarra y, por tanto, de grabaciones antiguas y, por eso, “muy desvirtuadas”.

Don Antonio Chacón. Hasta la aparición de las grabaciones digitalizadas su voz nos había llegado “muy desvirtuada” como con tanto acierto señala el Viti

Finalmente, y para acabar, el Viti afirmaba que los cantes que más le gustaban eran la soleá y la seguirilla gitana:

“Dos cantes matrices. Dos cantes jondos llenos de hondura, misterio y dificultad

En resumen, unas opiniones certeras y ajustadas sobre el flamenco de un torero como el Viti que –para colmo- confesaba desenvolverse relativamente bien por fandangos.

 

Canta Andrés Vázquez

Aunque no tenemos documentos del Viti cantando si que los tenemos de otro torero de su misma tierra leonesa. Vamos a oír por fandangos, al zamorano Andrés Vázquez, en un fragmento del episodio “La Capea” incluido en la película “Yo he visto a la muerte” (1967) de José María Forqué.

Una escena dramática porque los lugareños (nada conscientes de las consecuencias de sus actos) insisten en emborrachar a unos toreros que se tendrán que jugar la vida pocas horas después.

El Nono (que era como llamaban a Andrés Vázquez en su época de maletilla) se escabulle con el pretexto de que no podría cantar si bebiera pero uno de sus amigos y compañeros no podrá negarse a hacerlo y encontrará la muerte en la capea del día siguiente.

 

Si no se ve el video pinche aquí