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sábado, 17 de septiembre de 2022

Morante. Recordando a Reverte

 Por Jose Morente

Salamanca. Morante tras la estocada se arrodilla -recordando a Reverte- ante un toro de Galache.

Antonio Reverte fue en su época lo que hoy se llamaría un torero mediático, con una gran repercusión popular. De el, de su toreo y de su vida hemos tratado ya antes en este blog. Primero comentando su trayectoria taurina en dos entregas (esta y esta). Luego, comentando una película suya donde aparece en un quite dando su famoso recorte capote al brazo (se puede ver aquí).

Su éxito declinó tras la tremenda cogida de Bayona. El día 3 de septiembre de 1899, Antonio Reverte hacía el paseíllo en esa plaza acompañado de Rafael Guerra Guerrita. Tras la estocada a su primer toro (Grillito de Ibarra), Reverte se arrodilló en la cara de la res permaneciendo en esa postura más tiempo del aconsejable. Cuando intentó levantarse o cuando se acercó a él, según versiones, el toro no tuvo más que alargar la gaita, enganchar al diestro por la corva y suspenderlo en el aire un momento, dejándolo caer en el suelo. 

Tres meses antes, el 21 de mayo en Béziers, Reverte hacía idéntico desplante al que le costó la cornada fatal.

Sus banderilleros Moyano y su sobrino Revertito (quien le iba taponando la herida intentando parar la brutal hemorragia) le llevaron en brazos al barracón que hacía las veces de enfermería, mientras el toro doblaba por la estocada.

Reverte en brazos de Moyano y Revertito se desangra camino de la enfermería.

En la enfermería le ligaron la femoral, que salía de la carne, arrastrada por el gatillazo hacía afuera del pitón del toro, y que sujeta por unas pinzas latía fuertemente, lo que impresionó a todos los que allí estaban.

Aunque salvó la pierna y la vida e incluso volvió a torear, ya nunca fue el mismo. Lo que Reverte había intuido en la misma enfermería cuando se percató de la magnitud de la herida pronunciando una tremebunda y conocida frase: “¡Se acabó el carbón!” 

Murió en 1903, según se dijo por un error de las enfermeras del hospital donde convalecía de una operación  de un tumor en el hígado.

El desplante de Reverte a Grillito era en el habitual y lo había hecho en distintas ocasiones, incluso de espaldas al toro, pero sin mayores consecuencias. Sin mayores consecuencias... hasta el día de Bayona.


Morante evoca a Reverte

Ayer en Salamanca, Morante evocaba la memoria de Reverte. Tras la estocada a su segundo toro, el diestro de la Puebla se arrodillaba en la cara del burel que casi al mismo tiempo caía de rodillas para no levantarse.

Destacamos de Morante su arte y enjundia, así como su entrega al torear e, incluso, algunos aficionados se hacen eco de su técnica y capacidad lidiadora, pero olvidamos a veces que este gran torero destaca en algo poco frecuente en los diestros de su cuerda artística... el valor. Morante es un torero valiente a carta cabal. 

Más vale que no lo olvidemos.

El valor de Morante justifica el eslogan que el torero utilizó durante las temporadas 2014-15

Tauroteca. Morante en Salamanca. Desplante "a lo Reverte"



jueves, 20 de julio de 2017

Una muestra de dominio

Por Jose Morente

Desplante de Rafael el Gallo

La foto que encabeza este post no sólo es magnífica sino que también resulta representativa de algo que es muy habitual en el toreo: el alarde de valor y dominio que supone, estando en la cara del toro, desentenderse del astado y dedicarse a arreglar la muleta (como hace aquí el ínclito Rafael) o a saludar al público (como hizo Joselito en Lima).


Joselito en Lima. Desplante


Más mérito tiene mientras más cerca se encuentra el torero del toro como es el caso de este adorno de Joselito cogiendo el pitón de un torazo de Miura en Zaragoza en octubre de 1913, mientras sonríe al público.

Joselito en Zaragoza un año en 1913 desmintiendo leyendas falsas

Y más mérito aún, al menos para los espectadores, si estos desplantes o alardes se hacen de rodillas . Secándose el sudor con un pañuelo como hizo Gallito en Valencia en tarde que actuaba en solitario o sencillamente de espaldas al toro, como hizo Juan Belmonte en México. O, apurando, sentando en el albero, como ese cite surrealista de Victoriano de la Sera





Desde luego, eso de mirar al tendido estando en la cara del burel, ya sea de frente o de espaldas, en pie o de rodillas, se ha considerado siempre una muestra sobrada de valor y dominio. Un alarde que entusiasmaba a los públicos de antes y creo que también a los de ahora, aunque con estos últimos, nunca se sabe.

Pero el colmo, el verdadero colmo, en cuanto supone demostración de absoluto dominio sobre el astado, es hacerlo, no con el toro parado y entregado, sino con el toro en movimiento, en plena faena, en medio del muletazo. Que es lo que hacía ese verdadero monstruo del toreo que se llamó Manuel Laureano Rodríguez Sánchez. Más conocido taurinamente como Manolete.

Manolete en un sensacional natural mirando al tendido en 1940 (Foto de ABC publicada en el blog Val de Braus)
Addenda cinematográfica:

Mi amigo Antonio Luís Aguilera me comenta que hablando un día con Ángel Luis Bienvenida en Córdoba,  le dijo que, para meterse con Manolete, a él lo alababan algunos diciendo que había sido el primero que toreó mirando al tendido. Con la honrada sencillez y gallardía que atesoraba contestaba: "Sí, yo fui el primero, pero lo hice pocas veces, mientras que Manolete era capaz de hacerlo todas las tardes".

Eso explica el entusiasmo del público ante esa apuesta. Por ejemplo, el del público mexicano la tarde de los toros de Coaxamalucan. No pierdan de vista a ese empleado de la plaza que, entre barreras, se alboroza hasta el paroxismo con el toreo de muleta mirando al tendido del torero de Córdoba.

Y tiene lógica, si emocionaba la actitud del torero que tranquilamente, se ponía a arreglar la muleta indiferente ante la cara del toro, mucho más tenía que emocionar este alarde de valor y dominio verdaderos.