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lunes, 26 de agosto de 2019

Cuaderno de notas (CXXXVII) La gran tarde de Ureña en Bilbao

Por Barquerito

A toro de terciopelo; toreo aterciopelado. Una versión de Ureña vertical y de brazo suelto muy acorde con los nuevos tiempos que corren

"Los dos toros de mejor nota de la corrida fueron tercero y sexto. Los dos, con el hierro de Vegahermosa y no el de su matriz Jandilla. Licencia textil: el uno fue de terciopelo; el otro, de algodón. Más terciado el tercero que el sexto, el de más serio escaparate de todos. Engatillado el tercero, algo ensillado el sexto, abierto de cuerna, las palas grises, bien afiladas las puntas. Los dos rodaron sin puntilla y se arrastraron sin las orejas (...)

No fueron `protagonistas visibles los toros, sino quien los tuvo delante y se fajó con ellos en muletazos de alto voltaje por su ajuste, y quien los hizo rodar sin puntilla. Paco Ureña, sembrado, entregado, desatado, arropado por tal clamor que cuesta recordar nada parecido en Bilbao. Con un hilo común de fondo –la verticalidad, el encaje sin renuncios, la soltura de brazos-, las dos faenas, celebradas y subrayadas como acontecimientos singulares, fueron bastante distintas. De rango y razón mayores la del toro de terciopelo, de frondosas embestidas. Más aparatosa y hasta teatral la del sexto, de otro nivel, menor categoría (...)"

Barquerito

El Ureña de siempre, muy encajado en un derechazo con mucho mando

miércoles, 16 de agosto de 2017

La entrega de Ureña

Por Clarito

El toreo de entrega de Paco Ureña

Desde que el toreo es toreo conviven dos modos distintos de torear y no hablo de las extintas Escuelas de Ronda y Sevilla cuya existencia niegan muchos tratadistas convencidos que el toreo es uno y lo que varìa es el estilo, la personalidad que cada torero imprime a su toreo.


Cuestión de estilo. Dos versiones de un mismo capotazo. Javier Jiménez y José Garrido
Es cierto que el estilo imprime carácter pero no es cierto que sólo exista una única forma válida de torear. De hecho todas las competencias que ha habido (cuando en el toreo había competencias) lo han sido no por contrastes de estilos sino por contraste de conceptos, por diferencias en los planteamientos.

Una de la más antiguas fue la competencia de Cúchares y el Chiclanero. El primero partidario del conocimiento de las reses, atento a sus condiciones y dispuesto a adaptar su toreo a estas. El segundo, partidario del conocimiento de las suertes, de la forma de ejecutarlas y dispuesto a imponer su estilo a todos los toros fuese cual fuese su condición.

En la línea de Cúchares han estado grandes toreros como Guerrita, Joselito o Luis Miguel Dominguín. En la línea del Chiclanero, otros no menos grandes como el Espartero, Belmonte o Manolete. Dos modos de entender el toreo, de plantear la lucha con el toro, dos modos diferentes pero, como he dicho, los dos perfectamente válidos. 

Viene esto a cuento porque ayer viendo torear a Ureña me acordaba de Juan Belmonte. Salvando las distancias y sin querer comparar (Belmonte es incomparable) me parece que hay una cierta coincidencia de estilo, de acento personal. No comparo calidades ni categorías toreras. Tampoco las formas, arcaicas las de Juan y modernas las de Paco sino esa actitud, tensa y crispada con la que ambos se enfrentan al toro. Ureña podrá torear muy templado y lo hace pero su toreo transmite una cierta apretura de ritmo, cierta atmósfera trágica y apretada -como si en cada lance pudiera ser cogido- que creo existía en el toreo de Belmonte. Al que quizás por eso llamaron el trágico.

Pero además de esa coincidencia de estilo, creo que existe también coincidencia en el planteamiento, en ese manera de atender más a la forma de ejecutar la suerte, sea cual sea la condición del toro. Conocimiento de las suertes por encima del conocimiento de las reses. 

Ese era el planteamiento de Belmonte dispuesto a dejarse coger por una becerra en un tentadero o por un toro en la plaza por tal de dar el muletazo que quería y en la forma en la que quería, sin importarle riesgos o consecuencias. Es ese también el planteamiento de Paco Ureña, cuya forma de torear sigue un mismo patrón, una misma intencionalidad. Si el toro se adapta a su toreo surge la faena cuajada y redonda, emocionante y arriesgada de su primer toro (Faena de dos orejas premiada sólo con una ¿Para cuando la Puerta Grande de la Malagueta?). Si el toro no se adapta o no acaba de adaptarse a su forma de torear, la faena discurre deslavazada y a retazos mezclando muletazos de gran calidad con otros de menor enjundia en el resultado pues el trazo, la intención es siempre magnífica. Ese era también -salvando las distancias, repito- el dilema de Belmonte y la causa de su magistral irregularidad.

El toreo encajada y tenso, nada vertical de Paco Ureña en un excelente derechazo
Incluso con la izquierda y vertical, el toreo de Ureña transmite siempre cierta tensión

Ese planteamiento tan radical, tan extremo, tan en el filo de la navaja, no garantiza el éxito, no puede garantizarlo pero garantiza la emoción pues ahí, en esa apuesta, en ese albur surge el interés que transmite y el entusiasmo que provoca ante la duda en el resultado. En eso, y en la evidente entrega que supone jugarse todo a cara o cruz, en cada momento, en cada lance, en cada suerte, en cada muletazo.

Ese jugarse todo en cada instante creo que es la mejor definición de la entrega en el toreo.

miércoles, 7 de junio de 2017

La fiesta del arte y la emoción

Por Clarito

Una gran tarde y un público de Madrid entregado al buen toreo de Talavante y Ureña y al comportamiento de los toros de Victorino

Anda el toreo, desde que el toreo es toreo, envuelto en la polémica de la primacía del arte o la emoción. Ese fue, en esencia, el tema de debate en la primera competencia que conoce la historia de esta fiesta, la de Pepe-Hillo y Pedro Romero. El toreo (arte)  del sevillano Hillo frente a la estocada (emoción) del rondeño Romero.

Pasa el tiempo y el dilema sigue abierto y eso pese a que, nuestra época, el arte (el toreo) se impone y se lleva el gato al agua pues dicen que ya no salen por los toriles, con frecuencia, esos toros que decían que venían a llevarse el dinero de la temporada. De hecho, no creo que nunca hayan salido muchos de esos ejemplares a las plazas pero lo cierto es que la búsqueda de la emoción (igual que la búsqueda del arte) es consustancial a la fiesta y necesaria.

Después de mucho lío de corrales, trajo Victorino a Madrid la corrida que quisieron los veterinarios. Una corrida desigual de hechuras y comportamientos. Una corrida variada, en la que destacaron dos ejemplares, el segundo y el tercero. Aquel un toro bravo y noble pero enclasado, lo que antes llamaban pastueño. Este un toro bravo y noble pero fiero, lo que hoy llaman encastado.

Al toro bravo y noble y pastueño, le dio Talavante el trato que merecía su condición, manejando los engaños con extrema suavidad, suavidad que el toro agradeció y a la que respondió como se esperaba en una faena muy bien concebida y mejor ejecutada. Muy bien el torero con la mano izquierda (algo a destacar cuando tantos toreros de hoy y de siempre han ignorado esa mano). Cortó una merecida oreja.

La emoción del remate ante un toro bravo.

Con el bravo, noble y fiero toro tercero, Ureña se planteó la faena de modo distinto, muy decidido, más tenso y crispado (no había otra) y vivimos por momentos el toreo, no como fue en el siglo XIX, pero sí como imaginamos que pudo ser. Una faena de enfrentamiento (enfrontilamiento), a toma y daca, donde el cite, el embroque, cobraba primacía sobre el remate (al contrario que en la faena del toro anterior). Faena de mucha emoción que, como es lógico, caló mucho en los tendidos que premiaron a Ureña con una más que merecida vuelta al ruedo.

La emoción del embroque ante un toro fiero.

Dos fiestas, dos modos distintos de concebir el toreo, propiciados por dos toreros diferentes y, sobre todo, propiciado por dos toros de diferente condición. La fiesta del arte frente a la fiesta de la emoción. Sin entrar en matices, ni en enfrentamientos estériles, dos fiestas necesarias.

Hoy gana por la mano, día a día, la fiesta del arte. Son otros tiempos, otras sensibilidades y otros públicos pero la emoción es también base de este espectáculo y latente o no, tiene que estar siempre ahí.

Abundando en esa polémica, le preguntaba hace muchos años, en Sevilla, el limeño Manuel Solari a Juan Belmonte que cual era la base de la fiesta ¿el arte o la emoción?

Belmonte, sorprendido por la pregunta, socarrón y escurridizo, le contestó:
- El sentimiento. Lo que hoy llaman clase, la expresión. Hay toreros con alma y toreros desalmados.
Ayer en las Ventas (ausente Urdiales que no tuvo suerte en el sorteo), vimos a dos toreros con sentimiento, con expresión, con alma: Alejandro Talavante y Paco Ureña. 

Bien que con dos sentimientos diferentes: El sentimiento del arte y el sentimiento de la emoción

martes, 24 de mayo de 2016

Ya tengo otro torero. Paco Ureña

Por Jesús Triana

Natural de Ureña, el domingo en Madrid a un toro de las Ramblas (Fotografía El Mundo)

LRI me ofrece la alternativa y yo como Camará con Gallito, aceptó el reto pero, como decía Gallito: "confiando más en la benevolencia del publico que en mis propios méritos"

Mi motivo es Paco Ureña. Yo no creía en él, no era uno de mis toreros. Sólo por el crédito que me merecen algunos buenos aficionados como Fermín Merino, empecé a verlo buscando esas cualidades que ellos me resaltaban y que yo no había sido capaz de apreciar.

Y, por fin, lo vi....y estoy lleno de emoción.

Fuera de las corridas duras, con toros muy variados, no sólo se ha mantenido fuerte, sino que ha aportado otras dimensiones de su toreo: Calidad. Un concepto clásico tanto con el capote como con la muleta en toda la variedad dentro de los cánones. Toreria en su manera de andar por la plaza y metiéndose en los cites. Personalidad, afición y superación. Y, lo que es cualidad de figura, conexión con el tendido. 

He gozado mucho su toreo en la plaza y, lo que es más importante, me ha dejado mucho poso... lo pienso y lo siento, días después. 

Ya tengo otro torero. Gracias.

La entrega de Paco Ureña se ha puesto de manifiesto en las Ventas en los riesgos asumidos que se han traducido en varias cogidas (Fotografía de Mundotoro)

Nota de LRI. 

El otoño pasado Paco Ureña impactó en las Ventas. Yo lo ví. Este año, en sus dos corridas de Feria (en la segunda actuó convaleciente de cogida) han acentuado y reforzado su comunión con esta plaza. Una comunión cimentada en la infinita entrega del murciano. 

Un buen aficionado afincado en Madrid, Jesús Triana, describe lo que, para él, ha sido una revelación. La revelación del buen toreo de Ureña. Una revelación compartida con el resto del público venteño. Y que, ahora, comparte con nosotros.


jueves, 14 de abril de 2016

Una tarde para la historia

Por Mario García Santos

¡Indulto de un toro bravo! Debajo del palco, los buenos aficionados de Sevilla disfrutan y comentan. Esta es la Fiesta (Fotografía de Cultoro)
Nota de LRI:

Cuando se ven tardes como la de ayer, cuando se viven tarde como la de ayer, cuando salen toros como el de ayer, uno se da cuenta que la Fiesta esta viva, muy viva y que tiene futuro. Mucho futuro.

Los aficionados vivimos siempre mirando al pasado pero ahora no es el momento de hacerlo. Ahora es el momento de mirar el presente. Mejor aún, ahora hay que mirar al futuro, sólo al futuro.

Por eso, porque la embestida de "Cobradiezmos" es el símbolo del futuro de la Fiesta, hoy hemos querido que la reseña de la corrida donde se ha premiado esa excepcional embestida. la firme alguien que tiene todo el futuro por delante.

Mario García Santos es un chaval jovencísimo, de la Escuela Taurina de Camas que además de torero, de buen torero, hace sus pinitos como cronista taurino desde su magnífico blog "Dando el pecho desde la tapia" donde nos cuenta lo que ve pero. eso sí, y como el mismo dice, "Siempre intentando escribir con humildad e intentado contar la verdad".

Y es Mario García Santos, además de torero y cronista taurino en ciernes es, sobre todo, aficionado. Un grandísimo aficionado. Mario es el futuro.


Cuando le preguntaban al maestro Rafael Ortega, si le daba pena matar los toros, él respondía que solo a aquellos que no merecían ser estoqueados, sino morir de viejos en el campo y dejando su simiente. Y es que hasta que se estrenó el nuevo reglamento en 1992 (que sigue vigente), los indultos solo estaban permitidos en las corridas concurso de ganaderías y precisamente Rafael Ortega, fue uno de quienes defendieron la conveniencia del indulto cuando es realmente merecido.

Hoy en Sevilla entrábamos en el tramo final de la Feria de Abril 2016, en la cual, a pesar de ciertas orejas y toros sueltos, no había llegado el triunfo de los toreros ni tampoco había salido un toro bravo. Y hoy, tras horribles petardos ganaderos de hierros en teoría de garantías, pudimos dejar atrás el desastre anterior, sobre todo, con un toro de bandera que salió en cuarto lugar.

La corrida de Victorino fue desigual en presentación y en juego, pues fue deslucido el primero y mucho más el sexto; importante el tercero y de bandera el cuarto, mientras que el lote de Morenito de Aranda, fue algo intermedio, siendo interesante el segundo y el quinto hasta que se orientó.

Frente al tercero, el bravo "Galapagueño", Ureña realizó una gran faena desplegando parte de su puro concepto. El toro peleó bravamente en varas y empezó embistiendo de categoría en las primeras series, apagándose de golpe un tanto y viniéndose arriba de nuevo al final de la faena. Ureña entendió al toro y lo toreó con gusto, sentimiento, cadencia y profundidad sobre ambas manos, logrando  muletazos al ralentí. Finalizó, de una forma preciosa, genuflexo y se fue detrás de la espada para dejar una estocada hasta los gavilanes, doblando el bravo en los medios y siendo concedidas las dos orejas para el torero de Lorca. Las paseó en una vuelta al ruedo con la misma naturalidad con la que toreó y tremendamente feliz y emocionado a la vez.

No olvidemos que este torero estuvo demasiados años en el olvido, luchando sin perder la ilusión, hasta que le llegó el triunfo una tarde de verano en su exitosa confirmación en Las Ventas. Ya se veía con la Puerta del Príncipe casi abierta y fue todo disposición frente al sexto, pero el de Victorino no le dio ninguna opción y sus sinceros y valientes intentos fueron en vano.

Profundidad de Paco Ureña ¡Que buen torero es el torero murciano! (Fotografía de Cultoro)

Pero el suceso de la tarde, de la feria y me atrevería a decir que de la temporada, llegó en el cuarto toro. Escribano, que por cierto vistió un elegante terno berenjena y azabache, no había podido levantar faena con el que abrió plaza y tras el triunfo de Ureña en el toro anterior, se fue a porta gayola. Y lo que salió por el zaguán de toriles fue la bendición convertida en toro bravo. Se llamaba "Cobradiezmos", herrado con el número 37, nacido en diciembre de 2011 y con 565 kilos de peso. Cárdeno claro, bajo de agujas y una pintura por lámina y perfectas hechuras.


"Cobradiezmos". Una pintura por lámina y por sus perfectas hechuras (Web de Victorino Martín)

Escribano lo recibió limpiamente con la larga y le ligó un ramillete de verónicas bien rematado con media y revolera. Fue bien picado por "Chicharito" (que rectificó rápido en el segundo puyazo), arrancándose con alegría y prontitud en ambas varas, empujando y romaneando con todo y con verdadera clase, aunque tardeó algo en la segunda. En banderillas, el propio matador colocó dos excelentes pares de poder a poder y después, su escalofriante par sentado en el estribo, en el que el ejemplar, reaccionó obediente al quiebro y clavó arriba.


Ya de salida el toro cantó su bravísima nobilísima condición y su pujanza (Fotografía de Cultoro)
El toro tenía condiciones excelentes y Manuel, que lo supo ver, lo brindó al público. Pero, no creo que nadie pudiera presagiar algo tan grande, un suceso que pasará a los anales de la historia del toreo.

Escribano empezó su faena doblándose por bajo con el toro, tratando de atemperar al bravo. Pero aquí apareció la bravura de verdad, y el toro, cuando le sometieron, se vino arriba y se entregó a la obra, en la que se fundiría con Manuel Escribano, yendo a más y a más a lo largo de la faena. En la primera serie por la derecha, ya arrancó la música ante la tremenda conexión con el tendido, pues "Cobradiezmos" se comía la muleta una y cien veces con el morro por el suelo y moviendo alegremente el rabo.



Como decía Pablo Lozano, la bravura del toro está en su mirada (Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)
Escribano estuvo a la altura de tan importante ejemplar y la faena acabó por alcanzar cotas indescriptibles. El trasteo fue largo, vibrante y explosivo, con toro y torero entregados y dispuestos a morir en el ruedo.


Toro y torero entregados. (Fotografía de Arjona para Aplausos)

Ya arrancada la banda, llegaron otras dos series por la diestra primero y otras dos sobre la zurda y el torero, ya armada la escandalera, se fue a por la espada, estallando entonces una clamorosa petición de indulto para el toro. El gerenero siguió toreando entregado por ayudados por alto, pases de pecho, cambios de mano... y el toro embistiendo sin venirse abajo, y cambió el estoque de matar por la ayuda y le dio otra serie más al toro. Entonces, al fin, el presidente, mi paisano D. José Luque (hijo del gran Andrés Luque Gago), sacó el pañuelo naranja tras haber consultado con el ganadero vía telefónica.

El Presidente, Don José Gago (hijo de Don Andrés Luque Gago, insigne rehiletero), asesorado por Luís Arenas, saca el pañuelo naranja que certifica su afición y conocimiento y la afición y conocimiento de la plaza de Sevilla (Fotografía de Arjona para Aplausos)
Entonces la plaza estalló de júbilo y euforia y el torero se retiró a abrazarse con su cuadrilla, dejando al toro en el ruedo, exhausto, pero aún desafiante. Regresó Manuel con una banderilla con la intención de simular la estocada, pero, para entonces ya habían aparecido los mansos y Escribano desistió, aunque seguro el diestro quería tener esa foto histórica de la estocada simulada, como la famosa de Astola y "Laborioso". Además, el torero, para no provocarle otra herida más y tampoco arriesgarse a cortarse, le había quitado el arpón al rehilete.

"Cobradiezmos" exhausto (Fotografía de Arjona para Aplausos)

El indulto fue absolutamente merecido y digno de una plaza de la categoría de La Maestranza, pues el "victorino" fue un monumento al toro de lidia, del que todo lo que se diga se quedará corto. "Cobradiezmos", tuvo un único defecto (por contarlo todo): el de escarbar en más de una ocasión.

Pero fue un toro bravo de verdad, con un motor tremendo, noble y fijo a reventar, repetidor y humillador, con clase a raudales, con un recorrido interminable, con una transmisión explosiva y con un fondo de casta inagotable, pues no buscó las tablas en ningún momento. El toro embistió entregado hasta la muerte por mucho que le exigió Escribano en cada muletazo y finalmente, tras resistirse, regresó a los corrales, con un público que acabó con las gargantas rotas, la sangre encendida y las mejillas llenas de lágrimas.

Escribano recibió dos orejas simbólicas (las mismas que había paseado Ureña) como premio a su impecable y entregada faena, en la que toreó solventando también al viento y en la que supo entender  al toro desde el principio, pues "Cobradiezmos", como bravo de verdad, lo pidió todo por abajo y exigió un torero que lo torease y se entregase con la misma verdad con la que él le regaló sus arrancadas de oro, por lo que ese grandioso toro, además de por su bravura, volverá al campo gracias a Manuel Escribano.


Un toro que todo lo quiso por abajo (Fotografía de Maurice Berho para Mundotoro)
Morenito de Aranda, mientras tanto, no pudo brillar como lo hicieron sus compañeros de terna, pues los dos "premios gordos" que se sortearon no cayeron ninguno en su lote. Pero, aunque fue todo disposición y entrega en sus dos toros, en parte por no tener la experiencia de Ureña ni Escribano con este encaste, sus oponentes tuvieron complicaciones a las que no se terminó de acoplar, dejando bastantes detalles de mucha torería y buen gusto, pero sin levantar el vuelo de sus faenas.

Morenito toreó con los vuelos por la izquierda así de bien (Fotografía de Arjona para Aplausos)

Tras irse a pie Morenito, al final del festejo, Paco Ureña y Manuel Escribano, salieron a hombros por la Puerta de Cuadrillas, como broche de oro a tan inolvidable tarde.

El final de una tarde inolvidable (Fotografía de Arjona para Aplausos)
Para mi desgracia, después de haberme tragado todo lo que va de feria, no pude asistir al festejo de hoy por motivos de salud, lo cual será motivo de arrepentimiento e impotencia durante el resto de mis días, aunque lo viese en directo por televisión. Pero espero que, dentro de unos cuantos años, pueda ver embestir la mitad de bien a uno de los hijos de "Cobradiezmos", quien en estos momentos está ya en "Las Tiesas de Santa María". Ojalá que el toro pueda recuperarse de sus heridas y disfrutar del paraíso que se ganó para dar continuidad a su estirpe, así que no puedo sino acabar mi crónica deseando...

¡Larga vida a los toros BRAVOS!..

Fdo: Marío García Santos

Regreso a las Tiesas (Foto Web de Victorino Martín)

jueves, 8 de octubre de 2015

La faena sublime de Paco Ureña

Por Jose Morente 
Del toreo clásico al natural: De frente y con el compás cerrado, cargando la suerte con los brazos y rematando detrás de la cadera (Foto de Javier Arroyo para Aplausos).

El toreo en nuestra época admite diferentes matices, escuelas y estilos. Si algo caracteriza al toreo moderno (igual que caracteriza a la pintura, literatura, escultura y música contemporáneas pues el toreo es cultura) es ese relativismo tan opuesto al dogmatismo de otras épocas pasadas.
 
Un buen ejemplo de esto que comento lo vimos el pasado domingo en Madrid con la faena de Paco Ureña al toro Murciano de Adolfo Martín.
 
Ureña pasó del natural clásico, citando de frente, a pies juntos y rematando detrás de la cadera al natural de hoy, encajado, con la muleta a rastras, llevando muy abajo, muy dominada y lo más lejos posible la bonancible embestida de ese gran toro de Adolfo Martín.


Al natural de hoy: Con el torero encajado, con el compás abierto, cargando la suerte con todo el cuerpo, con la muleta a rastras, con mucho mando y temple. Con la obsesión de alargar la embestida todavía un poquito más allá, lo más lejos posible (Fotografía de la web de Paco Ureña)


Sobre el toreo en redondo. El espejo de Ureña

Los toreros, todos los toreros, definen su estilo a partir de lo que ven en otros toreros. Hoy día el referente técnico de los toreros, de casi todos los toreros en ciernes, son el Juli y Miguel Ángel Perera.

Perera hace el toreo de hoy con un estilo carente quizás de estilo, de definición personal por lo perfecto y acabado. Perfecto y acabado en los trazos, en los movimientos y en la colocación.

De esas fuentes bebe el toreo de Paco Ureña quien se mira en ambos y, sobre todo y en lo formal, en Perera (no hay mejor espejo) para ejecutar el toreo, su toreo, con la entrega y abandono extremo que le caracterizan.


Perera y Ureña con toros de Adolfo Martín en Madrid

Perera y Ureña con toros de Adolfo Martín en Madrid

La faena sublime de Ureña
 
La faena de Ureña -sublime- tuvo el interés de unir dos estilos diferentes y dos conceptos diferentes en un mismo toro e interpretados por un mismo torero.

Una de las claves del éxito (y pienso que eso era lo que pedía el toro) fue el citar sin toques, echando las bambas de la muleta al hocico del toro para traerlo enganchado en los vuelillos de su muleta que el domingo fue de seda.

Pero lo que disparó la faena a la estratosfera, lo que marcó la diferencia, fue la entrega del torero de Murcia, dando todas las ventajas al toro y asumiendo, en todos los muletazos, el riesgo y el albur de su propio abandono. Eso es torear.

Hay muchas formas de torear, quizás tan magníficas como la de Ureña pero creo que pocas pueden ser más sublimes que las de esta faena del pasado domingo.

Y es que Ureña convirtió en entrega y abandono lo que en otros toreros es técnica y dominio. Esa fue la diferencia.

Eso fue lo que hizo sublime el toreo de Paco Ureña en Madrid


 


Nota: La comparativa fotográfica entre el toreo de Perera y el de Ureña se debe a Alberto Marcos Morante

lunes, 5 de octubre de 2015

Ureña y Murciano ponen broche de oro a una interesante Feria de Otoño

Por Clarito (Fotografías: Juan Pelegrín)

Ureña ante Murcianode Adolfo Martín, sexto toro de la tarde 


Los toros de Adolfo

Que en Madrid embistan los toros (que embistan bien, se entiende) no es fácil pues a esta plaza hay que venir con reses elegidas por tipo y hechuras lo que no siempre coincide con la nota y la reata. Como ya hemos dicho alguna vez, una cosa es el toro de las doce de la mañana (el del reconocimiento) y otra, el toro de las cinco de la tarde (el de la corrida).

Adolfo (en el mundillo taurino Adolfo es Adolfo Martín) envió ayer a Madrid una corrida elegida como para no pasar problemas en el reconocimiento. Y, lógicamente, no los pasó. Sus toros tuvieron trapío y presencia. Luego en la plaza, desarrollaron complicaciones y sentido, mucho sentido.
Los seis "grises"

Sin embargo, Adolfo está tocado este año (es su mejor año) por una varita mágica y todo le sale a pedir de boca. 

Que en Madrid salgan cuatro toros muy complicados no es malo, sino todo lo contrario pues ese es el gusto de esta plaza. Así fueron los cuatro primeros. Sólo salió un toro flojo, el quinto, cuando ya todo el mundo estaba encandilado con la corrida. Para colmo y remate salió un sexto bravo y, este sí, nobilísimo (noble no quiere decir bobo, que nadie se confunda).

Fue como si el orden de lidia lo hubiese preparado el propio ganadero como lo preparaban los ganaderos decimonónicos para garantizar el éxito de sus corridas.


Rafaelillo y la vieja lidia

Los cuatro primeros toros nos tuvieron en vilo, pendientes de todo lo que pasaba en el ruedo, Con matices de bravura, fueron cuatro toros complicados que desarrollaron sentido. Cuatro toros listos ante los que los diestros de la terna se plantaron con firmeza, solvencia y torería. En ningún momento los matadores volvieron la cara ni rehuyeron la pelea. 

Rafaelillo estuvo cumbre en el primero. Nos trajo aromas de otros tiempos con una faena de viejo cuño, sobre las piernas, doblándose con el toro e incluso, lo que en ese estilo de toro tiene máximo mérito, intentando estirarse con él en algunos momentos como quizás no se estiraban los toreros antiguos. Robando, literalmente, los muletazos. Mató muy bien tras un pinchazo. Faena de oreja que no se pidió.

Rafaelillo toreando por bajo. Aromas de viejas lidias

Menos opciones tuvo en el cuarto, al que recibió muy bien con el capote. Le brindó al público pero el toro se orientó muy pronto   Otra vez muy bien y muy torero el torero de Murcia,

El cuarto se orientó muy pronto pero Rafaelillo estuvo muy firme con él.

Sacando incluso muletazos de muy buen trazo

Robleño solvente

Lo de Robleño es una historia de continua mala suerte. Su primero (segundo de la tarde) fue el más peligroso de la corrida. Sólo matarlo sin volver la cara merece nota.


Un toro muy complicado y una estocada de las de verdad. Ayer se vieron muy buenas estocadas.
El quinto salió bravísimo o, mejor dicho encastadísimo. Tanto se empleó en el capote, con tanta fiereza y velocidad acometía los percales que, literalmente se desfondó casi de salida. Bravo y aparentemente noble se vencía en cada muletazo. Imposible el lucimiento. 

Otra estocada antológica

Ureña sueña el toreo

Lo de Ureña merece la pena contarlo en detalle para conocimiento de quienes no le vieron y para que perdure en la memoria de quienes estuvimos en la plaza.

Su primero fue uno de los toros complicados y con peligro de la corrida. Ureña le toreó de capote de forma magistral, con mucha hondura, en un palmo de terreno y sin enmendarse. Cante grande de compás abierto que tuvo sabor a Triana.

En la muleta, el de Lorca nos ofreció una de las versiones más desnudas y más verdaderas que es posible ver en una plaza. Sin apoyatura alguna, concediendo todas las ventajas al toro (quizás demasiadas pues el toreo es de suyo un arte defensivo) se entregó con desusado arrojo. Fue volteado aparatosamente, lo que no le importó demasiado pues volvió a la cara del toro con los mismos arrestos.Mató tras pinchazo recibiendo

Algunos aficionados le reprocharon que no diera más distancia al toro. Que lo ahogara. No comparto esa opinión (aunque en el toreo todo es opinable). Citando de lejos, hay más opciones para que el toro se venza hacia el cuerpo del torero si el toro es de sentido y el torero se pone en el sitio en el que se puso Ureña. Que se lo pregunten a Juan Belmonte puesto sobre corto trocaba cornadas por volteretas.


Ni las volteretas ni las complicaciones del tercero amilanaron a Ureña.

Pero lo grande llegaría en el último toro de la tarde (y de la Feria). El toro que se llamaba Murciano (curiosa coincidencia) tuvo nobleza y templanza y el torero puso templanza y buen gusto. Ureña entendió muy pronto que no había que tocarlo en el cite sino que bastaba echarla las bambas al hocico y traerlo enganchado a los vuelos de la muleta, sin brusquedades. Muy encajado en los primeros compases de la faena. Relajado y desmayado al final. 

Eso es el toreo. El toreo soñado.


Ureña en el sexto. Ora muy encajado ora muy desmayado
Del sueño nos despertó la estocada, Una estocada fulminante que llegó tras un pinchazo en lo alto y una envainada que hizo mucha guardia. Lástima. Si le mata a la primera hubiera explotado la plaza.

Gran tarde de toros y toreros, Los de Adolfo dentro del mejor año de este ganadero. Los toreros muy bien. Merecieron mejor suerte y más premio.

Sobre todo, eso, más premio. Los toreros merecieron más premio.



Los toreros aplauden a los aficionados. Todos en defensa de la Escuela de Tauromaquia de Madrid. En defensa de nuestra cultura

domingo, 12 de julio de 2015

Toros bravos y pregonaos

Por Juan Antonio Polo

Triunfó Ureña en la corrida de Escolar (Foto: Jesús Diges-EFE)

Pamplona. Quinta de Feria. 11 julio 2015

No sé hasta qué punto era realmente anhelada por la afición la presentación en la Feria del Toro de la ganadería de José Escolar, cuyos éxitos en las plazas francesas rayan en lo legendario, pero en cualquier caso y teniendo en cuenta la ausencia en los carteles de este año de hierros como los de Victorino y Adolfo Martín, debemos convenir que su contratación ha resultado oportuna y nos ha permitido presenciar en la feria el juego del encaste Albaserrada.

Ocurre, sin embargo, que el encierro escogido por el Señor Escolar fue muy desigual. En su presencia: nada tenía que ver el hermoso toro que abrió plaza —y que hubo de ser sustituido por otro del mismo hierro tras topar con un burladero— con la anovillada y casi famélica res lidiada en quinto lugar.

Y en su comportamiento: menos aún tuvieron que ver las incalificables reses integrantes de los lotes de Marco y Paulita con los toros, en este caso sí, que la suerte deparó al debutante Paco Ureña. En cambio, la corrida resultó totalmente pareja en sus incómodas y, en algún caso, casi camarguesas encornaduras.

Comprendo la desazón y el desespero que debe embargar a toreros del oficio de Marco y del arte de Paulita, al afrontar temporadas de casi perpetuo paro sin más esperanza de peso que su comparecencia en la feria sanferminera. Nada pudieron hacer uno y otro con los regalitos que les cayeron en suerte, el tercero fue un autentico pregonao y los demás no le anduvieron a la zaga. La plaza —quizá por razón de paisanajesilenció las actuaciones del torero local. Con Paulita, en cambio, se pasaron. Fue muy pitado en sus dos toros y, en mi opinión, no lo merecía.

Por su parte, Ureña acertó con sus toques al aparente tercero y construyó una faena buena y vibrante a la excelente res que cerró plaza. Sendas orejas, benévola la del tercero y apabullante la del sexto, permitieron al debutante salir en hombros por la puerta grande.

No deja de ser curioso que sean varias las tardes de esta feria en las que los mejores toros hayan coincidido en un mismo lote. Así pasó ayer con los toros de Abellán y hoy con los de Paco Ureña. Ocurre que la suerte de los alternantes con Abellán y Ureña es muy distinta. Mientras Perera y Fandiño no han perdido nada, Marco y Paulita han quedado al borde del precipicio.

Juan Antonio Polo

Cuaderno de notas (LIII) Hacer el avión


"Costurero" de José Escolar (encaste Albaserrada) haciendo "el avión" en la muleta de Paco Ureña en la tarde de ayer sábado en Pamplona, Una corrida en la que el torero de Lorca salió a hombros por la Puerta Grande merecidamente (Imagen: Captura de pantalla de Canal Plus)

Siguiendo ya con la zona ciega vemos que toma una relevancia mayor dentro ya de la embestida: cuando el toro tiene ya el objeto al alcance del pitón y pretende cornearlo. Tanto para el capote como para la muleta, esta zona ciega impediría al toro ver el centro del objeto al que acomete, con lo que tendría que optar por situarse para poder verlo con un solo ojo.

La elección del ojo es evidente: aquel cuyo campo [visual] contenga la totalidad de la figura que el toro tiene delante: torero y engaño, intuyendo el animal la posición de la cabeza que ha de proporcionarle una vigilancia más precisa del enemigo.

Si estamos toreando por el pitón derecho, este ojo sería el derecho, porque en su campo visual está el torero cuando el toro pasa, y viceversa: cuando esto sucede decimos que el toro "va toreado". Al adelantar ligeramente el ojo y el pitón que torean, el animal no tiene más remedio que separar la cara del cuerpo del torero: lo que llamaremos "apertura".

Los animales muy bravos y humilladores, también tienden a bajar el ojo que, digamos, embiste, y por tanto, a perseguir el engaño con el cuerno de ese lado más humillado, haciendo lo que denominamos "el avión".

Raúl Galindo. "El toreo, en teoría" (1ª ed., Barcelona, 2004, Editorial Bellaterra S.L.)


domingo, 10 de mayo de 2015

Agitador y Ureña a examen

Por Jose Morente


 

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Paco Ureña con Agitador de Fuente Ymbro en Madrid el 9 de mayo de 2015. El toreo no siempre es perfecto, lo que no quita para que no sea emocionante (Foto EFE)
 
Las malas costumbres
 
Acostumbrados al exquisito toreo, tan perfecto, tan redondo, tan preciso, de los mejores toreros de nuestra época con los mejores toros tan bravos tan nobles, tan pastueños, de la actual cabaña brava, se nos va olvidando que el toreo es, en general, mucho menos perfecto, menos redondo, menos preciso.
 
El público de hoy no aguantaría ya los enganchones de la muleta de Manolete, emocionantes pese a ello, ni la falta de ligazón de las faenas de Ordoñez, repletas de hondura y empaque.
 
Manolete Derecha pueblo
A Manolete y a los toreros de su época, se les disculpaban enganchones que hoy no se admitirían, por las cercanías y riesgos que asumían toreando. El trazo del muletazo de entonces no tiene nada que ver con el de hoy. Ni la tersura con la que se mueven las telas
Nos hemos acostumbrado mal. Como las figuras no salen del sota, caballo, rey de sus encastes predilectos, hemos llegado a pensar que siempre hay que torear con esa rara perfección a la que nos han/hemos habituado.
 
Y es ese un error en el que caen todos, los toreristas pero también los toristas, como se pudo comprobar en la corrida de Victorino del pasado San Isidro.
 
_MG_0924 (Ana Escribano)
De forma contradictoria, el torista público de las Ventas del día de los Victorinos del pasado San Isidro fue incapaz de entender que todos los toros tienen su lidia y que, por eso, no todas las faenas pueden ser redondas y perfectas. Al final, los perjudicados son, como casi siempre, los toreros (Fotografía de Ana Escribano).
 
Un toro espectacular
 
Fuente Ymbro envió a Madrid una corrida bien presentada, muy bonita y con hechuras, de la que destacó un segundo toro, el de pelo más bello, Agitador, cuyo comportamiento agresivo y fiero, puso a prueba los conocimientos de periodistas y aficionados. Veamos.
 
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Un toro armónico y de espectacular pelaje. Tan espectacular como lo fue su comportamiento (Fotografía de la web de las Ventas)
Para Sixto Naranjo, en la Cope, fue un toro bravísimo (con el único reparo de una cierta falta de clase). La faena empezó bien hasta que, según Sixto, Paco Ureña acortó las distancias. Resumen: Gran toro y error del torero.
 
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Para Sixto Naranjo (COPE), la faena empezó bien pero… (Foto Fran Jimenez para Aplausos)
 
Zabala en el Mundo, coincide. El toro fue para “refundar” una ganadería y su bajón final (pérdida de ritmo en la embestida) se debió a la pérdida de sitio del torero.
 
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Para Zabala, Agitador fue un toro de vuelta al ruedo (El Mundo)
 
Para Iñigo Crespo, en Aplausos, además de bravura, el toro tuvo la clase que le negaba Sixto. Reconoce que la faena fue a menos pero no distribuye culpas. Ni al toro ni al torero.
 
Antonio Lorca, en el País, se sitúa en la misma onda aunque apunta que quizás el bajón final se debiera al agotamiento del toro por el esfuerzo realizado (hipótesis que debemos anotar y tener en cuenta). Sobre Ureña, al que elogia, matiza que puede que le faltara experiencia y oficio. Algo lógico, añadimos nosotros, en diestro poco placeado.
 
Para Barquerito, que es el crítico que más se fija siempre en el juego de los toros, todo se quedó a la mitad. El toro, bien en los encuentros pero mal en las salidas del caballo, y el torero, firme y luciendo al toro pero escaso de mando. Y un detalle que sólo el destaca, los bramidos del toro en cada arrancada.
 
Titular de BarqueritoBarquerito destaca, con mucha justicia, al Payo en los titulares
 
En consecuencia, valoraciones distintas para Agitador y, valoraciones distintas para Paco Ureña. La lidia de un toro tiene tantos matices que, al final, el punto de vista de cada espectador lo condiciona todo.
 
 
El punto de vista de Madrid
 
En Madrid, se han visto ya tantas proezas y tantas grandes faenas, que se da por hecho que cualquier torero tiene (o puede) que estar superior con cualquier toro. Por eso, cuando esta plaza se encandila con un toro en el tercio de varas, ya no hay matices que valgan. Si la faena es un éxito, eso era lo lógico y previsible. Si no alcanza el cenit presentido, la culpa (toda) es del torero.
 
 
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En Madrid se ha visto tanto y tan bueno, que cuando las cosas no salen perfectas todo se achaca al torero (Foto de Fran Jimenez para Aplausos)
 
Ese punto de vista no es demasiado acertado. Entre otras cosas porque el comportamiento del toro en varas no suele ofrecer muchas pistas sobre su comportamiento en la muleta y es que fiereza y toreabilidad no solo no suelen ir de la mano sino que, en la mayoría de las ocasiones, son caracteres casi contrapuestos.
 
La prensa profesional, por profesional, matiza y modera esa postura tan intransigente pues entiende que las cosas no son tan simples.
 
Los aficionados en las redes sociales, más radicales, más atentos al discurso fácil, no entienden de matices. Por eso, se entroniza a Agitador (obviando sus evidentes defectos pese a ser un gran toro en tantos otros aspectos) tanto como se condena al ostracismo a  Paco Ureña (obviando las virtudes que tuvo su faena pese a no redondearla). No es eso.
 
Pero la opinión que vale no es la de los demás, sino la nuestra propia. La de cada uno de nosotros. Así que aquí tenemos la lidia completa de este toro para ver y opinar… por libre.
 
 

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Para ver el vídeo Pinche aquí