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domingo, 5 de marzo de 2017

El hilo invisible del toreo

Antoñete y el Juli. Los dos citan al natural. Los dos citan encorvados y con la pierna retrasada (pierna retrasada que -ambos mantendrán atrás hasta el final del muletazo). Hay un hilo invisible del toreo que transmite conocimientos y soluciones de un torero a otro y que conecta a través de la historia incluso a diestros de muy distinto concepto.

Vivimos en una cultura de la imagen y, curiosamente, prestamos muy poca atención a las imágenes. Renegamos de los vídeos y sacralizamos las fotografías (pero sólo las que nos interesan; las demás las desechamos). Nuestra imagen del torero, de cada torero, y nuestra opinión sobre su forma de torea se condicionan más por lo que otros dicen de él o por sus propias declaraciones que por su forma de torear en la plaza. Por eso, no vemos más allá de las apariencias y, a veces, ni siquiera valoramos esas apariencias. En resumen, que damos más importancia a lo leído (a las etiquetas) que a lo vivido (o visto). Un buen eslogan vale hoy más que mil faenas.

Sin embargo, cada torero es un mundo. Su concepto, su personalidad, su experiencia y conocimiento, incluso su propio físico condicionan -¡y de que manera!- su modo de torear. Una forma de torear que está hecha de multitud de matices y detalles fruto de la observación y la experiencia. El toreo es conocimiento adquirido por la experiencia pero también conocimiento fruto de la imitación (emulación) del modelo, del maestro.

Tan complejo es el toreo que muchos de esos matices -en ocasiones, los más importantes- pueden pasar desapercibidos a los ojos del aficionado. Manolete decía que compartía concepto con Chicuelo y, sin embargo, a muy pocos aficionados de la época se les hubiera ocurrido hacer del torero de Córdoba discípulo del sevillano pues sus formas eran muy diferentes. Pepín Martín Vazquez se miró en el de Córdoba, en cuyo concepto cimentó su forma de torear y sin embargo a muy pocos aficionados de hoy se les ocurre relacionarlos. El problema de las formas que no dejan ver el fondo.

Maestro indiscutible del toreo fue Antoñete: maestro indiscutible del toreo, es hoy el Juli. Son, empero, igual que Chicuelo y Manolete, dos toreros muy diferentes, con dos conceptos muy diferentes y con dos tauromaquias también con muy pocas cosas en común.  Más poético, irregulardesgarrado y ortodoxo, literariamente ortodoxo, el maestro Chenel y más pragmáticoambiciosoexperimentador y contundente, ambiciosamente contundente, el maestro Julián.

Pero no se trata de compararlos (¿a quien se le podría ocurrir comparar a uno con el otro?). No ya porque montarían en cólera los guardianes de la ortodoxia siempre dispuestos a lapidar a los herejes sino porque, como hemos dicho, encarnan dos toreos, dos conceptos del toreo, radicalmente distintos.  

No son comparables, evidentemente, pero estas dos fotos que encabezan esta entrada y que fueron publicadas hace tiempo en algunos blogs taurinos con la perversa intención de jugar al juego, malévolo de "buenos y malos", si que nos dan pie para jugar nosotros a otro juego bien diferente y mejor intencionado: al juego de las semejanzas ya que no al juego de las comparaciones.

Y es que, aunque incomparables y diferentes, si que podemos atisbar, en esas imágenes, matices o técnicas similares. Quizás bajo unas formas aparentemente disimiles (aunque, precisamente en esas dos fotos, no tanto) subyace, en esos dos cites, un fondo común con más semejanzas de las que pudiéramos sospechar.
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Herencia posible (todo es posible) pues, en nuestro caso y no en balde, en Chenel se han mirado la mayoría de los toreros jóvenes de los 80 y 90, igual que Chenel, y con él todos los toreros de su quinta, se miraba, a veces sin querer confesarlo, en Manolete. Al final, el trasvase de influencias técnicas entre toreros puede que rebase las fronteras que marcan los estilos y los modas e, incluso, las que marca el tiempo, la edad o la época. En el toreo, la cuestión es buscar soluciones a los problemas -siempre los mismos- que plantea el toro, y no respuestas a las demandas esteticistas o teorizantes de los que están en los tendidos que eso, si es el caso, vendrá después. Esta última es cuestión importante pero, en el fondo, secundaria.

No en balde y por ello, el toreo se está retroalimentando continuamente, en un ciclo sin fin, de una época o otra y de un torero a otro, desde sus albores.

Es el hilo invisible del toreo. El verdadero.


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Postdata aclaratoria para sabelotodos.
Chenel no sólo tiene la pierna atrasada en el momento de la foto (el del cite) sino que -al contrario de lo que algunos han afirmado en los blogs aludidos- ahí la mantendrá hasta el remate. Se puede comprobar lo que afirmamos viendo las grabaciones de las faenas de esa época donde -si bien en ocasiones adelanta la pierna de salida lo habitual era en él mantenerla retrasada. Se puede comprobar aquí. El mecanismo de adelantar la pierna lo utilizaba más -en mi opinión- como medio de ajustar el cuerpo del torero al del toro cuando la trayectoria de la embestida era más periférica que como medio de cruzarse en su camino.

Postdata puntualizadora para suspicaces:
El muletazo de Chenel que ilustra esta entrada no es una mácula en su toreo. Era un modo habitual de citar en aquellos años y en los posteriores. Guste más o guste menos su falta de verticalidad y esa pierna retrasada, esa forma de citar no es ni un "lapsus" ni un "accidente", ni una "excepción", sino un ejemplo de como se citaba entonces... y como se sigue citando todavía,

Postdata final para teorizantes
Enjuiciar el toreo a partir de ideas fijas -que es lo que siempre se suele hacer- es renunciar a entenderlo. Construir nuestros argumentos solo como medio de justificar nuestras hipótesis de partida, nuestras convicciones previas solo sirve para engañarnos a nosotros mismos. El toreo, a fin de cuentas, es como pueden o quieren los toreros de cada época, no como a nosotros nos gustaría que fuera o como pensamos que debería ser.

sábado, 4 de marzo de 2017

Cuaderno de notas (CXVI) La lección de Antoñete: Colocación y torería

Antoñete ¡Aquel sentido de las distancias! Fotografía del blog "La tauromaquia de la movida")
Nota de LRI. En un magnífico artículo de Antonio Castañares publicado primero en una serie aparecida en 6Toros6 y recopilada luego en un magnífico libro, este gran aficionado no recordaba cual fue la gran lección del maestro Antoñete en su última etapa: enseñar, a un público de jóvenes recién llegados a la fiesta, que la clave del toreo está en la colocación y la torería

Pero cuidado, que no se trata -como algunos podrían pensar- de que todos los toreros tengan que citar desde la misma distancia desde la que citaba Chenel, ni que tengan que desprender un mismo aroma de torero castizo y añejo como el que atesoraba el madrileño sino, de modo más general y menos excluyente, lo importante es que cada cual sepa encontrar su propio sitio en la cara del toro y que, una vez allí, sepa desarrollar su propia personalidad. Nada más y nada menos que eso.


Yo a Antoñete le ví, le ví con fruición y de forma compulsiva. Sabía que era una reliquia, una especie a extinguir, algo único. Era todo un acontecimiento verle ante el toro, al que iba con una torería infinita y le citaba de largo, muy de largo y metido en su terreno. Le alegraba con la voz-¡iu!- y le adelantaba la muleta lo justo para no descomponer la figura. Le aguantaba en un primer muletazo emotivo a más no poder, para seguir en redondo en un segundo y un tercero aún mejores por hondos y cadenciosos. Ya no tenía fuelle -el maldito tabaco- pero allí estaba el de pecho o uno del desprecio con la rodilla crujiendo el costillar del toro. Y después, ¡ay después!, ¡ay aquel irse del toro toreando!, ¡ay aquella repajolera gracia!, ¡ay aquel irse yéndose que acababa con el cuadro.

Antoñete muchas tardes, como aquel 7 de junio de 1985 ante "Cantinero", nos enseñó que al toro había que respetarle, qie había que darle su sitio. Que había que hacerle creer que iba a salir vencedor del duelo, aunque la maestría de aquel torero de mechón blanco pudiera con aquel celo y alumbrara una de las más inmensas faenas que los aficionados hemos tenido la dicha de ver y disfrutar.

CASTAÑARES, Antonio. "La lírica del toreo-Fotos con solera" (1ª ed. Madrid, s.e., 2006)

Antoñete ¡Aquel irse yéndose que acababa con el cuadro! (Fotografía del blog "La tauromaquia de la movida")



viernes, 27 de mayo de 2016

La visión del aficionado (I)

Por Jose Morente


1972. Antonio Bienvenida torea con la muleta y de ensueño a un toro de Pablo Romero en la Feria de Málaga. Fue la mejor faena de la Feria y de otras muchas ferias. La primera faena que vi cuando pude volver a los toros con catorce años cumplidos (Fotografía del Ruedo)

Mi primeros pasos como aficionado

Cuando por mi edad, pues ya había cumplido ya los catorce que exigía la reglamentación entonces vigente, pudieron llevarme otra vez a una Plaza de Toros, quedé impresionado por lo que se presentaba ante mis ojos. Toreaba esa tarde, en Málaga, Antonio Bienvenida, un verdadero maestro pleno de torería, con Miguelín y Miguel Márquez, toros de Pablo Romero. El espectáculo, por su emoción y colorido, era fascinante, especialmente para la mirada de un niño ávido de nuevas sensaciones.

Antonio Bienvenida hizo en Málaga, en una tarde en la que Miguelín cortó un rabo, una faena histórica que no pudo coronar con la espada (Tres pinchazos, media bien colocada y un golpe de descabello necesitó para acabar con el noble toro de Pablo Romero). Pese a ello, la vuelta al ruedo fie apoteósica y el Jurado del Capote de Paseo le concedió una mención especial por su buen toreo de muleta. A mí, aquella forma de torear de muleta me impactó (Reseña del Ruedo)
A esa primera e impactante impresión, siguió un ansía tremenda por indagar y por ahondar en los entresijos de la corrida. En un proceso que creo similar al de tantas otros aficionados, mis fuentes fueron: Primero, lo que escuchaba a los viejos aficionados, comenzando por los de mi entorno familiar y, en segundo lugar, lo que leía y aprendía en los libros de toros y en las reseñas de las revistas taurinas.

Y es que oír, oía mucho y leer, leía mucho. Sobre todo, esto último pues yo, lector empedernido, ya había descubierto la biblioteca taurina de mi abuelo y leía todo cuanto de toros caía en mis manos.


Mirando el pasado. Los mitos

Si la corrida en la plaza podía resultar apasionante, la historia del toreo, los hechos y sucedidos de los grandes toreros del pasado, no le iban a la zaga. Tal y como aparecían en los libros, los toreros de antaño eran uno héroes legendarios protagonistas de proezas tremebundas y cuyas anécdotas poblaban el imaginario de los aficionados.
 
La imagen que nos llegaba de los toreros antiguos era triunfalista y heroica (Grabado de Gustavo Doré "El triunfo del espada" 1874)
Tan tremebunda, tan apasionante era esa historia que, a su lado, al lado de aquellos heroicos toreros de los libros, los toreros de aquel presente, que hoy es ya historia, empalidecían y aparecían empequeñecidos como simples mortales que no alcanzaban, ni por asomo, la grandeza de los viejos maestros retirados o desaparecidos.

Si algo caracteriza al aficionado a los toros, es su permanente nostalgia de un pasado imaginado, un pasado que -por desgracia- casi nunca fue como lo imaginamos.

Y es lógico pues del pasado seleccionamos lo mejor, las tardes de gloria, los toreros que llegaron a la cumbre, las ganaderías míticas. Con el presente hacemos todo lo contrario. "Del pasado, sus grandezas y del presente, sus miserias" podía ser nuestro credo como aficionado.


La memoria y recuerdo de los grandes toreros del pasado hacia empalidecer y desdibujaba la importancia de los toreros de aquel presente: Luis Miguel, Ordoñez, Bienvenida, Camino, Puerta, El Viti, Palomo, Paquirri, Dámaso, etc. no eran nadie ni nada frente a Manolete, Joselito, Laartijo o Pedro Romero.

Mirando al infinito. Los cánones

Además, había otro problema añadido, más importante quizás, y es que aquellos libros que yo leía y aquellos aficionados a los que yo escuchaba, defendían, como normas de obligado cumplimiento, una forma de torear -los cánones- que no tenían nada que ver con lo que los toreros hacían realmente en la plaza.

Luis Miguel Dominguín en un pase natural en la misma Feria de Málaga del 72 en la que vi torear a Antonio Bienvenida. El toreo que los grandes toreros de entonces hacían en la plaza (igual que el que hoy hacen) no tenía (no tiene) nada que ver con los cánones que defendían (y defienden cuarenta y tantos años después) los aficionados más dogmáticos. Un verdadero sinsentido.
Para aumentar esa ceremonia de la confusión que son los actuales cánones, algunos toreros se han obstinado en decir y defender (en público y en privado) justamente lo contrario de lo que luego hacían o habían hecho en los ruedos. Lo preocupante es que al aficionado que los escucha, le resultan más convincentes las palabras que los hechos.
Un divorcio explicable, porque desde principios de siglo y, sobre todo, a partir de la Guerra Civil, el toreo había cambiado de forma radical. A un toro decimonónico de bravura simplificada, criado sólo para matar caballos, le había sustituido un toro de bravura completa, al que se le pedían muchos más matices en la embestida. A un muletazo de trazo corto y simple le había sustituido un muletazo de trazo largo y complejo. Hoy las embestidas del toro y los trazos de los muletazos son aún todavía si cabe mucho más largos y complejos que entonces.

Natural de José Tomás en Nimes. Ni la compleja embestida del toro de hoy, ni el complejo trazo del muletazo del toreo actual tienen nada que ver con el toreo de finales del XIX  y, ni siquiera,, con el toreo de antes de la Guerra Civil.
Aunque esos cambios resultaban muy evidentes, no era tan evidente ni fácil entenderlos ni explicarlos entre otras cosas porque esas claves técnicas del toreo no eran entonces accesibles al aficionado común. Los toreros antiguos eran muy celosos de su oficio y resultaba imposible conseguir que accedieran a desvelar los "trucos" del oficio ni siquiera a sus propios compañeros.

El conocimiento técnico de los viejos aficionados se veía necesariamente reducido a una simplificación esquemática (llamada cánones) de los preceptos contenidos en las viejas tauromaquias con algunas pequeñas -muy pequeñas- aportaciones o matizaciones posteriores.

A lo largo de la historia del toreo, el conocimiento de la técnica por el aficionado se ha reducido prácticamente a lo que decían las viejas Tauromaquias. Siempre me ha interesado sobremanera es la técnica pero, salvo las viejas tauromaquias y algunos raros libros, era muy poco lo que se podía aprender sobre el tema. . 
La visión nostálgica hace que, del toreo ayer, enviemos al baúl de los recuerdos todo lo que no cuadra con nuestros esquemas preconcebidos. Cuando al aficionado dogmático de nuestros días se le habla de toreo en redondo o toreo en ochos, por ejemplo, tuerce el gesto y mira para otro lado pues esas precisiones técnicas, imprescindibles para entender la historia del toreo, le complican la vida y ponen en solfa sus conocimientos anteriores. Todo antes que tener rectificar sus ideas por muy erróneas o parciales que estas sean.. Desde luego no manifiestan ningún interés por comprender el toreo sino sólo por reafirmar sus convicciones. Más que un ejercicio intelectual, el toreo es, para esos aficionados, un ejercicio de fe religiosa.
El estado de la cuestión

Creo que esa radical incapacidad de entender lo que realmente ocurre en el ruedo, propiciada por una visión esquemática y nostálgica, basada en la simplificación de la técnica y en el culto al pasado imaginario, es la que explicaría el radical y eterno descontento o desencanto con el que el aficionado a los toros afronta históricamente su afición.

Dicho de otro modo, no es fácil entusiasmarse con lo que ocurre en la plaza, cuando lo que vemos en ellas no tiene nada con ver con lo que quisiéramos o nos gustaría ver que es lo que ocurre cuando analizamos y valoramos el toreo actual a través de los clichés y estereotipos con los que solemos ir a los toros.

Premiada de forma menor, la grandiosa actuación de Talavante en Madrid con un toro de Cuvillo, ha puesto en evidencia la incapacidad de la afición más conspicua (la madrileña) para entender cabalmente lo que ocurría en el ruedo. Madrid se emociona (¡y de que forma!) pero sólo con lo evidente y emocionante.
(Continuará)

lunes, 2 de mayo de 2016

Dos pases de pecho muy diferentes: Antoñete y Ojeda

Por Jose Morente


El pase de pecho de Antoñete. Un pase de pecho de pitón a rabo respetando el viaje del toro en línea recta, La pureza del toreo de línea natural.

Dos toreos diferentes

Fue Cossío el primero que, al clasificar los pases de muleta distinguió entre los pases naturales (donde se da salida del toro por el mismo lado que la mano que lleva la muleta) y los cambiados (donde el toro sale por el lado contrario a la mano que lleva la muleta).

Fue Pepe Alameda, el primero que, de esa clasificación extrajo una conclusión genial. La de que existían dos modos de torear diferentes y contrapuestos. El toreo de línea natural y el toreo contrario o cambiado.

El primero, el toreo de línea natural, se basa en respetar el viaje natural del toro, en línea recta. Una línea recta que sólo se curva hacia dentro en los remates para poder repetir el pase por el mismo pitón. Por la trayectoria circular que describe el toro, se le llama toreo en redondo. Lagartijo, Guerrita, Joselito, Manolete son toreros de esa cuerda.

El pase de pecho de Manolete. Un pase de pecho en línea recta, respetando el viaje natural del toro y sacando la muleta por el rabo. Aunque la estética es muy diferente, este es el espejo donde se miró Chenel para sus pases de pecho (Toledo, 1947)
El segundo, el toreo cambiado, se basa en desviar o desplazar hacia afuera la embestida del toro alternando los pitones. Por las idas y venidas que traza el toro en la arena se le llama toreo en ochos. Espartero, Antonio Montes, Belmonte, Domingo Ortega son toreros de esa cuerda.

El pase de pecho al hombro contrario de Domingo Ortega. El de Borox mete el pie en el terreno del toro intentando desviar su viaje (Fotografía publicada en el Ruedo en 1945)
Esa clasificación o distinción entre esos dos modos tan diferentes de torear es muy útil para entender cabalmente el toreo y para entender y valorar lo que hacen los toreros en la plaza. 


Dos toreros diferentes

Antoñete fue torero de línea natural. Antoñete se situaba en el centro y, desde allí, toreaba respetando el viaje del toro (¿Donde está el toro? ¡pues allí lo toreamos!). Su toreo en redondo está en la línea de Manolete al que admiraba

Antoñete citando al toro de Garzón en las Ventas en 1985.

Paco Ojeda, por el contrario, practicaba un toreo asilvestrado e intuitivo, de línea cambiada. Su toreo en ochos está en la línea de los toreros como Domingo Ortega formados en el campo o en las capeas, aunque Ojeda aportó la importante novedad de situarse también en el centro de las suertes pero manteniendo el concepto de ir alternando los pitones.

Cite de espaldas de Ojeda en Nimes en 1984.

El toreo de cada uno de ellos, está en las antípodas del toreo del otro. No tienen nada que ver. Son dos conceptos radicalmente diferentes que se traducen en modos y formas radicalmente diferentes de torear. Y cuando decimos esto no nos referimos sólo al estilo, que es cuestión distinta y personal, sino a la esencia de sus toreos.


La polémica.

El choque entre conceptos diferentes es lo que, a lo largo de la historia, ha ido dando lugar a las diferentes competencias. Competencias que han marcado el devenir de la fiesta.

En el caso de Antoñete y Ojeda, dicha competencia era, por muchas razones (entre otras, generacionales) imposible pero, en cambio, si se produjo un conato de polémica en los plazas y en la prensa que creo interesante recordar hoy para quienes no vivieron aquellos momentos.

Lo curioso es que, aunque Paco Ojeda salió del ostracismo gracias a una corrida madrileña y veraniega, la plaza de Madrid -feudo antoñetista- lo recibió de uñas cuando volvió ya convertido en figura del toreo. La actitud de Madrid con Ojeda fue encarnizada y detestable, impropia de la categoría de esa plaza. Vamos a obviar esa cuestión.

A mediados de los 70 comenzaba la guerra sucia contra las figuras en Madrid. Una guerra propiciada por un sector de la prensa y que todavía hoy día continúa (artículo de Vicente Zabala en ABC sobre una actuación de Paco Ojeda en las Ventas en 1984. El diestro fue recibido de forma airada por una parte del público y acabó siendo cogido
Por otra parte, la revista Aplausos (por vía de su director Salvador Pascual) terció en defensa de Ojeda y en contra de Antoñete. Como esa defensa y ese ataque se plantearon a partir de una reflexión sobre la técnica taurina, vamos a recordar los argumentos que se dieron en un artículo publicado después de finalizada la feria de San Isidro de 1985.


Aplausos publicaba esta fotografía de un pase de pecho de Antoñete (Fotografía inicialmente publicada en el País) para arremeter contra el diestro madrileño.
Después de insertar unas fotos infumables de Antoñete frente a otras magníficas de Ojeda (que es lo que hacen siempre -hoy también- quienes quieren criticar a un torero y ensalzar a otro) y de analizar aspectos estéticos del toreo de ambos, Salvador Pascual entraba en el meollo del asunto (los diferentes conceptos que ambos toreros tenían del toreo) al hilo del pase de pecho de dichos diestros. Como la polémica trajo más polémica (en forma de cartas a los lectores) Pascual rescató en un número posterior un texto de Luís Bollaín sobre el pase de pecho que había publicado años antes su libro El Toreo

Fragmento del texto de Luís Bollaín sobre el pase de pecho publicado en Aplausos en defensa de Paco Ojeda



Aprovechando la afición de Bollaín a los gráficos, Salvador Pascual elaboraba los suyos propios para demostrar geométricamente, que el pase de pecho de Ojeda era superior al pase de pecho de Antoñete.
Lo cosa tenía su lógica pues Bollaín, defensor y paladín de Juan Belmonte, era, por pura lógica, defensor y paladín del toreo cambiado o contrario, "en ochos". El pase de pecho del que habla Bollaín en su texto (el pase de pecho al hombro contrario) es el pase de pecho de Belmonte, de Domingo Ortega del Viti y es también el que practicaba el genial torero de Sanlúcar, Paco Ojeda.

Por contra, de Paco Ojeda seleccionaban este espectacular pase de pecho correspondiente a una faena de los Sanfermines del 83
Es un pase de pecho magnífico aunque muy diferente del también magnífico pase de pecho en línea recta (en línea natural) que ejecutaba Antonio Chenel "Antoñete" y, con él, todos los toreros de su cuerda. Un pase de pecho de pitón a rabo y donde la muleta se saca por la penca del toro como el que hemos insertado al inicio de esta entrada.


Conclusiones

Preferencias personales aparte, lo que está claro es que ambos muletazos (el pase de pecho al hombro contrario y el pase de pecho de pitón a rabo) son dos magníficos y extraordinarios muletazos y ambos tiene su importancia y su valor. Y, además, cada uno de ellos es coherente con el modo de torear en el que se incardinan.

Rechazar uno de ellos (en este caso, el de pitón a rabo, por ejemplo, como hacía Salvador Pascual) no tiene sentido salvo que estemos dispuestos a renunciar a la línea o cuerda del toreo natural que es a la que corresponde ese pase de pecho. Lo que es mucho renunciar.

Podemos discutir sobre nuestras preferencias y, en consecuencia, aquilatar a los toreros, en función de esas preferencias, en función de si su toreo se acerca más o menos a nuestro concepto del toreo.

Pero esa sería, en el fondo, una discusión sobre nuestros gustos, no sobre el mérito real de los diestros. Valorar negativamente Antoñete porque su pase de pecho (de pitón a rabo) no sea el mismo pase de pecho del Viti o el de Paco Ojeda (al hombro contrario), me parece una simpleza y una estupidez

Una simpleza y una estupidez que los aficionados cometemos por desgracia con excesiva frecuencia



Postdata para los íntimos.

Lo que resulta descacharrante en esta historia es que, siendo Madrid plaza donde tantos partidarios tienen el cite de frente y la pata 'alante o sea, el toreo cambiado, se apostara allí de forma incondicional por Antoñete, torero de pura línea natural, frente a Paco Ojeda, torero de pura línea cambiada. Es una incongruencia tan grande o más que la de aquellos bombistas que se pasaron en masa a las filas belmontistas.

Y es que, en el fondo, somos esclavos de nuestras filias y nuestras fobias, de nuestras simpatías y nuestras antipatías y no tanto de nuestro concepto del toreo, el cual muchas veces no pasa de ser un mero pretexto para defender lo indefendible o atacar lo que no debiéramos atacar.





El pase de pecho de Antoñete. De pitón a rabo (no al hombro contrario.

sábado, 2 de abril de 2016

Cuaderno de notas (LXXVII) Antoñete en Logroño. Torear bien y matar muy mal

El año del toro blanco, Antoñete aunque sin mucha fortuna por las lesiones, toreó muy bien. En Logroño, lo hizo de forma excepcional aunque acabó llorando al no conseguir matar bien al astado (Antoñete con el famoso toro blanco en una foto de Botán)
[1966. Año del toro blanco]

"De allí a Logroño, donde hizo una faena de esas inolvidables y donde cambió infinitas orejas por incontables vueltas al ruedo. Su muñeca todavía se resentía, tenía tierna la fractura y así no había forma de matar. Pero como torearía Chenel que pese a que en esa feria riojana Ordoñez y Diego Puerta cortaron un porrón de orejas, se armó una trifulca tremenda a la hora de conceder el trofeo de la feria que daba la Viuda de Solano, firma propietaria de los caramelos de café con leche.

El jurado no consiguió entregar el premio ni a Ordoñez ni a Puerta, porque gran parte de sus miembros decían que el mejor había sido Antoñete, matara bien o no, cortara orejas o no.

Se armó tal guirigay que a la postre salieron todos tarifando y el trofeo de la Viuda ni se dio, ni se volvió a dar nunca.

Molés, Manuel (1966: 86-87) Antoñete. El maestro. Madrid, El País-Aguilar

En la Feria de Logroño de 1966, Ordoñez y Puerta se hartaron de cortar orejas mientras Antoñete oía  dos avisos, No obstante, suya fue la faena de la Feria.
Antoñete lloró en Logroño después de torear bien y matar muy mal pese a que el maestro fue siempre un buen matador (El Ruedo 11-10-1966)

domingo, 8 de marzo de 2015

La importancia de la técnica hoy (I) Los antecedentes

Por Jose Morente

 Magritte a friend of order

Mientras que para los impresionistas, la pintura tiene por objeto estimular el sentido de lo visual, para los surrealistas, la pintura debe estimular la capacidad de pensar. De igual modo, en el toreo, los toreros técnicos priman el conocimiento, la capacidad de pensar, sobre la épica o la estética (Cuadro de Magritte. A friend of order. 1964)

 

Una situación muy complicada

El toreo se encuentra en un momento muy complicado. Muy complicado, tanto dentro como fuera de las plazas.

Exteriormente y dado que el toreo no tiene ninguna presencia en los medios de comunicación de masas (fundamentalmente la TV), el toreo no existe.

Por eso, porque no existe, son muchas las personas a las que ya NO les importaría lo más mínimo que el toreo desaparezca. Que desaparezca algo que es invisible o no existe, no es importante ni preocupante para nadie.

2010-04-25 Telediario

Para la mayoría de la gente, el toreo no existe ya que su presencia en los medios de comunicación audiovisuales es nula salvo raras y contadas excepciones (En la imagen fotograma de una de esas excepciones. Telediario del 25 de abril de 2010 con la cogida de Tomás en Aguascalientes)

Por otro lado y si nos ceñimos al interior del denominado Planeta de los Toros y dejamos al margen a los públicos (cuyo nivel de asistencia a las plazas sigue siendo, pese a la crisis, más que aceptable), nos encontramos también con una situación complicada en la que el aficionado se ha ido distanciando, de una manera quizás excesiva, respecto al toreo que hoy se hace.

plaza_toros_Ventas

La distancia no sólo física sino sobre todo intelectual, con la que el aficionado percibe el toreo hoy día, resulta palpable y evidente (Vista general de la plaza de Madrid)

 

Un largo y complicado proceso

Ese distanciamiento, más evidente en unas plazas que en otras y que afecta a algunos aficionados más que a otros, no es reciente pues viene de lejos.

Es un proceso que se inició en los años 70, y que fue propiciado, sobre todo, por algunos revisteros y por un sector minoritario de abonados de la plaza de toros de las Ventas. Provocado, en parte, por ellos, el toro experimentó un drástico aumento en tamaño que se unió al de la edad que había impuesto el guarismo.

San Isidro 75 la feria de la apertura

Joaquín Vidal y Alfonso Navalón contaron en comandita y desde su particular punto de vista lo que había ocurrido en la Feria de San Isidro del año 1975. La feria de la apertura la llamaron pues era la época en la que, aún vivo Franco, se empezaba a hablar de la necesidad de una mínima apertura política en España. Los dos periodistas proponían también un cambio (apertura) en el mundo del toro.

El toro que se empezó a lidiar en esos años (y el toro que se lidia en nuestros días), es un toro de gran tamaño, alzada, peso y pitones y, además, es un toro de mucha edad, un toro muy viejo.

El primer problema que provocó ese aumento de tamaño, fue la falta de motor de ese toro. Algo lógico pues la casta que tenía el toro de los años 60 le valía para mover su  reducido esqueleto. Sin embargo, su pequeño motor resultaba insuficiente para el gran chasis que tenía que mover el nuevo toro.

 

1966-05-15 (p. 17 ER) Atrevido de Osborne - copia

El toro de los 60. En la imagen, del Ruedo, Atrevido de Osborne, el famoso “toro blanco” de Antoñete. Atrevido se lidió en Madrid el día de San Isidro de 1966. Pesó 486 Kg. y sólo tenía tres años como denunció la prensa de entonces.

1966-05-15 (p. 17 ER) Edad toros

Con tres años y poco peso, el toro podía moverse incluso aunque no anduviera sobrado de fuerzas ni casta (Recorte de la reseña del Ruedo publicada el día 17 sobre la edad de los toros de Osborne)

flota de coches

No es posible con el mismo motor mover una carrocería mucho más grande manteniendo la misma velocidad. Lo mismo ocurre con el toro. El toro de los 60 se movía mucho por su reducido esqueleto. Al aumentar el tamaño desaforadamente en los 70 (en pocos años se pasó de un toro 460-500 Kg, a un toro con 100-150 Kg. más), no era ya capaz de moverse con la misma agilidad que antes.

1982-06-03 (p. 04 ABC) Cogida Antoñete 1º - copia

Cogida de Antoñete por su primer toro, la tarde de su faena a Danzarín de Garzón el 3 de junio de 1982. El volumen del toro de esa década, ya no es el de los 60 (el de Atrevido). Ahora impresiona.

1982-06-03 (p, 04 ABC) Toros parados

Pese al éxito de Antoñete con Danzarín (que fue de Puerta Grande), Zabala en ABC destaca lo “parados” que salieron los toros. Algo que era lo habitual entonces.Vidal calificó de “inválido” a Danzarín.

Los 70 y los 80 fueron, por eso, una época durísima en la que los diestros intentaban resolver el problema de como torear a un toro (que salvo excepciones) era grande, parado y con pocas ganas de embestir. Sin embargo,  y como tantas veces ocurre, esa dureza no era percibida desde los tendidos pues al espectador lo que le emociona del toro es su movilidad y el toro de entonces tenía menos movilidad que el de décadas pasadas.

La prensa de la época jugó un papel muy negativo, pues no supo leer correctamente el proceso que se estaba produciendo delante de sus ojos: Demonizados y criminalizados los toreros punteros (igual que ocurre hoy pues es una postura que siempre ha dado prestigio a los denunciantes), la busca de nuevas y necesarias soluciones técnicas era vista, sin embargo, como la búsqueda de ventajas y ratimagos para eludir el riesgo.

Un repaso a las hemerotecas y la lectura de las crónicas de críticos como Vidal, Navalón o Zabala padre (aunque este último, se percató luego de su error y rectificó) confirma lo que decimos. Hoy, el airado e injustificado tono acre de esas crónicas para con las figuras de entonces (a las que por fin, un cuarto de siglo después, se las vuelve a reivindicar) producen sonrojo y vergüenza ajenas.

1977-04-28 El pais balance de Sevilla

La Feria de Sevilla de 1977 vista por Joaquín Vidal. Todos los tópicos del toreo actual (un camión cargado de ellos) se dan cita en este ya viejo artículo. De creerle, los grandes toreros de la época no sabían torear (o no querían torear lo que es peor). En realidad, el problema estaba en el desconocimiento del propio crítico sobre la correcta técnica del toreo, para él ventajista y mentirosa. Una visión errónea que –sin embargo- resultaba muy cómoda, por simplona, para el aficionado joven de la época (y para el de hoy). Vidal alcanzó un enorme aunque inmerecido prestigio de periodista íntegro (prestigio que hoy se mantiene) tanto por la aureola que confiere el medio en el que se escribe (en este caso, el diario El País) como por el hecho probado de que las afirmaciones tajantes y negativas, aunque sean falsas, siempre tienen mejor acogida y son más fácilmente aceptadas que las reflexiones matizadas y objetivas aunque sean verdaderas (Artículo publicado en el País, el día 28 de abril de 1977).

Pese a la reiterada denuncias de comodidad por parte de los periodistas, lo cierto es que el toreo vivió una etapa de tremenda dureza que se cerró con las trágicas muertes de Paquirri y Yiyo.

Aunque ahí se constató que las denuncias de la prensa eran, generalmente, infundadas por lo que los aficionados concedieron una pequeña tregua a los toreros, esta sólo duró hasta que, poco después, se olvidaron esas muertes.

la foto 2 (1)

Las muertes de Paquirri y Yiyo en la prensa de la época.

La consecuencia de ese aumento de edad y tamaño, es que, como hemos dichos, el toro se paró y los toreros se encontraron con un grave problema técnico pues ya no podían aprovechar la movilidad y las inercias como se aprovechaban antes. Tenían que adaptar la técnica antigua para adaptarla a las condiciones de ese toro. Un toro al que ya no se le podía esperar sino que había que tirar de él.

 

1982-06-03 (p,Antoñete cite 4

Para resolver el problema de ese toro tan parado se fueron proponiendo diversas soluciones técnicas. Alguna de ellas como la distancia (que caracterizó al toreo de diestros tan interesantes como el maestro Antoñete o César Rincón) fueron recibidas con general beneplácito y alborozo pues ese cite exige frontalidad, lo que trae aromas de toreo añejo. La distancia era una buena opción para los inicios de faena, pues al propiciar arrancadas largas permitía conseguir esas inercias en los remates que el toro de entonces no tenía de suyo. El problema venía cuando el toro se iba parando y ya no aceptaba el cite de largo (En la fotografía, cite de Antoñete a Danzarín de Garzón en el inicio de faena. Detalle importante, el torero cita en los medios)

manolo_vazquez_de_frente[1]

Cuando el toro se iba parando y para resolver los finales de faena, otro torero, que también había reaparecido en esos años, el maestro Manolo Vázquez, rescató su personal cite de frente, también de sabor añejo pues es el verdadero cite clásico que describen las más viejas tauromaquias. El problema de ese cite es la casi imposibilidad de ligar los muletazos, lo que obliga a darlos de uno en uno. Sin embargo, Manolo Vázquez consiguió entusiasmarnos a todos, toreando así, gracias a su inmensa torería.

1982-06-03 (p,Antoñete cite 4b

Lo complicado venía cuando el toro se paraba, lo que ocurría casi todas las tardes, pues al espectador le daba tiempo de sacar escuadra y cartabón. Para resolver el toreo en redondo, al torero se le hacía necesario citar al hilo y con la pierna retrasada (como siempre se había hecho) lo que a algunos(pocos) se les perdonaba y a otros (la inmensa mayoría), no (Cite con la izquierda de Antoñete a Danzarín de Garzón, el 3 de junio de 1982)

 

Otra consecuencia de ese aumento en el tamaño del toro fue el aumento correlativo del tamaño y peso del caballo de picar y del peto. La cuadra de caballos fue bautizada (esta vez con mucho acierto) por Vidal como “la acorazada de picar”. El desequilibrio en la suerte de varas agravó el rechazo que ya venía provocando en los públicos ese tercio tan necesario por otra parte.

Son verdaderos blindados

El caballo y el peto aumentaron desaforadamente en los 70-80 hasta convertirse en verdaderos blindados (Como se denuncia en el Blog de Tarifa donde se publicó esta foto).

Finamente, otro daño colateral importante fue la expulsión de un gran número de encastes de las plazas. Determinadas ganaderías producían y producen ejemplares que son razonablemente toreables cuando tienen tres años pero que que con más edad (4 o 5 años) y más volumen, desarrollan un excesivo sentido para el ceñido toreo que hoy se exige. Es la misma causa que expulsó de las plazas, a finales del XVIII y principios del XX, a los toros de raza castellana. Su inadecuación a la evolución del toreo.

Toro de Luciano Cobaleda (Saber de toros)

Los toros de Luciano Cobaleda lidiados en Madrid en 1977 fueron muy terciados pero de enormes pitones y con un fiero comportamiento en el caballo. Como además fueron muy complicados y terroríficos en la muleta, entusiasmaron al público torista de las Ventas. Lo curioso del caso es que esos mismos toros (los patas blancas) eran, cuando se lidiaban en los años 60 (O sea, con 3 años de edad) muy noblotes y muy suavones (“jabonosos” decía en plan de crítica, Luis Fernández Salcedo, gran detractor de este encaste). En aquella época, debido a su poca edad, no desarrollaban malicia y como además gastaban su empuje en el caballo, eran toros muy cómodos para la muleta. De cuatreños, sin embargo, desarrollaban mucho sentido defensivo por lo que resultaban casi imposibles de torear (Foto de un toro de espectacular lámina de esa ganadería obtenida del blog “Saber de toros”)

Esa compleja situación que hemos descrito sucintamente es el punto de partida desde el que se llega al toreo de nuestros días. Pero eso lo contaremos en la siguiente entrega.

 

Pequeña adenda

Los toreros no aprenden el toreo en los libros de tauromaquia ni leyendo a los revisteros del momento, sino viendo torear a otros toreros.

Antoñete aprendió el toreo viendo torear a otros toreros, igual que Manzanares padre aprendió el toreo viendo torear a otros toreros,.

Algo que deberíamos tener siempre en cuenta.

La técnica del toreo de los años 50-60 fue la base de la técnica del toreo que vino después. Natural de Antoñete a Atrevido (Fotografía de El País)

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La técnica del toreo de muleta que se empezó a desarrollar en los años 70-80, se basaba en el mismo esquema técnico que se utilizaba en los años 50-60, aunque adaptada a la diferente condición del toro de esa época, más parado y reservón (Fotografía, facilitada por Paco Carmona, del diestro José Mari Manzanares padre).

(Continuará…)

sábado, 24 de diciembre de 2011

Villancicos flamencos (VII) Cantan tres toreros


Rafael Gitanillo
Antoñete
Curro
Un cartelazo. Rafael Gitanillo, Antoñete y Curro
En la temporada de Navidad de 1967, se reunía este cartel del Arte (con mayúsculas) para que estos tres diestros cantasen, con acompañamiento de piano, palmas y panderetas y a beneficio del Montepío de toreros, dos Villancicos de los que reproducimos uno.

La anécdota de la grabación (según la ha contado Chemel) fue la del número de días que se tardó en poder grabar. Todo ello debido a los nervios de Gitanillo de Triana quien (a pesar de su rancio abolengo trianero) necesitaba “ponerse a tono” para atreverse a cantar (o recitar). Antoñete le acompañaba y seguía la faena junto a la barrera (perdón, mostrador) de los bares que encontraban camino de la casa discográfica.

Todos los días se tenía que posponer la grabación ante el simpático pero lamentable estado con el que los dos toreros se presentaban en el estudio de grabación (Situación que Curro Romero aguantaba impasible con su habitual estoicismo y elegancia) hasta que, por fin, un día, consiguieron llegar en condiciones y grabar el disco.

El villancico tiene mucha gracia, aunque el cante es cortito (faena de aliño diríamos los taurinos) pero el acompañamiento de guitarra de Paco Cepero es magnífico. En cualquier caso y a la vista del resultado, es evidente que los tres hicieron bien en dedicarse al toreo.

Me ha parecido oportuno celebrar el día de Nochebuena en este blog recuperando estos cánticos navideños, tan flamencos y tan toreros.

Villancicos toreros (portada)
Villancicos toreros (Trasera)

¡Olé mi niño!. Gitanillo de Triana, Antoñete y Curro Romero con la guitarra de Paco Cepero. CEM (1967)

(Recitado)
Son las cinco de la tarde
abre marcha alguacilillo
que aquí estamos tres toreros
para hacer el paseíllo


Pide la llave del cielo
a los Ángeles de grada
que recen al Dios que nace
por mi muleta y mi espada

(Cantado)
Ole con ole mi niño
Ole con ole y olé
Las orejas y los triunfos
serán todo para él (bis)


Ole con ole mi niño
Ole con ole y olé
Tres toreros y tres reyes magos
vamos juntos a Belén (bis) 

(Reitado)
Los caireles como el oro
bajo el sol a tus pies brillan
velas de seda rizadas
parecen las banderillas


Para ti niño de incienso
en las tardes con historia
yo sé que mi vuelta al ruedo
es tu corona de gloria 

(Cantado)
Ole con ole mi niño
Ole con ole y olé
Las orejas y los triunfos
serán todo para él (bis)


Ole con ole mi niño
Ole con ole y olé
Tres toreros y tres reyes magos
vamos juntos a Belén (bis)