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jueves, 8 de diciembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (IX) La crítica contra el Rey de los toreros

Por Antonio Luis Aguilera


Manolete. Dios del toreo (Fotografía de la web del Ayuntamiento de Alicante)

Nota de LRI: El día antes de nuestro paseo cordobés en memoria de Manolete, nuestro amigo Antonio Luis Aguilera nos hablaba, en magistral charla, con acierto y tino sobre la importancia de Manolete en el toreo venidero y sobre la inquina que sobre su figura desataron algunos aficionados, algunos críticos y, lo que es más penoso, algunos toreros de la época..

Hoy, en la distancia, esa actitud nos parece inconcebible e injusta, como también nos lo parece el trato que otros públicos y otros críticos dieron a toreros tan incontestables como Guerrita Joselito, por poner dos ejemplos señeros. 

Espero que la  ajustada enseñanza que hoy comparte con nosotros Antonio Luis Aguilera nos sirva a nosotros para no caer de nuevo en los mismos erroresLo espero, aunque, a la visto del trato que, en ocasiones, reciben los toreros y el toreo de nuestros días, lo dudo.

El texto de Antonio Luis Aguilera, publicado antes en el Diario Córdoba el 28 de agosto de 2012, es impagable.

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Manolete, dios del toreo

El 3 de noviembre de 2005, en la magnífica sede de la Tertulia Taurina “El Castoreño” del Círculo de la Amistad de Córdoba, con el auditorio lleno hasta la bandera y actuando como notario el historiador taurino Fernando Claramunt López, el matador de toros Ángel Luis Mejías Jiménez, último representante de la célebre dinastía de los Bienvenida, una de las más toreras de la historia, respondió con el señorío, sencillez y gallardía que le caracterizaban al ser requerida su opinión sobre la campaña antimanoletista emprendida por críticos y toreros para restablecer la “verdad” del toreo, poco tiempo después de que un toro de Miura matara al torero cordobés: 
Mire usted, si el toreo ha tenido un dios y una virgen, ése ha sido Manolete. Primero fue él y luego todos los demás. Lo que ocurre es que aquí hay mucha envidia y eso no se perdona. Desgraciadamente, en España hay muchos envidiosos


Contra Manolete

En sus dos últimas temporadas Manolete sufrió el hostigamiento del público. Se metían con él y le protestaban el precio de las entradas. No era de extrañar, pues críticos de la influencia de Gregorio Corrochano (Diario ABC) le habían llamado banquero en sus crónicas al verlo de espectador en la feria de Sevilla. 

Resulta sorprendente que un crítico tan conocedor como Gregorio Corrochano participase en dos de las campañas más injustas de toda la historia del toreo: Las iniciadas contra Gallito en 1919 y contra Manolete en el 46.. Luego quiso enmendarlo en sus libros postreros ("¿Qué es torear?" y "Cuando suena el clarín") pero el daño ya estaba hecho.

Por otra parte, toreros que gozaban del fervor de una crítica ortodoxa pero de escasas miras, nunca perdonaron al espada de Córdoba que les anticipara la retirada, como fue el caso de Marcial Lalanda, quien juzgaba a Manolete de torero corto que se desenvolvía bien con los toros chicos y afeitados, cuando precisamente fue él quien protagonizó un enorme escándalo en Valencia, al aparecer afeitada en los corrales de la plaza la corrida del Conde de la Corte prevista para su despedida de la afición de aquella ciudad, hecho que originó el arresto y consiguiente rapado al cero de su representante, como entonces era habitual

Manolete era el torero que más cobraba, porque era el que más se arrimaba. Precisamente por eso ocupaba el trono del toreo y mandaba en la Fiesta. Y como no podían pararlo, los envidiosos recurrieron a quienes sin escrúpulo propagaron que en él todo era truco y fraude. Sin embargo, la historia termina poniendo a cada uno en su sitio, por mucho que se empeñen en lo contrario algunos de los que la escriben. Basta comprobar cómo se toreaba antes de Manolete, examinando fotos de los toreros más influyentes de las primeras cuatro décadas del siglo XX, para verificar que se trata de un toreo de escasa reunión, con trasteos a la defensiva, donde la muleta balbucea un toreo de mayor sosiego, pero todavía desplaza al toro lo más lejos posible del sitio que ocupa el torero. El público aceptaba esta tauromaquia y veía como algo extraordinario cuando un toro propiciaba una actuación donde adquiría protagonismo la quietud de piernas

El toreo anterior a Manolete era -en general- un toreo de poco ajuste y escasa quietud (fotografía de un natural por alto de Vicente Pastor en la primera década del siglo XX, publicada hace unos días en Toro, torero y afición)
Quietud y ajuste

Por el contrario, analizando detenidamente fotografías de Manolete podemos observar que nos hallamos ante un toreo que no ha perdido actualidad. El ligado en redondo, donde el diestro deja venir al toro por su terreno natural para obligarlo a ir hacia atrás y hacia dentro, un planteamiento, que permite la ligazón de los pases, no fue descubierto por el inolvidable torero de Córdoba. Téngase en cuenta que en su formulación y desarrollo tuvieron mucho que ver matadores como Guerrita, Joselito y Chicuelo. Ahora bien, lo que sí hizo Manolete fue aceptarlo y adoptarlo como patrón de su modelo de faena y ejecutarlo ante todos los toros. De esta forma, asumiendo el riesgo que conllevaba no esperar a que saliera “su toro”, con una firmeza y regularidad impresionantes, implantó definitivamente el toreo ligado en redondo como la base técnica donde habría de cimentarse cualquier manifestación artística. 

Antes de él se hablaba de “parar, templar y mandar”, pero fue necesario su reinado para hallar el gozne que permitiera la implantación y desarrollo de esta célebre fórmula, atribuida a Belmonte, a la que le faltaban los verbos: “aguantar y ligar”. Manuel Rodríguez asume cada tarde el riesgo que supone, mientras los demás murmuran que está llegando muy lejos, porque a todos los toros no se les puede torear por naturales y, por supuesto, porque ninguno es capaz de aguantarle el pulso. 

Comentaba el matador de toros Rafael Jiménez Castro “Chicuelo”, hijo del gran maestro sevillano que otorgara la alternativa a Manuel
“Mi padre decía que Manolete fue el único torero al que había visto pararse con los toros gazapones”.
Manolete fue el primer torero de la historia que se paró de verdad con los toros que entraban en la muleta gazapeando. Sólo los aficionados saben el mérito y la verdad que eso supone. 

Unidad de estilo. Un sistema de torear novedoso

Sobran comentarios, pues cualquier aficionado sabe lo que eso significa. Sin embargo, no podemos pasar por alto que esta valiosísima opinión confirma que el toreo de Manolete tenía unidad de sistema porque lo aplicaba a todo tipo de toros.

El tiempo acabó desarmando a quienes interesadamente etiquetaron al espada cordobés de “torero corto”, como Marcial Lalanda, que fue “el más grande” en la letra de su pasodoble. A un torero de la solemne majestuosidad y hombría de Manolete no se le puede juzgar por el austero catálogo de suertes que practicaba. El torero cordobés no realizaba, ni falta que le hacía, quites como el de la mariposa, donde se le tocan las orejas al toro, ni necesitaba torear de rodillas para que el público vibrara. Sin embargo, ejecutó con singular pureza las suertes fundamentales de la tauromaquia, como la verónica  -reina del toreo a capote-, el natural -rey del toreo de muleta- y la estocada -reina de todas las suertes, llamada suprema porque en ella se pierde de vista la cara del toro cuando se entra a matar derecho y atacando arriba-. Sin concesiones a lo accesorio, Manolete ejecutó las suertes fundamentales en sus actuaciones. ¿Torero corto?

También Domingo Ortega, aprovechando que soplaban vientos a favor cuando Manolete ya no podía replicarle, conferenció sobre la “verdad” del toreo censurando al diestro que no adelanta la pierna contraria cuando se arranca el toro, porque no carga la suerte. Era una clara referencia al toreo de perfil del espada cordobés. Pero si la verdad del toreo se resumiera en esa acción de avance de la pierna de salida, todos los toreros, desde Manolete hasta nuestros días, habrían sido unos farsantes. Y no fue así. Conviene precisar que Manuel Rodríguez cargaba la suerte siempre que volcaba el peso de su cuerpo sobre la pierna de salida, que es la máxima expresión de entrega y dominio sobre el toro, sin que en ello tenga mucho o poco que ver que el compás permanezca abierto o cerrado. 

No tuvo discípulos Domingo Ortega, que basaba su faena en un intercambio de pases y pasos, en un toreo sobre las piernas, de avance con el toro, armonioso para quienes aceptaban esta forma de dominio y de menor valor para los que veían en su sistema una forma más o menos elegante de irse al rabo

Por el contrario, todos los toreros adoptaron para expresar su arte el sistema de toreo ligado en redondo consolidado por el torero cordobés, donde el lidiador, con el compás abierto o incluso retrasando ligeramente la pierna de salida, deja venir al toro por su camino natural para, sin quebrar su viaje hacia afuera, llevarlo hacia atrás y hacia adentro, y con un giro de talones resolver la colocación para ofrecer nuevamente la muleta y ligar los muletazos. 

Ninguna campaña pudo evitar que la sombra de Manolete siguiera agigantándose en la historia de la Fiesta, porque como escribió “Clarito”: 
“El toreo está tan lleno de Manolete como los cielos y la tierra de la voluntad de Dios”.
Frente a la inquina de algunos aficionados, algunos críticos y algunos toreros, los públicos reconocieron mayoritariamente en España y, sobre todo, en México la categoría y grandeza de este dios del toreo (Manolete en Alicante. Fotografía publicada en la web del Ayuntamiento)

jueves, 17 de noviembre de 2016

Manolete. La culminación de un sueño (III) De Guerrita a Manolete (3ª parte)

Por Jose Morente



Dos de los siete (7) naturales que Joselito el Gallo le propinó en Madrid a un toro de Gamero Cívico el día del Santo del año 16. Joselito toreaba en redondo con mucha frecuencia.

El toreo en redondo de Joselito el Gallo

De Joselito hemos hablado mucho en este blog, quizás demasiado como me reconviene algún buen amigo. Sin embargo, su figura resulta imprescindible para entender la historia del toreo en redondo. 

Joselito torero ecléctico (igual que Paquiro, Chiclanero o Guerrita) es el perfecto contrapunto de Belmonte. Sin José, la aventura del toreo en redondo hubiera abortado antes de despegar, arrasada por el cataclismo (literal) que, en la fiesta, provocó el Pasmo de Triana, ajeno totalmente a esa forma de torear. 

En efecto, Juan no toreó nunca en redondo (las dos o tres ocasiones en las que lo hizo, no pasan de ser una anécdota por más que se trate de una anécdota de gran categoría). Joselito, por el contrario, gustaba de torear en redondo, muchas tardes y a muchos toros. Lo que está documentado en las reseñas de la época.

La faena tipo del torero de Gelves comenzaba con un pase por alto y continuaba con tres naturales seguidos y ligados, dejando la muleta en la cara y manteniendo fija la pierna de salida, eje de su toreo. Joselito toreaba sin menear los pies, tendiendo la suerte que cargaba con los brazos no con las piernas (lo de cargar la suerte con las piernas pertenece a otra historia, la historia del toreo cambiado). 

Luego, después de ese toreo en redondo, venía el toreo en ochos o por la cara o los adornos y desplantes pues José era un torero muy largo, pero eso venía después... después de torear como hemos contado.

Cuando el toro lo permitía, Joselito podía seguir dando naturales hasta cansarsey cansarlo. Eso pasó en Madrid un día del Santo del año 16, con un toro de Gamero Cívico, al que le propinó ¡Siete naturales seguidos! entre la admiración del público (Ya vimos en la primera entrada que repetir una misma suerte por un mismo pitón era una proeza. Imagine el lector lo que supondría repetirla 7 veces. ¡Un escándalo!).

Vamos a poder ver en vídeo, varios ejemplos de esa faena tipo de Joselito. Antes de verla, conviene ponerse en situación y recordar que estamos en el principio de una nueva época. Cualquier comparación con el toreo de hoy, sería odiosa y, sobre todo, que más difícil es abrir caminos que transitarlos.

A José podremos verle en Madrid (el día de los 7 toros de Martínez), en Sevilla (en unas imágenes de la feria del año 15, probablemente), otra vez en Madrid (el día de la despedida de Bombita) y en Barcelona. Joselito convirtió lo excepcional en norma como luego haría Manolete.

Sobre la faena de Joselito en Barcelona, un par de detalles. Primero, el comienzo con las dos rodillas en tierra. Segundo, su toreo cambiado, un puro ballet de elegancia y suavidad y luego ya, veremos ese toreo en redondo (tres naturales tras un espléndido kikiriquí) del que podemos disfrutar desde dos puntos de vista distintos (había dos cámaras en la plaza ese día del homenaje a Florentino Ballesteros).





Los epígonos del gallismo

Aunque Joselito no tuvo sucesor a su altura (Granero murió joven; Félix Rodríguez se malogró prematuramente y Marcial carecía de clase) todos los toreros (repito: todos) siguieron su estela.

Nos contaba Rafaelito Chicuelo en la Alameda de Hércules (el día que me lo presentó mi buena amiga Salomé Pavón), que su padre, el inolvidable Manuel Jiménez Chicuelo, le decía que, en su época, todos los toreros eran gallistas (repito: todos). Y remataba diciendo que el más gallista de todos ellos, era, precisamente, Juan Belmonte.

Y no creo que se declararan así sólo porque de los muertos siempre se habla bien sino porque Gallito fue el verdadero referente de su época para todos los toreros. Tanto que su faena tipo de muleta, la de los tres naturales (y no la faena en ochos de Juan Belmonte), fue la que todos tomaron como modelo, la que todos (repito, todos) siguieron.

Como hemos dicho, aquí pretendemos probar todos nuestros asertos. Por eso, vamos a ver dos faenas post-gallistas en la estela de Joselito. Una de un torero de la cuerda de José y la otro de un torero supuestamente de la cuerda contraria, la de Belmonte. Y resultan que los dos hacen el mismo tipo de faena que no es la que hacía Belmonte, sino la que hacía José.

Veremos, primero, a Marcial Lalanda, gallista confeso, en un pase por alto para seguir toreando luego por naturales en la Maestranza sevillana y, después, veremos, a Antonio Mázquez (oficialmente belmontista, hasta el punto que le llamaron el "Belmonte rubio") en Alicante, toreando, no al estilo de Juan, sino al de José, y ligando tres naturales seguidos tras un pase por alto. 

La faena estándar de Joselito se imponía mayoritariamente en la Edad de Plata, aunque muerto ya José y vivo Juan, los críticos se dedicaron a contar otra cosa diferente.

No supieron o no quisieron verlo, al contrario que los toreros, quienes, desde el primer momento, tuvieron muy claro cual tenía que ser su referente en el toreo de muleta. Creo que ahí empieza el divorcio entre lo que cuenta la crítica (que es lo que ve el aficionado influenciado por la crítica) y lo que los toreros hacían realmente en los ruedos. Un divorcio que llega a nuestros días.

Tan claro como los toreros, lo tuvieron también los públicos que recibieron alborozados ese toreo en redondo al natural. Tanto que, cuando un diestro se ponía a engarzar naturales como se engarzan las perlas de un collar, esos públicos de la época jaleaban y numeraban a voz en grito los pases ¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco,...!, animando y empujando a los toreros en la hazaña de culminar el toreo en redondo.

Todo eso de los públicos entusiasmados y los naturales en serie, lo podemos ver también en imágenes, unas imágenes ya más conocidas de una faena del ínclito Marcial en Nimes, ya en los años 30. Lalanda se lía a dar naturales en serie y el público francés, exquisito, flemático y generalmente poco expresivo, acaba botando en sus asientos....¡Qué tiempos aquellos!



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Belmonte (mientras tanto) seguía a lo suyo

¿Y mientras tanto, que hacía Belmonte? Pues lo curioso o sorprendente, es que, mucho después de la (r)evolución gallista, Belmonte, reaparecido en Nimes en 1934, seguía a lo suyo, o sea toreando de muleta a la antigua, en su estilo cambiado, alternando pitones, ignorando y al margen de todo lo logrado en el toreo de muleta en esos años. Belmonte seguiría aferrado a esos ya viejos modos, toda su vida (las películas de sus faenas camperas a finales de los años cincuenta, poco antes de su muerte, lo atestiguan).

Juan fue insensible y se mantuvo al margen de la evolución del toreo de muleta que, personalmente, pienso que debe muy poco al trianero (por no decir casi nada). La verdadera aportación de Belmonte estuvo en el toreo de capa. En eso, alcanzó una cumbre que, muchos años después, permanece todavía esperando quien la iguale. Ha habido diestros que han toreado muy bien de capote, pero nadie ha aportado nada tan nuevo y tan sorprendente como lo que aportó Juan al toreo a la verónica.

Vemos su faena de muleta, de factura arcaica, en ochos, alternando pitones, cuando ya el toreo en redondo se había impuesto de modo imparable en todo el orbe taurino.




Postdata: El que no quiera verlo, que no lo vea (¡Allá él!). Pero, después de ver todo esto ¿Como es posible sostener en serio -como se ha sostenido y sostiene- que el toreo de muleta de nuestros días es herencia del toreo de muleta de Juan Belmonte?

¡Amos, anda! Que diría el castizo.


Belmonte siguió practicando el toreo cambiado toda su vida. Un toreo que había nacido en la época de la Guerra de trincheras (La Gran Guerra Europea de 1914.1919) y que tenía en los pases de trinchera (el trincherazo pero también la media verónica o el molinete) su peculiar santo y seña 

domingo, 8 de mayo de 2016

Un brindis sonado de Antonio Bienvenida

Por Jose Morente


Según la Historia, la última vez que tocó la música en Madrid fue en la Corrida de la Victoria celebrada el 24 de mayo de 1939 para conmemorar el fin de la Guerra Civil
Una costumbre de chusco origen

Según cuenta la historia oficial taurina, la tradición (o mejor sería decir, costumbre) que hace que en Madrid no suene la música durante las faenas, no se debe al peculiar y estricto concepto que en esa plaza se tiene del toreo (considerado un examen antes que un rito o una fiesta) sino a un curioso suceso acaecido durante la corrida celebrada el 24 de mayo de 1939, la llamada Corrida de la Victoria ya que fue la primera que se celebró en esa plaza tras la Guerra Civil.

El caso es que, habiendo amenizado, la Banda de música, la faena de muleta que hizo Marcial Lalanda al primer toro de la tarde, el hecho de haberse negado a hacerlo durante el trasteo de Domingo Ortega en el cuarto, provocó tan tremendo alboroto y algarabía en los tendidos que la autoridad competente (¿quizás militar?) acordó que, a partir de entonces en Madrid y para evitar disturbios, la Banda no tocase ya más durante la lidia.


Bienvenida consigue que la música vuelva a las Ventas

Un cuarto de siglo después de haberse prohibido o acordado silenciar a la Banda de música de las Ventas, el diestro Antonio Bienvenida consiguió romper la costumbre y que la música volviese a sonar en esa plaza durante la lidia de un toro.

El 16 de octubre de 1966, día de su primera retirada, Bienvenida que toreaba en solitario, tuvo la ocurrencia de brindar a la Banda de Música un par de banderillas. 

Los músicos agradecidos correspondieron al diestro interpretando el pasodoble "El Gato Montés", rompiendo así una norma precautoria que duraba ya demasiado tiempo.



Bienvenida se asoma al balcón en el tercio de banderillas que brindó a la Banda de música de las Ventas
Desde entonces, desde el brindis del maestro Bienvenida, en las Ventas, puede ya sonar la música durante los primeros tercios, aunque la costumbre del silencio, se mantiene para las faenas de muleta con el consenso y beneplácito de los espectadores habituales de la plaza.


La música prohibida volvió a sonar en las Ventas, el 16 de octubre de 1966, más de un cuarto de siglo después de su prohibición, por mor de un brindis del maestro Antonio Bienvenida

martes, 20 de octubre de 2015

Cuaderno de notas (LXII) Condiciones que debe reunir un maestro

Joselito el Gallo. Pontífice máximo del toreo. El Papa-Rey. El maestro de maestros. Todos los toreros de su época -el primero Juan Belmonte- se miraron en él según decía y reconocía Manuel Jiménez Chicuela (Fotografía de portada de Palmas y pitos)

 
¿Qué es un maestro? ¿Qué condiciones debe reunir un maestro? ¿Es suficiente torear con perfección para ser un maestro? No; ni siquiera es condición precisa. Montes era imperfecto en la suerte de recibir, que en su época era fundamental y decisiva, y fue uno de los grandes maestros de la tauromaquia. El Chiclanero era perfecto recibiendo toros; y no fue un maestro.

Paquiro el Joselito del siglo XIX.  Pese a que atravesaba los toros fue considerado un maestro indiscutible del toreo frente al Chiclanero, perfecto matando toros pero que no fue considerado maestro. Montes modernizó y actualizó el arcaico y decadente toreo de su época. Organizador de las cuadrillas. Le llamaron el Napoleón del toreo.
 
Un maestro debe participar por igual de los dos principios en que se funda el toreo: conocimiento de las reses y conocimiento de las suertes. A esto hay que añadir, en el hombre maestro, carácter y vocación. 

Carácter para imponer una disciplina que contagie a toda la plaza y alcance a su cuadrilla. Sin cuadrilla no se puede torear. Por la cuadrilla se conoce al maestro. Vocación para hacer de su profesión, su vida. No sentirse a gusto fuera de la profesión. No estar jamás íntimamente satisfecho. Querer siempre hacer más. Superarse, no estancarse engreído en íntima adoración (...)


Guerrita. El mandón absoluto del toreo a finales del XIX. Se quedó solo a la retirada de Lagartijo y Frascuelo y solo reinó en el toreo. Un grandioso torero en guerra con todo el mundo. Después de él, nadie. Todo un carácter


Antonio Bienvenida. Mejor dicho, Don Antonio Bienvenida. Si ha habido un torero en la historia al que mejor cuadre el título de maestro ha sido este torero de vocación sin límites y de muleta límpida y tersa.
 
La maestría es, por el contrario, un afán ilimitado; buscar desesperadamente la perfección cada día. El público aplaude, pero pide más, porque confunde la facilidad con la seguridad; la emoción con el susto. Los críticos se entusiasman pero exigen. El maestro se encuentra cada vez más obligado con él y con el público. Sólo el torero sabe lo que es esto.

Al especialista, se le da un margen de oportunidades y de toros; al maestro, no. Todo esto es incómodo y triste, casi trágico. El camino es penoso. Hay que seguirle en busca de la perfección que nunca se alcanza en la medida que se le pide. 

   CORROCHANO, Gregorio. "¿Qué es torear?-Introducción a la Tauromaquia de Joselito (1ª ed., Madrid, Revista de Occidente, 1953. Páginas 18-19)



Marcial Lalanda. Otro maestro indiscutible y desde niño pues, no en balde, le llamaron el joven maestro. Su conocimiento de las reses y de las suertes -la nota común distintiva común de todos estos maestros- fue proverbial. Marcial fue, sino el más grande, uno de los grandes.


lunes, 19 de octubre de 2015

Cuaderno de notas (LXI) Condiciones que toda figura debe reunir

Por Jose Morente
 
Pase de trinchera de Paco Camino. Una auténtica figura del toreo, además de un torero de época
 
 
Las condiciones que toda figura debe reunir, a la vista de la dialéctica de la historia, son las siguientes:

1) Cuando se está en candelero durante cinco o más años, es decir, durante más de la mitad de lo que normalmente dura la vida profesional de una generación torera. De este modo, el torero logra lo más difícil dentro de su profesión, que no es, como todos ustedes saben ya, subir, ascender, con más o menos velocidad, sino durar, resistir una y otra temporada (...)

2) Esta persistencia en el escalafón de matadores de toros, debe reunir una característica esencial para que el protagonista de esta lucha pueda ser considerado como una figura. Nos referimos al número de corridas que toree anualmente. En efecto, toreros que duren más de cinco años en activo hay muchos. Pero son ya muchísimos menos los que durante estos años torean cada temporada un considerable número de corridas, por ejemplo, de cincuenta en adelante.

3) Para que esta duración tenga validez, en el sentido que nosotros le damos ahora, debe ir acompañada de una bien determinada característica de tipo económico. En el toreo, no solamente intervienen factores técnicos, estéticos, vocacionales, etc., sino también, y muy principalmente, económicos, los cuales han sido olvidados de un modo casi sistemático (...) Una figura auténtica debe cobrar sus corridas a un precio superior al de los otros toreros de su misma generación. No es necesario que esa diferencia sea grande. Basta con que sea notable.
 
4) Como consecuencia de lo dicho, es necesario que el torero tenga la aquiescencia y el favor del público. Esta actitud positiva del público será debida a una o varias causas y no solamente, como pueden pensar algunos, por la calidad intrínseca de la forma de torear del torero en cuestión. La historia, viva maestra de los desmemoriados, nos demuestra que ha habido figuras del toreo de muy discutible calidad artística. No tuvieron esa calidad, por ejemplo, Frascuelo, ni Machaquito, ni Arruza, ni Litri, ni Chicuelo II, ni Vicente Barrera, ni Vicente Pastor, ni Marcial Lalanda, ni la tiene ese Manuel Benítez de nuestras penas y nuestras alegrías. Hay muchas razones por las cuales el público incontrolable e intuitivo, apasionado y caprichoso, cruel y generoso ha refrendado las actuaciones de un torero: por su personalidad, por su valor, por su calidad, por su dominio, por su técnica, por su arte, por su inteligencia, por su honestidad profesional, etc., etc. Muchos son los caminos taurinos que conducen a la Roma del toreo. Conviene no limitar las cosas cuando ellas son generalmente tan amplías, complejas y variopintas.
 
Resumamos ¿Qué es, pues, una auténtica figura del toreo? Un torero que con el beneplácito del público ha toreado durante más de cinco años, actuando en cada uno de ellos en más de cincuenta corridas de toros a un precio superior al nivel medio de los restantes compañeros de su generación.
 
Ejemplos claros, entre todos los toreros de los años sesenta; Paco Camino, Diego Puerta, Santiago Martín "El Viti" y Manuel Benítez "EL Cordobés"
 
SUREDA MOLINA, GUILLERMO. "Paco Camino. En blanco y negro" (1ª ed., Palma de Mallorca, 1969. Páginas 10-13)

miércoles, 22 de abril de 2015

Cuaderno de notas (XLIX) Manuel Mora-Figueroa: De Joselito a Manolete.

 

Manuel Mora-Figueroa banderilleando a un novillo a puerta cerrada en Barcelona, en un singular mano a mano con Manolete y con Manolo Escudero de sobresaliente. Casi nada. Manuel Mora-Figueroa era hermano de Ramón, el genial inspirador y creador del toro de Tamarón-Conde de la Corte.


"Soy amigo de muchos toreros y creo que sé apreciar bastante objetivamente sus cualidades artísticas. Fui gallista, de Joselito, porque, por lo que recuerdo, creo que ha sido el torero más completo que yo he conocido.

He admirado a Belmonte (padre), Chicuelo, Manolo Bienvenida, Barrera, Lalanda, Ortega, etc...., a cada uno en su estilo y cualidades, y hoy admiro y aprecio muchas cosas de muchos.

Pero el que más me gusta es Manolete, sin que esto signifique menosprecio a las demás figuras."

    Declaraciones de Manuel Mora-Figueroa a Pilar Yvars en El Ruedo (nº 150 del 8 de mayo de 1947)

 

Manuel Mora-Figueroa con Manolete en Barcelona, mano a mano



viernes, 17 de octubre de 2014

Toros en Alicante (III) Una crónica inédita

Por Ángel González Jurado

 

Cartel - copia

Un pase de pecho con la derecha de Domingo Ortega en versión de Ruano Llopis fue el motivo del cartel de la corrida de Alicante. El empresario era el apoderado del torero.

Nota de LRI

Somos hijos de nuestro tiempo. Por eso, vemos los toros desde el punto de vista de nuestra época. Cuando se presentan ante nuestros ojos documentos gráficos (fotos o películas) de otros tiempos nos resulta casi imposible no analizarlos según nuestros criterios actuales.

Hemos pedido a un buen amigo nuestro y gran aficionado que reseñara la tarde de Alicante que publicamos en anterior entrada.

Es, por tanto, la crónica de un aficionado actual (madrileño por más señas) sobre una corrida de toros de hace más de 80 años.

En la próxima entrega vamos a comparar y contrastar esa visión con la que tenían los aficionados y revisteros de la época.

Algunas cosas se siguen viendo iguales pero, en otras, el cambio resultará evidente.

 

Una de Toros en tiempos de la Segunda República

Alicante. 18 de enero de 1932 (LRI) De nuestro corresponsal en Alicante AGJ

Nada nuevo en la invernal tarde del pasado domingo (17 de enero de 1932) en la plaza de Alicante. O sí; acaso ver en el palco de honor al Presidente de la República –el Sr. Alcalá Zamora-, ya que hasta esta clase de corridas han dejado de ser “reales”.

Alcala Zamora en las Ventas

Alcalá-Zamora en las Ventas pero esta vez en un mitin político

De ocho toros se anunciaba la corrida, dos de ellos para rejones, entre los de Saltillo y los de Antonio Pérez. El cartel de toreros de a pie como de lujo: Marcial Lalanda, Domingo Ortega y Manolo Bienvenida. Los tendidos con muchas calvas y eso que, como cabe suponerse, debía haber muchos billetes regalados para presenciar el festejo, como bien dice el bellísimo cartel de Ruano Llopis, en honor del Presidente de la República. La Empresa organizadora la de Domingo Dominguín a su vez apoderado o representante de todos los componentes del cartel.

Cartel - copia (2)

05Domingo Gonz ílez del Campo toreando de sal ¦n en el estudio del fot ¦grafo (2)

Domingo González “Dominguín” iniciador de una interesante saga, fue un torero corte o estilo belmontista o abelmontado. Sin embargo, aprendió de Joselito el Gallo, su padrino de alternativa, a manejarse en los entrebastidores taurinos  lo que permitió convertirse en un influyente taurino (Fotografía del blog Larga Cambiada)

De los ocho toros, por razones que no vienen al caso y no sólo porque fueran pequeños, sólo pudimos ver cuatro, pequeñitos ellos, jovencitos, blanditos, tocaditos de los pitones,… ya se viene diciendo eso de “torerillos de hoy que sólo quieren saltillos”.

Las ventajas de poder elegir ganado y que tu apoderado lo imponga para si, seguimos tolerándola hasta en Madrid. Por lo que llegará el momento, más pronto o más tarde, en el que desaparezca el TORO y desaparezcan encastes como los lidiados esta tarde.

Salida toro

Uno de los toros de Saltillo salta al ruedo alicantino el 17 de febrero de 1932

La corrida estuvo frecuentemente por los suelos, los cuatro toros que vimos se cayeron varias veces durante su lidia, la lengua la llevaban por delante de unos indecentes pitones, y ello por más que pudieran parecer, como oímos decir, bravos y nobles.

Caida del toro de Manolo Bienvenida

Los toros se cayeron frecuentemente. ¿Quizás por tratarse de “toros de yerba” al haberse lidiado en pleno invierno?

Marcial Lalanda

¿Cómo no se le va a ver poderoso con esa clase de toro?. Tal vez también se le viera poderoso a cualquiera de los demás toreros del escalafón que torean la cuarta parte de las corridas que él torea. Con esa clase de toro no puede ni debe presumir de ser un torero poderoso.

Decía un vecino de localidad que no se puede comprender que un torero de poder tenga con tanta frecuencia que anunciarse en “festivales” por mucho que, como en esta ocasión, acuda a presenciarlo Alcalá Zamora.

Se lució Marcial y cumplió con una media verónica importante saliendo garbosamente de la cara del toro el cual, por cierto, le enganchó el capote. También quiso lucirse en banderillas, pero a toro pasado.

Media veronica garbosa de Marcial

La garbosa media de Marcial Lalanda

Sobrado en la muleta en base a su toreo sobre las piernas, andándole mucho al toro por la cara y terminando la faena con lances rodilla en tierra (ya podía). Una buena media estocada de rápido efecto hizo que el toro, nuevamente, se postrara de rodillas ahora para ser apuntillado.

 

Domingo Ortega

Domingo, como todos los domingos siempre lo mismo Domingo”, aunque sea en Madrid o en Alicante, aunque sea con “saltillos” o con “antoniospérez”, aunque el palco presidencial lo ocupe el Presidente de la República o lo ocupara el Rey: siempre lo mismo Domingo.

El toro que le correspondió hace una buena pelea en varas, aun con el caballo envuelto en uno de esos horrorosos petos que nos impuso la norma dictada por Primo de Rivera.

Ortega estuvo poderoso con el toro que se derrumba (ya podrá también), y, con la planta encorvada, lleva a cabo una variada faena con pases sino de todas sí de muchas marcas.

Ortega ayudado

La personal e intransferible tauromaquia de Domingo Ortega. Un ayudado sobre las piernas

 

Manolo Bienvenida

A Manolo Bienvenida le corresponde uno de Antonio Pérez que desmonta aparatosamente al piquero cabeceando para tratar de quitarse la vara de encima. En la faena de muleta le da al toro, que se derrumba también en varias ocasiones, un trato amable marca de la casa, toreándole sólo por la cara y sin profundidad alguna.

Se perfila bien para matar y agarra media en buen sitio que es suficiente. Da una vuelta al ruedo corriendo, al estilo Bienvenida.

 

Bienvenida cite estocada

El cite de Manolo Bienvenida. La muleta perfectamente liada.

La afición está esperando a alguien que, aunque sea dentro de treinta años, venga con una escoba, se llame Manolete o se llame Pepe Luis.

Manolete Pantalon corto

 Manolete, de pantalón corto, a principios de los años 30, junto a unos novilleros cordobeses.Preparando la escoba.(Imagen del libro Manolete Biografía de un sinvivir de Fernando González Viñas)

(Continuará)

miércoles, 8 de octubre de 2014

Toros en Alicante (II) Una corrida invernal

Por Jose Morente

Otro viaje en el tiempo

Como anunciábamos en nuestra entrada anterior, hoy tenemos toros. Concretamente nos vamos a desplazar a Alicante para ver una corrida de toros. Una corrida que se celebró en enero de 1932 y en la que participaron Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida y Domingo Ortega acompañados por el rejoneador Antonio H. Marcet, con reses de Féliz Moreno (antes Saltillo) y de Antonio Pérez.

Marcial Lalanda

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Marcial. Fue el más grande

La cosa tiene su enjundia pues de Marcial hay muy poco filmado y, por contra, la grabación que hemos localizado de esa corrida de Alicante no sólo tiene una razonable calidad sino que desvela algunas claves de su magnifico toreo. Marcial se nos muestra valiente y dominador. Y aunque, en ese principio de temporada, los revisteros se hacían cábalas de su posible retirada, todavía siguió toreando una década más para, entre otras cosas, poder darle la alternativa a Pepe Luis Vázquez en tarde triunfal el día que efectivamente se despidió del toreo ¿Hay quien de más?

 

Domingo Ortega

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Domingo Ortega. Una carrera fulgurante.

Igual ocurre con Ortega, del que casi todo lo que ha llegado es de su última etapa, después de la guerra y por tanto con el toro de la post-guerra y cuando ya Domingo tuvo que cambiar el estilo dominador de sus primeros años por la suavidad y maestría que luego le caracterizaron. Aquí, por suerte, le veremos en esa su primerísima etapa de matador (pues acababa de tomar la alternativa el año anterior) en una faena de las suyas lo que nos permitirá disfrutar con el Ortega más auténtico y, también, confrontar su forma de torear con sus teorías lo que se aventura harto interesante.

Manolo Bienvenida

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Manolo Bienvenida. Con decir Bienvenida está dicho todo.

Por lo que respecta al mayor de los Bienvenida, aunque las imágenes de esa tarde que nos han llegado son muy escasas, si resultan suficientes para poder apreciar toda la alegría que transmitía en el ruedo, alegría que era el sello de su casa, el sello de su gran dinastía.

Como esta dinastía es una de mis debilidades como aficionado, lo único que puedo prometer (y prometo) es que seguiré buscando películas de este grandioso torero.

 

Los toros

Félix Moreno Ardanuy el ganadero de los Saltillos escribió en 1920 con Dulzuras un librito donde explicaba, dentro de su filosofía taurina, su concepto del trapío, un concepto donde el peso no contaba (Imagen del blog Recortes y Galleos).

Finalmente, los toros. La grabación de la corrida alicantina nos va a permitir disfrutar también del juego de los dos Saltillos y algunos detalles de dos de los toros salmantinos que se corrieron en lidia ordinaria. Después de todo lo que se ha especulado con el trapío y el comportamiento del toro de antes de la guerra, aquí vamos a tener la oportunidad de comprobar por nuestros propios ojos cuanto hay de cierto en lo que nos han contado.

 

Vamos a la plaza

La tarde del 17 de enero de 1932 fue una muy buena tarde de toros según los cronistas taurinos que se desplazaron hasta Alicante ya que, pese al frío, la corrida resulto estupenda y el resultado un éxito.

En cualquier caso, hoy nos vamos a limitar a disfrutar de la corrida y dejaremos los análisis y las conclusiones, que prometen ser harto sustanciosos, para la próxima entrega.

Así que, sin más dilaciones, vamos a la plaza. Están ustedes invitados.

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Cartel de la corrida del 17 de enero de 1932 (Del libro “El cartel taurino, la sociedad y los toros. 1920-1940” de Ángel Sonseca Rojas)

 

Sorry. Se me olvidaba. No es posible ir a los toros sin entrada. Sin embargo y dada la crisis, nos tendremos que conformar con una localidad de la solanera (lo que tratándose de una corrida invernal no está nada mal)

 

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Tauroteca. Toros en Alicante 17 de enero de 1932

 

Notas:

La película que hoy presentamos está obtenida del noticiero italiano Cinecitta Luce. Esta filmación ha tenido que ser objeto de un nuevo montaje pues el original no respetaba el orden de filmación (el orden de lidia).

La música que acompaña a estas imágenes corresponde a la obra “Liebesteid” del compositor y violinista Fritz Kriesler quien interpreta aquí su propia obra en dos grabaciones diferentes  (años 1930 y 1942).

La entrada que reproducimos es de la plaza de Alicante pero corresponde a un Catálogo de 1912. Lógicamente hemos tenido que modificar la fecha. Esperemos que los porteros de la plaza no se percaten de esa pequeña alteración.

(Continuará)

domingo, 5 de octubre de 2014

Toros en Alicante (I) De Alcalá-Zamora a Pedro Sánchez.

Por Jose Morente

 

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En enero de 1932, Don Niceto Alcalá Zamora primer Presidente de la II República Española se desplazaba a Alicante en viaje oficial. Un viaje que incluía (no podía ser de otra forma) su asistencia a una corrida de toros.

 

Los tiempos cambian que es una barbaridad.

Los tiempos cambian pero el problema es cuando en vez de avanzar hacia adelante andamos para atrás como los cangrejos

Y eso es lo que ocurre cuando, como viene sucediendo con demasiada frecuencia, empezamos a confundir las cosas y palabras como progreso, tradición, cultura, arte, respeto, tortura, crueldad o ética dejan de tener significado o, mejor dicho, dejan de tener el significado que siempre han tenido y empezamos a darles un significado que no les corresponde. El que a nosotros particularmente nos interesa.

Lo anterior viene a cuento a raíz de unas desafortunadas declaraciones del actual líder del PSOE, Pedro Sánchez sobre el Toro de la Vega

El Toro de la Vega. Motivo de repulsa por parte de los anti-taurinos. En una sociedad urbana y tan alejada del mundo rural y, por tanto, del mundo animal, casi nadie por no decir nadie se ha planteado ni preguntado cuales son las reglas del juego que rigen ese torneo,

Sánchez  afirmaba, hace muy pocos días, en una conversación privada con Jorge Javier Vázquez presentador del programa televisivo “Sálvame”, que está en contra de este tipo de festejos.

En la charla (que no salió por antena), Pedro Sánchez señalaba (según fuentes del PSOE y tal y como ha explicado el presentador del citado programa) que no le gustan los toros, que nunca irá a una corrida de toros y que tiene intención de promover una ley contra el maltrato animal que integre en una única norma toda la legislación autonómica que se encuentra dispersa,

 

Pedro Sánchez

Pedro Sánchez, el actual líder del PSOE al que no le gustan los toros y que nunca irá a una corrida de toros.

Que los políticos actuales estén más pendientes de los índices de audiencia de las televisiones y de las encuestas de popularidad que de las posibles soluciones a los problemas del País, resulta evidente y grave pero que, parte de su tiempo, lo dediquen a ver programas de televisión tan amarillistas y demagogos como “Sálvame” indica que esa obsesión es casi patológica.

Y el colmo es que un líder político, el del principal partido de la oposición, se vea obligado a dar explicaciones a un presentador como Jorge Javier e intente justificar su postura y la postura de su partido en un tema tan delicado, por tantos motivos, como es el toreo.

Resulta legítimo que cada cual tenga su propia opinión, máxime en un tema como la Tauromaquia que no suele dejar indiferente a nadie, pero posicionarse contra el toreo simplemente porque está de moda el anti-taurinismo y porque se espera o pretende rentabilizarlo en las urnas, no parece de recibo.

 

El ejemplo de los políticos de antes

Desde luego, las actitudes y también las aptitudes de las que hacen gala los comunicadores y los políticos actuales no tiene nada que ver con las formas que ante estos temas adoptaban los políticos de antaño.

Desde la llegada de la II República Española, su primer Presidente Don Niceto Alcalá Zamora, se dedicó a recorrer España para pulsar de primera mano la situación del País.

En ese periplo, don Niceto llegaba a Alicante donde se le tributó una extraordinaria acogida, en enero de 1932.

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1932-01-19 (p. MG) Alcala Zamora en Alicante

Algunas imágenes del multitudinario recibimiento del pueblo de Alicante al Presidente de la II República, Alcalá-Zamora (Mundo Gráfico)

Una acogida multitudinaria adobada por el entusiasmo popular. Un entusiasmo que se mantuvo a lo largo de toda la estancia del flamante Presidente por tierras alicantinas.

Como no podía ser menos don NIceto no tuvo problemas en asistir a la corrida de toros que se organizó en su honor y a la que se le llamó la Corrida Presidencial.

Una corrida de inauguración de la temporada española y en la que, con cuatro reses de Saltillo (Félix Moreno) y 4 de Antonio Pérez de San Fernando, se anunciaron Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida y la novedad de ese año que era el toledano Domingo Ortega. A ellos los acompañaba un rejoneador llamado Antonio H. Marcet.

La corrida, pese al frío invernal, fue todo un éxito y el Presidente de la República se dio en la plaza un nuevo “baño de multitudes” como diría un cursi.

La Voz titular

La voz alcala Zamora

La Prensa de la época se hizo eco de la Corrida que llamaron Presidencial. La Voz publicaba la foto de Don Niceto saludando desde el Palco al público.

 

Alcalá Zamora no fue el único. Otros políticos de campanillas también asistieron a corridas de toros y las presidían como es el caso del President de la Generalitat, Lluís Companys quien presidió una corrida nada menos que en la Maestranza de Sevilla.

 

Companys en la Maestranza

El President de los catalanas en la República, Lluís Companys preside una corrida de toros en la Maestranza de Sevilla. Ahora los Presidentes catalanes carecen de todo atisbo de “seny”.

 

No tengo constancia de la postura personal que, ante la Fiesta de los Toros, pudieran tener Companys o Alcalá-Zamora, lo que está claro es que ambos, fuese cuales fuesen sus ideas personales, tenían muy claro cual es el papel que corresponde a un estadista y a un gobernante.

Un papel que pasa por anteponer el interés general a sus convicciones particulares, algo de lo que son incapaces quienes nos gobiernan o pretenden gobernarnos hoy día.

 

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Una cosa es que el Toro de la Vega pueda ser tema de discusión o posturas encontradas (Cualquier tradición ancestral con sacrificio animal lo es, incluso entre los aficionados al toreo) y otra muy distinta que se convierta en materia de manipulación gráfica, lingüística o política. Términos como “tortura” no deberían ser utilizados fuera de contexto pues con eso sólo se consigue banalizar la gravedad de la tortura real (la que se produce contra un ser humano indefenso).Tampoco debería ser objeto de utilización o manipulación política. (En la imagen, cartel de propaganda anti-taurina contra el Toro de la Vega).

 

Lo mejor es olvidarnos de los políticos y dedicarnos a lo que nos gusta que es el toreo

Creo que lo mejor es olvidarnos de estos rifirrafes políticos, aunque a veces el daño que causan (léase Cataluña) sea irreparable, y centrarnos en lo que nos interesa que es el toreo.

Y hablando de toreo, nada más apropiado que viajar en el tiempo (algo que ya hemos hecho en este blog otras veces) y acercarnos por Alicante para ver torear, en la Corrida Presidencial, a Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida y Domingo Ortega con las reses de Don Félix Moreno Ardanuy, encaste Saltillo, y del salmantino Don Antonio Pérez de San Fernando.

Pero eso lo haremos en una próxima entrada.

(Continuará)