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martes, 21 de agosto de 2018

Saúl Jiménez Fortes. Lo de Málaga no fue un sueño

Por Jose Morente

El toreo en máxima quietud. Saúl Jiménez Fortes en la Malagueta

El pasado 17 de agosto, Saúl Jiménez Fortes desplegó en la Malagueta el mejor toreo posible, por pureza, por entrega, por suavidad y por verdad. A quienes andan todavía preguntándose qué es torear, Saúl les dio cumplida respuesta. Torear es lo que hizo Saúl Jiménez Fortes en Málaga ante dos buenos toros de Cuvillo el pasado viernes. En el toreo de muleta, estuvo cumbre. En el toreo de capote, sublime.

Hablemos de su capote. La clave de su toreo de capa (de todo su toreo, de todo el buen toreo) está en el valor. Y es que se necesita mucho valor para esperar tan parado la embestida del toro y pasárselo por la barriga tan, tan, tan despacio, con tanta suavidad como temple. Sin embargo, resulta evidente que, para torear así, no basta con el valor sino que se precisa un gran conocimiento de las suertes. Al toro hay que llevarlo toreado, muy toreado.

Con el capote, por ejemplo, esto que decimos no es nada fácil de conseguir. Con el capote al toro que no trae inercia, no se le puede pulsear como se le pulsea en el toreo de muleta. Decimos que no se puede, aunque después de ver a Fortes en Málaga, tendremos que poner en duda el aserto pues derrochó suavidad, temple y mando en el manejo de la capa en ambos toros en el bravo y agresivo segundo y, sobre todo, en el manso y parado quinto.

Pero la nota final y definitiva del toreo de Fortes la pone su naturalidad. La naturalidad en el toreo de Fortes, y en el de todos los grandes toreros de su misma cuerda, viene de la mano de la economía de movimientos, de despojar al toreo de cualquier gesto superfluo, de cualquier movimiento innecesario. Lo que puede hacer una articulación menor -los dedos, la muñeca- no es bueno que lo hagan la cadera o las piernas.

El que se tiene que mover, eso Belmonte lo tenía muy claro, es el toro no el torero. El toreo así practicado suave, templado, lentísimo, con un toro en agresivo movimiento en contraste con un torero en máxima quietud, adquiere un aura de irrealidad, de algo lejano e imposible. Se convierte en un sueño

Pero lo de Málaga no fue un sueño. Aquí está la prueba.

viernes, 18 de agosto de 2017

Insólito capote de Enrique Ponce

Por Jose Morente

Ponce torea con el capote a Jaraiz el toro indultado de Juan Pedro Domecq, en las postrimerías de la faena de muleta (Foto: Toros del Mediterráneo)
El capote tiene papel protagonista en los dos primeros tercios. En el último, es la muleta la que asume el rol principal y es que, como dice Raúl Galindo, para que se produzca toreo con el capote:
"es condición sine qua non la inercia en la arrancada. No se puede enganchar y pulsear con el capote si entendemos por enganchar lo mismo que provocar el movimiento de un toro parado, es decir prenderlo cuando está quieto, y por pulsear lo mismo que tirar del toro durante todo el recorrido del lance"
No se puede, como dice Raúl Galindo o, mejor, sería decir que no se podía, porque no hay regla sin excepción y la excepción se llama Enrique Ponce. 

viernes, 17 de marzo de 2017

Postales taurinas (XIX) El poderío capotero de Roca Rey

Por Jose Morente

Roca Rey toreando al natural y en redondo con el capote a una mano en Valencia (Foto de Mikel Ponce para ABC)

Y fue en el sexto de una corrida de Cuvillo que no acabó de romper. Andrés Roca Rey, le recibió con el capote con templanza, en unas muy mecidas y medidas verónicas. Magnífico toreo de capa. De gran categoría.

Pero lo importante vino en el quite después de ese cite por saltillera al cambio que se está convirtiendo en marca de la casa desde que la estrenará, creo que en Dax el pasado año, y que tanto impacta al público. 

Después del suspense de su sensacional saltillera, vino el cante grande al natural con el capote cogido por un extremo. Fueron tres naturales parsimoniosos, lentos y largos como las olas del mar. Puro toreo en redondo abrochado con el pase de pecho, también con la mano izquierda, de pitón a rabo.

Decía el viejo Fernando el Gallo que torero que no sabía torear a una mano era torero de plaza de pueblo sin palcos. 

Pues lo dicho. Este Rey del toreo, lo es -al contrario- de todas las plazas.

El impactante cite de Roca Rey con el capote a la espalda en Valencia (Foto de Alberto de Jesús para Mundotoro)

miércoles, 15 de marzo de 2017

Postales taurinas (XVIII) El poderío capotero de Antonio Ordoñez

Una de las fotografías publicadas en el Ruedo en 1963 en la serie dedicada a la Tauromaquia de Antonio Ordoñez escrita por Antonio Abad Ojuel.
De Antonio Ordoñez nos queda a los que le vimos y les ha llegado a los que no, el recuerdo imborrable de su toreo de capa. De su toreo a la verónica

Ordoñez un torero con enorme querencia hacia el toreo cambiado en época de predominio del toreo de línea natural, navegaba y divagaba a veces en la muleta entre uno y otro concepto. Sin saber bien a qué carta jugar, Algo que, quizás, le hacía perder coherencia estilística

Pero lo que Antonio no perdía nunca era su empaque. Un empaque natural, nada forzado. Un empaque excepcional como pocos toreros han tenido. Por eso, con el capote en la mano, en el toreo a la verónica, ese empaque unido a la coincidencia entre su concepto -el del toreo cambiado- y el mecanismo inherente a esa suerte -en la verónica siempre se alternan pitones- le hacía alcanzar la cumbre. Y es que Ordoñez toreando con el capote ha sido una de las cumbres verdaderas del toreo de todos los tiempos.

Hoy cuando se habla tan poco de su figura (quizás por su carácter arisco y nada apacible), no está de más rescatar esta imagen suya con el capote en las manos pero no toreando a la verónica sino unos momentos antes, cuando al toro recién salido del toril, hay que domeñarlo y sujetarlo.

En eso, en sujetar a los toros de salida, fue Antonio Ordoñez un torero único y excepcional. Quizás también por eso, por su capacidad lidiadora, una capacidad lidiadora oculta y velada tras su deslumbrante estética -tras su impresionante empaque- podía luego torear de capa como muy pocos han sido capaces de torear.

martes, 28 de febrero de 2017

Cuaderno de notas (CXIV) Así toreaba de capa Antonio Montes

El trianero Antonio Montes. Uno de los toreros claves en la historia del toreo que es recordado hoy día sólo como precursor de Juan Belmonte (Fotografía del libro de García Carrasclás)
Nota de LRI: Antonio Montes es un diestro importante en la historia del toreo pues, no en balde, fue el más directo precursor de Juan Belmonte a quien le llegó el estilo de torear del monaguillo de Santa Ana, a través del banderillero Calderón, su mentor y primer publicista. 

Montes, como Belmonte, destacó, sobre todo, toreando de capote, pero poco muy poco se ha hablado de su estilo con la capa, un estilo y concepto que nos describe con todo lujo de sorprendentes e interesantes detalles, Antonio García Carrasclás en un librito publicado en Barcelona el mismo año en que el toro Matajaca había acabado con la vida del trianero en México.

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Creo haber dicho que Montes era clásico. De su clasicismo, toreando de capa, provino su fama (...) Se vió que aquel estilo de torear, no era casual, que era suyo, y por su especialísima y admirable manera de torear de capa, logró su encumbramiento y llegó, famoso, á tomar la alternativa. ¿Qué como lo hacía? Dificilísimo, para mi por lo menos, es explicar lo que en aquel momento se veía (...) diremos que Antonio Montes, en aquel instante se constituía en una especialidad.

Montes toreando de capa a un toro de Infante en la plaza portuguesa de Campo Pequenho en 1903 (Fotografía publicada en Sol y Sombra)

Cogiendo el capotillo por muy cerca del cuello de la esclavina, con lo que mermaba mucho el vuelo de la tela y por lo tanto su propia defensa, sin dar el frente ni el costado á las reses, oblicuándose, pase la figura, y con los brazos más bien caídos que levantados, y ligeramente inclinado hacia adelante el cuerpo, citaba á la res con más aparente timidez que arrogancia, que no sabía Montes afectar, como otros muchos afectan (...)

Citaba, como digo, en aquella posición á la res y al arrancar ésta, no se veía en Antonio lo que generalmente en los demás se suele ver: adelantar los brazos, girarlos, extendidos á la altura del pecho hacia el lado por el que sé piense cargar la suerte y ayudar la acción al engaño inclinando el cuerpo y adelantando la pierna para disminuir el peligro con la mayor cantidad de salida posible.
Toreando de este modo, el fuera de cacho torero, es evidente, por esto rara vez impresionan toreando de capa quienes asi torean, como impresionaba Montes, el cual, dejando á un lado toda sofisticación y todo intento de estudiada pose, en vez de adelantar, encogía los brazos, en lugar de abrir, recogía todavía más el capote y esperaba á que llegase á su jurisdicción el toro, á que pisase su terreno, á que la res segura de su presa engendrase la cabezada, para abrir entonces el capote hasta dejarlo en su primera proporción de defensa y cargar la suerte, extendiendo hacia fuera los brazos quebrar de cintura y marcar con el cuerpo un cuarto de conversión, mientras se extendía hacia atrás la pierna contraria, sin mover la en que se afianzaba el diestro, que era la que se pretendía buscar alivio, podía forzar y ampliar la cantidad de salida que se marcare á la res. Y el lance, ora al natural, ora de trente por detrás, ora de farol, resultaba ceñidísimo, de gran lucimiento á pocos pies que tuviera el toro, por lo mucho que lo consentía el torero, y de un efecto sorprendente, que de un modo insensible entusiasmaba á la concurrencia (...)

Montes en una capea con el estilo descrito en el texto, sin sacar en demasía los brazos (Fotografía publicada en el libro de García Carrasclás)

Y como constituía una cosa grande, una forma excepcional de torear de capa, armó el revuelo que debía armar, proporcionó grandísimas ovaciones y fama al ejecutante y le abrió paso entre sus compañeros, facilitándole el encumbramiento, el soñado camino de la alternativa.

GARCÍA CARRASCLÁS, Antonio. "Antonio Montes" (Barcelona, 1907. Págs. 17 a 24)


Montes a la salida de un quite en una corrida celebrada en Sevilla un día del Corpus


miércoles, 22 de febrero de 2017

Postales taurinas (XVII) El poderío capotero de Gallito

Por Jose Morente

Toreo de capote de Joselito el Gallo (Fotografía de la web de la Peña "Los de José y Juan")

Si hay una fase de la lidia donde es más necesario ganarle la pelea a los toros es con cuando se les recibe con el capote de salida

Torear de salida, al margen los alardes de valor, es ir a poderle al toro. A ganarle la pelea. El toreo de capote que se hace alternando pitones y adelantando la pierna es por eso, muy eficaz para conseguir ese dominio.

La foto de Joselito el Gallo que encabeza este post no tiene desperdicio. El torero no ha citado ya de frente, como en las verónicas antiguas, sino de tres cuartos lo que delata esa la punta de la zapatilla izquierda que mira al lugar desde el que vino el toro mientras la punta de la zapatilla derecha, mira hacia donde va el toro.

Con las manos pasa igual, pues ya no van altas como en el toreo anterior, sacando al toro por arriba, sino que se han desemparejado. Así, la izquierda sujeta, mientras la derecha manda (¡Y como manda!) en la embestida del burel al que retiene y hace volver por su camino, embebido en los vuelillos del capote.

Destroncándole, sí, pero sobre todo, llevándole toreado en preludio y esbozo de ese toreo en redondo con la muleta que vendrá más tarde. Cuando el toro ya esté más entregado.

Lidia y toreo empiezan aquí a ir de la mano.


viernes, 13 de noviembre de 2015

La verónica de Joselito ("Se aprende tó")

Por José Morente

La verónica de Joselito a partir de 1916 era, según Cossío, templadísima y parangonable con la de los mejores capoteros de la época (Verónica de Joselito en Barcelona  en abril de 1917)
Mientras la aportación de Joselito el Gallo al toreo de muleta puede considerarse fundamental y esencial con su toreo de capa no puede decirse lo mismo.

Es cierto que su capote era variado, muy variado, y eficaz, muy eficaz, pero nunca alcanzó la plástica emotiva de su competidor Juan Belmonte ni la elegancia indolente del toreo de capa de un Antonio Fuentes o un Rodolfo Gaona.

Sin embargo, Joselito no fue nunca torero conformista y si su toreo de capote de sus primeros tiempos no alcanzaba las excelsitudes de los otros diestros señalados, es justo reconocer que a medida que transcurría su carrera, su técnica capotera se iba depurando y afinando.

Dice Cossío, seguidor y amigo:
"Es indudable que el arte de Joselito se depuró y perfeccionó con los años, y es de justicia reconocer que la compañía y el ejemplo de un torero de la perfección estilística de Belmonte le fueron ventajosísimas, pero en la brega eficaz con el capote apareció perfecto desde becerrista.
No toreaba entonces con perfección a la verónica. En su primer año de alternativa se le veía ensayar todas las maneras de los mejores practicantes de la suerte en su tiempo para asimilarse un estilo que cuadrara a las cualidades de su toreo. 
Hacia 1916 lo encuentra, y sus lances de capa rivalizan en perfección con los del torero que más templadamente haya lanceado con ella."
Precisamente en 1917, se editaba "Lo que confiesan los toreros-Pesetas, cogidas, palmas y palos" un libro recopilatorio de entrevistas a toreros realizadas por el escritor José Luís López Pinillos (Parmeno) redactor del Heraldo de Madrid.

La entrevista a Joselito, titulada "verónicas y estocadas", debió realizarse a finales de la temporada de 1916 pues cita expresamente dos de sus éxitos de ese año: La Feria de Bilbao en conjunto y la estocada al primer toro de su última corrida en Madrid.

Esa entrevista con Joselito, no tiene desperdicio. La transcribimos en la parte que se refiere al toreo de capa del menor de los Gallos.

"-Y a torear de capa ¿como ha aprendido usted? Hace un año sus verónicas eran vulgarísimas. Y ahora... 
Joselito vuelve a reírse. 
-Ahora -exclama- se puen ver ¿no?... Mi trabajiyo me ha costao. Una de enrabiarme, y una de fijarme, y una de ensayar... Pero como to se aprende...En Saragosa -también eso ha sío bonito- le he dao a un toro ocho verónicas en una.
"En Zaragoza le dí a un toro ocho verónicas en una"
-¿Como es eso? 
-Mu sensiyo: no dejándolo ir. Le di la primera por la derecha, y al rematarla, teniendo al animá en los vueliyos der capote, bajé el braso derecho, levanté el izquierdo, giré un poco y le di la segunda, y templando y empapando repetí la suerte, y así yegué a la ortava. Fíjese usted. 
Y Joselito coge un pañuelo y torea a una res invisible, quebrando la cintura, moviendo con elegante lentitud los brazos y subiéndolos y bajándolos alternativamente para despedirla, sujetarla y recogerla, mientras explica la lección: 
-Ve usté?... La primera. Y ahora mu templaíto, la segunda; y ahora, toavía más templao, la tersera; y en seguía, ¡ju! sin miedo, clavao, la cuarta; y después, lo mismito, con los pitones en el vientre, la quinta; y luego, duro con la sesta y la sétima, borracho uno mismo con ese entusiasmo que da er toreo, y, por fin, la ortava, porque el toro ya no pasó más...
¡Fue también una cosa presiosísima! Crea usté que, menos el estilo, la grasia que ca uno trae ar mundo, se aprende tó."

La verónica de Joselito después de aprender "Se aprende tó"