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martes, 19 de octubre de 2021

Un barbero gallista de Sevilla

Luís Fernández Salcedo

1955. Cabalgata del Ateneo. Juan Belmonte (a la izquierda), Juan Ignacio Luca de Tena y Antonio Leal Castaño (Fuente: Blog Los leales del toreo)

A los treinta y nueve años de su muerte, la figura de José está ya hoy en la mente del aficionado corriente un tanto borrosa, por no decir olvidada. Al efecto han contribuido muchas razones, y entre ellas la poca -y no muy buena en general- literatura que existe en torno de él. Cuando la pareja Gallito y Belmonte centraba la edad de oro del toreo, yo estimo -no sé si estaré equivocado- que los gallista eran el 55 por 100 de la afición Pues bien, sí hoy se hiciese el recuento, creo que los belmontistas llegarían a sumar el 90 por 100 de los votos, lo cual se explica, porque Juan ha llegado a nuestros días, siempre en constante superación. Claro está que aun queda una parcelita en la cual estamos plantados algunos recalcitrantes, como el que suscribe y, entre otros, el famoso peluquero sevillano. 

Quizás conozcan ustedes el sucedido, que voy a referir en pocas palabras, tomándolo de Luis Bollaín (Los genios de cerca). Belmonte iba a salir de Rey mago en la Cabalgata del Ateneo. La Comisión organizadora le mandó los ropajes con los cuales había de vestir el cargo, pero Juan se figuraba que tendría que llevar éste aneja cierta caracterización, aunque no fuera más que para que los chiquillos no les reconociera. Pregunto por teléfono a los organizadores y le dijeron que no tardaría en llegar a su casa un barbero que le pondría la cara correspondiente a su alta dignidad. En efecto en muy pocos minutos, porque el tiempo apremiaba, el fígaro del barrio le puso totalmente desconocido. Belmonte se miró al espejo y se encontró hecho un adefesio. Pero no había minuto que perder y salió a la calle no sin decir a un amigo: “No me gusta nada el trabajo que me ha hecho Fulano; Entérate de si fue, en tiempos, gallista”. El amigo a los dos o tres días le manifestó: “¡Buen ojo has tenido Juan! Porque el peluquero en cuestión no es que fuera gallista… ¡es que lo sigue siendo!”

Yo también sigo en mi sitio como aquel barbero de Sevilla.

FERNÁNDEZ SALCEDO, Luís. Diano (o el libro que quedó sin escribir). Madrid, 1988, Editorial Agrícola Española, pág. 332 (1ª ed., Madrid, 1959, Librería Merced)


Belmonte de Rey Mago (Cabalgata del Ateneo de 1955)


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NOTA de LRI:
Luis Fernández Salcedo escribió el texto que hemos transcrito, dentro del Capítulo "Joselito en Colmenar" del libro dedicado al "Diano" que fue el semental que "hizo" la ganadería de su familia.

Portada de la 1ª ed. del "Diano"


Cuando lo escribió, corría el año de 1959 y por aquella época la figura de Joselito estaba eclipsada por el paso del tiempo (39 años desde su muerte) y por la presencia omnipresente Juan Belmonte, todavía vivo. 

Joselito sobrevivía solo en el recuerdo de algunos (muy pocos) aficionados como don Luis Fernández Salcedo o como ese anecdótico barbero gallista de Sevilla que tuvo la humorada de querer poner feo a Belmonte... 

En vida de Belmonte, José era solo una imagen de añeja fotografía y Juan el único revolucionario del toreo (Portada del libro del belmontista Edmundo G. Acebal)

La historia del toreo al uso entonces, la que nos contaban, una historia equívoca y tremendamente exagerada, ponía a Juan como única fuente del toreo moderno y a José lo relegaban al papel del último gran torero... del toreo antiguo. 

Años después llegaría Pepe Alameda con su reivindicativo y certero análisis del verdadero hilo del toreo, análisis que luego han ido siguiendo otros autores. A partir de Alameda y, sobre todo, a partir de 2012, año del Centenario de la alternativa de Joselito, empezarían a resurgir los gallistas, lentamente, pero cada vez más numerosos. 

Reunión de gallistas conmemorando el Centenario de la alternativa de Joselito en Sevilla (2012)

Hoy las cosas están cambiando y ya no se puede hablar de Juan Belmonte sin nombrar a Joselito el Gallo, al contrario de lo que ocurría hace muy pocos años.

 Portada del Catálogo de la Exposición celebrada en Sevilla en 2013 conmemorando la alternativa de Juan Belmonte: "Una revolución complementaria".
 
Aunque todavía quedan algunos tópicos por desmontar, las cosas se van, poco a poco, poniendo en su sitio.

Un sitio, el del gallismo, en el que estamos nosotros...  ¡como estaba aquel barbero sevillano!


lunes, 22 de julio de 2019

Cuaderno de notas (CXXXIV) Nosotros los gallistas

Por el Cachetero


El 16 de mayo de 1945, el Ruedo publicaba un artículo sobre Joselito a los 25 años de su muerte firmado por el Cachetero y titulado "Nosotros, los gallistas" y subtitulado "Confesiones de un admirador que no vió a Joselito" algunos de cuyos comentarios que extractamos los suscribimos nosotros con devoto entusiasmo.

Permítaseme confesar inicialmente que la presente tarea es la más difícil que se me presentó en mi corta vida de escritor taurino ¡Ahí es nada confesar un fervor absoluto y una filiación taurina sin vacilaciones, cuando la verdad es que mis cortos años me privaron de ver la majestad torera de Joselito el Gallo!

Nosotros los gallistas -me gusta empezar así y añadirme, sólo por milagro de fe, al gallismo militante- somos así. Somos de los que creemos que la fiesta de los toros aún anda con las tocas de la viudez, que se encendieron como llama de funeral de ébano una tarde en Talavera, veinticinco años hace.

Aquella tarde se perdieron con Joselito muchas cosas que no han vuelto a aparecer por las arenas donde los toros salen a poder con los toreros. Una de ellas el freno sabio, la contraposición que hacía que la revolución que el otro gran torero de la mejor época que conocieron los toros fuese positiva y se cuajase de adiciones. Todo ello era posible porque Belmonte había descubierto genialmente que la teoría de los terrenos taurinos admitía un plus ultra. Pero allí estaba José para que esa adición no se sumase al toreo, restando, al par, sus dimensiones inmutables.

Si la herejía puede recaer sobre el que es más papista que el Papa, la herejía actual del toreo es ser más belmontista que Belmonte. Si fuera posible que éste, con el mejor vigor de sus años y en su mejor "forma" taurina pudiese alternar con los actuales belmontistas, que han elevado la escuela a un punto, quizás, bellísimo, de decadencia, como fruta deliciosa y viciosamente sazonada, podría verse con los ojos de la cara lo que Joselito fué en los toros.

Uno ha encontrado ya la fiesta viuda. Y por eso, el estudio atento del pasado, tan próximo, de la leyenda y del mito taurino de Gallito, señaló el camino sin duda alguna. Uno es gallista desde entonces, y con tal filiación me confieso cuando ahora me preguntan sobre mi simpatía a este o a otro ismo actual. Yo no sé si estoy sólo entre mis coetáneos en tal postura, que a lo mejor me viene por herencia de un abuelo que fué lagartijista y de un padre cuya vida taurina empezó por Guerrita y acabó con Joselito, o si existen gentes en mis circunstancias. No lo sé, sino que grupo ha de formarse y aumentar inexorablemente el grupo de los que creen que la fiesta de los toros ha de salvarse por el gallismo y lo que representa.

Si esto, a los veinticinco años de morir, no sirve como el mejor homenaje a Joselito, no sé cual servirá. Hacer creyentes tras de la muerte, ganar batallas como la que ha de ganarse después de muerto, es privilegio de grandes héroes. Del gran héroe de los toreros que fué Joselito, el mejor torero que pisó los ruedos.