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jueves, 22 de septiembre de 2022

Eso no lo manda la ley. Sobre las faenas cortas y largas.

Por Jose Morente

La faena de Juan Mora en la feria de otoño de 2010. Faena corta, pero intensa, de mucho aroma y torería, de muchos quilates. Una gran faena. Mora estuvo sublime esa tarde. Faena para el recuerdo.

Sostienen los aficionados integristas que las faenas de muleta tienen que ser cortas. "Como manda la ley", dicen. Es una opinión que a priori parece  razonable pues "lo bueno si breve, dos veces bueno".

Sin embargo no comparto ese criterio. Eso de la faena corta, no lo manda la ley.

Me parece oportuno recordar una reflexión de Pepe Alameda sobre esta opinión muy extendida , que algunos aficionados quieren convertir en dogma.

"Una de los poderes maravillosos que le descubren a Juan[se refiere a Belmonte] es el de que, con el talismán del temple, puede hacer pasar al toro, aunque este no embista.

Pero Juan no da más que diez o doce pases, los que el toro tiene, los que corresponden a su primer impulso y facultades. En cuanto el toro no viene, la faena se acaba. Y entonces, ¿de dónde se saca lo del talismán? Pero responden: "Ah, no, es que esos son los pases justos, los que debe tener una faena"... No me diga. ¿En dónde está escrito eso, en el Partenón, en el frontispicio de la plaza de piedra de Ronda, la de los toreros machos o en las tablas de Moisés?..."

En la misma línea Corrochano en su crónica sobre la histórica faena de Chicuelo a Corchaíto (1928) a base de naturales, indica que los hubo para todos los gustos, y añade:

"Del mío, fueron los últimos naturales, cuando ya había que enganchar al toro en la muleta y tirar de él y hacerle pasar. Tengo mis preferencias. No me importa que el toro pase porque le dé la gana.; me interesa mucho más que el toro pase cuando le de la gana al torero, cuando sé que el toro ya no quiere y el torero tira y obliga y le hace pasar. Por eso la última parte de esta faena preciosista fue más de mi gusto."

Voy obviar el adjetivo de preciosista aplicado a una de las más grandes faenas de la historia. Una faena que cambió el rumbo del toreo, dicho sin exagerar. Porque lo que aquí me interesa comentar es la opinión de don Gregorio valorando más los naturales finales que los iniciales porque, en los primeros el toro pasa solo por inercia y, en los últimos, el torero tiene que tirar del toro.

En esas faenas cortas de 15 o 20 muletazos tan ensalzadas por los puristas, se aprovechan las arrancadas iniciales, las inercias, del toro y, aunque tienen su mérito (en eso discrepo de Corrochano, pues ahí es nada enaltecer al público con tan poco), tanto o más mérito tienen (y en eso si coincido con Corrochano) esos muletazos del final de la faena tirando del toro, cuando el toro pierde su empuje inicial y se para. Cuando el toro pasa porque quiere el torero, no por inercia. Opinión en línea con ese aforismo reciente que dice que: "el toreo empieza cuando se para el toro"

Y conste que no defiendo la faena pasada de rosca, por exceso de muletazos, en los que se aburren el toro y el público. Esa no tiene defensa.

Opiniones hay para todos los gustos. Por eso bien está alabar y disfrutar con esas faenas cortas que emocionan por su brevedad y sorpresa, como la de Juan Mora en Madrid que recordábamos al principio de esta entrada, pero -como en el toreo no hay reglas fijas, salvo las que impone el toro- no deberíamos denigrar o criticar la faena más larga, aquella en la que, cuando el toro se para, el torero le obliga a pasar.

Disfrutemos con el buen toreo y vamos a dejar de encasillarlo en reglas y frases hechas que solo sirven para empobrecer nuestra visión de aficionados.

Como dice la letra de la caña:

A mí me pueden mandar
A servir a dios y al rey;
Pero dejar a tu persona,
Eso no lo manda la ley

Enrique Ponce ha sido torero de faenas largas y, precisamente, ha sido en esos tramos finales de esas faena con el toro parado donde ha conseguido los muletazos más largos y templados que, por inesperados, han calado enormemente en los públicos.

domingo, 27 de agosto de 2017

Ponce se encara con un espectador en Bilbao

Por José Morente

Ponce enfadado se encaraba, ayer en Bilbao, con un espectador (Foto captura de pantalla de televisión)

Cada espectador tiene su forma de ver los toros. Su personal e intransferible escala de valores. Aquello a lo que concede mayor importancia y aquello otro a lo que no le da tanta o no le da ninguna. Eso es así y nadie va a cambiarlo. Podremos afinar nuestra percepción ampliando nuestro conocimiento pero lo que motiva y entusiasma a cada uno, ya sea el valor, el arte o la técnica, difícilmente variará a lo largo de nuestra vida.

En esa disparidad de enfoques, en esa distinta valoración de lo que se les hace a los reses está el mayor atractivo e interés de esta fiesta. Es también lo que explica el porqué algunos aficionados prefieren a Enrique Ponce mientras otros se decantan por José Tomás.

Lo malo es que, ese gusto por un concepto, ese interés por los matices o cualidades que adornan a determinados toreros, se suele traducir demasiadas veces en una inquina desaforada hacia el contrario, hacia el torero o toreros que representan un modo diferente de concebir el toreo. Creo que el primer antecedente de esa, tan deleznable y rechazable forma de actuar, se encuentra en aquel aficionado rondeño que provocó la muerte  de Curro Guillén cuando le retaba a matar recibiendo a un toro de Cabrera que no se prestaba a esa suerte, una suerte que no era del gusto ni del concepto del diestro de Utrera pero si del gusto del protestante. Ese día se inició una deriva nefasta que llega a nuestros días.

En Bilbao, el pasado jueves, un inoportuno espectador pitaba no se sabe qué al Juli justo cuando arrancaba para matar al volapié. Al día siguiente, otro inoportuno espectador, recriminaba a Enrique Ponce en plena faena con otro inoportuno grito. Detengámonos en este segundo incidente.

Elaboraba Ponce una compleja y trabajada faena a un complicado toro del Puerto de San Lorenzo de ocultas calidades, cuando, en un momento determinado, una voz le conminó: ¡colócate!

Ponce, de natural tranquilo y apacible, nada respondón ni en el toreo ni en la vida, paraba la faena dirigiendo la mirada al aficionado protestón, en un gesto de reproche, ante lo inoportuno de su grito. Luego, se encogió de hombros, volvió al toro y remató la tanda con solvencia y buen toreo, la mejor respuesta posible, consiguiendo el aplauso unánime del público.

Más tarde, ante los micrófonos de Movistar, mostraba su extrañeza ante lo sucedido aunque reconocía que, como torero, no tendría que haberse descarado con nadie. Concretamente, decía:
"Es que no viene al caso. Que diga ¡colócate! ¿Que no estoy colocado?¿Donde estoy? ¿Estoy en el burladero? Eso son tonterías y, además, no vienen a cuento porque estás con un toro, haciéndolo, construyéndolo, y además un toro con esas complicaciones... Yo trato de no hacer caso pero, me ha salido del alma, mira, por lo menos decirle ¿qué dices? ¡no me he podido aguantar! (...) La gente ha reaccionado bien porque lo ha visto igual que yo. Son cosas que son unos tópicos tan absurdos y tan tontos que hay que acabar con eso y es que eso está en manos de todos. Que te digan "colócate" ¿pero tú qué sabes donde me tengo que colocar? Son cosas que no tienen sentido y que hay que empezar a cortar. Un espectador puede decir lo que le de la gana, está en su derecho pero tiene que respetar. No le va decir uno a un pintor como tiene que coger el pincel. Vamos, digo yo..."
Enrique Ponce, maestro probado e indiscutible, tiene toda la razón del mundo. Una cosa es que no se comparta su concepto del toreo (el suyo o el de otros torero) o su forma de torear (la suya o la de otros toreros) y otra muy distinta es que, en la plaza, cualquiera se crea con derecho a decirle a él, maestro probado e indiscutible, o a cualquier otro torero, como tiene que coger los pinceles  o sea, como tiene que coger la muleta o donde tiene que colocarse.

La protesta tiene su lugar importante en las plazas de toros y puede aparecer (y de hecho debe aparecer y aparecerá) ante la actuación desafortunada de los diestros pero esa protesta conceptual sobre el modo de torear es inadmisible e inaceptable. Suponer que nuestra forma de ver los toros (una entre las muchas posibles) es la única válida y pretender imponerla a los demás, a los toreros y al resto de la plaza, es una pretensión absurda, una pedantería que sólo se explica quizás por una obsesión compulsiva, por un trastorno de la conducta.

Ocurre con mucho de los tópicos hoy al uso y cuya difusión es achacable a la globalización de la fiesta provocada, entre otras causas, por esas recurrentes retransmisiones televisivas que han tenido por escenario la plaza de las Ventas. Una plaza que tenemos por referente pero que, desde los años 80 del pasado siglo, está marcada y condicionada por la forma de ver los toros de determinados críticos (como Zabala padre, en su primera época, Vidal, Navalón, etc.) con derroche de clichés, algunos tan manidos y tan erráticos como el pico, el toque o el cargar la suerte.

Esto último, por ejemplo, lo de cargar la suerte o cruzarse, no pasa de ser un recurso técnico adecuado en el toreo en ochos o ante ciertos toros, pero se le ha querido convertir en referente ético de todo el toreo, en piedra angular del mismo. Un desatino absoluto y aberrante pues no pasa de ser un recurso o tranquillo, cuando no una descarada ventaja según y como se emplee. Solicitado y exigido por algunos aficionados, tarde tras tarde, en todas las ocasiones y en todos los toros, resulta indigesto y causa empacho. Una obsesión compulsiva.

Los tópicos son nefastos porque sustituyen nuestra capacidad de intentar razonar, analizar y entender cabalmente el toreo por una serie de frases hechasfórmulas baratas y facilonas que nos hacen creer que sabemos de toros todo lo que hay que saber cuando, de esta materia, nadie sabe nada o casi nada.

viernes, 18 de agosto de 2017

Insólito capote de Enrique Ponce

Por Jose Morente

Ponce torea con el capote a Jaraiz el toro indultado de Juan Pedro Domecq, en las postrimerías de la faena de muleta (Foto: Toros del Mediterráneo)
El capote tiene papel protagonista en los dos primeros tercios. En el último, es la muleta la que asume el rol principal y es que, como dice Raúl Galindo, para que se produzca toreo con el capote:
"es condición sine qua non la inercia en la arrancada. No se puede enganchar y pulsear con el capote si entendemos por enganchar lo mismo que provocar el movimiento de un toro parado, es decir prenderlo cuando está quieto, y por pulsear lo mismo que tirar del toro durante todo el recorrido del lance"
No se puede, como dice Raúl Galindo o, mejor, sería decir que no se podía, porque no hay regla sin excepción y la excepción se llama Enrique Ponce. 

De la épica a la estética

Por Clarito

Final de la tarde de ayer. Apoteósica vuelta al ruedo de los protagonistas del espectaculo Crisol (Foto: Alex Zea-La Opinión de Málaga)

Medio recuperado de la impactante tarde de toreo puro y fundamental de Saúl Jiménez Fortes y, mientras el torero convalece de su cogida, nos topamos con el espectáculo Crisol, pasando -como me decía Jose Morente- sin solución de continuidad, sin cámara de descompresión, de la épica a la estética, del toreo seco, valiente y entregado de Saúl al toreo elegante y estético de Enrique Ponce. De la verdad desnuda del toreo al toreo en envoltorio de lujo. Del drama al espéctaculo. Demasiadas emociones para vividas sólo en veinticuatro horas.

La de antesdeayer quedará en el recuerdo de muy pocos pues la plaza estaba casi vacía. Muy pocos aficionados que, además en su mayoría, no quisieron o no supieron -ellos sabrán- valorar lo que Jiménez Fortes les estaba regalando. La plaza de la Malagueta, su público, su banda de música, su presidenta se mostraron toda la tarde secos, duros, ariscos y exigentes sin justificación con el torero malagueño. Como dijo, con total acierto una voz del tendido: ¡Fortes en tu pueblo no te quieren

La airada reacción de los espectadores ante ese grito prueba que el vociferante puso el dedo en la llaga pues constataba dos hechos. Primero, el desapego de la plaza, el público, la banda y la presidenta hacia el torero de la tierra y, segundo, la falta de categoría de esta plaza. Y es que, las categorías no se adquieren por imposición administrativa sino demostrando la plaza, el público, la banda y la presidenta- rigor, conocimiento y sensibilidad hacia el buen toreo. No los hubo.

Una tarde pues de sensaciones contrapuestas entre la emoción de lo que hizo Fortes en el ruedo y la tristeza que produce la escasa respuesta que obtiene quien -como él- clama en el desierto. Fortes fue profeta de un mensaje no atendido ni entendido. Nadie es profeta en su tierra.

Espectáculo Crisol

Al día siguiente, cambio total de decoración. De la plaza casi vacía a la plaza casi llena. De la sequedad del que espera atento el menor fallo a la actitud amable del que acude ilusionado esperando el milagro. Y el milagro, llegó.

No voy a contar la corrida. No voy a entrar en analizar ni valorar faenas, indultos y demás historias. Ahí está para quien quiera verla pues se retransmitía por televisión. Baste decir que fue algo diferente, algo más, que una corrida de toros. La superposición de toros y música añade un plus al espectáculo. Un espectáculo que, hoy por hoy, sestea anclado en el pasado. No sé, no puedo saber pues no soy adivino, si esta es la solución a algunos de los graves problemas que arrastra la fiesta. Personalmente, pienso que no pues el espectáculo de ayer magnífico como tal espéctaculo se me antoja excepcional, único y difícilmente repetible. Por otro lado,  las causas de los problemas de la fiesta son estructurales, del propio sistema. Pero lo que tengo claro, es que el formato tradicional está caduco pues no sabemos venderlo y cada vez interesa menos a menos gente. 

El toreo necesita urgentemente una puesta en escena diferente que acentúe sus valores estéticos y culturales, aquellos más cercanos a la sensibilidad de los públicos actuales, sin renunciar por ello a su riesgo y emoción, a sus valores éticos más profundos. Globalizar e imponer el modelo francés -tan querido por algunos- podrá valer para Francia y el norte de España, donde siempre se ha estimado más la lucha que el arte pero no es la solución perfecta. Lo que la gente quiere, con lo que vibra -de Despeñaperros para abajo, al menos- es con el buen toreo. Toreo, no trabajo ni pelea o lucha. Eso se vió ayer.

La música puede subrayar los aspectos amables de la corrida pero sobre todo puede atraer un público nuevo a los tendidos. Algo totalmente necesario. Necesario lo de atraer un público nuevo, no la música. Y es que, lo llevamos diciendo hace mucho tiempo, la fiesta necesita el calor del público. Toro y torero en el ruedo necesitan, como agua de mayo, espectadores en los tendidos que se emocionen aplaudan o protesten. Sin público en los tendidos, el espectáculo -magnífico- no tiene ningún sentido. Y digo público y no aficionados porque los aficionados además de caber en un autobús se muestran en general -al contrario que los públicos- excesivamente secos, duros, ariscos y exigentes hasta la exageración. Sin sensibilidad. 

A la fiesta la salvará, si la salvan, los públicos amables, pródigos y generosos, no los aficionados que la estamos dejando morir poco a poco. O ayudando a morir, lo que también tiene pecado. Lo que hicimos el jueves con Saúl fue de juzgado de guardia. Y sólo había aficionados en la plaza.

Lo de ayer, la actitud de los espectadores ante el espectáculo Crisol de Enrique Ponce y Javier Conde, fue, por el contrario, una bendición.

lunes, 4 de julio de 2016

Cuaderno de notas (XCV) La economía de movimientos

Uno de los toreros que más han evidenciado esa economía de movimientos de la que habla Raúl Galindo en su fundamental texto "El toreo, en teoría"ha sido Pepín Martín Vázquez, torero adelantado a su tiempo, pero en general todos los toreros calificados como "elegantes" (Lagartijo, Antonio Fuentes, Rodolfo Gaona, Manzanares padre, Enrique Ponce, etc.) comparten ese mismo concepto (Pepín en una fotografía publicada en el Ruedo en 1947)
"Pasemos a hora  a lo que considero, junto con la quietud, una base para el toreo: la economía de movimientos. Ambos son dos conceptos del todo coherentes. 

Hemos dicho que el toreo es visual, el espectador percibe el dominio y la belleza que el torero genera mediante el uso de capote y muleta, y lo percibe como un movimiento correlativo de toro y torero. Dentro del lance o muletazo son el brazo, la cintura y la muñeca del torero, las que crean toreo. Fuera de ellos, el cuerpo entero evoluciona sobre la arena, posicionándose adecuadamente.

Para el toreo ideal, cada uno de estos movimientos por pequeño que sea, ha de ser útil. Si un movimiento o un conjunto de ellos es inútil debe suprimirse, y si puede ser sustituido por otro menor sin perjuicio del resultado técnico, no hay que dudarlo porque el resultado artístico mejorará.

El despilfarro de energía que el toro realiza en la lidia ha de contraponerse, en la retina del espectador, al mínimo esfuerzo del torero para que la ilógica vuelva a manifestarse. La velocidad del toro ha de carearse con la lentitud del torero (...)

Este es un toreo donde es el toro el que se mueve. Un toreo donde jamás una articulación mayor realiza un movimiento posible con otra menor: lo que mueven las muñecas no deben moverlo los codos, y lo que mueven estos no pueden hacerlo los hombros, después va la cintura y así sucesivamente hasta llegar a las piernas que suponen digamos, el movimiento mayor porque es un desplazamiento de todo el cuerpo."
GALINDO, Raúl "El toreo, en teoría-Análisis de tauromaquia fundamental" (!ª ed., Barcelona, Ediciones Bellaterra, 2014. Páginas 133-135)




Lagartijo, Fuentes, Gaona, Manzanares padre y Enrique Ponce, toreando con una estética diferente pero con el mismo concepto del toreo de Pepín Martín Vázquez, un concepto basado en la sencillez o economía de movimientos (Fotografía de Juan Pelegrín-Las Ventas)

viernes, 10 de junio de 2016

Cuaderno notas (LXXXVI) El toreo es el arte entre las artes

Elegante media verónica de Enrique Ponce a un toro del Puerto en Madrid, el pasado 19 de mayo (Foto Mundotoro)
"El toreo es sentimiento: del torero y del aficionado. En el caso del torero, es una emoción inefable, por la dimensión del propio sentimiento. El miedo se convierte en gozo, en una gran faena. Por eso, el toreo es el arte entre las artes.

Tenemos la gran suerte de poseer una Fiesta Nacional que es única, porque en ella se conjugan todas las expresiones artísticas, y que es nuestra, muy nuestra (...)

El toreo es grandioso, mágico; tanto, que es el único espectáculo artístico en el que no hay nada preparado. Lo que ocurre en ese momento es todo de verdad, con una gran incertidumbre y una gran soledad; entonces se funden arte y tragedia, toro y torero, que permanecerán, para siempre, en la memoria de nuestras retinas"

Enrique Ponce "Arte y técnica en el toreo" (Discurso leído en la toma de posesión en la Real Academia de Bellas Ciencias y Nobles Artes de Córdoba)

viernes, 20 de mayo de 2016

Carta abierta sobre Enrique Ponce

Por Alberto Marcos Morante

La belleza del toreo del más elegante de los toreros. La media verónica del maestro Enrique Ponce (Fotografía Mundotoro)

Mis aspiraciones en el toreo son las de ser un buen aficionado. Disfrutar con el toreo, entender “sus porqués”, conocer las diferentes tauromaquias, así como los grandes toreros de la historia y sus conceptos

El primer torero que entró en mi cabeza se llama Enrique Ponce. El motivo no lo conozco y tampoco me interesa descubrirlo. A Ponce sólo me apetece disfrutarlo y lo llevo haciendo veinticuatro años.

Hoy, hace unas horas, en la corrida celebrada en Madrid, es la enésima vez que lo he paladeado y a fe que el público de Madrid también lo ha hecho. El mismo público que en su día protestaba hasta cuando hacía el paseíllo, hoy se ha olvidado del “pico” del “fuera cacho” del “crúzate” y de más cánones aprendidos de memoria y han dejado expresarse a Enrique Ponce como casi nunca. Con su toreo, con su concepto, que es el mismo que lo ha mantenido arriba durante veinticuatro años, que se dice pronto, pero que no debe de resultar nada fácil lograrlo.

Sólo puedo entender su histórica trayectoria desde la afición, la ilusión, el amor y el respeto a su profesión, valores que se me antojan indispensables en todo aquel que fija su meta en ser figura del toreo. Ese es, desde mi punto de vista, el mensaje de Enrique Ponce la tarde del diecinueve de mayo en la plaza de Las Ventas.

Ayer Madrid trató a Ponce con la categoría y el respeto que Ponce se ha ganado y se merece.(Fotografía Mundotoro)
Ponce es un lujo en el toreo y así lo ha entendido la cátedra madrileña. Es posible que lo hayan “dejado hacer”, que lo hayan “dejado expresarse” porque los enemigos a batir son otros y Ponce en su condición de maestro del toreo, con la solera de toda su trayectoria, se haya liberado ya del peso de la púrpura.

Ponce es mucho Ponce y estará en el toreo lo que le de la gana… 

¡Y nosotros que lo veamos!

Ponce acabó ayer su faena a un complicado toro de Valdefresno, cogiéndole un pitón, tras machetearlo de rodillas ¡Aromas del toreo eterno! (Fotografía Mundotoro)

sábado, 15 de noviembre de 2014

Cuaderno de notas (XXXIV) El peto y la bravura

 

1963-01-30 (p. ER) Suerte de varas antigua - copia

La antañona suerte de varas. Según Enrique Ponce, la mayor bravura del toro fue la que obligó a implantar el peto.

 

“El toro ha evolucionado muchísimo en los últimos años. Pero no es la primera vez que esto sucede. Un gran salto adelante, en su evolución, tuvo lugar en los años veinte, cuando se implantó el peto. Antes de eso, la Fiesta era muy sangrienta, desde luego, pero el toro al salir del caballo, se repuchaba, se iba…

Cuando el toro comenzó a ser más bravo, a quedarse en el caballo, además de ser un espectáculo más desagradable, la realidad práctica es que no había bastantes caballos para picar; por eso hubo que poner el peto, por el salto de bravura del toro.

Ahora, el toro suele ser más bravo que el de los años veinte, pero también suele ser más agresivo. Por eso, saltan ahora a los ruedos toros extraordinarios, pero los malos son realmente malos”.

 

Declaraciones de Enrique Ponce en Andrés Amorós “Enrique Ponce un torero para la historia” (1ª ed., Madrid, La esfera de los libros, S.L., 2013, págs., 321-322)

sábado, 8 de febrero de 2014

La tauromaquia de Enrique Ponce (II) El comportamiento del toro (2ª parte)

Por Jose Morente

Ponce brindis 001

Ponce brinda, al público, su toro pero ¿un toro de qué encaste?

 

Recogíamos en la primera entrada de esta mini-serie, la opinión de Enrique Ponce (en la magnífica entrevista que le hacia José Luis Ramón para 6 toros 6) sobre el comportamiento del toro de lidia y, más específicamente, del toro de encaste Domecq.

Sin embargo, si algo ha caracterizado a este torero ha sido su capacidad de entender y triunfar con toros de diversos encastes. Tiene por ello mucho interés leer sus declaraciones sobre las características de estas ganaderías alternativas y/o minoritarias.

  

El recorrido del toro de Alcurrucén.

Ponce 01

Espectacular natural de Enrique Ponce a un castaño girón de Alcurrucén, el día de la confirmación de Javier Valverde en Madrid (Fotografía facilitada por Alberto Marcos Morante) 

Sobre el toro de Alcurrucén, digno representante en la actualidad del encaste Núñez, Ponce opina muy favorablemente

Es un toro bajo y muy bien hecho. De Núñez me gusta el toro con el pitón blanco y engati­llado.. . bueno, la verdad es que este es el toro que me gusta de todas las ganaderías…

Por lo que respecta al comportamiento, del Núñez siempre se ha hablado de ese “tranco” de más en su embestida, algo que confirma el torero de Chiva.

Del “Núñez” me gusta su recorri­do y su temple. El toro de Núñez que embiste humillado y templado, y se reboza hasta el final, a mí me ha ido muy bien.

Y un detalle importante, para Ponce se trata de un toro, normalmente, complicadillo de salida, al que hay que ir metiendo en la canasta poco a poco.

Salvo excepciones (porque el bueno-bue­no lo es de cualquier ganadería) el toro de Núñez al principio no es fácil. Es un toro muy para toreros, tienes que adaptarte a él, le tienes que ir haciendo… No es un toro que te sale ya hecho, e incluso con el capote son bastante complicaditos.

Y sigue Ponce

Es un toro con un gran fondo, y te lo va dando poco a poco. Es un toro que no te lo va a regalar, sino que tú tienes que ir sacándoselo. Y por eso mismo es grande en su embestida, porque muchas veces el público no lo espera, ni incluso el torero lo espera, y eso hace que la faena tenga una dimensión insospechada. Es un toro que suele dar grandes triunfos. Los ha dado durante toda la historia.

Vamos a ver una faena de Enrique Ponce a un toro de Alcurrucén, en Bilbao, concretamente la faena a su primer toro, “Sucesor” de 588 Kg., la tarde del 23 de agosto del pasado año. La faena completa está en el magnífico blog de Andrés Verdaguer Talens “Cornadas para toros” aunque aquí sólo he seleccionado cuatro tandas (tres del principio y una del final de faena. Tres con la derecha y una con la izquierda) donde se aprecian muy bien esos matices de la dificultad inicial (y no tan inicial) de estos toros de los que habla el torero.

En el video se aprecia también ese tranco de más que, no siempre, regalan estos toros dando, a veces, la impresión que el toro se dispara –se acelera- al salir de la muleta (Aunque la privilegiada muñeca del torero también tiene algo que ver con eso).

En resumen, vamos a ver a Ponce ante un toro exigente y con unas complicaciones a las que algunos espectadores del tendido no parecen dar, por sus voces, mucha importancia.

 

El toro de Atanasio. Abanto y grandón pero con mucho fondo

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Ponce con un toro de encaste Atanasio en Valencia (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante)

Uno de los encastes preferidos de Ponce es el de Atanasio-Lisardo, un encaste ante el que, en una determinada fase de su carrera profesional, se prodigó mucho:

Sobre todo en los años 90 lidié camadas enteras de Atanasio Fernández y siempre triunfaba con ellas en las plazas más importantes… Madrid, Bil­bao, Arles, Bayona… en esos años fueron un encaste y una ganadería muy míos.

Por lo que respecta a su comportamiento, dice Ponce:

El toro de Atanasio es parecido al de Núñez en que no se define, es abanto e informal en los primeros tercios, y de él destacaría el temple. Cuando se mete en la muleta no pega un cabezazo, embiste con temple y despacio. También es un toro muy para toreros, en el sentido de tener que extraerle el fondo. Pero te lo acababa dando.

Ahora está representa­do muy dignamente por Puerto de San Lorenzo y Valdefresno, y la última vez que salí a hombros de Madrid fue con uno de Javier Pérez Tabernero, de ese mismo encaste.

El “atanasio” es un toro abierto de pitones, grande de hueso y de talla, un toro largo, con alzada y con ba­dana, y con la característica de ser un toro chochón, como nosotros decimos. Ver un toro tan grande embestir de esa manera y con esa boyantía llamaba la atención.

Vamos a ver a Ponce frente al Lironcito el toro con el que hizo historia en Madrid.

Aunque no es de las mejores faenas de Ponce, si es de las más emocionantes. El haber sido cogido al principio del muleteo (algo sorprendente en torero tan seguro) fue determinante para que, el siempre difícil público de las Ventas, se pusiese a favor del torero.

No voy a entrar en los matices técnicos de la faena. No es faena para analizar con lupa. Lo que aquí me interesa resaltar es el modo de embestir de este toro que se sale un poco –solo un poco- del comportamiento chochón y nobilísimo del encaste.

Un comportamiento que, en el fondo, encubre casi siempre, en mi opinión, una cierta mansedumbre que, en este caso, no está exenta de peligro.

 

 

El toro de Albaserrada (Victorino) según Ponce

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Un natural (cumbre) de Enrique Ponce a un humillador Victorino en Valencia (Foto -y comentario- facilitados por Alberto Marcos Morante)

A la hora de definir la virtud principal del toro de Victorino (encaste Albaserrada), Enrique Ponce apunta a la misma que ya señalaban sus compañeros y que recogíamos en otra entrada de este blog: La capacidad de humillar.

Esa manera de em­bestir por abajo, transmitiendo tanto, es lo que le ha llevado a ser lo que es. El peligro de esa ganadería es que algún día pierda esa manera de humillar. Es un toro de gran seriedad, que normalmente no se suele ra­jar ni caerse.

Como el Victorino lo tenemos muy estudiado los aficionados, basta añadir esa similitud que encuentra Enrique entre el toro de ese encaste y el toro mexicano.

El toro de Victorino bueno, con el cual me he encontrado en muchas ocasiones, es un toro que ha humillado y que, salvando las distancias, tiene simili­tud con el toro mexicano. Es lógico, por­que vienen de lo mismo, aunque en Méxi­co han echado mucho Santo Coloma.

El “Victorino” es un toro, además, que tiene una gran despaciosidad en su embestida.

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Otro natural de Enrique Ponce al mismo Victorino en la plaza de Valencia (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante)

 

El temple del toro de Murube

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Natural de Ponce a un toro de encaste Murube -ganadería del Capea- (Foto facilitada por Alberto Marcos Morante. 

Las corridas de rejones son el clavo ardiendo al que se han agarrado los ganaderos que tienen reses del encaste de Murube.  La ganadería que salvó Joselito el Gallo de la quema, haciendo que la comprara la familia Urquijo, en plena edad de oro, ha dado a lo largo de la historia toros de gran clase y nobleza que han propiciado el éxito de los toreros.

Para Ponce esos toros siguen manteniendo las cualidades señaladas:

La característica esencial del toro de Murube es el temple. Aunque es un poco mironcito, también obedece mucho y embiste muy templado.

La humillación quizá no es su mayor virtud, lo que no quiere decir que no salgan toros humi­llando, pero ahí es donde más se ha teni­do que trabajar. Recuerdo grandes faenas a toros de Murube, de la ganadería del maestro Capea, en Salamanca a uno le corté el rabo, el último que se ha cortado en esa plaza. Y este mismo año, en Tomelloso, le indulté un toro realmente ex­traordinario, que humilló de verdad.

Y desde luego, no podía faltar la mención (siquiera sea solapada) al distintivo que ha hecho famosos a esos toros: el galope 

Otra característica es que embiste de principio a fin con el mismo ritmo, y eso es bonito e importante.

Una de las derivaciones más interesantes del encaste Murube, fue la ganadería que creó en 1907, don Juan Contreras. Con reses de Contreras formaron su ganadería los famosos rejoneadores de la Puebla, los hermanos Peralta. Esta ganadería es de lo poco que queda de Contreras (lo otro lo tiene Baltasar Ibán pero cruzado con Juan Pedro Domecq).

Vamos a ver a Ponce con Gomero de Peralta en la plaza de Valencia (año 1992, el de la Expo ya tan lejana).

El video es muy interesante no sólo porque Ponce con sólo 21 años despliega ante Gomero toda su ciencia (con sus muchas virtudes y también con sus escasos defectos) sino porque Gomero es un magnífico ejemplo del toro que se lidiaba entonces: Bravo y noble pero con mucha menos chispa que el toro que sale hoy a las plazas.  Y también con mucha menos fuerza.

Pero con una virtud magnífica, cada vez que el torero le da sitio y tiempo (Ponce maneja muy bien los ritmos de su larga faena), Gomero galopa.

 

 

Un toro que no engaña: el toro de Santa Coloma

 

El toro de Santa Coloma ha sido siempre piedra de toque de toreros. Un toro muy encastado y, por tanto, nada fácil de torear pero sincero. El bueno, es bueno y el malo, malo. Dice Ponce:

Este toro, para bien o para mal. no te engaña. El toro de Santa Coloma no es el toro que tienes que hacer, porque el que es que no. es que no; y el que es que sí, es que sí desde el principio. Es el toro menos mentiroso que hay.

El toro de Santa Coloma que sale bueno es un gran toro:

El bueno es un toro que transmite, que galopa, que humilla, que tiene suavidad, que tiene un recorrido largo… el bueno de Santa Co­loma es el toro ideal.

El problema lo plantea el toro de este encaste que sale malo:

El toro malo de Santa Colo­ma es un toro listo, que si no humilla te da muchos problemas, porque siempre te ve por arriba, por eso tienes que estar muy tapado con él.

También destacaría su viveza, su listeza, y que hay que hacerle las cosas perfectas. Y que no perdo­na. Si al bueno no le haces bien las cosas, aprende, y si se orienta de algo, no se le olvida. No es toro al que tienes que ha­cer, si no que le tienes que aprovechar.

Es decir, que según Ponce, a este toro más que hacerlo, lo que hay que hacer es no estropearlo.

Y si es bueno, puede ser interminable, con una embestida clara, templada, rítmica, con transmisión. Y con gran seriedad, en su embestida y en su expresión. Cuando el toro de Santa Coloma te mira, es una mirada muy peculiar. El malo es un toro muy listo.

Vamos a ver a Ponce, con un toro de Ana Romero en Cuenca (2010), el toro está quedado y lleva la cara a media altura pero Ponce lo entiende a la perfección. Es muy interesante la forma de colocar la muleta, con el palillo muy hacia arriba, a la altura de la cara del toro.

 

 

Una aparente paradoja.

Pedimos variedad de encastes porque pensamos que así podremos evitar la monotonía en el toreo. Incluso esa es la opinión del maestro Ponce.

Es evidente que un variado comportamiento de las reses debe propiciar también variedad en el toreo. Debiera ser así o podría ser así, sin embargo, no estoy tan convencido de que se trate de una verdad absoluta.

Y es que el modo de torear de cada torero depende no sólo del toro que tiene enfrente sino de su propio concepto del toreo. El torero aplica (y es lógico) las soluciones técnicas que mejor le cuadran a sus facultades y condiciones, aquellas con las que más cómodo se encuentra.

Toreros que adapten radicalmente su toreo, que cambien su forma de torear, en función de las condiciones del toro que tengan enfrente ha habido muy pocos en toda la historia del toreo. Y ese aserto vale incluso para los toreros (esos si abundan más aunque no mucho) capaces de entender y poderle a un gran número de toros, como Guerrita, como Domingo Ortega, como Enrique Ponce…

Por ello no debe sorprender la similitud de formas y actitudes de Ponce en las fotos que ilustran esta entrega y eso pese a tratarse de toros de tan diferente encaste y procedencia. Los matices existen pero se encuentran  en detalles técnico, nimios y muy difíciles de apreciar por el profano.

Evitar la monotonía es necesario, tanto como lo es recuperar la variedad de encastes, pero ello depende, en la mayoría de los casos, tanto o más de la voluntad y propuesta de los toreros y de la amplitud de gustos del público que del modo de embestir de cada encaste o cada toro concreto.

 

  2008-06-12 Granada Pablo Romero Ponce 001

La técnica que aplican los toreros es básicamente la misma sea cuales sean las condiciones del toro que tiene enfrente. Sin embargo, los matices (cite, toques, ángulos) varían de un toro a otro de forma imperceptible para el público. Por eso, la variedad de encastes no garantiza evitar la monotonía. Eso depende de la capacidad de proponer cosas nuevas que tengan los toreros y de la capacidad de los públicos de aceptarlas. (Enrique Ponce en Granada un 12 de junio de 2008 ante un toro de Pablo Romero. Foto de Manu de Alba)

(Continuará…)

domingo, 2 de febrero de 2014

La tauromaquia de Enrique Ponce (I) El comportamiento del toro (1ª parte)

Por Jose Morente

FOTO PONCE NIÑO

Enrique Ponce ha tenido desde novillero una intuición precoz para entender los toros junto a una elegancia innata muy valenciana.

Prólogo

Cuando le vi en Madrid en su debut como novillero, Ponce –literalmente- me deslumbró. No sólo a mí sino a toda la Cátedra de las Ventas, tanto que al domingo siguiente le volvieron a repetir.

Muy niño, muy poca cosa físicamente, pero ya con una cabeza privilegiada y una inagotable capacidad de entender las reses. Muy elegante en las formas. Pese a ello, Ponce no ha sido nunca torero de mi devoción como si lo es –por ejemplo- de mis amigos Paolo y Domingo. Quizás porque entonces el que me entusiasmaba era un muy absorbente Joselito y después, ya fueron otros los diestros que con sus apuestas más radicales  conseguían captar mi atención e interés.

Pero el caso es que, siempre que he ido a verlo, este torero me ha sorprendido grata y favorablemente pues siempre, siempre, nos ha demostrado en la plaza ese conocimiento enciclopédico de las reses y esa elegancia extrema en su toreo que apuntaba de novillero. Lo primero, me fascina aunque tengo que reconocer que lo segundo (la forma sobre el fondo) no tanto.

En cualquier caso, y como no podía ser de otra forma, sus ideas sobre el toreo, sobre la técnica del toreo, son claras, precisas y solventes por lo, más adelante volveremos sobre ellas. Hoy me interesan sus ideas sobre el toro. Sobre el comportamiento de los diferentes encastes.

Y es que Ponce es uno de los pocos toreros punteros de esta época dispuesto a torear reses de todos los encastes aunque, con el reparo (y no es tópico), de hacerlo arriesgando poco (o dando la impresión de arriesgar poco que tanto monta). Vaya lo uno por lo otro.

Cuando el interés de los aficionados (aparte de la reaparición, siquiera sea puntual, de José Miguel Arroyo “Joselito”) se centra estos días en el órdago a la grande de los toreros punteros a la Maestranza de Sevilla, Ponce nos regala estas declaraciones que hizo a José Luis Ramón para 6 toros 6 hace pocas semanas (que ha facilitado mi buen amigo Paolo Mosole y que reproducimos a continuación, en la parte que nos interesa). Unas declaraciones que ponen el contrapunto torero (pues sólo habla de toros y toreo)  a tanto debate.

6 Toros 6 Ponce (Portada)

6 Toros 6 publicó en su último número del año una jugosa entrevista de José Luis Ramón con Enrique Ponce.

 

La salida del toro a la plaza. Hechuras y modo de embestir

La entrevista (una gran entrevista) comienza por donde se debe que es por el principio y en la plaza, el principio está en la salida del toro.

Comenta Ponce que el, en lo primero en lo que se fija de un toro, como no podía ser de otro modo, es en las hechuras y añade:

Y dentro de eso, en si está en el tipo morfológico de la ganadería y del encaste al que pertenece. Por poner un ejemplo, no me preocuparía si un toro del encaste Atanasio es más bien altón, huesudo, grande y veleto de pito­nes. Pensaría “es un toro grande, pero está dentro del encaste”. Y lo mismo con los otros encastes.

Además, trato de recordar algún toro parecido de hechuras que yo haya matado y que me recuerde al que acaba de salir por la puerta de chi­queros. Yo siempre busco la positividad (…) y cuando veo salir un toro, quiero recordar alguno que se parezca y que salió bueno.

28. Enrique Ponce (Puerto de San Lorenzo) - Santander

Ponce en Santander, ante un toro grandón y largo (características morfológicas propias del encaste Atanasio) del Puerto de San Lorenzo (Fotografía de la web del Club Taurino of London)

Sin embargo, para el torero de Chivas, la importancia del toro no está en su tamaño sino en su seriedad que es lo que le da trapío al toro. 

El toro de Santa Coloma chico, de 450 kilos, tie­ne un trapío impresionante. Es un toro que el trapío lo lleva en su mirada y en su gesto.

Fue un error querer sacar de tipo ese toro de Santa Coloma. Y si te das cuenta, las ganaderías que han sobrevivido de ese encaste, como son Ana Romero y La Quinta, por ejemplo, salvo excepciones mantienen el toro bajo y bien hecho. Y prueba de ello es que cuando se lidian en una plaza que no les exige el trapío que a otros encastes que sobrepasan con creces los 500 kilos, cualquier toro de esas ganaderías tiene una gran seriedad en su mirada y en su morfología. Ahora se está empezando a valorar ese toro que a simple vista no parece grande, pero que entraña una gran seriedad.

Puede que los gustos estén cambiando pero me temo que lo que dice Ponce no pasa de ser un deseo suyo que tiene poco que ver con lo que opina la mayoría de la afición actual.

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Juli y Manzanares en Málaga en agosto de 2011 con toros de la Quinta, Una corrida de escasa romana, que salió muy complicada (salvo un toro que propició el triunfo de Manzanares) y que tuvo mucho interés por el juego y seriedad de los toros y por la disposición de los toreros. Lo malo es que los aficionados conspicuos malagueños no lo entendieron así y denunciaron el (según ellos) escaso trapío de los toros de Santa Coloma. 

Y en segundo lugar, después de las hechuras, para Ponce lo más importante es el tranco:

[En el toro, me fijo] en que llegue al burladero galopando o en que llegue andando. No me gusta que vaya trotando o al paso, sino que prefiero que cuando se arranque vaya con todo. Y luego, cuando llegue al burladero, que eche la cara al suelo y no pegue el cabezazo arriba.

 

27 de mayo de 1996. “Lironcito” de Valdefresno. Un toro emblemático en la carrera de Enrique Ponce, salta al ruedo de las Ventas.

Como dice el comentarista de TVE, Fernando Fernández Román, se trata de un ejemplar de tremenda presencia, muy montado arriba y de considerable altura de agujas. Pesó 574 Kg. lo que, en ese encaste de Lisardo-Atanasio, no llega a ser un dato preocupante. Más preocupante es, en cambio, el detalle de que el toro no llega a rematar en los burladeros y, cuando lo hace, lleva la cara un pelín alta.

La importancia de estos datos previos es sólo relativa pues como dice Ponce:

Son detalles que no te dicen cómo va a ser el toro, pero apuntan cosas. No es lo mismo llegar al burladero y pegar un derrote arriba, que meter el hocico abajo y rematar. Ese es un síntoma bueno. Pero sólo es un síntoma, porque los toros cambian durante la lidia, aprenden y desarrollan. Por eso la lidia es tan im­portante.

(…) Todo lo que se haga a favor del toro, siempre va a ser positivo. El toro no se tiene que orientar nunca de nada. O lo menos posible. Hay toros que son más listos y otros que están más entregados, por eso todo lo que se le haga bien hecho el toro lo va a agradecer luego durante la faena de muleta.

Y es que, como decía Gregorio Corrochano, la lidia se debe orientar a corregir los resabios que traiga el toro (o evitar que los adquiera si nos lo tiene) desde que sale hasta que muere.

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La lidia empieza en el primer capotazo. Ponce ante un toro de Valdefresno, que echa las manos por delante, en Madrid el 28 de mayo de 2008 (Fotografía de Manu de Alba que, como todas las que siguen del mismo autor, pertenecen a su libro “Enrique Ponce-Historia de una temporada” )

El problema del mono-encaste

En la entrevista, Ponce denuncia esa marcha hacia el mono-encaste que se viene produciendo en el tiempo.

Es verdad que los distintos encastes hacen que la lidia y las faenas sean diferentes. Por ese motivo veo positiva la variedad de encastes. Una de las cosas que echo en falta en estos últimos años es la variedad que había cuando yo empezaba, hace veinticinco años, pero es que hace cuarenta años aún había más variedad. Y hace cincuenta. Hoy en día ya no es así, y se nota en la monotonía que pue­de provocar lo que algunos llaman mono-encaste.

Es el propio torero quien explica las razones por las que se produce esa situación:

El encaste Domecq está en un gran momento y es el que mejor ha so­brevivido a la exigencia del toro grande, al toro con volumen y que luego embista. En el caso contrario está Santa Coloma, que sufrió el exceso de volumen.

  2009 Zaragoza Coralito de Ana Romero

“Coralito” de Ana Romero ganador de la Concurso de Zaragoza de 2009. El toro de Santa Coloma es un toro chico al que no se debe sacar de tipo (Del blog de “Josemi toros”). Su poca caja –además de un sentido que se agudiza con la edad- ha perjudicado mucho a las ganaderías de este encaste.

 

El problema de la consaguinidad

Pese a su defensa de la variedad de encastes, el torero no se muestra reacio a los cruces, antes al contrario:

También hay ganaderías que se han ido perdiendo por consanguinidad, por no cruzar, y también tienen un mérito muy grande.

Por ejemplo, Samuel Flores, que nunca ha cruzado con nada, y es muy difícil mantener un encaste tan puro durante tantos años. Y ahí está, manteniéndose con un gran esfuerzo. O Pablo Romero, ahora Partido de Resina, otro ejemplo. Y también ganaderías que recuerdo de cuando empezaba, como son Antonio Pérez, Galache y hasta lo de Murube, que ahora mismo está representado por Capea, por Pepe Murube y por Fermín Bohórquez, que tienen un gran éxito a caballo y a pie echan toros de gran calidad, pero son ganaderías que han sufrido mucho el tema de la consanguinidad. Miura, Victorino, Cuadri… tienen un gran mérito.

Sin embargo. Domecq está muy abierto, van refrescando unas ganaderías con otras y se van dejando los se­mentales.

Ponce en un pase de pecho a un toro de Samuel Flores en Madrid. El problema de la consanguinidad afecta a las ganaderías puras y que no cruzan con otras procedencias.

 

El mono-encaste que no es tan mono.

Al final, tanto cruce da sus frutos pues a fin de cuentas lo que a la postre define una ganadería es el carácter de su ganadero. Por eso, Ponce apunta que esas ganaderías de encaste Domecq “son muy distintas entre sí. Cada ganadero le ha ido dando su perso­nalidad. Siendo lo mismo, Victoriano del Río nada tiene que ver con Juan Pedro. ni Zalduendo con Jandilla, y eso hace que el concepto de mono-encaste no lo sea tanto”.

2013 Sevilla Ebanista Toros de Cortés Juli

“Ebanista” El complicado toro de la ganadería “Toros de Cortés” (Victoriano del Río) que cogió al Juli en Sevilla en abril de 2013. Encaste Domecq.

 Ingrato de Parladé

“Ingrato de Parladé. El nobilísimo toro que indultó Tomás en Nimes en septiembre de 2012. Encaste Domecq

Dos toros del mismo encaste pero radicalmente diferentes por hechuras y comportamiento.

No obstante, si que hay unas características generales comunes a los toros de la rama Domecq , características que Ponce define con precisión:

[El toro de Domecq] es un toro muy compensado. Y tie­ne muchas virtudes: la nobleza, el recorrido. el temple… es un toro que lo tiene todo, aunque a veces no lo tenga en un grado superlativo. Pero lo tiene (…)

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Ponce ante un bravo y encastado toro de Santiago Domecq en Málaga, el 17 de agosto de 2008, el día que reaparecía de la cornada que le propinó en Alicante un toro de Torrestrella (24 cms y 4 costillas rotas). Muy pocos días después se vería las caras de nuevo con los toros de Torrestrella en esa misma feria de Málaga.

 

2008-04-28 Sevilla Zalduendo Ponce

Y en Sevilla, el 28 de abril de 2008, ante un complicado y exigente toro de Zalduendo. Las virtudes del toro de encaste Domecq, bueno o malo, son las que permiten al torero relajarse en los muletazos (Fotografías de Manu de Alba) 

Pero la cualidad más destacable de ese encaste es, para Ponce, la fijeza:

Destacaría también su fijeza. Incluso el toro regular es un toro fi­jo. El malo de otros encastes a veces pier­de la fijeza, deja de estar contigo, y eso es una característica fea (…)  Incluso los que no humillan del todo, a media alturita son capaces de embestirte sesenta veces muy bien. Y de no orientarse. Suele tener nobleza y. por tanto, se entrega al torero. En su conjunto, es un toro que se acerca mucho a todas las virtudes.

2008 Valencia Ponce (JPD) 001

La cualidad más positiva del toro de encaste Domcq es su excepcional fijeza. En la imagen, Ponce ante un toro de Juan Pedro, muy fijo en el engaño, en su primera corrida del año 2008 (Fotografía de Manu de Alba) 

 

Un toro que también tiene algún defecto aunque, el que señala el maestro, no sea siempre muy visible o importante para el público.

El defecto para mí del en­caste Domecq es, en general, que cuando roza la muleta a veces quiere puntear. Y ese cabezazo al final del muletazo es mo­lesto. Lo mejor es que ese defecto se pue­de ir puliendo. Hay toros de otros encas­tes que cuando rozan la muleta la empujan, se la llevan, y esa es una gran virtud.

 

2010 Sevilla Victorino Ferrera

Antonio Ferrera con un Victorino en Sevilla en 2010. Al contrario que el toro de encaste Domecq, el toro de Victorino cuando alcanza la muleta no suele puntear sino empujarla. Ya señalaba Victorino Martín hijo en otra entrada de este blog que sus toros tienen ese comportamiento incluso cuando cogen a los toreros, lo que explicaría las pocas cornadas que, relativamente y en proporción a las evidentes complicaciones que tiene su lidia, han dado.

(Continuará..)