domingo, 1 de junio de 2014

El destoreo (I) Antonio Bienvenida

Por Jose Morente

 images

En la mayoría de las fotos de Antonio Bienvenida, que circulan en la red, se ve a este diestro cargando impecablemente la suerte sobre la pierna de salida siempre adelantada. Una posición que, para algunos, es el súmmum de la ortodoxia. Sin embargo al captar la fotografía un instante concreto, no es fácil determinar si esa posición se debe a que la foto recoge el último tramo del muletazo (y el cite se produjo realmente con la pierna retrasada) o, al contrario, si la pierna se adelantó al arrancarse el toro. 

 

El aprendizaje de la técnica

No podemos ni deberíamos olvidar que el toreo es un arte o, mejor dicho y como nos recordaba Fernando Cámara y apostillaba Jim Verner en la anterior entrada de este blog, una ciencia esencialmente empírica y pragmática.

En ese sentido, si el conocimiento teórico (los cánones) pudiera ser patrimonio de los aficionados, resulta evidente que el conocimiento práctico (la ciencia del toreo) pertenece en exclusiva a los toreros. Un conocimiento que los toreros adquieren con la experiencia (“la letra con sangre entra”) y, fundamentalmente, viendo torear a otros toreros.

Adolfo Ramos cogida Malaga

El aprendizaje del torero se produce a partir de su propia y dura experiencia y viendo torear a los buenos toreros (En la foto de Joaquín Bueno, cogida del novillero Adolfo Ramos. En el callejón, su maestro Fernando Cámara)

Por eso, porque los toreros no aprenden el toreo leyendo sesudos textos sobre la tauromaquia ni aplicando en el ruedo los cánones que los aficionados tenemos por inamovibles, sino toreando y viendo torear a otros toreros es por lo que el toreo de cada época resulta ser una nueva edición, corregida y aumentada del toreo de la época anterior, del toreo de siempre. A lo largo de toda la historia del toreo se manifiesta ese hilo conductor que es la técnica.

1942 Zaragoza Pepe Luis y Manolete en el callejon 001

Los toreros no leen sesudos tratados de Tauromaquia, se limitan a observar a otros toreros y aprender de ellos (En la imagen Pepe Luis Vázquez y Manolete atentos a lo que pasa en el ruedo)

Esa cadena de transmisión puede presentar y presenta sus lógicos altibajos pues no siempre una generación mejora lo que hizo la anterior ni tampoco las nuevas aportaciones tienen que ser necesariamente válidas o incorporadas directamente al acervo común profesional. El proceso por el que se formaliza y define un nuevo modo de torear es un proceso de altísima complejidad pero, como decimos, tiene su base en el aprendizaje de lo existente y en la experimentación de lo nuevo (procedimiento prueba-error).

 

1939-07-02 Sevilla Alternativa Manolete Chicuelo

El aprendizaje del toreo por transmisión de conocimientos. Manolete aprendió a torear viendo –entre otros- a Chicuelo quien, a su vez, había aprendido de Joselito el Gallo (Fotografía con la alternativa de Manolete concedida por Chicuelo). 

 

La negativa apreciación sobre el toreo actual

El toreo de nuestra época se incardina en ese proceso. Por eso, no creo que sea correcta la apreciación de algunos aficionados que consideran que el toreo actual se encuentra en decadencia debido a que los toreros actuales practican un toreo muy alejado de los cánones clásicos que practicaron los grandes toreros del pasado, un toreo ventajista y tramposo al que llaman “destoreo”.

Creo que esa percepción parte de una lectura simplista de la realidad basada en dos errores: Un negativismo exacerbado sobre el toreo del momento presente (sobre el que no vamos a entrar ahora) y una idealización utópica del toreo de épocas anteriores.

Sevilla Pepe Luis muletazo con la derecha 001

Es muy frecuente la idealización del toreo del pasado. A partir hechos más o menos ciertos, se atribuye a los toreros de antes hazañas que nunca hicieron o simplemente modos de torear que les eran ajenos (En la foto de Cano, Pepe Luis Vázquez torea por naturales, con el compás cerrado y de perfil pero, sobre todo, con una elegancia y un desmayo inigualables)

Vamos a centrarnos en la segunda cuestión, en la suposición de que los grandes maestros del pasado se han ajustado siempre al torear a los cánones clásicos. Una suposición que no corresponde a la realidad.

Y no corresponde porque, esos grandes toreros, no han toreado como hoy se nos dice que toreaban y, mucho menos, lo han hecho ajustados a unas normas que no tienen nada de clásicas sino que están formadas por tópicos o clichés impostados..  

Y vamos a intentar demostrarlo. Vamos a comprobar (en esta nueva serie) que los toreros considerados como ejemplo de clasicismo por los aficionados actuales (Ordoñez, Luis Miguel, Antoñete, Bienvenida, Paco Camino, El Viti, Rafael Ortega o César Rincón) no siempre toreaban como ahora nos dicen que toreaban (o sea con arreglo a esos cánones supuestos) sino que dichos diestros han utilizado muchos de los mismos medios técnicos básicos que siguen utilizando los toreros actuales. Esos medios que ahora tanto denostamos y criticamos.

En lo que aquí nos interesa y a la vista de lo que vamos a ver, creo que deberíamos tener mucho más cuidado con los reproches de orden técnico que hacemos al toreo de hoy (el pico, perder los pasos, los toques, la suerte descargada, la pierna contrario, etc.) porque son reproches que perfectamente podríamos hacer extensivos a los toreros considerados históricamente más ejemplares y puros, por los aficionados más intransigentes, como vamos a tener ocasión de comprobar.

De igual modo, los toreros actuales (José Tomás, Morante, El Juli, Talavante, Fandiño, Urdiales o Perera) no sólo no rompen o pervierten el toreo de épocas anteriores sino que, antes al contrario, son continuadores del toreo que hicieron sus ilustres predecesores.

Podrá haber diferencias de empaque, ritmo, suavidad, elegancia o clase, que las hay y muy evidentes en uno u otro sentido y entre unos y otros toreros. Pero esa es otra cuestión diferente. Esa es una cuestión de estilos o de formas pero no de fondo.

Como las palabras y los argumentos se los lleva el viento y, al final, son patrimonio de los dialécticos y los demagogos, creo que lo mejor es comprobar de modo empírico, la tesis que estamos proponiendo.

Que nadie se rasgue las vestiduras porque vean que sus ídolos no torean como ellos pensaban o querían creer (o hacernos creer) que toreaban.

El problema no está en esos grandiosos toreros del pasado ni, por supuesto, en su magnífica forma de torear con una técnica tan semejante, en lo fundamental, a la que ahora se demoniza. El problema real está en los tópicos heredados que pueblan nuestra imaginación.

Y una importante precisión para espíritus sensibles. Conviene recordar que los medios técnicos de los que hablamos no son buenos o malos “per se”. Son buenos o malos por el modo de utilizarlos y sobre todo, por su adecuación o no a las condiciones de los toros.

El problema no es torear con la parte del pico de la muleta sino utilizarlo para despegarse al toro en los casos en que no es necesario. El problema no es no abrir el compás sino no echar el peso del cuerpo hacia la pierna de salida. El problema no es perder los pasos, el problema es perderlos cuando no es necesario y hacerlo, además, de forma poco armoniosa. Etcétera.

En la forma de citar está la verdad o la mentira

El tópico. Jose Tomás toreando “con el pico” de la muleta como se denuncia en esta foto obtenida del blog “El Chofre”. Sin embargo, se adivina un muletazo mucho más ajustado y preciso que la mayoría de los realizados con la panza de la muleta. 

Y es que se confunde el “destoreo” (que es hacer mal las cosas) con la utilización de determinados recursos técnicos que pueden ser perfectamente válidos según y como.

Emilio Muñoz natural - copia

Aunque con el compás abierto y de frente se asumen evidentes riesgos, el muletazo de la foto no puede ser presentado como ejemplo de ortodoxia ya que el peso del cuerpo no descansa en la pierna de salida sino en la otra. Y aunque la imagen presenta una rara belleza, la suerte está descargada.

 

El destoreo.

Visto lo anterior, he creído oportuno titular a esta serie, que hoy comienza, con el tan llevado y traído nombre del “destoreo” y la he subtitulado (de forma claramente irónica) como “O la buena técnica de torear”.

Vamos a ver, por tanto, a los grandes maestros del pasado, destoreando o, dicho con mayor rigor y sin ironías, aplicando correctamente los procedimientos, medios y recursos técnicos que permiten el toreo, el buen toreo.

Unos procedimientos, medios y recursos que, hoy día, son rechazados y protestados por algunos aficionados actuales en una clara muestra de desconocimiento de la correcta técnica del toreo de nuestros días y del de siempre.

Antonio Ordoñez Derechazo 001

Antonio Ordoñez, con su empaque habitual lleva al toro embebido en los flecos de la muleta. Magnífico ejemplo de buen toreo (Aunque hoy le llamarían “destoreo” por la posición de perfil sin adelantar la pierna de salida).

 

Capítulo I. Antonio Bienvenida

Me parecía también oportuno empezar esta serie por un maestro indiscutible como es Antonio Bienvenida.

Vamos a ver dos tandas de muletazos de este diestro en la plaza de Madrid correspondientes a dos faenas diferentes. Pura técnica del toreo de muleta en redondo, más puro y perfecto .

Son muchos los matices en los que podríamos reparar pero, sobre todo, nos fijaremos en dos aspectos: el movimiento de los pies entre pase y pase (perder los pasos) y en la colocación para el cite (al hilo y con la pierna de salida escondida detrás de la pierna de entrada) en todos los muletazos (incluido el primero de cada serie) de esas dos tandas

Conviene señalar que ambas  faenas corresponden a dos tardes triunfales de Bienvenida en Madrid. En la segunda de ellas, el diestro cortó las dos orejas del astado saliendo a hombros pese a matar de media estocada que podemos calificar de defectuosa. No se trata pues de dos faenas mediocres sino de dos de sus grandes faenas, lo que confirma la validez como prueba de estas imágenes.

Aunque hemos creído conveniente llamar la atención sobre esos dos aspectos técnicos que permanecen en el toreo de nuestros días, es interesante fijarse también en el empaque, elegancia, ritmo y torería con los que torea (¿destorea?) Antonio Bienvenida. Aspectos que constituyen lo realmente importante y meritorio de su actuación premiada (como no podía ser de otra forma) clamorosamente por los aficionados de la época, tan exigentes, pero mucho más justos y conocedores de la técnica del toreo, que los aficionados actuales.

Unos aficionados que eran buenos catadores del buen toreo.

antonio bienvenida  redondo

.Impecable derechazo de Antonio Bienvenida. quien –elegante y erguido- lleva al toro fijo en una muleta cuya tersura era marca y distintivo de su toreo. Sin embargo, los puristas de hoy lo tacharían de “destoreo” por la posición de perfil y el compás cerrado del torero y por la trayectoria rectilínea que sigue el toro. Si eso es así, bienvenido sea el “destoreo”.

 

20 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues sí, don José. También tacharían de destoreo, por ejemplo, las dos preciosas y torerísimas faenas (sobre todo la segunda) de Morante ayer en Córdoba. Por cierto, que, por la manera de citar, de "perder" pasos y de andar a los toros, cada vez me recuerda más a Antonio Bienvenida.

Estoy deseando ver los capítulos dedicados a dos de los mitos de la "pureza": Ordóñez y Rafael Ortega. A más de uno le va a dar un soponcio.

Un saludo y gracias por su inestimable tarea pedagógica.

Mosquete

Jose Morente dijo...

Mosquete:

Puestos a tachar algunos tacharían a toda la nómina de toreros actuales.

Morante tiene un gran sabor torero (incluso cuando "juye" pues no en balde es un apasionado de las fotos y películas de los toreros antiguos. Que recuerde a Bienvenida es todo un elogio hacia el torero de la Puebla pues don Antonio es de los toreros con más sabor y clase que he visto en una plaza de toros en toda mi vida.

Por lo que respecta a Ordoñez, creo que efectivamente puede haber "sorpresas". Ya tengo a otro buen amigo (Ordoñista de pro pero de los que no se equivocan en estas cuestiones) esperando impaciente esa entrada.

Un abrazo y gracias a usted por seguirnos.

El desdicho dijo...

Apetece opinar.

Desde siempre he comprendido el toreo como la lucha del hombre vs. la bestia. Cada uno con sus armas. El primero con inteligencia e imaginación; el toro con fiereza. He aquí los primeros conceptos esenciales.

La imaginación del hombre en la lidia conlleva sorpresa, variedad e incertidumbre.
La bravura conlleva imprevisibilidad y hace que el animal embista con los riñones, metiendo la cara de verdad. Es una cualidad intrínseca de la casta, como tb lo son la nobleza, la humillación, el ir a más, (hay quienes incluyen la clase), etc.

Ahora bien, por naturaleza el toro embiste de una manera: en línea recta, o sea como un tren, siempre hacia delante. * Luego cada casta posee sus matices, claro. Pues, es el hombre, toreando con capote o muleta, el que consigue que el astado vaya por donde no quiere ir por naturaleza; eso es someter al toro, ganar la lucha. Ya lo dijo Domingo Ortega.

Según qué casta y qué toro hay que andarle o no. Al toro de poder, al bravo, se le somete con unas técnicas de toreo fundamentales: con el capote principalmente verónica y media; con la muleta los doblones, los pases de castigo, el natural, el ayudado por bajo doblándose con el astado.

Las chicuelinas, manoletinas, puerta gayolas, etc. (o matar sin la muleta como hizo Fandiño) no son más que adornos, que están bien, muy estéticos, pero no dejan de ser eso.

Pongo un ejemplo cercano: Tomillero. Un bravo de Baltasar Ibán, encastado, con clase, humillación, embistiendo con los riñones, de poder (lo demostró metiendo la cara abajo en el caballo y empujando). Si el matador, en este caso Bolívar (superado, vencido), hubiese conseguido someterlo cargando la suerte en sus muletazos, de pitón a pitón, en ochos, etc. se habría dado lo que para mí es torear.

¿Por qué las figuras como Manzanares destorean?

Primero: sólo lidian la misma sangre, lo cual significa mismo tipo de toro, carácter, condición, hechuras, misma manera de embestir (si a eso se le puede llamar embestir), etc.; mismas ganaderías, hijos de los mismos sementales y vacas, fofos, bobalicones, rajados, sin clase, tirando incluso derrotes, y encima por norma general muy desiguales ¡JA! Ejemplos cercanos: la de hoy de Montealto o la del otro día de El Pilar (o Cuvillo, El Ventorrillo, Danielitos, Fuente Tymo, Juan Pedro, Zalduenditos, Garci., etc.). ** Reconozco q de vez en cuando sale un bravo aunque es muy improbable.

Segundo: repiten una faena-tipo, tirando continuamente líneas, de perfil, sin cargar la suerte, excesivamente alejados, fuera de cacho, pegando dos muletazos y pase de pecho (quitándoselo de encima), escasa de ritmo, sin variedad, sin riego, ni chispa ni emoción. Se exalta la movilidad ¡hurra! (la cual no tiene nada que ver con la casta) y cómo el toro acompaña el trapo más que embiste.

Pues, para mi eso es el destoreo, o sea no hay cambio, no hay sorpresas, es lidiar por lidiar, algo rutinario, simétrico, previsible, aburrido, en resumen… un guión cerrado.

*** ¡Ojo! he dejado clara la vertiente torera que defiendo, con el toro bravo delante. De todos modos, eso no quita que haya visto maestros torear al redondo, al son de la elegancia, ligando pases y pases y llevando tb al toro por derroteros que no desea; ¡con torería! Ahora pienso… ¡puede que esa manera sólo valga con toros nobles y sin poder!

**** Corregidme cuanto queráis, soy un aficionado joven.

Jose Morente dijo...

El desdicho:

A usted le apetece opinar y a mi, sinceramente, me apetece que opine.

Creo que su postura y sus opciones están muy claras y definidas y las ha explicado con meridiana claridad (lo que es de agradecer).

Entiendo también que de las múltiples opciones o combinaciones que pueden plantearse (simplificando): toro fiero,complicado o noble contra torero valiente, artista o técnico, elige usted una de ellas y sólo una de ellas (simplificando también pues reconoce aceptar alguna otra más).

Está en su total y perfecto derecho, creo, aunque me va a permitir que yo no me decante por ninguna o, mejor aún que prefiera las 9 soluciones de los diferentes enfrentamientos posibles o sea, todo el abanico del toreo.

Así planteado, entiendo que "destorear" sería sencillamente "torear mal" en cualquiera de esas 9 posibilidades.

Por eso considero también que en cualquiera de esas 9 opciones (y no sólo en el enfrentamiento del toro fiero con el torero valiente para el que usted propone -y creo que con acierto- el toreo en ochos) cabe el toreo, el buen toreo.

Pienso que es más gratificante mi postura (pues me permite disfrutar en la plaza en mayor número de ocasiones) pero también comprendo la que usted -más exigente- defiende.

Creo que la diferencia entre ambos radica en el punto de vista. Usted lo hace desde el papel del aficionado puro y exigente y yo intento ponerme en la piel del torero, de cualquier torero (ya sea valiente, técnico o artista) al que le puede salir cualquier toro (fiero, noble o complicado).

Ese es, para mí, el reto. Entender o intentar entender situaciones tan diferentes.

Saludos

Vazqueño dijo...

Que nadie me toque a Don Antonio o se las verá conmigo.

Fdo.: Un partidario.

Jose Morente dijo...

Vazqueño:

Totalmente de acuerdo con usted. Aquí no dejaremos que se toque a estos toreros.

Y es que, en esta entrada, no se toca nadie. hablo de toreo. De la técnica del toreo que me han enseñado los aficionados antiguos y que yo le he visto practicar en las plazas a Antonio Bienvenida (y a Antonio Ordoñez, a Antoñete o a César Rincón) y que está grabada en películas por suerte para todos.

No me gusta que se critique (aunque sea indirectamente) las cosas que hacían toreando esos toreros. Para mí son grandiosos toreros y nos han dejado una gran herencia: Su buen toreo.

Me parece muy discutible que algunos aficionados llamen "destoreo" a esas técnicas tan correctas y ajustadas a las condiciones de los toros que hacían esos enormes toreros.

Al que no le guste Antonio Bienvenida o alguno de esos otros toreros (Ordoñez, Rafael Ortega, Antoñete o Rincón) o su forma de torear que levante el brazo y tenga el valor de decirlo pero (por favor y como usted dice) que nadie los toque, que nadie los critique de forma indirecta utilizando como pantalla a los toreros de ahora (cuando hacen lo mismo que hacían los toreros de antes).

Un cordial saludo

Vazqueño dijo...

Puede que hoy el aficionado se fije demasiado en aspectos técnicos que hace cuarenta años resultaban triviales, pero también es verdad que los toreros de hoy tienen un "exceso de técnica" en su estilo y carecen de ese empaque, elegancia y grandeza de aquellos toreros antiguos que hacía olvidarse olvidarse a los aficionados de todos estos vericuetos que hoy se discuten. No obstante, cuando un torero llena el ruedo de garbo y torería, que no estilismo y amaneramiento, el público y muchos aficionados se siguen olvidando de los detalles técnicos y se dejan llevar por el toreo. Hay un montón de faenas en la última década de Las Ventas que lo corroboran, si las analizamos fríamente se podrían poner los mismos peros que se echan en cara tantas veces, pero en su momento convencieron a todos los aficionados.

Saludos

Jose Morente dijo...

Vazqueño:

Aunque coincido en parte con usted, me gustaría matizar que los aficionados actuales no se fijan tanto en la técnica como usted supone sino que sólo se fijan en la técnica para ponerla como reparo a los toreros actuales, lo que visto lo visto no es aceptable.

A la vista de la entrada y de algunos comentarios a la misma creo que queda claro que la cuestión de fondo planteada es, lisa y llanamente, que a algunos aficionados actuales no les satisface el toreo de nuestra época (no se preocupe pues eso ha pasado siempre, incluso con Joselito y Belmonte) y prefieren el de épocas pasadas (que curiosamente ni siquiera han vivido).

Lo grave es que para defender su posición recurren a argumentos técnicos indefendibles, no sé si por desconocimiento o por convencimiento. En cualquier caso, un mal asunto.

Creo (pero es sólo mi opinión personal) que si aprendemos a valorar el toreo desde el punto de vista del conocimiento (el de las suertes y el de las reses) nuestra valoración del toreo actual cambiaría en un sentido más positivo.

Pero eso siempre y cuando nuestros prejuicios no nos lo impidan que es lo más probable tal y como está el patio.

Hay hoy día muy buenos aficionados en el sentido de apasionados y amantes de la Fiesta. De ellos depende adoptar una postura positiva, objetiva y sensata o mantener posiciones intransigentes subjetivas y carentes del mínimo rigor exigible.

En principio, podríamos empezar todos aprendiendo de los aficionados madrileños que concedieron dos orejas a Antonio Bienvenida por la faena que hemos recuperado en esta entrada.

Un cordial saludo

PD: Respecto a los ejemplos que cita de las últimas décadas no me valen. Madrid está tan decantada en filias y fobias que puede (en condiciones normales) reventar la actuación de un torero a base de los bocinazos de cuatro vociferantes(a veces, con el silencio cómplice del resto de la plaza) o alzaprimarla, callando en otro lo mismo que en aquel protestaba.

Anónimo dijo...

1. Se puede torear sin cargar la suerte, eso me queda claro. Que cargando la suerte el toreo es más profundo, también me queda claro. Yo prefiero lo segundo, pero aplaudo también lo primero.

Torear sin cargar la suerte lo han hecho Antonio Bienvenida, Ordoñez, Antoñete, Manolete, etc. Todos los grandes toreros lo han hecho, me atrevería a decir, y como usted seguramente demostrará en las siguientes entradas. No se puede llegar a ser puro todos los días, a veces se acuerdan que son humanos.

Lo que veo en el video, como aficionado que lleva pocos años viendo toros, es que si bien Antonio Bienvenida no carga la suerte, lo lleva toreado al toro (valga la redundancia). Esa es la gran diferencia con las figuras actuales, que acompañan la embestida pero no lo llevan toreado. Esa es mi percepción, y puedo fundamentarlo en un detalle claro: en el video se ven dos remates preciosos en dos series (1:37 y 2:32), en el que el torero PARA al toro porque lo lleva toreado, dando sentido al término “remate”. A diferencia de las largas y repetitivas faenas de las figuras de hoy en día y demás toreros, cuando quieren rematar la serie es habitual que lo hagan con dos o hasta tres pases de pecho. Esto presiento que sucede porque no llevan dominado al toro, es decir, no lo llevan toreado. Al menos no le encuentro otra explicación de porqué “rematan” de esa manera hoy en día.

2. Mi percepción sobre esa “intransigente” afición de Madrid, el cual es otro tema que usted trata últimamente en diversos posts, es que sabe valorar y agradecer todo lo que resulte a partir de la verdad y la sinceridad. (No soy del Tendido 7 ni de Madrid)

Por cierto, si tengo que escoger entre esas dos maneras de ver esta Fiesta que han discutido comentarios arriba (entre El desdicho y y usted, Sr. Morente) me quedo con el primero, y es que dentro de la percepción de El Desdicho caben muchos matices (diversidad) que son reflejo de la personalidad de cada torero a partir de una fiesta honesta. No me sale del alma aplaudir a figuras cuyo espectáculo está cerca de lo indefendible (con respecto al toro al cual se enfrentan).

Saludos y enhorabuena que realice este tipo de entradas para seguir cultivándonos como aficionados.

Gustavo Ortiz

Jose Morente dijo...

Gustavo Ortiz:

Lo primero, gracias otra vez por su comentario. Sobre las cuestiones que plantea comento:
1. Sobre cargar o no cargar la suerte.

En mi opinión (y entendida como adelantar la pierna de salida) no se trata de una decisión aleatoria del torero (Hoy cargo la suerte/mañana no la cargo/En este pase, si/en este pase, no/Hoy me siento puro/hoy voy de impuro) sino algo que depende del modo de torear por el que se opte.

Si se torea alternando pitones (en el capote siempre/en la muleta cuando se desplaza al toro de un punto a otro) lo ortodoxo, correcto y exigible es cargar la suerte adelantando la pierna de salida.

Si se torea en redondo (el torero fijo en el centro de las trayectorias del toro) lo ortodoxo y correcto es cargar la suerte exclusivamente con los brazos sin ayudarse con el movimiento de las piernas para expulsar al toro hacia afuera (pues de lo que se trata es de traerlo hacia dentro). En este caso, el movimiento de piernas sería una ventaja parezca lo que parezca desde el tendido.

La pureza en el toreo en ochos está en adelantar la pierna; la pureza en el toreo en redondo está en fiarlo todo al juego de brazos sin menear los pies.

2. Sobre torear y acompañar.

Como ya hemos comentado una cosa es llevar al toro toreado y otra acompañar su embestida.

Grandes artistas han cimentado su toreo en saber acompañar las embestidas del toro noble. No es el caso –sin embargo- de los toreros actuales. Lo que está claro, es que cuando un torero torea bien de verdad (no bonito sino bien) es porque lleva al toro toreado (con más o menos estética, con más o menos empaque, con más o menos elegancia).

Evidentemente, los remates de Bienvenida que cita son sensacionales (No olvidemos que he seleccionado dos de sus grandes faenas). Antonio era un gran artista y no necesitaba el recurso de redoblar el remate para que aquello gustara. No todo el mundo está tocado del don de la gracia.

Esos remates dobles o esas largas faenas son un problema de comunicación con el público pero no de técnica o incapacidad. Al contrario, los toreros poderosos tienden a hacer faenas largas para demostrar su poderío cuando el toro no viene y hay que tirar de él. Los toreros artistas, por el contrario, tienden a hacer faenas más cortas acompañando y aprovechando las arrancadas del toro cuando aún conserva su brío. Justo al contrario de lo que usted indica. Eso me parece evidente.

3. Sobre las opciones personales.

Madrid se entusiasma con el toreo épico y transige con el arte pero es una plaza muy difícil para los buenos toreros (como decía Luis Miguel Dominguín). Y, sobre todo, creo que la “trampa” que plantea un sector de esa plaza (bajo la coartada de la ética, el valor y la sinceridad) es la de no dejarnos elegir diferentes opciones sino dar por sentado que sólo hay una válida y admisible.: Lo que a ellos les gusta. Ruedas de molino con las que nos quieren hacer comulgar a todos.

Es lo mismo que le comentaba a otro lector del blog (El desdicho). Entre las múltiples opciones que presenta el toreo yo me niego a quedarme con una sola. La conclusión evidente es que (pese a lo que usted pueda decir) mi opción tiene muchos más matices y diversidad pues a todas las formas de toreo que usted señala y admite, yo añado todas los que usted rechaza.

Y es que, decidir lo que es “verdad” o lo que es “mentira” sentado en un tendido de una plaza de toros, me parece imposible.

Para saber lo que es verdad hay que bajar al ruedo…. y yo hasta ahí no llego.

Un cordial saludo y muchas gracias

El desdicho dijo...

Gustavo, aunque me decante por una manera de torear, de pitón a pitón, por más pura, tb disfruto, en menor medida, con el toreo en redondo, y es que en realidad no me queda otra.

¿A qué toreros puedo ver hoy día torear en ochos? Sólo he visto a uno: Morante. Díganme ustedes, señores, todos los que conozcan, ¡recomiéndenme por favor!

En cuanto a lo de cargar la suerte, me sorprende que usted s. Morente lo entienda exclusivamente como adelantar la pierna de salida. Me remito a lo que dijo el mismo Bienvenida: cargar la suerte es cargar el peso del cuerpo en la pierna de salida, se avance ésta o no.

Lo de adelantar la pierna lo comprendo como una demostración de que se está sometiendo al toro. Es decir, adelanto la pierna de salida, cargo el peso en ésta, corto la trayectoria rectilínea del toro y aún así no se me lleva por delante porque le someto y le obligo a trazar un semicírculo, lo que sería medio ocho o la curva de la interrogación.

Es mi opinión.

Jose Morente dijo...

El desdicho:

Muy resumidamente.

No creo que se pueda considerar más puro el toreo en ochos que el toreo en redondo sino quizás más arcaico y primario. Menos depurado.

Lo de cargar la suerte lo he explicado y reiterado en el blog infinidad de veces y lo vuelvo a repetir aquí: la suerte se carga con los brazos y con el traslado de pesos de una pierna a otra.

Sin embargo, el aficionado común asocia el término cargar la suerte con el hecho de adelantar la pierna de salida(usted mismo lo hace, en cierto modo, en su comentario) por lo que es, en ese sentido, en el que he usado esa expresión.

Y lo he hecho así, sobre todo por no desviar la atención de lo que realmente me interesaba: Demostrar que un torero como Antonio Bienvenida podía torear en sus grandes faenas, con una gran pureza, citando al hilo y con la pierna escondida.

Lo de torear en interrogantes es otro tema que merece la pena ser desarrollado más despacio pero como toda generalización merece ser cogida con cautela.

Un saludo

Ramón Albarrán Cuéllar dijo...

Completamente de acuerdo contigo, José.
Yo también entiendo el cargar la suerte como trasladar el peso a la pierna de salida a lo largo del muletazo. Y suscribo todo lo que has explicado sobre ésto.
Lo que hasta ahora no se ha mencionado es el temple, que para mí es la clave del buen toreo. El ser capaz, ya no de acoplarse a la velocidad de los toros, si no incluso de reducirla. Todos los maestros mencionados (Bienvenida, Ordoñez, Viti) han sido reyes del temple.
Con temple, además, se domina al bravo y se mantiene al manso y al débil.
Me siento identificado contigo en que disfruto con todo tipo de buen toreo, pero es cierto que cuando más me emociono es cuando se reúne el temple, la despaciosidad, la ligazón y la largura en los muletazos, además de la "bragueta".
Por último, en cuánto al sector ultra del público de Madrid, el gran problema que veo en éste es que dependiendo del nombre del torero le aplauden lo que a otro le critican. No hay nada más que ver una faena de Fandiño (el nuevo ídolo): al ligar los muletazos su pierna está igual de retrasada que la de cualquier otro, ya que es la única manera de ligar. Sin embargo, sus muletazos suelen ser más rápidos y enganchados que los de otros a los que se intenta reventar, pero eso allí no importa.
Aún así, me reconforta que cuando ocurre algo tan clamoroso como lo de Perera el pasado 23 de Mayo, la mayoría de la plaza se impone y el buen toreo triunfa.
Un saludo.

Jose Morente dijo...

Ramón Albarrán Cuéllar:

En efecto, el temple, la suavidad, la coordinación de movimientos es importante. Tanto que estoy por decir que posiblemente constituya la clave, la piedra angular del toreo actual.

Se pone el acento en un movimiento de piernas cuando el toreo es o debe ser esencialmente de brazos (o de medio cuerpo para arriba para ser más precisos)

Sin embargo, no creo que sea desdeñable (en absoluto) el torero que como Fandiño busca el enfrentamiento directo con el toro (choque de trenes) aunque eso vaya en detrimento de la suavidad y del temple. Y cuya aceptación en Madrid viene de la preferencia del público madrileño actual por los toreros de corte épico frente a los artistas y los técnicos.

Un cordial saludo y gracias por leernos.

Ramón Albarrán Cuéllar dijo...

José, en absoluto digo que el toreo de Fandiño sea desdeñable. Todo lo contrario, tiene un mérito enorme. Un torero sin temple ni clase que sale a jugársela todas las tardes y consigue triunfar merece el mayor de los respetos. Además, ya comenté antes que yo disfruto con todos los tipos de buen toreo, y el de choque de trenes, como lo llamas, tiene la virtud de la emoción.

Mi referencia a Fandiño iba más por lo de la pierna retrasada y cómo a él sí se lo permiten y a otros no.

Un saludo.

Jose Morente dijo...

Ramón Albarrán Cuéllar

En efecto y así lo he entendido desde el primer momento precisamente por su comentario sobre sus preferencias como aficionado.

Quizás lo que está mal redactada es mi respuesta.

Mi respuesta iba más bien dirigida a aquellos que ponen "peros" injustos a este torero (Por ejemplo a los que gritan el recurrente "¡se va sin torear!" cada vez que este torero torea en Madrid)

Sobre Fandiño y aparte de los matices que señala, yo añadiría su buena capacidad técnica con la que marca las diferencias con tantos otros toreros que van también a Madrid a jugársela.

Un cordial saludo

Anónimo dijo...

En todo el mundo conocen a Belmonte como gran torero.
¡Viva Belmonte!

Jose Morente dijo...

Anónimo

¡Viva!

Anónimo dijo...

Vamos a lo serio.¡Venga el flamenco ! Algo es algo.

Jose Morente dijo...

Anónimo 2

Su interés por el flamenco es elogiable, sin embargo no comparto su apreciación de que el toreo no es serio.

Creo que pocas cosas habrá en esta vida tan serias como la Fiesta de los Toros.

Le recomiendo leer la opinión que sobre el tema tenía Antonio Machado