domingo, 10 de mayo de 2026

La inquina de Madrid contra Tomás Rufo. Un enigma ¿resuelto? por la IA

Uno de los cinqueños de la Quinta tan bello de pelaje como de mal comportamiento (foto Plaza1)

La corrida de la Quinta

Aunque de aceptable presentación la cinqueña corrida de la Quinta fue no mala, sino peor. El clásico santacoloma que embieste a media altura y se desentiende de los engaños. Con peligro sordo. Sin dar ninguna opción a los toreros, salvo el sexto que duró poco. 

Perera, no estuvo. Luque, si. Bastante bien, pero Madrid no es plaza donde interesen el trasteo técnico a los toros complicados (En otra plaza hubiese tenido más opciones porque esperan más). Aqui, en mi opinión y después de muchos años de ver toros en esta plaza, solo convencen pocas cosas: El toreo bonito de los artistas, la faena ligada al toro repetidor o la faena heroica al toro marrajo. Madrid no tiene medias tintas. Ni está para matices.

Lo de Rufo es aparte. Muy decidido en el más complicado 3º y muy bien en el 6º hasta que el toro dejó de embestir. Varios descabellos le privaron de premio.

El sector protestón protestando (foto de archivo)

La inquina contra Tomás Rufo

Pero lo que más me llamó la atención fue la inquina desaforada y desproporcionada del sector más radical e intransigente de esta plaza contra este torero. Salí de la plaza preguntándome el porque de esa actitud.

En las cervezas de la tertulia post-corrida, nadie supo darme una explicación, al menos convincente. Que Rufo toreé mejor o peor (para algunos, mejor; para otros, peor), no vale para justificar ese odio tan visceral y desaforado. Alguien sin embargo nombró a la casa Lozano...

Esta mañana, en un foro de muy buenos aficionados, otro amigo, apuntaba también en la misma dirección (los Lozano) y traía a colación al Juli, objeto durante años de la enemiga más feroz de la afición madirleña más radical e intransigente. Y decía ese amigo:

Yo creo que viene de la época de cuando lo apoderaban los Lozano junto al Juli. Como ya el Juli había pasado de ser el centro de sus críticas y había adquirido la condición de maestro... mi impresión es que pasaban factura a Tomás Rufo por estar bajo el paraguas de la casa Lozano.

La respuesta de la IA

Como estamos en tiempos modernos, le he preguntado por ese tema a la IA, a la inteligencia artifical. La respuesta, sorprendentemente afinada, que no necesariamente quiere decir atinada, ha sido esta:

La dureza con la que una parte de la afición más radical o “torista” de Madrid trata a Tomás Rufo no se explica solo por lo que hace en el ruedo; también pesa mucho el contexto simbólico y político del toreo madrileño.

La conexión con los Lozano y con la herencia de El Juli influye bastante por varias razones:

  • Durante décadas, una parte de la afición dura de Las Ventas construyó una oposición frontal al “sistema” taurino: grandes casas de apoderamiento, figuras protegidas, carteles cerrados, ganaderías cómodas, etc.
  • Los Hermanos Lozano fueron vistos precisamente como uno de los centros de ese poder empresarial.
  • El Juli terminó convirtiéndose para muchos aficionados radicales en el símbolo máximo del “toreo de poder”: dominio absoluto del escalafón, capacidad para elegir ganaderías y enorme influencia empresarial.
  • Como Rufo salió muy joven impulsado por ese mismo entorno empresarial y mediático, parte de Madrid lo leyó casi automáticamente como “el nuevo producto del sistema”.

Además, hay factores puramente taurinos:

  • Rufo tiene un concepto más moderno y ligado al temple, la colocación y el gobierno de la embestida, pero no transmite siempre sensación de emoción o riesgo extremo para el sector más torista.
  • En Madrid, ciertos tendidos valoran muchísimo la épica, la crudeza y el enfrentamiento con toros duros por encima de la pureza técnica.
  • Cuando un torero llega con gran promoción, el listón en Las Ventas se vuelve todavía más feroz. A Rufo se le exige demostrar verdad absoluta desde el primer día.

También influye un fenómeno muy madrileño: cuando la afición percibe que una figura “viene impuesta” por prensa, empresas o televisión, reacciona endureciendo el juicio. Le pasó a El Juli, a Manzanares en ciertas épocas y ahora parcialmente a Rufo.

Eso no significa que toda Madrid esté contra él. Tiene partidarios claros y tardes reconocidas. Pero el núcleo más intransigente de la plaza lo mira con una mezcla de:

  • rechazo al “sistema”,
  • memoria de la era El Juli-Lozano,
  • y sospecha hacia cualquier torero que ascienda demasiado rápido con apoyo empresarial fuerte.

En Las Ventas, muchas veces el contexto pesa casi tanto como la faena.

Hasta aquí la respuesta de la inteligencia artificial cuyos comentarios creo que invitan a la reflexión, pues abre muchos posibles debates. Buen tema para sociólogos.

Lo que está claro es que no es cuestión de toreo, ni de formas de torear (aunque también) sino de algo más profundo y de mayor calado. Es una guerra ideológica. La misma guerra ideológica que sufrieron Guerrito o Joselito el Gallo (los mejores) hace más de 100 años o el Juli más recientemente. 

Una guerra que no cesa.

Tomás Rufo se encara con el sexto toro de la Quinta, mientras un sector del público se encaraba con el (Foto: EFE)