miércoles, 1 de enero de 2014

Suertes en desuso (VI) El galleo del bú (1ª parte)

Por Jose Morente

 

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El antecedente del galleo. Recorte, embozado en su capa, del Licenciado de Falces (Tauromaquia de Goya. 1816) 

 

Merimée testigo de un galleo del gran Paquiro.

Es el primer torero a quien he visto gallear al toro, es decir, presentar las espaldas al animal encorajinado, dándole la salida por debajo del brazo. Apenas se digna volver la cabeza cuando el toro  se precipita sobre él.

Algunas veces echándose el capote por los hombros, atraviesa el redondel, seguido del toro; el bruto, rabioso, le persigue sin poder alcanzarle, y sin embargo, va tan cerca de Montes que a cada derrote levanta el vuelo de la capa.

Tal es la confianza que inspira Montes, que para los espectadores ha desaparecido la idea de peligro, y no les queda más sentimiento que la admiración”. (Próspero Merimée. Junio de 1842)

Francisco Montes “Paquiro”, con el capote a los hombros, galleando al bú, mientras atravesaba el redondel seguido del toro, provocaba (tenía que provocar) la admiración infinita del público de su época.

 

El galleo en el siglo XIX

Durante todo el siglo XIX, y especialmente en su primera mitad, será el toreo de capa (tan dependiente de la suerte de varas) y no el de muleta (supeditado a la muerte del toro y, por eso, prácticamente inexistente) el que atraiga las miradas y la atención de los públicos.

Y dentro de ese toreo de capa, destacan sobremanera, los galleos, directos herederos de los recortes pues, en rigor, un galleo no es sino un recorte ayudado con el capote.

Uno de los galleos más singulares es el galleo del bú, que se hace con el capote a la espalda, sobre los hombros o, incluso, sobre la cabeza.

figura7 Luis G Inclan (Jose Fco Coello Ugalde)

La versión del galleo del bú con el capote sobre la cabeza, al estilo de Nonilla, según un antiguo grabado rescatado por José Francisco Coello Ugalde y publicado en su magnífico blog Aportaciones histórico-taurinas mexicanas.

La denominación de “galleo del bú” que se le da a esta suerte viene por el parecido que adopta la figura del torero con el fantasma del bú; fantasma con el que, en aquella época, se asustaba a los niños.

Por eso, porque el galleo es heredero directo del recorte, es probable que el primer esbozo de un galleo se encuentre en esa imagen de Goya, que hemos insertado al inicio de esta entrada, en la que el Licenciado de Falces recorta al toro con la capa, aunque todavía sin ayudarse con la capa.

1886-11-15 (LL) Tiempos de Pedro Romero

Detalle de lámina de la Lidia titulada “En tiempos de Pedro Romero” (publicada el 11/15/1886). El mismo recorte del Licenciado de Falces dibujado por Goya, interpretado por Daniel Perea, 70 años después.

El fugaz encuentro del torero con el toro, que subyace en el breve cruce del recorte, adquirirá luminosidad y grandiosidad (aunque no extensión)  cuando el torero empiece a ayudarse con la capa. Cuando empiece a gallear.

1883-12-31 Pedro Romero (Lám.)

 Detalle de otra lámina de la Lidia (Titulada “Pedro Romero” y publicada el 31/12/1883). El dibujante de la Lidia reinterpreta con acierto la evolución de la suerte. Pedro Romero (como quizás cualquier otro torero de la época) se empieza a ayudar con las manos que sostienen la capa para dirigir la embestida del toro.

 

Poco a poco, la suerte se definirá y matizará y el capote (el vuelo del capote) empezará a jugar un papel primordial en el galleo. El movimiento de los brazos y muy especialmente el de los codos, añadirán matices muy singulares a la suerte y acabarán de definirla.

1891-08-10 LL Lámina Cuchares galleando

Cúchares, uno de los grandes creadores de lances de capa y muleta del siglo XIX, en el galleo del bú, toreando con los vuelos del capote gracias a la ayuda de los codos (Lámina de la Lidia. 10/08/1891).

 

Precisamente, será ese juego técnico de los brazos y los codos, al imprimir vuelo, el que conferirá al capote esa magia especial que desprenden los galleos.

Una magia que explica la imagen irreal pero fantástica que, del galleo del bú ejecutado por el Tato, nos dejó para la posteridad Gustavo Doré.

 

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Si bien el Tato no destacó por la calidad de su toreo (su especialidad fue la estocada al volapié) así –casi como un bailaor de flamenco- es como lo veía Gustavo Doré cuando galleaba en la suerte del .

(Continuará…)

2 comentarios:

Jack Coursier dijo...

Parfaitement documenté et illustré, comme toujours. Une vraie leçon.

Jose Morente dijo...

Merci, Jack.