lunes, 31 de marzo de 2014

Cuaderno de notas (XXII) La técnica de José Miguel Arroyo “Joselito”

 

Tauromaquia (4)

Igual que Jose Mari Manzanares toreando de salón, Jose Miguel Arroyo Joselito nos regala una clase magistral explicando como se debe torear delante de una becerra. Sin tópicos ni dogmas, sino en función de las condiciones del animal, un concepto que parece inasequible a muchos aficionados.

La foto,  que corresponde a un fotograma (Minuto 4:02) capturado del video que insertamos al final de esta entrada, es engañosa pues aparentemente el torero carga la suerte adelantando la pierna de salida. No es así, Joselito ha citado a la becerra que venía desde donde se encuentra la cámara, con la pierna izquierda retrasada. Por la longitud del pase, y al final de este, la pierna de salida queda adelantada (de forma ortodoxa como afirmaba Luís Bollaín).

Lo importante es que el peso del cuerpo carga en la pierna de salida, cargazón que se delata por ese talón levantado de la otra pierna, indicio claro y evidente de que se cargó la suerte. 

Esta imagen pone en evidencia el peligro de utilizar inadecuadamente y sin cautela alguna, los documentos fotográficos del presente o del pasado, en apoyo de nuestros argumentos pues el toreo es esencialmente un arte dinámico.

 

(1:48) En el toreo lo que para muchos son dogmas, para mí es un tópico como es la utilización del pico de la muleta, como es el cruzarse y como es el cargar la suerte o “echar la pata” o la pierna para ‘alante.

Cuando está mal utilizado el pico es cuando lo empleas para echarte el toro para afuera pero si tu utilizas el pico y te pasas al animal cerca de tu cuerpo pienso que no está mal utilizado (…)

(2:49) Antiguamente, claro, que lo utilizaban pero era para… la ponían muy plana para tapar más la cara del animal y poder echarle más para afuera y, a la vez, esquivar antes la embestida del animal.

El cargar la suerte, no es solamente echar la pierna para adelante sino yo diría que lo más primordial de cargar la suerte y lo que en sí es cargar la suerte, es echar el peso de tu cuerpo en la pierna de salida. Por eso, hay veces hay toreros que aunque toreen con la pierna retrasada también cargan la suerte.

[Da un muletazo con la pierna adelanta pero con el peso del cuerpo en la pierna de atrás]

O sea, yo echo la pierna adelante pero mi cuerpo está saliéndose para atrás… y con la pierna para atrás para que se vea como se carga también la suerte [Da otro muletazo con la pierna retrasada echando el peso en la pierna de salida]

El cargar la suerte no es echar la pierna ‘alante sino que tu cuerpo vaya, vaya con… esté apoyándose en la pierna de salida.

Aquí aunque tengo la pierna retrasada yo cargo la suerte…y aquí con la pierna adelantada descargo la suerte (…)

(4:40) Hay momentos en los cuales el animal que estás al hilo y el embiste. Por ejemplo, esta becerra  estando al hilo también embiste y ese es el sitio de ella. Si te quisieras cruzar, te meterías en su camino y te atropellaría.

Yo aquí estoy al hilo pero el animal…embiste. No hace falta que yo me cruce con ella.

Ahora se ha “parao” pues ahora sí. buscarle el cite, irme cruzando para llegar a un momento y a un lugar en el cual al citarla se arranque y me embista.

¿Ahí porque me ha hecho ese extraño? Porque estaba al hilo y no estaba colocado en lo que se dice el sitio.

Entonces se demuestra que no siempre hay que estar cruzado y no siempre hay que estar descruzado.

¡Claro está!

Declaraciones de José Miguel Arroyo “Joselito” en el video televisivo donde explica su tauromaquia.

domingo, 30 de marzo de 2014

Cuaderno de notas (XXI) La (buena) técnica de Jose Mari Manzanares

 

Tauromaquia (7)

Pocos toreros han tenido un concepto de la técnica tan perfecto y depurado como Jose Mari Manzanares, un torero admirado por los diestros más ortodoxos y puros como, por ejemplo, Antonio Ordoñez o Rafael Ortega. Por suerte, para nosotros, y frente al inveterado mutismo de los toreros antiguos, los diestros de nuestros días no tienen empacho en explicar públicamente cuales son las “claves” de su toreo que, en este caso son las de un “buen” torero.

 

Tú no puedes ir en contra del toro y si…eres más bruto y quieres hacer al toro cosas que…¡Bueno…qué son…! ¡Que dice la gente que son muy puras!… pero hay una técnica y unas normas para ir sometiendo y dominando al toro y como tú te pongas en medio de la vía del tren, el toro te coge.

Vamos a ver, para poder ligar, donde se queda colocado un torero haciéndole las cosas con… ¡vamos, con toda la verdad! ¡como vamos!

Vamos a ver dónde me quedo colocado. Si me quedo “descruzao” o es físicamente posible quedarse otra vez… ligar y quedarse “cruzao”. No lo sé, vamos a ver.

[Manzanares torea de salón al carretón]

¡Jéee! ¡Despacio! ¡Ahí!

[Después del remate del primer muletazo se queda al hilo con la muleta adelantada. Es la imagen que encabeza esta entrada]

¿Donde me quedo? Estoy en la pala del pitón y la muleta… ¿Donde estoy? ¡Estoy exponiendo!

¡Jéee!

¡Párate!

[Después de ese muletazo vuelve a comentar]

¿Entonces qué hay que hacer? ¿así?

[Se cruza ostensiblemente y avanza dos pasos al pitón contrario]

Entonces si se liga no se está “cruzao”. ¡No se puede ligar sin dejarle la muleta en la cara a los toros!

Entonces, hay veces que… ¡Son ganas de reventar y de no querer ver las cosas como son!

Y ahí es donde está, cuando se queda uno ofreciendo la muleta por delante para ligarle, es donde está exponiendo de verdad.

Si te vuelves a colocar, nos vamos al famoso “uno a uno”. Que ese “uno a uno” no tiene ligazón, no tiene ritmo…

Y yo creo que todo lo que no sean cinco o seis muletazos ligados y luego con el de pecho, no es lo que llega a poder ser la perfección del toreo,..

¡Ni es el toreo!

Declaraciones de Jose Mari Manzanares en un programa de Televisión explicando su Tauromaquia.

 

sábado, 29 de marzo de 2014

Postales taurinas (II) Joselito el Gallo y el “cartucho de pescao”

Por Jose Morente

 

Joselito cartucho de pescao 01

Sevilla. 18 de abril de 1915. Joselito el Gallo –en el inicio de su faena- citando con la muleta plegada en la mano izquierda a un toro que se encampana, en una corrida en la que toreaba mano a mano con Juan Belmonte

 

La foto que comentamos en esta entrada, capta el inicio de una faena de Joselito el Gallo quien, sólo en el tercio, cita con la muleta plegada en la mano izquierda, a un toro que se encampana. Estamos en la feria sevillana del año 1915 y en una corrida que el de Gelves torea mano a mano con Juan Belmonte.

En ese instante, el del cite de inicio de faena, no sabemos aún lo que pasará después, ni siquiera el diestro sabe como responderá el toro a su llamada pero, en ese albur está también reflejado todo el misterio y la esperanza que provoca el enfrentamiento de un torero con un toro y, por tanto, puede también simbolizar, en cierto modo, la ilusión con la que el aficionado acude tarde tras tarde a las plazas.

Y algo a destacar: aunque la escena que recoge la fotografía que encabeza esta entrada nos pueda parecer hoy habitual, la situación que se refleja no era en absoluto nada normal en aquellos años de principios del siglo XX.

En efecto, durante toda la centuria anterior, el matador se dirigía al toro acompañado siempre por los miembros de su cuadrilla, en despliegue cuasi militar. En cambio ahora, Joselito se presenta sólo en el tercio mientras un único peón –cerca de la barrera y, por tanto, lejos ya del campo de batalla- le observa.

Joselito no solo está sólo sino que, además, cita al toro desde muy lejos. Una situación que no tiene nada que ver con el cite clásico, que se hacía a media distancia, ni con el encimismo del angustioso y moderno cite belmontista que sirvió a algún autor de la época para justificar el porqué a Belmonte, al que cogían tanto los toros, le calaban tan pocas veces. Pero si Belmonte fue capaz de entrar por sistema en los terrenos de su oponente, Joselito supo darle la distancia requerida a cada uno de sus toros.

Como en este caso, donde da mucha distancia a un toro que se encampana pues conserva su bravura después de picado (lo que también era novedad) y que pertenece a la ganadería de Gamero Cívico, la que fue de Parladé y que acabó siendo simiente de casi la mayoría del ganado que hoy se lidia en las plazas.

Detalle significativo: el torero cita con la muleta plegada en la mano izquierda. O sea, con el famoso y sempiterno “cartucho de pescao” que luego inmortalizarían Pepe Luis Vazquez y los demás toreros de la escuela sevillana.

Hablando de Pepe Luis Vázquez es bueno hacer un inciso y señalar la curiosa circunstancia de que se autoproclamase belmontista un diestro que tan pocas cosas tenía de Belmonte y, sin embargo, tantas había heredado de José. La cosa tiene su miga y su lógica pues Pepe Luis, llegó a conocer y tratar a Juan mientras Joselito hacía muchos años que había muerto en Talavera, aunque su recuerdo perduraba en la memoria de los buenos aficionados. Uno de esos buenos aficionados era el propio padre de Pepe Luis, gallista confeso. Por vía del padre (vía genética) le debió llegar al rubio de San Bernardo el secreto del toreo del menor de los Ortega.

Lo más importante es que en la foto aparece un torero de la cuerda lidiadora de Paquiro y Guerrita (o sea, un torero técnico) que se presenta ante un toro que conserva su bravura después del tercio de varas, citando con la muleta a mucha distancia (valor) y con la figura compuesta y erguida (arte).

Todavía tendrá que desarrollarse y mucho, el toreo de muleta pero es, en esa encrucijada del toro con su bravura y el torero a solas con su valor, su técnica y su arte, en inicio de faena, donde creo que se cuece de verdad el toreo moderno.

Postales taurinas (I) Problemas en los corrales de Nimes

 

1906 Nimes 5 Miura y un Lisazo - copia

5 toros de Miura y 1 de Lizaso destinados a la corrida del 7 de octubre de 1906 en Nimes. matadores: Machaquito y Cocherito de Bilbao (Fotografía facilitada por Jack Coursier y publicada en Toro, torero y afición)

Desgraciadamente, la temporada acabó [ese año de 1906] de forma desastrosa. Y eso que el cartel era, sin embargo, de los mejores posibles en aquel momento: Toros de Miura para Machaquito y Cocherito de Bilbao.

La empresa tuvo mala suerte con los toros. Uno de los Miuras muere durante el transporte. Desde su llegada a los corrales, siguiendo su costumbre, las reses de don Eduardo, comienzan a pelear e, igual que ocurre todavía hoy con esta ganadería, un toro quedó muerto y otro herido.

No existiendo, reglamentariamente, más que dos sobreros, la empresa hizo venir a toda prisa (algo insólito en esa época) otros dos pupilos de la temible divisa. Pero uno de ellos llegó enfermo y tuvo que ser descartado.

Fue necesario hacer salir a uno de los dos sobreros de Lizaso, una vieja ganadería navarra en plena decadencia, el cual resultó ser tan poco apto para la lidia que tuvo que ser devuelto a sus queridos corrales y sustituido por el Miura enfermo.

Siguiendo la mala racha, el primer toro andaluz fue puesto fuera de combate por el excesivo celo de los picadores.

No pueden caber dudas sobre como siguió la corrida: un publico alterado, unos toros sin condiciones para la lidia y unos toreros intentando dar lo mejor de si mismos pero sin posibilidad alguna de lograrlo…

En resumen, decepción generalizada que no pudo ser compensada con la “popular(1), corrida en la que el novillero Faustino Posadas (al que mataría un año después un toro de Miura en Sanlúcar, cuando brindaba al público)  tuvo que entendérselas con los dos sobreros inútiles: el Miura que había sido herido anteriormente por sus compañeros de camada y el super-manso Lizaso .

¡Todo un programa!

  Pierre Dupuy. Toros à Nimes (2) (2ª ed., Nimes, Editions “Toros”, 1993. págs. 102-103; 1ª ed., UBTF, 1977)

 

Entrada Jack Coursier - copia

Entrada de la corrida del 7 de octubre de 1906, facilitada por Jack Coursier

Notas:

(1) Según Jack Coursier, quien nos ha facilitado la mayor parte de la información utilizada, la “populaire” era una corrida de limpieza de corrales que se celebraba a final de temporada. El hecho de que los inútiles sobreros los lidiase un novillero resulta hoy sorprendente.

(2) Traducción de Jose Morente

jueves, 27 de marzo de 2014

Cuaderno de notas (XX) Del toro determinante al toro determinado

 

HB-castellano2 Toro de Hidalgo Barquero 1855

El toro determinante. El toro del siglo XIX determina, tanto por su conformación zootécnica como por su comportamiento, el toreo de la época, basado en la suerte de varas, las de  capa (como elemento auxiliar en dicho tercio) y la estocada. En la imagen, un toro de HIdalgo-Barquero (cruce de reses de Vistahermosa con sementales Vazqueños) según un dibujo de Castellanos de 1855. Acababan de morir Montes y el Chiclanero 

En el arco que va de finales del siglo XIX a principios del siglo XX, acontece algo que tiene la mayor importancia en la evolución de la Fiesta.

Se precipita la selección del toro.

Es algo que el público no ve, sólo lo verá después, por sus resultados.

Un giro total, un cambio radical de motivaciones.

Podríamos expresarlo así: en la etapa anterior, el toro determina el toreo; de ahora en adelante, el toreo determinará al toro.

Empiezan los ganaderos a seleccionar a los toros, buscando hacerlos más aptos sobre todo para la muleta, que es el capítulo fundamental del toreo moderno (…)

Ahora bien, para tal desarrollo se requerían dos condiciones fundamentales: un toro distinto y una distinta suerte de varas (…)

El toreo de muleta por la propia condición de este instrumento y por el tipo de sus posibilidades, iba a descubrir pronto que requería (…) una suerte [de varas] quieta y lenta, en la que el toro pueda ser castigado más hondamente y más prontamente, para que cobre la fijeza necesaria al toreo de muleta (…)

Tal es lo que el público ve. Lo que no ve es el trabajo de selección de los ganaderos en busca del nuevo toro, más cómodo de defensas, más fino de líneas y, sobre todo, más dócil de estilo (…)

Dicho está; antes, el toro determinaba el toreo; ahora, es el toreo el que determina el toro. Del toro determinante al toro determinado.

José Alameda. El Hilo del Toreo (1ª ed., Madrid, Espasa Calpe, 1989. Págs. 163-164)

 

Diano de utrero  copia

El toro determinado. Ahora es el toreo el que determina como será el toro. En consecuencia, y por exigencias del toreo de muleta, cambian los criterios de selección en busca de otras hechuras y otros comportamientos más cómodos y bonancibles. Los sementales se convierten en protagonistas y empiezan a ser conocidos y valorados. Tal es el caso del famosísimo “Diano” de Ibarra, quien “hizo” la ganadería de los Herederos de don Vicente Martínez. Una de las preferidas de Joselito el Gallo. El toreo está dando un giro de 180º

martes, 25 de marzo de 2014

Cuaderno de notas (XIX) Las exclusiones de las castas antiguas


1801 Muerte en el ruedo del torero Pepe Hillo - copia
Pese a que José Velázquez Sánchez recomendase la conveniencia de lidiar toros de castas diversas como medio de “dilatar el campo de experiencia” de los lidiadores (algo de lo que podrían tomar nota los diestros actuales) lo cierto es que, por el contrario y a lo largo de la historia, lo consustancial en ellos ha sido su negativa a torear toros de determinadas procedencias o ganaderías. Esa ha sido, probablemente, una de las causas, junto a la incapacidad de adaptación de esas ganaderías a las necesidades del toreo de cada época, que explican su paulatina desaparición. Ya en los tiempos fundacionales, fue pública la enemiga de Pepe-Hillo y Costillares hacia los toros castellanos, uno de los cuales, Barbudo de Peñaranda de Bracamonte, causó la muerte del primero de los citados (En La imagen detalle de un grabado con la cogida mortal de Pepe-Hillo en la plaza de Madrid el 20 de mayo de 1801)

El toreo al salir de las zonas determinadas de su ejercicio traía el carácter peculiar y dominante de las ganaderías lidiadas en cada país.

En Navarra era inquieto, rápido y decisivo porque se lanceaban castas aviesas, de mucho sentido, y que se revolvían con extraordinaria prontitud. En Castilla, se toreaba cerca y con infinitas precauciones, porque los toros se defendían y cobraban malicia a los pocos trances de la lid. En Aragón se bregaba infinito para conseguir la serie de trámites de la lucha; porque el ganado era propenso a aplomarse en cuanto se le dejaba tomar sitios de querencias o sentir alivio de suertes. En Andalucía se inauguró la suerte de recibir por la condición brava y boyante de sus generosos brutos (…)

La lidia de tan distintas, y aun diversas castas de toros, por más que dilatara considerablemente el campo de la experiencia de los lidiadores, ensanchado los dominios del arte con esa multitud de recursos que sugiere la necesidad y metodiza después la conveniencia, no fue aceptada desde luego, y sin género alguno de oposición, de parte de los jefes de cuadrillas; y podríamos aducir más de una prueba de exclusiones de ganado, que constan de escrituras y contratas de algunos diestros de buen nombre del siglo anterior.

A consecuencia de las desgracias que produjeron en Valladolid en 1768 tres toros de prueba, de la antigua ganadería de Piñeiro, de la revoltoso y diminuta casta salamanquina, empezó a declararse que los brutos de aquella procedencia y condiciones carecían de aptitud para la lucha por la facilidad de sus movimientos en todas direcciones y sentidos; alegándose que si el toreo reconocía su origen en burlar el hombre la fiereza del toro, aprovechando la dificultad en revolverse del fogoso bruto, faltaba la base de estos ejercicios cuando existía una especie particular de la familia astada (…) que estaba constituida en caso de excepción por la naturaleza.
José Velázquez y Sánchez Anales del Toreo (1ª ed., Madrid, 1868)

lunes, 24 de marzo de 2014

La estética anatómica en la historia del toreo (I) Arrogancia vs indiferencia

Por Jose Morente

Belmonte Final de faena 001

La arrogancia del triunfo. Una de las fotos más conocidas de Juan Belmonte. El torero exultante después de vencer a su poderoso y bien armado enemigo

 

La expresión del torero sin toro

Es evidente que, al espectador, el toreo le tiene que entrar por los ojos. Y aunque los alardes de valor y los chispazos de arte sean cualidades del torero fáciles de captar por los públicos, resulta necesario y casi imprescindible que el lenguaje corporal del torero (las posturas y los movimientos que este adopta en el ruedo) se acomode a su forma de concebir el toreo y refuercen el mensaje que quiere transmitir al tendido.

Desde ese punto de vista, el punto de vista del espectador, muchas y variadas son las actitudes que, en la plaza, pueden adoptar los toreros. Hablemos ahora de dos de las más representativos.

El modo más primario de presentarse ante el público, sería el representado por el torero que adopta el gesto heroico del que se enfrenta a un animal fiero y aguanta su embestida. Es la arrogancia del desplante. La imagen del torero en esa tesitura, transmite la tensión liberada (verdadera explosión de adrenalina) del que, saliendo de la batalla, expresa su rabia y contento por haber superado la prueba que se había impuesto.

Es la estética del vencedor, del héroe, que corresponde a una tauromaquia donde el valor y el riesgo son las notas dominantes.

Radicalmente opuesta a la anterior, otra actitud posible, es la de aquel diestro que, por el contrario, quiere aparentar indiferencia ante el peligro. El torero, en esta caso, pretende emocionarnos por el contraste entre la mole negra y mortal que pasa junto a su cuerpo y su aparente indiferencia, naturalidad o espontaneidad ante los pitones del toro.

Es la estética del artista, del elegante. Una estética donde el torero aparece ensimismado en su propia obra, como ausente o ajeno a todo los demás, incluso –a veces- a su propio toreo.

Ejemplo señero de la primera de esas actitudes, sería la foto de Juan Belmonte, el mítico torero de Triana, que encabeza esta entrada.

Ejemplo de la segunda actitud, sería la foto de Rafael el Gallo, el sevillano nacido en Madrid por razones de logística taurina, que insertamos a continuación.

El contraste entre ambas es evidente.

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La actitud de Rafael el Gallo después de matar su toro es diametralmente opuesta a la de Juan Belmonte. El Divino Calvo aparece como ensimismado. Difícil saber por su semblante si triunfó o fracasó aunque, probablemente en este caso, se trate de lo primero por su esbozada sonrisa. En cualquier caso, denota una “pacífica beatitud” impropia del que viene de enfrentarse a un bravo y fiero toro de lidia.

 

La expresión del torero ante el toro

Con ser tan dispares, las dos fotos anteriores  tienen algo en común y es que ambas reflejan diferentes actitudes de los toreros cuando no están en la cara del toro, cuando están a espaldas o al margen de la res.

Más interés aún, tiene revisar las poses o posturas (la estética anatómica) que adopta el torero cuando está en la cara del toro, cuando se enfrenta o presenta ante la res.

Y las diferencias siguen siendo, como era de esperar, significativas.

El Cite Belmonte 3 (Copia)

Belmonte se enfrenta al toro con la misma actitud desafiante y arrogante con la que, luego, se alejará de la res. ¡Aquí estoy yo! parece decir el trianero, quien siguiendo las normas, no escritas, del más puro toreo cambiado, se cruza al pitón contrario con el compás abierto y la figura tensa y crispada por el albur de la situación y el envite.

images (2) - copia

Rafael el Gallo se presenta ante el toro con la misma tranquilidad con la que se podría presentar ante un amigo al que encontrase en la calle Sierpes. Rafael se sitúa ante el toro enfrontilado, de frente y con los talones pegados, conforme mandan los cánones clásicos del toreo de línea natural. Sin embargo, tanto relajo, dadas las circunstancias, sorprende.

 

La expresión del torero cuando torea

La coherencia de los buenos toreros no está sólo en presentar un estilo definido (cuando son algunos los que, cual veleta, pasan todo el tiempo cambiando modos y formas) sino en mantener su estilo en todo momento y en todas las circunstancias.

Conviene advertir que tener un estilo definido y mantenerlo, no quiere decir que el diestro no busque, investigue, indague o proponga cosas nuevas. Al contrario, se trata de que se mantenga fiel a si mismo. Tan sencillo (o tan difícil como eso). Coherencia y personalidad, se llama a esa figura

Las imágenes, que siguen a continuación, de Rafael y Juan ante la cara del toro, mantienen ese mismo aire personal que tenían las fotos de esos dos toreros, antes y después de torear. La apostura que tienen sin toro, cada uno ellos, es la misma que luego tienen toreando.

Eso se llama, repito, coherencia y personalidad. Dos elementos claves para que lo que pasa en el ruedo llegue (y con fuerza) a los tendidos.

FOTO RAFAEL EL GALLO POR ALTO BARCELONA - copia

Una foto excepcional que hay que mirar despacio y recrearse en ella. Rafael el Gallo con la misma tranquilidad (¡o más!) que cuando está sin toro, pasa al toro, por alto, en un ayudado a pies juntos que unos llamaron “de la muerte” y otros “del Celeste Imperio”. Cuestión de puntos de vista. Y hablando de puntos de vista, el detalle, magnífico, de la nitidez fotográfica de la figura del torero (quietud) frente a la borrosa silueta del toro (movimiento): Un contraste que se hace evidente gracias a la escasa velocidad de obturación de las cámaras de la época. 

Belmonte Ayudado Festival 001

El ayudado de Juan Belmonte es lo contrario del ayudado del Gallo. Donde Rafael mantiene la verticalidad, Juan se inclina. Donde el madrileño se relaja, el trianero se tensa. Donde El Gallo torea con los pies juntos y los talones apoyados en la arena, Belmonte abre el compás y levanta el talón del pie izquierdo. Si antes el centro de gravedad estaba en el centro, ahora ese centro se desplaza y se acerca al toro.  Dos mundos, dos estéticas. Dos maneras diferentes de concebir el toreo.

 

Dos conceptos frente a frente

Hemos puesto frente a frente, dos modos distintos de concebir y, sobre todo, de expresar el toreo: La estética de la arrogancia y el heroísmo (que corresponde a la tauromaquia del valor y el riesgo donde la clave está en aguantar la embestida del toro) frente a la estética de la naturalidad y la elegancia (que corresponde a la tauromaquia del arte y la indiferencia ante el peligro y donde la clave está en saber acompañar esa embestida).

En el primer modo, el torero, cual domador de fieras, pretende poner de manifiesto y hacernos evidente el riesgo. Por eso, el torero que aguanta la embestida, adopta una actitud arrogante. En el otro modo, por el contrario el torero que se acopla a esa embestida pretende, cual mago, hacernos creer que el riesgo no existe.

Son dos opciones que se traducen en poses, gestos y maneras muy distintas y que responden a dos formas muy diferentes de entender el toreo y la vida misma.

Dos modos que  resultan ser, si no antagónicos, si bastante alejados uno del otro, ya los analicemos desde un punto de vista formal (como hemos hecho en esta entrada) o desde un punto de vista conceptual (como hemos hecho en entradas anteriores).

Lo importante es que, estas dos opciones (y las otras muchas que existen o pueden existir) son todas válidas y legítimas (¡bueno fuera lo contrario!). Y ello, al margen de los modos y las modas que, esas sí, son temporales y, desde luego, menos defendibles y efímeras.

Llegados a este punto, me surge una pregunta:

-Y a todo esto y en este discurso ¿dónde queda y que fue de la tauromaquia y la estética de Joselito el Gallo?

La respuesta (o el intento de respuesta) la daremos en una próxima entrada.

(Continuará…)