Por Jose Morente

El Juli dominando a un toro de Victorino Martín en Bilbao toreando por naturales en redondo en julio de 2001.
Algunos aficionados actuales dejan entrever que, el toreo en redondo que hoy se práctica habitualmente, sólo es posible gracias a la bondad (por no decir bobaliconería) del toro actual.

Para algunos aficionados el toreo en redondo solo es posible gracias a la excesiva nobleza del toro actual (José María Manzanares en Sevilla toreando en redondo con la derecha)
Piensan dichos aficionados que, cuando el toro es realmente bravo, resulta necesario e imprescindible para poder dominarlo, el torear cargando la suerte (adelantando la pierna de salida). El toreo cambiado que le dicen.

Según esos mismos aficionados, el toro auténticamente bravo no se dejaría torear en redondo tan fácilmente como hoy se torea y habría que poderle cargando la suerte o sea desplazándolo hacia afuera (Fotografía de Alberto Aguilar en Pamplona peleando con un burel de Dolores Aguirre)
No sé si tienen razón o no, aunque pienso que no la tienen, pero lo que resulta curioso es que hace 125 años se pensaba exactamente lo contrario.
Eso es lo que dice esta reseña de la Lidia que firma un tal don Jerónimo:

El cronista de La Lidia (Don Jerónimo) no lo podía decir más claro ni más alto: A los toros bravos se les puede y debe torear al natural en redondo… y dándoles salida larga. En caso contrario, no se consigue aplomarlos para el volapié o sea, no se consigue dominarlos.
El comentario anterior tuvo como motivo la lidia de un bravísimo toro de Carriquiri en San Sebastián el día 9 de agosto de 1886. Un toro que le tocó en suerte a Rafael Molina Lagartijo y que le cogió en el momento de la estocada por no haber conseguido el torero, según el cronista, dominarlo.

De los toros a la playa o viceversa. Alegoría de las fiestas de San Sebastián en la Lidia (Detalle de la lámina publicada el 23 de agosto de 1886)
Aconsejaba el susodicho don Jerónimo que, en ese caso (cuando se tiene enfrente un toro realmente bravo al que hay que poderle), lo indicado es torearle al natural en redondo pues lo importante para el torero en esa situación es intentar o procurar alargar el muletazo.

El Juli haciéndole a Cantapájaros (Madrid, mayo de 2007) lo que aconsejaba Don Jerónimo en 1886: alargarle el viaje para dominarlo.
La cosa, si se piensa, tiene lógica porque al toro se le destronca más cuando se le obliga a alargar su viaje, máxime hoy día cuando al toro se le obliga a recorrer ese trayecto humillando que es, de suyo, una posición forzada y antinatural. Mientras más tiempo se le mantenga humillado, o sea mientras más largo y más lento sea el muletazo, más se le destronca.
Es cierto que también se puede dominar a base de recortes, pierna adelantada y torero en movimiento. En movimiento continuo hacia el rabo como hacía Domingo Ortega, por ejemplo.

Un sistema diferente de poderle al toro. El toreo en ochos, en continuo movimiento, metiendo el torero la pierna y ocupando el terreno que el toro tenía al iniciar el muletazo o sea, el rabo (Fotografía de Domingo Ortega toreando en ochos)
Pero, en mi opinión y en la de don Jerónimo, lo más clásico, lo más expuesto y lo más eficaz con el toro bravo de verdad es poderle toreándole por naturales en redondo y alargando su viaje hasta el infinito como hacía, por ejemplo y sin ir más lejos, Manolete.
Eso es lo máximo.

Alargar el viaje del toro toreando por naturales en redondo. Esa es la más vieja e infalible fórmula (Tan vieja que data al menos de 1886) para dominar al toro (En la fotografía, sacada de una vieja película, Manolete haciendo precisamente, eso)
Perdón. Se me olvidaba. El nombre que se esconde tras el pseudónimo de don Jerónimo es el de Antonio Peña y Goñi, director de la Lidia y…. reconocido frascuelista. ¡Para que digan!

Don Antonio Peña y Goñi