El diestro José María Manzanares cita a recibir a Jerezano (5º toro de la corrida de Victoriano del Río) en la suerte de recibir
Sevilla. Plaza de toros de la Maestranza
Jueves, 19 de abril de 2012 Toros del Ventorrillo y uno de Montealto para Diego Urdiales, Iván fandiño y Saúl Jimenez Fortes
Viernes, 20. Toros de Victoriano del Río y toros de Cortés para Padilla, Manzanares y Talavante
Sábado 21 de abril de 2012. Toros de Garcigrande y Domingo Hernández para Fundi, Morante y Castella
Decíamos ayer…
Lo del fin de semana de pre-feria se ha convertido ya, por fuerza de costumbre, en gozosa cita anual con el mejor buen toreo.
El año pasado, por ejemplo (concretamente el 30 de abril de 2011) José María Manzanares hacía historia en Sevilla al indultar al –ya famoso- Arrojado de la ganadería de Núñez del Cuvillo.
Por ello, la ilusión con que fuimos a la plaza esos días era enorme. Aunque, claro está, no tanto como para hacer presagiar que viviríamos en la Maestranza otra de esas tardes mágicas que jalonan la historia del toreo y que van recargando las baterías del aficionado como el toque oportuno de la muleta del torero recarga el depósito de la bravura del toro bravo.
Sin embargo, un año después (y un año más) se repitió el milagro y pudimos asistir a una tarde que no dudo en calificar de histórica por su conjunto pero sobre todo, para mí, por la definitiva recuperación (mejor diría, restauración) de la suerte de recibir pues de esa guisa mató Manzanares a sus dos toros.
Manzanares cuajó otra irrepetible actuación en Sevilla el día 20 de abril (Foto de Juan Carlos Muñoz)
No voy a hacer la crítica ni de esa ni de las otras dos corridas del fin de semana (para eso están otros medios) pero si me gustaría repasar y detenerme siquiera sea someramente en una serie de momentos de esos festejos sobre los que me apetece dejar constancia en este blog.
Con viento no se puede torear
Salió complicada la corrida del Ventorrillo el viernes de pre-feria pero, sobre todo, el viento que hizo toda la tarde no permitió ni elegir los terrenos más adecuados ni mover los engaños con la precisión que exigen el toro y el toreo modernos.
Aunque la corrida del Ventorrillo estuvo bien presentada (se lidió completa) su comportamiento dejó mucho que desear. El viento tampoco ayudo nada. En la foto, el burraco que se lidió en quinto lugar: Ali-roto. Un toro muy escaso de fuerzas al que Fandiño fue toreando en distintos terrenos buscando el sitio propicio para que embistiera.
Como dijera Gregorio Corrochano una tarde en Jerez, en fórmula matemática, V+M = 0 lo que quiere decir que viento más mansedumbre es igual a cero.
Sin embargo, lo que son las cosas esa desapacible tarde vimos muy buen toreo o, al menos, buen intento de torear tanto por parte de Diego Urdiales, un lujo de torero, como por Iván Fandiño, siempre muy bien colocado ante el toro y con una firmeza tremenda.
Diego Urdiales. Es una garantía encontrarle en cualquier cartel por su exquisito concepto del toreo.
Mas firmeza no cabe. Fandiño como siempre dio la nota de valor sobrio y de magnífica técnica.
El novel Saúl además estuvo tremendamente valiente (yo diría que demasiado) que es lo que se le puede pedir por ahora a un torero de trayectoria profesional tan corta. Hizo además un sensacional quite.
Valentía máxima. Los mejores mimbres para ser torero. Saúl Jiménez Fortes en un quite de infarto
A su primero (tercero de la tarde) lo picó, como pocas veces se ve picar, Tito Sandoval.
La dignidad de Padilla y del público sevillano
Magnífica la actitud de la plaza con Juan José Padilla en su reaparición en este coso después de la terrible cornada de Zaragoza del pasado año.
Y más magnífica aún la forma de aquilatar la actuación del torero, sin un aplauso de más que no se hubiera ganado por méritos propias. La plaza de Sevilla estuvo a la altura de la categoría humana del torero de Jerez quien firmó una más que digna actuación y que además, estuvo muy bien con el capote.
Padilla, muy sereno, no sólo puso algunos buenos pares de banderillas (como se espera de este torero), sino que manejo los engaños , especialmente el capote, con solvencia
La cuadrilla de Manzanares
Resulta reiterativo pero necesario volver a mencionar (y lo mencionaremos cuantas veces lo merezca) la ya habitual sensacional actuación de la cuadrilla de José María Manzanares.
Manzanares no sólo ha recuperado la suerte de recibir sino el concepto de cuadrilla que impuso en el toreo Francisco Montes Paquiro en la primera mitad del siglo XIX.
La cuadrilla como grupo que trabaja en perfecta conjunción, todos con un mismo objetivo fue uno de los mayores logros del toreo decimonónico frente a la anarquía de épocas anteriores. Y es ese concepto, donde priman la táctica y la estrategia común, el que ha recuperado el torero alicantino a quien por ello, por derecho propio y por su recuperación de la estocada recibiendo, debemos considerar el mejor exponente del neoclasicismo torero en nuestros días.
La cuadrilla de Manzanares. Sobran las palabras.
¿El año de Talavante?
No me gustan los profetas (sobre todo, los agoreros) pero ya puestos me atrevo a señalar que este puede ser el año de Talavante (si la espada que es su punto flaco le ayuda, claro).
El diestro extremeño se encuentra, hoy por hoy, en la vanguardia del toreo. Lo que hizo en Zaragoza con el toro jabonero de Núñez del Cuvillo o, sin ir más lejos, en Málaga, con otro toro de esa misma ganadería, es para prestarle la máxima atención por los matices de su propuesta en el toreo de muleta.
El viernes con la corrida de Victoriano del Río-Toros de Cortés estuvo tremendo aunque la plaza no le aclamó como merecía quizás por encontrarse el público bajo el impacto de las dos faenas de Manzanares. Y ello pese a la enorme enjundia que tuvieron sus faenas. La del sexto con un toro además bastante complicado.
No sólo eso sino que algunos de los mejores lances de la tarde los firmó este torero en un quite de suavidad infinita (al primer toro del lote de Manzanares). Quite que ahí quedó esperando quien lo mejore en esta feria.
Talavante remata un quite de lujo.
No todos los toreros son iguales
Una incesante campaña de prensa viene empeñada en el desprestigio (injusto a veces) de los toreros y del toreo
No obstante, sería excesivo considerar al cuarto poder como único responsable del frío ambiente que hoy día se vive muchas tardes en las plazas de toros.
Diversas razones como la compleja situación económica que atravesamos o la falta de asombro ante las hazañas de los toreros (pues sus proezas son, por repetidas, archiconocidas) ponen al torero (a los toreros) ante una difícil tesitura pues tienen la obligación de sorprendernos casi cada tarde con cosas nuevas.
Una vuelta de rosca torera. Talavante ejecuta la arrucina de los años 40 pero con el toro de hoy.
Paradójicamente, la variedad no nos interesa. Queremos que todos los diestros hagan la misma faena a toros de contextura muy distinta. Cada plaza tiene su criterio (muy cerrado) sobre el tipo de toro y el tipo de toreo que gusta.
Sin embargo, (como decíamos hace días y apostillaba Xavier Gonzalez Fisher) no todos los toreros son iguales ni todos participan de las mismas cualidades (valor, técnica y arte) en la misma proporción.
Viene esto a cuento porque la valoración de los diestros creo que hay que hacerla (además del toro al que se enfrentan) en función de sus propios planteamientos. No se trata ahora de ensalzar hasta el infinito a todos los toreros pero (“nadie es perfecto”) me parece más interesante destacar las virtudes de cada uno que ir buscando con lupa sus posibles carencias técnicas o estéticas.
Castella, por ejemplo, pasó por Sevilla como el torero valiente que siempre viene dispuesto. Y el sábado dio la cara ante un complicado (por agresivo) toro de Garcigrande lo que no siempre le agradecieron.
Aunque no redondeó faena, Castella dio la cara en Sevilla la tarde del Sábado.
Por el contrario,. Morante, el mismo día, salió muy poco dispuesto. Casi derrotado de antemano. No tuvo su tarde. En este tipo de toreros, el público se enfada al nivel de sus expectativas. No importa. Ya llegará su momento y el mismo público que le increpaba hace unos días, pronto le sacará bajo palio.
Morante estuvo poco dispuesto. La postura del cuerpo y las piernas lo delata.
El toro de Sevilla y los toros de Garcigrande
Muy complicada resultó la corrida del sábado. La corrida de Garcigrande. Tanto que salieron confundidos no sólo los toreros sino también parte del público y de la crítica.
La corrida no fue –por presentación- para tirar cohetes (al contrario) pero tuvo las complicaciones propias del toro de lidia cuando éste tiene más defectos que virtudes.
Sin embargo un crítico utilizaba en su crónica hasta ocho veces el adjetivo “gato” para calificar los toros de Garcigrande-Domingo Hernández, lo que no es de recibo. Como puntualizaba con acierto un aficionado de sol, no hay que confundir toros con elefantes. Lo determinante en el toro (sin perjuicio de que debamos cuidar su presencia al máximo) es su comportamiento.
Bien es verdad que la movilidad del sexto (le tocó a Castella) pudo tapar algunos de sus defectos igual que el comportamiento del cuarto (un buen toro que lidió Fundi) tuvo sus matices. Pero, en general, los toros de Garcigrande cuando salen complicados (y los de Sevilla lo fueron en general) son muy complicados y nada fáciles de torear.
La prueba, la falta de éxito de la terna puesta a prueba por esa compleja corrida que tuvo mucho más que torear que lo que luego nos contaron algunos.
Las embestidas de los toros del sábado tuvo su aquel. Esta ganadería (que sin embargo da toros magníficos) puede plantear serios problemas a los toreros cuando no salen buenos.
Fundi en los medios. Sobre la concesión de trofeos en la Maestranza
Un detalle. Las dos faenas de Fundi las planteó el de Fuenlabrada en los medios. Algo que venían reclamando los aficionados conspicuos días atrás y que el viento desaconsejaba y algo que luego –esos mismos aficionados- no agradecieron suficientemente al pundonoroso diestro de Fuenlabrada.
El público no. El público sevillano ovacionó al diestro y pidió con calor la oreja del cuarto de la tarde (segundo del lote del madrileño y toro de su despedida en Sevilla). Oreja que –sin embargo- la Presidencia no quiso conceder en actitud antirreglamentaria.
Actitud antirreglamentaria, pues la primera oreja la concede el Presidente a petición (mayoritaria) del público y en ningún lado señala el reglamento que, en Sevilla, no se puedan conceder orejas si no la piden los espectadores de los tendidos de sombra (concretamente de los tendidos Uno y Tres)
Pero lo cierto es que, cuando por allí no aparecen pañuelos, el diestro puede dar por seguro que no habrá premio, así se llame Joselito el Gallo o Juan Belmonte y haya tenido el mérito que haya tenido su faena.
Curioso y clasista criterio el del Presidente (en este caso Presidenta) de esta plaza (el sábado, doña Anabel Moreno) y de cuya responsabilidad es extensible, por nombramiento, el Delegado del Gobierno (en este caso, Delegada del Gobierno) de la Junta de Andalucía en Sevilla, doña Carmen Tovar.
Lo que se llama saltarse el reglamento a la torera. Porque pañuelos había aunque… en los demás tendidos.
La presidenta, Anabel Moreno, incumplió el reglamento al anteponer sus criterios personales a los de la Plaza
Otro problema. La banda de música de Sevilla
Toreaba Fundi en los medios de la plaza al cuarto de la tarde y segundo de su lote, con extrema suavidad y valentía sin que el director de la banda tuviera el detalle de arrancarse con un pasodoble en honor del diestro que tantas corridas duras ha despachado (¡y de que modo!) en esta plaza.
Finalizaba la faena cuando por fin (mosqueados ya los espectadores por la arbitraria actitud del músico esta tarde y tantas tardes) la banda comenzó a sonar. Tarde y mal.
Fundi, más mosqueado aun que el público, pidió, en claro gesto, que dejasen de tocar. El director de la banda (¡hay que ser incompetente y desaprensivo!) no le hizo ni caso pues los músicos seguían tocando impasibles e insensibles.
El torero, ya muy airado, volvió a conminar a los de la banda que por fin no tuvieron más remedio que deponer su actitud y cesar en su molesto y grosero tachún.
Tenía toda la razón el diestro y ninguna los maleducados músicos. Ya venía siendo hora que alguien se plantara ante tanta prepotencia músico-taurina. Sólo espero que cunda el ejemplo y que la autoridad tome cartas en el asunto pues de seguir así más vale que se suprima la música durante las faenas como en su día se hizo en Madrid.
El crédito de la banda de música de la plaza de Sevilla se agotó definitivamente el sábado pasado. Fundi (tenía que ser un torero) puso en su sitio (que no debe ser nunca el de protagonista) a su incompetente y arbitrario director.
Punto y aparte. Manzanares y la suerte de recibir
Lo de Manzanares en la suerte de recibir merece un análisis mucho más detenido pues ya ha surgido la discusión o las discusiones sobre sus estocadas recibiendo.
Primera discusión que se plantean los aficionados (los aficionados siempre están proponiendo temas de discusión) es la de si fue mejor o no la estocada de Madrid (en los medios) o la de Sevilla (en el tercio pero con parón del toro a mitad de viaje).
La segunda es la incógnita sobre si el diestro sería capaz de propinar estas mismas estocadas con toros fieros y agresivos y la tercera, que va al fondo de la técnica de esta vieja suerte dichosamente recuperada por el diestro alicantino, es la dificultad que presenta la estocada recibiendo sobre la estocada a volapié. ¿Es más difícil matar recibiendo, como siempre hemos pensado los aficionados, o no?
Lo indudable es que el torero ha puesto sobre la mesa un tema que estaba en el olvido y si ya el año pasado con el indulto a Arrojado planteábamos el debate sobre la bravura del toro en estas primeras décadas del siglo XXI, hoy la atención se centra en una suerte que ya todos creíamos irremediablemente perdida.
La emoción de la suerte de recibir
Manzanares toreo bien, muy bien, con elegancia suma y manejando (atención al dato) con enorme precisión los tiempos del toro, llenando con su enorme prestancia los tiempos muertos de la faena. Pero el éxito del torero en la tarde del viernes de pre-feria se cimentó en las dos estocadas ejecutadas en la añeja suerte de recibir. Aquella en la que hicieron historia el simpar Pedro Romero, el preclaro Joselito el Chiclanero y el bravo Manuel Domínguez “Desperdicios”.
A estos nombres se une ya irrevocablemente (¡Y sólo han tenido que pasar algo más de cien años de historia del toreo!) el del elegante José María Manzanares.
¡Honor y gloria al diestro que ha sido capaz de resucitar una suerte de tanta belleza como la suerte de matar recibiendo y al que deseamos que el dios Tauro guarde –por ello- muchos años!
