viernes, 3 de junio de 2016

Así se hizo él al público y el público a él

Por Jose Morente


Vicente Pastor

Visto lo ocurrido, con Castella, Ponce y Manzanaresdurante esta feria de San Isidro que ahora llega a su tramo final, podríamos pensar que, en Madrid a las figuras, les renta más anunciarse pocas tardes que muchas. 

El hecho invita a reflexión. Mientras el francés se presentaba en cuatro ocasiones en la puerta de Cuadrillas de las Ventas (una de ellas con la dura corrida de Adolfo) y no obtenía más que la desatención del público de las Ventas, Ponce y Manzanares, con una única comparecencia cada uno, han salido más que airosos del empeño.

La estrategia de José Tomás, siquiera sea en otras plazas, parece abonar esta tesis. Actuar pocas tardes, y ello pese a la indudable responsabilidad que conlleva ese planteamiento, aumenta la expectación de los públicos e incrementa el caché de los diestros, siempre -por supuesto- que luego se sepa estar a la altura de las expectativas generadas.

Aunque pueda pensarse otra cosa, no siempre ha sido así. A principios del pasado siglo, era justo lo contrario y torear con frecuencia en Madrid, no sólo no era contraproducente sino que beneficiaba al torero que actuaba de ese modo.

Vicente Pastor es el mejor ejemplo de lo que decimos. Cuenta Gregorio Corrochano en su libro "Qué es torear-Introducción a la Tauromaquia de Joselito" (Madrid, 1ª ed., Revista de Occidente, 1953. Págs. 45 y 245) lo siguiente:
"Eliminados Bombita y Machaquito del la Plaza de Toros de Madrid, abre el abono don Indalecio Mosquera, sin figuras. Entonces empiezan a dibujarse toreros que estaban desdibujados y ociosos. Vicente Pastor sale del café Universal (...) 
Y por si quieren tomar nota los toreros, consignemos también que Vicente Pastor toreaba en Madrid varios domingos seguidos y algunos jueves intermedios, sin preocuparse de que pudiera cansar al público, porque salía siempre dispuesto
Entonces el cartel no se defendía y conservaba por no torear en Madrid, sino por torear: Así se hizo él al público y el público a él"
La cosa llegaba hasta tal punto que había aficionados madrileños (Antonio Díaz Cañabate, entre ellos) que eran más partidarios de Vicente que de Joselito y Belmonte, lo que ya es decir.

El sarcástico Belmonte recordaba años después al Caña, esa circunstancia, cuestionando, con ello, la calidad que, como aficionado, pudiera tener el crítico de ABC.
Pastor el día que cortó la primera oreja que se concedía en la Plaza de Madrid. a un toro de Concha y Sierra. 2 de octubre de 1910 (Fotografía publicada en Nuevo Mundo)

Ha muerto el Pana

Rodolfo Rodríguez "El Pana"- Apizaco (22/02/1952) - Guadalajara (02/06/2016)

jueves, 2 de junio de 2016

Manzanares ¡Lloran los corazones!

Por Paco Carmona




"Los tormentos de mis negras duquelas,
no se los mando ni a mis enemigos.
Que yo soñaba con clavito y canela,
me despertaron pa´ darme castigo....
Romance de Juan de Osuna.
(León, Quintero y Quiroga)


Lloran los corazones...

Y Manzanares dijo ¡basta! Transformó el llanto en cante, el toreo se hizo carne y tanto estilismo y descrédito, lo ha convertido en arte.

De la amarga soledad, a los cuatro o cinco naturales, más hermosos y más naturales, que jamás antes pudo dar.

Ha llorado tanto este hombre, que le ha crecido el corazón. Pecho, cintura y compás. Y las camisas, que se parten de nuevo.

Cuando el toreo se hace con tanto arte, sufren hasta los ecos del cante.



Manzanares. Toreo de capote, muleta y estoque (Fotos de Mundotoro y Emilio Méndez -la segunda-)

Detrás de una gran faena siempre hay un gran toro. Esta vez el toro elegido para que Manzanares volviera a la vida fue Dalia de Victoriano del Río; Su muerte propició la resurrección del alicantino.

miércoles, 1 de junio de 2016

Cuaderno de notas (LXXXV) ¡Qué venga otro...!


Natural de Sebastián Castella en la corrida de Adolfo Martín (Fotografía de Javier Arroyo)


"Qué venga otro y que toree los Adolfos así de despacio!

Declaraciones de Sebastíán Castella a Canal Plus (en la Corrida de Beneficencia. Madrid, 1 de junio de 2016)

martes, 31 de mayo de 2016

Madrid dice sí a la épica (pero ignora el buen toreo)

Por Clarito


Rafaelillo ¡Así se lidia! (Fotografía de Mundotoro)

Madrid se entusiasma con la épica.

Aunque históricamente en Madrid han triunfado toreros de todas las cuerdas, esta plaza ha reservado siempre su corazón para los toreros más valientes. El negro Frascuelo fue, en el XIX, el paradigma. Y es que, en Madrid, el toro fiero y el torero capaz de hacerle frente han causado siempre furor

Eso fue lo que pasó ayer en el cuarto toro de la corrida de Adolfo Martín. Un toro muy quedado, bronco, de medias arrancadas y agarrado al piso (toda la corrida, hasta los más nobles, sacaron este defecto), un toro muy difícil de torear al que Rafaelillo se enfrentó con un descaro y una frescura, como se decía antes, que encandiló al público venteño.

El de Murcial, desplegó, ante ese astado, un impresionante arsenal de recursos técnicos. El toro no tenía muchos pases (en mi opinión ¡no tenía ni uno!) y Rafaelillo supo hacerle una faena por la cara, valiente, muy emocionante, con medios pases, muy inteligente. Tiró de oficio para montar una faena impensable e imposible. Con la muleta retrasada (el cáncamo en el segundo muslo) y yendo siempre, de modo sistemático, a buscar el pitón contrario que era lo que pedía ese toro (y lo que pedía el público, porqué no decirlo), acabó sacando agua de un pozo que parecía vacío y sin fondo. 

Además, Rafaelillo supo escenificar muy bien la situación. Lo que gustó a la mayoría tanto como desagradó a algunos (muy pocos) aficionados. Hacen mal. El toreo no es sólo pases y estocadas, lidia y exposición, sino también un juego, un espectáculo donde la comunicación con el público es clave y, también en eso, estuvo sobresaliente el murciano, Quizás por eso, su faena ha transmitido tanto a los que estaban en la plaza y a algunos de los que estábamos en casa viendo la televisión. A mí me ha entusiasmado. ¡Viva la épica!

Rafaelillo, y es lo que importa, triunfó lidiando al modo heroic. aunque, pese a matar bien, no le dieron la oreja, . El presidente sabrá porqué. Yo, de los presidentes de Madrid, ya tengo hecha mi opinión.

Sencillamente, carecen de sensibilidad. No saben.

Castella ¡Asi se torea! (Fotografía de Javier Arroyo publicada en facebook)

El buen toreo parece que no gusta en Madrid

El éxito de Rafaelillo era lógico y explicable, por el tipo de toro, por el carácter del torero y por el planteamiento de la faena. Lógico y explicable en una plaza donde todavía se valora la lidia y se agradece ese toreo antiguo de lucha y riesgo que tanto nos gusta a nosotros. Empero, lo que pasó con Castella resulta sin embargo, inexplicable.

Intentemos explicarlo aunque el problema, para mí, no estuvo en el ruedo sino en la actitud de los espectadores.

Es cierto que Castella es un torero frío, muy frío, que no hace ninguna concesión al público, ningún gesto para la galería. Pero  no es menos cierto que ayer derrochó torería y buen gusto. Elegancia y ritmo. Soltar y recoger. Llevar y conducir. Torear. El mejor toreo posible, para más inri, con dos grises de esos que se dice que son fieras corrupias. Fieras corrupias menos cuando los torean las figuras. Los dos del lote de ayer de Castella, lo serían pero, si lo fueron, parecían dos babosas en sus manos. Cuando se torea con tanto valor, con tanta firmeza y con tanto sentido del toreo, los toros siempre parecen mejores de lo que son.

Fue una faena soñada. De ensueño. De leve juego de muñecas. De movimientos justos y precisos.

¡Que manera de torear!

Pese a ello, Castella tuvo a la plaza en contra. No era el ambiente frío de la indiferencia sino el ambiente crispado y descaradamente a la contra. Sus dos actuaciones fueron subrayadas por ese constante punteo de pitiditos, palmitas de tango y conatos de protestas que, en Madrid, jalonan siempre la actuación de los toreros punteros y subrayan su categoría. Torero al que, en Madrid no piten, no es figura del toreo.

Pero es algo difícil de comprender. Se pide que las figuras toreen corridas duras y cuando una figura lo hace, tiran a degüello. Si no está bien con esos toros, lo machacan pero si está bien, como estuvo Castella, también lo intentan destrozar.

¿No será que esos aficionados, temen que estos toreros pongan en evidencia a esas ganaderías y el mito que las sustenta?

Y es que Castella ha toreado a sus dos Adolfos con una firmeza y una tranquilidad enervante para algunos. Como si se trataran de dos toros domeqcsticados. Igual, igual. Lento, suave, templado. Un toreo muy caro.

¿O será que lo que, de verdad, gusta en esta plaza es que el torero ande a merced del toro y lo que irrita es que un torero esté por encima de ellos?

No lo sé. El caso, es que el público, no entró en la faena y Castella se dedicó (como confesaría en los micrófonos del plus) a torear para si mimo.

Una suerte para nosotros.


Dos conceptos del toreo

Público al margen, ayer, en Madrid, pudimos disfrutar del toreo en su máxima expresión. En toda la extensión de la palabra. Dos conceptos distintos y dos modos de torear distintos.

El toreo cambiado, de poderle al toro que se defiende, con el torero metiendo la pierna continuamente para robar los pases, en dura y emocionante pelea. Toreo para gustos fuertes.

Y el toreo en redondo, con el torero en su centro, respetando el viaje natural del toro, acariciando sus embestidas con desmayo y elegancia máximas. Un toreo para buenos paladares

El toreo es muy amplío, muy variado y muy grande. Por tanto, ¡viva el toreo!

¡Viva todo el toreo! ¡Todo!

Castella medita. Torear para uno mismo y con el público a la contra es más difícil que torear sólo contra el toro (Fotografía de Mundotoro)

domingo, 29 de mayo de 2016

El codilleo (II) En nuestros días

Por Jose Morente
La verónica de Juan Belmonte (años 13-20) Los brazos van desemparejados (a diferencia de la verónica antigua donde ambos brazos se movían a la par). La mano de salida, por encima del hombro, despide al toro. La de dentro, con el codo doblado (codilleando) lo sujeta.
Verónica de Gitanillo de Triana (Principios de los años 30). Al igual que en la verónica de Belmonte, Curro Puya lleva los brazos desemparejados y el de dentro con el codo pegado al cuerpo (codilleando) para conseguir que el toro pase lo más cerca posible del cuerpo del torero.
La mano de salida va sin embargo más baja que la de Juan, lo que le fue criticado por romper la ortodoxia belmontista. Sin embargo, esa verónica de mano más baja estaba prefigurando el moderno toreo de capa

Cuando lo negativo se vuelve positivo

Comentábamos en la anterior entrada que codillear, torear "con los codos pegados al cuerpo", era, a principios del siglo XX, un defecto pues se consideraba que ese movimiento, que traía causa en la torpeza (desconocimiento) o en el miedo (instinto defensivo), impide el adecuado control o gobierno de la embestida del toro.

Hoy, por el contrario, se codillea, de forma intencionada "a la mayor gloria del toreo". Exagerando, podríamos decir (Paco Carmona, dixit) que "sin codillear ya no se puede torear

¿Que ha ocurrido? ¿Porque y cuando se ha producido ese cambio tan radical? ¿En que momento lo que antes era defecto a evitar se convierte en un valor positivo a buscar?

Hemos buceado en nuestra biblioteca taurina así como en las impagables bibliotecas y hemerotecas virtuales, intentando seguir la pista de ese concepto y de su evolución. Y, en esa búsqueda, hemos encontrado un número razonable de referencias aisladas (algunas muy interesantes) pero ningún estudio serio y sistemático sobre el codilleo.

Desde que surgió nuestro interés por este tema, gracias a una conversación con Fernando Farfán, sólo han transcurrido veinticuatro horas. Poco tiempo para elaborar una tesis doctoral. Lo que sigue es pues una investigación tan apasionada como apresurada. Una primera lectura (bastante sugerente por cierto) que esperamos poder ir ampliando y reescribiendo a medida que aparezca nueva información que arrojen más luz sobre un tema que aquí sólo vamos a poder esbozar.

Pero no nos demoremos. Entremos en materia


Soplan vientos de cambio en el toreo


A principios del siglo XX, época de José y Juan, el toreo sufriría un cambio radical. El torero empieza a pararse ya intentar torear lo más cerca y más despacio posible del toro.

Será en la Edad de Plata, cuando estos cambios se consoliden. Son los años del parón (esa "paradhina" que hacían los toreros a mitad del lance, componiendo la figura y permitiendo espectaculares fotografías antes impensables) y son los años del toreo de muleta ligado y en redondo (cuando los públicos iban coreando los naturales que los toreros daban: ¡uno, dos, tres, cuatro,...!).

Una época emocionante, por las propuestas de los toreros y, al mismo tiempo, dramatica por mor de un toro todavía no adaptado a esas innovaciones

Hemos encontrado un texto clave de un testigo de excepción para explicar todos esos cambios. El testigo se llama Gregorio Corrochano y el texto, un artículo que se publicó en Blanco y Negro en junio del año 32 y que se titulaba "La ganadería de Miura en el laboratorio".

El artículo de Corrochano publicado el 26-06-1932 y que se puede leer e la Hemeroteca Digital del ABC
Es un texto muy interesante porque no sólo certifica el cambio de orientación del toreo sino que lo pone en relación con el necesario cambio en los criterios de selección del ganado de lidia. El toreo estaba cambiando y el tipo de toro también tenía que cambiar.

Según Corrochano, en esos años ya no se valoraba -como antaño- "un toro que tirase cornadas y un torero que las esquivase con agilidad y recursos". Eso ya había pasado a la historia. Los ganaderos ya no seleccionaban las vacas que "se deshacían los cuernos contra el estribo del tentador".  Ni siquiera Miura lo hacía ya así.

Al toro antiguo con nervio, seleccionado para tirar cornadas, que se revuelve pronto, no se le puede codillear, exige un toreo de expulsión, hay que intentar despegarlo del cuerpo. El defecto mayor en el toreo antiguo, era lógicamente el de codillear.

Por el contrario, el toreo artístico y reunido que empezaba a imponerse, se basaba en hacer pasar al toro, ahora más pastueño y boyante, menos fiero (más doméstico dice Corrochano) lo más cerca posible del cuerpo del torero. Codillear se convierte en meritorio.

Son, según él, dos sistemas radicalmente diferentes: en uno, el sistema antiguo, el torero debe acoplarse al toro; en otro, el sistema moderno, es el toro el que debe acoplarse al torero. Corrochano, como buen crítico conservador, prefiere el sistema antiguo pero el cambio, le guste o no, se ha producido ya. Hemos pasado (como diría Pepe Alameda) del toro determinante al toro determinado. Y el codilleo se ha convertido en virtud.

Verónica de Manolo Bienvenida a un toro de Miura en la corrida que provocó el artículo de Corrochano que comentamos. Aunque la calidad de la reproducción no es nada buena, se aprecia como la verónica de Bienvenida es técnicamente la misma que la verónica de Curro Puya, siquiera la estética sea harto diferente (ABC)
Aunque menos evidente que en el capote, el codilleo llegó también, en los años 30, al toreo de muleta. En la imagen, impresionante natural de Curro Puya. Toda la esencia de la gitanería trianera condensada en un sólo muletazo

El codilleo en nuestros días

Por todo eso, aunque los aficionados conservadores e incluso algunos toreros de nuestros días, siguen considerando el codilleo como defecto, hoy se ha convertido en una técnica que se cultiva y propicia.

Creo que sólo dos testimonios son suficientes para demostrarlo.

Decía hace poco Benjamín Bentura Remacha que hoy "hay toreros que hasta se regodean con el codilleo y proporciona a su intérprete una especial cualidad emocionante y artística que se transmite al público".

Finito de Córdoba toreando en un tentadero con el codo del brazo de salida, intencionadamente pegado al cuerpo. Finito se regodea en un codilleo buscado "a mayor gloria del toreo" (Fotografía del blog de Enrique Romero, Toros para todos)
Y, hace unos tres años, Paco Ojeda declaraba en una entrevista al Diario de Sevilla, lo siguiente:
"Supongo que he aportado, entre otras cosas, un toreo muy cerquita, con quietud, con el parón. En la época en la que lo hice la década de los ochenta había muy pocos. Fue como una innovación. Arriesgué. En ese momento fui criticado y también admirado. Lo bueno es no parecerte a nadie. 
Yo fui fiel a mí mismo. Sentir ese calor del toro pasando cerca, codillear, fueron cosas que algunos quizás no lo entendieron en ese momento. Mis aportaciones más grandes han sido innovar y ser fiel a mí mismo. En aquel momento me pudieron crear dudas y que yo hubiera cogido el camino fácil, pero nunca dudé en seguir mi camino".


El toreo de cercanías y parón, como el de Paco Ojeda, obliga a codillear incluso en los cites, para colocar la muleta donde la pueda ver el toro.
(Continuará)

sábado, 28 de mayo de 2016

El codilleo (I) En los viejos tiempos

Por Jose Morente
Aunque hoy todos los toreros recurren, en ocasiones, al codilleo, es el Juli uno de los que más y mejor utilizan ese mecanismo técnico pata ajustar la posición de los engaños a la embestida del toro (Verónica en San Sebastián. Desconozco el autor de la Fotografía)
Con el codilleo ocurre lo mismo que con tantos y tantos términos tradicionales del toreo (el pico, adelantar la pierna de salida, los toques, etc,) y es que puede utilizarse de forma incorrecta o ventajista o, por el contrario, puede emplearse o aplicarse de la forma más adecuada, correcta y necesaria.


Codillear. Una definición (y una visión) negativa
Codillear.- Manera de manejar la capa o muleta, al verificar las suertes, con los codos pegados al cuerpo y jugando o moviendo solamente las manos y el antebrazo; y la tendencia a torear así (Cossío. Los Toros, Tomo I. pág. 42
Aunque la definición que da Cossío parece bastante aséptica, sin embargo, se convierte en negativa con el ejemplo que la acompaña.

Como el de Cossío es un Vocabulario autorizado, cada definición viene con su correspondiente cita que, en este caso, corresponde a Federico M. Alcázar quien afirma que sólo "se codillea por miedo o por torpeza".

No estoy de acuerdo. La definición de Alcázary, aunque es de 1936 (que es cuando escribe su "Tauromaquia moderna", libro de donde Cossío saca la cita), parece ignorar que, por el toreo, ya había pasado Juan Belmonte García. Lo que es mucho ignorar.

Alcázar un gran revistero taurino, era un pésimo tratadista, confuso y errático y su definición corresponde a una visión demasiado arcaica del término cuando el codilleo se consideraba un grave defecto.

Y es que, en el siglo XIX, lo importante era conseguir que el toro pasara (siquiera fuese fugazmente) y para eso "sacar los brazos" (que es como las viejas tauromaquias llamaba a la acción de extenderlos) resultaba primordial.

En el toreo antiguo (siglo XIX) lo importante era sacar bien los brazos, estirar los brazos para expulsar al toro del terreno del torero. En el caso de Bombita (en la foto) estamos ya en fase de transición, los brazos están ya desemparejados y el de salida (muy estirado al contrario que en el caso del Juli) va  ya hacia atrás para conseguir que el toro se quede colocado en posición adecuada para el siguiente capotazo.
(Otro detalle, aunque quizás no venga al caso. Bombita inició la moda de abrir exageradamente el compás al cargar la suerte con los brazos. De ahí derivó la tendencia moderna que luego se impondría de valorar el toreo compás abierto -la pata 'alante- que antiguamente -según F. Bleu- se consideraba propio del toreo basto)
En la Hemeroteca Digital (donde he rastreado el término), la expresión codillear se utiliza siempre y desde 1898 (fecha de la primera referencia localizada) en sentido negativo

La más interesante es una referencia de Palmas y Pitos de 1915. Se trata de la reseña de una novillada en Barcelona donde actuaba Fortuna. Y es que, en esta ocasión, al habitual texto reprobatorio, le acompaña una fotografía del lance cuestionado.

Fotografía publicada en Palmas y Pitos el 24 de mayo de 1915 acompañando una reseña de una novillada en la Ciudad Condal. Fortuna en un ayudado por bajo.
El texto dice lo siguiente:



El codilleo belmontista.

Sin embargo, lo que, al principio se veía como defecto, codillear o torear sin despegar los codos del cuerpo, acabó considerándose, en cierto modo, una virtud pues permitía pasarse al toro muy cerca del torero.

El toreo belmontista de exposición y aguante maximos (un toreo anunciado ya antes por el Espartero y Antonio Montes) se impuso y el toreo acabó tomando unos nuevos derroteros. Si el objetivo en el siglo XIX era defenderse y conseguir pasar al toro lejos del torero, ahora lo que se empezói a valorar era pasarse al toro lo más cerca posible.

Los gustos del público estaban cambiando. De ser considerado defecto cuando se hacía por torpeza o miedo, el codilleo pasa a valorarse como un medio técnico positivo, cuando trae causa en la decisión consciente del torero de ajustar la embestida del toro a su cuerpo.

Veamos otra reseña muy interesante también de Palmas y Pitos y también de una novillada donde actuaba Fortuna. Aunque esta vez el "codilleante" es Pepe Zarco del que se dice lo siguiente:

En la reseña se habla de ceñirse por codillear, por azar o por valentía. Aunque el codilleo se sigue considerando defecto, empieza a vincularse con el ceñirse que puede ser, a veces, rasgo de valor (Palmas y Pitos. 28 de marzo de 1916)
Volvamos a Belmonte. Antonio de la Villa cuenta (en Belmonte, el nuevo arte de torear. Pág. 92) que cuando ese torero hizo uno de sus primeros tentaderos en casa de Urcola, este le dijo:


La solución propuesta por Calderón ese mismo día cuando volvían en tren de la finca de Urcola, era bien sencilla. Ponerle unas tablillas en los codos para llevar los brazos como si fueran aspas de molino:



Belmonte pasó de la verónica codilleando.... (Galería fotográfica Los de José y Juan)
A estirar los brazos cual aspas de molino (Fotografía publicada en Mundo Gráfico)
En realidad, la solución no lo era tal, y el codillear de forma intencionada acabaría imponiéndose y se convertiría en seña de identidad del estilo belmontista. Lo será también de todo el toreo posterior hasta llegar a nuestros días.

Pero eso, lo contaremos en la próxima entrega

(Continuará)