Dedicado a Mario Carrión, geómetra del toreo teórico y práctico
Dos geómetras del toreo en clase práctica. Torean al alimón, Ortega G. y Ortega D.
Que el toreo es geometría se suele decir mucho pero lo que ya no está tan claro es cual es la rama de la geometría que mejor lo representa: ¿la geometría euclidiana, la analítica, la descriptiva? ¿O quizás, la moderna geometría fractal o la aún más moderna geometría dinámica?
No parece que la compleja geometría descriptiva sea la que mejor represente el toreo.
Uno de los primeros que reparó en esto, en que el toreo es geometría, creo que fue José Ortega y Gasset quien explicó, en su libro la Caza y los Toros, recuperando unos versos de Zorrilla, que el torero es la vertical y el toro la horizontal y que en el tiempo que tarda el toro en recuperar su posición está el secreto y la posibilidad del torear.
La introducción del factor tiempo (clave en el toreo) nos lleva de la geometría euclidiana a la geometría dinámica o a la mecánica clásica
Vamos a ir nosotros un poco más lejos, de lo que lo hizo Ortega y Gasset, pero no mucho. Lo suficiente para ver si conseguimos fijar un par de conceptos básicos sobre los que creo que hay demasiada confusión porque cuando a los aficionados se nos mete una idea entre ceja y ceja (ya se llame pico, toque o cargar la suerte) ¡amigo!, entonces no hay nada ni nadie capaz de sacarnos de nuestras creencias ¡Bueno fuera!
Un modelo teórico: Una faena tipo
Vamos a hablar sólo del toreo de muleta y de cosas muy elementales y vamos a plantear una posible faena estándar o faena tipo que nos servirá de modelo. Sería la siguiente:
El torero parte de las tablas y lleva al toro a los medios (al centro del ruedo). Una vez allí, le da unos cuantos pases y finalmente regresa para matar al toro al abrigo de las tablas.
O sea que nuestra teórica faena tipo tendría tres fases:
La primera y la tercera consisten en llevar al toro de un punto a otro de la plaza (de las tablas a los medios o de los medios a las tablas que tanto monta. La fase segunda consiste en torear en los medios consiguiendo que el toro gire alrededor del diestro.
Resulta evidente (a mí me lo resulta) que lo adecuado en una fase no puede ser lo adecuado en otra. Dicho de otra forma, el mecanismo técnico empleado por el torero para desplazar al toro, para hacerlo ir de tablas a los medios (o al revés) avanzando en línea recta (fases 1 y 3), no puede ser la misma técnica que se debe utilizar cuando se encuentra el torero quieto y hace girar al toro en su derredor (fases 2).
No puede ser la misma técnica y, desde luego, no lo es.
No es lo mismo andar con el toro que torear permaneciendo quieto en un punto del ruedo. En la foto, Domingo Ortega en magnífico pase por alto de inicio de faena andándole al toro
El toreo de pitón a pitón (fases 1 y 3)
Como se trata de llevar al toro de un punto a otro de la plaza, el torero tendrá que ir avanzando, dando pasos hacia adelante y dando pases alternativamente por un pitón y luego por el otro (toreo de pitón a pitón). El torero avanza en línea más o menos recta mientras que el toro hace un recorrido en zig-zag (los famosos “ochos”)
Domingo Ortega torea de pitón a pitón. Torea en ochos.
En ese avance al pitón contrario entre pase y pase, el torero podrá mover la pierna de salida en el momento del cite, antes del cite o (lo que sería el súmmum) una vez arrancado el toro.
El caso es ganarle terreno al toro. Se trata de desplazar el toro hacia afuera y, por tanto, cargar la suerte se convierte en característica distintiva de este modo de torear (entendiendo cargar la suerte, en su sentido impropio, como avanzar la pierna de salida).
A este principio lo llamaremos Teorema de Ortega D (Domingo, no Gasset) que es de fundamental y casi obligado cumplimiento en estas fases 1 y 3. Lo enunciamos así:
“El torero le gana terreno al toro desplazándose al pitón contrario entre pase y pase, cargando la suerte”.
En esta entrada llamamos cargar la suerte a como se entiende vulgar y erróneamente este concepto hoy día. O sea, avanzar la pierna de salida. No es técnicamente correcta esa acepción. Cargar la suerte es cargar el peso en la pierna de salida (se avance ésta o no). En la foto, Domingo Ortega aplicando su teorema, cargando la suerte o sea, cargando el peso del cuerpo en la pierna de salida que avanza para desplazar el toro hacia afuera lejos del cuerpo del torero.
En las fases 1 y 3 (toreo de pitón a pitón), se avanza la pierna de salida bien para dominar al toro (Fase 1) bien para adornarse o ahormar su cabeza preparando la estocada (Fase 3).
Fernando el Gallo recortando al toro. Esta fotografía de Laurent, muy difundida pero rara vez se reproduce entera, permite ver como el toreo antiguo (casi siempre de pitón a pitón) utilizaba (y no sólo en el tercio de varas o banderillas como ocurre hoy día) todo el ruedo para desarrollarse. Hoy, la teoría de los terrenos (en boga entonces) ha perdido consistencia pues se torea (con la muleta) en un espacio mucho más reducido y acotado.
El toreo en redondo (Fase 2)
Por el contrario, en la fase 2, se trata de mantener el torero su posición. Avanzar no sólo sería contradictorio sino que constituye una ventaja inaceptable pues la trayectoria del toro debe ser hacia adentro no hacia afuera (toreo de reunión, no de expulsión).
En el toreo en redondo, la pierna no avanza sino que se retrasa ligeramente para llevar el toro hacia dentro, hacia detrás del cuerpo del torero. En la foto, espléndido muletazo de Paco Camino.
En esta fase, la aplicación del Teorema de Ortega D (Domingo, no Gasset) no tendría ninguna coherencia técnica. Lo normal, lo correcto y lo adecuado será aplicar el que llamaremos Teorema de Ortega G (Gasset, no Domingo) y que ya hemos citado:
“El torero es la vertical y el toro la horizontal”
Portada del libro de Ortega y Gasset “La caza y los toros” en edición de Espasa Calpe, Madrid, 1962.
Hay matices, pues mantener la posición (torear en redondo) es mucho más complicado que desplazar al toro hacia afuera (torear de pitón a pitón). En efecto, si el toro aprieta el torero debe realizar movimientos intermedios entre pase y pase para ajustar o corregir su situación. Que dichos movimientos sean los mínimos, es lo deseable. Pero lo ideal es mantener la posición.
En el siglo XIX, se consideraba lo más perfecto hacerlo con el compás cerrado y muy erguido el torero (Eso ha sido lo más clásico). Además, mientras más pases seguidos se daban, más se valoraba al torero.
El cite clásico. El cuerpo erguido y los pies juntos. Joselito de novillero (15/07/1912)
En la Historia del toreo de Bedoya (1850), la posición de los pies juntos se presuponía como ideal hasta para la estocada recibiendo (En la imagen reproducción de la lámina 4ª “Pedro Romero. Famoso matador de toros”)
No obstante, en esa posición alargar el trazo del muletazo no es fácil. Para aumentar el mando hay que abrir más el compás (como puntualizara Amós Salvador). En ese caso, para girar el cuerpo una de las dos piernas debe mantener la posición. Joselito el Gallo, por ejemplo, mantenía fija la pierna de salida (la izquierda en el pase natural) igual que años después han hecho algunos toreros de nuestros días.
Portada de la Lidia del día 04/10/1915 reproduciendo uno de los cuatro naturales ligados que dio Joselito (quien gustaba del toreo en redondo) en Madrid el 26 de septiembre del año 15 y que tanto revuelo armaron. En ese mismo número se incluía la crónica (de la que reproducimos un párrafo) de la corrida del domingo 3 de octubre, donde se indica como el diestro de Gelves mantenía fija la pierna de salida al final del pase natural.
Sin embargo, los toreros actuales –en vuelta de rosca- mantienen fija la pierna de entrada (la derecha en el natural por la izquierda) y desplazan hacia atrás (al grandón toro de nuestros días hay que dejarle sitio para que no arrolle) la pierna de salida, en ajuste reducido al mínimo y consiguiendo en muchas ocasiones no tener que reponer (moverse) entre pase y pase.
En las primeras imágenes se comprueba que el torero (José Tomás) ha mantenido fija la pierna de entrada y retrasado la pierna de salida, la del lado del muletazo (en este caso, la derecha por tratarse de un pase con la derecha) para alargar el trazo de este detrás de la cadera hasta lo indecible. Si sólo mostráramos las imágenes 4 y 5 (o la 1) parecería que el torero ha cargada la suerte en el sentido impropio en el que se entiende hoy ese término. El análisis del toreo a partir de la fotografía exige extremar el rigor y la honestidad para no propiciar el engaño.
En la fase 2 se torea en redondo, manteniendo el torero su posición como eje del recorrido del toro alrededor suyo. Perder los pasos es recurso, a veces necesario, pero lo ideal es mantener fija una pierna (ya sea la de salida o la contraria).
Más matices. Sobre el tipo de toro
Estos dos tipos de toreo o dos formas de torear no sólo son aplicables geométricamente y en relación a los terrenos de la plaza sino, como recordaba y precisaba Fernando Cámara en anterior entrada del blog, están en función del tipo de toro y del carácter ofensivo o defensivo de su embestida.
En efecto, el toro fiero y de poder exige el toreo de pitón a pitón, defensivo y arcaico, donde el torero debe tomar necesariamente todas las ventajas o recursos que fuesen precisos: Cruzarse al pitón contrario, echar la pierna adelante y tocar con la muleta hacia afuera.
El toro fiero y de poder como era, por definición, el toro antiguo (la definición era, en ese caso, la falta de castigo en varas) exige un toreo dominador de pitón a pitón, sobre las piernas y cargando la suerte. Ese toreo con ese tipo de toro encierra un enorme mérito.
Por el contrario, con el toro noble y bravo, lo más correcto es el toreo en redondo sin perder la posición pues este tipo de toro permite el toreo estático y sin ventajas.
El toro noble y bravo, por definición el toro moderno (la definición en este caso, es la selección ganadera) admite el toreo en redondo, estático y sin ventajas. Ese toreo con ese tipo de toro encierra un enorme mérito.
En el primero caso, la emoción la pone el toro. En el segundo, la capacidad de aguante del torero.
Conclusiones.
El Teorema de Ortega D es aplicable y exigible sólo cuando debe desplazarse al toro, cuando hay que llevarlo de un lado a otro de la plaza. Esto es, cuando se torea de pitón a pitón, en cuyo caso ganar el pitón contrario (cargar la suerte en sentido impropio) es casi imprescindible.
Cuando se torea en redondo (que, a fin de cuentas, es el toreo fetén) ese axioma no es, en general, aplicable salvo en caso de necesidad (Hay toros a los que si no se les ataca -avanzando hacia ellos- no repetirían). En el toreo en redondo, tiene máxima aplicación por el contrario, el otro teorema, el Teorema de Ortega G, debiendo mantener el torero su posición sin enmienda o con la mínima enmienda posible.
Una hipótesis refutada
Por todo ello, considerar y sostener que, cuando no se avanza la pierna de salida (lo que se confunde con cargar la suerte), se destorea (palabra no sólo fea sino equívoca y puede que insultante) es, en mi opinión, un error conceptual que revela un preocupante desconocimiento de los mecanismos técnicos intrínsecos del buen toreo.
Dicho de otra forma y para que no quepa la menor duda, suponer que, los toreros que aplican el Teorema de Ortega G, destorean y que, por el contrario, los que practican el Teorema de Ortega D, lo hacen con máxima pureza, es erróneo.
Un catedrático del toreo explicando su teoría. Domingo Ortega en traje de calle en el Festival de homenaje a Nicanor Villalta. El teorema de Ortega D ha sido muy difundido y divulgado pero lo que nadie cuenta es que Domingo Ortega toreaba siempre de pitón a pitón (como hacía también Juan Belmonte) y rarísima vez en redondo. Tampoco dice nadie que Ortega (que preconizaba la reglas de parar, templar, cargar y mandar) no paraba pues toreaba siempre andando a los toros. Curioso modo este de incumplir su propio precepto. Ortega fue un grandísimo torero pero omitir estos datos (clave en estos temas) es falsear las cosas y se presta a engaño.
Cada cual puede preferir lo que le guste. Es cierto. Pero nadie tiene derecho a acusar (como hacen algunos aficionados) de ventajistas a los toreros que no toman ventajas. A los que torean en redondo como mandan los cánones (los cánones del toreo en redondo, por supuesto).
Resulta surrealista acusar de ventajistas a los toreros que menos ventajas han tomado toreando.
Corolario
Los aficionados geómetras que conocen y comprenden estos dos teoremas de Ortega (y estos dos modos de toreo) están preparados para disfrutar plenamente del toreo en toda su magnífica extensión.
Por el contrario, aquellos otros aficionados que sólo conocen, aceptan y admiten uno de estos dos teoremas (generalmente los partidarios del teorema de Ortega D) tienen limitado su campo de visión y sólo alcanzaran a entender la mitad de la historia del toreo.
Desde luego, difícilmente comprenderán y mucho menos llegarán a disfrutar y valorar, plena y cabalmente, las interesantes propuestas que están haciendo los toreros actuales…cuando torean en redondo.
Manolete y Domingo Ortega en animada y simpática conversación en una habitación del Hotel Victoria en julio de 1944. Dos magníficas y espléndidas líneas del toreo frente a frente.
¿Por qué renunciar a una de ellas?