miércoles, 25 de julio de 2012

Introducción a la geometría taurina (I) Los dos teoremas de Ortega

Dedicado a Mario Carrión, geómetra del toreo teórico y práctico

 

Ortega y Ortega 02

Dos geómetras del toreo en clase práctica. Torean al alimón, Ortega G. y Ortega D.

Que el toreo es geometría se suele decir mucho pero lo que ya no está tan claro es cual es la rama de la geometría que mejor lo representa: ¿la geometría euclidiana, la analítica, la descriptiva? ¿O quizás, la moderna geometría fractal o la aún más moderna geometría dinámica?

000491968 geometria descriptiva

No parece que la compleja geometría descriptiva sea la que mejor represente el toreo.

Uno de los primeros que reparó en esto, en que el toreo es geometría, creo que fue José Ortega y Gasset quien explicó, en su libro la Caza y los Toros, recuperando unos versos de Zorrilla, que el torero es la vertical y el toro la horizontal y que en el tiempo que tarda el toro en recuperar su posición está el secreto y la posibilidad del torear.

71229_1 Mecanica clasica

La introducción del factor tiempo (clave en el toreo) nos lleva de la geometría euclidiana  a la geometría dinámica o a la mecánica clásica

Vamos a ir nosotros un poco más lejos, de lo que lo hizo Ortega y Gasset, pero no mucho. Lo suficiente para ver si conseguimos fijar un par de conceptos básicos sobre los que creo que hay demasiada confusión porque cuando a los aficionados se nos mete una idea entre ceja y ceja (ya se llame pico, toque o cargar la suerte) ¡amigo!, entonces no hay nada ni nadie capaz de sacarnos de nuestras creencias ¡Bueno fuera!

 

Un modelo teórico: Una faena tipo

Vamos a hablar sólo del toreo de muleta y de cosas muy elementales y vamos a plantear una posible faena estándar o faena tipo que nos servirá de modelo. Sería la siguiente:

El torero parte de las tablas y lleva al toro a los medios (al centro del ruedo). Una vez allí, le da unos cuantos pases y finalmente regresa para matar al toro al abrigo de las tablas.

O sea que nuestra teórica faena tipo tendría tres fases:

Fases de la faena

La primera y la tercera consisten en llevar al toro de un punto a otro de la plaza (de las tablas a los medios o de los medios a las tablas que tanto monta. La fase segunda consiste en torear en los medios consiguiendo que el toro gire alrededor del diestro.

Resulta evidente (a mí me lo resulta) que lo adecuado en una fase no puede ser lo adecuado en otra. Dicho de otra forma, el mecanismo técnico empleado por el torero para desplazar al toro, para hacerlo ir de tablas a los medios (o al revés) avanzando en línea recta (fases 1 y 3), no puede ser la misma técnica que se debe utilizar cuando se encuentra el torero quieto y hace girar al toro en su derredor (fases 2).

No puede ser la misma técnica y, desde luego, no lo es.

1944-07-30 Barcelona D Ortega una de sus grandes faenas 002

No es lo mismo andar con el toro que torear permaneciendo quieto en un punto del ruedo. En la foto, Domingo Ortega en magnífico pase por alto de inicio de faena andándole al toro

 

El toreo de pitón a pitón (fases 1 y 3)

Como se trata de llevar al toro de un punto a otro de la plaza, el torero tendrá que ir avanzando, dando pasos hacia adelante y dando pases alternativamente por un pitón y luego por el otro (toreo de pitón a pitón). El torero avanza en línea más o menos recta mientras que el toro hace un recorrido en zig-zag (los famosos “ochos”)

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Domingo Ortega torea de pitón a pitón. Torea en ochos.

En ese avance al pitón contrario entre pase y pase, el torero podrá mover la pierna de salida en el momento del cite, antes del cite o (lo que sería el súmmum) una vez arrancado el toro.

El caso es ganarle terreno al toro. Se trata de desplazar el toro hacia afuera y, por tanto, cargar la suerte se convierte en característica distintiva de este modo de torear (entendiendo cargar la suerte, en su sentido impropio, como avanzar la pierna de salida).

A este principio lo llamaremos Teorema de Ortega D (Domingo, no Gasset) que es de fundamental y casi obligado cumplimiento en estas fases 1 y 3. Lo enunciamos así:

“El torero le gana terreno al toro desplazándose al pitón contrario entre pase y pase, cargando la suerte”.

s.f. DOMINGO ORTEGA  FOTOS  IX

En esta entrada llamamos cargar la suerte a como se entiende vulgar y erróneamente este concepto hoy día. O sea, avanzar la pierna de salida. No es técnicamente correcta esa acepción. Cargar la suerte es cargar el peso en la pierna de salida (se avance ésta o no). En la foto, Domingo Ortega aplicando su teorema, cargando  la suerte o sea, cargando el peso del cuerpo en la pierna de salida  que avanza para desplazar el toro hacia afuera lejos del cuerpo del torero.

En las fases 1 y 3 (toreo de pitón a pitón), se avanza la pierna de salida bien para dominar al toro (Fase 1) bien para adornarse o ahormar su cabeza preparando la estocada (Fase 3).

Fernando el Gallo recortando al toro (Laurent)

Fernando el Gallo recortando al toro. Esta fotografía de Laurent, muy difundida pero rara vez se reproduce entera, permite ver como el toreo antiguo (casi siempre de pitón a pitón) utilizaba (y no sólo en el tercio de varas o banderillas como ocurre hoy día) todo el ruedo para desarrollarse. Hoy, la teoría de los terrenos (en boga entonces) ha perdido consistencia pues se torea (con la muleta) en un espacio mucho más reducido y acotado.

 

El toreo en redondo (Fase 2)

Por el contrario, en la fase 2, se trata de mantener el torero su posición. Avanzar no sólo sería contradictorio sino que constituye una ventaja inaceptable pues la trayectoria del toro debe ser hacia adentro no hacia afuera (toreo de reunión, no de expulsión).

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En el toreo en redondo, la pierna no avanza sino que se retrasa ligeramente para llevar el toro hacia dentro, hacia detrás del cuerpo del torero. En la foto, espléndido muletazo de Paco Camino.

En esta fase, la aplicación del Teorema de Ortega D (Domingo, no Gasset) no tendría ninguna coherencia técnica. Lo normal, lo correcto y lo adecuado será aplicar el que llamaremos Teorema de Ortega G (Gasset, no Domingo) y que ya hemos citado:

El torero es la vertical y el toro la horizontal

Portada La caza y los toros Ortega Austral 001

Portada del libro de Ortega y GassetLa caza y los toros” en edición de Espasa Calpe, Madrid, 1962.

Hay matices, pues mantener la posición (torear en redondo) es mucho más complicado que desplazar al toro hacia afuera (torear de pitón a pitón). En efecto, si el toro aprieta el torero debe realizar movimientos intermedios entre pase y pase para ajustar o corregir su situación. Que dichos movimientos sean los mínimos, es lo deseable. Pero lo ideal es mantener la posición.

En el siglo XIX, se consideraba lo más perfecto hacerlo con el compás cerrado y muy erguido el torero (Eso ha sido lo más clásico). Además, mientras más pases seguidos se daban, más se valoraba al torero.

1912-07-15 (Nuevo Mundo) Limeño y Gallito Foto Jose muleta

El cite clásico. El cuerpo erguido y los pies juntos. Joselito de novillero (15/07/1912)

Historia del toreo de Bedoya Estocada

En la Historia del toreo de Bedoya (1850), la posición de los pies juntos se presuponía como ideal hasta para la estocada recibiendo (En la imagen reproducción de la lámina 4ª “Pedro Romero. Famoso matador de toros”)

No obstante, en esa posición alargar el trazo del muletazo no es fácil. Para aumentar el mando hay que abrir más el compás (como puntualizara Amós Salvador). En ese caso, para girar el cuerpo una de las dos piernas debe mantener la posición. Joselito el Gallo, por ejemplo, mantenía fija la pierna de salida (la izquierda en el pase natural) igual que años después han hecho algunos toreros de nuestros días.

1915-10-04 La Lidia portada Joselito Natural

Portada de la Lidia del día 04/10/1915 reproduciendo uno de los cuatro naturales ligados que dio Joselito (quien gustaba del toreo en redondo) en Madrid el 26 de septiembre del año 15 y que tanto revuelo armaron. En ese mismo número se incluía la crónica (de la que reproducimos un párrafo) de la corrida del domingo 3 de octubre, donde se indica como el diestro de Gelves mantenía fija la pierna de salida al final del pase natural.

La lidia (1915-10-04) texto

Sin embargo, los toreros actuales –en vuelta de rosca- mantienen fija la pierna de entrada (la derecha en el natural por la izquierda) y desplazan hacia atrás (al grandón toro de nuestros días hay que dejarle sitio para que no arrolle) la pierna de salida, en ajuste reducido al mínimo y consiguiendo en muchas ocasiones no tener que reponer (moverse) entre pase y pase.

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En las primeras imágenes se comprueba que el torero (José Tomás) ha mantenido fija la pierna de entrada y retrasado la pierna de salida, la del lado del muletazo (en este caso, la derecha por tratarse de un pase con la derecha) para alargar el trazo de este detrás de la cadera hasta lo indecible. Si sólo mostráramos las imágenes 4 y 5 (o la 1) parecería que el torero ha cargada la suerte en el sentido impropio en el que se entiende hoy ese término. El análisis del toreo a partir de la fotografía exige extremar el rigor y la honestidad para no propiciar el engaño.

En la fase 2 se torea en redondo, manteniendo el torero su posición como eje del recorrido del toro alrededor suyo. Perder los pasos es recurso, a veces necesario, pero lo ideal es mantener fija una pierna (ya sea la de salida o la contraria).

 

Más matices. Sobre el tipo de toro

Estos dos tipos de toreo o dos formas de torear no sólo son aplicables geométricamente y en relación a los terrenos de la plaza sino, como recordaba y precisaba Fernando Cámara en anterior entrada del blog, están en función del tipo de toro y del carácter ofensivo o defensivo de su embestida.

En efecto, el toro fiero y de poder exige el toreo de pitón a pitón, defensivo y arcaico, donde el torero debe tomar necesariamente todas las ventajas o recursos que fuesen precisos: Cruzarse al pitón contrario, echar la pierna adelante y tocar con la muleta hacia afuera.

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El toro fiero y de poder como era, por definición, el toro antiguo (la definición era, en ese caso, la falta de castigo en varas) exige un toreo dominador de pitón a pitón, sobre las piernas y cargando la suerte. Ese toreo con ese tipo de toro encierra un enorme mérito.

Por el contrario, con el toro noble y bravo, lo más correcto es el toreo en redondo sin perder la posición pues este tipo de toro permite el toreo estático y sin ventajas.

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El toro noble y bravo, por definición el toro moderno (la definición en este caso, es la selección ganadera) admite el toreo en redondo, estático y sin ventajas. Ese toreo con ese tipo de toro encierra un enorme mérito.

En el primero caso, la emoción la pone el toro. En el segundo, la capacidad de aguante del torero.

 

Conclusiones.

El Teorema de Ortega D es aplicable y exigible sólo cuando debe desplazarse al toro, cuando hay que llevarlo de un lado a otro de la plaza. Esto es, cuando se torea de pitón a pitón, en cuyo caso ganar el pitón contrario (cargar la suerte en sentido impropio) es casi imprescindible.

Cuando se torea en redondo (que, a fin de cuentas, es el toreo fetén) ese axioma no es, en general, aplicable salvo en caso de necesidad (Hay toros a los que si no se les ataca -avanzando hacia ellos- no repetirían). En el toreo en redondo, tiene máxima aplicación por el contrario, el otro teorema, el Teorema de Ortega G, debiendo mantener el torero su posición sin enmienda o con la mínima enmienda posible.

 

Una hipótesis refutada

Por todo ello, considerar y sostener que, cuando no se avanza la pierna de salida (lo que se confunde con cargar la suerte), se destorea (palabra no sólo fea sino equívoca y puede que insultante) es, en mi opinión, un error conceptual que revela un preocupante desconocimiento de los mecanismos técnicos intrínsecos del buen toreo.

Dicho de otra forma y para que no quepa la menor duda, suponer que, los toreros que aplican el Teorema de Ortega G, destorean y que, por el contrario, los que practican el Teorema de Ortega D, lo hacen con máxima pureza, es erróneo.

  1956-11-27 Madrid (Homenaje a Villalta) Ortega 001

Un catedrático del toreo explicando su teoría. Domingo Ortega en traje de calle en el Festival de homenaje a Nicanor Villalta. El teorema de Ortega D ha sido muy difundido y divulgado pero lo que nadie cuenta es que Domingo Ortega toreaba siempre de pitón a pitón (como hacía también Juan Belmonte) y rarísima vez en redondo. Tampoco dice nadie que Ortega (que preconizaba la reglas de parar, templar, cargar y mandar) no paraba pues toreaba siempre andando a los toros. Curioso modo este de incumplir su propio precepto. Ortega fue un grandísimo torero pero omitir estos datos (clave en estos temas) es falsear las cosas y se presta a engaño.

Cada cual puede preferir lo que le guste. Es cierto. Pero nadie tiene derecho a acusar (como hacen algunos aficionados) de ventajistas a los toreros que no toman ventajas. A los que torean en redondo como mandan los cánones (los cánones del toreo en redondo, por supuesto).

  Manolete Ayudado por alto 02

Resulta surrealista acusar de ventajistas a los toreros que menos ventajas han tomado toreando.

Corolario

Los aficionados geómetras que conocen y comprenden estos dos teoremas de Ortega (y estos dos modos de toreo) están preparados para disfrutar plenamente del toreo en toda su magnífica extensión.

Por el contrario, aquellos otros aficionados que sólo conocen, aceptan y admiten uno de estos dos teoremas (generalmente los partidarios del teorema de Ortega D) tienen limitado su campo de visión y sólo alcanzaran a entender la mitad de la historia del toreo.

Desde luego, difícilmente comprenderán y mucho menos llegarán a disfrutar y valorar, plena y cabalmente, las interesantes propuestas que están haciendo los toreros actuales…cuando torean en redondo.

 

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Manolete y Domingo Ortega en animada y simpática conversación en una habitación del Hotel Victoria en julio de 1944. Dos magníficas y espléndidas líneas del toreo frente a frente.

¿Por qué renunciar a una de ellas?

sábado, 21 de julio de 2012

La técnica hoy (IV) La lidia completa

Por Fernando Cámara

1916-06-01 (p. 06 TyT) Gallito Madrid rodillas

1 de junio de 1916. Joselito en Madrid con el toro Corchero de Graciliano Pérez tabernero (marcado con el número 15, negro, listón, bragado, pequeño y bien puesto de pitones según la revista El Toreo). Joselito que estuvo sensacional con este toro de Graciliano se dobla por bajo, dando el pecho al toro en ejemplo de lidia completa. Por cierto, que en el quinto, muy manso, se vivió una situación que Luis Fernández Salcedo incluyó en uno de sus Cuentos del Viejo Mayoral. Paco Madrid que alternaba con José le agarraba el pitón al toro, muy cerrado en tablas, para que Joselito pudiese entrar a matarlo. Recurso extremo de la vieja lidia.

 

Nota de LRI. Andamos empeñados desde este blog en convertir una corrida de toros al uso (cualquiera de ellas) en una corrida de toros con argumento. Una corrida con un guion diferente al habitual.

Para eso, y como experiencia, hemos propuesto la corrida de Guardiola que torearan en la Feria de Málaga este año, los diestros El Fundi, José Luis Moreno y Luis Bolívar.

Como queremos que la suerte de varas y la lidia sean los argumentos centrales de esa tarde, nada mejor que la opinión de ese gran torero y mejor profesor que es Fernando Cámara, para recordarnos algunos de esos conceptos lidiadores que cada vez tenemos más olvidados los aficionados.

La lidia toda, atada y previsora,
sabio ajedrez contra el funesto hado.

(Gerardo Diego. Elegía a Joselito. 1926)

 

El torero en movimiento

El movimiento de la lidia, soportado con un juego de piernas y movimientos danzantes, es decir, el realizado bajo las pautas de la estética y la plasticidad pero basado en los movimientos sobre el terreno, es el tipo de toreo que no aparece en los ruedos del momento.

1916-06-01 (p. 06 TyT) Gallito Madrid 2º Graciliano

La lidia que hoy no se ve, basada en movimientos sobre el terreno pero bajo pautas de estética y plasticidad. Joselito, ya en pie, en otro momento de su faena a Corchero, el día 1 de junio del 16 en Madrid. 

En mi opinión creo que no hay toreros preparados para este tipo de lidia ni público que comprenda y entienda donde está su mérito, pero no se imaginan ustedes como lo echamos de menos. Tan solo Morante ha sabido proponer algunas pinceladas en este sentido y no siempre ha sido perfectamente comprendido.

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Primeros compases de la faena de Morante en Bilbao a un toro de Núñez del Cuvillo el año pasado. Faena que provocó inicialmente la incomprensión del público que, sin embargo, acabaría entregado al torero. La fotografía es magnífica pues el fotógrafo  (que no es otro que nuestro buen amigo y mejor aficionado, Paolo Mosole) ha sabido elegir muy bien el momento del muletazo que mejor ejemplifica la propuesta del torero.

En la actualidad, el aficionado y el público están demandando inconscientemente una lidia a la que se añada una buena dosis de movimientos tradicionales del toreo a la antigua. El movimiento, al que me refiero, es el necesario para darle sentido a la lidia moderna: Adaptar al toro para el momento álgido de la faena donde el torero consigue la quietud y la ligazón.

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En los pasados Sanfermines, Javier Castaño obtuvo un incuestionable y rotundo éxito con Intruso de Miura. El público (quizás inconscientemente) empieza a demandar  una lidia distinta lo que está obteniendo adecuada respuesta por parte de los toreros más atentos a los requerimientos de los aficionados.

Hablaremos ahora de los dos tipos de movimientos que yo he querido realizar en mi época de profesional y que, en mi opinión, son válidos y necesarios para alcanzar el triunfo.

 

Primer tipo de movimientos.

El primer tipo de movimientos, es el que se realiza para dar recorrido y homogeneidad a la embestida, es decir, limar las asperezas defensivas que adoptan los toros e incitarlos al ataque con fijeza y rectitud a los engaños, intentando evitar el derrote defensivo.

Para conseguirlo, el movimiento tiene que contener principalmente connotaciones de huida (y que así sea percibido por el toro) y la muleta viajar a la altura adecuada a la visión del toro pero fuera del alcance de los derrotes con los pitones.

Camino con Traguito

Paco Camino en México con Traguito. El torero persigue al toro (manso) pero una vez en la muleta efectúa movimientos de huida para que este se encele.  Merece la pena revisar este video que ya insertamos en otra entrada del blog

Por tanto, al viaje de la muleta delante de la cara del toro debe acompañar un correcto juego de piernas, cintura y muñeca que no deje al descubierto el cuerpo.

Hay que ganar, a su vez, ligeramente el pitón contrario del toro, pero sin excesos que lo obliguen para que no adopte una actitud defensiva, sino que ponga de manifiesto su instinto dominador pensando que el enemigo esta huyendo y confíe su embestida a su propia hegemonía, obedeciendo a las leyes naturales de selección, establecidas en los animales salvajes, dentro de su propia manada.

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Hay que ganar el pitón contrario de forma moderada. Sin excesos (Morante en las Ventas)

Segundo tipo de movimientos

Una vez conseguido lo anterior, con el movimiento que propone el torero sobre los terrenos del toro, ante la cara y sobre los tercios de la plaza, hay que poner en práctica el movimiento artístico dentro del muletazo, una vez alcanzado un buen grado de estoicismo y, sobre todo, de estatismo durante la faena. En este momento, aparece la ligazón y se percibe el dominio total del torero ante el toro que también, de esta forma, durante la lidia, se ha sentido primero ganador y luego sometido.

El movimiento en esta fase de la faena hay que realizarlo con el traspaso de pesos de una pierna a la otra y con el giro del tronco por medio de la cintura del torero, acompañando en todo momento con el pecho la cara del toro, desde que se inicia el muletazo hasta que se acaba detrás del torero.

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José María Manzanares es uno de los toreros que más correctamente juego con el traspaso de pesos de una pierna a la otra lo que confiere una indudable estética a su figura, como se aprecia espléndidamente en esta otra sensacional fotografía de Paolo Mosole.

El movimiento de cintura, muñeca y piernas es imprescindible para quedar colocado siempre correctamente para el siguiente muletazo.

 

Hay dos tipos de movimientos

Conclusión: Hay dos tipos de movimientos, el de la lidia y los terrenos, y el que se imprime dentro del muletazo.

Por tanto, cuando un toro no llega a ser ofensivo en su embestida y se mantiene defensivo, no tiene sentido el estatismo, tomando protagonismo el movimiento lidiador.

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Cuando el toro se pone a la defensiva, cobra protagonismo el movimiento lidiador (Ejemplo del primer tipo de movimientos. Fernando Cámara en Madrid)

Cuando por el contrario el toro adopta una defensa ofensiva, atacante, cobra sentido el movimiento dentro del muletazo y el estatismo del torero.

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Cuando el toro es ofensivo aparece el estatismo del torero y el movimiento del propio muletazo (Ejemplo del segundo tipo de movimientos. Fernando Cámara en Madrid)

Esta es una definición de la lidia completa, pero sobre todo es la recuperación de la lidia por medio de movimientos estéticos, danzantes y sobre todo éticos, sin escatimar momentos de lucimiento durante toda la faena.

Fernando Camara 004

Se reivindica aquí un concepto de la lidia basado en movimientos estéticos que no suponen renuncia al lucimiento del diestro ni merman su carga ética (El autor del artículo toreando en Madrid)

 

Selección de imágenes y comentarios a pie de foto: Jose Morente

miércoles, 18 de julio de 2012

Corazones belmontinos

 

Retrato Jose Tomas Gust (2)

José Tomás. Detalle de un cuadro de Gustavo Gil Campos

Ser torero

Está claro que, para ser torero, lo más importante es la capacidad que tenga cada cual de ponerse delante de un toro y aguantar con firmeza sus acometidas bien para demostrar valor, bien para crear belleza o bien para probar que la inteligencia del hombre es capaz de imponerse a la astucia del animal.

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José Tomás delante del toro. Valor, técnica y arte

Sin embargo, ser torero no acaba ahí y no se reduce sólo al momento en que el hombre se enfrenta con el toro. Ser torero es, también, una actitud ante la vida que implica -en el que la tiene- un concepto muy peculiar de la propia existencia que se considera tan sagrada como la del toro pero que, sin embargo, se arriesga con peligro de muerte de forma aparentemente contradictoria.

© Luis Sevillano<br /><br />Jose Tomas en las ventas.San Isidro 2008

La vida es sagrada pero se arriesga contradictoriamente

Sólo por eso, ser torero es (en mi opinión) de las pocas cosas dignas que se puede ser en este mundo nuestro de hoy día.

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Ser torero es una de las pocas cosas dignas que se pueden ser hoy día

Culto al pasado

Uno de los cosas que hacen grande a la fiesta (“El toreo es grandeza” que dijera, en acertada expresión,  Joaquín Vidal) es su culto al pasado.

En los toros, no hay memoria histórica que recuperar pues los toreros, los buenos toreros, nunca la perdieron pues nunca han dejado de honrar a los que les precedieron. De recordarlos en un lance, en un gesto o en tal o cual momento de la lidia.

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Cualquier gesto puede evocar la memoria de otros toreros. De otros tiempos.

Y es que en el toreo, la evolución se produce de modo natural, pues se agradece, como un don bendito, la herencia que se recibe y se hacen nuevas propuestas que abren caminos inexplorados a los toreros que vendrán después.

En eso, en ese respeto y cuidado (que no imitación servil) con la herencia recibida creo que consiste lo que llamamos torería.

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Torería es –para mí- reinterpretar la historia respetándola

Torería que se evidencia de muchos modos. No escribiendo ni hablando, como hacemos nosotros, pues no es ese el cometido de un torero, sino primordialmente toreando que es su labor propia.

También se manifiesta la torería en los pequeños detalles, algunos muy visibles como, por ejemplo, la manera o estilo de ejecutar un lance y otros, aparentemente irrelevantes, pero que también tienen su importancia, como la forma de vestir o de estar en la plaza.

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El detalle de un gesto, como la forma de estar en la plaza, también tiene su importancia en el toreo.

Y son esos detalles menores aquellos que el torero elige –a veces- para manifestar, clara y públicamente, su admiración, devoción o afinidad por aquellos otros toreros que le precedieron.

Emblemático es, en ese sentido, el capote de paseo negro de Joselito el Gallo cuando vistió de luto a la muerte de su madre. Aquel capote mítico que luciera Antonio Bienvenida en su postrera tarde en la plaza de Vista Alegre un día de 1974, regalo de Antonio Ordoñez, y del que Rafael de Paula compañero de terna no podía apartar la mirada durante el paseíllo.

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Joselito el Gallo con el capote negro. Joselito (a la derecha) hace el paseíllo en la Monumental de Barcelona con Belmonte y Camará para lidiar reses de Gamero Cívico un 16 de junio de 1919.

 

Un diseño emblemático

Antonio Lopez Fuentes

Antonio López Fuentes “El sastre

Mucho menos conocido es lo que cuenta Antonio López FuentesEl sastre” (el hermano del famosísimo Fermín) quien -hablando sobre los trajes de torear de José Tomás- señalaba que:

“En cuanto al dibujo tiene predilección por un dibujo que se conoce como “corazones belmontinos” y que se había dejado de hacer porque es muy pesado y trabajoso; pero que José Tomás descubrió en un traje que Juan Belmonte dejó en Acho y allí lo vio.

Se trajo la manga y me la enseñó y me dijo que quería un vestido con ese dibujo para su presentación en la Maestranza”. 

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Uno de los trajes de Juan Belmonte conservados en el Museo taurino de la plaza de Acho, Lima.

La predilección de Tomás por ese diseño es manifiesta. De hecho para la temporada 2008, Tomás le encargó al sastre los siguientes trajes:

“Un verde esperanza con un dibujo de dobles círculos, un berenjena, un rosa, un marino, un grana, un burdeos y un grosella. O, lo que es lo mismo en términos de muestrario, un 26, un 5, un 31, un 34, un 17 y un 45. Del grosella no recuerdo el número.

Y todos, con corazones belmontinos y cabos blancos”

Todo esto lo cuenta Carlos Abella, en su excelente biografía sobre José Tomás reeditada estos días.

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Portada del libro de Carlos AbellaJosé Tomás-La leyenda continua” (Madrid, Alianza Editorial, 2008. 3ª ed. 2012)

El trasfondo de la historia

Lo importante, el trasfondo, de esta pequeña historia es que aquí no se ventila el tema de la mera elección  del color o el diseño de un vestido de torear sino que, en ella, subyace algo más importante pues se trata, en realidad, de proclamar de forma discreta y simbólica el vínculo y la admiración que une a un torero de nuestros días con un torero del pasado.

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La elección del vestido de torear tiene una carga simbólica superior a la que, a primera vista, pudiera uno suponer. En la foto Joselito el Gallo se prueba un traje en la sastrería de Jesús Uriarte, el popular sastre Uriarte. 

La elección, por José Tomás, de corazones belmontinos para sus vestidos de torear  no es baladí ya que, no en balde, José Tomás es –en el fondo- torero de la cuerda belmontista, esa que (cuestión de estilos aparte) nace en Triana, pasa por Córdoba y llega hasta Galapagar. Y es que estos tres diestros (Juan, Manuel y José) son toreros cuyo concepto se basa en imponer su toreo al toro.

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Tres toreros en una foto. José Tomás por manoletinas. En el traje, el dibujo es de corazones belmontinos

Pero, además, comparten los tres un repertorio voluntariamente reducido pero enormemente exquisito y técnicamente depuradísimo. Y también un modo de torear en el que la emoción la pone el diestro y no necesariamente el toro.

Fueron además, en sus respectivas épocas, verdaderos revulsivos del toreo de su tiempo, toreo al que pusieron literalmente “patas arriba”.

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José Tomás, revulsivo del toreo actual, en una de sus actuaciones en la plaza de Málaga.

No es casualidad, por tanto, que José Tomás devore con avidez cuanto se escriba o diga del gran torero muerto en Linares ni tampoco es casualidad.que el traje predilecto del madrileño sea un traje limeño de Juan Belmonte formado de corazones a los que, en honor del trianero, hemos convenido en llamar “corazones belmontinos”

No tiene nada de casualidad…

 

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Jose Tomas (corazones) 02 Madrid 15 junio (2)

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“Corazones belmontinos” en el traje de José Tomás el 15 de junio de 2008 en Madrid (y en todos sus trajes de esta entrada). Corazones belmontinos en el traje y, quizás, corazón belmontista (a fuer de manoletista) en el pecho del torero.

domingo, 15 de julio de 2012

El sueño de la razón… incorpórea

 

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“El sueño de la razón produce monstruos” (grabado de Goya de la serie Los caprichos de 1799). Aunque hay otras explicaciones, según un manuscrito de la época del aguafuerte y que se encuentra en la Biblioteca Nacional “cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelven visiones

 

Andamos los aficionados a los toros soñando siempre con una fiesta diferente a la de la época que nos ha tocado vivir. Como decía Fernando Savater, cada aficionado crea, o tiene en su mente, una faena perfecta y soñada. Faena “eterna” que nos obsesiona hasta tal punto que, aunque imposible e inexistente, nos sirve de referencia para medir las faenas cotidianas.

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Fernando Savater habló de esa faena única y eterna, que cada aficionado lleva dentro, en su conferencia “Caracterización del espectador taurino” dentro del ciclo Arte y Tauromaquia, organizado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, que se celebró en el mes de agosto de 1982 en el palacio de la Magdalena de Santander.

Renegamos de la suerte de varas y la quisiéramos distinta pues pesa en nuestro recuerdo la suerte de varas de antaño, cuando los caballos no llevaban peto. Suerte de varas idealizada que, quizás si pudiéramos ver como realmente fue, heriría nuestra sensibilidad de aficionados actuales.

1897-10-04 (p. PyT) Un marronazo

Un marronazo del picador (Foto publicada en Pan y Toros en 1896)

Añoramos el toro antiguo, fiero, tremebundo y enorme en nuestra imaginación, y nos parece chico y sin peligro el toro actual sometido sin embargo a un castigo impensable antaño.

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El tremebundo toro de antaño visto por un dibujante de la época (Detalle de dibujo de Gustavo Doré) 

Y esto no es de hoy o de ayer sino de siempre. Curioso dilema pues nunca sabremos si la fiesta soñada sería mejor o peor que la que conocemos.

Y es que, como decía ese gran aficionado práctico que fue Francisco de Goya, el sueño de la razón puede producir monstruos, lo que dicho de otra forma, significa que la fantasía  unida a la razón es madre de las artes y origen de todas las maravillas, pero abandonada de esta produciría monstruos imposibles.

 

El toreo de hoy

Es evidente que en el toreo actual se han alcanzado unas cotas de esteticismo inimaginables en épocas pretéritas.

MOrante en Aguascalientes

El toreo de hoy ha alcanzado cotas estéticas increíbles

Es cierto también que, para ello, ha hecho falta un toro en el que la nobleza ha primado sobre la fiereza, pues toreabilidad y casta no suelen andar unidas.

“La uniforme semejanza de los modos de embestir de los toros y de su bravura ha hecho posible el que se intentara convertir un arte, en todas las Tauromaquias pasadas considerado defensivo, en una actividad esencialmente plástica y de intención estética, como pueden serlo la pantomima y la danza. Ello ha reducido al mínimo las exigencias de conocimientos técnicos en los diestros, que siempre fueron esenciales en su formación profesional, y ha hecho posible una libertad artística y el logro de una preponderancia de lo plástico, que antes era tan sólo aliado circunstancial de lo meramente técnico”.

Hoy, este comentario de José María de Cossío incluido en el tomo I de su genial enciclopedia y publicado por tanto en 1943, sigue siendo aún perfectamente válido.

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Una fiesta distinta

Está bien y así son las cosas,  pero nada impide al aficionado que añore y sueñe (aunque sea a ratos) otra fiesta distinta. Una fiesta con un toro más fiero que noble y donde los tres tercios recuperen su equilibrio perdido. Fiesta donde el dominio del torero sobre el toro tenga más importancia que el mero logro de una faena de muleta al uso.

Algo parecido a esto llevan buscando los aficionados franceses hace años, eligiendo ganaderías y toreros, cambiando normas y modos de comportamiento, buscando abrir el abanico de opciones del toreo actual, tanto lo que se refiere a toros como a toreros.

Patrimonio

Hoy por hoy, Francia nos lleva ventaja en muchas cosas en temas taurinos.

Y yo me planteo y pregunto porqué no es posible soñar en España con algo parecido. Y es que no tiene justificación que siempre andemos a la greña protestando de lo que no  nos gusta pero que seamos radicalmente incapaces de proponer algo diferente.

Y así nos va…

 

Un error de planteamiento

Y es que, en mi opinión, el error de partida del aficionado nacional (un error de bulto) es pretender  que se toree el toro fiero y de poder igual que se torea el toro noble y bonancible.

Sueña el aficionado radical en un toreo imposible donde el torero sea capaz de domeñar a base de valor y técnica al toro furibundo y encastado para, luego, y una vez sometido, torearlo con arte.

Y esto, que será posible una vez de cada mil, no puede servir de norma para el día a día.

Frascuelo Madrid

Torear con arte al torazo fortachón sólo es posible de vez en cuando. Por no decir, de higos a brevas.

Recordaba Cossío -en el texto que citábamos- que a Rafael el Gallo, tan fino e inteligente aficionado como genial torero, le había oído una clasificación de los toros que reputaba de fundamental:

“No hay más que dos clases de toros, los que pueden y los que no pueden

Y añadía Cossío que:

“Todos los grados de la pujanza deben caber en esta primaria definición (…) que, a mi entender, es básica, tanto para el torero que ha de graduar y prevenir el riesgo, como el espectador que debe conocerlo a fin de no incurrir en errores al apreciar lo que con el toro puede intentarse y, por tanto, lo que al diestro puede exigirse.

El riesgo, entonces como ahora [se refiere Cossío a épocas pasadas], aumentaba con el poder del toro, pero no se intentaba, ni el público lo exigía como hoy dementemente hace, que con todos los toros el diestro parara y se ciñera,  ni aún graduaba el mérito exclusivamente por ello.

Había, pues más holgura y libertad en los medios defensivos, y al no exigirse el gallardearse y ceñirse a todo evento, y admitirse reservas y recursos en toros difíciles, se eliminaba el mayor riesgo del de poder, que no requería una lidia especial por sus condiciones, sino, simplemente, una brega más dura y precautoria”

Creo que huelgan los comentarios.

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Ricardo Torres “Bombita” trastea  un toro de Moreno Santamaría en Valencia en junio del año 1910 (Foto publicada en “Los toros y el teatro”) con una holgura que hoy día no se admitiría.

Una propuesta concreta

Y yo me pregunto ¿porqué no intentar (una vez al menos) una corrida de toros que siga un argumento distinto al habitual?

Hay una corrida en la Feria de Málaga de este año que podría servir perfectamente para esa experiencia.

Es la corrida del martes, día 14 de agosto. Toros de los Herederos de Salvador Guardiola Fantoni (quienes enviaron un excepcional encierro a nuestra ciudad el año pasado) para El Fundi, José Luis Moreno y Luís Bolívar.

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Uno de los Guardiolas del pasado año en Málaga

Corrida de aficionados y para aficionados. Donde tenemos, creo, los toros y los toreros adecuados. Además a Málaga viene la cuadra de caballos francesa de Bonijol, con ejemplares mucho más ligeros que los que suelen picar en nuestro país.

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Los ligeros, pero adiestrados, caballos del francés Alain Bonijol. Un aliciente más para un espectáculo soñado. 

 

Seamos realistas, pidamos lo imposible

Como decía aquel magnífico slogan de mayo del 68 francés, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Imposible, todo hay que decirlo, hoy por hoy ya que es probable que, ese imposible de hoy, devenga –o pueda devenir- en magnífica realidad el día de mañana

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Las pintadas del mayo francés. Un oxímoron histórico.

Proponemos pues (desde este blog) una corrida con el siguiente argumento:

Primero.- Recuperación para la suerte de varas del “ojo de cerradura” ensayado en Bilbao, picando además a los toros contraquerencia (En Málaga se pica a mitad de caminos hacia toriles)

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Esquema del ojo de cerradura utilizado en la suerte de varas de la Corrida-concurso de Bilbao (Fuente: Plaza de toros de Vista Alegre/Diario el País)

Segundo.- Colocación de la reses a la distancia que demande su bravura con olvido de las dos rayas (que son límite pero no deben marcar el sitio donde colocar a todos los toros)

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Citando a la distancia que requiera el toro (Foto del blog “El desjarrete de Acho” de Pocho Paccini)

Tercero.- Recuperación de quites por los maestros que son quienes deberían (y no los banderilleros de su cuadrilla) sacar al toro del caballo y no sólo colocarlo ante él. El toro saldría del caballo inmediatamente después de entrar para posibilitar mayor número de varas y graduar adecuadamente su bravura (incluso picando con el regatón si se da el caso)

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Reverte (y no su banderillero) remata un quite a los picadores en Madrid (1899) 

Cuarto.-  Recuperación de la muleta como instrumento de lidia y no necesariamente para hacer florituras. Esto exige mayor explicación.

Quinto.- Recuperación de la estocada como alarde de valor, valorando su intención y ejecución y no sólo la eficacia en el resultado. No importa tanto (no debería, al menos al aficionado) matar a la primera como la gallardía con la que se ejecute la suerte.

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El madrileño Punteret en México se la juega al dar la estocada (Foto publicada en Mundo Gráfico en diciembre de 1912)

Sexto.- El premio al torero (incluidos los trofeos reglamentarios) debería estar en función del cumplimiento de estos criterios no sólo del lucimiento en la muleta y la rapidez en la muerte del toro

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Bombita en 1913 responde a los aplausos de los espectadores por una faena que (seguro-seguro) no tuvo nada que ver con lo que hoy se premia.

 

Un toreo de muleta distinto

Si queremos un toro fiero y poderoso debemos admitir un toreo de muleta sobre las piernas, basado en la lidia y no en la estética pues el toro de poder no admite (salvo que aúne nobleza lo que no será lo habitual) otra cosa.

Seguimos con Cossío:

“El toro de poder es violento en las acometidas y ha de dominársele con un toreo más rudo y eficaz. No admite el torear despacio que hoy complace, y el temple con él llega a consistir en lances más próximos por su rapidez al trallazo, que al torear demorado y plástico que hoy con justicia, entusiasma”.

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La muleta como instrumento para lidiar. Bombita torea sobre las piernas en Sevilla (1910)

Esto tenemos que tenerlo muy claro los aficionados y, sobre todo, convencer al torero de que nuestra valoración a su faena no se ajustará a los baremos al uso pues en caso contrario no es fácil que los diestros acepten este tipo de propuestas

Y es que, en las corridas toristas al uso (como las que vemos en los finales de feria madrileña de San Isidro) no es raro que los espectadores se encandilen con el trapío, poderío y fiereza de algún toro en detrimento de la justicia a la hora de valorar al diestro que a él debe enfrentarse, olvidando que casta no es, como ya hemos dicho, sinónimo de nobleza.

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En las corridas toristas, el público acaba encandilado con los toros lo que penaliza (injustamente) a los toreros (En la imagen un toro lidiado este año en Madrid de una ganadería fetiche en esa plaza, la de Cuadri) 

Por eso, nuestra propuesta pasa (y necesita, como condición “sine qua non”) el compromiso de los aficionados con los toreros, de cambiar nuestra forma de valorar el mérito o demérito de las faenas pues, sin esa especie de pacto, no creo que al torero interese lucir al toro en varas ni tampoco hacer gala de sus habilidades lidiadoras.

Sin ese pacto, el sueño de la razón (incorpórea) sólo será capaz de producir monstruos (imposibles) y no será -como creo que a todos los aficionados nos gustaría- el origen de nuevas (por lo añejo y valga la aparente paradoja) formas de entender la lidia.

 

Tauroteca. Un ejemplo práctico. Joselito el Gallo torea un toro de Miura

Lo mejor, como siempre es poner un ejemplo claro de lo que decimos y proponemos. Y para ello, vamos a viajar en el tiempo y nos vamos a trasladar a Zaragoza en cuya feria del Pilar del año 1913 podremos ver a Joselito el Gallo, que toreó el 14 de octubre de ese año con Gaona y Paco Madrid, sacando al tercio a un toro de Miura que manseaba en las tablas y acaba adornándose con unos desplantes muy toreros.

 

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Lo que dijo la prensa gallista (The Kon Leche del día 20)

 

Y ahora las imágenes que tienen mucha sustancia… 

Video facilitado por Diego de León

Una puntualización histórica (al margen)

Va a parecer que no nos gusta Juan Belmonte (y nada más lejos de la realidad) pues venimos puntualizando en este blog sobre algunos aspectos de su competencia con Joselito y sobre su influencia real (que no literaria, esa es otra cosa) en el toreo posterior a su época.

Una de las leyendas básicas del belmontismo es la anécdota de la primera corrida de Miura que toreó Juan en Sevilla en la feria de abril del año 1914. Se ha dicho, hasta la saciedad, que en esa corrida Juan cogió por primera vez en la historia el pitón a un toro de Miura lo que provocó el enfado de Don Eduardo quien, según cuentan, se echaría a llorar enojado no dando crédito a lo que le relataba el conocedor de la ganadería. Así ha quedado escrito y así se nos ha contado innumerables veces.

Sin embargo, la película que hoy traemos a la tauroteca deshace el infundio y la falsa leyenda pues, en esas imágenes, se ve claramente (muy claramente) como Joselito en Zaragoza, a finales del año 13, coge el pitón a un toro de Miura. Justo la temporada anterior a la de la supuesta gesta histórica e iniciática del trianero.

Quede constancia.