domingo, 15 de julio de 2012

El sueño de la razón… incorpórea

 

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“El sueño de la razón produce monstruos” (grabado de Goya de la serie Los caprichos de 1799). Aunque hay otras explicaciones, según un manuscrito de la época del aguafuerte y que se encuentra en la Biblioteca Nacional “cuando los hombres no oyen el grito de la razón, todo se vuelven visiones

 

Andamos los aficionados a los toros soñando siempre con una fiesta diferente a la de la época que nos ha tocado vivir. Como decía Fernando Savater, cada aficionado crea, o tiene en su mente, una faena perfecta y soñada. Faena “eterna” que nos obsesiona hasta tal punto que, aunque imposible e inexistente, nos sirve de referencia para medir las faenas cotidianas.

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Fernando Savater habló de esa faena única y eterna, que cada aficionado lleva dentro, en su conferencia “Caracterización del espectador taurino” dentro del ciclo Arte y Tauromaquia, organizado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, que se celebró en el mes de agosto de 1982 en el palacio de la Magdalena de Santander.

Renegamos de la suerte de varas y la quisiéramos distinta pues pesa en nuestro recuerdo la suerte de varas de antaño, cuando los caballos no llevaban peto. Suerte de varas idealizada que, quizás si pudiéramos ver como realmente fue, heriría nuestra sensibilidad de aficionados actuales.

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Un marronazo del picador (Foto publicada en Pan y Toros en 1896)

Añoramos el toro antiguo, fiero, tremebundo y enorme en nuestra imaginación, y nos parece chico y sin peligro el toro actual sometido sin embargo a un castigo impensable antaño.

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El tremebundo toro de antaño visto por un dibujante de la época (Detalle de dibujo de Gustavo Doré) 

Y esto no es de hoy o de ayer sino de siempre. Curioso dilema pues nunca sabremos si la fiesta soñada sería mejor o peor que la que conocemos.

Y es que, como decía ese gran aficionado práctico que fue Francisco de Goya, el sueño de la razón puede producir monstruos, lo que dicho de otra forma, significa que la fantasía  unida a la razón es madre de las artes y origen de todas las maravillas, pero abandonada de esta produciría monstruos imposibles.

 

El toreo de hoy

Es evidente que en el toreo actual se han alcanzado unas cotas de esteticismo inimaginables en épocas pretéritas.

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El toreo de hoy ha alcanzado cotas estéticas increíbles

Es cierto también que, para ello, ha hecho falta un toro en el que la nobleza ha primado sobre la fiereza, pues toreabilidad y casta no suelen andar unidas.

“La uniforme semejanza de los modos de embestir de los toros y de su bravura ha hecho posible el que se intentara convertir un arte, en todas las Tauromaquias pasadas considerado defensivo, en una actividad esencialmente plástica y de intención estética, como pueden serlo la pantomima y la danza. Ello ha reducido al mínimo las exigencias de conocimientos técnicos en los diestros, que siempre fueron esenciales en su formación profesional, y ha hecho posible una libertad artística y el logro de una preponderancia de lo plástico, que antes era tan sólo aliado circunstancial de lo meramente técnico”.

Hoy, este comentario de José María de Cossío incluido en el tomo I de su genial enciclopedia y publicado por tanto en 1943, sigue siendo aún perfectamente válido.

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Una fiesta distinta

Está bien y así son las cosas,  pero nada impide al aficionado que añore y sueñe (aunque sea a ratos) otra fiesta distinta. Una fiesta con un toro más fiero que noble y donde los tres tercios recuperen su equilibrio perdido. Fiesta donde el dominio del torero sobre el toro tenga más importancia que el mero logro de una faena de muleta al uso.

Algo parecido a esto llevan buscando los aficionados franceses hace años, eligiendo ganaderías y toreros, cambiando normas y modos de comportamiento, buscando abrir el abanico de opciones del toreo actual, tanto lo que se refiere a toros como a toreros.

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Hoy por hoy, Francia nos lleva ventaja en muchas cosas en temas taurinos.

Y yo me planteo y pregunto porqué no es posible soñar en España con algo parecido. Y es que no tiene justificación que siempre andemos a la greña protestando de lo que no  nos gusta pero que seamos radicalmente incapaces de proponer algo diferente.

Y así nos va…

 

Un error de planteamiento

Y es que, en mi opinión, el error de partida del aficionado nacional (un error de bulto) es pretender  que se toree el toro fiero y de poder igual que se torea el toro noble y bonancible.

Sueña el aficionado radical en un toreo imposible donde el torero sea capaz de domeñar a base de valor y técnica al toro furibundo y encastado para, luego, y una vez sometido, torearlo con arte.

Y esto, que será posible una vez de cada mil, no puede servir de norma para el día a día.

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Torear con arte al torazo fortachón sólo es posible de vez en cuando. Por no decir, de higos a brevas.

Recordaba Cossío -en el texto que citábamos- que a Rafael el Gallo, tan fino e inteligente aficionado como genial torero, le había oído una clasificación de los toros que reputaba de fundamental:

“No hay más que dos clases de toros, los que pueden y los que no pueden

Y añadía Cossío que:

“Todos los grados de la pujanza deben caber en esta primaria definición (…) que, a mi entender, es básica, tanto para el torero que ha de graduar y prevenir el riesgo, como el espectador que debe conocerlo a fin de no incurrir en errores al apreciar lo que con el toro puede intentarse y, por tanto, lo que al diestro puede exigirse.

El riesgo, entonces como ahora [se refiere Cossío a épocas pasadas], aumentaba con el poder del toro, pero no se intentaba, ni el público lo exigía como hoy dementemente hace, que con todos los toros el diestro parara y se ciñera,  ni aún graduaba el mérito exclusivamente por ello.

Había, pues más holgura y libertad en los medios defensivos, y al no exigirse el gallardearse y ceñirse a todo evento, y admitirse reservas y recursos en toros difíciles, se eliminaba el mayor riesgo del de poder, que no requería una lidia especial por sus condiciones, sino, simplemente, una brega más dura y precautoria”

Creo que huelgan los comentarios.

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Ricardo Torres “Bombita” trastea  un toro de Moreno Santamaría en Valencia en junio del año 1910 (Foto publicada en “Los toros y el teatro”) con una holgura que hoy día no se admitiría.

Una propuesta concreta

Y yo me pregunto ¿porqué no intentar (una vez al menos) una corrida de toros que siga un argumento distinto al habitual?

Hay una corrida en la Feria de Málaga de este año que podría servir perfectamente para esa experiencia.

Es la corrida del martes, día 14 de agosto. Toros de los Herederos de Salvador Guardiola Fantoni (quienes enviaron un excepcional encierro a nuestra ciudad el año pasado) para El Fundi, José Luis Moreno y Luís Bolívar.

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Uno de los Guardiolas del pasado año en Málaga

Corrida de aficionados y para aficionados. Donde tenemos, creo, los toros y los toreros adecuados. Además a Málaga viene la cuadra de caballos francesa de Bonijol, con ejemplares mucho más ligeros que los que suelen picar en nuestro país.

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Los ligeros, pero adiestrados, caballos del francés Alain Bonijol. Un aliciente más para un espectáculo soñado. 

 

Seamos realistas, pidamos lo imposible

Como decía aquel magnífico slogan de mayo del 68 francés, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”. Imposible, todo hay que decirlo, hoy por hoy ya que es probable que, ese imposible de hoy, devenga –o pueda devenir- en magnífica realidad el día de mañana

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Las pintadas del mayo francés. Un oxímoron histórico.

Proponemos pues (desde este blog) una corrida con el siguiente argumento:

Primero.- Recuperación para la suerte de varas del “ojo de cerradura” ensayado en Bilbao, picando además a los toros contraquerencia (En Málaga se pica a mitad de caminos hacia toriles)

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Esquema del ojo de cerradura utilizado en la suerte de varas de la Corrida-concurso de Bilbao (Fuente: Plaza de toros de Vista Alegre/Diario el País)

Segundo.- Colocación de la reses a la distancia que demande su bravura con olvido de las dos rayas (que son límite pero no deben marcar el sitio donde colocar a todos los toros)

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Citando a la distancia que requiera el toro (Foto del blog “El desjarrete de Acho” de Pocho Paccini)

Tercero.- Recuperación de quites por los maestros que son quienes deberían (y no los banderilleros de su cuadrilla) sacar al toro del caballo y no sólo colocarlo ante él. El toro saldría del caballo inmediatamente después de entrar para posibilitar mayor número de varas y graduar adecuadamente su bravura (incluso picando con el regatón si se da el caso)

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Reverte (y no su banderillero) remata un quite a los picadores en Madrid (1899) 

Cuarto.-  Recuperación de la muleta como instrumento de lidia y no necesariamente para hacer florituras. Esto exige mayor explicación.

Quinto.- Recuperación de la estocada como alarde de valor, valorando su intención y ejecución y no sólo la eficacia en el resultado. No importa tanto (no debería, al menos al aficionado) matar a la primera como la gallardía con la que se ejecute la suerte.

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El madrileño Punteret en México se la juega al dar la estocada (Foto publicada en Mundo Gráfico en diciembre de 1912)

Sexto.- El premio al torero (incluidos los trofeos reglamentarios) debería estar en función del cumplimiento de estos criterios no sólo del lucimiento en la muleta y la rapidez en la muerte del toro

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Bombita en 1913 responde a los aplausos de los espectadores por una faena que (seguro-seguro) no tuvo nada que ver con lo que hoy se premia.

 

Un toreo de muleta distinto

Si queremos un toro fiero y poderoso debemos admitir un toreo de muleta sobre las piernas, basado en la lidia y no en la estética pues el toro de poder no admite (salvo que aúne nobleza lo que no será lo habitual) otra cosa.

Seguimos con Cossío:

“El toro de poder es violento en las acometidas y ha de dominársele con un toreo más rudo y eficaz. No admite el torear despacio que hoy complace, y el temple con él llega a consistir en lances más próximos por su rapidez al trallazo, que al torear demorado y plástico que hoy con justicia, entusiasma”.

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La muleta como instrumento para lidiar. Bombita torea sobre las piernas en Sevilla (1910)

Esto tenemos que tenerlo muy claro los aficionados y, sobre todo, convencer al torero de que nuestra valoración a su faena no se ajustará a los baremos al uso pues en caso contrario no es fácil que los diestros acepten este tipo de propuestas

Y es que, en las corridas toristas al uso (como las que vemos en los finales de feria madrileña de San Isidro) no es raro que los espectadores se encandilen con el trapío, poderío y fiereza de algún toro en detrimento de la justicia a la hora de valorar al diestro que a él debe enfrentarse, olvidando que casta no es, como ya hemos dicho, sinónimo de nobleza.

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En las corridas toristas, el público acaba encandilado con los toros lo que penaliza (injustamente) a los toreros (En la imagen un toro lidiado este año en Madrid de una ganadería fetiche en esa plaza, la de Cuadri) 

Por eso, nuestra propuesta pasa (y necesita, como condición “sine qua non”) el compromiso de los aficionados con los toreros, de cambiar nuestra forma de valorar el mérito o demérito de las faenas pues, sin esa especie de pacto, no creo que al torero interese lucir al toro en varas ni tampoco hacer gala de sus habilidades lidiadoras.

Sin ese pacto, el sueño de la razón (incorpórea) sólo será capaz de producir monstruos (imposibles) y no será -como creo que a todos los aficionados nos gustaría- el origen de nuevas (por lo añejo y valga la aparente paradoja) formas de entender la lidia.

 

Tauroteca. Un ejemplo práctico. Joselito el Gallo torea un toro de Miura

Lo mejor, como siempre es poner un ejemplo claro de lo que decimos y proponemos. Y para ello, vamos a viajar en el tiempo y nos vamos a trasladar a Zaragoza en cuya feria del Pilar del año 1913 podremos ver a Joselito el Gallo, que toreó el 14 de octubre de ese año con Gaona y Paco Madrid, sacando al tercio a un toro de Miura que manseaba en las tablas y acaba adornándose con unos desplantes muy toreros.

 

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Lo que dijo la prensa gallista (The Kon Leche del día 20)

 

Y ahora las imágenes que tienen mucha sustancia… 

Video facilitado por Diego de León

Una puntualización histórica (al margen)

Va a parecer que no nos gusta Juan Belmonte (y nada más lejos de la realidad) pues venimos puntualizando en este blog sobre algunos aspectos de su competencia con Joselito y sobre su influencia real (que no literaria, esa es otra cosa) en el toreo posterior a su época.

Una de las leyendas básicas del belmontismo es la anécdota de la primera corrida de Miura que toreó Juan en Sevilla en la feria de abril del año 1914. Se ha dicho, hasta la saciedad, que en esa corrida Juan cogió por primera vez en la historia el pitón a un toro de Miura lo que provocó el enfado de Don Eduardo quien, según cuentan, se echaría a llorar enojado no dando crédito a lo que le relataba el conocedor de la ganadería. Así ha quedado escrito y así se nos ha contado innumerables veces.

Sin embargo, la película que hoy traemos a la tauroteca deshace el infundio y la falsa leyenda pues, en esas imágenes, se ve claramente (muy claramente) como Joselito en Zaragoza, a finales del año 13, coge el pitón a un toro de Miura. Justo la temporada anterior a la de la supuesta gesta histórica e iniciática del trianero.

Quede constancia.

21 comentarios:

Jorge dijo...

¡Enhorabuena Sr. Morente! Genial comentario colectivo de contrastes entre toro, torero y torerías de "los entonces" y los ahora. Excelente, bello análisis tanto del arte como de la técnica que el verdadero aficionado gusta de ver en ambas épocas, sea por historia, sea por actualidad. No hay duda alguna --y menos luego de leer su tratado-- de la transformación estética, la plasticidad que era hace 250, 270 años a la de hoy, entrado el s. XXI. Y la conjetura quizá temerosa de lo que llegue a ser mañana. Felicidades. Un saludo. // Torotino

Jose Morente dijo...

Torotino

Muchas Gracias.

Ahora se trataría de ver si podemos influir algo en ese futuro y mantener aquellas cosas válidas del pasado aunque sea en proporciones menores (no olvidemos que los aficionados somos minoría). Lo primero, comprobar si a los aficionados malagueños les interesa la idea y, sobre todo, si somos capaces de ponerla en marcha, tal como se propone en el blog o, al menos, de forma parecida.

En cualquier caso, una corrida donde la lidia (no sólo la estética) tenga un peso crucial.

Un abrazo

Alberto Marcos Morante dijo...

Excelente entrada. La añoranza de los tiempos pasados va en la genética de todo español y pienso que es necesario, pero hasta cierto punto, porque al final no disfrutas el presente. Por otro lado, se magnifica todo lo referido a tiempos pretéritos en detrimento del presente.
Un abrazo

Jose Morente dijo...

Alberto

Coincido con usted. La añoranza es necesaria y saludable siempre y cuando no vaya en perjuicio de nuestra capacidad de disfrutar el presente.

Por el contrario, a mí el conocimiento del pasado ma ha hecho muchas veces valorar más los tiempos actuales o, por lo menos, entender las causas y el motivo de algunas de las cosas que ocurren hoy día.


Un abrazo

Badila dijo...

Me encantó la corrida de Guardiola del año pasado. Ojalá que salga similar este año y pueda verla.

Sueño que no falte tanto tiempo para que los actores de la Fiesta asimilen los puntos descritos. Es el futuro de un espectáculo que nunca debe perder su carácter global, la lidia.


Un muy cordial saludo desde Las Ventas (aunque no comparta algunos puntos de vista sobre su castigada afición).

Jose Morente dijo...

Badila:

En efecto, la corrida de Guardiola de la feria de Málaga del pasado año (un corridón) propició un magnifico espectáculo que esperemos que se repita (crucemos los dedos) este año.
Badila:

Por lo que respecta a la importancia de la lidia creo que la clave para que estos conceptos recuperen importancia está en la actitud del aficionado. Como digo en la entrada, en mi opinión, es necesario que la apuesta del torero que opta por la faena eficaz al toro de poder tenga premio.

Mientras todo sean reproches y exigencias máximas al torero que apechuga con este tipo de toro tan complicado, mal vamos pues no creo que debamos exigir florituras en los toros que no las admiten.

Este es uno de los reproches que, en mi modo de ver los toros, merece el público de las Ventas. El principal, las (malas) formas en que se suele expresarse parte de su afición (no toda por supuesto). En cualquier caso, es lógico que exijamos al público venteño (pues su afición se pretende, y quizás lo sea, la primera del mundo) con el mismo nivel de exigencia con el que ese mismo público trata a las grandes figuras del toreo. Servidumbre de grandeza, en ambos casos.

Desde Málaga un también muy cordial saludo

PD: Por cierto que si aparece usted por Málaga no estaría de más tomarnos una cervecita después de la coriida de Guardiola para comentarla.

Anónimo dijo...

Querido Josè, otra vez de acuerdo con usted (siempre que haya entendido bien): uno de los grandes problemas de hoy es el publico, o mejor, el aficionado.
Creo que usted no està proponiendo volver a un pasado (que nunca existiiò), sino que se sepa valorar cada cosa por lo que es: una faena de poder a un toro encastado o una faena de temple esquisito a un toro noble (con tecnicas diferentes pero igualmente importantes para el lucimiento del toro y del toreo)
Hoy estoy harto de oir: "Què Manzanares se anuncie con una de Guardiola!" y luego cuando vemos una gran faena un Guardiola complicado, caso de Pinar este San Isidro, los aficionados se olvidan de esa faena en 5 minutos. O que el "entendido" publico de Pamplona regale orejas por doquier, y no premie como se merece la gran faena de Castaño con el Miura.
Si el aficionado de hoy pocas veces sabe valorar con la justa medida lo que pasa en el ruedo es por varios factores, uno de los cuales es el “enfriamento” y la “rigidez” del publico (y del aficionado).
Es un echo que hoy hay menos apasionamiento, espontaneidad, amor genuino para la Fiesta de los Toros. De esto la culpa no es solo la falta de figuras carismaticas sino el alejamiento del mundo rural y tambien el repetir hasta la saciedad refranes como “Este es un fraude!” o “Todo es mentira!” o “Esto no es lo que era”, que a pesar de ser en algunos casos ciertos y oportunos, han dejado perplejos a muchos aficionados, cada vez màs desorientados y sospechosos de todo.
Pero hoy allì està el Chano en el hospital (suerte!!), Padilla con un ojo solo y Adrian Gomez en el cielo...y esto es la verdad del toreo de hoy!
Tambien otro factor que causa el “enfriamiento” del publico es la masificacion de imagines y videos: ahora se pueden ver por internet o television el 90% de los festejos del orbe taurino (novilladas inclusas). Y los toreros son màs previsibles y el aficionado se ha acostumbrado a medir y exigir todo con una precisiòn maniacal como nunca se ha hecho en la historia (creo)
Probablemente si hoy reaparecerian milagrosamente (ojalà!) Ordoñez, Manolete o Belmonte quizàs no gustarian a nadie (pero a mi sì...)
Sobre los cambios del publico hay algunas entradas interasantisimas en este bonito blog (con su permiso, don Josè):

http://lostorosenelsigloxxi.blogspot.it/2012/06/cuando-las-figuras-no-eran-figuritas-o.html

Pero que nadie piense que quiero decir que la soluciòn sea el triunfalismo o el bajar el listòn (tanto con los toreros como con los toros): la soluciòn no la conozco, pero un camino hacia ella podria ser que los aficionados (no digo el publico) conozcan mejor todos los aspectos tanto de la lidia y la vida del toro como de las tecnicas del toreo para entenderlo y “sentirlo” màs profundamente y màs cercano.

Perdonarme si me extendido demasiado.

Un saludo,

Paolo


PS: asistirè a toda la feria de Dax asì que no estarè para la de Guardiola, pero luego quizàs...

Jose Morente dijo...

Paolo

Poco puedo añadir a lo dicho por usted

Efectivamente, esa era la conclusión de la entrada. NO solicitar el volver al pasado pero si sugerir que si pedimos un toro más complicado (algo a lo que guste o no a algunos aficionados tiene derecho el que lo solicite) creo que debemos variar -en consecuencia- nuestra escala de valores. No podemos utilizar la misma vara para medir la faena artística o ajustada a un toro bravo y suave que la faena valiente a un toro poderoso y encastado. No creo que sea de recibo.

Muy interesante el enlace que incluye en el comentario. Conocía el blog y me parece magnífico cualquier exposición que pretenda romper el "pensamiento único", cáncer -en mi opinión- del aficionado actual.

Y coincido también con la msaificación de imágenes como algo no necesariamente negativo pero que, hoy por hoy, produce más empachos que otra cosa.

Y desde luego, si reaparecieran Ordoñez, Manolete o Belmonte esté seguro que estaríamos juntos a la hora de seguirles.

Un fuerte abrazo

Jorge dijo...

Muy, pero muy interesantes los comentarios estos en torno al artículo. Reflejan una verdad justa respecto al valor de la lidia presente y de antaño, y a la identidad tanto del toro y torero, como de la percepción del aficionado ante dichas diferencias. De nuevo, enhorabuena Dn. José Morente.

Jose Morente dijo...

Jorge:

Muchas gracias en nombre de los atinados comentaristas

Otro abrazo

Maria Dolores Cabella dijo...

Totalmente de acurdo con la idea,y ademas creo que estamos a tiempo de ayudar a la fiesta del toro,y digo a la fiesta del toro,porque no debemos olvidar que el toro, es el pulmón de la fiesta,nos deslumbramos con nombres de toreros, y nos olvidamos del toro,seguro que hay muchos aficionados que no saben cual es la lidia, de un Murube, un Vitorino, un Domec, u en este caso un Guardiola, antes de una corrida deberiamos de saber, a lo que vamos,con que ganaderia, y que toreros, a partir de aquí, sabremos lo que estamos viendo,creo que con esta bonita idea, podemos ayudar mucho a la fiesta, y al aficionado poco lustro en este tipo de corrida, de esta forma podremos disfrutar, de ver venir al toro desde lejos al caballo, signo de bravura a partir de la segunda vara,ejecución del picador con el protagonismo de antaño,y siguiendo todo lo comentado por usted anteriormente, recuperar la esencia del toro.el protagonismo del ganadero ese gran desconocido, al que solo se le da importancia por su nombre, y no por su duro trabajo. quedo a su entera disposición para aprender siempre de su sabiduría, sabiduría que deberían tener muchos empresarios taurinos para dar a la fiesta lo que se merece. Un saludo

Vazqueño dijo...

Como ya ha dicho un aficionado más arriba, usted no está proponiendo nada nuevo, sino valorar las faenas en función del toro, cosa elemental en cualquier aficionado que se precie.

Pienso que hay una tendencia de menospreciar el toro que no embiste suave, largo y por abajo. Todo lo que no sea de ese modo "no sirve" y se degrada. Y a la larga tanto "palabrerío" hace mella en la conciencia del público y muchos aficionados que sólo conciben un tipo de faena. Los toros son animales semi-salvajes, no son máquinas subordinadas a los toreros.

Suerte en esta bonita empresa que propone, una forma de pensar que nunca deberíamos haber perdido. Si en muchas plazas de Francia lo han conseguido seguro que en España podemos hacerlo.

Un abrazo

Vazqueño dijo...

Por cierto, vaya palo para el bueno de Juan con el tema del Miura, y eso que dice usted "que va a parecer que no nos gusta Juan Belmonte..."


¡Viva el Pasmo de Triana!

Xavier González Fisher dijo...

José: En principio, de acuerdo. ¿Pero qué va a pasar cuando un toro "cante la gallina"? ¿El único picador va a tener que perseguirlo por el ruedo hasta donde el toro "quiera" o "se deje"?

Creo recordar que las líneas que sugirió o propuso Domingo Ortega tenían una función bien clara, establecer de manera objetiva la distancia mínima de la cual el toro debía ir al caballo y evitar por otro lado, que los picadores dejaran al caballo recargarse en las tablas para así masacrar sin misericordia a los toros con "casta, poder y pies", que dijera "el otro" Ortega.

Y el tipo del toro. Convengo en que en importante medida se le ha sacado de su "zoometría" (no sé si valga el termino) genética, quizás con la intención de disfrazar otras carencias, como pudiera ser la falta de edad o para hacerle cargar más peso del que corresponde a una relación "normal" de crecimiento.

Si se pudiera empezar a "experimentar" más seguido con lo de las varas, quizás se podrían ver sus bondades y defectos y no dejarlo como un "espectáculo de una vez en la vida", para poder implantarlo o desecharlo. Lo otro, lo del toro, será un largo proceso de "prueba y error" para revertirlo, creo.

Un abrazo desde Aguascalientes, México.

Anónimo dijo...

Magnífica entrada,yo tambien te animo a que escribas un libro
seguro que sería un gran éxito,

Jose Morente dijo...

María Dolores:

Muchas gracias por su apoyo y, sobre todo, por su entusiasmo.

En efecto, nos centramos demasiado en la faena de muleta, vemos al toro como mero colaborador del éxito del torero y nos olvidamos de encastes, lidias y matices que es lo que daría variedad a la fiesta actual.

Es cierto que el toreo de hoy ha alcanzado unas cotas de belleza a las que no debemos renunciar (ha costado muchos años y mucha sangre llegar hasta aquí) pero también es verdad que la lidia antigua presentaba unas dosis de emociones fuertes (sólo hay que ver la reacción del público de Zaragoza ante la faena de Joselito el Gallo que insertamos en la entrada) que no deberíamos perder.

Que ambas cosas tengan cabida en el toreo actual es lo que nos gustaría creo a casi todos los aficionados.

Un fuerte abrazo

Jose Morente dijo...

Vazqueño:

Efectivamente, no hay nada nuevo bajo el sol que decía (por lo fino) nuestro buen amigo Xavier G. Fisher.

Se trata como usted afirma de “valorar al torero en función del toro” y también de disfrutar de la suerte de varas (en la medida de lo posible y razonable).

Hay una tendencia a menospreciar el toro que no embiste suavón, es cierto como usted afirma. Pero creo que también hay otra tendencia contraria (siquiera más minoritaria) que consiste en menospreciar a ese tipo de toro.

Ni lo uno ni lo otro. Tanto mérito tiene crear arte con el toro “artista” (permítame la licencia y no lo tome a mal. Ningún toro debería ser artista) como fajarse con redaños con el toro bronco y fiero, como puntualizaba José María de Cossío.

Finalmente y como afirma usted, los públicos franceses están en esta línea. ¿Por qué nosotros, no?

Un fuerte abrazo

Jose Morente dijo...

Vazqueño:

Sobre el varapalo a Juan Belmonte no hay tal. Otra cuestión es que me llamó mucho la atención cuando estaba preparando la entrada el desparpajo de Joselito con el Miura (se le ve una seguridad inifinita ante el toro) y al cogerle el pitón recordé la anécdota de Juan Belmonte. Del tirón, las fechas que no cuadraban. Pues Belmonte acaba de tomar la alternativa en septiembre de ese año 13.

O sea que, cuando Juan coge el pitón en la feria de abril del 14 (Esa tarde el trianero que venía herido hizo dos faenas tremebundas) no fue el primer torero que lo hacía.

Conclusión. La literatura taurina está hecha de tópicos, frases hechas, leyendas falsas. Eso no quita grandeza a nada ni nadie. Mitificar (a quien lo merece y Juan Belmonte lo merece de sobra) esté muy bien. Exagerar no es tan grave pero falsear los hechos si.

Creo que, en esto, coincidimos ambos.

Por todo ello me uno a usted: ¡Viva Juanito Terremoto!

No obstantem tenemos que empezar a reescribir la época de José y Juan bajo otros prismas menos belmontistas. Eso sí.

Un fuerte abrazo

PD: Creí que el comentario de que JB no era el primero en tocar el pitón a un Miura causaría cierta reacción. Sin embargo, ha sido usted el único (¿belmontista?) que se ha percatado de la magnitud del dato. Curioso.

Jose Morente dijo...

Xavier:

Bueno. Abundando en lo que usted plantea y reflexionando en voz alta, creo que, en el caso de los Guardiolas de Málaga, tenemos varias ventajas:

Primero. NO es corrida concurso, luego habrá dos picadores en el ruedo

Segundo. Como no es concurso, al toro que cante la gallina se le pica en otro sitio del ruedo y al que no tenga fuerza se le deja de picar o se le pica con el regatón.

Se trata de disfrutar de la suerte de varas no fastidiar al torero dejándole el toro moribundo para la muleta.

POr eso, todo esto debe apreciarlo, valorarlo y decidirlo el torero, único director de lidia de su toro sin ingerencias de nadie (palco incluido)No hay que olvidar que el encontronazo del toro con el caballo de hoy (peto y picador incluidos en el lote) supone un castigo brutal equivalente (estoy seguro) a varias varas de las antiguas (incluso con los caballos franceses de Bonijol pues aunque más esbeltos tienen una alzada tremenda)

Tercero. No se trata sólo de la suerte de varas sino también de la lidia total. Banderillas, muleta y estoque (capote por supuesto) enfocados a lidiar no sólo a torear bonito.

Cuarto. En la corrida de Guardiola es previsible que la entrada sea mayoritariamente de abonados y aficionados. Es mucho más fácil por tanto ese día valorar las cosas en función del toro (como señalaba Vazqueño) que en una plaza llena de público transeúnte

Quinto. No se trata de un sólo día pero hay que empezar por algún sitio y los toros de Guardiola reunen las condiciones idóneas para el "experimento" por su fiereza que no toreabilidad

Sexto. Todo esto no es una quimera pues en Francia funciona el invento. No hay motivos para suponer que aquí no podamos hacerlo.

Xavier, la única lástima es que no pueda usted acompañarnos. Disfrutaríamos enormemente con su compañía.igual que con la de todos los aficionados que se han interesado en esta propuesta.

Un fuerte abrazo

Vazqueño dijo...

"Hay una tendencia a menospreciar el toro que no embiste suavón, es cierto como usted afirma. Pero creo que también hay otra tendencia contraria (siquiera más minoritaria) que consiste en menospreciar a ese tipo de toro".


Cierto, a veces es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

Para mi la suavidad y la nobleza tienen un límite, en cambio, la fiereza y el poder nunca están de más.

Un abrazo

Jose Morente dijo...

Vazqueño:

Una cosa es preferir un tipo de toro y otra menospreciar al que no nos gusta e infravalorar lo que con él se haga, creo.

Por otra parte, yo si pondría límites en ambos tipo de toro:

Uno. No me agrada la excesiva docilidad en el toro bravo y suave. Empalaga.

Y dos. Creo que cuando hay defectos "incorregibles" en el toro fiero y de poder no deberíamos, en ningún caso, ensalzarlo.

Cuando los ganaderos derivan en alguna de esas dos líneas creo que están equivocándose radicalmente.

Un fuerte abrazo