miércoles, 11 de julio de 2012

Las suertes (y la suerte) del encierro de Pamplona

 

Sanfermines de Ramon Masat (reedicion)

Entrada de los toros a la plaza (Exquisita fotografía del libro “Sanfermines” de Ramón Masats, publicado en 1963 y re-editado recientemente)

Una de las mejores manifestaciones del toreo como fiesta o, mejor dicho, de la fiesta con motivo del toreo es, sin ningún género de dudas Pamplona. Y es que Pamplona, en los primeros días del mes de julio, hierve abigarrada con una multitud heterogénea (en guiso de enorme sabor) congregada alrededor del toro.

Y aunque no me gusta como se comporta el público de sol durante la corrida de la tarde, me encandila y apasiona el encierro matinal que, diariamente y con el pretexto del traslado del toro a la plaza da lugar a una manifestación taurina sui-generis, fugaz y efímera, pero apasionante y tremebunda donde corredores de todo tipo ponen a prueba y hacen gala de su valor y destreza.

El comportamiento del público de sol en Pamplona, tan alabado por algunos, no acaba de convencerme. El encierro (aunque masificado y televisado) es otra cosa

No resulta nada extraño pues que esta fiesta haya sido cantada por poetas y escritores y ensalzada al infinito por vates y orates, de entre los cuales destaca a gran altura el archi-nombrado Ernesto Hemingway, máximo culpable de la popularidad y masificación que hoy viven los Sanfermines.

Hemingway describió el ambiente pamplonica con tal pasión y cariño que lo hizo atractivo y mágico a los ojos de media humanidad, esa que estos días se ufana codo con codo con los nativos en el empeño de correr los toros.

Hemingway en Pamplona

Hemingway en Pamplona

Pero no es lo que dijo Hemingway, ni el atractivo de sus palabras lo que aquí me interesa destacar de los encierros, sino algo más sencillo y es cuestión que todos, creo, nos hemos planteado alguna vez y es que, visto lo que se ve por las mañanas (en la hora de maitines que diría Gerardo Diego) y sobre todo, comparando con lo que se ve por la tarde (en la plaza), cabe preguntarse si, en esa multitud de lances y acasos, de peripecias y gestos, de azares y donaires, existe o cabe encontrar algún atisbo de reglas, de normas o de pautas de comportamiento.

Dicho de otro modo, la duda es si, en la bulla del encierro, late alguna suerte de Tauromaquia indescifrable para el que no participa, para el que no corre y no corriendo renuncia a ser protagonista de esta fiesta.

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Un toro prende a un corredor en la Cuesta de Santo Domingo (Foto de Jim Hollander)

Y es que respecto, a la corrida al uso (la de la tarde) la corrida (o carrera) de la mañana se diferencia y singulariza por muchas cosas, como vamos también a ver.

 

Una nueva (y distinta) tauromaquia: La del encierro de Pamplona 

Sobre la existencia de una tauromaquia soterrada y críptica, sólo apta para iniciados y nunca o casi nunca enunciada de forma explícita me ha parecido oportuno rescatar el texto de la conferencia (espléndida y magnífica) que pronunciara Javier Echevarría dentro del ciclo que con el epígrafe de Arte y Tauromaquia y organizado por la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, se celebró en el mes de agosto de 1982 en el palacio de la Magdalena de Santander.

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Las conferencias del curso Arte y Tauromaquia fueron publicadas –bajo ese mismo título- en libro al año siguiente (Ediciones Turner, S.A., Madrid, 1983)

Javier Echevarría daba cumplida respuesta a la pregunta planteada y sostenía que:

“El encierro de Pamplona constituye en la actualidad, más allá del tumulto aparente, un arte lo suficientemente precisado como para intentar expresar sus reglas internas”

No voy a entrar en cuestionar sus opiniones  más ideologizadas (respetables en todo caso) y en particular, su contraposición del encierro (con vigencia universal, según el conferenciante) frente a la corrida (según él en plena decadencia).

Más interés tiene la equiparación que hace del momento actual de los encierros con el inicio histórico del toreo a pie y la comparación de los corredores más relevantes de ahora (ahora es 1983) con aquellos diestros que a fines del XVII y principios del XVIII codificaron la tauromaquia como hoy la conocemos y es que, en el fondo, la conferencia de Javier Echevarría constituye, en realidad, un tratado de Tauromaquia. La tauromaquia del encierro de Pamplona.

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La turbamulta de los primeros tiempos del toreo a pie recuerda los encierros de Pamplona

 

El encierro a principios del pasado siglo (1914 de la película Primer Tercio del siglo XX que nos ha facilitado el aficionado Diego de León)

 

El encierro y la corrida. Diferencias 

Lo más importante (para mí) de la conferencia de Javier Echevarría es su intento (creo que plenamente logrado) de sistematización de las suertes y lances que acaecen en los encierros y que, a mí, me han permitido entender un poco mejor y disfrutar bastante más de lo que acontece en esos breves momentos.

Pero antes de entrar en materia, puntualizaba Javier, sobre las enormes diferencias entre la lidia en plaza y el encierro mañanero. Diferencias que, en número de cinco, sintetizamos a continuación.

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Pamplona. Postal con una vista del interior de la plaza antigua

Primera diferencia: El toro.

En la plaza, el toro se juega uno a uno. Por el contrario, en el encierro, los toros se corren en manada. Del comportamiento del toro dentro de la manada o, incluso, fuera de ella dependen muchos de los posibles lances que puedan dar.

En particular, señala nuestro autor que es clave distinguir (dentro de la manada) toros y mansos pues resulta bochornoso (y constituye el mayor de los fracasos) correr delante de un cabestro creyendo que se corre a un toro. El colmo del error sería ser cogido o herido por uno de aquellos.

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Una multitud abigarrada y heterogénea que hierve alrededor del toro (Del libro de Ramón Masats)

Segunda diferencia: El territorio.

Como hemos dicho, no es lo mismo lidiar al toro en la plaza (espacio centrípeto) que correrlo en la calle (espacio lineal).

Y es que el encierro se desarrolla en la calle, la misma calle que finalizado el mismo se convierte en escenario de la vida cotidiana. No es un recinto sagrado como el coso sino espacio profano del que los participantes se apropian durante el tiempo que dura la carrera.

Mientras en la plaza por sus carácter singular la incidencia del espacio se minimiza (aunque nunca desparece del todo, Ahí están las querencias), en el encierro la geometría urbana, las alineaciones, los ensanchamientos y recovecos de las calles por la que discurre, influyen sustancialmente en el mismo. Así serán distintas las  suertes que se realicen en la Cuesta de Santo Domingo que las que se intenten en Estafeta o en el callejón de entrada a la plaza.

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Si para un arquitecto el espacio de la plaza de toros tiene un atractivo singular, para los urbanistas, el recorrido callejero del encierro no lo tiene menos

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El espacio urbano condiciona las posibles suertes: Cuesta de Santo Domingo

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El espacio urbano condiciona las posibles suertes: Callejón de entrada a la plaza antigua en 1912

Tercera diferencia: El rol de los protagonistas

En general, el encierro se corre (corría) en grupo o cuadrilla. No existen las jerarquías que se dan en la plaza pues todos (todos) tienen todos los días las mismas posibilidades de ganar la cara del toro. Arte plural que no excluye las individualidades.

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“A San Fermín venimos porqué es nuestro patrón..”

Cuarta diferencia: Un arte en movimiento 

En el encierro se está parado hasta que llega el toro y entonces (o un poco antes) se corre. En la corrida, el torero se mueve hasta que llega el toro y entonces procura pararse. Justo al contrario que en el encierro

Quinta diferencia: Los espectadores

Más singular aún es la relación del corredor con el espectador que, en balcones y detrás de los tablados asiste al paso rapidísimo del tropel de corredores, bueyes, toros y pastores sin la tranquilidad y mesura que da la localidad de la plaza (espacio central que no lineal) donde todas las miradas convergen al mismo tiempo y hacia el mismo punto

El espectador tal y como se entiende en la plaza no existe en el encierro donde, en rigor, no hay tales. Por ello, según Javier sólo se podía conocer el encierro corriendo en alguna cuadrilla lo que explicaba la escasa corrupción de esta fiesta.

Hoy, por desgracia, todo ha cambiado, sobre todo, desde hace treinta años que se retransmiten los encierros por esa televisión que todo lo corrompe. Las individualidades (de las que la extrañas vestimentas futboleras son sólo síntoma) se han apropiado del protagonismo de la fiesta y hay muchos que pugnan en la cara del toro sólo por figurar y por aparecer en las pantallas alcanzando una popularidad antes impensable. Veremos a donde nos lleva esto…

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Imagen capturada de televisión

Los tiempos de las suertes

Las suertes en el encierro se caracterizan (y diferencian del avatar) por la existencia de cinco tiempos que marca el corredor:

  • Ver al toro y acercarse a su terreno
  • Entrar delante del toro
  • Acoplarse al ritmo del toro
  • Marcarle el ritmo en la carrera
  • Retirarse del toro

Según Javier Echevarría este esquema puede ayudar a entender (a mi me ha ayudado) muchos de los lances del encierro que, en caso contrario, no se comprenderían y se perderían en la turbamulta de cientos de mozos delante de una manada de toros y cabestros.

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La turbamulta del encierro antiguo (Foto archivo Rangel)

Las suertes del encierro

Sobre las suertes, Javier Echevarría analizaba la relación de las mismas (siempre similares) con los distintos tramos del encierro y destacaba Estafeta por su longitud y porque en su curva de entrada la manada se solía romper.

Hoy, el uso de sustancias antideslizantes ha desvirtuado, en cierto modo, los encierros pues al impedirse o dificultarse la rotura de la manada se hace más difícil que se produzcan los lances de antaño.

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La utilización de sustancias antideslizantes desvirtúa en cierto sentido el encierro pues impide que (como vemos en la foto de antaño) se rompa la manada habitualmente.

Hecho este matiz, Javier Echevarría diferenciaba las suertes por cuatro factores diferenciales:

  • El comportamiento de los toros. El toro puede ir en manada o suelto, y dentro de estas situaciones existen numerosas variantes como el toro rezagado o el adelantado, cada uno con sus propias características que deben conocerse.

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Magnífica foto donde se ejemplifican las posibles relaciones de la manada y la cuadrilla. El corredor 1 se está retirando; 2 y 3 corren al alimón; el 4 se está templando con el toro y el 5 lo está viendo venir.

  • El de los corredores Los corredores pueden hacerlo en cuadrilla, al alimón o individualmente.

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Atanasio (x) y otro corredor conducen la manada al alimón

  • El tramo donde se producen las suertes (Santo Domingo, Ayuntamiento, Estafeta, Telefónica, callejón de entrada a la plaza, cada uno con características propias que condicionan y determinan las suertes más idóneas en cada tramo.

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En la Cuesta de Santo Domingo la manada suele ir compacta. Entrar en ella es prácticamente imposible.

  • La velocidad del toro. NO se cita ni corre igual al toro parado, que al que se arranca o al que está andando o a la carrera.

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Jokin Zuasti (1) y Pepelu Madina (2) citan al toro parado. Julen Madina (3), el sobrino del Moreno (4) y otros corredores se preparan para el relevo si fuera necesario 

Las combinatorias que resultan de jugar con esas cuatro variables se producen a partir del criterio primero (los toros y su situación en la manada) y subordinando los restantes (corredores, tramo y velocidad) a aquel.

A título de ejemplo, serían suertes diferenciadas en el encierro:

  • Correr la manada en cuadrilla en la curva de la Estafeta
  • Correr la manada al alimón en la curva de la Estafeta
  • Correr la manada individualmente en la curva de la Estafeta

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Cuatro corredores (entre ellos Tito Murillo y Txema Esparza) conduciendo a la manada en cuadrilla en la curva de Estafeta

Así cambiando manada por toro suelto (adelantado o rezagado), cuadrilla por mozo o pareja de mozos y curva de la Estafeta por los distintos tramos tendríamos la variopinta multiplicidad de situaciones que se pueden producir en un mismo encierro.

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Momento cumbre: Entrada a la plaza de la cuadrilla llevando a la manada. Julen Madina con los brazos en alto indicando que todo está bajo control. Gesto torero.

La (verdadera) suerte del encierro

Sigue Javier hablando de muchas cosas más pues muchos y variados son los matices y las suertes que nos cuenta por lo que no hay más remedio que leerse entero (lo aconsejo vivamente) el texto de su conferencia pues merece la pena.

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El conocimiento de las suertes es crucial. En este caso, resulta evidente el desconocimiento de un mozo que intenta entrar delante del último toro de la manada, lo que según Javier Echevarría no es de recibo.

Sin embargo, convengamos en que analizados matices y estilos, modos y modas, suertes y avatares, la suerte, la verdadera suerte del encierro es el capotillo de San Fermín que casi siempre está al quite.

Como este año con este mozo que fue enganchado por el cuello y arrastrado hasta el callejón de entrada a la plaza en el primer encierro, por un toro de Dolores Aguirre, saliendo sorprendentemente  ileso.

 

 

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San Fermín al quite

Nota: Las fotos de finales de los 70 y principios de los años 80 incluidas en esta entrada son las que ilustran en el libro de Ediciones Turner, la conferencia de Javier Echevarría. 

domingo, 1 de julio de 2012

¡Vive Dios que me espanta esta grandeza!

Por Clarito

¡Vive Dios que me espanta esta grandeza

y que diera un doblón por describilla!

 

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Batalla de Lepanto

(José Tomás y  el Juli en Badajoz, el pasado 25 de junio, y debajo Imagen de la batalla de Lepanto en la que participó Miguel de Cervantes autor de los versos reproducidos)

 

Venimos de un caluroso Badajoz de ver torear a José Tomás y a Julián López Juli y el caso es que, pasados varios días y después de tanto comentario y de tanta crónica laudatoria pero también después de tanta crítica acerba y amarga,  sobre todo de los que no estuvieron en la plaza (aunque parezca mentira los ha habido), parecería que queda poco por contar  y puede ser cierto pues se ha escrito mucho y bueno (De los blogs, recomiendo leer a Juanma Lamet y a Menacho y, singularmente, a Juan Medina que analiza de modo magistral –como siempre- la repercusión económica del evento) y es que no resulta fácil elegir adjetivos para explicar lo que uno sintió sin caer en el ditirambo o en el tópico más manido.

Pero más vale pasarse que quedarse corto pues, en ese último caso, faltaríamos a la verdad, lo que no es de recibo.

Vamos a contar algo sobre lo que se vio y un poco más sobre lo que se dijo.

 

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Plaza llena para una corrida de expectación que no causó ninguna decepción (Fotografía de Domingo Cáceres)

 

Como llegaron los toreros

Para Tomás era su primera corrida en el año. Juli vino convaleciente de la lesión que tuvo hace unos días y de la que no está planamente recuperado.

Sin embargo, a ninguno de los dos se les notó lo más mínimo las circunstancias con las que afrontaron la contienda. Tomás parece que lleva 30 ó 40 corridas toreadas está temporada, tal fue su aplomo, y viendo a Juli nada hacía suponer que llegase con los huesos fisurados.

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Para Tomás era su primera corrida del año en una temporada reducida al mínimo (Fotografía de J.V. Arnelas publicada en Hoy.es)

Tomás me recordó a Antonio Ordoñez cuando toreaba una goyesca al año y Juli a Juan Belmonte cuando llegó a Sevilla para torear con Gallito una corrida de Don Eduardo, reventado por la paliza de una cogida anterior.

La impresión que dieron ambos (pese a todos los pesares y a lo que arriesgaron en todo momento) fue de total seguridad toreando.

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Juli llegó roto a Badajoz lo que no se le notó en ningún momento

 

Como llegamos nosotros. La excursión a Badajoz

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No como los toreros, pero también bastante perjudicados llegamos nosotros a la Plaza.

La excursión a Badajoz (siete horas de viaje desde Málaga con transbordo de tren a autobús en Sevilla, el mismo día de la corrida) fue un remedo de los viajes que hacían los aficionados antiguos en pos de sus toros y toreros preferidos cuando no había autovías y las infraestructuras de nuestro país dejaban mucho que desear.

Autobuses de Sevilla

De Sevilla a Badajoz en autobús parando en casi todos los pueblos del trayecto. Suerte que la compañía (en el viaje y en la plaza) fue magnífica.

Para colmo, la temperatura en Badajoz era algo más que inapropiada y excesiva para estas fechas. Pero al aficionado nada le molesta ni distrae cuando tiene verdadero interés en las cosas que le merecen la pena.

 

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¡A los toros! En autobús o en tranvía de mulas. Al aficionado nada le molesta cuando tiene interés en lo que va a ver (Fotografía de 1900)

El tema tiene su lado favorable pues no se valora igual lo que te regalan que lo te cuesta un esfuerzo.

Al contrario, lo peor que se puede hacer (y, en esto, creo que todos estaremos de acuerdo) es masificar el toreo y ofrecerlo a granel. Pues la fiesta de los toros es como una de esas piedras preciosas de rara calidad que no se puede (ni se debe) malbaratar.

 

Juan José Padilla, el digno testigo

Muy digno estuvo Padilla (ese heroico Manuel Domínguez de nuestra época) en su papel de testigo del enfrentamiento entre Tomás y Juli. Que ya es papel comprometido.

Padilla estuvo valiente, lo que en tarde de valientes es más meritorio y aprovechó las magníficas embestidas de su segundo toro en una faena que, si no artística, tuvo momentos de gran calado. Puso muchas ganas y cumplió con creces su cometido.

 

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Padilla. Más que digno

 

Lo que me gustó de José Tomás

Aunque sus toros no fueron los mejores (sino todo lo contrario) el de Galapagar estuvo inconmensurable.

A mí me gustó mucho:

  • Con el capote en su primer toro. Creo que no he visto a nadie (o casi nadie) torear con tanta suavidad

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Máxima suavidad en el capote de José Tomás (Fotografía de Domingo Cáceres)

 

  • Con la muleta toda la tarde. Le vuela como no le volaba antes. Quizás debido a su mayor tamaño (aunque se lo comenté a mis acompañantes de localidad y me dijeron que les parecía que no) pero ahora le coge un vuelo espectacular. Sobre todo en los remates. Fue un detalle que me llamó la atención y me encandiló.

 

 

  • Tanda final de naturales en su segundo toro. El toro no era bueno y nadie apostaba por una faena grande pero este torero no tiene fondo. La tanda final fue tremenda por lo que expuso, por lo que aguantó y por la longitud de los muletazos que sacó.

Porque,  como se preguntaba un gran amigo mío y grandísimo aficionado, “¿Cómo se puede llevar la embestida de un toro agarrado al piso, justo en el final de la faena, con su fuerzas agotadas, con esa pequeña porción de trapo, hasta… el infinito? La respuesta es muy sencilla. Pura magia. Puro toreo. Toreo puro. La esencia de José Tomás”.

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José Tomás, Cumbre del toreo al natural (Fotografía de Domingo Cáceres)

 

Lo que me gustó del Juli

Su primer toro fue sensacional y casi tan bueno como el segundo de Padilla. Su segundo no tan bueno como querían hacernos ver los partidarios de su contrincante (sana pasión).

Me gustó mucho:

  • En ambos toros. Que se los dejara crudos en el caballo.
  • Con el capote. Que “acuchara” el capote igual que “acuchara” la muleta.  Es el primero torero al que se lo veo hacer tan ostensiblemente.

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En esta magnífica foto de Domingo Cáceres se ve perfectamente la forma en que Juli “acuchara” el capote. La mitad del percal se arrastra horizontalmente por el albero. 

  • En su primer toro. Que se empeñara en torear por la izquierda que era el lado malo y que, a pesar de ello, consiguiera cuajar una gran faena.

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Al contrario que el muletazo, la imagen tiene poca calidad, pues se ha capturado del video, pero es muy ilustrativa del excepcional toreo del Juli. Sólo hay que fijarse en la posición de la muleta, en la pierna derecha del torero y en la cabeza del toro. Quien a la vista de esto se atreva aún a hablar de “destoreo” demuestra si no una absoluta falta de imparcialidad, un más que preocupante desconocimiento de la técnica del toreo.

 

  • En su segundo. Que corrigiese todos y cada uno de los defectos del toro (los tuvo) y, sobre todo, que se montase (metafóricamente) encima del animal. El final de faena fue de traca. Lo vemos.

 

 

Dos palabras más. La primera, sobre la plaza

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La plaza de Badajoz es muy funcional y cómoda pero, objetivamente, nada bonita. Desde el 25 de junio de este año su categoría ha subido varios enteros.

 

Decía al principio que la corrida había sido objeto de algunas críticas (mucho ruido -en realidad- y pocas nueces), sobre todo de “los que no estuvieron”.

Los dos reparos más repetidos han sido los toros y la plaza. Se ha dicho que la corrida fue chica (lo que es mentira) y que la plaza no tiene categoría suficiente (pues Badajoz es plaza de segunda)

Y eso, como si sólo se pudiesen ver toros en Madrid y de determinadas ganaderías. Como si todo lo demás que pasa en el toreo no tuviese importancia alguna.

Tremendo exabrupto este. Como sigamos así, habrá que reescribir la historia del toreo y borrar todo lo que no pase o haya pasado en Madrid. En ese caso, ni Manolete murió en Linares (otra plaza sin categoría) ni Joselito en Talavera (menos categoría aún) ni tampoco Pepe Luís Vázquez se excedió nunca (lo dijo su mozo de estoques) en Valladolid (cuya categoría ya ni comento).

Y para mí, que es justo lo contrario, pues la categoría de la plaza la da su público y quien torea en ella. Sobre todo, desde Joselito el Gallo y Manolete, quienes nunca miraron la categoría de la plaza donde toreaban para jugársela sin cuento. Y es que, comparando públicos y diestros, hoy por hoy, Badajoz gana –en categoría y con mucho- a Madrid.

La moraleja es que cada cual tiene, al final, el premio que merece y Madrid ya no se lleva ni la pedrea.

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El premio gordo de la lotería taurina ha caído este año en Badajoz aunque (por fortuna) todavía quedan números en el bombo (Fotografía de J.V. Arnelas publicada en Hoy.es)

 

La segunda palabra. Sobre los toros

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El comportamiento de los toros en varas fue desigual aunque interesante a veces. Quizás lo único que no me gusta en las plazas de segunda es que el toro sólo va al caballo una vez. Es cuestión a intentar corregir entre todos (Fotografía de J.V. Arnelas publicada en Hoy.es)

Mucho se ha escrito de los toros. Sin embargo, pocos peros se le pueden poner al encierro de Garcigrande y Domingo Hernández. Ni por presentación (corrida en puntas), ni por comportamiento pues hubo variedad dentro de una tónica general muy buena.

Manseando y sin opciones el primero, que se paró muy pronto. Bajo de casta el segundo. Bravo y repetidor el tercero. Noble y con movilidad (el mejor) el cuarto. Manejable y noble el quinto y con movilidad y defectos pero corregibles, el sexto.

Lo contrario de lo que se ha dicho y es que sobre el toro se vierte mucha demagogia.

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Un bonito slogan futbolero

Es bueno recordar al respecto, pues circula mucho por Internet, un “slogan futbolero” que dice “Nada tiene importancia si no hay toro”. Bueno fuera si fuera verdad, pero tiene trampa y es que en realidad lo que se quiere decir es:

“Nada tiene importancia (para mí) si no hay (el) toro (que a mí me gusta)”

Con lo que se entiende mejor el slogan y la intención de quien lo difunde. Y es que este aforismo, es de esas coletillas cómodas de las que viven determinados aficionados: “Si el torero está mal, es un petardo, pero si está bien, no tiene mérito porque lo que tiene enfrente no es un toro sino una cabra, un chivo o un gnomo”.

Y es que lo se dice hoy sobre el toro de hoy, se ha dicho siempre sobre el toro de todas las épocas para rebajar importancia a un torero o a una faena cuando no nos caen bien ni el torero ni su toreo. Pero, como enseñaba Gregorio Corrochano:

“Cuando un toro tiene edad de toro, está bien criado –no quiero decir muy gordo-, lo que supone poder y salud, y en el tipo de su ganadería, es toro, pese lo que pese. Si le faltan la edad, el poder y el trapío no es toro, es novillo, pese lo que pese”

Deberíamos todos tomar nota de esta definición de Don Gregorio y aprendérnosla de memoria.

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Más que correcta la presentación de los toros de Garcigrande (Fotografía de J.V. Arnelas publicada en Hoy.es)

Volviendo a la frase de marras (“Nada tiene importancia si no hay toro”) he de decir que yo, por el contrario, cada vez estoy más convencido que la importancia de la fiesta y la emoción verdadera la pone el torero no el toro.

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La emoción verdadera la pone el torero (Fotografía superior de J.V. Arnelas publicada en Hoy.es. La inferior es de Domingo Cáceres )

Un ejemplo. Nunca el toreo fue más emocionante que en la época de Manolete, cuando precisamente se corrieron los toros más pequeños y de menor edad (circunstancias de la guerra) de toda la historia.

Y otro. Nunca el toreo fue más aburrido que en la época de Bombita y Machaquito cuando se lidiaban posiblemente los toros de más peso, sino de más edad, que se han lidiado nunca.

Esto no es elogio del toro chico y dócil (que no gusta a nadie y ni siquiera al propio torero) sino elogio del torero. Y es que se hace mucha demagogia con estas cuestiones, quizás porque, en el fondo, de lo que se trata es que el torero fracase.

Lo dijo, con mucha precisión y sagacidad en 1925, Uno al Sesgo en su libro “A los cuarenta y tantos años de ver toros” (págs. 118 y ss.):

“Se me antoja un disparate el de “los buenos aficionados” que defienden la teoría de que a los mejores toreros deben dárseles los peores toros, los de lidia más difícil, los de casta más dura, los de intenciones más aviesas, los más grandes y cornalones.

(…) el “sentido común” les dictaba que los toritos nobles, bravos, suaves, son precisamente los que deben destinarse a a los que no saben torearlos ni han de poder aprovecharlos, y en cambio los de malas condiciones son los más a propósito para los toreros máximos, a fin de que no puedan hacer nada con ellos y nos aburran.

Es cuestión de equidad y justicia. Lo equitativo, lo justo es ayudar y proteger al torpe, al inepto e inutilizar al apto y al inteligente, para mayor gloria de la fiesta.

(…) Si una plaza de toros fuera una escuela de tauromaquia y si los espadas que figuran en una corrida tuvieran el carácter de alumnos, y el público asistiera no como a un espectáculo, sino como a una prueba de aptitudes, estaría bien que a los discípulos más aventajados se les reservasen los toros que ofrecieran mayores dificultades, y viceversa. Pero no se trata de eso: Una corrida es un espectáculo al que el público va a divertirse lo más posible, y los espadas que en él toman parte están todos revalidados (…)

¿No lo sabe esto todo el mundo?

Pues hacen muchos como que lo ignoran, y lo mismo ayer cuando Lagartijo y Guerrita, le ponían reparos al ganado colmenareño, como después cuando Joselito y Belmonte preferían ciertas castas andaluzas (…), los “buenos aficionados” ponen el grito en el cielo, como si cometieran los diestros el mayor de los desafueros, cuando en realidad, al mirar por sus conveniencias, miran por las del público”.      

…Lo dijo Uno al Sesgo y lo suscribimos nosotros.

 

Una última palabra sobre las competencias en el toreo.

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José y Julián. La competencia… ¿Todavía posible?

Lo importante es que Tomás toreó para él y Juli toreó para el público y para darle la réplica a Tomás. Juli, en el sexto, hizo al natural lo mismo que había hecho Tomás en esa ya famosa postrera tanda del toro anterior. Como dijera el Duque de Rivas (y va de citas):

“Pues si él es de reyes primo,

primo de reyes soy yo;

y conde de Benavente,

si él es duque de Borbón”

Tomás demostró porqué es quien es (y sobran los comentarios). Juli llegó más al público quizás porque sus toros fueron mejores (Esto es subjetivo).

Tomás toreó con más pureza (esto también es subjetivo) y Juli toreó con mayores recursos (esto no lo es).

En resumen, choque de trenes. Joselito y Belmonte redivivos.

 

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Un torero de enormes recursos. probablemente el mejor torero de la historia del toreo, Joselito el Gallo, toreaba en Badajoz un 11 de junio del año 16, le vemos en un recorte después de un quite.

Y una reflexión:

¡Qué competencia más importante se ha perdido la historia del toreo por la incompetencia de los empresarios y taurinos que, en su día, la evitaron y que por eso (y sólo por eso) se han hecho merecedores del fuego eterno!

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La barca de Dante, pintada por Eugene Delacroix en 1822, debería ir llena de taurinos incompetentes

 

Acabando como empezamos

En mi vida de aficionado he visto grandiosas tardes de buenos toreros, tardes triunfales, salidas a hombros dobles y triples, éxitos clamorosos pero torear, lo que se dice torear, como se vio en Badajoz, en una misma tarde, a dos toreros tan excepcionales eso, yo personalmente, no lo había visto nuncahasta el lunes pasado.

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Lo que se ve pocas veces: Dos toreros excepcionales juntos. Ayer, José y Juan. Hoy, … (Foto de Domingo Cáceres)

Y aunque hay cosas muy difíciles de contar y transmitir con justicia (y sin trampas) a quien no estuvo en la plaza creo que nos basta terminar como comenzamos y limitarnos a exclamar (como hizo Miguel de Cervantes Saavedra ante el túmulo de Felipe II en Sevilla) la frase de inicio de esta entrada, con la que creo que queda todo dicho y resumida nuestra opinión:

¡Vive Dios que me espanta esta grandeza!

 

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El túmulo de Felipe II en Sevilla