sábado, 18 de marzo de 2017

Los errores de estrategia se pagan muy caro

Por Jose Morente

Las tácticas de los antitaurinos para lograr la abolición de la tauromaquia son mucho más coherentes e inteligentes que las de los aficionados a los toros para defenderlo

Leyendo estos días el manual del activista que aparece en la página web de la asociación Anima naturalis, encuentro un punto tercero que me ha llamado poderosamente la atención. El título es "pureza personal vs. activismo efectivo"

La idea que transmite es sumamente simple pero eficaz. Los ideólogos de esta asociación vienen a recordar a sus prosélitos que anteponer el idealismo utópico a la obtención de objetivos concretos, posibles e inmediatos, aunque menos ambiciosos, es un error de estrategia que se paga caro.

Y es que no tiene sentido -dicen- ensarzarse en discusiones por todo y contra todos en defensa de su bienintencionada causa. El objetivo no es acabar de golpe -sería utópico- con el maltrato animal sino conseguir que -poco a poco- cada vez exista menor maltrato. Y hacerse antipáticos y retrógrados a los ojos de los demás por plantearles exigencias imposibles, por pedirles el todo o nada a los no convencidos, va contra ese objetivo, va contra la causa del animalismo.

En resumen, que la defensa de un ideario excesivamente purista perjudica más que beneficia a su causa.

El discurso de los ideólogos animalistas creo que es aplicable a nosotros, a los aficionados a los toros. Somos muchos los que hemos olvidado que lo importante no son los matices o nuestros gustos personales (siempre discutibles) sino la propia pervivencia de la Tauromaquia hoy puesta en entredicho a nivel mundial por la marea animalista.

Una marea que será cada vez más imparable si en vez de ensalzar y difundir los indiscutibles valores de la Fiesta nos dedicamos única y sistemáticamente a poner el acento en lo negativo. En rigor, de poner el acento en lo que a nosotros nos parece negativo.

No se trata de ocultar la verdad ni mentir (ni mucho menos) pero tampoco de sacar a la palestra solo lo que nos perjudica. Eso, como saben los buenos estrategas del animalismo, es un grave error de estrategia y los errores de estrategia se pagan, al final, muy caro.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

La Tauromaquia ha de tornarse incruenta para pervivir. De no ser así, en mediato lapso nada quedará de ella, en ningún país. El quid es: dar el paso hacia allí ora enfrentar la realidad que la sociedad hoy día reclama a título de extinción... Empero, pocos advierten que ello, de no trocar lo que hay hoy, es la realidad que inminentemente se avecina

Jose Morente dijo...

Anónimo:

No lo tengo tan claro. A mí me parecería magnífica una tauromaquia incruenta pero el problema con los antitaurinos no es sólo la sangre sino que están contra cualquier utilización de los animales cruenta o no (ya están consiguiendo el circo sin animales) por lo que me temo que, aunque la única sangre que se vierta en las plazas fuese la de los toreros. los animalistas no cejarán en su intento de abolición total del toreo.

Eugenio Vidal dijo...

Es una moda,una movida como los hippis,los rockers,los punks.
Pronto,en algunos años cuando la gente tenga mas trabajo y menos tiempo para pasear a los perros.
El animalismo se acabara.

Jose Morente dijo...

Eugenio Vidal:

Ojalá sea como usted dice.

Manuel dijo...

Ojalá fuera una moda, la verdad. Pero yo no lo creo. Yo creo que tiene mucho más que ver con el alejamiento de la sociedad, en general del mundo animal, del mundo rural. Resulta paradójico, ¿no? Por un lado nos "alejamos" de los animales y, por otro, los "amamos" más, nos preocupamos más por ello.
Yo creo que en los pueblos el trato con los animales ha estado siempre presente; un trato, digamos, "natural". Se tenía un caballo para ayudar en los trabajos del campo, gallinas para poner huevos, un cerdo al que se alimentaba para, llegado el día matarlo (a ser posible desangrándolo) y alimentar a toda una familia durante un largo período de tiempo. Se tenían, se usaban animales para "algo". El trato con ellos seguramente era de "respeto", no creo que en general, se fuera especialmente cruel con ellos, pero los animales estaban para lo que estaban.
En este contexto, la corrida de toros no asustaba a nadie. Que se críe un animal para su lidia es algo perfectamente entendible y asumible desde este entorno.
Pero desde hace ¿un siglo? más o menos, las personas se han ido mudando del campo a la ciudad. Y, poco a poco, la relación con el pueblo, con lo rural, con los animales ha ido siendo menor, se ha ido reduciendo hasta ser casi nula. Ha quedado reducida a la compra de un paquete de cuartos traseros de pollo en el carrefour, perfectamente envasados al vacío, sin sangre, sin vísceras, sin cabeza. O bien, a tener una mascota en casa. Un gato, un perro, un loro. Incluso una serpiente pitón. Yo entiendo que cuando la única relación con los animales es esa, la de un animal de compañía, es muy fácil humanizarlos, quererlos casi como si fueran personas. De ahí a pensar que la corrida de toros es un espectaculo cruel dónde se hace daño gratuitamente a un animal y pedir su abolición hay un paso.
La única solución que yo veo, o más que solución, la única manera de, tal vez, retrasar lo inevitable es hacer proselitismo de la corrida de toros. Hablar de ello. Siempre. Explicar a la gente por qué nos gusta. Por qué se trata de algo único. Contarles que los sentimientos y las emociones que se producen en una plaza son genuinamente únicos porque no hay un espectáculo dónde se ponga en juego la vida humana de esa manera. Y que el sentir y vivir esas emociones, en realidad, ayudan a que el ser humano sea más humano. Y mejor. Y que por eso, el sacrificio del toro, por medio del ritual, está plenamente justificado.
No sirve de mucho. Sobre todo con gente que no quiere escuchar. Pero de vez en cuando alguno dice, voy a tener que ir alguna vez a ver una corrida de toros...

Anónimo dijo...

Suscribo tu reflexión, Manuel. Palabra por palabra.
Hay que transmitir a los demás el por qué de la fiesta. Y hay que hacerlo así.
Muchos ¿aficionados? no entienden que la tauromaquia, para justificarse, no tiene que recurrir a las palabras manidas hasta la saciedad para "argumentar" a su favor: "tradición" y "España".
La tradición no es un argumento. Y la tauromaquia, como todo arte, no sabe de países ni fronteras.
Hay que defender la tauromaquia con argumentos reales, que los hay, de sobra: como modelo opuesto a la sociedad urbanita y de consumo, ensalzando la singularidad del toro bravo, destacando el valor ecológico de la ganadería brava, o explicando la técnica del toreo, que la gente se sorprende, y mucho, cuando se le desvela cómo consigues "engañar" al morlaco con un trozo de tela.

Pablito

Jose Morente dijo...

Manuel/Pablito

Muy de acuerdo con vuestras reflexiones a las que poco puedo añadir sólo agradeceros compartirlas en este blog.

Gracias y un saludo.