lunes, 27 de agosto de 2012

¿Y si hablamos de las banderillas?

Por Alexandre Coursier

 

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Kandinsky. Círculos dentro de círculos (1923)

Se tiende a considerar el tercio de banderillas como uno de los más espectaculares de la corrida aunque no se le suele dar demasiada importancia. Lo normal, cuando banderillean los subalternos, es ejecutar la suerte de forma rápida y correcta mientras que, cuando lo hacen los matadores, la ejecución suele ser caprichosa y brillante. En cualquier caso, este tercio supone una buena ocasión para que los peones puedan demostrar sus habilidades, tanto banderilleando como bregando.

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Javier Ambel. Foto de Juan Pelegrín

Por lo que respecta al toro, las banderillas son un buen momento para observar su modo de colocar la cabeza durante la brega, la prontitud con la que arranca sobre el banderillero y la distancia a la que lo persigue o, incluso, si corta terreno, si levanta la cabeza en el momento del encuentro, si es distraído o si “se queja" moviendo la cabeza después de puesto el par. Anotemos que mientras es habitual ver a los toros dolerse en banderillas no suelen tener similar reacción después de ser picados, como si los arpones de los garapullos fueran más dolorosos que el hierro de la puya. Arpones que cumplen, además, su función de “avivadores”, de alegrar al toro después de la suerte de varas.

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José Chacón

De hecho, el tercio de banderillas sirve sobre todo para juzgar los efectos del tercio de varas y para matizar las observaciones ya realizadas antes con vistas al tercio de muleta. El tercio importante es el de varas. Podemos constatar que, en los tentaderos, se suprime la suerte de banderillas y, sin embargo, ¿acaso no convendría realizar esta suerte para juzgar cabalmente sobre la naturaleza del toro?

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El Chano

Vayamos al tercio de varas.

La organización del espacio tiene, en este tercio, importancia capital. El toro ocupa el espacio central del ruedo que constituye su dominio; allá, cerca de la puerta de toriles, se encuentra su lugar de refugio, su querencia. Le presentamos un obstáculo (el caballo) en la periferia de su terreno, en la zona menos preciosa para él. En la zona opuesta a su querencia a toriles

¿Quiere deshacerse de ese intruso? ¿Hasta que distancia lo tolera?

Independientemente de su modo de embestir o de reaccionar a la herida de la puya, la voluntad del toro defendiendo el mayor terreno posible, determina en gran parte su bravura. La inmensa mayoría de los grandes toros quieren conservar el control de la totalidad del ruedo hasta su último confín. La lidia consistirá, para el hombre, en apropiarse progresivamente del territorio del toro.

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Tito Sandoval. Foto de Juan Pelegrín

Regresemos a la suerte de banderillas.

Las banderillas, parecen el complemento exacto pero invertido de la suerte de varas. El toro se sitúa ahora en la periferia de su territorio, cerca de la barrera, en un lugar que puede parecerle tranquilizador después del duro castigo sufrido en varas cuando un intruso, el banderillero, intenta apropiarse del centro de su dominio, del corazón de su feudo. La voluntad del toro debe entonces expresarse inmediatamente para ir a la caza de este impertinente, y para ir una y otra vez, a pesar de los dolorosos aguijonazos de los arpones de las banderillas.

¿Acude? ¿Acepta alejarse de su querencia a las tablas para comenzar esta nueva pelea? ¿Cuáles son –entonces- sus dominios? Según su bravura, su reacción será más o menos alegre, más o menos enérgica. Muchos toros embisten sólo cuando el banderillero se les acerca, o sólo cuando invade su terreno, el situado entre el toro y la barrera, terreno que constituye entonces su querencia, lo que debería ser considerado como signo de mansedumbre.

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Luís Carlos Aranda. Foto de Juan Pelegrín

Por desgracia, las observaciones, que se podrían hacer sobre el comportamiento del toro en ese tercio son, la mayoría de las veces, muy confusas por culpa de la forma en que se realiza esta fase de la lidia: mucha gente en el ruedo, mucho movimiento de unos y de otros, voluntad de hacer las cosas deprisa...

Demasiado a menudo, la forma de hacer las cosas prevalece en esta suerte sobre el fondo. Por cierto, es meritorio poner los palos levantando los brazos en alto, colocándose frente a sus pitones, clavando los palitroques reunido con el toro, saliendo con elegancia de la cara del mismo pero, en cualquier caso, estos son detalles menores.

Hacer lo necesario para que el toro se fije en el banderillero situado en el centro del ruedo, darle tiempo para “pensar” la nueva situación, avanzar hacia él de forma progresiva o, hasta si cabe, alejarse un poco más en cada par de banderillas para comprobar a que distancia embiste, igual que se hace al colocar el toro cada vez más lejos del caballo en el primer tercio, podrían ser las maneras correctas de proceder, en este tercio, con un fin primordial: Resaltar –ante todo- la importancia del toro.

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David Adalid. Foto de Juan Pelegrín

 

Texto original de Alexandre Coursier. Publicado, por primera vez, en su blog  “Al gurugú” con el título Si on parlait des banderilles? el día 8 de agosto del presente año.

Traducción de Jose Morente (revisada por su autor)

 

Addenda. Nota de LRI

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Antonio Chacón, al cante, con Javier Molina, a la guitarra, en una juerga flamenca a la que asistieron los toreros Ricardo Torres Bombita y Juan Belmonte. Foto de portada del blog “Al gurugú” de Alexandre Coursier

 

Al gurugú” es uno de los tangos más emblemáticos de la simpar Pastora Pavón “Niña de los Peines”. Pero “Al gurugú” es también el nombre de uno de los más interesantes blogs que existen, hoy por hoy, sobre toros y flamenco.

Este magnífico y reciente blog (una pequeña joya) es creación de un gran aficionado francés (parisino por más señas) que se llama Alexandre Coursier, quien está dotado de un fino instinto para catar todo lo que de bueno tienen el toreo y el cante jondo (el cante, pero también, el baile y la guitarra, por supuesto).

El único hándicap es que está escrito en francés –la lengua de su autor- lo que limita su difusión en España y los países de lengua hispana. Por ello, me ha parecido necesario (casi obligatorio) dar a conocer una de sus entradas (espero que no sea la última) pues los originales matices y sutilezas que Coursier descubre en la lidia del toro merecen ser difundidos. Por eso, hemos traído a la Razón incorpórea este sensacional artículo sobre las banderillas allí publicado. Y eso, pese a que el esfuerzo, por traducir cabalmente lo escrito por nuestro amigo Alexandre, ha sido grande ya que no somos muy duchos en estas lides y la forma de construir las frases difiere bastante en ambos idiomas, francés y castellano.

Es pues un experimento arriesgado donde (y no es tópico) todo lo que de ingenioso y sagaz pueda tener el texto se debe a la pluma de su autor. De igual modo, todos los defectos son achacables única y exclusivamente a nuestra impericia traductora.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Siempre me ha extrañado el aparente dolor de algunos toros en banderillas. Es algo que no observo en varas. ¿tiene alguna explicación?

Jose Morente dijo...

Anónimo

La única explicación que creo pausible es que el toro tiende a proteger sus cuartos traseros, circunstancia esta que, de hecho, permite explicar gran parte de su comportamiento.

En ese sentido, la "queja" del toro no vendría provocada por el dolor, mucho menor que el causado por las puyas, sino por el hecho de "notar" un objeto u objetos extraños detrás de la cabeza por lo que intentaría quitárselos.

Sin embargo, creo que quien podría responder más cumplidamente a la cuestión planteada sería alguien más avezado en estos temas (como un ganadero o un veterinario, por ejemplo).

Saludos.

Anónimo dijo...

Como sabes yo considero al segundo tercio como el más difícil de todos. Aunque no la viví, echo de menos la época en que prácticamente todos los toreros ponían los palos. El artículo de Coursier es interesante, pero no toca el aspecto artístico de poner banderillas, ni habla de lo expuesto que es clavar las jaras, ni del gran temple que se necesita para hacerlo bien. Ojalá lo haga posteriormente, aunque para él son detalles menores (une lidia mineure). Un abrazo de parte de Gastón.

Jose Morente dijo...

Gastón

Efectivamente. El tercio de banderillas presta un equilibrio a la lidia que le concede una enorme importancia. Por ello, pese a tratarse de un "tercio menor", como bien dice Alexandre, un número importante de aficionados le ha concedido valor primordial pues se trata de una especie de "cámara de descompresión" para pasar de la densa, tremenda y brutal suerte de varas al intenso, expuesto y agotador tercio de muleta.

Hay que considerar también que es el tercio en el que más cambian los toros y, al mismo tiempo, el momento de la espectacularidad más espectacular. Donde el toreo cobra mayor luz, especialmente cuando la suerte la ejecutan los matadores que son buenos banderilleros (Guerrita, Joselito,...).

Hay mucho que hablar sobre las banderillas y el texto de Alexandre Coursier es una magnífica introducción al tema.

Un abrazo

Anónimo dijo...

Muy interesante lo de proteger sus cuartos traseros en banderillas.¿en qué otros momentos de la corrida se manifiesta esta circunstancia?
Sería bueno que si lo tiene a bien,que nos ilustre en cuanto a esos cambios del toro en el tercio de banderillas.
Soy aficionado a los toros, pero no es fácil aprender tanto como aquí.
Gracias por su labor.

Jose Morente dijo...

Anónimo

No sólo en banderillas sino durante toda la lidia el toro protege o intenta proteger sus cuartos traseros.

La explicación es muy sencilla y se debe la conformación de sus defensas en la teztuz o sea, al frente, lo que desguarnece su parte posterior.

Muchos movimientos del toro, desplazamientos, formas de reponer durante la lidia, se deben a la situación de sus defensas como, por ejemplo, algo que hoy no se suele ver pero que abundaba en la lidia antigua, que es entablerarse o aconcharse contra la barrera se debe a este motivo.

Es la misma razón que lleva a las reses a situarse en las esquinas de las plazas cuadradas (lo que explica que estas sean redondas).

Estos movimientos son muy claros para el torero pero también pueden ser detectados por el espectador atento.

Saludos