domingo, 29 de noviembre de 2015

Paco Camino (IV) La estocada

Por Jose Morente

Paco Camino habló el 20-N en Málaga: Todo un lujo

Camino ha hablado y hay que seguir hablando de él.

Hace ya 4 años cerrábamos (o pretendíamos cerrar) una mini-serie de 3 entradas que quisimos dedicar a uno de los mejores diestros que un servidor ha podido ver en una plaza de toros: Paco Camino

Sin embargo, el pasado viernes, 20 de noviembre, Paco Camino estuvo en Málaga, en el Colegio de Abogados, hablando de toros. Un acto organizado por Montera Siglo XXI y en el que se dijeron coas muy interesantes y muy sustanciosas. Tanto, que hemos creído oportuno retomar aquella serie que habíamos dado por finiquitada.


La estocada según Camino

En la tercera de aquellas entradas sobre el Maestro de Camas, hacíamos una referencia, breve referencia, a esas estocadas del camero que tanta ayudaron a cimentar su merecida fama.

La estocada más famosa de Camino. Una fotografía archiconocida y archidifundida.

Hoy, a la vista de los comentarios que, sobre la suerte suprema, ha hecho el maestro en Málaga, queremos volver sobre el tema, ampliando y documentando lo que dijimos en su día.

Camino recordaba que, a principios de los 60, le tenía perdido el sitio de la estocada y que lo cogió gracias a su padre, el banderillero Rafael Camino:
"Yo empecé a matar los toros bien pues... yo llevaba una racha muy mala de matador de toros y me dice mi padre: 
-¡Quillo! ¿Qué pasa? ¡Que no le cortas una oreja ni a una burra!" 
-¡Papá, es que con la espá ando...! 
-¿Con la espá andas...? 
Esos días toreaba yo (sería a la vuelta de Sevilla), toreaba yo en el Puerto de Santa María y me recogió con el coche y me dice "¿Qué no los matas?" "Es que no lo veo" "¿Que no lo ves? Lo que no tienes es lo que hay que tener. Lo que hay que tener: Dos". 
Y digo yo "¡Vale!" 
"Tu na más que salga el toro  Cuando salga el toro na más, no; cuando lo vayas a entrar a matar, te pones en medio de los pitones y te tiras al morrillo y con esto, con esto [se señala la boca] le das en el morrillo, donde están las banderillas, y le das. Y aunque te partan las banderillas esto y esto y esto [y se vuelve a señalar la boca], dale y tú verás como se matan los toros". 
Se lo hice a uno de Carlos Nuñez y le corté el rabo pero me podía haber pegado una voltereta. "¿Padre, y esto?" "Pues esto todos los días". Y ahí aprendí yo (...) Había que tirar donde miraba uno... y ya está. Eso de decir, claro, a lo mejor yo, en esa época, pasar al toro me costaba trabajo, lo que sea, y me decía mi padre: "al toro hay que pasarlo. Pasarlo y luego con esto, con la boca, donde están las banderillas, donde han picado al toro".
La corrida del Puerto -que se celebró el día 10 de julio de 1960- está reseñada, telegráficamente, en el Ruedo.

El reseñista no sólo se muestra demasiado conciso al hablar de Camino (que fue al fin y al cabo el triunfador por el número de trofeos) sino que le birla el rabo. El colmo es que de sus estocadas, no dice ni pío.

No tenemos fotos de ese día pero si la tenemos de una estocada suya también en el Puerto de Santa María a un toro de José Luis Osborne, muy pocos días despumes, concretamente el 31 de ese mismo mes. La foto es impresionante y prueba que Camino puso en práctica el consejo de su padre: dar con la boca en el morrillo, en el sitio de las banderillas. Aquí está:

Camino en el Puerto, el día 31 de julio de 1960 poniendo en práctica el consejo de su padre o sea, dando con la boca en el morrillo del toro de Osborne. Camino había recuperado el sitio de la estocada. La foto de es antología. Así se matan los toros ¡Tremendo!
A título anecdótico hay que indicar que esa tarde (la de la foto) era la de la reaparición de Luis Miguel en Andalucía, El Ruedo, por ello le dedicó una página completa.

El Ruedo dedicó una página completa a la corrida del Puerto, la de la reaparición de Luis Miguel.

Hay que matar despacio

Lo que si que recalcó Paco Camino en Málaga es que la suerte hay que hacerla despacio lo que entraña un indudable riesgo de cornada.
"Entrar a matar es que..., es que pierdes mucho tiempo porque pierdes la vista. Generalmente, pierdes la vista porque claro, haces así y haciendo así despacio e irte así... porque si haces así y así   [hace el gesto de echar la muleta bruscamente hacia adelante] eso es un trapazo que le pegas a los ojos, le quitas, le pegas un trapazo le haces así y le metes la espada, pero eso no es ná, eso no es entrar a matar. Entrar a matar es cogerlo así y ponerte ahí y ahí voy... y despacio. 
Y claro a mi han pegado muchas cornás de entrar a matar por eso. Pero, bueno, he sido un buen ejemplo en eso de la estocada".
Y, lógicamente, cuando se les coge "el sitio de la muerte" a os toros, los resultados no se hacen esperar. Camino en Barcelona el día 11 de agosto de ese año  viendo caer al toro fulminado por la estocada (Fotografía publicada en El Ruedo)

Tauroteca. Para matar bien uno de Camas.

Vamos a ver (y escuchar) al propio Paco Camino explicando su forma de matar. Se trata de un track de un capítulo de la serie "Grandes del toreo por dentro" de Canal +. Merece la pena.



lunes, 23 de noviembre de 2015

Cuaderno de notas (LXIX) Y qué torero le ha tocado a ese toro

Joselito el Gallo se desplanta en Madrid, Belmonte al fondo sigue atento la faena.

"Otro día, hablando de lo mismo en la tertulia del café -todos hemos de tener una manera de perder el tiempo para olvidarnos de que el tiempo nos pierde a nosotros-, surgió el aficionado intransigente de las afirmaciones rotundas, en el preciso momento en que yo hice un moderado elogio de la faena bonita de un torerillo en ciernes, con un toro que no era precisamente un barrabás por la intención, ni el buey Apis por el volumen, ni hubiera podido raptar a Europa llevándosela sobre sus lomos.

El hombre se puso fuera de sí (...)

- Usted ha perdido los papeles, don Felipe, y ya no sabe ver toros (...)

Salí al paso del exagerado y sistemático detractor del toreo actual (...) y para hacer resaltar el peligro recordé las tres o cuatro últimas corridas en las que unos toros no muy grandes, pero mansos, con casta y nervio, habían herido a los toreros.

- Nada, nada -me rebatió el aficionado furioso- que los toreen bien, y ya verá usted como no pasa nada. Es decir, va usted a ver todo lo contrario, como ya ha empezado usted a verlo, en cuanto salgan los bichos no criados sólo con hierba, sino con grano.

-Razón demás -argüí- cuando se exige a todo trance que se toree muy parado y muy cerca y haciendo la estatua.

-Para eso cobran, y, además, déjese usted de músicas; yo soy amigo del toro porque soy buen aficionado.

-No digo que usted lo sea malo; pero, precisamente para ser bueno, para acabar de ser bueno y justo, hay que fijarse en el toro siempre y no hablar sólo de la poca habilidad del diestro cuando la faena fue deslucida con un toro intoreable, y no decir siempre que el enemigo era una "pera en dulce", para rebajar una faena brillante, en la que el toro pareció siempre mejor de lo que era por la calidad magnífica del torero que supo aprovecharlo.

En cierta ocasión, toreaba Joselito muy bien un toro muy bueno, y Belmonte mirábale torear con deleite, cuando un amigo de éste, por congraciarse con él, le hizo esta reflexión: "¡Qué toro le ha tocado a este torero!".

A lo que Belmonte, que siempre fue justo y buen aficionado, además de gran artista, respondió en el acto: "Y que torero le ha tocado a ese toro"
Felipe Sassone. El "caso"Manolete-Y otras divagaciones taurómacas antes y después de Joselito y Belmonte (1ª ed., s.l., Ediciones Mediterráneo, 1943. Págs. 106-108)

viernes, 20 de noviembre de 2015

Cuaderno de notas (LXVIII) De El Toruño a Talavera

Y Sevilla enloquecía... (Fotografía del entierro de Salvador Guardiola en Sevilla publicada en El Ruedo del día 25 de agosto)
"El diestro Salvador Távora Triano, que había comenzado como aficionado con el gaditano José Manteca y con el camero Curro Romero, mató su último toro el 21 de agosto de 1960 en Palma de Mallorca. Se llamaba "Farruco". Era del hierro de Manuel Muñoz. Minutos antes, ese toro, al recibir el rejón de muerte, había descabalgado al caballero en plaza don Salvador Guardiola Domínguez, quien al caer de su jaca "Calé" se rompió la base del cráneo. Abría plaza en el cartel con Luis Segura, José Julio y Joselito Clavel

Guardiola era el primer rejoneador muerto en una plaza. De una familia marcada por el sino de la tragedia, con un hermano asesinado al impedir que unos pistoleros atracaran a su padre y con otra hermana chica muerta abrasada en un fuego en El Pinganillo, era todo un caballero, un gran señor del campo andaluz y el toro bravo. Al modo de don Álvaro Domecq, había cogido el caballo y los rejones para destinar el dinero de sus actuaciones a obras benéficas: a las Hermanas de la Cruz de Utrera. Empezó a torear en 1956 y llevaba a Salvador Távora como sobresaliente de espadas. Y le toco a Távora la dura y amarga prueba de tener que estoquear al toro que acababa de descabalgar mortalmente a su caballero.

De luces o en los teatros, Távora fue siempre un artista. De aquella tarde escribió un impresionante poema de arte mayor: "El último rejón". Y se cortó la coleta para guardarle el luto a Salvador. Y como cantaba divinamente, con Manolo Sanlúcar y Paco el Taranto formó "Los Tarantos", a los que contrató Juanita Reina para su espectáculo. Conoció así Távora a Rafael de León, que con Quiroga le estaba escribiendo a Juanita el nuevo espectáculo. Y le leyó Salvador a Rafael su poema. Fue entonces cuando al genial letrista se le ocurrió dedicar una canción a la muerte de Guardiola para la función "Olé con óle", cuyo estreno preparaban. Rafael, tan sobrado, escribió una copla, "Silencio por un caballero", a la que Quiroga puso música. Empezaba: "Aquella tarde Sevilla/se puso toda amarilla..."

A Távora la copla le impresionó. Y se la llevaron a doña María Luis Domínguez y Pérez de Vargas, la matriarca de la Casa Guardiola, para pedirle su venia. No le gustó nada la idea. No quiso que la muerte de su hijo anduviese en coplas por teatros y radios de cretona. Y fue entonces cuando, en menos de horas veinticuatro, a Rafael de León se le ocurrió una de sus genialidades: para aprovechar el cuplé, cambiarlo de destinatario con sólo tres retoques magistrales. El "Silencio por un caballero" se convirtió así en "Silencio por un torero", siendo ese torero el muy macareno, como Juanita, José Gómez Ortega.

Y donde Rafael de León había escrito "Silencio el patio y la fuente/que está de cuerpo presente/un señor y un caballero", puso: "Que está de cuerpo presente/el mejor de los toreros". Y donde: "Parece que está dormío, Dios mío,/con un rejón en la mano/y el Guadalquivir, su río, teñío,/con sangre de toros bravos"... Puso: "Parece que está dormío, Dios mío,/en su capote de brega,/y por Gelves viene el río, teñío,/con sangre de los Ortega". El final era: "Y Sevilla, enloquecía,/repetía a todas horas/que un toro mató en el ruedo,/que un toro mató en el ruedo/a Salvador Guardiola." Y ya saben cómo quedó: "Y Sevilla, enloquecía,/ repetìa a voz en grito:/pá qué quiero mi alegría,/ pá que quiero mi alegría/si se ha muerto Joselito".

Grandeza de la Fiesta, de la canción, de un poeta... Grandeza del artista que lo inspiró al leerle sus versos de "El último rejón". La magia de la poesía había transformado a Palma en Talavera, y llevado la muerte a punta de capote desde El Toruño a la Huerta del Lavadero. No sabía Doña María Luisa Domínguez en la vieja casa del Conde de Aguiar en la Puerta Jerez, la de la paleta de pintor en su reloj de sol, que gracias a su negativa de luto, las radios de cretona iban a cantar una de las más hermosas coplas toreras. El 11 de octubre de 1962, en Málaga, cuando Juanita Reina estrenó "Silencio por un torero", el Teatro Cervantes se venía abajo."

Antonio Burgos (ABC.com. 23 de septiembre de 2013)

Salvador Guardiola en las Ventas

martes, 17 de noviembre de 2015

Del dicho al hecho...

Por Jose Morente

Mientras los toreros hablan de cosas concretas, de problemas prácticos (comportamiento del toro, determinadas maneras de mover los engaños, sus propios sentimientos, etc.) hay que oírles atentamente y sus enseñanzas no deben caer en saco roto pero cuando pontificanteorizan, al estilo de como pontifican y teorizan los aficionados, tomando como referencia los cánones del toreo,  lo que dicen no tiene mucho que ver con lo que luego hacen en las plazas. Como dice el refrán, del dicho al hecho hay un buen trecho.

Y es que el lenguaje hecho a base de tópicos, resulta confuso y engañoso ya que, en la mayoría de las ocasiones, lo que esos términos significan para el torero no se corresponde con el significado que el aficionado les atribuye... Lo que es fuente de frecuentes errores.

Por eso, cuando queremos identificar o juzgar a los toreros por lo que dicen y no por lo que hacen, casi siempre nos equivocaremos.

Vemos un ejemplo...

domingo, 15 de noviembre de 2015

Cuaderno de notas (LXVII) La mentira impera en el toreo moderno

Cuando se publicó el Reglamento Taurino de don Ramón Sánchez y Jara, Antonio Peña y Goñi a la sazón director de la Lidia, le envió una atenta misiva de felicitación. En ella, además, Goñi explicaba como el toreo había sufrido una importante transformación en los últimos 20 años, y todo se reducía ya a divertir al público sin exposición alguna por parte de los toreros. La mentira -seguía diciendo- se había impuesto a los aficionados modernos. Lo curioso es que eso lo decía Peña y Goñi en 1888. Lo penoso es que todavía algunos aficionados de nuestros días siguen diciendo lo mismo ¡127 años después!, sin que ninguna de estas evidencias históricas consigan hacerles reflexionar ni recapacitar.

Madrid. Mayo 21/88

Sr. D. Ramón Sánchez y Jara:


Muy señor mío: en contestación a la consulta que se sirvió V. hacerme en términos que agradezco mucho, me apresuro a manifestar a V. que los toros demasiado cornivueltos, son, en mi concepto, inadmisibles para la lidia por la sencilla razón de que las defensas, colocadas de ese modo, ponen al lidiador fuera de todo riesgo y convierten al toro en mogón de necesidad.

El animal cornivuelto excesivamente no puede ofender sino con la pala del cuerno y se halla, por lo tanto, desprovisto de sus naturales medios de defensa, por lo cual debería prohibirse su lidia en una corrida formal; pero como el toreo ha sufrido una transformación radical y hoy se reduce a divertir al público sin ningún género de exposición por el torero, los toros demasiado cornivueltos resultan ideales para los maestros que entusiasman actualmente al público de Madrid.

Hoy día la mentira impera en el toreo, se la han impuesto a los aficionados modernos y no hay más remedio que aguantarla y aplaudirla que es lo que hacen los más, ó sufrir lo que yo sufro resignado desde hace 20 años por defender los fueros de la verdad, lo mismo en el toreo que en todas partes.


Mande V. otra cosa a su afmo. s.s.

Antonio Peña y Goñi (firmado y rubricado)

viernes, 13 de noviembre de 2015

La verónica de Joselito ("Se aprende tó")

Por José Morente

La verónica de Joselito a partir de 1916 era, según Cossío, templadísima y parangonable con la de los mejores capoteros de la época (Verónica de Joselito en Barcelona  en abril de 1917)
Mientras la aportación de Joselito el Gallo al toreo de muleta puede considerarse fundamental y esencial con su toreo de capa no puede decirse lo mismo.

Es cierto que su capote era variado, muy variado, y eficaz, muy eficaz, pero nunca alcanzó la plástica emotiva de su competidor Juan Belmonte ni la elegancia indolente del toreo de capa de un Antonio Fuentes o un Rodolfo Gaona.

Sin embargo, Joselito no fue nunca torero conformista y si su toreo de capote de sus primeros tiempos no alcanzaba las excelsitudes de los otros diestros señalados, es justo reconocer que a medida que transcurría su carrera, su técnica capotera se iba depurando y afinando.

Dice Cossío, seguidor y amigo:
"Es indudable que el arte de Joselito se depuró y perfeccionó con los años, y es de justicia reconocer que la compañía y el ejemplo de un torero de la perfección estilística de Belmonte le fueron ventajosísimas, pero en la brega eficaz con el capote apareció perfecto desde becerrista.
No toreaba entonces con perfección a la verónica. En su primer año de alternativa se le veía ensayar todas las maneras de los mejores practicantes de la suerte en su tiempo para asimilarse un estilo que cuadrara a las cualidades de su toreo. 
Hacia 1916 lo encuentra, y sus lances de capa rivalizan en perfección con los del torero que más templadamente haya lanceado con ella."
Precisamente en 1917, se editaba "Lo que confiesan los toreros-Pesetas, cogidas, palmas y palos" un libro recopilatorio de entrevistas a toreros realizadas por el escritor José Luís López Pinillos (Parmeno) redactor del Heraldo de Madrid.

La entrevista a Joselito, titulada "verónicas y estocadas", debió realizarse a finales de la temporada de 1916 pues cita expresamente dos de sus éxitos de ese año: La Feria de Bilbao en conjunto y la estocada al primer toro de su última corrida en Madrid.

Esa entrevista con Joselito, no tiene desperdicio. La transcribimos en la parte que se refiere al toreo de capa del menor de los Gallos.

"-Y a torear de capa ¿como ha aprendido usted? Hace un año sus verónicas eran vulgarísimas. Y ahora... 
Joselito vuelve a reírse. 
-Ahora -exclama- se puen ver ¿no?... Mi trabajiyo me ha costao. Una de enrabiarme, y una de fijarme, y una de ensayar... Pero como to se aprende...En Saragosa -también eso ha sío bonito- le he dao a un toro ocho verónicas en una.
"En Zaragoza le dí a un toro ocho verónicas en una"
-¿Como es eso? 
-Mu sensiyo: no dejándolo ir. Le di la primera por la derecha, y al rematarla, teniendo al animá en los vueliyos der capote, bajé el braso derecho, levanté el izquierdo, giré un poco y le di la segunda, y templando y empapando repetí la suerte, y así yegué a la ortava. Fíjese usted. 
Y Joselito coge un pañuelo y torea a una res invisible, quebrando la cintura, moviendo con elegante lentitud los brazos y subiéndolos y bajándolos alternativamente para despedirla, sujetarla y recogerla, mientras explica la lección: 
-Ve usté?... La primera. Y ahora mu templaíto, la segunda; y ahora, toavía más templao, la tersera; y en seguía, ¡ju! sin miedo, clavao, la cuarta; y después, lo mismito, con los pitones en el vientre, la quinta; y luego, duro con la sesta y la sétima, borracho uno mismo con ese entusiasmo que da er toreo, y, por fin, la ortava, porque el toro ya no pasó más...
¡Fue también una cosa presiosísima! Crea usté que, menos el estilo, la grasia que ca uno trae ar mundo, se aprende tó."

La verónica de Joselito después de aprender "Se aprende tó"

martes, 10 de noviembre de 2015

La suerte del Sr. Atienza (vulgo Carioca)

Por Jose Morente

Ramón y Miguel Atienza Caro. Ramón picó al toro que mató a Manolete, al que le hizo la carioca (pues fue toro que manseó), un invento de su hermano Miguel
Jose Moreno "Cagancho de Linares", el picador reserva de la corrida en la que murió Manolete y que le había dado el primer puyazo al toro que lo mató, comentaba como RamónAtienza el picador de la cuadrilla del diestro cordobés, además de meterle tres cuartos de palo y dejarle dentro el casquillo, le había hecho al toro la Carioca una suerte de recurso inventada por su hermano Miguel.

José Moreno "Cagancho de Linares". Estaba de reserva el día de la tragedia de Manolete. Gracias a su testimonio sabemos como fue la suerte de varas de Islero.
Un lector de este blog, nos preguntaba en facebook que era eso de "la carioca". Conocida de sobra por los aficionados que peinan canas, lo cierto es que el término se utiliza hoy muy poco por lo que la pregunta es pertinente. Vamos a dedicar esta entrada a este tema.


¿Qué es la Carioca?

Antes del peto picar a los toros mansos era misión imposible o casi. Taparles la salida era garantía de sufrir el arreón de los mansos, con el riesgo que eso conlleva.

A partir del peto, cambió radicalmente la situación y Miguel Atienza que picó en las mejores cuadrillas de su época, entre ellas la de Manolete, discurrió un sistema para que esos toros mansos no se fueran sin picar.

Según el propio piquero en una entrevista en el Ruedo (1950):
"La puse en práctica con el toro de Aleas "Vinagre" de nombre. Al empujarme con fuerza para las tablas y acertar yo a detenerle con el palo, el toro quedó frenado en seco, momento que aproveché para quitarle el caballo pero no la vara, pues el toro al volver a la carga, no me dió tiempo para sacarle la puya"
El entrevistador le replicaba que la suerte podría estar justificada en determinados toros pero no en todos y menos, decía, en los de aquellos años (recordemos que la entrevista es de 1950). Atienza replicaba:
"Ahora más  [justificada] que nunca (...) Ahora al preparar los ganaderos el toro para el lucimiento de la faena de muleta, los picadores tenemos que colaborar a este fin, que es el que desea la mayoría del público. Desaparecido el lucimiento de la suerte de varas, el picador se ha convertido en un lidiador de eficaz intervención, aún cuando no lo aparente. A nuevos estilos de torear, modernos estilos de picar"
"[La carioca] beneficia al torero al entregarle a su lucimiento un toro ahormado y no moribundo, como afirman mis detractores. El público se beneficia al presenciar una faena lucida, cuando no lo esperaba, en muchos toros que sin cerrarles la salida no hubieran sido picados"
Finalmente, para dejar todo claro, terminaba diciendo:
"Se equivoca usted si supone que 'la carioca' es barrenar a mansalva. Es, ni más ni menos, el único recurso para picar toros mansos"
Miguel Atienza en México practicando la Carioca con un manso repuchado (Fotografía publicada en el Ruedo)
La suerte del señor Atienza 

José María de Cossío, como buen tratadista, proponía que se rebautizase esa suerte con el nombre de "suerte del señor Atienza" en homenaje a su inventor, Miguel Atienza Caro, y siguiendo el ejemplo de las antiguas Tauromaquias (tal y como la nonata suerte del señor Zahonero)

Eso sí, Cossío era muy puntilloso en resaltar que esa suerte, justificada con los toros mansos, era del todo punto inaceptable con las demás reses y merecedora de la mayor de las repulsas en esos otros toros.

El Ruedo publicaba en 1950 está fotografía de Miguel Atienza con motivo de la entrevista de la que hemos transcrito algunos párrafos
¿Porqué Carioca?

Cariocos son los habitantes de Río de Janeiro y Carioca un número de baile de la película "Volando a Río" (1933) inspirado en la samba y con mexcla de maxixe, foxtrot y rumba. 

Un baile que causó sensación cuando se estrenó la cinta pues fue la primera vez que que bailaban juntos, en la pantalla, Fred Astaire y Ginger Togers.

Cartel de la película "Volando a Río" de Fred Astaire y Ginger Rogers nominada al Oscar de aquel año como mejor canción original precisamente por el baile de la Carioca (1933). El reclamo es sensacional ¡200 bellezas! ¡Ahí es nada!
La Carioca se baila juntando las frentes los dos miembros de la pareja bailadora, mientras giran y giran sin cesar. Algo que llamó mucho la atención en su tiempo cuando se estrenó la película.

Cuando poco después, Miguel Atienza sacó a la palestra de los ruedos la suerte de su invención haciendo girar al caballo y al toro juntos y al mismo ritmo al que giraban Fred Astaire y Ginger Roger, al público le faltó tiempo para bautizar como Carioca esa nueva suerte del toreo a caballo.

Por si queda alguna duda, lo vemos.