martes, 6 de enero de 2015

Los toritos de Calera

Por Jose Morente

Aldeadávila de la Ribera, Manolo Cañuelo, 1958 - copia

“Ya está el torito en la plaza”. El origen del toreo como el del Flamenco es popular y ambas manifestaciones se nutren de lo popular (Capea en Aldeadávila de la Ribera, Manolo Cañuelo, 1958. Fotografía del Blog Desolvidar de Patxi Mendiburu)

El flamenco se ha construido en muchas ocasiones a partir de letras populares o cultas, provenientes del folclore, la tonadilla, la zarzuela, las coplas de ciego o los romances. Son canciones que se han andaluzado o agitanado al meterlas por los ritmos o compases propios de nuestra tierra.

Reconstruir este proceso, localizar estas letras o esas músicas, tiene por tanto el máximo interés para comprender la génesis de nuestra cultura flamenca o, lo que es lo mismo, la génesis de nuestra cultura.

En septiembre de 2013, Alejandro Talavante se encerraba delante de las cámaras de TVE con 6 toros de Zalduendo en Mérida. Una actuación exitosa que, sin embargo, fue objeto de no pocas críticas entre otras cosas porque en uno de sus toros, el torero extremeño osó arrancarse por bulerías lo que fue objeto de multitud de comentarios, discusiones y críticas. El hecho tuvo, como es lógico, su pertinente entrada  en este blog.

No voy a volver sobre lo que hizo Talavante esa tarde ni a valorar de nuevo lo oportuno o inoportuno de su cante (oportuno para unos e inoportuno para otros, como siempre ocurre). Lo que me interesa ahora es que el cante de Talavante, concretamente el principio de esa letra que cantó por bulerías (Ya está el torito en la plaza / Y el torero en la barrera…) tiene su origen en una copla del folclore popular.

En efecto, Patxi Mendiburu nos cuenta, en su blog Desolvidar, que la letra original (“Ya está el torico en la plaza / y el torero en la barrera / y la dama en el balcón / pidiendo que el toro muera”) se ha cantado, con ligeras variantes, por tierras de Zamora (concretamente en Fermoselle), Salamanca, Toledo, Gran Canaria y Extremadura.

En Almendra, municipio de Salamanca cercano a Fermoselle se canta “la Coronela” (canción torera tradicional) que podemos escuchar  ahora en una versión grabada por el tamborilero  Isaías y que se encuentra en youtube.

Otra letra, seguramente emparentada con la anterior y localizable en Castilla la Mancha, se titula "Los toritos de Calera" y empieza así:

Dicen que vienen, que vienen / los toritos de Calera / Dicen que vienen, que vienen / y a la plaza nunca llegan…

A partir de las distintas versiones conocidas de este cante, incluida la que cantaba en su familia su hermana Esperanza, Patxi Mendiburu ha reconstruido la que el piensa que debe ser la versión completa de “los toritos de Calera” y que también podemos escuchar en youtube, en montaje propio y con su propia voz.

Tiene mucho interés oírlo (y tambén verlo pues las imágenes del montaje de Patxi son también muy interesantes).

 

Y esta es la letra

 Ya está el torito en la plaza

Dicen que vienen, que vienen

los toritos de Calera;

[dicen que vienen, que vienen,

y a la plaza nunca llegan.] (bis)

 

Subió la cuesta corriendo

por bailar y no bailó,

perdió la cinta del pelo,

mira que jornal ganó.

Por las montañas de San Andrés

la vi llorosa, la consolé.

 

Ya está el torito en la plaza

y el torero en la barrera,

[y la dama en el balcón

pidiendo que el toro muera.] (bis)

 

Subió la cuesta corriendo

por bailar y no bailó,

perdió la cinta del pelo,

mira que jornal ganó.

Por las montañas de San Andrés

la vi llorosa, la consolé.

 

Ya ha muerto el toro en la plaza

y el torero sale de ella,

[y la dama en el balcón

ya está tranquila y serena.] (bis)

Ya está el torito en la plaza

y el torero en la barrera,

[y la dama en el balcón

pidiendo que el toro muera.] (bis)

 

Subió la cuesta corriendo

por bailar y no bailó,

perdió la cinta del pelo,

mira que jornal ganó.

Por las montañas de San Andrés

la vi llorosa, la consolé.

 

Y esta la letra que cantó Talavante

Ya está el torito en la plaza

y el torero en la barrera,

Lo cita el banderillero

mientras el Maestro lo espera

 

Vaya estampa de torero

con su capote de seda.

y ese toro de Zalduendo,

como al caballo lo lleva.

 

Están naciendo los olés

en las gargantas morenas

Mi Talavante en el ruedo

vaya estampa más torera

 

De ahí, del folclore popular, salta esa letra de los toritos de Calera al flamenco, lo que es habitual.

Y del flamenco pasa a la plaza, por mor de Talavante, lo que no es nada habitual.

Talavante

Mi Talavante en el ruedo/vaya estampa más torera…

domingo, 4 de enero de 2015

De ayer a hoy (I) Los correderos

Por Jose Morente

Pedraza_corredero (Aplausos)

Toros de Pedraza de Yeltes en el “corredero” de la ganadería (Fotografía de Aplausos)

A principios del pasado siglo, las malas lenguas, sostenían que la explicación del difícil comportamiento en las plazas del toro de Miura se debía a que el ganadero los “meneaba mucho en el campo” o sea que les obligaba a moverse todos los días.

1909 (Carralero) El manoseo de los MIuras 01

El “meneo” de los toros de Miura era vox populi entre los aficionados y se denunciaba incluso en la letra impresa como en esta cita del libro “Los toros de la muerte” de José Carralero Burgos (1ªed., Madrid, Imprenta Gutenberg Castro y Compañía, 1909, página, 12) texto que data sólo de un año después del famoso pleito de los Miuras. En realidad, un plante de los toreros encabezados por Bombita y Machaquito contra los toros de Don Eduardo.

Joselito banderillea en tablas a un MIura (Nicolas Salas) 001

Joselito el Gallo banderilleando a un toro de Miura (Fotografía del libro de Nicolás Salas “Sevilla en tiempos de Joselito y Belmonte”). El poderío físico del toro de Miura, que los aficionados de la época achacaban a que se les meneaba en el campo, es patente en esta fotografía

Han pasado más de 100 años y son ya muchas las ganaderías que han convertido en costumbre esa práctica, habiendo habilitado espacios “ad hoc”, destinados específicamente para ese menester.

Son los denominados “correderos”. Unos circuitos de blando suelo donde los toros de saca son obligados a correr cada determinado tiempo con objeto de aumentar su resistencia.

La utilización de estos métodos ha cambiado radicalmente el comportamiento del toro en el campo y puede también que su comportamiento en la plaza. Y lo cierto es que, desde hace un par de décadas (posiblemente desde que se implantó este sistema), los toros han dejado de caerse y su resistencia física ha aumentado de forma notable.

1974-04-30 (p. ER) Toro inválido Curro Romero Sevilla

Sevilla. Feria de abril de 1974. Entre el enfado del respetable y ante un contrito Curro Romero que tuvo una muy mala tarde, un toro de Carlos Núñez se echa en el albero durante el primer tercio (Aclaración para espectadores neófitos: El toro no se ha caído por tropezón o falta de coordinación inicial sino que, literalmente, se ha echado en la arena por falta de fuerzas y casta. Por desgracia esa situación fue moneda corriente hasta hace unos veinte años.

Que esa mejora del comportamiento pueda estar relacionada con esa nueva práctica de los correderos, parece bastante probable. Sin embargo, no son pocos los que opinan que no todo son ventajas y que esta tarea acarrea también daños colaterales. Esa es la opinión de Raúl Galindo quien en su libro “El Toreo, en teoría1 (ª ed., Barcelona, Editorial Bellaterra, 2014, pág. 49) opina que:

Es evidente un aumento de las dificultades que estos animales presentan a los toreros: se mueven más, duran más, se entregan menos y poseen un mayor sentido fruto del trato frecuente con hombres y caballos en el campo”.

Según Galindo, eso es lo que está exigiendo, de los lidiadores actuales, una preparación física y técnica mayor que la que era necesaria sólo unas décadas atrás.

Perera 001 - copia

Un toro mucho más exigente puede ser la explicación de la importancia –excesiva en el sentir de algunos aficionados- que los toreros de hoy conceden a la técnica (En la imagen, natural de Miguel Ángel Perera, pleno de dominio, mando y técnica)

El caso es que el “manoseo” (o “meneo”) del ganado tan criticado hoy, podrá quitar fiereza al toro como piensan algunos pero está claro que, unido a la  mayor edad con la que se lidian los toros en nuestros días (un dato que se obvia y olvida con demasiada frecuencia), acrecienta el sentido (pues este es hijo de la experiencia) y aumenta, por consiguiente, el riesgo en la plaza.

En resumen, empieza a resultar palpable, en el toro de hoy, ese mayor poderío derivado, entre otras razones (como la mejora de la alimentación o los saneamientos sistemáticos), de la práctica de los correderos.

Un mayor poderío que resulta clave y condiciona la lidia pues como bien decía el genial Rafael el Gallo, en clasificación que nos recordaba Raúl Galindo, pertinente al hilo de este tema:

No hay más que dos clases de toros los que pueden y los que no pueden

 

Rafael cn puro) y sombrero - copia

Para Rafael el Gallo sólo hay dos clases de toros. Aunque la fama la lleva su tocayo Guerrita, las sentencias del genial torero gitano quedan para la posteridad (Fotografía de Rafael en Chicote)

Y lo relevante, en cualquier caso, es que el toro de hoy y por las razones dichas, puede más.

Sobre todo, si lo comparamos con el toro de hace unos veinte o treinta años.

Parlade 4 Gubridor

Gruñidor, toro de Parladé lidiado en las Ventas el pasado San Isidro.  Incluso en las ganaderías que no pueden tildarse de duras y en las ganaderías comerciales salen hoy toros muy exigentes para los toreros. Y es que el toro de hoy además de una imponente presencia física presenta más poderío que el toro de hace veinte o treinta años. La práctica de los correderos puede ser la clave o, al menos, una de las claves de este cambio.

 

Nota.Sobre esta nueva serie

Cuando se repasa la historia del toreo con un mínimo de rigor, lo primero que sorprende es el hecho de que algunas costumbres, bastantes prácticas y muchos términos tenidos por modernos sean en realidad tradicionales.

Cuestión distinta es el alcance que pudieron tener en su ápoca y el alcance que puedan tener hoy.

Indagar en esas relaciones, en ese hilo invisible (“el hilo del toreo”) que va de ayer a hoy y que une el pasado con el presente, es el objeto de esta nueva serie que hoy iniciamos.

sábado, 3 de enero de 2015

La dureza del toreo (X) Vida y desgracia de Juan Lucas Blanco

Por Jose Morente

 img_0143 Cogida de Lucas Blanco (Lám.) - copia

Cogida de Juan Lucas Blanco en Madrid en 1846 (Lámina de la Lidia publicada el 21 de noviembre de 1888)

A la muerte del Chiclanero, el toreo entró en una etapa sino de decadencia, si de cierto decaimiento. Ya lo decía la copla popular:

Ya se murió Curro Montes

Ya se murió el Chiclanero

Ya no quedan en el mundo

arte, valor ni salero

Fue una época dura con Cúchares amo del cotarro pero con la afición añorando las estocadas del Chiclanero y, sobre todo, el magisterio del Napoleón de los toreros, Francisco Montes Paquiro, el Curro Montes de la copla.

Uno de los diestros que gozó de cierto fervor popular, por esos años y por los anteriores, allá a mediados del XIX, fue el sevillano Juan Lucas Blanco, hijo de aquel diestro Manuel Lucas Blanco que murió ajusticiado en Madrid por haber matado a un hombre de un navajazo en una reyerta.

Guztavo Doré

Gustavo Doré grabó esta escena de “lanzar el cuchillo” para el “Viaje por España” que realizó con el Barón Charles Davillier. Una reyerta a navajazos que acaba de modo similar a aquella en la que participó Manuel Lucas Blanco.

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La parafernalia de una ejecución pública (Cuadro de Ramón Casas)

Juan Lucas, quiso ser torero como su padre y encontró el apoyo de un diestro de tronío, Juan Yust quien le prohijó, le llevó a vivir a su casa y le enseñó el oficio. Yust lo llevaba como segundo espada a todas las plazas excepto a Madrid, ciudad que tan nefasta había sido para su padre y que también lo sería para él.

Juan Lucas Blanco

Uno de los pocos retratos conocidos de Juan Lucas Blanco (Cossío. Tomo III)

Dice Néstor Luján que:

Juan Lucas era un joven atolondrado, muy esbelto, gallardo y de seductora simpatía. Cantaor notabilísimo, buen pimplador, alegre, dicharachero, franco y popular en sus sentencias y donaires, tuvo bien pronto prestigio entre la juventud sevillana, tan jacarandosa y arrabalera

A mí esa descripción (salvo en lo de “pimplador” que, en su caso, en el de mi amigo, sustituiría por “piropeador” y en lo de la juventud aunque esta es más estado de ánimo que cuestión de carnet de identidad) me cuadra a las mil maravillas con la idiosincrasia de un muy buen amigo mío, así que me imagino perfectamente el tipo y el personaje igual que si le hubiera conocido en persona.

1853-09-28 Sevilla (p. LL 1886-06-28) Alarde de Dominguez y Juan Lucas Lamina - copia - copia

Juan Lucas Blanco en la plaza. Fuera de ella ya lo hemos descrito (Detalle de una lámina de la Lidia de junio de 1886, que ilustra un quite disputado por este diestro con Manuel Domínguez en Sevilla en septiembre de 1853)

Muerto Juan Yust de cólico cerrado en 1842, Juan Lucas casó un año después con su viuda mientras seguía con su, por entonces, exitosa carrera como torero.

Según Cossío:

Su toreo, parado, seco, le coloca en la línea de los toreros cortos y valientes a lo Espartero, a lo Reverte o a lo Antonio Montes, que tan sólo había de tener realización en el caso genial de Juan Belmonte” 

Lo cierto es que su toreo “corto, rudo y petulante” podía brillar y de hecho brillaba con los poderosos pero bravos y nobles toros andaluces de la época. Con ellos, Lucas podía triunfar ruidosamente lo que le permitió adquirir un extraordinario cartel afianzado por tardes históricas como aquella en la que mató seis toros de Lesaca de siete estocadas recibiendo.

la foto

Merino, berrendo en castaño de Hidalgo Barquero, lidiado en Madrid en 1854.

Dice Velázquez y Sánchez en los Anales del Toreo que “Las ganaderías de Lesaca, Taviel de Andrade, Hidalgo Barquero, Arias de Saavedra, Castrillon, Martin, Rarbero, Concha Sierra, Duran, Carrera, Nuñez de Prado, Romero Ralmaseda y Suarez, suministraban á las empresas corridas de bichos pujantes, francos de juego, ardientes de condición y exentos de esas malicias que hacían á Costillares y á Hillo rechazar á los toros castellanos, declarándolos impropios para la lidia en buena ley como la permiten los nobles y boyantes bichos de la privilejiada Bética”.

En su entorno y a la vista de su forma franca de estoquear, “a pecho descubierto”, se temía por el momento en el que tuviera que enfrentarse a eso temidos toros colmenareños, tan complicados, resabiados y de tan dura pelea. Algo que le advirtió el Chiclanero.

Quizás por ello y porque en la Villa y Corte fue donde habían dado garrote vil a su padre, es por lo que otro de los amigos de este, el experimentado Juan León (discípulo del aquel Curro Guillén muerto en Ronda por un torito de Cabrera) y ya matador de fuste, le aconsejaba no acudir a esa ciudad.

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Una terna de mediados del XIX: Chiclanero, Juan León y Casas (Grabado de Lake Price).

Sin embargo, Juan Lucas, desoyendo todos esos sensatos consejos, decidió presentarse en Madrid. Y fue toreando en esa plaza, en 1846, con Joselito el Chiclanero y el gitano Lavi cuando recibió, en el bajo vientre, una tremenda cornada que puso en peligro su vida.

img_0143 Cogida de Lucas Blanco (Lám.)

La grave cogida de Madrid de Juan Lucas Blanco fue plasmada en la pertinente lámina de la Lidia (publicada el 21 de noviembre de 1888)

Un año después, en Almendralejo, recibiría otra cornada de similar gravedad.

Ahí se acabó el torero y, a partir de ahí, ya nada fue igual. Juan Lucas se acobardó, perdió la seguridad inconsciente que antes tenía y los percances se multiplicaron.

Como le faltaba ya toda la confianza, quiso recuperarla en el fondo de las botellas y empezó a presentarse en las plazas completamente ebrio y sin facultades, por lo que los percances y cogidas eran continuas.

Parecía un pelele en manos de los toros.

En alguna ocasión, se le tuvo que prohibir salir a torear en ese estado de embriaguez en el que se presentaba y, otras veces, los Presidentes tuvieron que ordenar su retirada del ruedo por el mismo motivo.

Bandas de cajas de pasas - copia

Bebida y toreo no casan bien –ni siquiera cuando se trata de publicidad de uva pasa moscatel malagueña- aunque hayan casado más veces de la cuenta (Detalle de una banda horizontal para lecho de cajas de pasas. Litografía: R. Santa María. Málaga. Finales del XIX)

Juan Lucas Blanco murió en 1867, alcoholizado y en la más absoluta indigencia, en el Hospital General de Sevilla.

Hospital Cinco Llagas antes - copia

Juan Lucas Blanco falleció en 1867 en el Hospital General de Sevilla que, según me informa mi amigo Manuel Esteban Jaimez Pastelero, es el conocido Hospital de las Cinco Llagas o de la Sangre, una de cuyas salas (posiblemente muy parecida a aquella en la que muriera el torero sevillano) podemos ver en esta antigua fotografía que forma parte de la Exposición que sobre este edifico se hizo en el Hospital Virgen del Rocío en 2011.

Hospital de las Cinco Llagas (Parlamento de Andalucia) 02 Manierista

Hoy, el Hospital de las Cinco Llagas (del que destaca su portada manierista), donde falleció Juan Lucas Blanco, es la sede del Parlamento Andaluz.

Hospital cinco llagas (ABC) - copia

En este foto antigua se aprecia la proximidad del edificio hospitalario (Al fondo en la imagen) y la muralla de la Macarena (en la izquierda de esta fotografía que forma parte del archivo de ABC)

Adenda Macarena

Como mi amigo Manolo Jaimez es buen macareno, no puedo dejar de pasar la ocasión de recordar la vinculación de esta Cofradía con el Hospital donde falleció nuestros diestro. Una vinculación que llegaba hasta el punto que, en el camino de regreso a su Basílica. durante su recorrido procesional de Semana Santa, se incluía todos los años una visita a los enfermos del citado edificio.

Cuando, finalizada la Guerra Civil, la Macarena se tuvo que trasladar temporalmente, a la Iglesia de la Anunciación se decidió, para no alargar su recorrido, finalizarlo en el Hospital de las Cinco Llagas. Allí permanecían los pasos hasta el Domingo de Resurrección en el que regresaban a la Iglesia de la Asunción.

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El itinerario procesional de la Macarena en 1938 finalizaba en Hospital Central u Hospital de las Cinco Llagas (De la página web La Sevilla que no vemos)

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La Macarena en el Hospital de las Cinco Llagas. Concretamente ante la fachada del actual Salón de Plenos (Fotografía de la web del Parlamento andaluz).

La Macarena en el Hospital

La Macarena entrando al Patio Central del Hospital de las Cinco Llagas (De la web La Sevilla que no vemos)

Estas visitas al Hospital de las Cinco Llagas son relativamente modernas pues, en tiempos pasados, circulaba el pábulo de que la Cofradía podría perder la propiedad de la imagen de la Virgen si aquella entraba en el recinto hospitalario ya que se suponía que la talla había sido adquirida a esa Institución a cambio de un reloj y con esa condición resolutoria.

Una leyenda improbable pero que fue creencia arraigada en el barrio, tanto que el pueblo llano se negaba a que la imagen entrase en el edificio. Por ese motivo,  es casi seguro que Juan Lucas Blanco no pudo recibir la visita de la Esperanza Macarena durante su estancia y agonía en el Hospital de las Cinco Llagas.

Una pena más que añadir a su triste final…

lunes, 29 de diciembre de 2014

Morante (IV) Inimitable y genial

Por Paco Carmona

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De Morante, lo más llamativo es lo aparente, como ese barroquismo pleno de estética, que es lo que más vende a los público y seduce a los artistas pero que, siendo importante, no es lo fundamental como bien saben los aficionados (Fotografía de Anya Bartels-Suermondt)

Morante de la Puebla es un torero cumbre, imposible de imitar y muy fácil de copiar. Muy mala referencia para los toreros que empiezan y una de las mejores fuentes para quienes se atrevan a beber de él.

De José Antonio se copia lo fácil: el fajín, la pañoleta, ciertas posturas, ademanes y un sinfín de gestos para la galería, pero es imposible imitar la innata torería, la firmeza de plantas, la autoridad en toques, su natural colocación, cómo enganchar los toros, su perfecta geometría, su gran valor para esperarlos, ese temple belmontino y su capacidad manoletista para crear grandes muletazos con medias arrancadas.

Se habla de su estética, de ciertas hechuras que acompañan a su toreo.

¿Cuál de sus toreos? ¿El de muñecas rotas? ¿El torero que vuelca su peso para hundirse un muletazo tras otro le pase el toro por donde le pase? ¿Ese torero que torea a la verónica como nadie en la Historia a una gran mayoría de toros? ¿El del artista que domina el toreo por todos los palos?

Gran conocedor del toro pero sin adaptaciones, Suavidad y temple con el noble, caricia y compás con el bueno, capacidad y orden con el bravo, conocedor y poderoso con el complicado.

Un torero que coge los trastos perfectos, que toca perfecto, que espera a que los toros le lleguen hasta en el ultimo momento y que tira de ellos tan despacio, tan bello, tan lento que por eso es imperfecto.

Cuando Morante está en vena, que son muchas más veces de lo que la gente cree, su entrega no tiene límites, se sitúa en esa línea tan dura que separa el toreo de pureza y verdad al toreo de reservas y esperas.

Un torero que entrega la cuchara y no vende nada, ni una pata p’alante a destiempo, ni un pantallazo, ni una ayuda, sin alivios, ni de uno en uno... Solo torear.

Corregir el toro dentro de cada embestida y ligar, no perder pasos de más y convencerse de que una y otra vez el toro va a pasar. Gran capacidad técnica a la hora de resolver tantos matices que plantean los toros y que por su estética tan personal y esa belleza de formas pasan desapercibidas.

Me gusta ver a Morante caliente, apretado, reunido con los toros y muy encajado. Ese perfil de torero que le nace cuando los animales no fáciles le complican un poco la vida y él consigue hacer un poco más feliz la nuestra.

Digo esto, porque es de los poquísimos espadas que, cuando torean, crean un clima de expectación y una sugestión en los tendidos maravillosa, un deseo de verle cuajar un toro que hace que, antes que acabe el lance, el olé ya se hace ronco.

Su facilidad para torear es tan evidente que es de agradecer que no te venda una moto si por allí no va a pasar gran cosa, además ese juego con los triunfos y fracasos hacen de él un torero aún más de leyenda.

Me gustaría ver torear a Morante toda la vida. Uno no se cansa de lo bueno. Pero a veces pienso que debe ser pecado no agradecer lo suficiente a Dios por hacernos coincidir en el tiempo con este genio.

Si Morante nace en otra época se acaba el papel, se hacen películas, se escriben novelas de amor, se sacan botellas de licor en su honor, le hacen alcalde honorífico de la Puebla y se forma en las Plazas de Toros una escandalera solo con verle anunciado en el cartel...

Aquel cartel que yo vi desde mi mundo cuando todavía él y yo éramos niños. La diferencia es clara, yo deje de serlo y Morante aún no ha parado de soñar.

 

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Morante, aún no ha parado de soñar

 

 

Adenda: ALBÚM FOTOGRÁFICO 

Por Jose Morente

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Morante es un torero de gestos llamativos, posturas elegidas, aposturas elegantes y movimientos acertados. Su toreo tiene textura y colorido. Todo eso, tan aparente y tan llamativo, resulta tan evidente que invita a la réplica y a la imitación. Morante resulta fácil de copiar. Una fuerte tentación para el torerillo que empieza. Sin embargo, lo verdaderamente importante es que, contradictoriamente, su fondo torero, su toreo, es inimitable e incopiable.

 

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Morante es el torero que atesora el mayor número de registros diferentes posibles, capaz de asumir muy diversos modos de torear. Desde su etapa de novillero a la de madurez, pasando por la de matador primerizo, Morante ha vivido etapas muy diferentes. Su toreo siempre cambiante, siempre el mismo, ha ido en cualquier caso ganando solera con el tiempo como los buenos vinos añejos (Fotografía de Morante con un novillo de la Quinta en Nimes en 1997)

 

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Siendo un torero artista a algunos todavía les sorprende (nos sorprende) el poderío que demuestra Morante con el toro que exige ser dominado (Conviene aclarar que el toro que reclama Morante no es un toro fácil o tontorrón sino un toro que pueda acabar obedeciendo al mando del torero). En Morante ese dominio se manifiesta, además, a través de una estética diferenciada. Y es que el torero de la Puebla puede recurrir (pues las conoce todas en profundidad) a las formas toreras de hace 30, 50 ó 100 años según le convenga y en función de las condiciones del toro. Lo mejor y lo más importante es que, en su caso, ambas (técnica y estética) van indisolublemente unidas. Y lo singular es que, en Morante no se llega a la estética a partir de la técnica como es habitual en la mayoría de los diestros sino al revés.

 

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Se pueden contar con los dedos de la mano los diestros a los que aficionados y críticos han atribuido la extraña y valorada capacidad de “parar el tiempo”. Al más llorado de todos ellos, al genial trianero Curro Puya, llegó Corrochano a preguntarle si se le paraba el corazón cuando toreaba en metáfora gráfica y muy expresiva. La misma pregunta se le podría hacer hoy día a Morante de la Puebla pues su toreo, de corazón parado, atrapa el instante y lo fija en nuestra memoria de modo inapelable. Y eso, una tarde tras otra.

 

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Si tuviésemos que explicar a alguien con una única imagen lo que es el toreo, lo que significa torear, bastaría con elegir al azar la fotografía de cualquier capotazo o muletazo del torero de la Puebla. En un instante fugaz (el atrapado por la cámara fotográfica) de un muletazo o un capotazo de ese torero se condensa no una Tauromaquia cualquiera sino el concepto mismo de lo que es la Tauromaquia Eterna.

 

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Cuando el toreo de Morante se torna ligero, displicente, fluido o natural, la técnica desaparece como por ensalmo de la escena. En realidad desaparece aparentemente, desaparece de la percepción del espectador, pero aunque no la veamos sigue ahí, oculta tras el halo mágico de ese capote y esa muleta tan esenciales. Morante es, en resumen, un torero de una gran capacidad técnica. Una técnica que, sin embargo, la mayor parte de las veces nos puede pasar (nos pasa) desapercibida.

 

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Frente al toreo etéreo, alado, ligero o grácil existe otro toreo en Morante de signo muy diferentes, de signo opuesto al que cuadran los adjetivos de hondo, encajado, roto, hundido (¿El mejor toreo posible?). Un toreo ese que también practica (y con enorme solvencia) nuestro torero. Y lo cierto es que nunca el toreo de Morante (tópicamente calificado o etiquetado como artístico) alanza cotas más altas que cuando este diestro se rompe con el toro, cuando torea encajado. (“Me gusta ver a Morante…muy encajado” nos dice, con toda la sabiduría posible, Paco Carmona)

 

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Cuando una obra de arte o una creación humana es de alta calidad, cuando alcanza la excelencia, es imposible que llegue el hastío o cansancio del consumidor. Dicho de otro modo, el buen toreo (el toreo de Morante) no cansa nunca. No puede cansar. Al contrario, su toreo se paladea más y mejor cada día que pasa.

 

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Como bien afirma Paco Carmona, si Morante llega a nacer en cualquier otra época de la Historia del Toreo, en las Plazas y fuera de ellas se hubiera formado una escandalera de órdago.

Hoy día, la expectación que pueda despertar este diestro, con ser mucha, no está ni de lejos a la altura que merece la calidad de su excepcional toreo.

¡O témpora, o mores!

sábado, 27 de diciembre de 2014

Postales taurinas (IX) Silencio. Torea Pepe Luís

Por Jose Morente

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Pepe Luis Vázquez (¡Pepe Luís!), de rodillas en un tentadero en el Toruño (Fotografía del libro “Viaje a los toros del Sol” de Alfonso Navalón)

Decían de él que no tenía bragueta. Una suerte para los demás pues -según Manolete rival y amigo- de tenerla les hubiera borrado a todos.

No la tendría pero ahí está en esa fotografía tomada en el Toruño de los Guardiolas, toreando de rodillas a una becerra de Pedrajas y replicando, en cierto modo y pasado el tiempo, a Marcial Lalanda, quien además de compañero de cartel algunas tardes fue también su apoderado y creo que su amigo.

La anécdota la contaba Alfonso Navalón en su imprescindible “Viaje a los toros del Sol”. El diálogo, que tuvo lugar una tarde de toros en la Malagueta, es de sobra conocido y aquí también lo hemos narrado pero no me importa reproducirlo.

-¡ Oye Marcial eso lo hace cualquiera! Le decía Pepe Luis al “más grande” quien gustaba de torear con frecuencia de hinojos.

- ¡Cualquiera que no seas tú! Le contestó el madrileño

Para demostrar quien tenía razón, Pepe Luis le salió esa tarde de rodillas a su toro (como años después le saldría de rodillas a la becerra de la foto).

Acabada la tanda de ayudados, sentenció:

- ¡ Oye Marcial. De rodillas, torea cualquiera. Lo difícil es torear de pie!

Pues eso. Lo dicho. Para Pepe Luis, quien en la foto torea de rodillas a una becerra de Pedrajas en un tentadero en el Toruño, lo difícil era torear de pie.

viernes, 26 de diciembre de 2014

Cuaderno de notas (XXXVI) El ayudado por alto de Manolete

 

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El ayudado por alto de Manolete, un muletazo de inicio de faena aparentemente elemental y esquemático

“Recuerdo que, acostumbrada mi sensibilidad de aficionado a los ayudados por alto de Belmonte en que “barría los lomos”, me dejó frío el primer ayudado por alto que le vi a Manolete, un pase “de telón”, sin acompañar al toro, elemental y esquemático.

Pero pronto caí en la cuenta de que aquello tenía una intención funcional. Belmonte, por darle belleza al pase, sujetaba al toro, lo retenía, lo “determinaba”; Manolete lo que hacía era dejarlo, para que el toro revelara su condición.

De este modo, con el sólo muletazo inicial de la faena, tenía ya los datos esenciales sobre el toro.

En efecto, como se colocaba perfilado y fuera de distancia, para ir ganando los pasos laterales rumbo al toro, era éste el que le decía cual era su distancia de arrancada. Después, dejándolo suelto en el pase alto, el propio toro le revelaba también en que proporción se revolvía.

Manolete no prejuzgaba; le preguntaba al toro”.

Pepe Alameda. El hilo del toreo (1ª ed., Madrid. Espasa-Calpe, S.A., 1989. páginas 279 y 280)