miércoles, 12 de marzo de 2014

Cuaderno de notas (XV) El toro de hoy cuando coge no suelta la presa

 

jose-tomas-cogida - copia

Según Dámaso González, el toro de hoy cuando coge no suelta a su presa, al contrario que el toro de su primera época. La explicación puede que esté en que a mayor edad, mayor sentido.

 

El [toro] de antes del guarismo te quería comer, te cogía y te desplazaba. El toro de hoy lo piensa más y cuando te coge no te desplaza, te sujeta para herirte.

(…) Pues es así. Antes te podía partir del porrazo y te desplazaba y si tenías suerte llegaban a hacerte el quite a tiempo, hoy cuando te atrapa te atrae hacia él.

Sabe que tiene la presa.

 

Declaraciones de Dámaso González a José Luis Benlloch para la revista Aplausos (nº 1.899 del 17 de febrero de 2014) 

 



domingo, 9 de marzo de 2014

La dificultad del primer muletazo de la tanda

Por Jose Morente

El Juli 02 (Paco Carmona)

En el primer muletazo de la tanda, cruzarse al pitón contrario adelantando la pierna de salida es un recurso válido (Fotografía facilitada por Paco Carmona de un inmenso natural del Juli)

El Juli 01 (Paco Carmona)

Sin embargo, en los siguientes muletazos, la embestida se debe vaciar hacia dentro, colocándose el torero más al hilo y retrasando la pierna de salida para poder ligar los pases(Fotografía del Juli facilitada por Paco Carmona). 

 

El nivel de precisión y complejidad técnica al que ha llegado el toreo actual hace que, el de épocas pasadas aunque magnífico, nos resulte a veces demasiado sencillo, demasiado simplificado, en sus movimientos.

Por esa misma evolución, hoy día no se sostienen ya las lecturas esquemáticas que del toreo antiguo hacían (y hacen) los aficionados y los tratadistas.

Aquella obsesión, por ejemplo, que tenía el crítico Gregorio Corrochano para que las faenas de muleta se hiciesen ligadas de principio a fin y sin interrupciones (obsesión que dio lugar a un capítulo completo de su libro ¿Qué es torear?), podía tener sentido cuando la faena de muleta se componía de 10, 15 ò 30 muletazos pero no cuando esta fase de la lidia se ha convertido en el momento culminante del toreo de nuestros días y, guste o no, piedra de toque de la calidad y categoría de toros y toreros.

Estadistica (1917-05-04 p. 05 ET)

Cuadro estadístico publicado en el Toreo del día 5 de la corrida celebrada el 4 de mayo de 1917. La faena de Joselito a Tabacoso, de la que hablamos largo y tendido en otro post de este blog, duró 3 minutos y se compuso de 14 pases de muleta. Cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia.

La faena de muleta actual se estructura hoy (y no sólo hoy sino desde hace bastantes años) a partir de series independientes de tandas de muletazos con los consecuentes descansos entre serie y serie. Descansos cuyo objeto es dar tiempo a que el toro recargue el depósito de su bravura o, dicho de otro modo, que “ordene su instinto mental” (en afortunada frase del diestro Manolo Martínez). 

Algo que Corrochano no llegó nunca a entender.

Que es torear p. 217 Il. Andres Martinez de Leon 001

Los paseos entre tandas cumplen un papel primordial en la faena moderna como tan bien han entendido los toreros (Imagen de Andrés Martínez de León que ilustra el capítulo titulado “De como debe ligarse el toreo” del libro ¿Qué es torear?-Introducción a la tauromaquia de Joselito de Gregorio Corrochano. Una tauromaquia válida en algunos aspectos pero que no sirve para entender el toreo moderno ni para comprender sus “porqués” )

 

Otra simplificación, consecuencia de la anterior, en la que también han caído los aficionados y tratadistas tradicionales (y también los no tan tradicionales) ha sido la de suponer que torear se resume, sencillamente, en ir sumando un buen muletazo tras otro.

Ese planteamiento numérico es el que subyace en el criterio de ese aficionado de tendido (al que yo llamo irónicamente “aficionado contador”) que se solaza en calificar y cuantificar muletazos. Es un aficionado al que podemos identificar por su frase favorita, que es esa de:

¡No es para tanto! ¡De cinco, uno!

Queriendo indicar que, de los cinco muletazos de esa tanda, sólo uno ha merecido realmente la pena; sin comprender que, para alcanzar la excelencia en ese muletazo excepcional,  es probable que hayan sido necesarios los otros cuatro.

Suponer que una faena se construye mediante la sucesión de muletazos sueltos, ejecutados unos detrás de otros, es como suponer que para construir una pared de ladrillos basta simplemente colocar un ladrillo detrás de otro. Lo que aunque cierto, no encierra toda la verdad.

 

Esta teoría de la faena entendida como suma de muletazos (que yo llamaría la “teoría de la pared de ladrillo”) ha sido sostenida incluso por autores de reconocido prestigio los cuales, para explicar como se debe torear, se han contentado con describir un pase aislado (generalmente, el primer pase de la tanda) suponiendo que contado o explicado el primer pase, quedaban explicados todos los demás.

La cosa, sin embargo, tiene más enjundia de la que parece  pues olvidaban esos autores que no es lo mismo dar un pase que dar dos y que, en la forma de engarzarlos, está el meollo del toreo pues al finalizar un pase hay que resolver el problema de como ligarlo y colocarse para el siguiente. Problema que ni intuían ni planteaban esos autores

1971-07-18 Antonio Bienvenida perdiendo pasos

Otra falacia muy común es que enmendar al rematar (perder los pasos) sería consecuencia de la mala colocación y del mal toreo, olvidando que muchas veces, no siempre, dicha circunstancia se produce por la cortísima embestida del toro. Pero esto (las cambiantes condiciones de las reses) no existe para algunos aficionados… cuando se trata de determinados toreros que no son de su gusto. (En la imagen, Antonio Bienvenida en el Puerto de Santa María el 18 de julio de 1971, le pierde los pasos a un astado de Núñez Hermanos pero “sin romper la conjunción del torero con el toro” como, con acierto, recalcaba el crítico de ABC)

 

Pero sobre todo, olvidaban –y eso es lo más grave- que de esos dos pases, el primero (el que nos describen en sus textos) es siempre diferente del segundo y de los que le siguen, por lo que no puede tomarse como modelo.

Sin entrar en más detalles, me parece interesante resaltar que igual que las faenas hay que “construirlas”, algo parecido ocurre con cada una de las series que las componen. Las tandas de muletazos tienen que ordenarse y estructurarse y, siguiendo el esquema clásico, deben tener su planteamiento (primer muletazo), su nudo (resto de muletazos de la serie) y su desenlace (pase de remate).

 

Paco Ojeda Pase de Pecho

El remate de la tanda tiene que ser un verdadero remate. Un pase de cierre. Como este pase de pecho de Paco Ojeda, uno de los mejores intérpretes del toreo cambiado que aquí ejecuta precisamente el pase más emblemático de este tipo de toreo con absoluta coherencia y perfección (cruzado y con la pierna adelantada)

Tanda que no se remata con un muletazo “ad hoc” es una tanda a la que  le falta algo por muy buenos que hayan sido los muletazos anteriores. Bondad que, generalmente, estará vinculada al acierto con el que se haya planteado ese primer muletazo. Un muletazo crucial y diferente y del que va a depender, en gran medida, el éxito de la serie.

Veamos con más detalle, este importantísimo primer muletazo y la problemática que plantea.

Camino (Aplausos)

El primer muletazo de la tanda tiene que ser un muletazo diferente tanto desde el punto de vista técnico como, sobre todo, desde el punto de vista expresivo, algo que hace aquí muy bien el maestro Paco Camino (Fotografía de Aplausos),

 

El primer muletazo “is diferent”

Como hemos dicho, el primer muletazo de la serie es (o debe ser)diferente a los demás.

La cosa tiene lógica, no sólo por diferenciar o marcar visualmente el inicio de la serie (igual que se diferencia su remate dando un pase distinto que, generalmente, suele ser un pase de pecho) sino sobre todo por una cuestión de orden técnico: La necesidad de asegurar ese primer muletazo ante una embestida (la primera) que todavía no se controla con precisión.

En efecto, cuando se inicia cada faena o incluso cuando se inicia cada tanda, el torero no sabe exactamente como se le va a arrancar el toro, como va a embestir a la muleta. No sabe si vendrá con la cara colocada, si traerá tendencia a abrirse o si, al contrario, se vencerá hacia el cuerpo.

Necesita por ello adoptar –en ese primer muletazo- las pertinentes medidas de tipo defensivo que le permitan garantizar un adecuado control sobre esa primera embestida.

Vamos a comentar las dos principales soluciones que se han propuesto para resolver el problema de este primer muletazo.

 

Primera solución: Cruzarse al pitón contrario 

La solución más tradicional para resolver el primer muletazo de una tanda es la de cruzarse al pitón contrario. Cruzarse (echar al toro hacia afuera) es un recurso, pero un recurso totalmente válido para poder vaciar una embestida incierta.

Esa es la solución que propone Enrique Ponce (y que recogíamos en la anterior entrada de este post) para el primer muletazo de la serie pero no para los siguientes. Decía el torero de Chiva que. en el primer muletazo de la tanda, el torero tiene que estar cruzado con el toro, cosa que, según el, es físicamente imposible, en los siguientes, si se quieren ligar los pases.

1971-06-21 Venezuela Antonio Bienvenida cruzando al pitón contrario

Lo clásico de verdad (lo que de verdad propugnaban las viejas tauromaquias) es citar enfrontilado con el toro, no cruzarse al pitón contrario como empezó a practicar sistemáticamente Juan Belmonte o como vemos hacer aquí, con mucho sabor y estilo eso sí,  a Antonio Bienvenida en Venezuela el 26 de junio de 1971.

No voy a entrar en el debate de si debe torearse cruzado o al hilo pues creo que es un debate superado hoy día. Y es que, pese a la existencia de algunos recalcitrantes, la mayoría de los aficionados actuales somos conscientes que el toreo en redondo exige la colocación del torero al hilo,  retrasando incluso (o, al menos, no avanzando) la pierna de salida, a partir del segundo muletazo de la serie.

Es importante señalar que ese planteamiento no es nada novedoso, sino que es el que ha sido asumido por la mayoría (si no por la totalidad) de los toreros desde los años 50-60.

Así han toreado los diestros considerados más puros y clásicos: cruzándose en el primer muletazo para, colocados más al hilo en los siguientes, poder ligar los pases.

 

Un magnífico ejemplo de lo que venimos diciendo, Antonio Chenel Antoñete en una tanda con la izquierda al famoso toro blanco (Atrevido de Osborne). Chenel cita (desde largo) en el primer muletazo, cruzado y avanzando la pierna de salida justo antes del momento del embroque (pero con tiempo suficiente para esquivar la embestida del toro). El cambio de trayectoria es tan brusco que el torero queda descolocado para el siguiente muletazo que será, en realidad, el primero de la tanda y donde por tanto el diestro madrileño vuelve a avanzar la pierna de salida (esta vez antes de la arrancada) para a partir de ahí (sin adelantar la pierna de salida) girar sobre los talones y quedar colocado al hilo, en paralelo a la embestida, lo que le permite rematar atrás y ligar con el siguiente pase. En resumen, cite cruzado en el primer pase de la serie (que aquí son dos) y colocación al hilo en los siguientes para poder ligar.

 

Antoñete toro blanco (maldad)

Y una maldad (aunque sin truco): Antoñete fuera de cacho

Si elegimos una imagen aislada (como hacen con tanta frecuencia los detractores de los toreros actuales) el resultado puede ser más que discutible. Y es que manipular, sacando las cosas de contexto, es lo más fácil del mundo. Distinto es explicar sin caer en la demagogia o sin apoyarse en falsos tópicos y aplicando a todos los toreros (nos gusten o no) el mismo rasero..

 

Vamos a recuperar un resumen de un interesante debate que se produjo en Canal+ comentando (entre otras) esta cuestión básica de la técnica del toreo.

Intervienen, además del moderador Manolo Molés, el crítico Juan Luis Benlloch, José Luis Lozano (Empresario, ganadero y aficionado, además de torero y hermano del que fue también torero Pablo Lozano llamado “la muleta de Castilla” por la pureza de su toreo) y los toreros y comentaristas del plus, Manuel Caballero y Antonio Chenel “Antoñete”.

Merece la pena oírles.

El coloquio es muy sustancioso porque estos toreros (incluido Chenel) sostienen lo siguiente:

Primero.- Que es necesario cruzarse sólo en el primer muletazo de la serie

Segundo.- Que, aunque aparente mayor riesgo para el torero, cruzarse es, en realidad, una ventaja para este.

Tercero.- Que, a partir del segundo muletazo de la serie, es necesario quedarse algo al hilo para poder ligar los pases (torear en redondo)

Cuarto.- Que si el toro se para, lo difícil y peligroso es mantener la posición y, sin enmendarse, tirar de él (“jalarlo” dice Manuel Lozano). Por el contrario, cruzarse -como piden los desorientados espectadores actuales- es, en esas circunstancias, un alivio para el torero.

Estas criterios o reglas no son de ahora, sino que responden al modus operandi habitual de los toreros, al menos desde la década de los cincuenta (y digan lo que digan algunos aficionados actuales)

No obstante, y pese a la validez de la regla, cruzarse en el primer muletazo, no es la única opción posible.

 

Segunda solución: El método Martínez

La opción de controlar la primera arrancada buscando el pitón contrario, cruzándose con el toro, es válida pero no es la única posible y, además, como todo toreo que se basa o ayuda en las piernas, tiene menor calado que lo que se hace exclusivamente con los brazos.

El gran torero mexicano, Manolo Martínez criticaba la técnica del pitón contrario (como había hecho años antes Manolete) pues según él “echar la pierna de salida para adelante, obliga a enmendar” cuando precisamente lo que se busca en el toreo en redondo es “no tener que enmendar, sino darle a la serie una continuidad armónica que prolongue el juego del toro para que alcance su ritmo, sin estorbos o quiebros innecesarios que rompan su son”. Un atinado comentario sobre el que deberíamos reflexionar.

Martínez precisa, además, que esa acción de no adelantar la pierna, sino colocarla en la dirección del viaje natural del toro  para poder mandarlo hacia dentro y ligar los pases, es una mera “cuestión de mecánica. No tiene nada que ver con el peligro

Y es que el objetivo del toreo, que hacía Manolo Martínez y que es el mismo del toreo que hoy se hace, es el de “prolongar el encuentro en series de varios pases, donde hay que ir ajustando el empuje del toro constantemente” pues “no se trata de obtener un pase bonito, que apenas sirve para una foto, sino de ligar, de prolongar el control del toro, rematando sólo al final de la serie”.

Dos cosas importantes hay que retener de lo dicho por Manolo Martínez:

Primero.- Que no adelantar la pierna de salida en el toreo en redondo es una cuestión de mera física y que no tiene nada que ver con la ética (con el peligro) como sostienen algunos aficionados.

Segundo. Que el objeto del toreo actual (que no es sólo el de nuestros días sino que tiene ya más de medio siglo), no es conseguir una buena fotografía (ese podía ser el objeto del toreo en los inicios del siglo XX, en los albores de esa técnica artística) sino prolongar el dominio y el mando sobre el toro a lo largo de toda la tanda.

Llegados a este punto hay que preguntarse cual sería la manera de resolver el primer pase de la serie que tenía este diestro. Máxime cuando (como hemos visto en sus declaraciones y por coherencia técnica, estética y, esta vez sí, ética) Martínez no aceptaba adelantar la pierna de salida, en ningún caso.

Manolo Martínez propone (algo que estoy seguro que escandalizará también a muchos aficionados bien pensantes) la utilización del pico pero no como modo de alejar el toro del cuerpo sino como medio de:

Tocar al toro dándole en el primer pase, pequeños calambres al pitón, o más bien, al ojo contrario, de tal forma que cuando arranque no vacíe [su embestida] sobre el cuerpo del torero forzándole a mejorarse, sino que permita aguantar el empuje inicial y mandarlo al mismo tiempo, incitándolo a embestir torciendo un poco el cuello”

  Y añade el azteca:

“En el segundo pase, ya no es necesario ese toque y la muleta se inclinará al pitón contrario o al cercano, según su desplazamiento físico. La inclinación de la muleta marcará el ajuste necesario para obligarle a repetir la embestida sin que el torero tenga que recolocarse

Concluyente Martínez.

 

Vemos a Paco Camino en dos tandas al toro Traguito de Santo Domingo.

En la primera, con la izquierda, Camino se cruza mucho al pitón contrario, aunque también utiliza los pequeños toques (“calambres”) de los que hablaba Manolo Martínez, en ese primer cite.

En la segunda tanda, el torero ya más seguro por el mayor tamaño del engaño al citar con la derecha, no tiene que cruzarse sino que se limita a dar los toques, al ojo contrario, que comentaba por Manolo Martínez.

En ambos caso, y a partir del segundo muletazo, el mecanismo es idéntico y Paco se coloca al hilo, fuera del viaje natural del toro, sin adelantar la pierna y, por tanto, sin desviar la trayectoria del toro ni romper su ritmo de embestida. Y, eso sí, rematando siempre atrás para ligar cada muletazo con el siguiente.

Una lección magistral  de buen toreo por parte del “sabio de Camas”

  

Reflexionando

A la vista de lo comentado podemos sacar algunas conclusiones.

Primero, que no es cierto que el toreo actual suponga una ruptura radical de las normas o cánones tradicionales como sostienen algunos.

Al contrario, la forma de torear que hoy se sigue es, en esencia, la misma que describen Manolo Martínez o Enrique Ponce y es la misma que se viene haciendo en las plazas, cuando se torea en redondo, desde los años 50-60 hasta nuestros días, incluyendo a los toreros tenidos por más clásicos o puros.

Segundo, que el toreo en redondo se basa en la sucesión de tandas de pases seguidos y rematados, en los que es necesario colocarse algo al hilo del pitón (como recuerda Antoñete) para poder mandar en la embestida y ligar unos pases con otros. Esto es básico y fundamental.

Tercero, que el problema que plantea el primer pase de cada tanda es la incertidumbre de la embestida del toro en esa arrancada inicial.

Una incertidumbre que los toreros  han resuelto bien cruzándose al pitón contrario, como han hecho muchos diestros españoles, o bien, como propone Manolo Martínez y hacen muchos toreros actuales, tocando el ojo contrario con el pico de la muleta.

Cuarto, que ambas soluciones son válidas y constituyen recursos adecuados para el problema planteado por el primer muletazo de la tanda pero, personalmente y puestos en esa tesitura, me decanto por la “solución Martínez” no sólo por la coherencia estilística que supone utilizar un mismo planteamiento técnico en los diferentes pases de una serie sino porque, puestos a elegir, siempre será preferible el toreo de brazos que el toreo que se ayuda en el movimiento de las piernas. En cualquier caso, repito, las dos soluciones son válidas.

Quinto, que, sin embargo, algunos críticos y no pocos aficionados dogmáticos no sólo sostienen que la primera solución (cruzarse en el primer muletazo) es la única admisible sino que la extrapolan y la pretenden aplicable al resto de los muletazos de la serie lo que es un verdadero despropósito y contradice los cánones y la buena práctica del toreo en redondo.

Sexto, que los cánones de la tauromaquia son reglas derivadas de la experiencia sencillas y elementales, de sentido común, pero cuya elaboración ha supuesto muchos años y mucha dolor pues en el toreo los errores y los experimentos se pagan con sangre.

Por ello, no podemos ni debemos desvirtuarlos, malinterpretarlos o tergiversarlos (como se hace hoy día habitualmente), pues acabaremos (como ya sucede) sin entender lo que pasa en el ruedo.

Y, llegados a este punto, yo me pregunto ¿Porqué cuando no entendemos o discrepamos de lo que pasa en el ruedo, siempre pensamos que los equivocados son los demás (los toreros) y nunca que el error de apreciación (o el desconocimiento) puede ser nuestro?

 

Una clase adicional (anti-tópicos) del maestro Chenel

Imagen049 - copia

 

Otra foto sin truco: El maestro Chenel citando para el primer muletazo de una de las series que dio al toro blanco

Antoñete se coloca, en ese primer muletazo de una de las tandas, muy al hilo y sacando mucho la muleta para tocar, levemente, al ojo contrario, tal y como aconsejaba Manolo Martínez o sea, siguiendo el “método Martínez

Cita además con la pierna escondida (esa que tanto se critica a los toreros actuales). Una pierna izquierda que no moverá ni avanzará durante el muletazo.

 

 

 

 

Nota importante (22/03/2014):

Contestando a los comentarios del blog he reparado en que la publicación de esta entrada se llevó por delante la dedicatoria o entradilla de la misma donde aclaraba las razones de este artículo.

Aunque sea a toro pasado, tengo que señalar que llevo bastante tiempo buscando documentación, consultando a quien puede ilustrarme y reflexionando sobre la problemática que aquí se plantea pero no ha sido hasta leer un comentario de F. Romero (blog Taller de toros) a una anterior entrada cuando he reparado en el carácter tan importante que, para la estructura y composición de la tanda, supone ese primer muletazo.

Tenía que ser un arquitecto preocupado, lógicamente, por los problemas  de orden y composición quien diera la luz para ese tema. La perspectiva planteada por Felipe me ha permitido aclarar mis ideas y resolver no pocas de las dudas que tenía y, sobre todo, me ha permitido entender el acierto de los toreros cuando plantean ese inicio de tanda con un muletazo cargando la suerte con las piernas aunque luego sigan toreando en redondo ya sólo exclusivamente sobre los brazos.

Quede constancia.

domingo, 2 de marzo de 2014

La tauromaquia de Enrique Ponce (III) Los conceptos básicos de su toreo

Por Jose Morente

ESPAÑA-TOROS

La mirada del torero y la mirada del toro. La tauromaquia se convierte, muchas veces, en un juego de miradas

Hay muchas formas de plantear la lidia de un toro. Algunos toreros –los más valientes- se enfrentan a la fiera con el mínimo bagaje de su propia apuesta personal. Otros –los estetas- reducen voluntariamente su toreo a aquellos movimientos que les permiten expresar lo que sienten.

Finalmente, hay otros –los inteligentes- para los que lo importante es mandar sobre el toro y  están dispuestos a adaptar su repertorio (entendido no sólo como conjunto de pases sino como forma de hacer) a las cambiantes condiciones de las reses.

En general, este tipo de torero parte de un esquema básico (de un modo de torear que sienten y le es propio) pero en el que no tienen problema alguno  (al contrario que los artistas) de introducir cuantas modificaciones sean precisas para adecuarlo a cada res concreta. Joselito el Gallo ha sido quizás el mejor exponente y prototipo de lo que decimos.

En la misma línea conceptual (aunque, quizás, con una voluntaria reducción de los modos y los repertorios, propia del toreo moderno), Enrique Ponce es hoy ejemplo señero del tipo de torero que glosamos.

Vamos a penetrar en esta nueva entrada y al hilo de sus declaraciones a José Luis Ramón para 6 toros 6 en cual es su concepto del toreo. Un concepto que, en primer lugar y como condición necesaria y suficiente, se basa en el adecuado entendimiento y conocimiento de las reses, algo que ya pudimos comprobar in extenso en las dos primeras entradas de esta serie.

 

Lo más difícil es que no te coja el toro

Cornadas para todos Ponce (1)

Portada del post del 28 de febrero del Blog “Cornada para todos” de Andrés Verdaguer Talens.

Ese buen aficionado que se llama Andrés Verdaguer Talens, insertaba hace pocos días en su blog “Cornadas para todos” un track de un vídeo con las declaraciones que hizo Enrique Ponce en la charla-coloquio que tuvo lugar con motivo del homenaje que se le rindió el pasado 26 de febrero, en la Universidad Católica de Valencia y donde el torero de Chiva explicaba cual era su idea básica del toreo. Su concepto del toreo:

“Cada torero tiene una forma de ver e interpretar el toreo. Yo lo veo  estando siempre encima del toro (…) Yo trato siempre de comunicar y de entender al toro que tengo delante toreando: Que pase por aquí. ¡Que no pase por encima mío! Hay toreros, oye, pues que tienen otra interpretación, a veces, y que lo hacen, bueno, pues… pero esa es su forma de hacerlo. Y no solo uno, hay muchos, otros muchos toreros que también lo hacen así.

Aquí lo que está claro es que hay un oficio, hay una técnica, hay una forma de estar delante de un toro, que es la que tienes que utilizar y es la que perdura. Todo lo demás, si te pones en la vía del tren, el tren te arrolla…Eso es así.

Lo que si que esta claro es una cosa: Que lo más difícil de torear es, como he dicho, torear y que no te coja. Que eso es lo más difícil. ¡Que te coja es lo más fácil!

Porque cualquiera que se ponga delante de un toro lo normal es que lo coja. Entonces…¡Oye, a mí me ha cogido!. Pero yo no trato de que me coja. Yo trato de torear, yo trato de hacer el toreo, yo trato de sentirlo, de gustarme, de que el toro pase por delante mío y que vaya hasta donde yo lo quiero llevar. Y hasta donde vaya. Y repetir. Y que pase cuarenta veces. Eso es lo que yo interpreto que es el toreo. 

Hay veces, oye, que hay que apostar más y que de repente con un toro en el que tú dices: ¡no sé si va a pasar! que también me ha pasado a mi eso. Es decir: Bueno, yo se la voy a poner aquí, a ver que pasa. A ver si pasa o no pasa. A lo mejor no pasa. Pero quiero decir: ¡Que si yo veo que el toro me va a coger, que yo me quito!

¡Que yo no me quedo para que me coja!”.

No voy a entrar en analizar su opinión de como debe ser el toreo, ya que reiteradas veces hemos dicho que hay casi tantos conceptos diferentes como toreros. Y, en efecto, mientras que hay diestros que todo lo basan en el valor, otros lo hacen en el arte y otros en la técnica.

Y todos esos conceptos son, para mí, legítimos y válidos.

jose-tomas-san-isidro-tengoentradas

En el concepto del toreo de José Tomás, radicalmente contrapuesto al de Enrique Ponce, el riesgo de cogida está plenamente asumido. Sin embargo, lo que se busca no es provocar el percance sino explorar el límite hasta el que se puede obligar al toro (algo que no entienden muchos aficionados ni, incluso, algunos toreros). Un objetivo muy complicado y difícil (nada fácil) y donde el albur de la cornada está siempre presente.

Si lo que importa es que no te coja nunca el toro o, por el contrario, lo que se pretende es explorar hasta donde se puede llegar sin que te coja es evidente que nos encontramos ante dos planteamientos antagónicos. Se trata de una cuestión que cada torero debe resolver a solas consigo mismo.

Lo importante, como aficionados, es que sepamos valorar y respetar las diferentes opciones, incluso aquellas que no compartimos por alejarse de nuestra forma de ver los toros. Algo nada fácil en un mundo tan pasional y apasionante como este del toreo.

2008-09-16 Albacete Pto de San Lorenzo Ponce 001

Excepcional muletazo de Enrique Ponce a un toro de Puerto de San Lorenzo en Albacete. El objetivo del diestro de Chiva no es que no le coja el toro (como piensan muchos aficionados y algunos otros toreros e incluso como el propio torero afirmaba de forma irónica en las declaraciones que hemos transcrito). Su objetivo, más sencillo -y por eso mucho más difícil- es llevar al toro toreado (entregado en la muleta) a lo largo de todo el muletazo de la forma más elegante posible. Ese pretendido equilibrio entre forma y fondo es muy complejo de lograr sin caer en un formalismo banal.

 

La técnica como fundamento

Para el diestro de Chiva, todo está muy claro (no en balde es un torero que podríamos definir como clarividente). Y si para él lo más importante es “que no te coja el toro”; la clave para conseguirlo se encuentra en la técnica que debe jugar, por tanto, un papel fundamental.

Por eso, en la entrevista  concedida al director de Aplausos, decía que:

La técnica en el toreo es fundamental. Es verdad que las manos hacen mucho, porque está claro que un toro en manos de un torero es de una manera y en las de otro puede ser de otra distinta.

En una corrida de toros esto no se puede ver, pero si se pudiera, se vería que muchos toros son diferentes según los toreros.

No se puede llegar a ser un torero de largo recorrido, una figura del toreo, sin técnica. Es fundamental que la cabeza funcione y que el torero sepa lo que hace en cada momento, con el toro que tiene delante.

A partir de esos dos conceptos básicos (el toro no debe coger al torero y la técnica es la clave para conseguirlo, para torear), Ponce va desgranando en esa magnífica entrevista, su personal tauromaquia desmenuzando todos los elementos y matices que son básicos en el  toreo en su toreo, que es el toreo de nuestros días. Y, estoy por decir, que el de siempre.

No está de más, por eso, poner los puntos sobre las íes (los que pone Ponce) en algunos de estos conceptos y matices tan mal entendidos o desconocidos hoy por la mayoría de los aficionados.

 

2008-08-17 Malaga Santiago Domecq POnce 001

Enrique Ponce antepone la técnica a cualquier otra consideración a la hora de torear. En la foto doblándose y doblegando a un bravo y encastado toro de Santiago Domecq en la feria de Málaga de 2008.

Colocación. 

El primer aspecto a tener en cuenta a la hora de torear es, para Ponce, la colocación.  Algo que tiene importancia suma. Y lo explica:

En los tentaderos, a los chavales que han toreado poquito, les ves que la colocación no es buena ya de entrada. Posiblemente, están al hilo del pitón y les cuesta dar el pasito para delan­te. Estar colocado siempre es fundamen­tal en el toreo.

Estar cruzado con un toro es una de las claves fundamentales que hacen posible torear, pero no porque sea difícil hacerlo, sino (como señala Enrique Ponce) por todo lo contrario:

Algunos aficionados piensan que para los toreros estar cruzado con los toros es un problema. Que les cuesta cruzarse, cuando es todo lo contrario.

Es funda­mental estar cruzado, pero en el primer muletazo.

En el siguiente y en el siguien­te, es imposible estar cruzado, porque para ligar tienes que estar al hilo del pitón, que es donde más riesgo hay, porque el toro te ve mucho más que cuando estás cruzado. Cruzarse con los toros es real­mente un recurso.

 

Una aparente paradoja

Lo que acaba de decir Enrique Ponce es lo mismo que decíamos en este blog, hace unos días, cuando recogíamos un texto de Claude Popelin. Es también la misma opinión que, muchos años antes, había formulado Manolete para quien estar cruzado es una ventaja.

Esto de que estar cruzado es una ventaja, puede sorprender y descolocar a más de un aficionado desatento pues son muchos los que han opinado y repetido hasta la saciedad que cruzarse (colocarse en las vías del tren) es lo que entraña más riesgo y que el truco, la ventaja, estaba en torear al hilo. 

2008 Valencia Ponce (JPD) 001 - copia

Ponce en Valencia en 2008, buscando el pitón contrario o, mejor dicho, el ojo contrario (foto de Manu de Alba)

Lógicamente, ese aficionado, acostumbrado a oír lo contrario, puede flipar en colores con estas afirmaciones del maestro Ponce que, sin embargo, son las mismas que sostenía Manolete o que nos explicaba Claude Popelin.

Llegados a este punto, es bueno recordar que el toreo es un arte práctico y no especulativo, y que lo que vale es lo que pasa en el ruedo, no lo que el aficionado piense o sienta en el tendido.

Esto no quiere decir que el aficionado en el tendido no pueda penetrar o entender esos matices que nos comentan estos toreros pero, para ello, es necesario que sea capaz de ponerse, siquiera sea de forma mental, en el lugar del torero.

Y es que, aunque no lo parezca (o no queramos creerlo), lo que ocurre en el ruedo y lo que se ve en el tendido son cosas radicalmente distintas, diferencias que tienen que ver con la fisiología y la morfología del toro. Expliquémoslo.

1944-05-02 (p. El Ruedo) Presidencia y publico de las Ventas

Lo importante de verdad es lo que realmente pasa en el ruedo no lo que el público ve o cree ver desde el tendido (En la foto, aficionados en el tendido de la plaza de toros de las Ventas. Publicada en El Ruedo 2 de mayo de 1944)

 

“No se torean los pitones, sino los ojos del toro”

Decía Antonio Corbacho, que no se torean los pitones, sino la mirada del toro, sus ojos.

Los ojos del toro Doctor Anas 001

La preocupación por los ojos del toro no es nueva pues aparecía ya en las viejas tauromaquias. Ha sido también objeto de sesudos estudios como este del Doctor Anás (pseudónimo de Victorio de Anasagasti), titulado “Los ojos del toro

La frase un tanto cabalística tiene una explicación sencilla y es que, aunque el toro tiene su aparato ofensivo en los cuernos, en realidad se orienta con los ojos, con la mirada. Y mientras que aquellos (los pitones) se sitúan en la frente y en el frente, estos (los ojos) se sitúan lateralmente a ambos lados de la cara.

No voy a entrar si por esta posición de los ojos, el toro tiene un ángulo muerto donde podría situarse el torero sin peligro. Eso, aunque se ha repetido mucho, me parece una quimera pues bastaría un pequeño giro de cabeza para que el toro volviera a situar a su enemigo dentro de su campo de visión.

El tema de la visión del toro, de como percibe este animal las cosas, ha sido objeto de un más que interesante estudio y análisis (con el titulo La mirada del toro) en el magnífico blog “Taller de toros” de mi compañero de profesión Felipe Romero. Recomiendo encarecidamente su lectura. 

 

En estas condiciones de colocación de los pitones y situación de los ojos la cosa está clara.

Para un observador situado fuera del campo de juego (pongamos el espectador de una andanada) el torero está en peligro siempre que esté enfrontilado con el toro (enfrente de sus pitones). Si se sitúa al hilo, se encontraría fuera de cacho y el peligro desaparecería. Es la teoría de las vías del tren.

Toreo paralelo-Julio de Urrutia (Detalle)

Para muchos aficionados, la teoría de la vías del tren es la explicación más convincente del comportamiento del toro y, sobre todo, del riesgo que asume el torero: El mayor mérito estaría, según ellos, en meterse dentro de las vías (ponerse frente a los pitones). Quedarse fuera de las vías (al hilo) supondría eludir el riesgo

Es una teoría sencilla y facilona para el que está en el tendido (los pitones son muy visibles desde cualquier localidad de la plaza) pero no se ajusta a la realidad pues ni existe un carril fijo (el único carril sería la muleta) ni el toro es un tren que no pueda cambiar de trayectoria (antes al contrario lo hace al menor movimiento) ni hay más peligro cruzado que al hilo (el peligro está en los ojos situados lateralmente). Dejémoslo aquí, aunque el tema da para mucho más (Dibujo de portada del libro de Julio de Urrutia “Toreo paralelo”)

 

Sin embargo, pese a las apariencias pitonudas, dentro del terreno de juego se libra una batalla muy distinta. Una batalla de miradas entre los dos contendientes. Y, por parte del torero, una batalla de alta estrategia militar, digna de un Rommel, “El Zorro del Desierto”, un Napoleón Bonaparte o un Alejandro Magno.

Rommel05

El torero necesita estar dotado de una capacidad similar a la los más grandes estrategas militares (En la foto Erwin Rommel “El zorro del desierto”)

El torero con su inteligencia y astucia debe defenderse, ayudado por un trapo rojo sujeto por una ligera varita de madera, de un enemigo tremebundo cuya furia (cuya mirada) debe ser capaz de concentrar y canalizar en ese trapo, adecuadamente.

Tauromaquia de Pepe Hillo Turner 002

Pepe-Hillo y los primeros diestros de la historia consiguieron vencer al toro con el único arma de su astucia, su estoque y su muleta. un trozo de trapo rojo enrollado en una varita de madera

El torero se cruza para marcar al toro el punto a donde el no va a llegar pues parará antes. Lo que es una indudable, pero necesaria, ventaja.

Situado al hilo, fuera de la línea de ataque de los pitones,  es cuando más se ofrece el torero a la línea de visión de su enemigo. Y cuando (como con tanto acierto revela Ponce) más peligro corre.

 

“Lo que ve el espectador” de una andanada (Del blog Toros y Sanfermines). A esa distancia, el espectador de las localidades altas sólo es capaz de apreciar la colocación y tamaño del cuerpo y la cabeza del toro (¡incluidos sus pitones!) pero le es imposible percibir multitud de matices, especialmente los relacionados con su mirada del animal, que son claves para entender lo que pasa en el ruedo.

Por el contrario, y como una especie de ley de las compensaciones, es la mejor localidad para apreciar las querencias, las cuales suelen pasar, muchas veces, desapercibidas incluso a los propios toreros.

 

Lo que ve el torero” en el ruedo (Del blog “Taller de toros”).

Aunque los pitones son lo que más impresiona, el torero debe concentrar su atención en la mirada del toro, como nos recuerda y enseña Felipe Romero.

 

2008-10-12 Zaragoza Valdefresno Ponce 001 - copia

Pero lo más importante de todo, no es lo que ve el público ni el torero, sino “lo que ve el toro”.

El torero tiene que tener la capacidad de adivinar o, mejor dicho, intuir, que es lo que el toro ve en cada momento. Esa es la clave para poder torear con un mínimo de garantías de éxito (En la retocada fotografía de Manu de Alba, Ponce en Zaragoza ante un incorpóreo toro de Valdefresno el 12/10/2008)

El momento en el que el toro pasa al lado del torero, es cuando cualquier error de este (adelantando a destiempo el engaño o abriendo una ventana por separarlo demasiado del cuerpo) o cualquier extraño del toro, pueden provocar la cogida.

  2011-07-18 Mont de Marsan Samuel Ponce

En la colocación de perfil, todo el toro pasa por el frente del torero, como lo hace, con la carita alta, este toro de Samuel Flores en Mont de Marsan ante la muleta de Ponce. Mientras el toro va embebido en el engaño el muletazo es muy seguro (18/07/2011)

Lo anterior lo resume Enrique Ponce, de forma magistral y geométrica, en los siguientes párrafos:

Para citar colocado hay que estar enfrontilado entre los dos pitones, y cruzarte un poquito, porque en ese terreno vas a provocar mucho más y mejor la embestida del toro.

Esto en el primer muletazo, pero no en los siguientes, por­que por geometría te quedas al hilo del pitón siempre que quieras ligar los pases, a no ser que se pare el toro y te vuelvas a cruzar.

El valor del torero no está en el primer muletazo, sino en los si­guientes, en el segundo, en el tercero, en el cuarto y en el quinto, porque cada vez el toro te va a apretar más. Ahí es donde dejas la muleta puesta en la cara y ligas el muletazo, estando más bien al hilo del pitón.

El toreo es una circunferencia, y ¿cómo te vas a meter el toro atrás y luego no quedarte al hilo? Físicamente es imposible.

2008-09-29 Barcelona Victoriano dle Rio 001

Para Ponce, hay que cruzarse sólo en el primer muletazo de la tanda. Lo que le vemos hacer ante un toro de Victoriano del Río en Barcelona, el día 29 de septiembre de 2008 (Fotografía de Manu de Alba)

2008-09-29 Barcelona Victoriano dle Rio 002

Sin embargo, en los restantes muletazos y para poder ligar, es condición necesaria estar un poco al hilo del toro. En la fotografía, de Manu de Alba, le vemos en el segundo o tercer muletazo de otra tanda, ya más relajado, en la misma tarde de la foto anterior.

La conclusión es que estar al hilo es un riesgo asumido pero necesario para poder ligar los muletazos. Además, según Ponce, sólo hay que cruzarse en el primer muletazo.

Sin embargo, yo me pregunto si tiene sentido cruzarse en el primer muletazo cuando luego el torero no se va a cruzar en los siguientes. En ese sentido, si existieran otras opciones, tendremos que buscarlas en otras tauromaquias, no en la de Enrique Ponce quien tiene muy claro esos conceptos.

Creo que, por hoy, es más que suficiente.  

(continuará…)

viernes, 28 de febrero de 2014

Historia verdadera de lo que pasó en Málaga los días 11, 12 y 13 de julio de 1919

Por Jose Morente

1920-05-13 Valencia Joselito Belmonte Varelito (retocado)

Varelito acartelado (como se dice ahora en horrorosa expresión) entre Joselito y Belmonte (Valencia, 13 de mayo de 1920). El sevillano no ponía en aprietos a las figuras por los que estos lo incluían con frecuencia en sus carteles o lo enviaban de sustituto cuando procedía (Cartel facilitado por Joaquín Albaicín)

 

La historia del toreo

La historia del toreo antiguo, que generalmente nos han contado, es una historia mixtificada y tergiversada en la que se ocultan las miserias y se exageran las grandezas de lo que realmente sucedió.

La razón es que, a algunos aficionados actuales, parece que del pasado sólo les interesa lo que les sirva para denigrar el presente.

Por eso, decir toda la verdad sobre el toreo antiguo, molesta -y mucho- a muchos. La publicación, en este blog, de una carta autógrafa de Guerrita (¡de 1899!) ha provocado más de una reacción airada y algunos han llegado a atribuirnos no sé que ocultas intenciones en defensa de no se sabe qué deleznables vicios del toreo actual.

Sería para tomárselo a chacota si no fuera porque es muy grave que a alguien le moleste que se cuente la verdad, sólo porque la verdad contradice y desmiente la falsa visión que ese alguien se ha creado del toreo.

Por eso, no escribo este blog para ese tipo de aficionado difícilmente recuperable, pues no es fácil superar esa montaña de  subjetivismos, prejuicios, tópicos y falsos cánones que se entretejen en tupida red que, cual tela de araña, los envuelve y nos envuelve a todos.

Escribo este blog para aquellos que no tienen miedo a conocer la  verdadera historia del toreo, aquella que empezó a desvelar Pepe Alameda, y a los que no les importa enterarse de los tejemanejes que se trajeron los toreros antiguos porque, esos trapicheos, no les restan un ápice de grandeza a los diestros que los protagonizaron. Al contrario, nos los devuelven más humanos y reales. Más creíbles, ellos y sus proezas.

A los otros aficionados, a los que cierran sus ojos y su inteligencia a las verdades del barquero solo puedo decirles que se equivocan puesto que la verdad nunca puede ser un problema.

Más bien, debería ser la solución.

Creo que por ahí empieza la ética, esa que tanto reclamamos a los demás y, en particular, a los toreros actuales pero que nunca nos exigimos a nosotros mismos.

En esa línea, en la línea de contar esas verdades que, ahora, tanto parecen molestar, no está de más trasladarnos a la Málaga de 1919, pues contratados Joselito y Belmonte para una corrida de Pérez de la Concha, ocurrió lo que se supone que no debiera haber ocurrido.

Nos lo cuenta (lo contaba para El Ruedo) Juan Cortés Salido, periodista y empresario, por aquellas fechas, de la Malagueta.

 

1918 PLaza de toros (Archivo Municipal) - copia

Vista de la época (1918) del Puerto de Málaga con el barrio de la Malagueta y su plaza de toros, del mismo nombre, en primer término (Postal del Archivo Municipal)

 

Málaga, 1919

Fueron muchas las vicisitudes y peripecias que Juan Cortes Salido, orondo empresario de la Malagueta, tuvo que pasar para celebrar la corrida del 13 de julio de 1919.

Juan Cortes Salido Caricatura (Memorias-1952) 001

Juan Cortés Salido, empresario de la Malagueta en 1919 (Caricatura publicada en sus Memorias. 1952)

Regresado Belmonte de América, su presencia en Málaga ese año, junto al insustituible Joselito el Gallo, resultaba imprescindible, por lo que el cartel de esa tarde se cerró con ellos dos e Ignacio Sánchez-Mejías.

1919-07-07 (ET) Cartel Málaga el 13

Anuncio (publicado en el número de El Toreo del día 7 de julio), de la corrida programada en Málaga para el día 13 de ese mismo mes. 

Los dos diestros toreaban juntos casi todas las tardes. De hecho, el día 6 de julio, lo habían hecho en Madrid en la despedida de Cocherito de Bilbao.

1919-07-06 (p. 09 MG) Cocherito en su despedida - copia

Cocherito de Bilbao el día de su despedida en Madrid (6 de julio de 1919). Toreaba con Gallito y Belmonte (Fotografía publicada en Mundo Gráfico)

 

1919-07-06 (p. 07 LL) Cocherito Joselito Belmonte - copia

Los tres diestros (Joselito, Cocherito y Belmonte) en la puerta de cuadrillas de la plaza Vieja de Madrid el día 6 de julio de 1919. Joselito, que lleva el mítico capote negro de luto por la muerte de su madre, la señora Gabriela, aparece muy serio y –según el revistero de La Lidia, con un semblante demacrado y pálido.

 

1919-07-06 (p. 09 MG) Joselito estribo - copia

1919-07-06 (p. 09 MG) Joselito temerario adorno toro 2º (o) - copia

1919-07-06 (p. 07 LL) Joselito temerario - copia

Una palidez que, evidentemente, no era producto del miedo (como se puede comprobar en estas tres fotografías) sino debida a las fiebres gástricas que el de Gelves venía padeciendo todo ese año (Fotografías publicadas en Mundo Gráfico, las dos primeras, y La Lidia).

 

Después, ambos diestros, marcharon a Pamplona donde –juntos también- torearon todas las corridas de feria (días 7, 8, 9, 10 y 11 de julio) alternando con Malla y Dominguín, en diversas combinaciones, pero siempre con los dos ases en los carteles.

 1919-07-28 Pamplona Belmonte veronica

1919-07-28 Pamplona Joselito veronica

Belmonte y Joselito, en la Feria de Pamplona de 1919, en sendas verónicas por el lado derecho y el izquierdo respectivamente (Fotografías publicadas en la Lidia del 28 de julio). Ambos con buen estilo pero con la mano de salida muy alta. Faltaba un lustro para que llegase al toreo Gitanillo de Triana.

Para contratar a los fenómenos, Juan Cortés se había puesto en contacto con los representantes en Sevilla de los dos toreros: Juan Soto, por Gallito, y Domingo Ruiz, por Belmonte, quienes eran además sus respectivos veedores.

Como ambos (Soto y Ruiz) andaban a la greña hasta el punto que no se hablaron durante muchos años, el empresario de Málaga había dispuesto que se turnasen por riguroso orden a la hora de embarcar las corridas que venían a nuestra ciudad y que toreasen esos dos diestros.

1918-11-11 (p. LL) Joselito en bautizo hijo Juan Soto - copia

Joselito con Juan Soto, su veedor y representante en Sevilla, en el bautizo de un hijo de este  (Fotografía publicada en La Lidia el 11 de noviembre de 1918)

Para la corrida prevista el día 13, le tocaba turno a Domingo Ruiz, veedor de Belmonte. El ganado previsto para ese día era de Pérez de la Concha. Toros grandes, gordos y muy bien armados, tanto que cuando los vio Domingo no pudo evitar torcer el gesto, máxime cuando, ese año, las corridas de esa ganadería venían saliendo francamente malas.

1919-05-15 (p. ET) Madrid Perez de la Concha

La reseña de una corrida de Pérez de la Concha, mansurrona, lidiada en Madrid el día del Santo de ese año de 1919, que torearon Gaona, Belmonte y Dominguín (El Toreo, 15 de mayo de 1919)

 

1919-05-15 (MG) Belmonte ayudado - copia

Magnífico ayudado de Juan Belmonte, a uno de los toros de Pérez de la Concha lidiados en Madrid el día del Santo. Se trata, concretamente del quinto de la tarde, Rompegala, nº 105, berrendo en castaño, con el que Juan estuvo valiente –como en él era habitual- y dominador (Fotografía publicada en Mundo Gráfico)

 

La noche del día 11 (dos antes de la corrida) el empresario recibía un cablegrama de Antonio Soto, redactor del Liberal de Sevilla, además de apoderado de Varelito, ofreciendo a este torero como sustituto de Belmonte, del cual lo único que se sabía es que, toreando en Pamplona, había sufrido un rasguño en una oreja, en la última corrida de feria.

Al día siguiente, 12 de julio a primera hora de lla mañana se le comunicaba, de forma oficial, a la empresa la ausencia del trianero, justificada con el pertinente y oportuno parte médico, lo que no causó extrañeza a nadie.

Como las desgracias nunca vienen solas, esa misma mañana al mediodía, llegaba a Málaga otro telegrama, esta vez de Juan Soto, ofreciendo de nuevo a Varelito para sustituir, esta vez, a Joselito (ya que el puesto de Belmonte se lo habían dado al malagueño Paco Madrid).

11737767 - copia

Paco Madrid, junto a Belmonte y Curro Posada. El torero malagueño destacaba por su notoria corpulencia y por su contundencia en la estocada. Los aficionados de la época se acercaban a los desolladeros para ver las paletillas de los toros atravesadas por el estoque de este torero (Postal de la época)

Al empresario, esa nueva propuesta, le pareció un error pero Juan MartínGerente de la empresa y muy cercano al entorno de Joselito, le confirmó que este había sufrido una recaída en las fiebres gástricas que le venían afectando todo ese año.

En una larga conversación telefónica, con Joselito y su mentor el Alfombrista, quedaba claro que el torero, pese a las fiebres, parecía dispuesto a torear en Málaga pero que fueron sus amigos quienes, al final, le convencieron para que no lo hiciera.

Precisamente, fue uno de esos amigos el que le explicó a Juan Cortés, semanas después en la Línea, lo que había sucedido en realidad:

Pero hombre, Juanito, usted que tan bien conoce esto del toreo ¿cree que José podía ir a torear una corrida encerrada por Domingo Ruiz, después de haberse “rajaoBelmonte?

Cuando años después Juan de Málaga, pseudónimo periodístico de Juan Cortés, relataba la anécdota, la remataba añadiendo aquello de que “no hay nada nuevo bajo el cielo taurino”.

Y tenía razón…

 

1919-07-13 (p. 14 La Lidia) reseña corrida

Reseña en la Lidia del día 14 de la corrida de Pérez de la Concha que se celebró finalmente el día señalado (13 de julio) pero con un cartel muy distinto al inicialmente previsto. Paco Madrid (que sustituía a Belmonte), Varelito (quien finalmente consiguió entrar en sustitución de Joselito) e Ignacio Sánchez-Mejías (el único de los tres que figuraba en el cartel original)

 

Post-scriptum

Joselito el Gallo y Juan Belmonte torearon juntos en Madrid el 6 de julio de 1919 y los días 7, 8, 9, 10 y 11 lo hicieron en la feria de Pamplona.

El día 12 ambos comunicaban a la empresa de Málaga que no podían torear en esa plaza: Joselito por las fiebres que hemos comentado y que le daban la tabarra y Belmonte por una leve herida en la oreja.

No volvieron a vestir de luces hasta el día 20 en La Línea, una semana después con una corrida de Gamero Cívico o sea de Parladé, y una vez remitidas las fiebres de José y curada la herida de la oreja de Juan.

 

1919-08-04 (p. LL) Joselito natural portada

Con fiebres o sin fiebres, Joselito seguía siendo el mismo. Un natural suyo, a un toro de Pablo Romero, en la segunda corrida de la Feria de Valencia, celebrada pocos días después de reaparecer en la Línea, servía de portada a la revista La Lidia.

 

Post-data: Mi agradecimiento a franmartin quien me ha facilitado la colección digitalizada completa del Ruedo, de donde he sacado la mayor parte de la información utilizada en esta entrada.