domingo, 9 de diciembre de 2012

Suertes en desuso (IV) De frente por detrás (1ª parte)

Por Jose Morente

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El Papa Negro citando para ejecutar la suerte “de frente por detrás”

Prólogo para una historia en tres actos con cinco protagonistas

La publicación de esta fotografía del Papa Negro citando de capa a un morlaco de Pablo-Romero, causó en su día la extrañeza de un sagaz lector de este blog.

Y no solo por lo inusual de la capa del toro pues hoy día los Pablo-Romeros son preciosos toros cárdenos o, en el mejor de los casos, entrepelados, pero nunca berrendos (lo que podría indicar que algo inconfesable debió ocurrir en esos cercados hace años) sino por lo raro del cite del torero de espaldas y con la capa a su espalda y, sobre todo, por la denominación utilizada para designar el lance de la foto.

Y es que, hoy día, hemos convenido en llamar suerte “de frente por detrás”, no a la que se hace con el capote a la espalda y citando de espaldas sino a la “gaonera”, el lance que popularizó en España, el “León de los Aldamas”, el mexicano Rodolfo Gaona. Lance que se ejecuta con el capote a la espalda pero citando de frente.

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Gaona ejecutando la “Gaonera”. Un lance que muchos llaman también “de frente por detrás”

Creo que tiene interés  revisar hoy la historia de esta suerte. Pero no por reabrir un viejo debate terminológico sino porque nos permitirá conocer el mecanismo de creación -o recreación- de las suertes del toreo y, sobre todo, conocer como se transmiten los conocimientos técnicos de este arte.

La curiosa historia de este lance se desarrolla en tres actos y con cinco protagonistas.

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La versión genial de Goya de la “suerte de frente por detrás

 

Primer acto. La Tauromaquia de Pepe-Hillo (1796)

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Primer protagonista de nuestra historia: José Delgado (a) Hillo. Así era este diestro según el grabado incluido en la primera edición de su tauromaquia (1796)

El primer protagonista de nuestra historia es José Delgado “Pepe-Hillo” quien aseguraba ser inventor de un lance al que bautizaba como suerte de “de frente por detrás”. El diestro sevillano explicaba en su tauromaquia como se ejecutaba esta suerte que se realizaba con el capote a la espalda.

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En la segunda edición de su Tauromaquia (Que se publica tras su muerte, en 1804) la suerte se define de forma muy similar pero, por si hubiera alguna duda, se le cambia el nombre por el de “suerte de espaldas”. Un nombre más apropiado ya que se prestaba a pocas confusiones. Lo mejor de todo es que se incluía un grabado aclaratorio del modo de ejecutar este capotazo.

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La “suerte de espaldas” o “de frente por detrás” según la lámina XVI de la edición de 1804 de la Tauromaquia de Hillo. También se llamó más tardíamente “suerte a la aragonesa” sin que hayamos podido averiguar la razón de esta denominación. Como se observa en la imagen se trata del mismo lance que veíamos dar al Papa Negro y que queda por tanto claramente identificado (y bautizado).

El nombre de “suerte de espaldas” dado a este lance, no haría -por desgracia- fortuna y pocos años después, otro personaje de esta historia (pero esta vez en calidad de secundario) Francisco Montes (a) Paquiro la recogería en su Tauromaquia (1836) pero volviendo a la terminología original de Pepe-Hillo (“de frente por detrás”). Lo que propiciará confusiones futuras.

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Francisco Montes (a) Paquiro. Un secundario de lujo en nuestra pequeña historia

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Paquiro ejecutando la suerte de frente por detrás. Litografía de Lake Price (1852). Como muy bien ha observado Robert Ryan genial analista del toreo de capa, en todas estas láminas se adivina una suerte airosa y de elegante ejecución.

Después de Paquiro, la suerte que ya se practicaba poco en sus primeros tiempos, va cayendo gradualmente en desuso quedando sepultada en el olvido de los grabados de las viejas tauromaquias y en el recuerdo de algunos toreros y viejos aficionados.

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En la colección de láminas “La fiesta española” de 1860, la suerte se denominaba “capeo por detrás”. Si bien menos rotunda que la expresión “suerte de espaldas”, el término evitaba también la confusión que se provoca al llamarla suerte “de frente

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Por contra, Daniel Perea en su colección “A los toros” (muy difundida) mantenía el término original de “suerte de frente por detrás”. Aunque la suerte se practicaba poco en esos años, siempre se incluía en las colecciones de láminas que se publicaban ya que se seguía con cierta fidelidad la estructura de las series de grabados antiguos de finales del XVIII (Carnicero) y principios del XIX (Tauromaquia de Hillo).

 

Segundo acto. Un (¿inexplicable?) grabado de Daniel Perea (1887).

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El segundo protagonista de la historia: el elegante torero madrileño Cayetano Sanz. Un diestro de tronío pero cuya escasa eficacia con los aceros le negó el puesto que realmente merecía (Fotografía publicada en Pan y Toros en septiembre de 1896).

Cuando la suerte había caído ya en desuso, otra lámina de Daniel Perea, publicada en la Lidia en 1887, iba a abrir el camino de la confusión.

En ella, se ve al diestro Cayetano Sanz (nuestro segundo protagonista), al que no se nombra pero que es claramente identificable y que se había retirado una década antes, citando con el capote a la espalda, con el capote por detrás, pero de frente, no de espaldas. Lo curioso es que Perea (nuestro tercer protagonista) titulaba el lance como “suerte de frente por detrás a la derecha”. Aquí está la susodicha lámina.

img_0092 Suerte de frente por detrás a la derecha (Lám.)

img_0092 Suerte de frente por detrás a la derecha (Lám.) DETALLE

img_0092 Suerte de frente por detrás a la derecha (Lám.) Detalle lance

Lámina de la Lidia (26/09/1887). Aunque en la lámina no se cita el nombre del diestro que ejecuta ese extraño lance parece que se trata de Cayetano Sanz, quien cita al toro para la “suerte de frente por detrás a la derecha”. Y otra duda, si hay suerte de frente por detrás a la derecha ¿existe y, en ese caso, como sería la suerte de frente por detrás a la izquierda?

Esta imagen de Cayetano ha generado no pocas cábalas entre estudiosos de la historia del toreo ya que el lance no tiene nada que ver con la “suerte de frente por detrás” que describían Pepe-Hillo y Montes (y que también había dibujado el propio Perea, como hemos visto). Por tanto, cabe preguntarse el porqué del nombre utilizado.

Desde luego, el cite de la imagen se hace “de frente” y con el capote “por detrás”, por lo que la terminología que pergeñó Hillo en su Tauromaquia para la suerte de espaldas viene que ni pintiparada para este otro lance.

Sin embargo, al estar la suerte de Pepe-Hillo perfectamente identificada (De hecho, la propia revista La Lidia había publicado pocos años antes una lámina con esa suerte cabalmente etiquetada) cabe plantearse que sentido tiene utilizar el mismo nombre para dos lances tan distintos a los que sólo une la circunstancia de llevar el capote a la espalda.

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No sólo el propio Perea en la serie “A los toros” sino otra lámina de La Lidia –de sólo un lustro antes- había representado la suerte de espaldas de Pepe-Hillo con la denominación correcta. La de origen (La Lidia. 03/07/1882)

Otra duda –no menor- que plantea el grabado de Perea es la de cual sería la suerte que ejecuta Cayetano Sanz. ¿Como se remataría ese lance?

La opinión más unánime es que el lance para el que cita Cayetano es un derivado de la “suerte al costado” descrita (que no dibujada) por primera vez en la tauromaquia de Montes.

En la suerte al costado el torero se presentaba totalmente perfilado con el toro pero tapado por la capa y podía ejecutarse con el capote por delante del cuerpo o con el capote a la espalda, que es como la plantea Cayetano quien innova al girar el cuerpo, presentándose de frente y no de perfil.

Fuera como fuera el lance de Cayetano la cierto es que se trataba de una excepción que pronto quedó en el olvido.

Bueno, en el olvido, no, ya que en el ambiente había quedado (como en un sueño e idealizada) la imagen que de ese quite de Cayetano Sanz había dibujado Daniel Perea. Una imagen (esa de la Lidia que hemos reproducido) que se convertiría en mítica a finales del siglo XIX

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El tercer protagonista de la historia. El dibujante Daniel Perea. Su lámina de Cayetano Sanz citando con el capote a la espalda convirtió en lance mítico esa suerte imaginada que no vista (o, al menos, que solo habían podido ver los contemporáneos del torero madrileño)

(Continuará…)

lunes, 3 de diciembre de 2012

La técnica hoy (V) La pierna escondida

Por Jose Morente

La pierna del Tato 001

Las piernas de los toreros siempre están expuestas a las astas de los toros. En la fotografía, vemos (entre los estoques de Guerrita y el de Montes) la pierna ortopédica que usó el Tato cuando le amputaron la suya por culpa de la gangrena provocada por el puntazo que le propinó, en Madrid en 1869, el toro “Peregrino” de Vicente Martínez.

Antonio Sánchez el Tato, yerno de Cúchares y que había vivido un periodo glorioso como torero, acabó sus días de empleado del Matadero Municipal (La fotografía corresponde a la exhibición de algunas piezas del Museo taurino de Don Juan Bol en la Exposición de París de 1900)

Nota Previa.

Esta entrada esta elaborada tomando como base una pequeña parte de los contenidos desarrollados en la Charla que con el título “La técnica en el toreo. De Joselito el Gallo a José Tomás” tuve el placer de pronunciar el jueves último, día 29 de Noviembre, en la Facultad de Derecho del CEU dentro del presente curso  del Aula de Tauromaquia (2012-2013). Curso que organiza y dirige, con tanto empeño como acierto y desde hace la friolera de 14 años, ese excepcional aficionado que se llama Rafael Cabrera Bonet.

Aunque conozco a Rafael desde hace muy poco tiempo (Por cierto, gracias a un amigo común Andrés de Miguel, otro aficionado de categoría) tengo que decir que es de esas personas de las que uno tiene la sensación de conocerlas de toda la vida. Quizás por compartir aficiones comunes y coincidir en lo fundamental. También, por discrepar en lo accesorio (lo que nos permite esas sabrosas discusiones que es lo que, en realidad, nos gusta de verdad a los que amamos la Fiesta). Pero, sobre todo, por su exquisito trato personal. El suyo y el de su mujer, Teresa, otra gran aficionada. Entre aficionados, pues, anda el juego.  

La relativa complejidad de algunos de los temas tratados en la charla creo que aconsejan un análisis más detallado en este blog. Además, por apartarse de las tesis más ortodoxas o convencionales al uso, estas cuestiones merecen ser adecuadamente matizadas. Especialmente, para aclarar algunas de las ideas difundidas (de forma necesariamente simplificada) en las redes sociales sobre lo que realmente se dijo allí.

En todo caso, es de justicia agradecer, y quiero aprovechar la ocasión para hacerlo ahora, la atención, interés y cariño con que los asistentes a la charla siguieron (y resistieron) una “faena” tan intensa y larga como fue la de la pasada tarde-noche.

Y vamos al toro que (como diría don Luis Fernández Salcedo) es de Coruche

Charla 02

En el CEU, el pasado jueves hablando de la técnica del toreo, invitado y acompañado –magníficamente- por Rafael Cabrera

La postura del aficionado

Los aficionados solemos caer en el error (muy común por otra parte) de juzgar lo que vemos tomando como referencia  toreros o toreos de épocas pasadas o conceptos o planteamientos distintos a aquellos que nos proponen los toreros de hoy día.

Consideramos, además, que existe un único modo correcto de torear (el nuestro, por supuesto) sin caer en la cuenta de la diversidad de planteamientos, propuestas, opciones estilísticas o conceptos diferentes que sobre la forma de de torear tienen y han tenido los toreros de ayer y hoy. En el ruedo no hay dogmatismos. En el tendido, por el contrario, abundan en demasía.

Sobre ser injusto valorar a alguien por algo que ni pretende ni le interesa, lo peor es que nos perdemos la ocasión de entender cabalmente lo que pasa delante de nuestros ojos y, sobre todo, perdemos la ocasión de disfrutar con todo lo que de bueno tiene el toreo presente.

Nada ni nadie es perfecto. Todo es matizable. Todo es, por tanto, discutible o criticable. Pero no sé si merece la pena (personalmente pienso que no) seguir poniendo reparos hasta el infinito a la forma en que hoy se torea, especialmente cuando tomamos como canon o referencia un modo de torear (al que yo llamo el canon pseudo-belmontista) que me temo no ha existido nunca más que en la imaginación de algunos (pocos) toreros, críticos y/o aficionados.

 

La pierna escondida

Uno de los detalles técnicos del toreo actual que más enervan a los aficionados más dogmáticos es la que ellos llaman (de forma harto crítica,por cierto) la “pierna escondida”.

Para empezar, creo que (sin perjuicio de la evidente eficacia del método) repetir “ad nauseam” una expresión cualquiera no le confiere validez. Las cosas son verdad o mentira “per se”, no por reiterarlas incansablemente.

Antes al contrario, la repetición, las convierte en tópico o cliché. Algo muy cómodo, en la guerra de guerrillas emprendida por algunos aficionados contra el toreo actual pues evita tener que pensar en serio, pero inaceptable si queremos ser consecuentes y mantener un mínimo de rigor intelectual, máxime cuando ni se justifica lo que se denuncia ni casi nadie se toma la molestia de analizarlo con un mínimo de rigor (las excepciones aunque escasas son ilustres. Ya hablaremos de ellas).

El tópico de la pierna escondida parte de un concepto erróneo, en mi opinión, pero muy difundido entre aficionados (otro cliché elevado a categoría de canon) que es la idea que nos hemos hecho de lo que es “cargar la suerte”, algo sobre lo que ya hemos hablado en este blog y sobre lo que tendremos que volver a hablar más de una vez.

Para muchos aficionados “cargar la suerte” se considera como piedra angular del toreo. De tal manera que no se concibe torear sin que la suerte se cargue. Hasta el punto que se afirma que torero que no carga la suerte al torear no torea sino (otro cliché) “destorea”. Esta es la tesis oficialista en uso.

De Coria a Sevilla-Martinez de Leon p. 187 001

El párrafo es largo pero merece la pena. Andrés Martínez de León, el genial creador del no menos genial “Oselito”, sentencia la postura –difícil de sostener- del aficionado que va a la plaza cargado de clichés y con “la faena hecha

 

El tema, surrealista, no es nada baladí. Entre otras cosas porque para empezar se confunde “cargar la suerte” (algo imprescindible en el buen toreo o, mejor dicho, en el toreo a secas) con adelantar la pierna de salida. Confusión que no debe admitir el aficionado que tenga un mínimo de conocimientos de la historia y la evolución del toreo.

“Cargar la suerte NO es adelantar la pierna de salida”

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Es grave, muy grave, el confusionismo que tienen (tenemos) hoy día un buen número de aficionados en la forma de entender algunos términos técnicos históricos. Uno de ellos es confundir el cargar la suerte con el hecho de adelantar la pierna de salida. Vaya en descargo de ellos (y de nosotros) que el error es achacable a críticos y escritores tenidos como fiables referentes del buen toreo.

 

¿Que es cargar la suerte?

La primera definición de cargar la suerte la dio el histórico torero José Delgado “Hillo” en la Tauromaquia que, dictada por él, fue publicada en Cádiz allá por 1796 (Algo ha llovido desde entonces pero el concepto sigue siendo válido). Merece la pena leerlo con atención y detenimiento.

Cargar la Suerte Hillo

Pepe-Hillo preconizaba el toreo de brazos frente al toreo sobre las piernas. Para el la suerte se cargaba con los brazos “sin menear los pies”. Este concepto es el que han mantenido todas las tauromaquias que han venido después (Paquiro, F.J.T.U., Guerrita, etc.).

Para Pepe-Hillo (y para todos los “toreros de escuela” que vinieron después de él) la suerte se carga con los brazos y no con las piernas. Es con los brazos y con el movimiento del cuerpo de cintura para arriba (y no con la ayuda de las piernas) con los que se debe dirigir la embestida del toro.

Más claro, agua.

Manolete Ayudado por alto 02

El toreo clásico es el que se hace sobre los brazos, no sobre las piernas. En la foto Manolete, quizás uno de los toreros que, en toda la historia del toreo, han tenido un concepto más clásico y más puro de como se debe torear.

 

El toreo espatarrado

Por eso, porque -para los toreros y los aficionados del XIX- el toreo debe hacerse con los brazos y no con las piernas, estos consideraban que lo más meritorio era torear con los pies juntos.

El cite más ortodoxo (en la época Pedro Romero y Pepe-Hillo, en la de Paquiro, en la de Cúchares y el Chiclanero, en la de Lagartijo y Frascuelo y finalmente en la de Guerrita) era el cite con los pies juntos, el cuerpo erguido y la muleta cuadrada al lado del cuerpo, tal y como lo refleja Manuel Castellanos en un espléndido dibujo que se conserva en la Biblioteca Nacional.

El Cite Perea

Cite para el pase natural. Dibujo de Manuel Castellanos de 1855 (Biblioteca Nacional de España). Representa el cite ortodoxo para el pase natural en el siglo XIX. El torero se coloca de frente con los pies juntos (más exactamente con el compás ligeramente abierto) y con la muleta cuadrada al lado del cuerpo.

Ello era así, hasta tal punto que el toreo de piernas abiertas (“espatarrado”) se consideraba, y algunos hoy día lo siguen considerando, “toreo basto”. Y ello sin quitar mérito a esa postura de los pies que permite desviar y/o alargar el viaje del toro.

Machaquito010

Machaquito, gran matador, torea tal y como era habitual a principios de siglo con el compás abierto adelantando la pierna de salida. Algo que los aficionados decimonónicos consideraban como “toreo basto”. Hoy, por el contrario, adelantar la muleta y abrir el compás se considera como lo más correcto. Y es que los tiempos cambian que es una barbaridad.

Prueba, de lo que comento, es este párrafo de F. Bleu, el boticario de la Puerta del Sol y referente del integrismo taurino de todos los tiempos. Dice Félix Borrell, hablando de Guerrita:

Antes y despues del Guerra 001

En el último tercio del siglo XIX, abrir el compás depreciaba el valor de las faenas.

 

El toreo de “pata ’alante”

Cargar la suerte sin abrir el compás y sin “menear” los pies es muy expuesto y complicado. Muy peligroso. Y requiere del torero (se coloque donde se coloque: al hilo, en rectitud o al pitón) una técnica muy depurada y una gran precisión y coordinación de movimientos.

Por eso, los toreros empezaron a ayudarse moviendo o sacando hacia afuera la pierna de salida, pues fiar todo al movimiento de los brazos era correr un albur excesivo frente al incierto toro decimonónico. Menos bravo que el de hoy, menos picado y de embestida más aleatoria. Más complicado, en suma.

Ese recurso se basa en la denominada técnica delpitón contrario” que puso en el candelero Juan Belmonte pues, aunque ya era conocida antes, fue él quien la convirtió en sistema de torear.

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 Belmonte convirtió el cite en el pitón contrario en sistema de su toreo. Otro día hablaremos en detalle de este curioso y, a veces necesario, recurso técnico, muy ligado al mecanismo de adelantar la pierna de salida

 

La colocación del torero

El caso es que, se saque o no la pierna de salida, el torero ha ido modificando su posición frente al toro, a lo largo de la historia, en un proceso que ha tenido como objeto prolongar la longitud del pase. Del cite de frente se llegó al cite de perfil pasando por la posición de tres cuartos.

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La colocación del cuerpo del torero frente al toro ha ido variando a lo largo de la historia del toreo. Y así, se ha pasado de la posición enfrontilada de Lagartijo, al tres cuartos de Antonio Fuentes y al cite de perfil de Manolete al hilo del pitón.

En línea con esta evolución, en nuestros días, los toreros han girado un poco más su cuerpo y el cite se hace con la pierna de salida retrasada. Algo que no gusta ni convence a algunos aficionados hasta el punto de denominarla (en burda ironía) “la pierna escondida”.

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El cite de hoy. El torero (en este caso el Juli) presenta la pierna de salida retrasada desde el inicio del pase. La pierna escondida, dicen algunos… Y yo me pregunto ¿Escondida? ¿Detrás de dónde? ¿Quizás… detrás de la otra pierna? Y una reflexión: A la hora de las cornadas ¿importa algo sobre que pierna se reciban estas? ¿O no es lo mismo la pierna izquierda que la derecha a efectos de que la atraviese el pitón de un toro?  Este slogan de “la pierna escondida” es probablemente uno de los sofismas más difíciles de aceptar de la crítica que se hace al toreo actual. Y es que una cosa son los gustos de cada aficionado y otra (muy distinta) que esos gustos personales se quieran convertir en referente ético con el que rechazar un modo legítimo y magnífico (en opinión de otros muchos aficionados) de torear. 

En resumen, que esto de “la pierna escondida” (¿escondida detrás de la otra?) resulta algo difícil de entender (y aceptar) si se analiza el tema con un mínimo de desapasionamiento y un poquito de buena fe.   

 

La opinión de dos autores fuera de toda sospecha

Lo mejor de esto es que, esta cuestión de la pierna escondida, ya se planteó hace muchos años y resulta que, aunque el dato pueda sorprender a muchos aficionados de la nueva hornada, retrasar la pierna de salida es algo que han aceptado algunos de los mejores y más dogmáticos aficionados de épocas anteriores.

Ya citábamos antes a F. Bleu, autor fuera de toda sospecha de transigencia. Pues bien, el insigne boticario de la Puerta del Sol  admitía que, en el pase natural, se adelantase la pierna derecha (la de entrada) y, por tanto, que se atrasase la izquierda (la de salida en ese pase). El párrafo no tiene desperdicio.

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La pierna izquierda retrasada en el natural permite alargar el pase y facilita ligar un natural con el siguiente además de que, con ello, el matador -como aclara Bleu-  “no consigue ventaja sobre el toro

Que el párrafo sea aplicable (que lo es) al toreo de nuestros días puede no ser aceptado por algunos ya que el cite en la época del Guerra era frontal. No creo que eso importe, pues el tema que analiza Bleu no tiene que ver con la colocación frontal o perfilada del cuerpo del torero sino con la posición de las piernas y, más concretamente, con el hecho de atrasar una de ellas para dar profundidad al pase.

Por si hubiera alguna duda, he encontrado otro párrafo mas sustancioso aún. Es de un autor que también queda fuera de toda sospecha de heterodoxia. Se trata de Don Luís Bollaín.

Dice el ilustre notario belmontista, analizando el toreo del portugués Manolo Dos Santos, que este torero solía colocarse en el cite casi de espaldas al toro y, por tanto, con la pierna de salida muy retrasada respecto al eje de la res. Y añade (incluyendo gráfico):

 

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Como dice Don Luís: ¿Está claro?

Para Bollaín, el pase que empezó con la pierna de salida atrasada (¿escondida?) acaba con la pierna de salida adelantada en la posición canónica de ”cargar la suerte”, lo que enfatiza. Para mí sobran las palabras.

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El momento del cite y el centro de la suerte en la tauromaquia de Manolo Dos Santos, el genial torero portugués de los años 50. Según Luis Bollaín, la pierna, escondida al principio del pase, se sitúa paralelo en el centro de la suerte y adelantada en la trayectoria del toro en su tramo final en interpretación no ortodoxa pero si fiel y correcta -según el notario belmontista- del concepto “cargar la suerte” entendido como avanzar la pierna de salida. Este es el planteamiento del toreo actual.

Visto lo visto, ni entiendo (ni se entiende) que no se acepte, en los toreros actuales y con el inmenso torazo de nuestros días, lo que valía y aceptaba F. Bleu en Guerrita, a finales del siglo XIX con el toro de entonces también inmenso, ni lo que valía y aceptaba Luis Bollaín en Manolo Dos Santos, en los años 50 con el toro (nada inmenso, por cierto) de aquella época. 

 

El Juli en Sevilla en la feria de abril de 2010, con su segundo toro del Ventorrillo. Memorable tarde con salida a hombros por la Puerta del Príncipe. El rigor técnico del toreo del torero madrileño fue, ese día, sublime.

 

El toreo en redondo hoy

El toreo en redondo (convertir al diestro en eje alrededor del cual se desplaza el toro) ha sido la aspiración máxima del toreo durante más de dos siglos. Un sueño que, a veces, parecía inalcanzable.

img_0013 Cayetano Sanz (Lám.)

Cayetano Sanz, un gran torero aunque pésimo matador, fue quizás el primer adalid verdadero del toreo en redondo (Detalle de una lámina de la Lidia del 30-III-1883 dedicada al diestro de Madrid)

Desde Cayetano Sanz hasta los diestros de nuestros días, pasando por Lagartijo, Guerrita, Joselito, Chicuelo, Manolete, Luis Miguel Dominguín, Paco Camino, Manolo Martínez y tanto otros, conseguir este logro y superar el viejo y caduco toreo “en ochos” (de pitón a pitón) ha costado sangre, sudor y lágrimas.

Y es que, sobre todo, cuando a finales de los años sesenta, se había conseguido depurar el toreo en redondo de una manera que no hubieran soñado los aficionados de siglos pasados, la llegada de un nuevo tipo de toro a las plazas obligó a los diestros a tener que reinventar y adaptar de nuevo el toreo a las nuevas condiciones de las reses.

Algo que fue nada fácil pues el reto al que se enfrentaron los diestros de la -tan denostada hoy- generación de los 70, y las que los siguieron, fue tremendo. Ahí es nada, torear en redondo a un toro  mucho más grande y cornalón, con más sentido por su mayor edad y, por tanto, más parado que el toro joven, alegre y terciado de las décadas anteriores, parecía empeño insuperable.

Han tenido que pasar, desde entonces, más de cuarenta años para que el toreo recuperase el nivel técnico que tenía en los 60. En el ínterin, ha habido de todo desde tardes de ensueño hasta cornadas terroríficas (varias de ellas, desgraciadamente, mortales).

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Cogida mortal de Yiyo, figura en ciernes, en 1985. Un mazazo para los aficionados de entonces. Igual ocurrió con la muerte de Paquirri. Fueron años muy duros en el toreo.

Como aficionado, hemos vivido, en primera fila, todo este apasionante aunque, a veces, terrible ciclo. Ciclo cuya conclusión creo que se producía este mismo año, el día en que José Tomás se encerró en solitario en Nimes con 6 toros de diferentes ganaderías, pues esa mañana se resumían los logros de la que es, quizás, una generación de toreros de las más interesantes de toda la historia del toreo: la generación de Morante, el Juli y José Tomás.

Hoy no se torea mejor que nunca (pues siempre ha toreado muy bien el que ha sabido torear) pero tampoco (¡ni mucho menos! y que me disculpe Adolfo Bollaín) peor que nunca como pretenden hacernos creer algunos aficionados eternamente descontentos.

Probablemente, para disfrute y goce de los públicos actuales y por suerte para ellos y pese al desapego de los aficionados integristas que no de los aficionados íntegros, esta generación es también una de las de más alto nivel técnico de toda la historia del toreo.

 

 

José Tomás en Nimes este mismo año con Ingrato. Aparte de otras consideraciones relativas al empaque, ritmo, cadencia, compostura, colocación, posición y valor derrochados, los pases dados por el diestro de Galapagar, afincado en Estepona, denotan un excepcional nivel técnico algo que no siempre se le ha reconocido debidamente a este torero (ni al resto de toreros de su época).

 

Adenda final a modo de resumen.

Primero. Cargar la suerte NO es adelantar la pierna de salida.

Cargar la suerte es (en definición de las Tauromaquias clásicas) dirigir la embestida del toro con los brazos y con el movimiento del cuerpo de cintura para arriba.

Segundo. Las tauromaquias clásicas (Pepe-Hillo, Paquiro, etc.) proponen y propugnan el toreo de brazos frente al toreo sobre las piernas.

Estas no deben moverse al cargar la suerte.

Tercero. Los aficionados clásicos (siglo XIX) consideraban al toreo de compás abierto (“de pierna espatarrada”) como toreo basto.

El toreo fino era (¿y es?) el de compás cerrado o con las piernas ligeramente separadas.

Fernando Camara (Cossio 12-30) Foto p. 320 001

Los viejos aficionados decimonónicos consideraban como toreo fino al toreo de compás cerrado. Precisamente, el toreo que está aquí ejecutando, en Madrid el 23 de mayo de 1991 y evocando a Manolo Vázquez, el maestro Fernando Cámara quien, por cierto, ha sido también y sobre todo un magnífico interprete de la otra línea del toreo: la del toreo cambiado de compás abierto y “pata ‘alante”.

Cuarto. Esperar al toro a pie firme sin “menear” los pies es muy expuesto y complicado y requiere de una técnica muy depurada.

Por eso, los toreros empezaron a utilizar, como recurso y ayuda, el sacar hacia afuera la pierna de salida.

Quinto. La técnica del pitón contrario (y también el adelantar la pierna de salida) es un recurso válido para provocar la arrancada del toro tardo o para desviar la trayectoria del toro que se ciñe.

Exige también una correcta (y compleja) coordinación de movimientos. Belmonte convirtió este modo en un sistema de torear. Sin embargo, no deja ni dejará de ser un recurso más o menos aceptable según las condiciones de las reses.

Sexto. Por el contrario, retrasar la pierna de salida siempre ha sido bien admitido por los aficionados más conspicuos (F. Bleu y Luís Bollaín por ejemplo) de épocas anteriores.

Y ello, no solo porque NO se consigue ventaja respecto al toro (pese a lo que muchos opinan) sino porque permite alargar el pase y ligar correctamente cada natural con el siguiente algo que es necesario cuando se torea en redondo.

 

Panel pierna escondida 03

Uno de los paneles de la conferencia del pasado jueves.

 (Continuará)

sábado, 17 de noviembre de 2012

Suertes en desuso (III) La suerte del cachetero con el toro en pie (2ª parte)

Por Jose Morente

 

Rafaele el Gallo Ballestilla 001

Empezando por donde acabábamos. Rafael el Gallotirando la puntilla” a un toro que todavía permanece en pie.

 

Rafael el Gallo apuntillando ¿”a la ballestilla”?

Acabábamos la entrada anterior con la misma fotografía con la que iniciamos esta segunda entrega de la suerte del cachetero.

Sin embargo, esta vez hemos mantenido el pie que acompañaba a esta fotografía de Rafael publicada en el libro “El Toreo”, última obra de Luis Bollaín.

Y la hemos mantenido porque Bollaín afirmaba claramente que Rafael apuntilla al toro “a la ballestilla”.

Es más, en un dibujo de la Nueva Lidia publicado en 1885, se ve a otro Rafael, en este caso Rafael Molina Lagartijo, tirando la puntilla al mismo modo de Rafael y el título no puede ser más claro:

1885-09-14 La Nueva Lidia

Lámina de la Nueva Lidia titulada “Lagartijo dando la puntilla de ballestilla” (14 de septiembre de 1885)

 

Sin embargo ha sido un sagaz lector de este blog, Gil de O. quien, poniendo el dedo en la llaga, me decía vía mail, lo siguiente:

“Son ya varias las décadas transcurridas desde que apareció esa foto de Rafael, en la que se la calificó erróneamente, como de "ballestilla", cuando era "tirándola", como si se tirara el palo.

En aquél momento no salí al paso, pero en estos días, mejor sería hacerlo, ya que al haberse perdido prácticamente su concepto como suerte, el error va a permanecer eternamente.

Verás que he calificado como de "ballestilla" las dos de José [Se refiere a las dos fotos de Joselito que incluíamos en la anterior entrada], que se encuentran en la primera fase: la puntilla ya va bien empuñada desde el centro de la mano, conduciéndose longitudinalmente con los dedos hacia la muerte; la segundo fase consistiría en apoyarla sobre el testuz para rematarla en el momento de reaccionar el Toro al abrirle la muerte. La puntilla llevará un movimiento apoyada en el centro de la palma de la mano, dentro del carril envolvente de los dedos por la parte superior y la inferior en el testuz, para descargar con fuerza desde la tensión del hombro, al unísono del movimiento del toro que le abre la vertebra axial”.

Gil de O. concluía afirmando que, pese a la opinión mayoritaria de otros aficionados, él seguía considerando la de apuntillar como una verdadera suerte del toreo. Criterio que compartimos nosotros.

 

Joselito descabellando con la puntilla

Una de las fotos publicada en la entrada anterior de Joselito quien apuntilla al toro ¿a la ballestilla?

Una duda razonable

Que la suerte que ejecutan ambos Rafaeles no es la suerte “a la ballestilla”, como afirma nuestro comunicante, lo corrobora José María de Cossío quien, en su autorizado Vocabulario, la define así

Ballestilla. Modo de tirar la puntilla para descabellar, no empuñando el mango en la forma corriente, sino apoyándole en la palma de la mano y los dedos índice y corazón en la hoja”

Y efectivamente, aunque tiran la puntilla, ni Rafael el Grande ni el Divino Calvo, la sostienen (lo que se ve muy claramente en ambas imágenes) en la palma de la mano.

Por el contrario, Joselito si que lleva la puntilla del modo descrito pero no parece que la tire sino que la mantiene sujeta hasta el golpe fatal.

 

Investigando que es gerundio

Para dilucidar el enredo y deshacer el dilema hemos buceado en libros, artículos y láminas antiguas y el resultado es que, sobre esta suerte, se ha venido deslizando un cúmulo de confusiones e inexactitudes del que poco se saca en claro, como ya se encargaba de señalar Cossío al tratar sobre el tema en el primer tomo de su enciclopédica obra.

Tomemos, por ejemplo, esta otra lámina de La Lidia de 1882, también sobre Lagartijo.

 img_0092 Rafael Molina Lagartijo (Lám.)

Rafael Molina “Lagartijo” (Litografía de J. Palacios. La Lidia 11/09/1882)

En esa lámina alusiva a diversos sucesos de la vida torera de Rafael Molina, aparece, en la parte inferior derecha, el diestro cordobés en trance de apuntillar a un toro cogiendo la puntilla como lo hacía Rafael el Gallo en la foto de marras y él mismo en la otra lámina que acabamos de reproducir. Lo vemos en detalle.

1882-09-11 La Lidia Lámina Detalle

Detalle de la lámina anterior con Lagartijo apuntillando al toro Canelito en Antequera. La faena ha debido ser inmensa pues ruedan multitud de sombreros a los pies del maestro de Córdoba, quien por cierto ha colocado uno de ellos sobre el testuz del toro.

En el comentario  a ésta lámina, incluido en las páginas de la revista, se indica que Rafael “arroja” la puntilla pero el término “ballestilla” no aparece por ningún lado.

1882-09-11 La Lidia Lámina explicación

Texto explicativo de la lámina de la Lidia incluido en el mismo número del semanario.

 

Un artículo de la Estampa. De los modos de apuntillar al toro

En 1930, y firmado por Enrique Vela “Jerezano” el semanario ilustrado Estampa publicaba un sabroso artículo titulado “El arte de dar la puntilla a los toros” donde, entre anécdotas y repasos a los nombres de los puntilleros punteros de la época, se hacía un detallado análisis de esta suerte.

Según Jerezano la suerte no es tan fácil como parece y, lo primero, que hay que saber es como se tiene que coger la puntilla en cada caso.

La forma más usual es cogerla “a cachete” o sea, al modo en que se coge un puñal.  

1930-05-13 (Estampa) Apuntillando a cachete

Apuntillando “a cachete” por delante a un toro manso en el matadero (Fotografía publicada en el semanario Estampa)

1930-05-13 (Estampa) Apuntillando a cachete por detras

Apuntillando “a cachete” pero por detrás a un toro en pié que se “tapa” y no descubre el sitio de la muerte.

A veces no conviene coger la puntilla de esa forma, sino apoyar el mango en la palma de la mano, con los dedos índice y corazón puestos sobre la hoja (como veíamos hacer a Joselito el Gallo) y, en ese caso, se llama “a la ballestilla” cuando el golpe se da por delante.

1930-05-13 (Estampa) Apuntillando a la ballestilla (Antoñete Iglesias

El novillero Antoñete Iglesias apuntillando “a la ballestilla” a una res mansa en el matadero que es lugar donde se prendía este oficio (Fotografía publicada en el semanario Estampa). Anotemos, para acabar de complicar las cosas,  que Agapito –el genial puntillero de las Ventas- llamaba “a capón” a este modo de coger la puntilla (cit. “Todas las suertes” de José Luis Ramón. Pág. 400).

Cogida de esa forma (o sea con el mango dentro de la palma de la mano) pero realizada por detrás de la cabeza del toro, la suerte se conocía como “gallú”.

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Plaza de Nimes. Apuntillando al toro al modo llamado “gallú”. O sea, por detrás de la cabeza del toro pero con la puntilla cogida por la palma de la mano (Detalle de postal coloreada de la Collection Arnaud Moyne-Bressand. 1905-1910)

 

Finalmente, el revistero de la Estampa comentaba la posibilidad de “tirar la puntilla”, asegurando que ha habido en la historia diestros tan certeros, en esta modalidad, que acertaban a finiquitar a la res desde una gran distancia.

 

Una duda sin resolver

El esquema parece que está claro. Incluso la denominación de “a la ballestilla” parece razonable que provenga de la ballesta medieval (por la similitud entre el modo de agarrar la puntilla dentro de la palma de la mano y el de colocación de la flecha dentro de ese arma blanca) y no de la ballestilla marina (que es un simple instrumento de navegación naútica).

 BallestaMediana_2_mab

Ballesta de mediano tamaño. Del Museo del arma blanca.

Jacobstaff La ballestilla

La ballestilla de la navegación marina. Desde luego no tiene nada que ver con el sistema de apuntillar al toro que lleva el mismo nombre.

Sin embargo, lo que no acaba de estar nada claro, al menos para mí, es la utilización de la denominación “a la ballestilla” en los casos de la fotografía de Rafael el Gallo o de las láminas de Rafael Molina Lagartijo que hemos insertado. El error quizás se deba a que, al tirar la puntilla, esta sale lanzada, como la flecha que arroja la ballesta.

Lo cierto es que, en todos los ejemplos que hemos encontrado, la puntilla se “tira” cogiéndola como “a cachetepero con la hoja hacia arriba.

1930-05-13 (Estampa) Modo de empuñar el cachete

Forma de coger la puntilla para la suerte normal “a cachete” (Fotografía publicada en el semanario Estampa)

1885-09-14 La Nueva Lidia (Detalle)

Forma de coger la puntilla para la suerte de “tirarla”. Detalle de una lámina de la nueva Lidia, antes reproducida, donde se ve claramente (igual que en la famosa fotografía de Rafael el Gallo) que, para “tirar la puntilla”, esta no se coge “a la ballestilla” (pese a que así se titule esta litografía) sino como “a cachetepero con la hoja hacia arriba.

   img_0080 Lagartijo tirando la puntilla para descabellar a golpe (Lám.) (Detalle)

Otra litografía de La Lidia (publicada el 9/9/1887) con Lagartijotirando la puntilla”. Aunque el cachete está cogido del mismo modo que en el grabado anterior, ahora se la da a esta suerte un nombre distinto (“a golpe” dice la lámina).

 

Conclusiones.

La forma normal de apuntillar al toro (echado o no) se realiza sin soltar la puntilla, la cual se puede coger de dos formas: la habitual, denominada “a cachete”, o la menos usual, llamada “a la ballestilla” (con el mango dentro de la palma de la mano). En ese último caso,  cuando se llega al toro por detrás, la suerte se conocía como “gallú”.

También se puede “tirar la puntilla”, arrojándola a la nuca del toro desde más o menos distancia, en cuyo caso se suele coger (así lo hemos visto, al menos, en todos los ejemplos recopilados) como “a cachetepero con la hoja hacia arriba.

Esta suerte, de arrojar la puntilla, es la que ha causado cierta confusión entre los aficionados por las diferentes y variopintas denominaciones (casi todas erróneas) que se han utilizado en las distintas láminas y grabados en  las que se representaba. En mi opinión, se debe etiquetar como “tirar la puntilla” sin más adjetivos (“a la ballestilla”, “al golpe”, etc.) que puedan inducir a confusión. 

Espero que, con esta entrada y gracias, sobre todo, al encomiable interés de Gil de O., hayamos contribuido a evitar que se perpetúe el error que se viene cometiendo en la denominación de la suerte de “tirar la puntilla” (mal llamada, a veces, “a la ballestilla”) siquiera sea ésta una más de las muchas suertes que,  hoy día y por diversas razones, se encuentran en desuso en nuestro singular planeta taurino.

Antonio Ordoñez apuntillando a un eral (TM-17) 001

Y para rematar estas dos entradas, nadie mejor que el maestro de Ronda, Antonio Ordoñez, a quien vemos apuntillando “a cachete”, a un eral que se presume en pié, en una fotografía publicada muy recientemente (como nos recordaba Luis Miguel López Rojas) en el último número de la magnífica revista Cuadernos de Tauromaquia.