lunes, 14 de mayo de 2012

Una soleá que llaman de Charamusco

 
1975-00-00 Charamusco
José Loreto Romero “Charamusco” (Jerez, 1903-1970)
El aficionado al flamenco conoce de sobra la historia de esta soleá que hemos dado en llamar soleá de Charamusco pero, para el no demasiado versado en estos intríngulis de los estilos de los cantes flamencos, la cosa puede tener su interés.
Esta es, por tanto, la historia de una soleá que es, también, la historia de cómo se crean o, mejor dicho, recrean los cantes y, sobre todo de cómo se transmiten.
 
El extenso mundo de las soleares
El primer dato que puede sorprender es la cantidad de estilos diferenciados de soleares que se podrían catalogar.
Nada más y nada menos que noventa y cinco (95) estilos de soleares son los censados por Luis y Ramón Soler en su enciclopédica obra “Antonio Mairena en el mundo de la siguiriya y la soleá
Seguiriya-y-soleares-Soler-Portada-0[1]
El libro de Luis y Ramón Soler. Nunca se había realizado en la historia del flamenco un análisis tan exhaustivo y documentado sobre un cantaor.
De entre estos estilos el grupo más numeroso es, sin duda, el formado por las soleares de Triana que se caracterizan por su riqueza melódica y por sus juegos de tonos altos y bajos (“De sima a cima”).
De Triana es la soleá conocida como “Soleá de Charamusco” por su atribución a este cantaor jerezano de nombre José Loreto Romero (1903-1970).
 
Una soleá trianera que viene de Jerez
La soleá de Charamusco –una variante de soleá apolá- ha estado rodeada de polémica desde que Antonio Mairena la rescatase del olvido y la diera a conocer (1983). Aunque esto último, lo de darla a conocer, hay que matizarlo, en primer lugar porque está soleá la grabó Enrique Morente antes que Mairena (concretamente en 1977) y segundo porque además de esa versión (la de Mairena que grabó Morente) hay otra de Pepe Marchena más antigua (1963).
Desde luego las versiones de Marchena y Mairena son muy diferentes como diferentes son los conceptos que sobre el cante tenían Pepe Tejada y Antonio Cruz. En todo caso, lo más probable es que ambos conocieran esta soleá en Jerez, por vía del Tío Parrilla y de Charamusco, quien la aprendería de Juanichi el Manijero y este, a su vez de Frijones. Un cante parecido se podría oír también en la Triana de los años 40 por el Pancho o por cualquier otro cantaor trianero de la época.
1945-00-00 Familia de Juanichi
Juanichi el Manijero, cadena de transmisión de muchos cantes jerezanos
Sea como sea, el caso es que, a partir de la grabación del último disco de Antonio Mairena donde tituló a una amplía tanda de soleares como “Mis recuerdos de Charamusco” hemos convenido en darle a este estilo (el que cantaran Marchena, Morente y Mairena) ese nombre.
 
Una soleá polémica
Y de aquí, de la grabación del último disco de Antonio Mairena, es de donde parte la polémica pues no en balde todo lo de este artista ha sido mirado con lupa, ya sea para ensalzarle y aprender de él o, en caso contrario, para denigrarle, esto último, en general, sin mucho fundamento.
El crítico más agrio de Mairena, Agustín Gómez, decía que Mairena había puesto en tonos fáciles las difíciles soleares apolás trianeras con lo que a partir de ese momento ya las podía cantar todo el mundo. Agustín Gómez añadía que la soleá de Charamusco era creación de Enrique Morente y que Mairena la habría aprendido de él sin citarlo.
En fin, demasiado revuelo para una cuestión de menor trascendencia.
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Agustín Gómez quien, a raíz de la publicación del disco último de Mairena, polemizó agriamente con algunos flamencólogos y, en especial, con Manuel Martín Martín.

La verdad de la historia
La verdad del proceso de recuperación y divulgación de esta soleá nos viene del testimonio del gran aficionado y amigo personal de Antonio Mairena, Juan Antonio Muñoz Pacheco, quien tuvo la fortuna de poder oírle cantar (y acompañarle a la guitarra) en su casa del barrio de Vallecas en Madrid en numerosas veladas.
Antonio con JA Muñoz Pacheco
Mairena en casa de Juan Antonio Muñoz Pacheco quien grabó muchas horas del cante de Antonio durante esas reuniones privadas. Gracias a esas grabaciones, algunas de ellas ya publicadas, hoy podemos escuchar a un Antonio Mairena intimista y genial, cantando a media voz y sin la presión de las grabaciones discográficas en las que Mairena se marcaba a si mismo niveles de exigencia altísimos (Fotografía del libro de Luis y Ramón Soler “Los cantes de Antonio Mairena”)
Por suerte para nosotros, Juan Antonio Muñoz grabó en directo muchas de esas reuniones privadas, las cuales se han empezado a editar en disco gracias a su afición y a la generosidad del sobrino y heredero de Mairena, Antonio Cruz.
Aparte de esos cantes privados inéditos, Juan Antonio nos ha regalado también a los aficionados parte de sus vivencias con el maestro, recogidas en su libro-disco “Mis recuerdos de Antonio Mairena” (que parafrasea el título del cante que aquí comentamos).
Mis recuerdos de Antonio Mairena-JA Muñoz Pacheco (Portada) 001
Portada del libro de Juan Antonio Muñoz Pacheco titulado “Mis recuerdos de Antonio Mairena” (1ª ed., Madrid, 2007). Al libro le acompaña un magnífico CD “50 años de luz y cante” (editado por el Flamenco Vive) que incluye grabaciones privadas del maestro. Tanto el libro, que recoge las vivencias personales de Juan Antonio Muñoz con su amigo Antonio Mairena, como el disco, donde este último canta muy relajado y a media voz y liberado de las presiones de as grabaciones profesionales, son imprescindibles. 
En este libro, y sobre la soleá de Charamusco, Juan Antonio aclara (con lo que debe quedar zanjada la discusión) que esa soleá se grabó por primera vez en su casa, en 1976. Luego Juan Antonio prestó la cinta a Enrique Morente quien andaba siempre a la búsqueda de novedades y que la incluyó en un LP antes que lo hiciera Mairena.
Antonio Mairena cuando salió publicado el disco de Morente, llamó a Juan Antonio para decirle que sabía que le había facilitado las grabaciones al cantaor granadino pero que no había problema porque pensaba cantarlas de otra forma cuando las grabase.
Por su parte, Enrique Morente no tuvo nunca empacho en reconocer públicamente que ese cante lo había aprendido de una grabación de Mairena con lo que se deshacía todo el batiburrillo formado por el crítico cordobés que citábamos al principio.
 
000272 Mairena con Morente
Enrique Morente con Antonio Mairena. Aunque Morente pudo escuchar en numerosas ocasiones a Antonio, la soleá de Charamusco le llegó a través de una grabación de Juan Antonio Muñoz Pacheco
Vamos a escuchar las versiones de Charamusco a las que hemos hecho referencia
 
Audición 1
Perendengue y el Dengue (Soleá grande)-BELTER 12717 (1963)

Pepe Marchena-Guit.: Paquito Simón

MARCHENA, PEPE- Memorias antológicas del cante flamenco- Frontal

Marchena canta la soleá de Charamusco en las dos primeras coplas (la última, “Que la lleven a la imprenta”, no tiene, según Luís y Ramón Soler, estilo reconocible). Si bien los primeros tercios se mantienen en el aire de Triana, luego el cantaor se deja llevar por los juegos melódicos propios de su garganta. Aunque es la primera vez que se grabó esta soleá, es tal la impronta personal del cantaor de Marchena, que su cante no puede servir de referente a otros cantaores.
Es significativo que Marchena atribuye el cante a Yllanda (En la grabación se le oye decir: “Cante Grande. Andújar. José Yllanda”)
 

Reniego de los rosales

reniego de los rosales

no reniego de la rosa

no reniego de la rosa auy

que me regaló tu madre


reniego de las espinas

de las espinas reniego auy

pero no de los rosales


 

Y en la primera chosilla

(Voz: “Calidad del cante... pa' los buenos aficionaos...Blas)

Y en la primera chocilla

que pa' perendengue y el dengue auy

y mirasielo y barajilla

que pa' perendengue y el dengue auy

y mirasielo y barajilla


 

Que la lleven a la imprenta

que lo lleven a la imprenta

pa' que s'entere la gente

que lo que tú querer me cuesta eh

el querer de esta serrana eh

que lo lleven a la imprenta.


 

Audición 2

Tú vienes vendiendo flores (Soleá)-CBS (1977)

Enrique Morente-Guit.: Pepe Habichuela

Enrique Morente 6.- DESPEGANDO 1977- frontal
Enrique Morente grabó en 1977 en su disco Despegando con la guitarra de Pepe Habichuela está bella soleá que había escuchado en grabación de Antonio Mairena en casa de Juan Antonio Muñoz Pacheco.
La interpretación de Morente es muy interesante por el juego entre el grito desgarrado y seco del primer verso que se repite tres veces y la melodía de bajos de los últimos.

Tú vienes vendiendo flores

Tú vienes vendiendo flores

Tú vienes vendiendo flores

Las mías son amarillas

Las tuyas de dos colores

Lamías son amarillas

Las tuyas de dos colores

 

Y hasta que la noche llegue

Hasta que la noche llegue

Hasta que la noche llegue

Yo he visto mañanas tristes

Tener las tardes alegres

Nadie habla mal de día

Hasta que la noche llegue


 

Se lo pío

Se lo pío a un debé

Yo se lo pido a undebel

Si es que me daba a mi licencia

pa’ yo volverte a querer

Si es que licencia me daba

pa’ yo volverte a querer

 

A la verde oliva

Que me esta dando

Dobles fatigas

 
Audición 3
Mis recuerdos de Charamusco (Soleares)- Pasarela PRD 92 EC (1983)

Antonio Mairena-Guit.: Pedro Peña

image
Respecto a la versión de Morente, las similitudes son muchas, no en vano, Morente había bebido en la fuente inagotable del maestro de los Alcores. Sin embargo, el contraste entre la subida del primer tercio y los bajos del final se realiza en el caso de Mairena, de forma más matizada, con mucha musicalidad y flamenquería.
Si la comparamos con la grabación de Pepe Marchena hay similitudes en los primeros tercios aunque –en el caso de Mairena- con otro peso, con otra densidad jonda, con “otro empaque”, según Luis y Ramón Soler, quienes añaden que la diferencia se encuentra, sobre todo, en la “caída” de esta soleá que Mairena hace ajustándose a los aires propios de Triana, mientras que Marchena remataba en su personal forma. Precisan estos autores que, en todo caso, este cante es una “obra maestra” del mejor Antonio Mairena, valoración que compartimos plenamente.
Una peculiaridad es que Mairena repite esta soleá cuatro veces. Las letras son alusivas al día que conoció a Charamusco y a la juerga que corrieron, de ahí el título. Antes canta para entrar en materia la soleá grande de Silverio con una letra de innegable simbolismo.

Subí a una alta montaña

Buscando leña pa’ el fuego;

Como no la encontraba

Al valle abajé de nuevo.

 

Charamusco, Charamusco,

Cambiamos nuestros sombreros:

Tu sombrero estaba roto

Y mi sombrero estaba nuevo.

 

¿Qué tengo yo en mi memoria, primo,

Que a mi años recordar?

A un gitano Charamusco

Y su cante por soleá;

Qué locura y qué momento

Y yo no lo pueo explicar.


 

Cuando yo a ti te conocí, primo,

Y era por la marugá,

Yo me partí mi camisa

Escuchándote cantar,

En Jerez de la Frontera,

Era por la marugá.



 

Y qué bendición de horas,

Que yo no sabía ni adónde estaba,

Me tomé cuatro carretes

Y del sentío prevelicaba,

Hasta que amaneció el día

Y me fui borracho a la cama.


 

Dichoso el mozuelo

Que le da planta

A su sombrero.



Antonio con JA Muñoz Pacheco (Osuna)
Juan Antonio Muñoz Pacheco acompaña a Antonio Mairena en un recital en Osuna (Del libro “Los cantes de Antonio Mairena”)

lunes, 7 de mayo de 2012

Fandiño se impone con los Victorinos en Sevilla

Por Fernando Cámara
0001085239_560x560_jpg000 Fandiño muleta (JC Muñoz)
Fandiño. Muy ajustado y llevando muy toreado al Victorino (Fotografía de Juan Carlos Muñoz).

Sevilla, 24 de abril de 2012

Toros de Victorino Martín para Iván Fandiño y David Mora (mano a mano)


Hemos analizado en anteriores entradas, la historia del encaste Saltillo-Albaserrada y el comportamiento del toro de Victorino desde el punto de vista de su ganadero y, primordialmente, desde el punto de vista de los toreros.
Lo importante es destacar que a un comportamiento distinto del toro debe corresponder un distinto modo de torear. La técnica del toreo puede tender unas reglas básicas comunes y válidas a todos los encastes pero los matices que deben aplicarse a cada uno son distintos.
No es lo mismo torear al toro, bravo y noble, de Ibarra-Murube-Parladé, donde el torero puede lograr el objetivo decimonónico de convertirse en eje del toreo y de la fiesta, que al toro -bravo pero listo- de Saltillo-Albaserrada, con el que la lidia debe desplegar todos sus recursos defensivos y donde el toreo de expulsión aparece como el más indicado para un toro que casi siempre se ciñen en las suertes.
Por eso, yerra quien analiza la labor de los toreros desde puntos de vista apriorísticos. Al torero hay que juzgarle en función del toro que tiene delante y no en función del concepto del toreo que pueda tener el crítico. La crítica dogmática, de tanto predicamento en la historia del toreo, resulta muy cómoda para los aficionados, pues evita tener que pensar, pero nunca ha servido para saber lo que había ocurrido realmente en la plaza.
No es ese el caso cuando quien enjuicia la labor del torero es otro torero pues entonces el toro se convierte en piedra de toque de cualquier opinión. Si además, como es nuestro caso, a ese punto de vista se une –como no puede ser menos- el depurado conocimiento de la técnica de torear, el resultado es inobjetable.
¿Quien mejor, por tanto, que Fernando Cámara para contarnos lo que pasó en Sevilla?
0001085245_560x560_jpg000 Fandiño Gaoneras (JC Muñoz)
Fandiño en un espectacular quite por gaoneras (Fotografía de Juan Carlos Muñoz).
 
El toro de saltillo
El toro de Victorino pertenece a la rama santacoloma-saltillo, rama que aun conserva la virtud de humillar, elemento este que le hace ser un toro correoso pero dúctil ante una lidia acertada y trazada con “escuadra y cartabón".
La selección llevada a cabo por sus criadores ha conservado un toro con dificultades muy especiales y diferentes a los demás encastes, matices que a su vez, aportan una gran dosis de inhumanidad en su embestida.
Tanto su forma de embestir como incluso por su aspecto, exige que el torero aplique un modo muy específico de lidia para crear una labor sugestiva y eso no se produce fácilmente. Por tanto, cabe comprender que supone un gran mérito.
 
0001085246_560x560_jpg000 Suerte de varas (JC Muñoz)
La alegre embestida al caballo de un Victorino (Fotografía de Juan Carlos Muñoz).
La actitud de Fandiño
En la corrida de Victorino Martin en Sevilla, contamos con la presencia de toreros dispuestos a asumir ese condicionante reto. Sobre todo, destacó un Iván Fandiño que no nos sorprendió negativamente, es decir, nos volvió a mostrar su faz épica y heroica. Resuelto, luchador y armónico, enfrentó ese leve baile en el que no se permite ningún traspié cuyo desenlace pudiera provocar el desencanto al sutil jurado de Sevilla y la hegemonía a esa cárdena y asaltillada bravura.
 
0001085241_560x560_jpg000 Fandiño remate (JC Muñoz)
Toreo épico y heroico
Torero capaz incluso de volcarse sobre los pitones prescindiendo, en esa legendaria tarde, del engaño que hace el quite al cloroformo. Épico y heroico en el redondel maestrante, Fandiño se convierte en uno de los pocos hombres dispuestos a ser extremadamente generoso ante aquellos a los que solo nos avala el simple precio de una entrada, lo que es algo encomiable.
0001085242_560x560_jpg000 Fandiño estocada (JC Muñoz)
Fandiño, en las estocadas, se volcó sobre los pitones (Fotografía de Juan Carlos Muñoz)
Un ser humano en el ruedo de una fiesta donde se baila con los rojos claveles de la gloria, el desencanto e incluso, como no, la muerte. Pero, ¡ojo! que para realizar esa tan funesta como grácil danza hay que ser científico en tauromaquia, porque la compañera de baile, en este caso, es la coriácea bravura de los Victorinos.
Dicho esto, pondremos en juicio la actuación del torero.
Matices de una actuación
Ante todo, la actuación de Fandiño no puede ser criticable, sino elogiable, porque aunque hubo hipotéticas imprecisiones las reacciones asaltilladas a dichas inexactitudes fueron toleradas sin la mas mínima deformación. Riñones encajados, cites estóicos, barbilla clavada en el pecho avalan una gran determinación e ignorancia de su propia integridad además de una grandiosa torería. Así lo reconoció la mayoría. La mayoría, menos los que se la cogen con papel de fumar para pedir un triunfo legítimo.
No sé si los eruditos aficionados del sombreado tendido uno estaban -en ese preciso momento en el que había que pedir la oreja- comentando el porqué no paró la música en el enganchón durante la faena del segundo de Fandiño, síntoma más que evidente de que lo que estaba realizando era de verdadera importancia... ¡Que pena! Porque se hubieran ahorrado las protestas a la presidencia y reconocido una gran labor.
0001085229 (JC MUñoz)
Todo lo que hizo Fandiño en Sevilla tuvo mucho mérito y mucha pureza
 
El comportamiento de los Victorinos
El toro de saltillo requiere la presencia de unos engaños por delante, que no presenten huecos, que se adelanten al preciso momento en el que hay que rebasar la jurisdicción de las zapatillas, correr la mano sin torsión de muñeca de forma que llame la atención al ojo contrario por un tiempo excesivo dejando así expuesto el cuerpo del torero a la vista del toro.
El de saltillo debe pasar desde adelante por la bragueta del torero y hacia atrás sin que el torero deje de acompañar con el pecho para que no se meta en los terrenos traseros del torero. Al contrario de como se torea el toro Nuñez, Parladé, Atanasio, etc., el de Saltillo humilla pero no admite la muleta por arriba ni huecos entre muleta y torero.
Por este motivo se torea con la muleta más plana y baja, es decir, la típica y supuesta ventaja del pico, en este caso no lo sería, porque supondría la evidencia del cuerpo con el ojo mas cercano al torero y como consecuencia el toro se queda corto, no sigue la muleta y busca por debajo al torero.
No admite toques secos o bruscos, porque provocaría su defensa con la misma brusquedad interrumpiendo el muletazo ya en el inicio. Al principio de la faena, hay que acompañarlo en la embestida sobre las piernas y por abajo saliendo en los primeros muletazos de la trayectoria de su embestida intentando coger la dimensión de la primera distancia.

En los primeros compases de la faena , se debe acompañar la embestida del astado sobre las piernas y por abajo saliendo de su trayectoria, dejándole sitio e intentando coger las distancias adecuadas.
Inmediatamente después de una primera tanda de tanteo y preparación, ¡A torear y con la izquierda! En estos toros, que tienen los pases contados, hay que ponerse en el sitio cuanto antes so pena de que la faena se vaya en probaturas. Eso es lo que hizo Fandiño. Con la muleta adelantada y casi sin tocarlo, Fandiño lleva al toro muy toreado. La tanda es larga (cinco y el de pecho) lo que no es muy habitual en los inicios de faena.

El toque o el estímulo de embestida en el de Saltillo es la invasión de los terrenos contrarios del toro, o sea, el cruzarse con un paso hacia el pitón contrario en lugar de tocar con la muleta estando estático el torero (provocar la embestida).

Y también sin más preámbulos y visto el toro en la anterior tanda ¡A los medios! También con la izquierda. Fandiño no tuvo la más mínima duda en su faena al tercero de la tarde que estamos despiezando. El toro cita con suavidad y mimo.
Es muy interesante el detalle del primer pase. Fandiño está muy enfrontilado y carga la suerte (en el sentido que hoy se da al término) en el primer pase aunque lógicamente sólo en el primer pase.
Eso en la primera distancia, porque la segunda distancia es la realmente importante en estos toros. Al terminar el primer muletazo hay que posicionar la muleta perdiendo unos pasos, uno largo que saque al torero de la reposición del toro y otro combinado con uno hacia adelante al pitón contrario para ganarle de nuevo el pitón colocandose el torero perfectamente en la cola de la muleta y como mínimo en linea con el toro.

A este toro hay que aprovecharle sus escasas, aunque magníficas, embestidas. Por eso, porque se agotan pronto hay que pisarles el terreno, “atacarles” entre pase y pase para que embistan. En esta primera tanda por la derecha el toro protesta algo más. 
El paso hacia adelante y el enganche suave con los vuelos de la muleta, estimulará al toro de nuevo a repetir la embestida humillado. De esta forma, el toro, no ve al torero en ninguno de los enlaces de muletazo a muletazo, al contrario que si el torero se queda en la cara sin perder espacio y al hilo del pitón donde el toro acabaría por ganar terreno y apretar para adentro al torero, forzando a este a salirse de la suerte o en el mejor de los casos al remate prematuro de la tanda.
Estos minuciosos matices son los que hacen relativamente más fácil hacer faena a estos toros.

La tanda postrera con la derecha. Al toro le cuesta más embestir y mira al torero. Fandiño carga la suerte en el primer pase pero ahora avanza la pierna antes de que se arranque el toro, que es ahí lo aconsejable. La tanda tiene menor fluidez pues el toro se lo piensa más entre pase y pase. El Victorino no tenía ya muchos pases seguidos por tanda, al contrario de los toros excepcionales de esta ganadería que siempre regalan al torero unos centímetros de más, en cada embestida, cuando se entregan.
Enhorabuena, torero
Si reprochamos a Fandiño que solo le ganó el paso al final de la faena en algunos muletazos y que citó al toro muy quieto en el primer muletazo sin provocar la embestida, hay que elogiarle que trató en todo momento de imprimir pureza a su labor, aguantando las dificultades que planteaban los de Victorino.
Aguanto miradas, coladas y todo tipo de dificultades con la barbilla clavada en el pecho, los riñones metidos y una sensación de auto convencimiento solamente alcanzable a las grandes figuras del toreo.
Pudo equivocarse, bien es verdad, pero eso siempre será una hipótesis por muy claro que parezca y lo que es más importante, a pesar de las posibles imperfecciones, con Fandiño ante los Victorinos he recibido, como aficionado con un punto de vista profesional, sensaciones que hacen grandes a los toreros.
¡Enhorabuena para Iván Fandiño!.
 
Han sido cuatro tandas (más la de inicio) y la faena está hecha. Después de unos pases de preparación, Fandiño en la hora de la verdad. Una buena estocada.

Notas:

Comentarios a fotografías y videos de Jose Morente.

Los videos que ilustran esta entrada, se han bajado de ambitototoros

viernes, 4 de mayo de 2012

El toro de Victorino (III) Su comportamiento (2ª parte)

 

12405334599524213gd Morante mano a mano 2009_thumb[1]

Hay consenso en que torear con el capote a los Victorinos de salida no es fácil. Sin embargo, Morante de la Puebla lo hizo en el 2009, en el mano a mano con el Cid. Fue lo único interesante de la tarde.

 

Analizábamos en la anterior entrada el comportamiento del toro de Victorino a través de la opinión del propio ganadero y de los toreros. Vamos hoy a continuar con las opiniones de estos últimos sobre el modo correcto de enfrentarse a este toro con capote y muleta.

 Un toro difícil de torear con el capote

Uno de los toreros que más piensa en la cara del toro es, sin duda, Enrique Ponce quien señala que “en principio, este toro no suele ser fácil con el capote”. Por eso, Ponce aconseja que:

“En ese momento no hay que fijarse en si tiene o no recorrido, o si se mete o no por debajo, porque casi siempre suele quedarse corto y rebañar, sino que hay que fijarse en otras cosas.

Una característica buena que hay que apreciar con el capote es que humille o no humille.

Si baja el morro es una gran ventaja, porque un toro de Victorino que no humille puede crearte muchos problemas

Victor Mendes 001

El Victorino de salida suele ser muy complicado en el capote. pues no humilla lo que puede ser mala señal. En la foto, Víctor Mendes.

 

Enganchando al toro en los vuelos de la muleta

Como con el capote no suelen dar juego, el éxito o el fracaso con estos toros se ventila en la faena de muleta. Vayamos paso a paso.

Quien explica muy bien como se cita a este toro y como se traza el muletazo es El Tato.

“En lo que respecta a la colocación para el cite a este toro no sirve echarle la pierna y la muleta hacia adelante para luego cambiar la posición del cuerpo, sino que hay que cogerle con los pies ya asentados, más de perfil o más de frente según cada torero, pero siempre muy asentado. Debe ser la muleta la que enganche y traiga al toro. Como por lo general es un animal que tiene fiereza es fundamental que la muleta esté puesta por delante para ganarle con sometimiento.

La muleta no sólo hay que echársela delante, sino que tiene que ser abajo, en el hocico, para jugar a favor de la condición humilladora de este toro. Si le pones la muleta así facilitas su embestida, mucho más que si va a media altura”

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El Tato en 1997 con un Victorino en Sevilla. La muleta siempre debe ir por delante del torero en el cite con estos toros. Además hay que esperar muy asentados los pies. Cargar la suerte, en estos toros, no es aconsejable pues su tendencia natural es ya vencerse hacia el cuerpo del torero.

 

El muletazo en línea recta

No basta con poner la muleta adelante y abajo, ni con enganchar al toro en los vuelos con suavidad (“Al Victorino –dice el Cid- hay que echarle los vuelecitos abajo, siempre muy suave”) sino que es clave el trazo que se le de al muletazo, algo en lo que coinciden todos los toreros.

El primero, el Tato quien explica:

El recorrido del muletazo debe ser más en línea recta que hacia detrás: Como es natural hay toros que permiten que te enrosques con ellos pero esa no es la norma general de la ganadería. Este toro tiende a acortar la embestida en el remate y puede rebañar y quedarse por debajo, por lo tanto la base del toreo es procurar romperle en línea recta hacia delante para que el toro se acostumbre a pasar. ”

1997-04-11 El Tato y Veraniego 001_thumb[1]

Sevilla, 8 de abril de 1997. Lo que está haciendo el Tato con el toro Veraniego de Victorino (rematar detrás de la cadera) sólo puede hacerse excepcionalmente con toros de esta ganadería. Lo habitual será tener que romperlos en línea recta.

Eso mismo es lo que dice Enrique Ponce quien señala que:

“Al toro de Victorino hay que iniciarle las faenas llevándole mucho para adelante en línea recta, para que el animal se acostumbre al recorrido que le estás marcando. Si a ese toro empiezas llevándotelo atrás, o te dura muy poco, o te rebaña en el tercer pase.

Sobre todo al principio, hay que romperlo para delante en la línea recta y sólo después, si se te entrega y es bueno, entonces puedes enroscártelo. Pero no en un viaje corto, sino hacia atrás pero muy en largo. Siempre hay que llevarlo mucho y muy sometido.”

 

Ponce con un Victorino en Bilbao 001_thumb[2]

Ponce en Bilbao con un Victorino de gran tamaño para este encaste, torea en línea recta que es lo que pide este tipo de toro.

 

Lo que remacha el Cid, uno de los diestros que más éxitos ha tenido con estos toros y quien los ha entendido a la perfección.

“Al toro de Victorino no hay que llevarle muy hacia atrás porque como se vuelve tan rápido, si le vacías por detrás de la cadera no te da tiempo a colocarte para el siguiente muletazo. El final del pase hay que alargarlo mucho y, al principio un poco en línea recta.

Yo lo que hago porqué sé que hay que llevarlos en línea recta es ponerme enfrontilado con ellos, para poder llevarme la muleta hacia atrás sin romper la línea recta de su embestida. De esa manera, el muletazo no sólo no pierde profundidad sino que de hecho gana”

Bilbao el Cid 001

El Cid toreando en línea a un Victorino en Bilbao.

José Miguel Arroyo “Joselito” es de la misma opinión:

“Lo más importante al principio es poderles, ponerles los engaños delante e intentar alargarles el viaje lo más posible. Además hay que engancharlo muy abajo.

Este es el toro que menos te permite enroscártelo a la cintura porque te rebaña por detrás y por delante”

1993-09-03 Palencia Joselito con un Victorino 001_thumb[1]

Joselito con un Victorino en Palencia el 3 de septiembre de 1993. El Victorino es el toro que menos permite enroscártelo a la cintura. Joselito lo torea, sin embargo, con mucha firmeza y aplomo.

 

Tandas cortas y no largas rematadas por abajo

Otra regla primordial es la del número de pases que admiten estos toros en cada tanda. Dice el Cid que:

“Al principio las tandas de muletazos son más cortas, para ir haciéndole al toro, porque el primer pase casi siempre se lo traga medio bien, pero el segundo y sobre todo, el tercero ya le cuesta mucho trabajo.

Hay que ir sobándole: Primero, tres pases y luego si el toro lo permite, cuatro y cinco. Hay Victorinos, no muchos, que permiten series largas. La mayoría de los toros son de ir poco a poco porque como tienen los muletazos contados, hay que aprovechárselos desde el principio”.

 

1986 Ruiz Miguel en Madrid 001

Para poder torear bien al toro de Victorino, primero hay que sobarlo. En la foto Ruiz Miguel en 1986 en Madrid enseñando a un Victorino a seguir el trazo del muletazo.

1986 Ruiz Miguel 001

Luego, ya podrá venir hasta esto.

Añade el Cid que:

“Luego como te tropiece dos veces la muleta, ya puedes ir descontando pases. Incluso los toros que crees que son buenos se orientan rápidos”.

O sea, lo que aconseja siempre Victorino en los tentaderos: ¡Que no enganche la muleta!

Por alto son muy complicados. Joselito señala que una característica de estos toros es que:

“Al principio, casi nunca aceptan los pases de pecho ni cualquier otro remate por alto. Ahí es cuando más rebañan. En cambio cuando le echas el capote o la muleta abajo, es cuando suelen embestir más”

El Cid en Bilbao Veranero (6 toros) 001_thumb[1]

El Cid remata por abajo una tanda al toro Veranero, uno de los seis de su gesta de Bilbao donde mató en solitario la corrida de Victorino. El toro de Victorino generalmente no admite pases por alto ni tandas largas.

 

La muleta, siempre por delante 

Un torero (y algo más que torero) que se ha preocupado de estudiar concienzudamente a estos toros es el escritor André Viard, quien desvela el secreto del modo de engarzar un pase con otro con estos toros:

Ligar sin ligar es el secreto… El conservar el compás de espera entre los pases sin romper el tenue hilo del dominio, pero dejándole al animal el tiempo para que equilibre su embestida. Instante sutil en el que la muleta se queda como suspendida para ser más convincente”

Ponce traduce a Román Paladino lo que Viard explicaba de modo tan poético:

“Para poder torearle bien hay que bajarle mucho la mano y taparle constantemente. Entre el remate de un muletazo y el inicio del otro, el toro debe tener la muleta siempre delante. Sólo debe ver muleta. Este toro rebaña por abajo y si no ve muleta a lo mejor quiere coger la pierna”.

Padilla 001

El Victorino debe ver muleta en todo momento especialmente en los remates del pase o de la tanda. Como decía Victorino, la muleta no se puede jalar en ese momento. En la foto, Padilla aplica correctamente ese precepto.

 

Los movimientos del torero entre pase y pase

Es importante también que no pase mucho tiempo entre tanda y tanda para que el toro no despierte, para que no se oriente pero lo más complejo es –en estos toros- engarzar un pase con otro. Dado que este toro suele quedarse corto, debajo de las zapatillas, lo más importante  serán, por tanto, los movimientos que, entre pase y pase, debe hacer el torero para mantener las distancias con el toro.

Guillermo H. Cantú reconoce que no es ideal emplear estos movimientos pero que es algo que se da en la realidad y que hay que contarlo “si se desea comprender la técnica empleada”.

Y es que aunque lo perfecto sería no enmendarse, no moverse, con  los toros de este encaste esto no será generalmente posible pues tampoco admiten la solución técnica habitual para los toros que se quedan cortos que es citar con la muleta retrasado ya que, como hemos visto, esa forma de citar no es nada aconsejable en el toro de Saltillo.

  1989 Despedida Ruiz Miguel  (Victorino)

La solución habitual cuando el toro se queda corto es citar con la muleta retrasada (cáncamo a la altura del cuerpo) para que el toro en su corto viaje rebase el cuerpo del torero. Sin embargo, ésta fórmula aunque válida en otros encastes es inviable con el Victorino pues al toro de saltillo hay que citarle siempre con la muleta adelantada. Sin embargo, como no hay teoría infalible aquí vemos a Ruiz Miguel citando al final de faena con la muleta (el cáncamo atrasado).

 

Consecuentemente, aquí no quedará más opción que realizar los movimientos necesarios para recuperar la posición. Lo importante, entonces, es que estos movimientos se hagan con armonía, sin perder el ritmo de la faena.

Sin embargo, resulta bastante llamativo que, en las entrevistas y declaraciones que he podido recopilar, ningún diestro habla de ese momento singular que se produce entre pase y pase cuando el torero tiene que recuperar su posición delante del toro.

Y es que el miedo de los toreros a ser tachados, por los críticos intransigentes, de falta de pureza les obligan, a veces, a utilizar un lenguaje, digamos que, “políticamente correcto”.

Ninguno pues nos hablará abiertamente de “perder los pasos” (igual que tampoco se atreven a hablar del “pico”) sino que utilizarán otros eufemismos (Como lo de “conservar el compás de espera” que decía Viard). Sin embargo, “perder los pasos” ante el toro de Victorino no es ninguna ventaja sino que se convierte, sobre todo en los primeros compases de la faena, en casi imprescindible.

1988-06-28 Capea y Cumbrerillo 001_thumb[1] 

El Victorino tiene tendencia a quedarse corto al final del pase,a no rebozarse. Este toro no regala un centímetro de más al torero casi nunca lo que, casi siempre obliga a este a enmendarse en los primeros compases y a tener que poderle. Pero, señores, Una vez dominado, la cosa cambia y como. En la foto, Capea con Cumbrerillo.

Quien no tiene rubor en decir la verdad y nos cuenta como se corrige la posición es Guillermo H. Cantú quien en su libro Muerte de Azúcar (Editorial Diana, S.S., 1ª ed., México D.F., 1984) en referencia al saltillo mexicano (lo que es extrapolable al Victorino y también, en su caso, a los toros de otros encastes) nos dice sobre los movimientos del torero entre pase y pase:

“Existen dos vertientes de la distancia en estos trazos con el toro: la distancia de corrección entre cada pase, es decir, lo que el torero se mueve al enmendar y, una vez hecho esto, lo que el torero corrige para colocarse nuevamente a la distancia y/o dirección en que puede encelar a la res y provocar la arrancada. Enmienda de la enmienda, podría denominarse a este desplazamiento.

En el caso del Victorino, la enmienda de la enmienda debe hacerse, “ganando el pitón contrario”, o sea muy cruzado, pues con estos toros andar al hilo es muy peligroso pues al venir el toro al paso tienen mucho tiempo para ver al torero con el rabillo del ojo.

1988-06-28 Capea y Cumbrerillo otro natural 001_thumb[1]

En la foto, Niño de la Capea toreando excepcionalmente bien con la izquierda a Cumbrerillo (Madrid, 28 de junio de 1988). La cumbre de su carrera.

 

Hay que torear en función del toro que se tiene delante. 

Las características singulares del comportamiento del toro del encaste saltillo-albaserrada determinan la forma en que se le debe torear.

Como enseñan los toreros, este es un toro al que no se le puede cargar la suerte en el momento de su arrancada ni rematarlo detrás de la cadera porque si se hace así, el toro cogería al torero al tercer pase.

Al toro de Victorino (al bueno) hay que esperarlo con las zapatillas ya clavadas en la arena, con firmeza, enganchándolo muy adelante y con mucha suavidad sin toques bruscos y llevándolo muy toreado en línea recta, en tandas siempre cortas al principio y reponiendo con máxima presteza la posición entre tanda y tanda, yendo al pitón contrario.

Lo ideal, al rematar los pases es no tener que enmendarse pero eso no siempre depende del deseo del torero ni de sus capacidades sino –repito- del comportamiento del toro.

Es un toro, finalmente, de muy pocos pases por lo que hay que empezar a torear desde el primer momento pues no admite probaturas.

La opinión de los toreros, que hemos traído a estas páginas y que acabamos de resumir (muy similar aunque de muy distinto estilo y escuela todos ellos), es muy importante porque es fruto de la experiencia directa y no de tópicos e ideas preconcebidas. Y pone sobre el tapete una cuestión relevante y es que, si defendemos la variedad de encastes, tendremos que aceptar la variedad de formas de torear pues cada toro tiene su lidia que será distinta en cada caso.

Lo que da lugar a la siguiente regla de oro: Hay que torear en función del toro que se tiene delante (el conocimiento de las reses del que hablaban los antiguos). Máxime en el caso de encastes tan complicados y con tanta chispa como es el encaste saltillo-albaserrada 

 

08-30-capea_thumb[1]

El maestro Capea. Cada toro tiene su lidia.

Las teorías dogmáticas sobre como hay que torear (cargar la suertes, rematar atrás, torear con las bambas, etc.) le simplifican la vida al aficionado que no tiene que estrujarse el cerebro para analizar lo que pasa en el ruedo pero no tienen validez ninguna cuando se pretenden imponer como leyes universales. El planteamiento de los toreros que basan su toreo en imponer su concepto al toro (Belmonte, Manolete, José Tomás) es encomiable y heroico –¡honor y gloria a todos ellos!- pero bastante discutible conceptualmente.

 

Dejémonos pues de rígidas y erróneas teorías (todas las teorías rígidas son erróneas) y disfrutemos en la plaza viendo torear a los Victorinos… cuando se dejen.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El toro de Victorino (II) Su comportamiento (1ª parte)

 

Toros de Victorino (TT Opus n 4) 001

Tres toros de Victorino Martín en el campo (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 4)

Resumen

El éxito de Iván Fandiño con la corrida de Victorino en Sevilla pero también, la recuperación de este encaste después de varios años de malas corridas en la Maestranza, se han hecho merecedores de la atención de este blog. Por eso, hemos creído oportuno dedicar varias entregas a lo que pasó esa tarde empezando por analizar el comportamiento de los toros de Victorino Martín 

Repasábamos en la entrada anterior, la historia del encaste Saltillo-Albaserrada, que ha sido uno de los más aclamados en la historia del toreo desde su inicio con Picavea de Lesaca, pasando por su posterior cénit con Saltillo (“el mejor toro del mundo”, según Guerrita), y su explosión en los años de Albaserrada (Barrenero de Gaona está todavía en la memoria de los aficionados toristas) para terminar (aunque esta historia no ha acabado todavía) de forma inapelable en manos del genial Victorino Martín.

Vamos a analizar en esta y la próxima entrega, el siempre interesante comportamiento del toro de Victorino, que es el propio del encaste Saltillo-Albaserrada pero con los matices añadidos por la personalidad de su criador (“Los toros tienen la personalidad de su ganadero” que decía Ignacio Sánchez Mejías) y vamos a revisar ese comportamiento tanto desde el punto de vista del propio ganadero como también desde el punto de vista (muy diferente, lógicamente) de los toreros que a estas reses se enfrentan.

Finalmente, dedicaremos (bajo la solvente firma de Fernando Cámara), una entrada al análisis detallado de la actuación del torero de Orduña en el ruedo de la Maestranza el pasado 24 de abril, análisis realizado siempre en relación al comportamiento de los toros que le tocaron en suerte.

 

Victorino padre e hijo 001

Los ganaderos Victorino Martín Andrés, Victorino padre (a la derecha), y Victorino Martín García, Victorino hijo (Fotografía del tomo1 de la serie Ganaderías de la Editorial Campo Bravo)

 

La opinión del ganadero sobre sus toros

Victorino Martín Andrés es, casi sin dudas, uno de los ganaderos más relevantes de la historia del toreo. Desde luego, se trata de uno de los de mayor personalidad. Sus reses (lo dice un experto como Francisco Ruiz Miguel) ha ido ganando en calidad durante todos los años en que la lleva dirigiendo y eso que últimamente atravesaba un pequeño bache (como reconocía su propio hijo hace un par de años) del que podría estar ya saliendo.

Y si personalidad tiene el ganadero también la tienen sus toros cuyo comportamiento difiere del de las ganaderías mayoritarias y que se distinguen por “la espectacularidad de su lámina, su personalidad, su transmisión”.

Según Victorino, una de las virtudes más claras del toro de su ganadería es la de humillar. “Ningún encaste humilla como el toro de Saltillo”, dice. A tanto llegan que “cuando no humillan no dicen nada”.

Luis Bolivar en un tentadero Victorino 001

Una de las características de las reses de Victorino es embestir humillando mucho. En la foto, Luis Bolívar uno de los toreros que mejor conoce el encaste en un tentadero en la finca de Victorino.

El Victorino es un toro que “embiste un tranco más despacio que el de otras ganaderías”. Tanto que su movimiento más natural, el aire natural de este encaste, es el trote no el galope que es más propio del toro de Parladé.

Esa lentitud es causa -según Victorino hijo- de la tendencia de estos toros a ser “andarines, a gazapear y también alguno de ellos, a quedarse cortos y por la tanto ser tobilleros”. Como dice Victorino padre, algunos ejemplares “se lían a andar y pueden volver locos a los toreros”.

Victorino hijo toreando (Tierras Taurinas 4) 001

Para saber de verdad como embiste un toro, una buena fórmula es la de torearlo uno mismo. En la foto, Victorino hijo, torea al natural una vaca en un tentadero

Uno de sus defectos (defecto para los demás, pues Victorino lo considera virtud) es que se trata de un animal “muy listo”. Por eso, según Victorino, las ganaderías de Saltillo que degeneran lo hacen de dos formas: O se distraen y no dicen nada o te pegan la cornada en el paseíllo. Y es que Victorino sostiene que el toro bravo, cuando degenera, se convierte en un animal muy agresivo y certero.

Por todo ello, este ganadero considera muy importante “el equilibrio entre casta buena y genio” porque cuando solo hay genio todo se complica mucho. Para el de Galapagar, mantener el toro encastado y bravo, complicado cuando es bueno, es esencial para mantener el interés de la Fiesta.

Por lo que respecta a las “alimañas”, Victorino piensa que hoy día ya no se admite ese tipo de toros al estar “muy humanizada la sociedad”. La sociedad rural veía la corrida desde el punto de vista del toro. Hoy, una sociedad muy urbana, la ve desde el punto de vista del torero. Por eso, “la lidia está muy desviada hacia lo artístico

 

Victorino padre e hijo tomando notas en un tentadero 001

Aunque, cuando se entiende, basta con saber mirar. En la foto de Tierras Taurinas, Opus nº 4, Victorino, padre e hijo, toman notas en un tentadero

Finalmente, y pese a lo que pudiéramos pensar, Victorino asevera que su toro “nunca ha cogido mucho a los toreros” y la prueba son los pocos percances que ha habido en relación con la cantidad de corridas que ha lidiado. “Este toro cuando coge, empuja, y por eso hiere poco”, lo que no sucede con el animal de otros encastes que cuando hace presa, derrota.

0001085223_560x560_jpg000 Cogida David Mora (JC Muñoz)

Cogida de David Mora en un quite por chicuelinas (un pase que no parece muy apropiado para este tipo de toros) en la corrida de Victorino de esta feria de abril en Sevilla. El toro arrolló al torero empujando pero –como apunta Victorino- sin derrotar, lo que probablemente evitó la cornada.

1968-09-08 Madrid Cogida de Flores Blazquez 001

En cambio aquí (Madrid. 8 de septiembre de 1968) si hubo cogida. Flores Blazquez fue cogido por el toro Limpiador al intentar torear al natural. Entonces, el toro de Victorino tenía más genio malo y embestía menos que el de ahora.

 

Una (sencilla) receta de Victorino para torear Victorinos

Para Victorino (y aparte el valor) si se tiene técnica, mejor; si se tiene calidad, mejor; si se tiene sentido del toreo, mejor pero sobre todo “el torero tiene que tener entrega y autenticidad” porque –según él- sus toros saben si el torero se entrega o no.

En consecuencia, el ganadero considera que matar sus toros es una gesta, sobre todo porque hoy día casi todas las ganaderías son de un encaste determinado, con pautas de comportamiento comunes mientras que sus toros son diferentes y torearlos es salirse de la normalidad.

Por eso, Victorino pontifica que “Cuando un torero domina el encaste Saltillo, ya domina el resto de los encastes”.

Su receta para torear sus reses es (aparentemente) muy sencilla:

Poner la muleta muy adelantada, llevarla suavemente y, sobre todo, echar la muleta adelante otra vez al final del pase, sin jalarla hacia el cuerpo del torero”

Y como, repite en las tientas a los toreros en agraz, es muy importante que la res “no enganche”.

2005-08-21 Juan Jose Padilla y Muroalto (Mont de Marsan)

Al toro de Victorino hay que ponerle la muleta muy adelantada para traerlo muy toreado. En la foto Padilla con Muroalto en San Sebastián (21 de agosto de 2005).

 

¿Qué dicen los toreros?

Si importante es la opinión del ganadero, más interesante aún y más importancia tiene la de los toreros que han lidiado y lidian estos toros pues, no en balde, son ellos y no el ganadero quienes tienen que resolver, sobre la marcha, los problemas que plantean estas, siempre complicadas, reses y eso que los toreros dicen (tampoco podría ser de otra forma) cosas muy similares a las que dice el ganadero

He recopilado la opinión, sobre esta cuestión, de una docena de toreros -figuras, unos y modestos, otros- pero todos triunfadores con toros de Victorino, y la conclusión es que parece que hay consenso casi absoluto en como es el toro de este ganadero, como embiste y como hay que torearle.

 

La corrida del siglo

La denominada “corrida del siglo”. Madrid, 1 de junio de 1982. Victorino da la vuelta a ruedo con Luis Francisco Esplá, Francisco Ruiz Miguel y José Luis Palomar.

 

¿Cómo embiste el toro de Victorino?

1982-06-01 Madrid espla con Astoso 001

Madrid. 1 de junio de 1982. Una pirueta en banderillas. Luis Francisco Esplá despliega su tauromaquia ante Astoso.

Uno de los toreros más lúcidos y de los que mejor explican el comportamiento del toro de Victorino es, no podía ser de otra forma, Luis Francisco Esplá, quien nos cuenta como embiste y pone la cara ese toro.

“Una de las características principales de esta ganadería siempre fue el humillar mucho. Dificultades aparte, venían con el hocico por la arena desde tres o cuatro metros antes de llegar a la muleta. Y si bien no todos acababan el muletazo, esto te da una seguridad absoluta. Eso hay que agradecérselo al ganadero, esa posición de la cabeza en el momento de embestir”

Otra característica definitoria del toro de Victorino es su embestida al paso, pues rara vez galopan. Visto desde el punto de vista del torero, esta forma de embestir es crucial porque como dice Esplá:

“Cuando ese toro viene andando existen dos posibilidades cuando lo enganchas con la muleta: O bien esa velocidad va a hacer nacer un muletazo eterno, o bien el toro va a embestir pensando, y si no viene con la cabeza a ras del suelo sino suelta, se entera de todo y tiene más tiempo para reaccionar y reflexionar que aquel que viene galopando, lo que le da más posibilidades de sustraerse a la atracción de la muleta”.

1982-06-01 Madrid espla con Astoso (derechazo) 001

El mismo día, el alicantino domina la embestida humillada y al paso del mismo toro de la foto anterior.

Según Esplá el toro de Victorino actual humilla menos que el de hace 25 años. Viene con la cabeza más suelta, menos fija, lo que les permite reservarse con lo que aumenta el riesgo. Señala el alicantino que, por el contrario, cuando un toro quiere embestir bien, empuja con todo el cuerpo desde atrás hacia adelante con lo que la masa posterior empuja a la cabeza. Con un toro que embiste así hay “menos probabilidades de que pueda cambiar inopinadamente de trayectoria” lo que le da seguridad al torero.

Esplá señala que hoy hay más toros de Victorino que embisten con la cabeza por encima del estaquillador. Antes el malo lo era por abajo. Hoy lo es por alto… Es un cambio preocupante y evidente, según el torero.

La embestida al paso del toro de Victorino, se debe según Esplá a su conformación física, a su lomo recto e influye en como hay que torearlo. Dice Luis Francisco:

“Hay que saber que debido a la manera particular en que tiene el lomo, muy recto, el toro de Victorino no puede galopar, camina o cuando mucho trota, dando pasos muy cortos. Eso influye en su manera de embestir y en su manera de torearlo”.

Toro de Victorino en el campo-Ganderia 1 (Campo Bravo) 001

El lomo recto del Victorino es, según Esplá, la explicación de su forma de andar al paso o al trote pero no al galope (Fotografía del tomo 1 de la serie Ganaderías de la Editorial Campo Bravo)

En todo caso, la inteligencia de ese toro implica aumento de emoción aunque vaya en detrimento de la estética, pues como dice el torero:

“A mí me han hecho sufrir tanto como gozar pues siempre hay una tensión permanente. Con los otros toros, cuando sabes que los has sometido en la muleta puedes abandonarte más allá de la técnica, su inercia hace lo demás y te permite dibujar muletazos como en un sueño dejando aflorar lo que llaman estética. Con el de Victorino, jamás.

“Hay que estar en una permanente vigilia técnica. Es menos fácil cuidar la estética. Siempre hay una especie de conflicto entre la técnica y la estética, lo bueno y lo bello… Durante todo el encuentro con un toro de Victorino, no existe un segundo de reposo”

Toro de Victorino TT Opus nº 4 001

La agresividad del toro de Victorino no estriba sólo en su comportamiento sino también en su aspecto, en su trapío. Y es que pese a ser animales que no tiene excesiva alzada ni muchos kilos, su mirada suele ser muy incisiva y sus astas son frecuentemente veletas o cornivueltas presentando al torero la parte de atrás de las palas (Fotografía de Tierras Taurinas. Opus nº 4).

 

Suavidad y dulzura

Pero el gran especialista de los últimos tiempos ha sido Francisco Ruiz Miguel quien no intelectualiza su discurso como hace Esplá pero cuyos consejos prácticos y directos pueden ser de suprema utilidad para el torero que se ponga delante de un toro de este encaste.

Lo primero de lo que habla Ruiz Miguel es de la actitud con la que uno tiene que enfrentarse a estos toros y señala algo que puede sorprender:

“A estos toros no hay que presentarles batalla porque la ganan siempre. Al contrario la teoría que me había inculcado el maestro Rafael Ortega era que había que tratarlos con delicadeza y dulzura. Él los había toreado en tiempos de Escudero Calvo, con Pepe Luís, Ordoñez,… y me decía siempre que no había que maltratarles”

Por ello, es fundamental que no se les cite con toques muy bruscos:

Nada de toques bruscos porque eso los hace enojar. Si tú estás templado, el toro de Victorino es agradecido. Si eres brusco se vuelve superior a ti”

Que es lo mismo que dice el Cid (otro especialista de este encaste) de forma tajante:

“Los toques bruscos los acusan mucho y ya no le pegas ni un muletazo”.

 1968-09-08 Jose Luis Barredo y Domadito (TT Opus 4) 001

Paradójicamente, y pese a tratarse de un animal de mucha agresividad (como reconoce el propio ganadero) la mejor receta para torearlo es la de extremar la suavidad con ellos. En la foto, José Luis Barrero en un muletazo de enorme firmeza y elegancia a “Domadito”. Era el mismo día de la brutal cogida de Flores Blázquez. 

(Continuará…)